Código Guardianes
Capitulo 98
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
Los Guardianes notaron un tirón que les lanzaba a través del espacio, como cuando se teletransportaban o abrían un portal, pero sin capacidad de poder decidir el destino, cosa que en otras circunstancias les hubiera preocupado, pero en esos momentos otras cosas rondaban su cabeza. La habían liado sin lugar a dudas, pues se habían visto obligados a usar el cuerno de Gabriel para salir del problema en el que se habían metido. Eran perfectamente conscientes de que meterse directos en el Infierno era una locura, pero no se habían esperado semejante encerrona. De todas formas no tuvieron mucho más tiempo para pensar, pues en un parpadeo aparecieron en la explanada aledaña a la casa de Jamily. La misma apareció instantes después, y no tenía cara de estar contentos.
-¿Puedo saber en que estabais pensando?- preguntó, con una tranquilidad que asustaba.
-Teníamos que hacerlo, Jamily- murmuró Asmae- Nuestra madre estaba en el Infierno y estaba siendo torturada por los demonios, debíamos intervenir- gruñó.
De su herida seguía goteando un poco de sangre, pero Yumi seguía trabajando en la herida con su energía, tratando de curarla lo más rápido posible.
La mayor apretó los puños- Espero que seáis conscientes de la locura que habéis hecho, y las consecuencias de vuestros actos- les dijo, mientras intentaba mantener la calma.
-¡Nosotros al menos hemos intentado algo, no como tú, que te quedas aquí de brazos cruzados!- le gritó de pronto Aelita.
La mayor inspiró aire y lo soltó pesadamente- Habéis tocado el cuerno de Gabriel, ahora estamos un paso más cerca del Apocalipsis, y no contentos con eso, Asmae casi muere también, todo por ser tan idiotas como para ir solos- le espetó la mayor.
-¡Se perfectamente que la hemos cagado pero bien, pero era mama de quien hablamos!- seguía gritando Aelita- ¡Por que nos preocupábamos por ella, y por que no la pudimos proteger en vida, pero NO, no debíamos ir a rescatarla por que es mala idea!- la pelirrosa se iba poniendo cada vez más colorada de la rabia que sentía.
La aelida permanecía en silencio- ¡Que tu seas un cubo de hielo sin emociones hacia sus seres queridos no significa que nosotros seamos iguales, por que a nosotras nos dolió mucho, no tienes ni idea de lo que...!- Aelita paró de gritar al sentir un intenso manotazo en la mejilla.
Su atacante había sido ni más ni menos que Jamily- Nací de noche pero no anoche, he estado en mas peleas, guerras y mucho más desde antes incluso que tu madre naciera y he perdido a gran cantidad de gente importante para mi, empezando por mi familia, así que no me vengáis con que no se nada, porque se más de lo que vosotros si quiera podéis imaginar, la perdida no se supera nunca pero se aprende a vivir con ella, porque si algo e aprendido es que a quienes perdí no les gustaría verme cegada por la ira y la venganza o sumida en la tristeza eterna- según hablaba, iba elevando progresivamente su energía, aunque su voz no denotara nada se sentía a la perfección que estaba furiosa.
Sin que nadie pudiera contestarle, agarró a Aelita de la muñeca, pues esta estaba más que dispuesta a irse, con la cara desencajada- Por cierto, no puedo creer que los mas jóvenes sean los mas sensatos, así que Hiroki, Milly, Tamiya, Jhonny- cuando dijo sus nombres, estos se tensaron y ella les observó- A partir de ahora haréis conmigo un entrenamiento intensivo, y para el resto ¡supresión!- gritó, moviendo su mano en dirección a los Guardianes más antiguos.
De pronto, estos notaron una opresión en el pecho, y una luz dorada salió de sus bustos con la misma intensidad con la que brillaban sus energías cuando la usaban. Cuando esta desapareció, notaron un cambio, y es que sus poderes parecían haber disminuido, aunque podían notar en sus cuerpos que, aunque seguían manteniendo todo su poder, no podían acceder a buena parte del mismo, como cuando eran adolescentes normales y corrientes.
-¿Que ha pasado?- murmuró Aurora, mientras se palpaba, con algo de miedo- Un castigo por vuestra falta de disciplina, y sobretodo por jugaros la vida de una forma tan absurda y poner en riesgo a todos los seres de este Universo- les dijo- Desde ahora, y hasta nueva orden, sólo podréis acceder al 40% de vuestra energía- les informó.
Antes de que ninguno pudiera protestar, alzó la mano para pedir silencio. Precisamente en ese momento aparecieron Gabriel, Noelia y Michaelis, la pareja de la hechicera- Os recuerdo que las gemas lo único que hicieron fue liberar vuestros poderes despiertos, vuestras energías siempre habían estado ahí, pero no teníais acceso a ella. Lo que he hecho ha sido devolveros a una situación intermedia, espero que así aprendáis la lección- les dijo.
-¡No es justo!- se quejó Sissi- ¡No puedes hacernos esto, y menos ahora!- exclamó Jeremy. Fue entonces que el arcangel intervino.
-Es totalmente justo, habéis sido unos irresponsables, y creo que es lo más adecuado- dijo, para después desaparecer de allí.
No fue hasta entonces que la hechicera liberó de su agarre a Aelita, y se fue de allí usando un portal, dejando solos a los Guardianes con el general angelido- Pensad que ella os pudo haber cortado el acceso total a vuestro poder, no por nada creó ella misma las gemas, y sabe bien como funcionan- ante eso, los chicos sólo pudieron asentir, no habían caído en ese pequeño pero vital detalle.
Michaelis entonces suspiró- Será mejor que vayáis a descansar, ha sido un día duro- tras eso, él también abandonó la explanada, sólo que en su caso entró a la casa, desapareciendo de la vista del grupo. Como no tenían ánimos para nada más, decidieron seguir el consejo del angelido, y abrieron un portal que les llevaría a Kadic Ya allí, caminaron con paso pesado hacia el edificio donde estaban las habitaciones. En el trayecto, se encontraron con varios Guerreros, que, por sus caras, sabían lo que había pasado.
-¿Os encontráis bien?- preguntó Aelita (910), mirando a los Guardianes- La hemos cagado a lo grande, estamos lejos de estar bien...- gruñó Electra (911).
-Ya te digo si la habéis cagado, de uno a diez es un quinientos- comentó Noelia (910) con una sonrisa divertida.
El Jeremie de su universo le lanzó una mirada de advertencia que la chica lobo ignoró, y procedió a hablar- Todos podemos cometer errores, y a veces hacemos cosas estúpidas sin pensar en las consecuencias. No le deis más vueltas y continuad adelante- tras eso, los tres Guerreros siguieron adelante.
El Odd Guardián pudo escuchar como Jeremie (910) le echaba la bronca a su Noelia, pero esta parecía demasiado divertida haciendo bromas. Iba a ser duro quitarse ese estigma, estaba claro. Pero las bromas de sus compañeros eran lo que menos les preocupaba. El frio les ayudaba a pensar con más tranquilidad, y era evidente que lo que habían hecho no tenía perdón. Siguieron avanzando sin percatarse de una alta figura cerca de ellos, que les observaba mezclándose entre las sombras con una sonrisa altanera. Era un hombre de complexión delgada, brazos largos y piernas delineadas, con ojos azules que brillaban ligeramente en ese mismo tono, y una pequeña barba bien afeitada de color negro, como su pelo, que era corto con algo de flequillo hacia delante. Llevaba al aire su pecho, con una única prenda cubriendo su cintura, e iba descalzo. A pesar del frío no parecía estar pasando un mal rato, al contrario, se sentía muy a gusto en esas condiciones.
-Veamos cuan poderosos son los Guardianes en realidad, aunque veo que están algo limitados, pero eso no debería suponerles ningún problema...- murmuró, divertido, mientras se desvanecía en el aire.
En forma de una suave brisa, siguió a los chicos, y, cuando estos entraron a sus habitaciones, esperó pacientemente hasta que se quedaron todos dormidos, momento en el que aprovechó para colarse en las instalaciones, y, Guardián por Guardián, se introdujo en sus cuartos, y, con suma facilidad, tomó las armas que portaban, bien de los colgantes que pudieran tener, o directamente de la figura que estaba cincelada en la gema. En todo caso, la figura del arma desaparecía de la gema, así como el colgante, y estos pasaban a decorar el cuello del extraño, que, cuando acabó, a los pocos minutos, se fijo en su reflejo en un espejo.
-No está nada mal... Aún no pierdo mi toque, tras tantos siglos- se rió por la ocurrencia, y desapareció de allí, no dejando ningún rastro de su presencia.
Tras eso, buscó a aquellos Guardianes que dormían fuera de la Academia, es decir, a Yumi, y también se coló en su casa con la misma facilidad con la que un gato se mete por una rendija, y se llevó también su arma. Pasó por el cuarto de Hiroky, y, al comprobar que él no tenía arma, le dejó dormir en paz, justo como hizo con Jhonny, Milly y Tamiya. Hecho eso, y con una ligera risa de felicidad, saltó por la ventana y la atravesó sin romperla en el proceso, se transformó en un águila, y voló por el cielo nocturno a toda velocidad, con todos los colgantes en sus garras.
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A la mañana siguiente, el primero en despertar fue William. Se incorporó de la cama, y, con un gruñido, apagó el despertador. Notaba como su poder había menguado, pero se seguía sintiendo poderoso, aunque incluso menos que el día anterior. Sin saber muy bien a que se podía deber, sacó la ropa que se iba a poner ese día, y, cuando se dispuso a quitarse el pijama, notó como en su gema faltaba algo, Fijándose mejor, comprobó que ya no había ninguna espada tallada en su gema. Alarmado, encendió su energía, y comprobó que sus ropas habían vuelto a ser las que tenía previa a la obtención de la espada. En vez de tener su armadura de cuerpo completo, sólo tenía un peto negro con botas de ese mismo color, y un casco alado en la cabeza, teniendo las botas también sendas alas.
-¡Lo que nos faltaba!- gimió, mientras estiraba la mano e intentaba por todos los medios invocar su espada. En condiciones normales hubiera sido muy sencillo, sólo tenía que pensarlo y el arma aparecía en su palma, pero en esa ocasión, le era totalmente imposible.
Hundido en la desesperación, tardó un minuto en avisar a sus compañeros, que, cuando despertaron, notaron exactamente el mismo cambio. Habían vuelto a la base, a la casilla de inicio, y justo en el peor momento posible. Por ello, hicieron una junta de emergencia improvisada en la Ermita. Poco tardaron estar todos congregados, totalmente desaliñados pero muy despiertos y con preocupación en el rostro. Allí estaban incluso los que se acababan de incorporar al grupo de Guardianes, pues era algo que también les afectaba.
-Ahora si que estamos jodidos...- murmuró Ulrich, mientras se llevaba las manos a la cara- ¡Se supone que esas armas solo las podemos portar nosotros! ¡¿Que puñetas ha pasado?!- Electra era sin duda la más molesta. Signo de ello eran las nubes que se arremolinaban en el cielo.
-Debemos calmarnos y llamar a Jamily, igual ella sabe lo que ha pasado- dijo entonces Susan.
-Si, y que nos eche más bronca aún...- gruñó Percy, mientras se cruzaba de brazos- Pero la necesitamos, ni siquiera sabemos quien ha podido ser, por que yo no me enteré de nada- dijo Yumi, mientras observaba a sus compañeros.
-Antes podríamos usar las cámaras de seguridad, a ver si aparece algo- propuso Jeremy, a lo que el resto asintió.
Con eso, se dispusieron a ir hacia la fábrica donde se encontraba el súper ordenador, no son antes pasar por el cuarto de Jeremy para que este tomara su portátil. Hecho esto, entraron finalmente a la fábrica, y conectaron el súper ordenador. A los pocos segundos, en la pantalla aparecieron varios diagramas, con datos fluctuando. Y en el centro, un rostro humano, con el pelo rubio platino y ojos verdes.
-Saludos, amigos humanos- saludó Xana, con una sonrisa afable- Como mandasteis, he estado mejorando Lyoko y los programas del súper ordenador- dijo.
Jeremy entonces se colocó bien el micrófono- Buenos días Xana, necesitamos que te infiltres en el sistema de cámaras de Kadic y consigas las grabaciones de ayer por la noche- le explicó el chico.
Xana asintió, y procedió a poner el programa en funcionamiento- Estará listo en un par de minutos, Jeremy- respondió la IA, mientras sonreía ligeramente.
-Gracias- respondió simplemente el rubio, mientras la preocupación se hacía patente en su rostro- ¿Sucede algo malo?- preguntó Xana.
Varios de los chicos resoplaron, y sería Sam quien se lo explicaría- Nos han quitado parte de nuestros poderes, y para colmo, también nos han quitado las armas- le dijo.
Xana asintió pensativo- Lo lamento, chicos. Por cierto, ya tengo los videos de ayer por la noche, a partir de las doce de la noche- tras eso, desapareció de la pantalla, y fue sustituido por el reproductor de video.
La imagen se adelantó hasta que aparecieron los chicos, y la imagen fue cambiando según pasaban por las diversas cámaras. No veían nada raro, hasta que se metieron en sus respectivos cuartos. En cuestión de una hora desde que entraran a los cuartos, vieron una ligera sombra moverse, pero poco más. Lo mismo pasaba en ambos pasillos, tanto de chicos como de chicas, así que de poco les servía.
-Vaya mierda...- comentó Marin, cruzándose de brazos- Definitivamente tendremos que decirselo a Jamily...- murmuró Herb, serio.
Por ello, la Guardiana del Espacio abrió un portal, que les llevaría en dirección a la casa de la hechicera, y lo cruzaron, deseando poder arreglar ese problema cuanto antes. Uno de muchos.
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Nada más irse tras la acalorada discusión que acababa de tener con los Guardianes, Jamily decidió irse hacia Eritrea, la capital del Reino Humano. Allí era donde vivía hace más de dos mil años, cuando creó las gemas, y solía ir allí cuando se sentía sola o triste, como en ese momento. Fue directa a donde se situaba su antigua casa, que aún se encontraba en pie, a un par de kilómetros de la entrada de la ciudad. Si seguían esa casa sobre sus cimientos era gracias a que la hechicera había cuidado bien de ese edificio, cosa de lo que se sentía orgullosa. Allí había estudiado con su primer y mejor maestro, Alisandre, y allí fue donde ideó las gemas para luchar contra Zeros y los otros ángeles, sólo que en aquella época no sabían que eran seres celestiales. A unos cincuenta metros aún se hallaba el lago en el que ella se bañaba por las mañanas, y, aún siendo de noche y en pleno invierno, decidió darse un baño. Se desnudó completamente, dejó su ropa en un canasto, y se sumergió en el agua. El frio tocó su piel sin demasiada delicadeza, pero a ella le revitalizó aquella sensación, y nadó hasta el otro lado. Cuando llegó a la orilla, se dio la vuelta y volvió por donde había venido, y se dispuso a salir, mientras el agua caía de su cuerpo hasta el suelo.
-Tal vez me haya pasado...- murmuró, mientras se tumbaba en la hierba. Se estiró, y contempló las estrellas, estas irradiaban una luz mágica, así como la Luna, que iluminaba totalmente el cielo nocturno. En tiempos antiguos, hubiera afirmado que Artemisa esa noche estaba contenta.
Siguió pensando en el tema. Habían desobedecido una orden directa, pues ella les advirtió no hacer algo estúpido, y eso precisamente fue lo primero que hicieron. Por ello debían aprender una lección de humildad. Sí, eran los Guardianes, tenían poderes casi absolutos sobre las fuerzas de la naturaleza, pero incluso ellos se vieron impotentes contra las fuerzas del Infierno. Gabriel aseguró que apenas pudieron entre todos detener a uno de los Caballeros del Infierno, menos aún cuando tenían frente a ellos dos más. Estaba con esas ideas en la mente, cuando decidió levantarse, media hora más tarde. Se vistió de nuevo, y fue directa a la casa, donde comenzó las labores de limpieza. Labores que no duraron demasiado, pues, con apenas un par de gestos y algo de magia, todo el polvo que podía haber desapareció, se restauraron las paredes y el suelo, y los muebles también se arreglaron.
-Así da gusto...- murmuró, mientras se sentaba sobre la cama, esta estaba perfectamente hecha con buenas telas, y se tumbó cuan larga era.
-Te veo a gusto- comentó una voz. Ella la reconoció rápidamente. Allí estaba Michaelis, su prometido, observándola divertido.
-Me tenía que relajar algo, después de tanto estrés- comentó, mientras el chico se sentaba a su lado. Él acarició tranquilamente su pierna derecha, con cariño, y ella simplemente suspiró.
-Eres casi como su madre, es normal que te preocupes. Además, este error puede salir caro...- comentó el angelido, mientras posaba su vista en el horizonte.
Donde antes había un gran bosque, ahora todo estaba lleno de prados, con alguna que otra casa de campos y pequeñas arboledas aquí y allá, como la que había rodeando el lago.
-Temo haberme pasado, pero es que la han hecho buena- gruñó ella, levantadose y sentándose al lado del otro.
El chico la acarició en la espalda- No te preocupes. Mañana por la mañana reúnete de nuevo con ellos, deja que las cosas se asienten esta noche- le aconsejó, y ella asintió. Era buena idea dejar que el asunto se asentara algo en sus mentes.
Con eso, ella le hizo un hueco en la cama, y se durmieron juntos, abrazados uno al lado del otro. A la mañana siguiente, según el Sol se alzaba, Jamily se alzó de la cama, sobresaltada. Su báculo no dejaba de brillar, y cuando lo tomó, la voz de varios de los Guardianes inundó su mente. Más que enfadados parecían desesperados, y aunque no entendió qué decían por que todos hablaban a la vez, comprendió que debía ser grave. Cogió sus cosas, y se dispuso a irse, no sin antes plantar un beso al chico, que aún estaba durmiendo en la cama. Le dejó una nota, y abrió un portal, dispuesta a ir a ver que pasaba. En cuanto apareció por la cocina de su casa en su dimensión personal, vio como se le acercaban Patrick, Nicolás y Percy, con sus ropas originales el primero y el tercero. Cosa que no le gustó nada.
-¡Nos han robado las armas!- le dijo Patrick- ¡De alguna manera alguien o algo se las ha llevado!- añadió Percy.
La hechicera frunció el ceño- Eso es imposible, sólo el portador de la gema a la que está vinculada el arma puede tomar dicha arma- aseguró.
-Pues eso poco le ha importado al ladrón, mira- intervino entonces Electra, mientras le mostraba su gema. Todo en ella era correcto, salvo que faltaba la talla del arma correspondiente a la Guardiana del rayo.
-Hemos revisado las imágenes de seguridad de la academia, y nada- añadió Aurora.
Jamily asintió, pensativa. Desde luego que era raro. No había nadie que pudiera quitarle las armas a los Guardianes, estas simplemente aparecían de nuevo en las manos de sus dueños. Y si se llegan a romper, ella lo hubiera notado.
-Seguramente haya sido un ángel o un demonio de alto rango- propuso la hechicera, pero el grupo negó- En ningún lado olía a azufre o a hidrógeno, que son los olores característicos de los demonios y de los ángeles, respectivamente- dijo Odd.
-En ese caso, no sé quien ha podido ser...- comentó la mujer- Como no preguntemos a Gabriel.. pero me da que no va a estar de humor- añadió.
Se formó entonces un silencio sólo roto por las respiraciones de los integrantes del grupo. La tensión se podía cortar con un cuchillo, y eso no era nada bueno, desde luego.
-Yo.. podría preguntarle a mi padre- dijo entonces Jhonny. Todos posaron sus ojos en el pelirrojo, que tragó saliva algo nervioso por esa atención.
-Buena idea- comentó Jamily, mientras sonreía algo- Preguntar a Azrael también puede ser buena idea, y...- las palabras de la morena fueron interrumpidas por una voz masculina.
-No será necesario que vayáis a preguntar a mi hermano, se perfectamente quien ha sido- vieron aparecer por allí al arcangel Gabriel. Este parecía seguir airado con ellos, pero si lo estaba no lo demostró.
-Ha sido Utgardar-Loki, un gigante nórdico, y el mejor hechicero que conozco, sin ofender- dijo, mientras se colocaba junto a Jamily- Como todos los jotuns, es un experto en la alteración de la realidad, y este es el mejor de todos, tanto, que hasta me engañó a mi y al dios Thor en una ocasión- les aseguró. (1)
Si ese tal Utgarda era capaz hasta de engañar a un arcangel, sin duda debía ser temible- Utgarda vive actualmente en Noruega, en los grandes fiordos de la costa norte- les mostró un punto del mapa del país, y lo rodeó con un rotulador.
-Tened cuidado con él, nunca se sabe lo que puede estar planeando- dijo. Aelita, que estaba cerca de él, permanecía con la cabeza gacha.
-Por cierto, no os quitaré el cuerno- dijo, mientras tamborileaba en la mesa- Os lo entregué por que confiaba en vosotros, y, a pesar de todo, lo sigo haciendo- aseguró, para irse justo después de allí.
Hubo un silencio durante unos pocos segundos, que rompió la aelida- Ya habéis oído, os vais a Noruega. A pesar de haber perdido parte de vuestros poderes, seguís contando con vuestra invulnerabilidad hacia los elementos y armas comunes, pero os cansareis más al usar vuestros poderes- les dijo.
Tras eso, extendió su brazo, y abrió un portal, el cual fue cruzado por todos los Guardianes, incluida Noelia, que también se había despertado cuando Asmae se levantó. Una vez al otro lado, se encontraron en un enorme prado lleno de nieve, en lo alto de un enorme fiordo. Había, a esas alturas del año, cerca de un metro de nieve, y en la parte baja podían ver un gran bosque verde, que contrastaba mucho con el blanco níveo que les rodeaba. Desde allí, además, podían ver un canal de agua que serpenteaba entre donde ellos estaban y una orilla, aunque se podía observar que estaba congelado.
-¿Por donde buscamos?- preguntó la chica perro, mientras Asmae la recubría con su energía para que no sintiera frío. Eso mismo hicieron el resto de Guardianes, que notaron de esa manera que les costaba más de lo habitual recurrir a su poder, aunque no era un cambio especialmente intenso.
-Allí veo una casa, podríamos empezar por allí- dijo Tamiya, mientras señalaba una edificación a la entrada del bosque que se podía divisar desde su posición.
Era de piedra, no demasiado grande, con un techo de madera roja y con algunas ventanas en la fachada. De la chimenea salía humo, y, al lado de la cabaña, se podía ver una gran montaña de madera cortada, y lo que suponían era un hacha. Decididos, volaron, rodeados de su energía, hacia la edificación. Y aunque no se movían ni de cerca a velocidad luz, si que iban lo suficientemente rápido como para haber llegado en cuestión de unos segundos. Pero, cerca de un minuto después, seguían sin estar ni siquiera cerca de su destino.
-¿Cómo es esto posible? Hace rato que tendríamos que estar allí- comentó Sam, sin entender- Y yo no siento ninguna alteración en el espacio- reconoció Marin, con el ceño ligeramente fruncido.
Decidieron acelerar a todo lo que podían ir, pero por rápido que iban, lejos de acercarse a su destino, parecían que lo único que lograban era alejarse más. En ese momento, notaron que todo comenzaba a dar vueltas, y vieron con miedo como sus cuerpos se reducían en tamaño. Lo sabían por que los árboles se les antojaban especialmente grandes, así como las rocas o el río que por allí circulaba. Pero se sorprendieron más aún cuando una fuerza insuperable les llevó hasta el suelo, y fue a más al ver que no habían sido ellos los que habían encogido: el resto de elementos habían crecido desorbitadamente.
-Todo depende de la perspectiva, supongo...- murmuró Milly, mientras acariciaba el tronco de un árbol cercano. Curiosamente, no se habían estrellado en el suelo pues les dio el tiempo justo de controlar su caída.
-Noto como sus átomos han crecido exponencialmente, mientras que los nuestros permanecen igual... No, espera...- la chica parecía dudar en ese punto, y, separándose del árbol, se llevó la mano a la cabeza, con un ligero gesto de dolor.
-¿Estas bien?- le preguntó Tamiya algo asustada, pero la peliroja asintió- Sí, es sólo que...- pero no pudo seguir hablando.
Les cubrió una enorme sombra que tapó todo el cielo. Si alzaban totalmente la cabeza, podían ver que no se trataban de nubes, o de algún fenómeno natural. Y es que un cuerpo de tamaño colosal cubría buena parte de la bóveda celeste. Si los gigantes del mundo de aquel manga que le gustaba a Yumi les parecieron enormes, estos eran hormigas en comparación a este. Fácilmente podía medir quinientos metros, sus manos eran grandes como edificios, y su cabeza se perdía entre las nubes. Sus ojos, dos enormes orbes azules que brillaban, resplandecían entre las nubes como dos nuevas lunas.
-Vaya vaya, a quienes tenemos aquí...- rió, divertido- Si son los Guardianes de la naturaleza- dijo, con algo de sorna.
-¡¿Eres el gigante Utgarda?!- le gritó Electra, mientras se oían a lo lejos el retumbar de los rayos. Un suave temblor les mostró como el gigante se inclinaba hasta donde estaban ellos. Una mano cayó a unos centenares de metros de allí y aplastó una arboleda entera, y pudieron ver como una rodilla del titanico ser se colocaba justo por encima de ellos. Su enorme testa tapaba todo el cielo, y les sonrió con frialdad. A pesar de su tamaño tenía un cierto atractivo, con el pelo negro bien recortado y barba espesa, con dientes ligeramente afilados, y mirada burlesca.
-Así es, veo que sois más listos de lo que me esperaba- les dijo- Supongo que estáis aquí por vuestras armas, chicos- les dijo.
Entonces todo a su al rededor comenzó a girar con violencia. Tuvieron que cerrar los ojos para no acabar vomitando, y, para cuando los abrieron, vieron a Utgarda de pie delante de ellos, con una estatura mucho más normal esta vez, y con todo a su al rededor de un tamaño normal.
-Por aquí- con eso, se dio la vuelta, y comenzó a andar sin que esperar a que ellos le siguieran.
-¿Así, sin más? ¿Nos las darás sin pedir nada a cambio?- le espetó Aurora, sin creerselo demasiado.
Utgarda giró ligeramente su cuello, divertido- Bueno, antes las tendréis que coger, ¿no?- respondió, simplemente.
Recordando lo que les dijo Gabriel, no se debían fiar del gigante. No sabían exactamente la historia, pero si había sido capaz de las proezas que el arcangel aseguraba que podía hacer, sin duda debían ir con pies de plomo. Antes de que pudieran pensar en nada, se hallaban ante las puertas de la casa del jotun.
-Bueno chicos, espero por vuestro bien que podáis coger las armas que os he quitado, sinceramente- les dijo, con una sonrisa traviesa, mientras abría la puerta con un brazo.
Desde su perspectiva, la casa por fuera era como cualquier inmueble. Unos cuatro metros de alto, con un sólo piso, y con el mismo aspecto que el que atisbaron desde lejos. Pero cuando Utgarda abrió la puerta, lo que vieron en el interior de la casa era de proporciones muy diferentes. Cuando pasaron el portal, volvieron a sentirse diminutos, más cuando vieron a, al menos, veinte gigantes más, todos ellos del mismo tamaño que demostró su huésped cuando le encontraron. Varios de ellos se marearon y tuvieron que apoyarse en el hombro del que tenían más cerca, y, mientras eso les pasaba, el gigante empezó a hablar.
-¡Amigos míos, os presento a los dueños de esas armas tan bonitas que me habéis comprado!- les dijo, mientras a cada paso que daba aumentaba su estatura.
Estos se rieron, y mostraron unas versiones enormes de cada una de las armas de los muchachos. Y con esas mismas risas, se lanzaron a por ellos, armas en ristre, dispuestos a darles muerte. Los Guardianes, ante eso, hicieron lo único que podían hacer en una situación así. Y fue pedir el derecho de los huéspedes. Electra, gran conocedora de los mitos nórdicos gracias a que estuvo viviendo durante años al lado de Thor, y había aprendido bastante. Y una de esas cosas era el derecho de los huéspedes. Una vez invocado, el dueño de la casa no podía atacarte, salvo que el que pedía ese privilegio sacara un arma. Al oír la petición de los chicos, los gigantes pararon el ataque, pero, aún con sonrisas malévolas, invitaron al grupo a sentarse a la mesa. Y la misma se les antojaba a fácil doscientos metros, aunque los gigantes sólo tuvieron que dar un par de pasos para alcanzarla. (2)
-Curioso, que algo así pueda detener a un ser tan enorme...- murmuró Percy- Esa es una norma sagrada para los seres del norte, supongo que por lo frío del entorno, y nadie se la salta, por salvaje que sea- les aseguró Electra.
Segundos más tarde, todo les dio vueltas de nuevo, y cuando el proceso finalmente acabó, el tamaño de todo su entorno cambió de nuevo. Y por esa alteración, ahora se encontraban a apenas un paso de la mesa. Pero el resto de comensales seguían siendo de grandes proporciones, el más bajo debía ser de seis metros. El único que contaba con dimensiones más humanas era Utgarda, pero este no debía bajar de los tres metros de alto.
-Espero que las viandas sean de vuestro agrado- dijo su anfitrión, con una copa de oro en la mano. En la mesa, efectivamente, había cientos de platos llenos a rebosar de comida, y los rugidos de las tripas de los chicos les recordaron que estaban sin desayunar. Con una fuerte risa que hizo temblar la estancia por parte de los gigantes, el grupo se sentó a la mesa, esperando que aquello durara poco y pudieran salir de allí cuanto antes, a ser posible con sus armas en la mano, y sin ninguna baja. Aunque, por experiencia, sabían que aquello iba a ser de todo menos fácil.
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(1) En ese mito, Utgarda retó a ambos dioses a varios retos, pero, usando su magia, alteró la realidad para que les fuera imposible ganar, aún siendo dioses.
(2) Este derecho es real, y era usado frecuentemente en los mitos nórdicos.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.
