XXVII. Su señorita, nuptuarium nocte*
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Mis dedos desgarran tu piel, trazan un camino en ella
Eres esa luna que irrumpe en la noche y por la cual debo de aullar
Howl — Florence and the machine.
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— ¡No, eso no puede ser Samantha!—, gritó Lance Riddle pegándose a la pared.
El demonio lo observó, intentando reprimir la creciente furia dentro de su ser… ¿Por qué ese individuo tenía derecho a saber la verdad…?
—No hay otra verdad—, dijo Samantha con ese mismo tono carente y vacío.
Sus ojos claros se habían convertido en el vivo retrato de la muerte y Frank Wiesse tembló en su sitio mientras retrocedía dispuesto a salir de ahí.
¿Cómo es que eso era siquiera posible? Sabía que había algo extraño con Sebastián… pero eso… ¡Eso no podía ser!
El chico que emulaba la misma edad que Sebastián Michaelis negó vigorosamente con la cabeza, incrédulo, indignado, incapaz de reconocer a la mujer frente a él, a la que era su mejor amiga desde que eran niños.
¿Cómo es que alguien podía cargar con algo así sobre sus hombros sin volverse completamente loco?
— ¿Y esperas que me crea todo eso, que pase por alto como se portan ustedes dos…?—, bramó el chico de ojos plateados fulminando con la mirada a Sebastián.
—Lo que haga con mis relaciones no te importa, Riddle—, bramó Samantha pretendiendo que aquello no la desgarraba por dentro.
— ¡Ya!—, volvió a gritar el de cabello castaño, torciendo el gesto—, ¡¿Es que están locos?! Sin importar lo que sea él ni quién seas tú ¡Es una locura, no va acabar para nada bien!
—Conocemos los riesgos, joven Riddle—, habló Sebastián intentando contenerse, intentando lucir apacible— y aunque le parezca una locura no hay otra verdad—, dijo andando hasta quedar a espaldas de Samantha Carson, posando ambas manos sobre sus hombros—, esto va a seguir, hasta sus últimas consecuencias.
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Volví a removerme en la cama, sintiendo el roce de las sabanas contra la piel de mis piernas.
Sentía que estaba sofocándome a pesar de que en esta época del año hacía un frío terrible, pero nada, el calor seguía ahí, inundándome sin remedio alguno. Iba a levantarme, a salir de la cama y antes de que pudiera comenzar a incorporarme sus manos frías volvieron a retenerme contra el colchón.
—Hizo lo correcto, señorita—, dijo Sebastián y aún en la obscuridad de la habitación supe que sus ojos me miraban de esa forma.
Mi mente volvió al punto de licuefacción y no pude evitar el dejarme hacer por él, pretendiendo que el tacto de su piel desnuda contra mi espalda no me estaba volviendo loca.
—Lo siento—, murmuré acurrucándome contra él, escondiendo mi rostro contra la almohada, aspirando hondo su aroma—, tal vez tiene razón…—, solté al aire, sin creer en mis propias palabras.
Y sin embargo era cierto, esto, esto no tenía ningún futuro…
—Decirle la verdad a Lance Riddle era la única opción, no tiene de qué disculparse—, dijo el demonio, su aliento chocando contra mi cuello, me estremecí en el acto incapaz de volver a respirar por voluntad propia—, aun cuando esa no era toda la verdad…
Me giró entonces, tocándome sin pudor alguno, aferrando sus manos frías a mi cintura, envolviéndome hasta encararlo y deslizándose nuevamente con aquellos movimientos que amenazaban con destruir mi cordura.
Su boca alcanzó mi cuello y me retorcí ante el roce de sus manos, las caricias que descendían hasta mis muslos, me pegó contra su cuerpo mientras el calor me apresaba, como si la habitación se hubiese convertido en un horno. Le rodeé con los brazos atrayendo su rostro al mio, halándole levemente de los cabellos para besarle desesperada, y que él me devolviera el gesto con una urgencia sobrehumana.
Estaba enredada debajo de su cuerpo, atrayéndolo con mis piernas, formando con mi propio cuerpo una prisión blanca y tibia.
Y Sebastián no perdió ni un segundo, mientras sus manos se perdían entre mi cabello sus labios repartían mordiscos por todo mi pecho.
Me dejé llevar por el éxtasis puro, cerrando los ojos y enterrando mis dedos entre sus cabellos negros mientras su lengua seguía descendiendo, torturándome…
¿Cuánto de esto podría soportar antes de romperme por completo…?
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Grité tan alto, tan fuerte que mi garganta se sintió como si ardiera en llamas. Me quedé sin aire, con los pulmones y estómago rígidos como roca, pesados, dolorosos…
Me agité torpemente, mientras mi cuerpo rebotaba en la cama y movía las piernas como loca, agitaba los brazos dando golpes a algo invisible en el aire y cuando por fin mis ojos pudieron abrirse desperté encontrándome de nuevo contra cientos de puntos blancos sobre mi cabeza.
Una pesadilla…
— ¿Está bien…?—, la voz de Sebastián fue como un consuelo, un alivio terrible que me regresó de nuevo a la realidad.
Y aunque las amargas lágrimas seguían cayendo por mi rostro me mantuve tranquila, mirándole a mi lado, en la cama, aún desnudo y recostado a mi lado. Asentí con cuidado, aferrándome a la sábana, cubriendo todo lo que pude de mi cuerpo.
Él sonrió levemente, una sonrisa que nunca llegó a sus ojos carmesí pero no dijo nada al respecto, me acarició la mejilla con su mano derecha, ahora sana y perfecta como siempre, y limpió mis lágrimas.
Había pasado una semana y seguía despertando de la misma forma; envuelta en llanto y muerta de miedo por una horrible pesadilla.
Él se levantó entonces, sin nada más que decir.
Quizá estaba molesto, no sabría decirlo, le entendía cada vez menos a pesar del sexo, a pesar de que pretendía dormir conmigo cada noche.
Sólo escuché cómo removía los cajones, las puertas del closet, seguramente vistiéndose, y luego el sonido de la puerta al cerrarse. Me había dejado sola luego de despertar, la misma rutina que había aparecido al tercer día en que despertando de mi pesadilla había arrojado el nombre de Richard antes de romper a llorar.
Y aunque no lo había hecho en esta ocasión seguramente lo había gritado mientras seguía dormida.
Me levanté entonces, comprobando que el demonio se había ido, envolviéndome en la sábana y buscando mi ropa para poder salir de ahí e ir a mi habitación a ducharme.
Como siempre desde hacía una semana la encontraba dispersa por toda la habitación, con una buena parte de mi ropa vuelta trozos de tela sin coherencia alguna. Y suspiré resignada, sobándome el cuello adolorido, rozando por accidente uno de los malditos trazos, de la marca en forma de enredadera que reptaba por mi espalda…
Todo se había ido al caño desde que esa cosa apareció…
Logré recuperar mi ropa interior y el viejo suéter rojo de la abuela Camille, me puse lo que quedaba de mi ropa y a hurtadillas, procurando ser tan silenciosa como un ratón abrí la puerta de la habitación de Sebastián dispuesta a escabullirme…
—Buenas, marmota—, oí a Lance, que subía las escaleras del recibidor, con una sonrisa apagada y las marcadas ojeras bajo sus ojos de plata.
Me quedé de piedra la verlo mientras la culpa volvía con su estocada matinal. Esta vez llegando más temprano que de costumbre, a veces me atacaba cuando ya estaba en la ducha y podía llorar a mis anchas sin que los ojos de Lance me miraran de esa forma…
—Buenas…—, solté en un gemido bajo, tan apagado como su falsa sonrisa.
—Anda, ve a bañarte y luego baja a desayunar—, dijo mientras llegaba hasta mí y atravesaba el pasillo en dirección al que era su cuarto mientras se quedaba en mi casa—, quiero hablar contigo, Sammie
Ante aquella premisa, inmóvil y destrozada le vi meterse a su habitación cerrando la puerta con un sonido amortiguado.
Tardé varios minutos en reaccionar, presa de aquella sensación terrible que punzaba desde mi hombro hasta la mitad de mi espalda.
Esa cosa reaccionaba…
Me moví entonces, corriendo torpemente por el pasillo hasta llegar a mi propia habitación. Encontrando el mismo panorama de ayer, y de anteayer. La cama impecable, que no encajaba para nada en el caótico ambiente que era mi habitación; completamente ajena al escritorio rebosante de papeles y libros que en cualquier momento se vendrían abajo.
Me quité el suéter con apuro, terminando de desnudarme mientras caminaba al baño y abrí la canilla del agua fría, posándome justo debajo del chorro de agua.
Me detuve a observarme, a contar el número de marcas atravesando mi cuerpo, y aunque sabía bien cómo es que me había hecho cada una de ellas seguía sin poder asimilar el hecho, de que, había conseguido algo que secretamente había anhelado todo este tiempo desde que Sebastián había llegado.
Había deseado entre mi misma que sus brazos me envolvieran con la misma calidez y pasión que creí jamás volvería a experimentar; que sus labios consumieran los míos, que sus manos recorrieran mi piel y sus ojos perforaran mi alma, que esa mirada me perteneciera sólo a mi…
Y ahora lo tenía, lo tenía…
Y era más infeliz que nunca.
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Sonreí levemente, sin entender todavía qué hacíamos en ese lugar.
No podía evitar sentirme a gusto en mitad de la plaza de Weston Valley, pese a todo lo que sentía, aquel lugar siempre me traería paz.
Me aferré a mi chaqueta, caía entonces una fina lluvia típica de los otoños en el apacible poblado; y el aire estaba cargado de una mezcla de aromas que me recordaban a la abuela Camille… la tierra húmeda, el olor de la hierba fresca, de madera recién cortada. Recordándome aquella época, antes de que ella muriera; en que yo era plenamente feliz. En la cual era la hija menor de Jerry y Evangeline Simmons, y mi dulce hermana y yo jugábamos a mitad del campo verde y vivo a escondernos y perseguirnos. Cuando los problemas no iban más allá de los deberes de matemáticas en la escuela.
Cuándo creía que el amor se resumía a los abrazos de Jerry y las sonrisas de Isabel…
Cuando la sonrisa de un pequeño Lance Riddle bastaba para hacerme reír.
—Toma, seguro que lo necesitas más que yo—, la voz de Lance logró sacarme del trance cuando me tendía un vaso térmico—, chocolate—, dijo, antes de sentarse a mi lado en un peldaño del quiosco en medio de la plaza.
Su mirada se perdió entre los adornos que rodeaban la plaza e hice lo mismo, intentando que el silencio no trajera consigo la ansiedad que intentaba retener.
Volví a sonreír como tonta, repasando con la vista los diversos adornos repartidos por toda la plaza. Faltaba una escasa semana para la noche de Halloween y en Weston Valley ya todos estaban eufóricos por la llegada de esa fecha.
Mucho mejor para mí, aquí, en este lugar, en este pueblo pequeño como lo era Weston Valley y donde todos conocían a todos, los rumores iban y venían rápido, se esparcían velozmente pero pronto quedaban en el olvido. Y era una suerte vivir aquí, donde, a diferencia de la ciudad, nadie me miraba con esos ojos de lastima y rechazo. Aquí era quien era, no una figura pública de quien todos podían mofarse.
Le di un sorbo al chocolate, como si el líquido caliente pudiese calentarme por dentro, más allá de mi cuerpo, que calentase mi espíritu, que me recobrase la felicidad tonta de cuando era una niña.
Pero por más que lo implorara eso no iba a pasar...
—Es un lugar esplendido—, murmuró Lance y me atreví a mirarlo, a encontrarme con sus ojos mirándome sin ni una sola pizca de rechazo.
Asentí mientras me mordía el labio, regresando mi atención a mi entorno… al increíble panorama que me ofrecía este lugar.
—Por esto mismo escogí el vivir aquí—, dije por lo bajo, tan bajo que no sé si Lance logró escucharme.
Le escuché reír, una risa sincera, ligera.
—Siempre tienes buen ojo para estas cosas…—, alegó y no pude evitar girarme a verle sin comprender bien lo que decía—, me refiero a sitios increíbles… no sé si es porque sabes describirlo todo para que luzca grandioso o porque simplemente escoges lugares que sin importar cómo los describas son grandiosos…
Me encogí en mi asiento, rígida y fría como una roca.
—Ya, no sé realmente cuál de las dos es…
—Vamos Sammie, dime ¿Cómo podrías describir este lugar?—, preguntó animado y no supe qué dolió más, si mis ganas por escribir aflorando desde lo más profundo en mi o el hecho de que la persona a un lado mio quería que lo hiciera…
—Yo ya no escribo, ya no voy a escribir más…—, solté cansada, en un suspiro antes de que todo el aire se fuera, me abandonara.
—No hablo de escribir—, repuso intentando enmendar su error— ¡Ahhh…! Sólo dilo, platícame cómo ves todo esto…—, al decir eso me tomó por los hombros y comenzó a hacer ademanes exagerados, intentando sacarme una risa.
Y no pude contenerme cuando a pesar de su apariencia atractiva seguía haciendo la misma mueca ridícula con los labios.
— ¡Bien, bien, lo haré…!—, solté entre risas y Lance adoptó una pose seria, hizo una teatral reverencia y me invitó a subir los escaloncillos hasta lo más alto del quiosco.
—Muy bien señorita Carson, deleite a su público—, dijo con burla, usando una voz ridícula y gangosa.
Me eché a reír nuevamente pero su risa no me acompañó, le miré un momento dándome cuenta de que hablaba enserio, de que en verdad quería que le describiera lo que veía como si estuviese escribiéndolo.
Gruñí ruidosamente, apretando los puños y fulminándole con la mirada, pero conocía a Lance perfectamente, y sabía que una vez que se le metía una idea en la cabeza no paraba. Y lo último que quería era tenerlo insistiendo como un niñito.
Lance me dedicó una sonrisa patentada, de esas que aturdían poderosamente y amenazaban a cualquiera a salivar como un miserable.
Enarcó una ceja mientras se plantaba firmemente en el suelo, retándome a cumplir su petición.
— ¡Bien!—, medio grité, sonrojándome como una tonta en el proceso.
¿Con qué podía empezar…?
Respiré hondo mientras miraba cada detalle a mí alrededor y dejé salir todo el aire de mis pulmones en un gran suspiro resignado.
—Las hojas de los árboles, tintadas de un intenso carmín; caen en espirales a través del frío viento propio del otoño, antes de que el invierno vuelva a despojar a los robles, a dejarles desnudos y secos hasta que la primera florezca entre la tierra dormida.
Se antoja como un sueño, el ver el horizonte impreso en una gama cálida, arrebatadora. Sueño con sus colores, su amanecer; la negra noche desgarrada por el alba luminiscente, la tenue luz blanca que pretende ganarle terreno a una noche fría y oscura. Y danzan, colores ajenos a los seres nocturnos; el naranja radiante y un tímido purpura…
Sé que he visto los mismos delirios entre sueños, sueños ambientados por el murmullo de una ciudad que despierta, por los aromas transitorios entre la civilización y la naturaleza. El trinar de los pájaros, el crujir de las hojas secas cuando son pisadas, el arrullo de la fina lluvia al caer; y por otra parte, en una sinfonía paralela se encuentran los olores, la tierra viva y húmeda, la madera recién talada… el café entre mis manos…**
Cerré los ojos ante las últimas líneas, completamente abstraída en lo que estaba diciendo, y cuando por fin me quedé callada, con aquel sentimiento llenándome, ese que me producía el escribir con verdadero ahínco, inspirada por completo…
Abrí los ojos sin poder evitar sonreír como una tonta, de pronto ligera y aliviada, como si aquellas simples líneas hubiesen curado las heridas de mi alma…
—Joder, ojalá y hubiese grabado eso, estuvo buenísimo—, dije, emocionada hasta que me di cuenta de la boba sonrisa de Lance… ¡Me había grabado… seguía grabándome…!— ¡HIJO DE P…!
—Shhh…—, logró silenciarme antes de terminar mis insultos, sonrió ampliamente porque yo de seguro estaba roja como un infeliz tomate— ¡De lo que sea que te fumas para narrar así, quiero!—, dijo muerto de risa sin apartar su celular de mí, el muy hijo de perra…
Enrojecí aún más, enojada y avergonzada, se acercó unos pasos hasta a mí con esa sonrisa deslumbrante y cardíaca. Entonces me tiré sobre él queriendo arrebatarle el teléfono de las manos, borrar ese video vergonzoso y golpearle bien fuerte entre las piernas.
Pero dada mi torpeza y brutalidad innata, en medio de mi arrebato tropecé al bajar los escalones del quiosco y mi cuerpo se precipitó sobre el de Lance Riddle, quien se reía como un idiota ante mis actos; y su risa paró cuando él mismo terminó yéndose de espaldas al suelo, conmigo encima.
Jodido e infeliz déja vû…
Caímos ruidosamente sobre el concreto húmedo, y aunque había caído sobre él igual me había dolido todo. Lance tenía el abdomen como una roca… todo el parecía compuesto de roca, firme y du…
¡No te atrevas a completar ese pensamiento, maldita degenerada…!
No sé qué tono de rojo había tomado mi rostro, pero en definitiva era el más brillante y chillón de todos.
Y cuándo pretendía levantarme para refugiarme en el lugar más apartado del mundo, al levantar el rostro del pecho fornido de Lance (óyeme, sus músculos se sentían aún con la chaqueta… ¿Se metería esteroides?), lo que me encontré terminó por descomponer mi gelatinoso ser.
¿Alguna vez han visto a un súper modelo de calzoncillos sonrojarse…? ¿No?
Bueno, Lance era lo más parecido posible al chico soñado de los publicistas de calzones Calvin Klein.
Era tan terriblemente atractivo…
Mierda…
Y justo cuando sus ojos de plata parecían querer atravesarme algo extraño ocurrió…
En medio de la revolución hormonal dentro de mí, justo delante de un Lance con las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes; comencé a retorcerme presa de una sensación extraña… pero una que conocía perfectamente…
La cosa en mi espalda, el patrón de enredaderas palpitó como si fuese un ente con vida propia, y comenzó a arder como si mi carne fuese arrojada a las llamas vivas.
Di un respingo y e intenté incorporarme, dando un ligero salto y cayendo de trasero contra el filo del escalón a mis espaldas.
Gruñí adolorida, por completo confundida y no pude evitar una vez estando de pie el llevarme las manos al trasero.
Y en cuanto estuve a una distancia más prudente de Lance el dolor en mi espalda se esfumó.
— ¿Estas bien…?—, Lance, quien apenas reaccionaba estaba de pie enfrente de mí, mirándome preocupado, sin ni un solo rastro de aquel sonrojo.
Asentí sin parar de sobarme el lugar donde recibí el golpe.
Y Lance me sonrío, una sonrisa leve y aliviada. Se sobó la espalda y luego se pasó una mano por la cabeza, hundiendo los dedos entre su cabello castaño ahora por completo despeinado y un poco húmedo.
— ¿Tú estás bien?—, interrogué mientras me limpiaba el lodo y el agua que había en mi pantalón.
—Sucio como una perra, pero bien—, dijo con una seriedad enorme y estallamos en carcajadas de inmediato.
—
Lance aparcaba mi auto, con una sonrisa de oreja a oreja surcando su rostro perfecto. Aquello me hizo enojar, yo estaba enfurruñaba en el asiento del copiloto esperando el momento indicado para saltarle encima y agarrarlo a golpes.
— ¡Si le has hecho el más mínimo rasguño a mi auto te corto los huevos…!—, grité mientras me desabrochaba el cinturón.
Su carcajada me puso los nervios de punta y salió del auto, salí del auto con la brisa gélida golpeándome en la cara y revolviéndome los cabellos.
Odiaba el clima de Bridgeport con todo mi ser en esta época del año, era horrible; el viento se ponía como loco y llovía casi todo el tiempo, y no eran lloviznas agradables como las de Weston Valley, no, eran tormentas de proporciones monstruosas que azotaban la ciudad y a toda pobre alma que se atreviera a salir a la calle. Las terribles tormentas siempre eran acompañadas de relámpagos y granizadas que podían noquear a cualquier pobre incauto. Bridgeport era famosa por brindarle al mundo granizos del tamaño de bolas de billar, si, así era.
—Créeme que sigo viendo tu auto y es como si me diera un orgasmo—, dijo a mi lado, haciéndome brincar del susto.
—Mantén tus sucias manos lejos de mi bebé, pervertido—, le acusé con el dedo pero no pude evitar que su risa me contagiara.
Le había dejado conducir mi auto luego de que él insistió como un niño pequeño durante al menos veinte minutos, obviamente había cedido porque mi paciencia se había ido al caño, y aunque detestaba que alguien tocase el Mercedes me había relajado bastante el viajar por la carretera desierta rumbo a Bridgeport.
Lance era él mismo después de todo, a pesar del tiempo que había pasado su presencia seguía produciéndome la misma sensación de paz a como cuando éramos adolescentes. Era como una Jessica, pero con músculos y barba.
Una vez que le di una buena inspección al auto mientras Lance se retorcía de la risa caminamos por la calle en dirección a lo que sea que mi amigo tenía preparado.
No me apetecía para nada ir a la ciudad con aquel clima espantoso pero tampoco quería quedarme recluida en casa porque ahora, sin los Phantomhive rondando, me quedaría sola en casa con Sebastián y quedarme a solas con él significada una sola cosa. No podía seguir haciéndolo…
Lance rozó mi hombro, llamando mi atención, y su simple toque provocó un ardor en la piel de mi hombro.
La marca del contrato llevaba haciendo eso toda la semana, si alguien que no fuera Sebastián llegaba a tocar el hombro con la marca esta reaccionaba dolorosamente, sin embargo la marca en mi espalda no había reaccionado ni una sola vez más que hace unos momentos con Lance.
Sacudí la cabeza, evadiendo esos pensamientos y me dejé guiar por Lance, observándole animada porque a pesar de aquella horrible discusión él seguía ahí, haciendo lo que Sebastián jamás podría ser para mí; siendo un amigo.
Y tras un momento de confusión habíamos llegado a un centro comercial, lo reconocí de inmediato porque era el mismo lugar que solía frecuentar cuando vivía en Bridgeport, a pocas cuadras de mi viejo departamento; y a como era esperarse de Lance era el único lugar de la ciudad donde vendían comics y todas esas chucherías que a nosotros nos ponían como niñitos emocionados. Esa simple afirmación me hizo sonreír, porque aun no conociendo la ciudad Lance había dado con este lugar, como si algo lo guiase; o tal vez sólo era su sangre de nerd brillando a pesar de su apariencia terriblemente encantadora.
Primero decidimos visitar el local de comics en la última planta del centro comercial, a la salida del cine; y tonteando un buen rato de camino ahí no pude evitar reconocer las miradas de chicas tanto más jóvenes que yo como mayores, batiendo las pestañas y mordiéndose los labios como si fuesen actrices porno. Todas parecían alborotadas por la revelación que era Lance, tan sonriente y despreocupado que no se percataba de que cada persona del género femenino que lo mirara tiraba varios litros de baba.
Aquello no me molestaba para nada, para mi Lance siempre había sido como un hermano; lo único incómodo de la situación eran las miradas despectivas que me lanzaban las nuevas fanáticas de Lance Riddle. No podía hacer nada al respecto, estaba harta de sentir el hombro como si me hubiese arrancado la piel y en pocos minutos, cuando decidí aferrarme al brazo de Lance para escapar de aquella terrible mirada que me dirigió una rubia mal maquillada, al simple hecho de tocar el brazo de mi amigo mi espalda volvió a quejarse como si algo me golpeara.
Acercarme a Lance más de lo debido era imposible.
Chasqueé la lengua mientras subíamos las escaleras eléctricas, y Lance me miraba fijamente, quería encogerme como el hombre hormiga y que nadie se percatara de mi existencia. Pero era imposible, ahí estaba yo, Samantha Carson, siendo mirada por todo el mundo que podía reconocerme, lo que era fastidioso porque a menos de que alguien viviese bajo un champiñón sabría de mi existencia.
Sin embargo, al pisar el suelo enmoquetado de la tienda de comics y que las puertas de cristal automáticas se cerraran a nuestras espaldas el panorama cambió por completo para mí.
Lance parecía poseído, iba de un lado a otro curioseando cada centímetro de la tienda, haciéndome reír ante sus reacciones infantiles y pese a lo guapo que ahora era para mí seguía siendo aquel chico que me había cubierto ante todos aquellos que pretendían molestarme por ser tan pequeña en la secundaria.
— ¡Mira Sammie!—, gritó eufórico, tan emocionado como una niñita dentro de una tienda de muñecas— ¡¿Ya viste esto…?!—, creo que era la décima vez que su voz entonaba aquella pregunta mientras hondeaba en su mano alguna historieta.
Negué con la cabeza conteniendo una risa y le seguí de cerca, siempre a sus espaldas, el simple hecho de verlo feliz me ponía feliz, su felicidad era terriblemente contagiosa y pronto me olvidé incluso de lo que estaba matándome por dentro.
—
Dos horas después estábamos devorando una monstruosa hamburguesa que sabía a gloria pura y grasosa; peleaba como una niñita con Lance porque se empeñaba en robarme las papas, y mientras estábamos sumergidos en la batalla campal por el domino de las papas el timbre de llamada entrante en mi teléfono nos hizo parar, darnos una tregua.
Bufé, vuelta un ogro porque seguramente mientras rebuscaba el teléfono en mi bolso el maldito de Lance me robaría las papas, pero toda mi ira infantil se fue por el desagüe en segundos…
Sebastián…
Me quedé embobada mirando su nombre en la pantalla del teléfono, mientras Time is running out*** irrumpía estruendosamente en la zona de comida del centro comercial. Una risa nerviosa intentó escaparse de mi boca… le había puesto esa canción en el tono porque me parecía un chiste muy bueno al principio, pero ahora…
— ¿No vas a contestar…?—, dijo Lance con una sonrisa torcida, burlona.
Apagué de inmediato el teléfono.
—No, no es nada importante…—, dije y le arranqué el pedazo de papa que Lance había sacado de mi bandeja.
— ¿Y quién era?—, insistió y su curiosidad no era más que una farsa, lo sabía, lo conocía muy bien.
Me mordí los labios con fuerza, apartando la mirada de su rostro, de sus ojos que me ponían caótica por dentro…
—Sebastián, pero no…
—Debiste contestar—, me interrumpió con tono severo y suspiré resignada.
—No Lance, seguro sólo quiere saber dónde estamos…—, murmure sin poder atreverme a mirarlo.
Escuché a Lance suspirar, se escuchaba abatido, por completo cansado.
La lucha por las papas había terminado…
—No quiero ser más entrometido de lo que ya estoy siendo—, dijo tras varios minutos de silencio entre nosotros—, es sólo que me preocupo por ti como siempre lo he hecho ¿Entiendes, no?
Asentí, desde que había conocido a Lance las cosas siempre habían sido así entre nosotros, le había conocido mucho antes que a Jessica y él era la razón por la cual Jess y yo nos habíamos hecho amigas; así que siempre habíamos estado el uno para el otro ante toda situación difícil que se presentara en nuestros caminos, siempre nos habíamos protegido…
—Así que aunque sea maravilloso estar así contigo como en los viejos tiempo, no puedo pretender que nada está pasando contigo, tienes que contármelo todo Sammie…—, entonces le miré, sus ojos grises derrochando preocupación, esa tristeza que no poseía un nombre.
Era la misma mirada del Lance Riddle que conocía bien, del mismo niño huérfano que me había acogido como su familia cuando a mí tampoco me quedaba un lugar al cuál llamar hogar.
—Lo sé, lo siento Lance…—, murmuré apretando los puños, mordiéndome el labio hasta hacerlo sangrar.
—Creo en lo que me dijeron, de verdad lo hago Sam, pero aun así no entiendo… hay tantas cosas que no entiendo y quiero que me las expliques…—, su mano se deslizó por la mesa, con cautela, y con una delicadeza rozó mis manos—, lo sabes mejor que nadie Samantha, sólo te tengo a ti y a Jessica en este mundo, no me queda nadie más… son mi familia, no puedo permitirme verlas de esta forma y no hacer nada al respecto…
El nudo en mi garganta se presentó entonces, con toda su poderosa fuerza, privándome del aire, de la fuerza para hablar, para respirar.
—No sé por qué no me contaste nada cuando pasó, sé que debes tener tus razones y las respeto, sé que tampoco debió de haber sido fácil para ti… no imagino siquiera todo lo que debiste sufrir durante todo este tiempo desde ese día… —, se detuvo, sólo para tomar mis manos entre las suyas, tan cálidas y grandes, rasposas, no pude evitar corresponder el contacto—, pero sin importar lo que haya pasado o lo que esté pasando ahora debes de tener muy presente que no estás sola, nos tienes a nosotros…
"No quiero que un día te vayas y te esfumes… y yo ni siquiera me entere porque te empeñas tanto en alejarte de otros que ni siquiera te das cuenta de que los demás te quieren…"
—Y al menos yo siempre voy a estar para ti cuando me necesites ¿Siempre lo he estado, no?—, sin saber cómo sus dedos acariciaron mi mejilla limpiándome las lágrimas que entonces me caían por el rostro sin que me diera cuenta.
— ¿Por qué todos dicen eso de pronto?—, susurré ida en mis recuerdos, recordando aquella conversación con Evangeline, la carta de Lilian, las lágrimas de Jess…
Lance me miró sin saber a lo que me refería, pero a pesar de eso no pude evitar que todo doliera, que la herida volviera abrirse, a desgarrase mucho más….
Porque estaba destinada a desaparecer sin que nadie se diera cuenta…
Era lo que yo creía…
—Te quiero Samantha, siempre lo he hecho, desde que éramos niños, desde que nos conocimos ¿lo recuerdas…?—, asentí mientras sus palabras terminaban por deshacerme en pedazos.
Recordé ese momento, sus ojos tristes, su rostro hinchado por tanto llorar… ¿Quién en el mundo se habría resistido de consolar a un niño como ese, que lo había perdido todo…? Ni siquiera yo, que a pesar de ser dos años más pequeña y sin comprender nada de lo que significaba una perdida, ni siquiera yo había podido resistírmele, a querer protegerle del mundo.
Y finalmente él era quien me había protegido del mundo…
—Por favor, dímelo, quiero oírlo de ti—, sus manos acogieron mi rostro, acunándolo, impidiéndome el dejar de mirar sus ojos que eran un abismo, un pozo sin fondo repleto de todo lo que anhelaba en esos momentos… cariño…
—Por favor…
¿Por qué a él no podía sólo mentirle y ya…? ¿Por qué Lance Riddle no era cómo todos los demás a los que les había mentido…?
—Todo es tan complicado…—atiné a decir sin poder evitar el temblor en mi voz—, pasaron muchas cosas… y él… ya no sé realmente si quiero seguir con todo esto… pero ya no puedo dar la media vuelta y olvidar esto, ya no puedo, no es una opción
—Siempre hay alternativa Sammie, sé que todo es difícil, y no puedo reclamarte sobre tus decisiones… sólo quieres protegerlos, lo entiendo, pero eso no justifica…—, se interrumpió, pensando, analizando qué decir—, es sólo que… él es, debería de ser…
Volvió a detenerse, esta vez molesto porque no sabía cómo decirlo, pero aun así no me soltó, no se apartó ni un poco de mí.
— ¿No debería de acostarme con él, eso quieres decir?—, solté, y en respuesta Lance se tensó, apretó la mandíbula con fuerza.
— ¡Claro que no, eso está mal…!—, masculló entre dientes—, no quiero cuestionar sus métodos, pero él es un policía encubierto y tú una testigo de un crimen, al menos debería de ser profesional…
Sonreí débilmente, esa era la mentira que le habíamos dicho a Lance esa noche, que Sebastián era un agente encubierto del FBI que investigaba los asesinatos que se habían desatado a raíz de mi secuestro, aquella era una mentira elaborada, trillada y peligrosa que alguien como Lance Riddle creería sin poner ni una sola replica, sin cuestionamientos Lance lo aceptaría, porque se había graduado como Criminólogo, era algo que jamás pondría en duda…
—No es como si me obligara a hacerlo—, dije por lo bajo.
—Es como si se aprovechara de ti, estas sufriendo…
—Pero yo fui la que lo incitó, literalmente me arrojé desnuda a sus brazos, cada noche…—, dije y pese a que admitirlo en voz alta dolía, dolía peor que nada en el mundo también era vergonzoso, una cosa jodida que me hacía llorar y sonrojarme al mismo tiempo.
Lance me dedicó una sonrisa, una de esas sonrisas torcidas, que oscilan entre la lastima y la tristeza.
No podía mentirle a Lance Riddle como a todos los demás, porque era alguien que me conocía mucho mejor que todos los demás, sabía cosas de mi que ni siquiera yo sabía…
— ¿Le quieres, verdad?—, preguntó y no fui capaz de contestar, sólo volví a deshacerme entre lágrimas mientras todo se venía abajo— ¿Samantha Carson, acaso te enamoraste de Sebastián Michaelis…?
—
Varias horas después, a eso de las siete de la tarde salíamos del cine, pero no habíamos entrado al del centro comercial, en su lugar habíamos vuelto a Weston Valley una vez me había tranquilizado lo suficiente como para levantarme sin ser una masa temblorosa de mocos y lágrimas.
Lance había conducido de regreso en mi lugar, esta vez no había lanzado replica alguna, de alguna forma ya ni me importaba que fuera él quien tocase mi auto.
En Weston Valley sólo había un pequeño teatro que fungía como cine en ciertas temporadas y aunque jamás pasaban estrenos me encantaba ir ahí cada que podía, solían transmitir películas viejas, comedias silentes en blanco y negro, o grandes clásicos del cine como Casa Blanca o Romeo y Julieta, pero en estas fechas, casi a finales de Octubre cada tarde transmitían películas de terror, de las viejas y eclécticas películas con malos efectos visuales que Lance y yo solíamos ver cuando éramos pequeños.
Apenas y había entendido un poco de la película que acabábamos de ver, no era porque estuviera en alemán, de hecho yo era muy buena con los idiomas; en realidad mi problema había sido el que no había parado de reírme ni un solo momento de los chistes de Lance ante cada escena y finalmente ni aunque se trataba de Nosferatu: Phantom der Nacht de 1979****; que era de mis favoritas y la había visto varias veces, pero con Lance todo era un mar de risas y apenas y había comprendido cómo es que la película había acabado tan rápido.
Salíamos de la sala luego de un pequeño maratón de películas Halloweenescas, así que caminábamos en dirección a dónde había estacionado el auto unas calles más abajo del viejo teatro de Weston frente a la apacible cafetería que solía frecuentar cada que se me antojaba algo.
Habíamos visto la versión de 1992 de Drácula dirigida por Francis Ford Coppola*****, antes de ver Nosferatu; donde yo suspiraba por Gary Oldman en el papel del Conde Drácula, Oldman era de mis actores favoritos, sobre todo porque aún sollozaba por él como una loca por su papel de Sirius Black en Harry Potter. Sí, yo era una de esas niñas locas con Harry Potter cuando los libros salieron, era lo mio.
Y pese a que babeaba por Oldman en esa película, siempre había preferido el enfoque de Nosferatu para Drácula, sin embargo Lance era un raro y ahora peleábamos por quién era el mejor Drácula, Lance defendía a Oldman a capa y espada mientras que yo decía que Klaus Kinski era mejor, parecíamos un par de niñitos de kinder alardeando de nuestros padres…
—No lo comprendes Sammie, eres muy frívola para comprender el romanticismo en Drácula… ¡No comprendes ampliamente toda la tragedia en la obra de Stoker…!—, chilló plantándose frente a mí.
—No estábamos hablando del libro…—, me quejé mientras intentaba pasar pero la mole de músculos que era Lance Riddle no se movía ni un centímetro aunque lo empujara.
—Es que si no comprendes la versión de Coppola significa que no has interpretado bien las cosas desde la raíz, Bram Stoker no sólo creó a Drácula como el ser mítico de los cuentos de horror, había más…
— ¿Alguna vez te han preguntado si eres gay?—, solté entonces enarcando una ceja y Lance se quedó helado en su sitio, me miró con molestia y me dejó pasar.
—Eso no se dice, discúlpate Sammie—, dijo seriamente y me eché a reír.
—Lo siento, lo siento, es que no puedo recordar desde cuándo es que eres tan cursi…—, solté entre risas mientras me sujetaba el estómago por tanto reír.
—Que yo si tenga un corazón palpitante en el pecho no me hace gay—, dramatizó fulminándome con la mirada—, tú eres la rara que no entiende estas cosas sensibles de hombres…—, nos echamos a reír sin importar que estábamos a media calle y de seguro las personas que pasaban nos miraban como si estuviésemos locos.
—Lo que tú digas, amiga—, me burlé dándole un golpe en el pecho a Lance y él se quejó falsamente, haciéndose para atrás con teatralidad.
—De verdad Sammie, aunque sea muy divertido y todo, soy bien machito—, hizo ademán de acomodarse los pantalones y volvimos a reír sin remedio alguno.
—Lo sé, lo siento… siempre se me olvida quién es la chica, perdón—, dije una vez que pude parar de reír, me dolía todo de reír tanto.
Volvimos a concentrarnos en caminar, sumidos en un silencio cómodo, tranquilo, nos quedaba una cuadra para llegar a donde habíamos aparcado el auto, y después cenaríamos otra buena dosis de comida grasosa de esa que Sebastián y sus torpes reglas con los alimentos me habían prohibido comer.
—Oye Sammie—, dijo Lance cuando cruzábamos la calle.
— ¿Qué?—, respondí tranquila, mirándole de reojo mientras hundía las botas en un charco sobre la acera de la calle.
— ¿Todo va bien?—, preguntó sin ni un poco de burla o simpatía.
No me quedé quieta y ensimismada por su pregunta, en cambio apuré el paso vislumbrando el Mercedes a unos metros de distancia.
—Samantha…
—Cállate y camina, Lance—, gruñí apresurándome a llegar frente a la cafetería, escudándome en mi silencio hasta estar dentro del establecimiento.
La campanilla de la puerta anunció nuestra llegada y una que otra mirada curiosa se fijó en mi cuando anduve sobre el piso de baldosas multicolor, en aquella cafetería que bien podía salir de una película de los cincuentas.
Tomé asiento en el gabinete que me gustaba, una butaca roja hasta el fondo de la cafetería y apenas me senté la regordeta camarera que atendía me ofreció una carta.
Lance se sentó a mi lado y le sonrió a la camarera, tomó su carta y tras varios minutos se giró para mirarme, hundí la cara en la carta, pretendiendo que la selección de ensaladas era de lo más interesante.
— Nicholas Wolff******—, dijo y me giré para mirarlo sin entender nada—, creo que es mi escritor favorito, no lo sé bien, generalmente no suelo leer cosas como esas…
—No sé de qué hablas—, le paré en seco y me dedicó una de esas sonrisas que podían derretir los polos.
—Lo siento, creí que lo conocías, también es de los favoritos de Jess—, comentó torciendo el gesto, pretendiendo que el nombre de Jessica era una palabra más y no algo que me hacía querer romper a llorar—, bueno, escribe una saga de libros románticos—, dijo con naturalidad, como si fuese la cosa más obvia de todas.
Le miré perpleja intentando contener una carcajada.
—Sabes que yo no leo ese tipo de cosas, no soy una romántica, lo mio es más como…
—Sí, lo sé, terror, novelas policiacas… misterio, lo sé, es lo que escribes, es donde estas a gusto—, me cortó mirándome con sus ojos grises, intensos, terribles para la salud mental de cualquier persona promedio—, yo creía que eso era lo mio hasta que leí a este tipo… no es plenamente romance, es más como… fantasía, no a lo Harry Potter, sino un tanto más oscuro… podría decirse que escribe sobre demonios—, y aunque Lance lo decía muy tranquilo sus palabras fueron agua fría para mí.
No pude evitar aferrar mi mano sobre mi hombro, como si a pesar de las capas de ropa sobre mi cuerpo Lance pudiera ver la marca.
—Es que… ahh… ¡Sammie, no puedo creer que no hayas leído algo de él! Es todo un éxito en las librerías, yo diría que es tu mayor competencia
—No leo superventas Lance, los best sellers de hoy en día son todos muy malos…
—Tú eres superventas—, se defendió y negué levemente.
—Yo he publicado varios libros desde que empecé, llevo seis años en esto, no soy nueva y mis ventas son constantes, no soy el furor del momento, ni algo pasajero, me he quedado donde estoy desde que mi trabajo fue reconocido, no soy una autora de best sellers Lance, a mi si me costó…
—Ya, bueno, lo siento, lo sé, pero aunque digas que no te gustan ese tipo de libros los de Nicholas sí que te gustarían si te tomaras el tiempo ¡Es que el tipo escribe de una forma increíble…! Es como tú en ese aspecto, aunque es un tanto más poético, no sé cómo decirlo… describe todo de una manera más abstracta, siempre resulta tan melancólico… su estilo es parecido al tuyo en algunas cosas pero en realidad Wolff es muy…
— ¿Romántico?—, me reí ante su entusiasmo, olvidando la tensión de hace unos segundos, verlo emocionado como un niñito pequeño sobre un libro me ponía de buenas.
— ¡Sí! Es completamente distinto en eso de ti, cuando tú pretendes introducir romance siempre es muy superficial, nunca ahondas en eso y das muchas cosas por vistas sin escribirlas realmente, eso te hace una pésima autora de romance—, le fulminé con la mirada pero Lance no me dejó reclamarle—, lo tuyo siempre lleva mucha acción, muchas circunstancias de tensión y de angustia… nunca hay un momento en tus novelas donde no pase algo y eso fantástico, lo haces asombrosamente cuando se trata de enredar y resolver misterios pero en cuanto a romance debemos reconocer que apestas
—Ya, y tu Nicholas es Don Romance ¿No?
—Sí, más o menos—, se rascó la cabeza un tanto ofuscado.
— ¿Entonces, lees libros para chicas?—, seguí mofándome de él pero Lance negó con la cabeza.
—Es que si lo leyeras Sammie sabrías de lo que hablo, el tipo es como un poeta que finge ser novelista ¿Me entiendes?—, asentí irritada—, escribe increíble, lo describe todo como… como lo hiciste en el parque esta mañana…—, su sonrisa tonta me hizo voltearme, volver a mirar el menú, pretendiendo que mi cara fosforescente por el sonrojo no fuera vista por nadie.
—Ah, genial…—, murmuré.
— ¡Lo sé! Es que te fascinará, no sólo por el tema del que habla en sus novelas sino por la manera en que lo hace, sé que llorarás como yo lo hago con…
— ¡Cállate ya, marica de closet!—, bramé pretendiendo ser seria y estallamos en una carcajada estruendosa.
— ¿Lance Riddle, la masa de músculos Riddle llora con libros para chicas? ¿De qué más me perdí en estos años, de tu primer periodo menstrual?
— ¡Eres una tonta, Sammie!—, dijo entre risas
Seguimos riendo por un buen rato hasta que la mesera vino a tomarnos la orden, Lance pidió el filete con ensalada y puré de papas, y yo, que a pesar de haberme llenado de dulces y frituras en el cine tenía un hambre enorme; me pedí un plato de espagueti con albóndigas y una rebanada de pastel de chocolate.
Seguimos bromeando, poniéndonos al corriente de lo que nos habíamos perdido el uno del otro durante años de no vernos, al menos sólo de Lance, yo no tenía mucho qué decir.
Mi pasado no era una cosa honorable y digna de recordar, y sólo cuando todo parecía volver a ser normal conocí a Richard Daniels y el resto ya lo saben… todo esto…
Aun así tuve que hablar, le conté a Lance mi travesía, cómo había sido el llegar a Bridgeport y establecerme, vivir sola y sin mis padres, le hablé sobre los libros que escribí entonces, las investigaciones que había hecho para poder terminar cada uno y como eso me había llevado a terminar involucrada en la investigación de una serie de homicidios en Texas, el cómo eso me había llevado a trabajar junto a aquella fuente misteriosa, Undertaker, y la correspondencia que nos dirigíamos; hablé de Jess, de cómo habíamos tratado de vivir juntas cuando ella acababa la carrera para poder ser editora y de cómo aquello no había durado ni una semana.
Toqué mis desventuras amorosas, aquel pasado turbio que solía guardarme, cosas que ni Jessica sabía; luego de la terrible ruptura con Jacob Sullivan el novio que había tenido desde la secundaria y hasta terminar la preparatoria, que al ser mayor que yo por dos años no toleraba el hecho de yo fuera tan adelantada a mi tiempo, yo había iniciado la secundaria con diez años, dos años antes que las personas normales porque me habían promovido del primer grado de primaria al segundo grado y después del cuarto grado al quinto grado, y estando en secundaria siendo dos años más pequeña que los demás había sido víctima de todo abuso por parte de los otros alumnos, así que Lance y Jess, pese a ser más grandes que yo me habían protegido de eso, eran mi muralla, mi escudo y cuando conocí a Jacob Sullivan en el último año de secundaria yo no tenía ni la más mínima idea de cómo era estar con un chico o de tener un novio por la misma protección de mis amigos en mi entorno. Así que pese a todas las advertencias y cosas que rondaban la reputación de Jacob había salido con él hasta que de buenas a primeras cuando yo iba a la preparatoria él me dejó por otra, me engañó con una chica que iba en el mismo curso que Jacob y yo en la preparatoria.
La gran mayoría de esas cosas Lance las sabía, pero lo que no sabía es que lo mio con Jacob no había terminado ahí, Jake había sido mi primera relación, era mi primer amor y me había negado a ser dejada y botada así sin más después de todo ese tiempo.
Así que luego de graduarnos seguimos viéndonos y había utilizado, a los dieciséis años, el único recurso que me quedaba para poder seguir atrayendo a Jacob; el sexo.
Cuando a los diecisiete pasó aquel encuentro con los Phantomhive que me hizo cambiarme el nombre había decidido terminar de una vez por todas con Jacob Sullivan. Quería enfocarme de lleno a la carrera de arquitectura y el escribir, y aunque la primera de esas dos cosas realmente no lo hacía por gusto había reaccionado en el hecho de que Jacob Sullivan no traía nada bueno para mí.
Pero aunque lo intentaba, aunque salía con otros chicos para superar eso que Jacob y yo teníamos, más de una vez terminé corriendo a buscar consuelo en la cama de Jacob Sullivan cuando tenía problemas en casa y alguna de las visitas a Lilian terminaba mal; en aquellos días en que por un motivo u otro Lance y Jess no podían proporcionarme el consuelo que necesitaba.
Durante un par de años no tuve más que relaciones fugaces y terribles que terminaban cuando se enteraban de que les era infiel con Jacob, o cuando simplemente me aburría del chico que era mi novio en turno.
Nuestra relación terminó luego de la muerte de la abuela Camille, cuando por fin entró en mi mente que pese a las pocas cosas buenas que había pasado junto a él lo único que seguía uniéndonos era el sexo, perdimos contacto y al terminar ese año me fui de la ciudad. Abandoné Shirlight City para vivir sola en Bridgeport y dedicarme por completo a escribir.
Luego de eso le siguieron tres años de inestabilidad, pese a que no era así terminé yendo de antro en antro ante cada indicio de tristeza en mi camino, y fueron innumerables las veces en que terminé despertando en la cama de un extraño. Fue cuando el gusto por el tequila me surgió realmente y durante esos tres años el único contacto con el mundo aparte de Jessica y la editorial, era el embriagarme y perderme felizmente en los brazos de un extraño.
Un buen día volví a hartarme de eso, del modo en que vivía mi vida y como si fuese el destino una mañana, cuando corría para alcanzar a tiempo el autobús porque entonces no tenía auto, a menos de una calle de llegar a la parada donde solía tomar el bus, tropecé como idiota con las agujetas de las zapatillas deportivas y caí sobre un pobre incauto que caminaba delante de mí; Richard Daniels.
Me ayudó a levantarme sin replicarme nada porque le había tirado al piso también, fue amable, cortes, y me ayudó a alcanzar el autobús, resulta que bajaba en la misma parada que yo y aunque yo era una desconfiada y grosera de lo peor su actitud tan tranquila y amable terminó por hacerme salir por un momento de mi caparazón. Habíamos hablado todo el camino hasta la parada donde debíamos bajar.
Como si me conociera de toda la vida se abrió conmigo, entró en confianza y me contó sobre su trabajo, maestro de jardín de niños, había vivido cuando niño en Weston Valley y en ese momento el único familiar que le quedaba era su abuela, tenía un padrastro de quien se había independizado al terminar la carrera, se llevaba bien con él pero debido a su trabajo se veían poco. Era seis años mayor que yo, pero su apariencia, fresca y jovial anulaba por completo ese hecho.
Luego de eso habíamos vuelto a coincidir semanas más tarde, cuando la que entonces era mi secretaria me pidió el favor de ir a recoger a su hija de cuatro años de la escuela, resultó no sólo que iba al mismo colegio donde Richard daba clases, sino que era el encargado del grupo de la niña y sin poder evitarlo terminamos quedando para ir a tomar café algún sábado en que yo no estuviera ocupada.
Lo nuestro se había dado poco a poco, yo era como una ostra, estaba encerrada en mi concha sin dejar que nadie penetrara mi barrera de contención a prueba de afecto humano. Y sin embargo, esta persona, este extraño, me hacía sentir querida pese a todas las cosas terribles que había hecho, pese a lo horrible que yo era en esos momentos.
Aceptó por completo a la obscura y extraña Samantha que no sabía cómo era querer a alguien de verdad, ni cómo era ser querida por alguien de esa forma.
Y tras unas cuantas semanas de citas y coqueteos infantiles habíamos decido formalizar nuestra relación, nos hicimos novios y al cumplir diez meses de relación me había hecho la gran pregunta.
En un principio había reaccionado como una loca, envuelta en pánico, creí que luego de aquel desastroso viaje que habíamos tenido visitando a la abuela de Richard no había ningún futuro para nosotros. Creí que nunca querría algo serio con alguien tan rota y conflictiva como yo, pero ahí estaba él, arrodillado frente a mí en mitad del jardín botánico a las afueras de Bridgeport, entre los arbustos repletos de hortensias y montones de ramos de camelias que acababan de florecer, como una postal de ensueño, de cuento. Como el hombre romántico que toda chica soñaba, y aunque estaba llena de miedo supe de inmediato que eso era lo que quería cada día que podía quedarme de vida en este mundo. Quería ver la sonrisa de Richard Daniels, hundirme en sus ojos oscuros, y amarlo como él me había jurado amarme en aquel momento.
Richard era perfecto…
Y entonces vino lo demás, el viaje, el secuestro, despertar en el hospital con Jess lloriqueando junto a mí y con Sebastián vigilándome. Y todo lo demás vino sólo, en un vómito de palabras violento, terrible.
Lance me había escuchado con atención, mientras comíamos la cena y pese a que yo había hablado como un perico había conseguido acabarme todo lo que había en mi plato.
Terminé aquel discurso justo antes de que la camarera se contoneara desde la cocina a dejar una orden en la mesa vecina y luego viniera a recoger nuestros platos.
—Vaya…—, logró decir luego de darle un largo trago a su bebida—, tú sí que no sabes lo que es aburrirse—, bromeó mientras se llevaba una mano a la cabeza, enterrando los dedos entre su cabello castaño.
—Sí, bueno ¿Y qué hay contigo, ninguna gran aventura?
—No, nada que se compare a lo tuyo, yo soy más relajado…—, dijo con esa sonrisa ladeada, evitando que el silencio volviera a consumirnos.
La camarera regresó entonces a llenarnos las tazas con café, y la verdad es que luego de hablar tanto no me apetecía ninguna otra cosa más que una buena taza de café humeante y cargado.
Lance se dispuso hablar a entonces una vez que le había bajado la mitad de café a mi taza de un solo sorbo.
Se puso a contarme la mayor parte de las cosas que no había podido decirme luego de que nos habíamos graduado de la secundaria. La gran mayoría me las sabía pero estaba muerta de curiosidad por saber en qué momento de la vida Lance Riddle había dejado atrás su cascarón adolescente para volverse en… en ese buen trozo de carne…
Me había contado sobre sus abuelos, con quienes vivía desde que su madre había muerto cuando él tenía ocho años, de su padre seguía sabiendo lo mismo, el mismo tipo que había abandonado a su madre apenas supo que ella estaba embarazada y que un buen día cuando íbamos en la secundaria se había presentado frente a él queriendo retomar el control de su vida, sin embargo ya tenía otra familia y pese a que Lance no comprendía del todo lo que pasaba se rehusó a toda costa el que su padre volviera a su vida. Entonces viviendo con sus abuelos y su tía, quien había enfermado gravemente apenas él entraba a la preparatoria. Le habían sobrevenido años muy duros, primero falleció su abuela y él se quedó a carga de su tía enferma y de su abuela. Un par de años después de la muerte de su abuela le habían detectado el cáncer a su abuelo, no vivió más que un par de meses luego de eso y las 18 años Lance se había quedado por completo solo.
Estaba estupefacta ante aquello, sabía que la había pasado mal pero jamás me comentó nada acerca de la muerte de sus abuelos, maldije mi manía entonces, esa terrible forma de ser que tenía en la que me sumergía en mi mundo y me aislaba por completo de las personas que me rodeaban. Lamenté terriblemente el que Lance debiera de pasar por todo aquello, pero él no dijo nada al respecto, no es como si yo la pasara grandiosamente en ese momento, pero en comparación mi mierda era pequeña y sustancial, la de él era una gran y reverenda mierda.
Desde entonces se había quedado a cargo de su tía, cuando entró a la universidad también tuvo que ponerse a trabajar y aunque se la vivía entre la escuela y el trabajo siempre cuidó de su tía hasta que finalmente el año pasado ella había fallecido, finalmente no había muerto por causa de su condición débil y ecléctica, no, simplemente mientras dormía le había dado un infarto. Lance decía que aquella era la mejor forma de morir, dormido y sin consciencia, dormías apaciblemente y no despertabas jamás.
Y en aquello estaba de acuerdo, había tenido tantos encuentros terribles con la muerte, y aunque hasta el momento seguía viva sabía que lo que a mí me amparaba no era una forma piadosa para morir.
Siguió con su relato mientras comíamos el postre, hablando sobre su carrera, completamente absorto en todos aquellos detalles que a él le parecían fascinantes, su primer empleo, la última borrachera que se dio con sus amigos…
— ¿Y, la masa de músculos Riddle tiene alguna conquista?—, me atreví a preguntar y Lance se atragantó con un trozo de tarta.
Otra vez ponía esa mirada, esa cara abochornada y sonrojada, y mi curiosidad incrementó épicamente.
—Vamos, yo ya te lo dije todo, cuéntamelo, no voy a juzgarte—, le tranquilicé dándole una ligera palmada en la espalda mientras él tocía intentando no ahogarse.
Luego de darle un trago largo a su café, carraspeó un poco, aclarándose la garganta y se limpió la comisura de los labios con una servilleta.
—Pues, cuando estábamos en secundaria salí con una chica—, dijo y la que estuvo a punto de atragantarse fui yo.
— ¿En qué momento de la vida hiciste eso?—, chillé, pues Lance Riddle y yo éramos como gemelos siameses, gran parte de la secundaria nos la habíamos pasado juntos, saliendo a ver películas y montar pequeñas fiestas raras en su casa, donde nos aguardaban maratónicas noches de caricaturas y videojuegos.
—Cuando tú salías con Jacob—, dijo ofuscado.
—Touché—, completé con una pequeña sonrisa y él negó levemente, divertido.
—Caroline Jhones—, dijo y yo reí como loca incapaz de creerlo, Lance puso una sonrisa que amenazaba con darme un ataque cardíaco, tan altivo y triunfante.
—Ya, claro, tú y Caroline Jhones la gótica ardiente—, dije entre risas— ¿Y qué pasó con ella, siguen juntos…?
—No, duré unos seis meses con Caroline y luego rompió conmigo, se fue con un tipo… Brad-no-sé-qué y no supe nada de ella luego de eso… creo que no volví a salir con ninguna chica hasta que terminé la preparatoria…
—Ya veo, entonces te pusiste bueno al graduarte, lo sospechaba—, le di un sorbo al café y Lance estalló en una carcajada estrepitosa.
—Creo que sí, comencé a hacer ejercicio a mitad de la prepa, pero el acné no se me quitó hasta que tuve 18, gasté una fortuna en cremas y jabones—, continuó diciendo y su sonrisa era como un ente hipnótico.
— ¿Y qué, tienes novia ahora?—, solté sin pensármelo, la verdad la curiosidad estaba matándome.
—No—, dijo escuetamente antes de robarme un trozo de pastel—, luego de Caroline Jhones y tres años de celibato—, reí por lo bajo mientras él me sonreía pretendiendo ser un santo—, no voy a mentirte, cuando entré a la universidad tuve muchas chicas… sólo tuve dos novias "formales", la primera era una chica muy linda, Janine Matthews, pero aunque la quería mucho ella… ella quería mucho más, no sé, no me veía con ella a largo plazo, ya sabes…
Asentí sin decir nada, robándole un trozo de la tarta de limón.
—Lo sé, a veces cuando estas con alguien y aunque lo quieres, algo en el fondo te dice que eso no tiene futuro…—, dije entre un murmullo, pretendiendo que eso no me importaba.
Nos quedamos en silencio por unos momentos hasta que Lance soltó un suspiro profundo y cansado.
— ¿Y qué hay de la otra chica? —, me atreví a preguntar mientras Lance intercambiaba nuestros platos, yo me quedé con lo restante de su porción de tarta y él con la mitad de mi pastel de chocolate.
—Bueno… no es algo muy agradable de recordar…—, se rascó la cabeza mirando el techo, por completo incómodo—, era una chica muy guapa, guapa de una forma peculiar… pero, bueno, estaba un poco loca…
—Todos estamos un poco locos—, atiné a decir pero la expresión de Lance no cambió en nada, parecía perdido, confundido.
Incluso diría que asustado.
—Bueno, todo iba bien con ella cuando la conocí, era una chica normal, como de tu edad, y era muy simpática y graciosa, me la pasaba muy bien con ella al principio. Salimos como dos meses cuando ella comenzó a mostrarse demasiado celosa…—, bajó la mirada, parecía afligido, demasiado consternado—, una vez se me olvidó contestarle el teléfono, estaba en el trabajo y lo había puesto en vibración, cuando acabó mi turno y revisé el celular tenía un montón de mensajes de ella acusándome de serle infiel y de andarme revolcando con otras cuando no le contestaba el teléfono, digo… pensaba que era algo normal, ya sabes que suelo tener muchas amigas, como tú y como Jess, pero Susan iba a los extremos… un día me dijo que..
— ¿Susan?—, solté con la voz atropellada.
No, no pienses en ella ahora… no es posible…
—Sí, Susan Rallye—, dijo pero sin quitar esa cara, esa postura tensa y aunque me sentí aliviada aquella sensación no se esfumaba—, bueno, un día me acusó de tener a otra, creyó que mi tía que estaba hospitalizada era una chica con la que me acostaba ¿Puedes creerlo? ¡Estaba loca!
—Sí, toda una loca—, murmuré intentando sonreír.
Cálmate, es un nombre común, puede haber otras diez mil Susans, no puede ser la misma…
— ¿Y qué pasó, la celopata te dejó…?—, mascullé, pretendiendo sonar divertida, que aquello me daba risa.
—Bueno, sí, habíamos durado unos seis meses, al final ella hizo una gran rabieta y dijo que no podía seguir con un chico que era un golfo, que se merecía algo mejor que un infiel descarado como yo… nunca me había atrevido a mirar a otra chica más que a Susan pese a todos los malos ratos que llegamos a pasar, la quería, no sé realmente si la quería de verdad o sólo por ese rato, pero cuando las cosas estaban bien Susan era fantástica, de verdad, era muy dulce y de verdad buena en su trabajo… era tan…
Lance se detuvo, mirándome como ido, con sus ojos grises inundados en esa melancolía terrible.
— ¿Qué?
Lance hizo una mueca, una sonrisa que no llegó a iluminar su mirada triste y volvió a pasarse una mano por la cabeza, sin saber qué decir.
—Unos meses luego de que terminase conmigo, me llamó y me dijo que iba a casarse, no sé con quién, pero parecía realmente feliz, creo que fue hace… —, se pasó un dedo por la barbilla, como acariciándose la barba de una semana que lucía esplendorosamente—, cuatro meses creo…, la encontraron una noche, muerta en el apartamento donde vivía con su prometido, la habían apuñalado desde el pecho hasta el abdomen… fue una cosa espantosa, pasaron el reportaje en la televisión, el maldito bastardo la había dejado desnuda y cortada de arriba abajo, dijeron que lo habían agarrado, pero no sé Sam… no creo que la muerte de Susan hubiese sido un crimen pasional como dijo la prensa sensacionalista… ¿Quién mataría tan cruelmente a una chica como Susan? Ni siquiera este tipo, Patrick Connors, no tenía esa cara de loco que uno esperaría en un homicida ¿Sabes? … ¿Sam…?
Connors…
Susan Rallye… ¿Muerta…?
— ¿Qué edad tenía Susan?—, chillé, mientras la ansiedad regresaba, se estancaba en mi garganta, lista para salir propulsada en un ataque.
—Acaba de cumplir 23 cuando murió—, dijo confundido— ¿Qué, por qué tienes esa cara?
— ¿Ella… ella se cambió el nombre, verdad, se había puesto el nombre de su prometido, verdad?—, para entonces ya estaba deshaciéndome, murmurando con la voz aguda y destrozada, aferrando con mis manos temblorosas mi teléfono.
—Sí, sí, porque en el reportaje la llamaron Susan Connors… Dios, sigo sin poder creer que Susan Rallye este muerta…
—
Azoté la puerta, las llaves cayeron en el piso haciendo un estruendo, un sonido fuerte, estridente... creo que era un trueno… no, las llaves… el trueno… ¿Por qué estaba mojada…?
— ¡¿Es que estás loca?! ¡Casi nos chocamos contra un árbol! ¿Qué rayos te pasa?
¿Por qué Lance me gritaba…?
— ¿Se…?—, Sebastián, Sebastián… ¿Por qué…? ¡¿Por qué…?!
Su aroma inundó mis sentidos, la misma esencia que flotaba en las noches cuando dormía e impedía que los monstruos imaginarios me comieran en mis sueños. Me aferré a su pecho, empapando la ligera chaqueta negra, mientras sus brazos me envolvían, me sostenían.
¿Por qué…?
— ¿Qué pasa…?—, su voz, sus labios rozando si cabello— ¿Qué ocurre…? ¿Por qué lloras…?—, la voz de Sebastián, la sensación que recorría mi cuerpo ante su cercanía.
—Susan Connors—, jadeé contra su pecho mientras el ataque brotaba, me destruía poco a poco.
— ¿Qué, por qué te has puesto así al saber su apellido…?—, Lance se oía tan confundido, tan lejano…
Me ahogaba… me ahogaba…
— ¿Qué sabes sobre Susan Connors?—, preguntó Sebastián molesto, agresivo, sus brazos apretándome contra él, como una jaula… un refugio…
—Era mi novia ¿Qué rayos saben ustedes de Susan…?—, al contrario de sus palabras, Lance se escuchaba deshecho… desesperado…
Oh Dios… ¿Por qué…?
Sebastián comenzó a acariciarme la espalda, sabía que estaba alterado, que estaba furioso, la cosa en mi espalda palpitando, ardía…
Todo giraba… todo giraba…
— ¿Qué, qué saben ustedes de Susan Rallye…? ¿La conocían, la conociste Samantha… tú la conociste…?
Me aparté un poco de Sebastián, apenas respirando, apenas reconociendo su rostro tras las lágrimas que me cubrían los ojos.
—No aparecía en el expediente…—, susurré con la voz temblorosa, la mano enguantada de Sebastián me limpió la mejilla, atrapó un lágrima que salía de mis ojos— su nombre, su nombre era Susan Connors, no había nada en su expediente, no se llamaba así… no era Susan Rallye… era Connors, Connors…
— ¿Qué rayos estas diciendo…?—, jadeó Lance y me giré para mirarlo, apoyado contra la puerta, tan serio, tan… tan…
— ¡Susan Connors está muerta…! ¡Fue la primera, la primera en morir…! ¡LA MATARON POR MI CULPA…!—, grité por completo derrotada, sin entender nada.
Lance se deslizó hasta el suelo, con la espalda pegada a la puerta, la expresión desfigurada, horrorizado…
—No… Susan Ra… Yo conocía a Susan… no tenía nada que ver contigo…—, negó, abatido desde el suelo, perdido.
—Alguien nos engañó—, chillé por lo bajo—, era una pista falsa, mató a Susan Connors y modificó todo su expediente… ¡No había nada de una Susan Rallye en ninguna parte…!—, miré a Lance sintiendo que todo explotaba dentro de mi…— ¡TÚ! ¡Eso no puede ser, no puede ser…! ¡Tú…!
Y temblé, de no ser porque Sebastián me sostenía habría caído al suelo, sacudida, destrozada.
— ¡Tú, se llamaba Susan Connors, la periodista que mataste!—, grité fuerte, desgarrándome la garganta, mientras el segundo trueno caía, cimbrando la tierra, extinguiendo la luz.
— ¿Qué?
Me solté entonces, librándome del agarre de Sebastián para correr hacia el estudio, todo estaba obscuro, no había luz, se había ido… se había ido…
Tropecé en las escaleras y subí a gatas, arrancándome la chaqueta una vez logré subirlas todas, crucé el pasillo, corriendo, agitada, mientras hiperventilaba. Logré abrir la puerta, la golpeé con fuerza mientras el eco de la lluvia rebotaba por toda la habitación. La luz se había ido. Pero logré saberlo, llegar ahí, me había aprendido el camino de memoria. Abrir el segundo cajón del archivero, la segunda carpeta, el primer folder… eran ocho páginas… su fotografía en la primera, sus ojos verdes, su piel apiñonada… Susan Connors…
Me giré de inmediato, aferrando el folder entre mis brazos, dispuesta a bajar, a encararle…
—Sam…—, Lance Riddle estaba a mis espaldas, jadeando, y me fui de espaldas, cayendo al suelo, mi cuerpo se escuchó, de la misma forma, el mismo ruido que hace un cadáver al ser arrojado… como en mis pesadillas…
— ¡QUITATE DE AQUÍ, FUERA! ¡ALEJATE, ALEJATE…!—, me sacudí en el suelo, retorciéndome para huir pero su mano alcanzó mi hombro y no hice más que gritar, que gemir adolorida, mientras mi cuerpo ardía en llamas… la adrenalina me invadía… la locura…
— ¡SUELTAME, DEJAME IR…! —, jadeé contra el suelo, mientras el miedo volvía, reptaba por mis piernas, horadaba mi pecho…
Me tomó por los hombros, con fuerza, brusco, hasta ponerme de pie, estrecharme contra su cuerpo, su aliento chocando contra mi rostro, sus manos enterrándose en mis hombros…
— ¡SUELTAME…SUELTAME…!—, cerré los ojos con fuerza, esperando a que mis pesadillas se encarnaran, tomaran forma y me aniquilaran.
— ¡PARA, REACCIONA!—, fue como un rugido que quebró la obscuridad, abrí los ojos, mientras el pánico seguía hirviente, y sus ojos como brasas… rubíes…
¿Por qué Sebastián no hacía algo…? ¿Por qué no me sacaba de aquí…?
¿Por qué tenía que estar frente a mí y no se movía para capturar al asesino…?
¿Y esa luz… de dónde salió…?
— ¡Yo no maté a nadie…!—, Lance estaba a un lado de nosotros, la luz venía de sus manos, una vela… el fuego…
— ¡QUE SI…! ¡Sólo tú podrías saber todo eso…! —, las lágrimas seguían saliendo, amenazaban con ahogarme… ¿Por qué…?
—Mírame…— No…— Samantha mírame, mírame… por favor mírame…
Sebastián tomó mi rostro entre sus manos, jalándome para mirarlo, sus manos desnudas encajándose en mis mejillas… sus ojos, el carmesí brillante intenso…. Esa mirada… ¿Por qué tenía que ser él, porqué tenía que pasar esto…?
—No es él…—, susurró, acercándose, acortando la distancia…— no es Lance, él no mató a nadie… no va a hacerte nada, estas bien, estas a salvo… ¿Entiendes…?—, continúo entre susurros mientras sus labios besaban mi oído, acariciaban mi piel…
—Pero… Susan…
—Shh…—, su dedo cubriéndome los labios, sus labios consumiendo mis lágrimas…— estoy aquí… ¿Crees que le dejaría seguir con vida si fuera culpable?—, susurró tan bajo, contra mis labios, apenas y pude entenderlo, apenas y pude comprenderlo…
Cayó otro relámpago, iluminando por completo el estudio, fue sólo un segundo, y cuando la obscuridad volvió el miedo se había ido, sus labios presionándose contra los míos.
Cerré los ojos.
—Está bien, deja de llorar, ven estas empapada…—, me sostuvo con delicadeza, levantándome del suelo, llevándome entre sus brazos.
— ¿Está bien?—, susurró Lance, sólo pude verle, ver la mitad de su rostro iluminado por la flama de la vela.
—Necesita un baño, dormir bien… es sólo un ataque de ansiedad, estará bien por la mañana—, enterré la cara en el pecho del demonio, sin poder detener las lágrimas, en un llanto silencioso, fatigado.
— ¿Qué pasa con la luz?
—La caja de fusibles está en el garaje, hay lámparas en la cocina… ¿Puedes revisarlo por mí? Seguramente sólo hay que cambiar un fusible, están en la gaveta, donde las herramientas. Después te lo explico, pero necesitamos luz—, comenzó a moverse conmigo en brazos, conocía el camino, me llevaba a su habitación…
— ¿En verdad ella está bien…?
—No, pero ha estado peor…—, dijo el demonio antes de cerrar la puerta a sus espaldas.
Me dejó sobre la cama, con delicadeza, como si yo fuera romperme, y la verdad creí que eso iba a pasar. Que iba a volverme pedazos…
Pero ya estaba hecha pedazos…
No lograba ver nada, detestaba eso, nunca lograba ver nada una vez apagaba la luz de esa habitación. Todo permanecía inerte, muerto, como un profundo abismo.
— ¿Por qué no es Lance, qué te hace creer que no es él?—, murmuré con la voz apagada, cerrando los ojos con fuerza… no quería volver a ver toda esa obscuridad…
—Es el único que podría saber todas esas cosas de mí, que conocía a Susan…
—No es él—, me interrumpió, tajante, dando un sonoro suspiro— ¿Por qué Lance Riddle te secuestraría en primer lugar?
—Dinero
—Si—, dijo, el eco de sus pasos por la habitación—, pero ¿Qué clase de mensaje podría darte Lance Riddle si fuese el asesino?
— ¿Qué quieres decir?—, le miré entonces, había un par de velas sobre la mesilla de noche, Sebastián llevaba otro par en las manos y rodeó la cama para colocarlas sobre el mueble donde guardaba la ropa.
—La persona que buscamos es alguien que en efecto te conoce bien, te conoce demasiado bien, pero se ha mostrado con mayor conocimiento en aspectos actuales sobre ti ¿No es así?—, Sebastián se sentó en la cama y comenzó a quitarme los zapatos.
Asentí mirando sus ojos, parecían que las llamas danzaban dentro de su mirada.
—Sin embargo también conoce muchas cosas de mi pasado, el lugar por ejemplo, todos los asesinatos ocurrieron en Shirlight city, mi lugar de origen y si se enfocara en aspectos de mi vida actual ocurrirían aquí o en Bridgeport
—Eso nos dice otra cosa—, apuntó mientras sus dedos me despojaban de los calcetines, acariciaban las plantas de mis pies, me daban cosquillas…—, sea quien sea sigue en Shirlight city y sabe lo mismo que el mundo sabe sobre ti… cosas superficiales…
—No ¿Qué hay de las fotografías?
—Que hay alguien más, alguien que sigue tus movimientos y toma las fotografías, pero la persona a la que buscamos es quien asesina a esas chicas en Shirlight City—, comenzó a desabotonarme la blusa con lentitud.
—Entonces quien está aquí es como un informante ¿No? Le mantiene informado de mis movimientos y le manda las fotografías al asesino, el asesino es quien envía los mensajes por eso las frases, no ve la situación completa, ve las mismas imágenes, son sus reacciones… explicaría lo del anillo… el informante le llevó el anillo y entonces mandó la fotografía…
—Eso descarta a Lance Riddle
—No, eso hace viable que sea Lance Riddle
—No—, dijo, mientras sus dedos acariciaban mis clavículas, me quitaba la blusa—, ¿Lance Riddle tiene el número del teléfono que te di esta semana…?
Asentí incorporándome hasta quedar sentada.
— ¿Quién más tiene ese número de teléfono?
—Tú y Evan…—, me quedé callada mirando sus ojos mientras comenzaba a desabotonar mi pantalón, bajaba la cremallera…
— ¿Algún mensaje extraño?—, negué y sus manos abandonaron mis caderas para buscar algo en la mesita de noche.
Me tendió su celular y observé, el buzón de mensajes estaba saturado de imágenes, fotografías de todo tipo desde que habíamos vuelto del viaje, bajando del avión, subiendo al auto, llegando a casa, fotos de Lance llegando a mi casa en el taxi del aeropuerto… fotos de Sebastián y yo durante… mierda…
—Sigue viéndolo, comprueba que no es Riddle—, me alentó con una sonrisa surcando sus labios mientras sus manos rozaban mis muslos al bajarme los pantalones.
Suspiré y continué mirando los mensajes, entonces empezaban, tal vez decenas de fotografías mías y de Lance, todo lo que habíamos hecho durante el día, cada abrazo, risa, la pelea por las papas, las bromas del cine… la cena… intercambiando los postres…
Dejé el teléfono sobre la cama, temblando, mordiéndome los labios.
—Me mandó cada uno de los buenos momentos que pasaste con Lance, todo el tiempo adjuntando frases como burlas "¿Ves lo feliz que la hace?" "¿Has visto alguna vez una sonrisa más bonita que esa?" "¿La has hecho sonreír así?" "¿Acaso no sabes hacerla feliz?" ¿Por qué haría eso Lance Riddle?
Me quedé de piedra observándole.
—Ni siquiera llevaba teléfono—, chillé y el demonio asintió.
—Para empezar Lance Riddle ni siquiera tiene un teléfono móvil consigo, Lance llevaba dos maletas consigo, una bolsa deportiva pequeña con artículos de higiene personal, su cartera y teléfono; y una segunda maleta, una mochila llena de ropa, extraviaron ambas en el servicio de equipaje, no estaban bien documentadas y las mandaron en otro vuelo. Encontraron la mochila pero la bolsa deportiva sigue extraviada
—Le pidió dinero a Frank para el taxi...—, susurré sintiéndome estúpida—, yo lo pagué todo hoy y me pidió cambio para un teléfono de monedas, habló al aeropuerto… ¡Que estúpida soy!
—Eso no es todo—, agregó y sus manos habían viajado hasta el broche de mi sostén—, llegó un sobre ayer, con la fecha del 17 de Octubre, de Undertaker; encontraron otro cuerpo, mataron a una mujer la madrugada del 16 de Octubre, Lance Riddle estaba aterrizando en Bridgeport, su vuelo llegó a aquí desde las seis de la mañana y la muerte de la chica fue documentada a las ocho de la mañana.
—Lo descarta por completo—, afirmé mirándole mientras me quitaba el sostén y se colocaba sobre mí.
—Además, nos confirma otra cosa…
— ¿Qué?—, murmuré, sus dedos rozando el borde de mi ropa interior…
—Alguien intercepta la correspondencia…—, murmuró con sus labios de terciopelo en mi cuello—, lo hicieron cuando el paquete de Susan Connors, toda la documentación estaba ahí pero sin duda fue cambiada, no había nada que nos vinculara con Susan Rallye, o que mencionara el nombre de Patrick Connors, la muerte fue documentada una semana antes de que recibiéramos el paquete ¿Cuánto tarda un envió express por correo?
—Máximo tres días, pero en el caso de Susan tardó una semana y en este caso también, significa que la información fue alterada en este caso… ¿Cómo se llama la victima?
—Annelise Barton, 32 años, no cumple con el rango de edad de las otras víctimas ni hay parecido físico, o algún detalle suyo, y a diferencia de las otras, Annelise Barton no fue apuñalada o desangrada, Barton fue encontrada afuera de su trabajo con dos impactos de bala en los ojos y le habían amputado ambas manos
— ¿Y eso por qué la hace parte del caso?
—Annelise Barton era la jefa del departamento de policía de Palm district, ella seguía el caso de Susan y las otras chicas—, terminó de quitarme la ropa interior—, vuelve a aparecer el nombre de Susan Connors, pero nada de Rallye.
—Susan no es sólo una coincidencia…—, alcancé a decir antes de que la luz del techo parpadeara—, Susan conocía al asesino, Susan sabía la verdad.
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* Nuptuarium nocte es una frase en latín que significa "noche de bodas", es un capitulo de dos partes así que en realidad la relación del capitulo con el titulo aún no ha sido aclarado xDU
** Es un fragmento extraído de una novela que estoy en proceso de escribir, no sé, me gustó y ya XDU
*** Time is running out de Muse, si, en la otra parte del capitulo habrá un fragmento de la canción por ahora me refiero a una pequeña "broma" que Sam se hace porque gran parte de los coros de la canción dicen "Tú será las muerte para mi/ tú serás mi muerte" ¿Y qué se supone que es Sebastián como demonio para su contratista?
**** y ***** versiones de Drácula, uso a Nosferatu y el Drácula de Coppola porque me parecen extremos opuestos de una misma historia, mientras que en Nosferatu se sumergen en la parte monstruosa y terrible del vampirismo Coppola le da un enfoque meláncolico al personaje de Drácula, algo un tanto más romántico y es el contraste que buscaba entre como es Samantha Carson y Lance Riddle, Lance en realidad es un tipo muy romántico y dulce, podría decirse es todo lo "bueno" y nuestra Sam siempre se ha catalogado a si misma como alguien muy fría y cerrada, incluso las parte de Sebastián nos lo confirma
******Nicholas Wolff, no es un escritor real, es uno de mis personajes en una novela, si, la misma de donde he sacado el fragmento este que sale al principio, y en si las novelas de Nicholas Wolff a las que se refieren Lance es la propia novela de donde sale este personaje y ya, no diré más (;
Ahora, dándoles un enorme abrazo y besito de buenas noches(?) porque estoy actualizando casi a la una de la mañana Dx
No tengo mucho que decir en cuanto al capitulo, ni sobre la escena "horny" del principio, no sé qué decir en cuanto a lo segundo... ¡Ay no sé, no sé! Díganme cómo y qué les parece ese fragmento, si es mejor la primera persona o la tercera persona del capitulo anterior para escenas como esas... esa es mi duda, siempre me ha parecido que un lemmon en primera persona es fantabuloso porque es bastante descriptivo sin llegar a lo obsceno cuando esta bien escrito, pero la tercera persona también me resulta muy atractiva para un lemmon... no sé, vi en un review por ahí que les gustaría saber lo que pasa en la mente de Sebastián cuando ocurren este tipo de momentos y me apetece mucho escribirlo de esa forma, pero también necesito sus opiniones en cuanto a eso, y bueno, si me dejan muchos reviews con una respuesta a esa interrogante se los agradeceré muchísimo
La verdad estoy que me caigo del sueño, pero si no lo hago ahora sé que se me olvidará actualizar mañana xDU así que hasta aquí los dejo, nos leemos la semana que viene, sip, un beso con todo el flower power del mundo mundial
