17. Ese mayordomo, preparándose para el viaje.

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El concepto de vacaciones era sentarse en el sofá usando pijama aun después de las dos de la tarde, con un tazón de palomitas y medio litro de helado, una frazada en las piernas y ver un maratón de dramas televisivos… en eso consistían mis vacaciones desde los 11 años hasta hoy día.

Sol, arena, playa y mar no era algo que entrara en mi definición en lo más mínimo.

Yo era una criatura de costumbres, como una ostra encerrada en el interior de su concha. ¿Para qué viajar a una jodida isla tropical para disfrutar de la playa cuando en el acogedor Weston Valley existía una apacible y hermosa playa, para que quedarte en un hotel de lujo cuándo en casa ya tenía todos los lujos con todo y piscina incluida?

No es que no tuviera los recursos como para pagarme unas buenas vacaciones, no es como si no las necesitara… ni como si no se me antojaran unas vacaciones si no por todas las cosas que implicaba la palabra en estos momentos.

Sol, playa, arena, mar y siete días en un gran, pero enorme, gigante, infierno.

Siete malditos días con Sebastián, vamos que e pasado más de siete días viviendo con él pero es sumamente distinto, demasiado distinto… porque ya saben, es una enorme casa donde podrías perderte si así te place no un cuarto de hotel, un pequeño y perfecto cuarto de hotel… un hotel… un hotel, un hotel…. Un hotel, un hotel ¡Un hotel!

¡Y encima con ese insoportable, infantil, estupido y desagradable sujeto! ¡¿Por qué de entre todas las personas en el planeta tierra él tenía que ser el novio de mi mejor amiga?!

Como fuera, ya no había marcha atrás… de alguna manera estaba asimilando la fortuna que correría para mi mañana… sol, playa, arena y mar me estaban esperando, Joe quien era el idiota más feliz me estaba esperando porque después de tantos años sin vernos aun tenía ese afecto hacía mi como si yo fuese su hermanita pequeña, además de que su afecto por mis libros era de esos fanatismos obsesivos y aterradores. Ya sé, estoy exagerando, pero no puedo dejar de hacerlo.

Pobre Sue, tendría que pasar otros días más en compañía de Frank, realmente adoraba a esa gata y ella me adoraba, no podía imaginar que haría la pequeña minina sin mí… ¿A quién engaño? Es un gato, duerme todo el día y seguirá durmiendo todo el día… no es como si alguien velara por mi o se desviviera pensando en mi persona, ni siquiera un animal.

El gran infierno puede esperar unas horas más, ahora… regresemos al concepto inicial.

Mi definición de vacaciones era perfecta, con mi trabajo todo era aun más perfecto y cuando yo quisiera podía tomarme unas vacaciones y aplastarme en el sofá como una vaca.

Si, eso era justamente lo que iba a hacer… tomar un tazón de palomitas, una lata de refresco, a la peluda Sue y sacaría la empolvada caja del closet donde reposaba mi colección de películas de terror que junté cuando era adolescente.

Yo era una adicta a esas cosas, una escéptica adicta a los filmes de terror, a las buenas películas de acción y a los apocalipsis zombie. Ajá, todo inducido en gran parte por Lance Riddle, mi amigo friki que seguía agigantando esa colección cada día de brujas.

Así que lista para malgastar mi tiempo viendo un maratón de películas de terror en lugar de corregir el borrador porque déjenme decirles que luego de aquella molesta conversación con Claude mi cabeza se había volcado en mi contra y luego de leer el libro al derecho y al revés varias veces decidí recomenzarlo, ajá, seis meses de trabajo para nada y sin embargo el resultado era mejor, jodida suerte.

Pero hoy era Domingo, una hermosa y apacible mañana de Domingo, el equipaje estaba listo, el libro había progresado lo suficiente como para poder hacer una revisión decente en unas semanas más, hace una semana que Jess me había propuesto ir de vacaciones y luego de discutir unos cuantos millares de veces nos habíamos puesto de acuerdo y mañana partiríamos los cuatro, destino desconocido… pero ya todo estaba cubierto, Sebastián había salido hacía unos minutos ¡Oh si gente! A pesar de que mi rutina se había hecho mierda otra vez la tradición de quedarme sola cada domingo seguía vigente. Ajá, cada domingo Sebastián salía desde temprano a hacer las compras y abastecer la despensa, como yo odio todo tipo de compras él iba solo a despilfarrar mi dinero a diestra y siniestra. Por tanto cada domingo yo tenía la casa para mi sola… incluso Frank se iba porque cada domingo era su día de descanso y al parecer él también había decidido que ya había pasado el tiempo suficiente como para dejarme sola sin que por mi cabecilla pasara el hacer alguna tontería en grande.

¿Por qué la gente me ve como una suicida que aprovecharía cualquier momento para arrojarse por una ventana o cortarse las venas con galletas de animalitos? Sobreviví varios años por mi cuenta, sin suicidios y sin galletas como para hacer algo así a estas alturas, si… mi madre murió, mi prometido puede estar muerto y le vendí mi alma a un demonio pero aun tengo la cordura suficiente como para no suicidarme… creo.

Ah, acabo de arruinarme el día yo sola… vamos Sam, concéntrate, es Domingo… una docena de películas de terror te aguardan, concéntrate.

Casi me cacheteo sola, pero alfin pude dejar la mente en blanco (si es que era posible…) y en cuanto el bip del microondas se hizo presente la realidad regresó a mis sentidos.

Sue comenzó a frotarse en mis piernas ronroneando y reclamando por atención.

Patada emocional del día número veintidós…

Oh… ¡Mierda! Estúpida realidad con sus problemas serios.

Si, entonces ahí estaba yo con mi tazón de palomitas y la nariz moqueándome porque realidad significaba una cosa: Lilian.

Oh… cabecita mía… ¿podrías, podrías dejar de atormentarme por solo un maldito día?

¿Podrías tú dejar de cargar la urna con las cenizas de tú madre y traerla de acá para allá todo el tiempo?

Fruncí el ceño, sintiéndome estúpida mientras terminaba por tumbarme en el sofá de la sala… el jarrón blanco y azul permanecía en la mesilla del café a lado de una bolsa de gomitas y un six-pack de cervezas.

Estúpida, estúpida y rara Samantha.

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Casi las cinco de la tarde, no Sebastián, no Claude, no libro, no Jess, no celulares, no tristeza… solo tres cervezas, un tazón de palomitas vació, una rechoncha y peluda gata en mi regazo, actividad paranormal en el televisor y yo, envuelta en una frazada como una oruga adormilada.

Todo tan feliz…

Crash

Sue saltó de mi regazó, crispando el lomo mientras se refugiaba debajo de la mesilla de café.

Solté una buena carcajada creyendo que el ruido era de la película, por era de la película pero luego se repitió y no fue de la película… oh mierda.

Me tape la cabeza y recogí a Sue del suelo volviendo a acurrucarme sin apartar las vista del televisor.

Jode como el cerebro humano es capaz de pensar tan rápido cuando uno entra en pánico, como la paranoia es más grande que el sentido común y tus más bajos instintos despiertan haciendo que las cosas se vean más creíbles y grandes que antes.

Tomé otra cerveza… ya llevaba tres, aun podía resistir… dos más y entonces si estaría ebria, pero podía resistir otro poco.

Otro ruido, más alcohol en mi sistema, un ruido más… Sue volvió a salir corriendo, más ruido… quizá ya había comenzado a llover, si eso tenía lógica.

¿Desde cuando la lluvia se escucha como pasos en las escaleras?

Solo es mi imaginación, si, solo eso… o quizá estoy loca en ese sentido… cierto, soy más propensa que las personas promedio a padecer esquizofrenia, solo es una alucinación.

Sue restregó la cabeza contra mi pierna y me miró severamente como pidiéndome que hiciera algo, volví a tomarla en brazos y volví a acomodarme en el sofá.

Un horrible ruido me hizo brincar del sofá, solo era la película… la que se había terminado cuando la cámara enfocaba el rostro de Keiti y emitía un rugido gutural.

Volví a reírme apagando el televisor, lo que hacían las películas con la imaginación.

Pero el ruido volvió a hacerse presente, justo arriba y no pude evitar mirar hacía el pasillo, nada.

Repito, como jode la capacidad del cerebro humano de pensar tan rápido y llegar a tantas conclusiones cada vez peores que la anterior cuando uno entra en pánico.

Me levanté, aferrando a la peluda gata en mis brazos, dejé la cerveza de lado y me deshice de la frazada, yo, la enana promedio no tenía miedo… no, habían cientos de explicaciones razonables para lo que fuera que estuviese pasando, como que estuviese teniendo un episodio psicótico inducido por la depresión y el estrés, como que Sebastián hubiese llegado ya y yo ni cuenta me hubiese dado, como que el engendro peludo estuviera haciendo desastres porque quizá se quedo encerrado en la habitación de Sebastián… como que…

Al diablo, quizá sea un secuestrador o un ladrón o un violador, o… ¡Los mensajes de texto!

¡Claro! Ese alguien que enviaba esos mensajes, el acosador que me tomaba fotos y me las enviaba para intimidarme, podía ser el buscándome para intentar infundirme más miedo porque yo había tomado la decisión de arrojar mi teléfono por la ventanilla del auto hacía unos días.

Eso no me aliviaba para nada.

Sue chilló removiéndose entre mis brazos, la deje en el suelo y desesperadamente busque algo, esta vez no se me iba a escapar… ese sujeto me las iba a pagar, me devolvería mi sortija y luego le propinaría una buena paliza ¡Claro que si! Por su culpa no había podido dormir bien en mucho tiempo y quizá él era el culpable de mi secuestro, si, este era mi momento… acabaría con todo de una buena vez.

No había nada para defenderme en la maldita estancia… ¿Qué iba a hacer, romperle los dientes con el control remoto y sacarle las tripas con latas de cerveza? Ya era suficiente con mi reducida estatura y mi pijama de desnudista como para rebajar más mi orgullo.

Respiré hondo, caminando descalza por el pasillo hacía las escaleras… vi de reojo como la puerta al fondo del pasillo de arriba estaba abierta, la puerta del cuarto de Sebastián.

Bien acosador, te has confundido de camino… si que serás imbécil.

Correteé a la cocina con la gata pisándome los talones, agarré el trapeador cerca de la puerta al jardín y dándome valor me aproximé a las escaleras, había oscurecido un poco… así que el recibidor era un lugar muy tenebroso y solitario… verifiqué que la puerta estuviera cerrada y así era, estaba cerrada.

Punto para Sam, esa es la única manera de escapar…

Subí escalón por escalón con todo el cuidado de no caer y rodar escalera abajo, todo estaba bien, todo marchaba bien… inhalé aire hasta llenar mis pulmones y apreté mi agarré al palo del trapeador.

Maravilloso, una enana semidesnuda con un gato peludo y miedoso a sus pies sosteniendo un trapeador, pero que intimidante.

Jamás en mi vida ese pasillo se había vuelto tan corto y estrecho, quizá era por el valor que repentinamente tenía o porque Sebastián no estaba ahí para licuarme los sesos, fuera cual fuera en menos de un parpadeo me encontraba en el marco de la puerta empuñando el trapeador con fuerza.

Mi ego magullado revivió e inflé el pecho intentando lucir imponente, si mis suposiciones eran ciertas al fin podría acabar con todo y sería libre, no más Sebastián… no más de sus demoniacos juegos de seducción y sabría que Richard estaría a salvo, Lilian descansaría en paz y todo tendría un fin.

Primero un pie, luego el otro, estaba dentro de la habitación y rebusque intentando hallar algo o alguien a quien degollar…

Juro que el sonido que escuché fue la cosa más espantosa que había presenciado en toda mi existencia, otro llegue directo al escepticismo y la cordura que intentaba seguir de pie en mi cabeza, grité llena de horror y el valor se me fue a los pies cuando sentí como algo se aferraba a mis piernas encajándose en mi carne y ardiendo como si me prendieran fuego, el trapeador terminó tan lejos de mi como le fue posible como si hubiese huido despavorido de mi, intenté correr y huir de ahí pero mi coordinación y orientación me abandonaron y en lugar de huir terminé adentrándome más en la habitación y tropecé terminando tumbada en la cama.

El corazón me latía a mil, casi me da un infarto e intente tranquilizarme, cerré los ojos con fuerza implorando porque la fuerza de la que carecí todos estos años surgiera y pudiese salir viva de lo que fuera que estaba ahí.

Me contorsioné dando un salto y quedando de pie, abrí los ojos y…

—Miau

… el engendro peludo y de color negro se lamía la cola con desesperación mientras que Sue me miraba con sus brillantes ojos amarillos relampagueando en la obscuridad de la habitación, de poder hablar habría dicho "Pedazo de idiota, todo este alboroto… solo le haz pisado la cola a la pobre Luna"

— ¡Soy una perfecta idiota!— grité histérica.

Me aproximé a la gata negra, intenté acariciarla pero me bufó y estiró una pata arañándome la mano.

Solté todos los insultos que me sabía pegando en el piso con el pie derecho, al demonio con los domingos y los maratones de películas de terror ¡A partir de hoy saldré a hacer ejercicio! ¡Si es posible voy a ir a la playa a nadar hasta perderme en el mar!

Respiré hondo, conté hasta veinte y decidí ir a recoger el trapeador y ponerlo en su sitio.

Las piernas me ardían y me tumbé en la cama sosteniendo el trapeador en una mano, lo recargué en la mesilla de noche y subí las piernas… que horrible rasguño, perfecto… a partir de este momento usaré pantalones para dormir.

Refunfuñando otra vez me puse de pie, sentí el cuerpo pesado e incapaz de moverme no pude dar ni un paso más, resoplé… seguramente otra buena broma de mi propio cerebro y cuerpo… pero en aquel momento sentí con toda claridad como una mano fría me tomaba por las caderas, automáticamente cerré los ojos estremeciéndome, la sensación de volvió agobiante… asfixiante… el calor envolvió mi cuerpo de una manera desagradable mientras que sentía el gélido tacto subiendo por mi cintura traspasando la delgada tela de la camisola de tirantes que usaba para dormir.

El tacto era nauseabundo, pero a pesar de que me causaba tanta repulsión terminé temblando llena de miedo, otra mano igualmente fría acarició mi cuello hasta tomar mi mentón y sentí su aliento en mi nuca.

Oh mierda… mierda… mierda…

Me mordí los labios rogándole a mis piernas que respondieron pero yendo en mi contra comenzaron a temblar, las manos se fijaron en mis hombros apretándolos, encajando las uñas en mi piel desnuda y sentí la punta de una fría nariz contra mi piel inhalando el aroma de cuello y de mi cabello.

Comencé a sudar, respiré hondo y cuando su agarré regresó a mi cintura afianzándose con fuerza gemí.

Me pareció oír una risa y abrí los ojos furiosa… nadie se reía de mi. Nadie.

Pero como si me leyera la mente antes de siquiera poder mover un musculo de mi cuerpo su mano aprisionó mi cuello ahorcándome.

Apreté los ojos, las lagrimillas querían salir debido a la falta de oxigeno y me llevé las manos al cuello intentando soltarme de su agarre pero apretó aun más fuerte, creí que me rompería el cuello cuando los dedos de mis pies dejaron de tocar el piso pero mis neuronas decidieron hacer su mágica conexión del día y abrí la boca temblorosa y asustada.

—S-se… Sebastián…—, balbuceé con toda la firmeza que pudo salir de mi voz en ese momento.

Entonces caí al suelo con brusquedad, jadeé llenado de aire mis pulmones… la sensación se fue y en cuanto recobré el aliento inspeccione el lugar a detalle, nada. Estaba sola, sola con el par de mininos que salían por debajo de la cama.

Me sobé el cuello sintiéndolo caliente y por donde pasaba los dedos me dolía.

¿Qué había sido eso? ¿Qué demonios había sido eso?

Sue se frotó contra mi pierna, como si intentara calmarme… increíblemente la gata negra hizo lo mismo y acaricié sus cabecillas.

Pude ver el pentágrama iluminado en mi hombro, entonces respiré más tranquila… mientras tuviese esa cosa en el cuerpo nada podría matarme, esperemos que eso sea cierto.

Suspiré poniéndome de pie con dificultad, tenía que curarme esos rasguños y llamar a Sebastián… quizá el sol, arena, playa y mar no me caerían tan mal. Necesitaba un respiro o me volvería loca.

Volví a recoger el trapeador y me acomodé los tirantes de la camisola.

El timbrazo del teléfono me hizo saltar asustada de nuevo.

Volví a insultarme por ser tan asustadiza y estúpida, solo era el timbre de un teléfono, un teléfono celular que resplandecía en la mesilla de noche.

Otra mágica conexión neuronal del día… el celular de Sebastián.

Oh, cierto, cierto… estaba en su habitación. Es oficial odio los celulares… pensar que pude haber muerto y este dejando el teléfono olvidado ¡Suerte la mía! ¡Já!

El repiqueteo del celular siguió, con más fuerza… tentándome a tomarlo y bien ¿Qué iba a pasar si lo veía? De todas formas nuestra relación ya estaba enterrada varios metros debajo de la tierra… ¿En qué afectaría que viera su teléfono? El que por cierto yo le compré…

Otra mágica conexión neuronal… ¿Quién podría estar llamándolo? Fuera de mi nadie más tenía idea de la existencia de ese teléfono… aparte de Jess y mi madre, y Jerry… Frank, Demian… ¡Para de pensar ya Samantha!

No es como si me importara lo que hiciera con su vida, después de todo él no me tiene confianza como para decirme que conocía a un shinigami travesti y encima se enoja conmigo porque se me olvido decirle el apellido de Lilian ¡Já!

El celular se tambaleaba en la punta de la mesilla, vibrando, a punto de caerse al suelo… ¡Al diablos los pensamientos! Así que tomé el teléfono antes de que cayera al suelo… abrí el mensaje nuevo y…

Dicen que la curiosidad mató al gato, pues en efecto… la curiosidad podría matarme uno de estos días…

Y volví a temblar, horrorizada las piernas se me hicieron de gelatina y la cama amortiguó la caída de mi trasero al suelo… esto no era posible.

Oh por Dios… no… no.

Mensajes, docenas de ellos… todos de un mismo número… el mismo número que los mensajes de mi teléfono. Con fotos, fotos de mi… rebusqué desde el primer mensaje y ahí estaba.

"¿Extrañas esto?" "¿Esto es tuyo?" "Sé que me tienes miedo"

Me mordí el labio hasta que el sabor de la sangre pasó por mi garganta.

Los mensajes seguían ahí… no habían parado de llegar desde la fecha del último que yo recibí… había uno con una foto donde Sebastián me sostenía por los hombros impidiendo que me arrojara a la piscina y decía "No te atrevas a tocarla", luego otro y en la foto captaba aquel acercamiento en mi auto con la frase "Te dije que no la tocaras", otro más con la imagen de Sebastián y yo tomándonos de la mano antes de entrar a la casa de mis padres "¿Acaso no entiendes? No la toques más", uno más donde salíamos acostados en la cama de la habitación que mis padres nos dieron mientras que yo dormía y el demonio me miraba "Ella es mía, aléjate"… quise arrojar el aparato pero las manos me temblaban tanto que apneas y podía moverlas.

¿Qué diablos era esto…? ¿Cómo es que podía tomar todas esas imágenes?

Si no me había dado un infarto ahora estaba por darme uno… creo que aquella imagen que más repercutió en mi cerebro fue en la que vi al demonio y a mí de espaldas, mientras él me tomaba de la cintura… si, si cuando estaba embutida en la falda cinturón y las botas de tacones altos "Te he dicho que no la tocaras, ella es solo mía" era la frase adjunta.

Había más pero…

— ¿Qué hace aquí?—, pronunció la molesta voz de Sebastián a mis espaldas.

Mi sobresalto quizá fue por el miedo aun latente en mi cuerpo, o el alivio de que hubiese llegado… o la histeria.

Apreté las manos en puños dejando el aparato den la mesilla con la pantalla fija en el mensaje.

No sé que me impulso entonces, si la adrenalina corriendo en mis venas o la característica histeria en mí… solo sé que me paré con firmeza y lo encaré, al demonio la indiferencia… esto era más de lo que podía soportar y controlar.

— ¿Qué no le han enseñado que no debe espiar ni entrometerse con las cosas de los demás?—, objetó… quizá con burla o con enojo. No importaba.

— ¡¿Por qué no me dijiste de los mensajes?!—, espeté casi olvidando por completo que yo seguía en mi pijama de desnudista y el lugar en donde estaba.

Ni me contesto, me molesté aun más.

— ¡¿Te enojas conmigo porque se me olvido decirte lo de mi madre y yo no puedo enojarme contigo por las cosas que no me dices?! ¿Qué diablos piensas? Esta bien, soy infantil e inmadura… no aclaré las cosas, ahora las aclaro, mi madre es una Phantomhive… ¿Feliz? No sé que importancia tiene eso pero la verdad a mi ni me importaba y sigue sin importarme, esa familia no tiene nada que ver conmigo y ya que importa mi madre murió… ahora que ya lo expliqué ¡¿Podrías explicarme los malditos mensajes?! ¡Es una orden, joder!

—No quería importunarla después de todo lo que a pasado… mi deber es protegerla hasta que el contrato se cumpla, hasta entonces usted me pertenece y no dejaré que nada la dañe—, dijo firme pero mirándome de esa manera en la que seguramente se derretirían los polos de la tierra.

Sin necesidad de ser un genio mi cara debía de estar tan roja como sus intensos, provocativos y endemoniadamente sexis ojos.

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Lunes por la mañana y yo podía seguir cepillándome los dientes hasta acabar con el esmalte y llegar al nervio.

También podía terminarme una jarra de café entero hasta que los dientes se me pusieran negros… ¿Saben lo horrible que es intentar dormir luego de un maratón de películas de terror, casi morir ahorcada y luego ver una tanda de aterradores mensajes en el celular de un demonio? No lo saben, claro que no lo saben… son cosas que solo le pasan a la desdichada infeliz mala-suerte-Carson/Phantomhive

— ¿Ya estas lista?—, esa fue Jessica quien seguramente echaba humo por la nariz… no la culpo, llevaba media hora en el baño acabando con la pasta dental.

— ¡Me lavo los dientes Jessica!— gruñí.

—Joe nos espera en el aeropuerto, sal ya de ahí ¡Llevas media hora lavándote la boca!— gritoneo abriendo la puerta del baño con una fuerza bestial.

Le fulminé con la mirada y sambutí la cabeza en el lavabo enjuagándome la boca.

—Ya estoy lista ¿Eres feliz?—, escupí.

— ¡Si! ¡Ahora vayámonos ya!—, gruñó ella frunciendo el ceño hasta que pudo juntar las cejas.

— ¡No!—, grité pasando por sobre su persona y tomé el bolso que estaba tirado en el suelo, me sumergí en el closet y saqué el sobre color pato.

— ¡Samantha!

— ¡Dame solo un maldito segundo Jessica!

Ella bufó haciendo berrinche pero terminó por salir del cuarto dejándome sola con… con los dos gatos que disfrutaban más que nadie de mi colchón.

Sin querer terminé viendo la urna con las cenizas de Lilian… ¿Irme de vacaciones y dejar sus retos donde ese maldito acosador podía hacer no sé que cosa? No, no dejaría que eso pasara… ella era mi madre después de todo…

— ¡Samantha!—, escuché el lejano grito exasperado de Jess y sin pensármelo más terminé por meter el jarrón blanco y azul al bolso.

Giré sobre mis talones saliendo del cuarto, Frank me sonreía al pie de las escaleras… ¿Por qué siempre me entraban esas ganas de ahorcarlo cuando sonreía de esa forma?

¿Será porque frente al inocente y crédulo Frank la farsa del novio seguía en pie? Puede ser.

Respira hondo Sam, solo una semana, sobrevivirás… además si estas lo más lejos posible de casa quizá te libres del aterrador acosador, no Claude Faustus por una semana ¡Eso es… no más Claude ni mensajes por una semana!

—Ahora si haga caso ¿Quiere? La espero con todas sus extremidades sanas y sin cenizas o cadáveres ¿Entiende señorita Carson?—, dijo Frank dándome un asfixiante abrazo.

El simpático gordito me soltó cuando me estaba quedando sin aire y no hice más que asentir y callar.

Yo quiero lo mismo Frank… enserio que si…

El pitido de la bocina interrumpió el resto de los buenos deseos de Frank, Jessica aguardaba impaciente en el descapotable blanco… mi pobre Mercedes estaba reparándose… ah, genial.

Un demonio guapo, una amiga que hace el día, un horrible sujeto más molesto que la gripe y los restos de mi madre… oh si, geniales vacaciones ¡Yay!

¿Una última cosa en la lista de equipaje…?

¿Todo bien mi lady?—, susurró Sebastián y su aliento golpeo la piel de mi nuca.

¡Si! ¡Todo va bien!

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Hey hola! ¿Me han extrañado? (Bah, nadie te extraña solo quieren leer el fic... admítelo de una vez)

Hmp! Es viernes.. y actualice como dije :D (Qué no era el otro viernes...?) No, no es que hahaha me di cuenta de lo que dije hasta el día siguiente y yo pensé que había sido viernes ._. necesito un calendario... el mio no sirve... en fin, el punto es que hay capitulo ¿No?

Ah... si, si... veía dicha película mencionada esta mañana xDD amo las películas de ese tipo aunque me vuelven 500% más paranoica de lo usual... b-but well! e_é Lo que me recuerda que no respondí ni un solo review y eso me jode tanto... juro que no me di abasto con el tiempo esta semana... tuve que ir a recoger resultados y ahora soy una persona más solitaria y sin abuelas en casa yay~! Otra buena nueva es que aprobé mi examen de historia y quizá entre a un concurso literario... quizá... no lo sé, estoy segura de lo que hago pero quiero primero terminar ciertas cosas antes de hacer ciertas cosas... ah...

En fin, saludines especiales a todas las personillas que han dejado su review, Mujeres les amo de aquí a Júpiter, si, si!

Espero amen el capitulo tanto como yo lo amé, fue perfecto... fue horripilantemente perfecto! Lo amo... lo amo más que a los otros no sé porque xDD Este es mi hijo prodigo hasta que lean el siguiente capitulo y sé que diré exactamente lo mismo... dejen sus hermosisimos reviews y ahora si, palabra de mi... los contestaré todos y cada uno.

P.D.: A partir de hoy personillas linda y hermosas no hay fechas fijas para actualización pero intentaré que sea lo más pronto posible

Sam, la enana promedio con un gato y medio tambo de chucherías... C: