Código Guardianes
Capitulo 100
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
Amanecía en Moscú. La ciudad se estaba despertando, pero ya había gente yendo y viniendo por las calles, bien en coche, bien a pie, aunque todos estaban bastante ajetreados, todos menos uno. En concreto, una mujer morena de ojos pardo, andaba despacio, pensativa. El ángel Seriel llevaba allí esperando varios minutos a que llegara su contacto, y aunque hacía un frío muy intenso por ser pleno invierno, el ángel no notaba nada en absoluto, por eso iba con su ropa de siempre: una camisa de manga corta con vaqueros. Para aparentar se había puesto una chaqueta de cuero por encima, pero igualmente los transeúntes la miraban con impresión. Era una mañana especialmente fría, y ella iba vestida como si fuera pleno verano. Pero antes de que pudieran decirle nada, ella les lanzaba una mirada aún más helada que el ambiente, así que ni siquiera se le acercaban.
-Guarda ese ímpetu para cuando nos colemos en ese nido, Seriel- el aludido se giró al oír su nombre, y observó que su superior aparecía.
El Trono que tenía delante, de nombre Adriel, era el mismo que le mandó asesinar a Jhonny, aunque no lo lograra en primera instancia. De eso habían pasado varios días en los que no había recibido nuevas órdenes, hasta el día anterior. La última vez que habían compartido cuarto, Adriel había cogido un libro de la biblioteca del Cielo, y desde entonces no le había vuelto a ver. Las ordenes que recibió fueron claras: ir a Moscú en el amanecer del día siguiente, a las cercanías de una pastelería local, y esperarle allí.
-¿Listo para la misión, hermano?- preguntó el Trono, a lo que Seriel asintió- No sé para que estamos aquí, pero supongo que tiene algo que ver con el libro que has estado consultando- a eso el Trono sonrió ligeramente de medio lado.
- Así es. La información ha sido muy útil, la verdad- respondió.
Fue entonces que en las manos de Adriel apareció el libro, abierto por una hoja en concreto- Como bien sabrás, la única manera de encerrar a un ser celestial es con fuego sagrado- empezó- El resto de materiales pueden ser destruidos por nuestros poderes con facilidad, pero no ese elemento mágico, incluidos los arcangeles- Seriel asintió.
-Y por supuesto, pueden encerrar a otros seres que tienen relación con el cielo, así que lo usaremos a nuestro favor- aseguró.
-Y... ¿Que hacemos aquí, exactamente?- preguntó. A eso Adriel sonrió ligeramente- Hemo venido a por los ingredientes necesarios para esos conjuros, aunque no los vamos a comprar- aseguró.
A eso el ángel de menor rango le sorprendió ligeramente, si bien robar no era algo que le gustara hacer especialmente, de ser necesario lo haría.
-Tranquilo, no serán a mortales a quienes les quitemos esos ingredientes. La gran mayoría están por encima de esos simios bípedos- eso último lo dijo con un deje de desprecio bastante intenso.
La inmensa mayoría de seres celestiales veían a los humanos como poco menos que cucarachas, seres abominables a los que mejor no acercarse. El único contacto que se podía tener con ellos era para ocupar sus cuerpos, y para eso se necesitaba el permiso del dueño, cosa que hasta cierto punto dificultaba la tarea, pero, ¿Quién se iba a negar a albergar en su seno a una criatura del cielo? Por ahora, nadie.
-¿Entonces?- preguntó el otro. Seriel simplemente le indicó que le siguiera. Anduvieron por varias calles, hasta llegar a una zona de grandes naves industriales.
El humo salía de las chimeneas y llenaba parte del aire con polución, pero al mismo tiempo, de algunas de ellas entraban y salían coches, camiones, furgonetas, y toda clase de medios de transporte. Si uno se fijaba desde fuera, incluso podían verse las líneas de producción, con cientos de hileras de cajas, botes, y todo tipo de recipientes, siendo llenados del producto de la empresa, desde bebida, a comida, pasando por ropa o productos de limpieza. Pero no se detuvieron en ninguna de ellas. Siguieron y siguieron por varios kilómetros, hasta detenerse en la última de las naves. Esta tenía un aspecto de abandono, pues la maleza crecía alrededor de las paredes, estas estaban llenas de polvo, y los candados y verjas estaban totalmente oxidados. Aún así, Seriel podía sentir las energías de los que estaban allí dentro, y hasta un suave olor, que le era muy conocido.
-Por tu expresión creo que ya sabes contra que seres oscuros nos vamos a enfrentar- la voz de Adriel sacó al otro de su ensoñación, y por inercia asintió.
-La carne humana huele desde aquí, ¿cómo es posible que los humanos no hayan dado la voz de alarma ya?- se preguntó.
Adriel se rió un poco- Bueno, supongo que los vampiros se habrán dedicado a darles miedo para que no digan nada. Además, tú puedes oler mucho mejor que los mortales, pero para ellos, este lugar apesta a carne de vaca- le aseguró.
Seriel asintió. Sin duda, aquel era un nido de vampiros. Estos, al contrario de lo que los humanos creen, viven entre ellos, haciéndose pasar por uno más, aunque su naturaleza diste mucho de la humana. Como muchos otros seres sobrenaturales, su número ha descendido según crecía el de los hombres, pues estos se han ido organizando más y más, y cada vez es más difícil alimentarse con la alta protección que hay en los tiempos modernos. En épocas pretéritas, como en la Edad Media, licántropos, vampiros, elfos, y un largo etcétera pululaban por doquier, pero desde la Revolución Industrial, el número de las especies que se alimentaban del hombre ha descendido a incluso la extinción en algunos casos. Pocos eran los grupos que se mantenían, y uno seguramente fuera este.
-¿Y que pueden tener unos vampiros que no tengan los ejércitos del Señor?- preguntó el ángel. Adriel observó por unos segundos el edificio antes de responder.
-Sangre de un recién nacido. He oído que en este nido tienen criando humanos como si fuera una granja de vacuno- a eso Seriel asintió, y se dispusieron a entrar.
Adriel fue el primero en entrar al recinto. Con facilidad abrió las puertas con un resplandor de luz, y se internó en la nave. En seguida aparecieron un par de hombres. Eran de una constitución robusta, y sus ojos eran de un tono amarillo antinatural. Cuando abrieron la boca, se pudieron ver un par de colmillos grandes como cuchillas, y un sonido grutural salió de sus gargantas.
-Aquí no se os ha perdido nada, ángeles- gruñó uno. Parecía el jefe de los dos, pero a pesar de querer denotar confianza, Seriel podía notar su miedo.
Antes de decir nada, de las manos del Trono emanó una fuerte luz que evaporó a ambos seres, y continuaron avanzando. Llegaron a una parte que tenía una cortina de plástico con grandes pestañas. Al otro lado, vieron varias personas atadas y amordazadas con la cabeza gacha, parecían dormidas. Tenían ligeras heridas en las articulaciones y sobretodo en el cuello y en los brazos, donde tenían marcas de múltiples pinchazos.
-Debe ser un grupo numeroso, para tener a diez personas secuestradas…- murmuró Seriel, mientras analizaba la zona.
Adriel no respondió y se limitó a buscar en una nevera cercana. Al minuto, aparecieron por allí más vampiros, que pararon en seco al ver allí a los dos ángeles.
-¡¿Qué hacen estos aquí?!- gritó uno. Era una mujer adulta, de pelo negro y los ojos también amarillos, como los otros.
Los otros se disponían a atacar, pero ella les detuvo con un gesto de la mano. Olisqueó ligeramente el aire, mientras se acercaba con cautela.
-¿Qué queréis y qué haceis aquí?- les gruñó. Seria Adriel quien contestara- Creo que ya sabes qué somos- aseguró.
La mujer frunció el gesto y les mostró amenazante los colmillos- No soy tan estúpida como para saber que ni juntándonos todos los vampiros del mundo podemos con un ángel- les respondió.
-Eres lista, entonces. Si nos das sangre de bebé humano, nos iremos de aquí y no destruiremos vuestro lindo nido. ¿Trato?- la voz del Trono no daba lugar a posible discusión.
Con un gesto de cabeza, indicó a uno de sus subalternos que fueran a por el pedido, y, cuando se hubo escabullido por una puerta lateral, un denso silencio se adueñó de la sala. Seriel dudaba de que Adriel cumpliera su promesa, pues en el Cielo no se estilaba trabajar con seres como los vampiros, que habían surgido de la oscuridad. Ellos, seres divinos, no se podían juntar con criaturas de la noche cuya única virtud era su amplia capacidad reproductiva. Se alegraba del descenso que su población había sufrido, pero ahora necesitaban de su ayuda, cosa que golpeaba su ego, pero era necesario para el plan del Señor. A los pocos minutos apareció aquel vampiro con varias bolsas de sangre. La que parecía la líder de aquel grupo se las lanzó a ambos ángeles, que tomaron las mismas sin dificultad.
-Cumplid vuestra promesa y dejadnos en paz- dijo entonces la mujer. Seriel entonces supuso que Adriel les desintegraría como hizo con los vampiros de la entrada, pero no fue así. Simplemente se acercó las bolsas a la nariz, y cuando comprobó que la sangre era la que buscaban, se dio la vuelta y se dispuso a salir.
-¿No vas a destruir a estos monstruos?- preguntó con algo de sorpresa. El Trono le miró- Dije que no lo haría si nos traían la sangre de bebé, y lo hicieron, ¿por qué debería?- preguntó.
Seriel tardó unos segundos en responder- Las ordenes del Señor son de destruir a los monstruos que amenazan a la Naturaleza- respondió.
Adriel sonrió de medio lado por unos segundos- También lo es que tenemos que luchar en el Apocalipsis, y eso es lo más importante- dijo- Está justificado saltarse normas si para ello logramos el fin último- le aseguró.
Seriel simplemente asintió. El plan que tenían lo desconocía, pero él, como buen guerrero, lo seguiría. Pues ese era el papel de los ángeles: eran los soldados de Dios, y aquellos que hacían realidad su voluntad.
-De todas formas…- añadió entonces Adriel- Si tantas ganas tienes, hazlo. Pero quiero que dejes esto entre los restos- entonces le entregó unas esquirlas de un metal.
Este tenía propiedades mágicas, y notó una energía especial emanando de la misma- Esta energía… me es familiar- dijo.
Adriel sonrió- Es muy parecida a la del arcángel Miguel, ¿verdad? Es parte de la armadura de Aelita- dijo.
Seriel entonces asintió, comprendiendo la situación, y se internó en la nave de nuevo. A los pocos segundos, de la misma comenzaron a salir destellos de luz y oírse gritos de dolor.
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Mientras esto pasaba, los Guardianes habían comprobado que Jamily era una mujer, mejor dicho aelida, que cumplía su palabra. La hechicera les había puesto a entrenar arduamente desde el día en el que volvieron de recuperar sus armas robadas por el jotun Utgarda, el cual fue enviado por el propio Gabriel para darles una última lección de humildad, una muy necesaria pues habían cometido una gran imprudencia por ir ellos sólos al Infierno, y de aquello había pasado una semana. Desde entonces, habían no solo entrenado para fortalecerse, también habían practicado tácticas de grupo con los Guerreros de la Tierra 910, e incluso habían ayudado a la limpieza de la casa de la maga, así como de la Ermita. Habían estado muy ajetreados estos días, y Asmeya andaba especialmente estresada por su trabajo como Jefa de Estado del Reino Humano de Asmara, pues ahora ella era la nueva reina, y debía firmar las leyes que a diario le llegaban desde el Parlamento- Así mismo, Noelia ya había empezado a entrenar con el gigante de hielo su magia, aunque era sobre todo práctico, cosa que sorprendió a la chica perro, pero no se quejó de ello. En esos momentos, se encontraban en la Academia, dando clases de Quimica con la señora Hertz la inmensa mayoría, los pequeños del grupo en Gimnasia con Jim, y los dos mayores se encontraban repasando en la Biblioteca.
-Sigue sin gustarme que estemos separados…- murmuró Yumi, mientras subrayaba sus apuntes. William, a su lado, golpeaba con los dedos ligeramente la tapa el libro que tenía en la mano.
-Estamos muy cerca, a menos de cincuenta metros unos de los otros, y a velocidad súper sónica podemos estar junto al resto en un segundo- le respondió él, quitándole importancia con un gesto.
Ella suspiró- Sabes bien por qué lo digo, Will. Casi matan a Jhonny una vez, nada impide que pueda volver a pasar- le dijo.
Este asintió- Esa vez fue Azrael quien acudió, pero ahora que estamos más alerta, tendremos más cuidado, sobre todo después de la que liamos…- murmuró.
-La verdad es que sí, Jamily fue muy indulgente con nosotros al devolvernos tan rápido los poderes al completo- comentó Yumi, pensativa.
Efectivamente, tras su visita al Infierno, y después de los varios golpes a su orgullo, la hechicera les había devuelto sus poderes, cosa que agradecían en parte, aunque no se sintieran del todo dignos de ellos. Cuando se lo hicieron saber a la mujer, esta les explicó que, si no fueran dignos del poder de las gemas, estas no estarían ya en su poder, así que no debían preocuparse en exceso por ese motivo. Pero esa idea aún estaba presente en la mente de algunos Guardianes, y esa duda podía jugarles una mala pasada en el momento más inoportuno.
-En fin, ¿descubriste ya como se hacía aquel ejercicio de mates?- preguntó William , cambiado de tema. A veces era preferible tener que preocuparse por cosas más propias de personas de su edad.
Yumi le iba a responder, cuando notó una fuerza bastante grande rondando la Academia. Y parecía que William también la había notado, pues él miró en la misma dirección de la que provenía aquella energía, y era una especialmente oscura.
-No me jodas… ¿Un puto demonio aquí?- gruñó William, mientras cerraba el libro y salía disparado de la biblioteca. La japonesa le siguió sin dudarlo, un demonio por los alrededores de Kadic no era una buena señal en lo absoluto.
Corrieron por los patios de la academia, hasta que se toparon con el último demonio al que querían ver: Gamma. Iba vestido con su traje de siempre, con las manos en los bolsillos, y contemplando un roble del parque en silencio.
-Se nota que tu poder hace crecer este bosque, Yumi…- murmuró, mientras se giraba despacio. Ambos Guardianes le miraron y le rodearon, con sus energías en alto. Cerca de ellos las energías del resto del grupo brillaron, indicando que estaban dispuestos a intervenir.
-Me alegra comprobar que la chupipandilla ha vuelto en plena forma, me preocupó por un momento que vuestro… gatillazo fuera demasiado duradero- bromeó, mientras una sonrisilla socarrona aparecía en su boca.
-¿Se puede saber cómo sabes que estábamos aquí?- le inquirió Yumi- Y dame una buena razón para no volatilizarte aquí y ahora- le amenazó.
Gamma rodó los ojos aburrido- Vosotros sólo sabéis usar la fuerza bruta, chicos… En fin, estoy aquí porque, como os he reiterado varias veces, estoy interesado en ayudaros a evitar el Apocalipsis por que le viene mal al negocio. Por eso…- con una sonrisa, en su mano apareció un paquete. Estaba cubierto por una tela roja.
Cuando lo quitó, pudieron ver un libro. Pero cuando William lo fue a coger, Gamma lo apartó rápidamente- Vereis chicos, esto de aquí me lo… llevé prestado de un templo tibetano. Los jefes ya sospechan de mí, y seguramente ya sean conscientes de que os estoy ayudando, cosa que por supuesto me pone en el punto de mira de todos los demonios- les dijo.
-¿Y eso a nosotros que nos importa?- preguntó Yumi, que empezaba a impacientarse- Pues que me estoy jugando el cuello por vosotros, así que no me jodais, ¿entendido?- les dijo, mientras sacaba un cuchillito y se hacía una herida en la mano. Posteriormente se lo tendió a William.
La reacción de este hizo que él rodara los ojos, molesto, pue son lo tomó- Te tienes que hacer un corte en la mano también para cerrar el vínculo…- le explicó.
William miró en silencio a Yumi. Esta se encogió de hombros, ninguno sabía si eso era buena idea o no, pero tenían prisa. William tomó despacio el cuchillo, mientras la japonés pedía consejo al resto, que a su vez le preguntaron a Jamily. Esta les dijo que no se podían fiar demasiado del demonio, pero que ese libro les venía bien. El título era ilegible para ellos, pero decidieron confiar en el criterio de la maga. Por ello, William se hizo un ligero corte en la mano con el cuchillo. La sangre emanó de la herida, y Gamma rápidamente le estrechó la mano, y la sangre de ambos se juntó. El chico notó un vínculo con el demonio, como si ahora estuvieran unidos.
-De esta manera, ahora estamos juntos en esto, chicos- dijo Gamma, mientras se separaba del chico y se envolvía la mano- Tranquilos, no me llevaré el alma del escocés, pero ahora sí que sí me debéis ayudar si os lo pido. En reparación por daros el puñetero libro… os aseguro que os hará falta, si mis informaciones son ciertas- murmuró.
Antes de que ninguno de los Guardianes presente pudiera preguntarle a que se refería, este desapareció de allí.
-Como le gusta hacerse el misterioso…- gruñó William, mientras Yumi usaba su energía para curarle el corte.
-Deberíamos llevarle el libro al resto- le dijo la chica- Para que Jamily lo vaya examinando a ver si puede ser útil- añadió.
-Espero que lo sea, ya que ha insistido en que aceptáramos- Yumi asintió. Tras eso, decidieron abrir un portal y hacerle entrega a Jamily del libro, que lo recibió con la mesa llena de montones de papeles hechos a un lado, señal de que antes estaban desperdigados por toda la mesa, aunque ahora estaban formando varias torres a cada lado. Lo único que había en el centro de la mesa había un cuaderno y un bolígrafo.
-Espero que valga la pena que hayamos aceptado…- murmuró Jamily, mientras abría el libro por la primera hoja- Si es el libro que es, nos vendrá muy bien, a verdad- les explicó.
-¿Qué tiene de especial un libro escrito por un monje tibetano?- preguntó entonces Yumi. La aelida tardó unos segundos en responder.
-Los demonios tienen puntos débiles, como todos los seres sobrenaturales, incluidos los ángeles. Se saben algunas cosas, como la sal, pero más allá de eso, se sabe poco de su naturaleza, a excepción de un héroe, un monje del Tibet que logró desentrañar buena parte de sus secretos. Muchos ya se sabían, pero nunca antes habían sido recogidos y compilados en una obra escrita, por miedo supongo a que cayera ese conocimiento en malas manos, por eso se transmitía de manera oral. Hasta este libro, el primer compendio de conocimientos de los demonios- dijo, con una sonrisa, la mayor mientras pasaba los dedos por algunas hojas.
Para dejar que se concentrara, decidieron abandonar la estancia, esperando que pudiera dar con algo de interés en aquel libro. Mientras volvían, y como tenían hambre, decidieron pasar por la cafetería a por un tentempié de mediodía.
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Lilith observaba en silencio la zona devastada. Allí, hasta hace unas horas, se encontraba un nido de vampiros. Desde hacía varios días, concretamente siete, habían ido destruyendo nidos de varios monstruos. Y por alguna razón, todos eran colaboradores de los demonios. Ambos grupos, monstruos y demonios, colaboraban habitualmente para lograr alcanzar sus objetivos comunes. Los primeros se beneficiaban por que conseguían víctimas humanas sin tener que ir a cazarlas y de esta forma no llamaban tanto la atención de las autoridades, y los segundos, por que conseguían nuevas almas para transformar en demonios. Esa sociedad había nacido hacía tiempo, por que si los humanos podían erigir sociedades multimillonarias, nada les impedía a ellos hacer eso mismo.
-Esto empieza a tocarme la moral, y lo que no es la moral, Astaroth…- gruñó la diablesa, mientras pateaba el suelo y el polvo ascendía.
Varios montículos de polvo se acumulaban en el suelo, justo donde habían estado antes vampiros vivos. Además, las sillas, anteriormente ocupada por humanos encarcelados, ahora estaban vacías, presumiblemente liberados por aquel que destruyera a los seres sobrenaturales que allí vivían.
-¿Se sabe al menos quien ha podido ser? El que nos dio la alarma nos dijo que no vio nada, pero que antes había visto a un par de individuos que no había visto antes por la zona- le informó.
La mujer simplemente gruñó molesta, e incendió su energía- Creo saber quienes han sido, esos puñeteros críos… Seguramente hayan sido ayudados por el bastardo de Azrael, aquí apesta a ángel, maldita sea…- Astaroth la miró con cierta diversión, y señaló a la zona donde estaban las cámaras de frío.
-Allí encontramos esquirlas de algo que seguramente te interesa, Lilith, mira- le mostró entonces los trozos de armadura.
La diablesa torció ligeramente el gesto en ese momento- Osea que aquí también… y creo saber a quien pertenecían estas armaduras- murmuró.
Astaroth la miró de reojo- ¿Y bien? ¿Quién es el culpable?- preguntó.
Ella elevó su energía- Di mejor quienes… Ya he mandado partidas de caza a buscarles, ¡daré con ellos aunque tenga que prender fuego a la faz de esta roca!- gritó, furiosa.
El otro Caballero del Infierno suspiró- Sólo eran meros proveedores, Lilith, nada que no se pueda solucionar- le dijo.
Ella no le miró al responder- No es por eso. Es una afrenta contra el Infierno, y contra mi orgullo. Te recuerdo que yo llevo personalmente todo esto- le dijo ella.
Astaroth simplemente tomó parte del polvo entre sus manos- Esta no es la principal forma de adquirir almas humanas, así que asumo que te refieres a que de esta manera la percepción de los monstruos de nuestro poder será peor… ¿No?- ante ese razonamiento ella sólo asintió.
-Nuestro dominio se basa en eso, si dejan de vernos como una amenaza querrán luchar contra nosotros- añadió la diablesa- No me dan miedo en absoluto, cualquier demonio recién creado puede derrotar en solitario a todos estos despojos, pero… - sus palabras fueron cortadas por las de Astaroth.
-¿A quien enviarás a matar a los Guardianes?- preguntó, con los ojos de color bermellón. Lilith sonrió a eso.
-¿Quién ha dicho que haya mandado a nadie? Cuando la partida les encuentre, que lo hará- aseguró ella- Yo misma les mataré y haré de sus cuerpos polvo de estrellas… Sabrán en sus carnes lo que te pasa cuando te metes con el Infierno- los ojos de ella se volvieron también bermellón, estaba dispuesta a vengarse de aquello.
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Mientras tanto, y de vuelta al Cielo, Seriel esperaba pacientemente en frente de unas puertas. Estas llevan directamente a la sala del trono donde Dios gobierna los universos, y casi nadie podía entrar ahí. Sólo los arcángeles y unos pocos habían entrado en esa sala durante millones de años. Aquella era la vez que más cerca estaba de esa sala sagrada, pero no le habían dejado entrar. Adriel, su superior, llevaba allí en audiencia durante un largo rato, pero no se escuchaba nada de la conversación de dentro. Se sintió tentado a intentar escuchar, pero eso hubiera sido un delito gravísimo, así que se abstuvo de hacerlo durante las más de cuatro horas que estuvieron de reunión. Cuando este salió, estaba ligeramente pálido, pero no dijo nada, y simplemente se encaminó a su despacho, varios pisos por debajo.
-¿Sucede algo malo, Adriel?- le preguntó entonces Seriel. Conocía a ese Trono desde hacía siglos, y no le había visto así en todo ese tiempo.
Este negó- No es nada. El arcángel Miguel me ha dado instrucciones claras sobre el tema de actuación con sus hermanos Gabriel y Azrael. Y sobre todo con los Guardianes- le dijo.
Seriel le miró con expectación- Dios ha ordenado que debemos obligar si es necesario a sus hermanos a que se nos unan, y exterminar a todos los Guardianes, salvo al bastardo de Azrael- dijo, mientras alzaba el rostro y miraba al infinito.
-Pero… ¿cómo vamos a convencerles de eso? Nos superan en fuerza de forma aplastante…- murmuró Seriel. Adriel le miró de reojo- Miguel ha afirmado que él se encargará personalmente de sus hermanos…- respondió, en un murmullo.
Seriel simplemente asintió, pensativo- Y.. seguramente se encargue al mismo tiempo de los Guardianes- le aseguró.
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Al mismo tiempo, se hallaban los Guardianes reunidos en la sala de juegos de la Academia. Era ya por la tarde, y se encontraban relajados mientras hablaban en grupillos, junto al resto de los alumnos de Kadic, que jugaban al ping pong, o al futbolín que allí tenían. Otros veían la tele, mientras que algunos leían una revista y cuchicheaban, y, en general, en toda clase de entretenimientos. Precisamente estaban charlando sobre el libro que les entregó anteriormente Gamma.
-Me pregunto que habrá querido decir que lo vamos a necesitar en breve- comentó Sam, mientras jugueteaba con las cuerdas que caían desde la capucha de su sudadera.
-A saber, puede que estuviera mintiendo, desde luego uno no se puede fiar de él, ya nos engañó antes cuando se hizo el muerto- dijo Electra, a su lado, recostada sobre el sofá.
-Yo no sé si nos debemos fiar, no luché contra él antes, pero por ahora ha demostrado que eso de ayudarnos no va de farol- comentó Jhonny. Hiroky, Milly y Tamiya, que estaban en frente del pelirrojo, asintieron en acuerdo.
-¡¿Pero no os dais cuenta de que es un demonio?!- saltó Asmae en ese momento, aunque no alzó demasiado la voz- Seriel es un ángel e intentó matar a Jhonny, creo que no nos podemos dejar llevar por cosas así. Lo mejor es no fiarse de nadie- le dijo Jeremy, mientras colocaba una mano sobre su hombro para calmarla.
La pelirosa soltó un pesado suspiro y se sentó de nuevo- Lo que está claro es que no va a hacer nada que no le beneficie. Si nos está ayudando ahora, seguro que nos lo va a cobrar, y con intereses- dijo Susan, y nadie pudo decir nada en contra de eso.
-Lo peor es que es Willy quien está atado en esto, a saber lo que le pide…- murmuró Noelia, que también estaba de descanso.
-Cambiando de tema a algo más ameno, ¿Que tal con tu maestro nuevo?- le preguntó Marin a la chica. Esta sonrió- Bastante bien la verdad, Utgarda es bastante buen maestro, pese a todo- respondió.
Antes de que nadie pudiera hablar, Aelita se levantó rápidamente, y se excusó para salir. Nadie le dijo nada, pero les sorprendió que quisiera salir tan deprisa. No se fijaron en que ella tenía una ligera expresión de dolor en la cabeza, pero no empezó a torcer el gesto hasta estar fuera de la sala. Ella esperó que el aire frío ayudara a calmar ese dolor, pero sólo fue a más.
-¿Duele, eh?- oyó un voz masculina ella. Cuando se fijó, delante de ella había un hombre. Era no demasiado alto, de barba larga y desaliñada y ropas mugrientas. Sin duda, un mendigo, pues tenía un intenso olor corporal.
De pronto, su dolor de cabeza desapareció de repente, tan rápido como llegó- Eres una niña inteligente, o eso me han dicho- siguió hablando.
Esa voz y poderío no eran propios de una persona sin hogar, como aparentaba. En cuanto ella se fijó un poco más, pudo ver el verdadero rostro de aquel individuo: grandes alas doradas, un gran resplandor en su rostro, pelo de fuego, y un aura de poder casi infinita.
-¿Quién eres...?- preguntó ella. El mendigo se rió ligeramente- Me llamo Miguel, creo que el nombre te suena…- le dijo.
Ella tragó saliva con dificultad- Pensé que… bueno, que usarías como recipiente el cuerpo de mi hermana- murmuró.
El arcángel tardó unos segundos en responder- Verás, el cuerpo de tu hermana es el ideal, y, eventualmente, lo obtendré. Pero no puedo estar demasiado tiempo en el mundo terrenal sin un recipiente que contenga mi poder, y necesitaba hablar contigo, a solas- dijo, mientras caminaba algunos pasos.
Ella permaneció en silencio- Esto que te tengo que decir era demasiado importante para decírtelo en un sueño, así que…- él empezó a resplandecer en ese momento.
Al mismo tiempo, y aunque algo ahogada por la enorme fuerza del arcángel, Aelita notó una presencia oscura en las cercanías. Inmediatamente, Miguel dejó de brillar, y dirigió su mirada hacia uno de los patios de la Academia.
-Que oportuno…- murmuró, mientras desaparecía de allí. Aelita intentó concentrarse en ese momento, pero comprobó que todos sus compañeros permanecían alerta a lo que había pasado.
Ella entonces comenzó a correr en dirección a donde notaba la energía del reto, y les encontró en una zona con algunos árboles. Allí también estaba Miguel, y, para sorpresa de Aelita, también Lilith y varios demonios más. Con cautela, se fue acercando, no sabiendo muy bien cómo actuar.
-¡El todopoderos Miguel ha decidido honrarnos con su presencia, que gran sorpresa!- exclamó la diablesa, con sorna-
El aludido simplemente hizo un gesto de la mano, e hizo desaparecer a los demonios de menor rango- Esto no es de tu incumbencia, Lilith. Te recomiendo irte- dijo, mientras poco a poco elevaba su energía.
Si en el Infierno, en su propio hogar, y junto a otros dos Caballeros del Infierno, ella sintió miedo de Gabriel, en esos momentos estaba aterrada de su hermano mayor. De los siete arcángeles, los más poderosos eran los dos hermanos mayores, Miguel y Lucifer. Los otros cuatro están muy igualados, no habiendo una diferencia evidente entre ellos, pero los dos mayores estaban claramente por encima de sus hermanos. Claro que Lilith no dejó que se le notara.
-Me interesa por que estos niñatos han estado metiendo sus narices en los asuntos del Infierno- dijo, mientras sus ojos se volvían de color bermellón.
El arcángel miró por unos segundos a los Guardianes, para después posar su vista en la otra- Hablas de los nidos de vampiros que fueron arrasados, ¿verdad?- preguntó.
Lilith asintió, pero los chicos se intercambiaron miradas sin entender. ¿De que hablaban? No lo entendían, ellos se habían pasado el día en Kadic. Lo que estaba claro es que alguien había hecho y les había incriminado a ellos con pruebas falsas.
-Sí, y les voy a dar la paliza de sus vidas.. Si tu me dejas, claro- dijo ella, mientras sacaba un cuchillo de su cinturón. Este era del mismo tipo que tenían algunos de los demonios que se habían encontrado en su viaje al Infierno.
Miguel simplemente sonrió de medio lado- No sólo te dejaré, también te voy a ayudar. Eso sí, quiero a la Guardiana de la luz y al nephilim vivos- dijo, mientras sus ojos brillaban ligeramente.
Esa amenaza implícita no pasó desapercibida para la mujer diablo, que sonrió con sus ojos destelleando y la energía en alto- Hecho- dijo.
La pelea estaba servida.
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(1) Gracias a todos por acompañarme en estos 100 capítulos! Espero que sigáis así de fieles todo lo que se alargue esta historia!
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.
