Código Guardianes
Capítulo 119
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
Mientras los Guardianes iban de misión, Beatrice se encontraba en la casa que compartían con Jamily. Su embarazo iba desarrollándose progresivamente, la ayuda de su alter ego, Arión. Saber que ellos dos en realidad eran la misma persona, solo que ella era su reencarnación, era extraño cuanto menos. Además le permitía poder hablar con alguien durante las misiones del grupo, pues Seriel no solía estar presente salvo para cerciorarse de que ella estaba bien – dado que estaba siempre de patrulla por la dimensión – y que la hechicera solía ir a nadie sabía dónde, pero confiaban en ella.
En cualquier caso ella siempre permanecía en la casa o en el jardín haciendo deporte, escuchando música, enredando con el ordenador, o con cualquier actividad que pudiera tenerla entretenida, desde leer algún libro o algún manual de los que le recomendaron en la facultad. Por que no podía olvidarse de su vida, era un medio de poder salir de toda la vorágine de cosas que habían pasado en su vida en el último medio mes. Su hija nonata empezaba a comunicarse con ella más a menudo cada día, le preguntaba a través de su energía y hablaban de vez en cuando, se sorprendía de que pudiera tener semejantes capacidades sin siquiera haber nacido aún. Cuando eso pasaba a ella le gustaba quedarse a solas, esos momentos de intimidad para ella eran sumamente importantes, era su hija al fin y al cabo, aunque con William… Con él sí que gustaba de empezar a hablar más. Con los demás también, claro, pero con él especialmente. Suponía que era por su naturaleza de antigua guardiana de la oscuridad. O guardián, no sabía como referirse a sí misma en ese sentido, o siquiera si podía autodenominarse guardiana de nada, pero no era algo que le preocupara especialmente.
Se encontraba en esos momentos en el salón cuando vio llegar por allí a Noelia. O al menos a la versión del antiguo Universo 910, aunque desde ese día se la llamaba Obara. Era raro, era igual a la otra pero al mismo tiempo diferente. En primer lugar, una venía desde la antigua Roma, y estaba siempre con Asmae. La otra viene de la época actual y había venido desde un Universo diferente, aunque en ese ocasión la pareja, o en teoría al menos, era Jhonny.
-¿Qué tal la super mamá del grupo?- preguntó Obara, acercándose. La aludida se giró y sonrió un poco- Bien, algo cansada pero contenta- comentó.
Esta asintió- Me alegro. Aún me duele algo la cabeza con todo el lío del reinicio de mi universo, y de todo eso- Beatrice asintió.
Con todo el lío entre la disputa de los Guardianes con los Guerreros, la traición de estos últimos, y el hecho de que ellos habían salido a su propio mundo, dejando todo atrás, apenas pudieron centrarse en ella nadie salvo el que la salvó, Jhonny. Él, con sus poderes, había logrado mantenerla intacta pese al reinicio, tomando su energía, su esencia, así como su cuerpo físico, insuflándole a este último su naturaleza, resucitándola de esta manera, pues durante esos instantes ella estaba situada en un limbo extraño pero que a ella no le daba miedo. Sentía orgullo por su cachorrillo, tan joven y a la vez tan poderoso… y ella estaba dispuesta a que no se dejara llevar por sus emociones, no le iba a permitir ser orgulloso. Ya había visto a varios de sus compañeros acabar bastante mal por su ego, y no tenía intención de dejar que a él le pasara algo así, por muy mitad arcángel que fuera.
Durante esos días había reflexionado sobre su relación con él. En un inicio no era más que atracción física, pero cuando le vio pelear con esa determinación… algo en ella se encendió, deseaba saber más de él. Y su vena protectora se puso en marcha cuando le vio recibir golpes, cosa rara por que con los anteriores amantes pre gran batalla que ella había tenido jamás le había pasado eso. Fue un flechazo, como quien dice. Puede que la propia naturaleza sobre natural del muchacho fuera la razón, quien sabe. Estaba dispuesta a disfrutar de su relación lo que durara, sin importar si era mucho o poco. Sonrió al recordar la sonrisa que él tenía cuando la vio abrir los ojos de nuevo, tirada en la cama, una vez que todo había pasado. Al parecer la otra le dejó claro que ella no estaba para relaciones – su otro yo, al menos, la que volvió a su propio universo – pero ella deseaba permanecer con él. Y ayudar más, implicarse más de lo que habían hecho hasta ahora, que era mera rutina de vigilancia. Ahora podría luchar más, y aprendería de los mejores.
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Electra andaba rauda por los pasillos de la nave. William, detrás de ella, acabó por desistir en sus intentos de detenerla. Ella, cuando tenía una idea en la cabeza, no había nada en Cielo ni Infierno que pudiera pararla. En teoría en esos momentos tendrían que estar saliendo con los demás usando el aparato con el que sus rescatadores habían llegado, pero ella se había decidido darle caza a Guerra por su cuenta. Esa conducta ya había llevado a problemas en el pasado, pero la chica no estaba dispuesta a dejar que un grupito de aspirantes a héroes pudiera detenerla. Ni a ella, ni a ninguno de sus hermanos y hermanas de armas. Había hecho un juramento, guardar su mundo, y estaba dispuesta a ello.
-Electra, ¿necesitas hablar de algo?- le preguntó él, pero ella negó- Estoy perfectamente, Will. Es sólo…- la chica apretó los puños, pero siguió andando.
-¿Solo, qué?- preguntó de nuevo. Ella tardó unos segundos- He visto como miras a la humana- él se quedó con la garganta seca.
Podía notar su molestia, en su andar, en su energía, en su cuerpo… en todo ella- Pero no es eso lo que me tiene así. Nos han traicionado, de nuevo. Deberíamos haberlos ejecutado ahí mismo- a pesar de estar en el espacio, él pudo sentir los rayos de ella retumbar.
Ella era la reina de las tormentas. Junto a Aurora podían provocar la destrucción de ciudades enteras. No era de extrañar que los demás pudieran llamarles dioses, pero ellos mismos… Habían límites que no debían ser superados. Y aquel era uno de ellos. Se estaban volviendo arrogantes, el cuándo era un misterio pero era lo de menos, lo importante era hacer que volvieran a su cauce. Esperaba poder convencerles de que ese no era el camino a seguir. Él lo sabía de buena tinta. No por nada había acabado siendo esclavo de Xana hacía un par de años, también por ir de chulo contra uno de sus monstruos, la Scyphozoa, y por ello había pagado con años de libertad. Y no deseaba que los demás tuvieran que pasar por algo parecido.
Electra también estaba pensativa. En su lugar, además de los pequeños celos que empezaba a sentir, se sumaba la humillación de los Guerreros, a los que efectivamente deseaba derrotar y destruir totalmente. No podía permitirse semejante afrenta por parte de mortales, a los que encima habían defendido y permitido estar en su hogar. Y por mucho que estuvieran en su dimensión y en teoría ayudando, en la práctica solo cuidaban de un sitio que ya de por sí estaba bien defendido, como era la dimensión de Jamily, y ni siquiera esa fácil misión pudieron llevarla a cabo, pues Gamma fue capaz de entrar, por poner un ejemplo. Y eso les había molestado, aunque en su día no dijeran nada, pero no podían permitirse que su hogar fuera un coladero.
En realidad era sólo una excusa más para poder tomar venganza. No entendía como algunos de sus compañeros no deseaban lo mismo, era absurdo desde su perspectiva. Por eso la idea de poder tener un objetivo claro al que abatir en esos momentos le venía bien, tenía frustración contenida y sabía que eso era malo para sus poderes, pues si se descontrolaba de nuevo podía ser peligroso, así que no podía haber mejor oportunidad que la que se le presentaba. William por su parte la miraba con preocupación desde atrás, no leía su mente pero sí su energía, y no le gustaba demasiado lo que sentía.
-Yo… no siento nada por ella- reconoció el chico, sonrojándose. Ella se giró entonces en silencio, y le observó.
-Tu energía no dice eso, Will- le recriminó ella, y siguió andando- No… no me importaría de ser el caso- añadió en ese momento.
Él la miró, y suspiró- Como dijiste antes, eso no es lo que tu energía me indica. Y lo siento mucho- comentó el chico.
La chica rodó los ojos, y le encaró entonces- Tíratela si te place, me da igual. Yo tengo una misión, si vas detrás de las faldas de otra… por mi vale, soy partidaria de las relaciones abiertas, pero no te atrevas a tratarme como una estúpida- ella, lejos de aumentar el volumen de su voz, parecía tranquila.
Pero en esos momentos ella evidentemente estaba furiosa. No hacía falta ser un guardián para darse cuenta. Y aunque dijera lo contrario estaba claro que le sentaba como una patada en la boca del estómago, pero era demasiado orgullosa para reconocerlo.
-Démonos prisa antes de que Guerra pueda escapar- ella aceleró el ritmo en ese momento considerablemente, casi dejando atrás a su compañero.
Estaba dejando claro que no quería seguir con el tema, y él decidió que lo mejor era hacer eso precisamente. No tenía ni ganas ni tiempo para ello, así que recorrieron los pasillos siguiendo la estela de energía de su enemigo. Era bastante fácil de seguir dada su naturaleza, y eventualmente lograron alcanzarle.
Estaba junto a varios oficiales dando órdenes desde el puesto de mando. Ninguno se giró salvo Guerra, que lo hizo en cuanto aparecieron por la sala de mando del destructor. Era amplia, con puestos de mando formados por un asiento, y una pantalla y ordenadores en la parte baja. En el centro había un asiento que estaba reservado al líder de la nave, aunque en ese momento estaba vacío. En frente se podían ver, a través de la cristalera, el planeta Tierra de fondo, con varias naves grandes moviéndose lentamente, y a su alrededor un montón de pequeños cazas luchando entre ellos.
-Ordenad acabar con la escoria rebelde- la voz de Guerra era persuasiva, y sus ojos brillaron de una suave tonalidad rojiza justo cuando daba la orden.
Los oficiales se cuadraron y se movieron a sus puestos, obedientes. Sólo entonces el Jinete se giró, y encaró a los chicos.
-Me sorprende que no os hayáis ido con los demás. Tenía entendido que los Guardianes erais más gregarios que las hormigas- dijo, divertido.
Su objetivo se logró al ver cómo Electra enfurecía, pero contuvo su cólera apretando los puños. Algo de electricidad estática se concentró en sus manos, pero William le puso una mano al hombro. Ella se sorprendió y le miró, no dijo nada cuando él se colocó al frente. En sus manos apareció su espada, y apuntó su filo hacia Guerra, que contempló con interés el arma.
-Vuelve a insultarnos y te destruiremos, escoria del infierno…- masculló Electra, pero el aludido no se dio por enterado.
-Son armas interesantes, las vuestras… Noto su poder emanar, incluso la de vuestros compañeros- comentó, con interés- ¿Desde cuando las tenéis?- le preguntó.
Ella se cruzó de brazos- No es algo que te pueda importar, pero te responderé. Mucho más de lo que te puedas imaginar-
Guerra sonrió ligeramente- ¿De verdad queréis luchar aquí, muchachos?- preguntó, pero él se preparó- No creo tener otra opción- comentó.
-Yo también sé luchar, William- espetó ella, de pronto. El chico se giró entonces, pero no dijo nada.
Sin embargo su cara denotaba sorpresa, ella tenía arrebatos pero no de esa naturaleza al menos. Al final se decidió a responder, pero esperaba no equivocarse con la misma y que ella no se molestara más de lo que ya estaba.
-No creo que ahora estés en condiciones de pelear adecuadamente- dijo, y ella bajó el rostro.
La chica se separó molesta, sentía ganas de darle un bofetón, pero se aguantó las ganas. Decidió dejarlo pasar, por el bien de la misión. Eso no impedía, sin embargo, que ella quisiera cantarle las cuarenta a la vuelta, cosa que sin duda haría. En su lugar se decidió desquitar con el jinete, que vio como ella lograba pasar del bloqueo del muchacho y le placaba con todo su cuerpo contra unos ordenadores. Guerra no la esquivó, y tomó con su cuerpo el placaje, ella pese a ser menuda era muy fuerte, le había movido como si fuera un muñeco de trapo, y pudo enterrarle en la pared, rompiendo las placas que protegían la parte interna, que se hundió por el peso combinado.
William corrió hacia ellos rápidamente, intentó sacar de ahí primero a Electra, pero ella estaba golpeando con violencia el pecho del jinete, que aguantaba los golpes sin siquiera poder defenderse o detener sus puños. Eran tan veloces y potentes que era incapaz, y sin embargo no parecía pasarlo especialmente mal, lo aguantaba con un estoicismo extraño.
-¡Electra, para!- pidió él, tomándola del hombro, pero ella no paró hasta segundos después, que dio un salto atrás.
Guerra estaba hundido en su posición, con heridas en el rostro de las que emanaba sangre, grandes moratones y un ojo hinchado. Se tambaleó un poco, se rodeó de su energía, y como si nada hubiera pasado, sus daños físicos desaparecieron. Sus músculos se hincharon un poco, y se estiró. Sus poderes crecieron también, cosa sorprendente, pero seguían por debajo de los de ellos dos. William no entendía por qué era así pero no le gustaba nada lo que veía, y sin embargo Electra no estaba dispuesta a dejar pasar esa oportunidad, así que se rodeó de su energía, y se lanzó contra su enemigo
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Por su parte, los rebeldes escapaban, junto con los guardianes, de la nave enemiga. Ahsoka pilotaba el aparato con habilidad, estaba sentada en su asiento, con los mandos apretados y cara de concentración, se encontraba en la sala de pilotaje, junto con Susan y Marin, que se pusieron como voluntarias para ayudar con las maniobras a la mujer ante su petición de ayuda. La habitación era amplia, la parte de enfrente tenía una larga mesa con botones, controles y pantallas, y un par de asientos junto con un puente para un robot, aunque en esos momentos no andaba por allí, así que tendrían que estar ellas solas.
Los demás estaban con los refugiados, a los que habían colocado los de la tripulación del aparato en una sala algo más grande. Sin embargo estaban algo apretujados, pero con la suficiente distancia para no agobiarse. Uno de ellos se encontraba repartiendo mantas y algo de comer a los prisioneros, y repartiéndoles en los asientos que había, priorizando a los ancianos o enfermos, y procurando mantener juntos a los núcleos familiares. Se sorprendían de ver a especies tan diferentes, era claro que los antropomorfos eran los menos comunes, pues vieron criaturas de todas las maneras y posibilidades, a pesar de ser en proporción apenas una veintena de persona, sin contar a los Guardianes. Estos sabían que sus compañeros podrían defenderse sin problemas, pero igualmente no les gustaba dejar atrás a nadie, pero tendrían que hacerlo lo desearan o no, ya que ellos lo decidieron. Sabían que podrían localizarles por lejos que estuvieran gracias a sus poderes, y les alcanzarían fácilmente usando portales, pero para eso tendrían que salir victoriosos de su combate, y eso sí que era más complicado, no sabían del poder real de Guerra y esperaban no tener que conocerlo nunca.
No tardaron demasiado en salir del acorazado imperial y moverse en torno al planeta, con cazas detrás de ellos atosigándoles. Percy observaba serio por un ojo de buey la batalla, aunque estando dentro del aparato poco podía observar, aunque algún que otro caza imperial, al menos en parte, pudo ver. Eran esféricos, con dos alas laterales en forma de rectángulo con los lados algo abombados, el conductor tenía una máscara del mismo color que su uniforme, negro. De ser un humano normal no se hubiera podido dar cuenta de ese detalle, pero su ojo, habituado a las altas velocidades, pudo ver aquello.
-¿Deberíamos salir a luchar nosotros? La veo con dificultades- comentó Aurora, estaba cerca suya.
El chico suspiró- Si salimos al exterior sin cuidado podríamos dejar esta zona sin aire. No sé si tendrán un sistema de salida seguro, la verdad- comentó.
Ella asintió, seria- Entiendo… ¿Preguntamos a la chica?- preguntó, a lo que él asintió.
Ulrich, que estaba cerca de ellos, escuchó la conversación, y les paró unos segundos- No pongamos nerviosa a esa chica, la noto tensa desde aquí. Aelita está consolando a los niños con Sam, si queréis podemos ayudar nosotros también- explicó.
Los otros dos se miraron y asintieron, era lo mejor, desde luego. Susan y Marin estarían de acuerdo con esa información, Ahsoka gruñía y daba indicaciones rápidamente, en cuanto se dio cuenta de que ellas dos conocían bien la tecnología, o por lo menos la entendían deprisa, se puso a dar indicaciones como si ellas fueran expertas en viaje espacial, y aunque en parte lo eran, preferían usar su propio cuerpo y no una nave tripulada.
-¡Agarraos, voy a hacer un giro rápido!- antes de que ellas procesaran esa información, ella giró los mandos y la nave dio un vuelco, esquivando lo justo para que no les dieran de lleno las ráfagas enemigas, que pasaron rozando el casco.
-¡Hazlo con más suavidad la próxima vez!- chilló Marin, pero la otra rio- Cuando quieras te pones a los mandos, y vemos si lo haces mejor que yo- Ahsoka comenzó a tocar interruptores.
-Calculad el salto para las coordenadas que os envío, tenemos que salir de aquí cuanto antes- dijo ella. En las pantallas de al lado aparecieron unos números.
Susan los introdujo en el ordenador con la ayuda de su hermana rápidamente, sin que la otra tuviera que darles indicación alguna de cómo. Pese a ser de un planeta evidentemente muy por detrás tecnológicamente de lo que ella estaba acostumbrada, parecían defenderse bien. Eso le era sorprendente pero ya tendría tiempo de poder preguntarles de dónde venían o quienes eran, eso si lograban salir de allí.
En cuanto el ordenador hizo los cálculos, Ahsoka introdujo la ruta en el ordenador de a bordo, y apretó varios botones. Movió una de sus manos hacia una palanca, y la movió hacia el frente suavemente. La nave resonó entonces, y ellas vieron como en todo el contorno aparecían destellos de luz, habían acelerado vertiginosamente a toda velocidad, colocándose incluso más allá de la velocidad de la luz. Ellas tuvieron que agarrarse a lo primero que pudieron para no caerse, pero en pocos segundos la totalidad del aparato se estabilizó, Ahsoka suspiró aliviada y se estiró, la tensión salía de su cuerpo tras un largo combate tanto en la nave imperial como luego en el espacio, estas últimas eran especialmente duras.
-Id a ver cómo están los demás, espero que nadie haya tenido problemas durante el despegue, la gente a veces se marea si no se está acostumbrado- comentó.
Las hermanas se miraron, Odd puede que estuviera en esa situación. Salieron de la sala de mando de la nave, y anduvieron rápidamente por los pasillos. Estos eran blancos, con luces de techo y paredes que formaban pequeños caminos a lo largo de los mismos. Se trataba de un aparato grande, un carguero, grande y pesado pero con buena defensa, y sin embargo era mejor no dejarse golpear por los láseres enemigos, pues varios disparos seguidos romperían las defensas de la nave y quedarían expuestos, lo que sería letal. La nave era una especie de zepelín en su parte superior, con un largo cuerpo inferior de varias decenas de metros. Era un barco mercante, imprescindible en casos así por tener que sacar a tanta gente de un mismo aparato, cosa que una flota de cazas no podría realizar.
Además la chica era muy habilidosa a los mandos, lo acababa de demostrar. En cualquier caso, y a ojos de los guardianes, ellos no tenían nada que ver en aquella guerra. Además, Marin notaban que ellos no eran de su universo, sino de uno diferente. El cómo habían llegado era un misterio, pero ellas estaban dispuestas a abrir un gran portal para ello, pero preferían esperar y ver si tenían los medios para salir de allí cuanto antes. Atravesaron la nave hasta llegar a un ascensor, y poniendo la mano en uno de los sensores, el mismo se activó y la puerta del elevador se abrió. Era amplio, cabía un coche grande holgadamente, así que era ideal para transportar cosas grandes y pesadas, no por nada era un gran carguero. Tras entrar, Susan buscó el primer nivel de la zona de cargamento, y tras pulsarla, las puertas se cerraron y comenzaron a bajar.
-¿Crees que ellos dos estarán bien?- Susan no miró en ningún momento a su hermana mientras formulaba la pregunta.
La aludida se hundió de hombros- Lo desconozco, pero ellos sí que sé cómo son, y estoy segura que serán capaces de encontrarnos- afirmó- Además, son poderosos, no creo que tengan problemas- añadió.
Susan asintió- Cierto. Pero los pensamientos de Electra… me preocupan- reconoció. Su hermana suspiró- Y a mí. ¿Los demás lo saben?-
-Creo que no. Pero se están dando cuenta de que algo falla en ellos, que se están volviendo arrogantes- comentó.
Marin miró a su hermana en silencio. Movió sus manos algo nerviosa, pero la dejó hablar- Y con nosotras a su lado creo que ellos se encuentran más seguros de sí mismos. Los que lucharon en Lyoko tienen una experiencia que los demás no tenemos, y creo que eso les permite permanecer más en tierra…- suspiró entonces.
-¿Deberíamos dejar de apoyar a Asmae y los demás?- preguntó. Pero la otra negó- No. Aunque nos duela o sea arriesgado, su visión es la apropiada, al menos ahora. No tenemos el poder de los arcángeles ni nos acercamos, pero me parece que es lo mejor, para evitar más muertes. No pienso permitir que haya una gran guerra de nuevo, ni aquí ni en ningún lado-
-Estamos yendo directos a la boca del lobo, nos eliminarían en cuestión de segundos siquiera acercarnos- señaló Marin.
Susan bajó la mirada- Soy consciente. Pero todos somos adultos aquí. Esta situación les ha cambiado a todos, incluidos a los más pequeños, que han crecido a marchas forzadas. Nosotras no podemos estar pendientes de todos de forma continuada y para siempre, en algún momento ellos tendrán que tomar decisiones autónomamente, y ser responsables de ellas. Sólo así lo lograremos, y creo que te has dado cuenta tú también-
Marin chasqueó la lengua, algo molesta- Nos la estamos jugando mucho, hermana- la aludida asintió.
-Sí. Pero es necesario. Nuestros compañeros deben aprender- en ese momento se abrió la puerta del elevador.
Esa pequeña conversación había terminado tan de pronto como empezó, pues delante de ellas aparecieron varios de sus compañeros. Odd estaba colocado en una esquina, parecía mareado, y a su lado Sam estaba agachada, algo preocupada por él. Sissi hablaba con Herb y Nicolás, a su lado Yumi cruzada de brazos, y Jeremy con Aelita en una esquina.
-¿Y los demás?- preguntó Marin- Están ayudando a los refugiados. ¿A dónde vamos?- preguntó entonces Aelita.
Tenía la mirada algo preocupada, pero no expresó sus ideas en ese momento- Lo desconozco, pero seguramente a espacio vacío. Creo que ellos son de otro Universo, y estarán usando coordenadas de su propio mundo, no del nuestro. Pero pronto lo sabremos- afirmó.
-Entiendo… ¿Qué hacemos ahora?- preguntó Sam, levantándose. Sujetaba a su pareja del brazo, que tenía una mano en la cabeza.
-Supongo que esperar a que los otros dos vengan, y mientras volver a localizar a Guerra. Y esta vez, que no nos metamos de por medio en un conflicto que no nos incumbe- se cruzó de brazos entonces.
-Estoy de acuerdo- comentó Jeremy- ¿Deberíamos ayudar a esta gente a volver a su propio Universo?- preguntó, pero Susan negó.
-No por ahora. Pero no lo descartemos, además, recordemos de dónde vienen- explicó.
Los demás asintieron. Por allí aparecieron entonces los que quedaban, que se acercaron hacia ellos rápidamente. Habían estado ayudando a acomodar a la gente que los rebeldes habían rescatado, pues claramente ellos se encontraban en una mucha mejor posición que los demás, dado que no habían sufrido los rigores por los que los demás seguramente sí habían pasado. Se encontraban reunidos, cuchicheando entre ellos, cuando vieron aparecer por allí a Ahsoka, que parecía bastante más tranquila.
-¿Os encontráis bien?- preguntó, mirando a Odd, que parecía irse recuperando- Sí. Pero… hemos dejado a dos atrás- mencionó Sam, cruzándose de brazos.
La otra bajó la mirada y anduvo en dirección a ellos- Soy consciente. Su heroísmo es encomiable, ponerse a luchar así contra un enemigo tan poderoso… a estas alturas ya habrán sido ejecutados por Vader- comentó ella.
Apretó los puños pero no dijo nada más al respecto. Avanzó por el pasillo y pasó a través de la puerta del fondo, y que daba al interior del almacén de la nave, donde se encontraban los refugiados. Estaban colocados a lo largo del suelo, con mantas por encima y lo que parecían termos entre las manos que humeaban un poco, hablaban entre ellos en un tono bajo pero no parecían tensos en absoluto, de hecho parecían incluso relajados.
-Les llevaremos con nosotros al centro de los rebeldes, y… si queréis venir con nosotros seréis bienvenidos- murmuró Ahsoka, girándose un poco.
Aelita, la más cercana, asintió- Gracias, pero… tenemos nuestra propia misión. No nos malinterpretes, nos encantaría ayudar, pero…- Aurora en cambio fue algo más directa.
-Tenemos nuestra propia guerra en curso. Entrar a dos frentes sería… demasiado duro- su compañera la miró.
-Sí, básicamente. ¿Llevas mucho en esta rebelión?- le preguntó la pelirosa. Ahsoka asintió.
-Sí. Si necesitáis algo, podéis tomarlo de nuestras reservas, están aquí, en esta sala, simplemente buscad. Yo volveré al puesto de mando para descansar, estando en el hiper espacio estaremos seguros- con eso, ella simplemente se marchó de nuevo.
-Es reservada…- comentó Sam, a lo que los demás asintieron.
-¿Iremos con ellos al final? ¿No deberíamos ir a ayudar a los nuestros?- dijo Aurora, seria.
Aelita suspiró- Electra y William saben lo que se hacen. Y parte de nuestro trabajo es proteger a los que no lo pueden hacer, y eso estamos haciendo aquí- añadió.
Asmae intervino entonces- Nos hemos metido en cosas peores por menos, te recuerdo- le dijo su hermana- Yo creo que por combatir a su lado esta vez no pasará nada- comentó.
-No sabemos por qué luchan, sus motivos ni nada- intervino entonces Herb- Solo sabemos que son rebeldes, ¿pero contra quién?- Nicolás continuó.
-Además las gemelas dicen siempre que no intervengamos- Percy rodó los ojos algo pero no comentó nada.
-La líder es Aelita a falta de Asmeya, que decida ella- Sissi miró a su amiga a los ojos entonces, y ella le devolvió el gesto sonriendo.
-Gracias. Creo que ya que estamos… les podemos escoltar hasta su vuelta. Luego les dejaremos- esa era la mejor opción, en realidad.
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Electra se encontraba preparando su Excalibur. Tenía su energía rodeándola, mientras esquivaba fácilmente los golpes que le lanzaba Guerra, que en una primera impresión parecía que era bastante más fuerte de lo que era, y sobre todo era más lento, lo que permitía que ella pudiera evadir los golpes fácilmente, mientras William observaba en silencio. De hecho ella se lo había pedido expresamente, pues sería ella la que se encargara. En un momento dado movió su brazo rápidamente y de su brazo emanó una fuerte energía cortante que dio en su blanco de lleno, cerceando parte de la carne de su rival, y provocándole un fuerte sangrado en segundos.
-¡Ríndete, Guerra!- le gritó ella, pero el jinete ni se inmuto. Se rodeó de su energía, se curó de sus heridas, y su cuerpo pareció fortalecerse.
Se lanzó a por ella, placando a la chica y lanzándola contra la pared, e intentando agarrarla antes y golpearla con más intensidad. La tomó del cuello, la levantó, y la llevó a lo largo de la pared con una violencia sorprendente, y cuando la había llevado varios metros así, la paró en seco y la golpeó con fuerza en la boca del estómago, tratando de quitarle el aire de un solo golpe, pero sin demasiado éxito, pues ella le propinó una patada aprovechando que estaba más cerca, tomó con sus propias manos las muñecas de Guerra, y las separó de su cuerpo. Ella entonces elevó sus poderes e intentó fulminarle con la misma, pero su enemigo se separó en ese instante, moviéndose varios metros atrás. En las manos del jinete apareció una espada larga de acero, emanaba una potente energía que la hacía incluso brillar en un suave tono rojo sangre.
-La guerra jamás se rinde, ya deberías saberlo- murmuró él, y comenzó a lanzar espadazos.
La chica esquivó los dos primeros, pero tuvo que detener un tercero usando su martillo a modo de escudo, y de un veloz movimiento interpuso una vara de su propia energía, y que usaba como si una espada fuera. Su rival no le dio descanso, y comenzó a lanzar ataques a cada vez más velocidad, rápidos tajos se sucedían uno tras otro en un frenesí que a ojos normales apenas se vería pero que gracias a sus vista podían percibir con facilidad. William contemplaba todo aquello en silencio, desde una esquina. Podía sentir, fuera de la sala, todo el ajetreo de los tripulantes de la nave, que si bien ya no combatían sí iban de lado a lado preparando el aparato para alguna acción que si bien a él se le escapaba sí que debía ser relevante para movilizar a tantos efectivos. Pero uno de ellos le preocupaba en especial y era aquel tipo en armadura negra, Vader. Tendría que detenerle para que no interfiriera en el combate de Electra, así que salió de la sala, confiando en que ella sabría defenderse bien a solas.
De hecho la chica había generado en su izquierda una segunda espada con la que luchar, pues los movimientos de Guerra eran tan hábiles como los del propio Ulrich, el mejor espadachín del rubio con el permiso de William y Patrick. Era rápido, preciso y grácil, para nada brutal pero con la suficiente determinación como para cercenar un miembro entero si a él se le antojaba, así que tendría que ir con cuidado. Por muy guardiana que fuera no podía regenerar un brazo entero salvo con la ayuda de Yumi y ella aún estaba lejos, así que tendría que ir con cuidado. Y ante la evidente superioridad técnica de su adversario, ella decidió que le superaría en poder puro. En uno de los envites, con sus dos espadas en forma de X y Guerra presionando en su dirección, como si empujara hacia adelante, ella se rodeó de su energía y comenzó a rodearse de rayos. Los mismos lanzaron varios metros al jinete, que salió volando y humeando, como si hubiera sido electrocutado por varios relámpagos al mismo tiempo.
Ella le observó entonces, orgullosa de si misma y de su poder, pero aún así no le dio por derrotado. Eso sería un error de principiante. Se fue acercando a su cuerpo, ya en el suelo y chamuscado, trataba de levantarse. Ella le colocó en su cuello su espada de luz, y le levantó con su filo el rostro, quemando en cierta medida su piel.
-Muere, capullo- ella atravesó su pecho entonces por dos partes, asegurándose de atravesar pulmones y corazón para que no pudiera en ningún caso poder regenerarse o nada del estilo.
Y para ir más allá, movió su brazo y le cercenó la cabeza, que salió rodando, y ella, no contenta con ello, la golpeó con el pie para lanzarlo cuanto más lejos mejor. No deseaba tener que arrepentirse más tarde por ello. Solo entonces se permitió respirar más pesadamente, y de su piel emanó algo de sudor, toda la tensión de hasta ese momento había desaparecido.
-Has sido duro de matar, pero ya no darás más por culo, perro- golpeó con condescendencia el cuerpo, sin siquiera evitarlo para salir de allí, poniendo todo su peso en cada paso para que las entrañas en su interior cedieran.
Para salir ella golpeó la puerta con violencia, rompiéndola por sus goznes y mandándola al otro lado del pasillo. No se giró en ningún momento, segura de su victoria, y simplemente salió de la sala, dispuesta a encontrar a su novio, que por su energía parecía luchando contra alguien, aunque no se estaba esforzando especialmente. Detrás de la joven, el cuerpo de Guerra comenzó a brillar. Sus heridas se curaron, la cabeza cortada desapareció, y del cuello le nació un nuevo rostro idéntico al anterior, mientras sus heridas se curaban. Sin dejar siquiera una cicatriz. En cuanto acabó el proceso se incorporó, se estiró y abrió sus ojos, sonriente. Sus poderes no dejaban de aumentar, ese chute le había sentado especialmente bien. Pero no dejo sentir sus poderes, no era el momento. Buscó a sus enemigos y les encontró, eran como dos enormes faros en medio de la noche. Se levantó, se quitó el polvo de la ropa, e hizo aparecer para envolver su carne una ligera armadura negra de cuerpo completo, y un anillo rojizo apareció en su dedo índice de la mano derecha.
-Muchas gracias, Electra Bäyern. Ahora soy más poderoso gracias a ti… ¿A dónde puedo ir ahora?- se preguntó entonces, mientras comenzaba a andar lentamente.
-Aún tengo planes por aquí, de todas formas… Tengo que asegurar por aquí el conflicto. Sí, eso haré- una sonrisa siniestra apareció en sus labios, sus ojos brillaron algo en color rojo, y en su piel aparecieron marcas carmesí.
Desapareció en el aire en ese instante, como si nunca hubiera estado allí, pero el aire se volvió pesado, su presencia agobiante llenó el ambiente de toda la nave, sus poderes llegaron a todas partes, hasta el último rincón, llenando los corazones de todos de una violencia y ganas de sangre sólo equiparables a las de un loco.
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Mientras, William esperaba, espada en mano, en un pasillo. Tenía puesta su armadura oscura, su gema brillaba un poco, mientras sus poderes crecían lenta pero progresivamente. Delante suya podía sentir la energía de Darth Vader, parecía furioso pero contenido, pero estaba claro que no estaba nada contento con lo que pasaba en su nave. Portaba en su mano su sable de luz rojo, andaba deprisa pese a su tamaño y peso, con la respiración algo agitada pero con la vigorosidad suficiente para mantener el ritmo hasta llegar a donde se encontraba el chico, que le esperaba.
-Aparta, niño. Esto no va contigo- exclamó, su fuerte voz le hubiera asustado en otra situación. Pero William estaba curtido ante villanos amenazantes.
-Va conmigo desde el momento en el que acribillas a mis compañeros e intentas matarles- le respondió.
Vader, lejos de asustarse por la energía del que tenía delante, se mofó un poco de él- ¿Qué tienes pensado hacer?-
-Salir de aquí e ir con los demás. Por tu bien, espero no encontrarme de nuevo con vosotros. No tengo nada en contra de lo que hayáis montado, tengo cosas más relevantes de las que preocuparme ahora que un tipo con aires de grandeza- exclamó.
Vader encendió su arma, y sin añadir nada se lanzó contra él. William interpuso su espada para evitar el ataque, aguantó perfectamente el poderoso corte del láser, lo que sorprendió al otro obre manera, pero no comentó nada. Simplemente siguió atacando a toda velocidad, las espadas se movía con la rapidez de un rayo, a pesar de su claro mayor peso el filo del guardián se desplazaba a exactamente la misma velocidad que la hoja de luz de su enemigo, infinitamente más ligera y potente en apariencia pero que le costaba seguir el ritmo a su enemigo.
-Eres poderoso… valiente…- murmuraba Vader, mientras él atacaba con toda su fuerza. William notaba que era un excelente guerrero con la espada, se movía con potencia pero despacio, al menos a ojos del chico.
En realidad de ser él humano estaría en serios problemas, pues era veloz para los estándares comunes, aunque para él era lento. Y sin embargo en un par de ocasiones logró Vader romper la defensa de William, aunque pudo interponer su espada antes de que el otro pudiera lastimarle con su hoja.
-¿Y? ¿Qué quieres, que me una a ti?- el chico le respondió con orgullo en su voz, hasta ese momento el otro llevaba el ritmo de las estocadas.
Fue entonces que el guardián comenzó a atacar rápidamente, cada vez más velozmente, deseaba acabar con aquello cuanto antes mejor. Logró romper la guardia en varias ocasiones de su rival, que casi quedó atrapado entre la espada y la pared, y fue entonces que Vader extendió su brazo. Su energía le rodeó e intentó lanzar a William por los aires, cosa que logró. Le llevó contra la pared con su energía, y comenzó a apretar en la garganta con intensidad, le quería romper el cuello, notaba el chico.
-Únete a mí, muchacho, ven al lado oscuro… Sé que tu poder está relacionado al mío, puedo sentirlo- pero el guardián negó.
Se rodeó de sus poderes, extendió sus brazos, y empezó a hacer lo mismo con Vader de lo que él había intentado hacer previamente. Se estaban ahorcando mutuamente, y William sabía perfectamente que él llevaba las de ganar. Le lanzó entonces unas esferas de energía que le golpearon en el pecho, dañando en cierta medida sus protecciones, y le envió contra la pared, agrietándola un poco en el proceso. Cuando Vader cayó al suelo, él notó como el agarre de su cuello desaparecía en ese momento, y se acercó al mismo, se estaba levantando. El chico se disponía a colocarle unas cadenas de energía para tenerle parado, cuando detrás suya notó una energía que él conocía perfectamente. Se giró y vio allí a Electra, que corrió hacia él.
Sin mediar palabra alguna se lanzó a sus brazos y le dio un fuerte beso, que hizo tambalear al chico. De esa manera la muchacha estaba siendo dominante, él era suyo, de esa manera estaba reclamando lo que ella consideraba como propio. Descubrió en ese momento, con su pareja rodeado de escombros, con algo de sudor en su piel, y fuertes chispazos en las paredes, que estaban comenzando a romperse.
-Será mejor que sigamos, Will…- murmuró ella, separándose de él. Su impetuosidad de antes había desaparecido.
El chico, conociéndola, sabía que eso servía para ella asegurarse de su relación, ella era dominante y le gustaba que todos supieran cuales eran sus cosas, y eso incluía a los novios. Era en cierta medida celosa, no le gustaba compartir con los demás, y ahora que tenía una competencia por el chico con, encima, una humana, no estaba dispuesta a ceder. No sin luchar. Estaba dispuesta a muchas cosas por ello, en una noche hasta pensó en lanzarle algún rayo, pero se quitó esa idea de la cabeza en cuanto se le ocurrió. No era estúpida, si ella moría otra chica sería violada por uno de los Caballeros del Infierno, y eso no era lo más adecuado dadas las circunstancias. Además no sería justo para nadie, pero la idea le era atractiva en algunos momentos, cuando veía a esa zorra cerca de su novio, cuando se le insinuaba… su sangre ardía en esos momentos.
El chico notó que ella se estaba cabreando sola, y la tomó de las manos- Vámonos, creo que aquí poco más podemos hacer- ella miró a Vader entonces, volviendo a la realidad.
-¿No le vas a matar?- preguntó. Antes de que William pudiera decir nada, ambos miraron hacía varias direcciones.
Habían notado una fuerte presencia en el ambiente. Pesada, poderosa, agobiante y casi omnipresente en el aire. Se trataba sin duda de Guerra, pero Electra gruñó, era imposible. Ella le había cercenado la cabeza, cortado su cuerpo y hecho estallar sus entrañas hacía unos pocos minutos antes, y ahora parecía haber vuelto más poderoso aún que antes.
-Me cago en… joder…- ella se rodeó de su energía, dispuesta a volver a luchar, pero él la agarró del hombro- Vámonos. Bastante hemos logrado ya aquí. Reunámonos con los demás, está claro que un solo guardián no puede con un jinete- le dijo.
Ella asintió, y tomó su mano. Ambos se rodearon de su energía, y cuando se disponían a salir de allí atravesando la pared, notaron que eran incapaces de moverse. Algo les estaba deteniendo, tenía que ser realmente poderoso para lograr eso. William se giró y pudo ver como Vader extendía su brazo hacia ellos, lo tenía en tensión, y sus poderes le rodeaban. Sin embargo él solo no podía realizar semejante hazaña, ni siquiera en su plenitud de capacidades lo sería, así que tenía que estar siendo ayudado por alguien más, que estaba reforzando al tipo. Ellos no eran capaces de verlo, pero estaba claro que Guerra estaba interviniendo, su energía le delataba bastante, el ambiente estaba cargado con la misma.
William, molesto, comenzó a elevar su energía, que emanó de su cuerpo, como siempre pasaba. Agarró a su pareja de la mano, la puso a su lado, y la abrazó por detrás. Ella se dejó hacer, y le ayudó con su propia energía, impulsando la del chico y potenciándola. En pocos instantes estaban listos y se lanzaron contra una pared, sin importarles en absoluto lo que hubiera de por medio, simplemente deseaban salir al espacio y poder ir con el resto de sus compañeros.
Guerra estaba muy sorprendido por su arrojo y poder, pero no podía dejarles escapar e ir con los demás, no debía permitirse perder esa oportunidad única. Sabía que ellos en grupo eran más poderosos, pero en solitario perdían. O eso, o es que ella no se estaba esforzando plenamente, y eso le resultaba muy insultante desde su perspectiva. Si se luchaba había que hacerlo con todo, en las guerras que él representaban no cabían medias tintas. Además, a más violentos eran los ataques más poderes podía obtener él.
Formaba parte de su naturaleza, su poder iba a más con el odio, la ira y la violencia, se sentía cómodo en esos ambientes, disfrutaba de las matanzas, sentir el poder recorriendo su cuerpo con cada espadazo, con cada disparo, con cada herida provocada en el cuerpo de los enemigos. Nunca tomaba bando, observaba la guerra y la disfrutaba, aprendiendo de los errores y aciertos de cada bando, sólo apoyaba a aquellos soldados que demostraban valor o coraje en batalla, aquel que más lograba, a aquel que más vida sesgaba, o al que mostraba más determinación a la hora del combate o de tomar una posición. Y aquella guerra era una de las más grandes que había visto, una de unas dimensiones colosales, solo comparables a las guerras universales que él mismo había visto y en cierta medida provocado. Como en aquel caso. Se había dedicado a susurrar en los oídos de miles, alentando a su espíritu guerrero, a su sed de sangre y victoria sobre un enemigo en teoría invencible pero que él mismo sabía que podía caer en cualquier momento, y que pasaría en cualquier momento.
-Moriréis aquí, Guardianes- No oyeron la voz, pero sí pudieron saber lo que había dicho a través de sus energías, que reaccionaron a la de Guerra.
-Jamás- William entonces se transformó.
Gracias a los cambios producidos por Jamily en ellos, ahora podían transformarse en criaturas antropomórficas basadas en diferentes animales, en su caso su cuerpo se volvió más alto y fuerte, su pelo de cabeza y pecho se encrespó y sus dientes caninos se convirtieron en dientes de sable, dándole un aspecto bestial, aunque el pelaje pasó a ser blanco y sus ojos de un intenso tono azul. Tenía ropas de motorista, con una chupa de cuero sin mangas color negro y pantalones ajustados con botas militares. En su hombro tenía tatuado un lobo aullando, y se notaba perfectamente que su poder se había disparado, pero no dijo nada.
Electra le imitó, y también tomó esa nueva forma, aunque en su caso se trataba de una grácil águila, con dos grandes alas de plumas blancas, siendo las de pies y muñecas marrones, así como la zona del pecho, que también se emplumó. Sus ojos y pelo pasaron a un suave color marrón, y sus alas crepitaban electricidad. Los dos se lanzaron contra una pared, la atravesaron con facilidad, y en pocos segundos aparecieron en el espacio vacío, donde tuvieron que rodearse de su energía para sobrevivir. Localizaron a sus compañeros a años luz de distancia, no podían llegar de forma normal, así que William abrió delante de ellos un portal, que cruzaron en apenas unos instantes, cerrándose detrás de ellos. Guerra lo vio todo, dio un puñetazo contra la pared molesto, y vio a Vader. Sorprendentemente se había movido hacia un lateral, donde había una pantalla en la pared que permitía cerrar herméticamente posibles fugas de aire, como era el caso, para evitar quedarse sin oxígeno.
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.
