Código Guardianes
Capítulo 112
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
La noche anterior era la calma. Ahora llegaría la tormenta. Conforme se alzaba el Sol y un nuevo día empezaba, los Guardianes se movilizaron de nuevo tras la que posiblemente fuera la última noche de sus vidas como adolescentes mínimamente normales. Y durante ese rato, Jamily les había dado un discurso de ánimos: la vuelta de Lucifer era inminente, quedaban horas y había tumultos por todas partes, con las autoridades y la prensa en bandos enfrentados. Por un lado, unos les apoyaban y confiaban en ellos; por otro, sus detractores más feroces les tildaban de poco menos de adolescentes incapaces de hacer frente a la situación y que les venía demasiado grande. Era por eso que hasta Asmeya había dejado a un lado sus obligaciones como reina y había actuado de hermana con Aelita y Amae, así como con el resto de Guardianes.
-Id con cuidado, por favor- pidió la reina, mientras se acariciaba el puente de la nariz con algo de nerviosismo.
Había un ambiente de cierta tensión en el aire. Estaban yendo en barrena desde hace ya varios días, en los que no han tenido ni una victoria, y nada hacía indicar que eso fuera a cambiar, pues los dos arcángeles seguían sin aparecer por allí, no contaban con más que ellos mismos y sus poderes. No se habían sentido así de impotentes desde que fueron humillados por Zeros al inicio de su aventura, y de eso hacía meses. Pero tenían la obligación de ir y, al menos intentar, evitar la rotura del último de los sellos. Tanto por sus familias como por el resto de personas del planeta, y de todos los planetas. La noche anterior al menos habían logrado liberar parte de la tensión que sentían ellos, y con eso en mente, abrieron un portal para ir a la última localización: Madrid.
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En cuanto salieron del portal, que se había abierto en el aire, vieron a cientos de personas con sus móviles en el aire mientras grababan y hacían fotos y les gritaban. Ahora que eran conocidos mundialmente tenían toda una legión de fans que hasta se vestían como ellos. Eran como los super héroes de las películas, pero en la realidad. Volando, se movieron por la ciudad, guiándose por sus energías hasta la estatua del arcángel Lucifer, esta se encontraba en lo alto de una fuente de un parque en pleno centro, y la efigie, en contra de la de los demás hermanos, tenía la postura de estar cayendo, en clara referencia a la historia real de la criatura a la que representaba. Y ya desde allí podían notar la tensión en el aire, literalmente.
-La energía de todos lados está bastante alterada, y aquí especialmente…- murmuró Hiroky- Es como si supiera que algo va a pasar- añadió.
Aelita se llevó nerviosa la mano al estómago, durante ese rato había pensado en que únicamente quedaba ella, Ulrich y Susan para ser atacados de forma especialmente virulenta por parte del enemigo. En ello pensaba cuando por allí apareció el rey de Roma: Miguel acababa de hacer acto de presencia ante ellos.
-Acércate- en esa ocasión usaba el cuerpo de un joven pelirrojo, algo delgado y ojos verdes. Estos se volvieron de un azul brillante, y ella se vio forzada a acercarse, pues la energía de él la movía como si fuera una hoja de papel. Su avance se detuvo cuando estaba a tres metros de él. El arcángel la miró detenidamente, para luego posar su mirada en los otros dos guardianes, e hizo lo mismo con ellos dos. El resto de sus compañeros intentaron ayudarles pero la energía de Miguel les detuvo en seco, con facilidad podía aplastar sus energías como si no fueran nada.
-Hola, sobrino- comentó con una ligera sonrisa. Jhonny era el único que pudo acercarse en ese rato, llevaba su espada en la mano y sus ojos centelleaban como estrellas. En esos momentos estaba usando todos sus poderes.
Llegó incluso a adoptar su forma alternativa (Fénix), y se envolvió en llamas, pero no llegó a lograr nada, el arcángel le tenía dónde quería. Este, entonces, se iluminó un poco con su energía y expulsó a todos los presentes con una honda de poder, sólo quedaron allí Susa, Ulrich, y Aelita. Notaron entonces que ya se podían mover, y se colocaron en frente del otro a toda velocidad. Este entonces expandió sus alas, y en su mano aparecieron grandes flamas de color dorado que brillaban como estrellas. Rápidamente tomaron la forma de una espada, pero si perder su luminosidad en ningún momento, y Miguel entonces apretó el mango con firmeza con una mano.
-Joder…- murmuraron los tres a la vez- Yo no lo hubiera dicho mejor, niños- comentó entonces el arcángel.
-Esta es mi espada…- les dijo, mientras la observaba- Con ella he luchado miles de veces, y, ¿sabéis quien la creó?- ante esa pregunta ninguno de ellos dijo nada.
-Fue mi padre, la Espada Flamígera fue cosa suya, como lo fui yo- siguió. Su mirada entonces se posó en un punto en el aire que para él debía ser fijo, pero ellos no veían nada- Con ella luché contra Lucifer, y en breve lo haré de nuevo- bajó su mirada hasta ellos.
-Esto puede hacerse de otra forma, Miguel- murmuró Aelita entonces, mientras apretaba los puños. Estaba terriblemente asustada pero le echó el valor necesario para al menos vocalizar esa sensación.
-Me temo que no. Esto es necesario- le respondió inmediatamente. Pareciera que se lo sabía de memoria- ¿Me creeréis si os digo que esto forma parte del gran plan?- preguntó, con cierta diversión.
Ellos se miraron con cierta molestia- No importa lo que vosotros creáis, de todas formas no sois más que peones en esta partida de ajedrez- sus ojos brillaron entonces.
Los tres guardianes comenzaron entonces a escupir sangre con fuerza. Intentaron sanar con sus energías pero no eran capaces- Hagamos esto rápido, ¿os parece?- antes de que hubiera respuesta les lanzó por los aires sin demasiado esfuerzo, hasta que se golpearon con una barrera de energía. Esta había aparecido de la nada, y aunque Miguel sabía quién la había levantado, en cierta manera se ofendió por ello, pero no dijo nada al respecto. Miró entonces a los tres guardianes, que se estaban levantando y creando esferas de energía, que le lanzaron a la velocidad de la luz. El arcángel los recibió en el pecho sin problema alguno, y generó él mismo su propio ataque. Millones de rayos de luz salieron de sus dedos, e impactaron con violencia contra ellos. Y si bien se habían defendido un poco, sus barreras cayeron en segundos por la virulencia del ataque, que les golpeó todo el cuerpo. Miguel se les acercó en silencio, debían permanecer con vida al parecer, y si su hermano más joven decía que así debía ser… tendría que hacer caso aunque no lo entendiera. A sus ojos ellos eran débiles, y aunque tuvieran potencial, únicamente su sobrino, Jhonny, merecía realmente la pena.
-¡Plasma relámpago!- Ulrich lanzó su ataque principal, envolviendo su energía con sus llamas, que impactaron contra Miguel, que recibió el ataque sin demasiadas dificultades. Antes de que pudiera hacer nada, Susan hizo lo propio con su ataque Explosión de galaxias, mientras que Aelita lanzó su poderoso Trueno atómico. Los tres ataques dieron en blanco, y aunque se levantó una pequeña humareda, sabían perfectamente que el arcángel estaba lejos de ser derrotado.
Y así era. En instantes Miguel apareció de entre la niebla, y golpeó con su puño a Ulrich e intentó atravesarle con la espada, pero Aelita hizo aparecer su escudo y milagrosamente logró desviar el golpe. Susan trató de degollar a Miguel usando su guadaña pero este pegó un salto hacia atrás y adoptó una posición defensiva. Tenía que reconocer que esas armas eran muy poderosas, sus materiales debían ser parecidos a los celestiales, porque si no hubiera sido imposible que hubieran aguantado ese golpe.
-Los Guardianes sois fascinantes... Incluso sabiendo que no vais a ganar, seguís intentándolo igualmente- comentó el arcángel.
Se acercó en un parpadeo a Susan y la tomó del cuello, tras lo cual la lanzó como un balón hacia Aelita, a la que derribó. Detuvo con su derecha los chakrams de Ulrich, que ardían con llamas azules, y paró con la izquierda a Susan, que le intentaba lanzar su ataque de energía junto a un puñetazo, pero sin éxito. Aprovechando, Aelita intentó derribarle usando su escudo a modo de ariete impactando en su estómago, pero Miguel logró aguantar la embestida, aunque le desplazó un par de metros.
-¡Suficiente!- gritó, y extendió sus alas de luz, y sus ojos brillaron como estrellas. De un golpe de energía separó de él a los Guardianes, y entonces les aplastó con una segunda ráfaga de energía contra el suelo.
Ninguno de ellos se podía mover, y antes de que pudieran reaccionar, cientos de lanzas de luz atravesaron sus cuerpos, creando tantas heridas como lanzas había a lo largo de ellos. Miguel, de un gesto, empezó a girar las mismas al unísono, provocando así aún más dolor en ellos. Notaba a la perfección cómo sus energías se derrumbaban para volver a elevarse al instante, como oleadas del mar. Y cada vez que volvían a resurgir, lo hacían con más intensidad que la vez anterior. Pensando en ello, el arcángel se sorprendió al notar una cuarta energía, no se lo esperaba. Y era inmensa.
-Interesante…- murmuró, mientras atraía hacía él a Aelita. Ella estaba con la cara llena de sangre pero sus ojos verdes ardían con intensidad, los poderes de ella emanaban por todo su cuerpo. No parecía ser consciente de lo que pasaba.
-Guardiana de la luz… ¿Aceptarás a mi hermano cuando este sea libre?- preguntó. A modo de respuesta ella le escupió a la cara.
Eso no le importó demasiado al arcángel, que simplemente la tiró contra el suelo con violencia- Supongo que eso es un no, pero me da igual- le dijo a ella, mientras la agarraba de nuevo por la cabeza.
Sus ojos se iluminaron unos instantes y por allí apareció Lilith y Azazel. Estos miraron al arcángel con cierta molestia pero no dijeron nada cuando este desapareció de allí. La "orden" era clara, desmoronar definitivamente a los Guardianes. Así que se rodearon de su energía oscura, y lanzaron cientos de esferas de energía contra ellos. Las mismas dieron en el blanco de lleno, y los demonios sonrieron al ver que las energías de ellos tres se estaba oscureciendo. Aelita trató de levantarse pese al dolor, pero con esfuerzo usó sus poderes para sanar sus heridas. Se rodeó de su poder, y en sus manos aparecieron dos esferas de luz que lanzó contra el enemigo, que esquivó el ataque con facilidad.
Estos estiraron sus manos hacia ellos, les levantaron en el aire y retorcieron sus entrañas. Estaban a punto de quebrar, y así fue. Con un chillido más propio de una bestia que de una persona, Ulrich y Susan comenzaron a cambiar. Aelita se resistía, notaba que algo le pasaba, pero su lado más salvaje se apoderó de ella y también se acabó transformando. Para Susan, ella se transformó en un tigre dientes de sable gigante, del tamaño, de varios todo terrenos, de pelaje negro y ojos rojos, con dientes de sable del tamaño de un ser humano, con enormes zarpas delanteras y fuertes músculos delanteros, pero sus patas delanteras no eran tan largas, pero igualmente fuertes y bien formadas. Sus garras eran capaces de atravesar todo, y puede controlar el tiempo para pillar desprevenidas a sus presas.
En el caso de Ulrich, se transformó en un enorme león del tamaño de un autobús, de pelo rojo como el fuego, con una melena formada por poderosas llamas, de ojos negros y grandes garras hechas de obsidiana. Sus dientes caninos son de sable, y su piel es tan ardiente que tiene aspecto de lava.
Por último, en el caso de Aelita se trata de un buho gigante del tamaño aproximado de un coche, de alas y picos de un color negruzco y ojos verduzcos. Su parte baja se iluminaba de una mezcla entre azul y blanco, cosa que no pasó desapercibido para sus compañeros al caer la cúpula que les impedía el paso mientras se encontraban por allí sus enemigos. Aún así, no podían estar atentos a eso, tenían que proteger a sus compañeros, aunque Miguel, allí presente, complicaba las cosas. Este parecía complacido con los acontecimientos, y, con facilidad, subió a la grupa de Aelita, que trató sin éxito de quitarse de encima al arcángel. Este, con su espada en alto, hizo un corte en su piel, del que brotó sangre; y antes de que pudieran pararle, hizo lo mismo con Ultich y con Susan.
-¡NO!- el grito fue colectivo, y aunque todos lanzaron sus ataques al mismo tiempo contra el arcángel, ya era tarde.
En cuanto las gotas tocaron suelo, en el aire unas cadenas etéreas se rompieron. Y en seguida, en el cielo se acumularon nubes de tormenta que comenzaron a relampaguear con intensidad.
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A galaxias de distancia de allí, en lo más profundo del Infierno, allí donde ninguna energía pura había entrado desde el comienzo de la vida, Lucifer contemplaba como la jaula en la que permanecía encerrado poco a poco se abría. Era una criatura imponente, pura luz dorada con alas de ese mismo color, una aureola de color índigo, y los ojos de un fuego tan intenso como el pelo de su hermano Miguel. Era sencillamente glorioso observarlo para todo aquel que no le conociera. Y ahora era libre por fin. Extendió sus alas, y salió de allí a la velocidad de la luz y más rápido aún. Tenía un Apocalipsis por delante que organizar. Elevó su energía, y ante él se abrió un portal, que cruzó a toda velocidad.
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Instantes después, los Guardianes vieron aparecer una intensísima luz en el aire que cegó a todos. A todos menos a Aelita, que en cuanto vio a Lucifer en directo, volvió a la calma sin apenas darse cuenta. Se miró las manos confusa, pero antes de que pudiera articular palabra, Lucifer habló.
-Por fin nos encontramos, Aelita Schaeffer…- murmuró, acercándose. Ella se puso en una pose defensiva, pero al otro parecía darle igual.
Le tendió una mano, entonces- He esperado… tanto tiempo que ni podrías empezar a imaginar, por este encuentro- comenzó, ella estaba más pendiente de cualquier gesto raro por su parte que por sus palabras.
Lucifer se dio cuenta de ello y sonrió ligeramente- Tuyo es el cuerpo que estoy destinado a ocupar en esta Guerra Santa, a la que vosotros habéis decidido llamar Apocalipsis- siguió- No te voy a hacer daño, ni a ti ni al fruto de tu vientre- murmuró.
Ella se sobresaltó por eso. Había sentido mucha energía ahí desde hacía horas pero estaba tan centrada en otras cosas que ni se había parado a pensar en las posibles causas. Pero no se iba a fiar de esa criatura para saber la respuesta.
-No pienso darte vía libre en mi cuerpo, Lucifer…- murmuró ella. Mientras tuviera la sartén por el mango pensaba aprovecharlo.
El arcángel sonrió de medio lado- Cada átomo de tu cuerpo vibra ahora ante mi sola presencia. Estas hecha para mí, como Asmeya lo está para Miguel. No te resistas…- poco a poco se había estado acercando hasta su oído, y ella ni se había dado cuenta, tal era su poder de persuasión.
-Piénsatelo, Aelita, y dame tu respuesta lo más brevemente posible- sin añadir nada más, desapareció de la vista de ella.
En cuanto él se fue, ella volvió a la realidad, y vio como sus amigos se aferraban todo lo que podían a Ulrich y Susan, que luchaban fieramente. Aelita sintió nauseas de pronto, la sola idea de haber desatado finalmente a Lucifer la espantaba, pero sacó valor de donde no había, y gritó con fuerza. De sus manos salieron cadenas de luz que se amarraron contra los cuellos de sus dos amigos, y, de un tirón, los llevó al suelo. Ulrich no dejaba de lanzar llamas por la boca y el cuerpo, y Susan intentaba viajar en el tiempo para liberarse, pero era inútil. Los poderes de Aelita eran más altos que nunca, y ella empezaba a sospechar que lo que había dicho Lucifer era verdad. Ahora lo percibía claramente, y eso la aterraba.
-¡¿Estáis bien?!- gritó, mientras corría hacia ellos. Vio que Yumi acariciaba despacio y susurraba palabras a las orejas de los otros dos, usando su energía para calmarlos, mientras los demás simplemente daban vueltas en círculos sin demasiado entusiasmo. Estaban claramente nerviosos.
Como ninguno de ellos contestaba, ella aceleró el ritmo y se colocó ante ellos en milésimas, buscando en sus miradas algo que le indicara que estaban bien. Suspiró aliviada al notar el abrazo primero de Jeremy, luego Odd, y así todos los Guardianes, que sólo se separaban para comprobar que los otros dos estaban bien.
-Ahora sí estamos jodidos…- murmuró Noelia, sentada sobre unas rocas, con la cara entre las manos y la cola sin moverse un ápice.
Hubo un suspiro general- Esos cabrones llevaban razón… Ahora que Lucifer es libre estamos en el Apocalipsis, ¿alguna idea de lo que debamos hacer?- preguntó Sam.
-Así es, estamos de mierda hasta el cuello- una voz familiar sonó por allí. Reconocieron en seguida la energía de esa criatura como la de Gamma, que tuvo que esquivar toda clase de ataques por parte de los guardianes, que hasta le tiraron piedras a la cabeza.
-¡Yo también os quiero, niños!- chilló, con diversión, tras esquivar el último golpe. Los Guardianes, en cambio, no parecían nada contentos, pero permitieron que hablara.
-Me alegra poder deciros que por fin, vuestra amada hechicera ha descifrado el libro que en su día os di. Tuve que ayudarla trayendo a uno de los monjes que lo hizo… bueno, su alma, cortesía de Seriel, pero ya lo tenemos- les guiñó un ojo- Gran trabajo, por cierto, evitando el Apocalipsis y todo eso, os habéis lucido- añadió, mientras golpeaba con el pie algunas piedras.
-Mientras algunos nos jugábamos la vida evitándolo tu seguramente te hayas rascado a dos manos los huevos, así que caya la pu…- Electra iba a seguir, pero Aurora se lo impidió con una mano.
-En fin, a diferencia de lo que piensa vuestra amiga…- Gamma sacó entonces un bloc de notas de su gabardina- He hecho mis deberes. He husmeado por el Infierno, me he cobrado deudas que me debían, y tengo información- les lanzó el cuaderno junto a una estilográfica que por su apariencia debía ser del siglo XVI.
Ellos lo revisaron en silencio. Había una veintena de hojas escritas con una letra inmaculada, no parecía estar escrita por un demonio de carretera.
Como si adivinara lo que ellos pensaban, Gamma habló- Me crie en una familia acomodada del norte de lo que hoy es Alemania cuando aquello no eran más que pequeños principados, así que tengo cierta educación- les dijo.
-Gracias…- murmuró Asmae, mientras guardaba celosamente el objeto. Gamma sonrió de medio lado y sus ojos se tornaron de color negro como la noche.
-Bueno, yo me tengo que ir chicos. Ahora que Luci está suelto seguramente las fuerzas del Cielo y del Infierno dejen de tenerme en su punto de mira, pero con vosotros se va a intensificar todo. Os van a tener vigilados, y Miguel y Lucifer en persona se presentarán en más de una ocasión para saber si estáis dispuestos a entregaros, así que id con cuidado- dicho eso, desapareció nuevamente de allí.
Los demás suspiraron, poco más había que hacer por allí más que arreglar los desperfectos, como baldosas rotas, grietas en el suelo… nada que no pudieran arreglar. Pero eso no era lo que más les preocupaba en esos momentos, sino el hecho de haber permitido la salida de Lucifer. Y a Aelita eso no era lo único que la atormentaba. Eso lo notó Yumi, que la apartó de los demás con delicadeza y le pidió hablar.
-Te noto algo más tensa de lo normal… bueno, ya me entiendes, obviando todo esto- le dijo suavemente. Aelita suspiró, bajó la cabeza, y se lo pensó unos instantes antes de hablar- Estoy embarazada, Yumi- murmuró, en un hilo de voz.
Pero lo suficientemente alto como la que la otra escuchara. La Guardiana de la naturaleza se centró en su vientre, y notó derivar del mismo cantidades ingentes de energía. Una que no era de Aelita, ni de ninguno de ellos. Era de una tercera entidad, una con elementos de Aelita, y elementos de Jeremy en su energía. Se quedó blanca, y Aelita con un gesto pidió que ni dijera nada.
-¿Pero como es eso posible? A ver, sé como ha sido, pero… ¡¿en serio?!- Aelita simplemente le exigía callar con la mirada, así que Yumi acabó haciéndolo.
-Voy a congelar el proceso con mis poderes. El instinto me lo dice… y creo que la criatura que crece en mi es consciente y está de acuerdo- añadió. Eso sorprendió a Yumi.
Aelita notó eso y se explicó- Antes, logró retardar que me transformara, y luego me dio fuerzas para evitar que aceptara a Lucifer. Creo que, pese a ser sólo células, ya me ayuda en cierta manera, aunque sea de forma instintiva- afirmó Aelita.
La mayor no vio mentira en los ojos de su compañera, así que suspiró, y colocó la palma de la mano en su estómago. Notó como su energía interactuaba con la del cigoto, y este parecía… feliz por ello. Sin duda era especial, como los padres. Alguien poderoso. Alguien destinado a cosas grandes.
-¿Estás segura de eso?- preguntó, a lo que Aelita asintió. En realidad no lo estaba, pero debía aparentar al menos.
Se concentró, y colocó sus manos en su vientre. Cuando se disponía a realizar la parálisis, una mano se posó sobre su hombro. Era la de Jeremy. Sin haberse dado ella cuenta, el resto de Guardianes estaban por allí, observando la conversación. Aelita no pudo hacer otra cosa más que llorar, mientras su pareja la abrazaba despacio y acariciaba su pelo con parsimonia. Susan, más calmada, se le acercó, tomó sus manos, y se iluminó de color índigo.
-Voy a ralentizar el proceso en el tiempo. Será mucho más lento de lo normal, Aelita, pero evolucionará normalmente. Cuando todo esto pase, se volverá al ritmo normal de forma automática- le aseguró.
Aelita lo notó en seguida. Y suspiró ligeramente, era un alivio para ella eso, y bastante grande. Abrazó instintivamente a Susan, que se dejó hacer por la pelirosa, a la que acarició. Ella había pasado por mucho también, y tener un problema menos del que preocuparse era algo bastante bueno. Algunos de los presentes pensaron que igual era mejor idea interrumpir el embarazo de forma directa pero supusieron que el deseo de Aelita era ese, así que decidieron no decir nada y simplemente alegrarse por su amiga, a la que abrazaron grupalmente y apoyaron con sus energías, animándola de esta forma, o al menos intentándolo.
Eran conscientes de la gravedad de la situación, pero esas cosas en momentos así venían bien para aumentar la moral. Tras eso, se dedicaron a terminar de arreglar la zona para el contento de los vecinos, que se lo agradecieron y dieron regalos incluso, e incluso estos les animaban para que no perdieran el espíritu. Eso era de agradecer, que la gente les apoyara era algo agradable. Con esas ideas en mente, y otras muchas, abrieron un portal para volver a casa, tenían mucho que planear.
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Tras llegar a la dimensión en la que vivían, Jamily se presentó ante ellos, estaba ligeramente tensa, algo raro en ella. Tenía las manos entre cruzadas a la altura de las caderas, con la mirada algo perdida, pero les indicó con un gesto que la siguieran.
-Tenemos visita- murmuró, mientras andaba hacia su casa. Tras atravesarla, se dirigieron al patio interno, donde varias encinas crecían en un bello prado. Yumi juraba en su interior que eso, aquella mañana, no estaba allí, y ella no lo había creado.
Instantes más tarde, el cielo azul inundaba la parte superior de sus cabezas, al fondo se podían ver grandes cordilleras, y por detrás de ellos, varias cabañas de madera y adobe se elevaban desde la tierra, con tierras cultivadas a izquierda y derecha. Estaba claro que estaban en otro lugar de repente. Notaron de pronto una energía inmensa acercarse. Una incluso superior a la de los arcángeles, pero era calmada y sosegada, al contrario que la de estos últimos, que cada vez que la sentían estaba más y más furiosa, a la espera del combate. Esta, por el contrario, llenaba de paz.
-¡¿Qué hacemos aquí?!- pregunto Sissi, mientras miraba en todas direcciones. El murmullo entre los Guardianes era generalizado, no entendían nada. Jamily les ordenó entonces guardar silencio con un gesto.
-Un respeto, este lugar es…- ella paró de hablar en cuanto por allí apareció el propietario de la enorme energía que habían sentido instantes antes.
Nada más verle ella hincó la rodilla en el suelo, y les lanzó a los demás una mirada feroz para que la imitaran, así que los Guardianes tuvieron que hacer lo propio.
-Ya sabes que no me gusta la pleitesía, Jamily- habló el hombre. Para los jóvenes era extremadamente parecido a la iconografía cristiana de…
-El puñetero Jesús…- murmuró Odd, y Nicolás le dio un codazo en las costillas para que parara. Sólo les faltaba que él precisamente se enfadara con ellos.
Lejos de molestarse, aquel tipo les indicó que se levantaran, y entonces les contempló- Así es, soy Jesús. Y estaba deseando veros finalmente- sonrió un poco entonces.
Con un gesto, les invitó a entrar en una de las casitas cercanas. Esta era indudablemente demasiado pequeña para que todos pudieran entrar, pero, ¿Quiénes eran ellos para contradecirle? Así que simplemente entraron.
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Al mismo tiempo, una chica corría por la calle aterrada. Tenía la cara desencajada, y se agarraba la ropa rasgada como podía hasta llegar al hospital más cercano.
-¡Ayuda por favor!- chilló, medio llorando, mientras entraba a toda prisa. Una enfermera rápidamente la interceptó y la tomó suavemente de los hombros.
-¿Qué te pasa, cielo?- preguntó. Aquella mujer tenía bastante edad y ver a una chica joven, de la edad de sus nietas, en esa situación le dio bastante pena.
La joven era de pelo moreno, con los ojos pardos y piel ligeramente morena, pero en ese estado de alteración poco le importaba su aspecto. Tenía cosas más importantes de las que preocuparse.
-Me-m-me…- con gestos, indicó su entre pierna. La enfermera notó entonces un hilo de sangre que bajaba por su muslo, y entonces entendió.
-Vale, ahora mismo te atendemos, ¿vale? Siéntate aquí, voy a llamar a una doctora para que te vea- la chica asintió, mientras se limpiaba las lágrimas y no dejaba de moquear.
No podía ni coger su móvil, y se alteró más aún cuando a su lado apareció un demonio de ojos bermellón. Este sonrió.
-Shhhhh… Calladita estás más guapa, Beatrice…- Abbadon entonces le tocó la barriga- Ahí dentro tienes al Anticristo. Por tu bien, ni se te ocurra sacarlo de ahí hasta que nazca- soniró entonces con diversión.
La chica simplemente asintió, asustada- No llames a ángeles ni nada que se le parezcan, ellos no te ayudaran. De hecho, ellos lo aprueban, así que…- se levanto entonces, y la miró con sus ojos bermellón- Ya sabes. Ten al niño, te estaremos vigilando- desapareció de allí entonces.
Justo en ese momento apareció por allí la doctora, junto a dos gendarmes franceses, que la llevaron a la consulta. Durante todo el proceso de análisis de su matriz ella no decía nada, y aunque la doctora le insistió en denunciar el ataque ella se negó. No podía decirles que un demonio la había violado, no la creerían. Pese a todo lo que se había visto durante los últimos días era difícil de explicar, y más aún de entender. Sentía miedo, y no quería estar cerca de nadie, prefería estar a solas con ella misma. Se sentía asqueada y sucia, así que nada más llegar a casa, horas después, se dio un largo baño bajo la ducha. Allí, se llevó las manos al vientre. Estaba claro que lo que crecía dentro de ella era sobrenatural, por que notaba su crecimiento a la perfección. Notaba como, por alguna razón, su cuerpo dejaba de dolerle poco a poco y únicamente sentía el cansancio acumulado de todo el día. Tuvo que hacer esfuerzos para no dormirse ahí mismo, así que nada más secarse, se puso un camisón, y se metió en la cama, únicamente quería dormir y relajarse, aunque fuera por unas horas.
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Miguel permanecía en silencio en lo alto de un edificio de una pequeña ciudad al norte de Afganistán. Ni se inmutó cuando a su lado apareció Lucifer, a esas horas ya se había agenciado un cuerpo provisional, el de una monja joven de un monasterio europeo. Se acercó en silencio a su hermano, y se colocó a su misma altura.
-Te veo bien, hermano…- murmuró Miguel mirándole de reojo. Lucifer se estiró un poco- y estaré mejor cuando tenga mi cuerpo verdadero, al igual que tú- el otro asintió.
-Hay mucho que preparar hasta entonces. Tienes que hablar con Padre, también- le informó. Lucifer bajó el rostro y asintió- He oído de sus intenciones, sí… Pero es curioso, el cómo desea que pase- sonrió de medio lado.
-Esta vez seré yo quien gane, Miguel. Te demostraré que yo llevaba la razón desde el inicio, y tendrás que pedirme perdón- con esas palabras desapareció de allí.
El aludido simplemente suspiró, y alzó su mirada al cielo. Su hermano menor era… Bueno, era Lucifer. Le amaba, pero esa pelea era necesaria. Había que solventar esas rencillas antes de poder hacer lo que Padre deseaba. Por eso no lo impedía, tenían que luchar antes de poder confiar el uno en el otro de nuevo. Era un mal necesario. Por eso todo se había desarrollado tan rápido, Él lo deseaba, y su palabra era ley para sus hijos e hijas celestes. Aunque hubiera hijos pródigos, pero de Seriel se ocuparía más adelante. Tenían que permanecer unidos. Como hasta entonces.
-Va por ti, Padre. ¡Esto es por ti!- gritó, extendiendo sus alas, e inundando la zona con su energía. Dio un salto al aire a la velocidad de la luz, y frente a él se abrió un portal que le llevó directamente al Cielo.
Allí le esperaban varios serafines, todos ellos de confianza, incluido el primero de todos ellos, Mazael. Este había sido el que había luchado contra los Guardianes la vez que fueron a Roma para intentar evitar la rotura del sello de Azrael.
-¿Están las tropas listas?- preguntó Miguel entonces. El serafín se levantó entonces y asintió- Así es. Pero el escritor aún no aparece, le estamos buscando- Miguel asintió entonces.
-Lo deben tener los demonios, o por lo menos les ayuda, ya sea por obligación o por gusto, seguramente sea lo segundo porque le sobra poder para matar a todos los demonios del Infierno. Seguid buscando- ordenó, y varios serafines desaparecieron de allí.
-Nos vendrá bien tenerle de vuelta y bajo nuestra custodia- comentó Miguel, mientras se sentaba en un trono cercano.
En esos momentos estaban en la sala central del Cielo, donde estaban los tronos de Dios, y los de sus hijos. Y Miguel se había colocado en el que le correspondía por ser el mayor de los arcángeles, la izquierda.
Alzó su mirada entonces- Tenedme informado de todo, Mazael- este asintió, y dejaron al arcángel a solas.
El serafín, entonces, y siguiendo su viaje a través de las dimensiones, apareció en el último sitio en el que Miguel se esperaría que iba a aparecer: la dimensión de los Guardianes. Tenía cosas que hablar con ellos.
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.
