Código Guardianes

Capitulo 99

Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.

Aquella bien podía ser la comida más rara de sus vidas, y eso que Susan y Marin habían estado en toda suerte de planetas. Los jotuns, gigantes de la mitología nórdica que de mitos no tenían nada, contaban con un exquisito gusto por los alimentos. Pollos al horno, patatas cortadas, pan, fruta, ensalada, arroz, legumbres, y un sin fin más de manjares llenaban la mesa. Aunque al principio estaban algo cohibidos, el hambre pudo más que sus posibles remilgos, e imitaron al resto de comensales tomando la comida con ganas. En un momento dado, echaron en falta la bebida, y al tomar las copas que tenían al lado, se fijaron en que tenían una bebida de un ligero tono dorado.

-Hidromiel, recién fabricada por un servidor- comentó Utgarda, mientras observaba como los guardianes comían con ganas- Por cierto, me sorprende que conozcáis las costumbres nórdicas, siendo vosotros sobretodo griegos y romanos- comentó.

Electra le respondió- Como supongo que ya sabrás, entre las armas que nos quitasteis había un martillo, como el de Thor- comenzó. Ante la mención, algunos de los gigantes se tensaron, pero Utgarda sólo sonrió de lado.

-Sí, es un arma definitivamente más poderosa que Mjölnir, y supongo que te pertenecía a ti- a eso la muchacha asintió.

-Arma que espero recuperar- los ojos de la chica en ese momento brillaron ligeramente con un resplandor amarillo que no pasó desapercibido para el gigante, quien, lejos de intimidarse, se recostó sobre su asiento, con una mano en su estomago.

-Eso lo veremos pronto- dijo Utgarda, con diversión- Os pondré a prueba, sólo entonces podréis recuperar vuestras armas, si a mis colegas les parece bien- dijo el gigante, mientras miraba al resto de los suyos. Estos asintieron, y tras eso, una vez más, un espeso silencio cayó sobre la sala, sólo interrumpido por el masticar de los presentes.

No tardaron más de media hora en estar satisfechos, momento en el que se levantaron de la mesa. Los chicos temieron que todo empezara a dar vueltas de nuevo, pero por suerte, los gigantes tuvieron a bien mantener todo en las mismas proporciones. Su anfitrión les indicó con un gesto que le siguieran, y este abrió una puerta al fondo del salón. Con un gesto, les invitó a salir, y aunque los Guardianes estaban algo desconfiados, al estar Utgarda bajo el deber de no provocarle a ninguno daños, decidieron confiar. Pero por suerte, fueron lo suficientemente cautos como para no confiar del todo, pues a cuatro pasos de la puerta se encontraron con un corte en el terreno cuyo fondo estaba cubierto por una densa niebla. Eso les sorprendió, pues se pensaban en una zona baja. Además, el viento frío les golpeó la cara con vigorosidad, pero este aire estaba a bastante menos temperatura del que habían notado cuando llegaron a la casa del gigante.

-¡Bienvenidos a Jotunheim, el mundo de los gigantes de hielo!- dijo Utgarda, con los brazos extendidos.

-Pudiste avisarnos de la caída, casi nos matamos- le espetó Ulrich, girándose para encararle. La sonrisa del gigante les estremeció.

-Sois mis invitados, no niños- le dijo- Por cierto, esto aún es mi casa, por si no os habéis dado cuenta- fue entonces que vieron que, efectivamente, los muros del interior no paraban en la puerta, pues se extendían formando un patio que se les antojó enorme, pues apenas podían ver el final del mismo. Claro que eso podía ser un espejismo más, o que meramente no podían ver donde se juntaban los muros debido a la ligera ventisca que se estaba formando.

-Los derechos de invitados se extinguen cuando se sale de la propiedad, sí...- murmuró Electra. Ese pequeño detalle era importante, y se le había pasado.

Utgarda se rió ligeramente, y entonces, de un golpe de mano, la ventisca paró de golpe, y vieron lo que había al otro lado. Lo que parecía un abismo insoldable no era más que una grieta en el suelo de apenas un metro de ancho, que se cerró en cuanto el gigante pasó por encima de ella como si fuera una herida en la piel. Eso les sentó ligeramente mal a los chicos, sobretodo a Patrick, que estaba totalmente convencido de que aquella caída era, efectivamente, lo que parecía. Su orgullo como Guardián había sido, una vez más, golpeado. Era una sensación que estaban sintiendo demasiado a menudo para su gusto. Al otro lado de la propiedad, que no era ni mucho menos infinita, pudieron observar que había varias tarimas elevadas, pero estas estaban, en apariencia, vacía. Por experiencia, sabían que eso seguramente no fuera así.

-Espero que os encontréis bien, por que vais a tener que probar vuestro poder, chicos- les dijo Utgarda, con diversión en los ojos- Elegid a vuestros cuatro representantes, uno por cada prueba- tras eso, se fue de allí y fue con sus compañeros, dejando solos a los Guardianes. Estos decidieron hacer piña.

-No tenemos ni idea de las pruebas- les dijo Yumi- No podremos saber qien es el más indicado para cada prueba- añadió Herb, algo tenso.

-Iré yo. Estamos aquí en parte por mi culpa- les dijo Aelita, seria- Si Jamily nos restringió parte de nuestros poderes fue por mi culpa, y os lo debo- Jeremy negó.

-Fue culpa de todos seguirte, no te preocupes por eso- ella le agradeció el gesto con una ligera sonrisa, pero volvió a una expresión seria al instante- Creo que tendríamos que ser los más poderosos de los presentes, por si acaso- añadió.

Pero Asame negó- Me da que aquí ser poderosos de nada nos va a servir, estos tipos juegan con la realidad como quien juega con el agua, y encima estamos en su terreno- todos asintieron, pensativos.

-Habrá que ser más listos que ellos, entonces- dijo Susan, mientras sonreía con algo de diversión- Y por primera vez, actuar sin depender de nuestros poderes- añadió Marin.

Se quedaron callados por unos segundos- ¿Quienes irán, entonces?- preguntó Milly, mientras miraba al resto, expectante.

-Vosotros. Fuisteis lo suficientemente listos como para no seguirnos, y ahora mismo sois los más fuertes de nosotros- aseguró Sam, mientras les acercaba a las plataformas.

-¡Ellos serán nuestros representantes!- le gritó Asmae a Utgarda, mientras señalaba a los cuatro jóvenes.

El gigante sonrió, y llegó acompañado por otros tres gigantes, todos de un tamaño más o menos cercano, aunque los otros tres tenían un aspecto más salvaje que el de su líder. Uno tenía una barba espesa, con el pelo formando densas rastras del color del hielo, y ojos oscuros como el carbón. Otro era totalmente calvo, con la mandíbula afilada y dientes rocosos, y manos grandes como un camión, era definitivamente el más grande de todos los que venían. El tercero era más bajo que el resto, aunque tan sólo por una cabeza. Su piel estaba totalmente cubierta por el hielo, con una suerte de armadura de ese material, aunque su cabeza estaba descubierta. Su pelo era platino, y sus ojos eran de un azul tan claro que casi parecía ciego

-¡Cuatro gigantes del hielo contra cuatro adolescentes, bien entonces!- Utgarda entonces chasqueó los dedos, y los Guardianes se vieron sentados en unas gradas de madera, con banderines de color rojo con los nombres de sus cuatro compañeros y bufandas de color rojo y blanco. A su derecha, los gigantes se encontraban en su misma situación, sólo que sus colores eran azul y blanco. Por lo demás, contaban con la misma equipación. Los Guardianes se fiajron en que ambos equipos estaban justo debajo de ellos, en unos corrales amplios, pero separados del área del duelo por verja metálicas. Y a ojos de Percy, de muy buena calidad.

-¡Gigantes, damas y caballeros, les doy la bienvenida a este torneo singular!- la voz de Utgarda reverberó por todo el complejo, y provocó los gritos de jubilo de sus compañeros, que saltaron y provocaron varios minitemblores.

Utgarda rió- ¡La primera prueba enfrentará a Milly contra Vafþrúðnir!- todos los gigantes prorrumpieron en más gritos, y los Guardianes decidieron animar a su amiga también. (1)

-¡Pateale el culo, Milly!- le gritó Odd, mientras ondeaba una pancarta con el nombre de la chica ayudado de Percy y Ulrich.

La chica les saludó con algo de pánico escénico, al contrario que el gigante con el que se iba a enfrentar, que parecía en su salsa.

-Este duelo será uno de ingenio, no de fuerza- Utgarda apareció por allí con un micrófono en la mano. De donde lo sacó y como podía funcionar sin un equipo técnico era un misterio- Y para superarlo, deberán deshacer estos nudos- dijo, señalando una madeja de cuerdas totalmente enredadas entre ellas formando un lazo.

Tanto Milly como los Guardianes se sorprendieron. Era una prueba extrañamente fácil, pues el nudo era el típico que uno le haría a sus zapatos.

-Demasiado fácil...- pensó la adolescente, mientras se acercaba cauta al nudo. De reojo, pudo ver a su rival. Era el gigante con rastras, que tiró despreocupadamente de uno de los laterales, y en unos pocos segundos se deshizo del nudo.

Todos sus amigos le gritaron y vitorearon su nombre como si hubiera acometido una hazaña, cuando sólo había deshecho un mero nudo, pero la pelirroja empezaba a sospechar que en el reino de los gigantes, nada es lo que parece. Lo que en apariencia era un mero nudo de zapato, seguramente entrañaba algo más complejo. Miró por unos instantes a los ojos de sus amigos, que gritaban su nombre y la animaban, mientras algunos le gritaban posibles instrucciones. Ella simplemente les levantó el pulgar, como si lo tuviera todo controlado, cuando era absolutamente lo opuesto. Antes de dejarse llevar por posibles engaños, colocó la mano sobre las cuerdas, y notó algo raro en ellas. Se intentó concentrar, buscando algo, pero lo que sus sentidos le indicaban era algo totalmente imposible.

-¡Cinco segundos!- gritó de pronto Utgarda, provocando indignación general entre los Guardianes, y poniendo nerviosa a Milly. Ella, de pronto, invocó su poder, golpeó el nudo, y lo destruyó por completo.

Eso sorprendió a todo el mundo, menos a los gigantes, que se reían con fuerza- ¡Había que deshacer el nudo, no destruirlo!- el rey de los gigantes parecía el más divertido, y en su mano apareció un mando. Apretó el único botón, y un uno de fuego apareció justo encima del grupo de gigantes. Al mismo tiempo, un cero apareció justo encima de los chicos.

-¡1-0 a favor de los gigantes, veamos si pueden remontar los Guardianes!- las risas de los gigantes se intensificó, y a los Guardianes les entraron ganas de ir a por ellos, pero si hacían el mínimo gesto violento, perderían sus derechos de invitados, imprescindibles para poder estar a salvo allí.

Milly volvió con sus compañeros cabizbaja. Hiroky la abrazó en cuanto llegó, y Tamiya trató de animarla acariciando su brazo con una sonrisa- Tranquila, aún podemos ganar- aseguró la chica, aunque a su amiga esas palabras de apoyo de poco parecieron servir.

-¡Siguiente prueba, Jhonny contra Þjazi!- al oír su nombre, el chico salió del rincón en el que se ocultaba, y salió al patio. El gigante ante él era el que estaba totalmente calvo, y este le miraba con diversión en la mirada. (2)

Imitó a su compañero y comenzó a gritar y alzar los brazos, pidiendo el apoyo del resto. Estos imitaron a Þjazi, y para no quedarse atrás, los Guardianes también animaron a Jhonny, pero sus gritos eran opacados por los d ellos gigantes, mucho más potentes e intensos.

-¡La prueba es fácil!- en ese momento, Utgarda comenzó a hablar de nuevo- ¡Veamos ahora cual de los dos es más fuerte, con esta piedra!- ante ellos, apareció una piedra grande como cuatro autobuses puestos en paralelo.

Estaba colocado sobre un pedestal, con la parte de abajo con un agujero, para el que fuera a levantar la roca se pudiera colocar ahí. Þjazi fue el primero en intentar la prueba. Se colocó debajo de la palestra, puso sus manos sobre la superficie de la roca, y empujó hacia arriba. Con la misma facilidad de quien coge un cuaderno, elevó la piedra sobre su cabeza, y hasta lo logró con una sola mano. El resto de los gigantes empezó a vitorear, exaltados por su demostración.

-¡Y ahora, el humano!- Cuando Þjazi dejó la roca en su posición, Jhonny se colocó debajo de la misma, se rodeó con su energía, y trató de elevarla. Pero por mucho que intentara levantarla, no había manera. Era como si algo se lo impidiera. Notaba que aquella piedra era extremadamente densa, y como apenas era capaz de alzar un milímetro.

-Vaya, parece que no es capaz... ¿Te rindes, Guardián?- preguntó, con diversión. Jhonny se estaba rodeando de su energía, pero apenas podía hacer nada. Hasta expandió sus alas de luz, con sus ojos brillando como dos focos, pero de nada sirvió.

-¡Oh, ha perdido!- Utgarda entonces comenzó a reír con ganas, así como el resto de gigantes. Jhonny, sudando, salió de su posición, mientras observaba la roca con recelo. Antes de que pudiera hacer nada, la roca se desvaneció, y al chico le llegó un suave aroma a mar. Algo curioso, teniendo en cuenta que estaban rodeados de montañas.

En ese momento, el uno que llameaba por encima de los gigantes pasó a ser un dos, mientras que el cero sobre la testa de los chicos se mantuvo en su posición.

-¡Última oportunidad para recuperar vuestras armas, chicos!- rió el rey de los gigantes, mientras el resto de sus congéneres se reía con ganas.

Estaban claramente en desventaja contra los gigantes. Iban perdiendo dos a cero, y si volvían a perder, no podrían hacer nada. Debían ganar, pasara lo que pasara. Jhonny, entonces, volvió con el resto, con un semblante aún más alicaído que el de Milly, aunque era normal teniendo en cuenta las circunstancias. Se sentían bastante impotentes ante esa situación, la magia de los gigantes era sin duda poderosa.

-¡El próximo duelo será entre Tamiya y Ægir!- antes de que ninguno de sus amigos pudiera animar al pelirrojo, se nombraron a los siguientes contendientes. La muchacha se tensó al oír su nombre y dio un par de pasos hacia atrás al ver al gigante contra el que se iba a enfrentar. Era el que contaba con una armadura de hielo, y sus ojos azules perforaron el alma de la adolescente. Pero esta, al sentir las manos de Jhonny sobre sus hombros, resopló un poco. (3)

-Lo harás bien, ya lo verás...- aseguró. Tamiya se estremeció y asintió, y se acercó a la zona de las pruebas.

-Bueno, bueno, bueno...- la voz de Utgarda sonaba divertida, pero parecía algo decepcionada- Pasemos ahora a algo aún más fácil. La prueba es sencilla: llegar el primero al otro lado de esta piscina de aguas termales- ante ellos, pudieron observar como emergía una piscina de unos cincuenta metros de largo, de la cual salía un ligero vapor.

La chica pudo comprobar que, efectivamente, el agua era muy cálida, pues notaba el calor desde varios metros de distancia. Antes de que pudiera decir nada, vio como Ægir se zambullía en el agua sin reservas, y ella decidió imitarle. Se tiró al agua, y notó que esta estaba a una temperatura más que agradable, aunque pudo comprobar que era agua salada, cosa rara ya que el mar debía estar muy lejos. Cuando sonó un disparo echo por Utgarda, empezó la carrera. Pero lo que parecían tan sólo unos pocos metros, se transformaron rápidamente en cientos y cientos de metros. Ella intentaba nadar todo lo deprisa que podía, pero el gigante era extrañamente rápido en esas circunstancias. Fue entonces que a ella se le ocurrió una idea. Ganaba el primero que llegaba al otro lado, así que delante de ella abrió un portal, y lo cruzó rápidamente. Segundos después llegó al otro lado de la piscina, y justo a tiempo, ya que cuando ella llegó, al gigante aún le quedaban unos pocos metros para llegar. Este ya estaba celebrando su victoria, cuando vio que allí estaba Tamiya, de pie, y con un semblante orgulloso. Oyeron una risa, proveniente de Utgarda, que no parecía nada molesto.

-¡La primera victoria para los Guardianes, parece que van remontando!- gritó, mientras el marcador pasaba a ser de 2-1.

Al comprender, segundos más tarde, la trascendencia de eso, todo el grupo estalló en gritos y silbidos, así como en cánticos improvisados en honor a Tamiya.

-¡Lo has hecho muy bien, Tami!- le felicitó Milly, mientras la abrazaba. Ella le correspondió el gesto, mientras el resto le secaban el pelo un poco.

-¡Ahora el tema se pone realmente interesante, compañeros!- gritó Utgarda- ¡Si yo gano, se acabó, pero si gana el Guardián... habrá que desempatar!- esa última palabra la dijo con especial entusiasmo, como si la idea le divirtiera más aún.

-¿Sabes por que dijo eso?- le preguntó William a Electra, pero esta negó- Ni idea, es raro...- murmuró. Los gigantes estaban haciendo lo que querían con ellos, y dudaban que eso fuera a cambiar entonces.

-¡Así que comencemos con el último reto, un servidor contra Hiroky!- gritó, mientras pedía a todos los otros gigantes que animaran el ambiente más aún de lo que ya estaba.

Ante la llamada, Hiroky decidió no hacer esperar más y salió a donde Utgarda ya le esperaba. Se sorprendió por el inmenso cambio que había habido en el patio, pues la piscina había desaparecido, y en su lugar aparecieron varios balones de fútbol. Al otro lado, dos pequeñas porterías de fútbol sin portero se alzaban. O al menos desde allí parecía pequeña, pues si uno se acercaba se apreciaba que contaba con las medidas reglamentaria.

-¡La prueba no puede ser más fácil! ¡Cada uno tirará un total de cinco veces, aquel que meta más veces el balón en la portería... GANA!-

Cuando dijo eso, todos los gigantes comenzaron a gritar el nombre de Utgarda y a vitorearle. Para no venirse abajo, los Guardianes hicieron lo propio con Hiroky, que estaba especialmente tenso.

-L-lo mio no es el fútbol, la verdad...- gruñó el japonés, mientras se acercaban a la línea de tiro. Utgarda rió con diversión. Sin pensarselo dos veces, tomó un balón con la mano, y lo lanzó contra la red derecha, metiendo el esférico de lleno en la portería.

-¡Se supone que no se pueden usar las manos!- se quejó Hiroky. El gigante se rió con voz cavernosa- ¡Dije que había que meter el balón en la portería, pero no dije la manera!- le respondió.

Hiroky gruñó algo molesto. Tomó el balón con la mano, se rodeó de su energía, y lo lanzó con todas sus fuerzas. El esférico voló a toda velocidad por el aire, pero eventualmente perdió velocidad, y cayó al suelo, y comenzó a rodar. Hiroky, entonces, impulsó más aún la pelota con una honda de energía, que logró finalmente que el chico consiguiera su objetivo: meter gol. Cuando la pelota pasó la raya de la portería, los Guardianes gritaron con ganas, celebrándolo como si fuera la mayor de las victorias. Pero Utgarda simplemente se rió, y, una vez más, tomó otro de los balones, y repitió el proceso: lo lanzó con todas sus fuerzas, como si fuera un lanzador de béisbol, y, una vez más, casi logra atravesar la red de la portería con el disparo. Hiroky no entendía eso, ¿cómo podía él tener tanta fuerza? Miró entonces en dirección a su portería, y notó un pequeño cambio con respecto a la de su oponente. Cuando se fijaba en la del gigante, no notaba nada raro, pero cuando hacía eso mismo con la suya, notaba que había un cambio en el aire, como si hubiera más distancia de la que aparentaba haber, y eso le sacaba de quicio, ¿como era eso posible? Pero si le gustaba hacer trampas, él también las haría. Cogió el balón más cercano, se concentró, y este desapareció de sus manos y apareció justo dentro de la portería, para la sorpresa de todos, incluida la de Utgarda. Pasaron unos segundos de estupor, y las reacciones fueron dispares: los gigantes se quejaron mucho y acusaron a Hiroly de hacer trampas, mientras que los Guardianes les increpaban eso mismo a los propios gigantes, recriminándoles su actitud. Antes de que pasara nada, el rey de los gigantes les pidió parar con un gesto, y, sonriendo macabramente, hizo una propuesta.

-Creo que lo único que puede solucionar esto es un combate- comentó, mientras con un chasquido hacía desaparecer todo, desde las gradas, a los balones de fútbol y las porterías- Está claro que habéis pillado de que van estos juegos y probablemente nos hubierais empatado, así que no alarguemos más esto- mientras hablaba, los gigantes sacaron las armas de los chicos y las enarbolaron, dispuestos a usarlas.

Los Guardianes se tensaron, pero elevaron también sus energías, y se dispusieron a combatir. Los gigantes cargaron contra ellos con sus armas listas, y los chicos con sus elementos listos para el combate. Electra lanzó varios de sus rayos, Jeremy cargó con varias esferas de agua, y Ulrich lanzó varias llamaradas contra uno de los gigantes. Odd le lanzó varias de sus agujas escarlatas a los pies de Utgarda, mientras Yumi le intentaba atar las piernas con grandes hebras de plantas, y Asmae le lanzaba ataques de energía. El resto era más caótico, pues cada Guardián trataba de lanzar un ataque de energía contra el gigante más cercano, pero estos detenían los ataques de energía con las manos como si fueran menos soplos de viento. Incluso eran capaces de detener las ondas infernales de William, que miraba horrorizado como los gigantes se cernían sobre ellos.

Extinción de la luz de la luz estelar!- Herb lanzó su ataque de energía contra uno de los gigantes cercanos, así como Sam, que también le atacó con sus Cine dragones.

Por la derecha, Sissi y Nicolas habían creado una barrera con el Muro de cristal para evitar que las grandes piedras que los gigantes les lanzaban les dieran, de donde las sacaban no tenían ni idea. Patrick, a su lado, usaba su poder para hacer que las rocas fueran en otra dirección, y algo así hacía Aurora, creando fuertes vientos para desplazar su trayectoria.

Trueno atómico!- Aelita, rodeada de su energía, estaba atacando a tres gigantes a la vez, pero de poco le valía, pues estos golpeaban sus ataques de energía con los puños como si no fueran nada. Aún así, los ataques de los gigantes tampoco le hacían especial daño, pues eran fáciles de esquivar.

Mientras, Percy, Susan y Marin luchaban contra un grupo algo mayor, él con su ataque de energía, y ellas trataban de lanzarles a través de grietas en el espacio y el tiempo, y así mandarles a lejanas dimensiones, pero los gigantes se agarraban al suelo, y avanzaban rápidamente cuando se cerraban los portales. Durante todo esto, se comunicaban entre ellos vía gema, pero la capacidad de los gigantes de cambiar la realidad era por demás superior al de ellos.

Toda esa batalla se celebró sin que los cuatro nuevos Guardianes intervinieran, pues sus mayores les habían dejado a un lado en aquello. Junto a ellos, Noelia observaba todo con algo de nervios.

-¡Deberíamos intervenir!- les dijo Milly a los otros tres- Eso mismo pienso, pero, ¿haremos la diferencia?- se preguntó Jhonny.

La muchacha asintió, mientras la energía le rodeaba- Al menos, saquemos al resto de aquí. Es una batalla que en condiciones normales les sería fácil de ganar, pero estando tan limitados en poder... Me temo que están en apuros- les dijo.

El resto asintió conforme, y también elevaron sus energías, listos para intervenir. Pero antes de que pudieran hacer nada, vieron como cada gigante había cogido en sus enormes manos a varios Guardianes, y, con sonoras risas, los lanzaron por los aires hacia el exterior del castillo. Los cuatro jóvenes tuvieron que correr para intentar alcanzar a los otros y no perderles en el proceso, aunque era difícil por que cada uno acabó volando en una dirección. Sabían que no habían recibido demasiados daños físicos pues sus energías aún permanecían en alto, pero desde luego estarían en un mal estado. Cuando les encontraron, todos habían caído en un campo cercano, con el cuerpo algo magullado, y el ego por los suelos.

-Maldito gigante... Si tuviera mi martillo le envolvería en una tormenta digna de Jupiter- gruñó Electra, mientras se levantaba con dificultad.

-En ese caso, demuestrame que tu valor no se queda en tu boca- aquella voz les sorprendió. Ante ellos, estaba Utgarda, con las manos tras su espalda, y una sonrisa orgullosa en la boca.

-Perdisteis, tuvisteis que huir del combate, supongo que sabréis lo que eso supone...- murmuró el gigante, mientras extendía los brazos con una sonrisa de diversión.

Ante los chicos aparecieron sus respectivas armas, cosa que sorprendió a todo el grupo, más a los veteranos, que no entendían aquello- ¿Sorprendidos?- preguntó el otro, mientras comenzaba a andar.

Sin mediar palabras, cada Guardián tomó su arma, y rápidamente notaron como su poder volvía. Se sentían más seguros así, pero la restricción de Jamily seguía sobre ellos. Y probablemente durante un largo rato.

-No os robé las armas por diversión, Loki me lo encargó- reconoció entonces Utgarda- Aunque él piensa que sigo creyendo que esa es su verdadera naturaleza, que inocente...- comentó.

-¡¿Esto era una prueba, entonces?!- gritó airada Aurora, pero el gigante alzó una mano para que se callara.

-Era para daros la última lección, y para bajaros el ego un poco más. Parece ser que os pusisteis muy.. tontos- eso último les sentó bastante mal a los chicos, pero era la pura verdad.

-Por cierto.. Me sorprende que pudierais ganar en una prueba, a pesar de todo- les dijo- Más si el nudo de la primera prueba estaba hecho con los haces de la luz de una estrella gigante, que la roca de la segunda prueba era un planeta entero, y que la piscina de la tercera prueba era un océano- les dijo, mientras los Guardianes le miraban sin creerselo.

-¡Ya decía yo que era raro ese nudo, maldito tramposo!- le espetó Milly, mientras contenía las ganas de golpearle.

Utgarda se rió- Hasta Gabriel cayó en mis trucos. En una ocasión, invité a unas pruebas parecidas al dios Thor y a él, y cayeron en todas. En la primera, Gabriel tenía que ganar a un gigante en ver quien podía comer más, aunque sin saberlo se enfrentó al fuego que todo lo consume; en la segunda prueba, reté a Thor a beber de un cuerno de cerveza que estaba conectado al mar, y por poderoso que un dios sea, no se puede beber el mar entero; en la tercera, Thor intentó levantar a un gato gigante que en realidad era Jörmungander, la serpiente del mundo, tan grande como la Tierra, y por fuerte que un dios pueda ser, no puede sostener todo un mundo sobre él; y en la última prueba, le enfrenté con una anciana que en realidad era la muerte, y ni siquiera los dioses pueden derrotar a la muerte- les explicó.

Antes de que ninguno pudiera replicar nada, siguió hablando- De la misma forma, ni los poderosos Guardianes pueden deshilachar la luz de las estrellas; tampoco pueden sostener sobre sus hombros mundos enteros, ni cruzar los océanos de los mundos más rápido que el propio océano- según iba hablando, las pruebas tomaban sentido para los jóvenes, que empezaban a entender todo aquello.

-Quieres decir... ¿que lo único que logré romper fueron unas cuerdas de mentira, que Jhonny tuvo encima un planeta entero, y que Tamiya casi cruza mares enteros ella sola?- ante esa pregunta, Utgarda sólo asintió, divertido.

-Lo cambiaba todo con mi magia cuando el gigante de turno pasaba la prueba, y caísteis de lleno- rió, mientras esquivaba un par de ataques que le vinieron con facilidad.

Tras eso, el gigante abrió un portal delante de los chicos- Este portal os llevará a casa, pero para que no dudéis, iré con vosotros- sin decir más, Utgarda decidió cruar él mismo el portal sin esperar a los Guardianes.

Ellos entonces, abrieron su propio portal en dirección al hogar de Jamily. Se podía considerar que habían cumplido su misión, ya que había recuperado las armas. Además, no se fiaban del gigante, así que cruzaron su propio portal, y aparecieron en la dimensión de la hechicera. Allí, vieron a la misma aelida, al gigante, y a Gabriel, reunidos tomando un té. No se preguntaron como podían haber hecho ese té y sacado la mesa y las sillas, pero sabiendo de los poderes de ellos, decidieron no preguntar.

-Vaya, precisamente aquí están. Que malos, ¿no os fiáis de mi lo suficiente como para cruzar mi portal?- dijo, aparentando una falsa pena.

-Entiende que tras robarnos, no nos fiemos de ti, aunque Gabriel te haya mandado- le espetó Aurora.

El gigante se rió- La lección espero que la hayáis aprendido, chicos- les dijo, levantándose. Según lo hacía, su tamaño fue aumentando hasta alcanzar los doce metros de alto.

-Y por si no os habíais dado cuenta, hasta las fuerzas de la naturaleza pueden caer ante el poder de un ser que puede alterar la realidad- su voz retumbó por toda la zona, provocando también un fuerte viento.

Los Guardianes solo miraron a otro lado. Aquella era la última humillación, y seguramente la mayor. Pues primero fueron derrotados por Caballeros del Infierno, después habían sido limitados en poder por la maga que creó las gemas, y ahora, unos gigantes les habían vapuleado en combate.

-¡Utgarda!- aquel grito sorprendió a todos. Provenía de Noelia, que le miraba expectante. El gigante la miró con interés.

-¡Enseñame esta magia tan increíble!- le pidió. El gigante la miró en silencio por unos instantes, y, sonriendo, fue andando hacia ella mientras iba volviendo a un tamaño más cercano al humano.

-¿No crees que vuestra amiga podría enseñarte mejor?- preguntó el gigante, pero Noelia negó- Yo quiero hacer las cosas que haces tú- le dijo.

El gigante en ese momento sonrió ligeramente, y sus ojos brillaron de un ligero tono azul- Bueno, creo que podría quedarme por aquí un tiempo...- murmuró, mientras analizaba la energía de ella. Sería entretenido, eso desde luego.

-Bueno, al menos habéis recuperado las armas, al menos. Espero que, como dice Utgarda, hayais aprendido la lección- ante esas palabras de Jamily, todos los Guardianes asintieron.

Ella suspiró, se levantó, chasqueó los dedos y sus pechos resplandecieron de nuevo. Todos notaron como la ligera opresión en el pecho que sentían desde el día anterior desaparecía- Os he liberado de la restricción. En principio os iba a mantener en ese estado por un mes, pero la idea que tuvo Gabriel me convenció. Necesitabais un baño de realidad más intenso, y creo que esto ha valido- dicho eso, ella se levantó, dispuesta a irse.

-Antes de irte, me gustaría decirte una cosa- la que habló fue Electra. Jamily se giró en silencio y le invitó a hablar con un gesto.

-He notado una alteración energética de carácter eléctrico en aquel mundo en el que Xana había tomado forma humana. Ese universo cambió, seguramente a raíz de lo que tuvo que hacer Gabriel, y ha cambiado en algunas cosas- le dijo.

Todos miraron a la Guardiana del rayo con interés- Xana sigue teniendo forma humana, pero es una versión más débil que la anterior, y no parecen recordar los cambios. Aún así, creo que deberíamos tenerla vigilada, sólo por si acaso- ante eso, la hechicera asintió.

-Hacedlo, sí. ¿Algo más?- preguntó, pero el resto negó- En ese caso, descansad. Esta tarde entrenamiento intensivo, para todos- con eso, la mujer desapareció dentro de la casa.

Los Guardianes decidieron en ese momento hacer caso a la aelida, y se dispusieron a descansar. Había sido un día duro, y lo necesitaban.

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(1) Vafþrúðnir era un gigante real de la mitología nórdica que retó a Odin a un combate de ingenio, en el que perdió.

(2) Þjazi era un gigante real de la mitología nórdica que raptó a la diosa Iðunn

(3) Ægir era un gigante de la mitología nórdica que representaba al oceano.

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.