Hola gente!
Emm... hay una buena noticia y una mala ¿Cuál primero? Si la buena! Pues la buena es que hay capitulo hoy (Esas son tus grandiosas noticias...?) Sip, la mala es que... no pasé mi examen ._. no pasé, eso es muy malo porque tendré que repetirlo en Septiembre como por el 20 y tantos así que yo y la escuela nos confrontaremos hasta Enero e.é yeah... enserio, yo no esperaba eso, me sentí segura de mis respuestas y estaba segura de que pasaría y no, no, eso me confunde... ¡¿Cómo es que esa tipa pasó el examen si estaba copiandome descaradamente?! Agh! además el amor de supervisora no ayudaba en las preguntas más difíciles... por mínimo todos teníamos un seis y solo esa tipa pasó! Ah! Odio con mi alma la historia, bueno más de lo que ya la odiaba...
ASDASDA! EL FIC!
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Hacía un rato que no veía ni rastro de mi madre o de Charlotte… hacía un rato que Bruno tampoco aparecía, hacía un rato que mis ánimos andaban miles de metros enterrados bajo la tierra y hacía un buen rato que el maldito demonio y yo no nos dirigíamos palabra como un par de inmaduros adolescentes enamorados que acababan de discutir ¡Joder Samantha ya no hagas comparaciones!
La temperatura estaba subiendo y pronto darían las nueve de la mañana, Jerry de muy buenos ánimos andaba por ahí y por allá mientras mi primo Robert parecía su lacayo cargando sus cosas para pescar, mis tías no salían de la casa seguramente todas apretujadas en el sofá tiritando del frio o chismeando sobre Isabel, la verdad eso era lo de menos. Aunque Annette parecía pisarme los talones… parecía mi nana vigilando todo lo que hacía, que irónico pensar que hacía unos años yo era su nana cuando estábamos juntas en esa casa.
Lady resopló reclamando mi atención, yo también resoplé pasando mi mano por su cabeza. Sus ojos negros me miraban con algo parecido a la preocupación... ah, debo de ser patética porque el único ser viviente en todo este lugar que parecía preocupado por como me sentía no podía hablar y quizá no entendía nada de lo que le llegara a decir. Tenía que ser una broma pero era así, ni Jerry notaba mi animo mientras revoloteaba de la felicidad porque el mayordomo y yo no nos dirigíamos la palabra ¡Bendita suerte tendré!
—Ahh… ya es hora de ir—, la voz temblorosa de alguien a quien no quería ver me sobresaltó detrás mio— Evangeline me a dicho que se quedara a almorzar con los demás, me preguntó si tu querías quedarte también... pero veo que no—, dijo Tom cargando en brazos al pequeño Eric.
—No, dile que no me voy a quedar— dije poniendo buena cara. Lady adopto su postura amenazante dando un paso al frente y pegando su hocico a la altura de mi hombro, bufó.
El pequeño Eric rio fascinado mientras aplaudía con sus pequeñas manitas, Tom palideció y se hecho para atrás.
—E-esta bien, pero creo que quiere hablar contigo— tartamudeo aferrándose a su hijo.
—Dile que si quiere hablar conmigo puede venir a decirlo en mi cara— dije con una sonrisa aunque arrastré las palabras como escupiéndolas... no quería hablar con ella, menos si llevaba como su vocero a Tom y al encantador Eric.
Tom suspiró con pesadez.
—Por favor Sam— rogó mirándome a los ojos pero bajo la mirada de inmediato— hazlo por Eric ¿Si? A él no le gusta ver a su tía tan… triste
El pequeño Eric ajeno de la situación movía sus manitas en mí dirección balbuceando un tía, mi tía con emoción, mi pecho se achicharró… los niños y los animales eran mi debilidad.
Resoplé resignada.
—Entonces cuida a Lady por mi, le agradan los niños— mascullé entregándole las riendas a Tom el que tembloroso asintió.
Eric dio un gritillo emocionado y sin miedo con sus manitas tocó a la temperamental yegua la que se dejo hacer sin más.
— ¡¿N-no es peligrosa verdad?!— chilló Tom al borde de un ataque.
Con la gracia de un pato me moví entre el fango y el camino empedrado escuchando los gritos de Tom y las risas de Eric. La verdad pude haber huido dramáticamente montada en Lady pero con la cabeza tan al tope de todo lo más seguro era que eso podía terminar mal.
Al entrar en la casa el calor invadió mi cuerpo de manera reconfortante, me acomodé el bendito suéter y respirando hondo seguí hasta la sala de estar donde mi madre me esperaba en el sofá con una taza de té caliente en las manos.
Su semblante serio le daba más intensidad a su cabello rojizo, enarco una ceja y con un gesto elegante en la mano me indicó que me sentara, Charlotte estaba ahí removiéndose con nervios mientras que con las manos apretaba gran parte de su bufanda rosada.
— ¿Qué es lo que quieres?—, dije sin rodeo y con frialdad mientras me sentaba en una silla enfrente de ella.
Le dio un sobro más a su taza y con cuidado se limpio los restos de té de los labios con una servilleta, hizo un esfuerzo por no parecer tan fría y me miró dejando la taza de lado.
—Quiero que me hables más sobre ese tal Sebastián—, dicto en un tono firme.
Charlotte bajo la mirada como consternada.
Balbuceé sin entender ¡¿Todo era para esto?!
—Mamá… yo, ah… la verdad sé que no me traes aquí porque quieras hablar de eso. Enserio ¿Qué es lo que quieres decirme?—
Ella mascullo frustrada y rápidamente jaló del brazo de Charlotte hasta levantarla de ahí. Ella se fue sin quitar sus azulados ojos de mí.
—Esto... es muy serio Samantha, me preocupa con que clase de personas te estas involucrando— dijo con severidad pero la manera en que escondió las manos me hizo reventar.
— ¿Crees que voy a tragarme el cuento de que eso te preocupa? Enserio, ya ¿Qué es lo que quieres decirme?— dije secamente intentando no ser más brusca.
—Hablo enserio ¿Qué clase de cosa crees que pienso cuando te hablo por teléfono y alguien que no conozco y del que jamás me has mencionado nada me contesta? No me tienes confianza, soy tu madre y se supone que debes de tenerme confianza... justo ahora intento ganarme tu confianza y te muestras tan cínica como siempre cuando no te e hecho nada—, apretó la mandíbula mientras se masajeo la frente.
—No estoy siendo cínica aún, tu eres la cínica… tienes el cinismo de preguntarme algo que la verdad no te importa y llevarme la contra cuando sé que me ocultas algo. No te tengo confianza precisamente por lo mismo. Sabes que no me gusta que me hables con tantos rodeos y dime de una vez lo que sea que vas a decirme— dije alzando la voz, yo no suelo ser así pero estoy tan jodidamente harta…
Ella bufó resignada.
— ¡No sé que diablos te sucede! ¡No sé en que piensas! Quiero saberlo, quiero saber que haces... con quien estas, todo el tiempo Samantha te veo de la misma forma… nada te importa, no sé que estas haciendo con tu vida… te la pasas en tu mundo Samantha, siempre, siempre haciendo lo que se te place... escribiendo, sin salir de casa, eso no es vida— cada vez subía más el tono acercándose exaltada pero furiosa.
La cabeza me iba a explotar... estaba aturdida y conmocionada, no tenía cabeza para otra más de sus charlas.
—Entiéndeme, quiero lo mejor para ti y esto no me parece bien, no me parece que te alejes de todos y quieras estar sola. No puedes hacer lo mismo toda tu vida, las personas se preocupan por ti, yo me preocupo por ti, tu padre se preocupa por ti... —, dio bajando el tono como afligida pero su rígido semblante no cambio en lo absoluto.
Sopesé sus palabras ¿Qué nadie podía callarse sin recalcarme que estaba sola? Se me formó un nudo en la garganta y apreté la falda con una mano mientras con la otra me toque el cuello como si eso me facilitara respirar.
—A veces siento que mientras hablo contigo ni siquiera estas aquí, ya sé que pensaras que no tengo el derecho a reclamarte que estas haciendo con tu vida porque es tuya, pero, lo hago… espero que algún día me escuches y te quepa en la cabeza lo que te digo, que no estas sola, que soy tu madre y me importas ¡Maldita sea! No quiero que un día te vayas y te esfumes… y yo ni siquiera me entere porque te empeñas tanto en alejarte de otros que ni siquiera te das cuenta de que los demás te quieren… no quiero que algo malo te pase y no tengas ni la molestia de decírmelo ¿Qué piensas que haré si algo te pasa y es algo grave?— la voz comenzó a temblarle mientras me tomo de una mano, sus ojos almendra estaban inquietos y confusos.
Me estremecí por mero reflejo al sentir su mano sobre la mía, miré al suelo sin dar crédito pero a la vez sintiéndome culpable y deshecha… maldición ¡¿Pero por qué me hablaba así?!
Mi cabeza dio vuelta por Richard, de ahí a Jess y la manera en la que se sintió culpable de todo…
—N-no digas esas cosas, no es como si fuera a suicidarme cuando no estas viéndome… no necesito que me trates como una niña apunto de saltar de una ventana. Es mi vida mamá, es mi jodida vida y te guste o no estaré sola si yo quiero— dije fríamente pero eso no evito que se me revolvieran las tripas.
Ella hizo un amago de risa y me sostuvo por los hombros, creí que me daría una bofetada o algo así.
—De eso estoy hablando— dijo con melancolía— no siempre va a ser así ¿Qué hay de tu familia? ¿Qué crees que siente tu familia?— se aclaró la garganta como si le costara hablar— ¿Qué crees que Lilian pueda sentir al saber que estas alejándote de todos los que te quieren?
Cuando escuché el nombre de Lilian saliendo de sus labios no supe que hacer… fue como si el simple hecho de mencionarla hizo que todas sus palabras tomaran más fuerza y sentido en mi cabeza. Las lagrimas se atestaron en mis ojos impidiéndome ver el rostro preocupado de mi madre frente a mí… recordé fugazmente la sonrisa radiante de Lilian aquella vez en que nos conocimos, yo lo era todo para ella.
Pero debo admitir que también eso me enojo ¿Cómo podía hablar de ella con esa tranquilidad?
— ¿Cómo sabes que puede sentir ella?— solté arrastradamente y aparté sus manos de mí con brusquedad.
—Por que lo sé, ella te ama como a ninguna otra cosa… porque después de todo ella es tu madre— cuando dijo aquello un par de lágrimas le corrieron el maquillaje pero mantuvo la boca apretada como si no pudiese ocultar el recelo con el que dijo la pablara 'madre'.
— ¿Entonces a qué viene esto? Toda la vida te la pasaste reprochándome que yo no era tan buena estudiante, que era una mediocre, que lo que yo quería era una tontería… no te entiendo, era siempre igual... un día me gritabas hasta de lo que me iba a morir y al siguiente fingías como si nada ¿Sabes? Eso duele— la voz se me quebró y ella simplemente cerró los ojos aspirando con fuerza— Cuando me enteré de Lilian no supe que hacer, no sabía que hacer… e-era todo tan extraño, viví una maldita mentira por 13 años y eso me daba miedo— me limpié las lágrimas con las manos temblorosas— me daba miedo y no hiciste más que dejarme a mi suerte… me reprochabas que yo no era tu hija ¡Todo el tiempo! ¡Por eso me fui en cuanto pude! No lo soportaba…— me levanté de la silla intentando parar mi llanto— ¿Qué crees que siento yo durante cada día en los últimos años, eh? ¡¿Qué crees que sentía yo cuando discutías conmigo por pedirte ayuda porque mi madre estaba enferma o intentaba suicidarse otra vez?! ¡¿Acaso entiendes eso?!
—No, no es eso... eso no pasaba así— Evangeline negó con fuerza y se levantó dispuesta detenerme.
— ¡Si fue de esa forma! ¿O qué no fuiste tú la que me prohibió visitarla y por eso mi hermana se fue? — mascullé yendo directo a la puerta.
— ¡No metas a Isabel en esto! Ella se fue porque terminó embarazada de ese tipejo que aún estaba casado
— ¿Ah y lo dices así? ¡Peter y ella se aman! ¿Entiendes eso? Mi hermana no te dijo que estaba embarazada porque tú no pensabas en otra cosa que no fuera tu maldita costumbre de difundir a medio planeta todo lo que ella y yo hacíamos o decíamos ¡No quería ser tu maldito chisme!— abrí la puerta con enojo dispuesta a huir.
— ¡No te atrevas a cruzar esa puerta Samantha! Te lo advierto
— ¡¿Por qué crees que me quedaría otro segundo más contigo?!—, le grité.
— ¡Por que Lilian esta mal! ¡Maldita sea! Se esta muriendo…
¿Muriendo…?
Retrocedí negando con brusquedad mientras ella estallaba en llanto.
¿Lilian está muriendo...?
Me paralicé.
— ¡Basta! Basta ya— intervino Jerry tomando en brazos a Evangeline antes de que cayera al suelo.
Me pasé las manos por la frente y aspirando hondo salí de ahí corriendo a todo lo que mis piernas daban.
— ¡Detenla Jerry!.. ¡Alguien deténgala!— gritó Charlotte con horror.
Llegué hasta Tom y le arrebaté a Lady mientras que con uso de todas mis fuerzas me subí en ella de un salto.
— ¡No hagas esto! Detente hija, por favor— suplicó Jerry alterado.
Reí con cinismo mientras Lady caminaba rodeando a Jerry hacía el camino del lago.
—Luego nos vemos…— mascullé mordiéndome los labios.
Jalé de las riendas con fuerza mientras Lady rezongaba fuertemente… entonces comenzó a correr… tan rápido como ella lo hacía. Todo estaba borroso… todo parecía irreal, tan fuera de lugar… lo último que vi antes de dejar detrás la cabaña de madera fue la mirada carmesí de Sebastián.
Entonces todo se esfumó entre la velocidad y el aire frio revolviéndome el cabello, necesitaba irme lejos... tenía que pensar. Todo era demasiado... no podía más.
No puedo más… no puedo más…
No puedo más… ya no más.
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Tengo que decir que esa es la cosa más estúpida que se me había ocurrido... montar un caballo que corre como el diablo cuando tienes una crisis existencial del tamaño de Texas y no paras de llorar como bebé no es para nada ético.
Al demonio la ética.
Tampoco era inteligente ¿Eh mencionado ya que tengo la gracia de un pato y mi coordinación es peor que la de una anciana con párkinson y sin una pierna? No, pues así es.
Pero por mi cabeza nada de eso pasaba en ese momento, no, al diablo los pensamientos... yo solo quería huir así que jalé con fuerza las riendas mientras que pegaba los tobillos en el espacio de las costillas de Lady la que sin chistar aumento su velocidad y pronto abandoné el camino de tierra adentrándome en la espesura del bosque de pinos.
Aspiré hondo aferrándome a Lady y bajando la cabeza tanto como podía para no golpearme con alguna rama... todo estaba saliéndome mal solo eso me faltaba.
Cerré los ojos hecha una furia.
Primero me secuestran. Me violan, me golpean, casi muero, hago un trato con un estupido demonio, despierto en un hospital y mi prometido desaparecido, tengo que vivir con ese estupido demonio, mi mejor amiga cree que es mi novio, Lance no me a hablado en mucho tiempo debe de estar enojado conmigo ¡Diablos!, un maldito asesino parece ir tras mi rastro, engaño a mi prometido con el estupido demonio mientras estoy ebria, pierdo el maldito anillo de compromiso, un acosador me envía mensajes de texto y me hace la vida miserable, Claude Faustus mi jefe pronto será demandado por acoso sexual y lo peor de todo es que conoce al estupido demonio, mi madre se da cuenta de que existo, Frank parece un niño y no para de molestar, resulta que Jerry se está volviendo loco, Charlotte es una zorra —como siempre— pero se mete con el estupido demonio ¡¿Por qué diablos eso me hace enojar?!, termino dentro del baño con ese estupido demonio besándome ¡Engañé a Richard con él, maldita sea!, me peleo con el maldito idiota demonio, no nos hablamos, resulta que Lilian puede estar muriendo y Bruno es bipolar ¡Genial! ¡¿Algo más para la lista?!
Cuando abrí los ojos quise arrancarme la lengua y volarme los sesos.
No sabía donde diablos estaba… por todos lados era lo mismo: arboles, pinos, pasto, tierra, piedras y más arboles, pero debido a la velocidad apenas y alcanzaba a distinguir una franja café y verde.
¡Genial ahora estoy perdida! Perdida, desesperada y confundida…
Sacudí dos veces a Lady de las crines y poco a poco fue bajando su ritmo. Cuando se detuvo jadeé cansada, Lady chilló como reprochándome el que le había pedido detenerse.
Observé con más atención donde estábamos… ¿Cuánto tiempo había estado corriendo?
No lo sé pero nuevamente no veía otra cosa que no fueran arboles y tierra… definitivamente estoy perdida.
Además seguía con esas cosas puestas, yo parecía una prostituta en medio del bosque… una prostituta montada. Ah… prostituta confundida, desesperada y perdida en medio de un bosque…
Bufé, ya no lloraba pero ahora si que estaba histérica, acaricié el cuello de Lady, me dolía el trasero y la cabeza me iba a estallar… además la nariz me moqueaba, quizá y me estaba resfriando.
—Eres una bruta Samantha ¡Una bestia!— grité a la nada, o para mi caso a la vibrante Lady que caminaba entre la tierra lodosa.
Ella lanzó un relinchido como diciendo Si que eres una bruta, ya lo sé
Pero ella se detuvo inquieta mientras movía las patas de un lado a otro intentando retroceder pero el camino estaba lleno de piedras y apenas y sabía por donde ir.
—Oh... ¿Qué te sucede linda?—, susurré intentando calmarla pero movía la cabeza con brusquedad.
Preocupada estiré el cuello y apenas y vi el piso me topé con la cosa a que quizá un caballo le tema más que a nada en toda su existencia: una serpiente.
Hay no, esa yegua era tan nerviosa y asustadiza que era casi imposible calmarla... hay no ¡Yo estoy sobre ella y si no hago algo me mandara volando!
—Tranquila, tranquila… ¡Uh Lady calma!— agarré las riendas con firmeza haciéndola hacía atrás, la estúpida serpiente había levantado la cabeza y abría bien la boca mostrando unos alargados y finísimos colmillos mientras siseaba amenazante.
Quizá era venenosa... yo no sé de serpientes pero si es venenosa hasta aquí llegue, si es que no me caigo antes y me rompo la cabeza.
— ¡Lady cálmate esa cosa es más pequeña que tu!— dije alterada.
Lady relinchó con fuerza, como tomando seguridad y estampó con fuerza sus vigorosas patas sobre el suelo de tierra y se echó a andar dejando de lado la serpiente enroscada.
—Oh… ¡Oh! ¡Lady detente...!— gritoneé asustada… ahora iba más rápido que hace rato. Si, eso era posible… era completamente posible porque una Lady asustada corría al doble.
Gemí aterrorizada pero me aferré lo más que pude al cuello de la yegua.
— ¡Basta Lady detente! ¡Ya no hay ninguna serpiente! ¡Para o vas a matarme! —, chillé, pero Lady seguía enervada y corriendo sin un rumbo en especial.
Oh no, oh no... ¡Ahora soy una prostituta confundida, perdida, desesperada y aterrada montada sobre una yegua loca y cobarde!
Todo iba muy rápido pero repentinamente Lady se detuvo y alzo todo su cuerpo dando un salto. De pronto mi cuerpo voló por los aires y cuando reaccioné estaba tumbada en la tierra.
Gemí adolorida porque mi cabeza se golpeó contra algo duro.
Atontada y viendo borroso intenté ponerme de pie pero era como si mi cuerpo no respondiera encima de eso sentía algo caliente correrme por la pierna, encima de eso el suéter seguro se había hecho tiritas y tenía más de la mitad del pecho descubierta, encima de eso tenía adormilada la cabeza y encima de eso la pierna me dolía los mil horrores.
— ¡Ahh maldita sea!— grité apretando los ojos con dolor.
Jadeé intentando volver a respirar y manoteé tocándome el rostro y la cabeza. Todo estaba en su lugar... no había nada húmedo, al menos no me abrí la cabeza… no tanto, si mal no estaba tenía un gigante raspón en un pedazo de frente y una mejilla, el pelo se me había pegado a la cara lleno de sudor, lodo y sangre.
Saqué el aire de mis pulmones lanzando un estridente suspiro e intente incorporarme otra vez, con cuidado lleve los brazos a mi costado topándome con un grueso tronco el que estaba embadurnado con un poco de mi sangre… me mordí los labios evitando volver a gritar y apoyada del tronco moví con lentitud mi cuerpo.
El dolor era terrible, todo, absolutamente todo me dolía. Apenas y me pude sentar y vi la cosa más espantosa que había visto en mucho tiempo… mi hueso.
Este no era mi día, definitivamente este no era mi día… ¡¿Este era el día de joderme la existencia, cierto?!
Grité, fue como si el dolor se multiplicara en un mil porciento. Claro ¿Quién se sentiría mejor viendo como el hueso le sobresalía de la pierna?
Si, en definitiva si antes no estaba segura ahora lo confirmaba… yo era la persona con la peor suerte del universo.
Ahí estaba yo, tumbada en medio de un montón de lodo y piedras, con un gran tronco a un lado y un sinfín de hojas secas, yerbas y ramas a mí alrededor, envuelta en un suéter desgarrado y embarrado de lodo y sangre que mostraba todo mi pecho semidesnudo de no ser por el sujetador… además tenía la cara llena de pequeñas cortadas y raspones sangrantes, el cabello se me pegaba a la cara en una mezcla repugnante de tierra, sudor y sangre, los brazos moreteados y llenos de cortes… las mayas desgarradas con ramitas y hojas pegadas por ahí y por allá, rematando eso la falda llena de lodo y como broche de oro mi pierna derecha… no sé como pero la bota había quedado unos metros más allá de mi lastimada persona, pero si, una de las botas de Annette estaba tumbada entre el lodo cerca de donde Lady pataleaba presa del pánico; retomando la atención a mi pierna repito… se me salía el hueso... me había roto una pierna con tanta fuerza al caer que el hueso me desgarró la piel en un corte espantoso que sangraba sin parar y el hueso relucía blanco entre el mar de sangre elevándose al menos varios pares de centímetros por sobre la piel.
Intenté moverme otra vez pero eso solo hacía que más y más sangre saliera de la herida así que con cuidado y despacio arrastre mi cuerpo hasta dejar la espalda apoyada en el tronco.
Esto era horrible, muy horrible, demasiado horrible… como si ese Dios invisible del que presumían los católicos se estuviese divirtiendo con mi sufrimiento, vaya que debía de estar divirtiéndose en grande.
Ahora era una prostituta confundida, desesperada, aterrada, semidesnuda, pérdida en medio del bosque, al borde de la inconsciencia, con una pierna rota y desangrándose sobre el lodo…
Gruñí exasperada y sin evitarlo me eché a llorar como una niña… otra vez.
— ¿Por qué me pasa todo esto a mí?— sollocé viendo el cielo… por suerte no había ni una sola nube tormentosa, el cielo estaba despejado y el sol daba luz y calor casi con delicadeza.
Lady resopló acercándose un poco y me miró con sus ojos negros los que parecían llenos de miedo y preocupación.
—Oh Lady, si tu y yo salimos de esta te juro que si vuelvo a ver una jodida serpiente en mi vida ¡Te juro que se la meto en el culo al bastardo de Sebastián!— grité completa y absolutamente histérica.
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Como una revelación divina recordé que tenía un teléfono celular guardado en un pequeño bolsillo de la montura de Lady, pero como una maldición perpetua por más que quisiese no iba a poderlo tomar de ahí por una gran y poderosísima razón: me había roto una pierna y estaba tumbada en una especie de hoyo lodoso lleno de piedras.
Oh, enserio tengo que asesinar a Annette a la primera oportunidad que tenga.
Suspiré frustrada, Lady se acercó a mí… era quizá la doceava vuelta que daba alrededor de mí como si pensara en alguna manera de sacarme de aquel asunto, supuse que tanto ella como yo maldecíamos el hecho de que ella se movía en cuatro patas y la única manera de sacarme de ahí era que los fuertes y poderosos brazos de Sebas… oh, en definitiva yo moriría en ese hoyo enlodado, ya qué.
—Deja de caminar en círculos, me estas mareando linda…— dije débilmente intentando que los ojos no se me cerraran.
Ella se detuvo quedando justo frente a mi pierna.
—Agh… dime porque diablos no me quite estas cosas cuando tuve oportunidad de hacerlo… ah, lo que daría ahora por una sudadera con bolsas y una pierna sana— resoplé intentando cubrirme los brazos.
Ahora tenía frio, estaba mareada, me dolía la cabeza, el cuerpo se me sentía muy pesado y la pierna ya se me había adormecido…
—Esto debe de ser un castigo por haber vendido mi alma a un demonio—, dije mirando al cielo de manera acusadora como si pudiese ver a alguien a quien culpar, pero no, solo nubes blancas como un algodón esponjoso que se movían tan lentamente que parecían mecerse con el viento.
Ah, todos sabemos bien que esto es culpa de mi cabezota y ese idiota ¡ESTUPIDO SEBASTIÁN!
—No, él no tiene la culpa en lo absoluto— murmuré regresando la mirada a Lady quien seguía inquieta— ¿Sabes? No sé porque demonios discutí con el… solo pasó lo que siempre pasa cuando llevas a un hombre que parece estrella de cine frente a una facilona como Charlotte— dije arrastradamente, mi compañera equina paró las orejas mientras ladeaba la cabeza—… no sé porque eso me hace enojar, digo, si es muy guapo y todo pero… amo a Richard, es mi prometido e íbamos a casarnos… y-yo lo extraño, lo extraño como no tienes idea pero no puedo soportarlo, vendí mi alma a un demonio con tal de salvarle la vida cuando ni siquiera tengo idea de si el esta vivo o no ¡Es estupido! Eso no importará, si él vive o no, lo único que pasará al final es… nada, yo moriré y punto ¿Así que porque no quedarme aquí en este maldito hoyo desangrándome hasta morir? Eso solo hará más fáciles las cosas…—, las lágrimas volvieron a bajarme por la mejillas, repasando las palabras de mi madre en mi cabeza.
— ¿Qué sentiría Lilian de verme así… tan patética?— murmuré con tristeza.
Entrecerré los ojos con cansancio, quería dormir, me hacía mucha falta dormir… la tierra húmeda era casi cómoda de no ser por la piedra que estaba en mi espalda.
De haber estado en otras circunstancias me habría hecho un ovillo pero no podía ni moverme un centímetro más de como estaba así que me limite a abrazarme a mi misma, cuando mi mano hizo contacto con mi hombro abrí los ojos desmesuradamente… ¡Oh como soy tonta!
Detalle la sensación de mi piel en aquella parte de mi hombro, la piel me picada como si me pincharan con un montón de agujas a la vez, la marca del contrato.
— ¡Oh creo que saldré de aquí Lady!— musité.
No sé porque eso no me agradaba del todo, la marca significaba Sebastián. De haber tenido más sangre en el cuerpo me habría puesto tan roja como una lucecilla Navideña.
Esta más que claro que justo ahora a quien menos quería ver era al estupido demonio (ya sé, ya lo insulté mucho) aún no tenía el autoestima necesario como para verle a los ojos sin sentir la enorme necesidad de arrojarme por un peñasco, además de sentirme como una zorra desgraciada me sentía como una completa imbécil, una imbécil muy confundida y debo admitir que la curiosidad me mataba en el fondo… es que, aunque no quisiese admitirlo ese beso…
Repito, de tener al menos dos tercios de sangre dentro de mi cuerpo me habría puesto tan colorada que me brillaría la cara, aún sentía ese cosquilleo y ese nerviosismo ante el simple hecho de imaginar el rostro de Sebastián.
Suspiré por millonésima vez en el día.
Me mordí el labio apretando mi mano contra la piel de mi hombro… Lady me miraba como si supiese que estaba pensando. Bufé apartando la mirada, escuché como relincho aparentemente molesta.
— ¿Qué?— espeté.
Lady rasco la tierra con su pata soltando el aire como si hiciera un puchero.
— ¡Estoy hablando con una yegua! Ya sé, ahora deja de hacer eso, estúpida Lady…—mascullé agitando la mano.
Ella hizo un sonido como diciéndome :Soy una yegua pero no una estúpida
—Ya, ya admito que pensaba en Sebastián ¿Feliz? Yegua del demonio— murmuré bajito pero con enojo.
Le vi asentir con su cabeza.
—Ah, deja de actuar como si el fuera alguien importante para mi ¡Mírame! ¡Habló con una yegua! Estoy demente y él no es precisamente una gran persona, es un demonio ¡El que solo me busca porque tiene hambre y se tragara mi alma cuando yo muera! Admítelo, nada esta pasando entre nosotros. Así que deja de insistir yegua estúpida. ¿Y qué si es el hombre más guapo que e visto en mi vida? No soy esa clase de chicas que solo se fijan en buenos pedazos de carne, yo no soy así... vamos y el hecho de que lo haya besado no significa absolutamente nada ¡Es solo un beso y además estaba ebria! Además el hecho de que el me haya besado no significa que sienta algo por mi, es solo un beso… una cosa sin importancia, esa mirada que le puso a Bruno no era nada, no, en absoluto, es imposible que Sebastián Michaelis se ponga celoso de alguien que me mira a mí… en especial Bruno, es solo un niño y solo somos amigos no hay nada de lo que se pueda ponerse celoso porque para empezar entre el y yo ¡No hay nada! Así es Lady, y aquello de mis celos es algo tan estupido que ni siquiera se llaman celos ¡Por favor debiste ver como Charlotte se le hecho encima sin consideración! Yo solo pensaba en mi sobrino no en ese idiota y esa zorra ¡Así que eso esta completamente justificado! Yo solo me moleste con Charlotte por su descaro no porque estuviera celosa.
Lay me miraba con mala cara.
—Oh, vamos… él no me gusta, para nada… admito que si siento atracción por él pero es solo atracción física, es un demonio idiota, caprichoso, chantajista, pretencioso, arrogante y egoísta… no es como si me fuera a enamorar de Sebastián— me calle la boca avergonzada.
Yo y mi bocota, yo y mi maldita suerte de perro, yo y mi cara sonrojada, yo y mi maldito orgullo que ni por estar muriéndome se me bajaba.
Resoplé fatigada, muchos pensamientos, mucho palabrerio, muchas malditas dudas y malditas lágrimas.
—Sabes que, olvídalo Lady… no tiene importancia justo ahora, la verdad es que no me importa— solté al aire completamente sola—. ¿Lady…?— giré la cabeza en todas direcciones buscándola pero ella no estaba, las marcas de sus patas seguían intactas en el suelo humedecido… les seguí hasta donde la vista me permitía— ¡Genial! ¡Claro abandóname a mi suerte Lady! —.
Me encogí soltándome los hombros, ahora estaba sola y abandonada… oh, pensé en lo que mi madre había dicho y no pude más que soltar una risa irónica. Siempre, siempre buscaba la manera de estar sola... oh, no quiero darle la razón justo ahora.
No, no voy a admitirlo justo ahora. Ya era demasiado como para decir que eso también era cierto.
Me quede así, intentando calmarme porque la verdad estaba muy asustada, no iba a llamar a Sebastián. No iba a hacerlo, suponiendo saber todo lo que el contrato significaba estaba casi segura de que el vendría por mí, si, ya había llegado a ese grado en el que esperaba en que viniera a rescatarme.
Así que me abrecé a mis misma con fuerza y repetí como un murmullo su nombre una y otra vez parpadeando cada vez que lo decía esperando que a la siguiente vez cuando abriera los ojos el ya estuviera ahí diciendo alguna sandez.
Sebastián, Sebastián, Sebastián, Sebastián…
Pero después de la veinteava vez seguía sin venir… pasó una hora y aún nada. Pasó otra y nada, paso otra y nada… si mi mente no se equivocaba estuve al menos cuatro horas tumbada en el lodo en completo silencio y el sol sobre mi cabeza comenzaba a adquirir fuerza, si mal no estaba ya pronto darían las cuatro de la tarde.
Abrí los ojos por última vez mientras se me hacía algo cansado el respirar. Deje de repetir su nombre.
La cabeza comenzaba a punzarme y no pude evitar llevarme las manos al rostro, horrorizada vi como los dedos se me estaban poniendo ligeramente morados como si la sangre ya no me fluyera por los brazos, de inmediato dirigí la vista de nuevo a mi pierna... la sangre brotaba aún en menos cantidad y más lentamente pero aún no paraba y la tierra alrededor de mis piernas era un charco sanguinolento.
Apreté la boca desesperada intentando hacer un infructuoso intento por levantarme pero cuando logré mover la pierna el hueso también se movió y grite tan fuerte que hasta que la garganta me dolió. Dolía espantosamente así que volví a poner mi pierna en su sitio mientras la hemorragia recobraba fuerza. No sé como tanta sangre podía salir de mi cuerpo.
Recargué la cabeza en el tronco llevándome una mano a la pierna estirándola lo más que podía, toque mi hueso y cerré los ojos con fuerza.
A la mierda el orgullo.
—S-se… — lleve mi otra mano a mi hombro justo en el lugar de la marca apretándola con toda la fuerza que tenía y jadeé al borde de la inconsciencia— Sebastián… — la piel del brazo me ardió y comenzando a sollozar miré el cielo—… si no llegas pronto voy a morirme y no tragaras otra infeliz alma lo que reste de la eternidad— solté mientras se me dificultaba cada vez más el respirar.
Solté el aire sin dejar de mirar para arriba, tenía más frio y todo se veía muy opaco y borroso.
El pecho comenzaba a arderme y la boca se me había secado, con mucha pesadez parpadeé varias veces intentando mantenerme consciente pero sabía que no duraría mucho tiempo más.
Aquel leve murmullo de pájaros y hojas de arboles crujiendo bajo el peso de algo moviéndose por ellas se volvió lejano, una extraña sensación como de sentir el aire atravesándome el cuerpo me hizo perder toda calidez, pronto ya no sentí ni el rostro como estando frente a la nada absoluta pero permanecí con los ojos entrecerrados distinguiendo una opaca y lejana luz.
Me esforcé por abrir más los ojos y una figura borrosa se acercaba con rapidez, un vago sonido que se asemejo a los cascos de un caballo contra el suelo llegó a mis oídos vibrando con potencia pero solo logré quedar más aturdida.
Parpadeé intentando ver algo más.
¿Recuerdan los cuentos de las princesas que eran rescatadas por un caballero con armadura montado en un blanco corcel?
No sé si eso estaba pasando de verdad o ya estaba agonizando enserio, pero, aquella figura borrosa tomó forma de… si, de alguien montando un caballo y ese alguien repetía mi nombre con insistencia y casi con enojo y frustración, no podía verle el rostro porque como si fuese una escena de película la luz le caía encima volviéndose apenas visible.
Samantha… mírame, reacciona… reacciona…
Alcancé a oír que decía la voz, me resultaba familiar pero no pude reconocerla bien.
La persona se acercó y en menos de un segundo estaba a mi lado rodeando mi pierna con algo, lancé un quejido apagado e intenté enfocar su rostro. Un par de suaves manos pasaron por mi cara acomodándome el cabello y pronto ya estaba entre sus brazos, unos fuertes brazos.
Te dejo sola un segundo y ya estas muriéndote ¿Qué diablos tienes en el cerebro Samantha?
Los ojos se me cerraban pero esbocé un intento de sonrisa y lleve mi mano temblorosa hasta donde estaba su rostro.
—Richard ¿Estoy muerta?— balbuceé, mirando el rostro de Richard iluminado por un rayo de luz blanca y anaranjada, sus ojos café me miraron con una mezcla de escepticismo, incredulidad y algo de enojo.
Pasé la mano por su rostro detallando sus facciones, la sensación que mi mano me daba era desconcertante pero yo lo veía con claridad… era él, mi Richard con su cabello castaño revuelto como si hubiese estado corriendo, sus ojos café profundo tanto que podían llegar al negro…
¿No me reconoce?
Argullo su voz ronca pero aun así tersa con un poco de molestia.
Sentí que los ojos se me humedecían y aquella visión de él se volvía borrosa.
—Oh Richard ¿Dónde estabas?— sollocé mientras elevaba las manos hasta su cuello abrazándolo, su cuerpo se tenso bajo el mio y pude sentir el movimiento que hacía al caminar conmigo en sus brazos.
Estas alucinando, tengo que llevarte a un hospital rápido.
Me aferré a su pecho sintiendo que algo me jalaba, los ojos se me cerraban así que con fuerza estampé mis labios sobre los suyos sintiendo la calidez que hace tanto pensé que había perdido para siempre y le acaricie la mejilla volviendo a poner mi cabeza en el espacio de su cuello. Aspiré el aroma de su piel que me era tan familiar pero no propio de él, las tripas se me removieron como ardiendo por dentro.
— ¿D-donde está Sebastián?—balbuceé— quiero ver a Sebastián, Richard llévame con él— alcancé a decir tan bajo segura de que no me escucharía.
Vi sus labios curvearse con amargura.
Cerré los ojos sintiendo una capa de tela rodearme y entonces la obscuridad se aproximó.
Descanse mi lady, descanse.
Y todo se volvió negro.
Este capitulo es histérico, largo e histérico, también triste... sobre todo histérico hahaha debo de admitir que me encanta hacerla sufrir, hacer el drama... pero bien sin poner algo dramático esto no me sonaría a mi misma ahh That's it... hmmm AVISO VOY A SPOILEAR! La verdad Bruno solo es parte del ambiente, solo forma parte de la casa del lago de la abuela como si fuese un mueble decorativo... un mueble decorativo bien hecho y bien guapote para mí xD Es el atractivo trozo de bistec que el karma mandó como santa justicia divina(? lo puse solo por ponerlo porque quería encelar a Sebby y que por una vez se sintiera como se siente Sam así que Bruno no es el tan anhelado rival para poner todo más de cabeza, no, no gente el tan anhelado rival es el fenómeno mencionado un cuatrimillón de veces en capítulos anteriores el que empieza con L y termina con ance de apellido Riddle SPOILER ACABADO pero por ahora mi fenómeno favorito será solo un fantasma mencionado.
Oh, como acabó el capitulo... oh, el spoiler ya estuvo, ya no más por ahora xDD Pero si, es ese que se han imaginado, la penultima frase delató todo mi plan ¡Ah Samantha alucinada! ¬w¬ eso me agrada... muahahahaha!
Bien bien las interrogantes de hoy: ¿Quién era el sujeto que recogió a Sam? ¿En verdad se trata de Richard o solo se trata de ese alguien que nos hace temblar como gelatina? ¿Quién es Lance? ¿Cómo diablos terminará esto con Sam al borde de la muerte, de nuevo? ¿Qué está tramando esta autora conspiradora que no borra esa infernal sonrisa de su rostro pecoso?
Sam. la que los ama con todo su coranzoncillo de pollo vomitado y a medio digerir por aquel gato, el amor de su vida!
P.D: La verdad, esta vez, no hay fecha de actualización fija muahahahahahaha!
