Código Guardianes

Capitulo 94

Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.

El silencio se hizo en el bar. Azrael estaba sentado a la mesa, junto a Azrael y Gabrielle, que tan sólo observaban como el arcángel jugueteaba con sus dedos. Tras un rato, se decidió a hablar, no sin antes suspirar varias veces y acariciarse el pelo, parecía tan humano al hacer eso que uno se llegaba a olvidar que era un arcángel.

-Hace unos 15 años conocí a tu madre en este mismo bar- comenzó a hablar- Yo tenía que recoger el alma de una mujer que había sufrido un infarto, así que entré haciéndome invisible al ojo humano, como siempre hago. En principio no debía pasar nada, yo soy un ser con un poder más allá de cualquier cosa y nada se iba a atrever a intervenir, y me disponía a hacer mi trabajo cuando me fije que tu madre me estaba mirando directamente- una ligera sonrisa se dibujó en sus labios.

-Resultaba que ella tenía el raro don de poder ver la verdadera forma de seres celestiales, algo que pocos individuos pueden hacer, y con un gesto le pedí salir del bar- continuó. Iba a seguir pero Gabrielle intervino.

-Pretendía destruir el recuerdo de lo que había visto, pero yo no paraba de parlotear y de hacer preguntas, así que poco pudo hacer- eso provocó la risa de Jhonny- A pesar de ser un arcángel y de que pudo haberlo hecho con tan solo un gesto, no lo hizo, supongo que le caí bien- comentó la mujer, tomando la mano de su pareja.

-Ella era tan extraordinaria que decidí tenerla vigilada, era tan enigmática que poco a poco me fui acercando hasta que un día... nos acercamos todo lo que dos seres se pueden acercar y te concebimos- dijo Azrael- Eso supone que tu eres mi hijo, Jhonny- acabó el arcángel.

Jhonny asintió, no sabiendo muy bien que decir o como sentirse- Durante todo el embarazo estuve pendiente de ella, hasta tenía a varios serafines a su cuidado, todo para protegerla de lo que pudiera pasar. Al ser el hijo de un arcángel tu poder era tan enorme que podías superar incluso al de Miguel, por eso me mantuve pendiente de vosotros en todo momento- le dijo.

Gabrielle comenzó a hablar también en ese punto- Para protegernos tanto a ti como a mí, decidió sellar tus poderes, por eso durante toda tu infancia y hasta hace muy poco eras un niño normal- Jhonny asintió- Sobretodo... para que no me mataras en el parto. Dar a luz a un nephilim es muy duro, pues está naciendo una entidad celestial, más si el padre es un arcángel, por eso selló tu poder- le dijo la mujer.

El chico se mantenía en silencio, procesando esa información- ¿Dices... que soy más poderoso que el propio Miguel?- murmuró, impresionado.

Azrael asintió- Al ser un guardián, tus poderes como nephilim se incrementan. Si sólo fueras mi hijo tendrías el mismo poder que los serafines más poderosos, pero al ser un guardián, esos poderes se suman y, si liberas toda tu fuerza, superarías con facilidad a mi hermano- le dijo- Por suerte tu cuerpo está hecho para soportar ese poder, por que existiría el peligro de que explotaras si liberara todo tu poder, pero creciste lo suficiente en el útero de tu madre como para poder tener un cuerpo lo suficientemente fuerte para aguantar- Jhonny asintió.

-¿Podrías liberar todo mi poder, Azrael?- preguntó al rato. Este negó- Eso tienes que ir haciéndolo tú, sería peligroso hacerlo todo de golpe, podríamos destruir el Sistema Solar en el proceso- aseguró.

Jhonny se sorprendió de eso- ¿Tanto poder se liberaría?- preguntó. Azrael asintió- Se debe liberar poco a poco, pero el proceso ya se inició, y esto es como un castillo de naipes... Si cae una pieza, el resto eventualmente caerá- explicó.

El chico asintió, entendiendo- ¿Y que puede provocar que se vaya liberando?- preguntó de nuevo. Su padre bajó ligeramente la vista ante eso- En situaciones de emergencia, tus poderes saldrán a la luz para protegerte, pero será en situaciones de vida o muerte, dudo que florezcan en situaciones menos peligrosas- aseguró.

-Eso mismo acaba de pasar con Seriel, y no haocurrido absolutamente nada- le espetó el muchacho, aguantando las ganas de levantarse- Si eso no es estar en peligro, no sé lo que será- le dijo.

El arcangel le miró- Eso fue por que yo intervine antes de que pudiera pasar nada malo, que es lo importante- aseguró.

Jhonny no sabía si creerle, y tan sólo comenzó a dar vueltas por la sala- Tengo... que pensar en todo esto- dijo, y, sin más desapareció de allí.

Azrael hizo el ademán de seguirle, pero Gabrielle le detuvo- Dejale, creo que le vendrá bien estar sólo un rato, para asimilarlo todo- aseguró.

El arcangel suspiró y asintió, tras lo cual, también se fue de allí, dejando sóla a la mujer, que suspiró, y se puso a poner orden en su bar.

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Seriel apareció en el Cielo, con la cara ligeramente desencajada. Se había visto en las manos del arcángel Azrael, destruido en un sólo instante y convertido en polvo de estrellas. Pero por alguna razón no le había perseguido, y no fue por no ser capaz de ello. Oyó pasos detrás de él, y, sin necesidad de girarse, supo que se trataba del Trono que le había mandado a matar a Jhonny.

-Veo que has vuelto, Seriel- este asintió, levantándose con rapidez- Pero no lograste tu objetivo... ¿por qué?- preguntó el otro.

-Azrael intervino protegiéndole- dijo simplemente el ángel de menor rango. El Trono asintió, y se quedó unos segundos pensativo.

Luego invitó a Seriel a seguirle- Así que los rumores son ciertos... mejor, así podremos tener un as bajo la manga- comentó el otro.

-¿Cual?- preguntó el ángel con curiosidad. El Trono le miró de reojo- Si un arcángel se molestó en defender a un simple mortal, eso supone que le debe importar, y por tanto, Jhonny debe significar algo para Azrael-

El ángel de menor rango miró a su superior- Sé que el joven es un Nephilim, el hijo de un ser celestial... ¿Está relacionado con eso?- preguntó.

El otro asintió- Me acaba de confirmar que Jhonny es el hijo bastardo de Azrael, no hay otra razón para que un arcángel defendiera a ese crío- Seriel asintió, tenía bastante sentido.

-¿Qué haremos a partir de ahora, Adriel?- preguntó el ángel. El aludido se lo pensó por unos instantes- Iré a por el Nephilim yo mismo, si tenemos a ese joven, tendremos al padre con nosotros- le respondió.

Según hablaban, llegaron a una gran puerta, la cual era de oro con epígrafes en una lengua desconocida para cualquiera de los Guardianes, pero los seres celestiales lo entenderían a la perfección, no por nada era su lengua, el Enoquiano. A lo largo de la puerta, además de las letras, se podían ver dibujos de ángeles tocando diversos instrumentos, mientras algunos escribían en libros. Adriel abrió la puerta, y entraron a la sala. Esta era enorme, con grandes paredes de mármol, estando el suelo formado por el mismo material. Grandes cristaleras permitían observar el exterior del Cielo, dejando entrar la luz a la edificación. A los lados, gigantes estanterías repletas de libros llenaban buena parte del espacio, llegando hasta muy cerca del techo. Pero no había ni una sola escalera para llegar a lo más alto, pues los ángeles subían con sus alas de luz hasta los puntos más elevados.

-¿Que libro buscamos?- preguntó Seriel. El Trono le miró de reojo, y señaló una estantería concreta- Obviamente no podemos contar con que Azrael se nos una voluntariamente aún secuestrando a su hijo pues nos destruiría con facilidad, por eso... vamos a obligarle- cuando acabó de hablar, levantó la mano, y un libro salió de su sitio y bajó hasta su mano, y, ya con el objeto en su poder, salieron de la Gran Biblioteca.

-¿Realmente crees que la información que necesitamos para detener a un arcángel va a estar tan al alcance de cualquiera?- preguntó un confuso Seriel

Adriel le miró con intensidad- Nada puede detener a un arcángel, lo único que podemos hacer es ralentizarle, y para ello... la información de este libro si nos puede ser útil- entonces Adriel le mostró al el título del libro.

Se llamaba "Debilidades de los Seres Celestiales" y la verdad es que era bastante revelador en cuanto al contenido. Es curioso que semejante libro esté en el Cielo, o que siquiera existiera, pero en su tiempo, unos ángeles investigaron sobre el tema, Seriel no conocía del todo bien los detalles, pues el Trono no quiso decir mucho más, parecía contrariado al hablar del asunto. Ya con el objeto en su poder, salieron de allí.

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Asmeya estaba reunida con el Presidente del Gobierno del Reino Humano de Asmara. Llevaba allí con él desde bien temprano en la mañana, y ya era más allá del mediodía. Su estomago rugía y su cabeza empezaba a dolerle un poco, pero aún le quedaba bastante, así que debía aguantar.

-En cuanto a los habitantes de la región de Roumantica, están reivindicando ayudas para los cultivos de cereales y su industria alimentaria, dicen que los impuestos de la Dictadura de Zeros les ahogaron demasiado y que perdieron mucho poder adquisitivo, así que... ¿Asmeya?- Esta daba cabezazos con los ojos entrecerrados.

-¡Sí!- exclamó, dando un salto. El Presidente la miró suspirando y también se levantó de su silla- Creo que será mejor que sigamos esta tarde, Majestad- le dijo, mientras recogía sus cosas.

La joven le miró con algo de pena y se pasó las manos por el rostro- Disculpame, yo... Apenas duermo por las noches- se excusó.

El hombre la miró y suspiró- Será mejor que descanses, no podemos reunirnos en estas circunstancias. En el Parlamento estamos trabajando a destajo para derogar las leyes que son contrarias a la nueva Constitución que aprobamos hace unos días, imagino que ya la habrá firmado, sólo queda eso-

Ella le miró y asintió- Sí, ya mandé la versión con mi rubrica... ¿A que hora nos reuniremos de nuevo?- preguntó.

El Presidente suspiró- Majestad, será mejor que descanse, estas muy cansada- le dijo.

Ella asintió, era una gran verdad, estaba que no podía mucho más- Todos estos días han sido muy duros, por que entre este lío de reorganizar el país y lo de... ya sabes... pues estoy agotada- le dijo la más joven.

El Presidente asintió, y le dio unos suaves golpes en el brazo en señal de ánimos, y salió de allí. La nueva reina era muy joven, apenas tenía 25 años, y tener todo un país a sus espaldas era duro. En realidad era un reina que no gobernaba, pues para eso estaba el Presidente, pero la importancia de la institución ahí estaba. Ella tenía la responsabilidad de guardar por que vuelva la democracia a su patria, y no sólo eso, también que se mantenga la paz y el orden. A eso había que sumar todo el asunto del Apocalipsis, que no era moco de pavo, y si había tensión ya de por sí, ahora había más aún tras el intento de asesinato de Jhonny.

-¿Haréis al final el referendum para saber si los ciudadanos quieren Monarquía o República?- preguntó Asmeya antes de que el Presidente saliera. Este se giró y tardó unos segundos en responder,

-Habrá tiempo para eso, por ahora es mejor que la situación se asiente, y ya después podremos hacerlo- tras eso, salió de allí.

La joven de pelo rosa esperó unos segundos después de que se cerrara la puerta, y abrió un cajón, del que sacó su ordenador portátil, lo encendió, desbloqueó, y esperó unos segundos. Sonrió al ver el símbolo de una llamada en la pantalla del ordenador, y le dio al teléfono verde. Se oyó unos chasquidos, y después una voz masculina.

-¡Hola!- saludó la chica. Podía ver en el aparato la cara de su pareja, Cesar, con unos auriculares puestos, que también observaba su propio aparato. Sonrió tras unos segundos, y la saludó con la mano.

-¿Que tal Asmeya?- le preguntó. El chico se encontraba en Asmara, por una misión que le había encomendado Atenea durante los meses de paz. Como descendiente de una de las grandes casas del Reino Humano, el chico tenía propiedades por el territorio del país, y, para ayudar a la reconstrucción del mismo, usaban dichos bienes para poder ayudar a la población con terrenos y demás. Al principio no estaban contentos, sobretodo algunos, pero al final entraron en razón. No se habían visto desde hacía cinco meses, pero al menos se podían ver de esa manera.

-Bien, gracias- le dijo ella, mientras se colocaba algo el pelo- Algo cansada, pero bien- añadió al poco.

Él asintió- Por aquí va bien el asunto, estamos progresando bastante la verdad- dijo. Asmeya asintió. Cesar se encontraba en el norte del país, en una región no demasiado montañosa, pero algo dura durante los inviernos, y el último fue especialmente frío. Hubo muchas heladas y las cosechas se perdieron en buena parte. Al menos las industrias del metal se mantenían, y el sector servicios, como siempre, era de bastante ayuda, pero aún así había agricultores que lo pasaron mal.

-Me alegra mucho eso, la verdad. Por aquí todo bien, me reuní con el Presidente y hemos avanzado en algunas cosas- le aseguró.

Cesar sonrió y asintió. Estuvieron hablando un rato largo más, hasta que Asmeya no podía aguantar más por el cansancio, y se fue de allí.

Salió del despacho que usaba su madre en la Ermita, abrió un portal, y llegó a la dimensión de Jamily. Ahora vivían allí, y ella no era menos. Entró a la casa de la hechicera, y subió al baño, donde se desnudó, y comenzó a ducharse. Observó su cuerpo desnudo y suspiró. Tenía algunos cortes y moratones a lo largo del mismo debido al entrenamiento que llevaba, sobre todo en el vientre y muslo. Su cuerpo se estaba fortaleciendo según pasaba el tiempo, y su energía estaba cada vez más controlada, aunque de vez en cuando tenía que ser noqueada por alguno de los guardianes para impedir que destruyera algo cercano, y poco a poco se acercaba a la velocidad de la luz, pero le quedaba mucho. En cuanto a lo demás, era una mujer de veintitantos años normal, con un cuerpo ya adulto, ligeramente alta, y con los atributos propios de su genero bien desarrollados. Se estiró un poco, y se metió en la ducha, donde comenzó a salir el agua a buena presión. Y cuando acabó de ducharse, salió, se secó, y, con la toalla aún puesta, fue a su cuarto, donde se la quitó, y, desnuda, se metió en la cama. A la joven pelirosa le gustaba dormir sin ropa, le era más cómodo así. Rápidamente se quedó dormida, y se sumergió en el mundo de los sueños.

Sueño de Asmeya.

La chica estaba en un campo totalmente quemado. Un mar de fuego se veía en el horizonte, centenares de edificios estaban medio derruidos, y cadáveres llenaban el suelo. Olor a muerto llenaba el aire, que empeoraba aún más con el azufre y el dióxido de carbono que emanaban de los constantes fuegos. Asmeya tuvo que aguantar una harcada, cuando notó una presencia detrás de ella.

-Hola Asmeya- oyó al extraño hablar. Ella se giró, ligeramente asustada, y vio a una entidad de una extraña belleza.

Se trataba de una criatura de aspecto humano totalmente andrógino, con cuatro grandes alas azules en la espalda, de largo cabello del mismo color, ojos marrones, y una figura fibrada.

-¡¿Quien eres?! ¡¿Y qué es todo esto?!- le espetó ella, alejándose de aquella entidad todo lo que pudo.

Este le sonrió ligeramente y recorrió la distancia que les separaba apenas en un instante- Mis disculpas... Me llamo Miguel- le respondió la entidad.

Asmeya le miró con sorpresa, pero se puso a la defensiva enseguida. El arcángel sonrió ligeramente y cerró ligeramente los ojos- Esto que ves es lo que le espera al mundo si dejamos que Lucifer lleve a cabo sus planes- dijo, mientras extendía los brazos, señalando al horizonte.

La joven reina no se dejó engañar por sus palabras- Y no sólo a este planeta. A todos los mundos les esperará este destino terrible, supongo que no querrás eso.. ¿verdad?- aquella pregunta iba con evidente malicia.

-¿Por qué te presentas ante mí? No soy una Guardiana, ni tengo poder suficiente para enfrentar a un demonio, mucho menos para ser una pieza clave en esta guerra- le inquirió.

Miguel sonrió ligeramente- No serás una Guardiana, pero estas empezando a tener fuerza, además, eres la líder del grupo Asmeya... quiero que nuestros bandos se lleven bien- le dijo.

Ella lazó una ceja- ¿Después de que uno de tus ángeles intentara matar a Jhonny? No sé si creerte- le dijo.

El otro la acarició con delicadeza. Ella quiso apartar su mano, pero algo se lo impedía, en realidad... casi no le molestaba, al contrario, le agradaba.

- Asmeya... hay cosas que aún no eres capaz de entender, pero todo a su tiempo- le dijo. Ella tragó un poco- Tú has sido elegida para un rol muy importante- le susurró al oído.

-Explicaté- pidió ella. El arcángel sólo sonrió y la agarró de la mano- Te confiaré un secreto... Te elegí para que fueras mi recipiente en la Tierra- la pelirosa le miró con extrañez.

-Y lo único que tienes que decir es... Acepto- poco a poco el arcángel fue desapareciendo, dejando sola a la chica, que intentó seguir al arcángel, pero sin éxito alguno.

Fin del sueño de Asmeya.

La chica se despertó de golpe, alzándose de la cama con la respiración agitada y algo sudada. Notaba una fuerte energía irse disolviendo poco a poco, pero curiosamente ninguno de los guardianes parecía estar de camino o alterado por eso. Suspiró, y se tumbó de nuevo.

-Creo que ha sido real...- murmuró ella, con la voz algo temblorosa. Decidió mandarle un mensaje a Jamily, quería hablar con ella del asunto, puede que Gabriel pudiera decir algo al respecto.

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Los gritos se oían por todas partes. El olor a azufre llenaba el ambiente, y la falta de cualquier movimiento del aire propiciaba que allí hiciera un calor que pocos aguantarían. Pero eso no era lo que más preocupaba a Atenea. Tras su muerte, varios demonios la llevaron arrastrando a aquel sitio, probablemente el Infierno, y la llevaron a la parte más profunda del mismo. Ningún ángel se molestó en intervenir, y podía ver a varios por la zona cuando fue asesinada por un demonio de ojos bermellón, pero no llegó a saber de cual se trataba. En cuanto llegaron a aquel lugar, la ataron con cadenas de hierro, y la dejaron sola. Esperó durante unos minutos en los que trató de todas las maneras de escapar, pero no podía hacer nada.

-A pesar de que tu alma, tu energía, es incorpórea... no puede escapar de donde estás situada querida- oyó a una voz. Ella se estremeció, y vio acercarse algo lentamente.

Era una esfera de humo de color bermellón que tomó forma al lado de ella, una humanoide. Ella se estremeció al reconocer al personaje en frente. Se trataba del mismo demonio que la había matado horas antes. Y es que ella tenía la sensación de que habían pasado mucho tiempo, pero no sabía a ciencia cierta si realmente había pasado tanto rato desde que llegó hasta ese momento, era muy raro.

-Estas atada por cadenas de hierro forjadas en el corazón del Infierno, con encantamientos para evitar que nada ni nadie te pueda liberar, a excepción de un servidor, así que... no te esfuerces- dijo, con una sonrisa divertida.

Entonces tomó una barra de hierro, con la que atravesó a Atenea. Ella chilló, sentía un intenso dolor, pero se supone que ella ahora sólo es un alma, energía, ¿cómo era eso posible? Al ver su cara de extrañeza el demonio se rió a carcajadas.

-Estas en el Infierno, por si no te diste cuenta, y ahora estás bajo mi control absoluto... sufrirás eternamente aquí, conmigo- la mujer le miró con miedo, no tenía pinta de estar hablando en broma.

Recibió varios golpes más, para pasar a ser totalmente maniatada con unas cadenas por manos y pies, y comenzó a torturarla con toda clase de objetos: con látigos, mazas, cuchillos, lanzas, descargas eléctricas, puños americanos... La mujer acabó bastante magullada, su alma estaba casi destrozada tras estar allí más horas de las que ella podía contar. El demonio le escupió en el rostro antes de salir de allí, mientras se reía. Atenea no sabía si aguantaría mucho más, cuando su esencia empezó a regenerarse, emitiendo una luz muy intensa. Segundos más tarde, estaba totalmente sanada, sin ningún rastro de herida o golpe, como si nada hubiera pasado.

-Mierda...- murmuró, entendiendo lo que pasaba allí.

Y es que, pasado un tiempo, ella se regeneraba totalmente, haciendo así que pudiera hacerse una tortura eterna. Desde luego allí abajo estaba todo bastante bien pensado, sabían como llevar al límite a cualquiera. Las torturas de la Edad Media eran una mala broma en comparación a lo que allí abajo había vivido, y eso que apenas había estado unas horas. Lo más raro es que no le habían hecho ninguna pregunta, por lo tanto... lo hacían por mera diversión.

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En la Tierra, mientras, el grupo se encontraba en el bosque de Kadic, sentados en la zona de los árboles. Al menos los guardianes, pues los guerreros estaban por la ciudad de patrulla. Lo bueno de ser de mundos paralelos casi idénticos es que muchos lugares son totalmente iguales, aunque hay lugares muy diferentes de una a otra versión. También por suerte para varios de ellos apenas existían diferencias entre el guardián y el guerrero, obviando las diferencias de poder, así que eso facilitaba la vida en cuanto a poder y sobretodo para poder entrenar. A más fueran, más podían entrenar y más podían estar pendientes de lo que pudiera estar pasando. Precisamente de eso estaban hablando, cuando notaron un pico de energía en un bar cercano.

-¿Que pasó?- preguntó Noelia, curiosa, mientras movía el rabo de lado a lado- Creo que nada bueno...- comentó Sam, levantándose, pero antes de que pudieran hacer nada, Jhonny apareció por las cercanías, y parecía algo abatido.

-¿Le pasará algo?- preguntó, más para sí misma que para el resto, Milly. Nadie respondió, simplemente observaron al joven moverse de lado a lado, parecía indeciso. Segundos más tarde, le vieron comenzar a andar en dirección a la biblioteca, donde entró.

-Que cosa más rara...- murmuró Asmae, mientras el resto comenzaba a bajar de los árboles- Ni siquiera nos ha saludado, y eso que es muy afable- comentó Aurora, curiosa.

Por todo ello, decidieron que seguirían al muchacho. Entraron a la biblioteca, y le vieron sentado en la mesa, haciendo como que leía un libro. Se sentaron por pequeños grupos a lo largo de la biblioteca, al ser esta bastante amplia podían estar unos bastante alejados de los otros, pero con las gemas no había problemas.

-¿Te ocurre algo, Jhonny?- le preguntó Marin vía gema. El chico tardó unos segundos en responder. Aún no se acostumbraban los nuevos del todo a ese tipo de comunicación- Estoy bien- aseguró él.

Algunos se miraron entre ellos, escépticos- Pareces algo alicaido, tío- le dijo Percy, pero el otro le restó importancia con un gesto y siguió a lo suyo.

Aelita, la más cercana a él, ya que estaba en frente, leyó el titutlo. Alzó una ceja al notar que estaba puesto del revés- Me sorprende que puedas leer las letras puestas boca abajo- comentó, divertida.

Él rápidamente colocó el libro en su posición correcta, pero suspiró- Ha pasado... algo, y quería pensar en eso, es todo- les dijo.

-¿Quieres contarnos que es?- preguntó Jeremy, pero el otro negó. Electra iba a espetarle, pero William intervino, impidiendo que ella pudiera hablar.

-Sólo queremos ayudarte, pero si no quieres hablar, no insistiremos más- en cuanto dijo eso, miró al resto con cara seria, cosa que logró que bajaran la cabeza algunos de ellos.

Jhonny, entonces, simplemente se levantó y se fue. Varios hicieron el ademán de seguirle, pero recordaron las palabras de William, y decidieron dejarle un tiempo a solas. Ya más adelante les contaría que le pasaba. Así que ya que estaban en la biblioteca, se dedicaron a hacer cosas de la academia. Por su parte, el guardián de la muerte estaba en su cuarto, recostado en la cama. En cuanto salió de la biblioteca se teletransportó a su cuarto, no quería hablar con nadie, y allí estaría totalmente a solas con sus pensamientos. Tras cinco minutos mirando al techo con la mirada perdida, suspiró, y se colocó de lado. Debía reconocer que no sabía qué pensar: su padre, a quien nunca había conocido y que provocaba en él una sensación de vacio acabó resultando ser el mismisimo arcángel Azrael. Y no sólo eso, según él, sus poderes pueden superar incluso a los de Miguel. ¿Por qué él, precisamente? ¿Que le hacía tan especial? Esas dudas probablemente no las respondería nunca, pero estando en la situación en la que estaban... se creía todo.

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Jamily estaba entrenando en su dimensión. Se encontraba allí sola, cerca de la casa, mientras preparaba sus ataques de energía con una venda en la cara. Para evitar incidentes, tenía una barrera de protección en torno a los edificios, de esa manera, estos no se verían dañados en caso de que sus ataques se fueran de control. La habían reforzado con los Muros de Cristal de Percy, Sissi, Nicolas y Herb, así que era tan poderosa la protección que ni varios guardianes juntos podían romperla. Por ello, ella lanzaba ataques sin miedo a romper nada, y así, podía ir con todo. Además, entrenaba el oído y la percepción del espacio, por lo que era lo mejor, sin ninguna duda. Estaba en ello, cuando notó una presencia cerca de ella.

-¿Migue?- preguntó, mientras se quitaba la venda. El aludido se acercó y la abrazó, tras lo cual le dio un suave beso- ¿Quieres que entrenemos juntos?- preguntó él.

Ella sonrió divertida, y de un salto, se colocó a varios metros de distancia. Entonces, se rodeó de su energía, y atacó a su pareja con varias esferas de luz, que Michaelis esquivó con facilidad, para lanzar él mismo su propio golpe, que consistió en varias esferas de fuego. Este ataque sí impactó en su objetivo, formando una ligera nube de humo, pero ella la atravesó a los pocos segundos a toda velocidad, y atacó con puños y patadas a su pareja. Este esquivaba los ataques, que iban a lo máximo que ella daba, aunque más de uno le impactó, siendo el último un puñetazo que le mandó a volar en dirección a la casa, pero Michaelis logró detener su vuelo, y se impulsó en la barrera que protegía su hogar, y se lanzó contra ella, con una esfera de energía preparada. En cuanto estuvo a su altura, colocó la palma de la mano en el vientre de ella, y lanzó el ataque. Ella, evidentemente, no pudo hacer nada para evitarlo y recibió el ataque en toda su potencia, pero simplemente retrocedió varios metros. Jamily, entonces, preparó su ataque especial: sacó su báculo, y golpeó el suelo con el mismo.

-¡Chispazo explosivo!- en el suelo se formaron los círculos concentricos habituales, y de estos surgieron relámpagos que golpearon a Michaelis.

Este recibió los envites estoicamente, su pecho humeaba, y tenía la cabeza gacha. En cuando la levantó, se rodeó de su energía, y lanzó su propio ataque- !Luz celestial!

Michaelis se rodeó de su energía, y lanzó el golpe, consistente en que de su mano salieron cientos de haces de luz, con forma de estrellas, que formaron un único haz, creando así un cometa luminoso que voló a toda velocidad hacia la hechicera. Jamily trató de detener el golpe con sus manos, pero el ataque lanzado por su pareja era demasiado poderoso, y logró tirarla al suelo. Ella entonces vio como él se colocaba sobre su vientre, y colocaba sus manos sobre su pecho. Jamily procedió entonces a rodear su cintura con sus piernas, y, apoyándose, logró invertir la situación y colocarse ella encima. Le sonrió victoriosa al ver que él no podía hacer nada, pues estaba colocada justo en su cadera, de tal manera que no podía usar las piernas.

-¡Ga-né!- celebró, mientras le sacaba la lengua burlona. Michaelis suspiró y se rió ligeramente, mientras acariciaba sus caderas ligeramente.

-Sabes que siempre lo haces- le dijo el angelido, mientras ella se le acercaba un poco- Ya, aún así vas mejorando- dijo, mientras le besaba.

De pronto notaron una energía muy familiar a su lado. Se separaron, y vieron allí a Jhonny, parecía alterado. Se acercó corriendo, con la cara blanca con la pared, sin percatarse de nada más que la presencia de ellos dos, sin darse cuenta de en qué situación estaban.

-¡Es Atenea!- gritó- ¡La he visto en el Infierno, siendo torturada!- gritó, con nervios. Jamily rápidamente se levantó al oír eso, seguida de Michaelis, quien se acercó al muchacho.

-¿Cómo sabes eso?- preguntó intrigado el angelido. Jhonny tardó varios segundos en responder.

FlashBack de Jhonny.

El chico se encontraba pensativo en su cuarto, pensando en todo el asunto de su padre, cuando de pronto sus ojos se pusieron en blanco. Podía ver, en tercera persona, una escena realmente escalofriante: Atenea se encontraba atada de pies y mano, mientras la golpeaban salvajemente varios demonios. Uno de ellos incluso le estaba introduciendo espadas por la espalda, mientras otro hacía lo mismo con navajas en la zona del vientre. La reina sólo gritó por el dolor, pero los demonios sólo seguían a lo suyo. Uno de los que estaban en ello la golpeó con una maza con tanta violencia que le provocó una enorme herida en la frente, que sangró profusamente. Tal fue la potencia del golpe, que ella se quedó con la mirada perdida y la boca entreabierta.

-¡Despierta, zorra!- gritó uno, mientras la golpeaba con una fusta. El cuerpo de ella entonces se iluminó, y todas sus heridas desaparecieron totalmente. Los seres infernales iban a continuar, cuando un demonio más poderoso apareció por allí, expulsando del sitio a los otros.

-Te recordaré el trato de siempre Atenea... si tú torturas otra alma, te dejaremos de torturar- aseguró. Ella le miró por unos segundos pero negó.

-No pienso hacerlo...- le gruñó. El demonio sonrió de medio lado- Eventualmente lo harás, y cuando lo hagas... disfrutarás como una perra- el demonio entonces le dio un fuerte golpe que, por su intensidad, le quitó el aliento a la reina, logrando incluso provocar un enorme punto negro en su cuerpo, pero ella apretó los dientes y no llegó a gritar.

-No te daré el gusto, hijo puta- le inquirió ella, escupiendo sangre. El otro soltó una fuerte carcajada- ¡Llevo tres años haciéndolo todos los días, me da igual esperar más o menos!- aseguró.

Tras eso, el muchacho volvió a la Tierra, y tardó varios segundos en asimilar lo que había pasado. Entonces, se levantó inmediatamente, y salió de allí.

Fin del FlashBack de Jhonny.

-Eso pasó, básicamente. En cuanto lo entendí vine aquí a deciroslo- aseguró.

Jamily asintió seria- Hiciste bien, creo que era una visión.. pero es muy raro, ¿para que estarán haciendo eso?- se preguntó.

-La están torturando para quitarle su humanidad- dijo una voz de pronto. Los tres se giraron y vieron allí a Gamma, con las manos en los bolsillos. Se encontraba en lo alto de las escaleras exteriores de la casa de la hechicera.

Según hablaba, fue bajando- Pretenden corromperla, lo he visto miles de veces- aseguró, mientras se ponía a su altura.

-¿Y para que quieren eso? ¿Divertirse?- inquirió Michaelis. Gamma le miró por unos segundos para después posar su vista en Jamily- Dile a tu amigo emplumado que se eche colonia, huele a perro- pidió, mientras andaba por allí como si aquello fuera suyo.

-Ve al grano, Gamma- pidió Jamily, algo molesta- En todo caso, esa no es buena señal, llevarse un alma así como así al infierno y que nadie dijera nada al respecto es raro- aseguró el demonio- Y para que veáis que mi buena voluntad es real, aquí estoy, jugándome el tipo por vosotros- dijo, con algo de molestia en la voz.

-Ya Seriel nos traicionó al intentar matar a Jhonny, y él... o ella también se presentó con buenas intenciones- le dijo la maga- Así que tú, siendo un demonio, menos creíble eres aún- le espetó.

Gamma la miró con sorpresa- Que interesante... en fin, yo he hecho lo que tenía que hacer, tomaos esta información como queráis- les dijo, desapareciendo de allí.

Los otros tres se miraron. Debían avisar al resto de eso, no podía ser buena señal.

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Este capitulo es anterior cronológicamente anterior al de la boda, pero creo que queda claro. Serán varios más los que estén antes en cuanto al momento temporal, pero en todo caso lo dejaré claro.

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.