Código Guardianes
Capítulo 106
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
Habían pasado varias horas desde que el grupo había vuelto de su fracasada misión en Panthera. Estaban bastante afectados por aquello, sobre todo Electra, Sissi y Herb, pues ellos habían estado fuera de combate en esos momentos críticos. Habían perdido el juicio y el control sobre ellos mismos, y por su culpa el sello del arcángel Raguel se había roto, lo que significa que estaban un paso más cerca del Apocalipsis. Además, había que sumar que los dos arcángeles que les acompañaban habían decidido dejarles solos, sin casi dar explicaciones. Jamily les había dicho que olvidaran lo ocurrido y que se centraran en su siguiente objetivo, pues no valía la pena preocuparse más, aunque era más fácil decirlo que hacerlo. Por eso, antes de embarcarse en la siguiente misión, decidieron descansar, al menos anímicamente, para poder estar en condiciones de pelear la próxima vez, pues cuando volvieron era evidente que no estaban para eso.
-Tendríamos que estar haciendo algo, y no estar aquí cruzados de brazos- murmuró Patrick.
En ese momento se encontraban en un claro del bosque de Kadic descansando, Jamily prácticamente les había obligado.
-No es buena idea ir a lo loco, menos ahora, que estamos tan cerca- respondió Noelia casi en seguida. El chico suspiró y se sentó en un árbol junto a su primo.
-Noe tiene razón, no podemos lanzarnos como si nada, hay que trazar un plan de actuación- añadió Marin, aunque Jeremy no parecía muy convencido de ello.
-No es por ser pesimista, pero últimamente nuestros planes no salen muy bien, que digamos- comentó.
Jhonny bajó algo la cabeza- Ya le vale a mi padre… Dejarnos así, solos, y ni siquiera me ha entrenado en condiciones aún- murmuró.
Tamiya, a su lado, le abrazó por detrás, a lo que el chico respondió apoyándose, casi sin darse cuenta, en el pecho de ella. Ninguno de los presentes dijo nada, aunque por dentro sonreían un poco, venía bien algo de normalidad en sus poco normales vidas.
-¿Dónde es la siguiente misión, por cierto?- preguntó entonces Herb.
-En una ciudad llamada Barquisimeto, creo que está en Venezuela- respondió Nico. El resto le miró con algo de sorpresa- ¿Qué? Lo busqué en internet- reconoció.
Eso provocó la risa del resto, venían bien pequeñas cosas como esa, para liberar la tensión acumulada durante tanto tiempo, sobre todo para Electra, Sissi y Herb, que eran los más afectados en ese momento.
-Me alegra ver que estáis algo más animados- esa voz era la de Jamily. La hechicera apareció por allí, báculo en mano, y con una ligera sonrisa en el rostro- Unas risas en estos momentos es lo que mejor os viene, por que va siendo hora de ir al siguiente lugar de la lista- les dijo.
Todos se levantaron entonces- Por cierto, no os agobiéis por lo que pasó hace unas horas, ahora lo que debéis hacer es darlo todo en esa tuena misión, y mirar hacia adelante- les dijo.
Los chicos la miraron y asintieron, llevaba toda la razón. Por ello, Marin abrió un portal que les llevaría directos a la ciudad donde la nueva misión se desarrollaría, portal que no se cerró hasta que todos hubieran pasado. Aunque lo que les sorprendió fue ver por allí al ángel Seriel. Este se encontraba en una esquina, y se les aceró cuando les vio.
-¿Qué haces aquí?- preguntó entonces Sam, cuando el ser se acerco. Este se hundió de hombros ligeramente.
-Gabriel me pidió que viniera aquí, pensé que me mandó a mi sólo, pero veo que no- comentó. Percy suspiró- Al menos no nos deja del todo solos…- murmuró.
El ángel asintió- Veo que también lo sabeis. Él y su hermano están intentando obtener más ayuda en sus tíos y tías- les informó.
Ante la cara de sorpresa de ellos, se explicó mejor- No sólo está Dios como el señor de toda la realidad, junto a él había otros seres todopoderosos. Supongo que intentarán convencer a alguno de ellos- les dijo.
Los chicos asintieron lentamente- En fin, vayamos ya a la misión, tenemos que darnos prisa antes de que vengan los demonios- dijo Jamily.
Dicho y hecho, comenzaron a andar por las calles de la ciudad siguiendo la señal de energía divina que emana de la figura de San Remiel, el arcángel cuyo sello debían impedir que se rompiera en esta ocasión. Al ser de madrugada apenas veían gente por la calle, que al ver el enorme grupo que formaban preferían no meterse con ellos. Anduvieron un largo rato hasta llegar a una Catedral bastante distinta a la que había en Panthera. En el caso presente, se trataba de un cuadrado colocado de tal manera que cada pico señalaba a cada uno de los puntos cardinales, teniendo el techo recubierto por bellos cristales, que estaba sustentado por varias columnas de color azul, teniendo en el centro de la edificación una alta torre, que formaba una suerte de agarre, pues parecía un tentáculo de cuatro brazos que se apoyaba en el techo. A la vista humana no estaba visible, pero para los Guardianes era claro que por toda la construcción se podían ver letras en enoquiano que brillaban con belleza y mostraban un enorme poder, mayor incluso que el de Notre Dame, de vuelta a París.
-Este edificio es más joven, por eso sus defensas mágicas son más poderosas, están recién puestas…- murmuró Seriel, del otro lado de la plaza en la que estaba el templo- Además, aunque la construcción sea nueva, se nota que guarda al sello de Remiel, el poder del arcángel se nota por todos lados- dijo, con ligera impresión.
-No hay nadie, ni humanos ni demonios- afirmó entonces William. Gracias a sus poderes podía ver en la oscuridad total como si fuera pleno día, capacidad que compartía con Aelita, que era capaz de ver todo el espectro que formaba a la luz, tanto la visible por un humano normal, como el espectro ultravioleta y el infrarrojo.
-Entremos, primero será mejor ver donde está la estatua, y proceder en consecuencia- ante esa orden de la hechicera, los chicos avanzaron rápidamente hasta el interior del edificio, al que entraron con facilidad usando los poderes cuánticos de Hiroky. (1)
-¡Viva el efecto túnel!- dijo, contento, mientras andaba por el interior del edificio. Sus compañeros rieron un poco hasta que llegaron al frente de la estatua del arcángel que debían custodiar.
Era de bronce, y mostraba a Remiel en pose tranquila, con nubes a sus pies y con un báculo en la mano. (2)
-Bien, creo que lo mejor es formar círculos en torno a la estatua, para que cuando vengan los demonios…- pero las palabras de Jamily se cortaron al notar una presencia oscura en la plaza exterior.
De pronto todo el edificio retumbó y las letras en enoquianos brillaron especialmente, señal inequívoca de que había demonios por los al rededores. Salieron en tromba hacia el exterior, dejando sólo en el interior a William, Hiroky y Milly.
-¡Rosas priaña!- en la mano de Yumi aparecieron varias rosas de color rojo que lanzó contra uno de los demonios, en total era una veintena los que asaltaban la Catedral.
Detrás de ella, Jeremy tenía su tridente clavado en el suelo, de donde brotaban cientos de litros de agua, que usaba como medio de moverse entre los demonios, a los que golpeaba con su frio aire que creaba con su Ejecución Aurora. Muchos de los demonios presentes se congelaron pero todavía quedaban varios dispuestos a luchar contra los Guardianes, pero Patrick les mandó por los aires con su Gran Cuerno. Además, Aurora les devolvía al Infierno con su Tesoro del Cielo. Sólo quedaba un demonio de todos sus compañeros en tan sólo unos pocos minutos.
-¡Ríndete, estas sólo, ojos negros!- le increpó Jhonny, con su energía en alto. El demonio, lejos de asustarse, dio un alto brinco que le elevó hasta la parte más alta de la torre del templo.
Los Guardianes corrieron detrás de él, y, justo cuando estaban en frente de él, Sissi le lanzó su Extinción de la luz Estelar que volatilizó al demonio por completo. Cuando se disponían a bajar de nuevo, vieron como la Catedral volvía a tapizarse con aquellas brillantes letras en enoquiano, pero esta vez brillaban bastante más, y poco a poco vieron como las letras ardían y desaparecían poco a poco.
-Mierda…- murmuró Asmae. Se rodearon con su energía y se dispusieron a luchar contra el demonio que por allí estuvieran.
Vieron a Luzbel con un demonio que no conocían, pero por sus ojos bermellón era claro que se trataba del último Caballero del Infierno que les faltaba por conocer. Se trataba de un hombre alto, de pelo negro y ojos verdosos cuando dejaba de mostrar su naturaleza demoniaca, con ropa militar. Llevaba un colgante color plata con una suerte de tarjeta como decoración.
-Abadon, ocúpate de estos niños. Yo lo haré con los de dentro- le dijo. Este asintió y sonrió con malicia, mientras comenzaba a hacer algo parecido a calentar los músculos.
El demonio rápidamente se lanzó a por los Guardianes. Estos se separaron en varios grupos, rodeándole. Sam le atacó con los Cien Dragones, ataque que le dio de lleno, así como la Aguja escarlata de Odd, ataque que iba especialmente cargado con veneno. A su vez, Electra lanzó varios rayos que impactaron en el pecho del ser, mientras era detenido por la brillante luz de Aleita, que también lanzó grandes llamas contra el enemigo. Por su parte, Ulrich creó un muro de fuego, reforzado por una muralla de rocas gracias a Patrick. Además, Percy usó toda clase de metales y minerales que había por el suelo y que el mismo creaba con sus manos para sellar la puerta de la Catedral, así como reforzar su estructura y evitar que entrara. Era ayudado por Jhonny, que lanzaba una potente luz contra el demonio, cosa que solo lograba enfurecerle.
-¡Os vais a enterar, niños!- gritó Luzbel, generando una explosión de energía que lanzó por los aires a los Guardianes, que acabaron por los suelos.
Pero Nico igualmente lanzó varias esferas de energía que impactaron en su pecho, provocando tan sólo un ligero cosquilleo al ser, pero también un profundo enfado. Por ello, usó sus poderes, y, señalando a los Guardianes, comenzó a apretar la mano, creando así una enorme presión en el cuello, cosa que ahogaba a los miembros del grupo. Jhonny, ante eso, usó los poderes heredados de su padre, sus ojos empezaron a brillar, y aparecieron sus alas de energía en la espalda, que aletearon ligeramente. Seriel aprovechó ese momento para placar al demonio e impedir que pudiera seguir con su ataque. Eso permitió liberar a los chicos, que se lanzaron en tropel contra el mismo, impidiendo así que pudiera seguir avanzando. Abadon decidió ayudar a su compañero y se lanzó con todo contra los Guardianes, llevándose consigo a varios de ellos, estampándoles contra el suelo. Ahí colocando, les empezó a golpear con fuerza grandes puñetazos, pero, sabiendo que eso poco les haría, dio un salto y se separó de ellos.
-¡Ha sido un placer, pero tengo que irme!- exclamó, mientras se acercaba corriendo a la Catedral. Susan, Sam y Percy intentaron pararle pero sin éxito en absoluto, así que el demonio pudo entrar al edificio.
Allí, espada en mano le esperaba William, con su energía en alto. En seguida se lanzó contra él, e incluso logró hacerle un corte en el brazo con el filo del arma. Eso desconcertó ligeramente al demonio, pero poco duró por que en seguida se curó el corte.
-Vamos a divertirnos chicos…- murmuró, sonriendo. Entonces se rodeó de su energía, y aventó a los tres contra una pared.
William, extendiendo un dedo, lo máximo que podía hacer, lanzó sus Ondas Infernales contra el demonio, ataque que le dio de lleno en el pecho, que acabó a unos metros.
El demonio sonrió, y en sus manos aparecieron unas esferas de energía- Patéticos humanos, ahora veréis lo que es poder- amenazó.
Los tres jóvenes se lanzaron contra él, ya liberados, y dispuestos para darle unos cuantos golpes. Pero el ser las esquivó con facilidad, logrando incluso golpearles en la espalda con aquellas esferas de energía, que les tiró al suelo. Abadon se colocó sobre ellos, y, con una sonrisa altanera. Creó en sus manos centenares de agujas de energía, que lanzó contra las espaldas de los chicos, provocando gritos de dolor. A eso, se sumó que empezó a hablar.
-William Dumbar… Te viene bien el título de Guardian de la Oscuridad, la verdad. Puedo ver toda la mierda de tu corazón, ¿sabes?- murmuró a su oído.
-¡Déjale en paz!- le gritó Milly. Los golpes le dolían, pero sacó fuerzas de donde no había para poder defender al mayor.
Este elevó su energía, e intentó mandar a volar al demonio, pero no logró absolutamente nada. Desesperado, vio como se acercaba a los dos más jóvenes, y empezaban a torturarle.
William se sintió muy débil en ese momento, pero decidió no hundirse, e intentó lanzarle un enorme chorro de agua y varios rayos. Invocó sus poderes, y vio sonriendo como el demonio se sorprendía de eso, pero apenas le hicieron nada esos golpes. Abadon entonces elevó su energía y aumentó la presión sobre los jóvenes, a los que siguió golpeando con violencia, mientras se reía con diversión.
-¡Sois tan débiles y estúpidos que ni os puedo llamar rivales!- se rio, mientras aumentaba más aún la presión de energía con la que impedía a los chicos moverse.
Hiroky logró extender la mano y lanzarle un rayo de energía que le dio en la espalda, pero este era demasiado débil como para hacerle nada al demonio. Este, en respuesta, le golpeó la mano con el pie, haciendo gritar al muchacho, pero aprovechó para agarrarle del tobillo y logró darle un golpe directo con sus poderes, generando un chorro de antimateria, que generó una explosión gigantesca.
-¡Bien hecho!- le felicitó Milly, aunque no podía ver al japonés, ya que se había levantado una polvareda bastante grande. Pero antes de que pudieran decir nada los dos chicos presentes, Abadon se elevó en el aire, extendió los brazos, y a su alrededor salieron cientos de esferas de energía, esferas que, de un gesto, lanzó contra los tres Guardianes, que poco o nada pudieron hacer contra ese golpe, que les dio de lleno.
Ni Milly ni Hiroky tuvieron demasiados daños ya que William se había interpuesto entre ese golpe y ellos. Veían su cuerpo humear, su capa bastante dañada pero su armadura bastante intacta pese a la fuerza del golpe, pero tenía varias heridas de la que brotaba sangre. El muchacho fue a poner una mano en su hombro, pero como respuesta recibió un gruñido, uno más propio de un animal que de un humano.
Cuando se fijaron, vieron que su cara empezaba a alargarse, formándose un hocico, y adquiriendo un aspecto parecido al de un perro. Su cuerpo fue cambiando según la energía de William iba en aumento, y, en pocos segundos, la transformación estaba completa. Ahora era es un enorme lobo de pelaje negro y ojos rojos con grandes fauces llena de dientes, con poderosas zarpas y capaz de lanzar llamas negras por la boca, así como energía, desde el mismo punto del cuerpo, cosa que demostró cuando lanzó una de esas llamas al aire, seguido de un fuerte aullido, lleno de rabia.
-¡Mirad lo que vuestra debilidad ha provocado, niñatos!- les gritó Abadon. Milly sintió como su garganta se secaba y las lagrimas amenazaban con salir de sus ojos, más al ver a Hiroky cabizbjao y de rodillas.
Se fijo en que temblaba como una hoja, y que las lagrimas caían de sus ojos, hasta que estalló, y golpeó el suelo con un puño. Notaba la rabia salir de lo profundo de su corazón, y, justo como pasó con William, de pronto se alzó con un grito, primero humano, hasta que pasó a ser más el de una bestia terrible más que el de un humano. Su cuerpo comenzó a cambiar a pasos forzados, sus brazos se fueron alargando, así como su cuerpo, mientras se llenaba de pelaje. En pocos segundos, había cambiado totalmente. Se había transforma en un caballo gigante de más de cuatro metros de alto, de color negro con grandes pezuñas de obsidiana y de color grisáceo su piel, así como la crin. En cuanto a sus ojos son negros, y en su espalda contaba con un par de alas también negras.
-¡Eso es, niños! ¡Dejad que la locura os envuelva!- gritó Abadon. Sonrió complacido cuando el lobo gigante y el pegaso empezaron a luchar entre ellos, hasta incluso golpearse con las paredes.
Fuera, los Guardianes trataban de entrar desesperadamente, pero una fuerza, la de Abadon, se lo impedía. Pero Milly no era capaz de oír sus voces. Solo una interna que le recriminaba a si misma no poder haber ayudado a sus amigos. Comenzó a desesperarse, sintió que la garganta se le cerraba y que no podía hacer nada para solventar la situación. Se llevó las manos a la cabeza y comenzó a gimotear asustada, más bien aterrada, cosa que el demonio aprovechó para agarrarla de cuello, y la alzó más de un metro y medio del suelo. Le colocó una hoja de energía al cuello mientras sonreía.
-¿Unas últimas palabras?- preguntó. Ella, entonces, notó como todo lo anterior se convertía de pronto en rabia y su cuerpo comenzó a brillar de pronto. Su cuerpo también comenzó a cambair también, mientras Abadon sonreía con satisfacción. En pocos segundos se había transformado en un hipogrifo, un animal con cuerpo de caballo, alas de águila y cabeza de halcón, del tamaño de un autobús, con un fuerte pico y grandes garras en las patas delanteras. Su piel y plumas eran negras, y sus ojos eran de un fuerte tono gris.
Pegó un gran chillido cuando Abadon le lanzó una de las hojas de energía, que le hizo un mínimo hilo de sangre, cayendo algunas gotas de las mismas al suelo. Hizo lo mismo con los otros dos, primero con William, al que le hizo una herida en la pata delantera, y, por el dolor, golpeó también con sus garras a Hiroky, provocando una herida que, aunque se cerró en seguida como la de los otros dos, estuvo abierta lo suficiente como para que algo de sangre de ambos Guardianes llegara al suelo. En cuanto tocó el mismo, toda la zona tembló, y unas cadenas, hasta entonces invisible, vibraron por todas partes, hasta que se rompieron en pedazos que se precipitaron hacia abajo, aunque no llegaron a golpear el suelo por que se desvanecieron antes de que eso pasaba. Satisfecho, Abadon abandonó la escena, y, en cuanto se hubo ido, los otros Guardianes pudieron entrar.
-Que capullo…- murmuró Ulrich, al ver a sus compañeros transformados en bestias gigantes y totalmente fuera de control.
Sin que nadie diera la instrucción, Marin abrió un portal en el aire lo suficientemente grande como para que pudieran atravesarlo sus compañeros, y se colocaron justo delante del mismo.
-¡Hay que conducirles al portal!- exclamó Aurora, mientras se elevaba en el aire y se acercaba a Hiroky, que volaba en círculos, esquivando las llamas negras de William, que no dejaba de ladrarle. Por su parte, Milly también volaba sobre este, sólo que ella sí le lanzaba a su vez chorros de energía de la boca, goles que el Guardián de la Oscuridad inutilizaba con esferas de energía que brotaban de su cuerpo.
Por ello, decidieron que Ulrich, Jeremy, Aurora, Sam, Electra y Odd llevarían a Milly, Susan, Marin, Tamiya y Jhonny a William, y el resto mantendría el portal activo e intentarían guiar a Hiroky a través del mismo.
-Será difícil sin hacerles daño e intentando evitar dañar el interior…- murmuró Patrick, mientras esquivaba una de las patadas del japonés. Estaba encabritado y no dejaba de querer volar, incluso teniendo a Percy, Sissi y Nico montados en su grupa.
-¡Podríamos crear cadenas, atárselas a los cuellos, y tirar para meterles por el portal, y, ya en un lugar más amplio, lograr calmarles!- exclamó de pronto Noelia, que no cejaba en su empeño de sujetarse al cuello del Pegaso.
Dicho y hecho, con su magia aprendida de Utgarda creó unas cadenas de energía, reforzada con la de los Guardianes allí presentes, y, con cuidado, se la lanzaban al cuello de sus compañeros, que intentaban atarlas lo más cercano a la base para que no se ahogaran en el proceso de tirado. Juntadas las tres en una única cadena, comenzaron a tirar con todas sus energías, mientras, poco a poco, iban arrastrando a sus compañeros a través del portal, procurando así llevarlos a un lugar más seguro para todos. En más de una ocasión casi se liberan de la cadena, pues aun estando en una forma bestial seguían teniendo cierta inteligencia, aunque estuvieran fuera de control, pero en poco rato lograron sacarles de allí, acabando en un desierto tras cruzar el portal.
-¡Trueno atómico!- nada más cruzar el mismo, Aleita lanzó su principal golpe contra sus tres amigos, aunque estos poco se inmutaron.
Yumi creó grandes cepas y Patrick enormes muros de piedra, pero estos eran fácilmente destruidos por las llamas oscuras de William, que aullaba feroz cada vez que se liberaba. Los rayos de Electra tampoco eran de ayuda, y aurora poco podía hacer ya que se mantenía siempre en una zona elevada para evitar que los dos que volaban pudieran ir muy lejos, creando pantallas de energía si veía que alguno de ellos intentaba escaparse, siendo las mismas reforzadas por Nio, Herb y Sissi con sus Muro de Cristal. Ulrich procuraba combatir las llamas del lobo con las suyas propias, usando para ello grandes llamas verdes, pero el poder brutal de William era demasiado, ni siquiera con el agua que generaba Jeremy podían acabar fácilmente con esas llamas, no sin ahogar a su amigo, cosa que no tenía en mente en ese momento.
-¡Estupido! ¡¿Por qué tuviste que cambiar?!- le gritó Electra, más triste que enfadada. Su energía, desde hacía unas horas, la notaba mucho más limpia que antes, más, se podía decir, pura, pues lo había sacado todo estando transformada en un águila gigante.
Pensó en esa transformación. Durante la misma se había sentido confusa, y no fue hasta la ayuda de Aelita que se había sentido mejor. El resto procuraba hacer una jaula también para esa ocasión, pero los otros tres no dejaban de liberarse, y eran totalmente incontrolables en ese estado, y no se podía razonar con ellos en esa situación. Fue entonces que tuvo una idea, una que podía salir terriblemente mal, o ser perfecta para esa situación.
-¡Herb, Sissi!- les gritó, mientras se rodeaba de su energía- ¡Transformémonos nosotros también, para igualar las cosas!- eso sorprendió al resto, pero la rubia confiaba que los otros dos entendieran.
Ellos se miraron dudosos, pero asintieron, y, así mismo, se rodearon de sus energías. Los tres entonces se vieron rodeados de una luz de sus respectivos colores, que, según desaparecía, mostraba su nueva apariencia. Electra ahora cuenta con una morfología parecida a la de Aurora, sólo que sus dos alas eran de color amarillo que crepitaban por la electricidad, las plumas de su cuello eran blancas, pero las de sus muñecas y pies eran marrones. Sus ojos se han agrandado y pasan a ser de color marrón, así como las del pecho. Su ropa pasó a ser un vestido color de color amarillo eléctrico intenso con la espalda al aire, con minifalda que le llega hasta el medio muslo, y con botas estilizadas con unas plumas de plata en la zona del tobillo.
Herb también había cambiado de aspecto tras irse la luz que le rodeaba. Había crecido hasta los dos metros de alto aproximadamente, los músculos de su tren superior se habían masificado, y contaba con pelo en el pecho y parte de las manos, aunque estas conservan su aspecto humano. Su dentadura se vuelve la de un gorila, pero su rostro se sigue asemejando a la de un ser humano. Tiene tatuado un gorila en el pecho golpeándose el pecho. Cuenta con una camisa hawaiiana de flores, y un pantalón militar de color cián corto. Sissi tampoco estuvo exenta de cambios. Su rostro tenía líneas tribales de color naranja en las mejillas, sus manos y pecho cuentan con el pelaje de un lince, y sus orejas son ahora alargadas, con un mechón de pelo negro en la punta. Tenía la cola de un lince en la zona del coxis de color gris, y sus ropas eran una camisa corta escotada de color naranja y pantalón deportivo corto del mismo color, teniendo sus pies desnudos. Contabaa con un línce tatuado en el hombro.
-No me esperaba esto…- murmuró Jamily. Electra descendió hasta la altura de sus compañeros, martillo en mano- Sin duda esto es por tu hechizo- comentó Herb, su voz era bastante más grave que la habitual- Esta es la forma en la que podemos controlar nuestros poderes, muy superiores ahora gracias a este cambio, pero cuando no los podemos controlar nos convertimos en eso- dijo, señalando a sus amigos transformados en bestias.
Siguió hablando- Debemos ayudarles a volver a la normalidad. Yo me encargaré de derribar a William, Electra, tu ocúpate de Milly, Sissi, tú con Hiroky. Aelita, cuando te avise, lánzales aquel rayo de luz que nos enviaste a nosotros, eso les curara- ordenó, mientras se rodeaba de su energía.
Antes de que pudieran decir nada, dio un gran salto hasta el cuello de William, obligándole a bajar el morro hasta el suelo, dándole algún que otro golpe, hasta que logró tirarlo al suelo con una llave de judo que haría las delicias de un profesional. Electra, por su parte, se lanzó contra Milly a toda velocidad, le agarró de la grupa, y le soltó una descarga eléctrica que la dejó aturdida unos segundos, cosa que aprovechó para llevarla a velocidad luz contra el suelo, donde colocó su cuello a la altura del suelo. Al mismo tiempo, Sissi corrió hasta estar a la altura de Hiroky, dio un salto hasta posarse en su crin, donde, usando la inercia, logró doblegar la voluntad del animal y llevarle contra el suelo, donde lo sujetó de tal manera que, por mucho que se revolviera, poco podía hacer. Aelita aprovechó eso, y de su su cuerpo salieron haces de luz que dieron directamente en los cuerpos de sus tres amigos, que, poco a poco, fueron volviendo a su forma normal, mostrando signos de cansancio, pero nada más. Electra, Sissi y Herb también aprovecharon para volver a su forma normal, y se acercaron al resto, ayudando a los otros tres a andar, pues estaban agotados.
-Eso, eso…- murmuraba Noelia-¡Ha molado mucho! ¡Hacedlo de nuevo!- añadió Odd, divertido, mientras les golpeaba la espalda, mientras se reía.
Las risas le quitaron algo de tensión al cargado ambiente, así que en silencio se dirigieron de nuevo a un portal para volver a casa. Alguno de los tres que se habían descontrolado intentaron hablar pero sus amigos les pidieron guardar silencio, por sus rostros no había atisbo alguno de reproche, o de enfado, pero igualmente se sentían culpables por la escenita.
-No os preocupéis de nada- oyeron la voz de Seriel en ese momento. Este llegó corriendo hasta donde estaba- Os… perdí la pista cuando desaparecisteis por aquel portal, la plaza se había llenado de demonios…- murmuró.
A juzgar por lo destrozada que estaba su ropa era evidente que se había peleado, y bien, además. A eso había que añadir que apestaban a azufre, y sus manos más aún.
-Es más fácil decirlo que hacerlo…- murmuró William, cabizbajo. Jamily suspiró- Id a dormir, mañana seguiremos- les dijo, mientras abría la puerta de su hogar.
Poco a poco fueron entrando en la casa, donde les recibieron los Guerreros del Universo 910, aunque al ver sus malas caras decidieron que era mejor no hacer ninguna broma. Cuando todos se hubieron repartido, Jamily les explicó lo ocurrido a los Guerreros.
-Nosotros poco poder podemos ofrecer, me temo…- murmuró Waldo, mientras se reclinaba sobre su silla. Asmeya, que estaba en el sofá metida entre papeles, se levantó resignada y se llevó las manos al rostro.
-Hablaré con ellos- dijo, mientras recogía sus cosas- Soy su reina, al fin y al cabo, así que actuaré como tal- dijo, mientras se encaminaba a los cuartos.
Anthea (910) y Waldo la observaron subir con cierto orgullo- Pese a no ser mi hija… siento un enorme orgullo hacia ella. Supongo que mi yo de este universo me afecta algo- comentó, algo divertida.
Waldo la abrazó por detrás- Es idéntica a Aelita, supongo que en parte puede ser de eso- respondió. Seriel, que para ese momento estaba sentado en una silla cercana, oía curioso.
-Las conexiones entre este universo y el vuestro son incluso mayores desde que el arcángel Gabriel lo reinició. Puede estar relacionado con el hecho de vuestro linaje- murmuró, mientras les observaba.
Sus ojos, lejos de parecer humanos, irradiaban un poder y antigüedad que sorprendió a los guerreros, aunque rápidamente recordaron que era un ángel con cientos de eones de antigüedad. Sin mediar más, simplemente se levantó, hizo aparecer su espada, y se dirigió a la puerta, como siempre hacía desde que estaba allí, dejando desconcertados al resto de presentes, que no entendían la actitud del ángel. Una vez fuera, contempló las estrellas en silencio, mientras se sentaba en el dintel de la puerta. Permaneció así unos segundos, hasta sentir la presencia de Jhonny, que se apareció al lado suyo, con gesto cabizbajo.
-Tú eres lo más cercano a mi familia paterna…- murmuró el chico. Seriel simplemente le miró de reojo- Yo… no me consideraría el mejor ejemplo de conducta, Jhonny- le dijo.
El pelirrojo observó las facciones del ser celestial. Podía ver su rostro humano y su verdadero aspecto, cosa que a veces le daba pavor, pero muchas otras le producía un gran interés.
-He matado, destruido mundos, estrellas, todo en nombre de lo que entonces pensaba que era la palabra de Dios… pero estaba equivocado- dijo, simplemente.
Jhonny no habló por unos segundos, buscando las palabras correctas- Todos nos equivocamos. Sólo… quiero conocerte. Eres mi tío, al fin y al cabo- comentó el chico, con una ligera sonrisa.
Seriel le miró con algo de sorpresa pero rápidamente volvió a su rostro sereno habitual- Nunca… lo había visto de ese modo, la verdad- le respondió.
El chico se mantuvo en silencio un rato- No te sientas mal por lo de tu padre, lo hizo por vuestro bien- aseguró el ángel. El pelirrojo asintió un poco.
-Me dijo que me entrenaría y que estaría conmigo, y ahora hace esto…- murmuró, mientras jugueteaba con sus cordones. Seriel se mantuvo en silencio.
Suspiró- Me voy- dijo, mientras desaparecía de allí. El ángel suspiró, los humanos le seguían siendo raros, pese a todo el tiempo.
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(1) El efecto túnel es un fenómeno real, por el cual las partículas tienen la capacidad de atravesar un lugar que, en principio, le sería imposible pasar, por lo que podemos decir que es parecido a la teletransportación. Esto sólo ocurre a nivel cuántico, es decir, con átomos y partículas elementales, como electrones o neutrones.
(2) La fachada es real, pero en la decoración interior me he tomado algunas licencias por la concordancia de la historia.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, que pertenece a Doctor Who.
