Código Guardianes
Capítulo 105
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
A partir de este punto, la historia se desarrolla pasada la boda. Por ello, los capítulos del 94 al 103 discurren temporalmente antes del 93, y este (el 104) ya se sitúa temporalmente tras el capítulo 93.
Los días se sucedieron, después las semanas, y antes de que se dieran cuenta los Guardianes, había pasado un mes desde que el primer sello que contenía a Lucifer se rompiera a manos de Abadon, uno de los Caballeros del Infierno. En ese tiempo, Percy creó armas para los más jóvenes del grupo, pues ellos eran los portadores originales de sus respectivas gemas y en el pasado el Guardián de los metales no creó ninguna en previsión de que en el futuro alguien las portara, aunque nadie le echó eso en cara, bastantes problemas tenían ya a esas alturas como para preocuparse de crear más armas. Para Hiroky y Milly creó un par de cadenas extensibles para cada uno. En uno de los extremos un filo que podía cortar cualquier material, incluso podía atravesar el espacio y el tiempo para alcanzar al enemigo. En el otro extremo contaba con un mango que se enroscaba en torno al brazo del usuario, y la característica más asombrosa era que podía usarse para defenderse también, pues podía formar un escudo con una parte y atacar con el resto de su longitud, que se podía alargar indefinidamente. Para Tamiya creó una maza del mejor material que, al igual que el martillo de Electra, podía ser lanzado contra el enemigo y este siempre regresaba a la mano de su propietaria, y, como el resto de las armas de los Guardianes, sólo ella podía enarbolarla. Podía absorber la energía de aquellos enemigos en quienes golpeara y repartirla con los aliados, cosa que sería muy útil en el futuro. Iba a fabricar algo parecido para Jhonny, pero Azrael insistió en darle un arma propia.
-Esta arma fue fabricada en el Cielo antes incluso de que las primeras estrellas empezaran a brillar- le dijo el arcángel a su hijo, solemne.
En sus manos portaba una esterilla que ocultaba de la vista un objeto. Cuando la retiró, mostró una espada de color plata, con un filo cortante que brillaba ligeramente con una luz divina que irradiaba un enorme poder. El mango era de un tono plata que formaba un tuvo perfectamente adaptado a la mano del adolescente, y la hoja era un tercio del brazo del joven, y estaba perfectamente compensada.
-Es una espada divina, creada por el propio Dios hace eones, él me la entregó en su día… Y ahora yo te la doy a ti- le dijo, entregándole la espada.
Jhonny la tomó vacilante, con la cara ligeramente enrojecida por el honor que aquello suponía. En cuanto la tomó notó su enorme poder, y Azrael sonrió ligeramente.
-Con ella hasta podrás matar a Caballeros del Infierno. Tú le darás un mejor uso que yo- le aseguró.
Jhonny le miró. No era capaz de hablar, pero Aelita, que estaba presente junto al resto de Guardianes, intervino.
-¿No sería mejor que la tuvieras tú, Azrael?- le preguntó- Un arma tan poderosa igual… Bueno…- pero el arcángel le restó importancia.
-Jhonny será pronto más poderoso que yo, y prefiero que él la tenga. Gabriel me puede conseguir otra arma, él es de los pocos que saben cómo se fabricaron originalmente- aseguró.
A eso el pelirrojo asintió más tranquilo. Guardaría el arma con mimo, para así evitar que nada ni nadie se la robara. Pero su padre le quitó ese peso de encima. En la empuñadura aparecieron letras en enoquiano, y el Guardián de la Muerte comprobó que estaba escrito su nombre.
-Nadie salvo tú ahora podrá empuñar esa arma, la podrás invocar en cualquier momento, y su poder sólo saldrá a la luz cuando esté en tus manos. Si otro la toca será tan inofensiva como una hoja seca- a eso el adolescente asintió.
Esa característica era propia de todas las armas de los guardianes, aunque era bastante tranquilizador que el arma más poderosa con diferencia sólo la pudiera usar su propietario.
-Muchas gracias por tu regalo, padre- alcanzó a decir Jhonny, sonriendo un poco. El arcángel asintió, y le acarició la cabeza con cariño.
-Vais a necesitar todo vuestro poder. Gabriel, Jamily y yo hemos estado hablando, y es hora de empezar a proteger los últimos sellos que mantienen encerrado a Lucifer- dijo, cambiando de tema.
Los chicos le miraron con renovado interés. En todo ese tiempo habían dejado que demonios y ángeles fueran rompiendo los sellos, para ese momento tan sólo quedaban los 7 que habían hecho específicamente los 6 arcángeles que quedaban libres y el mismo Dios. Gabriel y Azrael les explicaron que era imposible tratar de impedir la rotura de los primeros sellos, pues podían hacer varios a la vez en las diversas partes de la realidad, lo que imposibilitaba la misión. Pero los últimos 7 eran diferentes. Estos sólo podían romperse los últimos, en un determinado orden y uno por uno, y sabían perfectamente donde estaban. Si lograban mantenerlos intactos, aunque fuera sólo uno, lograrían el objetivo. Por eso habían entrenado arduamente para ese día, el día en el que el enemigo trataría de romper el primero, el que simbolizaba al arcángel Raguel. El sello se encontraba en uno de los lugares con una estatua del arcángel, y esta era la ciudad feelida de Panthera, en Asmara. Por ello, emprendieron la misión. Abrieron un portal, y llegaron a la ciudad en unos pocos instantes.
-¿Sabemos en que parte en concreto está el sello?- preguntó Jeremy, mientras daba unos pasos hacia un costado.
Para esas misiones, contaban con la presencia también de los arcángeles, cosa que les tranquilizaba bastante, ya que así, de haber problemas, estos no tendrían que venir corriendo desde donde quiera que estuvieran, perdiendo segundos valiosos. También había venido Jamily, que portaba su báculo en una mano, con el rostro lleno de determinación para lograr su objetivo.
-En la estatua que le representa. Está en la Catedral, la siento desde aquí- dijo Gabriel, mientras andaba en una determinada dirección.
-¿No será más fácil teletransportarnos hasta allí?- preguntó Asmae, a lo que el arcángel negó.
-El enemigo nos está esperando en la Catedral. Es mejor no darle más oportunidades de las que ya tienen- aseguró- Por mucho poder que mi hermano y yo tenemos, si está ahí quien creo que va a estar, será inútil que lo hagamos- aseguró.
-¿A qué te refieres?- le preguntó Noelia, pero fue Azrael quien respondió- Hace mucho, Lucifer le entregó… bueno, un poder, por así decirlo, al más poderoso de sus lugartenientes: Luzbel- les explicó- Es capaz de incluso detener a los arcángeles, aunque eso no significa ni mucho menos que nos pueda derrotar, no puede, pero puede impedirnos el paso si así lo quiere- continuó.
Eso sorprendió mucho a los chicos, que le miraron con sorpresa- ¿Cómo es eso posible? - preguntó Tamiya.
Gabriel permaneció en silencio, con el ceño fruncido, dejando a su hermano en solitario para responder- Los detalles son demasiado complicados, pero él tiene acceso a un poder que nos puede detener, pero no es suficiente para destruirnos u hacernos daño, simplemente nos para- por el gesto de ambos seres celestiales, desde luego era un tema grave.
-Esperemos que él no esté ahí- comentó Jeremy, aunque rápidamente comprobarían que no tendrían tanta suerte.
Apenas unos metros para adelante, William notó una explosión de energía oscura, una tan potente que recorrió varios kilómetros a la redonda y logró detener a todo el grupo, arcángeles incluidos. En cuanto pasó, ambos ordenaron a los chicos avanzar hasta donde se encontraba la estatua, mientras ellos bajaban lo máximo posible sus energías para pasar desapercibidos, y acercarse uno por cada lado de la plaza, mientras el resto iba de frente. Y así hicieron, los chicos fueron corriendo hasta llegar a la entrada frontal de la plaza donde se situaba la Catedral de la ciudad. Por fuera, tenía el aspecto de un templo griego, con altas columnas que sujetaban un dintel en forma de pirámide, y bien decorado con hojas y todo tipo de elementos de imaginería. Desde donde estaban podían notar con claridad el poder que emanaba de la estatua, poder que sin duda era de carácter divino, pues en las zonas en las que se condesaba formaba pequeñas nubes de energía, y esta brillaba como pequeños soles, aunque eran invisibles al ojo de un ser humano común. Según se acercaban, miraban en todas direcciones para cerciorarse de posibles ataques, pero nada ni nadie les impidió llegar hasta las escaleras del templo. Allí, vieron que las puertas estaban entreabiertas, y también se dieron cuenta de la presencia de los arcángeles, que estaban justo al lado de los goznes de la entrada. Con un suave gesto de mano, Gabriel les pidió entrar, y eso hicieron.
-Impresionante…- comentó Yumi, mientras entraban. Por dentro, el templo tenía el aspecto de cualquier catedral, con altos muros, grandes arcos laterales, y una gran mesa en las que se encontraban varias copas de oro.
De pronto, las puertas se cerraron con una fuerte corriente de energía, y los arcángeles, que habían penetrado en el edificio, desaparecieron sin dejar rastro. Por un lateral, apareció un hombre moreno de baja estatura, piel bronceada y ojos de un fuerte color bermellón, con una sonrisa siniestra en el rostro.
-¡Plasma relámpago!- gritó Ulrich en cuanto le vio, lanzando el ataque contra el demonio. Este extendió la mano y detuvo el ataque energético con facilidad, pero rápidamente el resto se lanzó contra él.
El ser simplemente esquivaba los ataques con facilidad pese a ir a la velocidad de la luz, y la influencia de la estatua del arcángel, que adornaba uno de los laterales de templo usando de fondo un retablo de oro, incluso parecía darle más poder, en vez de restárselo.
-¡Tengo el poder de expulsar a dos arcángeles! ¡¿En serio creéis que podéis contra mi poder unos niñatos como vosotros!?- les gritó.
Agarró a Electra de la cabeza, y la tiró contra el suelo, y casi logra lo mismo con Herb, pero la intervención de Marin impidió que sufriera el mismo destino que su amiga. La chica eléctrica se levanto molesta y se dispuso a lanzarle unos rayos al demonio, pero este, de un chasquido de dedos, sacó a todo el mundo de la Catedral, exceptuando a la propia Electra, Sissi, y Herb. Estos se miraron confusos, pero la guardiana del rayo simplemente atacó al ser, que esquivó con facilidad el ataque.
-Que empiece el juego…- murmuró divertido, mientras sus ojos se iluminaban de color bermellón.
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-¡Hay que volver dentro!- gritaba Aelita aporreando la puerta, pero la misma no se movió ni un ápice de su sitio, pese a que lo hizo con toda su fuerza.
-Es inútil, la fuerza de ese demonio detiene y anula cualquier clase de poder, incluso el nuestro- dijo Gabriel- Ese cabrón ha jugado bien sus cartas…- murmuró.
Patrick miraba pensativo el edificio- ¿Por qué se ha encerrado con ellos ahí dentro? - se preguntó- Sí, sin duda eso es raro, más si de verdad puede con todos nosotros al mismo tiempo- comentó Percy.
-Desde luego para nada bueno…- se dijo Susan, tensa- ¡Debemos entrar como sea!- gritó Sam, preocupada, pero Azrael la detuvo cuando se disponía a cargar contra la puerta.
-Ese demonio sin duda quiere quedarse a solas con ellos, y ni siquiera nosotros podemos entrar. Sólo lograríais haceros daño- le dijo.
La chica le miró ceñuda- Tanto secretismo… ¿Qué tiene ese demonio de especial? - inquirió entonces Asmae.
En otras condiciones un ser humano normal estaría demasiado impresionado ante la visión de un arcángel, pero ya habían convivido tanto que se habían acostumbrado y casi se trataban de iguales pese a la enorme diferencia de poder.
-Se llama Luzbel, es el demonio del que os hablamos antes- les respondió Gabriel. Jamily acariciaba la puerta con la palma de la mano suavemente.
-Nunca había sentido una oscuridad tan intensa, es como si millones de estrellas en vez de destilar luz lanzaran al espacio oscuridad…-murmuró la hechicera. Por su gesto, William pensaba exactamente lo mismo.
-Sigo sin explicarme como un Caballero del Infierno, en teoría mucho más débil que vosotros, puede sacaros de una sala e impediros entrar- dijo entonces Nicolás.
Pero Gabriel parecía especialmente molesto a esas alturas- ¡Dejad de cuestionarnos, niños! Ya os hemos explicado lo que pasa, ¡ahora busquemos una solución! - exclamó, con los ojos brillando ligeramente.
Eso sirvió como pequeño aviso para el resto, que decidieron hacer caso a la petición del ser celestial, sobre todo por no querer acabar hechos polvo de estrellas y esparcidos por la realidad.
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De vuelta al interior del edificio, la lucha continuaba. El demonio no dejaba de detener con facilidad los ataques de los tres Guardianes que permanecían en la catedral, incapaces de poder atacar a Luzbel, que no cesaba en insultarles y, en definitiva, buscarles las coquillas. Y con Electra funcionaba a la perfección, pues esta tenía su energía al máximo, y cada vez se sentía más rabiosa, y, por sobre todo, impotente.
-¡Excalibur!- del brazo de la rubia brotaron miles de haces de luz que cortaban todo material a su paso, pero el demonio simplemente los esquivaba de un salto, se apoyaba con los pies en los hombros de Electra, y le pateaba la testa, para después saltar de nuevo y propinarle un puñetazo en la espalda, haciendo que la muchacha cayera al suelo.
Cuando el demonio se disponía a lanzar un ataque de energía, Sissi y Herb se colocaron delante de su amiga, y lanzaron sus muro de cristal, esperando que entre ambos pudieran detener el ataque del ser.
-¡Electra, levanta!- le gritó Herb, a su lado.
Las energías de los tres estaban muy desequilibradas a esas alturas, se sentían impotentes ante las acciones del demonio, que parecía jugar con ellos a placer, humillándoles cada vez que les esquivaba, y procurando recordarles lo débiles e insignificantes que eran ellos a comparación de él. Justo en esos instantes apareció por allí otro demonio. Luzbel sonrió al ver allí a su compañero, cuyos ojos también brillaban en un ligero tono bermellón.
-¡Alheim, las galletas están casi listas!- rio, mientras lanzaba su ataque. De sus manos brotaron miles de dardos de color negro que se lanzaron contra los muros de luz, que se rompieron en apenas unos instantes, y se clavaron en la piel de los chicos, y en pocos segundos la sangre comenzó a brotar de las heridas. Apenas unos hilos de sangre, pero lo suficiente para manchar ligeramente su piel y ropa.
El otro demonio también lanzó sus ataques, que en esa ocasión consistieron en miles de esfera de energía negras, que volaron en todas direcciones y que atacaron a los chicos por todos los lados, en un frenesí de golpes. O hacían algo, o perecerían ahí. La rabia inundó el cuerpo de Electra, sus ojos brillaron de un tono amarillo que recordaban a lo que les pasaba a Jhonny o los arcángeles cuando usaban sus poderes, y dio un fuerte grito de rabia que parecía más de una bestia que de un ser humano. Su cuerpo entonces comenzó a transformarse: de su boca empezó a formarse un enorme pico, sus brazos comenzaron a agrandarse y convertirse en enormes alas, y sus piernas pasaron a tener enormes garras. El resultado final se vio a los pocos segundos, y es que se había transformado en una enorme águila del tamaño de un helicóptero, con grandes alas de color gris, con las plumas del cuerpo del cuerpo color negro, contaba con grandes ojos negros y su pico amarillo tenía una fuerte punta con la cual es capaz de romper casi cualquier cosa. En cuanto a sus garras, son del tamaño de un ser humano y realmente afiladas, con capacidad de partir a la mitad cualquier material con facilidad. De un grito, comenzó a mover las alas y formó un vendaval que lanzó por los aires a los otros dos guardianes, que acabaron golpeándose con las columnas del interior.
-¡Uno de tres, encárgate de los otros dos, Alheim!- le gritó Luzbel. El aludido asintió y se lanzócontra Sissi y Herb, que estaban también en las últimas, y preocupados por la reciente transformación de Electra, pues ni siquiera sabían si era algo reversible.
Por su parte, la Guardiana del rayo volaba dando vueltas con dificultad por el interior, lanzando rayos a diestro y siniestro, y golpeando las paredes con violencia, con la intención de salir. Luzbel saltó sobre su grupa, con un arma en la mano, y le hizo un largo tajo, que si bien sanó en apenas unos segundos por los poderes desatados de la chica, se mantuvo abierta lo suficiente como para que unas pocas gotas cayeron al suelo de la catedral. Un fuerte retumbar se notó y una suerte de cadenas de energía parpadearon en luz amarilla, para desaparecer de nuevo tan rápido como habían aparecido. Mientras eso pasaba, el otro demonio zarandeaba a los otros dos adolescentes, estando Herb con un hilillo de sangre recorriendo su mejilla y con una Sissi cerca del desmayo en ese punto. El chico sentía que debía hacer algo, y un fuego empezaba a incendiar su interior. La rabia que sentía en esos momentos le llenó, sus ojos brillaron de color cián, mientras lo mismo pasaba con Sissi, aunque en su caso era del color de su energía. Alheim sonrió ante eso, y lanzó un nuevo ataque para acabar de desencadenar la transformación, cosa que en seguida pasó.
Herb dio un fuerte grito de cólera, que en seguida derivó en un tono mucho más grave y bestial, mientras sus colmillos se agigantaban y su cara y cuerpo empezaban a crecer y llenarse de pelo. En pocos segundos pasó a ser un enorme gorila, del tamaño de varios todoterrenos puestos uno encima del otro, sus ojos son rojos, y sus colmillos se vuelven grandes como cuchillos, siendo su pelaje totalmente negro. Sus músculos se masifican, y es capaz de expeler energía por la boca, cosa que demostró en cuanto acabó el cambio, energía que rompió una de las paredes del templo, por donde en seguida escapó Electra, aun transformada. En cuanto a Sissi, se transformó en un lince del tamaño de un coche, con grandes dientes y fuerte musculatura con un tono negro de piel, y con ojos verde intenso. Sus garras eran retráctiles, fuertes zarpas y potente musculatura, capaz de expeler ataques de energía desde su cuerpo como si fuera una enorme masa de energía. Antes de que pudieran salir por el agujero de la pared, Alheim les detuvo al lanzarles al pecho dos dagas que se incrustaron en su pecho, y de la herida brotaron dos hilos de sangre, que acabó cayendo al suelo. En cuanto tocaron el suelo, las cadenas de antes volvieron a tintinear con los colores de ambos guardianes, pero el retumbar fue a más ya que en esa ocasión las cadenas de energía se rompieron, y rayos retumbaron por todas partes y el cielo se llenó de nubes de tormenta.
-El trabajo está hecho, hermano- le dijo Luzbel al otro, que asintió, viendo satisfechos como ambos guardianes salían atropelladamente por el hueco de la pared, para después irse de allí, teletransportándose de vuelta al Infierno.
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Con el resto, vieron impresionados como enormes cascotes de piedra caían al suelo por un gigantesco ataque energético, y más aún cuando al poco apareció por el agujero un águila enorme, y, poco después, un gorila gigante y un lince de un tamaño sin duda superior al natural. Y más se asustaron cuando notaron que estos tenían la misma energía que sus amigos, y se confirmaron sus sospechas cuando los animales usaban los poderes de sus amigos,
-Esto sí que no me lo esperaba…- murmuró Jamily, mientras se alzaba en el aire. Sin duda, aquello era producto del aumento de poder que ella les hizo a los Guardianes, que no se había manifestado hasta ese momento.
-¿Y cómo les paramos? No podemos hacerles daño- dijo Aurora, tensa. A su lado también volaba Jeremy, tridente en mano, dispuesto a detener a Electra.
Por tierra, el resto de los Guardianes lidiaban como podían con sus amigos, que no cesaban de atacar, en un evidente estado de enajenación que si seguía a ese ritmo lo destruirían todo. Por ello, Marin tomó la determinación de abrir unos portales para lograr llevarlos a algún lugar sin gente viviendo allí, sobre todo para evitar víctimas mortales. También temían la reacción de los cuerpos de seguridad, que ya se acercaban hasta allí, a juzgar por el sonido estridente de las sirenas, que inundaban cada vez más el aire. Odd trataba de guiarles usando sus poderes y procurando, de alguna manera, controlarles, pero era totalmente imposible, sus mentes estaban llenas de pensamientos negativos y sus energías, lejos de ser de aquellos hermosos tonos que les caracterizaban, eran de un tono negro azabache bastante inquietantes. Por eso, y aprovechando que cargaban contra ellos, Susan, Marin y Milly abrieron un portal de mayor tamaño para permitir a Herb y Sissi pasar por ahí, cosa que hicieron por la propia inercia de su movimiento. En cuanto a Electra, que volaba y lanzaba rayos, la cosa es distinta, pues a pesar de su enorme tamaño, tenía una capacidad de giro y cambiar de dirección asombrosa, pero lograron crear una esfera de portales en la que encerraron a Electra, obligándola a pasar por uno, llevando a la chica al mismo lugar a donde habían mandado a Sissi y Herb, que era un desierto frio cercano, donde el ser vivo más cercano estaba a cientos de kilómetros.
-¡Tenemos que detenerles!- exclamó Jeremy, mientras lanzaba aire frío contra los pies, ahora patas, de Herb y Sissi, tratando de detenerles-
Peor de poco servía pues a los pocos segundos se liberaban, y atacaban con aún más furia que antes. Eletra, por su parte, cada vez subía más y más alto en la atmosfera, sin importarle los vientos fríos o la falta de aire, pues ahí arriba se sentía cómoda. Aurora subió rápidamente a perseguirla, y junto a ella también fue Jamily, con su báculo en la mano, dispuesta a impedir que pudiera huir.
-Habrá que derribarla, Aurora- le dijo la aelida, conforme se acercaban. Los vientos a esa altura eran fríos como témpanos de hielo y cortaban, aunque Aurora se sentía cómoda en esa tesitura.
La aludida asintió, pensaba lo mismo, si se seguían elevando llegarían a un punto donde no podrían luchar cómodamente, y seguramente se pudiera escapar y tardarían demasiado tiempo en encontrarla de nuevo. Por ello, Aurora erizó más aún los vientos y se propuso desestabilizar el vuelo de Electra, que, en cuanto las vio, les lanzó severos rayos desde todo su cuerpo, aunque las dos mujeres lograron esquivarlos. Jamily se posó en su nuca y comenzó a darle golpes con su báculo, mientras Aurora la agarró de una de las patas y se impulsó con su energía para cambiar su rumbo. Electra, aun lanzando sus rayos, no logró impedir el objetivo de ambas, y empezó a desestabilizarse, hasta que, de un último impulso, Aurora las lanzó contra el suelo, cayendo en picado a toda velocidad. En tierra, por su parte, Yumi había encadenado con fuertes ramas a Herb, mientras Percy había usado las vías de un tren, reforzadas con metales y minerales de suelo, logró lo mismo con Sissi, que había acabado enjaulada en una pequeña celda en la que apenas se podía mover.
-Espero que no puedan salirse de ahí…- murmuró Jhonny, mientras Hiroky, a su lado, creaba algunos materiales extra que Percy usaba ayudado por Ulrich para reforzar las juntas.
-Y yo, pero ¿cómo les devolvemos a la normalidad? - preguntó Patrick- Él tiene razón, de nada nos vale tenerlos aquí si no los podemos curar- dijo Tamiya.
-Creo que tengo la clave de ello, pero… No estoy del todo segura- dijo Aelita. El resto le miró con interés- Ellos están envueltos en oscuridad, si logramos iluminar sus energías… Pueden que vuelvan a la normalidad- aseguró.
Jamily asintió, pensativa- Debería funcionar, sí…- murmuró, sonriendo- Hagámoslo- dijo.
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Los arcángeles, por su parte, se habían quedado en Panthera, pues aún no entendían que había pasado, pero el primer sello había sido roto, y se imaginaban que era lo que había pasado, pero deseaban corroborarlo antes de decir nada a los chicos.
-Está claro… Han usado su sangre manchada de oscuridad para romper las cadenas- comentó Gabriel- Debimos habérnoslo esperado, hermano- continuó.
-Han aprovechado que no podíamos entrar para envenenar sus espíritus de desolación, machacándoles todo lo que podían, y al haber vivido tanto estrés en los últimos tiempos, han estallado como volcánes- comentó Azarel.
Este estaba agachado, tocando el suelo de mármol de la catedral con los dedos. Grabado a fuego, se podía ver por las paredes, suelos y techo la figura de las cadenas que servían como atadura a Lucifer. Pero se había roto una más, y sólo quedaban seis.
-A este ritmo, nos acabaremos peleando con nuestros hermanos, Az….- murmuró Gabriel- Deberíamos ir entrenando, y con estos niños y los paganos no podremos hacer mucho- entonces Azrael le miró.
-¿Sugieres separarnos de ellos?- preguntó, frunciendo ligeramente el ceño. El otro suspiró- Mira, entiendo lo que sientes por tu niño y esa mujer, Gabrielle, pero debemos pensar a lo grande- le dijo.
El arcángel de la muerte le invitó con un gesto a seguir hablando- Hablo de pedir ayuda a lo grande, este grupito que hemos formado no tiene poder suficiente, los Guardianes apenas pueden con los Caballeros del Infierno, y los paganos ni siquiera pueden derrotar a un demonio de bajo rango sin acabar con alguna herida- le dijo.
El otro simplemente asintió- Pero debo entrenar a Jhonny. Tiene mucho poder, y casi lo tiene liberado todo. Pronto él sólo podrá derrotar a Miguel, debemos ampliar el tiempo lo máximo posible antes de que empiece el Apocalipsis para que mi hijo pueda usar todo su potencial- la suplica no pareció enternecer demasiado al otro, que suspiró.
-Sabes de sobra que les azuzarán para que vayan a los templos donde nuestras estatuas atan a Lucifer. Y cuando eso pase ocurrirá exactamente lo mismo que ha pasado aquí, y si tu hijo está a plena potencia ese día, les será imposible pararle. Sería como si se tuvieran que enfrentar a uno de nosotros- Azrael no parecía muy convencido.
-Entrenemos a diario, lejos de aquí, y busquemos ayuda en nuestros tíos y tías. ¿Qué te dijo Muerte, aceptará ayudarnos?- preguntó.
-No intervendrá en las peleas de unos niños, esas fueron sus palabras- le respondió. El otro arcángel se llevó las manos a la cara pero no dijo nada en un rato.
-¿Se da cuenta de que él precisamente es parte importante en todo esto?- preguntó tiempo después, a lo que Azrael asintió.
-Claro que lo hace, pero no quiere intervenir hasta que Lucifer le llame, aunque probablemente use alguna magia para doblegar su voluntad- comentó.
Su hermano suspiró pesadamente- En fin, ¿Qué te parece mi idea? A falta de algo mejor, creo que es lo… menos malo que podemos intentar- Azrael no tuvo más opción que asentir, en el fondo sabía que su hermano llevaba razón.
-Enviaré un mensaje a los niños, para que lo vayan sabiendo- Gabriel extendió su mano y en ella apareció una esfera de luz, que mandó hasta donde tenía localizadas las energías de los guardianes, y se marcharon de allí en unos instantes.
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Aelita se encontraba justo en frente de las jaulas donde tenían, temporalmente, encerrados a sus amigos, estos aún convertidos en enormes bestias muy cabreadas. Su idea era iluminarles con la luz más potente que ella pudiera generar, una luz energética que llegaría hasta sus amigos y purificarían su energía, para así, liberarles y que, al menos eso esperaban, volvieran a la normalidad. Había pocas garantías de éxito por ser una mera suposición, nunca había pasado antes y era un intento un tanto desesperado pues ni siquiera hablándoles habían logrado mayor reacción que gruñidos y ataques de energía demoledores. Por ello, Aelita se rodeó de su energía, extendió los brazos, y, de un grito, de su cuerpo emergió una luz tan potente como la del Sol que hubiera dejado ciego a cualquiera que hubiera pasado de haber sido luz normal, pero esta viajó hasta los cuerpos de Electra, Sissi y Herb, que absorbieron esa luz. Durante unos segundos no pasó nada, pero poco a poco fueron volviendo los tres Guardianes a su forma humana, mientras salía algo de energía de sus cuerpos, que, conforme el proceso de cambio se iba desarrollando, esta se estabilizaba hasta volver a la normalidad.
-¿Estáis bien?- preguntó suavemente Aurora, que se encontraba justo en frente de la jaula de Electra. Esta estaba sentada en el suelo, con la respiración algo entrecortada, pero alzó un pulgar en señal de asentimiento.
Por su parte, Hiroky ayudaba a Herb a levantarse, mientras Milly hacía lo mismo con Sissi, aunque Sam corrió a ayudarlas pues Sissi apenas podía caminar.
-¿Q-que nos pasó?- alcanzó a preguntar Sissi, pero Noelia le restó importancia con un gesto.
-Eso no importa. Volvamos a casa, antes de que…- Jamily paró de hablar cuando una esfera de luz se posó en medio del aire ante ellos, y de la misma salió una voz bien conocida por todos ellos, la del arcángel Gabriel.
Cuando oyeron la noticia, no se lo podían creer. Ahora que estaban en un momento tan crítico, ¡¿decidían irse?! Era una completa locura, pensaban, pero poco podían hacer para impedir que ellos se fueran. Es más, seguramente ya estuvieran a saber donde. Deberían hacer frente a aquella misión en solitario, y, con ese negro pensamiento en sus mentes, volvieron a la dimensión donde vivían junto a Jamily. Allí, en la casa, sobre una mesa se encontraron con un papel escrito con la elegante letra de los arcángeles. Había escrita una lista:
Raguel en Panthera, Asmara
Remiel en Barquisimeto
Azrael en Roma
Gabriel en Budapest
Rafael en Córdoba
Miguel en Kiev
Lucifer en Madrid
Estas son las ciudades donde se sitúan las estatuas donde están los sellos. No sabemos si podréis lograrlo, pero esperamos que podáis detenerlo el suficiente tiempo para darnos tiempo para prepararnos. Buena suerte.
Gabriel.
-Joder…- murmuró Electra en un gruñido bajo. Aquella palabra expresaba bastante bien el sentir general. Pero tenían que sobreponerse y luchar para evitar el Apocalipsis.
Por que ellos eran los Guardianes de Asmara, de la Naturaleza, del Universo. Su misión era proteger a aquellos que no podían defenderse, ayudar a los que no podían hacerlo por sí mismos, y sobre todo, proteger aquel mundo azul que tanto amaban, y todos los mundos. Se sobrepondrían a todo, y protegerían a toda la Realidad de ser necesario.
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, que pertenece a Doctor Who.
