Código Guardianes

Capítulo 108

Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.

Especial del día 31 de Diciembre de 2018, como siempre, no supone un adelanto en la trama. Muchas gracias por estar un año más leyendo el fic, espero que lo disfruten tanto como yo. Feliz año a todos, y que la inspiración os acompañe!

Era cerca de Septiembre, poco antes de los eventos en los que se descubrió la verdadera naturaleza de Jhonny, y la existencia de las gemas de la vida, muerte, materia y antimateria. Ese día, el grupo de Guerreros del universo 910 estaban de limpieza de la base, y como poco o nada tenían que hacer los Guardianes, estos ayudaban con el proceso. Precisamente una de las partes más importantes era el sistema de seguridad de la base, pues potencialmente podía haber ahí dentro gente de gran poder.

-Habría que poner a prueba los sistemas de seguridad, nunca se sabe -comentó Jérémie (910), revisando los monitores.

-Cierto, con lo que nos viene encima no podemos descuidarnos en es –secundó Aelita, quien se hallaba a su lado.

Cerca de ellos, estaban Noelia (910) -quien se encontraba fregando el suelo-, Miguel (su hermano) y las gemelas guardianas Susan y Marin, así como sus homólogas de ese mundo.

-¿Y qué propones?- preguntó la Susan guardiana. Este se hundió de hombros.

-Lanzaremos un programa de reconocimiento de posibles fallos con ayuda de Xavier, para identificar errores –comentó Aelita.

Susan miró a su hermana con una sonrisa pícara. Esta rodó los ojos pero no dijo nada.

-Había pensado en una apuesta -soltó de pronto Miguel, mientras se acercaba. El resto lo miró con interés-. ¿No erais de la especie más poderosa y antigua de su Universo? Demuéstrenlo -inquirió, divertido, colocando sus manos en los hombros de ambas.

Marin iba a desechar la oferta, pero Susan siempre sintió gran orgullo de su origen pese a todo y no estaba dispuesta a soltar el guante ofrecido.

-Sin gemas, ni armas. Sólo nuestro intelecto, y nuestros destornilladores sónicos -fue entonces que le tendió la mano al adolescente, a lo que el susodicho respondió con el mismo gesto.

Su hermana se llevó la mano al puente de la nariz, las dos guerreras empezaron a cuchichear entre ellas ilusionadas de ver a dos damas del tiempo en acción, y Jérémie simplemente realizó los comandos que eran necesarios para determinar la existencia de dos personas encerradas en las celdas de la base. Para cumplir con las condiciones de la apuesta, ambas debían salir de la base sin dar señales de alarma de ningún tipo, usando únicamente sus destornilladores sónicos y su inteligencia. Para asegurarse de que no usarían sus poderes, el resto de guardianes estarían atentos a cualquier variación en sus energías, y les requisaron las armas, que las guardarían Patrick y Nico, para Susan y Marin respectivamente. Hecho eso, las maniataron con nudos en manos, brazos, piernas y pies, y las llevaron a la celda de máxima seguridad de la base, en la parte más profunda de la misma, y tras reunirse todos en la sala de mandos, y poner todos los niveles de alerta y seguridad al máximo; esperaron.

-Preparad palomitas, esto será divertido -comentó el Odd guardián, mientras se sentaba en el suelo, con su cola dando giros en el suelo.

-Venga, se admiten apuestas -la Electra guerrera sacó una hoja de papel y un bolígrafo- 1 que no salen, ¿Quién acepta? -la algarabía por el acontecimiento era bastante alta, desde luego.

-Yo apuesto por nuestras homólogas, creo que nos sorprenderán –dijo Susan (910), su hermana asintió.

-Bien, pues firmad todos –dijo Electra-. He puesto dos columnas: Pasarán/No pasarán. Se permite apostar lo que sea, incluso dinero -Electra pasó la hoja y el bolígrafo por todos en el grupo, sin embargo la única persona que se negó a firmar fue Noelia (910)-. ¿Qué? ¿Tú no apuestas?

-Ya sabes que a mí no me gusta apostar –respondió con algo de indiferencia

-¿Qué te pasa? ¿Es que temes no tener razón otra vez? –se burló Miguel. Eso pareció tocar la moral de la chica.

-No me gusta jugar a eso del azar. Además, ¡fijo que esto lo has organizado tú para no tener que limpiar, cacho vago! Siempre te la pasas con excusas cuando hay que ordenar cosas, por algo tu cuarto parece-.

-¿El Jardín del Edén? Es que es una maravilla –interrumpió el chico, socarronamente.

-¡El Jardín del Hedor! Esa habitación da tanto asco que hasta las cucarachas tienen que entrar con trajes antinucleares.

-¡Anda, exagerada! No está desordenado, como diría el profe de filosofía: está ordenado según criterio y filosofía de vida.

-Pues vete a lavarte junto con tus ideas, ambos apestáis.

El resto miraba como esos dos se peleaban, riéndose de las cosas que se decían.

-¿Siempre se pelean así? –preguntó Ulrich (911), divertido por el improvisado espectáculo.

-Delante de nosotros no demasiado, es algo que dejan más para su casa y delante de su familia. Aunque cuando lo hacen frente a nosotros es todo un entretenimiento –confirmó su homólogo guerrero.

-¡Oh, espera! Aún estás resentida por aquella apuesta, ¿no, parguela? –sonsacó Miguel.

-Los dos euros cincuenta más duros de mi vida, sí –respondió con fastidio.

-¡Y el bocadillo que me comí con eso! –Noelia se enfadó-. ¡Lo mejor es qué luego me sobró para unas papas fritas!

-¡Serás! ¡Encima te recochineas!

-Te jodes. Yo, Miguel, buen estilo. Chicos –dijo a todos los allí, presentes-, buena gente. Noelia –dijo a su hermana-, ¡buenas noches!

La chica se enfureció aun más.

-¡Me cago en…! –se contuvo, no necesitaba humillarse de esa forma tan estúpida-. Te daría buena una cuerada aquí y ahora si no fuera algo tan infantil y estúpido para la edad que tenemos.

-Pues madura y cómprate una vida.

Y su moral se quebró. Entonces Noelia empezó a perseguir a su hermano, y este huyó.

-¡¿Qué te pasa?! ¡Pensé que te gustaría apostar para ver cómo las gemelas eran en plan ninja! ¡Cabrona, malparida!

-¡Ven aquí para poder largarte una buena galleta en la cara! ¡Aborto de burgado en vinagre! –dicho eso Noelia saltó hasta ponerse a su altura y antes de tocar el suelo dio una palmada seca en la nuca de su hermano, golpe que conllevó que este cayera al suelo de cara-. ¡A tomar por culo! –resopló victoriosa, como un toro bravo.

El chico elevó un brazo parecido a un gesto de clemencia. Noelia estuvo dispuesta a olvidar y ayudarlo a levantarse. Después de todo tenían peleas como esas al menos cuatro veces a la semana. Pero cuando le iba a tomar la mano, este hizo ese gesto circular con los dedos índice y pulgar.

-¡Te lo comiste, pringada! –se rio, a lo que pegó un gran salto, como si de un mono se tratase, y dio una voltereta hasta estar con el resto de sus compañeros -. Ya deja de pescar y ven a ver el show.

Noelia gruñó por lo bajo.

-Te mataré lenta y dolorosamente, cuando menos te lo esperes.

-Sí, tú flipas.

La chica decidió pasar y volver a lo que iban.

-Oye, si vais a pelear otra vez avisad, así podemos apostar por eso también –sugirió Odd (911), risueño. Aquello había sido tremendamente divertido para los Guardianes, y aunque para los Guerreros no era menos entretenido.

-No es por nada, pero este chico es mi digno sucesor –exclamó Odd (910), con orgullo. Estos dos chocaron sus manos, socarronamente.

Jérémie y Yumi (910) entonces carraspearon y llamaron al orden, con un silbido por parte de ambos al mismo tiempo, haciendo que todos les atendieran

-Ya han llevado a Susan y Marin a la celda en la que estarán encerradas y donde su… "apuesta", empezará –anunció Yumi.

El resto aplaudió entonces. El guerrero halcón se llevó un par de dedos al oído entonces, y asintió un par de veces- Me comunican Anthéa y Waldo que ya regresan. Ellas ya están bien atadas, con los collares supresores de poderes en sus cuellos y las esposas magnéticas bien asidas a sus muñecas -afirmó, mientras volvía a su puesto en el monitor.

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Marin miraba con bastante odio a su hermana, mientras estaba movía ligeramente sus muñecas y tobillos, que estaban totalmente inmóviles por culpa de los grilletes de acero que tenían. Además, estaban colgadas en la pared, de forma que no se podían mover por la sala. Con sus poderes sería realmente fácil salir, pero la cosa era precisamente salir sin hacer uso de ellos, y por mero orgullo lo harían. Lo malo es que ella siempre acababa arrastrada por su hermana, aunque en el fondo también quería ponerse a prueba, sentía que sus instintos de dama del tiempo estaban dormidos, y qué mejor manera que esa para despertarlos de nuevo.

-Bien, ¿propuestas, Susan? -preguntó, suspirando. La aludida sonrió-. ¿Te fijaste en cómo nos pusieron estos grilletes? -preguntó.

Marin asintió- Impiden que podamos mover las articulaciones, y a más nos movemos, más se aprietan -Susan asintió entonces.

-Me he fijado que tienen sensores por todos lados también, y cámaras de seguridad, térmicas, de ultrasonidos… Es un bunker del cual es imposible salir -comentó, como si tal cosa.

Marin entonces buscó con ligeros movimientos su destornillador sónico. Como siempre, lo tenía en el bolsillo de la sudadera, lejos de su mano. Tuvo entonces una idea.

-Estas cadenas no están atadas a la pared. Están unidas por magnetismo, ¿verdad?- Susan asintió- Nuestros colgantes de Gallifrey son de kilita, debería servir. Menos mal que cuando nos pusieron estos "collarines de perro" no nos los quitaron -comentó, mientras, poco a poco, movía el brazo.

Tal y como esperaban, el material magnético de la pared impedía que separaran el brazo del muro que las sostenían, pero podían moverse a través de él. No sin esfuerzo, coloco la mano a la altura de su cuello, donde tenían el colgante. Con cuidado, lo tomó, y en cuanto lo acercó a la pared, se rompió el efecto magnético, y lo que pegado a la pared fue el colgante. Con su mano ya liberada, Marin cogió su destornillador sónico de su bolsillo, y apuntó con ál a su otra mano. Presionó el botón, este iluminó una luz color marfil en su punta, y emitió un ligero sonido, y quedó libre de la otra mano, con cuidado, apuntó también a sus pies, y en pocos segundos ya estaba totalmente libre. Mientras ella estaba con eso, Susan hacía lo mismo, sólo que en su caso ella había optado por usar directamente el destornillador sónico para liberarse. Una vez que ambas estaban sueltas, observaron mejor la sala. Era enteramente blanca, con una única puerta corredera al otro lado color gris, con una cerradura dactilar, y sin ningún tipo de ventana o forma de ventilación más allá de una pequeña rendija en el techo. Tenía un lavabo, una cama, y una pequeña ducha sin cortinas. Pese a ser una celda, estaba bien acondicionada para que no tuviera que salir de ahí para nada, y se percataron de unas armas que, en caso de algún movimiento raro, seguramente dispararan algún tipo de dardo, en el mejor de los casos tranquilizante.

-Bien, salgamos de aquí -comentó Susan, mientras se acercaba a la cerradura. En la misma se podía ver que tenía una mano a modo de llave, así como una pequeña cámara a la altura de los ojos de un humano medio.

-Claramente esto sólo identificaría a uno de los Guerreros, y aunque seamos sus homólogas, nuestro ADN es muy diferente… -murmuró Marin, mientras Susan jugueteaba con su destornillador.

Entonces, Marin decidió agacharse y separó una placa de la pared, donde había cientos de cables de todos los colores, así como todo tipo de microchips que parpadeaban. Susan la imitó, mientras observaba a su hermana inspeccionar la mecánica del aparato con su destornillador sónico. Tras unos segundos, leyó las lecturas que aparecieron en la pantalla del aparato.

-Efectivamente, lee el ADN de las células epiteliales, y las compara con su base de datos. Cualquier cosa ajena, y saltan las alarmas. Y tiene cientos de cortafuegos, pero… -volvió a dirigir su destornillador a los microchips, e indicó a Susan que hiciera lo mismo.

En pocos segundos saltaron chispas, y la puerta de la celda se abrió. Ambas se levantaron, y provecharon esa oportunidad para escapar de la celda. Entraron entonces a un largo pasillo a oscuras, que se iluminó en cuanto ellas entraron. Se fijaron en que las placas de las paredes, a diferencia de las de las celdas. Aguantaron el aliento unos segundos, y al no sonar ninguna alarma se relajaron.

-Deberíamos conseguir algún mapa… -murmuró Marin, mientras comenzaba a andar. Susan, mientras, se acercó a una pequeña pantalla, y la escaneó con su destornillador.

-¿Decías? -entonces se lo lanzó, y Marin apuntó con él a una pared. Apareció entonces un mapa bastante detallado de las instalaciones, y descubrieron por dónde debían ir.

Entonces, corrieron en esa dirección, cuando oyeron unos pitidos, y pisadas metálicas. En seguida, se refugiaron tras una esquina, y no se atrevieron a inclinarse para ver hasta unos segundos más tarde. Se trataba de una especie de animal cuadrúpedo, con el cuerpo color verde por la zona de la tripa y la espalda marrón, el cráneo blanco, con un dibujo de círculos concéntricos con 4 líneas sobresalientes –una por encima y tres por debajo-, y en vez de pezuñas contaba con grandes cañones. Parecía hacer guardia delante de una puerta, precisamente la que debían cruzar para salir de ahí.

-Genial… -gruñó Susan, mientras rebuscaba en sus bolsillos. Marin fue más rápida, y de su sudadera sacó una especie de ratón de juguete, le dio cuerda, lo colocó en el suelo, y dejó que se moviera a toda velocidad hacia el robot. Este giró la cabeza, y observó con curiosidad al ratón de plástico, mientras Susan aprovechaba para usar su destornillador en el robot. Este, a los pocos segundos, comenzó a moverse extraño, hasta que bajó la cabeza y dejó de moverse.

-Gracias por recomendarme tus payasadas, Odd- pensó Marin- Por ahora está siendo fácil… -murmuró.

-Demasiado para mi gusto…- respondió Susan. En cuanto cruzaron la puerta, aparecieron en otro pasillo.

Notaron que la sala estaba totalmente atravesada por láseres rojos. Por mera intuición, Susan lanzó una pelota de papel que previamente había sacado de sus bolsillos, y en cuanto tocó uno de los láseres, varias armas de fuego dispararon. ´

-Vale, hay que inutilizar los láseres hermana- comentó Susan, mientras jugueteaba con su colgante. Marin observó la pared, y se fijó en los agujeros de los cuales salían los láseres.

Se fijo también en que formaban una tupida red, tipo red de pesca, con zonas donde no había ningún rayo pero eran demasiado pequeñas como para poder pasar saltando. Yendo a la velocidad de la luz, o con un portal, podrían atravesar fácilmente ese sitio, pero no era el caso, así que usarían su astucia.

-Vamos a ver si podemos apagarlos…- comentó Susan, apuntando con su destornillador a una de las paredes.

El sónico retumbó con insistencia, hasta que se apagaron todas las luces de la sala, pero volvieron a encenderse en pocos segundos, demasiado poco como para poder haber pasado corriendo. Susan frunció algo el ceño, mientras en su mente se formaban más posibles soluciones a ese problema. Mientras, su hermana Marin tocaba con delicadeza los paneles de la pared en la que estaban. Logró encontrar uno que podía sacar, y una vez más, encontró cientos de cables y micro procesadores.

-Parece que estos láseres tienen una alimentación extra, a parte de la red eléctrica nacional, deben usar baterías, o algo así- comentó, mientras movía algunos de los cables y los colocaba en otra parte.

-¿Vas a mover los láseres, no?- preguntó su hermana, a lo que la otra asintió. Según hacía, efectivamente, los rayos se desplazaban, y pasaban a dar en la pared contraria en vez de en el suelo.

Hicieron eso mismo con todos los láseres, hasta que ninguno de ellos tocaba el suelo. Una vez hecho eso, se tiraron al suelo, y, con los sónicos en sus bocas, cruzaron la sala en silencio, procurando que sus cuerpos no tocaran los rayos más bajos, aunque dudaban que eso fuera a ser así. Tras cruzar la sala, llegaron a una puerta, que abrieron usando sus destornilladores, y pasaron a la siguiente estancia. En esa ocasión, lo que habían eran baldosas negras y blancas. Volvieron a lanzar un objeto al suelo, en esa ocasión lo que brotaron del suelo fueron lanzas, más de diez por baldosa, que llenaron la misma de grandes picas.

-Esto va de mal en peor, hermana…- murmuró Marin, mientras veía como bajaban las lanzas, poco a poco.

Susan, entonces, procedió a escanear de nuevo la sala, y, al leer los datos que aparecían en el destornillador sónico, comprobó la magnitud del problema. La parte interna del suelo estaba llena de mecanismos que alzaban, en cuanto notaban un peso mínimo, cientos de aquellas lanzas hacia el techo, y a más peso, más subían. Eso lo comprobaron cuando, al lanzar esa pelota de papel habían levantado varios centímetros del suelo las picas, pero, al lanzar un objeto más pesado, llegaron a levantarse casi un metro en el aire.

-Vale, ¿cómo evitamos esta trampa?- preguntó Marin, y entonces se le ocurrió una gran idea. Entonces, comenzó a mirar por el techo. Vio que estaba totalmente vacío, a excepción de las típicas rendijas de ventilación. Rebuscó en sus prendas, y encontró una cuerda, con la que comenzó a trabajar.

-¿Qué pretendes?- preguntó Susan, curiosa, mientras tomaba el otro extremo de la cuerda. Esta estaba trenzada usando hilo de pescar, deporte que a la chica le gustaba practicar junto con Nico, con quien se tiraba días enteros a la orilla de ríos sacando peces, que luego devolvían intactos al agua.

Marin sonrió. Este hilo aguanta cientos de newtons de peso, suficiente para aguantar nuestro peso y la tensión que producirá el balanceo- explicó, mientras preparaba un buen nudo en el extremo.

Susan comprendió, y llevó su sónico hacia la ventilación, y, tras unos segundos, ambas vieron como una parte caía hacia el suelo, pero quedaba colgada del techo por el lado que permanecía atornillada al techo. La otra dama del tiempo entonces lanzó la cuerda en esa dirección, varias veces hasta lograr atar la cuerda en la rendija, y, una vez que lo logró, tiró de ella con fuerza para comprobar que resistía bien. Le ató como prueba varias cosas que podían pesar lo suficiente para poder suponer un peso representativo, y comprobó la viabilidad del plan. Como pensaron, la trampa sólo se activaba con el peso, no con el movimiento, así que ahora sólo debían pasar con cuidado de no caer al suelo. La primera en pasar fue Susan, que subió por la cuerda, se aproximó con ayuda de su hermana a la pared, tomó impulso con las piernas, y deseó con todas sus fuerzas que aquello fuera suficiente para poder pasar al otro lado. Pero según se aproximaba, notaba que perdía el impulso que había tomado, así que aprovechando la fuerza que llevaba, al alcanzar el extremo al que la cuerda oscilaba, se lanzó contra la pared, y aterrizó en el suelo a un metro de la puerta. Aguantó el aliento, deseando haber caído en la zona que era segura, y a los pocos segundos sonrió por que así era. Al otro lado Marin gesticulaba enfadada, mientras tenía las mejillas hinchadas y daba vueltas por su área. Susan se rio algo y esperó a que su hermana llegara, que hizo exactamente lo mismo. Cuando Marin se lanzó, Susan se apartó de su trayectoria, y ambas se acercaron entonces a la siguiente puerta. Antes de abrir oyeron voces al otro lado.

-No me jodas que también están haciendo guardias esta gente…- murmuró Marin, mientras pegaba la orea a la puerta.

Susan, con un gesto, le pidió silencio, e hizo lo mismo. Permanecieron así unos segundos, y Susan abrió la puerta con su destornillador. Ante ellas, en vez de personas hablando, había un casete de música que tenía conectada la radio, estaban retransmitiendo un programa y habían intentado engañarlas con eso.

-He de reconocer que no está mal… Pero no es suficiente- comentó, tras lo cual apagó el aparato y comenzó a desmontarlo.

Marin le ayudó, y tomaron todas las piezas internas que para sus gustos podían ser útiles. Lo único que dejaron atrás fue el plástico exterior, lo demás se lo llevaron: cables internos, chips de todo tipo, e incluso los tornillos. Tras eso, procedieron a seguir el mapa que habían obtenido, y, tras cruzar varios pasillos, llegaron a la parte que se suponía eran los cuartos de los guerreros.

-A partir de aquí dudo que haya más trampas, la verdad. Se supone que esta es la zona en la que viven- comentó Susan, mientras andaba tranquila.

De fondo había una ligera música de ambiente, elegida seguramente por Odd y Electra, pues era una mezcla entre pop y rock bastante interesante. Ellas hubieran elegido algo más relajante, algo de Chaikovski o algo así, pero no podían meterse con los gustos de los demás. Según avanzaban, Susan andaba bastante despreocupada, mientras su hermana permanecía más atenta a las cosas que pasaban. Desde hacía un tiempo, concretamente desde que habían salido de la parte de las trampas, sentía que algo les vigilaba, pero lo había achacado a que estaban en alerta. Pero ahora esa sensación se había intensificado.

-Se nos está escapando algo, hermana…- murmuró. Se fijo entonces en las cámaras de seguridad. Hasta entonces las habían obviado totalmente, pero entonces se dio cuenta de que las seguían a cada paso que daban desde que habían llegado a esa parte.

-Nos tienen vigiladas…- murmuró- Lo cual es evidente ya que queremos salir de aquí, ¿y?- inquirió Susan. Marin frunció algo el gesto antes de responder.

-Pienso que, si nos están vigilando, nos pondrán trampas más difíciles. Si yo estuviera monitorizando a gente que se supone quiere escaparse de donde las tengo encerradas, se lo pondría bastante más difícil, la verdad- le explicó.

Cuando Susan fue a responder, se oyó un crujido, y apareció una pared al otro lado del pasillo, así como en el otro extremo. Con un mecanismo se comenzaron a juntar con cada vez más velocidad, y ambas damas del tiempo se dieron cuenta de que a veces hablaban de más, pero sin añadir palabra alguna, probaron a usar su destornillador en las puertas que había por allí, pero sólo lograron abrir una en ese tiempo, así que entraron por la misma, justo en el momento en el que las paredes se habían juntado demasiado como para poder aplastar a un ser humano.

-Genial, ¿ahora por dónde?- preguntó Marin. Susan entonces revisó el mapa de nuevo, y aunque había un camino para para poder salir, la vuelta sería más larga, pues irían por un camino alternativo.

-Ir por los conductos de ventilación es imposible, y me temo que este pasillo no lleva a ningún lado sino a unas duchas, así que usaremos de nuevo el pasillo de antes, pero en vez de ir de frente, usaremos un camino alternativo. Pasaremos la tercera puerta a la izquierda desde nuestra posición, el camino será más largo, pero es igual- murmuró.

Ambas suspiraron, al final, Marin tenía razón con que las vigilaban,. Eso era justo, pues entraba dentro de lo normal en un lugar vigilado como era ese, pues al fin y al cabo, tenían que escapar, y era normal que algo así pasara. Pero también dificultaba la tarea, así como la hacía más interesante. Se miraron y sonrieron, era un reto interesante, pensaron. Con cuidado, volvieron a salir por la puerta, y miraron a ambos lados, con cuidado. Se fijaron en el techo, así como en las paredes, y aunque no veían cámaras de seguridad, seguramente estuvieran llenas de sensores de movimiento todo tipo de tecnología de seguridad. Con eso en mente, se empezaron a mover despacio, pero igualmente se pusieron en movimiento las paredes. Susan entonces tomó la mano de su hermana, y comenzó a correr, pero en vez de ir a la tercera puerta a la izquierda como había dicho, que precisamente según el movimiento de las paredes se iba a quedar totalmente inaccesible, se movieron a la quinta a la derecha, perfectamente libre de toda trampa.

-¡Muy buena hermana!- le gritó Marin, mientras Susan abría la puerta y entraban rápidamente, dando un fuerte portazo tras cruzar.

-¿Sabes a donde llevaba esa puerta?- preguntó Susan, a lo que la otra negó- Pues al depósito de basura, tendríamos que haber seguido por unos pasillos y después bajar varias escaleras. Obviamente nos escuchan, así que ahora hablaremos telepáticamente- le dijo.

Marin asintió. Poder hablar a la mente de los demás era una característica habitual en ellos como guardianes, pero la especie de los Señores del Tiempo podían hacerlo de forma natural, entre otras muchas cosas, como regenerarse en peligro de muerte, o poder aguantar más tiempo si comer, beber, dormir, o sin aire respirable. La suya era una especie más resistente en general que los humanos corrientes, cosa que se demostraba habitualmente, así como con un mayor conocimiento en física, matemática, y con una larguísima historia a sus espaldas. Miles de años como la especie más poderosa de ese universo, la primera en doblegar al tiempo y el espacio con sus propias manos, mucho antes de la aparición de los primeros guardianes en base a lo que sabían de sus predecesores, los portadores originales. Los Señores del Tiempo, además, habían salido relativamente indemnes de la Gran Guerra del Tiempo, el mayor conflicto bélico de la historia del universo 911, gracias a su abuelo. Bueno, ahora abuela, por la última regeneración había acabado siendo chica. Es lo que tiene la regeneración, era una verdadera tómbola, literalmente.

En ello pensaban ambas mientras andaban. El pasillo, al contrario que los demás, ahora tenía una moqueta roja en el suelo, con las paredes de madera, más parecida a una casa que a una base militar ultra moderna. Susan detuvo entonces a su hermana con el brazo, e indicó a Marin a que miraran hacia una estantería en el otro extremo, en una habitación, aunque más bien parecía una biblioteca.

-Parece la biblioteca privada de alguien…-le indicó Susan, a lo que la otra asintió- Parece que sea la de Anthéa o Waldo, tiene toda la pinta. Fíjate en los libros, hay cientos de manuales de mitología e historia nórdica- efectivamente, ahí había un gran número de novelas y libros didácticos de cuentos e historias de los vikingos. Se fijaron en particular en un libro llamado Enemigo Primordial, la batalla definitiva del Olimpo. No tenían tiempo de pararse a leerse sinopsis de ningún tipo, pero parecía interesante, con semidioses y héroes de muchas culturas luchando contra un enemigo común. Se lo leerían más tarde. Salieron de allí por una puerta lateral, y llegaron a unas escaleras, acompañados por un zumbido bastante intenso.

-Deben ser más robots…- Susan había acertado, pues en ese caso, se trataban de una especie de libélulas con tres pares de alas, un cuerpo verdoso, un láser en su rostro que se asemejaba a lo que sería su pico, y el mismo símbolo que tenía el anterior robot. En este caso, eran tres, y volaban en perfecta formación.

Con su destornillador sónico, Susan les comenzó a confundir, y, ayudada por Marin, les derribó son demasiados problemas, pues los ultrasonidos del destornillador interfirieron con sus sensores de vuelo, así como en la precisión del mismo, y acabaron chocando con las paredes o entre ellos mismos, hasta caer, desconectados, al suelo. Pasaron sobre ellos corriendo, y Susan le pidió a su hermana que se diera prisa, pues se encontraban cerca de su objetivo final, es decir, la salida. Pero aún les faltaba una última prueba, pues ante ellas se abrió una enorme sala laberíntica, una que no aparecía en el mapa. Ambas gruñeron.

-Se supone que ahora tendríamos que estar subiendo por unas escaleras hasta una salida lateral, no tener que cruzar un maldito laberinto…- gruñó Susan en su mente, a lo que Marin sólo pudo responder con un suspiro molesto.

Ambas se miraron, se tomaron de la mano, y se concentraron. Los Señores del Tiempo podían notar el fluir del tiempo, la rotación de los planetas, su movimiento a través del espacio y el tiempo, e incluso podían saber cómo estaban dispuestas las cosas a su alrededor sin necesidad de verlas. El desarrollo del cerebro de los de su especie había llegado a esos extremos tras millones de años de evolución, y una pequeña ayuda de la ingeniería genética, que aunque al principio tuvo mucha controversia, las mejoras que suponían eran muy superiores a cualquier duda moral o teológica, ya más que superada por los suyos, aunque no estaban exentos de sus propios mitos modernos. Sin decir nada, se concentraron en el laberinto ante ellas, y comenzaron a andar, con cuidado para posibles trampas. Izquierda, derecha, derecha, tres izquierdas, cuatro derechas, medio lado, tercera salida, cuarta pared a la izquierda… Poco a poco, fueron avanzando por el laberinto en silencio absoluto, y evitaban las trampas con facilidad, pues podían notarlas en cuanto se acercaban a ellas, y con sus destornilladores las anulaban. Llegó un momento en el que sólo quedaba cruzar u pequeño pasillo, peor sin fiarse, avanzaron al mismo ritmo de siempre, pues ya en más de una ocasión habían notado que los muros se desplazaban ante ellas, y tenían que cambiar de dirección pues la configuración del laberinto cambiaba. Había pasado ya varias veces que estaban a punto de llegar a la salida, pero ese cambio impedía que pudieran salir. Pero en esa ocasión, no cambió de estructura, y salieron finalmente. La luz del sol entonces bañó sus rostros, y se permitieron abrir los ojos entonces. Allí estaba el resto, algunos con caras de orgullo, otros sonriendo, y otros con mala cara mientras se pasaban billetes o incluso se daban golpes en la espalda entre risas y gritos de molestia.

-¿Qué pasa?- preguntó Susa, acercándose. Sería Electra (910) quien respondiera, con un rotulador en la boca y tachando y haciendo flechas en una pizarra- Hemoz hecho apueztaz sobre zi podíais calor o no chicaz- les explicó, sonriendo.

Varios les pasaban billetes de todos los colores y valores, mientras los hermanos Miguel y Noelia se peleaban, por enésima vez en el día, por algo relacionado con una apuesta sobre recoger el cuarto del otro o algo así. No le dieron demasiada importancia, mientras Anthéa y Waldo se acercaban a ellas para quitarles los collarines que, en teoría, anulaban sus poderes. En teoría, por que ellas se lo quitaron sin demasiados problemas.

-Tendréis que repararlos, no han podido anular nuestro poder, me temo- dijo Marin, algo divertida, mientras les entregaba el aparato.

Efectivamente, este estaba totalmente saturado, con la parte electrónica totalmente negra y algo requemada.

Estos suspiraron, mientras los tomaban y guardaban en sus bolsillos. Entre gritos de diversión, fueron volviendo a la base, mientras las dos damas del tipo aseguraban que volverían a activar todos los robots que habían desactivado, así como las trampas que habían desarticulado, aunque la Aelita y Aurora del universo 910 pidieron que por favor mejoraran esas trampas con mejores dispositivos, e incluso con algo de tecnología de su propia especie. Era buena idea, pues podían tener unas celdas más grandes por dentro que por fuera, tecnología pandimensional bastante sencilla una vez que unificas la física cuántica y la física clásica con las fórmulas adecuadas. La especie humana aún no lo había logrado y ambas damas del tiempo se negaban a mostrarles el medio para ello, eso debían descubrirlo los humanos por si misma. Además, les habían pedido varias veces que les mostraran la tecnología natal de su mundo más en general, pero igualmente habían mostrado una negativa tajante. Y como ambas eran más tercas que una mula, no habían logrado nada.

-¡Me ha encantado lo que habéis hecho!- comentó Marin (910), mientras les tendía un papel a a ambas para que firmaran. Estas lo hicieron encatadas y con una ligera sonrisa.

Ya en más de una ocasión les habían pedido que les hablaran de su mundo, y como eran tan adorables, al final acababan cediendo a sus peticiones. Eran fan declaradas de ellas, así como de la serie que en su mundo relataban algo que era ficción en el universo 910, aunque era bien real en el 911.

-La verdad, nos lo habéis puesto difícil- comento Marin (911), mientras les tendía el papel de vuelta. Las dos hermanas guerreras se miraron y sacaron varias fotos de las mismas, mientras cuchicheaban sobre quien se quedaría con la misma.

Con eso, y ya demostradas sus capacidades como damas del tiempo y que podían mucho con sus meros talentos naturales, anduvieron para ir a tomar algo con sus compañeros guerreros a algún sitio, pues claramente se lo habían ganado totalmente.

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, que pertenece a Doctor Who.