Ese mayordomo, se relaja II
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5 de Octubre de 1988.
Perdóname por tan terribles líneas anteriormente escritas, sé que Evan no lo dijo enserio… nadie podría odiarte, no cuando yo te amo tanto.
E vuelto a tener esa pesadilla, toda la semana he tenido la misma pesadilla, intento gritar menos fuerte en las noches pero es inútil, es como si el terror y la realidad del sueño aumentaran cada noche, Demian no ha dormido bien por mi culpa… le noto muy cansado, yo también estoy muy cansada.
A veces duermo un poco durante las tardes pero despierto agotada y las náuseas se hacen muy fuertes cuando me levanto del sofá, pero, no todo es malo… el doctor al que veo me ha dicho que dentro de unas semanas más tengo que hacerme un ultrasonido, estoy muy emocionada por saber que eres… por verte, por tenerte en mis brazos, mi amor, te ama, tu mamá.
19 de Octubre de 1988, por la mañana.
Anoche mi sueño cambió, no fue tan aterrador.
Me encontraba en una habitación, una habitación que se me hacía familiar… un tanto parecida a la de mis padres pero el amueblado era más viejo y elegante, más sombrío… en tonos azulados.
Por alguna razón estaba sobre la enorme cama, era suave y tenía un dosel cayendo con su blanquecina tela, mi cuerpo estaba envuelto en un camisón de algodón, muy largo y grueso.
Debo decir que al principio pensé que ese no era un sueño y confundida intenté levantarme de esa cama sin éxito alguno como si mi cuerpo estuviese pegado a las sabanas de seda. Me aterré entonces.
Busque alguna manera de escapar… la gran puerta de madera tallada se movió, abriéndose, la bisagras emitieron un chillido agudo y me cubrí con la sabana intentando no escucharlo.
Cuando me quitaba la sabana y el chirrido paraba, veía la figura de mi pesadilla, la de los ojos rojos, aproximándose a la cama, el sonido de sus pasos retumbaba en la habitación y se detuvo justo cuando estuvo frente a mí.
No sabría explicar exactamente qué fue lo que sentí, pero estoy segura que fue todo menos miedo.
21 de Octubre de 1988, por la noche.
No sé ni por dónde empezar… creo que comenzó cuando hace unos días me comuniqué con el padre de Roseanne, Gregory Lambert, el abogado de mi abuelo.
Verás, desde hace un tiempo la imagen de Ciel no se borra de mi mente así que, intrigada le pedí que investigará cuanto pudiera de la mansión de mi familia.
Yo lo sabía, mi madre siempre ha sido una apasionada de la historia pero aun así tenía mis dudas, resulta que la mansión se incendió en 1885 pero realmente no se dio un registro de ello en la historia de la familia, ya que, en ese entonces la muerte del Conde Vincent Phantomhive y de su esposa Rachel fue encubierta por la misma Reina Victoria, según algunos de los archivos familiares el hijo de la pareja, Ciel, reapareció tiempo después y reconstruyó la mansión tal y como era antes, hasta el último rasguñó y el más nimio de los detalles.
Se me hizo extraño, así que le pregunté a Gregory sobre la parte de la mansión en la que me perdí cuando niña, al parecer esa ala de la mansión era donde anteriormente se encontraba la habitación de Ciel cuando meses después de regresar a casa fue nombrado con el título de Conde por la Reina.
Gregory dijo que desconocía la razón por la cual se hallaba tan deteriorada porque Ciel fue alguien muy importante para la familia ya que gracias a él las empresas Funtom pudieron prosperar hasta su actual gloria, también dijo que la mayor parte de las reliquias familiares se habían donado a un museo en el centro de Londres y el supuesto despacho del Conde no se había encontrado hasta la fecha, dijo que más de la mitad de aquellas habitaciones se habían derrumbado varios años antes de mi nacimiento y era imposible pasar por ahí.
Sin duda ese dato me resultó escalofriante, estoy completamente segura de haber caminado por ese polvoso pasillo y de haber tocado el rostro de la pintura… no es posible que eso sea cierto.
No lo creo, en verdad que no lo creo.
Le hablé a Gregory una vez más pidiéndole que me confirmará los hechos de alguna manera, entonces, la mañana de ayer llegó.
En el correo, junto a algunas cartas de Allen, mi mejor amigo en Londres; un paquete de Gregory donde me pedía que no se lo enseñase a nadie más.
En el paquete estaba el libro, era grande y muy viejo… un polvoriento libro forrado en cuero y con las páginas desgastadas y amarillentas.
Un escalofrió me recorrió el cuerpo cuando abrí la gruesa correa de cuero que sellaba el libro, parecía estar escrito en sangre… el nombre de mi familia.
El libro del legado Phantomhive.
En él se documentaban cada uno de los sucesos importantes en la historia familiar desde que el primero de nuestros ancestros llegó a Inglaterra.
Había escuchado de la existencia de este libro como una mera leyenda, mi madre narraba con fascinación toda la información que podría o no saberse si encontrábamos ese libro, no creí que fuese real pero ahora está en mis manos.
Creo que al principio estuve encantada por tener tal cosa en mis manos y busqué, pasando las páginas, recorriendo los años, los siglos hasta que llegué ahí, me temo que no encontré nada agradable.
Todas las páginas, cada una de las hojas que comprendían desde 1875 (año en el que, si no me equivoco nació Ciel) hasta 1900 no existían, solo había pedazos de los márgenes pegados al libro con la puntas ennegrecidas como si se hubiesen quemado.
Luego había una página escrita con una letra horrorosa
"Conde Ciel Phantomhive, hijo de Vincent y Rachel Phantomhive, recibió el título siendo muy joven y cumplió con sus deberes de noble desde la escasa edad de 12 años.
Se le reconoce por haber llevado las empresas Funtom a su máxima gloria expandiendo el negocio a países de Asia, dominando el mercado en Europa y ser uno de los primeros pioneros en llevar la industria de juguetes a América.
Se casó a los 17, con su prima y prometida Elizabeth Essel* Cordellia Middleford hija del marqués de Scottney.
Murió a los 21 debido al asma que padecía desde niño. Solo tuvo una hija a la que se le llamó Elizabeth igual que su madre.
La entonces viuda del conde Phantomhive, Elizabeth, se suicidó años después.
El destino de Elizabeth hija, fue realmente incierto hasta que cerca de los 17 años recibió su título noble y un par de años después tras un escándalo la familia Phantomhive perdió su posición como familia noble de Inglaterra.
Se sabe poco sobre la vida que tuvo Elizabeth Phantomhive, murió a la edad de 52 años y fue encerrada en un hospital psiquiátrico al intentar asesinar al mayor de sus tres hijos."
Luego de esos párrafos seguían narrando la vida de los hijos de Elizabeth, pero con más detalle, siguiendo sus movimientos, con una letra distinta como si hablase de esto con gusto.
El libro seguía narrando la vida de los integrantes de la familia Phantomhive con detalle, enfatizando el rumbo que siguieron las empresas Funtom.
Me cuesta hablar sobre el libro, me hace pensar muchas cosas que nadie querría pensar sobre su familia pero a la vez encaja de una forma que ni yo misma me sé explicar.
Mi familia esta maldita, no es que yo crea en esas cosas pero lo siento así, cada vez que cierro los ojos y veo a Ciel siendo consumido por las llamas, por el incendio… la habitación polvosa, el retrato familiar. El destino de Elizabeth, mi propio destino.
Lo que quería decirte era precisamente esto, llegar hasta este punto.
Recibí una llamada, esa tarde, luego de recibir el libro, justo antes de llegar a las páginas más recientes del mismo, antes de llegar a las páginas correspondientes a mi abuelo y mi madre, o de mí.
Mi madre, cuan emocionada a como era usual me dijo por teléfono que esa noche tomaría un vuelo directo para verme, para vernos.
Algo conmocionada debo admitir, intenté sonar tan emocionada a como lo haría si hubiese recibido esa llamada semanas atrás, por alguna razón que no sé explicar sentía que algo terrible iba a suceder, quizá era el peso de todo ese conocimiento y el libro en mis manos, quizá era la intriga porque en lugar de averiguar más sobre Ciel solo me había llenado de dudas, o simplemente paranoia de embarazada. Solo sé que no quería que mis padres tomaran ese avión, no sé cómo explicarlo, pero algo en mi interior gritaba por detenerlos.
No pude evitar despedirme de mi madre por el teléfono sin derramar cientos de lágrimas, ella me dijo que estaría bien… que nada le pasaría.
Es que… para empezar ¿Cuán probable es sufrir un accidente aéreo en estos tiempos?
Así que me calmé, me calmé al ver los ojos de Demian, preocupados, con esas grandes ojeras ya habituales enmarcándolos.
Y me abrazó cuando colgué el teléfono, me prometió que todo estaría bien y por primera vez en mucho tiempo dormí cómodamente sin soñar nada, absolutamente nada.
Y hoy me había despertado tan optimista como no lo había sido en días y me senté en la mesa del comedor, como cada sábado cuando Demian y yo podíamos pasar todo el día juntos, desayunar y salir a recorrer Bridgeport o cualquier cosa parecida.
Algo había cambiado esta mañana, se sentía, por alguna razón la casa parecía más lúgubre y fría que antes pero decidí no fijarme demasiado, decidí evadir esos pensamientos trágicos más que nada por tu bien, así que me senté dispuesta a desayunar.
Escuché a Demian gritar en la cocina, se le oía muy frustrado e impotente, la voz de Roseanne resonaba también, una voz débil y frágil que me hacía creer que esa no era ella.
Cuando le vi salir de la cocina envuelta en un mar de llanto no pude evitar llevarme las manos al vientre.
Ella se detuvo un instante, mirándome, con esa mirada dulce y cargada de sentimiento, se fue, se fue de la casa sin parar de hipar inconsolable.
Demian me sostuvo en brazos impidiendo que fuese a detenerla, le temblaban las manos, se pasó una por el cabello mientras que con la otra me sostenía de la cintura, se mordió los labios y aspiró con violencia.
— ¿Qué sucede…? ¿Qué le pasa a Rose? ¿D-Demian?—, dije con la voz rota, me sentí débil, me había mareado y me sujete de su brazo con fuerza.
—Lo siento Lili, y-yo…— se tomó un minuto para volver a respirar y me abrazó— se han ido linda, tus padres… ellos se han ido.
¿Sabes qué? Una como hija espera esto tarde o temprano, tener que enterrar a sus padres… es inevitable, la muerte es inevitable, pero, aun así duele, duele muchísimo.
Tardaran algunos días en encontrar sus cuerpos, calcinados, destrozados y tan poco legibles que trabajosamente te podría contar que son mis padres pero si, efectivamente.
James Emerson y Elizabeth Phantomhive fallecieron en un accidente aéreo, uno de los motores del avión dejó de funcionar cuando sobrevolaban algún punto del océano Atlántico y calló al agua la madrugada del 21 de Octubre de 1988.
6 de Noviembre de 1988.
Ha pasado tiempo desde que dejo mis palabras en estas páginas.
La verdad es que han sido días muy duros, quizá demasiado, luego del funeral la verdad no he tenido muchas fuerzas para hacer estas cosas, pero, me alegra contarte que la mañana de ayer fui al doctor, a hacer el ultrasonido ¡Eres una niña! Serás una hermosa niña, con los ojos de tu padre… lo sé.
1de Diciembre de 1988, a medio día.
Samantha, te extrañaba, hablar así contigo, hablarte así.
Extrañaba esto, extrañaba el poder desahogar todo en el papel… escribir es milagroso, te libera el alma.
Tengo casi tres meses de embarazo, el vientre se me ha abultado más desde la última vez que pasé estas páginas, es maravilloso, te siento crecer en mis adentros.
Sé que mi madre en el cielo debe de amarte tanto a como lo hago yo en estos momentos.
Te llamas Samantha, ese será tu nombre desde hoy, lo decidí desde el preciso instante el que te vi por el monitor del aparto de ultrasonidos, ayer se me practicó otro ultrasonido y decidí escribirlo para no olvidarlo.
Ese era el nombre de mi abuela, Samantha Ivette Clementine Aspen, es curioso, todo en ella me gusta, todo en ese nombre es como alguien que amo, Ivette como yo, Samantha como tú y Aspen el apellido de mis primos más cercanos.
Ella era una persona muy buena, pero era aguerrida, valiente y muy terca, orgullosa pero muy buena por dentro, le admiraba y le amaba mucho al igual que mi abuelo quien le amo como nadie puede amar a alguien en este mundo.
Tenía rasgos finísimos, un rostro redondeado y unos ojos bien grandes de color ocre, el pelo castaño y rizado.
Era de ascendencia húngara, tenía un acento marcado y le encantaba navegar. No recuerdo bien porque se fue, creo que enfermó cuando mi madre aún era muy pequeña, la recuerdo porque el abuelo tenía cientos de fotografías suyas en su oficina, quizá murió por una pulmonía, los inviernos en Londres son friísimos y a pesar de sus orígenes ella había vivido bastante tiempo en una zona más cálida, cerca de las costas españolas.
Por eso te llamé así, para recordarla con el amor que te tengo a ti.
Te cuento que Demian, tu padre, ha dejado la escuela y ahora trabaja a tiempo completo, desgraciadamente las cosas con mi familia parecen no tener arreglo… ni si quiera puedo comunicarme con Gregory, la verdad es que creo me han dado por muerta enserio.
¿No te lo conté…? En el titular de los periódicos aún se habla de la gran tragedia Phantomhive, de la maldición que azota a la familia… en los titulares de periódicos se puede leer "Una tragedia más para los Phantom, la mitad de la familia muere trágicamente en un avionazo. Incluso la joven Lilianne de quince años perdió la vida a bordo del avión junto a sus padres".
Supongo que es mejor así, mi abuelo debió de haberlo arreglado de tal manera… o quizá fue Evan, después de todo él ya tiene 21 y se ha incursionado en los negocios desde antes de que yo partiera a américa.
Aunque me duele hasta el alma el desentendimiento de mi familia conmigo a la vez me siento liberada, somos una familia, estamos solas primor.
Solo tú, Demian y yo, una familia.
~I~
El masoquismo es eso, si, eso que te hace seguir cuando las cosas se ponen color de hormiga… o quizá es la fortaleza interna, lo que sea, cuando bebes tequila todo parece tener más sentido del que en verdad tiene.
¿Pero para eso existe el alcohol, no? Para olvidar, para sanar…
—Se ve terrible—, le oí decir sin molestarme a ver otra cosa más que el movimiento de las olas.
— ¿Quién no, eh?— murmuré moviendo los hombros.
— ¿Se puede saber el porqué de esa cara, señorita?— dijo alentándome a beber rellenando el vaso de tequila.
—Señora— espeté acabándome de un sorbo el contenido del vaso.
Observé al bartender, el mismo que hacía malabares con las botellas en la mañana… era lindo, si, era muy lindo.
— ¿Enserio, dónde está el anillo?— dijo encantador, su sonrisa era encantadora… todo es más encantador ¡El tequila es realmente bueno!
Sonreí a como toda mujer estúpida lo haría, ya saben… alcohol… yo… nos llevamos bien, muy bien.
—Quizá no tan señora— agregué... si, coqueteaba con ese bartender ¿Algún problema?
Quizá estoy un poquito ebria, pero solo un poquito.
— ¿Sam?—…
Esperen… ¿Ese era Sebastián Michaelis llamándome por mi nombre?
Bien, quizá estoy demasiado ebria.
— ¿Oye, podrías servirme uno de esos cocteles azules…?— le dije al encantador chico de la barra pero repentinamente su encantadora sonrisa no estaba ahí, parecía asustado y el contacto visual se fue al carajo.
—Claro señora… ¿Se refiere al Blue Devil*? ¿L-le sirvo uno también al señor?—, dijo amable sin esa chispa coqueta.
—No, así estamos bien—, dijo, sentándose a mi lado en la barra, se escuchaba como una persona molesta… claro, si fuese una persona y tuviese al menos la mínima pizca de sentimientos.
Las luces azuladas y verdosas del bar iluminaban tenuemente el lugar, se ponía muy obscuro ahí luego de las nueve de la noche, en cuanto obscurecía aquella isla tropical se convertía en toda una fiesta de salvajes parejas… si, salvajes parejas.
Aparentemente la especialidad en ese hotel era el servicio a recién casados, un destino con el que cualquiera soñaría en su luna de miel.
Lo que yo soñaba para mi propia luna de miel…
Algo lo suficientemente bueno como para hacerte sentir más aplastada.
Me atreví a mirarlo, eso es lo bueno del tequila... es como valor líquido, uno que a la vez va quitándote la razón…
Debe de ser por el tequila, pero Sebastián se veía tremendamente sexi… no, esperen, él ya era así.
Pero le sentaba bien esa playera negra con corte en "V" y esos pantalones pegaditos, pegaditos… Sam, no pierdas los estribos puede que estés ebria pero no estás tan ebria.
Acabo de pensar algo que solo una persona muy ebria pensaría, mierda.
—Ya bebió suficiente, es hora de que vaya a dormir—, dijo con esa cortesía.
—Hey basta, cariño técnicamente estamos casados ¡Tutéame Sebastián, es una orden!—, le dije acercándome, apuntándole con mi dedo de manera acusadora.
—Perdón cariño, pero ya es hora de que descanses—, susurró, casi ronroneó mirándome con esos ojos rojos brillantes como brasas al rojo vivo.
— ¿Para qué, eh? Perdón pero no necesito de ti y Jessica para ser miserable, me basta conmigo misma—, espeté enfurruñada parándome de la barra, casi tropiezo al momento de bajarme del banco pero, obviamente, para ser miserable se necesitaba del toque de Sebastián y aparentemente este no me dejaría caer.
Su mano libre del guante se sentía fría, di un respingo apartando con rudeza su mano de mi antebrazo.
—Es nuestra luna de miel ¿En dónde piensas esconderte?— dijo burlón, su aliento rozó mi oído y me hizo saltar asustada.
—Nadaré hasta el aeropuerto de ser necesario—, musité hastiada sobándome la cabeza, todo ese tequila hacía que el piso se moviera bajo mis pies.
Su mano viajó hasta mi cintura agarrándome con firmeza, impidiendo que mi cuerpo se tambaleara, me giró hasta que estuvimos de frente y me apretó contra sí.
— ¿Planea visitar a su madre muerta?— inquirió con sorna, podía estar ebria y estupidizada pero nadie hablaba de mi madre, no, nadie podía hablar así de mi madre.
—No, la verdad es que quiero bailar chachachá con el shinigami que la mató ¿No quieres eso también Sebas-chan?— me burlé sonriéndole de una manera que hubiese sido sarcástica de no ser porque el tequila burbujeaba en mis neuronas y me eché a reír.
Ese leve gesto de enojo adornó su perfecto rostro y me removí intentando escapar de sus brazos que me retenían como un muro de roca.
—Ah, le gusta hacerme enojar señorita. Creo que el alcohol nubla su percepción del peligro—, otra vez su aliento golpeó la piel de mi oído, aquella parvada de buitres emprendió vuelo en mi estómago.
Me reí dando unos pasos hacia atrás, retrocediendo… lo que fue la peor idea que a mi cabecilla ebria se le pudo haber ocurrido porque terminamos en el centro de la pista de baile del bar.
Maldije en un susurro haciendo otro inútil esfuerzo por escapar de ahí.
Sentí como mi cuerpo se mecía, había perdido el control en mi misma como si yo fuese su títere y él me moviera a su antojo, de pronto me vi bailando con Sebastián bajo las tenues luces del bar y la música lenta y acompasada de una mezcla de jazz y blues.
Me estremecí por la cercanía de nuestros cuerpos, por primera vez no me maldije por haber tomado tequila ya que si no… todos saben que mi cara reluciría más que la nariz de Rodolfo el reno ¿No?
Era otra de las mágicas cosas del tequila, como si me hiciera menos consciente del encanto que el demonio ejercía sobre mí. No, olvídenlo, quien mierda consideraría eso como magia ¿Eh? No, no, no eso era malo, malo, malo, malo.
Apenas sentía la punta de mis pies rozar el piso, realmente yo no me movía en lo absoluto, me había aferrado a los brazos de Sebastián intentando no dar un mal paso y caer al piso, nos movíamos muy lento, llamábamos la atención porque en ese minúsculo bar apestoso a alcohol éramos los únicos bailando de esa forma, tan pegados… tan… como recién casados.
Sentí aquel cosquilleo como un escalofrió desde la base de mi columna vertebral recorriéndome el cuerpo, como un hormigueó que se hacía fuerte en cada una de mis extremidades, solté un suspiro involuntario mientras dábamos vueltas en la pista.
Agradecí infinitamente aquella diferencia de altura porque unos centímetros más y los labios del demonio se estamparían con los míos, sin embargo eso no me aliviaba porque sentía su aliento, sus suaves labios contra mi cabeza, en mi cabello y muy a mi desgracia (No, desgracia no… pero no lo diré) mi rostro estaba pegado a su cuello.
Aspiré hondo llenándome de aquella fragancia que había percibido antes en el baño de la casa de mis padres (Y mierda conmigo que me da por recordar estas cosas siempre) seguía ahí, en su piel, un perfume dulce y penetrante, embriagador, varonil, jadeé rozando con mi nariz su blanca piel, le sentí tensarse, como si su agarré a mi cintura se apretara más.
— ¿Qué es lo que sucede con usted en estos días, señorita?— susurró tomando mi mentón, sus ojos brillaban como intensas llamaradas entre la obscuridad del bar.
Estaba serio y sin embargo pude distinguir un poco de preocupación chispeando en su mirada carmín.
Me mordí el labio intentando marcar la distancia con mis manos, no le respondí
Su mirada se hizo más intensa, como si me atravesara con los ojos de esa forma en la que creí iba a derretirme, las piernas me flaquearon y no pude evitar tocar el suelo con los pies de nuevo, su mano en mi cintura seguía ahí, firme e impidiéndome escapar, su otra mano la que sostenía mi mentón bajó por mi cuello acariciándolo hasta que se detuvo en mi clavícula tomando uno de mis rizos.
Dejamos de girar quedando quietos en el centro de la pista.
— ¿Puede por lo menos una vez decirme lo que le sucede y dejar de ser tan orgullosa y cerrada? Son vacaciones, relájese una sola vez—, dijo con esa sonrisa suya jugueteando con el rizo entre sus dedos.
— ¿Oh, enserio? Creí que al menos durante las vacaciones dejarías de ser tan…— ironicé con una mueca sosteniendo su mano y alejándolo de mi cabello—, simplemente no te importa sean vacaciones o no, no eres nada mio para pedirme explicaciones— le dije cortante intentando soltarme otra vez.
— ¿Qué no fue usted quien dijo que "técnicamente estamos casados"?— se burló reduciendo la distancia entre nosotros, la que escasamente había conseguido.
—Oh, cierto y aun eres incapaz de llamarme por mi nombre ¿Tan difícil es? Son solo tres letras o tres silabas, es lamentable…— susurré con hastió—… que ni siquiera eso puedas cumplir…—, me burlé alzando el rostro con arrogancia— te había dicho que no me tocaras, te ordené que no me tocaras.
Me pego más a su cuerpo y me miró a los ojos con ese brillo purpureo en su iris.
Sonrió ampliamente volviendo a juguetear con mi cabello.
—No la desobedecí en ningún momento, técnicamente somos una pareja, estamos casados mientras dure esto…—, la mano en mi cintura llegó hasta mi mejilla y sentí una corriente eléctrica desde la punta de mis pies hasta la punta de los cabellos—… durante todo el tiempo que estemos aquí, en esta playa, técnicamente usted es mi esposa y puedo decirle como se me antoje, hacerle cuanto se me antoje… cuando se me antoje…
Apresó mis labios entre los suyos, besándome con intensidad, cedí de inmediato atontada por el alcohol, por lo repentino de la situación y ¿A quién mierda engaño? Porque quería hacerlo.
Llevé mis manos a su cabeza, enredando mis dedos en sus sedosos cabellos y él puso las suyas en mi cintura.
Fue diferente a otros besos entre nosotros, en este había algo más, era pasional, ardiente, como si necesitará de eso para poder seguir viviendo, me quemaba, me hundía… me corrompía.
Gemí entre el beso ante el contacto de su lengua con la mía, mi mente quedó en blanco, olvidé quien era, porque estaba ahí, donde estaba… incluso olvidé por un segundo la existencia de Ciel Phantomhive y la presencia de los restos de mi madre muerta en el bolso, las palabras del diario se borraron una a una y me limpié de ese dolor, me sane como el alcohol no lo había podido lograr.
La piel me quemaba, me ardía, el calor se había arremolinado en mi cuerpo nublando mis sentidos, sentí como si flotara, como si no tuviese un cuerpo pero aun sentía su boca sobre la mía besándome con urgencia, demandante, mordiendo mis labios casi con violencia, apretándome más y más a su cuerpo como si fuese posible fundirnos en uno, recorriendo mi boca con su ávida lengua, dominándome, reprimiéndome, corrompiéndome… enloqueciéndome…
Pero a pesar del deseo, de lo frenético en su beso y de lo mucho que lo estaba disfrutando algo en mí se quebró, temía, me resultaba peligroso muy en el fondo de mí.
No era por el beso, no era por Sebastián o su demoniaco ser, ni por lo que ese beso llegase a significar, no, era algo extraño, muy en el fondo de mi alma escuchaba como una voz me gritaba rogándome que huyera de ahí, que escapara y me detuviera, esa voz, esa sensación, se sentía muy distante a mí, como si no fuera algo mio lo que me reclamara por no huir.
Me dolió, como una punzada emergiendo de mi pecho, una dolorosa punzada que bloqueo el momento, y me retorcí quitando las manos de su cabello rápidamente, llevándomelas al pecho.
Dolía, tanto como para matarme y gemí adolorida, confundida.
Sebastián me soltó, terminando ese beso de repente cuan imprevisto a cómo empezó.
Jadeé luchando por volver a respirar, aferrándome a él mientras ese punzante dolor seguía ahí partiéndome en dos pero se fue en segundos y la voz gritando alarmada se esfumó.
Respiré hondo sin entender que había sucedido, algo muy extraño había pasado y no es el beso, de hecho, luego de leer el diario de mi madre un beso con Sebastián parecía lo más real y normal, era lo único a lo que podía seguirme aferrando… todo lo demás ya no tenía sentido, como Jess se portaba conmigo, el repentino interés de otras personas en mí, la manera en la que Joe cambió al ver la marca, Lilian… Lilian…
— ¿Qué sucede?—, preguntó alarmado mirándome tan confundido como yo.
—Lilian—, chillé aferrándome a su pecho, me eché a llorar recordando las palabras del diario.
Y la sanación se fue…
Sus brazos me rodearon con delicadeza, abrazándome casi con dulzura acariciándome el cabello y lentamente, acompasados por la suave música volvimos a girar.
—Es como si yo tuviera la culpa, todo es mi culpa… si yo no…—, alcancé a decir débilmente, respirando con dificultad—… es mi culpa, ella estaba bien sin mí… todos lo estaban, yo no debí… yo no debí haber nacido Sebastián, soy solo un error y ella pagó por mí cada día… yo soy la que tendría que pagarlo, yo soy la que debió de haber muerto… yo
La opresión de sus labios contra los míos me interrumpió, me besó sin esa urgencia de antes, fue un beso corto, breve pero igualmente intenso, casi dulce y tierno.
—No—, susurró aun rozando mis labios, limpiándome las lágrimas—, no es su culpa, no es usted quien debió de haber muerto… por algo está aquí, por algo estamos aquí y créame, en verdad que su existencia no es simplemente un error— afirmó, meciéndome suavemente al ritmo de la música acomodándome un mechón de cabello—, se lo demostraré de ser necesario, porque usted señorita es solo mía…
Me reí con la cara ardiendo.
—Tequila Sebastián, tequila— dije con una risilla perdiéndome en el brillo de sus ojos carmesí— estoy así de ebria que mañana no recordaré que me estás diciendo ahora…
Me hizo dar una vuelta al compás de la canción.
—Ah, entonces déjeme decirle que hoy se ve especialmente deliciosa—, declaró con esa intensa mirada purpurea.
—Chocolate y avellanas— murmuré.
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Hey hola! ¿A qué ya decían 'esta mujer ya no actualizo'? Pues actualicé ¡Ja!
xD Bueno intentaré ser breve (que todos sabemos que siendo breve en estas cosas no sirves Sam...) Shht Sae del mal! y aun se las debo el sexy-como-para-comer-y-morir Sebas-chan en traje de baño pero ¡Hey antes de venir a arrojarme nueces como ultimatum! (?) Les digo que les tengo una sorpresa, digamos que será su regalo navideño y de reyes ¡Oh si! Digamos que, aparte del traje de baño y los demases guardados para el siguiente capitulo les regalo según mi calendario... como nos vemos hasta el dia 3 de Enero lo que me recuerda... ¡Gente el mundo aun vive! xd tenía que decirlo... este, decía que como nos vemos hasta el tres y de ahí hasta el 5 de Enero y si se puede el días 6 también nos vemos, les informo que la Navidad también llega a esta historia.
Si, si, tarde pero llegará y nuestro especial Navideño será una bomba, oh si.
En cuanto a otras cosas pronto entraré a la escuela el 7 de Enero y nos verme menos seguido por aquí :C pero me voy a apurar, si, si.
Con la historia... bueeeno, una mujer ebria no basta ¡A por dos con el tequila! :D En este capitulo realmente nos fuimos más para el diario y espero lo amen porque yo me doy de topes cada vez que escribo el diario, me hace chillar! ¡Pero chillar!
Ahora a responder reviews anónimos y chulos!
Yuuki-Lawliet: Mujer de mi vida con la cabeza que tengo ya ni recuerdo si habías comentado antes o no, como sea ¡Bienvenida al fic! Gracias por comentar, por tomarte tu tiempito para leer este fic y pues ya, eso. Saludines a donde sea que andes (:
Karlie: Perdoname por hacerte esperar tantisimo D: pero ahor aya sabes que si tardo no e muerto solo se perdí el cerebro un rato (?) lo que sea, gracias por tus reviews y por leer esta historia! Espero nos leamos de aquí y siempre (:
Ahora yo me retiro mujeres, gatos, particulillas porque soy la sirvienta de mi casa, por eso estudien ¡O se las verán con un trapeador y una escoba! Lo que sea, Nos leemos! Suerte! ¡Feliz Navidad! (?
