Código Guardianes

Capítulo 115

Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.

El próximo capítulo, el 116, será el Especial de Año Nuevo, que, como siempre, se publicará el 31 de Diciembre. Será un capítulo especial hecho en colaboración DarkClaw1997, pero en este caso SÍ será relevante para la trama.

Al volver a la dimensión de Jamily, los Guardianes junto con los arcángeles, Seriel y Asmeya entraron a la casa. Allí vieron a la aelida, que revisaba el ordenador. Parecía bastante metida en lo que leía que ni siquiera se inmutó cuando ellos entraron. Simplemente habló.

-¿Qué tal os fue?- preguntó ella. Los demás se miraron sin saber muy bien exactamente qué decir. La chica, ante la falta de respuesta, alzó la vista, y suspiro.

-Supongo que fue intenso, por cómo estáis ahora mismo- comentó ella, seria Al final fue Aelita la que explicó lo que les contó Jesús en la reciente reunión.

Le contó la existencia de la Oscuridad, el deseo de Dios de poder reconciliarse con ella, la intencionalidad del Apocalipsis, y las razones del mismo: que los arcángeles Miguel y Lucifer se puedan reconciliar, para una ulterior unión entre Luz y su hermana. También la relevancia de William en todo eso, y en que el chico, eventualmente, se volvería un heraldo de Oscuridad, y que sería aquel que la devolviera al mundo. Cuando acabaron de contarle todo eso, ella suspiró, se acarició el puente de la nariz, y se lo pensó antes de responder.

-Bueno, nuestra invitada al menos parece estar más tranquila ahora. He hablado con ella, se quedará aquí con nosotros, y me parece que se ha decidido finalmente- comentó.

-¿Decidirse?- preguntó Sam. En cierta medida sabían a qué se podía estar refiriendo, pero preferían que la hechicera se lo confirmara.

-En un principio quería abortar. Consideraba que lo que crecía en su vientre era impuro y quería sacarlo de este mundo. Finalmente, y tras meditarlo durante horas, y me parece que gracias al propio bebé, se decidió a que no. Llevaría a cabo la totalidad del embarazo- les explicó.

-¿Te lo ha dicho ella?- preguntó Noelia, entonces. Jamily negó- No, pero su energía es claramente en esa dirección. Está durmiendo ahora, no creo que despierte hasta mañana, la dejaremos descansar- les dijo.

-¿Vas a volver a Asmara, Asmeya?- le preguntó la aelida, a lo que la aludida suspiró y negó- Puedo trabajar desde casa, en realidad. Pero tendré que volver dentro de poco para una reunión internacional, hasta entonces estaré aquí entrenando- le respondió.

Ella asintió por eso, y siguió con lo suyo- Id a descansar, mañana a primera hora iremos a cumplir las misiones que nos encomendó ese serafín, Mazael- les dijo. Los aludidos simplemente asintieron, y se fueron marchando hasta dejar en la sala a tan solo los seres celestiales que acompañaban al grupo.

Un tenso silencio se instaló en la sala, que fue roto por Seriel- Yo… iré a patrullar y buscaré indicios de dónde pueden estar los Pecados Capitales. Iré informando de lo que encuentre- dijo, y antes de que nadie pudiera llevarle la contraria, desapreció de la sala.

-¿Volveréis al redil, o volveréis a iros sin más? Lo digo por tener camas libres- comentó ella, simplemente.

Ellos se miraron. No es que ella les diera miedo, podían destruirla a ella y a todos los presentes con un chasquido de dedos. Pero sentían vergüenza en cierta medida por lo sucedido. Se habían cabreado con los Guardianes cuando ellos provocaron todo ese lío al tocar el Cuerno de Gabriel en tres ocasiones, y no habían ayudado a evitar que los sellos de Lucifer se rompieran. Al contrario, dijeron claramente que ya nada se podía evitar para la liberación de este, y se habían marchado. Y ahora volvían con ellos.

-No nos hemos portado de la forma más honrosa posible, es verdad…- comenzó Azarel, pero antes de que pudiera seguir, ella comenzó a espetarles.

-No, no lo habéis hecho. Nos dejasteis con todo el problemón a nosotros, cuando vuestro consejo pudo haber sido muy útil, y por vuestro secretismo nos la hemos jugado mucho. Si os vais a quedar no quiero más secretos entre nosotros, ¿está claro?- preguntó.

Ella les miró a sus ojos. Los dos arcángeles notaron una mínima chispa de oscuridad en su mirada, pero lo achacaron a un cambio de contraste de luz que provocaba la caída de la estrella que iluminaba esa dimensión al bajar por el horizonte. Ellos entonces negaron, y pasaron por la puerta para salir de la sala, pero si abandonar el edificio. Jamily suspiró entonces, debía controlarse un poco, no quería dar ningún tipo de razón a nadie para sospechar de ella. Para ella, los muchachos eran como hijos e hijas, y deseaba que ganaran por el bien de todos ellos, pero también se debía a su señora, Oscuridad. O Tinieblas, pues al igual que Dios tenía una segunda forma de llamarse. En el caso de este último también se le podía conocer como Luz. Con esas ideas en mente, siguió trabajando un rato más, hasta que su vista le pidió apartarse de la pantalla e ir a descansar. Se movió con parsimonia hasta el cuarto que compartía con Michaelis, su marido, que ya dormía en la cama. Ella suspiró y sonrió, se puso el pijama, y se introdujo con cuidado en la cama, haciéndose un hueco entre los brazos de él, que se dejó mover sin demasiados problemas. Allí se sentía segura, con aquel con quien había decidido casarse por primera vez en sus más de 2.000 años de vida. Observó su rostro y le dio un suave beso en los labios antes de cerrar los ojos y dejarse dormir, mientras notaba como en su seno crecían sus dos hijos. Sólo ella sabía de eso, prefería no decirlo hasta que todo se hubiera resuelto, y si todo se solucionaba en seis meses como había predicho Mazael, podría ocultarlo, pues los embarazos de los aelidos eran considerablemente largos al tener que generar las alas y el cuerpo de un ser humano. Era dos veces más lento que el de un ser humano, así que sería el equivalente de estar de tres meses. Pero se dijo a si misma decírselo antes a su marido. Se lo debía, por la promesa que se habían hecho. Pensando en ello, se durmió con una suave sonrisa en el rostro.

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A la mañana siguiente, la primera en despertar fue Beatrice, que se levantó con unas ganas tremendas de vomitar. Se sentía tan mareada que casi cae al suelo, pero antes de que las nauseas le provocaran algún mal o que se materializaran sus ganas de soltar hasta la primera papilla, notó como esa sensación se iba tan rápidamente como llegó, al tiempo que la energía de su hija nonata se extendía por su cuerpo.

-Gracias…- murmuró ella, mientras se sostenía la tripa. Tras suspirar un poco, se miró al espejo que tenía frente a ella. Apenas había dormido por culpa de las constantes pesadillas, pero se sentía con energías, sin duda eso era a causa de Ariadna. Ese nombre había murmurado ella mientras se recostaba en la cama la noche antes.

Y desde luego a la pequeña ese nombre le gustó pues inundó a su madre con su energía. Sus nervios podían notar totalmente los poderes de su hija, pero le relajaba el hecho de tener una naturaleza tan noble, a ella le recordaba a la del Guardián de la Oscuridad, William. De hecho empezaba a sentir su propia energía y la de los demás, y eso suponía era a causa de la influencia de su hija. Pensando en ello Beatrice comenzó a vestirse, y salió de su cuarto. Apenas conocía la casa pero sí sabia que todos los cuartos estaban en un pasillo y que las zonas comunes estaban en la planta de abajo, así que bajó por las escaleras, y llegó a la sala común y que llevaba a la cocina y al salón. Se dirigió a la cocina para desayunar algo, y se asustó al ver allí a alguien a quien ni conocía. Esa persona, que era una chica lobo, se giró a mirarla, y con indiferencia se dio la vuelta y siguió a lo suyo.

-Tu debes ser la famosa mami que han traído…- murmuró. La aludida asintió. Le era extraordinariamente familiar, hasta que se dio cuenta.

-Tu te llamas Noelia, ¿verdad?- le preguntó Beatrice, a lo que la otra se hundió de hombros- Sí… supongo que me puedes llamar así. Pero no soy de este universo, por si me estabas confundiendo con la chica perro que acompaña a los Guardianes- le advirtió.

Antes de que la otra pudiera decir nada, por allí apareció Aurora, pero era ligeramente diferente a la que ella ya conocía. Físicamente eran casi dos gotas de agua, salvo por algún que otra cicatriz a lo largo de su cuerpo, pero la diferencia más significativa estaba en su energía, que si bien también eran muy parecidas, presentaban diferencias más perceptibles.

-No te pases con ella, Noelia- pidió, mientras alzaba algo la voz. La aludida gruñó un poco con molestia, pero se limitó a salir de allí. A ella le gustaba más la eterna soledad del campo o la montaña, tener por allí a tanta gente le molestaba. Pero estaba ciertamente obligada.

Beatrice se fijó entonces en Aurora (910), y le pidió con los ojos que le explicaran qué estaba pasando. Esta suspiró, y le explicó como pudo la existencia de los dos Universos, y de todos los demás, y sus interacciones mutuas, que no eran pequeñas precisamente, al ser el número 910 el centro de un grupo de Universos y que acumulaba a otros muchos, entre ellos el 911, en el que se encontraban. Tras la explicación la chica estaba más liada aún pero tenía tanta hambre que tuvo que decir que por favor siguieran más tarde para poder tomar algo y poder despertarse en condiciones. Se acercó a la nevera, tomó un tetrabrik de leche, un tazón, algo de cacao en polvo y galletas, y, tras calentar la leche, comenzó a desayunar tranquilamente. Durante la media hora que se tomó para ello, vio ir y venir a la gente, primero los Guerreros, ya que estos se levantaban antes de que el propio Sol saliera por el cielo, y después los Guardianes, aunque tampoco mucho más tarde, pues entrenaban juntos, aunque ese día no iban a entrenar, pues al parecer, o eso entendió ella, ese día irían de misión. De ello hablaban el Ulrich guardián con la Anthea guerrera cuando por el cuarto apareció William (911). Tras saludar a su compañero y a la mujer con amabilidad antes de dirigirse a la mesa donde la otra estaba.

-¿Cómo dormiste?- preguntó el chico, mirando directamente a Beatrice. Ella asintió, y le sonrió algo de vuelta- Bien, gracias, ¿y tú?- le preguntó.

El chico asintió, mientras tomaba algunas galletas también. Miró a la chica con cierto interés, le recordaba algo a él mismo, también estaba más ligada a la oscuridad en más sentidos de los que a ella le gustaría, y eso la atormentaba en cierta manera, como a él le pasaba. En cierta medida, y aún sabiendo que no era cosa suya, se sentía culpable por todo por lo que ella estaba pasando. Ella de todas formas parecía tranquila, y su energía no estaba especialmente alterada, así que la tranquilidad que aparentaba también estaba en el interior.

-Si necesitas algo… pídelo, intentaremos cumplir con eso- le dijo William. Ella asintió entonces, y bajó algo el rostro.

-Gracias por acogerme aquí- le dijo. No tenían por qué hacerlo, pero ella estaba allí. Sabía que era sobre todo por tener al Anticristo creciendo en su seno, pero aún así, sentía que ellos estaban haciéndole un favor.

-No es nada… ¿te llamabas?- preguntó, él parecía bastante dormido. Ella le respondió rápidamente al ver su incomodidad- Beatrice… ¿cómo preferís que se os llame?- preguntó.

El chico la miró sorprendido- Pues… por nuestros nombres, supongo. ¿Por?- ella parecía algo avergonzada.

-Hay mucha gente que os ha puesto nombres- reconoció. Eso lo escuchó el guardián de las bestias, Odd, que se acercó raudo.

-¡Seguro que a mi me llaman El Señor de las Bestias!- exclamó, mientras ponía los brazos en jarra y una sonrisa iluminaba su cara.

Beatrice dudó en responder- Bueno, hay de todo en realidad…- le respondió- Hay mucha gente que os llaman súper héroes, incluso os han puesto nombres: Señor Oscuro, Aquaman Jr, Chico de Acero… y otros os llaman terroristas- añadió.

Ante el silencio de ellos, ella siguió- Como al enfrentaros a los demonios han habido destrozos, pues algunos piensan que es vuestra culpa todo esto- Odd bufó un poco.

En realidad todos tenían un poco de razón- ¡Pero hay más gente que es fan vuestra!- ella rápidamente fue en esa dirección para que ellos no se sintieran mal.

-¡Will, Odd, venid!- oyeron entonces la voz de Sam, así que ellos dos se levantaron, y salieron de allí, no sin antes despedirse de ella, que se recostó en su silla y dio un largo suspiro.

Cuando ellos se reunieron con los demás, estos estaban reunidos en torno a Jamily. Esta tenía en la mano una libreta abierta, y sonrió a los recién llegados- Ahora que estamos todos, puedo contaros las novedades- se aclaró la garganta y procedió.

-Como sabéis, a lo largo de la aventura para evitar el Apocalipsis, nos han dado dos libros: uno, el primero, nos lo dio Gamma y que contiene las debilidades de los demonios y que escribió un héroe tibetano hace ya mucho- se lo mostró entonces antes de dejarlo sobre la mesa- Y el otro, que nos lo entregó el berserker Karl, y que muestra la geografía del Infierno- procedió a mostrárselo entonces.

Ellos asintieron, si ella les estaba contando eso de nuevo debía ser porque había logrado traducir el libro que les entregó Gamma, pues estaba en enoquiano y llevaba bastante ya intentando traducirlo. Se había encerrado durante días y semanas en su despacho para poder transcribir su contenido, y, por su sonrisa en el rostro, parecía haberlo logrado.

-Bien, pues he creado un manuscrito donde viene toda la información que había en el libro, y, si es todo real, contiene la información que efectivamente nos será de utilidad- entonces, con un gesto, le indicó a Asmeya que por favor sacara del despacho de ella una pizarra móvil.

La misma tenía por encima una tela, y una vez que se quitó, mostró varios puntos escritos con una letra bastante impoluta sobre la pizarra negra, que tenía marcos de madera. Jamily sacó entonces una tiza blanca y señaló al primer punto.

-Lo primero son las debilidades de los demonios: ya sabíamos que se les podía encerrar en un círculo hecho en el suelo o techo, aunque a más poderoso sea el demonio encerrado menos tiempo puede durar así, aunque se puede reforzar el círculo con algo tan sencillo como con luz solar- comenzó.

-Pero esa no es la única, y es que las armas celestiales pueden matar a los demonios, a más puro sea el metal más poderoso será y más clases de demonios pueden matar. Únicamente un arma hecha de Acero Celestial puro puede matar a un Caballero del Infierno, y me temo que las armas de los Guardianes no están hechas exclusivamente de ese material. Cuando se crearon, esas armas se hicieron mezclando el acero celestial con otros materiales, pero en la suficiente proporción para matar a cualquier demonio de ojos grises, que os recuerdo son más débiles que los querubines, y con quienes estáis empatados en poder- les explicó.

Ellos asentían, entendiendo lo que ella decía- En el caso de los querubines, sólo les hiere y puede incluso destruirles si están debilitados lo suficiente como nos pasó con Zeros, y de ahí en adelante en la jerarquía de poder, simplemente les incordia- continuó.

Milly había levantado la mano para hacer una pregunta pero Jamily le pidió con un gesto que la dejara continuar, luego respondería dudas- Por tanto, podemos destruir a casi cualquier cosa del Infierno en estos momentos, con las excepciones de los demonios de ojos rosa y los Caballeros del Infierno; y a tan solo las parte baja de la jerarquía del Cielo. Si queremos mejorar, tendríamos que encontrar armas hechas de puro acero celestial, y me temo que nos sería inaccesible en estos momentos- la hechicera invitó a hablar a Seriel entonces.

-Los ángeles tenemos armas de ese material, todos tenemos de hecho, pero no podríais trabajarlo, es un material que únicamente el Herrero del Cielo podría fabricar, y que coincide con el serafín que escribió las instrucciones de Dios y de los otros Seres Supremos en los elementos más fundamentales de la realidad física, y aunque a día de hoy no sabemos dónde está a ciencia cierta, creemos saber dónde podría encontrarse- les dijo el ángel.

Esa información sorprendió a los jóvenes, y ante sus miradas decidió seguir- Mientras vosotros intentabais impedir la rotura de los sellos de Lucifer, y a la vez que nosotros estábamos liados traduciendo el libro que nos dio Gamma, este efectivamente estuvo trabajando precisamente en encontrar a ese serafín, de nombre Luzbel, y que puede sernos de gran ayuda con nuestras misiones. Él nos podrá contar cómo se puede trabajar ese material y dónde encontrarlo, y más importante aún, cómo podemos encerrar a Lucifer de nuevo llegado el caso- les informó.

Eso iba radicalmente en contra de lo que al parecer era el deseo de Dios, que era que los dos hermanos lucharan. Tenían que reconocer que ser contrarios a los designios del Cielo asustaba, más con los poderes que habían demostrado tan solo los arcángeles, no querían saber de qué podía ser capaz uno de esos Seres Supremos que parecían tener intereses concretos en toda aquella historia. De todas formas no tenían nada que perder a ese respecto, bien podían hacer uso de esa información a su favor y lograr, por lo menos, que les contaran cómo se manejaba ese metal tan poderoso, para poder cumplir con lo que era su destino en palabras de Jesús. Pero pese a que todo indicaba lo contrario, ellos no estaban dispuestos a dejarse hacer por un destino que no deseaban o que les parecía injusto.

-¿Y dónde está?- preguntó Aurora, con interés. Seriel miró por unos segundos a Jamily, que asintió. Fue entonces que respondió- Creemos que está en algún punto de Australia, o eso escribió Gamma en su cuaderno. También informa que se hizo pasar por un aborigen, con los que vive, y que le adoran como a un Dios debido a las acciones que toma para ayudarles. Vive con ellos desde hace mucho, aunque no sabemos las razones de ello-

El ángel entonces suspiró- En cualquier caso, es evidente que no quiere ser encontrado, al parecer tuvo que pedir el pago de muchas deudas para eso, aunque nos diera la información hacía un tiempo y antes de todo el lío de los sellos, pero estábamos demasiado liados para ello- dicho eso, dio un paso atrás y permitió que Jamily volviera a hablar.

-Dicho esto, y siguiendo con las debilidades, también tenemos que son débiles a un exceso de energía, cosa que ya habéis hecho previamente y que afecta a todos los seres, que pueden sr fulminados por la energía de otro ser superior, pero hay que estar muy por encima para poder hacerlo- en ese momento sonrió.

-Y ahora pasemos al punto fuerte de esto, y es algo que no sabía ni siquiera Seriel, y son dos fuerzas, dos estados antagónicos: la Luz Celeste y la Oscuridad Celeste- subrayó ambas palabras con intensidad.

Los Guardianes de sendos elementos la miraron con interés- Como sabréis la luz no es sólo el espectro visible, también están las ramas del infrarrojo del ultravioleta. Pero más allá de eso, hay un poder superior, uno al que solo los seres celestiales pueden acceder, y que son la Luz Celeste y la Oscuridad Celeste. Creemos que esos poderes son los que tienen Dios y Tinieblas, ellos emiten esas energías de forma natural, pero los demás seres no pueden, no al menos con esa facilidad, y necesitan de entrenamiento para poder llegar a esas cotas de poder- eso interesó especialmente a Aelita y a William, pues eran sus elementos nativos.

-¿Quieres decir… que podemos llegar a tocar el poder de un Supremo?- preguntó Aelita. Jamily miró a Seriel, que a su vez miró a los arcángeles. Estos no sabían muy bien qué decir exactamente.

-No es seguro, es cierto que la luz de Dios y la oscuridad de Tinieblas es especialmente fuertes, y más potentes que cualquier cosa que hayamos visto, pero no sé cómo podéis acceder a semejante fuerza, o incluso si siquiera podéis llegar a ese punto- dijo Gabriel.

-Se lo podríamos preguntar también a Luzbel, ella y yo- propuso William- Una misión nosotros dos, como en los viejos tiempos de Lyoko, ¿te parece, Lita?- le preguntó. Ella asintió.

-Si de verdad Luzbel es un ermitaño como decís, no querrá ser molestado e ir dos nos debería bastar, si necesitamos ayuda podréis venir a donde estemos a la velocidad de la luz- añadió ella al ver la cara de sus compañeros.

-Bueno, decidido eso, y pasando a lo segundo que venía, también venía la información necesaria, para cerrar el Infierno- fue entonces que los ángeles miraron a la hechicera.

-El Infierno lleva abierto desde que fue creado por Dios, y nunca se ha cerrado, ¿qué te hace pensar que algo así sea posible?- preguntó, interesado, Gabriel.

-No tengo más pruebas que las que aparecen en el libro y la información que nos dio Gamma más tarde. Que sea real o no, eso nos lo tendría que decir Luzbel también- les dijo.

-No creo que sea buena idea hacerle tantas preguntas… nada nos dice que no nos destruya con sólo vernos- comentó Electra, claramente preocupada por su pareja.

-Es algo que no podemos pasar por alto, efectivamente…- comentó pensativo entonces Azrael- Podríamos ir alguno de nosotros con ello, para que vea que vamos en son de paz- comentó Gabriel.

-Sí, eso debería ser suficiente, la verdad- añadió el otro- De todas formas, tenemos que buscar una forma de asegurar más o menos que no os maten sólo con veros, aunque sea plan de Dios que seáis de ayuda para luchar en lo que se avecina, no me gustaría tener que depender de eso- dijo Seriel.

-Estoy de acuerdo, trabajaré en algo- dijo Azrael, mientras salía de la sala, sin más. Gabriel fue con él, y cuando salieron los demás suspiraron un poco.

No eran los mejores en relacionarse, no al menos con seres humanos. Al menos ahora parecía que estaban con ellos definitivamente, y no se iban a ir de nuevo. En cualquier caso, y tras subrayar la palabra Infierno, Jamily siguió hablando.

-Bueno, para hacer eso, debemos localizar las puertas que conectan la realidad física con ese reino maldito, que son muchas por ciertos, y con los poderes de algún ser conectado con el mismo, cerrar puerta por puerta. Importante, por cierto, es el hecho que una vez cerrada una puerta no se puede cerrar de nuevo- les explicó, momento en el que tachó ese punto.

Una vez más, pidió que la dejaran acabar antes de que pudieran hacer preguntas, porque si no, no avanzarían y quería contarlo todo e ir de misión- Ya lo último es algo que sabíamos, y es cual es la jerarquía del Infierno, y en referente a eso, lo novedoso es como nació el primer demonio, Lilith: al parecer, cuando Lucifer comenzó con su cruzada contra la vida inteligente, él logró corromper el alma de una criatura del primer Universo nunca existente, una hembra de una especie antiquísima y que ya está extinta, y que fue… bueno, amante de Lucifer- explicó Jamily.

Los demás la miraron con interés- Una vez que la corrompió, ella se transformó en una criatura oscura, un ser abominable, que Lucifer nombró como demonio, y le dio una orden: corromper a otros seres, que a su vez se transformaron en los otros Caballeros del Infierno, pero eso no pasó hasta siglos más tarde. Cuando la abominación que hizo el arcángel se supo en el Cielo, él y Miguel discutieron con intensidad, y le culpó además de que Dios abandonara su reino, pues sus constantes peleas, en ojos de Miguel, fue la causa. Y la perversión creada por su hermano fue la gota que colmó el vaso, así que expulsó a ambos al Infierno, encerrando en el proceso a Lucifer. Esa al parecer fue la última vez que vieron a Dios, pues él mismo se presentó ante sus dos hijos mayores para decirles que no volvería hasta que ellos dos lucharan- suspiro entonces.

-Tampoco tenemos más pruebas de todo esto que el testimonio de ese monje, así que no sé hasta qué punto todo esto puede ser válido… -murmuró ella, a lo que los demás asintieron.

-¿Y el otro libro, Jamily?- preguntó Patrick.

Ella entonces sonrió, y giró cuidadosamente la pizarra, donde vieron un dibujo bastante detallado y que mostraba lo que parecía un mapa geográfico, donde veían valles, ríos, y una fortaleza, rodeada por grandes llanuras, estando la misma manchada aquí y allá por los mencionados accidentes geográficos. Las únicas montañas de todo el territorio se elevaban a lo lejos, en el perímetro, donde podían ver dibujados cientos de cuadrados.

-Este es el mapa a escala del Infierno, creo que algo así visteis vosotros- comentó ella, y los Guardianes no pudieron más que asentir, pues aunque habían visto poco, sí que pudieron ver zonas que allí aparecían.

Jamás olvidarían ese lugar, que era terrible. Apenas podían ver el final, pues estaba bañado por una niebla oscura y densa, pero seguramente fuera así el final: altas montañas que rodeaban la totalidad del Infierno, pero se fijaron sobre todo en un cuadrado con una calavera con alas. Ella les miró entonces, y rodeó con cuidado el sitio.

-Aquí, en lo mas profundo, está la jaula de Lucifer, aunque ahora mismo está vacía. Si logramos el objetivo, de encerrar de nuevo al arcángel, tendremos que tenerla localizarla- comentó.

Se lo pensó unos segundos antes de seguir- Y eso es todo… ¿dudas?- preguntó.

En realidad, había varias. ¿Cómo lograr alcanzar esos poderes superiores que en teoría podían tener Aelita y William? ¿Los demás también podían? ¿Y cómo podían ir ante Luzbel y preguntarle todas esas cosas? Eran demasiadas preguntas sin respuesta, cosa que a ninguno le gustaba en absoluto.

-Tendremos que pensar bien qué hacer, entonces- comentó Asmae. Seriel, ayudado por Jamily, volvió a tapar la pizarra, y la introdujeron de nuevo en el despacho de ella. Al momento salieron de nuevo y miraron a los demás.

-Pues sí. Esta tarde lo discutiremos, por ahora id a entrenar, tenemos que estar listos para lo que venga- les ordenó.

Pese a ser Asmeya la reina, y por tanto la líder del grupo, era la aelida la que realmente mandaba, aunque lo hacía con bastante acierto. Era falible, pero en esas cosas se tenían que fiar de su mayor experiencia. En cualquier caso esa era la mejor cosa que ellos podían hacer a esas alturas, aunque a Aelita eso no era lo que más le acababa de convencer, pues deseaba despejarse un poco y poder aclarar sus ideas. Junto a ella, William también parecía necesitar de tener un rato para sus pensamientos, solo que en su caso subió a los pisos de arriba, donde también estaba Beatrice.

Al menos parecían haber congeniado bien, eso ayudaría al grupo, se dijo. Electra, por el contrario, deseaba poder hablar con su pareja, pero ya tendría tiempo de hacerlo antes de comer, momento que él solía aprovechar para meditar un rato bajo un árbol. Eso le había ayudado para superar a Xana cuando esta fue derrotada, cosa en la que ayudó Yumi, que le aconsejó la meditación para poder ir hacia adelante en vez de embarrarse en el fango de sus miserias. Ella se alegraba por eso, pero ahora necesitaba poder estar a solas durante un buen rato, no deseaba tener a nadie delante. En momentos de especial tensión necesitaba desahogarse y hacer algo que normalmente no haría. Cuando era una humana normal ella tenía por costumbre correr hasta el cansancio por el bosque de Kadic, arriba y abajo, claro que eso ahora tendría que usar el sistema solar entero para poder hacer algo parecido. Ahora, sabiendo lo que sabía, y teniendo los poderes que tenía, ella prefería sentarse.

Podía parecer contradictorio, pero en esos momentos sentarse, parar, y tomar aire era lo mejor que podía hacer para tener unos instantes normales de vida. Se despidió de los demás y abrió ante ella un portal, que atravesó y llegó a un parque. Hacía frío, era de noche y a esas alturas ya las luces inundaban la calle. La chica cubrió su cuerpo con su energía, y, con agilidad, se movió hasta una zona de hierba en un parque que solía visitar desde hacía meses, mucho antes de que todo el asunto del Apocalipsis pasara, y durante el tramo entre la lucha contra Zeros y lo que ahora vivían. Se trataba de un parque de Rusia, que contaba con un lago ya desde hacía semanas congelado, con una abundante capa de nieve por todos lados. Tan solo estaba libre un estrecho camino que zigzagueaba a lo largo del parque, pero ella pasó del mismo, se introdujo en la nieve, y con cuidado avanzó hasta la parte baja de un árbol. Este estaba ya sin hojas, pero ella se sentó igualmente bajo el mismo, con las piernas cruzadas y las manos en el regazo. Cerró los ojos, y se rodeó con su energía, mientras acompasaba su respiración con el viento. Poco después de estar allí, notó una enorme energía rodearla. Ella frunció algo el ceño pero no abrió los ojos, pues sabía de quien era. La había notado cuando Lucifer salió de su encierro.

-¿Cómo está mi humana favorita?- una suave voz llegó a sus tímpanos, y ella frunció algo más el ceño- Déjame en paz, no pienso aceptar tu trato- le gruñó.

Oyó una risa, momento en el que ella abrió los ojos. Delante, tenía a una criatura andrógina, de largo cabello dorado, tenía dos orbes de fuego por ojos, y tenía dos grandes alas a la espalda, de plumas doradas, y que parecían las de un águila. Tenía una ligera tripa pero contaba con un cuerpo delgado. A pesar de no tener una forma física hercúlea, se notaba su poder con solo verlo. Brillaba como miles de soles, pero a ella no le costaba mirarle directamente al rostro. Ella estaba segura que de ser otro ser humano el que lo hiciera, o cualquier ser vivo en general, acabaría ciego, o algo peor. Dándose cuenta de ello, Lucifer sonrió un poco. Dejó de brillar entonces, y su cuerpo se rodeó de piel, y mostró el cuerpo de una mujer. Esta era de piel blanca, de ojos azules y pelo negro, con una camisa corta y unos vaqueros. No parecía tener tampoco frío, aunque su aliento se podía ver en el aire cuando respiraba.

-Ya tienes un cuerpo, veo…- comentó ella, mientras abría los ojos. Lucifer se fijó en ellos, y se perdió durante unos instantes en ellos, mientras sonreía.

-Sí, pero el tuyo es mejor- subió un poco la camisa y le mostró parte de la tripa del cuerpo que ocupaba. Ella vio quemaduras y heridas, cosa que le sorprendió.

-Este cuerpo no soporta mi poder. Le quedan unas pocas horas, tendré que buscar uno nuevo antes de que sea irreversible- comentó. Ella permaneció en silencio.

-Pierdes el tiempo conmigo, Lucifer- le dijo al rato- Ya he dicho que no daré mi permiso- fue entonces que el arcángel ante ella sonrió de forma peligrosa.

-Soy bastante bueno convenciendo a la gente, mi querida Aelita. Te daré un buen par de buenas razones para aceptarme- sus ojos se iluminaron entonces.

Ante ella, apareció una imagen. Se podía ver a dos personas, que estaban sentados en el suelo, y parecían felices. Fijándose en ellos, se levantó al ver que eran sus padres. Waldo y Atenea Shaeffer, en lo que parecía una cita en el campo, tomando un pícnic en un día de verano, pues estaban en ropa corta. Entonces su madre se giró a un lado y sonrió, y extendió los brazos. Parecía estar tomando algo ligeramente pesado, y vio entonces que sonreía con ganas y alzó, ante ella, un pequeño cuerpo. Era una bola de pelos rosa, mientras una segunda aparecía detrás de Waldo. Ella contuvo la rabia, apretando el puño, pues claramente era una escena que estaba pasando en esos momentos, podía sentirlo en lo más profundo de ella. Al poco apareció una tercera joven, aunque era más alta que las otras dos y que se puso a jugar con las otras dos.

-Es una imagen en tiempo real del Cielo, en concreto, este campo es habitualmente visitado por las almas. Siempre hace una temperatura agradable, donde no existen las malas sensaciones, y donde puedes estar cuanto quieras. Es lo más cercano al Jardín que existe o haya existido, te lo aseguro- desapareció la imagen en esos momentos.

-¿Por qué me lo enseñas?- le preguntó ella, seria. Lucifer agarró su mano, y tiró de ella con delicadeza, para hablar a su oído.

-Si no me aceptas, llevaré a tus padres al Infierno, y yo mismo me encargaré de que ellos sufran las peores torturas jamás llevadas a cabo. Los convertiré en demonios, y serás tú misma la que los mate, y cuando lo sepas, cuando seas consciente de que has destruido las almas de tus padres para siempre, será entonces cuando estés destruida en todos los sentidos… y vendrás eventualmente a mi- su voz aterciopelada le dio miedo.

No tanto por lo que decía, sino por cómo lo decía. Parecía incluso disfrutar de remover sus emociones de esa manera, de atormentar su alma hasta las cercanías de romperse. Ella apretó los puños con tanta fuerza que se llegó a hacer daño en las palmas de sus manos, y su cuerpo estalló con una luz tan potente que cegó al propio Lucifer. Este la observó con diversión, la luz que ella emitía era como miles de galaxias explotando al mismo tiempo en frente de tus ojos, y en el proceso, creó una ola de destrucción que destruyó todo en 500 metros a la redonda. Lo había hecho desaparecer a todo menos a Lucifer, que la miraba con interés.

-No te atrevas a hacerles daño…- dijo, en un murmullo. La energía de ella, en esos momentos, era realmente intimidante. Daba incluso miedo. Y era hermoso.

Sólo durante un segundo, el poder de ella hubiera sido suficiente para destruir a los Caballeros del Infierno. Suerte que estos no estaban por allí. Antes de responder, Lucifer observó los alrededores de dónde estaban. La destrucción que ella había provocado era realmente poética, pues había destruido aquello que había jurado proteger. De un suave gesto, sus ojos brillaron algo y devolvió todo a como estaba antes del ataque de rabia de ella.

-¿Lo ves? No somos tan diferentes. Tu familia te importa, les amas, y estás dispuesto a todo por protegerles. Incluso acabar con todo lo que hay a nuestro alrededor. Piénsatelo, al menos. Juntos, seríamos absolutos, y ya oíste al pequeño Jesús: eventualmente, me aceptaras. Y Asmeya hará lo propio con Miguel- se separó algo de ella entonces.

Se despidió con una cordial inclinación, y desapareció en el aire. Ella, segundos después, dio un grito de rabia, mientras le daba patadas a la nieve. Se tiro al suelo, y comenzó a golpear con los puños la nieve, hasta notar en su hombro una mano. Ni se había dado cuenta de que un hombre se le había acercado. Llevaba ropa de abrigo muy fuerte, con la cabeza bien tapada con una boina, y las manos con guantes. Un gran abrigo negro cubría su anatomía, y una bufanda tapaba su rostro, aunque ella podía ver sus ojos negros. Un mechón blanco salía por un lateral, y las patas de gallo le indicaban que debía ser un hombre mayor.

-¿Se encuentra bien, joven?- le preguntó, mientras echaba por encima de ella una manta. La chica reaccionó entonces.

Se levantó mientras se apoyaba algo en aquel extraño, y suspiró, le devolvió la manta, y le puso una mano en el hombro.

-Sí, gracias. Tengo… tengo que irme- le dijo, momento en el que ella desapareció en el aire tras un destello de luz. Al alzar la vista vio como un búho blanco volaba por el cielo, y ante el mismo se abrió un agujero en el aire, que atravesó, momento tras el cual desapareció.

El tipo simplemente se acarició el puente de la nariz mientras cerraba con fuerza los ojos, y volvió a mirar hacia donde antes estaba esa joven. Se estaba haciendo mayor, se dijo, mientras salía de allí y volvía al camino del que salió.

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Tras aparecer de nuevo en la dimensión de Jamily, ella entró a la casa, con la mirada perdida. Se fijo en su hermana, que estaba usando un árbol de los que allí crecía como punto de apoyo para un saco de arena de boxeo, y que golpeaba con puños y patadas constantes, bajo la atenta mirada de la aelida, que de vez en cuando le decía algo que a ella se le escapaba, pero que por el rostro que ponía, parecía satisfecha.

-Te veo nerviosa- comentó una voz entonces. Ella se giró en esa dirección, y vio a Jeremy. Tenía una botella de agua en la mano. Que irónico, el señor de las aguas bebía agua comprada en un supermercado.

-He tenido… puto Lucifer…- gruño, mientras golpeaba la mesa con su puño. Solo que en esa ocasión controló la fuerza del golpe.

El chico dejó a un lado la botella, y la abrazó, mientras acariciaba el pelo de ella y besó su mejilla. La chica se dejó llevar una vez más y lloró en el hombro de él, mientras a trompicones y con lagrimas corriendo por sus mejillas le contaba lo que acababa de pasar. Jeremy simplemente se limitó a escuchar y a acariciar el cuerpo de ella, que estaba vibrando en una mezcla de tantas emociones que sin duda en esos momentos estaban siendo liberadas tras ser retenidas durante bastante tiempo. Pese a la limpieza de energía que hubo tras la liberación de Lucifer, lo que acababa de sentir le había creado todos esos sentimientos, y necesitaba sacarlos.

-Tu hermana también se ha enfrentado a Miguel, nos lo acaba de decir… cuando salió a comprar- fue entonces que le explicó.

Recuerdo de Asmeya

Una vez que todos habían salido a sus cosas, ella salió de la casa de Jamily, y fue a comprar aquello que necesitaban. Serian guardianes y tenían los medios de producir comida, pero había cosas que no podían hacer, como los cereales que algunos de ellos comían, la bollería, o por ejemplo comida precocinada y que ayudaba a las comidas que tenían que hacer. Eran muchos y había que cooperar, y ella era la encargada de comprar esas cosas con las que ellos no podían contar usando sus poderes. Es verdad que era Yumi la que se encargaba de la fruta y la verdura, mientras que Odd se encargaba de la carne y de conseguirla de los animales que tenían viviendo en una granja que habían construido Jamily al crear ese lugar, y que habían ampliado cuando ellos se trasladaron a vivir por allí.

Mientras pensaba en ello, entró a la tienda, y comenzó a buscar lo que tenía en una lista, cuando ante ella vio una luz. Se tensó y tuvo que tapar su rostro ante la fuerte luz que emanaba del cuerpo del arcángel Miguel. Pero dejó de hacer eso casi al instante, y le mostró una apariencia mucho más humana.

-¿Qué quieres, Miguel?- le preguntó ella, mientras daba un par de pasos atrás. Este sonrió algo divertido.

Se podía ver en su mejillas manchas negras y heridas a lo largo del brazo y rostro. Este, lejos de parecer incómodo, parecía bastante relajado pese a las circunstancias.

-Vengo, como sabes, para que aceptes ser mi avatar- le dijo. Antes de que ella pudiera responderle, siguió hablando- Piensa que, cuanto antes pase, antes podremos solucionarlo todo- siguió.

Ella negó, no demasiado convencida- No puedo aceptarte, ya lo sabes- le dijo. Desde hacía días el arcángel la visitaba en sueños para hablar con ella.

Ya le había dejado claro que no aceptaría, pero él seguía insistiendo, y la visitaba regularmente. Ella había entendido en cierta manera cómo era ese ser, y cuales eran sus intenciones. Quería luchar contra su hermano y demostrarle que esos ataques a lo que había aparecido en los mundos, la vida inteligente que ellos habían estado observando desde el principio y que Lucifer consideraba dañino y terrible, eran ilegítimos y no se debían hacer. Eso era un ataque directo a su padre, y destruir o criticar su obra era algo que no podían permitir, aunque no las hubiera creado directamente, pero sí habían aparecido de forma orgánica en lo que apareció tras su lucha contra Oscuridad. Pero eso era totalmente contrario a lo que Asmeya defendía, pues de esa forma lo único que lograrían sería destruirlo todo, todo aquello que habían jurado defender. Y eso sería imperdonable para ella.

-Piénsatelo, querida. Mi hermano es fuerte, juntos podemos serlo más. Puedo enseñarte, a ser más fuerte, a ser una reina. He dirigido el Cielo durante eones, se cómo se manda- le dijo.

Ella frunció algo el ceño, eso era algo que tenía que aprender, desde luego. A ser una buena dirigente. Pero no quería dejarse engañar por Miguel. No quería nada que viniera de él. Aunque fuera algo positivo como ser una buena dirigente. Además, sabía que él no tenía por qué cuidar su cuerpo y dejarlo más o menos usable después. O si quiera si lo abandonaría en ese momento.

-Piénsalo, al menos, querida. Yo no te amenazaré, como ha hecho mi hermano con la tuya. No soy así- le guiñó un ojo, desapareciendo en el aire en ese momento.

Asmeya suspiró, mientras su pelo se erizaba bajo la ropa y le recorría un escalofrío por el cuerpo.

Fin del recuerdo de Asmeya.

-Ya veo…- murmuró- ¿Y qué hacemos?- pregunto.

Esa era una gran pregunta. Una a la que ninguno tenía respuestas, no en esos momentos. Todo eso se les salía de las manos, pues eran poderes superiores a ellos en cualquier sentido, y aunque intentaban entenderlos, las fuerzas de esos seres eran infinitas, y si sólo lo desearan podrían fácilmente doblegar sus voluntades, justo como hasta hace unos momentos había hecho Lucifer, y romper sus mentes hasta que aceptaran sus exigencias. Pero por alguna razón no lo hacían, no al menos por ahora, aunque nada les decía que no pudieran hacerlo más adelante. Desde luego era muy positivo para ellos tener ese poder real sobre los arcángeles, y podrían negociar llegado al caso.

Fue entonces que negó con la cabeza con intensidad, y rápidamente se quitó esas ideas de la cabeza, ella iba a ser intransigente. No se iba a dejar extorsionar por ese cabrón. No tenía intención alguna de dejarse someter. El chico entonces acarició su rostro, sacándola de esos pensamientos, y la besó con delicadeza en los labios.

-Cuando todo esto termine, te prometo ser el mejor padre del mundo del niño, o niña, que engendramos- le aseguró. Ella bajó el rostro, ese era otro asunto a tratar.

-Ojalá todo esto pase pronto…- le comento entonces ella, mientras se abrazaba a él.

Se fundieron en un nuevo beso, y se movieron a la velocidad de la luz hasta el cuarto que compartían, donde se tumbaron juntos en la cama, y, sin hacer nada, él la durmió en sus brazos, dejándola descansar en su regazo. Él ya había estado entrenando y se notaba que ella había tenido un fuerte ataque de rabia, se notaba en su energía, que estaba extenuada a nivel mental. También notaba allí las energías de William y Beatrice, y le llamó la atención lo parecida que eran. Sintió al mismo tiempo como Electra se les acercaba, y aunque no podía ver su rostro sí notaba que ella estaba nerviosa. Podía oír a lo lejos un murmullo de ellos, pero decidió dejarles privacidad y centrarse en su pareja, que dormía apaciblemente. Esos pequeños momentos eran bellos, y quería disfrutar de ellos lo poco que duraran. Mientras, Electra, efectivamente, hablaba con William en el pasillo.

-¿Estás seguro que no necesitas hablarlo, Will?- le preguntó ella, preocupada. Este negó, mientras le sonreía y la abrazaba- Te lo juro por todos los dioses de este mundo y los de otros…- murmuró.

Se notó un cierto deje de amargura, y es que no necesitaba hablarlo pues ya se liberó de esas sensaciones hablando con Beatrice, y no con ella, y sentía que en cierta medida traicionaba a su pareja. Pero se quitó ese pensamiento de su cabeza, total, ¿acaso no importaban todos los buenos ratos que ellos habían pasado? Besó a la temperamental mujer en los labios, y le sonrió.

-No te preocupes por mí, lo agradezco pero no es necesario- le aseguró, mientras ella le abrazaba. Notó entonces una rara sensación en el pecho, pero lo achacó al nerviosismo que sentían todos, y miró a los ojos de la chica, en los que se perdió durante unos segundos. Ella no parecía demasiado convencida, pero tomó su mano entonces.

-Vamos a entrenar, luchar te hará despejar la mente, Willy- le dijo, mientras sonreía algo. Él asintió, esperando que así fuera. Tenía muchas cosas en su cabeza, una buena distracción sería de ayuda.

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.