Código Guardianes
Capitulo 97
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
Aquel demonio definitivamente era más poderoso de lo que era Gamma o cualquiera de los otros entes infernales con los que se habían visto las caras. Sus ataques de energía iban a la velocidad de la luz y no tenían nada que envidiar en potencia a los golpes de los Guardianes, que se vieron en problemas cuando trataron de reducirlo. Los intentos de usar sus elementos característicos sobre él fueron totalmente inocuos, pues el agua, el fuego, la luz o el rayo simplemente no hacían efecto alguno en el demonio, cosa que sorprendió a todos desde el inicio, pues jamás les había fallado el elemento al que representaban. El ser se rió ante la perplejidad de los chicos.
-¡Vuestros elementos aquí no funcionan, idiotas! El Infierno es un mundo inmaterial, aquí la Naturaleza no tiene poder alguno, y vosotros tampoco- les dijo, mientras se lanzaba a por ellos de nuevo.
Les atravesó con facilidad, y se colocó al lado de Herb y Sissi, propinando a ambos potentes patadas en la espalda, derribando a ambos. Aelita y Asmae le agarraron cada una de un brazo, y Yumi aprovechó para golpearle con su báculo, pero de poco sirvió, ya que el demonio rápidamente se zafó de las tres y generó de su cuerpo una honda de energía que lanzó a varios de ellos contra las paredes.
-Si este es un mundo inmaterial, ¿como podemos estar usando nuestros cuerpos físicos?- murmuró Jeremy, mientras amenazaba con su tridente al enemigo- Y aún más importante, ¿como es posible que podamos usar nuestras armas?- preguntó de nuevo.
-¡Sois un tanto maleducados, Guardianes! ¡Ni siquiera habéis preguntado por mi nombre!- se quejó su interlocutor, mientras sus ojos brillaban tenuemente con diversión.
-¡No nos interesa como se llama una rata de cloaca!- le gritó Electra, mientras saltaba sobre él, martillo en mano, y le golpeaba en la testa. Grandes arcos de electricidad saltaron del martillo y le provocaron una buena descarga, pero el ser infernal no parecía demasiado aturdido al inicio, pero acabó hincando la rodilla.
-Esto cada vez es más extraño...- murmuró William, mientras observaban como del cuerpo del demonio salía algo de humo. Al poco se levantó, y por la mirada que tenía, no estaba contento.
Observó con desprecio a los chicos- Parece que sois más poderosos de lo que me esperaba... Lilith estará satisfecha- gruñó, mientras se transformaba en una esfera de humo y salía de allí a toda velocidad.
-Seguramente vaya a dar la alarma- dijo Percy, mientras corría en la misma dirección. Todos asintieron y siguieron al Guardián de los metales por los pasillos.
Gracias a las rocas luminiscentes podían ver por donde pisaban, cosa que era de agradecer ya que si se dejaran guiar por los gritos no hubieran llegado a ninguna parte. Hasta William tenía dificultades para ver en aquel antro, y eso que el chico era capaz de leer un libro en total oscuridad. Definitivamente, sólo el infierno podía ser tan horrible. Según se movían, el calor se intensificaba gradualmente, y había tramos en los que pasaba a ser húmedo, como si estuvieran en una playa tropical, para al poco retornar a una sequedad absoluta. Se fijaron, así mismo, que los gritos de vez en cuando iban acompañados por risas de locura, y se dejaba oír también muchos ladridos y gruñidos, y un pestilente aroma a animal les llegó en varias ocasiones.
-¡Parad, parad!- gritó de pronto Percy, extendiendo las manos delante de todos los que venían detrás.
Y es que de pronto acababa el pasillo,que estaba culminado por un balcón. Delante de ellos, y a unos quinientos metros por debajo, se extendía una enorme extensión llama de magma a medio fundir, con grandes islas de roca serpenteadas por ríos de fuego. En todas esas islas, demonios luchaban entre ellos, o torturaban a alguna desdichada alma, o jugaban a una suerte de busca el palito con perros del Infierno, solo que en vez de usar una rama, usaban almas en pena. Si existía algo parecido a un patio de juegos en el Infierno, desde luego era aquel sitio.
-No deberíamos tener problemas en sobrevolar este sitio...- comentó Marin, mientras se obligaba a aguantar las arcadas.
Desde abajo un olor aún más intenso de azufre les llegaba de pleno, y es que un viento cálido se movía por todo aquel valle. Fijándose mejor, notaron que estaba ligeramente inclinado, en apenas un ángulo de 5º, lo suficiente para hacer una pendiente, que, si bien era suave, ya indicaba que aquello iba hacia abajo. No podían ver el fondo, ya que una niebla roja cubría el horizonte, que se les antojaba casi infinito a los chicos, pero imaginaban que en algún momento acabaría. De todas formas, aquel no fue el único descubrimiento. Y es que habían entrado por una suerte de edificación, algo parecido a una fortaleza infernal, donde probablemente vivirían los altos cargos del Infierno. Durante la marcha se fijaron que había varias celdas, y si bien no se habían detenido a revisar ninguna especialmente, vieron en todas ellas una única cosa: un cofre, con inscripciones en lo que dedujeron sería enoquiano, y con fuertes candados. Fuera lo que fuera que escondían ahí, debía ser valioso, pues las puertas, enrejadas, estaban defendidas con toda clase de hechizos mágicos.
-La prioridad es encontrar a la Reina, ya habrá tiempo de revisarlo todo, pero lo primero es eso- les dijo Sam, mientras oteaba el horizonte.
-Deberíamos ir a revisar esos campos de castigo, imagino que la tendrán allí...- comentó Patrick, mientras buscaba un medio seguro para bajar.
-¿Votos a favor?- preguntó Odd, mientras alzaba su mano derecha. Todos le imitaron, y, con esas, comenzaron el descenso hacia la explanada.
Decidieron bajar por la pared haciendo escalada. El primero fue Patrick, que abrió camino usando las manos y pies para hacer asideros a base de golpes a lo largo de la pared para que el resto pudiera ir bajando poco a poco. En condiciones normales usarían sus poderes para descender, pero preferían llamar lo mínimo la atención, y una veintena de luces brillantes en el cielo era de todo menos difícil de ver. Sin duda, el que peor lo pasó fue Urich, que aunque lograba quitarse poco a poco el miedo a las alturas, aún le impresionaba en parte y le ponía nervioso hasta cierto punto. Por eso, fue el segundo en bajar, justo después de Patrick, que le iba guiando en la bajada. Según bajaban, el Guardián de la tierra se fue fijando en que el ruido que ellos pudieran hacer era mínimo en comparación de los gritos de fondo, que también eran hasta cierto punto opacados por el burbujeo del suelo, que estaba plagado de ríos de magma.
-Están demasiado ocupados en general para darse cuenta de lo que pasa- comentó, tras varios metros de avance.
Patrick entonces se giró, quedando apoyado sólo en la mano y el pie izquierdo, y, de lado, comprobó sus alrededores. Entonces sonrió ligeramente, y saltó. Todos le miraron en silencio, y vieron como caía sin dificultades al suelo, rodeado ligeramente por su energía. Indicó con un gesto al resto que le imitaran, y Ulrich ni se lo pensó, así que se lanzó también, y se acabó posando a su lado. A los pocos segundos, ya todos estaban en la base de la edificación.
-Pensé que la idea era pasar desapercibidos- comentó Aurora, pero Patrick señaló al demonio más cercano, a kilómetro y medio de allí. Este estaba ensimismado cercenando miembros de un cuerpo, que anteriormente debía ser humano, pero que en ese momento era más un trozo de carne sin forma reconocible.
-Como digo, tienen prioridades. Aprovechemos que el otro demonio no ha dado señal de alarma alguna para avanzar cuanto podamos- les apremió.
Y con eso, comenzaron a moverse. Corrían a buen ritmo pero sin ir a velocidad de la luz, pues eso alertaría a los demonios. En su lugar, prefirieron trotar en grupos de cuatro pero sin separarse demasiado, dejando una distancia de unos doscientos metros entre los diferentes grupos. Cada vez que se acercaban a un grupo enemigo, procuraban ocultarse cuanto podían usando los elementos del entorno, que no iban mucho más allá de rocas y montículos, y, una vez pasado el peligro, seguían adelante. El aire de la zona, aunque cálido, no era especialmente sulfuroso como pasaba en el castillo, y su olor era bastante soportable. Aún así, según avanzaba, iba a peor.
-¿Vamos a correr hasta el infinito, o pararemos en algún momento?- preguntó via gema William.
-No pienso parar hasta salvar a mamá- atajó Aelita, sin girarse. Ellos dos iban en el mismo grupo, junto a Jeremy y Percy.
-Él se refiere a que no podemos estar dando palos de ciego- comentó entonces Nico, a lo que el resto le tuvo que dar la razón.
Justo cuando Electra iba a dar su opinión, notaron a lo lejos, justo donde la niebla roja empezaba a extenderse, una pequeña cabaña. Esta era de madera, con un tejado de paja, y una chimenea de piedra que humeaba ligeramente. Tenía una simple ventana, pero no contaba con puertas.
-¿Que puñetas hace una cabaña en la mitad del Infierno...?- se preguntó Herb, mientras el resto iba llegando hasta donde ellos estaban.
-Aquí vivía alguien hasta hace poco, fijaos en el humo que sale de la chimenea- les dijo Susan, mientras señalaba su descubrimiento.
Marin, a su lado, fue la primera en acercarse. Todos la siguieron raudos, y, cuando estaban a cincuenta metros de la entrada, vieron un suerte de puesto de tortura. Era de madera, con correas de cuero para cada extremidad, y, a su lado, una gran mesa llena de toda clase de utensilios de tortura, y armas, muchas armas. El puesto estaba vacío, pero aún se podía oler la sangre que allí se había derramado.
-Osea que era verdad...- oyeron a una voz. Por la puerta de la cabaña, salió un demonio. Todos se tensaron al verle, sus ojos bermellón eran escalofriantes. Su aspecto era muy diferente al del demonio que vieron antes, pues en este caso presentaba el aspecto de una mujer morena de pelo corto, con los labios pintados de rojo y unos vaqueros con una camisa de cuadros.
-Me llamo Lilith, uno de los siete Caballeros del Infierno, y la diablesa que os va a mandar al camposanto- con eso, extendió las manos, y creó una honda de energía que mandó a todos a volar por los aires.
Se acercó entonces al más cercano a ella, que era Herb, y, con facilidad, le agarró del cuello y le levantó hasta sostenerle a un metro del suelo.
-Veréis, uno de mis subalternos me dijo que habían aparecido en el Infierno los Guardianes. Al principio no di crédito de esa información, pensé que no podían ser tan idiotas para eso, pero veo que así es...- murmuró, con una sonrisa de locura en el rostro.
Fue apretando poco a poco el rostro del chico, y, cuando notó que el hueso estaba a punto de ceder paró, y tiró al chico al suelo. En ese rato, el resto de Guardianes se había levantado, y se dirigían a golpearla. Electra le había lanzado un rayo, Ulrich una llamarada grande como un trailer, y Odd le lanzó varias de las Aguja Escarlata de su arsenal. Eso por la derecha, por que a la izquierda, Jeremy le había lanzado su Ejecución Aurora, la Guardiana del viento intentaba por todos los medios usar su Tesoro del cielo, pretendiendo quitarle los sentidos al demonio; y, al mismo tiempo, Percy ejecutaba su Extinción de la luz estelar. Una fuerte humareda se levantó cuando todos los golpes cayeron sobre Lilith, e impedían ver a su objetivo. Pero la energía destelleante de la mujer delataba que aún estaba viva. De un gesto con la mano, retiró el polvo que la rodeaba, y comprobó que sobre ella caían Asmae, William y Sam, con sus armas listas para atacar, y la intentaron atravesar. Mientras los otros dos intentaban en vano hacerle un tajo con sus espadas, pues Lilith les paraba con las manos, la chica de color intentó empalarla con su lanza por la espalda. Pero la diablesa dio un salto hacia atrás, y se posó en el mango del arma con elegancia, se dio la vuelta, y golpeó a la chica en la cara con su pie. Esta calló de culo al suelo, pero fue sustituida por Sissi, que le lanzó varias esferas de energía al pecho, pero Lilith pasó sin problemas a través del ataque, y le lanzó un puñetazo a la cara, que mandó a la muchacha a volar.
-¡Rosas piraña!- ese grito hizo que ella girara el rostro, y vio como sobre ella caían cientos de rosas negras que, en condiciones normales, le hubieran hecho miles de cortes en la piel y provocado una terrible hemorragia. Pero ella sólo notó un ligero cosquilleo.
-¿Cuando os daréis cuenta de que vuestros ataques son inútiles, chicos?- preguntó, divertida. Entonces, corrió hasta la altura de Nico, y le lanzó contra Electra. Este trató de pararle, pero fue inútil, y Marin, en respuesta, le lanzó sus dagas al pecho. Lilith tomó una en el aire, pero la otra voló por detrás de su espalda, y se fue a enterrar en la misma, pero la mujer se dio la vuelta e hizo exactamente lo mismo. Cuando tuvo ambas dagas en la mano, apretó con fuerza, y estuvo a punto de romperlas, de no ser por que Aelita le envistió con su escudo, tirando a la diablesa al suelo, pero ella se recompuso con facilidad, y tiró las armas al suelo, que se volatilizaron en el aire, y volvieron al instante a las manos de Marin.
-¡Trueno atómico!- gritó la chica, lanzando su ataque de energía, que golpeó a Lilith en el pecho. Ella frunció ligeramente el labio, pero no parecía demasiado afectada.
-Me comenzáis a molestar...- gruñó, y alargó su mano. Entonces, Aelita comenzó a sentir una opresión en el estomago. Los ojos bermellón de la diablesa brillaban con ganas, y comenzó a apretar con su energía.
El color se iba del rostro de la chica, y hubiera ido a más si Nico, Ulrich, Patrick y William no hubieran placado a la mujer, tirándola al suelo, y desconcentrandola en el proceso. La intentaron agarrar por las extremidades, y cuando Jeremy fue a clavarle el tridente en el pecho, Lilith les lanzó por los aires con una onda expansiva. Se levantó, furiosa, y lanzó una nueva oleada de energía, que golpeó a todos con violencia.
-¡Basta de juegos! ¡Ahora os mostraré el verdadero poder de un Caballero del Imfierno!- gritó. Entonces, sus ojos brillaron con intensidad, y lanzó cientos de esferas de energía de su cuerpo.
Los Guardianes trataron de defenderse con su energía del golpe, y todos rodearon a Aurora, que, en posición de loto, y con un grito, generó una barrera verde en torno a ellos, en forma de domo. Este evitó en primera instancia que salieran heridos, pero rápidamente cayó, y tuvieron que usar cada uno una protección propia para defenderse. Cuando los golpes cesaron, Lilith les atacó con más violencia aún, pasando entre ellos como un remolino de puñetazos y patadas, y que al mismo tiempo lanzaba ondas de energía oscura como ataque. Estaba a un nivel totalmente diferente.
-Te-tenemos que marcharnos cuanto antes!- gruñó Patrick, mientras se levantaba con dificultad, había recibido varios golpes en el cuerpo.
Todos asintieron, pero Lilith no parecía dispuesta a dejarles salir de allí, no por otra cosa más que por su sonrisa siniestra- ¿De verdad creíais que esta pelea pasaría desapercibida?- preguntó.
Fue entonces que los chicos repararon en sus al rededores. En torno a ellos se había formado un círculo bastante grueso de demonios. La gran mayoría tenía ojos negros como la tinta, pero había dos que resaltaban. Tenían los mismos ojos bermellón que Lilith, y estaban cruzados de brazos. Uno de ellos era un hombre maduro, de pelo rubio y con traje. El otro, era un hombre de raza negra, y Sissi, Odd, Asmae y Susan le reconocieron instantaneamente.
-Tú...- murmuró la Guardiana de la fe, mientras daba un par de pasos atrás. Este sonrió, mostrando sus ojos bermellón.
-Azazel, Astaroth, no os metáis, ellos son míos- les gruñó Lilith, mirando primero al rubio, y después al otro.
-No es justo que tú te lleves toda la diversión, hermanita- le dijo Astaroth- ¡Tu secuestraste y torturaste a Atenea, es mi turno!- le gritó la mujer.
Los Guardianes miraron a ambos demonios con recelo, si eso era verdad, Astaroth debía saber donde estaba el alma de la Reina.
-Cierto, me divertí mucho llevando a esa mujer hasta el límite, y más cuando logré que cediera...- dijo, con diversión.
Entonces, chasqueó los dedos. Ante él, apareció una mujer con una bata blanca, de pelo rosa y el cuerpo lleno de marcas. Sus ojos eran verdes pero estaban bastante apagados. Sostenía un látigo de cuero en la mano. Y era tristemente parecida a la que antaño era Reina de los humanos en Asmara.
-Dime Atenea, ¿torturarías un alma por mí?- preguntó el demonio. La mujer, como respuesta, sólo asintió.
Aelita sentía como su sangre hervía de rabia- Fue bastante divertido oírla gritar, no has perdido tu toque, Astaroth- le dijo Azazel, mientras se acercaba al grupo.
Entonces, elevó su energía, y, con un gesto de mano, acercó de un tirón energético a Asmae hasta él. La tomó del cuello, y la observó detenidamente. Entonces, en su mano apareció un cuchillo en cuya hoja estaban escritas palabras en el mismo idioma en el que se grabaron las inscripciones de los cofres que vieron antes en el castillo: enoquiano.
-Haz los honores- dijo, mientras le pasaba el arma a Atenea. Esta tomó en silencio el cuchillo, y enarboló el arma sobre su cabeza.
Asmae estaba demasiado bloqueada en ese momento para hacer nada, así como el resto, pero no Aelita, que corrió a toda velocidad hasta ellas y tomó el cuchillo con la mano antes de que pudiera tocar a su hermana. Un arma normal no le hubiera dañado, pero algo le decía que esa no era un arma normal. Lo supo cuando notó un intenso dolor en la palma de la mano, y un hilo de sangre salió, segundos después, por su brazo y algunas gotas cayeron al suelo.
-Mamá... ma-mamá, somos nosotras- murmuró, mientras se acercaba a la cara de la mujer. Esta reaccionó por un instante a la voz de la menor, pero volvió a su rostro vacío de sentimiento alguno.
Entonces, contra pronóstico y a una velocidad inusitada, Atenea tiró a Asmae al suelo, se colocó a horcajadas sobre ella, y la apuñaló en el pecho. Tarde vio ella sus ojos negros como la obsidiana y la sonrisilla siniestra. Para Asmae, en ese momento, todo comenzó a girar, sin saber apenas que había pasado, y su vista se desenfocó. Aelita, con un grito violento, se lanzó a por Azazel, con su energía rodeándola, y le pegó tal puñetazo que le mandó a varios metros por los aires, y, cuando aterrizo, dio varias vueltas sobre si mismo en el suelo, y no paró hasta llegar casi al límite donde estaban el resto de demonios. Su hermano Astaroth no se quedó quieto y se acercó a toda velocidad a la chica, y logró en esa ocasión detener el puñetazo de ella con la mano, aunque no sin esfuerzo.
-Ya es tarde...- le susurró- Tu madre ahora es un demonio, niña- le dijo, con un suave murmullo.
Aelita no se lo podía creer. Pero ahora no había tiempo para regodearse en el dolor que podía sentir. Estaban en un buen lío, rodeados de demonios por todos lados, con su madre transformada, y sin ningún tipo de respaldo. Para lograr escapar, tendrían que usar un método extremo. Antes de que pudieran pensar nada, notó un enorme dolor en la mano, pues el demonio estaba apretando su agarre.
-¡Centrate en la pelea, niñata!- le gritó Astaroth, mientras la lanzaba por los aires. Ella cayó al suelo y rodó por el suelo.
Los Guardianes la rodearon, formando una muralla, con las armas listas para la batalla. Lilith, Azazel y el mismo Astaroth comenzaron a andar en círculos con sonrisas de diversión en sus rostros. Si ya les iba mal con un solo Caballero del Infierno, con tres las posibilidades se reducían a cero. Fue entonces que Aelita, estresada y sudando, se fijó en su hermana. Esta estaba blanca, con la mano en la herida de su pecho, de la que salía sangre no a mucho ritmo, pero si lo suficiente como para que en ese momento tuviera todo el peto manchado de rojo. Rápidamente la pelirosa se regañó mentalmente, y se colocó al lado de su hermana, y, entendiendo, el resto cerró el circulo en torno a ellas. Entonces agarró a la Guardiana de la Naturaleza del brazo, llamando su atención.
-¡Yumi, rápido, tienes que curarla!- la apremió. Esta asintió, y se inclinó al lado de la chica, y colocó su palma encima de la herida, aumentando su energía.
Antes de que pudieran cerrar la herida, Azazel atacó, lanzando una esfera de energía contra ellos. Jeremy golpeó la misma con su tridente, y lanzó la esfera lejos como si fuera una pelota de beisbol, pero no pudo hacer lo mismo cuando el demonio lanzó de su cuerpo un centenar más de esfera.
-¡KAN!- Aurora dio un potente grito, y sobre ellos apareció un domo de energía verde. Para apoyarla todos colocaron sus manos en los hombros del otro, pasándose energía, que acababa desembocando en la chica, que usaba todo ese poder para potenciar la barrera de energía.
En aquella ocasión, el muro logró evitar el golpe, pero Aurora en ese momento acabó agotada, y, aprovechándose de eso, Astaroth repitió el ataque, lanzando otras tantas esferas de energía. Lo hacían con una facilidad tan abrumadora que asustó a todos.
-¡Muro de cristal!- gritaron a la vez Percy, Sissi, Nicolas y Herb, mientras generaban cada uno una barrera, la cual les cubrió en forma de cuadrado, y repitieron el proceso.
-¡No vamos a aguantar siempre, o atacamos, o huimos!- gritó desesperada Susan. Todos asintieron, era una obviedad que no iban a resistir eternamente.
Aelita en ese momento sacó un objeto de entre sus ropas. Era el cuerno del arcángel Gabriel- En momentos desesperados, medidas desesperadas...- murmuró.
-Te recuerdo que si lo tocamos tres veces daremos inicio al puñetero Apocalipsis- le dijo Electra, mientras poco a poco se retiraba el muro de cristal de los otros cuatro, pues el ataque había cesado, por el momento.
-¡No tenemos más opción!- le gritó en respuesta- ¡Si no lo uso moriremos aquí, y de nada habrá servido nuestra lucha!- Aelita en ese momento estaba llorando, la presión le podía.
Oyeron unas risas de regocijo- ¡Oh, los poderosos Guardianes, se están viendo superados por la realidad!- se rió Astaroth.
Definitivamente, las cosas les iban mal.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
Mientras, en la Tierra, Karl le contaba sus hazañas a una curiosa Noelia, que escuchaba atentamente las historias de aquel tipo sin pestañear, mientras movía de lado a lado su cola. Habían encendido un fuego y se habían sentado a su al rededor, charlando animadamente, contándose anécdotas. El viejo Berserker no se había creído al inicio que ella fuera romana, pero cuando comenzó a hablar en perfecto latín, tuvo que tragarse sus palabras.
-¿Desde cuando trabajas para Odín?- preguntó entonces la chica. Karl la miró por unos segundos, y, suspirando, respondió.
-Cuando me convertí en einherjar- respondió. Ante su mirada sin entender, ahondó en la explicación- Los einherjar son los guerreros muertos en combate elegidos por el dios Odín, aunque al menos la mitad, la otra mitad va con Freyja, pero esos son otros asuntos. El caso es que al convertirme en uno de ellos, Odín decidió nombrarme guerrero en su nombre, supongo que vio algo especial en mí- dijo. (1)
-Eso supone que...- comentó la chica, algo blanca, a lo que Karl asintió- Si, morí, aunque no he resucitado, sigo muerto, pero mi alma, por el poder del dios, sigue en este mundo sin volverme loco- le dijo.
Noelia parecía algo confusa, pero el hombre le restó importancia- Tus amigos se están retrasando, allí abajo ya han debido pasar horas, si no días...- murmuró, mientras mordisqueaba un trozo de carne. Ella asintió, por lo que había dicho Jhonny, y como deducción, sabían que el tiempo en el Infierno avanzaba a otra velocidad totalmente distinta.
Fue entonces que la tierra tembló, y vieron un resplandor de luz moverse por el cielo y caer en la tierra a varios kilómetros de distancia, y, unos segundos después, se oyó un fuerte estruendo, como varios rayos cayendo al mismo tiempo, que dejó medio sordos a ambos durante un par de minutos.
-¡Eso no presagia nada bueno!- gritó Karl, aún con los oídos pitando. Noelia no pudo más que asentir, esperaba que no hubiera pasado nada malo.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
Aelita estaba decidida. Sus compañeros podrían decir lo que quisieran, pero estaban acorralados, en el Infierno, con su hermana herida, y sin una ruta de escape segura. Al ver que de nada servía mantenerse en piña, Susan, Marin y Sam decidieron ganar tiempo para sus amigos y luchar ellas mismas contra los tres Caballeros del Infierno, mientras el resto trataba de escapar, pero el ejercito de demonios de menor rango se lo impedía. Sin duda, era una situación límite. Y se puso aún peor cuando aquel ejercito se dirigió en tropel contra ellos, cargando, y con armas y ataques de energía que pondrían en serios apuros a cualquiera de ellos. Y en esas circunstancias, podían ser incluso letales. Por eso, y cuando vio que sus amigos habían acabado formando una línea de defensa que poco aguantaría contra el ejercito enemigo, que se cerniría sobre ellos en cuestión de segundos, se acabó decidiendo. Invocó el Cuerno de Gabriel, que brilló con intensidad, y hasta logró destruir, sólo con su luz, a una decena de demonios, que se detuvieron casi en seco. Sus líderes parecieron molestos en primer lugar, pero sonrieron al ver de que se trataba.
-El Cuerno de San Gabriel... Hacía milenios que no lo veía- comentó Azazel, mientras lo observaba con deseo, relamiéndose.
Antes de que ningún otro demonio pudiera hablar, y con el permiso tácito del resto de Guardianes, Aelita se lo llevó a la boca, y sopló con todas sus fuerzas. Cuando lo hizo, un sonido con la potencia de miles de rayos cayendo a la vez retumbó por todo el Infierno, y una onda expansiva salió del grupo de Guardianes, que volatilizó a varios centenares de demonios, reduciendo su número considerablemente, pero aún así, eran demasiado numerosos. Y los peces gordos, los tres Caballeros, seguían allí, aunque su ropa humeaba un poco, pues estaban peligrosamente cerca de ellos.
-¡Bueno chicos, ha sido un placer veros!- comento Lilith, mientras sonreía victoriosa- Pero me temo que...- antes de que pudiera hacer nada más, un sonido retumbó por la zona.
Del cielo vieron como bajaba a toda velocidad una esfera de luz, que cayó con fuerza en el suelo, generando una nueva onda, pero que sólo dañó a los demonios, pues no se formó ninguna ola en la dirección del grupo. En aquella ocasión si se destruyeron todos los demonios menores, sólo quedando allí los tres líderes del Infierno presentes. Ellos, y Atenea, que se quedó de pie al lado de Azazel.
-Me siento honrado, Gabriel- dijo Azazel, mientras se inclinaba sin respeto alguno. La figura blanca que se había posado en el suelo brillaba con intensidad, pero cuando dicho fulgor desapareció, comprobaron que, efectivamente, se trataba del arcángel en persona.
-En condiciones normales no bajaría a este pozo, pero la situación lo requiere- sin más, chasqueó los dedos, y los Guardianes desaparecieron de allí en un abrir y cerrar los ojos. Antes de que estos se fueran, impulsados por su energía, Aelita le pidió, a través de su energía, que acabara la misión que tenían, que era no sólo sacar de allí a la Reina, también debían sellar aquella puerta del Infierno.
-Eres malo, nos lo estábamos pasando TAN bien...- murmuró con falsa tristeza Lilith- Dime, ¿que se siente al hacer de niñera?- añadió.
Gabriel simplemente dio un paso al frente, amenazante, y los otros tres instintivamente retrocedieron dos pasos- Quita a esa cosa de mi vista, y dime donde está la verdadera Atenea- amenazó.
Azazel rodó los ojos, y chasqueó los dedos, haciendo desaparecer a la imagen de la reina de allí- Me alegra comprobar que a ti no se te puede engañar tan fácilmente- ante eso el arcángel sólo frunció ligeramente los labios.
-Responde- exigió, mientras elevaba poco a poco su energía- Permanecerá por un tiempo más en el Infierno, hasta que ceda, es una mujer muy terca- respondió el demonio.
Azazel entonces le sacó la lengua y desapareció de allí, y Gabriel se disponía a seguirle, cuando Lilith le posó la mano en el hombro.
Sorprendido, se giró, y entonces la diablesa le dedicó una sonrisa pícara y un guiño de ojos, momento en el que tanto ella como Astaroth aprovecharon para huir. El arcángel gruñó, molesto, y decidió él mismo salir de allí, pues estaba empezando a impacientarse, no sin antes cumplir con el cometido que le había encargado Aelita.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
De vuelta a la Tierra, y con orgullo, Karl comprobó como, efectivamente, el sello que había plantado él mismo en la pared se introducía poco a poco, señal de que lo habían logrado. Habían sellado la puerta por el otro lado, así que su misión allí había acabado.
-Ahora, sólo queda rezar por que tus amigos puedan salir por otra puerta, pero a saber por cual- le dijo, a lo que la chica perro asintió.
Ella se disponía a responderle cuando allí hizo acto de presencia el arcángel Gabriel, quien, a juzgar por su expresión, no parecía nada contento.
-Noelia, nos vamos, tenemos que hablar- dijo, mientras agarraba a la chica del hombro, y, antes de que pudiera Karl decir o hacer nada, desaparecieron de su vista.
El hombre, suspirando, se rascó la cabeza, y, mientras murmuraba, comenzó a recoger las cosas. Daría con ese grupo tan pintoresco otra vez, se había quedado con sus caras, y estaba decidido a volver a encontrarles. Por su parte, Noelia y Gabriel aparecieron en la dimensión de Jamily, y la chica perro pudo comprobar que los Guardianes estaban en el patio de la casa, y también pudo ver como la propia hechicera les hablaba, y no tenía pinta de estar contenta. Aelita, en un momento dado, le empezó a gritar, y en respuesta, la maga le propinó un fuerte manotazo en el rostro. Noelia no podía oír la pelea, pero debía de ser de las gordas, a juzgar por lo que pasaba. Y por el rostro de Aelita, el golpe le había dolido más en el orgullo que otra cosa, por que se fue dando zancadas y con cara de pocos amigos en dirección contraria a todo el mundo. Desde luego, había sido un día intenso...
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
(1) Efectivamente, los guerreros muertos de Odín recibían ese nombre. Entrenaban todos los días desde su muerte hasta que llegaba Ragnarök, momento en el que se unían al dios para luchar junto a él. Tenían la particularidad de que no morían cuando entrenaban en el Valhalla, pero, si salían del mismo, podían fallecer, en cuyo caso no tenían una tercera oportunidad.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.
