Código Guardianes
Capítulo 104
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
A partir de este punto, la historia se desarrolla pasada la boda. Por ello, los capítulos del 94 al 103 discurren temporalmente antes del 93, y este (el 104) ya se sitúa temporalmente tras el capítulo 93.
Habían pasado dos semanas entre el enlace de Jamily con Michaelis. En ese tiempo poco había pasado. Pese a que ya había sido tocado tres veces el cuerno del arcángel Gabriel, no había indicio alguno de que el Apocalipsis estuviera más cerca de empezar que antes. Cielo e Infierno parecían en una calma poco usual teniendo en cuenta lo que había estado pasando los meses anteriores, pero los Guardianes no habían bajado la guardia ni un ápice. Entrenaban habitualmente con el ángel Seriel, que además se encargaba de la vigilancia nocturna de la dimensión de la hechicera, en la cual convivía junto con los dioses paganos, los dos arcángeles a su lado, y los Guardianes. A los ojos de estos últimos, el ser celestial resultaba curioso, muy distinto a los otros ángeles con los que se habían encontrado, pero muy parecido al mismo tiempo. En ese tiempo, Asmeya también se había estado entrenando en sus ratos libres con Jamily, quien le enseñaba a usar su energía, pues la joven reina no estaba dispuesta a dejar a sus hermanas menores pelear en solitario, se sentía en la responsabilidad de cuidarlas, ahora que su madre faltaba. Noelia, la joven chica perro que vivía en Pompeya antes de conocer a Ulrich, también practicaba la magia con el gigante Utgarda, que iba y venía de la dimensión de la hechicera a la Tierra, y viceversa. La muchacha ra bastante hábil en el uso de la brujería, y disfrutaba mostrando al resto los nuevos trucos que iba aprendiendo. Sin duda, pese a la tensión del momento, estaban más que motivados a defender su hogar de cualquier amenaza.
Aquella mañana, Yumi se había levantado más temprano de lo habitual para cuidar del jardín que había plantado en la parte trasera de la casa, y cantaba una ligera sonata cuando detrás sintió la presencia de Asmae.
-Te levantaste muy temprano…- murmuró la pelirosa, para después bostezar con ganas. La otra se rió un poco y dejó la regadera que estaba usando a un lado.
-Estoy acostumbrada, tranquila…- comentó, mientras se levantaba y comprobaba que su amiga estaba aún algo dormida, pues le costaba mantener la cabeza erguida.
-¿Cómo se tomaron tus padres que vinieras aquí?- preguntó a los pocos minutos la otra. Se había quedado totalmente embelesada mirando trabajar a Yumi y ni se dio cuenta del tiempo que había pasado. La aludida suspiró.
-Bueno, al principios estaban algo reacios, sobretodo con Hiroky, pero tras mostrarles un poco de mis poderes, comprendieron la situación. Algo así pasó con los que vivíamos fuera de Kadic, la verdad- le respondió.
La muchacha asintió- Vosotros al menos tenéis un hogar de referencia, yo… Ni siquiera sé que fue de mi cuando me perdí en aquel camino….- murmuró.
Yumi no dijo nada al respecto. Cuando la familia Schaeffer se reunió de nuevo en la tierra tras tantos años, todos esperaban saber qué fue de Asmae, pero los únicos que podían saberlo, Frank y Atenea, ahora están muertos, y es un total misterio qué pasó con la muchacha pelirosa.
-Estuve con una familia que me encontró y me adoptó, pero… nunca he sabido como llegué a ellos, quiero decir, no sé como pude salvar la diferencia temporal, por que todo lo de Asmara pasó en los 80 y a mí me encontraron a finales de los 90, y además tengo la misma edad física de Aelita, cuando debería tener la de Asmeya- según hablaba, la chica movía los brazos con algo de ímpetu y una pequeña dosis de rabia contenida.
-Ya encontraremos la respuesta, no te preocupes- le dijo la otra, mientras acariciaba afectuosamente el brazo de la chica- Estamos juntos en este lío, ¿no?- dijo, mientras hacía aparecer una rosa tras la oreja de Asmae, que tomó la planta entre sus manos con una sonrisa divertida.
-Gracias, Yumi- le respondió, mientras olía un poco la agradable fragancia de la rosa. La japonesa sonrió un poco y se dirigió a la casa.
Para esos momentos, el sol comenzaba a alzarse por el horizonte. En aquella dimensión la estrella que iluminaba el cielo estaba bastante más cerca de la superficie de lo que normalmente lo estaría, de hecho era tan solo una gran esfera brillante del tamaño de un coche pero que daba el aspecto que tendría en el espacio exterior. Además, el cielo, cuando era de día, era de un suave tono azulado, pero por la noche se plagaba de estrellas. Era un lugar verdaderamente mágico.
-¿Ya desayunaste?- preguntó la morena, a lo que Asmae negó, mientras entraban a la cocina. Allí ya estaban sus compañeros del otro universo, el que reinició Gabriel meses antes. Les saludaron afablemente y se dispusieron a servirse.
-Hoy iremos de patrulla, como todos los días, supongo- comentó Ulrich (910) mientras le daba un bocado a su bocadillo. Sus compañeros asintieron, la gran mayoría estaba cerca de acabar.
-No será necesario- les dijo inmediatamente su líder, Jeremie (910), que ya estaba con su ropa de combate puesta, sólo le faltaba el casco, que descansaba en sus rodillas.
El resto de Guerreros le miró con sorpresa- Jamily insistió en que hoy serían los Guardianes quienes montaran guardia, nunca mejor dicho- les informó- Mientras, nosotros nos dedicaremos a entrenar aquí, ayudados por Seriel- los demás tan solo asintieron, eran comunes esos cambios en su rutina, según el rubio, para evitar acomodamientos.
En pocos minutos los chicos del otro universo se fueron de la cocina, dejando solas a las dos Guardianas, que permanecían en un cómodo silencio sólo roto por ellas mismas cuando bebían de sus respectivas tazas.
-No sé tú, pero yo me he enterado ahora de ese cambio- comentó Asmae, al rato. Yumi asintió, e iba a responder cuando por allí apareció Seriel.
El ángel llevaba la misma ropa de siempre, aunque el pelo se lo había colocado en una coleta para poder luchar más cómodamente. A parte de eso, siempre tenía la misma ropa de directivo, con una camisa blanca, zapatos, y un pantalón de etiqueta.
-Buenos días- les saludó, y con esas, se sentó en una silla, y miró al frente en silencio. Las dos adolescentes se miraron por unos segundos, el ángel aún estaba aprendiendo pequeños detalles de la vida humana, y aunque ya llevaba un tiempo aún no se acostumbraba a algunas cosas.
A los pocos minutos por allí aparecieron el resto de habitantes de la casa, la primera Jamily, que entró con cara de algo de sueño a la cocina, seguida por Michaelis, y el resto de Guardianes. La última en aparecer fue Asmeya, que tenía la cara de tener más sueño.
-Hoy será un día duro….- comentó la joven, mientras daba vueltas a su café. La hechicera, a su lado, le palmeó las piernas para darle ánimos.
-Nos irá bien, ya verás- le aseguró. Ante la cara de sorpresa del resto, ella les explicó- Hoy esperamos que firmen el texto definitivo de muchas leyes importantes, y con suerte también de una nueva Constitución si da tiempo, aunque no creo- les explicó.
-Habrá dormido poquísimo, y normal…- comentó Percy, sorprendido.
-Pero en realidad tu no tienes que decidir nada, ¿no?- preguntó Patrick, a lo que Asmeya negó un poco- Yo no pongo las leyes, pero debo ayudar en las negociaciones en el Congreso, y como Jefa de Estado tengo que firmar esas nuevas leyes, y deseo hacerlo bien- les explicó.
-Nos marcharemos en media hora, empiezan a las nueve de la mañana y a saber a qué hora acabamos. Yo estaré allí para ayudarla- siguió la aelida, que ya había acabado su desayuno.
No fue hasta un rato más tarde que se pusieron en movimiento. Los primeros en irse fueron los Guardianes, quienes abrieron un portal para ir a la Tierra y hacer la ronda habitual de vigilancia. La misma cubría la capital de Francia totalmente, así como algunas zonas de campo de las cercanías, incluyendo zonas industriales próximas a la urbe y pequeñas urbanizaciones privadas. Se dividieron en cuatro grupos iguales, y, teniendo como eje central el parque de los Campos Elíseos, se dividieron el terreno en norte, sur, este y oeste, yendo cada uno en una dirección. Aún no era periodo de clases, aunque el verano estaba cerca de acabar quedaba poco menos de un mes para eso, y querían aprovechar al máximo, pues para cuando empezaran en Kadic unos y la universidad otros, ya no tendrían tiempo para salir a ese tipo de misiones. Claro que el Apocalipsis era prioritario, pero deseaban tener la vida lo más normal posible el mayor tiempo posible.
-Si veis algo raro, avisad- pidió por gema Aurora, que iba en dirección este volando por el cielo a una altura suficiente para no ser vista a ras de suelo.
Dirección norte fueron Electra, Sam, Milly, Odd, Noelia y Patrick. Hacia el este, Jeremy, Asmae, William, Aurora y Susan. Al oeste, Marin, Jhonny, Herb, Nicolas y Aelita. Y al sur, fueron Hiroky, Yumi, Percy, Sissi, Tamiya y Ulrich. Aquellos que podían volar recorrían los cielos de la ciudad de la luz por encima de las nubes, escaneando con su energía la zona del suelo. Los que iban a pie complementaban esto andando por las diversas calles, recorriéndolas de arriba abajo, procurando moverse con la mayor celeridad posible, y sin que nadie notara la gran velocidad con la que se movían. Hicieron eso durante cerca de dos horas, durante las cuales no notaron absolutamente nada, hasta que, en las cercanías de Notre Dame, sintieron la energía de varios demonios menores. El grupo que andaba por allí, el que iba en dirección oeste, se acercó rápidamente a esa zona, no sin antes llamar al resto, que se unieron a los pocos segundos con ellos gracias a la velocidad de la luz en algunos casos, y con ayuda de portales en otros.
-¿Qué harán ahí…?- se preguntó Tamiya, con curiosidad.
Se encontraban en la plaza delantera de la catedral, y parecían estar revisando la fachada de la edificación. Cada vez que tocaban la piedra, se producían fuertes chispazos, como si el edificio repeliera su presencia, pero los demonios sólo se reían y continuaban con sus indagaciones.
-Deberíamos intervenir- comentó Aelita, mientras se levantaba un poco, y el resto la imitó.
En cuanto se acercaron unos pasos los seres infernales se giraron y mostraron sus ojos de color rosa. Eso denotó su rango, equivalente al de los ángeles, por lo que estaban en cierta desventaja contra los tres demonios que allí estaban.
-¡Marchaos de aquí!- les ordenó Sam, lanza en mano, con la que trató de empalar a uno de ellos.
El demonio esquivó con facilidad el ataque, agarró la lanza con una mano, y acercó de un tirón a la adolescente, a quien agarró del cuello.
Ulrich, con sus chakrams, rebanó el brazo del demonio, que pegó un gruñido al notar el dolor del miembro cercenado, la herida incluso humeó un poco. Pero sin mediar más palabra creó una esfera de energía en su otra mano, y se la lanzó al guardián del fuego. Por su parte, Percy mantenía retenido a un segundo demonio con un agarre por detrás, mientras Patrick le golpeaba con sus puños, y a su lado, Tamiya amenazaba al ser con unas esferas de energía. El tercer demonio luchaba contra Susan, Sissi y Herb, era un duelo sin duda igualado ya que, aunque la dama del tiempo usaba su enorme guadaña para intentar herir al oponente, este saltaba y se posaba grácilmente en el mango del arma y golpeaba en el rostro a la chica, pero con rapidez Herb saltó sobre este y le mandó al suelo, donde le golpeó con los puños en la cabeza, mientras Sissi sujetaba con fuerza las extremidades inferiores al demonio. El resto, viendo que sus amigos se bastaban para hacer frente al enemigo, se dedicaron a buscar más demonios ocultos, pero no había más. Por ello, entre varios lanzaron contra las paredes de la catedral a los demonios, que chillaron al notar las fuertes descargas que se producían cuando sus cuerpos tocaban las piedras que formaban el edificio.
-¡¿Qué hacéis aquí?!- les preguntó amenazante Odd, con su aguja escarlata lista para atacar a los demonios, incluso llegó a presionar la mejilla de uno con la punta de su uña, que había tomado un tono carmesí y se había alargado unos cuantos centímetros.
Ninguno de los demonios dijo nada, y, cuando se disponían los chicos a acabar con ellos, abrieron totalmente sus bocas, y de las mismas brotó un denso humo negro que se precipitó al suelo, donde desapareció sin dejar resto alguno. Los tres cuerpos antes ocupados por los demonios cayeron inertes al suelo, sin una entidad controlándolos esos cuerpos no tenían vida propia, comprobaron.
-Habría que contarle esto a los arcángeles, ¿no creéis?- comentó entonces Yumi, a lo que el resto asintió.
Se disponían a abandonar la escena cuando las puertas de la Catedral se abrieron de golpe, y de la misma salió un destello de luz. A lo largo de toda la fachada se iluminaron cientos de signos, que Jhonny identificó como enoquianos, y que representaban nombres de ángeles en algunos casos o epítetos en otros, aunque la gran mayoría eran letras sueltas. Permanecieron brillantes por unos segundos hasta que volvieron a desaparecer de la vista de los chicos, que se quedaron perplejos ante esa escena.
-Eso significa que alguien ha intentado romper las defensas de este templo, pero no lo ha logrado- oyeron una voz.
Noelia la identificó rápidamente, y sonrió al ver allí al berserker que conocieron hacía unos meses, cuando habían ido al Infierno. Le conocieron en Hungria, y su nombre era Karl. El enorme individuo portaba las mismas armas que lució en aquel pueblo en el que le conocieron: grandes y largas espadas, y dos enormes rifles de doble cámara, tan grandes cada uno como la pierna de cualquiera de los Guardianes. Llevaba una runa colgando de su cuello con una fina cuerda entrelazada a mano.
-¿Eso eran defensas mágicas?- preguntó interesada Marin, a lo que el otro asintió.
-Todos los lugares dedicados al culto de cualquier religión tienen protecciones mágicas contra los seres oscuros, lógico si se tiene en cuenta que son el enemigo común- les explicó- Así que no os extrañe ver símbolos cristianos en un templo hindú, chavales- añadió, mientras se acercaba a Notre Dame y acariciaba una de las piedras de la base.
-¿Era un demonio el que quería entrar?- preguntó entonces Susan, a lo que el otro asintió- Sí, y fue expulsado a través de la puerta, por eso se abrió- les explicó.
Sin añadir nada más, entró al interior del templo, y fue rápidamente seguido por los chicos, y, cuando entró el último, la puerta se cerró tras el paso de este.
Por dentro era un edificio impresionante. El alto techo se situaba a un par de decenas de metros del suelo, y el corredor central estaba totalmente libre, lo que permitía, desde la entrada, ver el fondo. En los laterales, recámaras separadas de la zona del centro por altas rejas de oro mostraban imágenes de santos católicos en diferentes posturas y ensalzando diversos momentos de sus vidas o rememorando sus martirios o milagros. En algunas de las mismas también se podían ver lápidas de hombres y mujeres de la nobleza que habían muerto siglos antes, tumbas que también se podían observar en la parte del centro, aunque en muchos casos apenas se podían distinguir letras y números sueltos, sobre todo por el desgaste que la roca ha sufrido a lo largo de siglos de ir y venir de personas. Grandes vidrieras permitían el paso de la luz, que entraba a raudales en el interior y que le conferían un aspecto mágico, casi divino, a la parte interna. El interior estaba fresco en contraste con el calor del exterior, y estaba bastante vacío.
-No entiendo, ¿para qué un demonio iba a querer entrar a una iglesia?- se preguntó en voz alta Electra. Karl simplemente señaló al frente.
En la zona del altar, podían ver la imagen de un hombre en la cruz, una tallada en madera en una única pieza, con clavos reales y bien pintada a mano, sorprendía lo bien conservada que estaba, pues se notaba que era antigua, pero permanecía bastante hermosa pese al tiempo transcurrido.
-Debajo de la imagen, hay un pequeño armario donde guardan las copas, el vino y esas cosas para las ceremonias. Dicen que una de esas copas fue usada por el apóstol Pedro en la última cena- les explicó. (1)
El grupo se miró perplejo- ¿Para que un demonio iba a querer algo así?- preguntó sin comprender Nico. Karl tardó unos segundos en responder. Se acercó al altar, y abrió el armario donde se guardaban los cálices.
-Es un objeto sagrado, tocado por un hombre santo. Y corromper un objeto así supone romper el primer sello que mantiene preso a Lucifer- les explicó.
Los chicos asintieron ante esa información- Así que… ¿tenemos que evitar que lo tomen?- preguntó Milly, a lo que Karl asintió.
El hombre tomó el cáliz en cuestión. Este era de madera bien tallada, con los bordes algo gruesos, pero se notaba que era de calidad. Tenía esfinges de ángeles en la circunferencia de la copa, y contaba con un aura que a Aelita le pareció bastante agradable, incluso desde allí podía notar el poder del objeto.
-Estando aquí estaremos seguros, ningún demonio puede entrar aquí, pero dudo que dejen de asediar la catedral- aseguró.
En cuanto dijo eso notaron un ligero temblor. Las paredes del templo se iluminaron con cientos de símbolos como los de fuera, y las llamas de las velas que relucían en los candelabros crecieron desorbitadamente. Oyeron unos gruñidos y notaron como varios de los trazos de las pinturas que protegían mágicamente la pared ardían y dejaban de brillar, pero un eminente porcentaje permanecían activos. Permanecieron así unos segundos más, las vidrieras temblaron, y el fulgor aumentó de pronto, tras lo cual todo paró de golpe.
-Un demonio de alto rango ha intentado penetrar las barreras…- murmuró el berserker con el ceño fruncido.
Segundos más tarde el proceso se repitió de nuevo, pero con una variante. En esa ocasión, las puertas de la entrada se abrieron de golpe, y un demonio aporreaba con violencia una suerte de pared de energía que le impedía pasar. Cada vez que golpeaba dicho muro, una honda se expandía a través del mismo y los símbolos de las paredes brillaban con intensidad, pero al quinto golpe el demonio fue volatilizado por una potente luz que el propio edificio expelió contra este, carbonizándolo hasta que sólo quedaron unas pocas cenizas.
-Ya podríamos tener nosotros algo así en nuestra casa…- murmuró impresionada Electra, que se acercó a la entrada un poco para ver como los restos del ser infernal eran esparcidos por el viento.
Antes de que ningún más pudiera añadir algo, varios truenos se escucharon caer, pero no fueron fruto de los poderes de la guardiana del rayo. Antes las puertas, aún abiertas, apareció una figura humana. Los chicos rápidamente reconocieron el poder que emanaba del ser, así como la oscuridad de su energía. En su mano portaba algo insólito, una pluma de color plateada que brillaba ligeramente en luz blanca, algo extraño siendo algo que porta un demonio, más si se tiene en cuenta que aquella pluma emanaba un poder divino que sólo habían sentido, aunque en una intensidad muy superior, en los arcángeles.
-¡Espero que lo que me han dicho los otros Caballeros del Infierno sea verdad, Guardianes de la naturaleza!- gritó.
Se trataba de un hombre con aspecto de feelido, de pelo dorado por brazos y pecho, grandes garras como manos y pies, y con una gran melena de color rojo fuego en la zona del cráneo. Llevaba ropas deportivas anchas, y sus colmillos eran especialmente grandes, como dientes de sable. Pero lo más peligroso eran sus ojos bermellón, que brillaban divertidos ante la mirada de temor del grupo.
-Os mataré y me llevaré el cáliz de Pedro, muchachos- dijo, mientras alzaba la pluma que tenía en la mano. La pasó por la roca, y los símbolos de protección, que antes brillaban con intensidad, empezaron a desaparecer uno a uno paulatinamente.
Eso puso en tensión a los Guardianes, que vieron como también los símbolos del interior del templo empezaban a desaparecer. Cuando se disponían a abrir un portal para irse de allí, notaron la influencia del poder del demonio, que les impedía moverse del sitio, Este le miró con diversión.
-Dadme el cáliz- ordenó, mientras entraba. El templo entero temblaba cada vez que daba un paso, y aunque todas las defensas, en apariencia, habían desaparecido, le costaba moverse en el interior.
Karl, lejos de espantarse, se llevó la mano a su pecho, de donde sacó una libreta, y la abrió por la primera página.
-¿Alguno sabe latín?- preguntó, y Noelia, para su sorpresa, alzó la mano. Sin dudar le entregó la libreta, y ella comenzó a leer.
-¿Exorcizamus te?- en cuanto ella leyó esas palabras, el demonio de delante se paró en seco, pero no dejaba de sonreir.
Karl con un gesto efusivo le pidió que siguiera leyendo, y ella así hizo – Omnis inmundus espiritus, omnis satanica potestas- según leía el cuerpo del demonio se iba contorsionando un poco, pero no parecía afectarle mucho más.
-Ese truqiot barato no valdrá conmigo!- les gritó, pero Noelia seguía leyendo- Omnis incursio infernal adversarii, omnis legio, omnis congregatio et secta diabólica- cuando acabó de leer esa parte el demonio estaba apoyado con las manos en las rodillas y con algo de sudor en la frente, pero su cara seguía denotando diversión.
La chica lobo, entendiendo las intenciones de Karl, continuó leyendo- Ergo, draco maledicte et omnis legio diabolica, adjuramus te cessa decipere humanas creaturas, eisque æternæ perditionìs venenum propinare- el demonio en ese momento se lanzó a por Noelia pero esta no cesaba de leer, protegida por el resto de Guardianes, que hacían piña en torno a ella.
El demonio, lejos de amilanarse, les lanzó una esfera de energía, pero Sam la interceptó con una mano y se la devolvió rápidamente, mientras su compañera seguía recitando- Vade, satana, inventor et magister omnis fallaciæ, hostis humanæ salutis. Humiliare sub potenti manu Dei; contremisce et effuge, invocato a nobis sancto et terribili nomine quem inferi tremunt- - a esas alturas, el demonio estaba casi noqueado y el resto del grupo lo tenía colocado contra una columna para evitar que se moviera más de lo debido, mientras convulsionaba y gritaba, con los ojos bermellón brillando con violencia.
-Ab insidiis diaboli, libera nos, Domine. Ut Ecclesiam tuam secura tibi facias libertate servire, te rogamus, audi nos- cuando ella pronunció esa última palabra, el demonio se retorció más aún, mientras Karl sonreía satisfecho.
Pero, lejos de pasar nada extraordinario, el demonio se rió, y de un golpe de energía mando a sus captores por los aires, que cayeron al suelo a unos metros del ser. Karl miró la escena con impresión, pero rápidamente se acercó a Noelia, que miraba con estupor como aquel ser se cernía sobre ella. Antes de que pudiera llegar a tocarla, el gigantón se abalanzó sobre el demonio, y, con un puño americano en la mano lleno de símbolos enoquianos comenzó a golpearle en el rostro.
-¡Se supone que eso tendría que haber exorcizado, capullo!- gritó, mientras le golpeaba con rabia. Pero el otro le paró un puño con una mano con facilidad, y le propinó un potente golpe en el rostro para quitárselo de encima. Tras eso, se levantó, con los ojos encendidos de rabia.
-Reconozco que como truco me ha impresionado…- murmuró, mientras elevaba su energía peligrosamente- Pero eso no vale contra mi, deberías saberlo, berserker- le respondió, mientras en su mano generaba una esfera de energía.
Sin mediar palabra la lanzó contra el grupo, pero antes de alcanzarles se dividió en cientos de haces de energía que fueron directos hacia ellos, y hubieran dado en el blanco de no ser por Percy, Sissi, Herb y Nicolas, que interpusieron cada uno un muro de cristal para impedir el golpe.
-Este tipo es verdaderamente fuerte…- murmuró el guardián de los metales, la barrera había detenido el golpe, pero el chico pudo ver algunas rasgaduras en la pared de energía.
El demonio, entonces, chasqueó la lengua, irritado. De un barrido con el brazo tiró a todos al suelo, y, con otro gesto, les impidió a todos el movimiento.
-Podría quedarme a jugar, pero llevo prisa- les dijo, mientras avanzaba a través de ellos. Se sorprendió de ver a Jhonny como el único en pie, y le miró con cierto interés.
-Parece que tenemos a un pequeño león entre ratas… Tú debes ser el bastardo, ¿verdad?- preguntó, deteniéndose un segundo ante el muchacho.
Este no respondió, pero sus ojos estaban ligeramente brillantes, y sus alas de energía batían con intensidad detrás de él. El demonio rió complacido.
-¡Sin duda eres hijo de tu padre! ¡Y yo, Abadon, tendré el privilegio de matarte!- exclamó, mientras inundaba el cuerpo del adolescente con su energía.
Este, lejos de asustarse, elevó su energía y se dispuso a contratacar, pero entonces vio a varios demonios más entrar por la puerta. Estos rápidamente atacaron y tiraron al suelo a Karl, y le hubieran matado de no ser por que su superior les ordenó con un grito no detenerse en tonterías e ir a la misión principal: llevarse la copa de Pedro. Jhonny, que no estaba dispuesto a dejarse vencer así de fácil, iluminó la sala con una potente luz, que fue seguida de varios gritos de dolor y de un par de explosiones. Para cuando el exceso de luz se fue, vio como el cuerpo de Abadon humeaba profusamente, con la carne ardiendo, en algunos puntos hasta se podía ver algo del hueso, pero en pocos segundos recuperó su aspecto habitual. Y no parecía nada feliz. Sin decir nada se lanzó a por el muchacho, olvidándose del resto del grupo, que al dejar de notar la presión sobre ellos se levantaron rápidamente, pero cuando quisieron intentar parar a los demonios menores de llevarse el cáliz, estos ya estaban saliendo del templo, y, en una nube de humo, se introdujeron de nuevo en la tierra.
-¡Maldita sea!- gruñó molesto Patrick, mientras se paraba al lado del punto donde los seres infernales habían desaparecido. Se disponía a mirar por la zona cuando vio como el resto volvía corriendo al interior, habían oído un grito, así que imitó a sus compañeros.
William, al lado de la entrada, les indicó con un gesto que se pararan. El resto no entendieron muy bien por que les indicaba eso, hasta que vieron que Jhonny estaba luchando contra Abadon a puñetazos- Parece realmente enfadado…- comentó Hiroky, impresionado por ver así a su compañero.
Esquivaba y daba puñetazos a toda velocidad, así como el demonio, que de vez en cuando lograba hacerle una llave y lanzarle por los aires, pero el muchacho se rehacía en el aire y cargaba contra el demonio impulsándose con sus alas de energía. En un punto dado, Jhonny le lanzó una lanza de energía al pecho que atravesó a Abadon de lado a lado, pero este simplemente la sacó de su cuerpo de un fuerte tirón, tras lo cual la lanza de luz desapareció.
-Llevemos esto a un nuevo nivel…- murmuró, rodeándose de su energía. De pronto, desapareció de la vista de todos y apareció en frente de Jhonny, pero este detuvo el golpe con una mano, y fue a golpear en la cara, a una velocidad igual a la de Abadon, a este mismo, pero igualmente detuvo el golpe.
Aquellos golpes iban a más velocidad de la luz, cosa que sorprendió al resto del grupo. Pero no tuvieron mucho tiempo para pensar en eso, ya que se volvieron a enzarzar en una danza de golpes, patadas y puñetazos, todo eso en el interior de la catedral, que de vez en cuando temblaba cuando se golpeaban contra una columna o una pared. Sorprendentemente este no tenía ni una sola grieta, a pesar de la violencia y potencia de los golpes. En un momento dado, Jhonny acorraló a Abadon contra una pared, con el antebrazo en el cuello del demonio, y rápidamente le agarró la cabeza con la otra mano e intentó fulminarle. Los ojos de este brillaron con fuerza cuando la energía del guardián inundó su cuerpo, pero esto no fue suficiente para destruirle plenamente, aunque si bastó para dejarle prácticamente fuera de combate. Las últimas energías que tenía las usó para reírse siniestramente y desaparecer de allí cuando Jhonny se separó de él, con la respiración entrecortada por el esfuerzo.
-¡Rápido, se escapa!- gritó, pero cuando se disponía a seguirle el resto llegó, y ya era tarde, no podía seguir su esencia por el espacio.
El resto rápidamente le rodeó y comenzaron a comprobar si estaba bien o no, y para alivio de todos así era. Lo único distinto era su energía, que seguía creciendo día a día, señal de que los hechizos que usó su padre con él cuando era un bebé estaban prácticamente eliminados. Dentro de poco tendría a su disposición todo su poder. El chico reflexionaba sobre eso cuando notaron un estallido energético en la lejanía, pero no provenía de ningún sitio en concreto, sino de todas partes al mismo tiempo.
-¿Qué fue eso…?- se preguntó en voz alta Tamiya, pero ninguno sabía la respuesta. O al menos hasta que por allí apareció Karl.
-Eso sólo significa que han logrado su objetivo, niños…- murmuró, mientras se les acercaba. No había podido mantenerse en pie hasta ese momento, el poder del demonio le había dejado fuera de combate durante demasiado tiempo, cosa que evidentemente le había herido en el orgullo.
-Tranquilo, ¡les pararemos!- aseguró Sissi, con una sonrisa.
El hombre asintió, tratando de convencerse a si mismo de eso, aunque no parecía dar resultado. Fue entonces que decidieron abrir un portal para ir a casa de la hechicera, e incluso invitaron al berserker a ir con ellos, pero este rehusó. Seguiría investigando sobre los sellos de Lucifer, y de cómo impedir que se rompan. Tras despedirse y darle un último ánimo a Karl, pasaron por el portal para volver a casa.
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Mientras todo esto pasaba, Jamily se había estado dedicando a seguir con la traducción del libro que les había dado Gamma. Le quedaba más o menos la mitad en esos momentos, pero últimamente estaba algo más cansada de lo normal, suponía que era del estrés contenido durante tanto tiempo. Precisamente se encontraba en un descanso para seguir algo más tarde con sus indagaciones cuando oyó llegar a Seriel. El ángel se posicionó delante de la mujer, que le miró curiosa.
-¿Sucede algo? Llevas unos días más pensativo de lo normal- le preguntó, pero Seriel negó.
-Estaba pensando en… otras cosas- aseguró. Jamily asintió, y se quedó pensando por unos segundos- ¿En qué, si se puede saber?- preguntó.
Seriel asintió pensativo. Con un gesto le pidió permiso para acercarse, y ella se lo concedió. Entonces el ángel tocó con las puntas de sus dedos la frente de la mujer por unos segundos, para después retroceder de nuevo.
-Tan sólo quería confirmar mis sospechas- le dijo, mientras ella le miraba, esperando una respuesta por su acción. (2)
-Estas encinta- dijo, simplemente. Antes de que Jamily pudiera decir nada, oyeron llegar a los Guardianes. Ella se levantó y con un gesto le pidió al ángel guardar silencio, a lo que este asintió.
-Habéis tardado- comentó la aelida, acercándose. Sería Asmae quien le explicara que pasó. Cuando hubo terminado, Jamily estaba pensativa. Otra cosa de la que preocuparse, pensó ella, llevándose las manos al rostro.
-¿Sabemos cuantos sellos hay?- preguntó al aire- Un total de 696, bueno, 695 ahora, ese era el primero- quien habló era Gabriel, que justo en ese momento aparecía por allí.
Azrael, a su lado, portaba algunos papeles en la mano, al igual que su hermano. El arcángel posó entonces su vista en el vientre de la hechicera y aunque su rostro no denotó nada en especial, su energía brilló ligeramente, al mismo tiempo que el vientre de la aelida brillaba en ese mismo tono.
-¿Eso es… normal?- preguntó Jeremy. A su lado, Tamiya empezaba a dar saltitos, emocionada.
-¡Noto dos vidas, muy jóvenes, apenas son unas pocas células, pero ahí están!- gritó emocionada, mientras corría hacia la mayor y la abrazaba de golpe.
Esta se dejó, aún no había digerido la noticia que le había dado Seriel y quería pensarlo unos días antes de decirlo, pero… se había ahorrado esa parte, desde luego.
-Relajaos chicos, no nos podemos perder de nuestro objetivo, sé cuidarme perfectamente sola, así que no os preocupéis- ordenó ella, a lo que los demás asintieron.
-Nunca diríamos lo contrario- aseguró Azrael, mientras avanzaba hacia la mujer. Ella no era d elos que confiaran rápido en alguien, pero el arcángel le daba buenas sensaciones desde el inicio- Como arcángel de la vida, tengo poder sobre ella, así como sobre la muerte. Este embarazo estará supervisado directamente por mí, no te preocupes de nada- pidió.
La aelida se sonrojó ligeramente por la atención, pero rápidamente se recompuso- ¡No nos descentremos! ¿Cómo paramos lo de los sellos?- preguntó.
Serie Gabriel el que respondiera- Nos será muy difícil, están por todos los universos, y seguramente estén rompiendo más en estos momentos. Así que, para facilitarlo, lo mejor será centrarnos en defender los 7 últimos, los más importantes. Esos en concreto son los últimos que deben romperse, y no los atacarán hasta que el resto estén rotos- les dijo.
Los Guardianes asintieron a esa información, la misión era clara, y, de ser necesario, darían sus vidas para ello. Esta era una nueva fase de la guerra, y esta vez, estaban dispuestos a ganar. Hasta que llegara el momento se entrenarían arduamente para evitar que todo quedara arrasado. Y ahora, tenían dos razones más para ello.
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(1) Dato totalmente inventado.
(2) ¡Punto en el que se alcanzan las 600.000 palabras!
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, que pertenece a Doctor Who.
