Código Guardianes
Capítulo 118
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
Pasaron dos semanas desde la pelea contra los Guerreros, su salida del grupo, y su exilio voluntario a su propio Universo. Este, el 910, y debido a los muy extremos cambios que tuvieron, unido a lo cercano en el tiempo de sus reinicios, provocó que se separara del multiverso local en el que ellos vivían, pasando a formar parte de uno diferente, y en el que las cosas eran, a primera vista, radicalmente diferentes. Solo había que ver cómo habían logrado tener bajo su control a los guardianes, que se sintieron profundamente humillados, viendo sus debilidades, o al menos así se lo plantearon los guerreros Lyoko originales, así como Susan y Marin. Los demás, junto con la humillación, sintieron fuertes deseos de venganza contra ellos por lo que consideraban un insulto contra sus personas, pero se lo habían guardado para ellos. Durante un tiempo les había rondado una misma idea por la cabeza, y es que ellos eran realmente poderosos.
Si se lo proponían podían luchar contra casi cualquier cosa, sólo los Caballeros del Infierno les daban problemas, pero con el entrenamiento adecuado seguro podrían con ellos eventualmente. Eso les hacía virtualmente invencibles, casi nada podía con ellos. De hecho, incluso estando en solitario no se les podía vencer. Esas ideas rondaban sus cabezas, incluso después de haber sido purificados al romperse los últimos sellos que encerraban a Lucifer. Pero eso no era lo que más preocupaba al conjunto del grupo, en cambio, el haber perdido a importantes aliados sí lo hacía.
-No entiendo qué fue lo que pasó, pero de nada sirve lamentarse ahora- William estaba sentado en el sofá de la casa de la hechicera.
Junto a él estaban los demás compañeros, incluyendo a Seriel, Beatrice, y a las dos Noelia. La mayor de las dos estaba al lado de Jhonny, le tenía tomado de una mano, y de vez en cuando le acariciaba con el pulgar la parte de arriba de la palma. Tamiya observaba en silencio, con algo de celos, pero prefería guardárselos y dejar tranquila a la feliz pareja.
-Will tiene razón. Nos abandonaron, es un hecho. No vale de nada preguntarse las razones, simplemente seguiremos adelante. Además, os recuerdo que tenemos una misión que cumplir: encontrar a los cuatro jinetes- dijo serio Percy.
-Hemos seguido la recomendación de Seriel, y hemos buscado información sobre posibles acciones que han podido llevar a cabo- Aurora llevaba consigo unas hojas.
Las dejó encima de la mesa que tenían en el medio del salón- Hemos descubierto que hay bastantes tumultos en una zona concreta del África oriental, en las cercanías del nacimiento del río Nilo. Podría ser un buen punto de partida- explicó ella.
-¿No es demasiado suponer que todas esas cosas pasarán en la Tierra? Teniendo en cuenta que todo esto afecta al multiverso, a saber en qué mundo de qué universo pueden estar- el razonamiento de Ulrich no era malo, de hecho lo más probable es que sí fuera.
Seriel intervino en ese momento- Y así es, de hecho es seguro que tengamos que visitar otros mundos, como ya habéis hecho. Pero no podemos pasar por alto el hecho de que aquí puede estar la mano de Guerra, llevan mucho tiempo en conflicto, puede llevar influenciando mucho tiempo. Además, noto algo intenso viniendo desde esa zona… - les informó.
Eso tenía relativo sentido- ¿Crees que pueda haber influenciado tanto? Esa guerra lleva ahí años, y en este tiempo no hemos notado nada especial. ¿Y por qué dejarse ver ahora? - preguntó Yumi.
El ángel asintió- Sin duda, pensad que los Jinetes no son criaturas exclusivas del Apocalipsis. Siempre han estado ahí, al menos de forma energética. Hasta ahora han permanecido físicamente en el Infierno, hasta ahora que les han dejado salir - explicó el ángel.
-Se quedaron allí por orden de Lucifer mismo. ¿Por qué? Creo que fue cosa de Dios, entre ambos crearon toda la mitología que ahora conocemos- explicó.
-Bueno, al menos tenemos esa posible pista. ¿La seguimos?- preguntó entonces Electra, seria.
Tamborileaba sus dedos despacio, a su lado estaba su pareja, William. Este asintió, mostrando conformidad. Asmae suspiró- Supongo que no tenemos nada mejor…- levantó la mano entonces.
Los demás fueron imitándola, hasta que hubo unanimidad. Aurora sonrió por ello, y se acercó a recoger sus papeles. Electra se levantó entonces, y se estiró un poco- Perfecto, ¿salimos ya?- preguntó.
Percy habló entonces- Danos una hora para prepararnos, y saldremos entonces- A eso la rubia no se pudo negar, así que asintió.
Dando así por finalizada la reunión, se dispersaron. Ella comprobó como a Beatrice le costaba levantarse, y pudo ver que William la ayudaba, junto a Sam y Jeremy. A ella ya se le iba notando como la tripa se iba abultando, pero no se fijó en ella, sino en cómo su pareja parecía acercarse a ella poco a poco. No era alguien celosa, pero… Se quiso quitar esas ideas de la cabeza, él podía tener amigas, por supuesto. De hecho sus compañeras lo eran, y en ellas confiaba.
-Pareces con mala cara- ella se giró al oír la voz de Herb. Ella negó entonces, y le sonrió algo.
-No es nada. Vamos a prepararnos- salió del salón entonces, y subió a su cuarto.
Gracias a Susan y Marin ellos tenían allí habitaciones amplias, dónde tenían todas sus cosas. En sus paredes tenía sus póster de sus equipos de rock favoritos, unas camisetas formadas, y fotos de ella con su madre. Cuando murió ella apenas pudieron llorarla, por todas las cuestiones de la guerra contra Zeros, así que tuvo que ser después. En todo caso, ella ya había discutido sobre devolverles a la vida, más desde que saben dónde pueden estar y que hay personas entre ellos que pueden. Pero estos se negaron a hacerlo, y aunque eso le enfureció al principio, al final tuvo que aceptarlo. Ella, tan temperamental, había aprendido más o menos a controlar sus enfados, pero no entendía los reparos que los demás tenían.
Había que actuar ya contra Cielo e Infierno. Tenían el poder para poder hacerlo, con Jhonny desde luego, y si podían convencer a la niña que fuera a nacer de la humana, serían un dúo que podría contra cualquier cosa. Podrían ser los reyes del mundo… Ya lo había hablado con algunos de sus compañeros. Y estaban de acuerdo en hacerlo. De ser necesario, contaba con casi la mitad de sus amigos para poder asaltar los cielos y los infiernos, literalmente. A los únicos que no logró convencer fue a los antiguos guerreros Lyoko, a William, y a Sissi, Herb y Nicolás.
Los demás habían aceptado todos, lo cual había alegrado profundamente a la chica, pues se veía respaldada por sus compañeros. Sin embargo, los demás no estaban demasiado conformes con aquello. De hecho Aelita fue a hablar con ella la noche en la que ella le había propuesto aquello. La pelirosa en un principio se había sorprendido de aquello y le pidió unas horas para pensarlo. Seguramente lo hizo, y aquella noche fue a pedirle que se quitara esas ideas de la cabeza. Por supuesto ella se había negado, y discutieron un poco, hasta que la otra simplemente se dio por vencida y le pidió que por lo menos no lo intentaran en poco tiempo, que les dieran unas semanas para ello. Electra aceptó no demasiado convencida, pero por lo menos se lo pensarían.
Pero desde el punto de vista de la Guardiana de la luz aquello no podía ser peor. ¿Cómo se les ocurría semejante locura? Ella esperaba que solo fuera cosa del momento, por el cabreo que ella pudiera sentir. No notaba en Electra o los demás oscuridad alguna, o malas intenciones. Simplemente lo creían de verdad, y eso era lo preocupante. Se habían vuelto arrogantes y orgullosos. Un poco de esas características no era algo malo, lo peligroso era si eso iba a más. Y tenía pinta de que así era. Tras hablar con sus compañeros, llegaron a la conclusión de que lo hablarían cuanto antes. No se podía retrasar demasiado, así que lo harían en uno de los descansos de una de las misiones que fueran a emprender próximamente, así que esa noche lo hablarían con ellos.
-Tenemos que hacerles entrar en razón- Ulrich ni había sacado una mochila para llevar nada.
El hecho de pedir una hora para prepararse solo fue una excusa para poder hablar qué les dirían.
-Dudo que podamos hacerlo en una noche, pero hay que hacerlo. Me preocupan- añadió Jeremy.
Yumi suspiró- ¿Cuándo pasó? Yo ni me di cuenta- comentó. Fue William el que respondió- No lo sé. Pero son la mitad de nosotros, y las dos mayores están con ellos. Eso último… no me lo explico. Ellas son las más sabias, y las que nos guían… Tienen a la moral grupal de su parte- dijo.
Eso era por desgracia verdad. Y había algo peor aún, y es que Asmae también estaba con ellos. Estaban en desventaja en ese sentido, y eso les preocupaba bastante. Querían seguir pero oyeron jaleo abajo, así que decidieron bajar para no llamar la atención. Así que ya allí se encontraron con sus demás compañeros, de hecho Marin ya había abierto un portal para poder viajar hacia su nuevo destino, y ya algunos estaban pasando.
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Aparecieron en un páramo. Era de noche, las estrellas iluminaban el cielo, y una suave brisa recorría las planicies de arena y grava. A lo lejos, una ciudad se elevaba, pero eran todas casas de adobe, paja y tierra, propias de campesinos. Cerca un río serpenteaba por la tierra, aunque en esos momentos apenas eran un par de metros de lado a lado de la corriente, estaba bastante seco. Los campos de cultivo no estaban mucho mejor, estaban resecos y eran poco apetecibles, o al menos eso se intuía desde allí.
-Estamos en época seca ahora. Las lluvias tardarán en venir, y esta gente debe pasar hambre…- comentó Jeremy. Podía sentir las precipitaciones a kilómetros de distancia, pero no llegarían allí.
-Yo esto lo veo bastante tranquilo, a decir verdad…- comentó Marin, pero Electra negó.
-Estarán durmiendo. En cuanto amanezca volverán los disparos, os lo aseguro- dijo ella.
Como si lo hubiera predicho, pudieron escuchar armas de fuego. Pero no eran disparos al uso, parecían de armas de otro tipo, era algo extraño. Se movieron rápidamente en la dirección del ruido, y comprobaron que estaba su origen justo debajo de la colina en la que estaban, así que al llegar a su cima, comprobaron algo muy sorprendente: un grupo de hombres, con armas en sus manos, practicaban su puntería contra blancos estáticos hechos con rocas. Las mismas eran bastante grandes, y Patrick notaba que eran extremadamente duras. Y pese a ello, los disparos podían romper, e incluso atravesar, las mismas. Tumbados, observaron mejor.
Vieron a un total de veinte hombres. Quince de los mismos disparaban, mientras otros cuatro hablaban con un quinto. Este último era el único que no tenía ropa militar, pues llevaba un traje marrón largo, que cubría todo su cuerpo. Claramente le quedaba grande, para permitir una mejor ventilación por el calor de la zona. Por sus rasgos, era árabe, pero su barba aún no era tan densa, se le veía bastante joven. Y nervioso, sus ojos marrones no dejaban de moverse mientras hablaba, y sus manos temblaban ligeramente. Los demás tenían trajes variados: cuatro de ellos, los que parecían oficiales, tenían un uniforme gris con guantes y botas negras, y gorras altas. Parecían tener algo semejante a pistolas en sus cinturas, así como un cinturón con un emblema en su centro. Este era lo que parecía un águila plateada con ojos rojos, era pequeña pero bien detallada en plumas y pico abierto, desde allí poco más podían apreciar.
En cuanto a los soldados disparando, estos tenían una armadura blanca, sin decoración de ningún tipo, y cascos con respiradores en su parte de abajo. Una estrecha banda negra aparecía a la altura de sus ojos, y en sus manos tenían armas de fuego, de las que salían líneas de luz que iban a toda velocidad contra sus objetivos. Esas armas estaban lejos de la tecnología humana, así que…
-¿Te suena esta gente, Susan?- le preguntó Aelita. Esta estaba a su derecha.
-No tengo ni idea, es la primera vez que los veo…- comentó ella, seria (1)
-¿Y qué hacemos? ¿intervenimos o no?- preguntó Aurora.
-Puede que sea necesario. Diría que son de otro Universo… Como cuando tuvimos que movernos a otros por las gemas o los emblemas, ¿recordáis?- comentó Marin.
Hubo un asentimiento generalizado- Vamos allá entonces- Percy se levantó y se movió hacia aquellos soldados.
Jeremy quiso pararle, pero varios más le imitaron, así que al final tuvo que claudicar y seguirles, sobre todo por no dejarles a solas. Era algo tácito entre los viejos guerreros Lyoko, no dejar a sus compañeros a solas en las misiones, solo por si acaso. No por una cuestión de no fiarse de ellos, sino más bien para evitar posibles derivas hacia algo que luego no se pudiera solucionar. Y sobre todo para hablar con ellos en esos posibles puntos críticos. Aunque en una guerra poco se pudiera hacer, pero para eso tenían la energía, a decir verdad.
En cuanto les vieron, empezaron a acribillarles a disparos, pero ellos fueron más veloces. Se colocaron en pocos segundos justo delante de los soldados, les dieron un puñetazo en el casco, y les derribaron. Los oficiales fueron más precisos y algún que otro disparo les llegó, hiriéndoles ligeramente en el hombro, pero nada que les impidiera seguir luchando. Segundos después ya solo quedaba uno de los oficiales, el que parecía de mayor rango a juzgar por sus ropas. Este, al verse rodeado, alzó las manos y tiró su arma al suelo.
-¿De dónde vienes?- le inquirió Marin entonces. El tipo la miró a los ojos, frunciendo el ceño- - - - -¿Cómo habéis podido hacer eso?- preguntó en su lugar. Marin frunció el ceño- Responde antes a mi pregunta- exigió ella.
-Soy el comandante Stones, del Imperio Galáctico. ¿Y vosotros?- preguntó. Ahora la pelota estaba en el tejado de ellos.
-Somos los Guardianes, y…- Percy dejó de hablar cuando oyeron el sonido al fondo de motores. Muchos motores.
A ojos humanos no se podrían ver, pero ellos sí que eran capaces de observar como un total de tres grandes aparatos descendían desde el cielo. Eran de forma triangular, eran grandes como varios estadios de futbol, y tenían en el extremo superior, en la parte de atrás, una alta torre que iba de lado a lado del aparato, y que parecía la torre de control de un aeropuerto. Vieron que tenían en la parte central dos franjas rojas, y tenían grandes cañones a lo largo de la superficie del aparato, que se replegaron cuando las franjas se movieron hacia los lados, abriendo un hueco, del que salieron seis naves bastante más pequeñas. Tenían forma esférica, con una cristalera en su frente, y a modo de alas, dos tubos de las que se expandían dos grandes placas. Se movieron ágilmente hacia ellos, y comenzaron a disparar en cuando vieron a los chicos. Herb, Nico y Sissi se pusieron delante de los demás y extendieron sus brazos, elevando su muro de cristal para defender a los demás.
Los rayos de luz golpearon los mismos con violencia, haciéndoles temblar un poco, pero en ningún momento se resquebrajaron, de hecho aguantaron bastante bien los rayos. Estos iban a la velocidad de la luz, pero no eran tan potentes como ataques que ellos pudieran hacer, ni se les acercaban. En cuanto pasaron por encima de ellos, Jeremy dio un fuerte salto y logró aterrizar encima de uno de los aparatos. Aurora y Sissi le imitaron con otros dos cazas, y con sus armas rompieron lo que supusieron eran los motores. El rubio aún tenía su tridente en la mano cuando oyó un crujido, y notó que se abría la exclusa donde estaba el piloto. Como el aparato estaba cayendo al suelo, este se eyectó con el asiento, así que Jeremy dio otro salto y aterrizó en el suelo. Segundos después notó una explosión detrás suya, pero no se llegó a girar.
-Dile a tus hombres que dejen de disparar- Electra había agarrado al tipo del cuello, y le ahorcaba con su agarre.
Este tosía un poco e intentaba, sin éxito, soltarse de su prisión-¡Electra, suéltale!- supo por la voz que era Milly quien se lo pedía.
La aludida, a regañadientes, le bajó, pero continuaba teniéndole bien agarrado- Hazlo…- le dijo ella, amenazante.
Aelita había observado el proceso, al menos se alegraba de que una de las pequeñas hubiera reaccionado. Eso era positivo. Sin embargo, las formas de Electra no acababan de convencerla del todo, aunque ella siempre fue bastante agresiva a la hora de saber las cosas. Suspiró, y se acercó.
-Será mejor que le hagas caso a mi amiga, comandante. Acompáñeme- con una mirada, la guardiana del rayo permitió que su amiga se llevara de allí al oficial, y se retiraron a un lado.
-Oye, no sé quiénes sois o qué hacíais aquí con esos aparatos, pero está claro que de aquí no sois. Será mejor que os vayáis, bastante lío tenemos ya aquí como para preocuparnos de algo más- decía ella- Idos y no habrá represalias, ya has visto de lo que somos capaces- el hombre sonrió divertido.
-Si me hablas así es, efectivamente, por que no lo sabes. Yo no tengo el mando aquí, lo tiene mi general, yo solo venía a comerciar. Tendréis que hablarlo con ellos- explicó.
Aelita frunció el ceño, pero aceptó. Esa debía ser la única solución- Si se trata de una trampa, esa vez no pararé a Electra. ¿Está claro?- dijo, a lo que el otro asintió.
-No os temo- comentó entonces. Ella se sorprendió- Darth Vader es mucho más temible que unos adolescentes. Él me hubiera matado con su agarre, tu amiguita en cambio sólo apretó. Mucho ladrar pero poco morder…- eso fue un poco insultante para ella.
-Pudo haberte dejado sin aire y haberte matado. Si no la hubiera parado…- pero Stones se giró un poco- La miré a los ojos. Y ella no parecía tan siniestra u oscura como mi general. Ah, ahí viene…- Aelita miró al caza que él señaló.
Proveniente de él notó una fuerte energía, muy oscura, siniestra. Le recordaba en cierta medida a la de William, pero mucho más dura. Tragó saliva, no era una energía muy grande, pero le daba cierto respeto. En cuanto el caza se quedó posado en el suelo, un suave pitido indicó que la cabina se abría. Una figura siniestra se alzó sobre el aparato, y bajó. Era un tipo alto, de dos metros, con un casco, guantes y botas negras. De sus hombreras caía una larga capa negra, y tenía en su pecho una matriz con varios botones. Saltó pesadamente al suelo, y oyeron como sus piernas crujían. Eran mecánicas, así como uno de sus brazos. Aquel ser biomecánico se les acercaba a paso lento, se llevó una de sus manos a la cintura, donde tenía un cinturón, y sacó un tubo. En cuanto lo puso en la mano, una luz rojiza emanó del mismo, formando una espada de luz.
Alzó la mano, y por sorpresa, mandó a volar a Milly y Tamiya, y atacó con violencia a Ulrich. Este esquivó los ataques, dando saltos hacia atrás con cada envite. Se sorprendió por la rapidez de los ataques de aquel tipo, que pese a lo grande era extremadamente veloz. Tras un par de espadazos más, el tipo se paró, y observó al grupo. Señaló a Ulrich con la punta de su sable de luz.
-Siento un poder inmenso de vosotros…- su voz metálica resonó por todas partes. Un suave sonido acompañaba su respiración, como si tuviera algún aparato ayudándole a ese menester, cosa sorprendente dado que no parecía tener problemas en ese sentido.
-Y siento la oscuridad en algunos… ¿Sois jedi?- preguntó, agachándose un poco, colocándose en posición defensiva.
Jhonny iba a hablar cuando notó una segunda energía. Esta era como la de aquel tipo pero bastante potenciada. Y olía a azufre tan intensamente que no tendría nada que envidiarle a los de los demonios de lo más profundo del Infierno.
-No somos más que unos adolescentes normales…- murmuró, mientras se encogía sobre sí mismo. Sus compañeros se sorprendieron por aquello.
No era propio de él aquello. Parecía incluso con miedo, de no conocerle pensarían que se estaba rindiendo. Entendiendo sus ideas, Aelita, Yumi y Odd se arrodillaron con sus manos tras la nuca, y los demás siguieron su ejemplo eventualmente, más al ver como más soldados llegaban allí en perfecta formación. Vader, satisfecho, apagó su espada de luz, y se retiró. Electra, algo molesta, miró a Jhonny.
-¿Cuál es tu plan, tío?- le preguntó. El chico respondió enseguida.
-Creo que Guerra está aquí, ¿no le sentís?- preguntó, y miró a una de las grandes naves. Ellos se centraron entonces en esa dirección, y así fue. Notaron una energía muy intensa viniendo desde allí.
Percy se preguntaba por qué se tenían que dejar capturar para subir allí. ¿Qué razón había? Eran invulnerables. Pero Aelita pidió calma, tenían que dejarse capturar. Y sobre todo, apagar sus energías. Tenían que pasar por adolescentes más o menos normales. A menos poder demostraran mejor, así se pensarían que eran corderos sin capacidad de poder hacer nada, y se podrían acercar a su verdadero enemigo. Además, más que nunca querían mantener las palabras que tanto habían repetido Susan y Marin de intervenir lo mínimo posible. Ya que eso era ya imposible en la Tierra, al menos que se mantuviera con aquella gente.
Fueron subidos a una especie de carguero. Era grisáceo, y en su interior cabía cerca de medio centenar de adultos. En los laterales tenía unos pocos asientos, aunque contaba sobre todo con barras que iban del suelo al techo. Junto a ellos viajaron unos cuantos soldados que en ningún momento les quitaron el ojo, aun debían estar procesando lo que algunos de ellos habían hecho. Permanecieron en una tensa calma durante varios minutos, durante los cuales solo se oía las respiraciones de los presentes, y de fondo el suave ronroneo de los motores. Llegado un momento sintieron un fuer empuje, y las gemelas de Gallifrey lo identificaron rápidamente.
-Hemos abandonado la atmósfera, diría…- murmuró Susan, a lo que uno de sus guardias rio un poco.
-Así es, no está mal para ser una paleta que vive en el fin del mundo- comentó otro de ellos, pero Susan no entró a la provocación.
Estuvieron un rato en un tenso silencio. Notaban como el carguero en el que se movían descendía de velocidad poco a poco, debían estar llegando a su destino. Notaron un fuerte chasquido que hizo temblar toda la nave, y se quedaron parados entonces. La puerta lateral se abrió, y los soldados les comenzaron a empujar para que se movieran. Ellos obedecieron a regañadientes, y entonces salieron a un enorme hangar. Estaba lleno de tropas formando y moviéndose por la misma, formando en el medio un camino que llevaba desde donde ellos estaban hasta una puerta lateral. Cerca también había varios de los cazas que habían visto previamente, así como varios aparatos de gran tamaño. Eran máquinas con buenas protecciones, con un cubículo rectangular, y cuatro largas piernas que parecían frágiles pero que Percy notaban de un fuerte metal. Y todos apuntaban en su dirección. Desde luego no se los estaban tomando a broma. Les obligaron con las culatas de sus armas a arrodillarse, y vieron desde el fondo aparecer al líder de aquella gente, Vader.
Andaba rápidamente hacia ellos, y se fijaron que a su lado iba una segunda persona. Era un hombre, de pelo cano y ojos amarillentos, tenía ropas militares parecidas a las de los oficiales que se encontraron en tierra, pero tenía un aura extraña. La misma que momentos antes había sentido Jhonny. Pero les costaba verle a veces, se estaba escondiendo de la visión humana, así que seguramente para todos menos ellos fuera invisible. Decidieron obviar su presencia por el momento, no tenían miedo de poder morir allí, habían estado en situaciones peores.
-Llevadles a las celdas con los demás rebeldes. Serán ejecutados con los demás, pero antes quiero sacarles información- la voz mecánica del líder asustaba incluso a ellos.
Los demás oficiales presentes se cuadraron a su orden, y ordenaron con un gesto que se los llevaron de allí. Obedientes, les movieron a lo largo de la nave para llevarles a unas celdas, pero eran seguidos por delante por quien creían ellos que era Guerra. Los pasillos eran espaciosos, de tono grises con líneas negras, todos idénticos entre ellos así que era fácil perderse en ellos si no se conocían adecuadamente. Al ser una nave tan grande, estos intrincados corredores debían ser kilométricos, y no ayudaba que todas las puertas fueran idénticas. Eran blancas, con un panel lateral, todas defendidas por un soldado, al menos en esos niveles, y con robots vigía por los pasillos. Estos medían menos de un metro, tenían forma tubular y su cabeza era una semiesfera, contaban con un ojo mecánico en su parte superior, y tenían en su cuerpo varios botones y luces que parpadeaban y emitían suaves sonidos mecánicos. Anduvieron un rato hasta que Guerra habló de nuevo.
-Es un honor que hayáis venido a verme a mí el primero- comentaba, divertido- En el Infierno me han hablado extremadamente bien de vosotros, al parecer sois bastante fuertes- siguió.
Llegaron a una zona con lo que parecían celdas. Pero no tenían rejas, contaban en su lugar con lo que ellos identificaron como energía, y que impedía que cualquiera pudiera pasar, tanto en una dirección como en otra. Parecía una forma tecnológica del muro de cristal de varios de ellos, y que cubría todo el frontal de las celdas. Estas eran diáfanas, solo tenían en un lateral lo que parecía una cama, y ya está. Ni ventana, ni mesa, ni nada.
-En fin, chicos, cuando salgáis, porque ya sé que lo haréis, podremos hablar de las condiciones de vuestra rendición- Asmae le miró.
-¿Cómo que rendición?- le preguntó, a lo que el tipo se rio con fuerza.
Esperó unos segundos a que entraran todos a la celda, se rodeó de su energía, y habló entonces.
-Idos, soldados. Es hora de descansar- los soldados presentes, entonces, salieron de allí a paso lento, como si estuvieran hipnotizados.
Chasqueó los dedos entonces, y las luces parpadearon un poco. Luego, miró a los jóvenes, que ya se habían quitado los grilletes.
-Rendición, sí. No podéis ganarme, la mayor guerra de la historia está ya en pleno auge, el Apocalipsis ya ha comenzado, y estoy en mi mejor momento- entonces comenzó a presionar en las costillas de los jóvenes.
Ellos pusieron una cara de dolor, y usaron sus propias energías para protegerse. El otro sonrió de medio lado, y se sentó en el suelo, justo como estaban los demás.
-Además, los dos angelitos mayores están detrás de dos de vosotros, aunque aquí solo esté una de esas personas, pero ya me entendéis- añadió. Miró a los ojos a Electra durante unos segundos.
-Se dice también que hay divisiones internas en la chupipandi, ¿es eso cierto?- preguntó, con una sonrisa cínica.
Los Guardianes se miraron entre ellos. ¿Cómo podía ser así? Era algo que sólo había pasado de unos pocos días atrás hasta ahora, así que o había un topo, cosa poco probable, o él les estaba leyendo la energía o la mente.
-No tienes ni idea de lo que hablas, chaval- le espetó Aurora, a lo que Guerra le miró con sorpresa, se rio con ganas, y se levantó.
-Que graciosos sois los humanos, la verdad… Bueno, cuando queráis salid. En breve seremos atacados, podéis aprovechar esa situación- dicho eso, desapareció de allí, dejándoles solos.
Ellos se levantaron de mala gana, todos salvo Tamiya, que permanecía en posición de loto y con los ojos cerrados.
-Guerra decía la verdad, puedo notar a varias formas de vida acerarse más rápido que la velocidad de la luz, imagino que usando naves. Y… al menos uno de ellos parece tener unas capacidades parecidas a la del tal Vader- abrió los ojos entonces, y se levantó también.
-¿Deberíamos hacer lo que Guerra nos dijo?- preguntó Nicolas- No le veo tan… malo como a otros demonios. Parece que juega limpio, podría habernos atacado de forma directa, o no avisarnos…- comentó.
El chico llevaba cierta razón, a decir verdad. Parecía tener cierto honor, si es que se le podía llamar honor, aunque dudaban que un demonio o cualquier criatura del Infierno pudieran tener algo así. En cualquier caso en aquella ocasión parecía que había dicho la verdad, así que esperarían a que llegaran aquella gente. Por sus energías parecían dispuestos a luchar contra aquellos tipos, que claramente tenían que ser un peligro allí donde fueran. Pero no eran solo de otros mundos, cosa evidente dada la tecnología con la que contaban, muy superior a la terrestre; también parecían ser de otro Universo. Según Marin, sus energías vibraban en una frecuencia ligeramente diferente, justo como pasaba con los Guerreros del antiguo Universo 910. El por qué estaban allí era otra cosa, pues podían estar bien por que Guerra les llevó, o por que las perturbaciones provocadas por el reinicio del 910 fueron suficientes para agrietar el espacio y crear pequeñas grietas. Tenía toda la pinta de ser lo primero, pues no habían sentido nada extraño en esa ocasión, ni tampoco en ocasiones previas, y nada hacía pensar que esa vez fuera a ser diferente en ese sentido.
En cualquier caso, a los pocos minutos sintieron un ligero temblor. Seguido del mismo, varias ráfagas de disparos se oyeron a lo lejos, y varios gritos, para luego venir el silencio.
-Diría que esa es nuestra señal- Hiroky rompió sus grilletes entonces, y fue buscando una forma de salir mientras los demás le imitaban.
Estaban a punto de atacar con alguno de sus golpes cuando oyeron tumulto en las cercanías. Un fuerte estruendo, y una de las puertas salió volando por el pasillo, golpeando y derribando a varios de los guardias que habían llegado. El humo no dejaba ver, pero podían sentir la misma presencia que notaron poco antes viniendo hacia allí. Lo que sí vieron fueron dos líneas de luz azul, que se movieron a toda velocidad. Oyeron los gritos de varios soldados, y se sorprendieron de ver cómo desaparecía la energía que les mantenía allí encerrados.
-¡Venga, seguidme!- una voz femenina les sacó de sus pensamientos, y notaron como el humo se dispersaba, pero en vez de disolverse en el aire se movía hacia la izquierda, justo donde estaban los soldados caídos.
En cambio la derecha estaba despejada, y se sorprendieron de ver a varios tipos con armas de fuego. Delante de ellos, una mujer se alzaba. Su piel era anaranjada, con zonas blancas formando marcas tribales a lo largo de su rostro y cuerpo. Llevaba unas pocas protecciones en brazos, piernas hombros y pecho, era delgada pero parecía fuerte a juzgar por sus definida musculatura. En sus dos manos tenía un par de tubos metálicos de los que emanaba aquella luz, justo como Vader hacía, pero esa luz era, al contrario que este, azulada. En su cabeza tenía una hermosa cornamenta que luego descendía por los laterales de su cara hasta la mitad de su estómago, y por la parte trasera luego vieron que un tercer brazo descendía de su corona, que era blanca con rayas azuladas.
-¿Cómo te llamas?- ya para ese momento estaban corriendo por la nave. La chica tardó unos segundos en responder.
-Somos la Resistencia, por supuesto. Me llamo Ahsoka, y cualquiera que esté encerrado por el Imperio es mi aliado- aseguró, era capaz de seguir ese ritmo de carrera por todo el complejo.
Lo cual era sorprendente por que no corría despacio, precisamente. Daba grandes zancadas y recorría metros y metros en pocos segundos, así que tenía un físico que ya lo querría para sí grandes deportistas de élite. Claramente se debía estar impulsando, queriéndolo o no, con su energía. En cualquier caso, llegado un punto se vieron delante con unos cuantos soldados, que dispararon sin apenas pensarlo.
De un veloz movimiento ella encendió de nuevo sus espadas de luz, y las sujeto llevando sus puntas hacia atrás. Pese a lo en teoría incomodo de su posición ella movió sus hojas con gran habilidad, logrando detener los disparos, e incluso devolviéndoselos a sus enemigos. Pudo derribar a varios usando ese truco, quedándose solos de nuevo, así que siguió corriendo sin decir nada más.
-¿Nos dejarás en tierra, verdad?- le preguntó entonces Odd, a lo que la chica no respondió en unos segundos.
-No sé si podré dejaros allí de forma segura. Pero lo procuraré- le aseguró.
Lograron llegar hasta una nueva puerta, ella comenzó a teclear en una pantalla lateral, y abrió la puerta. Les invitó a pasar por ella, y vigiló el pasillo, aunque les pidió que se dieran prisa para hacerlo. Mientras estaba con eso, notó un cosquilleo en la nuca, y se giró.
-Mierda…- murmuró, y se giró sobre sí misma. Delante, y al otro lado, apareció Vader, con su espada preparada y en la mano.
-He de reconocer que eres extremadamente valiente. Tal vez incluso temeraria- dijo el hombre, y ella se preparó para luchar.
-Aprendí del mejor. Una lastima que lo asesinaras- ella observó como él se acercaba lentamente.
Detrás suya venía Guerra, con una sonrisa de diversión. Tenía su energía emanando de él, y envolvía al cyborg, así como a la joven alienígena, que comenzaron a luchar con rápidos movimientos. Eran ágiles como gatos, y sus sables chocaban y se movían como si apenas pesaran. Se deslizaban por el aire con movimientos fluidos, y la más agresiva con diferencia era ella, que usaba sus dos espadas al mismo tiempo para atacar, mientras él sólo e defendía. Siguieron así hasta que él comenzó a atacar con más fuerza. Ella se vio obligada a defenderse, y dio un salto atrás para poder tomar más espacio.
En cuanto se acercó de nuevo el otro dio un nuevo mandoblazo, y ella se defendió con sus dos espadas formando una X. Detuvo el ataque, deslizó sus armas hacia arriba, rompió la postura de Vader, y le hizo un tajo en su traje. El hombre gritó de dolor, y entonces la lanzó por los aires usando su energía, tirándola contra una pared. Cayó al suelo adolorida, pero seguía defendiéndose con sus espadas de los ataques del otro, que la golpeó con su puño en el rostro.
-¿A dónde han ido esos niños?- le preguntó, alzándola.
Ella se elevó en el aire, sintiendo una fuerte presión en su garganta. Si no hacía nada, acabaría muerta. Ella se concentró en su enemigo, y le intentó impulsar de vuelta para desconcentrarle, aunque solo logró moverle un poco, sin llegar a mandarle volar. Aun así fue suficiente para romper su agarre. Ella al menos sabía que había logrado salvar a aquellos muchachos, la energía, la Fuerza, estaba con ellos, era muy intensa en sus cuerpos, más de lo que ella recordaba de ningún otro ser. Algo de sangre salía de su boca y recorría el filo de su cara, pero le daba igual, pues su enemigo tampoco había salido indemne.
-Responde, escoria Jedi- exigió, mientras en sus manos se concentraba algo de electricidad.
Ella simplemente se levantó, se alegraba saber que el otro también estaba adolorido- Tendrás que matarme para saberlo- le dijo ella, con sorna.
Fue entonces que Vader movió su brazo, y de su mano emergieron rayos contra la chica. Ella cerró los ojos, dispuesta a aguatar aquel ataque, pero no llegó a notar nada. Cuando abrió sus ojos, comprobó que delante tenía a una persona, una de las chicas que minutos antes había salvado. Estaba tomando los rayos de Vader con sus manos sin mayores dificultades, como si estuviera perfectamente acostumbrada a eso.
El cyborg la observó impresionado, y se detuvo entonces. Se le acercó lentamente, era bastante más alto que ella. Pero la chica le sostenía la mirada sin dejarse avasallar. Tenía que reconocer que era una chica arrogante, valiente y poderosa, como él mismo había sido años antes. Antes de ser lo que ahora era, fue un maestro jedi poderoso, el que más, con miles de hombres bajo su mando durante una gran guerra galáctica. Sonrió de medio lado, aunque no se vio por la máscara que llevaba puesta.
-Tú no eres el único capaz de usar rayos, amigo- dijo Electra, mientras se rodeaba de su energía.
Lanzó un rayo contra Vader, pero se sorprendió de ver como interponía su espada láser entre su cuerpo y la corriente eléctrica, deteniéndola. Esos sorprendió mucho a la joven, que detuvo su ataque, e intentó ayudar a Ahsoka, pero ella se levantó asustada, con sus espadas lista. La rubia la miró sin entender, pero se giró de nuevo a encarar al cyborg.
-Vete, me sé defender sola- aseguró ella, poniéndose en posición ofensiva.
La aludida simplemente salió de allí corriendo, dejando a los otros dos solos. Comenzó entones un duelo de miradas, y ella se lanzó contra él. Este atacó con su espada de luz, y ella le esquivaba fácilmente sus envites. Veía sus movimientos con claridad, y, tras evadir varios ataques, ella le golpeó en el estómago. El hombre dio varios pasos atrás por la potencia del mismo, y se quedó sin aire de pronto, pues todo fue sacado por el impacto. Ella iba a seguir cuando entre ellos se alzó Guerra. Tenía cara de molestia, y de un chasquido de dedos, hizo desaparecer al cyborg, agarró a Electra del cuello, y la llevó contra la pared.
-No puedo permitir que me mates a ese hombre. Ni que mueran esos rebeldes con los que tus compañeros están…- gruñó.
Sus ojos brillaron un poco entonces, y se concentró- Aún están en la nave… están intentando huir- comentó.
La miró y se rio un poco- Se están conteniendo, a mí que no me engañen- Guerra entonces se separó de ella, y anduvo tranquilamente por los pasillos de la nave. Ella le siguió seria, tenía su energía en alto y el martillo preparado para defenderse llegado el caso. El otro comenzó a hablar entonces.
-Estoy ocupado con este gran proyecto de guerra, ¿sabes? Esto es sólo el primer acto, el Apocalipsis, y durante el mismo, planeo llevar la guerra a todos los confines de la realidad- extendió sus brazos contento, entonces.
Se giró sobre sí mismo, y ando hacia atrás mientras seguía hablando- Y vosotros no podréis impedirlo. Hay en juego más poderes de lo que podéis manejar vosotros, simples humanos. El poder de los Jinetes os supera- aseguró.
Ella alzó una ceja- Permíteme dudarlo. Tu energía es como la de un demonio común, no la veo especialmente fuerte- el otro la miró de reojo con diversión.
-Eso ya lo veremos… por ahora te llevaré con tus amiguitos, podremos luchar adecuadamente llegado el momento- aseguró.
Señaló entonces una puerta. Ella podía oír de fondo gritos y disparos, y sentir las energías de sus amigos. Se giró entonces y encaró a Guerra. No iba a permitir que se escapara, por eso, antes de que pudiera desaparecer en el aire, le lanzó un rayo que impactó en su hombro. Este se resintió y quiso intentarlo de nuevo, pero ella alzó su brazo, y del mismo salieron haces de luz que lo cortaron todo a su paso, abriendo grietas en techo, suelo y paredes. El Jinete entonces simplemente dio una voltereta hacia atrás, y juntó sus manos, concentrado.
Antes de que ella hiciera nada, la puerta detrás suya se abrió y reveló a unos cuantos soldados que dispararon a quemarropa contra ella en cuanto la vieron, dándole varios de ellos. Ella tuvo que girarse y lanzarles una esfera de energía para pararles, y cuando volvió a encarar a Guerra, este ya estaba lejos de allí, desde luego ya no le veía. Pero sí que le sentía. Ella, decidida a acabar con él cuanto antes, buscó con la mirada a sus amigos, y comprobó que estaban retrocediendo lentamente hacia una nave atracada en el mismo hangar en el que minutos antes habían estado.
Frente a ellos un montón de soldados disparaban, pero Sissi estaba delante de sus compañeros con su muro de cristal en alto, impidiendo que les dieran. Aquella alienígena, Ahsoka, estaba dentro de la nave, poniéndola en marcha, o eso notaba ella. Vio también a unos cuantos de sus compañeros ayudar a otros individuos a entrar, unos rompían sus grilletes mientras otros les llevaban al interior de la nave. No sabía cuándo les habían salvado o por qué, pero asumía que eran presos de aquella gente, así que era lo mejor salvarles. Suspiró y encendió su energía, y les envió un mensaje a sus amigos. Yo me encargo de Guerra. Poned a salvo a esta gente, confío en vosotros.
-Mierda…- Aelita lo notó al instante. Llevaba en sus manos a un niño pequeño, y miró a Sam, que miró en la dirección en la que sintieron la energía de su amiga.
-Déjala. Ella debe saber lo que hace. Además, se sabe defender- comentó, pero la otra no parecía muy convencida.
William apretó los puños. Su pareja estaba a punto de hacerlo de nuevo- Voy a ayudarla, si se mete en un lío al menos que tenga una mano amiga- comentó, y salió corriendo a toda velocidad de allí.
Los demás simplemente siguieron. Tenían vidas inocentes que cuidar en esos momentos como para preocuparse de otros asuntos. Un grito de Ahsoka les indicó que era el momento de partir, tenían que darse prisa si querían salir de allí.
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(1) Este capítulo y el próximo son un homenaje al nuevo fanfic que se avecina, y que será estrenado próximamente.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.
