Código Guardianes

Capítulo 111

Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.

Lemmon corto al final.

El sol se alzaba por el horizonte desde el este, como cada mañana. Hacía algo de fresco, pero en cuanto se alzara un poco en el cielo, el astro calentaría la tierra, y en esa zona haría bastante calor. Pero eso no era algo que preocupara a una mujer, que desde lo alto de una azotea, contemplaba la ciudad de Kiev, en Ucrania. Esta se extendía hasta donde alcanzaba la vista, con casas, edificios, plazas, y grandes naves industriales según donde uno mirara. Un río serpenteaba por las calles tranquilo, pero lo que más interesaba era una estatua que había en un monasterio de la ciudad, uno consagrado a su persona, al arcángel Miguel.

-Es un lugar muy hermoso, ¿verdad?- comentó una voz tras de sí. El arcángel no se dio la vuelta, pero reconocía la voz de quien le hablaba.

Este estaba a su lado. Era un hombre de pelo marrón largo, y algo de barba. Parecía un hippie, o eso pensaría cualquiera que no le conociera.

-Sí, la verdad que sí- reconoció. Le miró de reojo entonces- ¿Qué querías decirme, hermano?- preguntó Miguel. Jesús simplemente suspiró un poco.

-Vas a luchar en breve contra Lucifer, pero imagino que sabes lo que viene después- le dijo, a lo que el otro cerró los ojos unos instantes y asintió.

-Padre me avisó también, sí. Al principio no lo creía, pero… Todo encaja- murmuró. Jesús cruzó sus manos tras la espalda, y respiró hondo.

-Espero que todo esté solucionado para entonces. Pondré en aviso a los Guardianes, en cuanto Lucifer quede libre. Usad bien sus poderes, los necesitaremos en su máximo esplendor- con eso, el hombre se fue de allí en un ligero resplandor, dejando a solas al arcángel de nuevo.

Este entonces se rodeó de su energía, y observó con curiosidad como varios demonios se apostaban en torno al templo consagrado a él. Esas bestias inmundas no debían pisar suelo santo, pero por esas veces el Cielo lo permitía, era por una razón superior. Notó como de pronto aparecían las energías de los Guardianes, y de entre todas, la de su sobrino era la que mas brillaba.

-Ven, muchacho. Tengo cosas que contarte- sonrió cuando vio como el chico hacía caso de su llamada, así podría hablarle a él personalmente, sin esos molestos mortales dando vueltas por allí.

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Antes de salir a, al menos intentar, impedir que el sello de Miguel se rompiera, la Electra guardiana se quiso reunir con Xavier, del universo 910. Este la esperaba entre unos árboles, mientras acariciaba con los dedos su tronco.

-¿En qué te puedo ayudar?- preguntó, girando ligeramente el rostro. La aludida pensó unos instantes antes de responder, y se acercó.

-En una Tierra paralela a las nuestras vive… Podemos decir una versión tuya, una que ha tomado forma humana propia, no sé demasiado de su historia- comenzó- El caso es que me preocupa, parece que sólo sabe matar, y vi mucha negatividad en su energía. Me gustaría saber como derrotarla con eficacia, y pensé que me podrías ayudar- le explicó.

El héroe la miró interesado- Te debe sobrar poder para incluso desintegrarla a nivel atómico, ¿por qué me pides ayuda?- preguntó.

Electra entonces le mostró su gema- Aunque tenga, como bien dices, poder suficiente para hacer eso, no quiero destruir un universo entero- le respondió- Ese universo aún se está reorganizando tras el reinicio que provocó Gabriel, y hasta que ese proceso no acabe no podré usar todos mis poderes. Y ella seguramente mate antes de eso- añadió.

Xavier asintió- Te acompañaré en la próxima ocasión. Siento curiosidad por ella, y ya de paso, entrenar con alguien más de mi nivel- ella sonrió, y le tendió la mano en señal de acuerdo.

Tras devolverle el saludo, ella decidió volver con sus amigos, y estos decidieron ir ya hacia Kiev, donde se encontraba el penultimo sello, y donde esperaban cortar de una vez ese proceso, pero era difícil. En cuanto estuvieron todos, abrieron un portal que les llevó a la capital ucraniana, apareciendo en una calle algo estrecha, de un solo sentido para la circulación de vehículos, con apenas un par de metros de ancho de acera, y edificios de viviendas a ambos lados.

-Lo sentís, ¿verdad?- comentó entonces Jhonny. Este llevó su mirada a una zona algo alejada de donde estaban ellos, pero no hacía falta que él advirtiera de nada.

Los poderes del arcángel llenaban la ciudad por completo, era como intentar tapar la luz del Sol usando un dedo, totalmente imposible. Aunque tampoco es que se estuviera esforzando, nada de lo que fuera a aparecer por allí le haría frente realmente, así que no había necesidad de nada. Pero que estuviera por allí vigilando no les gustaba, pues podría intervenir en cualquier momento, y si ya toda esa misión era difícil, con él de por medio sería imposible.

-Me está llamando…- murmuró el muchacho, mientras daba un par de pasos en esa dirección. El resto le miró intranquilo, Milly incluso se le acercó para tomarle el brazo e intentar impedirlo, pero Asmae la detuvo antes de que pudera.

Él les miró de reojo, asintió, extendió sus alas plateadas, y desapareció de allí. Sin añadir demasiado más, se empezaron a mover por las calles de Kiev.

-Vayamos directamente a donde esté el templo, lo despejamos, y esperemos que no tengamos problemas aunque dudo que todo salga tan bien- comentó Percy, a modo de idea.

-Que por cierto, ¿alguien sabe dónde es?- preguntó Sam, y entonces Jeremy sacó su móvil- Hay un sitio cerca, El Monasterio de las Cúpulas Doradas, consagrado a Miguel, hay una estatua suya dentro- les explicó, mientras les mostraba a los demás varias páginas de internet.

El resto asintió, se rodearon de sus energías, y comenzaron a recorrer la ciudad. Tras varias vueltas a la ciudad en varios minutos, encontraron la localización exacta del monasterio, y cuando llegaron, este estaba empezando a abrir las puertas para que los visitantes pudieran verlo por dentro. El edificio era impresionante, de color blanco y franjas azules, con una catedral al lado, también de piedras del mismo color. En el caso de la catedral, esta tenía a lo largo de sus paredes altas torres coronadas por cúpulas doradas, así como la torre del campanario del monasterio. El tejado del mismo era color verde, y la zona que seguramente servía para que vivieran allí los monjes era bastante más sobria que los edificios eclesiásticos, pues sus paredes eran de color tierra. Rápidamente Marin se acercó al encargado, este era un hombre de unos cuarenta años, con el pelo corto color blanco, y ropas de monje.

-Creemos que habrá un ataque inminente, será mejor que despejen el área- le informó. El otro la miró con confusión, y entonces la debió reconocer, pues su cara se puso en blanco, y con nerviosismo corrió en dirección a las habitaciones.

-¡Nosotros ya lo haremos por aquí!- le gritó Susan, que veía como aquel tipo ni se acordaba de la gente que estaba por allí, haciendo varias fotos de los chicos, que se acercaron y pidieron que por favor salieran de allí cuanto antes.

A los pocos minutos, habían logrado que ya no quedaran civiles en la zona, y aunque algunos monjes pretendían quedarse para defender su templo, los Guardianes lograron que también se fueran pues no podían asegurar su protección cuando todo se descontrolara. La tensión, según pasaban los minutos, iba en aumento poco a poco, e incluso les llevó a acercar sus manos a las armas cuando notaron una gran energía acercarse. Se relajaron al reconocerla como la de Jhonny, que se aproximó a ellos.

-¿Qué tal te fue?- preguntó Noelia, interesada. Este le sonrió a la chica con algo de tristeza- Nada que no supiera ya…- comentó.

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Miguel contempló como con una ligera sonrisa como su sobrino se acercaba. Un destello plateado le rodeó, y sus alas plateadas se movieron armoniosamente según andaba.

-Me recuerdas a tu padre- comentó entonces el arcángel, mientras acariciaba ligeramente con su mano el rostro de él. El adolescente no dijo nada y sólo suspiró.

-Querías verme… ¿Deseabas algo?- preguntó. Miguel suspiró algo. Se fijó entonces en la ciudad. Sonrió de medio lado.

-Ya Rafael os pidió rendiros, y os negasteis. Imagino que seguís con la misma determinación- comentó, a lo que el chico asintió.

-Déjame darte un consejo, sobrino: únete al Cielo. El Apocalipsis no será nada en comparación con lo que vendrá después, te lo aseguro. Poderes absolutos ya están trabajando en ello, imagino que sabrás a quien me refiero- el adolescente tragó saliva entonces.

-¿Qué puede ser peor que el fin del mundo?- preguntó, aunque no quería saber la respuesta, le interesaba demasiado como para ignorarla. Miguel tardó unos segundos en responder.

-El fin de la realidad. Pero si te unes a nosotros, querido, no se llegará tan lejos, podremos vencer definitivamente a Lucifer, y llevaremos la paz a todos- le prometió.

A pesar de esa promesa, el chico no parecía demasiado convencido al respecto. Su tío, entonces, y con delicadeza, sacó de su cinta una espada.

Jhonny se sorprendió mucho al verla: estaba hecha de lo que a primera vista parecía fuego, pero en realidad eran reacciones nucleares sucediendo una detrás de otra, iluminando todo como si fuera una micro estrella. Era un arma realmente imponente que el chico creyó reconocer.

-La espada flamígera…- murmuró, impresionado. Miguel asintió, complacido- Esta es el arma más poderosa jamás creada, chico- le respondió- Puede cortar cualquier cosa, no necesita ser afilada, y por supuesto carece de debilidad o inconveniente alguno- continuó.

Tras contemplarla unos segundos, siguió hablando- Te preguntarás porqué te la enseño- murmuró, a lo que el pelirrojo asintió.

-Cada arcángel tiene un arma de un poder inimaginable. Gabriel, por ejemplo, tiene su cuerno, yo mi espada… ¿Sabes para qué necesitaríamos algo así?- preguntó, y Jhonny negó.

-Dentro de poco lo sabréis. Y el mayor error jamás cometido se resolverá, esperemos- comentó, mientras posaba su mirada en los demás guardianes- Te están esperando, será mejor que vayas. Fue un placer conocerte, aunque estemos en bandos rivales- le abrió los brazos entonces, invitándole a un abrazo.

El chico dudó un poco entonces, pero el arcángel fue más veloz y lo hizo por él. Tras eso, Miguel desapareció de allí, dejando a solas al chico, que decidió volver con sus compañeros.

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-Bueno, entonces no te agobies y céntrate. Tenemos que impedir el ataque de los demonios- le dijo Asmae a Jhonny, que asintió.

Precisamente cuando dijo eso, notaron unas fuerzas realmente oscuras que aparecieron al otro lado de la plaza en la que se encontraban. Eran una veintena de demonios, capitaneados por Alheim y Astaroth. Estos se quedaron por detrás de sus huestes, que se lanzaron contra los guardianes. Estos respondieron a la ofensiva también moviéndose, y atacando a esos demonios menores, que eran destruidos cuando uno de los chicos le colocaba la palma encima y lograban, con su energía, fulminar a ese ser, que brillaba durante unos instantes antes de desaparecer. En poco tiempo lograron hacer eso mismo con todos ellos, pero la pieza grande estaba justo delante.

-Bueno niños, espero que hayáis calentado bien…- murmuró divertido Alheim, mientras se estiraba. En esa ocasión estaba usando el cuerpo de una niña pequeña, que se estiró un poco.

Astaroth, a su lado, usaba el de quien debía ser la madre de la niña, pues era una versión en adulta de la más joven. Se rio también un poco, y generó en su mano una esfera de energía.

-Dejémonos de tonterías y vamos a matarles, hermano- se lanzó entonces contra ellos, con su ataque preparado.

Se colocó al lado de Ulrich en un instante, y le lanzó el golpe, pero este paró el mismo con un muro de fuego, que impidió que le alcanzara. Entonces, Sam le intentó atravesar con su lanza, mientras Percy procuraba inmovilizarle por detrás, pero el demonio se zafó de ellos con facilidad, y se disponía a clavar su mano en el pecho de la chica, pero Aelita, con su escudo, se lo impidió.

Revolución de la luz estelar!- Sissi se interpuso justo detrás de su compañera, y le impactó de lleno el ataque en el pecho, pero ni se inmutó. Incluso se rio un poco. Pero antes de que pudiera decir nada, sobre él se lanzaron Electra y Aurora con sendos ataques, que impactaron sobre su cuerpo, para después ser rodeado de hielo gracias a Jeremy, reforzado todo con toneladas de rocas elevadas desde el suelo por Patrick. Para rematar, Odd le lanzó varias agujas escarlatas especialmente llenas de veneno, y aunque eso debería ser suficiente para matar a cualquiera, su enemigo no lo era, precisamente. Efectivamente, cuando cesó la lluvia de ataques, una explosión de energía liberó su cuerpo, que estaba prácticamente intactos.

-Patéticos…- chasqueó entonces los dedos, y desaparecieron de allí todos a excepción de Asmae, Jeremy y Percy.

-Ahora nos divertiremos con vosotros, chicos- dijo tranquilamente Alheim, mientras se acercaba.

En su mano apareció un bastón de energía, con el que golpeó en el suelo. En seguida, se alzó una muralla de energía que impediría que cualquier, o casi nadie, pudiera entrar a donde estaban ellos, para así poder actuar tranquilamente. Pero se dieron cuenta de que Miguel seguía vigilante, cosa que en parte les irritaba, pero debían soportarlo. El arcángel podría acabar con ellos de un chasquido de dedos desde cual punto de la realidad sin siquiera esforzarse, si les dejaban existir era por que eran un mal necesario.

-Recordad, les necesito vivos. A todos ellos- la voz del arcángel resonó en las mentes de los demonios, que le sacaron el dedo medio a modo de respuesta, y pasaron entonces a intimidar a los chicos.

Estos habían tomado una posición defensiva, con Asmae al medio, Jeremy a la izquierda de ella, y Percy a la derecha. Ella se encontraba de rodillas, con sus manos extendidas al frente, y ellos con sus manos unidas formando una suerte de cañón con los brazos extendido al frente, en pocos instantes habían formado una gran barrera justo delante de ellos que, en teoría, debería servir para parar cualquier golpe. Pero no fue así, Astaroth se lanzó a ellos, con sus ojos iluminados de color rojo e impactó contra la pared defensiva, y si bien aguantó el primer golpe, una oleada totalmente imparable la golpeó justo después, rompiéndola. Los tres salieron volando, y sus enemigos aprovecharon para tomarles desde el suelo, agarrando sus rostros y presionando sus cráneos hasta incluso provocar alguna fisura en sus huesos. Eso, que sería letal para un humano, ellos lo podían aguantar, e intentaron defenderse usando sus energías para liberarse, pero no fueron capaces.

Jeremy entonces usó su ejecución aurora, Percy su extinción de la luz estelar, y Asmae su trueno atómico, y lo hicieron prácticamente a la vez, cosa que sorprendió a los demonios, que recibieron de lleno sendos golpes, y cayeron al suelo, dejándoles libres. Poco a poco, pese a la diferencia de poder, aprendían a defenderse y aprendían de sus errores. Los Caballeros del Infierno se recuperaron rápidamente del golpe, y parecían especialmente molestos. Se rodearon de sus energías, y lanzaron reiteradas olas que impactaron contra los Guardianes, que acabaron golpeándose contra el muro que les separaba del exterior. Antes de poder caer al suelo, notaron que eran sujetados telepáticamente por sendos demonios, que tenían una sonrisa poco amistosa en el rostro. Sus gargantas se cerraron de golpe, sus pulmones se vaciaron, y notaban que el cerebro les estallaba.

Extinción de la luz estelar!- de alguna manera, Percy logró enviar su ataque contra ellos, que si bien no había logrado hacerles mucho daño, sí logró desconcentrarles lo suficiente para que les liberaran.

Pero para entonces los Guardianes estaban debilitados y bastante. Jeremy entonces se rodeó de una capa de agua y se impulsó a la velocidad de la luz contra los demonios, y, aprovechando esa sorpresa, Percy creó sendas cadenas de acero, que surgieron del suelo, y atraparon a sus enemigos, y Asmae se dispuso a rematarles entonces con sus armas. Hubiera logrado clavarles su filo, pero una energía enorme detuvo el golpe.

-¡Maldita sea!- gritó Asmae, y se sorprendió de notar que tenía un corte en la mejilla. Detrás de ella se encontraba Miguel, con su espada en la mano.

La adolescente se asustó, tener a ese ser allí era terriblemente malo- Ahora seré yo con quien luchéis- afirmó.

Mostró entonces sus alas doradas, de las que liberó una cantidad enorme de energía, que provocó que todos cayeran al suelo. Se sentían totalmente sobre pasados, ahora que empezaban a poder defenderse de los Caballeros, ahora tenían que enfrentarse de forma directa contra un arcángel. Precisamente ambos se miraban con molestia, pues para ellos la cosa estaba totalmente controlada por ellos dos, no hacía falta que Miguel interviniera.

-¡Podemos nosotros sólos, plumitas!- le chilló Alheim, pero Astaroth le detuvo antes de que dijera nada más. No convenía que se molestara, a juicio del segundo.

Este no dijo nada al respecto, y se acercó a los Guardianes. Notaba que estaban a punto de quebrar, así que sus ojos se iluminaron. Ante los ojos de todos ellos, vieron como el arcángel, de alguna manera, hacía aparecer a sus padres en los casos de Jeremy y Percy; y en el de Asmae a sus hermanas. Entonces, Miguel enarbolaba su espada, y atravesaba por el estómago a sus presas. Eso fue suficiente para acabar de romperles, y sus energías les rodearon. Con la diferencia de que en ese caso era de un color totalmente negro.

-Aprended de cómo se rompe la mente humana, Caballeros- comentó entonces, contemplando los cambios en sus cuerpos- De nada vale que rompáis sus cuerpos, tenéis que envenenar sus mentes. Y ahora están en un momento muy delicado, deberíais saberlo- entonces desapareció de allí, no sin antes darles una lanza de su energía a los demonios.

Mientras todo esto pasaba, los tres guardianes habían completado su cambio. En el caso de Jeremy, se transformó en un enorme delfín capaz de levitar en el aire, del tamaño aproximado de un minibus, de color azul oscuro, con ojos negros y la capacidad de elevarse a grandes alturas y generar potentes corrientes de agua, que en seguida generó un intenso chaparrón capaz de inundar la ciudad. Para Percy, se transformó en un canguro gigante del tamaño de varios coches de alto, su piel es gris y sus ojos son rojos, con el extremo de su cola en forma de maza, con pincos en parte de la misma.

Por último, Asmae se transformó en un dragón gigante del tamaño de un camión, siendo tipo dragón europeo. Sus alas eran como las de un murciélago en aspecto pero mucho más duras, con todo el cuerpo recubierto de escamas, siendo estas de color rojo sangre, teniendo sus iris un tono negro. Era capaz de expeler fuego de color verde de la boca, y el la transformación más poderosa de todas, y por diferencia, pues rápidamente salió de la zona de la ciudad. En ese momento, Alheim aprovechó para usar la lanza de energía que le dio Miguel, así que la lanzó. La misma voló por el aire hacia los tres, provocando en cada uno una herida en la zona del cuello, que sangró. Si bien la herida cerró al instante, duró lo bastante para que varias gotas de cada uno cayera al suelo, y que el sello de Miguel se rompiera. Pero los demás Guardianes no estaban a eso, de hecho, estaban demasiado ocupados centrándose en salvar a sus compañeros.

-Vosotros id a por Asmae, ¡rápido!- Aelita señaló entonces a Yumi, Sam, Aurora y Ulrich, que volaron rápidamente volaron en dirección a ella.

Los demás se centraron en los otros dos. Pese a la constante lluvia, que corría el peligro de inundarlo todo, eso facilitaba encontrar a Jeremy, pues la lluvia se intensificaba con su mera presencia. Con eso, Electra, transformada en su forma bestia, le lanzó un rayo desde lo alto, que si bien no le hizo demasiado daño, sí logró molestarle. Centró su mirada en ella, abrió la boca, y de la misma salió un enorme chorro de agua, que se congeló al instante, por lo que ante ella tenía un enorme bloque de hielo. Electra lo esquivó con cierta facilidad, y, con esa distracción, Odd logró colocarse encima de su cabeza, y, con cadenas de energía, logró más o menos controlar su movimiento.

-¡Tranquilízate tío!. Chillaba Odd, mientras, cual cowboy, montaba sobre él.

Por su parte, en el caso de Percy, estaba haciendo de boxeador contra Patrick, que, también en su forma bestia, le esquiaba los golpes, mientras danzaba contra él, y le daba un puñetazo de vez en cuando en la cara, pero Percy no se dejaba amedrentar, y le lanzaba cientos de golpes constantemente para noquearle, pero Patrick lograba esquivarlo todo.

-¡Milly, ahora!- en un rápido movimiento, la joven creó unas cadenas de energía que colocaron en torno a las muñecas de Percy, que bramó con fiereza y luchaba por liberarse, pero al tener forma de esposas le era realmente difícil.

Pero lo peor lo tuvieron los que fueron tras Asmae. Esta se había elevado bastante en la atmósfera, y no paraba de lanzar fuego por la boca y de generar anillos de fuego para evitar que nadie se le acercara. Sam, a su lado, volaba a la izquierda, con Aurora a la derecha, y Ulrich justo por detrás. En cuanto a Yumi, y tratando de estar fuera de su campo de visión, e situaba por debajo, y si bien no podía verla, los giros que hacía el fuego de vez en cuando le daban, ya que el aire de alrededor era mucho más frío que el fuego, pero eso no era lo que preocupaba a la japonesa, pues eso no le hacía daño alguno.

-A este paso vamos a salir al espacio, y no sé si ella será capaz de mantener su energía cuando lo hagamos, puede que no sea consciente de eso- los demás compartían su preocupación, así que actuaron entonces.

-¡Tesoro del cielo!- Aurora usó su principal golpe, y delante de todos ellos, grandes tapetes de representación budista aparecieron ante ellos, y Asmae se paró de golpe.

Estaba paralizada allí, y se intentó deshacer del ataque de ella. El mismo hacía del rival una marioneta en manos de Aurora, que simplemente la atacó con un fuerte viento cortante, creando además un gran tornado. Los otros tres también atacaron con sus ataques característicos, Ulrich con su plasma relámpago, Yumi con sus rosas piraña, y Sam con sus cien dragones.

Esos cuatro golpes le dieron de lleno a Asmae, que rugió enfurecida, y de su cuerpo salieron grandes llamas de color verde, cosa que sorprendió a Ulrich, pues a él le costó cierto esfuerzo lograr eso, pero igualmente se defendió de ello, pues con sus manos logró detener las llamas, y usarlas en contra de su lanzadora. El guardián hizo aparecer sus chakrams y con los mismos la golpeó en su morro, y Aurora hizo lo mismo con las tonfas, aunque en su caso las había cruzado en forma de x, y las había usado para golpear su cuerpo. Por su parte, Yumi utilizó su báculo para detener las garras de Asmae, y Sam hacía lo propio con el mango de su lanza, sólo que en su caso detenía las fauces de ella. En ese momento, Yumi creó grandes plantas que se enrollaron en torno a las extremidades de la otra, intentando inmovilizarla, pero sin demasiado éxito pues se había liberado a los pocos instantes. Así estuvieron varios minutos, durante los cuales Aurora poco a poco les bajaba a tierra firme, pero siempre manteniendo el Tesoro del Cielo, para así evitar que volviera a elevarse. Cuando tocaron tierra, y al saber que los demás tenían casi controlados a Jeremy y Percy, ella abrió ligeramente las defensas de su técnica para dejar pasar a un par de guardianes más, en concreto, a Tamiya y Hiroky, que, al entrar, adquirieron su forma bestial para someter a Asmae.

.¡Vamos a necesitar algo más que sólo esto!- dijo Tamiya, mientras tomaba las cadenas recién creadas por el otro y rodeaban con ella a su compañera, aunque no permitía mucho por lanzar grandes llamas, que si bien no les haría nada, no podían acercarse lo suficiente para lanzarlas con precisión sin hacerle daño.

Yumi miró entonces a Aurora, y esta asintió. Ambos se rodearon de sus energías, que bañaron su cuerpo, y se transformaron. En el caso de Aurora, ella pasa a tener dos pares de alas, las suyas naturales de color blanco, y un segundo par que son marrones. Su cara pasa a estar muy estilizada, y cuenta con líneas en el maxilar superior que baja hasta el cuello que le confiere una delineación aún mayor. Sus ojos se vuelven marrones, y cuenta con algunas plumas en muñecas y tobillos, así como tatuajes tribales en el pecho, espalda, brazos y piernas. Tiene el tatuaje de un halcón volando con las alas plenamente extendidas. Su ropa es un vestido color verde claro con la espalda al aire, con minifalda que le llega hasta el medio muslo, y con botas estilizadas con unas plumas de plata en la zona del tobillo.

Para Yumi, ella tiene astas en la cabeza que se encuentran mirando al frente y con una inclinación de unos 45º, su rostro tiene líneas delineando sus mejillas, y en su pecho, manos y pies tiene parte del pelaje de un ciervo. A la altura del coxis cuenta con una pequeña cola, como la de los ciervos. Su complexión es fina, pero su fuerza, agilidad y velocidad han aumentado considerablemente. Tiene una camisa verde de camuflaje, y falda de color verde oscuro que le llegan hasta el medio muslo. Nico las observó, y también quiso ayudar, así que también se rodeó de su poder. En su caso, su altura crece hasta los dos metros diez, y en su cabeza le crecen dos grandes astas que están giradas en perpendicular, con los picos hacia adelante. Le nace pelo en la zona del pecho, piernas y manos, siendo su tren inferior como el de un toro (al igual que el resto, sigue teniendo sólo dos piernas), siendo sus pies pezuñas. En cuanto a su rostro, este se alarga y en su nariz tiene un pequeño piercing en forma de aro, y sus dientes pasan a ser como los de un bóvido. En su cóxis le sale la cola de un toro, la cual enrolla a su cintura. Sus músculos se han fortalecido, y es capaz de mover grandes pesos de miles de toneladas sin esfuerzos. Tiene como ropa un pantalón de color rojo intenso, sin nada que le cubra el pecho, y un toro tatuado en el hombro.

Fue entonces que atacaron entre los tres a Asmae, y en esa ocasión, Nico la agarró de la parte baja del cuello, y aprovechando su gran peso, poco a poco la fue bajando, ayudado por el resto de guardianes salvo Susan y Marin, que, usando su forma bestia, tiraron de ella hasta lograr que colocara su cabeza tocara el suelo, logrando de esta forma que se fuera calmando lentamente. Cuando eso paso, la chica volvió a ser humana de nuevo, justo como había pasado minutos antes con los otros dos, que estaban esperando fuera, apoyado uno en el hombro del otro. Asmae se acercó a ellos y les abrazó en cuanto les vio, aunque no se separó en absoluto cuando estos se quejaron por las mínimas magulladuras que presentaban.

Fue entonces que llamaron a las otras dos que faltaban, pues se habían quedado para organizar el desalojo de la zona de conflicto. Habían logrado sacar a bastante gente pero aún quedaban personas por ahí, así que entre todos las fueron buscando y poniendo a las mismas a salvo, bien llevándolas a sus casas, o a zonas donde había un mayor cúmulo de afectados. Una vez que habían reunido a prácticamente la totalidad, cerca de doscientas personas, comenzaron a reconstruir, usando sus poderes, las partes afectadas. Tardaron poco tiempo en eso y ayudaron a la gente a volver a sus casas y a los transeúntes en seguir su camino, y de vez en cuando se paraban a tomarse alguna foto y firmar autógrafos a adolescentes. Esa era una parte agradable, pero por dentro se sentían fatal por haber fallado de nuevo. Si pasaba una vez más, Lucifer sería libre de nuevo, y eso no podía permitirse. Harían cualquier cosa por impedirlo, pero a la vez se sentían impotentes.

Precisamente de ello hablaban por la noche en un campo cercano a París. Había una calma tensa, una que presagiaba la guerra que estaba a punto de venirse encima. Y curiosamente la gente, pese a saber lo que venía, no parecían especialmente inquietas. La mayoría hacía vida normal como si nada, y eso no sabían si era algo bueno o malo. Al menos no se había realizado una gran manifestación o había habido altercados por todo aquello, cosa que en parte se agradecía.

-Estamos a horas del puto fin del mundo…- murmuró Aelita, tumbada, mirando las estrellas. La hierba fresca hacía que tuviera algo de fresco, aunque este era muy agradable tras el sol del mediodía.

Jeremy, a su lado, tomó su mano y se colocó de medio lado. Ella le imitó, y se miraron a los ojos unos instantes, antes de unir sus labios en un suave beso. Él entonces acarició su rostro con parsimonia, parándose en su mejilla.

-Será mejor entonces que aprovechemos estos últimos momentos de paz, ¿no?- preguntó él, a lo que ella asintió, ligeramente sonrojada.

Se levantaron y fueron volando hacia un lago cercano, mientras los demás guardianes reían algo por la actitud de ellos dos. Se posaron en el césped, y comenzaron a desnudarse. Tiraron la ropa a un lado, y contemplaron el cuerpo del otro. El de ella era esbelto, pero se notaban bien las curvas de una mujer prácticamente adulta, aunque su cuerpo estaba bien esculpido por los combates. En cuanto a él, si bien estaba delgado, sus músculos no estaban demasiado definidos, pero eran tan fuertes como el mar que él representaba. Se juntaron y besaron despacio, y poco a poco se tumbaron en el suelo, mientras acariciaban el cuerpo del otro.

-Jeremy…- gimió ella al notar en su entre pierna la lengua de él. Se estiró con deseo cuando su lengua acarició el clítoris, y oleadas de placer recorrieron el cuerpo de ella mientras él acariciaba esa zona. Al poco ella tomó el control e hizo lo mismo con el miembro de Jeremy, que se lo llevó despacio a la boca, y con parsimonia bajaba y subía a lo largo de la misma.

Cuando estuvo listo, ella le sonrió, gateó hasta el pecho de él, y se fue sentando lentamente sobre su entre pierna, permitiendo que el miembro de Jeremy entrara en su interior. Rápidamente ella se movió de arriba abajo, y él la ayudaba con sus manos en las caderas de ella. El deseo recorrió su cuerpo durante todo ese rato, hasta alcanzar el clímax. Al ser guardianes eso no era suficiente para ellos, y deseaban aprovechar esa oportunidad todo lo que pudieran, así que con las mismas, se revolvieron y él quedo por encima de ella. Beso su cuello y luego sus labios, y continuó con aquella danza, tan antigua como la vida en la Tierra, y no cesaron hasta volver a terminar, uniéndose una segunda vez.

-Aelita…- murmuró él, a su oído. Ambos jadeaban, no por cansancio, sino por aquel evento. Hacía tiempo que no tenían esta intimidad, y en parte les daba pena no poder haberlo hecho antes. Pero no se arrepentían de nada.

Ella acarició la barriga de él y le dio un suave beso- Σ 'αγαπώ- le susurró ella, y Jeremy asintió- Y yo, Lita- ella sonrió y le besó de nuevo. (1)

Notaban perfectamente las energías de los demás, que hacían exactamente lo mismo con sus respectivas parejas. Era algo que necesitaban, sobre todo con todo a punto de acabar, para bien o para mal. El día siguiente sería el definitivo, y debían descansar bien para estar con todo.

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(1) Te amo en griego.

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.