19. Ese mayordomo, se relaja. Parte I.
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—Ah, si, ¡Si! ¡Ahí!... ah… ah— jadeé apretando la almohada con toda mi fuerza hasta que los nudillos se me pusieron blancos.
—Señorita, es usted muy ruidosa—, su voz vibró golpeando la desnuda piel de mi espalda.
Me mordí los labios reprimiendo el gemido de placer ¿Por qué fui tan estúpida como para no hacer esto antes? ¡Realmente soy una idiota!
Aspiré hondo pegando el cuerpo lo más posible a la blanca sabana, sentí sus manos bajar por mis brazos y arqueé la espalda.
Esto era la gloria, la completa gloria…ah, esas manos, ¡Dios esas manos!
No me importaría morir ahí, sobre esa cama, con esas manos subiendo por mi espalda y el olor de los aceites corporales, por un momento olvidé quien era y donde estaba mientras las ávidas manos del masajista vestido de blanco me deshacía los nudos de los hombros y el cuello.
Me sentía relajada, en verdad que la relajación se había esfumado de mi agenda hacia mucho tiempo ¡Madre santa de que me perdí!
Y suspiré sonoramente con la cara pegada en la suave colchoneta de la cama de masajes, las manos del masajista recorrían la desnuda piel de una de mis piernas amasándola con los dedos con suma delicadeza. Me aferre a la cama intentando no tirar la toalla que me cubría el trasero y todo lo que el trozo de toalla cubría.
Si Jessica me hubiese hablado de esto desde un principio nos habríamos evitado un montón de cosas…
—No, no apoye el rostro contra la cama… se va estropear la mascarilla—, dijo el masajista… ¿Cuál era su nombre?
—Oh, lo siento, lo siento—, gemí ante la presión de sus dedos muy cerca de mi muslo, acomodé la cabeza de forma que la cosa verde y gelatinosa de mi cara no embarrara las sabanas.
— ¿Le importaría que cambiara la loción? ¿Qué le parecería una loción de aceite de avellanas y cacao? Se la recomiendo, huele bien—
—Si, si, lo que sea pero no pares hasta que yo te diga ¿Entendido?
—Esta bien, solo relájese señorita o se cuarteará la mascarilla—, la caricia de sus manos abandonó la piel de mis piernas y con un quejido vago asentí.
Cerré los ojos, sentí el viscoso liquido algo frio caer por toda mi espalda y el olor a chocolate y avellanas me hizo volver a suspirar.
Las manos me masajeaban la espalda en un movimiento profundo, como un vaivén donde las yemas de los dedos oprimían mis omoplatos haciendo un movimiento circular.
—Relájese, solo respire profundo y cierre los ojos—, su tersa voz parecía ir al ritmo de la música ambiental de cascadas y pajarillos cantantes.
Aflojé mi agarre sobre la almohada y acomodé bien la cabeza hasta que estuve cómoda.
Las manos seguían repitiendo los movimientos circulares pero esta vez en mis hombros y cuando la loción con aroma a chocolate hizo contacto con la marca comenzó a arderme, di un respingo, no, olvídalo Samantha… ¡Este es un momento de relajación, olvídalo!
— ¿Sucede algo malo, señora Michaelis?—, la voz del masajista retumbo en el cuarto como si la música hubiese parado al igual que la caricia de sus manos, la burbuja se rompió… ¿Dónde quedo el señorita?
Arrugué más la frente.
—Le dije que no se detuviera—musité cerrando con más fuerza los ojos.
La loción volvió a ser esparcida por mis hombros y no pude evitar imaginar la marca del contrato llena de aceite y enrojecida.
¡¿Acaso es muy difícil tener un día sin Sebastián?!
Mi día había estado bien, de hecho este día había comenzado sin ni un rastro de él y ahora escuchaba "Señora Michaelis" cada tres segundos ¡No, no, no! Deja eso ya Samantha, concéntrate, es un masaje relajante, solo…
—Relájese mi lady…
Abrí los ojos desmesuradamente casi incorporándome.
— ¿D-disculpa, qué dijiste?—, balbuceé cuando al voltear solo vi la cara del masajista vestido de blanco untándose loción en las manos.
— ¿Eh? No, no se levante, solo recuéstese y relájese—, dijo amablemente con aquella voz que en nada se parecía a lo que me imagine.
Asentí confundida volviendo a como estaba… ya, tranquila, deja de ver a Sebastián hasta en la sopa, solo relájate.
Oh, ¿Que cómo, cuándo, dónde y qué estaba pasando?
Pues en resumen, primero, anoche, mientras Maggie nos llevaba a la habitación… déjenme contarles que había una amplía puerta al fondo del pasillo revestido de bambú por donde la horda de personal se había marchado, el número 102 estaba tallado en una placa de madera con los números ligeramente curvados tal como el tío de Joe dijo.
Maggie quien se veía increíblemente pequeñita a lado de las puertas las abrió de un solo movimiento, si fuera físicamente posible mi mentón habría tocado el suelo por la impresión.
La duela del piso estaba impecable, brillante, podría decir que recién pulida… primeramente había una pequeña estancia con sus blancas paredes impecables adornadas por un gran cuadro donde el hermoso atardecer que había visto antes era dibujado con detalle en un precioso oleo enmarcado por finas tirillas de bambú de un color amarillento. Había un largo diván blanco, un sofá igualmente inmaculado y una mesilla de fibra de bambú tejida. Las cuatro paredes blancas eran invadidas por un amplio arco de madera, Maggie no espero a que ni si quiera recobrase el aliento cuando su delgado brazo me jaló con entusiasmo a adentrarme por el arco de madera.
Cuando era niña y mis padres me hablaron de ir a playa yo siempre soñé con algo parecido a lo que veía justo ahora… luego de eso deje de soñar cuando en aquellas lejanas vacaciones lo único que pude ver fue una pequeña habitación con dos camas más duras que una piedra y rígidas sabanas apestosas a cloro.
Este lugar apestaba tan jodidamente bien… pero…
Luego venía lo feo, del extremo opuesto del arco de madera Maggie siguió y de su pequeña boca comenzaron a salir palabras que apenas y pude entender, mi mente estaba algo ida… procesando información como una vieja maquina descompuesta. Quería tirarme al piso y dormir o correr y gritar pero el demonio sostenía mi magullado cuerpo impidiéndome incluso respirar con normalidad.
Maggie abrió sin esfuerzo alguno la gran puerta tallada a unos escasos pasos del arco de madera y con una enorme sonrisa extendió su brazo invitándonos a entrar.
La habitación era... dios era… no sé ni que decir, por pura inercia abrí la boca hasta donde me fue posible… la habitación era perfecta, hermosa… había unos enormes ventanales que daban una esplendida vista de la playa. Las paredes no parecían más que una fila de bambús perfectamente acomodados hasta que no quedara ni una abertura, la cama… me estaba preguntando si esa cama era tan cómoda a como lucía con todos esos almohadones y las impecables sabanas.
Este era un serio problema, no era como cuando me quede en la habitación de la casa de mis padres con él, en lo absoluto. Aquella era una habitación sencilla con lo estrictamente necesario: una cama, un mueble para la ropa y un pequeño baño. No era una suite de hotel... no, no lo era. Era una suit matrimonial…
La cosa estaba así… la hermosa habitación estaba decorada de una manera… especial, había enormes velas sobre los buros a cada lado de la cama, todas de color rojo y si mi sentido del olfato no me engañaba despedían un aroma a canela y manzanas, había un enorme adorno de rosas en una mesilla frente a un gran espejo, la cama era literalmente un lecho de rosas… lo digo por los centenares de pétalos rojos y blancos puestos sobre ella, creo que ahí fue donde comencé a sudar como caballo.
O quizá fue cuando mi aturdida cabecilla enfocó una botella de vino a un lado del mueble de madera que debería ser el closet.
La sensación de ser una pequeña oruga fea y desprotegida era tan palpable que incluso la menudita Maggie podría burlarse de mí… ¿Cómo era que el chico perro tuviese algún tipo de parentesco con el dueño de este lugar? ¿Acaso ahora todos tienen tíos ricos o algo así? ¡¿Por qué hago preguntas tan estúpidas?!
—¿Se encuentra bien, señora?—,preguntó Maggie alarmada y plantándose frente a mi, efectivamente me rebasaba por algunos escasos centímetros.
Parpadeé cuantas veces pude, quizá aun tenía la cara verde por las nauseas o simplemente era toda mi apariencia de bruja patosa.
— ¿Quiere que le de algo para las nauseas?—, no supe interpretar si se dirigía a mi o a él, lo único en que me fije fue que el piso comenzó a girar por debajo de mis pies.
Yo y mi salud de mierda para variar. Pobre oruga enfermiza…
La cabeza me punzaba desde hacía un buen rato, supongo que la altura y eso hacían sus estragos en mi cuerpo además del insoportable calor que repentinamente había empezado a subir conforme pasaban los segundos.
— ¿Ella esta bien?—, la vocecilla de Maggie se escuchaba como un campaneo y quizá muy a mi suerte mi cerebro quería cooperar y la voz del atractivo demonio que me acompañaba no era más que un eco lejano.
No caigas en la inconsciencia, esta bien que tengas una salud horrorosa y un físico asqueroso pero no debes de ser tan patética como para caer medio muerta en tal lugar… ¿Qué tal si la mancha no sale del piso, cómo diablos van a limpiar eso?
Entonces con mi deplorable cuerpecillo a punto de caer hecho trizas corrí desesperada buscando alguna puerta de entre todo lo que mis ojos podían enfocar y afortunadamente llegué al baño antes de vomitar, de nuevo.
Entonces realicé el ritual que había improvisado, me arrojaba agua bien fría en la cara, respiraba hondo tres veces y luego más agua en la cara.
Parpadee mientras me limpiaba el agua de la cara observando mi reflejo en el espejo ovalado frente al blanquecino lavabo de mármol, yo era espantosa… el pelo rizado y esponjoso como el de un perro mugroso, la piel se me veía más pálida y el escaso maquillaje que Jess me había echo ponerme se había esfumado… las pequeñas pecas que me circundaban entre las mejillas se veían más vividas como pequeños puntitos rojos sobre mis mejillas, mis ojeras habituales habían crecido el doble, los labios los tenía más enrojecidos que de costumbre y aún tenía una parte del labio inferior un tanto hinchada y amoratada (por cierto acontecimiento culpa de cierta mujer del servicio aéreo), los ojos se me veían más opacos que otras veces y sencillamente yo era el monstruo del pantano fusionado con la momia.
¿Toda la gente en el aeropuerto me había visto de esa forma? ¡Oh Dios mio creo que necesito pagarles el psiquiatra a demasiadas personas!
Ya, dejemos el juego, hay que ponernos serios.
¿Qué clase de persona enferma era yo para encerrarme en un baño cuando tenía una suite para morir? Eso mismo me sigo preguntando.
¿Será porque soy la misma persona que tendrá que permanecer dentro de una suite matrimonial con un demonio que me calienta las hormonas?
—Tranquila Sam… no hay porque alterarse, ya lo hiciste una vez y puedes hacerlo de nuevo ¡Si, puedo hacerlo!— murmuré para mi misma aspirando hondo.
Cuando las nauseas se me pasaron y deje de ver borroso intenté arreglarme el pelo y me lavé los dientes.
Pero la cabeza aun me punzaba, bufando me puse a curiosear el baño… había varias estanterías y un mueble repleto de toallas, una vitrina donde había un montón de aceites aromáticos, cremas y lociones… perfumes y otras cosas que no me servirían… ¡¿Enserio?! ¡¿Una suite sin aspirinas?!
Si hubiese una comparación adecuada salí del baño arrojando rayos y centellas a mi paso, pero no, simplemente salí del baño tambaleándome y maldiciendo.
Maggie permanecía de pie a lado de la cama sosteniendo mi bolso el cual había arrojado al momento de correr, me miraba demasiado preocupada y me tomó del antebrazo cuando estuve a su alcance.
— ¿Señora Michaelis?—, entonó Maggie con una sonrisa titubeante.
—No, guárdate el señora, tengo veintitrés ¿Quién a mi edad quiere casarse, eh? ¡Eso es para las promiscuas embarazadas!
Tan pronto mis ojos dejaron de ver doble sostenía un vaso de agua y me pase las mencionadas pastillas, por algunos minutos la cabeza me pitaba.
Maggie parecía intimidada y salió de ahí casi corriendo ¿Quién no lo haría?
Enserio que quería soltarme a chillar, no sé bien si porque la habitación era muy bonita, o porque estaba en serios problemas o simplemente porque mi madre muerta estaba dentro de mi bolso.
Como fuera, quería llorar.
Pero no iba a llorar, claro que no. No iba darle esa satisfacción al estupido Sebastián, nah… nadie tendrá esa satisfacción el día de hoy, punto.
—Dormiré en el piso—, afirmé intentando mirar lo que fuese menos la enorme cama cubierta de almohadones y pétalos de rosa.
Con una jaqueca erradicada uno puede moverse mucho mejor, eso quería decir. No, en realidad yo quería decir lo cansada que me sentía pero ya saben, la comunicación entre mi cerebro y mi boca anda escasa estos días.
— ¿Le molesta dormir conmigo? No parecía molesta la última vez…—, dijo el mayordomo.
Mi cuerpecito se paralizó y solté el almohadón que pensaba tirar en el piso, mierda… el maldito era de plumas.
—Perdóname, pero la última vez era la casa de mis padres y tú fingías ser mi novio, estas son mis vacaciones y no pienso compartir una suite matrimonial contigo, estoy cansada para esto Sebastián—.
—A estado cansada durante cuatro meses, creo que también me e cansado de esto—, la manera en que lo dijo, sin un tono en particular había causado revuelo en mi interior.
Fue como aquella vez en la cual me aterré ante la mirada que mi difunta madre y el demonio sostenían.
Pero fingí no escucharlo y seguí rebuscando entre el closet de madera las sabanas para ponerlas en el piso.
—Si tanto te has cansado de mí porque no te consigues una habitación propia—, musité tan seca como pude.
A como era habitual lo tuve en frente en menos de un parpadeo sosteniendo las sabanas, corrección, arrebatándome las sabanas de mis temblorosas manos.
—La verdad es que no quiere que me valla de la habitación ¿Cierto?—, pronunció, más allá de sonar tan terriblemente encantador a como era usual hubo algo en sus palabras que retumbo dentro de mi.
Entonces me di cuenta.
—Si en verdad quisiera que me fuera me habría echado de la habitación y si estuviese tan cansada no querría dormir en el suelo ¿A qué le tiene miedo señorita?—, otra vez utilizó ese tono pero sus ojos adquirieron aquel brillo violáceo que me enchinaba la piel.
Cuando te das cuenta en veces de la verdadera magnitud de las cosas cuando te as olvidado de estas es escalofriante, Samantha ¿En qué estas pensando? Aun si parece supermodelo de revista te enfrentas a un demonio, tenlo bien claro.
Pasé saliva con dificultad apartando la mirada de él.
—C-como sea, duerme en el piso si ese es tu problema—, dije esquivamente dándole la espalda.
Pero no, no señores, jamás es Sam habla y punto, no.
— ¿Realmente eso es lo que quiere? Supongo que esa no es la clase de cosas que le pedía a su prometido…
Suficiente, muy demonio y muy todo pero no tiene el derecho para decir eso.
Y el miedo se convirtió en ira, apreté los puños recuperando mis desgastadas fuerzas… podía soportar todo, cualquier cosa pero tal cosa era demasiado.
Casi pude ver su sonrisa burlona frente a mí pero aun le daba la espalda, me contuve, en primera porque tengo la fuerza de un esqueleto y en segunda porque por favor, era muy estupido caer ante sus provocaciones otra vez.
— ¿Eso es un si, mi lady?—, se burló y escuché la madera crujir ante sus pasos.
Ya, olvídalo… es un demonio ¡No ganarías ni con una bomba nuclear!
No respondí, tampoco me moví… a veces es mejor no hacer nada y fingir demencia.
Pero sentí su suave tacto contra la piel de mi cuello erizándome los pelos de la nuca, apartándome la maraña de cabello a un lado dejando la piel de mi cuello expuesta.
— ¿O es que es muy orgullosa como para admitir que quiere continuar lo del avión?—, susurró contra mi oído.
3… 2… 1…
Uno pensaría que reaccionaria como siempre, que enloquecería como una estúpida adolescente pero hay cosas que ni yo misma sé como es que logro hacerlas.
Y me mantuve firme, enfrié mi cabeza como no lo hacía desde hace muchísimos años, como retrocediendo en el tiempo a aquellos días en los que apenas y tenía sentimientos.
Le miré con dureza cuando me volteé, quería imponer algo de autoridad frente a él y al ver su semblante casi sorprendido por no haber causado la reacción esperada sobre mi no me contuve por sonreír, tan cruel y fría como pude.
Me acordé poco a poco de las muchas cosas malas que me habían sucedido desde los trece y eso sirvió, por un momento mi cuerpo se enfrió ignorando olímpicamente al demonio a mi lado.
— ¿Y por qué no admites que tu querías más, Sebastián?— espeté arrogante, como si la Sam de aquel pasado regresara escondiendo y resguardando mi dolida autoestima.
Sebastián pareció perturbado y su entrecejo se contrajo como si mis palabras fueran una sarta de insultos.
Le sonreí altaneramente y con aires renovados caminé hasta la cama arrojando el suave acolchado al suelo.
—No te atrevas a tocarme Sebastián, es una orden—, le grite antes de sacarme la chaqueta y los pantalones, el cansancio me regresó al cuerpo y con prisa me coloque el short y la playera que usaba para dormir.
—Buenas noches mi lady—, le oí decir mientras la luz se iba poco a poco de la habitación.
—Buenas noches.
Luego de eso, como una persona normal no pude dormir en un rato recordando lo mucho que alguna vez deteste ser tan cortante con las personas.
Y dirán que sigo sin ser muy amable y gentil, pero, si, antes yo era mucho peor.
Cuando era más joven, a los 17 mientras probaba suerte en algunas editoriales para que me publicaran solía salir mucho de casa, no solo por el asunto de los libros, si no más bien por la persona que en ese entonces era mi novio.
Pero dejé de pensar en eso, era un tema que no me gustaba recordar, había salido muy lastimada de aquella relación y trabajosamente me había repuesto, Richard había cambiado las cosas, él me había hablando y me había hecho abrirme con las personas un poco, Richard había sido mi soporte durante todo el tiempo que pasamos juntos antes de comprometernos y me había apoyado como nadie ante mis problemas.
Me dormí porque inconscientemente había comenzado a llorar pensando en esas cosas y mi cuerpo no quiso seguir más.
Cuando desperté me sentí mu aliviada, no recordaba haber dormido tan bien en semanas, ni siquiera que las mañanas fuesen así de tranquilas… tan pacificas, sin alguien despertándote a las seis de la mañana ni el teléfono sonando como poseído.
Estiré los brazos revolviéndome entre las sabanas, se sentía muy bien estar en esa cama, tan suave y calientita, no iba a moverme de ahí, no, me iba a tomar mi tiempo para levantarme.
La delgada cortina blanca se mecía con la brisa que entraba por el espacio de los ventanales, la vista que daba de un amanecer en la playa estaba para morir… el sonido de las olas, el aroma de la rosas aun impregnado en los blancos almohadones… todos era perfecto, absolutamente perfe…
—B-buenos días señora Michaelis... s-su esposo me dijo que podía entrar a hacer el servicio ¡Lo siento si la desperté!—, la vocecilla de Maggie repicó como campanillas.
Olviden todo lo que dije.
Maggie incomoda intentó sonreírme desde los pies de la cama, me tallé los ojos sin saber que decirle y solo atiné a mirar a la mesita de noche… eran casi las once del día, gruñí y Maggie chilló como si pensara que iba a matarla por eso.
— ¿S-sucede algo malo señora?— inquirió temerosa.
—Eh… ¿D-dónde...?
— ¿Esta su esposo?—, dijo con una sonrisilla tímida, asentí sin pensármelo—, salió a desayunar hace como unas dos horas y me pidió que viniera a limpiar la habitación—.
Me removí en la cama buscándolo con la mirada.
Sebastián no estaba por ningún lado y la cama estaba tan desastrosa que seguramente ni la había tocado, en el suelo solo había unos pares de pétalos de rosas que aun caían del suave acolchado, mi maleta estaba sobre un buro, vacía, y el bolso que traía en el otro buro con la cajita de aspirinas sobresaliendo de una esquina.
— ¿Salió a desayunar?—, murmuré saliendo de la cama.
—Si ¿Quiere que le llame?—, preguntó con un tono de inocencia verdadero.
— ¡No! ¡No!... eh, no, no lo llames… ¿Qué fue exactamente lo que mi esposo dijo?— balbuceé pasando del pánico a la vergüenza mientras revolvía el mueble de madera sacando algo para ponerme, el gusanillo de la preocupación aguijoneaba mi cerebro como si en lugar de un paradisiaco hotel me encontrara en el asilo donde mi madre murió.
—Nada en especial, solo me pidió que no la despertara y salió de aquí con mala cara—, explicó Maggie repentinamente sumisa, como recordando algo aterrador.
No sé porque mi frenético intento por ponerme el pantalón se detuvo, desanimada metí la cabeza por la playera delgada que traía en las manos.
—Ya veo—, susurré.
— ¡Ah! Eso me recuerda—, comentó la mucama muy animada, me puse los calcetines sintiendo que quizá eso no era muy bueno— la señorita Simmons, la novia del joven Joe me pidió que le dijera que la espera a las once en el restaurante para almorzar…
Fue entonces que mientras me colocaba el reloj en la muñeca vi la hora y a toda prisa salí de ahí colocándome los zapatos en un dos por tres.
¡Eran las once y media! ¡Tenía que ver a esa mujer y ahorcarla!
Recorrí el pasillo revestido de bambú sin saber a donde ir hasta que encontré la recepción y vi al mismo John al otro lado del mostrador.
Al verme se movió de ahí y me tendió su mano, no muy segura la tome a modo de saludo pero volvió a estrecharme entre sus fornidos brazos sacándome el aire.
Rebusqué entre la recepción por si veía ya fuera a Jessica o a Sebastián, pero no, no había nadie más que una pareja muy acaramelada para mi gusto en uno de los sofás color crema alrededor de la estancia.
— ¿P-puede decirme dónde e-esta el restaurante?—, jadeé recuperando el aire cuando me soltó.
John asintió frenético.
— ¡Claro que si, lo que usted quiera señora Michaelis!— dijo tan fuerte que la parejita paro de tragarse entre si y me miraron, saludándome con la mano y una sonrisa de oreja a oreja.
Con una sonrisa forzada les saludé mientras la gran mano de John apretaba la mía llevándome por un pasillo que no había visto antes y tan pronto me di cuenta estuvimos saliendo del hotel.
La blanca arena se metió por mis sandalias como acariciándome los dedos.
Al frente, al menos unos diez metros entre el follaje y las frondosas palmeras había una plataforma de madera y una barra donde el bartender elevaba botellas al aire como si hiciera malabares, casi me tropiezo ante unos escaloncillos y luego de caminar entre las mesillas donde había muchas parejas bebiendo licor llegué a una puerta corrediza de vidrio donde el olor a comida entró por mi nariz.
No tarde en ver a Jessica y para cuando volteé a agradecerle al peculiar dueño del lugar ya no había nadie.
Me fui hasta la mesa donde estaba Jess, casi al fondo, la mesa más apartada de todo el restaurante.
Jessica estaba sola, leyendo algo en su laptop y parecía muy molesta, ni siquiera se había dado cuenta de que estaba parada frente a ella y mis tripas rugían como si hubiera una manada de leones hambrientos peleándose por mis entrañas dentro mio.
Me senté con cuidado en la silla frente a ella y rebusque en la carta algo para comer, moría de hambre.
El mesero, un altísimo chico de rasgos infantiles se aproximó a la mesa y me tomó la orden sirviéndome una taza bien grande café, entonces Jessica me miró cerrando con fuerza la computadora.
— ¡Creí que no vendrías a desayunar!—, dijo algo alterada y le hizo una seña al mesero para servirle más café, por a como se veía tan estresada y nerviosa le calcule que al menos llevaría unas dos tazas de café en lo que iba del día.
—Creí que dirías algo como "oh Sam, creí que venías matarme y no a desayunar"—, ironicé agregándole unas cucharadas de azúcar al humeante café.
—Lo siento, lo siento, lo siento ¡Pero no tenía de otra! Tenía que convencer a Joe de que, ya sabes, el y tu…
—Ni lo digas ¡Había una cama cubierta de rosas Jessica! ¡Y el botiquín del baño estaba repleto de aceites y lubricantes! Y no me hagas mencionar las velas aromáticas…
— ¿Enserio? —Preguntó aparentemente sorprendida—, Dios, no mentían cuando decían que era una suite para luna de miel…—, y se llevo la taza de café a los labios sonriendo burlona.
—Dame una buena razón para no ahorcarte con el estomago vacío—, musité dándole un buen sorbo a la taza.
—Él es lindo, Sam… si dices que no voy a abofetearte, es bueno… el hombre atiende tus caprichos sin chistar ¿Enserio ni un poquito? Porque vi ese, Dios, ese beso en el avión y tú no besuqueas gente así, de esa forma sin querer algo más ¡Debes de contarme que pasó con tus padres! Detalladamente Samantha—, Jessica hablaba rápido, casi emocionada como si hablara de uno de mis libros y no de Sebastián.
¿Enserio? ¡¿Durmió todo el santo viaje pero tenía que ver justo el momento cuando lo bese?! ¡Diablos!
— ¡Jess!— dije a modo de regaño y ella solo se río entregándome una hoja.
— ¡No puedo evitarlo! Hace tanto que no te veía sonrojar así, no desde…— comenzó a decir con esa expresión triste irradiando de sus ojos grises y se quedo callada, casi incomoda—, perdón… ¡Hey! Hay un spa con todo y sauna, reserve una cita para dentro de una hora…
Me encogí, de pronto muy desanimada y el hambre se me quitó, de pronto no paraba de pensar en la plática de anoche y eso me hacía sentir extrañamente mal. Ese silencio incomodo vino acompañado del mesero y el gran plato de pasta que le había pedido.
Me enfrentaba a un demonio, uno que podía hacer lo que quisiera conmigo y finalmente yo no obtendría nada de él, no es como si yo quisiese algo de él…
— ¿Y pasó algo anoche…?—, murmuró Jessica con esa mirada penetrante.
— ¿Dónde dijiste que estaba el spa?—, no evado el tema, no ¿Cómo creen?
— ¡Entonces come tan rápido como puedas, no quiero perderme de esa sauna!—, chilló con demasiada emoción para venir de ella y guardó la laptop con prisa como si el aparatejo le quemara las manos.
— ¿Qué estabas haciendo? Creí que no había recepción ni internet aquí—, mascullé metiéndome una gigante albóndiga a la boca.
Jessica tamborileo los dedos sobre la mesa con nerviosismo.
— ¿Paso algo malo Jess?—, insistí limpiándome los rastros de salsa de tomate de los labios.
Algo me olía mal y no, no era el ajo de la pasta.
— ¡Nada! Solo espero mi comida, ya tardo bastante— dijo esquivamente sin dejar de mirar su bolso donde la laptop reposaba.
— ¡Ah! Tengo una idea para re-hacer el libro—, dijo de repente pegando las palmas de las manos sobre la mesa, si, lo sé… no es como si alguien que fuese mi mejor amiga pudiera ser tan positiva y emocional pero Jessica era así cada vez que hablábamos sobre mis libros.
—No Jess, son vacaciones, dejemos de pensar en libros al menos mientras como… —, volví a decir con la boca llena, ella gruñó aferrando su manicura contra el bolso.
— ¿Cómo va todo con Joe, lo hiciste llorar otra vez?—, me burlé.
Su mirada asesina me hizo atragantarme.
—No todos tenemos extrañas relaciones como tu—, dijo casi con orgullo, enarqué una ceja pasándome el café.
—S-solo, ya sabes como es, es demasiado meloso y alegre en ocasiones—, se corrigió mirando su plato con fruta como si fuese la octava maravilla.
Nos quedamos en silencio mientras ella se comía la fruta con miel y granola, disimuladamente volví a revisar el restaurant con la estúpida esperanza de que efectivamente el demonio se encontrará desayunando, no, no había ni un rastro de él por ahí solo varias parejitas desayunado en las mesas de madera del lugar tan sonrientes que hacían que la comida me regresará por la garganta.
Cuando volví la vista a la mesa esperando seguir asediando a Jessica con preguntas sobre su extraño comportamiento un par de ojos negros me miraban fijamente.
Comencé a toser como maniática intentando no ahogarme y sentí las manos de aquella persona darme una palmada en la espalda.
— ¡Maldito seas Joe! ¡¿Pensabas matarme?!— grité respirando con normalidad jalando al molesto individuo de su camiseta verde pistache.
Su cara pecosa se contrajo en una de esas irritantes sonrisas.
— ¡No había tenido tiempo de saludarte antes!— alegó felizmente revolviéndome los cabellos como si yo fuese una niña pequeña.
Fulminé a Jessica con la mirada y ella me sonrió, bufé.
Estaba por darle un buen golpe al delgado sujeto pero el mesero, cuan oportuno a como pudo ser, regresó colocando cubiertos y platos para él en la mesa.
Me tranquilicé mirando las sobras del plato de pasta frente a mí.
— ¿Y qué tal todo?—, preguntó Joe acomodándose en la silla incapaz de mirarme por alguna razón.
Jess le reprendió con la mirada y me enfurruñé sabiendo a que se refería.
Joe y su cabello negro alzaron la mirada en mi dirección, con esa cara de perro triste que conmovería a cualquiera y desgraciadamente a mi también.
—Lo siento tanto… no sabes cuanto Sam— murmuró sin esa típica felicidad en él.
Incomoda le pedí al mesero más café y me tallé los hombros.
—Oh… ¿Y ese tatuaje?— inquirió de repente con un tono extraño apartando mi mano de mi hombro y viéndolo como si tuviese un pegote sanguinolento en el brazo.
Jess ajena a la situación volvió a sacar la laptop tecleando como poseída y no me pude sentir más incomoda de no ser porque repentinamente las parejitas en el restaurante me veían cuchicheando y lanzado risillas y miradas prejuiciosas.
De un manotazo aparté a Joe cubriéndome con la mano la marca, el seguía mirándome casi enfadado.
— ¿Desde cuando te importa que me haga en el cuerpo, eh?—, le dije secamente.
El miró a Jess buscando respuestas pero ella seguía tecleando en la laptop como poseída.
—No, nada—, terminó por decir fríamente y se levantó recobrando la sonrisa— ¡Las veo luego, tengo cosas que hacer!— gritoneo con su voz chillona y se alejó rápidamente por la puerta de vidrio del local.
Confundida clavé la vista en el piso analizando lo que sea que había sucedido, todos se portaban muy raros conmigo y no era cosa de todos los días que la gente me mirara de esa forma.
Cuando reaccioné Jessica me jalaba del brazo con la laptop en la otra mano y el bolso colgando de su antebrazo.
— ¡Vamos, ya es hora de ese masaje Sam!—, dijo nerviosa arrastrándome por el suelo de madera.
Asentí sin sacarme de la cabeza por qué Joe había actuado así al ver la marca, la alarma en mi cerebro se activó ¿Y si alguien se enteraba…? Joe era de esos creyentes extremistas y constantemente lo veía hablando sobre ocultismo y esas cosas, temblé ante la posibilidad, ya era mucho asimilar para alguien como él que mi madre hubiese muerto y ahora comenzaría a chismorrear con cosas como que hago raros rituales satánicos o esas cosas que seguramente el diría.
Con Jessica arrastrándome por los pasillos del hotel seguí buscando a Sebastián con la mirada, había algo extraño y comenzaba a repensarme las razones por las que Jessica me había llevado ahí ¿Y si alguien sabía sobre mi contrato con Sebastián? ¿Y si ese alguien era Jessica? ¡Deja de pensar tonterías Samantha! No hay manera de que Jessica pudiera enterrase, para empezar ambas éramos escépticas ante esas cosas y Jess pensaría en eso como una especie de marketing para los libros, después de todo yo era la de la gran imaginación y los problemas mentales, aparentemente.
Pronto nos encontramos en una pequeña sala con sofás de color lila y rosado pálido, había varias chicas uniformadas de blanco cargando toallas y canastas llenas de jabones, Jess detuvo su presuroso andar en frente de una especie de escritorio que impedía el paso a unas cortinas de tela naranjada donde seguramente habría una habitación más amplia, me soltó el brazo y le hizo una seña a una de las chicas que pasaba por ahí.
—Disculpe, tenemos una cita en unos minutos pero me gustaría cancelar una de las reservaciones— dijo rápidamente con las manos fijas al escritorio y la señorita asintió intimidada tecleando en la computadora del escritorio.
—Cancele la cita al nombre de Jessica Sammuels, la señora Michaelis si tomará su reservación ¿Entiende?—espetó moviendo los dedos con nerviosismo y me dio un ligero empujón hacía el escritorio.
¡¿Hasta el maldito masaje estaba con ese nombre?!
—P-pero… Jess…—alcancé a decir antes de que un par de uniformados me sostuvieran por los brazos adentrándome por las cortinas naranjas.
— ¡Lo siento Sam tengo algo que hacer! Tu solo quédate ahí, relájate y te veré a las tres en tu suite ¡Te amo cariño!—, gritoneo caminando con prisa sobre sus tacones blancos.
Suspiré abriendo los ojos para mirar el reloj fijó en la pared de la sala de masajes, casi las dos.
Llevaba metida ahí un buen rato sobre la cama de masajes y aun no le encontraba mucho sentido a lo que había hecho durante el día.
—Listo, ahora le quitaré la mascarilla ¿Le gustaría un facial o un manicura?— pronunció la voz del masajista mientras se limpiaba las manos y yo me incorporaba tapándome con la toalla.
—Me gustaría regresar a mi habitación— mascullé no muy segura.
El masajista me miró con horror.
—P-pero su cita acaba hasta las tres—, dijo angustiado extendiéndome un folleto con los paquetes del spa.
—No, solo quíteme esta cosa y yo regresaré a mi habitación, eso es lo que quiero y nada más ¿Entiende?— dije tajante sin tomar el folleto, este asintió no muy seguro de lo que estaba haciendo y me pasó una bata para cubrirme.
Luego de que me quitará la cosa verde y gelatinosa y me secará el cabello fui a vestirme.
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El calor se sentía agradable y no muy fuerte así que con la ropa ligera que me había puesto decidí ir por ahí, a la playa a hacer cualquier cosa para despejarme.
Sentía el cuerpo liviano y fresco y el cabello sedoso, los rizos se me habían acomodado cayéndome por los hombros y a pesar de que no me gustaran los había dejado así para evitar batallar con la humedad más al rato.
Atravesé los pasillos del hotel hasta que di con las puertas al exterior, la blanca arena y el radiante sol dieron con mi cuerpo, no quería regresar a la suite, no quería enfrentarme a Sebastián porque no estaba segura de que la Sam del pasado volviese a ayudarme otra vez, no quería regresar a casa a vivir en la monotonía de mis días y ser atormentada por todos mis miedos, no quería regresar a ver más fotografías de cuerpos mutilados y sentirme una inútil por no poder ayudar a esas personas y no poder encontrar a Richard, quería quedarme ahí hasta estar harta del sol y las olas, leer los diarios de mi madre y desligarme de sus restos de una vez por todas.
Tenía que dejar ir a Lilian, tenía que olvidarme por un momento de quien era y quien era yo.
Necesitaba olvidarme de todo por un día o no podría más.
Tenía que dejar de llorar por Richard cada vez que me acordaba de él y dejar de llorar por mi madre cada vez que alguien decía su nombre, tenía que dejar de ser tan frágil y concentrarme en hacer las cosas bien, por eso el libro parecía no funcionar.
Necesitaba sacar a Ciel Phantomhive de mi cabeza…
Ese era mi problema, desde que había leído ese pedazo del diario que le mencionaba mi cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto, Ciel Phantomhive había invadido mi sistema como un virus agresivo y contagioso, el mismo niño que había visto en la habitación de Lilian formando parte de una ilusión o una alucinación, el mismo con el que soñé, el mismo que se mencionaba en la carta de Lilian y en su diario como una pesadilla, pensar en Ciel Phantomhive me llenaba de una infinita tristeza, era extraño porque ni siquiera veía un motivo por el cual el estuviera en peligro y con lo poco que yo sabía hasta el momento de los Phantomhive ese niño ya no vivía más.
Caminé hasta la orilla de la playa donde las azuladas aguas se mecían, me saqué los zapatos para caminar a gusto sobre la fina arena, el agua estaba tibia al contacto con la piel y decidí sentarme en la orilla un rato.
La marea era baja y unos metros adelante podían verse las formaciones de coral sobresaliendo del agua, había algunos peces agitándose atrapados entre las rocas y la arena porque el agua era demasiado baja para que pudiesen nadar y escapar, todo se veía muy tranquilo, casi no había gente en la playa, contando lo hermosa que era la playa me pareció muy estupido pero a la vez me sentí muy solitaria estando ahí.
Rebusqué entre mi bolso, no tarde en encontrar el cuaderno de pasta negra entre todas las cosas y comencé a hojearlo hasta llegar en donde me quede.
1 de Octubre de 1988, por la noche.
Hablé con mi madre esta tarde, al principio dudé, no recordaba bien su número de teléfono y la verdad no sabía ni que decir.
Afortunadamente el valor regresó a mi y cuando escuché su voz al otro lado de la línea creo que comencé a llorar… hacía tanto que no hablaba con ella, hacía tanto que no escuchaba su dulce voz pronunciando mi nombre, me hizo muy feliz, aun más feliz me hizo el decirle sobre ti, mi amor, no sabes cuan emocionada gritó mi madre… estoy segura de que ella lloró de felicidad.
Me dijo que intentaría venir a Bridgeport lo más pronto posible, quizá a pasar la Navidad con nosotros… le hace tanta ilusión tener un nieto.
Mi padre reaccionó de la manera esperada, solo me deseo lo mejor a mí y a Demian y me pidió que fuese muy cuidadosa para no enfermarme y comiera bien.
Todo iba perfecto, eso quería decir, no sabes lo mal que me siento de lo que sucedió después.
Creí que Evan me entendería, creí que… no sé que creer…
Mientras terminaba de hablar con mi madre sobre ti la llamada pareció cortarse, entonces solo escuché gritos inteligibles por el teléfono y luego la voz de mi hermano, Evan.
Yo… yo no puedo creer el fuese tan cruel.
Evan me gritó por teléfono que yo no era digna de nuestra familia, que esto que llevo dentro no es más que un adefecio, un horrible monstruo que no merece vivir, que estoy sucia… que solo soy una niña idiota incapaz de hacer las cosas bien, me dijo que tú no mereces nacer. Que eres un error… un maldito error.
… se siente horrible, eso es lo único que te puedo decir… lo único que puedo decir.
La página parecía un poco más desgastada que las anteriores y unos manchones amarillentos resaltaban entre las letras, quizá eran lágrimas que habían deteriorado el papel… las mismas que yo intentaba retener, no quería seguir leyendo eso, solo provocaba que mi rencor a la familia de Lilian creciera más…ella había sufrido por mi culpa y por la de ellos y aun así me decían que era alguien incapaz de poder hablar por ella.
Cerré el diario volviendo a guardarlo, no me sentía lista para seguir leyendo, me abracé las rodillas mirando el cielo que comenzaba a teñirse con esos colores cálidos, quizá eran más de las tres, no me importaba, no pensaba moverme de ahí.
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Antes de que me digan lo mala persona que soy porque dije que lo ahría lo más pronto posible y me tarde cuchimiles de meses en volver a publicar (vamos mujer, nadie más que tu misma dirá eso, espero) quiero que acepten mi amorosimisimo abrazo de oso/gato/ardilla/mutante, uhum ¡Y es que no saben como extraño fanfiction cuando no público! Torpe vida real que me atrofía el cerebro ¡Hmp! e.e
Ya, ya, dejando la vida real, el amor y paz que siempre vengo a dar (?) xDD espero, espero que les guste el capitulo y si, lo sé "¿Dónde esta sexy-Sebastián en traje de baño para comer, eh?" Tranquilas (os, si es que hay un os por ahí...) la acción viene en camino mujeres, gatos y toda particulilla de la redosfera o lo que sea que se llame, por eso es un capitulo de esos bien largos con tres partes gentecillas y no me cabía en mi cabecilla el escribir tanto y tan seguido así que lo partí en pedacitos ^^U lo que es que si, se pondrá bueno, palabra de Sam e_é
Me odio tanto leyendo el maldito diario ¡Me odio!
Primero, eh... vuelvo a repetir, perdón por la tardanza es que aKASJLksJSkjsLSJsjlKJSJSDJJD SAALDFJ! con mi vida ¿Entienden? jajaja pues traigo un proyectillo entre manos [si, hablo en chiquito, soy una persona pequeña y me gustan los diminutivos x)] y ando de acá a allá y por acuya que no me doy abasto con nada. Así que eso, me tardo mucho en poder tener un tiempito para escribir bien y no volverme loca, intento realmente organizarme y pfft es raro hacer eso pero comienza a funcionarme ¿Por qué creen que subí fic hoy, eh? ¡Soy f-a-b-u-l-o-s-a~! Ejem, soné.. muy Grell, ummm pues ya, eso, no me tardaré tanto esta vez en publicar y ¡Señoritas tenemos fecha! Si, si el... ¿Qué dije? Oh si, según mi agenda (¡Si, agenda!) nos vemos de aquí al 21 de Diciembre que es Viernes, ajá, exacto cuando se acaba el mundo presuntamente xDD y si no se acaba el mundo nos veríamos hasta el 3 de Enero, ujum.
Segundo, hablando de proyectillos en mis manos ando jodiendo desde hace un rato con lo del blog (cosa que la verdad no hice porque dije que pondría información de los personajes y no hice nada...) y ahora si lo haré, pero no precisamente con esto de los fics si no que... voy a comenzar a publicar una blog-novela y eso, presuntamente empezaba el primero de este mes pero, vuelvo a lo mismo, no me dio tiempo de nada y si mal no estoy para el día 15 de Diciembre ya podré publicar el primer capitulo de la novela, completamente original sacada de mi cabecilla con todo y todo... creo. Si quieren echarle un ojo (que acá entre mi y ustedes tiene que hacerlo, pero lo hacen) amm... ¿Cómo le hago? ah, como sea googleen el blog tal y como lo pongo: escribiendo-riendo-contando que es el blog donde suelo publicar mis cosas raras ^^U pero ahí hay links e información sobre la blog-novela que ando haciendo. Si, si, me publicito yo solita...
Tercero pero el más importante [Alerta, si no te gusta el empalagosos amor que voy a dar ni leas x3]...
Adagio 10: ¡Mujer! Cuchumiles de millones de gracias por tu review, ya actualicé ya... paz y amor para ti xDD jajaja prometido, se pondrá más bueno que el pan integral ;) ¡Espero que nos leamos pronto!
Rin Taisho Asakura: Mujercilla, ¿Qué te llamas Jessica? (si, si esta acosa, que no te entre el miedo...) Gracias a la séptima potencia y lo que sea que le sigue, jeje ¡Yo también amo la parte del diario! De hecho, es de las cosas que mejor me salido en bastante tiempo, acá. ¿Por qué no hacemos un grupo para ir y aniquilar aeromozas ***, eh? Solo digo.. xDD
Shannyy: mi gemela perdida que amo hasta las uñas (No lo sé, me da por amar que ya ves...) Cuéntame todas tus suposiciones mujer, es si o si e_é quiero ver si nuestras malévolas mentes piensan igual (?) ¿Quién no adora a Jess, eh? si es más adorable que el pan integral, como sea ¡Gracias por el review mujer! (Acá entre nos, si, tiene que violarla, o por lo menos meterle mano!(?))
Guest: Mujer, si mujer, sé que eres mujer xDD por algo las a's xD gracias por el review, en verdad que si, pero, ojo, regaño de mi para tu y todos los futuros anónimos si es que llega a haber ¡ Déjenme tan siquiera una letra o un seudónimo que me parto la cabeza pensando quien eres y o puedo darte todo el amor que quiero darte! Hmp, anónimo malo, malo, malo b-but well ¡Gracias por el review~!
Black Cat 1995: MUJEEEEEEEEEEEEEEEEEEER! Seré honesta, a ti te extrañe más que al resto, que si, que si...billones de besos para ti como siempre por tus reviews divinos y guapos (?) jajaja ¡Que si, lo sé, lo besó!
Lady Phantomhive 16: ¡Bienvenida al fic mujer de mi corazón a la de ya! Gracias por tu review tan chulo de bonito que saco una sonrisa jejeje ¡Que bien que te guste la historia! Es muy bueno que te hayas reído ese es el objetivo (y que bueno madre santa... porque o sino..) ¡Espero tu comentario mujer, nos leemos!
karlie: ¡Bienvenida mujer! Gracias por tu review, apachuchos para ti donde sea que te encuentres~!
otaku sin limites 12: ¡Tocalla! ¡Bienvenida al fic, en horabuena mujer! Cuídese tocalla n_n jajaja ¡Espero que nos leamos más seguido, eh?! Gracias por tu review :)
G. R. R. Rakellis: Bienveneti al fic mujer, ASAHLHALDSH! amo que ames la historia ¿Me entiendes? Como sea, aquí estuvo el capitulo, ojala te haya gustado muchísimo! ;)
ItaMenherZednan: Te diré Ita, punto... aunque no lo crean me canse de decir mujer a cuanta mujer conozco(?) xDD ¡Bienvenida a este fic Ita! *chilla de la emoción por esos ojos de borrego a medio morir* Espero verte aquí con tus borregales ojos (? el resto del fic, que si, si. ¡Nos leemos!
guest: repito, no se eres un gato, mujer, niño o si vienes de este planeta pero aww ¡Gracias por el review! ¿Enserio que piensas esos, eh? *rueda en el suelo* como sea ¡Gracias por el review tan guapo! ;)
Violetablue: Mujer de color violeta o azul, si, si así sera punto, ehhh ¡Gracias por tus reviews lindos chica! Que bien que te guste la historia.
*Muere* Santos pepinillos... demasiados reviews ¡Sigan así o no fic para ustedes! Si, si, si... se acabaron los arcoiris y unicornios, Samsi mala (?) Jajaja nos leemos cuan pronto se ´pueda y si hay muchimisimos reviews entonces será antes del 21 de Diciembre ¡Les amo~!
