Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 37
Le resultaba más que increíble que pudiese recordar con tanta precisión aquel día; si bien habían pasado quinces años desde entonces, eso no le impedía revivir en su memoria cada minúsculo detalle. Aquella mañana, al abrir los ojos, presintió que esa sería la última vez que la vería; intuía que sin importar qué le dijese, Videl, definitivamente, se escaparía de sus manos para siempre.
Así pues, apartando las frazadas de su cuerpo, Gohan se levantó de su cama observando de reojo el traje que se pondría en menos de una hora para su graduación. Ignorando por completo los acontecimientos dados en aquella estación de trenes, su madre, embriagada de felicidad y euforia, pensaba únicamente en ver a su primogénito recibiendo su tan anhelado diploma de secundaria.
Por ello, en tanto Gohan se daba una ducha helada, Milk, preparando tanto su cámara como su propio atuendo, se prometía a sí misma que documentaría hasta el más insignificante suceso que fuese protagonizado por su hijo mayor. Era tal la satisfacción que inundaba a la esposa de Goku, que incluso no experimentaba tristeza alguna por la ausencia de su marido; aunque sí deseaba que él estuviese allí.
Gohan, por su parte, no queriendo arruinar la alegría que vivía su madre, se preparó mentalmente para el choque de sentimientos que padecería tan pronto como llegase a la escuela. Por un lado, no dudaría en mostrar una gran sonrisa para la lente de su madre; por el contrario, sabiendo que cualquier posibilidad de estar junto a Videl se arruinó, no le quedaría más remedio que verla partir de su vida.
Y así, luego de un vigoroso y sabroso desayuno, Gohan y su familia arribaron a Ciudad Satán aterrizando a unas calles de la escuela, para que Milk y Goten, guardando las apariencias, se encaminaran al gimnasio de la preparatoria donde tomarían asiento junto a los demás padres e invitados. Gohan, escogiendo otra ruta, se enfiló hacia su salón de clases para reunirse con sus compañeros.
– ¡Espera, Gohan! –Deteniendo sus pasos, Milk, sosteniendo su cámara fotográfica, se ganó la atención de su hijo justo cuando emprendía su retirada al tomar un camino distinto al suyo–quiero tomarte una fotografía frente a la entrada de la escuela, no pienso perderme ningún momento de este día.
Asintiendo y sonriéndole a su madre, Gohan, acomodando tanto su toga como su birrete, se colocó justo a unos metros de la puerta principal, donde Milk, con sólo oprimir un botón, capturó la que fue la primera de muchísimas fotografías que terminarán adornando varios álbumes familiares. Enseguida, apresurándose para no llegar tarde, Gohan se despidió de ella y se marchó a su aula.
Al caminar, viendo la decoración en las paredes y los incontables casilleros que abarrotaban los pasillos, Gohan, llenándose de una inusual nostalgia, sentía que una fracción de su alma se quedaría viviendo en aquel lugar. Más allá de haber tenido amigos de su edad y de vivir lo que era integrarse a un ambiente escolar, haberla conocido a ella, era, sin duda alguna, el más grande regalo que ese colegio le dio.
Jamás olvidaría aquellas miradas serias y penetrantes con las que Videl lo recibió en su primer día. Literalmente, con sólo observarlo, la justiciera daba la impresión de querer meterse en su mente para leerle los pensamientos. Ninguna otra persona en el mundo, ni antes ni después, fue capaz de volver a hacerlo sentir de ese modo. Videl, por miles de razones, nunca dejará de ser especial para Gohan.
Pero por más que trataba de alegrarse a sí mismo por estar a punto de graduarse, la culpa por sus equivocaciones recientes, dándole un duro golpe, dinamitó desde sus cimientos cualquier atisbo de regocijo que intentase construir. Y es que no era para menos, de no haberse comportado como un salvaje y un estúpido, tal vez Videl, ya habiendo roto con Shapner, le hubiese dado una oportunidad.
– ¡Gohan!
Asustándolo, haciéndole dar un pequeño salto al romper su concentración, la vibrante y chillona voz de Ireza resonó detrás de él obligándolo a detenerse y a voltearse. Y al hacerlo, al girar sobre sus talones, vio como la rubia corría por el pasillo acercándosele a gran velocidad. Gohan, quien se preparaba para saludarla, se vio muy sorprendido cuando Ireza se lanzó hacia a él para rodearlo con un fuerte abrazo.
– ¡Gohan, muchísimas gracias! –feliz, más de lo habitual, Ireza lo apretó lo más fuerte que pudo mientras algunas lágrimas de alegría humedecían sus brillantes ojos–yo no estaría aquí si no fuese por toda tu ayuda, nunca voy a olvidar lo que hiciste por mí. Te lo prometo, nunca lo olvidaré…
Gohan, muy confundido, arqueó una ceja al no comprender a qué se refería; no obstante, sospechando de qué hablaba, el saiyajin vio confirmadas sus suposiciones pocos segundos después.
– Estoy segura que hubiera reprobado sin tu ayuda, gracias por haberme dejado copiarte cuando hicimos los exámenes finales–susurrándole, hablando en voz baja, Ireza no quería que ningún maestro que anduviese por ahí la escuchase y la descubriese–yo creía que no podría graduarme, es gracias a ti que estoy aquí…
– No hay de qué, Ireza–apenado e incómodo por tan efusiva muestra de agradecimiento, Gohan, recordando a su madre, se alegraba que ella no estuviese cerca para tomarle una fotografía que lo avergonzaría de por vida–también me alegra que estés aquí, sé que te esforzaste mucho por graduarte.
– Estudié todo lo que pude, pero las matemáticas y yo jamás podremos llevarnos bien–soltándolo, pero sin borrar su radiante semblante, Ireza se reacomodó su birrete–sé que no es necesario que te lo diga, pero confío en que guardarás el secreto.
– No te preocupes, nunca se lo diré a nadie–asintiéndole, Gohan le respondió.
– ¡Genial! –Como si sus energías nunca se agotaran, Ireza, enganchándose del brazo derecho de Gohan, literalmente lo remolcó por el pasillo sintiéndose ansiosa por llegar al salón de clases–ahora apresurémonos en llegar al salón, Videl y todos los demás ya deben estar allí. Tenemos que tomarnos muchas fotografías y firmar los anuarios, hoy será un gran día.
Gohan, pese a tener casi un año de conocerla, pensó que nunca podría acostumbrarse a la efusiva y desbordante personalidad de Ireza, la cual, sin soltarse del saiyajin, los encabezó al internarse en la laberíntica red de corredores que constituía la estructura de la escuela.
– Oye, Gohan…–preparándose para iniciar un nuevo tema de conversación, la blonda, alzando la cabeza para mirar a su acompañante, recordó una creciente inquietud que brotó en ella desde que supo que recibiría su diploma– ¿ya decidiste a qué universidad entrarás?... ¿te quedarás a estudiar aquí en Ciudad Satán?
– No, Ireza; pienso mudarme a la Capital del Oeste en unas semanas…–todavía apenado por el exceso de cariño de la rubia, Gohan, avistando la entrada de su salón a muy pocos metros, le contestó explicándose resumidamente sus planes a futuro–tengo amigos en la Capital, ellos me ayudarán a hospedarme por un tiempo mientras logro arreglármelas por mi cuenta. Si todo me sale bien, espero entrar a la Universidad del Oeste.
– Ohh, así que te irás de Ciudad Satán–no ocultando su decepción, Ireza, evocando que Videl también se marcharía de la ciudad tan pronto como se graduara, veía como sus esperanzas de estudiar junto a sus amigos se desmoronaban ante la innegable realidad–no te negaré que me dolerá no verte más en la ciudad, pero te deseo toda la suerte del mundo. Eres un chico muy listo, Gohan; algo me dice que serás alguna clase de científico muy famoso en unos años.
– Gracias, Ireza…–modesto, como siempre ha sido, Gohan se frotó la nuca con su mano libre–me gustaría estudiar ingeniería; aunque todavía no me he decidido por cuál de todas sus ramas.
– Sabes, te confieso que voy a sentirme muy sola cuando todo esto haya terminado y ustedes se vayan–padeciendo un abrupto cambio en su actitud, Ireza, pasando de la alegría a la melancolía, se sinceró con el pelinegro–por lo que tengo entendido, Shapner también se marchará de la ciudad para estudiar en otra parte. Videl piensa hacer lo mismo, me lo comentó hace unos cuantos días.
Genuinamente interesado por ese dato de vital importancia, Gohan, bajando su vista hacia la blonda, quiso ahondar más en ello, pero sin parecer demasiado entrometido.
– Creo que todavía no ha decidido adónde irá, pero Videl me dijo que estudiará leyes para convertirse en una abogada–sin saberlo, Ireza le estaba suministrando las noticias que Gohan precisamente quería escuchar–yo me quedaré aquí, en unos días iré a matricularme a la Universidad de Ciudad Satán; quiero estudiar periodismo, estoy convencida que es lo mejor para mí.
– ¿Periodismo? –no esperándose algo así, Gohan, con gran honestidad, le cuestionó–no me imaginaba que te gustara algo así, pero no suena nada mal. Te deseo muchos éxitos, Ireza.
– Gracias, Gohan…–recuperando un poco de su buen humor, Ireza, apresurando el paso, le apuntó a la puerta de su aula– ¡al fin llegamos!
Dentro, tal y como Ireza lo había vaticinado, sus demás compañeros de clase, igualmente vestidos que ellos, se fotografiaban los unos a los otros gracias a sus teléfonos celulares. Algunos, también grabando muchos videos, documentaban para la posteridad los minutos previos al inicio de la ceremonia. La rubia, no queriendo quedarse fuera de la celebración, procedió a imitarlos tomando sus propias fotos.
El hermano de Goten, no siendo muy festivo, en un principio se mantuvo a raya porque le apenaba participar; no obstante, volviendo a ser Ireza quien le dio el empujón que necesitaba para animarse, se sumó a las festividades posando y sonriendo para la infinidad de flashazos que llovieron sobre él. Ángela, Ireza y muchas otras chicas, pidiéndole un abrazo, también se retrataron junto al saiyajin.
Asimismo, empezando a firmar sus anuarios, los mensajes para el futuro y los buenos deseos se intercambiaban entre todos, al contarse, uno a uno, cuáles eran sus planes y qué carreras universitarias deseaban tomar. Así pues, sin que Gohan fuese consciente de ello, el tiempo fue pasando con rapidez a mediada que iba aproximándose la ansiada ceremonia de graduación.
– ¿Dónde estarán esos dos? –Dibujando una expresión preocupada, Ireza, mirando cada cinco segundos el reloj colgado sobre el pizarrón, temía que toda la actividad diese inicio sin que ni Videl ni Shapner estuviesen allí presentes–ya es muy tarde, la graduación comenzará dentro de muy poco y ninguno de ellos ha llegado todavía.
Escuchándola, terminando de plasmar su firma en las páginas del anuario de Ángela, Gohan, dándose cuenta de la ausencia de tanto Videl como Shapner, experimentó las mismas inquietudes que Ireza al no verlos llegar; sobre todo, al no ver a la ojiazul. Por ende, quien fuese el Gran Saiyaman, despidiéndose de Ángela, se levantó de su asiento para acercarse hacia donde Ireza esperaba a sus amigos.
Sin que la rubia los imaginase, Gohan, recordando los hechos que se dieron pocos días antes, se preguntaba a sí mismo si era posible que ni Videl ni Shapner se presentaran. Pensando más en Videl que en el rubio, el hijo de Goku, muy ansioso, temía que ni siquiera pudiese decirle adiós a la primera mujer que ha amado en su joven existencia. Más allá de haberla perdido, no verla hoy, sería fatal para él.
Empero, captando un ki muy familiar, los sentidos de Gohan se erizaron al identificar al dueño de dicha presencia. Y para agravar su desgracia no se trataba de Videl, le hubiese encantado que fuera ella, pero no lo era, era Shapner, quien, moviéndose muy deprisa, se hallaba a menos de un parpadeo de abrir la puerta y entrar en la habitación. Sin apartar la mirada de la entrada, Gohan se quedó pegado al suelo.
No sabiendo si maldecir o agradecer por sus poderes de detección, Gohan, conteniendo la respiración, sintiendo como sus músculos se tensaban y endurecían, vio en silencio como Shapner asomaba su cabeza para dar un paso en el interior. El exnovio de Videl, luciendo un rostro feliz que discrepaba con el que tuvo cuando se enfrentaron a muerte, era un Shapner totalmente distinto al que casi asesinó.
– ¡Shapner! –tal y como le sucedió a él minutos antes, Ireza, alzando la voz, fue la encargada de darle la bienvenida al rubio– ¡al fin apareces, creí que no vendrías a la graduación!
Gohan, todavía estático como una piedra, se limitó a sólo ser un espectador de dicho recibimiento.
– Lamento la demora, mi padre no encontraba su corbata favorita y tuve que esperar hasta que la encontrara–relajado, como siempre ha sido, Shapner no se veía afectado por su demora–además, veámoslo por el lado amable, hoy pude llegar tarde a la escuela sin que ningún maestro me amonestara.
– ¿Videl no viene contigo? –revisando detrás de Shapner, la rubia, como si fuese un sabueso olfateando a su presa, no disimulaba su impaciencia por la tardanza de Videl–tenía la esperanza de que ambos llegaran juntos.
– ¿Videl no ha llegado? –Sinceramente sorprendido, echando un vistazo a todos los reunidos en el salón de clases, Shapner le indagó a Ireza–pensé que era el único que no había llegado, creía que todos los demás estarían aquí.
– Solamente faltaban Videl y tú, ahora sólo falta ella–volviendo a mirar el reloj, Ireza, más angustiada con cada segundo que pasaba, comenzaba a preguntarse seriamente si Videl no vendría a la graduación–estoy muy preocupada, Videl no acostumbra llegar tan tarde a la escuela y mucho menos en un día tan importante como hoy.
– No te agobies, recuerda que al ser la hija de Mr. Satán posiblemente esté dándole alguna entrevista a la prensa. Ya sabes lo necios que son los reporteros cuando se trata de Videl y su padre–queriendo tranquilizarla, sin alterarse ni preocuparse por su exnovia, Shapner le ofreció a la rubia una sonrisa confiada–deja de preocuparte tanto, disfruta del momento, esta será la última vez que estaremos en este mismo salón…
Viendo como algunos seguían firmando anuarios y tomándose fotografías, Shapner, no deseando quedarse fuera de dichas celebraciones, dejó a Ireza quien seguía vigilando la entrada para caminar hacia donde estaban sus compañeros. Y Gohan, parado justo en medio, preparándose para tenerlo cara a cara, no pudo hacer nada más que quedarse allí de pie mirándolo acercarse más y más.
Para Gohan, quien sudaba muchísimo, aquel corto recorrido le pareció realizarse en cámara lenta. Ver como Shapner posaba sus ojos en él, liberó, automáticamente, una serie de imágenes de su irracional y estúpida pelea, donde el saiyajin, con solamente un puñetazo, estuvo a punto de arrancarle la cabeza del cuello. Aquella visión de su mandíbula casi cercenada, le hizo tragar muy grueso.
Su latente remordimiento, volviendo a jugarle una muy mala pasada, reemplazó el rostro sano e íntegro que ostentaba Shapner ahora por el que tuvo en aquel instante antes de dejarlo caer al vacío. Ese día, flotando a miles de metros de altura sobre la superficie terrestre, Son Gohan llevó a cabo un horrendo descubrimiento sobre sí mismo: era capaz de asesinar a un indefenso, y peor todavía, a un inocente.
– Hola Gohan…
Sobresaltándolo, de igual manera que Ireza lo tomó desprevenido, Shapner, sacándolo de sus pensamientos, le ofreció un apretón de manos al detenerse justo frente a él.
– Hola Shapner, estaba comenzando a pensar que no vendrías…–nervioso, sonando como el Gohan tímido que tantas veces fue el blanco de las burlas de Shapner, el saiyajin le correspondió al saludo–pero que bueno que ya estás aquí, llegaste justo a tiempo.
– Jamás me perdería una ocasión como esta, la graduación de secundaria sólo ocurre una vez en la vida–comentándole, Shapner, sin perder su semblante calmado y feliz, le replicó–además, quería felicitarte por haber sido el mejor alumno de toda nuestra generación. Sé que me burlé de ti muchas veces, pero únicamente eran bromas sin mala intención.
– Gracias, sé que eres muy bromista–todavía sosteniendo su mano, Gohan, recordando cómo se la rompió al comprimirle los huesos, la soltó de improviso temiendo volver a lastimarlo–nunca olvidaré tus bromas, te doy mi palabra.
– Más te vale, cerebrito–colocándose a su lado, con una palmada en la espalda, el rubio se disponía a saludar a sus demás compañeros de clase–echaré de menos verte responder correctamente a todas las preguntas de los maestros, jamás había conocido a alguien que siempre diera la respuesta correcta. Algo me dice que tu madre estaría muy orgullosa.
– Lo está; créeme, lo está…
Sin girarse, meramente escuchando el sonido de sus pasos alejándose, Gohan continuó clavado en el piso recuperando el aliento después de tan incómodo momento. Dándole las gracias a Shenlong, Gohan, preguntándose qué hubiera ocurrido si Shapner recordase lo que sucedió, llegaba a la conclusión que sin la mágica intervención de aquel poderoso dragón, no hubiese sido posible aquel reencuentro.
Shapner no recordaba absolutamente nada de su casi muerte ni de la pelea en la estación de trenes; asimismo, también le fueron borradas de su memoria hasta las más insignificantes huellas del Gran Saiyaman. Sabía que era muy cobarde de su parte haber tomado esa salida tan fácil; sin embargo, contando con el apoyo de Videl, haberle quitado aquellos recuerdos era lo mejor para Shapner.
En un principio, cuando supo que Shapner logró consolidar una relación con Videl, Gohan, sacando conclusiones equivocadas, lo señaló como el villano de la historia dando por ciertas cosas que ni él mismo tenía confirmadas. Supuso, de modo muy apresurado, que Shapner estaba aprovechándose de Videl, forzándola, para su beneficio, que ella fuese tanto su novia como un trofeo para él.
Pero al quitarse, al fin, la venda que lo enceguecía, Gohan se dio cuenta de su gravísimo error al escuchar de la propia boca de Videl la verdad. La justiciera, sin importarle que su pulcra e impoluta reputación de heroína se manchara, le confesó el cómo y el porqué de sus acciones sobre Shapner, explicándole, con gran arrepentimiento, qué la llevó a mentirle al rubio.
En ese instante, admitiendo sus respectivos pecados, Gohan y Videl determinaron que Shapner era el menos culpable de los tres. Era cierto que Shapner participó en aquella trampa orquestada por Van Zant; inclusive, sorprendentemente, fungió como una distracción para que el mafioso usara una de sus granadas de humo venenoso contra Gohan. Aún así, sin guardarle ningún rencor, Gohan lo perdonó.
Así es, perdonó al hombre que conspiró a sus espaldas para eliminarlo; perdonó al chico que le arrebató a la mujer que le robó el corazón. Cualquier otro saiyajin lo miraría con desprecio, pero Gohan no era un saiyajin ordinario. Si bien se equivocó al darle demasiado poder a sus celos y envidia, fue aquella parte que lo hacía un ser humano, quien, sin dudar, tomó la decisión de indultar a Shapner de sus crímenes.
¿Qué otra cosa pudo haber hecho?
No ganaría nada con odiarlo y aborrecerlo por el resto de su vida, muchísimo menos luego de saber que las acciones y motivaciones de Shapner se originaron por los engaños de Videl sobre el rubio. Aunado a eso, Gohan comprendía que Shapner pecó de ingenuo al dar por sentado que podría vencer al Gran Saiyaman. El rubio no sabía, ni remotamente, con quién se estaba metiendo en realidad.
Si él no se hubiera inmiscuido en un asunto personal que no le correspondía, Videl, a su debido tiempo, habría sido la encargada de hacerle ver a Shapner que lo suyo era una mentira. Sin la intervención del Gran Saiyaman, Shapner y Videl hubiesen terminado sin que ni una sola gota de sangre tuviese que ser derramada. Toda esta tragedia; todo este dolor, simplemente no hubiera sucedido.
Por ello, junto con Videl, Gohan consideró que era justo que Shapner no viviese recordando cómo casi fue asesinado por un corrompido superhéroe. Igualmente, tampoco recordaría que, pisando un terreno muy peligroso, acabó uniéndose a un individuo tan infame y perverso como Van Zant. Después de tantas desgracias y decepciones, Shapner merecía recuperar la normalidad y retomar su camino desde cero.
Ladeándose, mirando exactamente al rubio que reía y sonreía a unos metros de distancia, Gohan no se arrepentía de la solución que escogió para él. Verlo comportándose como siempre ha sido le brindó un poco de alivio, Shapner viviría y envejecería sin sufrir ninguna pesadilla que le hiciese revivir la confrontación que tuvieron en aquella estación de ferrocarriles. El horrible pasado nunca lo perseguiría.
Ahora le tocaba a Gohan encontrar esa misma felicidad para sí mismo.
– ¡Videl!
Por tercera vez, como si fuese una especie de alarma o campana humana, Ireza, dándole otro susto de muerte a Gohan, lo obligó a girarse de vuelta hacia la entrada. Allí, quitándole el aliento, como si fuese un ángel caído del cielo, ella finalmente pareció. En ese preciso momento no podía verla claramente, Ireza, abrazándola con fuerza, le obstaculizaba la visión mientras interrogaba a su amiga por su demora.
Le era tremendamente extraño y asombroso que no haya presentido su arribo como lo hizo con Shapner, teniendo en consideración lo mucho que deseaba verla, que no la hubiese detectado por medio de su ki, evidenciaba lo distraído que lo dejó ver al rubio de nuevo. Definitivamente, haberse reencontrado con Shapner días después de la tormenta, lo desconcentró más de lo que pensaba.
– ¿Dónde demonios estabas? –tomándola de los hombros, liberando toda la tensión y preocupación que había acumulado por su ausencia, Ireza le preguntó con una urgente necesidad de una respuesta– ¡no tienes ni idea de lo angustiada que estaba!
– Algo me decía que reaccionarías así, eres demasiado melodramática a veces–respondiéndole con su característico tono de voz, Videl, regresándole el abrazo, todavía no ingresaba en el salón–me demoré porque no sabía cómo arreglarme para hoy, recuerda que me pediste que cambiara de peinado por ser la graduación…
– Al menos ya estás aquí, ya faltan menos de cinco minutos para que todo comience–soltándola, dándole más espacio, Ireza le prestó atención a los largos mechones negros de Videl que yacían libres de cualquier restricción–me alegra que al fin escucharas uno de mis consejos y cambiaras de peinado. Las coletas no te quedan mal, pero no puedes parecer una niña de primaria en tu graduación de secundaria.
– La verdad ya estoy demasiado acostumbrada a usar el cabello sujetado, así que sólo por hoy lo usaré suelto–comenzando a caminar, Videl, sobrepasando a Ireza, al fin puso un pie en la habitación–pero ya tengo pensando cómo peinarme después de hoy.
– Algo me dice que terminarás peinándote igual por muchos años más...–negando con la cabeza, para Ireza era inconcebible que una chica tan linda como su amiga no le sacara provecho a su imagen usando más estilos.
Entretanto ambas jovencitas intercambiaban palabras, Gohan, todavía muy callado e inmóvil, se quedó pasmando viéndola de soslayo sin que Videl se percatase de su presencia. Esta no era la primera vez que veía caer por su espalda su extensa melena azabache, ni tampoco que usase un poco de maquillaje en sus labios y rostro, fue la semana pasada, en la fiesta en la alcaldía, cuando tuvo la fortuna de verla así.
No obstante, aún le impactaba lo hermosa que la hacía lucir tan sutiles arreglos. Eso era algo que lo cautivaba de Videl, ya que ella, sin verse en la obligación de emplear abundantes cosméticos, conseguía aprovechar su naturalidad para apoderarse totalmente de sus miradas. A Gohan le era más que entendible que Shapner se enamorara locamente de ella, él también cayó seducido por sus encantos.
Por ende, aún con el pesar de saber que perdió cualquier oportunidad de estar con ella, Gohan, armándose de valor, se dispuso a acercársele para saludarla. Firme y cauteloso, pensando con rapidez lo que le diría, Gohan se paralizó cuando Videl terminó de voltearse quedando precisamente ante él. Ambos, mirándose el uno al otro, no se quitaron sus ojos de encima sin atreverse a hablar.
Para Gohan era imposible saber cuáles eran los pensamientos de Videl en aquel instante; empero, escuchando los suyos muy claramente, el hijo de Goku se vio muy tentado a materializar los clamores que rebotaban en su mente. Quería hacer lo mismo que hizo en aquel balcón; quería cerrar la brecha entre los dos para robarle un beso en tanto anidaba su delgada figura entre sus brazos.
La mera idea lo inyectó de adrenalina, la emoción era tan grande que se moría de ganas de besarla en el salón delante de todos sus compañeros; incluido Shapner. Pero por más que lo deseaba, Gohan, petrificado por completo, no se atrevió a hacerlo; no hubiese sido correcto. Al no existir un vínculo que los uniese, el saiyajin, con resignación, entendía que tal cosa sólo dañaría aún más su golpeada amistad.
– ¡Todos prepárense, ya vamos a comenzar! –Uno de sus varios maestros, entrando de imprevisto al salón, interrumpió tanto a los pelinegros como a los restantes chicos en el aula–sepárense en dos filas, los hombres a la derecha y las mujeres a la izquierda. Caminarán uno detrás del otro hasta que lleguen al gimnasio, luego esperarán a que los vayan llamando uno por uno para recibir su diploma.
Viendo como ninguno de los dos fue capaz de tan siquiera saludar al otro, Gohan y Videl, cumpliendo con las indicaciones de aquel profesor, se ubicaron del modo que éste les ordenó. Aunque Gohan, sin apartar su mirada de ella, continuaba mirándola de reojo insultándose a sí mismo por no haber dicho un simple: "hola". No obstante, prometiéndoselo en secreto, trataría de hablarle antes de marcharse.
– Sus padres ya están en sus asientos, siéntanse muy orgullosos de haber llegado hasta aquí–sonriéndoles a quienes fueron sus alumnos, aquel docente los felicitó–hoy es el premio a todo el esfuerzo que hicieron desde que comenzaron el primer año de secundaria, se merecen celebrarlo a lo grande. Les deseo la mejor de las suertes, a cada uno de ustedes les espera un brillante futuro.
Al término de tan corta felicitación, acatando las instrucciones que él les brindaba, Gohan y sus demás compañeros abandonaron el aula que los vio convivir por un año, para recorrer, por última vez, los pasillos que tantas veces transitaron al ir a la biblioteca o a la cafetería. Así pues, llenándose de nerviosismo y emoción, los futuros graduados desfilaron luciendo orgullosos sus togas y birretes.
En retrospectiva, echándole un vistazo a ese lejano día, el Gohan del presente lamentaba que su yo de aquel entonces no hubiera disfrutado de aquella caminata como se debía. El Gohan joven persistía en lamentar la estupidez de sus acciones; asimismo, a diferencia de Ireza que soñaba con el porvenir que le esperaba al salir de la preparatoria, a Gohan le dolía que quizás no volvería a ver a Videl nunca más.
Y aquel sufrimiento acabó confirmándose, ya que, por los próximos quince largos años, Gohan no volvió a verla ni a saber nada sobre Videl. En una infinidad de ocasiones, al recordarla, sintió el impulso de encender su computador y hacer una rápida búsqueda sobre ella; no obstante, no queriendo cometer de nuevo el error de inmiscuirse en su vida privada, Gohan siempre se mantuvo a raya y no la buscó.
Aunque eso, únicamente, le provocase más dolor.
– Gohan…
Oyendo la voz de aquel maestro pronunciando su nombre, el antiguo Gran Saiyaman, olvidándose de Videl por un instante, se volteó hacia él. Y al observarlo, notando una tela amarilla en su mano, el hermano de Goten se le quedó mirando con sincera curiosidad.
– Casi olvido entregarte esto, Gohan–dicho profesor, mostrándole que aquella tela era en realidad una banda dorada, la extendió para colocársela a Gohan sobre su cuello, la cual, colgándole como una medalla, sus dos extremos cayeron frente su pecho–eres el graduado con el mejor promedio académico de tu generación, y como es tradición, se te entrega esta banda dorada con tu nombre bordado en ella.
– Vaya, muchas gracias–dibujando una leve sonrisa, Gohan la examinó algo apenado por ser premiado frente a sus compañeros–sospecho que a mi madre le alegrará verme con ella, también imagino que la guardará como un tesoro.
– Y estará más feliz cuando te vea hablar en el escenario–provocando que los ojos de Gohan se abrieran más de lo normal, ese maestro casi se carcajeó al ver su reacción–se suponía que debías ser informado de esto hace días; pero el director no pudo localizarte por teléfono, así que entiendo que suene muy precipitado.
– ¿Qué cosa?
– Además de la banda, se acostumbra que el mejor alumno de su generación le dedique unas cuantas palabras a sus compañeros–con un par de gestos, trató de explicarle de manera apresurada–sé que no tienes preparado ningún discurso; pero cuando el director te llame al frente, trata de decir algo elocuente. No tienes que romperte la cabeza pensando, solamente di lo primero que te salga del corazón.
Aquello tan salido de la nada sí que lo tomó desprevenido, siendo esta la primera vez que se graduaría dentro del sistema académico, a Gohan, tales protocolos y costumbres, le hicieron extrañar la educación casera y por correspondencia que tuvo en su infancia. Sin embargo, no teniendo escapatoria, el saiyajin no tuvo más alternativa que asentir y asumir el inesperado reto que le fue puesto sobre sus hombros.
Contemplando la cara llena de alegría de Ireza, así como la sonrisa divertida del mismísimo Shapner, Gohan les respondió con timidez antes de escuchar la orden de reanudar la marcha. Videl, metida en su propio mundo, ni siquiera se volteó hacia Gohan abriendo aún más la herida que el saiyajin padecía. Empero, no dándole tiempo para lamentaciones, la música de la ceremonia lo envolvió.
Honestamente, al seguir profundizando en sus recuerdos de aquella mañana, Gohan reconocía que disfrutó de la graduación. Fue muy satisfactorio para él ver el rostro alegre de su madre entre el público, evocando todas aquellas noches donde la escuchó llorar por la muerte de su padre en el Torneo de Cell, mirarla llorando otra vez, pero de regocijo, hizo que estar allí valiese la pena.
– Son Gohan…
Uno a uno, siguiendo el orden alfabético de sus apellidos, todos los miembros de su clase fueron llamados al escenario, donde, de manos del director de la preparatoria, les hicieron entrega del diploma que les abriría las puertas de miles de universidades. Y Milk, al oír el nombre de su primogénito, filmó el recorrido de Gohan de principio a fin; sin embargo, llevándose otra sorpresa, Milk no dejó de grabar.
Estando allí de pie, ante los maestros e invitados que le miraban, Gohan, teniendo que cumplir con la petición de dar unas breves palabras, miró a su madre hallando en ella la inspiración que lo ayudó a superar el hecho de no tener nada planeado de antemano para decir. Así pues, oyendo como el silencio se estableció en el auditorio, Gohan, acercándose al micrófono ante él, dijo lo primero que pensó.
– Lamento no tener nada preparado para decirles, hasta hace unos minutos me pidieron que dijera algunas palabras así que tendré que improvisar sobre la marcha–provocando una pequeña risa en los espectadores, Gohan, viendo que no lo hacía mal, continuó improvisando–sé que para la mayoría de ustedes es muy normal participar en graduaciones como la de hoy; pero para mí, esta es la primera vez que participo en una.
Sabiendo muy bien de lo que hablaba, Milk, sin dejar de apuntar la lente de su videocámara en Gohan, recordó todo el duro trabajo que debió hacer ella sola durante los últimos años sin Goku.
– No quiero irme de esta escuela sin darle las gracias a todos los profesores y maestros que me recibieron, igualmente a todos mis compañeros de clase quienes me enseñaron lo que era vivir entre personas de mi edad–mirando primero a sus docentes, luego a sus compañeros, Gohan no quería extenderse demasiado–y por último, tampoco puedo olvidar a la persona que hizo que yo estuviera aquí. Todo esto ha sido gracias a ti, mamá. Este diploma es tanto mío como tuyo, muchas gracias.
Los aplausos no se hicieron esperar, las lágrimas en los ojos de Milk tampoco quisieron tardarse en aparecer. A pesar de haber estado rodeados por muchísimos desconocidos, tanto para Gohan como para Milk, aquel fue un momento demasiado personal al recordarles todos los obstáculos y dificultades que debieron afrontar como familia; especialmente, siendo una familia incompleta y fracturada.
Más adelante, aproximándose la hora de dar por terminada la ceremonia, posando todos juntos para los cientos de cámaras fotográficas que les apuntaban, los recién graduados sonrieron al ser inmortalizados con el simple acto de oprimir un botón. Esa misma imagen grupal, casi dos décadas después, estaría colocada a la vista de los egresados para echarle un vistazo y poder recordar esa ocasión.
Los abrazos y las despedidas, eventualmente, como era normal, marcaron el punto final en la historia de aquella generación. Ireza, no conteniendo el llanto, les deseó lo mejor a sus tres queridos amigos, quienes, haciendo lo mismo, le correspondieron a la rubia. La multitud, empezando a dispersarse poco a poco, escuchó como a lo lejos los truenos en el cielo anunciaban la llegada inminente de la lluvia.
Gohan, por su parte, sintiendo como los latidos de su corazón parecían salirse de su pecho, sabía que sí quería hablarle a Videl por última vez debía apresurarse, de lo contrario, muy posiblemente, no podría hacerlo nunca más. Por ello, manteniéndola ubicada por medio de su ki, el saiyajin, escuchando como Mr. Satán se disponía a retirarse, decidió lanzarse al vacío no queriendo irse sin decirle adiós.
– Regreso en un segundo, mamá–aprovechando que Goten acababa con los escasos bocadillos restantes, Gohan, alejándose de su familia, se mezcló con las demás personas apresurándose en alcanzar a Videl–no me tardaré demasiado, lo prometo.
Siguiendo el invisible rastro de energía que emanaba de ella, el antiguo Gran Saiyaman, como si estuviese recogiendo migajas de pan, fue encaminándose hacia el exterior de la preparatoria oyendo como el aguacero golpeaba los techos con fuerza. Y al doblar en una esquina, viendo frente a él una salida de emergencia abierta, sin dudarlo, empujando la puerta, Gohan la cruzó.
Allí estaba ella, reclinada contra una pared mirando las gotas de agua chocar contra el suelo. En el piso, colocados con cuidado, yacían su diploma y su birrete. Y si bien todavía traía puesta su toga, Gohan, teniendo un presentimiento, intuía que ella quería quitársela de encima al ya no soportarla más. Igualmente, sospechando que Videl no ignoraba su aparición, el chico decidió proceder con cautela.
– Supuse que tarde o temprano tendríamos que volver a hablarnos, sería muy ingenuo pensar que fingiríamos que nada pasó y que la vida es tan normal como la recordábamos–adelantándose a cualquier cosa que dijese el pelinegro, Videl, sin voltearse, continuaba mirando el aguacero caer–quiero que sepas que no te guardo ningún rencor por todo lo que pasó, resultaría muy hipócrita de mi parte reprocharte por los errores que cometiste mientras ignoro los míos. Ambos nos equivocamos; ambos tomamos decisiones erróneas, ahora nos tocará llevarlas con nosotros por el resto de nuestros días.
– Ireza me comentó que te irás de Ciudad Satán; dijo que estudiarías leyes–con cuidado, no deseando arruinar su última conversación, Gohan se le unió al contemplar la lluvia–no sé adónde piensas ir, pero te deseo mucha suerte. Yo también me iré, pienso mudarme a la Capital del Oeste la próxima semana. No digo que no vuelva nunca, pero es posible que no regrese a Ciudad Satán en varios años.
– ¿Era cierto lo que me dijiste aquella noche en la fiesta del alcalde? –directa y sin rodeos, tampoco sin girarse hacia él, Videl le preguntó de imprevisto– ¿todo aquello que dijiste sobre mí era verdad?
En un principio, Gohan no entendió a qué se refería, aquella noche hablaron de muchos diversos temas, pero su mente, como si le diese una bofetada para que comprendiera, rápidamente le hizo entender de qué hablaba.
– Claro que sí. Cada palabra que dije sobre ti fue verdad esa noche, y hoy, lo sigue siendo–atreviéndose a mirarla de soslayo, el chico pensó que se veía muy hermosa con el cabello largo y suelto–yo lamento no haber actuado mejor, también desearía haberte dicho que me enamoré de ti antes de que todo comenzase…
– ¿Sigues enamorado de mí a pesar de saber que fui una mentirosa y una sinvergüenza con otro hombre que también sentía lo mismo que tú? –Manteniendo la actitud autocrítica consigo misma, Videl, lanzándose un doloroso dardo, le cuestionó– ¿acaso piensas que podríamos ser felices juntos como si nada de lo que ocurrió hubiese pasado?
– Tú misma lo dijiste hace un minuto: los dos nos equivocamos, les mentimos y lastimamos a quienes nos rodeaban al dejarnos llevar por nuestras inseguridades–no importándole que algunas ráfagas de agua lo mojaran, Gohan, parándose delante de Videl, la encaró–pero eso no ha hecho que deje de amar a la Videl que conocí y recuerdo; aquella Videl valiente que arriesgó su vida muchas veces con tal de ayudar a los demás.
– Pues lamento arruinar tus ilusiones, Gohan; pero la Videl que amas, ya no existe más.
Guardando silencio, no esperándose un comentario como ese, Gohan trató de responderle pero no pudo hacerlo. Mirándola, sin apartar sus ojos de los de ella, el primogénito de Goku concluida que Videl tenía razón en cierto modo. La Videl ante él; la Videl que yacía a centímetros de distancia, era una Videl completamente diferente a la Videl que conoció en su primer día de clases hace muchísimo atrás.
Esta nueva Videl, surgida como un fénix de las cenizas de su anterior yo, era una Videl más consciente de sus fortalezas y debilidades, sabiendo lo que podía y no hacer. Sumado a eso, la otrora justiciera que veía en la actualidad, habiendo cometido equivocaciones muy graves, reconocía precisamente sus errores y se esmeraba en enmendarlos para reparar los daños ocasionados por ella misma.
Y por último, marcando una notoria diferencia entre ambas, reflejándose en la expresión de su rostro, aquella enfermiza arrogancia que la llenó de excesiva confianza y falsa seguridad había desaparecido casi en su totalidad. Luego de una cruda y urgente dosis de humildad, Videl, ya no sintiéndose ni creyéndose invencible, era más sensata de sus limitaciones aceptando cuando no le era posible ganar.
En definitiva, tanto para bien como para mal, ella no mentía: no era la misma de antes.
– Entiendo a qué te refieres, no niego que tienes razón: has cambiado–sintiendo como su espalda y nuca se mojaban por las gotas de lluvia que lo salpicaban, Gohan, no dándoles importancia, se quedó en esa misma posición para poder hablarle cara a cara–pero este cambio en ti no me causa molestia ni tristeza, y tampoco hace que mis sentimientos por ti desaparezcan.
La Videl que fue, aquella Videl que les pateaba el trasero a los criminales con sus propias manos, pasó a pertenecerle a los libros de historia desde el instante en que nació la Videl renovada que le conversaba. La heroína de antaño, la chica con coletas que lo enamoró, pasará a morar por siempre dentro del museo que Gohan construirá para ella en las paredes de su corazón.
Añorará a la que fue, amará a la que es y soñará con la que será.
– Gohan, no te lastimes a ti mismo engañándote con falsas esperanzas–hablándole con una manera más amable, la hija de Mr. Satán, agradeciéndole internamente por haberle regresado a su padre, esperaba que esta despedida fuese lo menos dolorosa posible para los dos–sigo sin entender qué cosa hice para que sintieras esto por mí; pero sea lo que haya hecho, no te merezco.
Gohan pretendía replicar a eso último; pero Videl, con rapidez, habló primero.
– Le rompí el corazón al primer hombre que me ha dicho lo mismo que tú; incluso hice cosas mucho más horribles en su contra. Si no fuese por ese extraño dragón mágico que invocaste, posiblemente él me odiaría por el resto de su vida–recordando, por un segundo, cada una de las mentiras y engaños que perpetró deliberadamente contra Shapner, Videl empezó a mover su cabeza en forma negativa–no me siento cómoda ni segura para volver a estar con un chico en una relación; no por un largo tiempo. Necesito volver a empezar; necesito comenzar desde cero mientras voy curando mis heridas. Lamento destruir cualquier idea que tengas en mente, pero no puedo estar contigo ni con nadie más…
– Te amo, Videl…–ya no importándole el rechazo, convencido de lo que sentía, Gohan se lo dijo de frente sin dudarlo–eso es lo que siento por ti justo en este momento; y aunque sé que tal vez estoy pecando de ingenuo e inmaduro, no dudo que seguiré sintiendo lo mismo hasta el último día de mi vida. Te doy mi palabra que nunca me olvidaré de ti, no importa cuántos años pasen sin que nos veamos, no me olvidaré de ti.
– Yo tampoco me olvidaré de ti…–obsequiándole una leve pero sincera sonrisa, Videl, por primera vez en todo el día, mostraba un genuino gesto de felicidad–sería imposible que me olvidara de alguien que puede detener balas con las manos o flotar en el aire. Si las cosas hubieran sido diferentes, me habría encantado aprender a hacer lo mismo que tú.
– Aún podría enseñarte…–esperanzado de volver a verla, Gohan, buscando cualquier posibilidad que le permitiera tener un contacto más seguido, le aseguró con prisa–podríamos vernos en cualquier lugar, no importa la distancia, yo te buscaría para entrenarte.
– Agradezco tu gentileza, Gohan; pero me temo que eso no será posible–dinamitando sus efímeras ilusiones, Videl, rechazando su oferta, le replicó–por ahora quiero distanciarme un poco de todo lo relacionado con las artes marciales, las sigo amando; pero quiero descansar de ellas. Además, pienso ir a la Capital del Sur a estudiar leyes, estaríamos demasiado lejos el uno del otro; pero tal vez algún día, cuando ambos hayamos vencido a nuestros demonios, podrás enseñarme a volar.
– Estaré esperando ese día, no importa cuánto tiempo tenga que pasar, estaré esperándote–desanimado, pero conservando un poco de optimismo, Gohan le dio una media sonrisa.
Mirándose, imaginado un mundo donde quizás el destino les permitió ser más que simples conocidos, los dos, suponiendo que sus padres los buscaban, sabían que ya era la hora de decir adiós. Ninguno imaginaba ni sospechaba que pasarían quince largos años para que volvieran a verse; inclusive, en sus momentos de más absoluta soledad y privacidad, pensaron que no se verían otra vez.
Recogiendo su diploma y su birrete, Videl, dándole un vistazo final, no halló las palabras adecuadas para despedirse de Gohan, ya que él, no resistiéndose al impulso que lo invadió, dio un paso al frente para sujetar sus mejillas y besarla allí mismo. Esta era la segunda vez que Gohan le robaba un beso, tal y como sucedió en aquel balcón, Videl, sin oponer resistencia, se lo permitió.
El saiyajin, sin apartarse de ella, admitía que aquello fue demasiado atrevido de su parte; sin embargo, al sentir como Videl le correspondía, quería grabar en su memoria la suavidad y la humedad de sus labios, así como su sabor. No hubo muestra alguna de lujuria; al contrario, fue una caricia llena de amor verdadero que también actuó como una promesa tácita de reencontrarse en un distante futuro.
Y así, admitiendo que debía dejarla ir, soltándola lentamente, Gohan le sonrió mientras ella retrocedía para girarse por completo. Luego de eso, dejándolo atrás, Videl se marchó. El resto del día trató de verse feliz para su madre, no quería arruinar su felicidad contándole que yacía roto por dentro. Así pues, por tres quinquenios consecutivos, hizo justamente lo que le prometió a Videl: esperarla.
Varias otras mujeres se cruzaron por su camino a lo largo de los años, todas ellas, encantadas por su físico musculoso y por su reputación, intentaron ser más que solamente colegas en el trabajo. No obstante, siempre apareciendo en su mente, aquel enamoramiento juvenil que se negaba a morir le impedía mirar a alguna de ellas como éstas lo deseaban.
– Quiero volver a verte; quiero conocerte de nuevo…
Ahora, siendo ya todo un treintañero, un Gohan esperanzado abrió las puertas del mismo gimnasio donde se graduó, confiando en que, esta vez, Videl y él sí pudiesen ser lo que en el pasado no pudieron. Muchas caras conocidas aparecieron frente él, algunas no lo reconocieron mientras que otras sí, pero en el fondo de la habitación, sintiendo un ki muy familiar, Gohan supo hacia dónde dirigirse.
Allí estaba ella, a lo lejos, de pie y de espaldas, sin imaginarse que continuarían donde se habían quedado.
– Discúlpala, Shapner. Últimamente anda muy distraída, ya sabes lo mucho que la ponen nerviosa las fiestas y reuniones…
Sintiéndose acorralada, viendo frente a ella al primer hombre que juró amarla, Videl, sorprendida como una ladrona en medio de una fechoría, ni siquiera fue capaz de saludarlo. Ireza, cortando aquel silencio incómodo, rápidamente actuó como una intermediaria que relajó la tensión. Shapner, por su parte, lucía muy sonriente, casi divertido por la expresión facial tan pálida y asustada que su exnovia exhibía.
– Es un gusto verte de nuevo, Videl. Cuando te vi de espaldas no te reconocí con ese peinado; por lo demás, no has cambiado nada.
Tendiéndole la mano, comportándose con una paciencia poco usual en él, Shapner volvió a saludarla. La pelinegra, notando las muecas que Ireza le hacía desde el fondo, salió de su letargo aceptando el gesto amistoso de su antiguo y efímero novio. Sus manos, tocándose otra vez después de muchísimos años, se apretaron mutuamente por unos segundos antes de soltarse una vez más.
– Hola, Shapner–lidiando con su evidente nerviosismo, Videl, al fin pronunciando palabra, le habló–discúlpame por no haberte respondido la primera vez, es que no te reconocí con ese corte de cabello. Jamás pensé que te lo cortarías, recuerdo lo mucho que lo amabas y lo cuidabas.
– Lo conservé por un par de años después de haberme ido de Ciudad Satán, pero cuando me empezaron a dar mis primeros papeles, tuve que cortármelo–pasando una mano por sus cortos cabellos dorados, aquel Shapner más viejo, le respondió con una pequeña carcajada–al cabo de unos meses terminé acostumbrándome a este estilo, es mucho más cómodo y fresco; sobre todo cuando tengo que viajar.
– Por cierto, Shapner–viendo una oportunidad periodística, Ireza, uniéndose a la conversación, se volcó hacia el rubio–sé que estás muy ocupado, tengo entendido que no estarás mucho tiempo en la ciudad, pero me gustaría tener una corta entrevista contigo para hablar de tu carrera. Si te fuera posible, créeme que te lo agradecería muchísimo.
– ¡Claro, estoy seguro que puedo hacer espacio en mi agenda! –Contento, sinceramente feliz por reencontrarse con sus ambas, Shapner le afirmó–creo que sería la ocasión perfecta para dar una noticia que he mantenido en secreto desde hace unos días, no acostumbro hablar mucho de mi vida privada con la prensa; pero al tratarse de ti, será divertido.
– ¡Una exclusiva! –Escuchando como las alarmas sonaban en su cabeza, Ireza, casi lanzándose sobre Shapner, hubiese grabado allí mismo la entrevista de haber tenido el equipo adecuado–me muero por saber de qué se trata, apuesto que te dieron un papel muy importante.
– He tenido buena suerte, los últimos proyectos en los que he trabajado han cosechado una generosa taquilla–orgulloso de su carrera como actor de cine; pero sin presumir, Shapner no perdía su sonrisa–aunque en realidad, lo que quiero contarte no tiene nada que ver con alguna película.
– ¿Entonces?
– Pienso casarme muy pronto, se lo propuse a mi novia la semana pasada y ella aceptó…
Gracias a la intromisión de Ireza, Videl, volviendo a ensimismarse, se quedó allí de pie viéndolos hablar sin participar. Francamente, sorprendiéndose por aquella revelación, la antigua heroína de Ciudad Satán no se imaginaba que Shapner estuviese pensando en contraer nupcias. No es que no se alegrara por él, sino que empezaba a creer que lo dicho por Ireza en la cafería horas antes era la pura verdad.
La vida de Shapner sin ella continuó, el rubio no se mantuvo estancado en el mismo recuerdo doloroso negándose a salir de su prisión. Si bien era cierto que Shapner no recordaba lo que sucedió ni tampoco que ella era la culpable de lo sucedido, Videl, avergonzándose de sí misma, empezaba a imaginarse como una anciana que viviría en soledad rodeada por un millón de gatos.
Sin embargo, culpándose otra vez por sus crímenes contra él, la pelinegra, con rapidez, notó como las voces de Ireza y Shapner se volvían lejanas como si no estuviesen parados frente a ella. En contraste, sintiéndose de regreso en aquella estación de trenes, Videl, viéndose a ella misma ante su padre muy mal herido, empezó a escuchar la voz de Gohan y la suya propia pidiéndole que lo ayudase.
– Tranquilízate, Videl. Sé que es difícil, pero necesito que mantengas la calma–observando como la cara de Videl palidecía al ver a su padre en esas condiciones, Gohan, escuchando como su llanto reiniciaba, trató de mantenerla enfocada y estable–él se pondrá bien, no olvides como la semilla curó tus heridas. Pasará lo mismo con él, confía en mí.
– ¡Pero no está en condiciones para comer nada! –haciendo hincapié en la nula claridad mental de Mr. Satán, Videl, alzando la voz, le replicó–no pude darle la semilla a Shapner por la misma razón. Si no es capaz de comerla por sí mismo, no se repondrá.
Girándose a un costado, mirando directamente al durmiente Shapner, Gohan soltó una maldición al darle la razón a Videl al respecto. Shapner; pese a su inconciencia, no corría peligro, cosa que no podía decirse de Mr. Satán. Para Gohan la situación era más que clara, la única manera de salvarlo era que él comiera la semilla del ermitaño, era fundamental que Mr. Satán despertara.
– ¡Papá, por favor reacciona!
Habiendo llegado a la misma conclusión, Videl, adelantándose a cualquier plan que Gohan idease, sujetó a su padre del rostro y le habló en un intento desesperado por hacerlo reaccionar. El saiyajin, por su parte, sostenía una de las semillas en su mano preparándose para dársela al padre de la pelinegra tan pronto como éste fuese capaz de tragarla por sí mismo.
– No me dejes sola, papá. Te necesito conmigo…–todavía llorando, suplicándole a su padre agonizante, Videl miraba asustada la cara casi inexpresiva del campeón–todavía no estoy lista para verte partir, es demasiado pronto para que te vayas. Aún puedes quedarte conmigo; pero necesito que reacciones, papá.
– Su ki está cada vez más débil, no le queda mucho tiempo–si bien sus palabras no sonaban nada alentadores, eran la pura verdad–señor Satán, necesitamos que coma esta semilla…
Acercándole aquel fruto mágico a los labios, Gohan, abriéndole la boca, se hallaba más que listo para suministrarle dicha cura, solamente hacía falta que Mr. Satán pudiese masticarla.
– Hay muchas cosas de las que quiero hablar contigo, papá. Estoy enterada de muchas verdades; verdades muy dolorosas, pero estoy dispuesta a escuchar tu versión de la historia–recordando que Gohan le confirmó lo ocurrido en el Torneo de Cell, y que Van Zant, sin ninguna delicadeza, le ratificó que su padre financió la guerrilla que el mafioso lideraba, para la otrora justiciera, era vital platicar con él sobre aquello–sé que no será fácil para ninguno de los dos hablar sobre estos temas; sé que los negarás y que te sentirás muy avergonzado, pero quiero que haya honestidad entre nosotros…
En ese momento, usando las pocas fuerzas que le quedaban, tomándolos por sorpresa a los dos adolescentes, Mr. Satán entreabrió los ojos sin poder moverse más. Ante él, dibujándose de forma borrosa, el campeón alcanzó a ver una silueta humana que le resultaba increíblemente familiar. Dicha silueta, con el paso de los segundos, fue tomando el aspecto de su amada esposa.
Habían pasado años desde la última vez que pudo ver su cara sonriente, y en respuesta a esto, un aluvión de recuerdos lo golpearon de lleno al pensar en sus primeras citas y en aquellos besos que compartieron a escondidas. Asimismo, viéndola sonreír en el altar al esperarlo, Mr. Satán juraría que ambos eran jóvenes de nuevo y que estaban a punto de casarse por segunda vez.
En medio de aquella alucinación, embriagado de la paz que lo abrazaba, ni una sola pizca de dolor lo afligía comenzando a ilusionarse con la posibilidad de reunirse con ella en el más allá; no obstante, resonando muy débil en un inicio pero ganando intensidad después, un constante eco fue llegando hasta él inundando sus oídos con una voz que creía no volver a escuchar jamás.
– ¡Papá, necesito que reacciones!
Pestañeando, concentrándose otra vez en la figura que se dibujaba frente a él, Mr. Satán, sabiendo quién le hablaba, miró con más cuidado notando como las facciones de su esposa se borraban para darle cabida a las de su única hija. Ambas eran casi idénticas, no por nada siempre pensó que eran como dos gotas de agua por su increíble parecido físico.
– ¡Papá, no me abandones!
Guardando silencio, no queriendo inmiscuirse en una tragedia tan personal, Gohan se limitaba a sentir como el ki de Mr. Satán continuaba desvaneciéndose suponiendo que sólo era cuestión de segundos para que muriese. Aquello, sin que pudiese evitarlo, trajo a su mente aquel instante cuando su padre Goku se despidió de él antes de marcharse con Cell.
Ver a Videl llorar desconsolada le provocaba muchísima rabia, no era justo para ella que viese morir a Mr. Satán sin que tuviese la oportunidad de decirse adiós. Incluso él; a pesar de ser el responsable del sacrificio de Goku, pudo pedirle perdón por su arrogancia y por haber sido tan estúpido de no derrotar a Cell cuando superó sus poderes.
Si tan sólo supiese cómo hacer la técnica de la teletransportación, Gohan, pensando en Dende, se convencía que podría salvarlo si lo llevaba al templo sagrado; empero, no teniendo ni la más mínima noción de cómo realizarla, se sintió completamente invadido por la frustración. El suicidio de Van Zant le importaba un bledo, pero el fallecimiento de Mr. Satán sí le causaba tristeza.
– Videl…
Interrumpiendo la meditación de Gohan y las lágrimas de Videl, Mr. Satán, demostrando que sin tener las habilidades de un saiyajin era poseedor de una resistencia sobrehumana, pronunció el nombre de su primogénita negándose a marcharse sin hacer un esfuerzo más por vivir. Gohan, haciendo a un lado su asombro, dejó caer la semilla en la lengua del campeón mundial.
– Coma esta semilla, Mr. Satán–anticipándose a cualquier reacción de Videl, Gohan, hablándole a Mr. Satán, se apresuró en pedirle que comiese la semilla–le prometo que se repondrá en menos de un segundo; pero por favor, cómala de inmediato…
– ¡Mastícala, papá! –Sumándose a las peticiones de Gohan, Videl, todavía con la tez de su rostro humedecida por el llanto, no apartaría sus ojos de su padre por nada del mundo– ¡hazlo, papá!
Cerrando sus pestañas, ya sintiéndose muy cansado como para mantenerlas abiertas, Mr. Satán sintió algo sólido entre sus dientes que mordió por reflejo. Sus mordidas fueron lentas y suaves, el sabor agrio y ácido que se extendió por su paladar le ofreció uno mucho más agradable que opacó el de la sangre. Empero, olvidándose de los sabores, algo muchísimo más impactante se apoderó de sus sentidos.
Jamás había experimentado una sensación como esa, fue como viajar al espacio en menos de un parpadeo hasta alcanzar las estrellas y más allá. Luego de tragar aquello que masticó, brotando desde el centro de su ser, un calor agradable y reconfortante se extendió por todo su cuerpo regresándole la vitalidad que hacía segundos no tenía. Fue algo mágico, era sencillamente imposible de explicar y creer.
Sus dolencias desaparecieron con una rapidez pasmosa, y a su vez, devolviéndole la claridad mental que le fue arrebatada por el disparo de Van Zant, Mr. Satán, consiguiendo escuchar con normalidad las voces que le hablaban, abrió sus ojos de golpe topándose de frente con ella. No entendía cómo era posible que Videl estuviese allí, se suponía que la lucha contra el Gran Saiyaman era ultra secreta.
Pero aquello, muy honestamente, no le importaba en lo más mínimo.
– ¡Videl!
– ¡Papá!
La justiciera, despertando de su asombro al verlo consciente, se comportó como si fuese una niña pequeña y se arrojó a sus brazos. Mr. Satán, por su parte, todavía con dudas de lo que ocurría, apretó con fuerza a su hija mientras la escuchaba llorar contra su pecho. Ese debía ser, en definitiva, el segundo día más extraño y sobrenatural de toda su vida, el primero, claramente, era el Torneo de Cell.
Asimismo, sin que ni Videl ni Mr. Satán se percatasen de ello, Gohan, quien se mantenía en silencio para no interrumpirlos, sintió un poco de envidia al desear un reencuentro igual con su padre. Sin embargo, sintiéndose feliz por Videl, le satisfacía que ella no haya terminado huérfana como estuvo a punto de suceder. Habiendo sido una tarde tan horrenda, ya era más que necesaria una dosis de alegría.
– ¿Cómo es posible que estés aquí? –preguntándole, ya encontrándose totalmente recuperado, Mr. Satán no se demoró en hablarle a su hija–no deberías estar aquí; no deberías saber tan siquiera que este lugar existe.
Recordando aquella espantosa visión donde Videl era rechazada por la sociedad por culpa de sus acciones, Mr. Satán, también al borde de las lágrimas, se alegraba de verla en buenas condiciones y no como una desamparada leprosa que vivía y dormía debajo de un puente. Dicha pesadilla, por más atroz y mortífera que le resultó, fue la catarsis que necesitaba para liberarse de sus grilletes y cadenas.
– Es una larga y complicada historia, papá.
– ¿Qué fue esa cosa extraña que me diste? –Examinándose a él mismo, Mr. Satán vio con incredulidad como no quedaba rastro alguno del impacto de bala que casi lo mató–esto no puede ser verdad, no hay forma alguna en la que me haya salvado de la muerte.
– Lo que comió fue una semilla del ermitaño, es una medicina capaz de curar cualquier herida sin importar su gravedad–oyendo una voz desconocida para él, girándose a su derecha, Mr. Satán se topó cara a cara con el chico cuya muerte él intentó perpetrar–tuvo mucha suerte; Mr. Satán, de no haber comido la semilla a tiempo, usted no hubiera sobrevivido.
Videl, tomándose un instante para tomar aire y aclarar su garganta, se dio cuenta que su padre no sabía quién era Gohan a pesar de sí conocerlo bajo otro nombre. Por ende; aunque fuese muy doloroso para los dos, Videl se dispuso a tomar la palabra para decirle varias noticias.
– Su nombre es Gohan, es mi compañero de clase en la escuela. Es gracias a él que pudiste recuperarte, Gohan fue quien te dio una de esas extrañas semillas mágicas que curan heridas–ganándose la atención de su padre, la ojiazul, sin demoras, le explicó–pero hay otra cosa que debes saber; papá, Gohan es el Gran Saiyaman.
Mirando como la expresión en su rostro cambió, la otrora justiciera, notó como una mezcla de sorpresa y enojo se reflejó en las facciones de su padre; empero, no teniendo tiempo para revivir viejas polémicas que ya no venían ni al caso, Videl, sin que fuese necesario que él lo preguntase, continuó poniéndolo al tanto del panorama actual que los envolvía en ese preciso momento.
– Él fue el que te hizo daño, también asesinó a Shapner…
Si Videl hubiese poseído poderes de telepatía, habría visto los varios recuerdos que cruzaron por la mente del campeón al decir aquello. Evocó el inicio de toda esta locura, cuando Videl, renunciando a ser ella misma, culpó al Gran Saiyaman de hacerla ver como una inútil al superarla con sus increíbles habilidades. Igualmente, recordó como dio por muerto a Shapner cuando éste luchó contra él.
– Todo se terminó, la pelea se acabó–intentando mantener la calma que tanto trabajo le costó a ella misma recuperar, Videl, aún abrazándolo, apretó su agarre sobre él–Shapner está con vida, pero inconsciente. Ya no hay necesidad de luchar más.
– Sé que hay muchas cosas que ustedes dos necesitan hablar, así que les daré espacio–poniéndose de pie, Gohan, mirando sus alrededores, les afirmó a los dos–veré si puedo hacer reaccionar a Shapner para que coma una de las semillas, luego tendremos que decidir qué haremos antes de volver a la ciudad…
– ¡Van Zant! –Recordando al hombre que lo traicionó, Mr. Satán, alzando la voz, se volteó desesperado hacia su hija al interrumpir a Gohan– ¡tenemos que irnos antes que él…!
– Van Zant está muerto, cuando vio que no podía ganar se dio un disparo en la cabeza–dejando helado a Mr. Satán, Gohan, apuntándole con un dedo hacia el cadáver de Van Zant, arrancó de raíz cualquier miedo o preocupación que Mr. Satán tuviese al respecto.
Videl, ladeándose hacia Gohan, le hizo un gesto con la cabeza para indicarle que ella se encargaría de su padre, por lo cual, sin más que agregar por ahora, el saiyajin hizo lo que dijo y se encaminó hacia Shapner para cuidar de él. Al verlo alejarse, la chica con coletas, secando la humedad palpable en su faz, sabía que tanto ella como su padre tendrían que darse muchísimas explicaciones el uno al otro.
Así pues, escuchando como los truenos en el cielo presagiaban que muy pronto llovería, Videl, suspirando con amargura, se preparó para abrir una vieja herida que se remontaba hasta el mismísimo Torneo de Cell. Pudo haber elegido un método más directo, uno donde dejase caer la bomba sobre él desenmascarándolo como un falso salvador; pero decidió que tocaría el tema con delicadeza.
Por ello, manteniendo enfocado al campeón sobre ella, Videl, como una manera de amortiguar el golpe, fue relatándole cómo se enteró de la confrontación contra el Gran Saiyaman al haberse producido un inesperado encuentro entre Shapner y Gohan en la alcaldía, donde ella, sin haber tenido la intención de hacerlo, acabó presenciando como ambos se retaban acordando verse en ese lugar abandonado.
Mirando de reojo a Gohan quien se mantenía ocupado con el rubio, Videl, sin perder la tranquilidad, le narró a su padre el caótico viaje que tuvo hacia aquel sitio volando a toda velocidad. Más adelante, aterrizando finalmente, y sin detallarle demasiado sobre las graves lesiones que recibió al defenderse, la pelinegra le contó del nada amistoso recibimiento que le brindaron las tropas de Van Zant.
– Peleé con ellos por unos minutos, te confieso que me sentí muy agotada porque había dejado de entrenar desde hace mucho–si bien la salud de su padre era perfecta, su ropa, manchada con su propia sangre, le daba un aspecto muy impactante–tampoco voy a negar que me vi en serios problemas en un par de ocasiones, haberme alejado de los entrenamientos complicó las cosas; pero fue allí cuando apareció Shapner y me ayudó.
Ante la mención del rubio, Mr. Satán, muy avergonzando por toda la vil manipulación que orquestó hacia él, trató de decir algo pero fue incapaz de hacerlo. Entretanto, todavía hablándole, Videl prosiguió con su breve resumen narrándole cómo fue capturada por Van Zant, su padre, al escuchar eso, dibujó una cara de total espanto que, con rapidez, cambió a una de alegría al saber que ella le dio una golpiza.
Sin embargo, al explicarle cómo Shapner terminó inconsciente y cómo Gohan reapareció para rescatarlos a ambos, el campeón mundial, incomodándose nuevamente, no escondió su lucha interna por replantearse su percepción sobre él. Aquel chico fue el responsable de darle nacimiento al tormento de su hija; asimismo, no sólo le debía su propia vida, sino también, la de Shapner y la de su primogénita.
Ya habiendo actualizado lo mejor posible, Videl, ya no queriendo eludir más la verdad que cargaba en su espalda, se limitó a decírsela con una frase suave y corta:
– También sé lo que pasó en el Torneo de Cell; sé que tú no le ganaste a Cell.
Al parecer Gohan también llegó a escucharla, ya que, con girarse un poco, el chico la miró fijamente antes de regresar a lo que hacía. Sabiendo que su padre no estaba preparado para oír aquello, Videl, prometiéndole que hablarían con más comodidad cuando volviesen a casa, le obsequió otro abrazo susurrándole al oído que lo perdonaba y que no le guardaba ningún resentimiento por haberle mentido.
– He cometido tantos errores; tantas estupideces–ahora siendo su turno para llorar un poco, Mr. Satán, aferrándose a ella, le respondió–siempre había creído que mi vida mejoró cuando sucedió lo de Cell; pero ahora entiendo que solamente se arruinó. Nunca le dije la verdad a tu madre, me quedé callado porque temía que me abandonara al decírsela. Y ahora, haberme dejado dominar por Van Zant, sólo demuestra que soy un grandísimo estúpido.
– ¿Por qué, papá? –Contagiándose de su melancolía, a Videl se le escapó aquella pregunta– ¿por qué de todas las personas en el mundo tuviste que buscarlo a él?
– Pensé que sería el único que podría vencer al Gran Saiyaman, de verdad creí que él me ayudaría–recordándose a él mismo cuando contrató a Van Zant, Mr. Satán le respondió sin usar excusas–tampoco puedo olvidar todo lo que le hice a Shapner, estoy seguro que ese muchacho me odiará por el resto de su vida. Además, no dudo que él les contará a todos lo que sucedió aquí, sólo es cuestión de tiempo para que termine en prisión.
Soltando levemente a su padre, Videl, inquietada por lo que dijo, se giró para verlo cara a cara.
– Él está en su derecho de exigir justicia por todo lo que tuvo que pasar por culpa mía, yo lo utilicé como un títere para que fuese una carnada humana; inclusive, estuvo a punto de morir–muy desanimado, Mr. Satán aceptaba su responsabilidad en todo lo ocurrido–es imposible que Shapner se quede callado, él se los dirá a sus padres y luego ellos se lo dirán a la policía. Estoy acabado, en unos meses, estaré en una cárcel.
– ¡Yo lo conozco, sé que nunca haría algo así!
– Ese será mi castigo, es lo que merezco–duro consigo mismo, Mr. Satán le negó con la cabeza–tal vez no morí este día, pero pasaré el resto de mi vida en una prisión por haber sido un pésimo padre y por haber puesto en peligro a Shapner…
Si bien Videl deseaba que nada de esto saliese a la luz pública, manteniéndose fiel a su ética moral, ella sabía que su padre había roto la ley en diversas formas: se asoció con el crimen organizado, financió la compra de armas ilegales, engañó a un tercero para perpetrar un asesinato y, más grave todavía, puso en peligro mortal a Shapner. Todo aquello, sin duda, era castigable con la cárcel.
– Y no nos olvidemos de Cell, si la gente llegase a enterarse de la verdad se volcarían en mi contra–evocando la pesadilla que tuvo anteriormente, Mr. Satán comprendía que no tenía salvación–toda mi fortuna la formé gracias a mi supuesta victoria, cuando se sepa que no soy ningún héroe lloverán sobre mí miles de demandas exigiendo la devolución de ese dinero. Me arrebatarán la mansión, los autos y todo cuando poseo, será mi fin.
No obstante, más allá de los bienes materiales, le importaba mucho más el futuro de su hija.
– No me importa si me quitan todo, lo que me preocupa es qué pasará contigo. No quiero dejarte desamparada sin un techo sobre tu cabeza; no quiero que termines viviendo como una indigente debajo de un puente y buscando comida en los basureros.
Escuchar a su padre decirle aquello dejó muy impactada a Videl, quien, ni remotamente, se había visto a sí misma en una situación como esa. Empero, al pensarlo profundamente, la pelinegra entendía que su padre tenía razón en un punto muy importante: ya sea para bien o para mal, la vida que conocían; la vida llena de lujos y comodidades que los caracterizaba, llegaría a su fin al conocerse la verdad.
La opinión pública, ejerciendo una enorme presión en todos los sectores de la sociedad, exigiría que la traición de Mr. Satán, hacia quienes se consideraban sus admiradores, fuese castigada de la manera más fuerte posible. Todo cuanto poseía el ya no tan ilustre campeón mundial le sería arrebatado, incluso Videl, indirectamente, también vería como su reputación acabaría manchada y destruida.
Ante esto, haciéndose muy real la advertencia de Mr. Satán, Videl se imaginó vagando por las calles suplicándole a cualquiera por un trozo de pan. Sus sueños por estudiar leyes se truncarían, ninguna universidad estaría dispuesta a recibir en sus salones a la hija de un mentiroso y charlatán. Terminaría como él se lo dijo hace un segundo: viviendo debajo de un puente y buscando comida en la basura.
– ¡Perdóname, Videl! –Rompiendo en llanto sin saber qué hacer, Mr. Satán, desplomándose en los brazos de su hija, le suplicó su perdón–he destruido por completo tu vida y tu futuro. Cuando todos sepan las cosas que hice, te inculparán por mi culpa. No sé cómo solucionar esto, no hay forma alguna en que lo arregle, sin quererlo abrí la caja de Pandora.
– Papá…
– ¿Qué será de ti cuando yo esté en prisión? –Desconsolado, Mr. Satán exhibía sus mayores temores– ¿dónde vivirás cuando no tengas un techo sobre tu cabeza?
Gohan, quien se encontraba arrodillado junto a Shapner, girándose, no pudo evitar escuchar los sinceros y preocupados clamores de Mr. Satán.
– Por muchos años me olvidé de ti; te abandoné–casi sin voz, Mr. Satán le afirmó a Videl–cometí el error de dejarme llevar por el dinero; y ahora, que al fin quiero ser el padre que debí ser para ti, las consecuencias de mis actos me apartarán de ti otra vez.
En aquel entonces, asimilando la tragedia familiar que caería sobre ambos al salir de aquella estación abandonada, Videl, sin saberlo, estaba a punto de decirle adiós al mundo que conocía para entrar en uno nuevo plagado de misterios y criaturas que se escapaban de su entendimiento. Y el responsable de aquello fue el mismo de salvar a su padre, el mismo chico que decía estar enamorado de ella.
– Sé que tal vez no es correcto que me inmiscuya en su vida personal, aún más si tomo en cuenta que también cometí errores muy graves, pero conozco la manera de arreglar esto…
Para cuando Gohan les dijo eso, tomándolos desprevenidos a tanto ella como a su padre, Videl, aún sin saber a qué se refería, confiaba en él. Lo había visto volar por los cielos, levantar autobuses y detener balas con las manos, inclusive, más impresionante todavía, curar heridas mortales con una simple semilla. Sea lo que sea que Gohan tuviese en mente, Videl lo escucharía.
– ¿De qué estás hablando? –Mr. Satán, aún sin confiar en Gohan del todo, se volteó hacia él para preguntarle– ¿qué podrías hacer tú para solucionar todo este desastre?
– Sé que no confía en mí, Mr. Satán. Puedo verlo en su mirada claramente, y no lo culpo–respondiéndole, Gohan posó sus ojos en los del campeón–yo tengo una enorme cuota de responsabilidad en todo lo que pasó hoy, no es justo que toda la culpa caiga solamente sobre sus hombros. Yo también soy tan culpable como usted.
– Aún no respondes a mi pregunta…
– Tal vez no me lo crea, pero usted y yo ya nos habíamos conocido antes…–viendo la expresión confundida que creó en él, Gohan le aseveró–fue hace siete años, yo era un niño pequeño cuando lo conocí en persona. Fue en el Torneo de Cell, usted llegó con la intención de derrotar a Cell, pero él lo venció al sacarlo de la plataforma.
Como si estuviesen sacando desde del fondo de su mente aquellos traumáticos recuerdos, Mr. Satán, incrédulo, se negaba a creer lo que sus oídos escuchaban.
– A pesar de sus fallas, usted fue muy valiente al quedarse y ver la pelea. Cualquier otra persona hubiese huido, pero usted se quedó y vio lo que pasó…
– No puede ser posible, no puedes ser tú…
– Sinceramente creí que nunca nos volveríamos a ver, pero parece ser que el destino quiso lo contrario…
– Eres aquel niño; aquel niño de cabellos rubios que peleó con Cell…
– Sé que ambos tenemos mucho de qué hablar al respecto, con gusto lo haremos si así lo desea; pero por ahora, les explicaré mi idea.
Luego de quince años, por más que revivía ese momento una y otra vez en su memoria, Videl seguía sin creer lo que escuchó y vio. Gohan, como si fuese la cosa más normal que existiese, les relató una historia loca y demente que cualquier otro se hubiese negado a seguir escuchando. Sin embargo, por más que el sentido común lo intentó, su padre y ella se mantuvieron en silencio para oír lo él que tenía que decirles.
Gohan les contó sobre un dragón mágico que, al reunirse siete esferas de cristal, era capaz de concederles tres deseos a aquellos que las reuniesen. Dicho dragón, llamado Shenlong, era un viejo amigo y conocido de su infancia que no dudaría en venir a su auxilio si se le invocaba. Y con su ayuda, tal y como Gohan lo aseguraba, sería posible hacer que nadie recordase ni a Cell ni la pelea en la estación.
– ¿Borrarnos la memoria? –muy impresionada por tan loca historia, Videl, con dudas, le cuestionó– ¿dices que le pedirás a ese dragón que nos borre la memoria para que no recordemos nada de lo que pasó aquí?
– Sí, básicamente ese es mi plan–le respondió el pelinegro–será como volver a empezar; será una segunda oportunidad para ustedes dos.
Si bien la idea, desde cierto punto de vista, era demasiada buena como para rechazarla, Videl, arqueando una ceja, se percató de un diminuto pero crucial detalle.
– ¿Y qué hay de ti? –Apuntándole con un dedo, la otrora justiciera, le cuestionó a quien fuese el Gran Saiyaman– ¿qué pasará contigo mientras nosotros olvidamos todo lo que pasó?
– Yo lo recordaré todo, no olvidaré nada–respondiéndole, Gohan notó como un semblante disgustado se dibujaba en Videl–será lo mejor para ustedes dos, así su estilo de vida no se verá afectado en lo más mínimo. Volverán a ser los mismos que eran antes de que todo esto comenzara, será como despertar de un sueño del que no pueden recordar nada.
– Si esa es la solución que nos propones, entonces olvídate de ella…–completamente en desacuerdo, la hija de Mr. Satán, la rechazó sin tan siquiera reconsiderarlo–no pienso permitir que mi memoria sea borrada, por muy dolorosos que me sean los recuerdos de todo lo que he vivido hasta ahora; quiero conservarlos intactos.
– Pero Videl, no tienes que recordar cosas tan horribles que te atormentarán por el resto de tu vida–queriendo aliviar su dolor con sinceridad y buenas intenciones, Gohan, dando un paso al frente, trató de persuadirla–ni Shapner ni tú recordarán este martirio, todo volverá a ser como era antes.
– ¡Eso es exactamente lo que no quiero! –aunque no gritó, Videl dejó muy en claro su negativa–podrá sonar contradictorio, pero no quiero volver a ser la que era antes. Era arrogante, soberbia y demasiado confiada de mí misma, por esas razones fue precisamente que Shapner cayó herido aquella vez y todo esto comenzó. Si olvido mágicamente los tropiezos que he tenido en los últimos meses, entonces será como si no hubiese aprendido nada. Estaría tirando a la basura todas las lecciones que aprendí.
Gohan, tomando aquello también para sí mismo, no la interrumpió.
– Sé que tienes buenas intenciones; Gohan, te las agradezco mucho, pero no quiero olvidar nada–caminando hacia Gohan, tomándolo de las manos, Videl le habló con más suavidad–la idea de borrarle la memoria a los demás no me parece mala, siempre y cuando yo conserve mis recuerdos…
– ¡Yo también quiero conservar los míos!
Al unísono, como si estuviesen sincronizados, Gohan y Videl se ladearon para ver como Mr. Satán se ponía de pie y se les acercaba.
– Si lo que dices es verdad y puedes invocar a ese dragón mágico, entonces yo tampoco quiero perder mis recuerdos–parándose detrás de su hija, el campeón mundial, sujetándola de los hombros, le habló al saiyajin–he sido un padre terrible, no creo que haya uno peor que yo en todo el mundo, esta es mi oportunidad de hacer las cosas bien por primera vez en muchos años. Si me borras la memoria, me estarías arrebatando esa oportunidad. Por favor, déjame ser un buen padre para Videl.
– ¿Están completamente seguros de esto? –intuyendo cuál sería su contestación, Gohan, sonriéndoles con levedad, les cuestionó a ambos–si aceptan, nadie recordará nada sobre el Torneo de Cell ni nada de lo que pasó hoy en este lugar, a excepción de nosotros tres.
Tanto ella como su padre se miraron antes de responder, la respuesta era más que obvia; sin embargo, se tomaron un segundo para meditar. Muchas cosas cambiarían para los dos, Mr. Satán ya no sería adorado como un héroe que salvó el mundo, los desfiles y reconocimientos desaparecerían para siempre. Seguirían teniendo un poco de fama, pero no tan desmedida como la que tenían ahora.
A Mr. Satán únicamente lo recordarían por haber ganado el Torneo de Artes Marciales hace siete años; asimismo, Videl conservaría su legado como heroína adolescente que combatió el crimen en los suburbios de Ciudad Satán. Más allá de eso, sus nombres no tendrían ninguna importancia ni relevancia a nivel mundial. Así pues, como si pudiesen leer sus mentes entre sí, los dos se prestaron a contestar.
– ¡Sí!
– De acuerdo. Entonces, así será…
Empezando a escuchar como las primeras gotas de lluvia golpeaban el suelo, Gohan, cargando al inconsciente Shapner hasta una de las edificaciones cercanas que continuaban intactas, se dispuso a explicarles a los dos miembros de la familia Satán lo que harían. Videl, sin separarse de su padre, tomó asiento en el piso ya encontrándose protegidos por un techo sobre sus cabezas.
Una vez allí, pidiéndoles que cuidasen de Shapner por él, Gohan les dijo que se iría a buscar esas siete esferas de cristal que eran necesarias para la invocación del dragón. El hermano de Goten, prometiéndoles que se apresuraría lo más que le fuese posible, les dio su palabra de que volvería a buscarlos tan pronto como las recolectara todas. Y sin más, dejándolos solos, Gohan se marchó volando.
Por las próximas cinco horas, tanto Mr. Satán como Videl, cada uno sincerándose con el otro, hablaron como no lo habían hecho en muchos años. Mr. Satán le contó la verdad del Torneo de Cell, le relató lo que vio y experimentó; igualmente, con gran vergüenza, le explicó por qué decidió engañar al planeta entero, incluyéndola a ella, cuando se le presentó la oportunidad de volverse obscenamente rico.
Más tarde, al regresar Gohan, ella y su padre presenciaron un espectáculo fuera de toda comprensión.
– Videl…
Aquel instante fue el nacimiento de una nueva vida para todos.
– ¡Oye, Videl!
– ¿Qué pasa? –Estremeciéndose, dándose cuenta como Shapner e Ireza le miraban fijamente, la pelinegra reaccionó– ¿sucede algo malo?
– Otra vez te quedaste sonámbula…–muy preocupada por ella, Ireza, un poco avergonzada por su extraño comportamiento, le comentó–Shapner se quedará en la ciudad por unos días más, así que estábamos pensando en salir juntos los tres como en los viejos tiempos.
– Pues no suena nada mal–todavía adormecida por el pasado, Videl respondió con premura sin medir sus palabras–tendría que hacer un poco de espacio en mi agenda, pero creo que podríamos salir a comer algo.
– Si no les molesta a las dos, me gustaría que mi novia nos acompañara–Shapner, de inmediato, no perdió la oportunidad de incluirla en su antigua vida–ella me ha preguntado muchas veces de mi vida aquí, esta sería una buena ocasión para hablarle de nuestra juventud.
Escucharlo decir aquello volvió a mover el piso bajo sus pies, sumergiéndola, otra vez, en sus pensamientos. Durante muchísimo tiempo temió este reencuentro, llegó a desvelarse varias noches preguntándose qué cosas tan horribles diría Shapner sobre ella cuando estuviesen cara a cara de nuevo algún día. De sólo imaginarlo, como una chiquilla asustada, trataba de esconderse en su trabajo.
Shapner no recordará jamás que peleó ni que casi murió al enfrentarse a Gohan, dichos recuerdos le fueron arrancados para siempre para que tuviese una vida normal y feliz. No obstante, no queriendo alterar demasiado la mente del rubio, Videl permitió que él siguiese recordando que alguna vez fueron pareja; aunque terminaron rompiendo una semana después.
Su ahora exnovio recordaba claramente cómo ella le mintió; cómo ella aceptó estar con él meramente por lástima. Ante eso, naturalmente, los miedos de Videl yacían bien fundamentados. Al pensar en ello, retrocediendo hasta la ya lejana graduación, la otrora justiciera evocaba sin problemas que ese día Shapner y ella no se dijeron ni una sola palabra. El silencio reinó entre los dos en aquel momento.
Durante toda la ceremonia, estando en extremos opuestos de la misma habitación, las miradas fugaces que ambos se lanzaban a duras penas llegaban a concretarse. Videl, quien no sabía si acercarse a saludarlo o no, nunca halló el valor para hacerlo manteniéndose lejos de Shapner hasta el final. Y no fue hasta que los invitados y recién graduados empezaban a marcharse, que Videl se percató de algo más.
Luego de una corta pero necesaria conversación con Gohan en privado, Videl, mientras buscaba a su padre para también retirarse, notó como Shapner se mantenía en el gimnasio de la escuela en tanto la multitud caminaba junto a él. Los dos, por primera vez en toda la tarde, se miraron directamente clavando sus ojos en el otro sin atreverse a retroceder.
Shapner, oyendo como su madre le insistía en seguirla, parecía luchar consigo mismo al querer hablarle a la chica que robó su corazón desde la niñez; sin embargo, como si estuviesen pegados al suelo, sus pies no lograron avanzar. Videl, igual de inmóvil que él, vio como Shapner le daba la obvia impresión de desear despedirse de ella; empero, viéndolo darse la vuelta, aquello no sucedió.
Esa había sido la última vez que se vieron, tendrían que pasar quince largos años para que volviesen a verse. Y desde entonces, al repasar esa escena una y otra vez, Videl se convenció a ella misma que esa era una evidencia indudable del resentimiento que Shapner tendría para ella hasta su muerte. Su convencimiento era tal que ni el propio Shapner la haría cambiar de opinión, o al menos, eso creía.
– ¡Claro que sí! –Rompiendo el silencio, Ireza exclamó con gran entusiasmo–me encantaría poder conocerla y escuchar cómo se conocieron. Podríamos hacer una reservación en alguno de los restaurantes que hay en el centro, estoy segura que a ella le divertirá saber el terrible estudiante que solías ser.
Tanto Shapner como Ireza, divertidos, compartieron una rápida carcajada.
– A mí también me gustaría conocerla. No sé cómo se llama, pero les deseo lo mejor a los dos en su futuro matrimonio–obligándose a ella misma a participar en la charla, Videl, incómoda y ansiosa, le dijo al rubio.
– Gracias, Videl. Te lo agradezco–replicándole, Shapner se giró hacia la pelinegra mirándola como no lo hacía en años–Videl, ambos sabemos que volver a vernos no es fácil, ha pasado mucho tiempo y todavía recuerdo muy bien aquellos días cuando estuvimos juntos. Entiendo que para ti sea muy incómodo pensar en eso, cuando venía hacia acá yo también pensé en el pasado.
Girando sus ojos hacia Videl, Ireza, sabiendo muy bien que aquello no le concernía, no se inmiscuyó.
– Yo lamento muchas de mis acciones, sé que fui muy injusta contigo–no teniendo sentido que mintiese, Videl, sorprendida que él diese el primer paso, se lanzó al vacío–te confieso que muchas veces pensé que nunca me perdonarías por haber roto contigo, sigo recordando tu cara cuando te lo dije. Siento mucho haberte herido, en verdad lo lamento.
– No te negaré que por mucho tiempo llegué a sentirme traicionado por ti, cuando me marché de Ciudad Satán quería estar lejos de ti, pero todo aquello no eran más que los deseos de un muchacho inmaduro que tenía el corazón roto–como si no estuviesen en un lugar público, Shapner, sin engaños, le afirmó a su exnovia–yo te amaba tanto, Videl. Más de lo que puedes imaginar. Me costó mucho trabajo entender que lo nuestro nunca hubiera funcionado, pero pude entenderlo gracias a Kokoa.
Ahora siendo su turno para mirarlo fijamente, Videl comprendía que ese era el nombre de su prometida.
– Yo te quise muchísimo, Videl. Soñaba contigo y fantaseaba con nuestra boda–riéndose un poco, Shapner le sonrió–cuando Kokoa y yo nos conocimos, ambos éramos extras en una película de bajo presupuesto, apenas estábamos comenzando en esto de la actuación; pero cuando empezamos a trabajar juntos, sentí que los dos nos complementábamos el uno al otro. Fue allí cuando recordé lo que me dijiste al romper conmigo, no fue hasta ese momento que terminé dándote la razón.
Si bien no decía nada por respeto a sus amigos, Ireza, chismosa como siempre ha sido, escuchaba cada palabra.
– Yo te amaba con locura, pero tú no sentías nada por mí. Si hubiéramos seguido juntos, al cabo de un tiempo, y sin tener remedio, las cosas habrían terminado mucho peor de cómo terminaron–sujetando a la ojiazul por sus brazos, Shapner, apretando suavemente su agarre sobre ella, suspiró–cuando Kokoa y yo comenzamos a salir, me di cuenta que sólo estuve encaprichado contigo. Entre nosotros nunca sentí la magia que siento con ella, por eso quiero que sea mi esposa; porque sé que el amor que nos une es mutuo.
– ¿No me guardas rencor? –Cuestionándole, Videl necesitaba escuchar una respuesta clara al respecto– ¿no me odias en secreto por haberte mentido?
– No, no te odio ni te guardo rencor–mirándola, viendo cómo los años los habían cambiado a los dos, Shapner le dio la contestación que tanto necesitaba oír–te perdono, Videl. Te perdono.
Videl, atónita, ni siquiera pudo formular una frase, meramente se quedó sin habla mientras sentía como el elefante que traía consigo en la espalda, desde hace mucho tiempo, finalmente desaparecía. Sus ojos comenzaron a humedecerse, su boca se abrió pero nada salió de ella. Y Shapner, muy impresionado por su reacción tan palpable, actuó de una manera más que inesperada para su exnovia: la abrazó.
Nunca llegó a enamorarse de él, jamás experimentó el mismo amor que él sentía por ella; pero eso no significaba que no lo quisiese. Shapner siempre fue un buen amigo para Videl, por ello le dolía tanto haberlo usado y lastimado como lo hizo en sus días de mayor debilidad. Le avergonzaba haber pisoteado una amistad que valoraba y apreciaba tanto, aquello, sin duda, era su más grande pecado.
Ireza, parada frente a ellos, no pudo hacer nada más que llorar silenciosamente. Ella, mejor que nadie más, sabía lo unidos que eran los tres desde que se conocieron en la primaria. Eran más que simples compañeros de clase, eran como hermanos. A la rubia también le sobraron ganas de abrazarlos; sin embargo, recordando lo mucho que ambos sufrieron, los dejó a los dos sanar sus heridas abiertas.
– Shapner, yo lo lamento tanto…
– Ya no digas nada más, Videl–interrumpiéndola, Shapner la conducía fuera de aquel fatal círculo vicioso de culpa y remordimiento, donde él, indirectamente, la encerró–no nos hemos visto en quince años, me gustaría muchísimo escuchar qué has hecho en todo este tiempo. He leído cosas, sé que trabajas en la fiscalía de la ciudad, pero quiero escucharte contarme sobre eso.
– Y yo quiero escuchar cómo te convertiste en actor…–más tranquila; aunque un poco pálida, Videl sonrió–no te enojes conmigo, pero no he visto ninguna de las películas donde has actuado.
– Yo he visto algunas–no pudiendo seguir callada, Ireza, también sonriendo, les comentó a los dos–aún me resulta difícil de creer que hayas llegado hasta donde estás, me alegro mucho por ti.
Más risas resonaron entre los tres, eran de nuevo los de antes, aquel inseparable trío que iba unido a todos partes. Fue tal su emoción por reunirse que, como si los demás en la fiesta no existiesen, olvidaron por completo que no eran los únicos en aquel sitio. Lamentablemente, al menos por hoy, las obligaciones de sus vidas adultas tuvieron que separarlos otra vez al necesitar de su presencia.
Organizándose para verse el próximo fin de semana, Shapner, teniendo que retirarse, prometió que haría reservaciones en el restaurante que Ireza eligiera para cenar y platicar hasta la madrugada. Asimismo, siendo acompañado por su futura esposa, Shapner se las presentaría a sus amigas de la infancia. Ante eso, pensando como la reportera que era, Ireza quiso ir un poco más allá.
– ¿Entonces podría hacer un reportaje sobre ustedes dos? –Mientras caminaba con Shapner por los pasillos de la escuela hacia el exterior, Ireza, no queriendo dejarlo ir sin confirmar su ansiada entrevista, iba tomando notas al respecto–podríamos grabar la entrevista en un estudio o donde más te guste.
– Puede ser donde desees, el lugar me es indiferente–recordando lo insistente que podía ser Ireza, el rubio, deteniéndose a medio camino, evocó un detalle crucial–sólo quiero pedirte un pequeño favor, cuando me entrevistes no uses mi nombre de pila. No quiero que los paparazzi empiecen a meterse en mi pasado ni en mi vida personal, por eso tomé la decisión de empezar a usar un seudónimo.
– Claro, no hay problema–sorprendida por eso último, Ireza le replicó– ¿entonces, cómo debo llamarte?
– Barry Kahn–respondió sonriente–a partir de hoy, ese será mi nombre artístico…
Entretanto, todavía en el lugar de la reunión, y por primera vez desde que regresó a la escuela, Videl disfrutaba de volver a estar allí. Recordó las lecciones que más la aburrían, las numerosas salidas que tuvo al ser llamada por la policía y los entrenamientos que acostumbraba tener al regresar a casa. Ella vivió toda una vida en aquella edificación, tantos bonitos momentos que apenas hasta ahora recordaba.
– Hola Videl…
Si bien varias cosas fueron para mal cuando él llegó a la preparatoria, algunas otras, como aquel beso bajo la lluvia al terminarse la graduación, era uno de los recuerdos más especiales que poseía en ese edificio. Y justamente, estando parado a sus espaldas, el autor de aquel beso esperaba ansioso que ella se voltease. Sin planearlo, tanto ella como él, terminarían lo que comenzaron hace quince años.
Fin Capítulo Treinta y siete
Hola, muchas gracias por leer la segunda parte del final de la historia. Lamento mucho haberme alargado de más; pero no me hubiera sentido nada conforme conmigo mismo si dejaba al aire algunas cuestiones que desarrollé durante todo el fic, necesitaba darles un cierre sólido. Ya estoy trabajando en pulir la tercera y última parte del final, podríamos considerarla como un epílogo.
No deseo quitarles más tiempo del que ya les quité, pero quiero hacer una pequeña aclaración para evitar confusiones. Desde que pensé en el fic hace cinco años, me gustó la idea de jugar con los personajes de Shapner y Barry Kahn. Los dos son muy parecidos físicamente además de ser rubios; así que se me ocurrió que Shapner, al convertirse en actor de cine, tomase ese nombre como seudónimo.
Aclaro esto para que no piensen que el Barry Kahn que aparece en DBS es el mismo Shapner que vimos en DBZ. En la serie original ellos son dos personajes diferentes e individuales, en mi historia yo hice una combinación de ambos. Dicho esto me despido por el momento, les agradezco muchísimo todo el apoyo que me han brindado con este fic. Espero publicar el epílogo en unos días cuando lo haya corregido.
Antes de despedirme, les doy las gracias a SViMarcy y a Lupis OrSa por sus comentarios en el capítulo anterior. Gracias por leer y hasta la próxima.
