Código Guardianes
Capítulo 102
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
Las cosas se habían complicado desde aquel fatídico día en el que Lilith obligó a Aelita a tocar el cuerno de Gabriel. Aquella era la segunda vez que se hacía tocar el objeto sagrado, y eso sólo suponía que el Apocalipsis estaba a, literalmente, un soplido. Tenían que asegurarse de que eso no volviera a pasar, pero era difícil teniendo en cuenta las circunstancias. El territorio, en principio impenetrable, donde vivían los dioses paganos había sido violado sin problema alguno por Miguel, que había entrado sin siquiera necesitar elevar su energía. Además, cualquier demonio o ser celestial de alto rango podía matar al más poderoso de los Guardianes, y eso les ponía en una evidente desventaja. Por todo ello, y ante las circunstancias excepcionales, decidieron que estarían todos juntos. Y eso implicó tener que levantar una segunda casa, a diez metros de la que tenía Jamily, donde vivirían los dioses paganos. Estos en principio no estaban demasiado conformes, pero Gabriel había decidido por ellos, y no había más vuelta de hoja. De aquello había pasado aproximadamente un mes, era cerca de verano a esas alturas, y el estrés se acumulaba en el cuerpo de todos. Como medida de protección, no iban solos a ningún lado, mínimo en parejas, y si estaban tres o más mejor. Además, siempre permanecía uno en pie por si atacaban de noche, normalmente una de las hermanas de Gallifrey. Precisamente era de noche, y de guardia estaban Susan junto con Aelita (910).
-¿En serio? ¿Tuviste que correr detrás de unas… vacas en aquel planeta?- preguntó sorprendida la pelirosa.
Susan asintió. Para entretenerse algo y que Aelita (910) pudiera aguantar toda la noche en vela sin tener que tomarse bebidas energéticas, empezaron a hablar de cosas. Al principio sólo eran trivialidades, hasta que la Guardiana empezó a contar anécdotas de sus viajes con su abuelo.
-No te puedes hacer una idea de lo rápidas que eran, nadie diría que pesaban cerca de una tonelada- rió, mientras contemplaba la extensión que ante ellas se abría.
Aquella era una dimensión privada y nadie debería poder entrar, pero Gamma ya lo había hecho previamente, y nada parecía indicar que otros no lo pudieran hacer. De pronto, notaron un intenso destello a unos diez metros de la entrada, y un cuerpo se desplomó al suelo. Rápidamente, y al no notar ninguna energía que viniera del mismo, se acercaron a comprobar la identidad de aquel sujeto, y se sorprendieron ambas de ver que se trataba de Seriel.
-Llevemosle dentro, no es normal esto- murmuró Susan, pues el cuerpo del ángel humeaba mucho, y estaba inconsciente, pero seguía vivo, pues podían notar a la perfección el poder del ser celestial curándose a sí mismo, pero aún así tenía pinta de no ser un proceso breve.
Sería Asmeya quien le recibiera en la casa, pues estaba despierta a base de café por su trabajo como Jefa de Estado del Reino Humano. Aún a esas horas estaba más que activa, e hicieron hueco en un sofá al quitar los cojines, y depositaron el cuerpo del ángel. Le quitaron la gabardina y le abrieron la camisa, y descubrieron que su cuerpo estaba magullado y con varios cortes de los que brotaba una fuerte luz. Su frente sudaba, y la energía del ángel salía a borbotones de su cuerpo.
-¿Qué le ha pasado?- preguntó Asmeya, pero ninguna le supo dar respuesta.
Entonces, Seriel abrió los ojos de pronto, sus ojos brillaron, y se iluminó con fuerza durante un instante, y, cuando el exceso de luz se fue, vieron como las heridas del ángel se iban cerrando, y este, de nuevo, inconsciente, permanecía tumbado.
-¡Mirad!- exclamó entonces Aelita (910), señalando a la pared del otro lado de la sala. Escrito en letras que refulgían como el fuego, leyeron una única palabra: Miguel.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
Unas horas antes.
Seriel se encontraba en el Cielo, reunido con el Trono con el que había destruido un mes antes un nido de vampiros que trabajaban para los demonios, cosa que llevó a estos a atacar a los guardianes pues habían dejado pistas deliberadamente para inculparles, y así obligar a un nuevo toque del cuerno de Gabriel. Desde entonces, su superior se había encontrado más taciturno de lo normal, y hablaba muy poco, cosa poco común en Adriel.
-Tenemos ordenes de no intervenir- le indicó el Trono, mientras se recostaba algo en su asiento. Seriel frunció algo el ceño, mientras se apoyaba algo en la mesa.
-Pero… llevamos semanas sin recibir nuevas órdenes. Simplemente nos hemos limitado a vigilar a los Guardianes, ¿no se supone que iba a ser algo rápido?- comentó el ángel de menor rango, pero Adriel le restó importancia con un gesto.
-Ya te dije que sería el arcángel Miguel quien se encargaría de ellos, y su orden fue directa: no entrometerse- le respondió.
Seriel notó un cierto deje de miedo en la voz de su superior, pero decidió no hacer hincapié en eso. En su lugar, asintió, y tamborileó ligeramente en la mesa de mármol pulido. Observó la flamante armadura de Adriel, hecha de un elemento desconocido para los hombres y que ellos llamaban acero celeste, mucho más duro y ligero que cualquier metal que ninguna civilización en toda la realidad física haya conocido, y bellamente ornamentada con flores y líneas doradas que formaban espectaculares decoraciones que se movían lentamente a lo largo de la superficie de su pechera.
-¿Qué te dijo Miguel aquel día?- el Trono gruñó ligeramente molesto, y aunque sus ojos brillaron ligeramente eso no intimidó al otro.
-Te lo he dicho mil veces: que él se encargaría- le espetó, pero esa respuesta no satisfacía las preguntas de Seriel.
No estando dispuesto a seguir con aquello, Adriel se levantó y se dispuso a desaparecer, pero antes de que pudiera extender sus alas por allí apareció un tercer ángel. Sus alas eran color plata, mucho más grandes que las de los otros dos seres celestiales, y sus ojos resplandecían de color azul. Una aureola brillaba sobre su cabeza, y en sus tobillos brotaban sendos pares de alas que le conferían un aspecto aún más divino si cabía. Ante ellos, un serafín radiaba en poder.
-Adriel, Trono de la IV Legión bajo las ordenes de San Gabriel, el arcángel Miguel ha reclamado tu presencia inmediata- les dijo.
-A-ahora mismo voy, Jofiel- le respondió el aludido, mientras se cuadraba ante su superior.
Seriel estaba sorprendido. Dentro de la jerarquía celestial, los serafines estaban justo por debajo de los arcángeles, eran sus lugartenientes, y su poder era inconmensurable. Las leyendas afirmaban que sólo se necesitaba de un serafín para combatir a las fuerzas de los Caballeros del Infierno, y el poder que irradiaba aquel ser definitivamente era más que suficiente para poner en jaque a los siete líderes del Infierno. Con esa respuesta, Jofiel parecía satisfecho, pero entonces encaró a Seriel.
-A ti también te han reclamado en presencia, Seriel- le dijo. Eso sorprendió más aún al ángel, pero se limitó a asentir.
Antes de que pudieran hacer nada, Jofiel les agarró de los hombros, y les llevó a la sala donde el arcángel esperaba. Esta era la sala en la cual Adriel se había reunido un mes antes con Miguel. Era una sala amplia, sin techo y con el suelo transparente, donde se podían ver una zona estrellada y varias galaxias, así como en la parte de arriba. A los lados, grandes columnas de estilo griego se levantaban y formaban un dintel a ambos lados, y, al fondo de la sala, un gran trono de oro se alzaba majestuoso, con hermosas decoraciones esculpidas en el metal, que brillaban con un esplendor divino que hasta para los ángeles era algo digno de ver. Aquel era el trono del mismo Dios, era totalmente inconfundible. Sentado en el mismo, en cambio, permanecía el arcángel Miguel. Cuando les vio llegar, alzó el rostro, y, de un gesto, las puertas que tenían detrás de ellos se cerraron, quedando sólo los cuatro en la gran sala.
-Jofiel, puedes retirarte- dijo, mientras se levantaba. El serafín desapareció inmediatamente de allí, y el arcángel se fue acercando poco a poco a los otros dos seres celestiales.
-¿N-nos mandó llamar, señor?- preguntó Adriel, algo tenso. Miguel asintió, y se colocó en frente de los otros dos.
Seriel se fijó en su superior. Irradiaba un poder inconmensurable, había que echarle mucho valor para luchar contra él. En sus ojos brillaban dos pequeñas galaxias, y sus ropas, de color blanco, hacían que sus alas doradas y su pelo de fuego parecieran aún más espectaculares. En su cintura, la espada flamígera descansaba en su cinto habitual, hecho de plata y con letras enoquianas recorriendo el metal. Quién como Dios, unas palabras muy apropiadas, desde luego. (1)
-Así es. A mis oídos han llegado informaciones muy curiosas- les dijo, mientras daba un par de pasos en dirección a un lateral.
Los otros dos ángeles de menor rango se tensaron ligeramente- Creo recordar que os ordené no hacer nada más con respecto a los Guardianes, y que dejarais a un lado el tema…- comentó en ese momento.
Adriel fue a hablar, pero Miguel le detuvo con un gesto de la mano- Sé que habéis cuestionado esas ordenes y habéis presentado quejas, y eso es inadmisible en los ejércitos de Dios- el de mayor rango entonces alzó peligrosamente su energía.
-Mi señor, yo…- antes de que el ángel pudiera justificarse, Miguel alzó su energía y el ángel salió despedido por el aire.
Adriel quiso intervenir pero con la misma facilidad con la que envió a Seriel por los aires Miguel hizo lo propio con el Trono- ¡Huye, Seriel!- le gritó este, mientras observaba como el arcángel se acercaba a él.
El otro ángel huyó de allí antes de poder contemplar como Miguel colocaba una mano en la cabeza de Adriel, y como el cuerpo de este era inundado por el poder del arcángel, haciendo que sus ojos brillasen por unos instantes antes de que todo su ser ardiera en llamas y quedara totalmente volatilizado. Pero el ángel era consciente de que nada impediría al mayor de los de su especie perseguirle a través del Cielo. Y así fue, pues rápidamente pudo ver por el rabillo del ojo las grandes alas doradas de Miguel aletear detrás, en un claro intento de alcanzarle. Y, de seguir así, lo haría, pues aunque Seriel iba a la velocidad de la luz, el otro iba más allá de esa velocidad, y por ello la distancia iba a menos con los segundos pasando. De pronto, sintió un potente tirón que le lanzó contra la Tierra, cayendo en el proceso como un meteorito, e incapaz de recuperar el vuelo, acabó cayendo a la superficie, donde ya le esperaba su oponente.
-Podría destruirte de un chasquido de dedos desde donde estaba pero quería verte, hermano…- murmuró el mayor, mientras se acercaba despacio.
Seriel se levantó sin demasiada dificultad, no era la primera vez que era derribado pero era evidente que le sorprendía que el mismo Miguel se dignara a hablar con él.
-La Guerra está a punto de empezar, y no se deben tener dudas. Tu las tenías, pero te las quitamos, y ahora de nuevo dudas, y eso no puedo permitirlo- esas palabras hicieron temblar a Seriel.
Efectivamente, antes Seriel tenía algunas dudas de las decisiones del Cielo, y, junto con un pequeño grupo de ángeles, empezó a investigar, pero rápidamente les desmantelaron y, de alguna manera, dejó de tener dudas totalmente. Los ángeles no duermen, ni tienen hambre, sed, o frío, pero en aquella ocasión Seriel sintió como si acabara de despertarse de un largo sueño, y de pronto había cambiado su visión de las acciones del Cielo. No dudaba como antes, no sentía remordimiento, ni sentía nada hacia los Guardianes, por eso estuvo cerca de matar a Jhonny. Pero al toarle, algo le trastocó por dentro, y el muro que había sido construido en su mente se derrumbó, y todas las dudas habían vuelto.
-Si me vas a destruir, ¿Por qué estamos aquí, hablando?- preguntó. Miguel sonrió de lado ligeramente.
-Quiero que todos vean lo que pasa cuando te revelas contra el Cielo, y tú, serás mi Espartaco- le dijo, mientras sus ojos refulgían ligeramente- Después, acabado el espectáculo, te convertiré en polvo estelar y tu esencia quedará esparcida por el espacio-dicho eso, elevó su energía y se dispuso a atacar a Seriel (2).
Este logró esquivar por poco el golpe de energía, pero no pudo detener el puñetazo que el arcángel le propinó en la mandíbula, ni tampoco pudo contra las hondas energéticas que emanaron de las manos de este y que formaron una suerte de garra, y que abrieron su carne, aunque no brotó sangre de las heridas, sino una intensa luz, como si por dentro el ángel fuera una bombilla incandescente.
-Esto no ha acabado aún, hermano- Miguel entonces le propinó una patada en el cráneo que lo mandó un centenar de metros, peor el arcángel lo siguió sin dificultad, y antes de que llegara a parar, le lanzó otra esfera de energía que lo impulsó contra el suelo y le provocó heridas superficiales.
Seriel se levanto con dificultad y quiso golpear a su enemigo, pero este detuvo con total facilidad el golpe, y le volvió a lanzar más ataques de energía que dejaron al ángel bastante magullado. El arcángel, tras eso, lo agarró del cuello, y observó su rostro con seriedad.
-¿Cómo pude preocuparme por alguien como tú…?- se preguntó, mientras lo dejaba caer. Alzó la mano, dispuesto a chasquear los dedos y destruirle con esa acción, cuando Jofiel, el serafím que le trajo a Adriel y Seriel, apareció ante él.
-Mi señor, sus hermanos han llegado- le dijo, mientras sus alas batían ligeramente, tapando la visión mínimamente al arcángel.
Cuando las alas le permitieron volver a ver el sitio donde yacía el cuerpo del ángel, este había desaparecido. Miguel gruñó algo, y desapareció de allí. El serafín se quedó quieto, mientras se giraba ligeramente sobre si mismo y contemplaba la zona.
-Has tenido suerte, Seriel…- murmuró, mientras introducía las manos en sus pantalones. Para aparecerse en la realidad física, su cuerpo era el de un adolescente algo desgarbado, de pelo castaño y ojos carbón, piel clara y algunas pecas.
Observó a lo lejos los edificios de la Academia Kadic. Sin duda, una coincidencia que el ángel de menor rango acabara yendo a las cercanías de donde vivían los Guardianes. Esos individuos estaban en el ojo de mira de todo el Cielo, y dentro de muy poco habría un nuevo ataque, que él mismo comandaría. De ser necesario, le habían dicho, matarlos a todos, menos a la mayor de las hermanas, y la joven Aelita. La razón de sólo dejar a las dos hijas de Atenea con vida era un secreto para la mayoría, pero no para él. En ese momento, se fue de allí. Ya habría tiempo de buscar a Castiel, quien poco podría hacer en un estado tan lamentable como en el que había quedado tras la paliza de Miguel.
Presente.
Tumbado Seriel en la cama, Asmeya decidió que no se despertaría al resto del grupo, por lo que sólo estaban en pie la Aelita Guerrera, la Susan Guardiana, y ella misma. Al ver que el ángel se estaba curando a sí mismo, decidieron dejarle descansar mientras ellas decidían qué hacer con él. Tomaron como resolución que no despertarían al resto, pues no era necesario, y decidirían qué hacer al día siguiente.
-Descansad bien, mañana será un día duro… como todos- murmuró Asmeya, mientras se recostaba en su asiento. Las otras dos asintieron.
-Yo aún no tengo sueño, permaneceré despierta un rato más e iré a dormir- le dijo Susan, a lo que la otra asintió.
-Haced lo que consideréis. Yo tengo reuniones mañana con el Ejecutivo, para poder firmar leyes ya aprobadas. Es una mera formalidad pero lo debo hacer…- murmuró, mientras se levantaba y se estiraba algo.
Las otras dos jóvenes se retiraron, dejando a una derrotada Asmeya y un durmiente Seriel en solitario. Aunque aquella situación no duró demasiado, pues el ángel abrió de nuevo los ojos a los pocos minutos.
-¿E-estás bien?- le preguntó la pelirosa, que estaba a punto de entrar en su cuarto a dormir. Ella se acercó rápidamente, Seriel simplemente se observaba el cuerpo con algo de estupor.
Como respuesta, asintió- ¿Fue Miguel el que te atacó?- le preguntó, a lo que Seriel asintió.
-Así es… Él se dio cuenta de mis dudas con respecto a la guerra, y… me intentó matar- le respondió, mientras se incorporaba poco a poco.
Asmeya frunció algo el ceño- Con todo el poder de un arcángel… ¿No fue capaz? Eso es muy raro- murmuró, pero Seriel negó.
-Miguel me pudo matar en cualquier momento, de hecho lo iba a hacer cuando un serafín le detuvo, le dijo algo, y desapareció de allí. Sólo al distraerle así pude huir… le debo la vida a Jofiel- murmuró.
-¿Se llama así, el otro ángel?- preguntó, y Seriel asintió. Se produjo entonces un silencio algo incómodo.
Este sólo era roto por el movimiento constante de las manecillas del reloj de la sala. En silencio, Asmeya se levantó y se dirigió a su cuarto a dormir- Yo… no se si tenemos camas, te buscaré…- antes de que dijera nada más, el ángel negó y se levantó.
-Los ángeles no necesitamos dormir- le aseguró- Permaneceré aquí… si te parece bien- a eso Asmeya asintió, le despidió con un gesto, y se introdujo en su cuarto.
El ángel, entonces, se sentó en el sofá y observó la estancia en silencio. Efectivamente, como ángel no necesitaba nada para mantenerse en pie, incluso podía estar en el vacío del espacio, pero en general no solía estar nunca en un mismo sitio durante tanto tiempo como seguramente estaría allí a partir de entonces. Ahora no tenía hogar, el Cielo ya no era seguro para él, pues si volvía probablemente Miguel llegara enseguida y le destruiría. Decidió levantarse, y salió al recibidor, donde el cielo estrellado le dio la bienvenida, así como una suave y fresca brisa.
-Un lugar tan hermoso… Creado por las manos de seres sensibles como estos… Algo así debería ser protegido, ¿no?- murmuró, para sí mismo.
Sabia que el hecho de que Cielo e Infierno buscaran la guerra no suponía otra cosa más que el deseo de ambos bandos de luchar, lo demás les daba igual. Eso lo había descubierto hacía tiempo, pero lo había olvidado a raíz de la manipulación que sus hermanos celestiales habían aplicado en él. La razón de que recordara, aún así, no la comprendía del todo, pues todo volvió a la normalidad cuando tocó al joven nephilim llamado Jhonny. Seriel bajó el rostro avergonzado por sus acciones, se supone que los ángeles, los guerreros de Dios, debían servir como sus mensajeros y los que hacen realidad su voluntad, no como matones de barrio que van matando adolescentes.
-Te noto agobiado- oyó una voz detrás de él. Ante el ángel apareció una muchacha de pelo negro, ojos heterocromáticos, y rostro por demás serio.
-Tú no eres de este universo…- murmuró Seriel, mientras se levantaba y contemplaba en silencio a Noelia (910). Esta rodó los ojos algo molesta, pero simplemente se sentó a su lado.
-No sé por que me mandan a hablar contigo, cuando normalmente me llaman antisocial, pero… supongo que entre antisociales nos podremos entender- gruñó ella. Seriel simplemente alzó la vista y contempló las estrellas del firmamento.
-Son hermosas…- murmuró al rato, mientras estiraba la mano, como pretendiendo coger una de aquellas esferas de luz.
La chica no le hizo demasiado caos hasta que vio como entre los dedos del ángel brillaba, precisamente, una de las estrellas que hasta hace unos segundos brillaban en el cielo. Impresionada, contempló como colocaba de nuevo la luminosa esfera en su lugar en la bóveda celeste.
-Reconozco que para ligar, no está nada más- dijo, restándole importancia, aunque en el fondo debía reconocer que ese truco era impresionante.
Seriel la miró por unos segundos confuso- ¿Ligar?- preguntó, sin entender. Ella le miró algo molesta.
-No me vaciles, guapita- le ordenó, mientras le amenazaba con una garra, pero Seriel, lejos de mostrar miedo, simplemente frunció algo más el ceño de una manera que a la chica lobo le pareció casi dulce.
-¿En serio no lo sabes?- preguntó, a lo que el ángel negó. Noelia (910) se rio ligeramente. Que un ser de tantos eones no supiera lo que significaba ese termino le era bastante divertido.
-Ligar es cuando una persona intenta impresionar a otra para acabar teniendo sexo después- le explicó ella, a lo que Seriel asintió despacio.
Tardó unos segundos en responder- Pues… no estaba ligando contigo, entonces- dijo, mientras devolvía la mirada al firmamento.
Noelia sólo rodó los ojos ante el comportamiento del ángel- Oye, ¿vosotros, los ángeles, tenéis sexo o algo parecido?- preguntó. Seriel negó.
-Somos seres asexuados, pero sabemos lo que los seres vivos hacéis para mantener vuestro linaje, he de reconocer que fue interesante ser testigo de aquel momento- aquella respuesta sorprendió en parte a la chica lobo, que permanecía en silencio ante las palabras del otro.
-Eso debió de haber sido hace mucho…- murmuró, a lo que Seriel asintió- En ese entonces este universo ni siquiera existía, ni el tuyo, ni casi ninguno…- esa fue toda su respuesta.
Tras eso permanecieron unos minutos en silencio, pasados los cuales Noelia se levantó y dejó a solas al ser celestial, que permaneció allí, a la intemperie, toda la noche hasta el amanecer. Cuando el sol comenzó a alzarse desde el horizonte, lo contempló en silencio, y se introdujo en el edificio. En el salón algunos tímidos rayos de luz ya entraban e iluminaban la estancia, pero apenas un poco a esas alturas.
-Veo que era verdad- aquella voz masculina hizo que Seriel se diera la vuelta. Un tipo alto, rubio, con un ojo tapado por una tela y una musculatura bien desarrollada entró a la sala. Llevaba un pijama corto y un café en la mano.
-En una hora habrá reunión para ver qué hacemos contigo, espera hasta entonces- dijo simplemente, mientras bebía un poco del líquido e iba a la cocina, donde comenzó a prepararse su desayuno.
-Pensé que… Asmeya ya había decidido- le dijo el ángel, pero el Guerrero se hundió de hombros- Así es, pero supongo que querrá hablarlo entre todos- le respondió.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
Una hora más tarde, efectivamente, comenzó una reunión en el salón de la casa de Jamily. La hechicera se encontraba en un lateral de la estancia, con unas bandejas con unas pastas. Al otro lado, las tres hermanas de pelo rosa permanecían con rostros cansados. En la parte central, Jeremie, el alter ego guerrero del Guardián del agua, y junto a él, estaba Xavier y la Aelita de su universo. Al otro lado, y en frente de estos últimos, Gabriel ojeaba un revista despreocupadamente. Con un ligero tosido por parte de la aelida, empezó la reunión.
-Como ya sabréis, ayer por la madrugada apareció por aquí el ángel Seriel, estaba bastante herido a causa de un ataque frontal de Miguel, y le di cobijo por esta noche. Ahora, debemos decidir si puede permanecer con nosotros o no, ya que anoche pidió cobijo- les informó Asmeya.
Gabriel se sorprendió algo ante lo dicho por la pelirosa- ¿Mi hermano le atacó y ha sobrevivido? Si no le conociera, diría que está perdiendo facultades- comentó, dejando la revista a un lado.
-¿Qué quiere decir, Gabriel?- preguntó Xavier en ese momento, curioso. Este se lo pensó por unos segundos antes de responder.
-Que igual le dejó escapar. La diferencia de poder entre un arcángel y un ángel es demasiado elevada como para poder defenderse, así que o le dejó escapar, o quería ver a donde iba- les explicó.
Seriel, que permanecía en silencio en un rincón apartado, decidió intervenir- Jofiel intervino para que no me rematara, distrayéndole lo suficiente para permitirme escapar- le respondió.
Gabriel asintió a eso- ¿Sabes por qué te ayudó? -le preguntó, pero el ángel negó.
Jamily entonces pidió el turno de palabra- Si no voy mal, Miguel sería capaz de entrar aquí sin demasiados problemas, ¿verdad?- preguntó, a lo que el arcángel asintió.
La mujer asintió- En ese caso, y teniendo en cuenta que aún no se ha presentado aquí a matarnos a todos, creo que es evidente que no sabe que estamos aquí. Por ello, considero que las razones que llevaron a Jofiel a ayudar a Seriel ahora no son relevantes, pero sí que lo es la decisión que tomemos sobre él, pues puede depender de nuestra hospitalidad que siga vivo o no- les dijo.
-¿Estáis de acuerdo con sus argumentos?- preguntó Asmeya al resto. Como nadie se negó, decidieron votar.
Había discrepancias. A los Guerreros tener al ángel de su parte les parecía una buena idea, pero los Guardianes aún recordaban como en su momento había intentado matar a Jhonny. Por su parte a los dioses le era indiferente, aunque en realidad el que decidía por ellos era Gabriel, quien tenía el voto decisivo. Observó a su hermano menor a los ojos. Podía ver perfectamente la verdadera forma del ángel, un criatura luminosa, de alas blancas resplandecientes, con un halo de luz sobre su testa, y con luz emanando de él. Pero se veía también su tristeza, cosa que en parte entendía, por que él también sabía lo que era ser traicionado por su familia, aunque en el caso del ángel había sido directamente atacado, en cambio, en el caso de Gabriel él mismo había huido del Cielo, pero entendía por lo que estaba pasando el otro. Por ello, se acabó decidiendo.
-Creo que es razonable que le permitamos estar aquí. Ahora mismo debe haber una verdadera cacería para buscarle, y si le encuentran, no volverá a haber misericordia- aseguró.
Dicho eso, se levantó, y desapareció de allí. El resto suspiró, tenía la manía de hacer eso, pero ya estaba todo decidido. Seriel permanecería con ellos, como un nuevo aliado, aunque eso a los Guardianes mucha gracia no les hizo, pero debían respetar la decisión de la mayoría.
-Pensad que Jhonny estaba dispuesto a perdonarle, chicos- les dijo Asmeya a sus hermanas, que estaban comentando la decisión.
Para ese momento, estaba el grupo totalmente reunido. Sería el propio chico el que hablara- Ya os dije que vi algo raro en él, seguramente fuera la influencia de la que os habló- les aseguró el adolescente.
Electra, que estaba a su lado, le golpeó con cariño en el hombro- Tendremos que lidiar con él, aunque yo no noto nada malo en su energía la verdad- comentó.
Aurora asintió, aunque sería Patrick quien hablara- Yo tampoco noto nada, pero habrá que vigilarle, por si acaso- a eso todos asintieron.
Decidido eso, Yumi habló- ¿Cómo van las cosas en los otros mundos? Hablo de aquel que encontramos donde Xana tenía cuerpo propio- les dijo.
Marin le respondió- Hemos estado investigando sobre el tema, y parece que esta Xana sigue teniendo los instintos homicidas de la anterior, pero mucho menos nivel. En principio no deberíamos intervenir, pero de ser necesario, lo contemplo- les explicó.
La Guardiana del rayo se lo pensó por unos instantes antes de hablar- Cuando todo este tema se empiece a asentar iré a echar un vistazo, por ahora no podemos ponernos a hacer viajes gratuitamente, no se vosotros, pero aprendí la lección- les dijo.
El resto se sorprendió de la madurez que mostraba la rubia, generalmente mucho más directa y dispuesta a ir y pelear con quien fuera. Noelia (911) a su lado asintió, mientras su cola de perro iba de lado a lado.
-Yo estoy aprendiendo bastante con Utgarda, la verdad- comentó ella, orgullosa. El Percy Guardián se rió algo.
-Podrías hacernos algún truco, ¿no?- comentó. Como si fuera un reto, la chica perro se concentró, y en su mano apareció una rosa de color violeta, aunque en seguida pasó a ser un caballo de luz que cabalgó a lo largo del brazo de la chica.
-Mola…- murmuró Tamiya, para comenzar a aplaudir. En seguida el resto la imitó y felicitaron a la chica, que se sonrojó ligeramente, aunque se enfadó algo con Ulrich y William cuando estos la abrazaron por detrás y le dieron con los nudillos en la testa cariñosamente.
-Me alegra ver que la moral la tenéis alta, por que lo vamos a necesitar- aquella pequeña celebración fue cortada por la voz de Jamily, que avanzó hacia ellos desde el salón.
-Vaya aguafiestas…- comentó algo molesto Odd, pero la aludida hizo caso omiso a ese comentario. La mujer llevaba el libro que Gamma les había dado a Yumi y William hacía un mes, había avanzado bastante en la traducción pero aún tenía lagunas.
-Veréis, he descubierto cosas bastante interesantes que pueden ser útiles, Gamma llevaba razón, ahora le debemos una buena, a ese maldito…- comentó.
El resto se miraron- Nos lo va a estar recordando cada vez que pueda…- murmuró Sissi, mientras los demás se iban levantando poco a poco para ir haciendo sus tareas.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
Por su parte, el propio Gamma se encontraba sentado en un cómodo sillón, en una casa unifamiliar, con su perro infernal dormitando como si una mascota cualquiera fuera. Tenía una copa de balón en la mano bien cargada, y el canal de deportes en la tele, pero no estaba atendiendo al mismo. Su mente estaba en otras cosas en ese momento.
-¿Dices que van contra mí?- preguntó al aire. El contenido de la copa se agitó en ese momento, y una voz resonó en la sala.
-Los Caballeros del Infierno lo tienen todo bien vigilado, ya ni siquiera nos permiten el contrabando de almas, se han concienciado mucho con todo el lío del Apocalipsis, y ahora me temo que están haciendo purga con los que consideran poco leales- respondió la voz.
Gamma gruñó ante eso, y se pasó la mano por el rostro. De un chasquido, la comunicación se cortó, y bebió un largo sorbo del contenido de la copa. Una de las ventajas de su condición es que no se emborrachaba, y no le saldría cirrosis por mucho que bebiera.
-Voy a tener que apretarle las tuercas a los Guardianes, si no matan pronto a los Caballeros estos me matarán a mí antes, y eso sí que le vendría mal al negocio…- murmuró, mientras hacía desaparecer la copa, y acariciaba la testa de su mascota con rostro pensativo.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
(1) El nombre Miguel, de origen hebreo, significa "¿Quién como Dios?" suponiendo así una alegoría por la cual se realiza una pregunta acerca de quién puede igualar a alguien inigualable para los seguidores de esta religión, en este caso, Dios (para los hebreos, Yahvé)
(2) Espartaco fue un líder esclavo que llevó a miles de esclavos por toda Italia a levantarse contra sus amos por la opresión que estos ejercían y para reclamar la libertad, en lo que más adelante se conocerían como las Guerras Serviles.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.
