Código Guardianes

Capítulo 121

Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.

Este fic pasará oficialmente a la categoría M por su contenido, al igual que Código: Galaxy, para así adecuarse a las normas de FanFiction.

En cuanto llegaron de vuelta a su dimensión, los Guardianes encerraron a Guerra en una salita que crearon en específico para él, y bien protegida por la magia angelical de Seriel, que se dedicó a hacer las decoraciones pertinentes en techo, paredes y suelo. Fue ayudado por varios de los chicos, que seguían sus indicaciones con cuidado, para así evitar posibles fallos en la elaboración de los mismos. Hasta que no lo tuvieron todo bien preparado, horas después, no le metieron en la sala, en la que le dejaron encerrado, sin nada dentro de la misma, no consideraban que fuera a necesitar ningún tipo de mueble. Al principio gritaba y exigía su liberación, pero eventualmente dejó de hacerlo, su energía poco a poco se debilitaba y desaparecía, claramente habían comprendido el secreto de sus poderes, o por lo menos lo intuían.

Estuvieron comentando a lo largo de la semana la idea que tuvo William sobre aquella cuestión, y era que probablemente tuvieran que actuar de forma contraria a lo que representaban cada uno de los Jinetes. En el caso de Guerra, puede que tuvieran que ser pacifistas, o por lo menos no desatar la violencia que, en ocasiones, les llevaba a luchar contra las fuerzas enemigas con contundencia. Dándole vueltas al asunto se dieron cuenta de que no era una idea tan descabellada, y seguramente fuera por eso por lo que Electra no le pudo derrotar, porque simplemente le estaba haciendo cada vez más fuerte según ella luchaba contra él.

Otra cuestión importante era la relativa a los Pecados. Ya habían derrotado a dos, al parecer: Ira y Soberbia, que iban con Guerra. Los otros cinco se repartían con los otros tres Jinetes, así que uno tenía que estar sólo con un pecado, o eso comentó Seriel, que no tenía muy clara esa distribución, pero algo así debía ser. Para derrotar a esos pecados, estaba claro que se necesitaba la energía concreta de un Guardián, pues tuvieron que ser en específico William y Nicolas quienes lo hicieran, ninguno de los otros pudo. Era una teoría, pero asumieron que se trataban de los talismanes que en su día obtuvieron y que les ayudaron a derrotar a los que en un inicio eran sus enemigos acérrimos, Zeros y sus hermanos, que resultaron ser seres celestiales venidos al lado del mal. Ahora tenían que descubrir quien sería el encargado de derrotar a cada uno de los otros cinco Pecados, y eso tenía pinta de ser difícil. Además, no sabían cuando se volverían a manifestar, podía pasar poco o mucho tiempo entre unos y otros, así que tampoco podían usar el truco de dividirse para realizar las búsquedas, pues estas alcanzarían a la totalidad del Multiverso.

Desde entonces todo se había vuelto bastante rápido, apenas seis meses después de esa victoria habían entrado de lleno en el Apocalipsis, que les preocupaba enormemente. Ulrich y Jhonny, además, tenían la mosca detrás de la oreja con la hechicera que les ayudaba. No entendían qué pasaba con ella, pero sabían que algo ocultaba. En todo caso por ahora no querían actuar precipitadamente, tenían que conseguir pruebas contundentes de lo que ella estaba haciendo, no podían hacer nada exclusivamente con el testimonio de sus alter ego del antiguo universo 910, y que ahora se encontraba bastante más lejos. Además, nadie les creería aunque hablaran con toda la verdad tras el último altercado, que había provocado la división de ambos grupos, haciendo que se volvieran independientes.

En todo caso, esa preocupación no era la exclusiva que el grupo original tenía en relación con todo ese asunto. No eran estúpidos, habían visto las noticias. Sus nombres, rostros y familias ahora eran públicos por culpa de dejarse ver como los Guardianes. Sabían que había sectores a los que no les caían en gracia, mientras unos pocos sí que parecían aceptarles e incluso idolatrarles. Una amplia mayoría permanecía expectante de sus acciones, decantándose por muy poco hacía una de las dos opciones, aunque había una tendencia hacia la idolatría, pese a todo lo ocurrido. Aelita reflexionaba sobre eso en voz alta, estaban viendo las noticias precisamente.

Estaban comentando cuales eran los Guardianes más queridos por franja de edad, en esos momentos una anciana hablaba con el reportero que la estaba entrevistando sobre "lo mona que iba siempre la pelirroja bajita con sus moños".

-Tienen que confiar en nosotros de alguna manera. No podemos demostrar debilidad o desunión, aunque esta sea palpable ahora mismo- suspiró entonces.

Electra, al otro lado de uno de los sofás, asentía- Estoy de acuerdo- comentó, y eso sorprendió a Jeremy. La otra muchacha sólo rodó los ojos, algo molesta- No soy estúpida. Sé que lo mejor es demostraciones de poder para que sepan que pueden confiar en sus dioses, ósea, nosotros- los otros suspiraron.

-Creo que nos estaban haciendo pequeños altares en zonas de India y el cuerno de África- añadió con una sonrisa Milly, mientras rebuscaba en su bolsillo su móvil, Tamiya la apremiaba para que lo enseñara.

-Esa no era mi idea, pero bueno…- Aelita se pasó las manos por el pelo, y se lo pensó antes de hablar- Yo estaba pensando en un cambio más… a nivel físico- comentó.

Los demás le pidieron con sus rostros que ella se explicara- Los que están en contra de nosotros nos llaman niños. Es cosa de apariencias, yo creo que tendríamos que volvernos… más adultos- Susan la observó, cruzada de brazos.

-¿Propones que nos volvamos de apariencia adulta, Lita?- le preguntó, y esta asintió- Además, me gustaría estar más segura por el tema del embarazo- añadió.

-Eres una guardiana tía, no lo necesitarías en realidad- le comentó Sam, pero la aludida negó- Si queremos ser un símbolo, tienen que confiar en nosotros, sólo así podremos realizar nuestra función de, bueno… guardar el mundo- explicó.

-¿No os dais cuenta de que ya lo somos?- argumentó Percy entonces- La gente incluso se ha hecho tatuajes con nuestras caras, como si fuéramos súper héroes. Los que dudan no tienen ni idea de lo que hablan…- añdió.

Herb intervino entonces- Si nos volvemos adultos precisamente nos ganaremos a esos escépticos, piensa que los adultos son mayoría ahora- comentó.

-Algo me dice, además, que así tendríamos al máximo nuestro poder, dado que no daría tiempo a intentar otro hechizo, que por cierto, a saber qué tipo de consecuencias tendrían- añadió Sissi.

Jeremy asintió- Con nuestros cuerpos adultos tendremos acceso a todo nuestro potencial. Yo creo que es buena idea, la verdad. Además, ya hemos perdido lo poco que nos quedaba de infancia, con toda nuestra vida expuesta- Ulrich intervino entonces.

-Hablando de eso, deberíamos hacer algo en relación con eso. ¿Y si intentan atacar a nuestros padres, o hermanos, o algo así? No creo que falte gente que así quieran actuar-

-Si se atreven a algo así, no tendré problemas en buscarles hasta acabar con ellos. Sé que vosotros haríais lo mismo por mí, no sería problema- comentó entonces Aurora, con una sonrisa.

-¡Eso! Somos una familia, al fin y al cabo- comentó Hiroky, por lo que Yumi se tensó algo por las palabras de su hermano menor.

Susan suspiró- Podríamos protegerles de una forma similar a la que Azrael protegió a la madre de Jhonny, ¿no? Seriel nos podría decir cómo se hace-

Tamiya tamborileó entonces- Por cierto, ¿sabemos algo de él? Desde que ocurrió la traición no le hemos visto- sería Nico el que respondería.

-La última vez que pasó por aquí, estaba con Gamma buscando a los otros Caballeros del Infierno, jinetes y demás- a eso Marin suspiró.

-Por cierto, chicos… Creo que es importante hablar de eso de que os consideráis dioses- ese era otro tema importante.

El grupo se tensó en ese instante. Electra, que era la voz principal de esa línea de pensamiento, se levantó entonces molesta, pero Aurora la detuvo, y le intentó convencer de que se explicara. Esta eventualmente se sentó, y decidió dar a entender su perspectiva de las cosas. Estaba algo molesta con los demás porque no parecían entender su punto, y se cansaba de tener que explicar o justificar sus ideas, que en su mente no tenían fisura alguna y eran bastante nobles y lógicas. Y sin embargo, Aurora siempre le decía que tenían que estar juntos, con suerte puede que también les convencieran. Ella no sabía si aceptarían, pero es verdad, al menos tenían que intentarlo, más cuando les habían dicho por activa y por pasiva que había que permanecer juntos. Hizo acopio de voluntad, y comenzó a hablar, deseando ser convincente en unas ideas que, para ella, eran lo mejor. Sólo ellos podían guiar a la gente hacia las cosas buenas, lo pensaba de verdad, sin que su ego desmedido de antes actuara. No había malicia en sus pensamientos o acciones, todos esos elementos negativos habían sido purgados de su ser semanas antes, cuando pasaron los últimos sellos que impedían que el arcángel Lucifer pudiera escapar, y sabía de buena tinta que a los demás les había pasado lo mismo, por eso pensaba como pensaba.

-La cosa creo que es bastante evidente… tenemos poderes, muchos. La gente nos adora. ¿Qué tiene de malo que nos llamen dioses, si al final del día, en la práctica, lo somos?- empezó- Podemos ser la guía de muchos, y ayudar de forma directa a quien lo necesite de verdad, sin que nada pueda impedirlo-

-Vale, no somos inmortales, ni todo poderosos, pero… los paganos que hemos estado protegiendo tampoco, de hecho son muy débiles a comparación, y ahí los tenéis, protegidos por dos arcángeles nada menos- comentó- Y os recuerdo que nos dejaron a nuestro aire con el Apocalipsis ya montado, y no tenemos ni idea de que están haciendo - añadió.

-Podemos estar de acuerdo en que haya gente que lo piense. Pero de ahí a auto llamarnos dioses hay una gran diferencia- intervino William entonces, y Electra gruñó entonces.

-Ya habéis visto lo que pasa cuando te crees más de lo que eres, a mí me pasó: que acabé esclavizado por Xana. Fui su marioneta e hice mucho daño a mis amigos- añadió, pero la chica le miró enfadada.

-No nos deis la moralina de siempre, que sois unos pesados, tíos- les dijo- Estaremos a vuestro lado porque es necesario, pero… no puedo estar con gente así, de verdad- su energía chisporroteaba entonces- Tenéis una mirada muy estrecha, ¡abriros, maldita sea!-

-Estas ciega, Electra- le replicó él, y ella simplemente le dio un bofetón- No sólo me engañas… ¡encima me llamas estúpida!- le chilló entonces.

-¡Estoy harta, en serio lo estoy, me voy!- salió de allí a toda velocidad, teniendo que ser seguida por los demás que la apoyaban.

No lo vieron pero se sentía bastante rota en ese momento por la aparente falta de tacto del otro, que provocó un ligero llanto en la muchacha, demasiado orgullosa para dejare ver llorando, por lo que optó por salir de allí, así como todos los demás, que intentaron que se calmara cuando se detuvo, ya fuera de la dimensión de la hechicera, donde se permitió soltar toda su rabia, no quería nada de aquello en su interior, sabía por experiencia que eso no era bueno para sus energías, por eso habían acabado descontrolándose en el pasado, cosa que no debía volver a pasar nunca. Mientras, los demás Guardianes se quedaron callados sin saber muy bien que decir, oficialmente se podía decir que acababan de dividirse ante las enormes diferencias de percepción de ambos lados del espectro, irreconciliables en esos momentos. William tuvo que aguantar las lágrimas como pudo, mientras los demás empezaban a mirarle sin entender muy bien qué decirle o cómo actuar.

-Está celosa de Beatrice, cree… cree que estoy ligando con ella- explicó, tras obtener el valor necesario -Por eso está tan cabreada conmigo, piensa que ya no la quiero, y…- casi se rompe en ese momento pero mantuvo la calma.

- Estoy confuso, yo… voy a ver si me puedo despejar algo- Yumi tuvo el gesto de ir con él, pero Odd la paró, y con un gesto de la cabeza, le indicó que no era buena idea.

Precisamente en ese momento apareció la chica por la puerta. La tripa comenzaba a notarse bajo sus ropas, que eran amplias para permitirle andar cómodamente, pero todavía no era excesivamente prominente. Se acercó al chico en cuanto le vio así, interceptándole en ese momento, y para sorpresa de los demás, se dejó acariciar el rostro por parte de la chica, que estaba bastante cercana a él y le susurraba cosas para calmarle. Las energías de ellos dos, sumándose la de un tercer individuo, resonaron en la misma frecuencia, cosa que sorprendió a todos, parecían íntimamente conectados, como si formaran una única esencia entre los tres.

-No es por nada, pero igual Electra sí tiene motivos para estar celosa…- murmuró Odd, pero Sissi le dio un golpe en la tripa para que no lo dijera muy alto.

-Da igual, ambos son libres de amar a quien quieran- atajó Yumi- Esa no puede ser excusa para el comportamiento de los demás. Si son tan niños como para no darse cuenta de su error, a mí me da igual, si soy sincera- añadió.

-Si se quieren creer dioses, me da igual. El único que me preocuparía sería mi hermano menor, los demás…- bajó el rostro entonces, evidentemente no le daba igual en absoluto.

Ante la mirada de los demás, ella se explicó- No… no podemos tolerar ese comportamiento. Si siguen así, como bien ha dicho Will, pueden acabar muy mal, pero tiene que ser ellos los que se den cuenta de esto - explicó entonces.

-Entonces tendríamos que aparentar estar todos juntos, ¿no? Para que la gente no se piense cosas raras, más que nada por lo que dijo antes Electra- comentó Marin entonces.

-Intentaré hablar con mi hermana, a ver si ella puede quitarles esas ideas… aunque no sé yo- ella parecía triste- Mi hermana… ya he hablado con ella. No se cree todas las cosas que dice Electra, pero piensa que es buena idea enfrentarse a Cielo e Infierno, que es lo que me preocupa- comentó.

-Y a nosotros, sí…- murmuró Aelita, que se dejó caer sobre el sofá, algo nerviosa- Y lo peor es que mi hermana también está ahí- Nico intervino.

-Y los más pequeños, que al final son los más influenciables. Espero que les podamos convencer- notaron entonces que William ya se había ido, las energías que habían notado instantes antes se habían calmado.

Se giraron al ver como Beatrice se sentaba junto a ellos- Como dijo Odd- llevando allí casi medio mes ella ya se familiarizaba con los nombres- Electra tiene razones para estar cabreada, aunque evidentemente no me parece de adultos su comportamiento- añadió, se acomodó entre ellos, que le hicieron un hueco en seguida.

No le gustaba hablar de celos porque lo consideraba una reacción tóxica e impropia de una persona adulta, pero claramente Electra no había llegado a ese nivel de madurez aún, o por lo menos, no lo demostraba. En cierta medida le daba pena.

Ella tardó unos segundos en seguir- No tengo por qué contaros esto, somos adultos, y cada quien es libre de estar con quien quiera, pero… entiendo que vuestro grupo es muy importante para vosotros- explicó.

-William… me cuida muy bien. Y aunque apenas nos conocemos, estamos muy unidos, más de lo que podáis imaginar. Mi energía, la suya, y la de mi hija son muy cercanas, casi…- no siguió por que le daba demasiado vergüenza hablar en esos términos.

Pero igualmente lo tenía en la mente. Y era que casi parecían dos padres a punto de tener una hija en común. Eso le sorprendía mucho, pero era lo que sentía, y le pasaba cada vez que estaba al lado de él, así que tenía que ser verdad. No entendía muchas cosas de la energía, pero entendía que ella, por ser la reencarnación de uno de los antiguos Guardianes, estaba especialmente ligada con William, que a su vez estaba estrechamente conectado con su hija por la naturaleza de sus poderes. Los demás intuían su línea de pensamiento, dado lo que acababan de ver y percibir entre ellos dos, lo más seguro es que ella hubiera sentido exactamente lo mismo. Y que no lo entendiera, de ahí sus dudas. Pero todos los demás sí lo hacían, y de ahí venía la rabia de Electra.

-Lo entendemos, en serio- comentó Aelita al verla así- Me pasaba lo mismo con Jeremy, aunque no lo entendiera al principio la sensación que noto ahora es la misma que la de antes, aunque muy potenciada ahora- inconscientemente tomó la mano de su pareja, que sonrió algo.

-No tengas miedo por esas emociones. Son naturales al fin y al cabo, y como bien dices, no hay nada de malo en querer a alguien- añadió Yumi. La otra asintió, agradecida.

-Bien- Beatrice puso una mueca entonces, y la japonesa sonrió algo- ¿La primera patada?-le preguntó, y la chica negó.

-Lleva así desde ayer…- murmuró, recostándose- ¿Cómo lo sabes?- añadió, y la otra se rio.

-No hace falta ser un guardián para saber que si una chica embarazada de pronto pone una cara de dolor puede ser por eso- comentó, y los demás asintieron, divertidos.

-Él… además juró protegerme a mí y a la niña… sólo por eso merece mi respeto- no entendía por qué se abría así con ellos, apenas les conocía, pero…

Desde que estaba allí había visto que eran de fiar. Y por eso se sentía cómoda con ellos, lo suficiente para abrirse de esa manera. Permaneció en silencio durante un rato mientras los demás hablaban animadamente entre ellos, como si la reciente discusión no hubiera sucedido. El grupo oficialmente se podría considerar roto, y parecía que los antiguos Guerreros Lyoko no estaban dispuestos, al menos en apariencia, a ir a por los demás. Tenían que ser ellos los que se dieran cuenta de su error, no había otra manera. Esperaban no tener que arrepentirse de esa decisión. Eran conscientes de que no estaban dominados por nada malo en sus energías, simplemente… pensaban así. Y eso era lo peligroso, ya que no podían ayudarles más que dejándoles caer, para que aprendieran.

A ellos ya les había pasado antes, con Lyoko y la guerra contra Xana en unos casos, la edad en otros, y una severa traición en los demás. Eso les había llevado a entender que siempre podía aparecer alguien más poderoso que ellos, y que por eso debían entender bien su lugar en toda aquella realidad tan nueva pero a la vez tan habitual en ellos. Desde hacía un año habían tenido un gran cambio, y habían evolucionado mucho desde entonces, en todos los sentidos. Quien hubiera dicho entonces que Jeremy podía luchar tan bien, o que Ulrich podría superar su miedo a las alturas. O que podrían tener entre ellos a una sabia alienígena que les ha ayudado cientos de veces, y esa no iba a ser la excepción.

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Máximo se encontraba recorriendo los pasillos del castillo del Infierno desde el que se dirigía toda aquella terrible dimensión. Pese a no ser un demonio propiamente dicho sí tenía acceso para ir por allí sin demasiados problemas, además de tener la energía de uno de ellos, le reconocían como a uno pese a no serlo, era muy buen actor en ese sentido. Eventualmente se había adaptado bien a ese mundo, y ahora que tenía un puesto medio, contaban con él para llevar a cabo el Apocalipsis tal cual este había sido planeado, aunque a él le diera sobre todo igual, lo único que quería era ganar poder y control sobre aquel sitio, pero debía ir poco a poco ascendiendo, si corría demasiado podría caer igual o más deprisa y perder todo lo obtenido hasta ese momento.

Precisamente había sido llamado por el propio Lucifer para que tuviera que ir con él ese día. Al parecer había tomado un cuerpo provisional hasta que la joven que era su envoltorio ideal accediera a ello. Se preguntaba qué cuerpo podría tener tal capacidad de resistencia para poder controlar la energía de un ser tan poderoso, debía ser muy interesante. Pero ese día no estaban allí para esa cuestión, sino para una bien diferente: el arcángel había tomado la determinación de tomar los poderes de uno de los seres supremos, La Muerte. Y eso eran palabras mayores. Eso también le era interesante, quería aprender todo lo que pudiera de esas experiencias, por eso siempre llevaba papel y lápiz para anotar cuando nadie le viera, había acumulado un libro entero sobre esas cuestiones que guardaba bajo llave y en un lugar pensado para que ningún demonio pudiera encontrarlo.

El por qué Lucifer deseaba hacerlo era un misterio, en teoría ya contaban con un Jinete para esas cuestiones, pero claramente necesitaban algo más, cosa sorprendente. Puede que hubiera alguna razón de peso para ello, pero si la había lo desconocía totalmente. No tardó demasiado en llegar hasta la sala en la que se encontraba Lucifer, que se giró al sentirle entrar. Tenía el cuerpo de un hombre joven, de pelo rubio y ojos castaños, con una camisa corta y unas bermudas. Parecía recién salido de la playa. Su energía llenaba toda la sala, irradiándola. El demonio dentro de él se asustó un poco pero no Máximo, que se limitó a mostrar sus respetos con una ligera reverencia. ´

-Levántate… Vaya, que interesante… lograste doblegar a tu voluntad a un demonio poderoso, y desde entonces usas su poder- comentó, suavemente.

El aludido asintió, algo asustado, pero el arcángel, lejos de molesto, sonrió un poco- Ya decía yo que algo raro sentía… me sorprende que hayas logrado engañar a todos, pero mejor. Te prefiero a ti que a esas aberraciones- Máximo le miró con sorpresa, pero no comentó nada.

Lucifer tampoco parecía muy dispuesto a ello, así que siguió hablando - Bien… Pues vamos a hacer lo mismo que tú has logrado. ¿Lo has preparado todo como te indicaron?- le preguntó, y este asintió de nuevo.

-Vamos, pues- tomó su brazo, y le teletransportó a una localización desconocida para Máximo. Cuando abrió de nuevo los ojos se encontraban en un prado que se extendía hasta el horizonte.

Parecían las tierras altas de lo que él conocía como Britannia, de hecho a lo lejos podía ver la muralla que él, siglos antes, había defendido de los salvajes pictos cuando aún era romano. El césped verde impregnaba su aroma de toda la zona, algunas nubes blancas surcaban el aire, y alguna que otra flor permanecía ahí pese al fresco. Coches recorrían las carreteras aledañas y la gente trabajaba los campos o iban y venían desde sus puestos de trabajo según el caso.

Notaba la magia de la zona a la perfección, ese sitio estaba impregnado de ese poder místico tan intenso y característico de lugares como ese, donde los celtas se comunicaban con sus ancestrales dioses, así que era el lugar idóneo para rituales como el que estaban a punto de llevar a cabo. Notó que en el suelo había líneas rojas hecha con, indudablemente, sangre y que brillaban con los poderes de Lucifer, que elevaba rápidamente su energía. Formaban un círculo de unos siete metros de radio, y que tenía hermosos y elaborados dibujos internos, que identificó tras fijarse mejor como pictogramas en enoquiano, la lengua de los ángeles. A lo largo de la circunferencia notó que había cálices de los que emanaba bastante energía, y que potenciaban más aún los poderes del arcángel. Máximo esperó a que el otro le comentara para qué estaba él allí, si todo parecía en orden y listo para el ritual.

-Colócate junto a mí dentro del círculo, y eleva todo lo que puedas tu energía- ordenó entonces, y obediente Máximo se concentró, a la vez que el otro extendía más aún sus alas.

Comprobó que el arcángel comenzaba a recitar en algún idioma extraño, supuso que enoquiano. Pero su parte de demonio le permitía empezar a entender lo que decía mientras se iba relajando, momento en el que sus poderes también se extendían más allá de lo habitual. Había empezado el proceso, pues según hablaba, los cielos se nublaban, toda la zona temblaba por el aumento súbito de energía, y se escuchaba estruendo en todas direcciones, como si la naturaleza misma sintiera que algo estaba pasando.

La energía en el punto en el que se encontraban ascendía más y más, y aparecían cadenas transparentes en torno a ellos, estas se desplazaban por el aire como si fueran largas y delgadas serpientes, sinuosamente, moviendo toda su longitud formando eses. Aparecían y desaparecían constantemente, aunque eventualmente desaparecían completamente, no sin antes ascender sin una dirección definida, como si fueran a un lugar muy lejano, más allá de las estrellas. Todo fue muy breve, apenas duró un minuto y medio. Las energías de ellos dos danzaban y se enredaban entre ellos, pero era la de Máximo la que más ascendía, siendo absorbida en buena medida por el proceso mágico, no así la del otro, que era potenciada por la del primero, que no era consciente de eso.

Cuando Lucifer retiró sus manos, Máximo se sintió extenuado, dándose cuenta de las consecuencias del proceso , pero el arcángel parecía en perfectas condiciones en esos momentos. Se tensó al notar a un poder aún mayor llegar allí, y vio a un tipo acercarse. Era un ser antropomórfico, de pelo y ojos oscuros, con un cuerpo que parecía asexuado pero por su estructura se acercaba más a lo masculino. Tenía una capa dorada cubriendo su cuerpo, del que no se podía ver nada más allá de su rostro. Y parecía molesto. Todo a su paso parecía inclinarse ante él, como si la realidad supiera que estaba ante uno de los seres supremos, pero el arcángel no parecía especialmente impresionado.

-Hola, tío- comentó Lucifer, pero el otro negó con un gesto grave- ¿Puedo saber a qué viene esto, sobrino?- alzó sus manos entonces, se podían observar unos grilletes de luz.

Su voluntad acababa de ser supeditada a la de Lucifer, que le había llamado para hablar con él. Desde ese instante, tendría que estar dónde y cuando el otro quisiera, así que tenia en sus manos un poder gigantesco, y que si sabía usar podría suponer una gran ventaja en el combate.

El aludido sonrió un poco- No es nada personal. Pero necesito tu poder. La… muerte de marca blanca nacida durante el Apocalipsis no se puede comparar contigo, el original- explicó.

Máximo sintió pánico en ese momento. Pero Lucifer siguió hablando- De los cuatro Jinetes, uno ya ha caído, Guerra. Dentro de poco desaparecerá, dado que está en un lugar sin apenas conflictos. De los otros tres, el Jinete de la muerte… bueno, necesita aprender, y había pensado en que fueras tú, tío-

El aludido puso cara de diversión- Y para eso necesitabas controlarme, supongo… No me lo podías pedir, tenías que obligarme- a eso Lucifer asintió.

-¿Habrías aceptado, acaso?- Muerte negó entonces- En ese caso nos hemos saltado la tediosa burocracia, me alegra saberlo- antes de que pudiera decir nada, notaron como el otro elevaba su energía a niveles peligrosos.

-Estando en mis situación actual, no puedo hacerte nada…- murmuró- Pero…. Cuando me libere, que lo haré… tendrás que dar explicaciones- desapareció de allí entonces.

Toda presión ambiental desapareció en ese momento, relajando mucho el aire. Incluso Lucifer parecía menos tenso entonces, y sonrió un poco. Extendió sus alas y también se fue, dejando a solas a Máximo, que aún procesaba aquello. Miró en todas direcciones para comprobar si efectivamente no había nadie vigilando, y sacó papel y lápiz, apuntando todo lo que recordaba rápidamente antes de que se le pudiera olvidar. Tenía que descubrir también de dónde había sacado ese conjuro, podría ser muy útil en un futuro, así que quería tenerlo todo por escrito por si podía usarlo más adelante en su beneficio.

Pero cuando intentó levantarse para copiar los dibujos del círculo, comprobó que apenas tenía fuerzas para siquiera intentarlo, así que cayó de nuevo al suelo como un saco de patatas. Comprendió entonces que casi toda su energía – y no sólo una parte – había sido usada durante el ritual, y que no le quedaba apenas nada en ese momento, en el que sintió miedo por primera vez en los más de mil años que llevaba en aquella situación, pues en esos momentos era incluso menos que un humano, pues no se podía ni defender casi. Se intranquilizó más cuando una sombra se alzaba sobre él, pero se relajó en cuanto comprobó la energía de esa persona, así que cerró los ojos para relajarse . Unas manos delicadas se posaron sobre su pecho, de las que emanó una suave luz que le devolvieron algo las fuerzas perdidas. Abrió los ojos minutos después, ya algo más recuperado, y vio unos mechones negros, y en cuanto alzó la vista, se encontró de frente con una mujer a la que no había vuelto a ver en un tiempo, desde que empezó el Apocalipsis.

-Mi señora…- murmuró en un hilo de voz, y la aludida sonrió algo, complacida- No te puedo dejar a solas unos días sin que casi mueras- comentó ella.

Minerva ayudó al hombre a incorporarse y le revisó el cuerpo en silencio, parecía estar en una mejor condición ahora. Ella llevaba un simple vestido blanco, bien arreglada, casi como si viniera a una cita. Sin embargo él sudaba un poco y tenía la ropa algo desgastada, cosa que le avergonzaba, pero ella no parecía tener problemas con aquello, pues simplemente recostó su cabeza en el pecho de él, acariciando su cuerpo suavemente. No habían llegado a hacer nada, muchas veces simplemente se tumbaban tal cual estaban en ese momento, sin hacer nada. Permanecían en un silencio agradable durante aquello, tenían ganas de verse y esa era la situación ideal. No se rompió aquel momento mágico hasta que él gruñó un poco por el ligero dolor por las contracturas al moverse.

-Pensé que tenías prohibido salir de aquel sitio en el que os tienen encerrados…- murmuró entonces, y ella asintió.

-En teoría es así, pero algunos salen a menudo para no perder costumbres. Algunos por obligación… y otros por placer, ya sabes- Máximo sonrió de medio lado.

-¿Está aquí ahora por placer o por obligación?- preguntó, aunque en cierta medida ya sabía la respuesta.

Ella acarició por última vez su espalda antes de responder- Un poco de ambas… Pero me preocupa lo que está pasando con los Guardianes, ¿sabes?- él entonces se giró para encararla.

Tomó sus manos con delicadeza, y las acarició un poco, invitándola a hablar- Mi señora… ya sabes que puedes ordenarme lo que sea. Como su soldado, haré todo lo que esté en mi mano para ello- aseguró.

Ella sonrió por eso un poco, con los pómulos algo sonrojados, deseaba besarle pero tenía un juramento que cumplir- No tienes que hacer nada, mi buen Máximo- le dijo ella entonces.

El hombre la miró con interés- Ellos… algo les ha pasado, porque parece que se han dividido, y eso me preocupa- comentó.

El hombre asintió, lentamente, y entonces una idea llegó a su mente- Ellos… son muy poderosos, ¿verdad?- le preguntó, y ella asintió.

-¿Cómo de poderosos?- ella no tardó demasiado en encontrar una buena respuesta- Si todos los dioses paganos nos juntamos no podríamos con uno de ellos, para que te hagas una idea- comentó.

-De todas formas he oído rumores de que todo esto que está pasando… es algo pantomima- añadió ella, e iba a seguir pero un escalofrío recorrió su espalda.

Él lo notó, así que cuando desapareció sin casi avisar de ello supuso que era porque había sido llamada por alguien importante, probablemente su padre. Soltó un largo suspiro, el aire acariciaba su piel tranquilamente, la suave hierva debajo suya le refrescaba, y el Sol lo iluminaba todo en aquel cálido día. Pero su tranquilidad duró poco, pues notó como alguien aparecía a su lado, pero en esa ocasión no era una visita tan grata como la anterior. Entendió entonces que esa otra presencia fue la que motivó la huida de ella, y se reprendió a si mismo por no darse cuenta de eso.

-¿Qué quieres?- preguntó secamente, Lilith en cambio fue más tranquila en sus formas- El señor Lucifer quiere saber qué haces tardando tanto, mi querido Máximo- le comentó.

Este gruñó, ella entonces le levantó por el cuello sin apenas esfuerzo- Escúchame bien… debería castigarte y hacerte sufrir, demoncito de tres al cuarto… lástima que caigas bien al jefe- le tiró de nuevo- Y ahora vente, tenemos trabajo que hacer-

Máximo obedeció, y la siguió sin entender muy bien qué debía hacer ahora- Tenemos que tener vigilados a los jinetes y a los pecados, mientras Muerte se dedica a hacer el trabajo sucio de Lucifer-

Máximo tenía preguntas, y ella lo notó. Rodó los ojos entonces, molesta- ¿Qué te pasa ahora?- le echó ella en cara, y el otro apretó los puños.

-¿Y a quien vamos a vigilar entonces?- preguntó, serio, y ella se rio un poco- No creerás que yo voy a hacer esa mierda, ¿verdad? Serás tú, guapito, el que vigile a Hambre, yo tengo cosas mucho más importantes que hacer- afirmó.

-Sí, como babear por Lucifer- gruñó. Ella se giró entonces, le fulminó con la mirada y elevó su energía casi al instante.

-Repite eso si tienes valor- Máximo sonrió de medio lado- Eras su amante, ¿no? ¿Qué tiene de malo?- Ella le tomó del cuello con su energía.

Le mandó a volar por los aires hasta casi caer al suelo varios centenares de metros más hacia adelante, pero ella no le dejó caer, pues corrió tras él y le propinó una patada en el cuerpo, hundiéndole el estómago con la pantorrilla, y elevándole en el aire, donde le disparó varis ráfagas de energía, suficientes para destruir a cualquier demonio de ojos negros. Sim embargo, Máximo tenía bastante más aguante, y cuando ella se dirigía hacia él cómo un misil, se rodeó de su energía, recuperó la estabilidad en el aire, y atacó con un potente ataque que impresionó a Lilith, pero no quiso mostrar aquello, simplemente se protegió con una pared de energía, se teletransportó hacia justo detrás de él y quiso darle una patada en la nuca, pero el otro se giró rápidamente, paró su pierna, y dio varias vueltas sobre sí mismo, con el tobillo de Lilith agarrado firmemente, y, con fuerza, la lanzó contra el suelo, en el que impactó sin apenas poder hacer nada para evitarlo.

Ella se sentía insultada, y cuando quiso ir a por él para fulminarle, había desaparecido. Gruñó rabiosa, golpeó unas piedras por la ira que sentía, pero poco podía hacer ahora. No iba a perder tiempo persiguiendo a una rata de alcantarilla, pero en cuanto le viera de nuevo acabaría con él de un chasquido de dedos. Era lo mínimo que se merecía, se dijo molesta, un demonio de ojos grises no era nada para ella, así que debería derrotarle fácilmente la próxima vez. Esperaba que al menos la próxima vez no fuera a huir tan cobardemente.

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Mientras, Asmeya se encontraba en Asmara. Ya apenas veía a los Guardianes, pero gracias a sus grupos con ellos estaba al tanto de lo que pasaba, y enterarse de su reciente separación fue un pequeño jarro de agua fría para ella. Pero poco podía hacer, estando ella liada con temas de gobierno en su lugar de origen, tenía grandes obligaciones que cumplir y no podía desatenderlas, por mucho Apocalipsis que hubiera en ciernes. Dudaba de si tenía que ser algo contado, pero viendo lo que sucedió en la Tierra de altercados y líos en muchos sentidos dudaba que en Asmara fuera a ser diferente. Ya había suficiente presión para tenerlo todo en orden cuanto antes, como para meter más presión aún por algo que ellos no podían controlar de ninguna manera, así que actuaba como si no supiera nada.

En esos momentos tenía delante los papeles para firmar varios Tratados con diferentes Estados con los que querían recuperar tratados comerciales y de circulación, temas fronterizos, de cuotas de pesca y caza… y de muchas otras cuestiones. Ella sólo tenía que firmar, las decisiones ya habían sido tomadas así que era sólo un trámite, pero era uno importante. Como representante del Reino Humano ella era la única que podía hacerlo, y si se negaba podía llegar a haber problemas y serios, pero en general siempre firmaba, no quería darle más problemas a un Gobierno que, días antes, casi sufre un varapalo al salir a la luz posibles casos de corrupción de antiguos altos mandos de la época dictatorial y que ahora aparentaban estar a favor de todos aquellos procesos que estaban llevando a cabo. Delante de ella el vicepresidente le iba tendiendo los manuscritos para ir firmando, hasta que le tendió el último.

-Majestad… La encuentro ausente- comentó este, mientras le tendía el último. Ella suspiró- Ya dentro de poco igual me tienes que dejar de llamar así- pero este negó.

-Dudo que sea por eso, Majestad- inquirió él. Ella suspiró entonces- Dionis, muchas gracias, pero en serio, me encuentro bien- ella sonrió entonces, pero el otro no parecía muy convencido.

Tenía más o menos unos 50 años, el pelo algo cano y ojos grises, con una incipiente tripa y la barba bien afeitada. Bien podría ser su padre.

-Tengo… muchas preocupaciones. Y que el dictador del país de los silurianos no acepte que tenemos que tener derechos de explotación en la zona en frente de su costa septentrional, que la tiene totalmente abandonada por otro lado, pues me fastidia- exclamó ella.

En realidad ese tema también le escamaba, y pareció lo suficientemente convincente para que él se lo tragara, pues parecía satisfecho por la confesión de ella.

-Para eso tenemos todo un equipo de negociación para esa cuestión. Además, es muy bueno que esté presente en todos los procesos, para que la gente vea que usted se implica, con independencia de que la quieran mantener en el trono o no- ella asintió.

-La votación es en una semana, ¿verdad?- a eso Dionis asintió- Espero que, se decida lo que se decida, no haya disturbios, la cosa está polarizada- comentó, y el otro asintió.

Firmado el último documento, ella se pasó las manos por el pelo, y suspiró pesadamente, algo cansada- ¿Desde qué hora lleva despierta?- preguntó él, y ella le restó importancia con un gesto.

-Puede que las mismas horas que tú, la verdad- comentó. Pero al no oír una respuesta, ella alzó la vista, y dio un respingo al ver delante de ella a una persona que ella no conocía.

Se levantó de pronto, pero aquel individuo, de un gesto, la devolvió a la silla sin apenas dificultades. Ella apenas pudo resistirse.

-Mi quería Asmeya… ¿te has pensado nuestro trato?- Miguel se inclinó tranquilamente sobre la mesa, interesado.

No tenía intención de ser amenazante pero a ella igualmente se le formó un nudo en el estómago. Aún así tomó el valor necesario para negar con el rostro.

-Jamás me someteré a ti, Miguel. Como todas las veces anteriores, te digo que no- este sonrió un poco, de miedo lado, y se recostó sobre la silla en la que estaba.

-Verás… no me gusta ser pesado, ¿sabes? Te he dado tiempo para que pensaras, pero veo que sigues sin querer seguir tu destino- comentó.

Ella se tensó- He hablado con mi hermano… al parecer la suya también se resiste. Y no me gustaría tener que forzar a nada, pero al parecer nos queréis llevar por ahí, así que….- ella se sintió intimidada en ese momento.

No alzó su energía, ni su voz, ni extendió sus alas, ni hizo nada que pudiera asustarla- Las almas de vuestros padres, como sabrás, están en el Cielo. Hemos decidido que si no nos aceptáis, las bajaremos al Infierno, donde serán torturadas hasta el final de los tiempos… cosa que jamás llegará- no parecía molesto, lo que era lo peor.

No tenía que aparentarlo. Simplemente con eso era suficiente, ni más ni menos- Díselo a tu hermana menor, os daremos una semana para ello. Si, cuando volvamos, no nos aceptáis, tendremos que cumplir nuestra promesa. Sin rencores, lo prometo. Pero debéis aceptar para que el ciclo de las cosas siga adelante- explicó.

En sus manos aparecieron dos esferas brillantes, que parecían asustadas. Parecían fuegos, iluminaban como pequeños soles y se movían en torno a su palma, con una estela de luz detrás de ellos muy bonita.

-Estas son sus almas. Tranquila, no haré nada con ellas, por ahora. La condición para que así sea es la ya dicha: que ambas aceptéis. No podemos estar así eternamente- dicho eso, desapareció en el aire

Antes de que ella pudiera reaccionar tenía de nuevo delante suya al vicepresidente, que al verla blanca como la pared se preocupó por ella, pero la chica reaccionó rápido y dio un sorbo al vaso de agua que tenían en un lateral, simulando que era falta de líquido.

Dionis no salió hasta un rato después, con todos los papeles firmados en una carpeta, dejando a la chica a solas, que en cuanto se vio sola, convocó a todos los Guardianes para una reunión urgente, tenían que saberlo, sobre todo sus hermanas, para así decidir qué hacer, y si podían evitarlo de alguna manera. También pidió que vinieran los dos arcángeles, necesitaban su consejo para poder actuar con inteligencia ante aquella situación límite. Sólo esperaba no tener que arrepentirse de la decisión que tomaran, fuera la que fuera.

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.