Hey! ¡Hola a todos de nuevo! Gentecita chula, antes de interrumpir este semi eterno hiatus (risas y muchas risas, si, usé la palabra hiatus, porque no tengo ninguna otra manera de llamar a todo este tiempo, lo siento), no voy a demorarme mucho con mi saludo, sabrán que yo derrocho mi miel y cago unicornios y corazones y gatitos bebé en la parte de abajo, pero sentí que ameritaba el que hubiese un aviso antes de por fin ¡POR FIN! traerles la continuación de este fic para rectificarles que si, si ¡SI! Sigo viva, entera, con todos mis miembros en mi cuerpecito hermoso y que no, no gentecita, de ninguna manera dejaría abandonada esta historia.

Ahora, antes que nada debo de agradecerles muchísimo todos sus bellos reviews, de verdad, en estos tiempos raros que he pasado el que de pronto revise el correo y me llegue la sorpresa de que hay un nuevo seguidor o favorito me hacía el día, y cuando recibía un nuevo review me sentía como el peor pepinillo malvado del mundo mundial y a la vez tan feliz como para reventar. Lo juro, me hacen el día cuando dejan un comentario, se les ama y se les extrañó muchísimo en este tiempo, enserio :')

Mi choro mareador vendrá hasta abajo, as always, pero una mención especial a esas personillas que pese a todo el tiempo que pasó siguieron aquí y me mandaron hermosos PM's y reviews de amor verdadero (si, vengo más gay que nunca, lo siento, pasó el catorce y esas cosas bobas) primero que nada a esa mujercita especial y besha; que antes tenía el nickname de Black Cat 1995 y ahora es AnVi 1995 (nena mía, espero nuestro siñor fanfiction no nos trolleé de nuevo con tu nick xDU), la bellísima autora de Diabólicas inspiraciones, mujer me pasaré a leerte en voz de ya cuando termine de escribir mis pendientes, promesa de Samsi ,

Otra mención bellísima para mi hermosa marugenia, amor mío no nos hemos visto en muchísimo tiempo y espero de alguna forma estes leyendo esto para que sepas que te hamo con todo el hamor de mi kokoro y espero leerte por aquí nuevamente :'3 (y verte para darnos hamor, lo juro)

iruze-chan, gracias por todos tus bellos reviews, saludos desde mi caja mágica de amor!

Kaze no fuyu 2, creo veive, tu último review llegó como guest, espero leas esto porque sé que eres mi tocaya y en estos días me he puesto a pensar en que tengo muchas tocayas en el mundo del fanfic y la escritura, joder, habría de hacer una reunión de Sams(?) que escriben y darnos amor del bueno, en la vida real, lejos del internet no he conocido a otras Sams con intereses similares a los míos, es muy curioso porque generalmente son chicas muy lejanas a mí, en realidad ninguna de mis tocayas reales me han caído bien :/ y pensar que en internet he encontrado a mis gemelas perdidas de nombre que son tan cajuais y buenas en esto, Dios, además de impactante me alegra muchísimo, no sé, estoy loquita xDDU De Sam a Sam espero no odies a nuestra Sam en el fic ¡MERECE TODO NUESTRO AMOR(?)!

Mentes Perversas, sé que te has cambiado de nick cuchumillón de veces y bueno, no me he olvidado de ti, de verdad, tus reviews siempre son larguitos y bellos, me has sacado muchisimas sonrisas y si Lance roba corazones, es mi bebé favorito, hablando de otras cositas como el cambio en mi redacción pues... meh... te diré, ha sido todo un chanchullo de los gordos porque debo de admitir que hubo un período muy largo en el que práticamente dejé de escribir (música teatral) y pues al principio cuando lo retomé me saqué mucho de onda porque cuando escribía algo me daba cuenta de que llevaba un estilo diferente y me tomó muchos días el enderezarme para volver a darle el mismo tono al fic, siempre me ha gustado escribir este fic porque en realidad es bastante "relajado" y puedo improvisar y escribir mis cosas locas sin irme lejos de lo que nuestra Sam haría o diría, en general procuro ser graciosa cuando lo escribo y cargar de muchos feelings las partes dramáticas o serias dentro de la historia así que siempre me parece divertido el escribir esta historia y como que en aquel momento, cuando retomé la cosa de escribir luego de estar un tiempo retirada de esto pues si me costó algo, tuve que releerme la historia y buscar muchas cosas que me pusieran en el ánimo correcto (horas y horas de música, llamemosle Muse xDU) ¡Así que me alegró muchísimo cuando me dijiste que no notaste la diferencia! Porque joder, estaba loquisima con eso, pero no perdí mi toque (?) :')

Chica Plutonio, bebé, creo que tienes una de las menciones más honorificas de todas, mujercita bella, tu PM me hizo poner el grito en el cielo el otro día, sepase que todo lo que dije fue cierto, querida chica venezolana de mi kokoro (paréntesis, muchas de ustedes mujercitas bellas son de allá de Venezuela, un saludo con todo el flower power desde México!), pues, como dije en el PM, y si LO DIRÉ PÚBLICAMENTE, QUIERO UN JODIDO CHURRO(?), tuve muchos problemas gordos al inicio de este hiatus, primero, como creo ya les había dicho mi computadora maligna y mi internet confabularon, primero se me tronó el modem del internet y estuve algunas semanas sin él, y luego mi computadora murió de forma definitva, conseguí una bella y sensual laptop desde la que he escrito desde antes de agosto del año pasado, lo cierto es que en ese momento estaba bastante entrada con otro proyecto y como no les conté (creo) en ese momento estaba en mi perra crisis por la universidad, finalmente entré a la universidad, a estudiar Psicología y bueno, no tenía ni un hueco de tiempo para ponerme de lleno a escribir, entre la facultad, casa, el galán (si, novio confirmed), los trabajillos esporádicos que tuve pues estaba hecha papilla y no conseguía abrirme espacio para escribir. Luego pasaron otras cosas que diré abajo porque esto ya parece cuaresma xDU, pero buano, volviendo a darte el amor que te mereces debo de agradecerte mucho por seguir esperando por la continuación de este fic, por mandarme mensajitos y dejar tus bellos reviews en esta historia ¡De verdad, muchas gracias!

Shadechu Nightray, dechu-chan(?), gracias por todo el amor y los reviews llenos de locura como la biblia misma(?), espero aún quieras leerme, porque yo muero por volver a recibir noticia tuya, lo juro!

Itah Menher Zednan, veive, creo que te he respondido todos los reviews por Pm, pero no me basta para agradecerte el apoyo y los reviews! Besos de Samsi para ti!

sajarit, karlie, camila, shanny (veterana del fic ¡te comería a besos de verte en persona!), VioletaBlue, cuti unicorn(creo que iba así, lo siento, se me va la olla con facilidad .3.U), shampoochan 1999 (creo también eres veterana, como sea, igual hay amor para tú), kai el sonrisas caguai, Tears to Call my name, Rebeca 18, Allemande (como la canción en chelo, te hamo), Moni aka Aikia, Alegotica 12, jouheki-chan, Elizaabethh, Amy Unknown 3, Nubia 36 urias, gaby-chan, LizzySego, Darkrai Burdock (me huele a fan de pokemón, veo mi vicio en todos lados(?)), la señorita Slinky-Pink, yo soy tu fan de verdad con todo mi kokoro e iré a leerme tu fic en cuanto acabe mis pendientes ¡Ojalá leas esto! -shora-, a todos los guests que han dejado sus comentarios, a aquellos que se me ha escapado mencionarles, a los que siguen la historia y a mi Samsi la potato head llena de hamor, y que han puesto en favoritos esta historia, incluso a los malvados señores lectores fantasma de la web que no dejan review ni nada pero han leído mi locura desde el inicio ¡A todos ustedes un gran abrazo y un gracias del tamaño de china! Este capítulo es especial para todos ustedes señoritas, mujeres y gatos beshos del internet.

Si, nos leemos abajo con todo mi choro mareador pero necesario (?)

Disfruten del fic (corazones al infinito(?))

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Su señorita, danse macabre.

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Ahora no hay marcha atrás,

Lo hago para atacar.

Mi sangre canta con tu voz, quiero derramarla

Como un poseso, la bestia aúlla en mis venas

Quiero encontrarte, arrancar toda la ternura de ti

Howl – Florence and the Machine.

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"U.

No planeaba darte noticias tan pronto, pero he encontrado las piezas que faltan de la señora Barton.

Quiero saber, cómo es que las manos y los ojos de la jefa de policía Barton terminaron en mi habitación. Y de verdad, hónrame ahora con tu respuesta.

C, ¿Quieres una mano?"

Presioné enviar y esperé, sabía que lo hacía en vano, que Undertaker no respondería hoy y quizá tampoco mañana. Cabía la posibilidad de que jamás respondiera.

Me dejé caer en la cama de Sebastián, con el portátil sobre las piernas y me dediqué a observar el techo, estaba oscureciendo y aunque ya no había ni un rastro del paquete —cortesía de Sebastián Michaelis, el demonio pirómano de confianza—, no quería volver a entrar a mi cuarto, de ninguna forma.

Entonces el sonido de un correo recibido me hizo enderezarme.

"Carson City.

¡Ah, trae grandes noticias! Usted nunca se anda con pequeñeces, ciudad, y le diré con toda franqueza que las partes extraviadas que usted menciona de verdad estaban extraviadas. No tengo ni la menor idea de cómo es que han terminado en semejante lugar, pero si usted gusta, puede enviármelas de vuelta, a la dirección de la oficina forense. Sólo entonces puedo confirmarle si se trata de nuestra señora Barton y no de una mala broma.

U".

Me reí nerviosa ¿Enfrentar a la policía directamente cuando debía mantener un bajo perfil para que nadie más terminara como Anelise Barton?

No.

"Estimado U.

Le había mencionado antes de la posición en la que me encuentro ahora, me es imposible enviarle los restos de Barton, debo decir que ya ni siquiera dispongo de ellos. Mis "compañeros de aventura" de los que te he hablado antes, se han deshecho de ellos hace unos momentos.

C. c."

Escuché como tocaban la puerta y pese a mi silencio la puerta se abrió, el demonio entró a la habitación, serio, y aún parecía alterado, frustrado.

Me dedicó una sonrisa y caminó a la cama, sentándose a mi lado y apoyando la cabeza contra mi hombro.

— ¿Cómo te fue con Evan?—, murmuré, recargando la página una y otra vez en busca de la respuesta de Undertaker.

—Dijo que estabas loca, pero que lo haría, mañana mandará a un par de personas a instalar cámaras por toda la casa—, soltó en un suspiro, masajeándose la frente y asentí clickeando como loca.

— ¿Qué hay de lo demás?—, pregunté y dejé a un lado el portátil, apoyando mi cabeza sobre la suya.

—Nada que sirva, no hay huellas, ni rastros, no forzaron ninguna cerradura y todas las ventanas seguían cerradas. Revisé la ventilación pero no hay nada fuera de lo común—, comentó molesto y me mordí el labio.

—No es la primera vez que alguien se mete aquí—, murmuré recordando aquella ocasión, cuando intentaron ahorcarme, un escalofrió recorrió mi columna—, y por ahora lo único que se me ocurre es que quien lo haya hecho tenía una manera de entrar, pudo entrar por la puerta de la habitación de lavado y escabullirse fácilmente mientras Lance y tú estaban en la cocina, o quizá fue antes, cuando estaba por salir y me fuiste a dejar al auto que Evan mandó—, suspiré, incorporándome, sobándome las sienes y alcanzando de la mesita de noche unas gafas de montura negra.

Solía colocármelas en ocasiones, cuando la vista se me cansaba y me comenzaba a doler la cabeza.

—Como sea, entró sin que nada quedara fuera de su lugar, lo que nos dice que conoce esta casa y tiene llaves—, Sebastián se incorporó entonces y asentí—, o es un profesional en el allanamiento… o—, me tomé un momento para volver a pensar en lo que decía, porque pese a todo seguía siendo difícil de creer para mí—, o un ser sobrenatural ¿Alguna idea…?

Y me acomodé las gafas, mirando al demonio que sonreía complacido por mí respuesta.

—Ninguna por el momento, quien haya sido es lo suficientemente hábil como para ocultar su presencia

Suspiré ante sus palabras, cansada, abatida y por completo frustrada.

—Volvemos a lo mismo, no tenemos nada y la nota no sirve, es una hoja impresa sin ninguna rubrica ni nada que pueda ayudarnos ¡No hay nada!—, dije con fastidiado tirándome en la cama y cruzándome de brazos.

Y el sonido del correo nuevo me hizo gruñir.

Me levanté con lentitud, sin poder bajar mi coraje, Sebastián estaba quieto, mirándome, como si de pronto me hubiese salido otra cabeza en medio de la frente.

Alcancé el portátil refunfuñando por lo bajo.

"Querida C., :

Hay que aprender a contener los impulsos ¿O es que acaso sus socios de aventura se espantan ante algo como uno que otro resto humano que se ha infiltrado en la correspondencia…? Porque juntos hemos visto cosas peores que eso ciudad ¿O me equivoco?

Lo siento, mi estimada C, no era mi intención ofender a sus valientes compañeros. Pero me ha molestado mucho el no poder recibir y examinar yo mismo los restos. Y si, comprendo su situación, nos hemos metido en un asunto bien gordo ¿Verdad?

Lo sabe usted Carson, en este oficio los riesgos nunca terminan, por ahora no hay más que pueda decirle. Pero lo sabe bien, cualquier consulta que necesite en su juego estoy disponible. Lo mismo va para sus compañeros de aventura, por ahora le deseo una feliz noche de brujas. Los clientes que llegan son especialmente divertidos esta noche.

U. ¿Dulce o truco?"

Lo observé una vez más, el calendario permanecía ahí y era como un fantasma, lleno de notas y fechas que jamás llegarían.

Por ejemplo; la publicación del nuevo libro se haría el 4 de Noviembre, según lo que había planeado hace un mes, y la entrega a imprenta del manuscrito completo sería ayer. Y ahora, eso jamás iba a ocurrir. Mi libro jamás vería la luz y ninguna de las otras fechas marcadas relacionadas al libro o a la editorial se cumplirían jamás.

También había otras que se habían quedado en el olvido, acumulándose en el calendario con el pasar de los meses, los recuadros rosados que Jessica había rellenado meses atrás, el último de ellos estaba desapareciendo y extinguiéndose para siempre. Y era sin duda el más terrible de todos.

Recuerdo cuando se lo dije a Jess, y ella se puso como un toro, decía "¿Quién rayos planea una boda para día de Halloween?" y me miraba como si yo estuviera demente.

La realidad es que al principio se lo había dicho en broma y al final terminé convenciéndome yo sola de eso, y Jessica, la organizadora compulsiva había coloreado de rosa todas las casillas del calendario que tenían que ver con la —en ese entonces—, futura boda, y lo había puesto todo sobre notitas en forma de corazón; el día en que visitaríamos capillas, el día en que visitaríamos salones de fiesta, la prueba del vestido de novia, la prueba de los vestidos de las damas de honor, la prueba del pastel de boda, la visita que le haría a mis padres para presentarles a Richard, el día en que se armaría el menú para el banquete, escoger flores y todas las otras cosas que algo como eso implicaba, y finalmente el 31 de Octubre y entre semana se llevaría a cabo la afamada boda.

Y ese día era hoy.

El recuadro rosa seguía pintado en el calendario grande que estaba en el estudio, y nadie más que Jessica, Richard y yo sabían lo que significaba el color rosa en mi calendario lleno de notas y apuntes.

Tomé un marcador del escritorio y taché el recuadro como todos los anteriores a este. Y tomando una nota adhesiva decidí acabar con eso, hacerme a la idea de que ya nada de eso iba a pasar, porque ya no era, ni remotamente, la misma persona que al empezar el año.

Porque aún si esto terminaba y Richard estuviese a salvo, lo único que me aguardaba era una muerte segura.

"…no era la intensidad en el sentimiento sino la dulzura, la ternura… la calma y lentitud con la que le trasmitía su amor"*

Y leí una vez más la cita que había extraído de uno de los libros de Nicholas Wolff, sintiéndome una completa tonta porque finalmente Lance me había convencido de leerlos y tras empezar con el primero no había podido parar.

Me parecía que era lo más adecuado, para que, de alguna forma, si un día Richard encontrase esto, en ese futuro que anhelaba donde él estaría a salvo y lejos de esto, supiera que eso, la pequeña nota adhesiva que descansaba sobre el último recuadro rosado era mi despedida.

Y suspiré, pretendiendo que las lágrimas, la culpa, no amenazaban con llevárselo todo.

Me di la media vuelta, dándole la espalda al escritorio, sólo para ver una vez más el temible disfraz que esperaba por mí en el sofá del estudio.

La verdad no era feo, y tampoco me resultaba tan desagradable a cómo imaginé que sería. Debía de agradecerle a Tiffany por pensar en algo que fuera conmigo, en realidad se esmeraba mucho porque la ropa que me enviaba fuera de mi gusto y eso se lo agradecía infinitamente, porque hasta el momento ninguna prenda floreada o rosada, o excesivamente escotada se había infiltrado en mi nuevo guardarropa.

Volví a tomar entre mis manos el conjunto. Sabía que tenía que vestirme pronto o alguno de aquellos dos me sacaría a rastras del estudio. Y como ya me había tardado bastante eso no tardaría en ocurrir.

Así que mirando una vez más las cosas que había ahí para mí tortura comencé a vestirme. Maldiciendo en voz alta el cómo mi tía se había tomado la molestia de preparar hasta el más pequeño de los detalles. Y aunque me rehusaba a ponerme la provocativa lencería con ligueros me negaba a volver usar pantimedias en mi vida.

Así que me coloqué aquellos trozos de encaje oscuro, los ligueros y las finas medias de red que me llegaban a los muslos, donde se prendían las ligas a la media había una bonita cinta de encaje con un moño de color negro hecho de listón. Después me dispuse a colocarme el disfraz, primero la blusa, una delicada prenda de seda blanca, vaporosa y con un pronunciado escote en V en mi espalda, perlas en lugar de botones y pequeños holanes y lazos por todo el pecho de la blusa, con mangas largas que terminaban en una pequeña caída de trazos de seda, tiras de delicado encaje, confiriéndole un aspecto antiguo, desgastado.

Y después de abotonarme la blusa, comencé a colocarme la falda, sin saber realmente cómo es que debía de ponérmela, el color me encantaba, la tela suave pero un tanto gruesa y pesada de la falda en color borgoña caía en cortes irregulares, y apenas me la puse no pude evitar maldecir, era un falda preciosa pero no me apetecía enseñar todo lo que la falda dejaba al descubierto… caía desde mi lado derecho, dejando a la vista el lazo en la liga que sostenía la media, y caía desde ahí, como una cascada rojiza hasta llegar al suelo, cubriendo por completo mi pierna izquierda.

Me di una vuelta, descubriendo que efectivamente, lo mismo ocurría en la parte trasera de la falda, y si por algún motivo de la existencia se me ocurría agacharme no sólo mi pierna se expondría al mundo… ¡Genial…!

Suspiré ampliamente, alisando un poco los pliegues de la falda y observando la última pieza de ropa que reposaba sobre el sofá.

Un bonito, delicado y ajustado corsé de color crema con lazos y detalles en color piel, aplicaciones de reluciente plata que simulaban botones y exquisitas costuras doradas que surcaban la tela simulando delicadas y retorcidas enredaderas, pequeñas rosas doradas y pálidas. Era precioso, tan delicado y elegante, pero sobretodo diminuto ¿Cómo rayos iba a poder andar por ahí con aquella cosa tan ajustada?

Me mordí el labio, decidiendo, que pese a lo mucho que eso me avergonzaba pediría ayuda para ponerme esa cosa.

Así que me calcé las botas que venían junto al disfraz, mi parte favorita; brillantes botas negras de cuero que me llegaban a la rodilla, y pese a que el tacón era bastante alto me encantaba la forma que tenían, sobre todo porque eran de cordones y ese tipo de botas me encantaban.

Terminé de ponerme las botas, apretando bien los cordones y tomando una liga que llevaba alrededor de la muñeca me hice un moño relajado. Necesitaba averiguar cómo ponerme el corsé para después pedirle ayuda a Sebastián para apretarlo.

Así que, a cómo Dios me dio a entender, pasé el corsé por mi cabeza, cuidando de no maltratar el delicado encaje de las mangas de la blusa, y lo acomodé como pude, con los listones que unían el corsé en mi espalda.

Salí del estudio, vacilante, me encantaba el estilo de todo el conjunto pero seguía sin captarlo del todo… ¿Qué se supone que era, una refinada prostituta Victoriana?

Al principio fui tambaleándome por el pasillo, sin poder acostumbrarme del todo a las botas y sin molestarme a tocar entré a la habitación de Sebastián.

Y me sonrojé inmediatamente.

Sebastián estaba de espaldas a mí, pero sin duda se había dado cuenta de que yo estaba ahí; y no llevaba nada más que un bóxer, de esos pegaditos…

¡Madre Santa, ese si es un trasero…!

—Debes de aprender a tocar la puerta, un minuto antes y entonces habría sido una situación bastante comprometedora—, dijo, con una sonrisa burlona en el rostro, girándose un poco para mirarme con sus terribles ojos penetrantes, intensos y seductores.

—N-no molestes, creí que ya estarías listo…—, murmuré como una tonta, agachando la mirada y pegándome contra la pared.

—Necesitaba una ducha antes…—, y antes de sentir su aliento contra la piel expuesta de mi cuello ya había cerrado la puerta— ¿Y qué haces aquí de todas formas…?—, sus manos desnudas apresaron mi rostro hasta que su aliento acarició mis labios, podía sentir su piel, helada, aún por encima de la tela del traje— ¿Acaso buscas un momento a solas sin tu molesto amigo…?—, terminó de decir mordiendome levemente el lóbulo de la oreja y la corriente eléctrica que nació en mi vientre me hizo estremecer.

—No puedo ponerme yo sola el corsé—, atiné a decir intentando que la voz no me temblara y mordiéndome el labio con fuerza al terminar.

No supe bien cómo, pero en cuestión de segundos ya estaba con el rostro pegado a la pared y el demonio a mis espaldas deslizaba sus manos por mi cintura, acariciando la prenda, los listones del corsé.

—Avísame si llega a doler—, susurró contra mi cuello depositando un leve beso y pegando su pecho contra mi espalda.

Toda mi piel comenzó a cosquillear, a hormiguear, y de pronto una oleada de calor me golpeó con fuerza haciéndome temblar, jadear levemente.

Y recorrió toda mi piel expuesta con sus labios, bajando por mi cuello hasta llegar a uno de mis hombros, lo besó y mordió levemente para después seguir su recorrido por la parte superior de mi espalda. Y sus labios suaves, fríos, rosaron las puntas de la marca en mi espalda, solté un gemido ahogado ante el contacto, era como si de pronto sus labios estuviesen prendidos en llamas y sentirlo besando las puntas de la marca desataba un remolino de sensaciones dentro de mí. Como si de pronto todo quemara.

Pasó la punta de la lengua por el contorno de la marca y sentí que las rodillas me temblaban, mis piernas flaquearon y fue como un latigazo, desde mi bajo vientre que se expandió hasta llegar a mi pecho, explotando violentamente al volver a descender.

Entonces me soltó.

Y el calor de sus labios me abandonó, en su lugar, reemplazado por una leve presión en el estómago.

—Listo—, le oí decir, pero ni su aliento ni sus besos acompañaron sus palabras.

Me giré lentamente, aturdida, temblorosa con ambas manos toqué el corsé, me lo había puesto perfectamente, ajustado y bien acomodado, y yo ni siquiera me había dado cuenta.

Sebastián ya estaba del otro extremo de la habitación, frente al mueble donde guardaba su ropa, con una funda de trajes colgando de un brazo, extrajo del cajón un par de calcetines y una corbata. Sin molestarse en mirarme, por completo sumergido en su labor.

Tropecé, apoyando la espalda contra la pared, removiendo inquieta la tela de la falda entre mis manos, tambaleándome, sin poder calmarme.

Apenas y me había tocado y yo… ¿Y qué había sido eso…?

— ¿Necesita algo más, señorita?—, preguntó, de pronto frio, y había olvidado por completo cómo se escuchaba esa palabra emitida de sus labios.

De pronto la formalidad en su tono, la falsa cortesía me golpeó de lleno en el rostro y dentro de mí, profundo en mi pecho; algo comenzó a quebrarse.

Negué, sin saber qué decir y me mordí el labio con fuerza repeliendo su mirada, de pronto tan distante y helada.

— ¿Ya está lista?—, y su voz seguía distante, falsa y forzada.

—Ah…—, dudé un momento, mirando mis manos, me había pintado las uñas de un color rojo vino mientras divagaba en el estudio y recordé el otro paquete que Tiff había enviado—… necesito…—, y le miré entonces, Sebastián seguía al otro extremo de la habitación, dándome la espalda y para entonces ya llevaba pantalones negros e impecables y una camisa blanca— ¿Puedes ayudarme con el maquillaje…?—, susurré observándolo, sin poder moverme y él simplemente asintió con la cabeza.

Terminó de arreglarse la camisa y colocarse los zapatos, intachables mocasines negros, recién boleados, brillantes y elegantes.

Y hasta entonces, ignorando la frialdad en su trato me atreví a preguntarme la clase de disfraz que el demonio usaría.

Se acercó de vuelta, hasta mí, y me quedé anhelante de un contacto mucho más profundo, pero no, él simplemente me miró, y el fuego se había extinguido dentro de sus ojos carmesí. Me sonrió levemente, falso, y me pidió en un murmullo que bajara a la sala, que ya me maquillaría estando abajo, y permanecí como una estatua, petrificada en mi lugar.

Sebastián abrió la puerta y se dispuso a marcharse, sin agregar nada más, sin volver a mirarme.

Y no me atreví a detenerlo, le dejé marcharse, y luego de un par de minutos pude moverme, salir de ahí, regresando al estudio por una caja con el maquillaje que había llegado con el disfraz.

Bajé las escaleras con cuidado, y al llegar a la sala me topé con un Lance que luchaba por salir de un estado de conmoción. Aún podía ver el horror impreso en sus ojos, la ansiedad que manaba de él mientras fumaba en la estancia con los ojos de un gris bruñido perdidos en algún punto invisible.

No nos habíamos dicho nada desde que el infortunado paquete había aparecido esa mañana, no me atrevía a preguntarle nada respecto a eso. Lance había reaccionado al nombre de Anelisse Barton, conocía esa mirada, había algo más ahí, no era el simple hecho que implicaba la muerte de alguien, ni mucho menos el ver los restos, era ella, Lance la conocía, de alguna forma Lance Riddle estaba más implicado en esto de lo que me gustaba.

Lance estaba siendo dañado de manera directa.

Demasiado directa.

Primero Susan y ahora Barton.

Le miré por largos segundos mientras me acercaba silenciosamente a la estancia, observándolo soltar bocanadas de humo.

Llevaba un traje de caballero medieval, en específico un templario, con la cota de malla, diminutos eslabones de metal que hacían una pechera que sobresalía de las mangas del traje y con una pequeña capucha saliendo del cuello, y la túnica blanca con la cruz rojiza sobre su pecho, una capa blanca con otra cruz idéntica en mitad de su espalda.

Y al darse cuenta de que yo estaba ahí volvió a hacer la misma expresión de aquella vez en que salimos. Con las mejillas enrojecidas y abriendo la boca como un completo idiota, aplastó el cigarrillo contra el cenicero sin siquiera respirar, se pasó ambas manos por su cabello castaño y revuelto y luego se acarició la ligera barba, llevaba al menos una semana sin afeitarse…

—Santa madre de… de…

— ¡Para de mirarme así! —, chillé y me apresuré fulminarle con la mirada, esperando incomodarlo.

Pero Lance seguía con su cara de bobo, arrojando toda su deplorable expresión a la basura.

—Le debo veinte dólares al bastardo—, logró decir cuando salió de su trance de bobería y le fulminé con la mirada.

— ¿Ustedes dos, par de alimañas mantenidas apostaron sobre si me pondría el maldito disfraz?—, farfullé acercándome a Lance, apuntándole con el dedo justo en la mitad de su pecho.

—No, en realidad apostamos sobre…—, se detuvo en seco y frunció el entrecejo mientras volvía a pasarse una mano entre el cabello revuelto—, ya no importa, el punto es que perdí mis últimos veinte dólares…

—Dímelo ahora—, dije entre dientes intentando lucir amenazante, pero fue inútil y la burlona sonrisa de Lance terminó por contagiarme.

Terminamos por empezar una tonta pelea sobre nuestros disfraces, como cuando éramos pequeños y salíamos juntos a pedir dulces por las calles polvorientas y oscuras de Palm Distrit, aquellas historias tontas donde asustábamos a la dulce Isabel con nuestras terribles bromas y de cómo en más de una ocasión estando junto a Jessica en la secundaria teníamos maratónicas noches de películas de horror.

Había olvidado incluso la sesión de tortura que aún faltaba, darían casi las siete y en media hora comenzaría la fiesta, y por alguna razón era la primera vez en semanas que la lluvia no se hacía presente al caer la noche en la pacifica Weston Valley.

—El maquillaje—, la voz del demonio interrumpió una anécdota de Lance sobre cómo era la tienda en la que trabajaba de medio tiempo durante estas fechas…

Disimulé una sonrisa, mirando a Sebastián sin comprender bien del todo lo que me decía, en realidad, ya no podía comprender mucho de lo que pasaba… ¿Qué clase de disfraz era ese…?

Escuché la tremenda carcajada de Lance a mis espaldas mientras yo avanzaba en dirección a Sebastián como sumergida en un trance estúpido.

Fue como transportarme en el tiempo, recordé lo que hacía meses el demonio me había contado durante una noche lluviosa, durante nuestra estadía en la casa de mis padres. Fue como si un invisible cuarteto de cuerdas anunciara y ambientara la mala broma. Pero no, dejando la alucinación de violines y chelos, de brillantes candelabros y suntuosas alfombras, cubiertos de plata y recatadas señoras con corsets y faldas amponas; ese ente extraño que me invitaba a sentarme en un banquillo no era otro sino Sebastián. Siendo lo que siempre había presumido ser.

Un mayordomo inglés.

Con el impecable frac negro, sin ni una sola arruga o imperfección, la impoluta camisa blanca de cuello alto, con la corbata negra de delicada seda, el saco abierto de color negro con botones plateados en el pecho y en las mangas, el chaleco gris con pequeños botones negros y una cadena plateada fija en uno de los botones para ocultarse tras el saco. Los perfectos pantalones de vestir, con los brillantes mocasines negros y el par de guantes cubriendo sus manos, blancos, perfectos.

Y pese a que todo parecía viejo y anticuado, sobre él resultaba natural, elegante, incluso parecía apegarse a su cuerpo, amoldándose a él como si fuera una segunda piel. Enmarcando a la perfección a Sebastián, como si el traje elegante y negro representase todos los elementos que lo componían. El misterio, la terrible seducción, la indiscutible elegancia y pretensión en él.

—Quédate los veinte dólares, son tu propina de hoy—, se mofó Lance y regresé de la tierra de los idiotas para sentarme en el banquillo que el demonio me ofrecía.

—Que amable de tu parte, Riddle—, contestó el demonio y el tacto aterciopelado de los guantes me hizo estremecer.

Sólo alcancé a ver cómo es que Lance se esfumaba de la estancia con el ceño terriblemente fruncido, algo que no entiendo, pero de inmediato le resté importancia, de hecho todo deja de importar. Sebastián comienza a acariciar levemente cada lugar donde sus manos pasan y yo apenas entiendo cómo es que debo respirar. Pretendo mantenerme estoica ante su contacto pero cuando él termina de peinar mi cabello y se planta frente a mí, su sonrisa ladina, burlona, estoy más que segura que estoy de todas las formas menos calmada.

— ¿Has hecho algo así antes?—, le pregunto, porque si él sigue mirándome de esa forma en que sus ojos parecen ser los de una bestia, esa mirada depredadora con que desarma por completo cualquier resistencia o cordura dentro de mí; si me quedo en silencio sé qué pasará cualquier cosa menos que él me maquille.

Me mira con curiosidad mientras abre el paquete con el maquillaje.

— ¿A qué se refiere?—, me interroga sin inmutarse ante el montón de productos que va sacando de la caja.

Y no puedo evitar mirar con atención, incluso con algo de horror el montón de frascos y cajas que contenía el paquete de maquillaje.

Aparto la mirada del desfile de cosméticos y de sus ojos carmesí, intentando concentrarme, de encontrar una pregunta que merezca la pena porque pocas veces el demonio parece dispuesto a hablar de verdad conmigo.

Me muerdo el labio inferior con fuerza, la verdad tengo muchísimas interrogantes en mente pero sé que cualquiera de esas preguntas en mi cabeza podría volver a dejarme dentro de un campo minado separándome de Sebastián.

Todo es tan complicado ahora…

¿Qué rayos podría preguntarle sin cagarla en el proceso?

Hey, oye ¿Alguna vez te acostaste con algún otro de tus contratistas? ¿O con algún otro ser humano?

No, no, cállate Samantha. Cállate.

Enfócate, hay cosas más serias que tus hormonas torpes, sí, eso, por ejemplo lo de esta mañana…

No.

No, no, el punto es estar tranquila, olvidarme unas horas de la muerte, los cadáveres y todas esas cosas horribles…

— ¿Está bien…?—, su voz me acaricia una mejilla y cierro los ojos, temblando ante la sensación de su cálido aliento contra mi piel.

Oh, vil e insensata mojigata, como si no te hubieses pasado estas últimas semanas revolcándote con él…

Doy un asentimiento intentando no volverme loca, porque yo sola estoy más revuelta que una sopa de letras.

Y entonces abro los ojos, y mi cerebro termina por hacer corto circuito ante la cercanía de Sebastián, con sus manos, ocultas bajo los pulcros guantes blancos; apresa mi rostro, presionando levemente mis mejillas y si llegara a acercarse un poco más su nariz tocaría la mía. Siento su aliento y lucho contra las ganas de mandar todo al diablo y lanzarme sobre él.

—No—, consigue decir y en menos de un segundo estoy libre de sus manos, de su mirada hipnótica, revisa los frascos, los pequeños botes de maquillaje y me da la espalda.

Y vuelvo a quedarme estática, como una completa idiota, sin mover ni un solo musculo.

Parpadeo un par de veces por completo confundida antes de que él vuelva a girarse en mi dirección con una pequeña botella de base de maquillaje y una esponja para aplicar el maquillaje.

Me mira unos segundos antes de dejar las cosas sobre una mesita a un lado de mí.

— ¿No qué?—, pregunto y lo único que recibo en respuesta es su silencio.

Le veo quitarse ambos guantes con cuidado, en movimiento lentos que pronto vuelven a dejarme como una idiota.

Vuelve a tomar la esponja y la botella y comienza a aplicarme el maquillaje, pasando la esponja con delicadeza por mi rostro. Esta por completo concentrado en su tarea, sin decir nada, sin hacer la más mínima expresión, con una mirada vacía y una expresión inexistente, le miro fijamente, molestándome conforme pasan los segundos, por completo incómoda ante su silencio.

Sé que me ignora, hace lo mismo que hace unos minutos.

Se acerca, me hace temblar y sonrojarme como tonta y luego vuelve a alejarse, a comportarse frio y distante.

Termina con la base y vuelve a lo mismo, sin decirme nada, remueve pacientemente los frascos hasta que encuentra lo que quiere y vuelve a girarse en mi dirección, con las manos repletas de envases de maquillaje.

Por un momento le observo relajar su expresión, haciendo una mueca tan mínima que apenas y logro percibirla, pero ahí está, una pequeña sonrisa burlona. Me relajo un poco, pero su silencio aún me tiene molesta y le miro con cuidado, como si estuviese a punto de realizar una operación realmente complicada.

Y de no haber sido porque él ya me había ayudado a aplicarme maquillaje antes de verdad habría estado horrorizada.

—Cierra los ojos—, ordenó y le fulminé con la mirada antes de hacerlo.

Seguí molesta con él pese a que la brocha que usaba para aplicarme polvo compacto me hacía cosquillas.

—Deja de hacer eso, no puedo dejarte linda si arrugas así la nariz—, dice con burla y aunque quiero golpearlo sé que es mejor así.

Sonrió de lado y me atrevo a bromear con él.

— ¿Qué, ahora resulta que no soy linda sin maquillaje?—, me atrevo a decir y pese a que él no contesta sé que sonríe. Con burla pero lo hace.

Con uno de sus dedos, fríos y suaves, me da un par de golpecitos en el puente de la nariz y esta vez sí que quiero golpearlo, pero no hago nada, pese a lo mucho que me avergüenza que toque de esa forma mi rostro.

Como el tipo de gestos que hacia Jerry cuando yo era pequeña, o la abuela Camille al saludarme y después pellizcarme las mejillas hasta que la cara me dolía.

El suave tacto de sus manos me abandona de nuevo y me quedo expectante de lo que pueda ocurrir.

Vuelve a pasarme la brocha por la cara, en la zona de los pómulos, y un poco en la punta de la nariz, unas cuantas pinceladas sobre mis parpados. Reprimo una risita estúpida y termino relajándome por completo.

—No vayas a moverte y no abras los ojos—, me pide y nuevamente su aliento cálido acaricia mi piel, lo siento contra mi barbilla, tan terriblemente cerca.

Intento obedecerle, ignorar por completo las reacciones de mi cuerpo, el estúpido cosquilleo en mi estómago, el sudor en mis manos, el ardor en mi piel.

Sé que está maquillándome los ojos, que está aplicando delineador porque dos de sus dedos se aferran suavemente a mi barbilla y la sensación del lápiz deslizándose cuidadosamente por mi papado se hace presente. Quiero de verdad quedarme quieta pero sentir su respiración contra mi piel es demasiado, su aliento choca directamente contra mis labios, y no es una respiración calmada y apacible, no… parece agitado…

Termina rápidamente con el maquillaje en mis ojos y al sentirle lejos respiro hondo, intentando no suspirar como una perfecta idiota, pero no lo logro, sus dedos siguen tomando mi barbilla y mi piel comienza a arder, a quemar.

—Para de hacer eso—, espeta y su voz es un sonido ronco, intimidante.

Abro los ojos, no sé qué he hecho pero parece por completo enojado.

— ¿Qué te sucede?—, le replico intentando ignorar la manera en que sus ojos me miran, el color, el rojo brillante, terrible.

—Sólo para, quédate quieta—, responde Sebastián de mala gana y doy un bufido.

—No—, suelto entre dientes y giro el rostro, no quiero mirarlo, no quiero ver esa mirada en él. Esa que me implora por arrojarme a sus brazos.

Mierda…

¿Qué? Sé bien que estoy actuando como una niña, como una adolescente con las hormonas en plena revolución ¡Pero es el jodido Sebastián Michaelis al que tengo enfrente!

Y entonces con ambas manos vuelve a tomar mi rostro, brusco, me hace girar la cabeza en su dirección y espero a que no note mi sonrojo, que el maquillaje sea lo suficiente para ocultar el resplandor en mis mejillas. Algo por completo estúpido, considerando que también me aplicó rubor a juzgar por los pequeños frascos de polvo sonrosado que hay en la mesilla.

—Para de hacerlo ya—, ordena casi a gritos y me quedo por completo desconcertada.

Me pasa un pulgar por el labio superior, la piel de sus manos, de sus dedos; está caliente, arde, me hace temblar mientras su dedo, lenta y tortuosamente continua acariciando mi labio, baja a mi labio inferior y sólo entonces consigo darme cuenta de que me había mordido el labio todo ese tiempo.

Quiero echarme a reír, aunque ya no sé si es por burlarme del demonio o porque los nervios están pulverizándome.

Suelto mi labio y me quedo quieta, sin siquiera poder parpadear. El demonio se aleja, me da la espalda una vez más y le escucho suspirar, o jadear, no lo sé, pero el sonido es apenas perceptible y no mueve ni un solo músculo.

Vuelve a encararme y con un pequeño pincel lleno de pintalabios rojo se acerca a mí, vuelve a tomarme de la barbilla, esta vez ejerciendo más fuera, y soy incapaz de moverme, entreabro los labios e intento esquivar su mirada, siento que de un momento a otro yo podría entrar en combustión espontánea porque nunca antes había sentido el rostro tan caliente como en ese momento.

Me pinta los labios pasando repetidas veces la brocha llena de pintalabios rojo. Y cuando termina, sin decirme nada, deja entre mis manos un rizador de pestañas y un envase de rímel, guarda todo lo demás en la caja y vuelve a irse.

Y por segunda vez en el día me quedo atontada mientras lo veo irse, sin saber por qué rayos es que me siento de esta forma.

¿Recuerdan aquellos ridículos bailes de graduación? ¿No? Como las escenas de las películas americanas, donde la chica tímida con frenillos deja de ser el patito feo para convertirse en un hermoso cisne, empaquetada en un vestido rosa chillón con volantes y los ridículos tacones altísimos que la hacen caminar como un cervatillo recién nacido. Donde milagrosamente el alto, rubio, estúpidamente atractivo (tiene que ser el maldito mariscal de campo, si ese, por el cual toda chica promedio babeaba y lanzaba las bragas al aire), parece por fin haberse dado cuenta de que laseñoritapatitofeo en realidad es el amor de su vida. Ya saben, típica película de adolescentes donde nos lavan los sesos para que comprendamos que el amor adolescente es salvaje y apasionado y que todos queremos ser la chica patito feo que se queda con el bombonazo rubio y de dos metros y ser la maldita reina del baile. Y al final todo lo que obtenemos es un final a lo Carrie de Stephen King, con la sangre, los destripamientos y las chicas muy maquilladas hechas mierda en el suelo del gimnasio escolar.

La verdad es que no había podido ir a mi propio baile de graduación de secundaria cuando llegó el momento.

Ilusionada como una boba adolescente esperaba envuelta en una frazada mientras veía torpes películas de comedia a que Jacob Sullivan llegara como el príncipe azul montado en su corcel blanco (una de esas cutres carrozas, digo, limosinas blancas con asientos de terciopelo rojo y olor a ropero de abuelita), trajeado, con uno de esos ramilletes que dan comezón y sus bonitos ojos claros reluciendo victimas de nuestro loco "amor" adolescente. Para restregarle al cascaron vacío y plástico de Natalie Redford, la perra Redford mi triunfo por encima de ella al quedarme con el galán de secundaria. Y como sospecharan Jacob nunca se presentó para llevarme al baile de graduación al puro estilo de la maldita cenicienta.

Incluso había aceptado la molesta insistencia de Isabel por comprarme un vergonzoso vestido amarillo chillón por si las dudas.

En su lugar, en vez de un príncipe, corceles y vestidos de muñeca, había recibido en la puerta del departamento a una llorosa Jessica Sammuels enfundada en un horroroso vestido color ciruela que acabada esa noche decidimos quemar en el almacén del edificio, y como no, un fastidiado pero demasiado gentil Lance Riddle haciéndola del mejor amigo con su ejército de espinillas en el rostro y los prominentes dientes recubiertos por los frenillos.

Fue en aquel momento en el cual supe que aquellos dos resultaban indispensables para mí, así como yo para ellos. Y pese a la decepción inicial al verles en mi puerta en lugar de al galanazo de Jake y no pasar por la mentira de la noche de cuento de hadas, me di cuenta de que entre esos dos, el chico friki lleno de acné que resultaba mucho más sensible de lo que yo sería nunca y una llorosa Jess usando una camiseta demasiado grande y una ridícula pijama de unicornios, supe, de alguna manera loca, que esa era otra manera en la cual podía materializar la felicidad. Que aún si todo se iba al traste en casa ellos serían mi familia.

Pero dejando de lado la cursi escena donde Sam, la niña amargada descubría que era capaz de amar a otros sin que se convirtiera en un desastre; volvamos a la escena ridícula de los bailes de graduación.

Sí, ya saben, globos, petardos de confeti, asqueroso ponche de frutas demasiado dulce y la señora chismosa del barrio fungiendo como chaperona. Ya, la misma fastuosa cochinada que se nos vende en las películas americanas.

Pues fue algo así, al entrar a la dichosa fiesta de disfraces, una glorificada remasterización del baile de graduación, dentro de un gimnasio escolar, sólo que en lugar de las mismas molestas personas de la escuela se encontraban las versiones mayores y decrépitas de esas falsas sonrisas.

Lo que se traduce a alcohol, demasiados escotes y un insufrible aroma a humanidad concentrado bajo las luces titilantes de una resbaladiza pista de baile.

Sí, todos los adultos de la pacifica Weston Valley habían decidido, tras el bajón de azúcar de sus hijos y tras un año de ser recatados y simpáticos que podrían perderse a sí mismos una única noche en el lugar donde seguro habían vivido las jornadas más bochornosas de su perdida juventud y refrescar los viejos recuerdos con unos cuantos trozos de tela brillante y demasiado alcohol como para recordar algo a la mañana siguiente.

Bien, debo admitir que me encanta este lugar.

¿Qué?

Ya saben, alcohol + Sam = a toneladas de diversión.

— ¡Mira por allá, hay una Sally!—, chillé apuntando directo a la multitud con un falso entusiasmo que me estaba saliendo de maravilla.

Tomé del brazo a Lance y lo jalé en dirección a la presunta Sally, ignorando olímpicamente el pequeño montón de chicas congregadas entorno a Sebastián desde que pusimos un solo pie en el gimnasio acondicionado como un tugurio barato. Más allá de lo del alcohol implícito en el ambiente, la idea de animar a un apagado Lance Riddle retumbaba en mi cabeza con más fuerza que el empinarme un millar de chupitos.

¿Qué, ahora una no puede ser buena ni preocuparse por sus amigos? Dejen de mirarme como el puto bicho raro que soy.

—Sammie, no veo un carajo entre toda esta gente, para—, le oí decir conteniendo una risa porque de seguro me veía de lo más graciosa persiguiendo a una desconocida a tropezones debido a los altísimos tacones de las botas.

—Como quieras Riddle, vayamos por un trago—, medio grité por sobre la música estridente, me importaba un comino la resistencia que oponía a Lance mientras éramos apretujados de camino a la improvisada barra montada en lo más profundo del gimnasio.

Tan pronto conseguimos sortear a la multitud de montones de hombres disfrazados de Drácula y a varias decenas de mujeres con diminutos vestidos brillantes a saber de qué iban pero con el apelativo "sexi" en los trozos de tela que llevaban como disfraces; me senté como pude sobre uno de los banquillos frente a la barra sin soltar en ningún momento la mano de Lance.

—Es como estar en la facultad—, le escucho decir y se sienta en un banquillo a mi lado con una sonrisa de medio lado que sin duda le arrebataría el sueño a cualquiera— más que nada esto es como…

— ¿El ridículo baile de graduación?—contesto y consigo sacarle una carcajada.

—No seas ridícula Sammie, como una de esas fiestas locas que hacen los de las fraternidades ¿Nunca fuiste a una?—, se burla con esa irritante sonrisita mientras le pido a la chica de la barra (una aberrante conejita sexi en lencería) que nos traiga una ronda de chupitos.

—No en realidad, era la más joven de la facultad y les asustaba que los detuvieran por darle licor a una menor o algo así… —la aberrante camarera nos sirve los tragos sin omitir el inclinarse sobre la barra con coquetería y embarrar sus flácidos melones en la barra— y no era realmente la chica sociable y fiestera durante la universidad, realmente me gustaba ser invisible en aquel momento…

Le sonrío brevemente a Lance antes de contar hasta tres y acabarnos el chupito de un trago. El tequila sigue causando ese ardor en mi garganta, como si tomara una dosis de agua hirviente, quema y el gusto es dulce pero al terminar de deslizarse por la garganta se vuelve amargo. Me hace cosquillas en el estómago y alcanzo la rodaja de limón de la barra para chuparla, el gusto ácido sólo consigue enfatizar el sabor del alcohol y me encanta, pido otra ronda y observo a Lance, y sé que luego del primer chupito mi falso entusiasmo es real.

—¿Entonces tú si ibas a las fiestas de la universidad?—pregunto curiosa entre gritos porque la multitud a reventado en una escandalosa ovación y es entonces que reparo en el hecho de que hay una banda tocando sobre una tarima en mitad de donde se supone estarían las gradas.

No reconozco la canción pero el ritmo de la batería es contagioso y animado y Lance y yo lanzamos un grito de apoyo desde la barra.

El siguiente chupito llega y brindamos antes de tomarlo, de un trago, arde, limón y pedimos la siguiente ronda.

— ¿Dónde quedó el inglés estirado?—, pregunta burlón y me hace sonreír, no por la broma si no porque verlo relajado me pone de buen humor.

Me encojo de hombros y nos bebemos la tercera ronda sin más.

Y debo suponer que es el efecto del tequila cuando al terminar de chupar la rodaja de limón siento un pinchazo en el pecho y me pican los ojos como si estuviese reteniendo las lágrimas.

Sin proponerlo estiro el cuello, escaneando la multitud en búsqueda del demonio pero parece haberse esfumado y se me forma un nudo gigantesco en la garganta. El juego de tira y afloja que empezó tras lo de esta mañana va a hacerme explotar y que se desaparezca justo ahora es increíblemente conveniente.

—No me importa, no es momento para esas cosas Lance—, suelto y en automático me arrepiento porque esa mirada turbada resurge en los bonitos ojos de mi amigo.

Nos tomamos el trago en silencio, con la música a todo lo que da a nuestras espaldas y ahora me siento como la mierda, una abochornada pila de mierda.

Luego del ritual tequila, Lance se pasa una mano por el pelo revuelto, no culpo a la horrenda conejita sexi de babear por él, incluso yo lo hago porque hay que decirlo, este patentado Lance Riddle está más bueno que el pan.

Incluso luciendo abatido parece un puto modelo de Calvin Klein.

—Hay algo que no te he dicho—, le escucho decir pero la música es ensordecedora y no estoy segura de que haya dicho eso.

Me levanto como un resorte del banco impulsada por la curiosidad y los cuatro chupitos, pero cuando ya estoy pegada a él, dispuesta a preguntarle lo que ha dicho alguien me jala de la muñeca izquierda y entre el cambio de ritmo de la canción y mi torpeza innata me encuentro perdida entre la masa de cuerpos sudorosos que se contonean ante el ritmo de la nueva canción.

Veo a Lance lo suficientemente lejos como para que sus gritos no lleguen hasta mí y el aliento de un desconocido choca contra la piel de mi cuello.

Quiero zafarme y correr de vuelta a la barra, pero estoy tan terriblemente asustada que no puedo oponer resistencia.

—Llevo deseando el tenerte así desde que te vi llegar, preciosa—, arrastra las palabras mientras me toma por las caderas y me pega contra él. Apesta a Ron y vete a saber a qué más.

El escuchar la voz de un pobre ebrio estúpida basta para tranquilizarme, no es ningún jodido secuestrador, sólo alguien que ha bebido demasiado como yo debería de estar haciendo justo ahora.

No, puede que él este lo suficientemente ebrio para esto, pero yo no y le propino un buen codazo justo en la barbilla.

Me giro para mirar al asqueroso sujeto más ebrio que una cuba, el muy jodido va disfrazado de Jack Sparrow y de haber estado ebria me habría partido de la risa; pero no, y lo fulmino con la mirada mientras lo veo sobándose la quijada y antes de que prosiga con sus asquerosas insinuaciones alguien más se une a la escena, a mis espaldas, pegando mi cuerpo contra un torso musculoso y cruza los brazos alrededor de mi cintura. Sé que es Lance, pero eso solo logra alterarme.

—Lo siento hermano—, se queja el ebrio desconocido levantando las manos como si la policía lo hubiese encontrado en pleno acto y se va como un perrito con la cola entre las patas.

Sé que no ha sido mi patético golpe lo que le ha hecho escapar, pero mi cerebro no logra concebir la imagen de un Lance furioso ante el hecho de alguien intentando pasarse conmigo, simplemente es una imagen que no existe para mi cabeza pero él está ahí y cuando me doy la vuelta logro ver como frunce el ceño de una manera aterradora. Y aquello pone a mi cabeza a volar, a trabajar a una marcha frenética.

No seas imbécil, es tu mejor amigo, es normal, se preocupa por ti así como tú por él.

Me mira e intenta calmarse, pero sigue ahí apretándome contra él sin aflojar su agarre ni un poco.

—Bailemos—, suelto atropelladamente y lo veo esbozando esa sonrisa que tras los cuatro chupitos me hace temblar como gelatina.

Nos mecemos torpemente al ritmo de una canción demasiado rápida y discordante al ligero vaivén de nuestros cuerpos aún apretados el uno contra el otro y pese a que la situación se me antoja de lo más incómoda no me atrevo a apartarlo.

Cuando por fin me suelta me sonríe, con esa sonrisa deslumbrante y me hace girar mientras me guía aún más profundo entre la multitud, acercándonos al escenario donde la banda que toca parece estar dejando el alma ante cada nota.

Y sólo entonces le presto verdadera atención a la agrupación sobre el escenario, no puedo evitar contagiarme por el ambiente y me siento tonta mientras levanto mi puño y vitoreo por lo alto, sin importarme el deshacer mi peinado o el hecho de que Lance sigue con ambas manos en mi cintura y no hay ni un rastro del demonio por ninguna parte.

Veo a los integrantes de la banda, una chica con el cabello rosado y un montón de perforaciones surcándole el rostro es quien toca el bajo, hay dos guitarristas, un chico alto y rubio quien a su vez canta con su potente voz a través del micrófono y el otro guitarrista, un chico de alborotado cabello rizado y negro mueve los dedos con maestría por su guitarra. Detrás de ellos tres está el baterista, un chico de gafas y cabello castaño que aporrea la batería con energía y a su lado una chelista, parece por completo fuera de lugar con su vestido largo y elegante, pero mueve un pie al mismo compás que la poderosa batería, del extremo opuesto a la chelista hay un chico delgado con una camiseta de tirantes que deja a la vista sus brazos tatuados sin ninguna porción de piel limpia y aunque el sonido de las teclas no es protagonista en las canciones toca las notas correctas como para volver perfectas las canciones de la banda en conjunto.

Entonces terminan la canción, sigo sin saber cuál era y entonces por primera vez en la noche Sebastián aparece en mi campo de visión, lo veo a un costado de la tarima, a pocos metros de mi mientras la banda habla con el público, veo a la pelirrosa con su cortísimo vestido ceñido contonearse al mismo costado del escenario donde se encuentra el demonio, la veo sonreír con coquetería igual que al demonio y de pronto están demasiado cerca para mi gusto, les miro susurrarse cosas al oído y cuando están a una distancia más prudente la pelirrosa le guiña un ojo y reúne a sus compañeros de banda a su alrededor.

No quiero ni imaginarme qué mierda ha pasado, ni sé si atribuirle o no al efecto tequila las sensaciones dentro de mí mientras veo a Sebastián acercarse a nosotros con esa sonrisa que sin duda alguna nubla la realidad para mí.

Lance sigue sosteniéndome por la cintura y cuando el demonio se planta a mi lado con una mirada iracunda le sonrío divertida, retándolo mientras me pego lo más posible a Lance.

Tal vez el tonto de Riddle no lo ha notado o le importa poco el que Sebastián tenga esa mirada de asesino en serie pero corresponde a mis movimientos mientras la banda termina su reunión y entonces el eco del chelo me pone los pelos de punta. Reconozco la canción de inmediato y sé que Lance también.

Y entonces sí le puedo atribuir todo al efecto tequila cuando los primeros compases de Time is running out** conmocionan a la multitud. Nunca la había escuchado con chelo pero me vuelve loca en cuanto las primeras notas vuelven a repetirse y esta vez el bajo y la batería acompañan el sonido del chelo en perfecta sincronía.

Sé que grito como una completa loca, dando saltitos de emoción, e incluso aparto a Lance para precipitarme sobre la barda que separa el borde del escenario de la multitud enloquecida.

Y mi euforia llega a nuevos niveles cuando la pelirrosa toma el micrófono entre sus manos y comienza a cantar con voz ronca y sensual la terrible letra que me pone a temblar. Como si fuera más oportuno Sebastián me pega contra su cuerpo, apartándome de la barda de contención pero me es imposible reclamarle, me pierdo en la letra.

I think I'm drowning

(Creo que estoy ahogándome)

No se compara a la voz de Mathew pero la canción me hace vibrar sin importar ese detalle y canto junto a ella, sin poder evitar el contonearme al ritmo de la canción. Siento el aliento del demonio rozar mi cuello, me eriza los vellos de la nuca y siento que podría derretirme en ese preciso momento, pues la voz grave, masculina y desquiciante de Sebastián repite la letra de la canción.

Asphyxiated

(Asfixiándome)

Escucharlo cantar contra mi oído es demasiado, pero aun así, cuando me da la vuelta y su mirada carmesí me recorre de arriba abajo no puedo evitar el que la cara me arda, sé que estoy demasiado sonrojada y toda mi piel comienza arder mientras me da la vuelta y me aferra a su pecho.

I want to breake the spell, that you've created.

(Quiero romper el hechizo que has creado)

You're something beautiful, a contradiction

(Eres algo hermoso, una contradicción)

I wanna play the game

(Quiero jugar el juego)

I want the friction

(Quiero la fricción)

Canta contra mi piel y soy ya la que esta presa de un hechizo, me parece por completo irónico, que él sea quien cante tal canción cuando yo soy la que está por completo rendida ante él desde el inicio de nuestra "relación".

Pero está ahí, siendo la más terrible de las contradicciones conocidas por mí. Bailando conmigo en medio de la multitud eufórica y con esa canción de fondo.

You will be the death of me

(Tú serás la muerte para mí)

Yeah,you will be the death of me

(Si, tú, serás mi muerte)

Pese a que no estoy lo suficientemente alcoholizada para dejarme llevar lo hago, me dejo llevar, aun cuando su juego de hace rato me está volviendo loca, no sé si justo ahora estamos en esa etapa del juego y después se alejará y se comportará como un idiota.

Lo cierto es que en este momento no me importa y dejo de sus manos se aferren a mis caderas para hacerme bajar al ritmo del bajo y el bendito chelo.

Bury it

(Entiérralo)

I won't let you bury it

(No te dejaré ocultarlo)

I won't let you smother it

(No te dejaré contenerlo)

I won't let you murder it

(No te dejaré quebrarme)

La manera en la cual enfatiza las últimas palabras de cada línea me provoca un escalofrío, sé que tal vez estoy algo aturdida por el tequila y el ambiente tan cargado y estruendoso, pero caigo en cuenta de que ha escogido esta canción a propósito, no porque sabe que me encanta y es de mis grupos favoritos, sino porque intenta decirme algo pero no quiero pensar en eso, es como repetir lo que me gritó durante aquella desastrosa discusión. Como si yo fuera realmente importante para él y no sólo un trozo de alimento, pero sé que eso es imposible, y saberlo sólo lo vuelve más difícil.

Our time is running out

(Nuestro tiempo se está acabando)

And our time is running out

(Y nuestro tiempo se está agotando)

Susurra contra el lóbulo de mi oído y me estremezco, sus dedos aún con los guantes, se sienten helados y siento su mano descender, acariciándome hasta que el tacto suave de sus manos enguantadas se cuela bajo la tela de la falda, sobre el termino de las medias y me acaricia los muslos con lentitud.

You can't push it underground

(No puedes mantenerlo en secreto)

We can't stop it screaming out

(No podemos parar de gritarlo)

Todo en mi arde para este punto, hay un incendio dentro de mí, el camino que han recorrido sus manos arde, quema, inhalar su perfume es como entrar en un estado de éxtasis. Sé que no es el tequila, que es el efecto Sebastián haciéndome temblar mientras bailamos. Es como una droga.

I wanted freedom

(Buscaba la libertad)

But I'm restricted

(Pero estoy encadenado)

I tried to give you up

(Traté de renunciar a ti)

But I'm addicted

(Pero soy un adicto)

Y soy una adicta de mierda.

Now that you know I'm trapped

(Ahora que sabes que estoy atrapado)

Sense of elation

(Eufórico)

Y sé que va más allá del momento, de la canción, la voz de Sebastián, el significado de la letra o el hecho de que hay una sensación naciendo en mi pecho que resulta desgarradora, que quiero llorar, no; es el fuego, que recorre mi cuerpo y ni siquiera el dolor puede eclipsarlo. Es esa misma energía terrible que existe entre nosotros, la misma que descubrí hace meses, cuando le conocí, la misma energía sombría que irradiaba su figura oscura, la misma sensación electrizante que me consumió desde aquella visita a mis padres, tras mi pesadilla durante nuestras vacaciones frustradas. La misma sensación agónica de tenerle a centímetros de distancia y sentir su aliento contra mis labios sin poder atreverme a besarlo.

Pero esta vez todo es aún más fuerte, como tras esa discusión, e ignoro todas las alarmas que gritan en mi cerebro y sólo obedezco al fuego que recorre mi cuerpo.

You'll never dream of breaking this fixation

(Ni sueñes con el curar esta obsesión)

Quiero ignorar sus manos acariciándome las piernas, reptando de mis muslos a mi trasero, quiero ignorar su sonrisa, la manera en la cual sus ojos brillan mientras me mira colapsar ante la tortura que significan los movimientos de su cadera cuando me estrecha contra él.

Pero no puedo alejarlo, no quiero hacerlo.

You will squeeze the life out of me

(Tú, drenarás la vida fuera de mí)

Y no puedo más, mis dedos se aferran al cuello de su camisa y lo jaló hasta mí, cuando sus labios por fin chocan contra los míos no me detengo a pensarlo ni un solo segundo.

Lo beso, hambrienta de contacto, por completo desesperada y la sensación hace que todo explote en mi pecho. Sus labios se mueven frenéticos sobre los míos, pero no es suficiente, quiero más, necesito más.

Mis dedos se deslizan a su cabello, jalo de él sin cuidado y le escucho jadear contra mi boca, aprovecho entonces para apresar su labio inferior entre mis dientes, rompo el contacto por unos breves segundos pero es él quien regresa el ataque. Su boca reclama la mía con vehemencia y su lengua se desliza entre mis labios.

Me toma por los muslos, levantándome del suelo, empujándome y la piel expuesta que no alcanza a cubrir la falda choca contra el gélido metal de la barda de contención.

Se me escapa un gemido al sentirlo colocarse entre mis piernas, y soy la más patética y grande de las idiotas porque me importa un reverendo pepino el estar en público y le rodeo con las piernas.

Es como si no existiera nada más. El sonido se va, dejó de escuchar la voz ronca de la chica mientras canta la letra que ya me sé, y el cómo rasga las cuerdas del bajo. Todo deja de estar ahí.

Sólo son sus labios sobre los míos, su aliento cálido, sus dedos suaves y fríos trazando círculos en las caras internas de mis muslos. Sólo es Sebastián y su aroma colándose por cada poro de mi piel.

Me encuentro sumergida en un éxtasis puro, es arrebatador, arranca todo de mí, lo arrebata con fuerza, quitando cada trozo de mi armadura. Sé que nunca he estado tan expuesta ante alguien como me encuentro ahora, es algo que va más allá de todo lo que he experimentado antes. Y aunque sea tan placentero, tan terriblemente bueno, la realidad vuelve, es como un puñetazo en la cara. La verdad cae con el peso de cientos de toneladas.

Y comienza a asfixiarme, justo cuando las últimas notas de la canción se escuchan y la multitud estalla eufórica entre gritos y aplausos.

Me suelta, y aprovecho para tomar todo el aire del que carecen mis pulmones.

Sigue mirándome de esa manera arrebatadora, está destruyéndome por dentro. Me mira de una manera diferente, hay algo distinto ahí, pero no me atrevo a seguir sosteniéndole la mirada, no quiero descubrirlo o hacerme ideas raras.

—Ya ha sido suficiente—, escucho un susurro a mis espaldas, su aliento gélido es inconfundible, la misma sensación nauseabunda se hace presente antes de que sus manos, mortalmente frías apresen mi cuello y me jalen con fuerza, arrastrándome lejos de Sebastián.

Pasa en cuestión de segundos, veo el caos sembrarse frente a mis ojos, a Sebastián siendo arrastrado por la multitud, todo es una masa de gritos y personas corriendo en todas direcciones.

Entonces los disparos empiezan, no comprendo nada, sólo puedo ver a Sebastián mientras continuo alejándome, incapaz de moverme.

Le escucho gritar mi nombre, escucho a Lance gritar buscándome, pero todo sonido es eclipsado por el rugido de los disparos.

Todo resulta tan aterrador y familiar cuando la oscuridad es lo único que percibo, el aire río y el murmullo de la lluvia, estoy por completo inmovilizada y no sé si es el terror o que me han hecho algo, no consigo discernir ninguna sensación en mi cuerpo más allá del frío.

Los sonidos se apagan, la multitud histérica está lejos y apenas consigo escucharla, los disparos se han vuelto chasquidos a la distancia, trato de moverme, me revuelvo inquieta, agitada, siento la ansiedad reptar por mi garganta, abriéndose pasa por mi cuerpo para salir y derrumbarme, está desgarrándome la garganta.

No, no puede estar pasándome esto de nuevo… no puede ser… ¡No de nuevo, no de nuevo!

No empieces a llorar ahora ¿Dónde quedó esa sonrisa encantadora?—, no reconozco la voz que se burla de mí, no sé ni de dónde viene, no distingo nada que pueda darme una pizca de reconocimiento en la voz masculina que me habla.

Pero hay algo que hace que tiemble sin poder evitarlo, es como un latigazo de frío y crudo terror golpeándome desde la base de la columna.

—No sabía que la pequeña bastarda fuera tan preciosa…—, murmura con el mismo tono burlón, como si contuviera una carcajada, y el frío penetrante de su piel rígida alcanza la piel de mis piernas, desgarra las medias cuando sus dedos trazan un camino ascendente hasta mis muslos y el ardor que se presenta cuando aferra ambas manos a mis muslos desnudos me hace pegar un grito de horror.

No puedo contenerlo, mi mente corre a una velocidad vertiginosa, me lo muestra todo de golpe, lo revive en menos de un segundo, todas esas manos tocándome, sus ojos feroces, sus bocas ensuciándome… el sujeto violándome…

¡No! ¡Suélteme! ¡Suélteme!—, me retuerzo desesperada, mi pecho late a mil por hora, no puedo resistirlo, el dolor me parte en dos y las arcadas me golpean, es como recibir cientos de puñaladas en el estómago.

No… no... no…

— ¡Zorra estúpida!—, ruge la voz y entonces puedo reconocerlo, el sabor amargo del vómito aún en mi boca, eso me golpea, sé que le ha bastado con mover un poco su mano pero es como si un auto me hubiera arrollado, impacto contra el piso frío y sucio.

Siento un chorro caliente entre mis labios y escurrir por un costado de mi cara.

La venda se mueve lo suficiente como para que pueda ver algo, no me muevo, me quedó ahí, como un bulto muerto y trato de observar todos los detalles que consigo ver frente a mí.

Sé que estoy en un pasillo, quizá el corredor principal de la segunda planta de la preparatoria de Weston, todo está a oscuras pero reconozco bien el lugar, es muy parecida a la preparatoria donde fui en mi ciudad natal.

Me tranquilizo un poco, muy poco, porque sé que Sebastián y Lance no pueden estar lejos, pero a la vez también me pone más nerviosa. Los disparos, me recuerda el sonido que viene del gimnasio, si Lance sigue ahí y le ha pasado algo… mierda ¡Mierda…!

Respira, para, sólo respira… respira…

Pero no puedo, el sonido de un disparo hace eco por todo el lugar, es como un trueno, cimbra el suelo y me encuentro como una idiota, gimoteando aterrada y hecha un ovillo sobre el piso, la carcajada a mis espaldas sólo consigue hacer que el horror crezca, que me desborde. Quiero pensar en algo que me estabilice un poco, quiero correr lejos de quien o lo que sea que me ha apartado de Sebastián, quiero incluso tener la fuerza suficiente para gritar como una loca patética el nombre de Sebastián pero todo cuanto sale de mi es un llanto lastimoso, terrible. No puedo parar de berrear como una tonta, hipando, desconsolada y soltando miserables quejidos de dolor.

No puedo creer el verme tan patética, no sé si mi miedo es más grande que la impotencia y la furia que conlleva el verme en esta situación y reaccionar como una niñita traumatizada, soy una jodida mujer adulta y debería… debería de ser capaz de hacer algo, lo que sea ¡Lo que sea!

— ¿Estas es la famosa Samantha que nos ha traído como locos?—, interviene una segunda voz, pero esta voz es peor que la anterior, esta carece de emoción por completo, pese a que sus palabras son una burla no hay ni un rastro de humor en ellas y puedo confirmar mi teoría.

—No eres más que una zorra forrada hasta los dientes—, afirma el otro, burlándose, suena tan feliz de verme retorcerme cuando su mano, como una garra de hielo me jala de una pierna y ejerce presión.

La venda termina por caerse y una nueva arcada amenaza con hacerme vomitar, pero consigo retener el impulso, pese a que la bilis me está quemando la garganta. Sólo puedo mirar las figuras envueltas entre la oscuridad y las sombras del pasillo, pero hay un detalle que basta para mí, para confirmarlo todo.

— ¿Enserio han caído hasta esto los Phantomhive?—, murmura el otro antes de que su voz, muerta y carente, sea eclipsada por un nuevo y violento sonido, un relámpago que ilumina por breves segundos el pasillo y puedo verles entonces.

Son dos, pálidos como el papel, de rasgos finos, casi idénticos, tan delicados como muñecas de porcelana y con el cabello de un negro violácea que se me antoja demasiado familiar, sus ojos pardos centellean cuando la oscuridad vuelve a cernirse sobre ellos en ese terrible color innombrable propi y único de los ojos de las bestias, de los demonios.

Y aunque tengo la certeza de que no son humanos y que podrían hacerme papilla con un chasquido, por loco y enfermo que suene, me alegra el hecho de que sean demonios y no seres humanos, el miedo merma lo suficiente como para obligarme a detener mi llanto.

— ¿Decepcionados?—, inquiero con la voz temblorosa.

Y de un parpadeo el que me sostenía de una pierna está apretándome el cuello con la suela de su zapato. Sólo le bastaría poner un poco más de fuerza para quebrarme el cuello y listo, estaría tan fría y tiesa como ellos. Veo claramente la rabia en sus ojos refulgiendo en un pálido purpura, sé que quiere hacerlo, que tiene tantas ganas de matarme como yo de verlo retorcerse de dolor; pero se queda quieto, ejerciendo la presión necesaria con su pie como para que yo permanezca inmóvil, sé que así como a mí me aterra su presencia y mi cuerpo grita por huir su podrido ser arde en deseos de alejarse de mí, de mí y la maldita marca en mi hombro que quema al rojo vivo.

No quiero hacer hipótesis locas como quién carajo en el infierno será Sebastián como para que dos de los suyos no me aplasten como a un bicho por ser de él. Pero le agradezco, agradezco que su jodida existencia me salve el pellejo otra vez.

—Jodida zorra—, gime con satisfacción de verme patética y sometida por él, pero no le doy la satisfacción, entre más pasan los segundos y soy consciente de lo que son el miedo se escurre de mí.

En realidad ahora la curiosidad me picotea las entrañas.

Me han llamado Phantomhive, lo que no es en particular extraño debido a mi situación con la prensa, pero para ellos Phantomhive parece significar algo más allá del nombre de una familia adinerada.

Puede que el narcisista de Sebastián disfrute de derrochar mi dinero en tonterías pero no creo que un par de demonios hayan hecho tanto jaleo por mí, la cara bonita con billetes, no, hay algo aquí que apesta a Phantomhive y muero por saberlo, así como la furiosa Lilian que intentó matarme es innegable la connotación sobrenatural que rodea a esa maldita familia, y verlos frente a mi sólo lo confirma.

El pinchazo de curiosidad se vuelve una oleada de preguntas y suposiciones, por un segundo pienso en que estos dos podrían ser lo que he estado buscando y la satisfacción que saboreo se esfuma. No, no puede ser tan sencillo ni tan estúpido.

No.

Y la siguiente orden de preguntas me ataca con fuerza, los disparos, me recuerdo y la angustia vuelve a crecer en mí, evito preocuparme demasiado por Lance o por Sebastián, seguramente están juntos y pese a que el demonio lo aborrece no dejaría que nada le pasara, Lance es mi mejor amigo, mi último soporte y aunque Sebastián sea un demonio no lo dejaría morir, no dejaría morir lo último que me queda y que no he alejado de mí.

Lance Riddle no morirá hoy, ni nunca, cálmate ya…

No te hagas la lista, perra—, brama el que tiene su pie sobre mí, se escucha alterado, demasiado temeroso para ser lo que es y me permito disfrutar de ello, una risa atropellada y fatigada escapa de mis labios y recibo una bofetada que pone todo a girar.

Es como si en lugar de una palma abierta una roca se hubiese estrellado contra mi rostro a máxima velocidad y el líquido caliente que escurre por mi labio sabe a óxido, a metal.

Sé que es sangre, y aunque quiero moverme, o responder, o maldecir me quedo inmóvil en el piso mientras mi cabeza punza y todo se vuelve aún más oscuro, borroso.

—No vayas a matarla, contrólate—, interviene el segundo, el de la voz fría e inexpresiva y trato de girarme sobre mi costado derecho para verles mejor, pero mi cuerpo no responde y sé que me bambolea cerca de la inconsciencia.

No quiero desmayarme, no quiero, no puedo desmayarme.

Llega como un sonido ahogado, poco a poco, lejano y se confunde con el murmullo de la lluvia que se ha soltado y golpea con furia la ventana al final del pasillo, pero consigo distinguirlo, el sonido de las balas, gritos, se acerca y todo se mueve a mi alrededor, uno de ellos me llevan en brazos y apenas consigo reparar en sus voces cuando comienzan a discutir sobre lo que pasa afuera.

— ¡Eres una maldita perra cotizada!—, espeta el de la voz burlona y jadeo cuando me arrojan al suelo nuevamente—, hemos tenido la suerte de coincidir con un montón de seres humano que te querían llevar con ellos. Tus amigos, los idiotas que comenzaron a disparar; nos arruinaron el momento… si Michaelis no se hubiese dado cuenta de los tipos sospechosos ya te habríamos devorado preciosa—, se ríe y trato de dirigirle una mirada furiosa, pero cada vez estoy más aturdida.

— ¿Qué clase de gánster respetable comenzaría una ráfaga de disparos para secuestrar a alguien? Son unos estúpidos—, murmura el otro y de tener la fuerza suficiente me retorcería de la risa como una idiota—, ¿Cuánto dinero debe de tener ella como para que hagan algo así?—, parece reflexionar y el silencio es sólo interrumpido por el ruido amortiguado de un tiroteo que no cesa.

—No me voy a ir de aquí sin disfrutar de la perra por la que Michaelis se están yendo directo a la mierda—, espeta el de la voz burlona y no puedo discernir si el la corriente fría que repta por mi pierna y se adentra bajo mi falda es su mano porque el estado de ensoñación por el último golpe me mantiene lejos de ahí.

Siento la marca de mi espalda arder, quema, son pequeñas punzadas dolorosas que se vuelven cada vez más intensas y el dolor eclipsa todo, no sé qué pasa, ni siquiera siento si estoy moviéndome o no, sólo distingo el dolor de las marcas en mi cuerpo, queman, literalmente, queman, sé que estoy gritando porque por encima de el zumbido que se ha instalado en mis oídos consigo escucharme, pero es como escuchar el grito de otra persona, es un eco lejano y distorsionado.

Vuelven a sentir el frío impacto de ser arrojada contra el suelo, después vuelvo a estar lejos por unos momentos y mi cabeza choca contra la pared. Todo se ha vuelto un manchón, todo gira, todo se nubla y no hay nada más que el dolor agudo que aniquila la piel de mi espalda y hombro.

Y entonces para, se detiene, no hay nada por un segundo, nada. Sólo frío, sólo sombras que se mueven frente a mis ojos, quiero abandonarme por fin a la inconsciencia, pero es como si una fuerza invisible me empujara lejos de la nube de ensoñación, me jala y me obliga a prestar atención, a ver con mayor claridad lo que ocurre y en cuanto esa fuerza desconocida en mi interior gana la batalla no puedo evitar gemir, impresionada, asustada.

Lance Riddle, estoy segura, su silueta resulta blanca y luminosa en comparación a la de los entes que se interponen entre nosotros, está ahí como el jodido y radiante caballero de armadura que viene a salvar a la desafortunada doncella. Y es horrible, me siento como una basura, por completo aterrada y furiosa, desesperada, cuando le grito porque corra es demasiado tarde, sus ojos, plata liquida; deslumbran con determinación y apenas reparo en que lleva un arma en las manos cuando ya ha jalado el gatillo y el estruendo de la detonación es como una puñalada en mi pecho.

— ¡Eres idiota!—, le escupo y mi voz es un sonido patético y sofocado.

Lance me mira consternado y da un paso en mi dirección, sorteando la figura inmóvil en el suelo. El otro no está y no quiero ni pensar en que pueda salir de pronto de alguna parte y parta en dos al imbécil de Lance, las manos cálidas, sudorosas de Lance Riddle se aferran a mí y me jala contra sí, ocultando mi rostro en su pecho y comienza a retroceder.

—Tenemos que salir ahora, lo dejé solo… ¡Mierda…!—, dice agitado, consigo hacer que me suelte y lo veo temblar como gelatina mientras se aferra al arma, no sé cómo mierda es que tiene una, pero nada importa ya, una bala sobre un demonio es como tirarle un escupitajo a un incendio.

—Me importa una mierda, corre ¡Corre ahora idiota…!—, le grito y lo tomo de la mano dispuesta a llevarlo a rastras conmigo lo más lejos posible de aquí.

Pero ya es tarde, en cuanto nos damos la vuelta para salir ya está ahí, de pie, los ojos inhumanos con ese dejo cruel y demoniaco.

—P-pero… no—, jadea Lance a mis espaldas, lo cubro con mi cuerpo mientras el pánico ataca en una embestida brutal, lo va a matar, va a matarlo…va a morir…

El demonio iracundo, con su silueta negra manchada de una espesa sangre color carmesí levanta una mano, hace un gesto, como si yo fuera un insecto, una viruta de papel, me hace a un lado y termino al otro extremo de la habitación, rendida contra el suelo y gimiendo por lo bajo porque he caído sobre mi mano izquierda.

Veo a Lance, estático, como una jodida estatua, con el semblante pálido y contraído por el asombro, por el horror, sus manos comienzan a temblar con violencia y vuelve a levantar el arma en dirección al demonio herido.

Dispara de nuevo, le da justo entre los ojos, la sangre salpica a Lance y él retrocede, pero el demonio permanece ahí, impávido, estoico, de pie y con una sonrisa deforme en los labios finos.

Y otra vez, y otra vez, otra vez, descarga el arma en la figura frente a él sorteando entre cada tiro los puntos vitales, pecho, frente, corazón, estómago, retrocede un paso a cada disparo mientras sus ojos se llenan del más desgarrador e insufrible horror.

Quiero detenerlo pero incluso yo, como la tonta que soy espero a que el siguiente disparo baste para liquidar al infeliz demonio, pero no es así y acorde a toda la maldita suerte que tengo Lance vuelve a tirar del gatillo y en lugar de un disparo sólo se escucha un ligero chasquido. Se ha quedado sin balas y las manos le tiemblan tanto que la pistola se le cae al suelo.

Cierro los ojos, esperando lo peor, esperando un grito de agonía que jamás se borrará de mí, espero que al abrirlos me encuentre con el cadáver de mi amigo y después el demonio lleno de balas me despache a mí con rapidez. Hasta aquí he llegado… hasta aquí….

Y sucede, el grito inhumano, un potente rugido que hace vibrar todo mi cuerpo, las lágrimas salen sin control y algo cae a mi lado, escucho el tintineo que emite la cota de malla, con todos los pequeños eslabones metálicos impactando en el suelo de concreto. No quiero ver, no quiero abrir los ojos y descubrirlo destazado a mi lado, no puedo, no podría soportar que por mi culpa Lance Riddle terminara de la misma forma en que lo hizo Susan, no… no…

Pero tampoco puedo quedarme aquí, así, como una desdichada perra miserable y patética, no, debería de oponer resistencia por última vez antes de que me destacen como a una res.

Siento una mano, reconozco el tacto pero de igual forma pego un grito de horror y al abrir los ojos lo veo ahí, ojos como plata liquida, brillantes por un llanto mudo que me estremece, vivos en un terror que está ahogándolo. Lance Riddle está intacto a menos de un palmo de distancia y apenas se da cuenta de que estoy mirándolo cuando se cierne sobre mí y sus brazos me retiene en un abrazo que me arrebata el aliento, me aprieta con demasiada fuerza contra él y la sensación de su llanto cálido me empapa el hueco entre mi cuello y hombro.

El escozor de las marcas me importa un comino y me aferro al abrazo de Lance con la misma fuerza terrible que el ejerce sobre mí.

Su olor es una mezcla de sangre, pólvora y tierra, no me importa, esta entero, está a salvo, está vivo…

El siguiente impulso es enderezarme, ponerme en pie y sacarlo de aquí, alejarlo de toda esta mierda en la que lo he metido, ponerlo a salvo a cientos de kilómetros de mí. Y abrir los ojos es el primer paso, y me arrepiento de inmediato al hacerlo, a unos pasos de nosotros, envueltos en las sombras, aces de luz purpura y rojiza, manchas, chorros de un rojo intenso y oscuro, el rugido de dos bestias enzarzadas en un combate fuera de toda lógica, y aunque no son más que masas oscuras vueltas garras y dientes lo reconozco de inmediato. Veo a Sebastián, su terrible silueta inhumana, deformada, como el monstruoso delirio de mis pesadillas, sé que es él, puedo reconocerlo aun cuando no queda ni una pizca de su rostro ni de su piel, no hay nada más que sus ojos, irises de fuego que arremeten con furia mientras intenta despedazar a su contrincante.

Grita algo con voz irreconocible, más animal que humano pero de alguna manera lo entiendo, quiere que tome al idiota deshecho en lágrimas que es Lance Riddle y escape de ahí.

No sé ni cómo moverme, sigo algo aturdida y el apretón de Lance me está dejando sin aire, la idea más estúpida me cruza la mente cuando veo como el demonio de los ojos pardos es sometido por Sebastián lo toma de lo que parece ser el cuello, grueso, oscuro, y cuando parece que Sebastián, finalmente acabará con él una tercera figura oscura embiste a Sebastián y todo lo que veo de él es una espantosa herida que parece atravesarlo entero. Reconozco la voz de Sebastián desfigurada en un grito agónico y aunque quiero ser idiota y valiente y lanzarme contra los demonios para protegerlo no puedo, sería mucho peor para él que me hicieran daño.

Y debo de proteger a Lance…

Y no me detengo a pensarlo ni un momento más, empujo a Lance con todas mis fuerzas, me suelta de inmediato, no pone ni la más mínima resistencia no quiero detenerle a decirle que es un idiota, después de todo yo ya estoy acostumbrada a estas cosas extrañas y surrealistas, pero él no, él es un chico bueno, con una vida normal y seguro se siente dentro de una jodida película de terror, pero no le quita el hecho de que parece un inútil cuando más necesito que sea valiente y racional, pero es como pedir un jodido milagro, así que soy yo quien se levanta y lo jala de la mano, tomo la pistola que ha caído a unos pasos de nosotros y se la entrego al tembloroso chico que es mi mejor amigo.

Parece reaccionar una vez que comienzo a correr con él a rastras y abandonamos la especie de aula donde los demonios continúan su pelea, cruzamos infinidad de pasillos, es una escuela inmensa, como un maldito laberinto y cuando al fin conseguimos dar con las escaleras y Lance ha terminado de reaccionar decido que es tiempo para detenernos. No estamos a salvo, quiero pensar en que Sebastián podrá con los dos al mismo tiempo pero aún consigo escuchar sus gritos a lo lejos, no quiero ni pensar en eso, no puedo soportar la idea de que Sebastián termine muy mal por mi culpa… no quiero volver a verlo como en aquella ilusión de pesadilla hace unas semanas…

— ¿Al menos tienes más balas o algo?—, consigo decir entre jadeos agotados y Lance me mira con esa cara de bobo, pero da un par de asentimientos con la cabeza y de entre los bolsillos de su traje de templario saca un par de cartuchos llenos de munición.

—No voy a hacer preguntas ahora—, le recrimino mientras lo veo respirar hondo antes de recargar el arma, me dedica una mirada cargada de ironía pero no dice más y tras otro largo suspiro decide ser el sujeto valiente que hasta ese momento se había ocultado bajo su traje de gallina.

—Tenemos que irnos antes de que llegue la policía—, atina a decir y su expresión es seria, pero parece calmado y consigue tranquilizarme un poco pese a como la marca punza de manera alarmante en mi hombro.

—Debería de ser sencillo llegar al vestíbulo principal—, puntualizo mientras comenzamos a bajar el tramo de escaleras que nos conduce al primer piso, pese a que nos encontramos en mitad de un estrecho pasillo cuando comenzamos a alejarnos de las escaleras, pero la débil luz que se filtra desde el final del pasillo es lo suficiente como para darnos las energías necesarias y correr hasta ahí.

Es demasiado tarde para retroceder cuando nos encontramos en el vestíbulo principal de la preparatoria de Weston cuando un estruendo retumba a nuestras espaldas y no puedo hacer más que correr aferrándome a la mano de Lance.

Estamos a unos pasos de poder escapar, rozo con los dedos el cristal de la puerta principal, Lance se voltea y comienza a disparar pero es demasiado tarde y el sonido es estruendoso, un conjunto de gruñidos, de disparos, de mis propios gritos, pero hay algo que puede minimizar cada horrible sonido, es un rugido distinto, como un escandaloso motor de un auto viejo que no quiere encender. Son sólo segundos, cuando el potente rugido de la maquina nos alcanza y Lance se tiende sobre mí, como un maldito escudo humano, me tira al suelo y me protege con su cuerpo fornido, Lance me aferra contra su cuerpo y el motor de la maquina esta sobre nosotros antes de que un nuevo grito desgarre el aire, es un como un chillido, agudo, ensordecedor, cargado de dolor y aunque quiero cerrar los ojos estoy paralizada, no puedo ni parpadear, el suelo bajo nosotros se tiñe de color rojo, de pronto sólo hay sangre a nuestro alrededor, es como una lluvia, un diluvio escarlata que consigue empaparme pese a que Lance me cubre con su cuerpo casi en su totalidad.

No puedo describir las dimensiones del horror, de la ansiedad que se apodera de mí, el pánico es un monstruo que destroza cada parte de mí, pedazo por pedazo, siguiendo el sonido del motor ahogado, el agudo chillido, el sonido visceral tan parecido a… no… no…

Lance… ¡Por favor que no sea él, que no sea él…!

Comienzo a retorcerme bajo el cuerpo de Lance, no se mueve y quiero desechar el torrente de ideas fatales en mi mente, no puedo perderlo a él… ¡No puede pasarle esto por mi culpa…!

No sé cómo ni cuándo pero estoy llorando como una histérica, gritando como una loca mientras mi pecho se contrae de manera dolorosa, si algo le pasara a este hombre… si él…

¡No, no, no, no, no, no…!

¿Y por qué Sebastián no llega, por qué no está aquí…?

¿Por qué no llega a salvar a Lance…?

No… no puede…

El sonido cesa, se detiene de manera abrupta, y no puedo parar de gritar, no puedo parar de llorar, no consigo calmarme, no puedo, no quiero ver, no quiero estar aquí… no quiero abrir los ojos y saber que ya no hay nadie más… que nadie va a salvarme… que ninguno de los dos estará ahí…

—Niña ya basta ¡Para de una vez…! No soy el maldito monstruo del lago Ness…—, su voz chillona, aguda, la manera en que fuerza la voz ronca y masculina en una vaga imitación de una voz de mujer.

El peso de Lance se esfuma de encima de mí y me abrazo a mí misma, enterrándome las uñas en la carne de mis brazos desnudos.

—Niña…—, no, no—, niña soy yo… ¡No soy Jack el des… bueno, ya no…!

— ¡Sé quién mierda eres Grell, aléjate ahora…!—, le grito entre lágrimas y se atreve a tocarme, a tratar de levantarme y sacudirme por los hombros.

— ¡Eres una…!—, chilla y me remuevo entre su abrazo cálido y húmedo.

Samantha para, por favor para…—, suplica su voz, pero no puede ser real, no puede ser él…— por favor sé la valiente marmota que me salvó el trasero, por favor… por favor no seas una loca ahora Sammie…—, sus dedos acarician mis mejillas y me obligo a abrir los ojos.

Él está ahí, mirándome, con sus brillantes ojos grises empañados por el llanto, parece tan sorprendido, tan conmocionado como yo y verle, sentirlo, es todo lo que necesito para que el miedo se extinga, para que toda la ansiedad muera y sea reemplazada por un alivio sin precedentes.

—Niña estúpida ¿Creías que iba a matar a tu bonito amigo?—, se queja con dramatismo, lo veo apoyar su motosierra ensangrentada contra el suelo y hace una pose que se me antoja a la de una supermodelo haciendo una rabieta, lleva el cabello de un intenso color escarlata mucho más corto en comparación a la última vez que lo vi, y aunque aún lleva su largo abrigo del mismo rojo vibrante de su pelo ahora lleva una sencilla camiseta blanca con corte en V y una pañoleta color salmón amarrada al cuello, ajustados pantalones negros y escandalosos mocasines de color rojo con altísimos tacones.

No sé qué hacer, si reír o llorar más fuerte, decido hacer lo segundo cuando los brazos de Lance me aferran con fuerza contra su cuerpo, hundo la cabeza en su pecho apretando con fuerza la tela de su traje entre mis manos, quiero ignorar la voz del shinigami, toda la situación y enfocarme únicamente en el calor que mana del cuerpo de mi amigo, quiero enfrascarme en el hecho de que está vivo y en una sola pieza y que por mi culpa no será un nombre más dentro de la lista de cuerpos que cargo a mis espaldas.

Y por un segundo funciona, la respiración de Lance, los latidos de su corazón que retumban en su pecho como si fuera a explotar, al mismo ritmo frenético que los míos, el susurro de su voz en mi cuello pronunciando mi nombre con ese ridículo apodo suyo, por un segundo es más que suficiente para mantenerme tranquila, para formar una burbuja que poco a poco comienza a sanar las heridas provocadas por los últimos momentos de angustia y miedo.

Pero la burbuja revienta tan pronto termina de formarse.

— ¡Sebas-chan, mi amor…!—, explota la voz de Grell en un chillido agudo y es el golpe final para que todo vuelva a quebrarse dentro de mí.

Estoy paralizada, toda la calma se diluye y las sensaciones vuelve a mi cuerpo, la poderosa realidad golpea mis sentidos sin clemencia alguna y el dolor físico me impacta con brutalidad. Las marcas arden, es un escozor que se incrementa a cada segundo hasta que se vuelve insoportable, sé por qué se sienten de esta forma, sé qué es lo que lo provoca pero soy incapaz de mover un solo músculo, Lance tampoco lo hace, no se atreve a soltarme incluso cuando reúno la fuerza suficiente como para girar el rostro en dirección a la voz enloquecida de Grell Sutcliff, y verlo ahí pulveriza todos los vestigios de la momentánea paz que los brazos de Lance me han dado.

—Niña, no es un maldito funeral, quita esa cara… —, bufa indignado el shinigami mientras se cuelga con ambos brazos del maltrecho Sebastián que me mira enardecido.

Permanece jadeante, en silencio, mientras sus ojos son dagas de color carmesí y se incrustan en lo más profundo de mí. Luce espantoso, el traje de mayordomo no es más que trozos y jirones de ropa llena de agujeros y con monstruosas marcas de rojo oscuro, no quiero ni ponerme a detallar la desgarradora imagen que representan las numerosas heridas, sobre todo aquella, sobre su hombro izquierdo, todo su brazo parece colgar apenas sostenido por finas hebras de carne expuesta, como si hubiesen estado a punto de arrancarle el maldito brazo y la sangre que sigue escurriendo de las aberturas en su estómago y pecho, está más allá de herido, está destrozado de una manera tan palpable y notoria que por un momento creo va a desplomarse a mis pies.

Sé que es un demonio, pero la gravedad de sus heridas, el dolor en su expresión lo vuelve tan humano y vulnerable que resulta aterrador, la imagen es poderosa, destructiva y siento que yo misma voy a desmayarme de verle de esta forma.

— ¿Qué les pasa a los dos, ninguno se alegra de verme? ¡Ouch, y yo que me había empeñado tanto en verme guapa para ustedes…!—, se queja el shinigami haciendo un puchero horroroso antes de suspirar—, pasan por alto mi cambio de look cuando he venido a ayudarles… ¡Sobre todo tú, Sebas-chan!—, se lamenta pero soy un manojo de emociones y llanto, no sé cómo es que puedo llorar tanto, no sé cómo es que puedo seguir llorando como una jodida Magdalena y quiero agarrarme a golpes por ser tan patética.

Sebastián gruñe en respuesta cuando el shinigami comienza a hacer un berrinche por cómo le ignoramos, y comienza a enumerar en voz alta toda la travesía que fue para ella que su supervisor le dejara este caso porque moría de ganas de compartirme sus secretos de belleza y hacer –censurado- con su amado Sebas-chan, y de cómo le había sorprendido el tener que salvarle el pellejo a un humano tan jodidamente atractivo como mi amigo, que yo le debía la vida, que debería de estarle besando el trasero en lugar de llorar como una tonta y que si quería conservar al jugoso pimpollo que me consolaba mejor le prestaba atención de que –censurado- con Lance y su Sebby al mismo tiempo.

— ¡¿Al menos estas escuchándome niña?! ¡Me estas dejando hablar como si yo fuera una loca… soy una dama, nadie me ignora…!—, hace una cómica pataleta y aprieta los dientes en una mueca de desagrado.

Y todo lo que recibe es una carcajada del apuesto pimpollo de ojos grises.

Grell grita y no sé si está indignado o cautivado por las sonoras carcajadas de Lance Riddle, él me ha soltado mientras aferra una mano a su estómago por la fuerza con la que ríe y ya no sé si ha perdido un tornillo o tiene un ataque. Sin embargo se limpia las lagrimillas que se le salen por la tremenda risotada y sonríe, sonríe de esa manera en que los casquetes polares podrían derretirse por su brillante sonrisa de comercial.

Casi puedo ver los corazones en los ojos verdes del shinigami y se sonroja como una torpe colegiala cuando el bobo de Lance se endereza y carraspea.

—Lo lamento, no entiendo nada…—, se disculpa haciendo ese gesto suyo de pasarse una mano por el revuelto cabello castaño, Grell parece recomponerse y le sonríe esplendido enseñando los afilados dientes como de tiburón en su característica sonrisa lobuna—, ¿Grell?—, inquiere y arrastra la palabra en un falso tono de coquetería que el aludido se traga sin problemas, le tiende la mano con las uñas largas pintadas de color borgoña como si esperara a recibir un maldito beso en su pálida mano, y el bobo Riddle haciendo uso de toda su ridícula galantería accede a besarle la mano y arrancarle un gritillo agudo y femenino a Grell.

No sé si sentirme indignada, confundida o reírme como una loca, descarto todas las opciones y me seco los restos de lágrimas de las mejillas.

— ¡Riddle, no conquistes cosas desagradables frente a mí!—, interrumpe Sebastián con una sonrisa burlona pintada en el rostro, como si estuvieran en casa, peleándose como los dos ridículos niños que se atacan a bromas tontas de hace unos días.

Lance le devuelve la sonrisa, no sé qué demonios pretenden, pero no voy a seguirles el maldito juego.

— ¡¿Están locos o qué?!—, les escupo exasperada y recibo las risas de los dos, la ya conocida carcajada patente Lance Riddle y una risa discreta y algo fatigada de Sebastián Michaelis.

— ¡No seas amargada niña, estoy en medio de los dos hombres más apuestos que he visto, es la fantasía de la vida de una chica hecha realidad, sé educada!—, farfulla Grell y quiero arrojármele encima y sacarle los ojos, pero estoy tan adolorida y deshecha que no puedo hacer más que fulminarle con la mirada.

Y pese a sus palabras me dedica una mirada alarmada, preocupada, suspira y es el único (única) que se acerca a mí lo suficiente para saber si estoy bien. Me toma por los hombros con delicadeza y sus ojos verdes me examinan de arriba a abajo, frunce los labios y sé que va a decir algo pero se mantiene en silencio, apretando los labios con algo que parece ser ira, impotencia, no sé qué es lo que pretende cuando suelta un quejido fingido y se despoja del largo abrigo carmesí. Gira a ver con reproche a los otros dos que permanecen inmóviles y sin decir nada me coloca el abrigo sobre los hombros y me hace ponérmelo correctamente, me queda enorme, tengo que arremangar el abrigo para poder sacar mis manos por las mangas y Grell abrocha con cuidado hasta el último de los botones, el abrigo me llega hasta los pies y el oloroso perfume me hace estornudar, tengo la nariz hecha un desastre de mocos y el shinigami, sin inmutarse, me limpia la nariz con un pequeño ´pañuelo que guardaba en el bolsillo de sus pantalones ajustados.

—Niña… ¿No puedes parar de meterte en problemas…?—, murmura con una pequeña sonrisa y me acaricia la cabeza en un gesto cariñoso que me deja aturdida—, le prometí a Lily que debía cuidarte y me lo haces muy difícil ¿Cómo crees que voy a mantenerle mi promesa si te pones en peligro con tanta frecuencia?—, me regaña pero no puedo hacer más que retener las lágrimas ante la mención de mi madre.

—No haces bien tu trabajo, shinigami estúpido—, le recrimino pero sueno mormada y ridícula, la sonrisa de Grell es triste y trato de no desarmarme frente a él.

—Lo siento—, se disculpa en un susurro y sus ojos verdes han perdido la chispa animada, sé que piensa en lo mismo que yo, en cómo fue posible que si él recogió personalmente el alma de mi madre aun así ella…

—Niña, salgamos de aquí ¿Está bien?—, me susurra con cautela y detesto su tono condescendiente pero justo ahora todo lo que quiero es saber si el idiota demonio está bien, si mis pesadillas no se harán realidad de un momento a otro.

La marcha a casa es desconcertante, salir de la preparatoria devastada y desierta, con Grell sosteniéndome y ayudándome a caminar veo al demonio y a Lance frente a nosotras, murmullan algo que yo no alcanzo a oír y me impresiona el cómo, Lance Riddle puede permanecer tan sereno y sonriente con Sebastián siguiéndole la corriente. Caigo en cuenta cuando alcanzamos el auto, de que es su manera de no alterarme más, pero son exasperantes mientras fingen que no ha pasado nada minutos atrás, que no hemos estado al borde de la muerte y que no he estado a segundos de ser ultrajada como en mis pesadillas, que Lance sabe mucho más de lo que aparenta y que llevase un arma consigo a una maldita fiesta no es algo que un inocente haría, pero esto último suena tan Sebastián el sobreprotector que realmente no sé qué creer.

Y esta Sebastián, desparramando sangre como una maldita fuente sobre los asientos del Mercedes y quiero terminar de matarlo por seguir con esa sonrisa de imbécil cuando apenas y puede sostenerse a sí mismo. Pero cada que intento acercarme me mira como si yo fuera un ser despreciable, está furioso conmigo y no quiero ni plantearme el por qué, no quiero discutir ahora, cuando lo único que quiero es saber si está bien.

Llegar a casa resulta un escandaloso mar de regaños, gritos y angustia por parte del pobre Frank, parece haber envejecido diez años en menos de un mes y me siento de la misma forma, pero estoy demasiado agotada como para responder, como para pelear con él, y cuando extiende los brazos en mi dirección me recuerda tanto a Jerry, mi padre, que no puedo evitar correr y buscar consuelo en él.

Su lluvia de preguntas y regaños no cesa, pero al menos ya no están dirigidas a mí, no parece incómodo con la presencia de Grell Sutcliff, ni por la maltrecha apariencia de Sebastián, pregunta de manera directa lo que ha pasado y es prudente, paciente, demasiado comprensivo y no se exalta ante ninguna de las respuestas (mentiras), que el demonio, el shinigami y el propio Lance Riddle le proporcionan y me hacen sentir asquerosa, repugnante, mientras la red de mentiras que se teje a nuestro alrededor termina por cubrir también a este hombre que valientemente sigue a mi lado siendo un amigo invaluable, que ahora esta tan atascado en la mierda y la oscuridad que he atraído, que yo sola provoqué.

Frank permanece tan tranquilo a cómo puede aparentar y obedece mansamente la orden del demonio, de ponerse en contacto con mi tío, Evan, y acordar el que haya seguridad para mí, que haya personas además de él vigilando la casa y un guardaespaldas que pueda acompañarme. Todas las medidas me parecen absurdas, inútiles, por completo innecesarias pero no tengo la voluntad para objetar, la magnitud del desastre va más allá de mí y ni aunque quisiera, ni aunque pudiera, podría evitar que todos a mi alrededor me traten como a un animalito indefenso. Ahora es innegable, estoy bajo la mira de cada ser y alimaña que no tenga nada mejor que hacer para divertirse, y lo de esta noche es sólo la punta del iceberg.

Cuando por fin terminan y su patética mentira parece lo suficientemente sólida como para que Frank no tenga más dudas, él pide retirarse, se va a su cabaña con expresión desolada, pero me dedica una sonrisa sincera y cargada de preocupación y la manera en que me recuerda a mi padre es desgarradora.

Hago algo fuera de mi misma y decido que quiero ser la niñita de papá que no he sido en más de diez años, tomo el teléfono de casa y voy a encerrarme a la habitación de Sebastián donde he dormido las últimas semanas, marcar el número de mis padres resulta menos difícil de lo que esperaba y cuando la voz adormilada de Evangeline, mi sarcástica mamá, me responde es la primera vez en que realmente me siento aliviada y dichosa de tenerla en mi vida, me permito deshacerme en llanto ante ella, no quiero mentirle cuando me pregunta lo que me pasa pero para este punto decirle la verdad absoluta a mi madre cuando por tantos años he mantenido mi relación con ella gracias a mis mentiras no me deja ninguna otra salida, sin embargo ahora más que nunca quiero su consuelo, quiero ser una chica normal que puede quejarse con su mami de las nimiedades del día a día, de que algún patán le ha destrozado el corazón, de que extraña a su familia o cualquier cosa que podría considerarse normal y angustiosa. Termino excusándome con mi madre, diciéndole entre mi llanto que he tenido una pelea espantosa con Sebastián y aunque es la mentira más tonta que se me ha ocurrido Evangeline se muestra compasiva y amable, como si en verdad ella fuera la mamá cariñosa y comprensiva en lugar de la mujer dura y rígida que toda mi niñez me presionó para ser siempre perfecta, a veces tenía sus momentos, sobre todo cuando yo era una niñita pero nunca era plenamente cálida, ella siempre había sido así con todo el mundo, tampoco estaba acostumbrada ni plenamente cómoda con el ser tan emotiva y explicita y aunque por mucho tiempo eso llegó a distanciarnos logré entenderla, logré dejar de despreciar a mi madre por ser mala para demostrarme su afecto y yo también era pésima, resultamos ser idénticas en ese hecho, ser dos rígidas mujeres que resultaban frías en la superficie, que eran incapaces de ser cálidas y demostrar su afecto, siempre limitadas por nosotras mismas, tan cerradas y distantes, pero tan desinteresadas…

Me consoló sin ahondar en mis problemas, sin hacer más preguntas e incluso soltó varios insultos de lo más ocurrentes en dirección a Sebastián, argumentando que nunca le había caído bien y que no iba a cuestionar mi decisión respecto a él, que contaba con su apoyo. Cuando me pasó a Jerry, mi papá, prometió no mencionarle mi problema y aunque no me gustaba la idea de engañar a mi padre su voz bastó para ponerme de buenas, el bonachón de Jerry tenía una divertida anécdota de pesca y luego llenó el silencio mientras hablaba con lujo de detalles de que mis pequeños sobrinos habían pasado el fin de semana pasado con ellos, se deshizo en halagos y cumplidos para la pequeña nueva bebé de mi hermana, y mantuvimos el hilo de la conversación en esa confortable zona segura acaparada por mis pequeños sobrinos.

Dieron las dos de la mañana cuando por fin terminamos la llamada, me sentía mucho mejor, me había desahogado con Evangeline y Jerry me había sacado una sonrisa boba que nada iba a poder arrebatarme, me metí en el baño, importandome un reverendo cacahuate y me tomé mi tiempo, me preparé un baño de burbujas en la tina y disfruté de mi baño al máximo, hasta que el agua estuvo tibia y comencé a estornudar. No necesitaba un refriado que coronara mi desgracia, así que tomé de la gaveta del baño una de las gruesas toallas rojas que Sebastián guardaba, e incluso me puse la gruesa y cálida bata de baño.

Mi ropa ya tenía su propio espacio en el armario de Sebastián, luego de lo ocurrido esta misma mañana habíamos decidido, que por seguridad a partir de ese momento me mudaría oficialmente a su habitación, luego me había encerrado en el estudio, pero al parecer la mudanza la había realizado el mismo demonio sin preguntarme más. Agradecí en silencio y me vestí lo más cómoda posible, no tenía nada sueño, sospechaba que si me iba a la cama las pesadillas me liquidarían y arriesgarme a eso no era viable.

Abracé el suéter de la abuela, el espantoso y viejo suéter de lana roja que tanto le irritaba a Sebastián y me lo puse, le molestaba que siguiera usando una prenda tan vieja y llena de agujeros cuando era perfectamente capaz de conseguir un suéter nuevo y mucho mejor que ese, no comprendía el afecto que tenía por la prenda de mi abuela pero tampoco se había atrevido a deshacerse de ella.

El sonido de leves golpes en la puerta me hizo dar un respingo, de pronto me sentí pequeña y tonta, fui directo a la puerta, esperando encontrar los ojos llameantes de Sebastián Michaelis, esperando verle en un estado menos deplorable, que su naturaleza demoniaca fuera suficiente para mostrarlo entero frente a mí y entonces si tener la horrible discusión que le había contado a mi madre, le recriminaría que había sido un estúpido por haberse arriesgado de esa manera y luego yo…

— ¿Podemos hablar…?—, pero Lance Riddle, con el cabello húmedo y la sombra de barba en su angulosa barbilla me recibió cuando abrí la puerta.

Olía a gel de baño y resultaba abrumador vestido con una camisa de Sebastián de cuadros en azul oscuro que un día en broma le obligué a comprarse, un pantalón formal que seguramente también le había pedido prestado al demonio y sus deportivas que desentonaban por completo.

Era abrumador, pero me decepcionó verlo a él en lugar de a Sebastián y no me empeñé en ocultarlo.

—Me lo ha contado todo…—, dijo escuetamente, como si sus palabras no llevaran el peso del mundo y retrocedí para dejarme caer sobre la cama.

Abrí la boca para preguntarle sobre de qué estaba hablando, pero no conseguí encontrar mi voz, él se sentó a mi lado se pasó ambas manos por el cabello.

—Me cuesta creerlo, pero sería un estúpido de no tragármelo cuando ya lo he visto esta noche…—, murmura y busco algún punto mucho más interesante en la alfombra del piso—, ¿Qué rayos estás haciendo…?—, espeta y no puedo retener la cólera que comienza a formarse en la boca de mi estómago.

—No eres quién para cuestionarme ahora Riddle, llevabas un arma… ¿Has traído eso contigo todo el tiempo o se te ocurrió de pronto, que sería fantástico ir a una fiesta con una jodida arma en el bolsillo?—, le grité de vuelta levantándome de golpe de la cama y la decepción, la indignación reflejada en sus ojos me golpeó en el rostro como una bofetada—, ¡¿QUÉ SE SUPONE QUE HACES TÚ?!—, le acusé y Lance hizo lo mismo, se levantó de la cama de pronto enfurecido, de pronto rabioso.

— ¡Quería protegerte de toda esta maldita mierda!—, exclama arrastrando la voz, se está conteniendo y mantiene las manos apretadas en puños—. Y no, no traía un arma conmigo, él me la dio, creí que estaba loco, creí que sólo era un imbécil demasiado preocupado pero no lo cuestioné porque me creí tus asquerosas mentiras como un idiota ¡Creí que sabía lo que hacía, que era lo correcto y que estabas en peligro! En un jodido peligro mucho menos letal que este ¡Fui un maldito idiota! ¡¿Pero qué mierda se supone que iba a pensar cuando lo de esta mañana, eh?!

—Ya, es lo mismo… ¡Es lo mismo Lance, es lo mismo! —, le repliqué tan furiosa como él, tan rabiosa y decidida como él.

— ¡No es lo mismo Samantha! Pude haberlo manejado, podía manejarlo, puedo soportar la idea de verte implicada en algo como eso, en algo real y peligroso, no… —, se detiene, pasa saliva y da un paso en mi dirección—, se supone que ese tipo de cosas no existen… puedo lidiar con lo que me habías arrojado, contigo, con Susan, con toda esa cosa de homicidios y tú y él implicados… pero…

— ¿Pero qué, eh? ¿Qué? ¡Dilo! Dime que soy idiota, que soy una tonta por haberlo hecho… ¡Iba a morir Lance, iba a morir y entonces en lugar de estar aquí, contigo siendo un imbécil estaría muerta, muerta! ¿Qué se supone que iba a hacer, redimirme a mi destino de mierda? Ni siquiera fue mi intención, ni siquiera me lo propuse... él sólo apareció, él me salvó, aunque fuera un… un… ¡Eso! No tenía ninguna otra salida, era la muerte o él… era morir o condenarme… —, he parado de gritarle, mascullo por lo bajo, la voz me tiembla y mi pecho duele.

—No me refiero a eso, tonta—, reprime una atropellada sonrisa, luce devastado, desolado, como en el momento en que lo acusé de matar a Susan, como cuando éramos pequeños y en el funeral de su madre no era más que un niñito incapaz de afrontar la realidad y me siento igual que ese niñito huérfano y herido.

Hay algo en mi pecho, lo que comenzó a desboronarse esta misma mañana, algo que se desgarra, algo que se quiebra en pedazos… y ese algo es lo mismo que arde en llamas cuando estoy con Sebastián, lo mismo que se activa y se hincha ante sus caricias, ante sus besos, lo mismo que muere una y otra vez cuando me demuestra sin inmutarse que es un maldito demonio y que yo, la insulsa humana frágil y débil, soy sólo comida.

Un alma más.

— ¿Qué rayos estás haciendo…?—, vuelve a reprocharme y su voz vacila, se resquebraja otro poco.

El nudo en mi garganta es insoportable, puedo sentir las lágrimas amontonarse en mis ojos y el sabor amargo en mi boca, el doloroso golpeteo de mi corazón en mi pecho.

No lo sé…—, confieso y mi interior se contrae con violencia—… yo no… yo no lo sé… sé que todo es un juego, sé que él juega conmigo… sé que me está usando y yo... y yo no puedo detenerlo, ya no puedo detenerlo…—, mis susurros se vuelven gemidos, se escucha como si llorara pero consigo contener la lluvia de lágrimas que oprimen mi pecho.

Mis palabras lo hieren, es como si estuviera golpeándolo en lugar de confesarle lo que tanto dolor me ocasiona, mis palabras son hojas de doble filo y se clavan en los dos sin piedad.

—Yo no quería esto… yo no pedí esto… ¡Traté de poner toda la distancia entre nosotros!—, exclamo y dejo que Lance me sostenga cuando estoy por tropezarme y caer—. Pero siempre me veía acorralada, la situación me empujaba a él… todo, de pronto ya no pude resistirme… sólo cedí, dejé de resistirme, dejó de importarme… era innegable que me atraía, no soy de piedra Lance, él me atraía, pero jamás pensé en empujarme a mí misma tan lejos, nunca me lo propuse… sólo, no sé, no lo entiendo…

De pronto me di cuenta de que comenzó a importarme, de que era más que una atracción tonta, de un interés morboso por lo prohibido, dejó de ser una tentación, no te mentí cuando hablamos hace unos días…

— ¿Por qué…?—, musita y quiero correr, quiero ocultarme de sus ojos que parecen tener el poder de leer mi mente.

—Eran muchas cosas, cosas pequeñas y demasiado tontas… detalles insignificantes… y todo en él, siempre me confunde, todo en él es contradictorio, a veces parecía ser más que un juego, parecía realmente molesto cuando hablaba de Richard, parecía realmente preocupado y afectado cuando me pasaba algo, cuando Lilian murió, cuando interpuse toda esa distancia entre nosotros y decidí que todo era su culpa actuaba distinto, dejó de jugar conmigo, dejó de parecer que quería enloquecerme... y lo creí…

Lance permanece en silencio, su mirada es indescifrable pero no se aleja, no se mueve, no opone resistencia cuando busco abrazarlo, cuando busco su calor.

—Yo no quería sentir esto… no pedí sentir esto… él sólo… él sólo comenzó a importarme, comencé a preocuparme por él, de pronto ya estaba dentro de mí, de pronto ya no podía sin él… comenzó a gustarme, comenzó a ser alguien importante, de pronto todo lo que necesitaba estaba en él…

—Te enamoraste de él—, me acusa y mi corazón late con furia, golpea contra mis costillas y es doloroso, siento que me ahogo, que hay algo que impide el paso del aire, mi estómago se contrae y es como si alguien me apuñalara.

—Sam…—, susurra, sus manos acarician mi cabello y quiero perderme para siempre, sólo aferrarme a los brazos de mi amigo, sólo quedarme ahí y que su calor sea todo en el mundo.

—Lo amo—, confieso y me muerdo el labio inferior con fuerza—, no sé cómo, ni por qué, y sé que no es correcto, que no tiene futuro, que jamás va a corresponderme… jamás va a sentir lo que yo siento por él, ni siquiera sé si puede sentir, o si siente el más mínimo tipo de aprecio por mi…—, gimo contra su pecho y retener el llanto es más difícil que nunca.

—Es un demonio…—, afirma y entonces las lágrimas salen, corren libres por mis mejillas y gimo contra su pecho, mientras el llanto me lleva, mientras todo se cae a pedazos.

—Le vendiste tu alma por alguien a quien se supone amas tanto que no te importa perder la vida…—, continúa y no puedo hacer nada más que seguir llorando, más que implorar que el dolor termine, que todo sea un mal sueño y que cuando despierte nada de esto sea real.

Que cuando despierte siga en esa suite en Nueva York, con mi prometido desaparecido sonriéndome, con Jess gritándome por teléfono y la certeza de que nadie jamás podrá hacerme daño por ser un miembro de esa familia maldita.

Donde Susan Rallye o tal vez Connors, seguiría viva y disfrutando de un futuro que jamás le sería arrebatado.

Donde Lance Riddle, mi mejor amigo en el mundo, no tiene que ser mi paño de lágrimas porque me he enamorado de un demonio como la estúpida más grande del universo.

Pero no es así, por más que ruegue porque esto sea mentira nada cambia, sigo en la misma habitación, la misma casa donde se supone que haría mi vida con Richard, donde se supone seríamos felices, donde veríamos crecer a nuestros hipotéticos hijos; la misma casa que ahora es la cuna de mis peores temores, el vientre donde se engendran mis pesadillas, donde comparto mi vida y mi maldita cama con un demonio que no hace más que jugar conmigo. Donde justo ahora, batida en un llanto que acaba conmigo me aferro al chico al que le he destrozado la vida, al que he condenado a una muerte segura y despiadada por el simple hecho de querer protegerme.

Y este chico, el mismo niño indefenso de hace catorce años no opone resistencia cuando le suplico que se quede conmigo, que duerma conmigo y no se vaya, que posponga su vuelo y lo deje todo por mí. Y accede, como un perrito obediente, herido y rendido ante mí.

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¡Hola de nuevo a todos!

Vamos punto por punto, primero hablemos de el fic y dejemos nuestras preguntas y conjeturas, as always(?)

Hablando del fic voy a decirles que este es uno de los capítulos más largos que he escrito, casi veinticinco páginas, fue exhaustivo, iba a ser un capitulo de varias partes pero al final me dije que después de que han esperado tanto para poder leer la continuación de la historia les dejo este capitulo rechoncho y largo largo, hubo muchas partes difíciles de escribir dentro del capitulo, el inicio y el final se me hicieron especialmente duros. Si comparo este contra otros capítulos siento que hay menos descripciones del entorno, y quizá luego de haber tenido batallas épicas con el Sebastián de mi mente y sus diálogos que siempre son un jodido dolor de -censurado- esta vez hay un poquito menos de eso, Sebastián habla poco y eso es como (una respiración profunda) no sé, Lance roba mi corazón y los diálogos, hacer sus partes es divertido y simple, no me odien, pero lo quiero más que a nuestro demonio predilecto.

Creo que se dan una idea de cuál mi parte favorita ¿Cuál ha sido su parte favorita?

Hablando de algunas otras cosas, hubo un momento en el que hasta mi se me fue la onda respecto a un montón de cosas en la historia, parte de las razones por la que tardé tantísimo en actualizar, hubo un momento en el que creo que me dio el pánico porque creí que ya no podía escribir a como suelo hacer esto, esa crisis me vino desde hace un par de capitulos, cuando la cosa de actualizar se volvió completamente irregular y para nada constante, más que nada porque estaba enfocando en escribir otros proyectos, en un inicio fue la serie de oneshots (que no he actualizado y debería ponerme a ello) y la serie de libros a la que sigo haciendo referencia y no más no avanzo xDU y en últimas fechas me nació otra idea, mucho más relajada y simple que la serie de libros en la que estaba trabajando. De hecho comencé a publicar en wattpad, el mardito wattpad donde realmente me he viciado mucho en los últimos tiempos; y voy a hacerme mi auto spam porque YOLO(?) de una novela con una temática "juvenil" rollo romance y adolescencia y cosas relativamente normales, si alguien en señal de amor verdadero(?) desea pasar a darle un ojo al señorito wattpad y mi novela pueden buscar mi nombre de usuario que es exactamente el mismo que aquí y la novela va, bajo el nombre de "Heart Breaker", lleva una chula portada con ojazos azules y cosas "normales".

Ahora, siendo egoístas y hablando de mi, ¿Qué les puedo contar? Me han pasado un montón de cosas en este tiempito lejos de esto, para empezar, como creo, les dije antes, andaba en esta cosa de acabar la prepa y la admisión a la universidad. Pues, por fortuna acabé bien con la preparatoria, me gradué y todo unicornios y arcoiris, pero cuando más felicidad creía tener pues (música dramática, plox) en realidad no me quedé en la universidad a la que yo quería, había postulado para la carrera de "Creación Literaria", pero no me quedé, había pocas vacantes y pues bueno... todo el proceso fue un rollo enorme, la verdad me deprimí mucho al principio. No sabía realmente ni qué hacer, y como la brillante de mi sólo había aplicado a esa universidad pues realmente estaba desesperada, la opción de la universidad de paga no era viable, realmente entré en crisis, y no había casi nada que me animara. De alguna manera me había hecho a la idea de que tendría que esperar un año para poder volver a realizar la convocatoria y ver si esta vez había suerte, lo cierto es que las cosas en casa se pusieron muy complicadas, porque a mis padres no les parecía que me quedará en el limbo por un año y que me pusiera a trabajar. Al final conseguí una manera de poder estudiar, lo cierto es que no había manera de que entrara en mi carrera y por alguna razón terminé entrando a la universidad para estudiar Psicología, debo decir que en si no es lo mio, me encanta la psicología pero realmente no me apasiona, no me sentía tan motivada con la idea de estudiar la carrera y tras un cuatri y medio decidí dejarlo, hace un par de semanas de hecho, me di de baja, la verdad me sentía muy fuera d elugar estando ahí, no sé si lleguen a entenderme, pero me sentía todo el tiempo como si estuviese mintiéndome a mi misma. No porque fuese una carrera difícil o porque el ambiente fuera malo, yo no era yo misma y tampoco podía seguir con algo a lo que no le veía futuro.

Y ahora estoy como al principio, espero quedarme en esta vuelta y entrar este año a la carrera que de verdad me apasiona, quiero seguir mis sueños y lograr mis metas.

Y bueno, le paro aquí

Espero sus reviews

¡Nos leemos pronto!