Ese mayordomo, en el paraíso
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27 de Septiembre de 1988.
Hace un par de días que… bueno no sabría como explicarlo.
Para empezar no es la primera vez que hago algo como esto, no es la primera vez que escribo un diario pero… ¿Sabes? ¿No as sentido esa necesidad incontrolable de contar lo que te preocupa pero parece que a nadie le importa?
Hacía unos meses que llegué a américa con el único propósito de asistir a la misma escuela de arte que mi padre, fue algo meramente difícil en un principio… empezar la preparatoria en un continente diferente es algo muy desconcertante de cierta forma.
Siempre me había gustado dibujar… creo que era un talento natural, tan natural como respirar… quizá se deba a que por mis venas corre la misma sangre de mi padre, uno de los mejores pintores que en mi corta vida e podido conocer… o quizá en parte se deba a lo tormentoso que últimamente me resulta el cerrar los ojos. O quizá, solo quizá me había esmerado tanto en mejorar mi dibujo para alejarme de casa… de esa mansión, de la tragedia que envolvía todo en torno a mi familia.
Sé que quizá solo sea un delirio, una horrible sensación de persecución pero no le hayo explicación lógica alguna… pero ese no era mi punto.
Esa es otra historia, no ahondaré en detalles precisamente e comenzado un nuevo diario… como haciendo un borrón y cuenta nueva, eso es. Por ahora no te contaré nada de cómo conocí a tu padre, creo que debería dejarlo para el después aunque es imposible que me pueda contener cuando se trata de él… Demian a sido como un escudo protector, con él a mi lado parece que poco a poco las pesadillas se van… y eso es increíble, es maravilloso… me siento plena y segura a su lado, y ya sé… aun soy menor… él también pero… quizá algún día me entiendas… solo pasará, de improvisto, tan espontáneamente que parece fuera de toda realidad y sabrás que esa persona es la correcta… lo sabrás. Estoy segura.
Como iba diciendo hace un principio hace un par de días que me levanté con un terrible dolor de cabeza, corrí al baño y solté todo lo que había cenado la noche anterior… Roseanne quien desde hace unos días había empezado a darme medicamentos para las nauseas comenzó a preocuparse más de lo habitual.
Me a dicho que me veo muy pálida e incluso llamó a un doctor preguntándole si mi salud tenía que ver con mis pesadillas, pero hace tiempo ya que no e soñado nada así que terminé en un hospital nuevamente… haciendo pruebas de todo tipo.
¿Y Sabes qué? Jamás en mi vida había recibido una noticia como esa… estoy embarazada, yo lo presentí desde un principio y ya sé… quizá estas leyendo esto y te parece una completa tontería y metida de pata que termine embarazada a unos meses de cumplir dieciséis cuando estoy en preparatoria.
No me importa, me siento plena, feliz y segura… no lo aguanto, no podré aguantarlo… saber que una vida crece dentro de mi me hace tan feliz que no podré soportarlo ¿Esperar nueve meses por ti? ¡Es demasiado! ¡Sencillamente demasiado!
1 de Octubre de 1988, por la mañana.
Mi madre una vez me dijo que si yo quería algo en verdad luchará por ello
¿Sabes? Las cosas han ido… decayendo. La noche pasada esperaba a que Demian llegase de sus clases por la tarde, hace casi cuatro meses que él vive conmigo en la casa que alguna vez le perteneció a mi padre cuando vivía en américa… ya darían más de las ocho y no tenía nada que hacer, cuando le mencioné a Demian del embarazo el me pidió que dejara la escuela, de alguna manera lo entiendo… mi salud siempre a sido algo delicada y yo no quería llamar la atención yendo a la preparatoria con mi panza de embarazada, si mi abuelo llegase a enterarse no sé que pasaría.
Como iba diciendo estaba sola, no me gusta estar sola… más aun en una casa como esta, es bonita y me gusta pero... llega a ser tenebrosa, me hace recordar esa vez en la que me perdí en la mansión cuando era muy pequeña.
Lo recuerdo perfectamente… mi madre, Elizabeth, había salido con mi padre a Londres por alguna cuestión de negocios familiares.
¿Sabes algo? Mi familia es una familia noble, de Inglaterra… los Phantomhive siempre han sido muy cercanos a la familia real desde hace muchísimo tiempo y quizá gracias a eso las empresas Funtom han tenido tanto éxito.
Mi padre es artista así que nunca mostró especial interés en atender el negocio familiar cuando se casó con mi madre, y mamá tampoco… ella es algo torpe y demasiado alegre como para poder emprender en los negocios o firmar jugosos contratos. Así que mi abuelo, Frederick siempre a permanecido a la cabeza después de todo mi madre es su única hija.
¡Siento haberme ido del tema de nuevo!
Considero que aquella vez que me perdí siendo una niña es de vital importancia, las pesadillas me han invadido desde entonces al grado de casi hacerme enloquecer.
Así que mis padres se habían ido, el abuelo estaba de viaje desde hace una semana y tardaría aun bastante tiempo en llegar… estaba sola con los sirvientes y mi nana, Roseanne, una encantadora muchachilla rubia de unos 20 años en aquellos tiempos. Recuerdo perfectamente que estábamos en los jardines cortando rosas a escondidas del jardinero, tenía yo unos ocho años a lo mucho y el cabello apenas y me cubría las orejas porque en una travesura mi hermano mayor me había llenado el cabello con una cosa pastosa y pegajosa y no hubo más remedio que cortármelo.
Así que cortábamos rosas blancas de los rosales del jardín trasero… siempre había amado esos rosales, me resultaban melancólicos pero las flores de ese lugar en especifico eran las más hermosas de quizá todo Londres. Quería hacerme una corona con las flores pero estaban repletas de espinas y Rose no me dejo ni tocarlas, hice berrinche por eso… era demasiado obstinada como para entender que podría lastimarme con las espinas así que corrí haciendo un puchero y me adentré a la mansión.
Yo solo me sabía el camino desde la entrada de la mansión a la habitación de mis padres, a mi habitación y a la de mi hermano, a la cocina y trabajosamente lograba dar con los jardines... el lugar era realmente enorme, demasiadas habitaciones y pasillos… como un enorme laberinto.
Subí unas escaleras y terminé por llegar a un pasillo infinitamente largo… jamás había estado en ese lugar antes, pero era como si lo conociera… la sensación de haber estado ahí antes era abrumadora, yo era una niña que se asustaba con facilidad y mientras cruzaba el pasillo sentí aquella sensación de ser observada, quise salir por donde llegué pero de alguna manera ya estaba demasiado lejos de las escaleras como para poder verlas. Así que continué caminando apretando las manos en la suave tela de mis pantaloncillos que me llegaban a las rodillas, mi madre solía vestirme con unos lindos trajes con pantaloncillos y blusas con holanes que me hacían lucir como niño, a mi no importaba realmente… la idea de parecerme más a Evan me resultaba fascinante en ese entonces así que ni me había molestado cuando el cabello me quedo tan corto como el de un niño.
Los tablones de madera del suelo crujían a cada uno de mis pasos… era extraño, no había ni una sola mota de polvo en los alrededores pero esa parte de la mansión lucía muy vieja y descuidada, las paredes tenían un papel tapiz que se caía a pedazos por lo viejo que era, la madera del suelo se veía corroída y no había ni una sola ventana, todo el pasillo permanecía obscuro pero no lo suficiente como para dificultar la visión de las cosas.
Era como si mi cuerpo se moviese por si solo… cuando me di cuenta ya estaba frente a una gran puerta caoba que estaba entreabierta, como toda niña curiosa entre a la habitación.
No sé como describir la sensación que tuve al estar dentro de aquellas cuatro paredes… pero sin duda fue una sensación para nada agradable. Afortunadamente había más luz porque de lo contrario habría huido de ahí, el piso era cubierto por una gruesa capa de polvo tanto así que al dar un paso este quedaba marcado y el polvo era demasiado espeso… creo que eran cenizas o restos de escombro. Reconocí esa habitación como una oficina o un despacho por las estanterías pegadas a una de las paredes repletas de libros cubiertos por el polvo y una que otra tela de araña que colgaba por las esquinas.
La pintura de las paredes permanecía en perfecto estado siendo de un azul profundo y turbio, había varios cuadros… pinturas que seguramente eran tan o más antiguas que la propia casa, cubiertas por una finísima y apenas notoria capa de polvo y se veían tan vividas y reales que bien podían ser fotografías de alta calidad pero gracias a todo ese tiempo que había pasado con mi padre viendo como pintaba me resulto sumamente fácil reconocer cada trazo y pincelada dentro de las imágenes.
Me dediqué un buen rato a mirar las pinturas… había demasiados rostros que no conocía pero a juzgar por los borrosos caracteres en los marcos de la pinturas eran miembros de mi familia… claro que de hace muchas generaciones atrás. Una pintura en especial llamó mi atención… era la más desgastada de todas pero por la vividez de los pigmentos y los colores quizá era la menos vieja de toda la colección, en ella había un retrato familiar y por un momento me pareció ver a mi propia familia pintada con detalle en el lienzo pero luego de mirarla más detenidamente comprobé que la hermosa mujer rubia que estaba sentada en un amplio sofá dromedario no era mi madre… tenía el mismo pelo rubio, la misma cara angelical y aquellos ojos únicos de mi familia, tan azules... tan profundos, idénticos a los de mi madre pero supe que no era ella por sus ropas… el largo vestido de un color pastel y la postura con la cual se sentaba, además en el rosto de mi mamá siempre se formaba una pequeña arruga en la comisura de sus labios al sonreír y de alguna forma su mano siempre terminaba enredando alguno de sus rizos con los dedos cuando sonreía. Por otro lado también supe que no era mi familia por el hombre a un lado de la mujer rubia… era alto, imponente… irradiaba una aura de tranquilidad y seguridad a su alrededor, tenía el cabello de un negro algo grisáceo y azulado, los ojos cafés, pálida piel, una sonrisa amable y un lunar debajo de uno de sus ojos. Estaba segura de que era muy parecido a mi hermano si él fue más grande pero a diferencia de la persona de la pintura mi hermano había heredado el cabello negro ébano de mi padre.
Recuerdo que me estremecí en ese momento, la última persona en el retrato era un niño… de más o menos mi edad, completamente idéntico a mi… era como mirarme a un espejo… rostros idénticos, los ojos más azules y hermosos que había visto, cabellos del mismo largo y el mismo peinado, ropas similares… fue horrible, fue horriblemente espantoso.
¿Sabes qué fue lo más horrible de todo? Que por alguna razón me sabía su nombre, sabía quien era… me era demasiado familiar… demasiado para ser real. Ciel… si, recordaría ese nombre aún si me hicieran un trasplante de cerebro. Lo había escuchado antes, quizá entre sueños pero estaba segura de que así se llamaba.
Por alguna razón verlo me estrujaba el pecho, me hacía sentir una profunda tristeza pero una gigantesca rabia a la vez… quería correr pero a la vez quedarme y averiguar más, saberlo todo… quería saberlo todo.
Pasé lo dedos por la empolvada pintura remarcando cada una de sus facciones… el retrato abarcaba la pared… era tan grande que el niño y yo teníamos la misma altura.
La luz comenzaba a disminuir y entonces reparé en la presencia de un gran ventanal en una de las paredes, me arrimé contra la ventana y para mi sorpresa esta daba una vista completa de los jardines traseros donde Roseanne se movía de un lado a otro pareciendo desesperada, quizá buscándome, había dejado el ramo de rosas a un lado en el césped y el jardinero también correteaba de un lado a otro preocupado.
Por alguna razón no quería irme de ahí, pero estaba aterrada… sentía que me miraban… podía incluso asfixiarme y por sobre mi curiosidad el miedo me ganó y salí de la habitación sin siquiera mirar todo lo demás.
Corrí por el inmenso pasillo hasta dar con la escalera y bajé.
Crucé más pasillos y más puertas… cuando miré al frente Roseanne estaba ahí y me dio uno de sus cariñosos abrazos, lloriqueó que no me encontraba y que estaba sumamente preocupada por mí… luego de eso me dio una corona de rosas blancas pero eso ya no interesaba, no dejaba de pensar en el niño de la pintura. Me angustiaba de sobremanera.
Esa noche fue la primera vez que tuve una pesadilla.
Estaba yo sentaba sobre el piso de la estancia principal jugando, sostenía unas figurillas de madera a los pies de un enorme sillón dromedario donde mi madre permanecía sentada sonriéndome y riendo de vez en cuando, Mi padre estaba sentado a su lado pasando uno de sus brazos por sobre los hombros de mi madre e igualmente se le veía muy feliz.
Evan mi hermano mayor jugueteaba con el perro de la casa y pude vislumbrar a mi nana en el marco de la puerta cargando una bandeja metálica con un precioso juego de te y panecillos para acompañar.
Me sentía demasiado feliz, la imagen era demasiado real… los sonidos, la risa, las sonrisas y la dulzura del té preparado por Roseanne pero entonces por alguna razón mi vista terminaba clavada en una pared que no recordaba que estuviera ahí, el enorme retrato que había visto antes estaba colgado en la pared y la pintura era tan real que incluso parecía moverse, el niño me miraba… pero algo había cambiado… toda aquella felicidad y seguridad antes transmitida en el lienzo se había esfumado, el niño estaba solo y rodeado por las ardientes llamas. Su rostro ya no era iluminado por esa hermosa sonrisa si no opacado por una infinita tristeza.
Me invadió el impulso de correr a abrazarlo y darle algo de mi felicidad pero en cuanto comenzaba moverme la temperatura subía, de pronto todo estaba en llamas… ahora todo se quemaba… todo era consumido por el fuego, estaba sola y rodeada por la llamas.
La pintura se había esfumado y de pronto ya no sabía donde estaba… solo corría, intentaba huir de las llamas pero era como correr por un infinito y largo pasillo, jamás terminaba.
Cuando creí que hasta ahí llegaría algo me tomaba por detrás, cubriéndome los ojos y la boca.
Luego cuando abría los ojos todo estaba obscuro, era como si mi cuerpo flotase en la nada y todo era frio. Por alguna razón todo me dolía y la desnudez de mi piel solo me hacía temblar con más violencia.
Las manos halaban de cada extremidad de mi cuerpo, tocándome… sin dejar un solo tramo de mi piel sin ser explorado a fondo. La garganta se me hacía nudo como si tragara una jarra llena de acido y el estómago se me revolvía, las entrañas me ardían y no hacía más que gritar. Sentía como desgarraban mi carne, un dolor insoportable, el frio filo del metal incrustándose y rasgando mi piel cortando todo a su alcance, la piel me quemaba y no hacía más que retorcerme y chillar de agonía.
Sin embargo la sensación se esfumaba cuando todo empeoraba, sentía el cuerpo ligero, la obscuridad era tan profunda que no podía ni ver mis propias manos cuando me toqué la cara, algo me impedía respirar con normalidad… el aire era pesado, tosco y se atoraba a medio camino haciéndome toser.
Repentinamente comenzaban a caer unos puntos blancos del cielo… plumas, cubriéndolo todo.
Cuando estaba a punto de ahogarme un par de puntos rojos se distinguían a los lejos y una voz que resultaba familiar pero irreconocible salía de la nada, no puedo recordar que era lo que decía pero estaba segura de que se dirigía mí. Luego los puntos rojos tomaban forma y podía distinguirlos, era unos ojos… tan rojos como la misma sangre y me miraban tan profunda e intensamente que creí podría atravesar mi carne y mis huesos hasta mirar mi alma.
Todo cambiaba tan súbitamente a como había empezado… de pronto estaba en medio de un enorme salón de baile finamente decorado como para una gran fiesta, pero, no había nadie ahí… se escuchaba la lejana música de los violines invadiendo cada centímetro del lugar pero era irritante, trillada y demencial. Tenía un ritmo frenético.
De pronto una fina voz opacaba a los violines, la infantil tonada se oía descompuesta… extraña.
Era una voz femenina, eso lo sé bien.
"London bridge is falling down, falling down, falling down… London bridge is falling down, my fair lady…" repetía incesantemente aumentando el ritmo cada vez que la frase se repetía hasta que la voz se volvió chillona y aguda.
Hacía que la cabeza me punzara horriblemente y caía al suelo doblegándome por el dolor, luego el sonido de pasos retumbaba en las losetas cerámicas del piso, eran dos pares de pisadas muy imponentes que hacían que temblara hasta los huesos.
Luego la música acallaba dando pasó a una sinfonía de chirridos de metales encontrados y estrellándose con fuerza llenaba todo.
Con miedo alcé la cabeza para ver dos figuras de negro que parecían estar sumergidas en una lucha interminable, logré ver los ojos… eran rojos, profundos e intensos… jamás había visto unos ojos como esos… quedaba inmersa en ellos, era extraño, era una sensación parecida a la que Demian ejercía sobre mi… pero eso era imposible porque aquel rostro me resultaba irreconocible, jamás lo había visto y ni siquiera tengo palabras para describirlo pero había una especie de sentimiento receloso en mi interior cada vez que aquel hombre de negro se detenía para mirarme de la misma manera a como los ojos en la obscuridad me miraron. Simplemente me robaba el aliento.
Para mi des fortunio el sujeto de los ojos rojos parecía perder esa lucha… el carmesí de su mirada se había extendido a su cuerpo bañándole en sangre.
Grité, quizá un nombre… quizá una exclamación pero solo sé que la preocupación recorría cada centímetro de mi cuerpo. Luego la otra figura se aproximaba a mi… tenía miedo, demasiado, sus ojos amarillentos, dorados… me comían en vida, jamás había visto una mirada tan intimidante… se sentía horrible, me hacía asfixiarme, me hacía perder el control sobre mi cuerpo y permanecía inmóvil incapaz de emitir sonido alguno mientras su figura avanzaba en mi dirección.
Creí que moriría, creí que me tragaría la profundidad de su mirada sobre mí pero entonces despertaba gritando.
E tenido ese sueño siempre desde entonces, cada día de mi vida… cada noche e vivido atormentada por aquel sueño.
Cuando conocí a Demian creí estar a salvo de ese miedo que crecía en mi interior, de los ojos dorados de mis pesadillas y también creí que Ciel estaría a salvo, no sé porque razón sentía que estaba en peligro, que era mi deber protegerlo a pesar de que quizá solo era un personaje de ficción. Cuando conocí a tu padre, Demian, esas pesadillas dejaron de atormentarme cada noche… fue un enorme alivio porque luego de tantos años siendo atormentada en las noches al fin encontré la paz que anhelaba.
Sin embargo como dije en un principio anoche esperaba a Demian de sus clases, estaba sola en la casa recostada sobre uno de los sofás… me pareció oír un ruido pero ni me moví de mi sitio, pero entonces tuve aquella sensación de ser observada… estaba segura de que alguien me veía y me veía de una forma arrebatadora, como la mirada de mis pesadillas… como los ojos dorados que querían comerme y sin dudarlo me fui de la sala, subí a mi habitación y me encerré ahí.
Creo que me quede dormida y volví a soñar con lo mismo, cuando desperté estaba gritando y Demian me sostenía de los brazos, se le veía preocupado y una vez que yo terminé de gritar me abrazó y me acurrucó en su pecho.
Creí estar a salvo, estar entre sus brazos me hacía sentir muy segura… como si nada en el mundo pudiese llegar a dañarme.
Demian tenía algo especial… algo único que alejaba a las pesadillas de mí. Creo que eran sus ojos, diferentes a otros que yo hubiese visto antes… ojos azules, verdes, cafés, negros, dorados eran colores que veían todo el tiempo… estoy segura de que Demian es la única persona en todo este mundo con ese color de ojos… la primera vez que el vi eran tan fríos, tan gélidos, exánimes, inmutables… como ver la nada misma, el vacío en su mirada era tan profundo… tan inmenso que te perdías en el, sus ojos son como el hielo… en una tonalidad diferente… como un azul verdoso pero demasiado claro, grisáceo, pocas veces puedes ver algún sentimiento reflejado en ellos… pero cuando logras verlos son los ojos más expresivos y hermosos que puedas ver.
Espero tengas esos ojos, sería completamente maravilloso, romperías el contexto y la línea que a seguido en mi familia… personas con los mismos ojos que los de Ciel, azul cobalto.
No, sería un desperdicio genético que no tuvieses los ojos de tu padre, sería hermoso contar con dos miradas iguales… quizá así las pesadillas pudiesen acabar para siempre…
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Lo último que quieres ver cuando despiertas es… el rostro de Sebastián Michaelis a centímetros del tuyo. Seguro, lo último que quieres ver cuando despiertas de tan horrible pesadilla, lo último que en definitiva deseas ver al despertar es su perfecto, pálido y hermoso rostro… en especial esos ojos rojos que te miran intensamente como para caer hecha liquido al suelo. Lo último, repito, lo que menos desearías ver en ese momentos sería el perfecto rostro de tu demoniaco mayordomo cuando has tenido semejante sueño tan raro, sueño que a sido descrito a detalle en el diario de tu madre muerta la que alucino con eso cada día de su vida enloqueciéndola a tal punto en que le llevo a morir.
O quizá lo único que desearías luego de eso sería verlo precisamente a él…
Ah, pero decía que acababa de despertar… primeramente no abrí los ojos porque sentía los parpados bien pegados y pegajosos, quizá me había dormido todo el vuelo después de tener un pequeño ataque de histeria al ver a la muy puta de la aeromoza coqueteando con Sebastián y en mi infantil berrinche de chica adolescente había decidido ignorar eso de la mejor manera que se me ocurrió: leyendo el diario de mi madre.
¿Qué gané con eso? Pues la aeromoza pudo seguir con su coquetería sin ningún problema y yo me deshacía del arrepentimiento, angustia y confusión en mi pequeño asiento de avión.
Después de ciertos acontecimientos antes de la propuesta vacacional yo ya había desarrollado una especie de irritabilidad a bordo de los aviones. Sencillamente había comenzado a detestarlos y presiento también que e desarrollado un gran y desmedido odio hacía el servicio aéreo, léase aeromozas ofrecidas que se alborotan con tan solo ver un pelo de Sebastián como si fuesen perras en celo lanzándose ante el primer buen trozo (¡Pero que trozo madre mía!) de humanidad que se les paraba en frente.
Así que mientras yo sufría por las sutiles (nótese el sarcasmo) insinuaciones de una horda de aeromozas entalladas en mini-micro falditas y blusas escotadas sin dejar mucho a la imaginación, Sebastián se mantenía a mi lado pegado como una chinche… valga la redundancia enchichándome la vida con su rutina de volver loca a Sam durante diez horas de vuelo continuas, además yo, la enana exagerada observaba con detenimiento el sobre amarillo sin lograr decidirme si abrirlo o no porque aquel oportuno gusanillo de la curiosidad se comía mi cerebro… mientras tanto unas filas más adelante Jess dormía plácidamente apoyando la cabeza contra la ventanilla ¡Jessica Samuels maldita sabandija mentirosa y dormilona no sabes cuanto te envidio!
Pero decía yo que acababa de despertar, porque luego de terminar de leer unas cuantas paginas del diario el ataque de la aeromoza contra mi pobre y pisoteada autoestima cobró fuerza.
Era alta, rubia, imponente, ojos tan azules cual cielo, labios pintados de rojo y esa sonrisa de comercial.
¿Qué tenía yo a mi favor que la pornstar azafata no tuviera…? ¿La peor suerte de todo el planeta tierra…?
— ¿Necesita algo más señor?—, preguntó con su encantadora sonrisa inclinándose de más dejando que toda su pechuga doble le diera una vista panorámica a mi mayordomo.
Quizá fueron los miles de pies de altura que me habían oxigenado de más el cerebro porque en ese momento mí reducida paciencia se había evaporado y actué como una leona defendiendo su territorio.
—Si cielo ¿Necesitas algo más?—, dije entrelazando mis dedos contra los dedos enguantados de Sebastián, este me miró tan sorprendido y a la vez divertido que bien su cara fue merecedora de una fotografía para momentos memorables, me abstuve de bufar y le guiñé un ojo sonriéndole, intentando verme tan seductora como él.
Ah, ya sé… es imposible que un mortal con mi atractivo tan poco existente llegase a hacer una mirada como esa pero estaba desesperada, así que ya saben como dicen… a tiempos desesperados, medidas desesperadas.
La rubia torció la boca lo que pasó desapercibido hasta para el demonio pero yo me di cuenta, no se había tragado mi actuación y se quedo callada a la espera de algo más convincente.
Le sonreí de la forma más arrogante que pude y ante la atenta y penetrante mirada del demoniaco Sebastián Michaelis me pegué a él hasta que la separación de los asientos dejo de existir.
La aeromoza y yo nos debatimos en un duelo de miradas cual fieras a punto de abalanzarse una contra la otra… seguía sin creerme, yo misma seguía sin creer que diablos estaba haciendo.
Entonces con la cabeza hirviéndome jalé a Sebastián de su camiseta y tan imprevisto que ni yo me lo esperaba lo bese. Pero cuando digo que lo bese es porque lo bese, no besos cursis de parejitas recién juntadas… por supuesto que no. Fue de esos besos que te dejan sin aliento.
Si la cabeza ya me hervía todo mi cuerpo comenzó a llegar al punto de ebullición, pronto yo ya no tuve el control de ese beso y pronto olvide que era lo que quería demostrar, es más… deje de pensar… ya no existía nada más, ya no estaba en ese incomodo asiento de avión a miles de metros de altura de tierra firme, ya no había aeromozas llenas de hormonas dispersas a mi alrededor, ya no había absolutamente nada más… me deje llevar, cada uno de mis sentidos parecían haberse nublado y por aquellos instantes lo único que parecía seguir viviendo era mi corazón latiendo tan fuerte y rápido que creí morir.
Sus labios sobre los míos, se inclinó sobre mi y terminé acorralada entre el asiento y la ventanilla, no pude evitar llevar los brazos hasta su cuello atrayéndolo a mi aun más, enredé los dedos en su cabello mientras que uno de sus brazos me tomaba por el cuello profundizando el beso y el otro permanecía fijo a un lado de mi cabeza como si descansara todo su peso en ese brazo.
Pero yo con mi cuerpo tan desdichadamente humano me quede sin aire y no hubo más remedio que romper ese hermoso momento.
Me separé de él, jadeante, aclamando por aire pero mi cuerpo seguía batallando entre el impulso de seguir con aquello o derretirse ahí mismo.
Créanme que no reparé en la presencia de aeromoza hasta que esta taconeo con molestia, indignada.
La sensación de un puñetazo de limpia y pura realidad me calo más fuerte a mí que a la aeromoza que se fue como un perro con el rabo entre las patas.
Sonreí sintiéndome victoriosa… quizá algún día yo me ganase un Oscar por semejante cuento, el problema aquí es que eso era tan real que no era posible…
La sensación de triunfo fue infinitamente opacada por las alarmas que se activaron en mi cerebro… ¡¿Qué diablos hiciste Samantha?! ¡¿Qué demonios as hecho?! ¡Torpe estúpida! ¡¿Qué te pasó ahí?! ¡Mierda!
Mientras yo me jalaba de los cabellos presa de la histeria cotidiana Sebastián no dejaba de mirarme sonriendo, disfrutando de cómo mi cara relucía más que una brillante luz de Navidad.
Aun así faltaban más de tres horas de vuelo y por el bien de lo que fuera yo tenía que tranquilizarme, así bien después de enfriarme la cabeza analizando las palabras en el diario termine por quedarme dormida ignorando olímpicamente la terrible y peligrosa cercanía del demonio a mi persona.
Ahora bien, llegado a ese punto luego de tener la misma pesadilla que Lilian relataba en su diario me desperté, tal como iba diciendo. Desperté topándome con su angelical rostro a unos milímetros del mio.
¿La reacción inicial…?
Creo que más que nada me había sentido aliviada, verlo ahí, a mi lado me hacía sentir segura… pero a la vez el hueco vacío de mi pecho se hacía más profundo provocándome unas tremendas ganas de derrumbarme y llorar. Tenerlo tan cerca, mirándome de esa manera me evocaba recuerdos de la última vez que estuve junto a Richard dentro del avión, si le hubiera dicho mi mal presentimiento habríamos bajado… nos habríamos marchado y justo ahora yo sería feliz a su lado.
— ¿No durmió bien?—, preguntó el mayordomo y pude ver reflejado en sus ojos la preocupación.
Negué levemente, sin ganas, dormir me había dejado más agotada y ahora el cuello me dolía.
El anuncio de que íbamos a aterrizar resonó por los altavoces, me enderece en el asiento abrochándome el cinturón, respiré hondo y me aferré al bolso de mano donde había guardado el diario.
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Jessica bufó, estaba molesta y muy incomoda, me habría reído de ella si mi situación no fuera igual o peor que la de ella.
Luego de diez horas de vuelo el trasero me dolía y no sentía las piernas, así que lo último que había querido hacer era subirme a una avioneta tan inestable como mi sistema hormonal cuando Sebastián me sostenía de esa manera tan posesiva, luego de eso hacer un viaje de cuarenta minutos en una lancha, si, una lancha… una pequeña lancha pestilente.
Resulta que Joe nos había preparado una sorpresa, pues luego de la gran travesía en el avión Joe nos informó que la pequeña isla donde su tío administraba el hotel quedaba bastante lejos y estaba los suficientemente aislada que no había aeropuerto alguno en ella, así que el único medio por el cual llegar era primero recorrer en avioneta hasta el lado de la ciudad costera donde partían los botes con destino a la pequeña isla donde vacacionaríamos.
¿Qué clase de persona era el tío de Joe? Cuando lo viera iba pulverizar cada uno de los huesos de su cuerpo, estaba lo suficientemente agotada como para dormirme estando de pie pero ni eso podía hacer… digamos que era la primera vez en mi vida que me subía a un barco y mi estomago amenazaba con soltar su contenido cada dos por tres. Todo el movimiento del barco hacía que mis entrañas se agitaran como un licuado… genial, mi pequeño orgullo y mi ego habían sido arrojados por la borda junto con mi desayuno.
Quizá el karma actuaba sobre mi por serle infiel a mi prometido de tal manera… ¡Juró de no vuelvo a hacerlo pero por favor fuerza del universo o Dios se misericordioso y has que este maldito barco encalle ya!
La brisa marina me revolvía los cabellos, había llegado a ese punto donde mi cabello se había vuelto una maraña de rizos bien enredada… eso pasaba cada vez que la humedad era demasiada o cuando no me cepillaba el cabello las mañanas, siempre empezaba enchinándose ligeramente por las puntas y luego se esponjaba hasta hacerse una maraña de rizos rebeldes.
Luego de vomitar por octava vez logré erguirme sin tambalearme, me limpié la boca aspirando una buena bocanada de aire salado.
En mi vida solo había ido a la playa un par de veces, la primera cuando tenía cinco años y apenas y tenía recuerdos de eso… lo único que recuerdo es que una abeja me había picado y mi cara terminó tan hinchada y roja como un tomate. La segunda vez fue a los once años y… realmente no fue una experiencia muy agradable, el hotel donde nos hospedábamos estaba muy cerca de una zona de residuos y las aguas de la playa estaban infestadas de basura.
Abrí los ojos como platos… una gran exclamación salió no solo de mis labios si no también de los de Jess… atardecía, el atardecer más hermoso que había visto en mis años de vida. Todo lo demás no tenía comparación.
El cielo se había iluminado en una serie de colores cálidos, matices anaranjados, rojizos y rosados… el sol se escondía por debajo de las claras aguas azuladas por las que podías ver hasta el fondo donde la inmaculada arena blanquecina reposaba siendo agitada por cientos de pececillos de vistosos colores.
A lo lejos, al menos unos veinte metros se alzaba la punta de una montaña y a sus lados las costas de arena blanca y altas palmeras eran iluminadas sutilmente por los últimos rayos de sol.
El barco encalló más pronto de lo que parecía, para entonces mi estomago ya había recuperado cierta estabilidad pero mi cuerpo seguía tambaleándose tembloroso y aturdido, con extremo cuidado me bajé de la barca hundiendo los pies en la suave arena blanca, casi chillé de la emoción.
El clima era perfecto y a pesar de que ya había obscurecido el calor se arremolinaba en mi cuerpo dando una sensación muy agradable, la brisa era fresca y el suave sonido de las olas rompiéndose al encontrase con la orilla era como música.
Había llegado al paraíso, un hermoso paraíso tropical revestido de verde ¿Saben qué era lo más hermoso de ese lugar? ¡No había señal en los teléfonos celulares!
Parecía una niña en una dulcería, el mareo se me había ido de repente y casi dando saltos me deje guiar por Joe y su cara de perro hasta el hotel a unos metros de la playa.
La edificación era sencillamente preciosa, las paredes eran revestidas por tiras de bambú dando el estilo que un Luau Hawaiano tendría, en la recepción una desconocida pero alegre cara nos dio la bienvenida con una enorme sonrisa en su varonil rostro.
— ¡Joe muchacho, creí que no llegarías nunca!—, gritoneó el hombrecillo de piel bien bronceada y una creciente barba abrazando a Joe tan fuerte que creí escuchar sus flacuchos huesos crujir y romperse.
—Tío John… aprietas fuerte—, se quejó el pobre Joe sobándose las costillas.
— ¡Ah lo siento!—, se disculpó John riendo con fuerza, entonces me miró viéndose repentinamente apenado e hizo sonar la campanilla del mostrador.
De inmediato una horda de personal llegó a la pequeña estancia del hotel y tomó nuestras maletas desapareciendo por un pasillo que seguramente llevaba a las habitaciones.
— ¿Ella es tu amiga Joe, la señorita de la que me hablaste?— inquirió emocionado el sujeto peinándose sus cabellos negros.
Joe asintió encogido de hombros dirigiéndole una mirada cómplice a Jess y a Sebastián.
Esperen un momento…
— ¡No sabe que feliz me hace el tener a tal personalidad en mi hotel! ¡Me e leído todos su libros señorita! Adoro su trabajo, me a inspirado para hacer este lugar…—, parloteó tan alegre y emocionado que me hizo retroceder un paso por cada uno que su persona daba en mi dirección.
Una columna de madera se interpuso entre mi espalda y mi plan de escape, cosa que el hombrecillo aprovechó para darme un asfixiante abrazo.
Mis entrañas seguían tan revueltas como para pedirme hablar y el agarre del jovial y alegre hombrecillo me rompería las costillas si seguía así durante más tiempo.
Escuché una risa ahogada y solo atiné a rebuscar con la vista a quien se reía, Jess me sonrió a un lado del mostrador de la recepción… oh, esa sabandija…
John me soltó y el aire volvió a oxigenar mi cerebro, junto con él la lluvia de ideas comenzaba a encajar… esa ¡Esa sabandija! ¡Todo esto lo hizo con tal de que…!
— ¡Maggie ven aquí en este instante!—, gritó John haciendo que me pitaran los oídos, ese hombre no necesitaba un altavoz para ser escuchado en medio de una multitud.
Una muchachilla menudita de cabellos negros y piel obscura llegó por el pasillo donde segundos antes el personal del hotel se había marchado con el equipaje.
—Señorita, Maggie—, nos presentó John ensanchando su deslumbrante sonrisa.
Maggie asintió tomando mi mano cortésmente, creo que mi cara le asustó o quizá fue la mirada furibunda que le dediqué a Jess durante unos segundos, fuera como fuera la muchachilla se veía algo tímida y saludó de la misma forma al demonio a mi lado quien asintió con simpleza.
Esperen un momento… ¿Por qué Maggie no saludo a Jess y al chico perro…?
Oh no… no… no, no, no ¡Maldita sabandija!
—Maggie quiero que escoltes a los señores Michaelis a su habitacion, la suite 102—, parloteó el tal John posando su gran y tosca mano en mí magullado hombro.
¡¿Señores qué…?!
John notó mi confusión y río jovialmente dándome una palmada en la espalda que casi me tumba al suelo.
— ¡Disfruten su luna de miel señores Michaelis!
Espera… ¡¿QUÉ?!
Pude ver a Jessica haciendo un guiñó en dirección a mi demoniaco asistente… ¡Oh maldita sabandija… ¡¿Enserio?!
Justo cuando el ataque de histeria venía en su punto el suave tacto de la mano enguantado de Sebastián apretó mi cintura haciéndome caminar al mismo ritmo que el siguiendo a la menudita Maggie quien no borraba su sonrisa al guiarnos por los pasillos hasta la habitación.
O quizá yo había venido a caer al mismísimo infierno…
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Hola gentecitaa...!
Yay! ¿Les a gustado el nuevo capitulo..? Este es mi hijo prodigo (Les dije que diría lo mismo...) o tal vez no, en fin... la cosa arderá hará como quien dice... calor xDD jajaja esto de hacer sufrir a Sam me fascina, claro, pero que sufrimiento ja!
Ejem la idea de proporcionar el diario de poquito en poquito vendrá desigual, un capitulo si... uno no.. depende que tanta 'acción' haya con los personajes... eh... ¿Quién va conmigo a abrazar a Jess por la magnifica idea? En efecto, Jess conspiró a nuestro favor con tal sorpresita xDD amo a Jess! Hmp, en cuanto a algunas cosas en el diario... no sé que decir realmente, siento que en parte me odiare mucho a por como an acabado las cosas y eso.. pero Lilian tiene una historia que contar y es fundamental para que todo pueda entenderse mejor! Hagan sus conjeturas, creo que ya les e dado algunas piezas importantes para ir armando este rompecabezas... (Hagan apuestas que el malévolo plan está en marcha~!)
Bien, dejen sus reviews! ahora si cumplí y conteste toditos, sip e_é mi Sam amarles con todo su corazoncillo de pollo!
Nos leemos lo más pronto posible~...
