Código Guardianes
Capitulo 92
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
Gamma se encontraba sentado en un sillón, junto a una enorme mesa de caoba pulida y perfectamente barnizada, con un maletín colocado en el centro de la misma, y con sus manos tras la nuca, esperando como si aquello fuera suyo. Al poco tiempo entró allí un hombre de edad madura, con pelo cano, ojos pequeños y traje bien arreglado y planchado.
-Buenos días, señor- dijo el tipo, respetuoso, mientras se sentaba al otro lado de la sala. Gamma simplemente se reclinó sobre la mesa con una sonrisa divertida.
-Supongo que sabes que hago aquí- dijo, mientras le tendían unos folios encuadernados. Su interlocutor asintió y lo tomó, pero ni lo revisó.
-Hora de pagar tu deuda, señor Samer- dicho eso, se oyó un aullido en la lejanía, y Gamma señaló con un dedo hacia atrás, en la dirección de la que venía aquel ladrido infernal.
-Tera, mi querida mascota, vendrá a por ti en breve- el demonio desapareció tras pronunciar esas palabras, y en seguida el hombre salió corriendo de allí.
Corrió por los pasillos, y aceleró el ritmo al oír la respiración de una bestia y sus rugidos, pero no podía ver nada. De pronto, algo le tiró al suelo, y notó un peso sobre él, así como un fuerte olor a animal, seguido de gruñidos y un intenso dolor, pues podía sentir a la perfección como unas fuertes garras se clavaban en su cuerpo, destrozando sus tejidos internos, provocando que la sangre saliera como una catarata de su cuerpo y haciendo que a los pocos segundos perdiera el conocimiento.
-Disfruta del tentempié, querida- Gamma apareció por el pasillo, y colocó la mano en la cabeza del animal, invisible al ojo humano pero él sí podía ver a la criatura.
Se trataba de una suerte de perro, pero cuatro veces más grande que un pastor alemán, de grandes dientes de sable, ojos de un tono cobrizo, pelo largo oscuro, y grandes garras en las patas delanteras, con fuertes músculos en sus extremidades. Su larga cola se movía con intensidad, con la punta de la misma en forma de flecha yendo de lado a lado.
Gamma dejó a la bestia devorando el cuerpo del individuo, mientras tachaba un nombre de la lista y hacia desaparecer los papeles que llevaba en la mano hasta el momento.
-He de reconocer que tu estilo ha mejorado mucho- Gamma alzó la vista pero no se giró- Aprendí del mejor... Azazel- dijo, mientras notaba la mirada del caballero del infierno sobre su nuca.
El aludido apareció ante él. Su cuerpo era el de un hombre maduro, de pelo rubio, sus ojos bermellón denostaban su posición dentro del infierno, pero cuando estos dieron paso a los ojos de su cuerpo, que eran de color verdoso.
-¿A que puedo deber el honor de tu presencia?- dijo Gamma con una falsa sonrisa dibujada en su rostro.
-Ha llegado a mis oídos que estás contactando mucho con los guardianes- comenzó el otro demonio- Espero que no sea verdad, ya sabes que son el enemigo a batir-
-No debería suponer un problema, cualquiera de vosotros siete podría con todos ellos sin problemas- aseguró Gamma.
Azazel se quedó pensativo unos segundos- El padre de uno de ellos es nada más y nada menos que un arcángel, como nos acerquemos a menos de quinientos metros de él, nos fulminaría en un instante, y me da en la nariz que tú, pequeño saco de mierda, lo sabías- conforme hablaba, lanzó al demonio menor contra una pared y empezó a estrujar sus entrañas con un gesto de su mano.
-Uno de nuestros aliados, que cada vez parecen ser menos, nos avisó de que te vio con una mujer que instantes antes se estaba dando el lote con Azrael, y que incluso le diste tu número de teléfono- la presión que notaba Gamma en su cuerpo era cada vez mayor, y no podía hacer nada para zafarse de ello.
Estuvo en esa posición unos segundos más, hasta que Azazel le soltó- Esto es una advertencia. La próxima vez, te mataré- dicho esto,el demonio mayor desapareció de allí, dejando sólo a Gamma, que estaba con la respiración entrecortada y los ojos llenos de impotencia.
Dio un par de golpes al suelo de rabia, y se levantó con dificultad, para acto seguido limpiarse la ropa y llamar de un silbido al perro del infierno que le acompañaba.
-Me vengaré de ti, hijo de puta...- gruñó, mientras desaparecía de allí. Apareció de nuevo en su despacho, en el infierno.
El entorno no era como los humanos se lo imaginaban, no era un lugar en constantes llamas, con demonios torturando almas por todos lados y gritos ensordecedores. Bueno, los dos últimos aspecto si los cumplía, pero curiosamente el infierno no era mucho más cálido que una tarde de verano. Gamma trabajaba en un área especial del infierno: él era el que diseñaba los contratos para que los humanos vendieran su alma a los demonios de los caminos, de esa manera, a los diez años, eran asesinados y su alma iba directa al Hades. Eventualmente, ese alma se convertirá en un nuevo demonio gracias a las constantes torturas y a la locura que allí abajo se podía llegar a vivir. Pero si bien era divertido, ellos estaban en la parte baja de la tabla de poder. En primer lugar, en lo más bajo, estaban los demonios de carretera, también llamados de ojos negros. Les siguen los demonios de ojos azules, que se dedican a labores de espionajes. Por encima de ellos, están los demonios de ojos violeta, especializados en torturar las almas que llegan al infierno, la gran mayoría provenientes de pactos con demonios de ojos negros. Continúan los demonios de ojos grises, cuya labor es coordinar a los estamentos inferiores, tienen un poder equivalente a los guardianes. Siguen los demonios de ojos rosa, con un poder igual al de los ángeles, son los lugartenientes del infierno, y por encima de ellos sólo están los Caballeros del Infierno, los principales líderes demoníacos, cuyos ojos son de un intenso bermellón. Y en la cima, como el señor de todo, se encuentra el Rey del Infierno, puesto que en el pasado ostentó Lucifer, pero en la actualidad ese puesto no está tan claro como en tiempos ulteriores, pues está disputado por los caballeros. Y él, Gamma, tiene la intención de conseguir el trono, pero antes debe evitar que el principal rival, Lucifer, aparezca.
-Maldito capullo...- gruñó, mientras se sentaba en su despacho. Ser el señor de los cruce de caminos le hacía más fuerte que cualquiera de los otros demonios de su misma clase, es más, el llegaba al poder de un ojos violeta, pero sigue sin ser suficiente para derrotar a un ángel, o a un guardián. Se sentía reprimido por los demonios de más alto rango, sobretodo por los Caballeros, que no permitían ninguna clase de insubordinación. Si no hubiera sido Azazel el que le hubiera amenazado, ahora mismo seguramente sería polvo de estrellas.
Oyó que llamaron a la puerta, y la abrió con un gesto. A la estancia llegó una muchacha de unos dieciséis años, con un portapapeles.
-El informe que pidió, señor- dijo ella, dejando los diversos folios encima del escritorio. Gamma los recogió rápidamente y le indicó con un gesto a ella que se fuera, cosa que hizo de inmediato.
Los leyó rápidamente y se recostó en su asiento, con los ojos fruncidos y cara de amargamiento- No me pagan lo suficiente por esta mierda... Que coño, ni siquiera me pagan- gruñó, tirándolos con frustración.
Era evidente. El número de almas que llegaban al infierno estaba bajando, y eso era mala señal. Habían aumentado el número de demonios trabajando en las calles para que los humanos picaran con más facilidad, pero no parecía estar funcionando.
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Seriel caminaba a paso veloz por un pasillo. Este tenía el suelo de mármol, con grandes columnas en los laterales, pero sin ninguna pared, ni techo. Por todas partes se puede ver el azul del cielo, y alguna que otra nube de fondo. Y es que literalmente estaba en el Cielo. Le habían convocado para darle su misión, por ahora se había limitado a contactar con los guardianes y ganarse su confianza, cosa que pareció lograr, y ahora le darían nuevas instrucciones. En todo ese tiempo le pidió a Damiel, un querubín, que investigara una serie de sucesos extraños, pero la información que este le dio no parecía nada extraño. Por tanto, llegó a la conclusión de que nada estaba pasando, y que eran paranoias suyas. Poco después llegó al final del corredor.
-Saludos, hermano- ante el se encontraba otro ángel, trajeado, y guardando la puerta. Este le saludó bajando ligeramente la cabeza, y le permitió pasar.
Una vez dentro de la estancia, contando esta con paredes y techo, se encontró en la misma con una mujer rubia, de ojos violeta. Sus alas demostraban su rango, el de Trono. Esos entes celestiales eran especiales, su poder era muy superior al de los ángeles ordinarios, y sus ojos se tornaban violetas cuando usaban sus poderes, pero tan sólo el iris, no el ojo completo, como pasa con los demonios. Sus alas son mucho más grandes que las de un ángel, y suelen estar infundidas en llamas. Son seres realmente espectaculares incluso para los mismos ángeles. Cuando usan todo su poder, sus ojos también se vuelven focos de luz blanca.
-Seriel, tengo un trabajo importante para ti- dijo, este miró a su interlocutor expectante- Pero antes, ¿tuviste éxito acercándote a los guardianes?- preguntó.
-Sí, la misión fue fructífera- respondió. El Trono sonrió- En ese caso, deberás matar al guardián de la muerte, al tal... Jhonathan Magné- ante esa orden, Seriel simplemente asintió, y se retiró.
Antes hubiera dudado, pero ya no. Su fe había vuelto con más fuerza que nunca, y si le habían ordenado matar a ese chico... lo haría. Aunque tuviera que acabar con el resto de guardianes, lo haría. No entendía la razón, pero era el plan de Dios, y lo cumpliría, pues los ángeles son los guerreros del Señor, son los que hacen la voluntad divina realidad, y si era su voluntad que él muriera... Moriría.
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Un hombre de unos treinta años, totalmente calvo y con la barba arreglada, vestido con un elegante traje de chaqueta, observaba impertérrito el discurrir de la gente por la calle. Desde su posición, en lo más alto de un edificio, se podía ver a la perfección el callejero de la ciudad, cosa que en sus ratos libres hacía con frecuencia. No se giró cuando oyó la puerta abrirse.
-Su copa, señor- el hombre que habló tenia un fuerte acento alemán, pero al menos era servicial. El aludido se giró, y contempló con una sonrisa divertida al tipo que acababa de entrar.
Este era de pelo negro liso y bien peinado, con algo de barriga, ojos negros, algo bajito, y con un ligero bigote en la comisura de los labios, pero estaba perfectamente afeitado en lo demás.
-¿Cómo te va, Adolf?- preguntó, tomando la copa. Este tardó unos segundos en responder- Bien, señor- respondió.
-¿Te fijaste en la nueva secretaria?- preguntó, mientras la señalaba con un gesto de cabeza. Adolf no se giró, pero asintió- Es una pena, ¿no crees?- comentó el tipo de la copa, a lo que el otro asintió.
La chica era una joven negra, con un traje de ejecutivo y tacones altos. A parte de eso, no había nada especial- Sí que lo es, señor...- suspiró Adolf, bajando la cabeza, y apretando los puños.
El otro le dio un sorbo a la copa y rió con diversión- Me preguntó como le sentaría a uno de los mayores genocidas de la historia por razón de raza que su nuevo jefe, aparte de ser mujer, sea negra- empezó a hablar- ¡Ah, no, si lo sé, lo tengo delante!- exclamó, para empezar a reír.
Adolf simplemente se quedó callado, con gesto furioso, pero, ¿que podía hacer? Aquel tipo que tenía delante no era un mindundi. Era el mismisimo Raguel, uno de los arcángeles. Además, le debía no haber ido al Infierno, pues cuando se suicidó, su alma debió ir a aquel lugar. Pero el arcángel, antes de morir, le ofreció la posibilidad de vender su alma, y, a cambio, no iría a aquel lugar horrible. Él aceptó gustoso, lo que no sabía es que se convertiría en un esclavo de Raguel, en su marioneta, en un juguete en manos del ser celestial. Tampoco que le torturaría, y que eventualmente perdería su cuerpo mortal , quedando tan sólo su alma ahí, atrapada por el poder de Raguel, sin poder ir ni al Cielo, ni al Infierno, ni al Limbo. Y no había peor tortura que esa para un alma, cosa que el arcángel sabía de sobra. (1)
-Bromas a parte... ¿Le enviaste eso a mi hermano Remiel?- preguntó, a lo que Adolf asintió- Me alegro, era muy importante, ¿sabes?- siguió hablando el arcángel.
-¿Desea algo más?- preguntó el otro, a lo que Raguel le invitó con un gesto a salir.
Una vez sólo, se quedó pensativo. Desde hacía mucho, él y su hermano se habían dedicado a lo mismo: las almas. Cuando un ser humano acababa de morir, y por tanto su energía, su alma, abandona su cuerpo, ellos hacen acto de presencia, y le invitan a ir con ellos. Les prometen una paz irreal, y salvarles de la perdición, pues a los que se acercan son mortales que definitivamente irán al infierno. Incluso han evitado que los contratos de los demonios se lleguen a cumplir en determinados casos, para furia de estos, aunque poco o nada puedan hacer para evitarlo. Una vez que aceptan ir con ellos, quedan atados al arcángel, este les vuelve su esclavo, los usan para ganar poder y utilizan su poder para impedir que huyan o puedan hacer nada contra ellos. Básicamente, les vinculan a ellos, y les utilizan indiscriminadamente para su propio beneficio. Adolf Hitler no era el único famoso allí, también estaban Stalin, Nerón, y otros muchos hombres y mujeres, tanto famosos como anónimos, de tiempos actuales y pasados, y de todos los lugares de todos los universos.
-Me llamaste- oyó a una voz. Raguel sonrió al ver allí a su hermano. Su cuerpo era el de una mujer árabe, con el pelo negro largo hasta la altura de la rabadilla, con un generoso escote y labios carnosos.
-Sí- se abrazaron, y con un gesto Raguel le invitó a sentarse- Estaba pensando en hacerle una visita a muestro hermano mayor, imagino que ya sabes de sus planes- comenzó el primero, a lo que Ramiel asintió.
-Se matarán entre ellos- comentó este, a lo que el otro asintió- Sí, pero sabes bien que nos debemos aliar con un bando, ningún arcángel podrá ser neutral en esto, no esta vez- aseguró.
-¿Y que propones?- preguntó Remiel. Su hermano le miró- Miguel es el más poderoso, aunque Lucifer tampoco es débil, precisamente... lo mejor es saber que nos ofrece uno y otro, y actuar en consecuencia- ante eso, Remiel no comentó nada, sólo se limitó a asentir.
-Lucy aún está encerrado, así que poco podremos saber de sus intenciones, y ambos sabemos cómo es Miguel sobre los que están en contra de sus ideales- comentó este- Si el bando en el que estamos resulta el perdedor, prefiero que sea el de Miguel- Raguel sólo asintió.
Efectivamente, el mayor de los arcángeles era muy duro con sus detractores, hasta el punto de eliminarlos si lo ve necesario, que son más veces de las que a ellos les gustaría.
-De todas formas no está nada decidido aún, puede que ni siquiera tengamos Apocalipsis, así que... Esperemos por ahora- propuso Remial,a lo que su hermano asintió.
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Gabriel se encontraba escribiendo con una brocha en la pared, usando como tinta pintura de color negro. Según iba escribiendo, lo escrito desaparecía, como si no estuviera allí, pero, si bien no se podía ver o sentir, allí estaba, impregnando la pared. Aquella pintura no era de la que se compra en una tienda de bricolaje, precisamente. Llevaba un buen rato colocando hechizos pared por pared del edificio, y si bien podría haberle pedido ayuda a cualquiera de los que estaban por allí, prefería hacerlo él mismo, pues no se fiaba. Normalmente su sola presencia basta para que nadie se atreva a hacer nada, o si quiera acercarse a donde se encontraban, pero pronto no podría estar allí de guarda constantemente, así que él mismo iba a blindar aquel lugar para que sólo unos pocos pudieran entrar. Precisamente a la estancia entró Jamily, y le miró con curiosidad.
-Sé de utilidad y acercame la pintura que tienes a tu derecha- ordenó Gabriel, sin siquiera girarse, a la recién llegada.
Ella le miró con algo de molestia, pero obedeció, y, con un gesto, y se las acercó- Podrías hacerlo tú- comentó ella, cruzándose de brazos.
-Estoy ocupado, llevo un buen rato haciendo de este sitio un bunker- le respondió- Sí, ya se que ya lo era antes de venir yo, pero lo que había no detendría a un ejercito de demonios... Esto sí- comentó, haciendo desaparecer todo lo manchado con un gesto de muñeca.
Ella rodó los ojos- ¿Por que lo estabas haciendo manualmente? Podrías usar tu poder, tienes más que de sobra- preguntó la morena.
-Mi poder de manipulación de la realidad es enorme, como bien dices, pero no tanto como para engañar a mis hermanos o impedirles entrar- respondió- Son ellos los que me preocupan- confesó.
Jamily asintió, era verdad. Con esa protección aquel sitio, si bien era inaccesible para ángeles o demonios de menor rango, podían seguir entrando los más poderosos, y aunque Gabriel sólo podría hacerse cargo de un ejercito entero, si cualquiera de los arcángeles hacían acto de presencia, no podría defender aquel lugar.
-Por cierto... ¿Y ese pedrusco?- preguntó, señalando el anillo de su dedo corazón. Ella sonrió un poco y se lo mostró mejor- Bueno... pasaron cosas con mi chico- dijo, con evidente alegría.
-Ya veo... ¿Cuando es la boda?- preguntó él- El 17 de Agosto- respondió. Él asintió- Aún quedan unos cinco meses, ¿por qué tan tarde? Estamos en pleno proceso de guerra- le dijo Gabriel.
Ella asintió- Lo sé, pero... ese es el día de mi cumpleaños, y... quería casarme con el amor de mi vida antes, ya sabes... por si no sobrevivimos uno de los dos, que al menos estemos casados antes de que eso pase- dijo.
Gabriel sólo bajó la mirada y observó el anillo en silencio. Era de plata, con un pequeño diamante bien cincelado como decoración, con letras en angelido talladas a lo largo del anillo, probablemente los nombres de los cónyuges.
-Habrá que ir, supongo- dijo él- Te mereces una alegría, después de tanto vivido... pero que no se te suba a la cabeza, esta paz es falsa, así que no te duermas en los laureles- dijo, mientras la miraba con intensidad.
Ella asintió- Soy más que consciente, Gabriel- le dijo ella. Él tan sólo asintió, y tocó las paredes con la mirada algo perdida. Según su mano pasaba, las letras pintadas brillaban en un intenso color dorado, pero volvían a la normalidad una vez que la mano del arcángel había pasado por delante.
-Me gustaría que esto no tuviera que pasar, que los idiotas de mis hermanos dejaran el orgullo y la obediencia ciega a un lado, y se reconciliaran... pero lo que pasó fue demasiado duro, no sé si en alguna ocasión te lo llegué a contar...- comentó él.
Ella negó. Gabriel asintió, e hizo aparecer una imagen en el aire. Ella observó aquella imagen en silencio, expectante.
Flashback de Gabriel, visto desde la imagen.
El sol salía por en horizonte. Una enorme esfera de plasma que se elevaba imponente, con un aspecto mucho mayor de lo que se ve en normalmente. El cielo, lejos del color azul al que estamos todos acostumbrados, era de un intenso color rojo, provocado por el fuerte calor, incluso a esa temprana hora del día. Aún se veían estrellas en el firmamento, pero si uno se fijaba bien, se daría cuenta de que eran muy diferentes de las que uno puede ver en el momento actual, y en el universo de los Guardianes. Aquel era un mundo diferente, de un universo diferente, en una época muy anterior a la del Universo 911. Dos seres de luz aparecieron en ese momento, y observaron a los seres que allí vivían.
-Que criaturas tan majestuosas...- comentó uno de ellos. Se trataban de gigantes seres del tamaño de un edificio, de grandes torsos y fuertes músculos, con una cabeza pequeña y ojos oscuros. Su piel es de color parduzco, con una larga cola que movían de lado a lado. Andaban a cuatro patas, y se dedicaban a pastar en una zona extensa. Había una veintena de individuos, con varias crías en el grupo.
-Que no te engañen tus ojos, Gaby- dijo el otro. El aludido le miró con extrañeza- ¿Por qué dices eso, Lucy?- preguntó.
El tal Lucy le miró con una ligera sonrisa, con la misma expresión que pone un adulto cuando le explica algo elemental a un niño pequeño-Veras, mi amado Gabriel- comenzó.
Señaló entonces a uno de los animales- ¿Ves a ese, especialmente grande?- preguntó. Gabriel asintió- Ese ser es malo, ¿sabes?- le dijo.
Gabriel frunció el ceño- Son seres salvajes, demasiado elementales para distinguir entre bien y mal, Lucifer- respondió.
Este asintió- Puede, pero fijate en lo que pasa si le dotamos de inteligencia- dijo, mientras se rodeaba de su energía. Esta rodeó al animal, y le transformó.
Su cerebro se agrandó, y se volvió más inteligente, tal y como Lucifer dijo. Gabriel controló el proceso en todo momento, fijándose en que en ningún momento hiciera trampas, y así fue.
Cuando Lucifer acabó, observaron el comportamiento del animal. Y Gabriel sintió asco. Pues atacó a las crías, una por una, matándolas inmediatamente. Ninguno de los otros adultos hizo nada, ni siquiera las hembras progenitoras, que sólo observaron.
-¿Lo ves? La vida, en cuando obtiene una inteligencia superior, se vuelve malvada- dijo Lucifer. Gabriel asintió, con evidente enfado.
-Es sólo en esta especie,hermano- gruñó. Lucifer simplemente tomó su mano, y se movieron a otro punto del mismo planeta.
Aparecieron en una suerte de aldea de seres prehistoricos, con aspecto lejos del humano, con largos brazos y cortas piernas, sus cuerpos eran totalmente negros, sólo recubiertos por unas prendas hechas con las pieles de animales de la zona. Tenían unos palos como armas con piedras en las puntas, y parecían molestos.
-¿Les ves? Estos seres no han sido cambiados por nada ni nadie- dijo Lucifer, a lo que Gabriel asintió- Observa su comportamiento- pidió.
Gabriel bajó la cabeza. Sabía lo que venía. Desde hacia unos siglos,había aparecido la vida inteligente en la realidad. Su padre, Dios, les había pedido cuidar de ellos, y, de la misma manera que protegían a los ángeles menores, debían defender a esos seres vivos como si se trataran de sus hermanos menores. Pero desde que apareció la vida inteligente, Lucifer estaba empezando una campaña en contra de la misma, no le gustaba la vida inteligente, y lo demostraba habitualmente. No hacía falta ser muy listo para saber que tarde o temprano se pelearían. Y así fue, al poco de aparecer ellos, comenzó una batalla campal en aquel lugar. Aquellos primitivos seres se golpeaban con palos, piedras, y con sus propios puños. Se mordían, gritaban, y luchaban entre ellos con una violencia más propia de una bestia que de un ser dotado de inteligencia, y varios machos parecían violar a las hembras, tanto vivas como muertas. Incluso parecían practicar el canibalismo, pues uno de ellos devoraba los cadáveres que quedaban. En apenas diez minutos, la mitad había muerto, y la otra mitad se encontraba alimentándose de los cuerpos de los muertos, y no parecía importarles que fueran seres de su mismo grupo.
-¿Lo ves, Gabriel? A más inteligente, más brutales e indignos del amor de Padre son, y por ello, deben ser exterminados- dijo, con determinación en la voz.
-Pero Padre... dijo que debíamos amarles como si fueran nuestros hermanos menores...- dijo el otro arcángel, con evidente impotencia en la voz.
-No son malvados por sus actos, sino por saber lo que significan- aclaró Lucifer, mientras abrazaba por la espalda a su hermano menor.
-¿Dices... que debemos exterminarlos?- preguntó Gabriel, a lo que Lucifer asintió- Eso es ir en contra de las ordenes de Padre- dijo.
-Un buen hijo debe obedecer a su padre, pero un mejor hijo le muestra que a veces, se puede equivocar- le respondió el mayor.
Fin del Flashback
Jamily se quedó sorprendida por la imagen- Vaya...- murmuró. Gabriel asintió- Por aquella época, Lucifer intentaba convencernos de su forma de pensar, pero... Al final pasó lo que todos saben- dijo él.
La morena asintió, y le miró con algo de pena- En fin, disfruta de él, mientras puedas- le dijo él, cosa que ella asintió sin dudar.
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Jhonny miraba con una sonrisa a su madre. Estaban comiendo en el bar en el que ella trabajaba, mientras ella atendía a varios clientes.
-¡Si quieres más, avisa, hijo!- le gritó ella, mientras servía varias cervezas a unos parroquianos, quienes jugaban a los dardos entre risas.
-¡Vas a hacer de tu hijo un balón de futbol, Gabrielle!- rió uno, mientras le daba un sorvo a su bebida. Ella le sonrió.
-Ya te gustaría que te diera de comer así,¿verdad?- le dijo ella, mientras les cobraba- Sí, a él le das de todo, y a nosotros unas miseras patatas de bolsa- respondió el hombre.
-No te quejes, que bastante tienes que os invito a algunas rondas- le reclamó ella, mientras les guiñaba un ojo. El resto de amigos de aquel hombre se rieron mientras este tosía, para proseguir con el juego.
A decir verdad, aquel bar era bastante tranquilo. Apenas había una pelea los fines de semana ya que era frecuentado por gente ya entrada en años, pues los universitarios solían ir a los bares del centro. El cliente más joven no bajaba de los treinta y cinco años, sin contar a Jhonny, que al ser hijo de Gabrielle, comía gratis allí. Eso fue así hasta que por la puerta entró una mujer joven, con gabardina, su pelo era negro y su piel era de un tono pardo.
-¿Seriel? ¿Que hará aquí?- murmuró Jhonny,mientras la miraba de reojo. El ángel, entonces, se acercó a él con rostro serio.
Jhonny se levantó, algo iba mal, pensó. Entonces, Seriel apareció justo delante de él, y colocó la mano en su cabeza. Jhonny notó de inmediato todo el poder del ángel rodeando su cuerpo, intentaba fulminarle. Intento zafarse del ataque pero le era imposible, sentía su cuerpo explotar. Gabrielle miraba aquello con horror, así como los clientes del bar, que intentaron acercarse a Seriel, pero ella expelió una fuerte luz de su cuerpo, impidiendo que ellos se pudieran acercar. De pronto se oyó un fuerte pitido y un intensisimo temblor que hizo que todo el bar se removiera hasta los cimientos. Seriel miró directamente a la luz y desapareció de allí, dejando a Jhonny caer al suelo, algo dolorido pero aún vivo. Donde estaba Seriel apareció un hombre, que de un gesto hizo que todos los presentes, menos Jhonny y Gabirelle se desmayaran, y ayudó al primero a levantarse.
-¿Estas bien?- preguntó. Jhonny le miró, con el ceño ligeramente fruncido. Algo en su cabeza le decía que conocía a ese tipo, pero... no sabía exactamente el qué.
-¡¿Que fue eso, Azrael?!- gritó Gabrielle, acercándose a él con cara de furia. Él la miró y suspiró, para después mirar al adolescente, que sólo miraba todo sin entender lo que pasaba.
-Sentaos, ambos- pidió, mientras les colocaba en unas sillas. Había llegado el momento de mostrarse a su hijo, finalmente...
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En el mismo lugar en el que el Caballero del Infierno Lilith, la propia diablesa se divertía tirando piedras contra unos patos que andaban tranquilamente por allí. Hizo eso hasta que sintió a uno de sus colegas por allí.
-Hola- dijo simplemente, sin girarse. Azazel se colocó a su altura- Tan efusiva como siempre- comentó este, a lo que ella le dio un codazo.
-¿Para esto me llamaste? ¿Para tirar piedras contra patos?- preguntó. Los ojos de ella se volvieron de un intenso bermellón.
-He visto al gilipollas de tu pupilo, Gamma, y me da que no ha aprendido la lección- gruñó, furiosa- Como nos falle, yo misma devoraré su alma hasta que de ése despojo no quede ni el recuerdo- fruñó.
El cielo se fue tornando grisaceo por culpa de la energía de ella. Azazel se mofó un poco- Como bien has dicho, es un gilipollas, uno sin poder... No podrá hacer nada- dijo, restándole importancia.
Ella frunció el gesto- El resto de Caballeros consideran que no es nada relevante, así que piensan que le dejemos, que no nos dará problemas... ¡Pero estoy segura que nos la acabará guiando! ¡Os recuerdo que fui bendecida por Lucifer con ver el futuro, y lo vi MUY CLARO!- chilló, y conforme ella hablaba, los rayos comenzaron a caer.
Él la miró en silencio- Tu no ves el futuro, ves las posibilidades que nuestras acciones pueden provocar, así que no seas tan prepotente, que para eso ya está nuestro Comandante- dijo él- Y para continuar, es un maldito demonio de carretera, no son tan fuertes ni de coña, así que no te agobies por eso- pidió.
Ella pateó el suelo rabiosa y desapareció de allí. Azazel sólo suspiró, y contempló el paisaje- Esta chica... no sabe ver como actua un demonio... parece mentira que sea la primera de los nuestros- murmuró, para observar de reojo como un grupo de gente se acercaba.
Sonrió de medio lado- Por que estoy ocupado, que si no... me dedicaría a destripar a esos héroes de pacotilla de este mundo- murmuró, divertido, para, finalmente, desaparecer de allí.
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(1) Adolf Hitler fue el principal líder del movimiento Nazi en la Alemania de antes de la Segunda Guerra Mundial, y el Führer (En alemán, líder, puesto equivalente al de jefe del Estado) de Alemania a lo largo del Tercer Reich. Murió suicidado, junto a su esposa Ana Braun, en un bunker en Berlín, poco antes de que los soldados Sovieticos entraran a la capital germana definitivamente en 1945. Sin duda, uno de los personajes históricos más siniestros e interesantes del siglo XX.
Un abrazo muy fuerte a todos los lectores venezolanos, que tanto sufren en su país, pero que aún así son de los que más leen este fic! En el próximo capitulo se hará la boda entre Jamily y Michaelis, así que sólo será relleno, por lo que no hace falta leerlo si no quereis.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.
