Código Guardianes
Capítulo 120
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
William y Electra cruzaron el portal y aparecieron al otro lado de la galaxia en apenas unos instantes, de no poder usar los portales hubieran tardado cientos de años en hacer el recorrido. Se sorprendieron de que las naves de aquella gente pudieran ser tan veloces, pudiendo ir más allá de la velocidad de la luz, y supusieron que alguna manera habría para lograrlo. Si unos aparatos tan masivos podían, ellos, millones de toneladas más ligeros, seguro que podían hacerlo. Y de forma indirecta también se dieron cuenta de que los arcángeles, serafines y tronos seguramente también podrían ir más allá de la velocidad de la luz, de hecho era lo más probable. Eso alargaba más aún la diferencia de poder entre ellos, pero ese factor a Electra no le parecía algo relevante, encontrarían la manera de derrotarles, y le demostraría a sus compañeros que esa era la única manera de detener esa guerra, que era seguro iba a producir muchas muertes. Decesos innecesarios si ellos tuvieran el mismo valor que ella tenía.
A lo que Electra llamaba valentía, William prefería llamarlo impulsividad y temeridad. Pero bastante tenso estaba el ambiente con los celos de ella, su cabreo por no derrotar a Guerra, y su en general fuerte carácter que tanta personalidad le daba, pero que a la vez podía ser sumamente molesto. Sí, él se preocupaba por Beatrice, y le caía bien, pero… Se quitó esas ideas de la cabeza, su pareja era Electra, no aquella joven. Pero algo le empezaba a nacer del pecho cuando la veía, y no sentía esa misma sensación en el resto de sus compañeros varones. Desconocía si era simplemente deseo de protección, condescendencia masculina, o si era algo más profundo. Pero no podía evitar sentirlo.
Cuando aparecieron, cruzado el portal, se encontraban en un planeta que ellos desconocían. Claramente no era la Tierra, la hubieran reconocido nada más verla. Se trataba de un planeta helado, enormes casquetes de hielo se veían al fondo, con nieve cubriéndolo absolutamente todo. Era un gran océano de hielo que llegaba hasta el horizonte y más allá, apenas notaban vida en aquel planeta salvo por varios focos muy brillantes en la oscuridad energética que allí reinaba. Notaron un estruendo, y una gran nave apareció en el cielo, la misma que habían usado sus compañeros y los rebeldes para huir anteriormente del imperio. Se rodearon de su energía y salieron volando en la misma dirección que el aparato, siguiéndolo de cerca. Comprobaron que de su casco salía una especie de cañón, que incluso llegó a cargar, pero no disparó finalmente, probablemente alguno de sus compañeros avisó de aquello, pero no tuvieron demasiado tiempo de pensar en aquel detalle. Eventualmente llegaron a una explanada que se notaba habitada, pues un gran edificio se alzaba en la misma.
No era especialmente alto, era más una gran nave industrial que otra cosa, pero suficiente para poder estar allí todo lo cómodo que se puede estar en una nevera de tamaño planetario. La nave bajó a tierra suavemente en la gran explanada, y los dos guardianes se colocaron cerca de ella. Desde arriba podían ver cómo un grupo de personas se arremolinaban a su alrededor, todos cargados bien con largas mangueras, seguramente con lo que servía de combustible para esos aparatos; bien con cajas de herramientas para reparar lo que pudiera haber roto tanto por dentro como por fuera.
Las compuertas se abrieron entonces, la rampa que les había servido para entrar bajó de nuevo, y al rato salieron todos los que ocupaban la nave. Los primeros fueron los refugiados recién rescatados de la nave imperial, seguidos por los rebeldes que llevaban la nave, incluida aquella chica, Ahsoka, y por último los guardianes. Estos últimos se reunieron con sus compañeros, y, disimuladamente, se colocaron a un lado para no molestar y poder hablar entre ellos tranquilamente.
-¿Y bien? ¿Lograste algo?- Aelita parecía molesta, apenas se reunieron encaró a Electra. Esta cruzó sus brazos, con el ceño fruncido- Pues para que lo sepas, barrí el suelo con ese Jinete, pero el tipo se seguía levantando, hubiera acabado con él si William no me hubiera sacado de allí- comentó ella.
La otra alzó una ceja- Destruí su cuerpo, pero el maldito capullo se regenera bastante… Habría que reducirle a cenizas la próxima vez que le veamos. Yo apuesto por ir a por él todos juntos, que sepan de lo que somos capaces- añadió entonces.
Aelita suspiró entonces- Para ello primero tendríamos que localizarle, y a saber dónde está ahora. ¿Tú notas su energía en algún lado? Porque yo no- le espetó.
Electra rodó los ojos, apretando los puños- En cuanto saque la cabeza, le lanzaré encima una tormenta tan brutal que deseará no haber nacido- aseguró.
-Precisamente de esto quería hablar. Con todos- dijo Aelita. No se dieron cuenta pero en torno a ella estaban los que habían luchado en un primer lugar contra Xana, además de Sissi, Herb y Nicolás.
-Adelante, princesa. Habla- la palabra princesa iba cargada de cierta condescendencia por parte de Electra, pero la aludida no comentó nada sobre eso.
-No me está gustando nada vuestra actitud de matones de barrio. Vais por libre, hacéis lo que os da la gana, y encima faltáis el respeto a aquellos a los que hemos jurado proteger autodenominándoos dioses- ella iba a seguir cuando Aurora saltó.
-¡Nos lo llamamos porque lo somos! No tengas falsa modestia, Aelita. Tú también lo piensas, tenemos más poder del que ninguno pudiera haber imaginado hace un año, los elementos nos obedecen, y ahora estamos en medio de la mayor guerra de la realidad, luchando frente a frente con lo más poderoso que hay- exclamó.
Percy habló también entonces- Tenemos la oportunidad perfecta ahora. Si matamos a Lucifer o a Miguel todo habrá terminado antes de siquiera haber empezado- Jeremy no daba crédito.
-¿Os estáis escuchando? Ellos nos pueden derrotar con un chasquido de dedos, y vosotros pretendéis que nos volvamos a meter en el Infierno, cuando la última vez salió fatal- comentó.
-Y aun así fuimos la última vez bajo tu orden, ¿recuerdas?- le dijo Susan. Marin la miró algo molesta entonces, pero no comentó nada.
-Y os recuerdo que fue un error tan grave que ha desencadenado todo esto- intervino Yumi- Sí, nos equivocamos, pero al menos nos hemos dado cuenta del error. Vosotros parece que no- comentó Ulrich.
La tensión en el ambiente era tal que el aire se volvió pesado. Los elementos naturales reaccionaron al enfado de sus dueños, pero controlaron su temple cuando vieron llegar a Ahsoka junto con un joven. Tendría poco menos de 20 años, pelo rubio algo largo, ojos azules y piel clara, contaba con buena complexión y una espada de luz en su cinturón.
-Os presento a Luke Skywalker, un compañero jedi. Él es uno de los líderes de la rebelión, le he hablado de vosotros y está interesado en conoceros- explicó.
Este asintió- Desde que habéis llegado puedo sentir una enorme perturbación en la Fuerza, y aquí está su punto más hondo, junto a vosotros. Tenéis un poder enorme- comentó, impresionado.
Asmae habló- Es un placer. Pero nosotros no teníamos intención de participar en todo esto, simplemente estábamos metidos en medio, si debo ser sincera- explicó. Los otros dos asintieron.
-Pero me temo que ya en cierta medida estáis en esto, Vader os ha visto a todos, y con nosotros. Además, me parece que sois más heroicos de lo que aparentáis- añadió Luke.
Estos suspiraron entonces, y les acompañaron hacia donde se encontraban los demás rebeldes. Las instalaciones eran amplias, podían ver desde allí a personas yendo y viniendo con grandes máquinas de carga que movían como si fueran carritos, así como algunos montados en grandes animales bípedos y de denso pelaje blanco. Estos eran altos como dos personas colocadas una encima de la otra, tenían cuernos que les salían de la cabeza y que les recordaban a las de una cabra. El frío glacial de la zona obligaba a la gente a tener ropas abrigadas, pero ellos estaban como si tal cosa, puede que por eso fueran rápidamente al interior y les consiguieran a cada uno unas mantas y abrigos para resguardarse del frío, aunque no lo necesitaran realmente. Había bastante gente trabajando en los cazas que estaban aparcados, con graciosos androides por todas partes con sus socios humanos, y guardias con armas en las manos parecidas a las que tenían los soldados del imperio.
-En un rato tengo que salir a hacer un viaje por la zona cercana para asegurar las defensas de la base, vosotros podéis descansar aquí y esta noche hablaremos- comentó Luke, sonriendo.
-¿Tú no vas con él, Ahsoka?- le preguntó Sam, y ella negó- Tengo misiones que hacer. Además, estando en la nave antes con Vader noté cosas raras, en fin…-
Los chicos se miraron, se preguntaban si ella había notado de alguna manera la presencia de Guerra. Susan dudaba si leerle los pensamientos, pero Marin, agarrándola de la mano, le quitó la idea de la cabeza. No era algo ético o que se debiera hacer, en cualquier caso, así que mejor no hacerlo. Luke le pidió a uno de los que allí estaban que les llevaran al interior, donde podrían descansar un poco, mientras este se iba a su misión. Antes de despedirse, Ahsoka se acercó a Electra y William, y les pidió alejarse un poco de los demás.
-Oye, ¿cómo llegasteis hasta este planeta? ¿Y cómo pudisteis seguirnos estando tan lejos en plena nieve, sin morir congelados?- preguntó.
-Nuestras energías… hemos aprendido a usarlas a un gran nivel. Vosotros también podéis, pero a menor escala. Con las técnicas adecuadas, se pueden aprender trucos muy interesantes y útiles en todos los sentidos- comentó William.
Ella asintió- Nos vendría muy bien algo así en la rebelión, si os sois sinceras. El Imperio es muy poderoso, necesitamos un golpe de efecto, y acabar con aquella monstruosidad de Estrella de la Muerte sirvió un poco pero no es algo definitivo…- murmuró ella (1).
Sin más, se despidió de ellos, y los dos adolescentes siguieron a sus compañeros por la visita guiada. A los antiguos guerreros Lyoko les parecía muy interesante aquello y en cierta medida sí que deseaban ayudar aunque fuera un poco, Herb incluso les murmuraba a Sissi y Nico las cosas que veían, explicando. En cuanto a los demás no tenían ese interés, de hecho pasaban un poco del tema, sólo querían acción y nada más, pero sabían que eventualmente así pasaría. Las instalaciones eran amplias, había muchas habitaciones y androides con forma humanoide que servían a modo de mayordomos. Tenían también salas de reuniones a las que no accedieron por motivos obvios, pero podían notar la tensión en el ambiente dentro de las mismas, y escuchaban algo de lo que se decía dentro, aunque hacían más caso a las palabras de Luke.
A la media hora habían hecho el recorrido completo, y vieron como Luke salía de allí a lomos de uno de aquellos animales bípedos, así como varios más, todos bien protegidos por sus prendas de abrigo. Cualquiera de ellos haría un mejor trabajo en menos tiempo y sin tantas complicaciones técnicas, pero no tenían que intervenir tanto. Aunque al final lo hicieran, eventualmente, pero lo mínimo al menos.
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Al mismo tiempo, Vader se encontraba furibundo. En torno a sí mismo una fuerte energía roja surgía, y Guerra se encontraba complacido cerca del villano, que tenía la rabia contenida hirviendo en su ser. Pero no estaba él sólo como criatura sobrenatural. Cerca también andaba ira y soberbia, que se divertían arrullando los pensamientos del viejo androide, alimentando sus deseos de venganza contra los rebeldes por un lado, y contra aquel grupito. Se estaban nutriendo de sus emociones, fuente de su poder. Junto a cada jinete siempre había al menos un par de los pecados capitales, que por su naturaleza se parecían mucho entre ellos, y se encontraban bastante cómodos ellos juntos. El jinete protegía a los pecados, y estos favorecían más aún los poderes del primero, que mantenía lejos a los guardianes de los segundos, para que no pudieran destruirles.
Era un tándem creado por el propio Lucifer, bastante ingenioso a decir verdad. Guerra miró con interés como Vader tecleaba en una terminal, mientras los demás oficiales daban instrucciones. El plan era mandar balizas para buscar a los rebeldes, miles irían a lo largo de la galaxia para buscarles allá donde estuvieran. Si tenían suerte en poco menos de un día les localizarían y podrían acabar con esa célula rebelde de una vez. Y si todo salía bien, la noche siguiente dormirían con la victoria lograda sobre sus enemigos. Eso sería lo ideal, pero probablemente no se lo pusieran fácil. Más si esos niños tan extraños estaban con ellos, pero eso no era lo que más le preocupaba. Tenía que lograrlo si quería contentar al emperador, que le estaba empezando a presionar, la punta del pastel fue perder la estación estelar Estrella de la Muerte, un enorme aparato capaz de destruir planetas enteros.
Querían reconstruirla pero llevaría tiempo, al menos ya estaban emplazando su nueva ubicación y las obras habían comenzado ya en torno a la órbita de una pequeña luna. Dada la orden, la maquinaria imperial se puso en marcha, y se fabricaron de forma automática los aparatos para ese objetivo. Se trataban de robots con forma ovalada, múltiples sensores de movimiento, temperatura y lentes, capaces de verlo y oírlo todo en un área de 180º, teniendo por la parte de abajo unos filamentos con pequeñas piernas y brazos. Eran sencillos de montar y podían hacerse en masa, aunque eran endebles y podían ser eliminados con relativa facilidad pese a tener pequeños cañones, pero eso les permitiría saber dónde se encontraban los rebeldes
Tras aquello, salió de la sala y ordenó que prepararan toda la flota, en cuanto les pillaran llevarían la totalidad de la misma al sector donde estaban los rebeldes, les aplastarían, y demostrarían el poder del imperio. Tenía varios destructores a sus órdenes en esos momentos, suficientes para destruir a la totalidad de la rebelión. Caerían sobre ellos con toda la potencia de fuego que pudieran tener, sería una masacre. Todos esos pensamientos oscuros eran favorecidos por Ira y Soberbia, que por órdenes de Guerra le estaban dando más razones internas para ello. El jinete sonrió complacido, con suerte algún guardián caería ese día, pero siempre respetando los deseos de su líder, que había ordenado no matar en ningún caso ni a Aelita ni a Asmeya. Los demás no eran prioritarios, si alguno moría tanto mejor para sus planes, aunque no fueran enemigos peligrosos por su nivel de poder, podían llegar a ser molestos.
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La noche llegaba al planeta en el que estaban los guardianes. Se habían pasado la tarde echando una mano a los rebeldes, aunque parte del grupo se había negado en un inicio, al final accedieron, pues era parte de su deber, eso al menos pensaba Aelita. Asmae acabó entendiendo el punto de su hermana, así que finalmente cedió a los deseos de su hermana. Cuando terminaron de descargarlo todo, les llevaron a una zona de letrinas donde podrían descansar durante la fría noche, y aunque ellos no pasaban frío gracias a sus poderes, agradecieron que les dieran unas mantas y ropa térmica para poder estar al resguardo, de no tenerlas podrían acabar con una hipotermia incluso estando al fondo de una gran nave que contaba con calefacción. No les dijeron nada sobre dormir por separado, así que varias parejas al final se acostaron juntos, no así William y Electra. Ella le gruñó, cuando se acercó, que se fuera con su amiguita, Beatrice.
El chico frunció el ceño por ello, pero no deseando discutir no comentó nada en absoluto, y simplemente se metió él sólo en una cama. Aelita fue testigo de aquello, y suspiró. Estaba abrazada a Jeremy, que la tenía entre sus brazos en esos momentos, colocados uno frente al otro. El chico, al ver su rostro algo triste, acarició su mejilla suavemente.
-¿En que piensas?- le preguntó, y ella se colocó en torno a él, cobijándose- El grupo se está yendo a la mierda, Jer…- murmuró.
El muchacho sólo asintió- No sé cuando pasó, pero… ¿crees que nos podremos llevar bien de nuevo?- preguntó.
-No lo sé… Lo que más me preocupa ahora son las ideas de los demás… Creo que de poco les vamos a convencer. Si ni el poder de los arcángeles, de los que ellos han sido testigos, les han convencido… nosotros menos aún- ella suspiró.
Acarició el pecho de Jeremy con un dedo, y le miró a los ojos- Aquí me siento segura… toda esta mierda en la que estamos metidos, esta guerra sin sentido, este sufrimiento innecesario, todo… ¿por qué?- murmuró. Jeremy la acercó algo más.
-Yo siempre te protegeré, Lita. Como sé que tú siempre me protegerás. El uno al otro, y entre los dos a la niña que llevas dentro- ella se rio un poco- ¿Cómo sabes que es una niña?- murmuró, una suave sonrisa se formó en su rostro.
La perspectiva de las cosas había cambiado mucho en el último año. ¿Que a ella le emocionaba la idea de ser madre con Jeremy? Desde luego, pero a muy largo plazo, cuando tuvieran unos treinta años. Pero todo lo ocurrido le quitó la posibilidad de llevar una vida normal nunca más, el deseo explotó en ellos la noche antes de una de las grandes batallas que jamás han vivido, y ahora iban a ser padres. Por suerte el proceso se había detenido por los poderes de Susan, así que en esos momentos su hija no era más que un pequeño cúmulo de células, pero a las que ya consideraban una más de la familia. Aelita se atrevió entonces a hablar de nuevo.
-Maya. La llamaremos Maya. Como el nombre que me pusiste al principio, ¿recuerdas?- le dijo ella, y el chico asintió.
-Me parece buen nombre, princesa- murmuró él, y ella le besó suavemente los labios, sonrojando las mejillas de los dos.
Aún habiendo tenido relaciones entre ellos, aquello fue una cosa momentánea, no se habían vuelto a tocar demasiado hasta ese día, pero lo que más les apetecía en esos momentos era estar así, abrazados, sin nada más. Rápidamente se quedaron dormidos, pero aunque los sueños de él fueron tranquilos, no así los de ella, que recibió una visita que ella sabía que llegaría en cualquier momento.
Sueño de Aelita.
Ella se encontraba en su habitación de Kadic, todo parecía normal. Su escritorio con su portátil, la silla con un par de pantalones colocados en el respaldo, sus deportivas en un lateral, su mochila colgada de la pecha que tenía a un lado de la puerta, su armario bien colocado, la cama hecha, su muñeco de Mister Puck en la almohada… Sí, todo parecía normal. Excepto por la mesita que había en medio de la estancia, que nunca estuvo ahí. Era baja, tenías que sentarte en el suelo para poder estar cómodo, y ella por puro instinto se acercó.
Algo le llamaba la atención de esa mesa. Era muy sencilla, de madera de roble bien trabajada pero sin demasiada decoración, con un paño de tela por encima y un par de vasos encima de lo que ella olió como té. Aquel mueble sería más propio de Yumi que de ella, ¿qué hacía ahí? En cuanto se colocó delante, notó una energía inmensa venir de todas partes, y un fogonazo de luz llenó la estancia. El mismo, lejos de hacerle daño a la vista, le resultaba cómodo a la chica, y pudo ver delante de ella a una criatura majestuosa. Tenía forma humana, totalmente andrógino, ojos dorados y pelo en llamas, con alas doradas y un extraño símbolo en el pecho. Parecía afable, incluso cariñosa, pero ella le identificó rápido.
-Lucifer…- murmuró ella. Su mera presencia le resultaba atrayente a la par que repulsiva, sentía miedo de él pero a la vez sabía que no le haría nada en ese mundo de sueños… Era todo muy confuso.
Conocedor de aquello, el arcángel le tendió uno de los vasos a la chica para que bebiera. Su voz era suave y tranquila, casi como una nana.
-¿Cómo te encuentras, Aelita?- le preguntó, mientras se colocaba en una posición cómoda. Ella dudo entre si beber o no, y respondió al cabo de unos segundos.
-Estaría mejor sin todo este lío de Apocalipsis, demonios y demás- reconoció- Nos habéis jodido la vida, entre todos- añadió.
Lucifer sonrió de medio lado, y jugueteó con su vaso- Para mí todo esto tampoco es plato de buen gusto, querida. Pero es necesario. Papá quiere que nos peleemos Miguel y yo, así que tendremos que hacerlo- ella le miró con el ceño fruncido.
-¿Cómo dices?- preguntó. El arcángel sonrió, ahora tenía toda su atención- Todo esto está orquestado por Luz, evidentemente. Y su voluntad es ley. Si yo fuera tú, aceptaría mi destino y permitiría que pudiera entrar en tu cuerpo. Así se acabaría todo de golpe- aseguró.
Pero ella negó. No estaba dispuesta a eso. Ahora su cuerpo no sólo era suyo, tenía una vida creándose en su interior. Además, a saber cuáles eran los planes de Lucifer para con el mundo, si ella estaba en lo cierto pretende acabar con toda vida inteligente de la realidad, y a saber cuál es su criterio para determinar aquello. Semejante genocidio no podía ser permitido, mientras ella tuviera poder sobre ello no lo permitiría.
-Jamás me doblegaré a ti. Ya fui una marioneta en el pasado, no pienso serlo de nuevo. No soy una niña a la que deban cuidar o decirle qué hacer y qué no hacer- masculló.
Lucifer asintió- Me lo imaginaba. En fin, Miguel debe estar hablando también con tu hermana, le tendré que preguntar a él- comentó el arcángel.
Dejó su vaso en la mesa entonces- Aelita… con mis poderes, podrías hacer mucho bien. Te propongo esto: yo peleo con mi hermano usando tu cuerpo, le venzo, y una vez que pase, te devuelvo el control. En ese momento en tus manos tendrás todo mi poder, además del tuyo, para hacer lo que te plazca. Podrías ser… de lo más poderoso existente. ¿Te lo pensarás, al menos?- le preguntó.
Ella suspiró, y asintió. Lucifer sonrió, y desapareció de allí. Era mentira, no deseaba poder. Ella lo que anhelaba era paz, estabilidad. No tantas aventuras. Si mañana perdía todos sus poderes y responsabilidades para con el multiverso y volvía a ser una alumna más de Kadic cuya mayor preocupación era resolver las ecuaciones de Hertz, lo firmaría en el acto. Por desgracia, las cosas no funcionaban así. Ahora ella tenía un gran poder y una aún mayor responsabilidad. Había jurado guardar a aquellos que no podían defenderse por sí mismos, y lo haría. Aún así estaría siendo deshonesta de no admitir que le gustaban sus poderes y que así podía ayudar más.
El sueño no duró mucho más, y su mente comenzó a divagar, llevándola a mundos desconocidos para ella e imaginando realidades y fantasías que, lo más seguro, no recordaría cuando despertara…
Fin del sueño de Aelita.
Ella dormía plácidamente, murmurando un poco por el sueño que estaba teniendo. Los demás también dormían, menos William. Él estaba tirando en la cama, con los ojos cerrados y bien arropado, pero aun así no era capaz de dormir. Estaba pensando demasiado en Beatrice y Electra. Esta última no era estúpida, sabía que él se había fijado en la otra, pero… en una relación sana eso no tenía por que importar, se podía hablar con la otra parte y decidir. Pero ella, como era costumbre, había tirado por la calle de en medio. Siempre hacía lo mismo, ella tenía un carácter impetuoso y eso le había servido de excusa varias veces… hasta ahora. Suspiró, no sabía si a los demás les había pasado lo mismo. Tuvo que levantarse, y, en silencio, salió del cuarto donde se encontraban, quería respirar aire fresco, despejar la mente. Se rodeó de su energía para protegerse del frío ambiental, que le hubiera matado en pocos minutos por una hipotermia por llevar sólo unas mallas y una camisa térmica.
Caminó por las instalaciones en silencio hasta llegar a la zona de la entrada. Allí vio a Jhonny, que también parecía haberse desvelado. Tenía una manta por encima, y miraba al vacío en silencio. Queriendo dejarle a solas con sus ideas, William se quiso ir de allí, pero el pelirojo notó su presencia y se giró. Al verle le sonrió y saludó, y el otro respondió al mismo y se acercó.
-¿Qué haces aquí?- le preguntó William, y el chico suspiró- Estaba pensando… en todo esto. En si estamos listos. ¿Has visto las noticias últimamente?- le preguntó.
El mayor negó, y el pelirrojo le tendió su móvil con unos vídeos- Mi madre me los mandó antes. Nos están poniendo de ineptos en adelante en algunos sitios, mientras que otros nos tratan de héroes… ¿deberíamos defendernos en la tele o algo?- se preguntó.
William lo pensó entonces un rato. ¿Tenían que meterse en esas cosas realmente, o no era necesario? Era extraño, dado que ellos eran responsables de lo que había pasado, y su deber era defender a los demás, pero, ¿tenían que justificarse ante ellos? Vio entonces algunos de los vídeos más críticos con ellos. El reportero argumentaba que tenían que decirle a la gente las cosas, tenían que tenerles informados, era lo justo dado que era algo que incumbía a todos. También casi exigía que actuaran de héroes e impidieran atraco, asesinatos, desastres naturales… Y sobre ello, cualquier cosa sucedida en los últimos tres años de esa índole se lo estaban echando en cara al guardián encargado de esa área. Además, les casi exigían acabar con conflictos, ayudar a gente, en toda clase de luchas sociales y políticas…
-Yo pasaría de ellos, si te soy sincero- explicó- Por que si nos tenemos que amargar por lo que digan los demás, casi mejor no decirles nada y simplemente hacer nuestro trabajo lo mejor que sepamos- añadió.
El chico asintió entonces, y suspiró- Estaba pensando también en Obara- comentó- Ella… bueno, ya sabes, su otra versión me dejó plantado- William se limitaba a escuchar- Según ella se había aprovechado de mí… como si yo no supiera lo que estaba haciendo- murmuró.
El mayor se rio un poco- Bueno, es que tienes diez años menos que ella, por lo menos. Tienes ahora unos 13 años, te recuerdo- el pelirrojo suspiró, y movió sus piernas de adelante a atrás.
-Igualmente… yo no soy totalmente humano, mi… naturaleza es diferente a la vuestra. Desde que descubrí mis poderes, siento… algo diferente en mi- comentó.
-¿En qué sentido?- le preguntó, pero el chico no se supo explicar muy bien -Yo… me gustaría preguntárselo a mi padre. Aunque no lo creas, al menos tengo algo de unión con él por que es el único que podría entenderme. Y saber que estuvo ahí siempre, aunque no le viera… Algo me dice que no miente sobre eso- añadió.
William sonrió y asintió- No te preocupes, seguro que en algún momento podrás preguntarle sobre eso- le dijo. Jhonny se miró a las manos entonces, y suspiró.
-Mi madre… sé que ella está a salvo. Pero me gustaría mucho poder ir a verla en momentos así, en los que dudo. Es duro, ¿sabes? Saber que puedes ir a verla en cualquier momento y no poder hacerlo por su seguridad…- murmuró.
-Ya, nuestros padres espero se mantengan en el anonimato, porque no me haría gracia que estuvieran en el punto de mira de nadie- comentó William- Bueno, te dejo tranquilo, me gustaría estar un rato a solas- sin más, el mayor se fue de allí, dejando al otro a solas.
No supo cuánto anduvo hasta salir de la base, y una fuerte ventisca le recibió de lleno. Cerró la puerta tras de sí, para que todo el frío del exterior no entrara en el interior del recinto, y se quedó mirando las estrellas. La nula visibilidad de la tormenta impedía ver el cielo nocturno, pero con un poco de sus poderes la detuvo, y delante de él apareció un bello cielo estrellado. Era un lugar muy hermoso, a decir verdad. Se cruzó de brazos, e inhaló el frío aire del lugar, pensó que aquellas vistas le gustarían mucho a Beatrice, sacó su móvil e intentó hacer unas fotos, aunque no sabía si saldrían muy bien.
Hizo varias fotos y las mandó a la chica, no sabía qué hora sería en la dimensión de la hechicera pero ya las vería, pensó. Por su parte, Jhonny, lejos de pensar en sus asuntos, se preguntaba qué pasaba con Jamily. Ella tenía pinta de ocultar algo pero desconocían el qué exactamente, pero debía ser algo muy importante para que echara encima a la casi totalidad de los Guardianes del Universo 911 contra los Guerreros del 910. La última vez que les vieron juraron que se vengarían y se dieron entre ellos una paliza nunca antes vista. Y los primeros no mataron a los otros porque se lo impidieron, que de poder hacerlo lo hubieran hecho.
Suspiró, habían quedado en unos días para ir a su dimensión, esperaba poder contactar con ellos adecuadamente para intercambiar información. Estaba dispuesto a incluso poder ayudarles si lo necesitaran, aunque probablemente estos se negaran, más por ego que por otra cosa. Esperaba poder echarles una mano con sus problemas, en parte fue cosa de ellos que eso pasara, se sentían responsables. Lo había hablado con Ulrich, él también notaba algo de atontamiento en los demás, como si no se dieran cuenta de que algo extraño pasaba con la aelida, así que tendrían que averiguar qué era lo que estaba pasando. Al rato decidió que lo mejor era volver a la cama, aunque no lo necesitara de forma acuciante sí le gustaba estar tumbado, era más cómodo y se estaba a una mejor temperatura.
No veía a los demás, pero notaba la tensión en el ambiente de los demás habitantes de aquel lugar, que se encontraban en plena búsqueda de un piloto que se había quedado fuera de las instalaciones en plena noche, y que desconocían su posición. Se trataba de Luke Skywalker, un efectivo importante para los rebeldes, aunque más importante era ese chico para uno de sus compañeros, que salió en plena noche a por él, durante una ventisca muy dura, al menos la misma había parado un poco, así podrían resistir más. Podría salvarles, pero Susan y Marin insistían mucho en dejar las cosas como estaban todo lo posible, lo que dificultaba las cosas en muchas ocasiones por las cosas que eventualmente pasaban en sus misiones y aventuras.
Pero poco podían hacer ellos para evitarlo en su totalidad, y aun así era algo hipócrita pedir algo que luego ellas se saltaban cuando les convenía. En todo caso ese era un debate en el que él no estaba dispuesto a entrar, no al menos por ahora. Ya habría tiempo y temas para discutir más adelante. De vuelta al cuarto donde estaban, se tumbó en la cama y se arropó de nuevo, dejándose, esa vez sí, dormir hasta que les despertaron una alarma. Allí madrugaban bastante, la verdad, pues sus relojes marcaban que apenas era el equivalente a las siete de la mañana en esos momentos. Y había mucha ambientación por allí. En cuanto salió el sol por el horizonte un grupo de tres cazas salió en busca de los dos exploradores, y estuvieron buscando un buen rato por la superficie del planeta hasta que dio con ellos. Para su suerte les encontraron, pero lamentablemente durante el viaje de vuelta se encontraron con un aparato imperial y que habían enviado para buscar señales de la resistencia. Y desconocían si había dado tiempo a que mandara la señal o no, así que tendrían que evacuar.
En cuanto llegaron a la base informaron a su superiora, una joven de tez blanca, pelo y ojos pardos y ropa militar blanca y abrigada. Era una mujer de armas tomar, al menos en apariencia, con carácter fuerte y liderazgo. Se llamaba Leia Organa, al parecer era una princesa – literalmente, aunque su mundo de origen había sido destruido por el Imperio – y senadora imperial, eso de forma oficial. Desde hacía bastante había formado parte de la Resistencia, y ahora era una de sus líderes. Estaba dando instrucciones, tenían que salir de allí cuanto antes. Apenas se fijó en ellos, estaba demasiado entretenida con la organización de la, por un lado, sacar a todos de allí; y por otro, parecía interesada por el hombre que, horas antes, había traído a Luke hasta allí y que así mismo había derribado al robot búsqueda del Imperio.
No se centraron demasiado en ello, no era algo que les interesaba. Lo que sí era importante era lo que sentían que se acercaban. Marin especialmente, a través del espacio sentía un gran túnel que se extendía años luz de distancia y que era atravesado por varias naves de gran tamaño. En las mismas notaba tres grandes fuentes de energía, una era la de Guerra, las otras dos, si bien más bajas, le recordaban a las fuerzas que tenían los demonios a los que se habían enfrentado en varias ocasiones. Salieron de la base corriendo, y se encontraron un caos en la explanada aledaña a la zona, donde naves cargadas partían constantemente hacia el cielo, con muchísima gente yendo y viniendo cargados con grandes paquetes en dirección a las naves de carga y los cazas, que también servían en esos momentos para tales menesteres. Cualquier aparato que volara servía, todos salvo uno, que parecía en plena reparación y que aún permanecía dentro, y donde precisamente se encontraban discutiendo Leia y aquel hombre. Una criatura peluda iba y venía a lo largo del aparato con herramientas, intentando arreglar los desperfectos, pero claramente no lo lograba por los alaridos de molestia que soltaba, e incluso parecía increpar a su compañero, que de vez en cuando se giraba y le gritaba.
-Dejemos que se vayan. Si Guerra y esos otros dos seres bajan les combatiremos, esta vez todos juntos. Si no lo hacen, subiremos nosotros a por ellos, de aquí no se van sin que les venzamos- Asmae hablaba mientras miraba al cielo.
Todos asintieron ante eso, y se pusieron firmes. Podían sentir desde donde estaban que ya se acercaban, en pocos minutos aparecerían, así que, rodeados de su energía, se elevaron en el aire y salieron volando a toda velocidad de allí. Tal y como predijeron, poco tardaron en llegar los imperiales, que entraron con toda la armada en la atmósfera alta del planeta, y de los grandes destructores partieron cientos de nave en dirección a la superficie, decididos a aplastar a la rebelión, y bloqueando en el proceso la salida del planeta, deseando así impedir que nadie pudiera salir de allí sin que ellos se dieran cuenta de eso. Notaron que en uno de los aparatos bajaba el líder imperial, Darth Vader, pero no lo hacían ni Guerra ni ninguno de los subalternos que estaban con ellos, sí que volaron a toda velocidad hacia la nave, y entraron a la misma por uno de los hangares.
Entraron sin casi dificultades, y aunque les recibieron a disparos, pasaron por encima de ellos con facilidad, atravesaron las puertas, y les rodearon soldados imperiales que les dispararon con todo lo que tenían. Jeremy se encargó de ellos alzando un muro de agua que los llevó contra la pared con facilidad, dejando todo el hangar inundado en el proceso. Golpearon las puertas que había para abrirlas, y pasaron a través de ellas, notaban perfectamente la energía de sus enemigos, que salieron de la nave en cuanto ellos asediaron el aparato. Siguiéndoles, ellos también atravesaron los techos del hangar, que había sido cerrado para evitar que nada ni nadie pudiera entrar o salir. Les siguieron por el espacio, cayeron en la otra punta del planeta a donde se estaba desarrollando el combate entre imperiales y rebeldes, que era la parte que daba a la estrella que iluminaba el sistema. Por ello, ellos habían aterrizado en la zona nocturna, donde el frío era si cabe más intenso y una fuerte ventisca sacudía la superficie. En cuanto llegó a la atmósfera, Aurora calmó los vientos y Jeremy eliminó las precipitaciones, permitiendo así ver lo que ocurría allí abajo.
No tardaron demasiado en localizar a sus enemigos, un total de tres. Estos lanzaron sus ataques de energía hacia ellos sin dilación, grandes esferas de energía fueron lanzadas desde sus manos hacia ellos, que las esquivaron, y tocaron suelo. La energía de Guerra era muy potente, no así la de los dos demonios que le acompañaban, que no era muy intensa. Y sin embargo algo en ellos les daba cierto miedo a los antiguos guerreros Lyoko, así como algo de rabia. Por su parte, la soberbia de los demás aumentaba, sabían que podrían derrotarles fácilmente, al menos a los dos demonios, y de hecho, Electra fue la primera en lanzarse.
Se rodeó de su energía y lanzó a Excalibur, su filo cortante rompió el hielo y lo resquebrajó, y la batalla comenzó. Entre Patrick, Sam y Nico pararon a uno de los demonios, mientras Ulrich, Sissi y Aurora detenían al otro, agarrándolos de los brazos. Los llevaron contra el suelo haciendo fuerza, mientras se intentaban irse de allí usando su energía, pero no eran capaces de liberarse, y temieron la mirada de Yumi, que se colocó entre medias de ellos dos. Se rodeó de su energía, alzó sus manos y las colocó en las cabezas de los demonios. Estos quisieron huir, abrieron la boca de sus cuerpos y pretendieron salir en su forma incorpórea, pero ella no les dejó, y presionó para meterlos de nuevo. Quiso poner sus manos en la cabeza de cada uno, y les llenó de su energía para fulminarles. Se sorprendió de no poder, lo intentó una segunda vez, más concentrada, pero no fue capaz.
-Yumi, céntrate- bromeó Ulrich, pero ella negó- No puedo, algo me lo impide- ella frunció el ceño y agarró a uno de ellos de sus prendas.
Ella no se había fijado hasta ahora, pero tenían ropa como la que llevaría cualquiera de ellos estando en la Tierra- ¿Quién eres y por qué no puedo destruirte con mi energía, si eres mucho más débil que yo?- inquirió.
El aludido se rio un poco, y ella tuvo que controlar su enfado. En su mano hizo aparecer unas rosas, y con su energía las mandó contra el demonio, que se inclinó sobre sí mismo por el dolor. Las rosas, de un blanco impoluto, comenzaron a enrojecer lentamente, e hizo lo mismo con el otro demonio. A la vez, los demás Guardianes combatían con Guerra. Este esquivaba los golpes con cierta dificultad, recibiendo más de un ataque directo en su cuerpo, pero siempre se recuperaba y se levantaba de nuevo, William incluso le había mandado unas Hondas infernales para mandarle a la colina de los muertos, pero ni se vio afectado. Las Aguja Escarlata de Odd tampoco parecían lograr nada, y este se acabó cansando y se convirtió en un enorme gorila, que le sujetó desde atrás para impedir que huyera, y aunque forcejeó con fuerza, no pudo soltarse del férreo agarre del otro.
Sam le quiso empalar usando su lanza, e incluso le mandó un ataque de energía, su Cien dragones le dieron de lleno y le mandaron a volar, sus heridas eran cada vez peores, y cayó malherido al suelo. Si con la Excalibur de la guardiana del rayo lo pasó mal, y sólo era una, con todos ellos delante la cosa era peor. Pero sólo al principio. La violencia desatada en el otro lado del planeta, y la que ellos estaban ejerciendo, le intensificaban los poderes. Era cada vez más veloz, más poderoso, se sentía totalmente renovado cada vez que ellos elevaban sus poderes. Sonrió socarronamente, había acabado chocando contra un muro de hielo creado por Jeremy, y cayó al suelo cual peso muerto, con varias heridas abiertas y sangrando profusamente. Su sangre bañó la nieve, pero los demás se acercaron aún con las armas preparadas. El jinete se rodeó de su energía, las heridas se cerraron, y abrió lentamente los ojos.
-Os lo dije, este capullo es difícil de matar…- murmuró Electra, tenía su martillo empuñado y chisporroteando. Todos a una lanzaron sus ataques: Aguja Escarlata, Los Cien Dragones, Excalibur, Trueno Atómico, Ejecución Aurora, Explosión de Galaxias, e incluso un Extinción del polvo estelar.
Un ataque tan masivo se hizo notar en todo el planeta por la gran nube de humo que salió y el calor generado, que provocó fuertes explosiones, pero Aurora, con sus poderes sobre el viento, impidió que se transmitiera más allá, y Jeremy bajó la temperatura de golpe. Y pese a todo, aún sentían los poderes del jinete, que lejos de debilitarse, iban a más cada vez. La guerra era ciertamente poderosa, y así no iban a lograr nada.
William tenía el ceño fruncido, una idea algo loca se estaba formando en su mente. ¿Cómo se vence a la guerra personificada? Ya habían tenido que realizar acciones simbólicas en el pasado, no era la primera vez que tenían que hacerlo. Y Nicolas seguramente tuviera una idea semejante, aunque en su caso la verbalizó antes que el otro.
-¿Y si simplemente le retenemos aquí? Al otro lado tenemos toda una guerra, y nosotros, luchando contra él, sólo le fortalecemos. Puede que, siendo pacifistas, sea la única manera de debilitarle- comentó.
Sam iba a decirle que cómo se le ocurría algo así, pero la verdad es que tenía mucho sentido. Percy sonrió de medio lado, se acercó a Guerra, que aún tenía sus heridas internas cerrándose, y le colocó unas fuertes cadenas, las mismas que en su día creó para ellos mismos, por si en algún momento se descontrolaban, para que los guerreros se las colocaran. A estos ya no les hacía falta y las devolvieron antes de irse, además, tenían un método mejor – y más propio de cobardes, a su juicio – para ello.
William sonrió de medio lado por la idea que había tenido su compañero, y mientras se aseguraban que Guerra estaba bien él se retiró un poco, ensimismado en sus pensamientos. Se colocó al lado de los dos demonios, y les levantó con su energía. Uno de ellos parecía especialmente asustado, cosa que sorprendió al chico.
-¿Y quienes sois vosotros, eh? ¿Nos lo diréis voluntariamente, o hay que sacaros la información de otra manera?- inquirió.
-No caigas en su juego, hermano- gruñó uno de ellos, pero este parecía furioso. Sus ojos centelleaban, su energía estaba muy alta, e incluso tenía algunos espumarajos emanando de su boca. William podría asegurar que parecía un animal con la rabia más que un demonio.
-¿Hermano? ¿Sois familia, o qué?- preguntó el chico, con diversión- No sé por qué no podemos destruiros, pero seguro que vosotros cooperáis- él elevó entonces su energía.
Intentó fulminar a uno de ellos, pero de nuevo sin éxito. Cuando lo intentó con el otro, notó un cambio significativo. Sus poderes sí que parecían afectarle. Aprovechó aquello y le inundó, logrando finalmente llevar a cabo el proceso hasta el final, destruyendo al demonio, durante el proceso en su pecho se formó el talismán que él tenía, parecía reaccionar con fuerza ante su presencia. Su compañero gruñó molesto, y le escupió. Se levantó de golpe, le dio un cabezazo e intentó huir, pero Nico, detrás suya, le tiró al suelo y logró destruirlo también con su energía, con las mismas consecuencias que en el caso de William, su talismán apareció en su pecho al igual que en el caso de su compañero.
-¡Eh, chicos! ¿Qué pasa, dónde se han metido esos demonios de antes?- preguntó Sam, acercándose a los otros dos.
-Nos los hemos cargado Nico y yo. Y creo… saber el por qué- dijo William.
Comprobaron que los demás habían abierto un portal y se llevaban a Guerra, que estaba maniatado pero sin poder defenderse. Sus poderes aún no superaban a los de un Guardián, pero pronto lo haría si no descubrían como pararle, y probablemente algo parecido pasara con los otros Jinetes.
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(1) Este evento sucedió al final del Episodio IV, el primero de la trilogía clásica de Star Wars. En teoría la personaje Ahsoka Tano es exclusiva de las series animadas y cómics de la saga, pero aquí se incluye en una conversación que eventualmente se pudo haber dado, nada indica lo contrario.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.
