Código Guardianes

Capítulo 122

Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.

Este fic pasará oficialmente a la categoría M por su contenido, al igual que Código: Galaxy, para así adecuarse a las normas de FanFiction.

¡Este fanfic terminará con el Especial de Navidad del 31/12, pero habrá una segunda parte!

Se habían juntado muchas cosas de golpe para los Guardianes. En primer lugar, la deserción de aproximadamente la mitad del grupo por diferencias ideológicas. En segundo lugar, el ultimátum de los dos arcángeles, que aseguraban que en cuestión de unos días querían llevar a fin el asunto del Apocalipsis, dando una fecha límite para que Aelita y Asmeta decidan si finalmente les aceptan. Y en tercer lugar, y razón de lo segundo, la posibilidad de que las almas de Atenea y Frank acabaran en el Infierno, cosa que a sus hijas no les gustaba en absoluto. Nada más saberlo la mayor de las hermanas, se lo comunicó a los demás, confirmando así la amenaza que le había hecho Lucifer a Aelita.

Al menos, se decían, en cuestión de una semana todo aquello acabaría. Y a la vez, y sin que ellos lo supieran, Jamily movía también sus hilos para realizar un movimiento que podía salir extraordinariamente bien, o terriblemente mal. La Oscuridad, su ama, también llevaba tiempo moviéndose, y aprovecharían todo el jaleo del Apocalipsis para ello, pues todo el Cielo y el Infierno estaban ocupados, y no se fijaban en aquellos asuntos. Además, el propio Luz lo estaba propiciando, aunque casi nadie lo supiera.

Precisamente ella se encontraba en un descampado. Había basura de todo tipo en el mismo, desde colchones viejos y podridos, a electrodomésticos, jeringuillas usadas sin tapar siquiera, revistas y periódicos antiguos, partes de coches, motos y furgonetas… Una larga verja de metal separaba aquel recinto de los campos aledaños, que sí estaban mejor cuidados, con largas extensiones de verde. En cambio, en aquel recinto apenas emergían algún que otro mechón de verde. A Yumi le hubiera dado un buen rebote por ver un campo tan bonito así de sucio, seguramente hubiera obligado a los locales a limpiarlo todo y dejarlo presentable.

Los Guardianes… les quería como hijos. A todos ellos. En cierta medida lo eran, se conocían desde algo más de un año pero se habían unido mucho, y sin embargo, les estaba traicionando al ocultarles la verdad, y sobre todo, por actuar en contra de sus intereses. En puridad no era así, pero se sentía como tal, de hecho la culpa en cierta medida le quitaba el sueño, por suerte su marido estaba demasiado ocupado en Heavenland. Y sin embargo estaba segura de que Ulrich y Jhonny algo debían saber, pues parecían algo diferentes durante esos días. Pero no sabía exactamente las razones de aquello. Pero era evidente que algo tenían en la cabeza, se les notaba. Parecían algo nerviosos y a veces cuchicheaban entre ellos en secreto, esperaba equivocarse pero su experiencia le indicaba que no era así, demasiados años de intrigas le habían enseñado que nadie actúa así si no tiene nada que ocultar a los demás, sea por los motivos que sean.

En ello pensaba, sentada con las piernas abrazadas, cuando apareció Mahasiel en escena, parecía algo nervioso. Se colocó a su lado antes de decir nada.

-Tu magia ha surtido buen efecto, no sospechan nada- comentó entonces a aelida, a lo que el otro asintió.

Por ahora no quería preocuparle con ese tema, prefería ver qué era lo que le tenía que contar tan apresuradamente.

-Bien… las cosas se han acelerado mucho de golpe, me temo. Con el movimiento de los arcángeles, ahora todo irá mucho más deprisa, en una semana. Lo sabes, ¿verdad?- Jamily asintió entonces.

-Me sorprende, si debo ser sincera…- comentó- Pero no es por eso. Los Guardianes han tomado una decisión también: una parte de ellos se enfrentarán con los Jinetes y con los Pecados, y la otra se dedicará a cerrar las puertas del Infierno- el serafín la miró con sorpresa.

-¿Y cómo saben todo eso?- le preguntó. Ella le contó sobre los libros del demonio Gamma, y de cómo ella, junto al ángel Seriel, había estado traduciendo esos libros.

Durante días ellos se habían dedicado a descifrar los secretos de aquel libro, trabajando sin descanso. Seguramente sin la ayuda del ángel nunca hubieran podido. Mahasiel no sabía del todo si algo así se podría llevar a cabo, cerrar el Infierno a cal y canto, dada la naturaleza de aquella dimensión. Dudaba que los Caballeros permitieran algo así, igual que Lucifer, aunque a este aquel lugar maldito le daba igual, sólo quería llevar a cabo su misión de llevar a término el Apocalipsis. Por ello seguramente los que hicieran algún movimiento fueran los propios Caballeros, líderes naturales de toda la corte de demonios, aunque oficialmente fuera el arcángel caído.

Sin embargo, si lograban hacer algo así sería una buena noticia en cualquier caso, aunque no tenía intención de intervenir en aquello. Su misión era ser el líder de los acólito de Oscuridad, y organizarles. Y bastante trabajo tenía con ese trabajo y el oficial como serafín a las órdenes del Cielo, como para entrar a más responsabilidades.

El serafín asentía, entendiendo- Yo soy el primero que quiere cerrar ese antro, pero… ¿no se están encontrando problemas, en serio? ¿Nadie les está parando los pies?- preguntó.

La mujer se hundió de hombros- No lo sé, pero me preocupan. De todas formas empezaron apenas ayer, no se pondrá en marcha la maquinaria hasta dentro de unos días, imagino. En el Infierno deben tener mucha actividad por el Apocalipsis, entre movilizar monstruos, demonios y demás- comentó.

-Tienen valor, de eso no hay duda alguna…- pero ella le corrigió- Son unos inconscientes, que no es lo mismo. Pero ya problemas suficientes hay como para tener uno más. Ellos… me pidieron intervenir, pero logré esquivar el maremoto, por ahora al menos-

Suspiró, y siguió hablando- Comentaste algo de monstruos, antes de la liberación de Lucifer me comentaron que Seriel se encontró con vampiros, y que estaban a las órdenes de unos demonios.

El mismo fue arrasado por un Trono y por el propio ángel, aunque las pruebas que dejaron fueron en dirección a los Guardianes, y fue la propia Lilith la que actuó para vengarse de aquel acto, en lo que era una trampa para lanzar al Infierno contra los chicos, por suerte lograron evitar una tragedia aquel día.

Y es que había pequeños clanes de vampiros, hombres lobo y demás criaturas moviéndose por primera vez en mucho tiempo entre los hombres, que se habían prácticamente olvidados de ellos durante siglos, y a los que habían diezmado hasta estar en números rojos en cuanto a población. Pequeñas escaramuzas para meter miedo a la gente, ataques rápidos… nada especialmente brutal, pero lo suficiente para que el ejército patrullara las calles junto a la policía. Las iglesias, mezquitas y demás templos se habían llenado en los últimos tiempos a razón de lo ocurrido, el número de fieles se había multiplicado exponencialmente, y las sectas que predicen el fin del mundo se habían visto totalmente desbordadas ante las peticiones de unirse a las mismas. Si los números de esos seres eran bajos ya de por sí, los cazadores como Karl se habían dedicado a ir tras ellos a menudo, de hecho este se encontraba en esos momentos en una misión para acabar con unos cambia pieles, seres capaces de cambiar su apariencia e imitar a cualquier otro ser vivo.

Eran horas bajas para esos seres sobrenaturales, así que todo aquello era más una forma de tocar la moral humana más que una verdadera amenaza contra la humanidad, claro que estos no lo sabían. La histeria había llevado a que hubiera peticiones de juicios al más puro estilo de Salem, pero en muchas ocasiones la cordura se imponía y nadie acababa en llamas sin haberle hecho antes pruebas biológicas para comprobar si eran seres humanos al uso y no criaturas terribles. Y aún así más de uno había acabado siendo juzgado y asesinado ante las sospechas de la gente sobre su persona.

-¿Sabemos algo de los arcángeles díscolos, por cierto? La última vez se estaban vendiendo al mejor postor y estaban con Miguel, ¿cierto?- Mahasiel asintió.

-Siguen con él. Pero están moviendo muchas almas, están traficando con ellas desde hace semanas, desde el Cielo al Infierno y viceversa. Las razones las desconozco- explicó, y la mujer asintió, pensativa.

Los dos hermanos usaban esas almas para lograr poder, y les daba igual bandos de cualquier tipo siempre que sus negocios se mantuvieran. Claramente el que mejor podía defender dichos intereses debía ser Miguel dado que se les unió, siendo él el amo del Cielo tenían acceso directo a aquel sitio. Se sorprendían de que seres prácticamente todo poderosos quisieran más poder aún, pero ahí estaban, realizando esos oscuros movimientos. Y hablando de aquello, Mahasiel tenía temas importantes que hablar con su alumna sobre esta.

-Oscuridad saldrá a la luz pronto, dentro de poco tendremos que realizar el contacto con el demonio que lleva su marca, ya se ha decidido a quien hay que traspasársela- la hechicera le miró con interés.

-Al Guardián de la Oscuridad, ¿cómo se llamaba…?- se preguntó, y la mujer le miró seria- ¿William? ¿El elegido por nuestra señora es William?- preguntó, y el serafín asintió.

Al ver su rostro, el ser angelical se rio un poco- ¿Te molesta, acaso?- preguntó entonces, divertido, pero ella negó- Aunque lo hiciera nada puedo hacer contra su voluntad, así que…-

-Efectivamente. Para ella, sólo somos peones. No debemos enfrentarnos contra su voluntad en ningún momento- Mahasiel movió sus alas un poco, generando algo de viento.

-Desde el inicio la he visto como mi patrona, me cuesta verlo de otra manera- comentó, y él simplemente se hundió de hombros- Nuestra percepción de ella da igual, lo importante es cómo nos ve ella, a mi entender- comentó.

Permanecieron en silencio un par de minutos, mirando el horizonte sin comentar nada. Disfrutaban de la compañía del otro, y el que no dijera ninguno nada no suponía un problema, se complementaban así bastante bien. La complicidad que sentían desde hacía siglos lo propiciaba. Así estuvieron hasta que ella habló de nuevo.

-Siempre me he preguntado… ¿Por qué un ángel querría ir en contra de aquel que le creó, y se uniría a su mayor enemigo?- comentó ella en voz alta.

El otro la miró. Se pensó qué responder durante unos segundos- Por la misma razón que los tuyos entraron en guerra civil, supongo… diferencias en los puntos de vista de cada uno-

Suspiró entonces, y se acomodó en su posición, recostando parte de su cuerpo a un lado, mientras sonreía algo. Tenia una florecilla en una mano, que olisqueó con algo de interés.

-He visto cosas… que no creerías. Dejémoslo ahí- sabiendo que no podría sonsacarle más, él cayó. Pasaron unos minutos más en silencio, durante los que contemplaron el paisaje, dejando que el suave viento acariciara su rostro y pelo. Pero él notaba que a ella eso no le era suficiente.

-Oí rumores de su existencia siglos después de mi nacimiento, cuando los primeros universos nacieron. Y entonces pregunté a mis hermanos, que tampoco sabían nada. Y los arcángeles se hacían los locos, así que me puse a investigar sobre el tema, hasta que conocí a Luzbel, que me contó la verdad… hasta hoy- explicó.

La aelida asintió, entendiendo lo que decía, y como él no parecía muy cómodo hablando del tema, decidió sacar otro tema del que hablar. Eso fue hasta que el serafín se acordó de un detalle, y la miró con cierto interés, con una suave sonrisa en su rostro.

-¿Cómo llevas el embarazo?- preguntó el serafín al rato. Ella suspiró un poco- Preocupada… y no soy la única, no sé si lo sabes- a eso Mahasiel asintió.

-La Guardiana de la luz también espera una nueva vida en su interior, sí… que por cierto, se verá reforzada con los poderes de Lucifer. Será más poderosa que los dos padres juntos, ahora más si cabe aún- explicó.

-¿A tanto llegará su influencia?- preguntó, y Mahasiel asintió- Coincidirá con el momento de la confirmación de su energía interna, así que sí, influirá mucho. Pese a que el proceso esté detenido está en ese momento, todo lo que le pase ahora a nivel energético tendrá consecuencias en el futuro- explicó.

Ella se llevó una mano al vientre por instinto- Ya me lo podrías haber dicho antes, llevo días entrenando sólo con energía precisamente para evitar exponerme a nivel físico- comentó ella, algo molesta. El otro se hundió de hombros.

-No preguntaste nada, así que…- se levantó entonces de su sitio- Por cierto, me alegra ver que todo el asuntillo de los alter ego esté solucionado. Ya no serán más un dolor de cabeza, gracias a ti y a Lilith. Aunque ahora… su Universo sea una verdadera mierda- ella parecía compungida por eso.

No le gustaba esas consecuencias, aunque los resultados de ese cambio les eran muy beneficiosos a todos ellos.

-Era necesario. Te iban a pillar, así que era eso o matarles, al menos así tienen la opción de poder hacer algo útil. Eso sí, mejor no ir allí. Al parecer están muy en contra de cualquier ser medianamente poderoso- rio entonces.

-Y por nuestra culpa… - comentó ella, y el otro le restó importancia- Hay millares de universos en una situación mucho más jodida, créeme- aseguró, y se estiró un poco.

-Tengo asuntos que atender. Esta, diría, será de las últimas reuniones que tengamos. Una vez William tenga la marca, será cuestión de tiempo simplemente… Y Oscuridad será libre finalmente- tras decir eso, desapareció en el aire.

La aelida permaneció allí unos minutos más, pensativa. Se preguntaba si todo aquello realmente merecía la pena, si era buena idea liberar a algo tan antiguo y poderoso como sin duda lo era Oscuridad… sentía cierto miedo de lo que pudiera pasar. Pero le debía la vida, siglos antes fue rescatada de una muerte segura, y desde entonces era su heraldo. Su patrona la había protegido desde entonces, ¿por qué no iba a hacerlo ya siendo libre, y encima en parte gracias a ella? No tenía ninguna razón para sentir miedo de ella, de hecho en varias ocasiones ella le habló en sueños para tranquilizar su conciencia en momentos de debilidad como era ese, reafirmando su posición con respecto a que era algo que se tenía que hacer, gustara o no.

O eso quería pensar ella, dadas las circunstancias. Y de todas formas, si lo que Mahasiel le dijo era verdad, nada ni nadie podría parar a Oscuridad de desear ella algo, sólo otro Supremo sería capaz de hacerlo. Semejante poder… debía ser digno de contemplar, intimidante y magnifico. De hecho fueron ellos los que lo iniciaron todo. Sólo los arcángeles podían hacer frente, y durante no demasiado tiempo, a un ser Supremo. Se necesitaron de un Supremo – Luz – y siete arcángeles para poder encerrarla, así que debía ser una verdadera fuerza de la naturaleza.

Quería pensar que nada malo iba a pasar, y que en cuanto fuera liberada Oscuridad ella podría vivir una existencia tranquila junto a su familia, pero a saber si eso llegaba a pasar en algún momento. En todo caso en muy poco tiempo lo sabrían, se dijo, pues en cuanto sucediera la batalla entre Miguel y Lucifer todo se pondría en marcha a toda prisa y en cuestión de pocas semanas estaba prevista su liberación. Suspirando, se levantó, pues tenía cosas por hacer y poco tiempo para llevarlas a cabo. Deseaba no tener que arrepentirse de su decisión llegado el momento culmen de todo aquello.

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Por su parte, los Guardianes se encontraban rebuscando información de los otros jinetes que quedaban. Buscaban todo dato que pudiera ser interesante, pero había una fuerte tensión en el ambiente, incluso el aire estaba enrarecido, y eso que estaban en la terraza de la casa de Jamily. No sabían muy bien cómo reaccionar ante las noticias que habían recibido, pero en esos momentos tenían algo más importante entre manos, tenían que derrotar cuanto antes a todos los jinetes y a sus pecados acompañantes, esa era su misión, su deber. Muchas cosas dependían de eso, sentían que era su obligación hacerlo cuanto antes. En ello estaban Aelita, Jeremy, Odd, Yumi, Ulrich, Marin, Herb, Sissi y Nicolas.

Los demás se estaban encargando de cerrar las puertas del Infierno, Jhonny era de gran ayuda en ese sentido, aunque el mapa que había preparado Gamma también era de ayuda. El mismo se encontraba en el librito que este les había entregado semanas antes, y cuyo contenido acababan de descubrir. Como para poder cerrar las puertas tenía que ser con el poder de algo relacionado con el Infierno, antes de partir tuvieron que dar caza a varios demonios, a los que eliminaron antes de que pudieran pedir ayuda, y untaron sus cuerpos con la energía remanente de sus cuerpos, lo suficiente para estar relacionados con la dimensión oscura y que pudieran llevar a cabo la misión.

Jeremy, junto a Ulrich, rebuscaban en el ordenador portátil del primero, mientras Yumi – ayudada por Sissi, Herb y Nicolas - tecleaba en su propio aparato, en silencio. Incluso Beatrice ayudaba, su vientre seguía aumentando día a día y cada vez tenía más dificultades para poder moverse con soltura, pues el peso iba a más. Calculaban que el parto sería en poco tiempo, cuanto no podían saberlo, pero desde luego estaba siendo un embarazo exprés. En poco más de un mes nacería desde que fue concebida en un acto salvaje que la chica no deseaba recordar en absoluto, y eso que un embarazo normal duraría cerca de 9 meses. No sabía si alegrarse o preocuparse, pero en cierta medida ella ya tenía ganas de conocer a la niña, además de poder verla y abrazarla. Durante ese tiempo hablaban a través de la energía, y Beatrice le explicaba las cosas que ocurrían a su alrededor. No veía mal alguno en ella, cosa que la aliviaba enormemente.

En varias ocasiones le había hablado de William, y de las cosas que pasarían en el futuro más inmediato. Le explicó que no deseaba todo aquello, que el mundo era peligroso y duro, y que tendría que aprender todo demasiado deprisa. En cierta medida algo le decía que fueron sus palabras las que aceleraron el proceso, pues sintió como su hija lo aceleraba todo especialmente. Precisamente le preguntó por el nombre que le daría, pero cuando lo hacía Beatrice simplemente sonreía y le decía que era una sorpresa.

Precisamente dada su energía, sumada a la de su hija, más que sentirse pesada, se encontraba bastante activa, además, no quería ser un bulto incapaz de poder hacer nada por sí misma, por ello ayudaba en la medida de lo posible. Junto a ella estaba William, concentrado, rebuscando en diarios digitales de todo el mundo en busca de algo que destacara en lo negativo.

Lo malo de ese método es que se estaban limitando a su mundo, así que la búsqueda estaba bastante sesgada. Por ello, se encontraba Marin concentrada, en posición de loto, en una esquina, rastreando las energías que pudieran denotar algo especialmente negativo. Junto a ella también estaban Odd y Aelita, en la misma posición, centrados cada uno en buscar en un cuadrante diferente, aunque tomara mucho tiempo. De pronto los tres abrieron los ojos de golpe, habían dado con algo, muy intenso, como un faro en medio de la noche, destacaba profundamente. Les recordaba a Guerra, pero con unos matices diferentes, no eran espíritus tan violentos, pero sí que eran energías muy negativas y tóxicas, más propias de seres infernales que de otra cosa. Sin duda debía ser uno de los seres que estaban buscando, así que se levantaron en seguida, y avisaron a los demás, que se giraron en cuanto notaron como los demás se movían.

-Creo que hemos encontrado a uno de ellos, chicos- comentó Odd, y los demás les miraron con interés- Diría que está en un planeta de un Universo cercano a este, creo que se trata de Hambre por que las energías de los seres vivos están bastante debilitadas y gimen por la falta de energía, como si no pudieran recuperar fuerzas adecuadamente. Y puede que esté también Enfermedad, sus energías huelen a… a hospital, ¿sabéis?- comentó Marin.

-Mataríamos dos pájaros de un tiro, es perfecto- dijo Sissi, contenta- Para algo que nos puede salir bien, yo iría a por ellos directamente- añadió Nicolás.

-Avisemos a los demás, pues, por si les necesitamos. Aunque no me haga especial gracia deben estar enterados, sólo por si acaso- Jeremy les mandó a los demás el mensaje vía energía, y se levantó sin siquiera esperar a una respuesta.

Sin añadir nada más, abrieron un portal. Beatrice les contempló irse, y les deseó suerte mientras pasaban, cosa que ellos agradecieron con un gesto. Aelita iba a pasar cuando se fijó en que ella había tomado a William del brazo, le estaba abrazando. El chico se dejaba hacer con una suave sonrisa, cuando ella se lanzó y le dio un suave beso en los labios, que él no tardó en corresponder. Con una suave sonrisa, ella esperó a su amigo, que avanzó hacia ella segundos después. A juzgar por su rostro – y por su energía – parecía encantado con la situación, se le veía feliz y con una estúpida sonrisa en el rostro. No estaba así desde que se pilló por Yumi en Kadic.

-Estás hecho un Casanova, Will- comentó ella, divertida- No sé por qué lo dices, Lita- respondió, como si tal cosa. Ella se rio, y le dio un codazo.

-Pues por el besazo a Beatrice- él se sonrojó entonces- Oye, eres libre de amar a quien sea. Si Electra no sabe entenderlo… es su problema- comentó ella entonces, divertida. Él, en cambio, parecía no muy convencido.

-Me da miedo la reacción de ella, la verdad… Tal y como está ahora, igual le da por lanzarle un rayo en cuanto salga a la calle. Podría fulminarla de un golpe, y…- ella le colocó una mano en el hombro, y negó.

-Puede que ellos estén muy cambiados ahora, pero no son malas personas. En absoluto lo son, y lo sabes. Vale, estarán muy… subiditos, pero son muy nobles- explicó.

-¿Tú estarías bien si Jeremy se fuera con otra, o qué?- ella bajó el rostro unos segundos- Me rompería el corazón, pero… tendría que aceptarlo. Aunque me duela. Si amas a alguien tienes que dejarle volar si así lo quiere, ¿no?- preguntó, con una sonrisa.

Él no pudo hacer otra cosa más que asentir, y entonces cruzaron el portal, tras el que esperaban todos los demás.

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Por su parte, los demás Guardianes se dedicaban, efectivamente, a cerrar una por una las entradas del Infierno. Llevaban clausuradas ya varias, era sorprendentemente sencillo hacerlo, aunque de vez en cuando se encontraban algo de resistencia, pues varios demonios lo intentaban impedir. Sin embargo ellos se dedicaban a acabar con ellos, colocando sus manos en los cráneos de los demonios, que eran fulminados, siendo su energía utilizada para reforzar su "conexión" con el Infierno.

Se habían dividido en varios grupos para ir sellando las entradas más deprisa, Electra había ido con Aurora, Susan estaba junto a Percy, Sam con Jhonny, Milly y Tamiya, Patrick iba al lado de Hiroky, y por último Asmae, que iba por libre. Todos tenían una copia de las localizaciones de las puertas, y las habían dividido de tal manera que la que menos tenía, por ir a solas, era Asmae, teniendo los demás un número más o menos cercano. Al ser tantas sabían que tardarían, pero no tenían intención de descansar hasta terminar, costara lo que costara, aunque la vida les fuera en ello. Como dioses protectores que eran darían incluso la vida, aunque preferían no hacerlo, pues le tenían aprecio a seguir respirando, pero de ser necesario estaban dispuestos. Eran los Guardianes, su misión y objetivo en la vida era ese mismo, y cumpliría con su nombre.

Habían llegado incluso a apostar sobre quién lograba cerrar más puertas, siendo el ganador el que escogería su nueva sede, pues aunque no lo habían dicho abiertamente, claramente estaban ya fuera de la dimensión de Jamily. Los demás tampoco habían comentado nada en ese tiempo, pero sus cosa seguían ahí y en ningún momento les metieron prisa para ir a recogerlas, pero ellos querían hacerlo cuanto antes mejor. Durante esos días habían compartido piso con Electra, que tenía la casa de su madre para ella sola desde la muerte de ella, y que como base temporal podía servir, pero necesitaban algo más grande para estar de forma permanente.

Pese a la gravedad del asunto, ni siquiera entre ellos hablaban del tema, se sentían minusvalorados por sus amigos, que no querían ver lo que era evidente. Si la gente les llamaba dioses, ¿qué tenía eso de malo? Además, tenían más poderes que los propios dioses paganos, de hecho todos juntos seguramente pudieran asaltar los cielos, más si recibían la ayuda de Seriel y los arcángeles, pero esos vagos no parecían dispuestos a hacer nada de provecho en aquella terrible contienda. Pero en cierta medida lo preferían, así demostrarían a los demás que ellos llevaban la razón. Y es que sólo ellos se preocupaban realmente de las cosas, y sólo ellos protegían realmente al mundo.

En ello pensaban Sam y Jhonny, cuando llegaron a una de las puertas, precisamente en las cercanías de aquel pueblo polaco en el que conocieron a Karl, y en el que tenían una terrible plaga de perros del Infierno. Ese día habían controlado aquella plaga, y precisamente usaron esa puerta para poder acceder al Infierno aquel nefasto día en el que se tocó el cuerno de Gabriel por primera vez. Claro, no estaban preparados y no sabían qué se encontrarían, pero ahora que sí lo sabían sería otro asunto. Y con el arma y el poder de Jhonny sí podrían acabar uno por uno con los Caballeros de ser necesaria esa acción.

Como sabían dónde se encontraba no tardaron demasiado en llegar a la posición, en un antiguo templo a un dios desconocido en medio de un denso bosque de robles, en las cercanías al pueblo, y que estaba en un estado de conservación bastante lamentable, desde luego la gente no parecía muy dispuesta a restaurar aquel enclave, que se consideraba maldito lo más probable. Estaban volando bajo en sus cercanías cuando el chico redujo rápidamente su velocidad, así que Sam le imitó, comenzando a descender hacia el suelo para evitar ser vistos. Protegidos por lo frondoso de la vegetación, ella se le acercó con curiosidad por sus acciones.

-La puerta está rodeada de perros del Infierno… nos tendremos que ocupar de ellos antes de poder hacer nada- comentó él. Señaló en esa dirección, y ella siguió su dedo y suspiró.

-Son muchos, aunque sean débiles su fuerza reside en su alto número, la verdad… Cuento unos diez desde aquí- comentó ella- ¿Cuál es el plan?- preguntó.

-Yo me los cargo de un chasquido y tú… supongo que puedes estar a mi lado- ella se rio- Ya, claro, como que te voy a dejar toda la diversión a ti. Ni de coña- y se comenzaron a mover entonces.

Avanzaron despacio entre los árboles, hasta estar en las cercanías de las ruinas, donde se inclinaron sobre las piernas, agazapándose en el suelo, expectantes. Delante de ellos tenían la explanada del templo, con este último de fondo, con varios círculos de columnas cuyo centro era la propia construcción. La hierva crecía silvestre, así como las flores e incluso algún que otro animalillo se dejaba ver, pero huía rápidamente de allí. Ante el ojo inexperto parecía aquello totalmente vacío, pero ellos eran capaces de sentir las energías de los animales, Jhonny incluso podía verles. Debía haber unos diez, todos mirando hacia donde ellos estaban, gruñendo y mostrando sus afilados colmillos, así que en cuanto ellos aparecieron se lanzaron contra ellos en tropel, pero recularon cuando el muchacho hizo gala de quien era su padre y extendió las alas, su energía emanaba en todas direcciones e inundaba toda la zona, y antes de que pudieran huir, él se rodeó de su energía e hizo desaparece en el aire a los mismos, convirtiéndolos en polvo estelar, que se disolvió en el aire.

-No está mal, la verdad….- comentó Sam, de ellos no quedaban ni los restos. El pelirrojo asintió, satisfecho, y comenzaron a andar en dirección al templo, al que entraron.

Efectivamente estaba ruinoso, había telarañas y las paredes estaban que casi se caían, pero al menos permanecían en pie, aunque las placas de piedra que las formaban se estaban partiendo. La hiedra caía a lo largo de los muros como cascadas verdes, con musgo en algunas de las losas, en la sombra hacía bastante frío pero al menos se podía estar al cobijo del aullante viento. Pero no se centraron demasiado en eso, sino en el círculo central de la estancia, en la que se encontraba la entrada al Infierno, y que se encontraba en el interior de un gran círculo dorado con escritos en enoquiano.

Se trataba de una gran puerta de madera y hierro contrachapada, con los dinteles de piedra bellamente decorados, en las que había un escrito en latín. En esos momentos se encontraba entreabierta, aunque no se podía distinguir muy bien el interior. Jhonny pasó una mano por la misma, mientras Sam se sentaba en frente de esta, sentada en posición de meditación, y comenzó a concentrarse. Su energía se elevó enormemente en unos instantes, su pelo comenzó a moverse al son de sus poderes y cerró los ojos con la intención de aumentar más aún su energía, para, segundos después, expulsar un gran rayo de pura fuerza en dirección a la puerta, que, recibiendo de lleno el poderoso ataque, comenzó a temblar con fuerza, comenzando en pocos segundos a retumbar y moverse sobre sus propios goznes.

No tardó demasiado en ceder y romperse, cayendo la madera y los cascotes de piedra pesadamente contra el suelo, rebotando en el proceso en el caso del primero, y partiéndose en pedazos en el segundo. El portal aún permanecía, pero la energía de ella lograba desestabilizarlo, y comenzó a girar sobre sí mismo cual remolino. El viento aullaba y serpenteaba a toda velocidad, formando un vórtice que empezó a absorber todo lo que había alrededor de su posición, sobre todo rocas y plantas pequeñas, que cruzaban el portal como pequeños bólidos.

La idea era simple, el portal tenía que colapsar para que pudiera cerrarse en ambos lados, y una vez cerradas, jamás podrían abrirse de nuevo. Tan sólo los arcángeles podían entrar sin necesidad de una de esas entradas al Infierno, ni siquiera los Caballeros eran capaces de algo así, en palabras de Seriel esa dimensión maldita era casi inexpugnable en muchos sentidos, y ese era uno de esos.

Y aquel era el momento ideal para aquello, pues estaban demasiado ocupados todos ellos en tener preparado todo para el Apocalipsis, así que lo tenían todo o muy mal defendido, o directamente ni lo intentaban, como era el caso. Apenas diez perros del Infierno podrían valer para expulsar a humanos o monstruos, pero cualquier cosa por encima de una parca podría acabar con ellos con un chasquido de dedos, así que, al final, no era una protección adecuada contra sus enemigos. Tras cerciorarse de que habían logrado su objetivo, se disponían a irse cuando fueron detenidos por una energía que les era bastante conocida. Gamma apareció por la puerta, copa de coñac en la mano y un puro en la boca, su "mascota" iba con el: un enorme perro infernal que, lejos de gruñirles, se tumbó cual largo era a la entrada, como si fuera un animal perfectamente normal.

-Veo que os habéis puesto a la misión enseguida- comentó, y se sentó en el aire.

Frente a ellos aparecieron sendas sillas de madera y una mesa, en la que también había una botella del alcohol que él bebía, así como dos vasos ya con hielo. Aceptando la invitación, se sentaron junto a él, y Sam rápidamente se sirvió, aunque el adolescente no lo hizo. Tenía el gesto serio, no se fiaba y tenía los brazos cruzados.

-Hace tiempo que no te vemos, ¿qué has estado haciendo?- le inquirió entonces, pero Gamma simplemente echó un largo trago.

-No he estado de vacaciones, precisamente. Como ya os he dado bastante información sobre el Infierno he estado haciendo mis labores como demonio, ya sabéis, comprando almas y tal- rebuscó entonces en su gabardina, y entonces sacó un documento.

Se los tendió, y ellos se miraron, serios. Lo tomaron con cautela, y esperaron una explicación por su parte- Hace tiempo hice un pacto con uno de vosotros, con William. No me llevaba su alma pero me debía un favor. Va siendo hora de que cumpla con su parte del contrato, ya que yo lo hice cuando os di la información-

Jhonny se levantó de golpe y se disponía a atacarle cuando Sam le detuvo, el más joven estaba enfurecido con el demonio- ¡Bastantes problemas tenemos ahora, tío, como para tener que preocuparnos por uno más!- le gritó, y el otro se hundió de hombros.

-No son mis problemas, como digo, yo ya he cumplido. Ahora le toca a él. Avisadle de que se reúna conmigo- Sam intervino entonces.

-Será mejor que se lo digas tú mismo, nosotros… estamos demasiado ocupados- comentó, y él la miró sin creerlo demasiado.

-Ahora que caigo… ¿y el resto de la chupi pandilla? ¿O acaso…?- sonrió entonces- Así que es verdad, los rumores… Os habéis separado- se rio entonces.

Jhonny sentía ganas de aplastarle ahí mismo, pero Sam se lo impidió nuevamente- Podemos darle el recado nosotros mismos, y no, no os hemos separado- le respondió ella.

Pero el demonio negó un poco- No hace falta que intentes negar lo evidente, querida. Ya era un secreto a voces antes, ahora lo he confirmado. Pero tranquilos, no se lo diré a nadie, lo juro- ellos, evidentemente, no se fiaban de su palabra.

Gamma rodó los ojos entonces, y entonces le dio una calada a su puro- Creo que he demostrado ser digno de confianza, pero veo que no es suficiente. En fin, es sencillo en realidad. Tiene que bajar al Infierno para un asunto importante, algo relacionado con un tatuaje, no lo tengo claro- comentó.

-¿Cómo? ¿Se tiene… que hacer un tatuaje?- preguntó, y Gamma se hundió de hombros- Un demonio me pidió que le devolviera el favor, así que ahora le toca cumplir al Dumbar. En fin, como digo tengo trabajo que hacer. Podéis acabaros la botella vosotros-

Sin que ellos pudieran hacer nada desapareció de allí, perro incluido, pero la hoja seguía en manos de Sam, que no sabía muy bien qué pensar. Jhonny, por otra parte, estaba nervioso. No sabía qué querría Gamma, pero si William tenía que ir al Infierno, eso cambiaba sus planes drásticamente. Por que evidentemente no podían dejarle ahí encerrado, jamás se lo perdonaría a si mismo. Comprendiendo, y en buena medida, compartiendo sus inquietudes, ella le acarició un brazo, con una sonrisa afectuosa.

-Tranqui, hablaremos con los demás y lo solucionaremos, ya verás como no pasa nada- le dijo ella, pero algo en su interior le decía que, por desgracia, no sería así.

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El grupo de Aelita había aparecido en un planeta extraño para todos ellos. El cielo era escarlata, parecía estar anocheciendo, a juzgar por lo bajo que el sol rojo estaba en el horizonte. Las platas que habían eran de un suave tono amarillo, y cubrían todo el paisaje, que contaba con bastantes montes a lo largo de una amplia extensión de terreno, hasta el horizonte. Se fijaron en que no se trataba de montículos naturales, sino que eran las casas de los habitantes de aquel mundo, seres de gran tamaño, de unos tres metros de alto, de piel de una tonalidad oscura, largos y delgados brazos, así como las piernas, con un torso amplio y cubierto por hermosas telas. Su cráneo era alargado y con un par de tubos en lo alto de los mismos, seguramente serviría para poder comunicarse con ultrasonidos o algo así.

Sus ojos eran grandes como los de un búho, de color dorado, y orejas altas. Había muchos individuos yendo y viniendo por lo que parecía un camino, sin embargo, parecían cansados, débiles. Rápidamente los Guardianes se elevaron en el aire, notaban la energía de los jinetes y pecados en aquel planeta, y a toda velocidad se movieron en esa dirección, Sobrevolaron campos de cultivos, prados y bastantes fábricas, pero estas parecían no producir. Además, Yumi aseguraba que la superficie arada apenas daba alimento, parecía que todo estaba en mal estado.

Odd notaba que incluso los animales de las granjas estaban desnutridos y enfermos, al igual que las plantas, desde luego los jinetes se lo habían pasado genial por allí. Pero eso pronto acabaría, el problema era en cierta medida la falta de agua y alimento, así que Jeremy, Yumi y Odd se posaron en lo alto de una colina, mientras los demás seguían adelante. Los tres empezaron a elevar su energía, inundando la zona con la misma. La chica entonces hizo aparecer su báculo, y los otros dos tomaron con una mano el mismo, concentrándose. Las nubes se comenzaron a formar en el cielo, y una suave precipitación cayó sobre el planeta, mojándolo todo. Segundos después, Yumi golpeó el suelo con su báculo, y una ola de su energía comenzó a recorrer la zona, revitalizando la vida vegetal. La energía de Odd tampoco tardó mucho más en también salir como una honda, dándole vigorosidad a los animales, que, viendo que las plantas estaban pletóricas, comenzaron a comer de las mismas.

Eso no sería suficiente, necesitarían de los poderes de Patrick para darle sustento al suelo y nutrir la vida, pero tendrían que apañárselas así. Por su parte, el resto del grupo se encontró con una gran explanada bien vallada. Tenía muchos edificios que humeaban una sustancia negruzca que no les gustaba nada y que olía bastante mal, seguro era algún tipo de gas nocivo que, cuando se juntaba con el agua, la volvía tóxica o, en el peor de los casos, ácida. Eso explicaría las enfermedades y la hambruna, pues si el agua no te mataba lo hacía el hambre o las úlceras, era el coctel perfecto. Bajaron hasta el interior de las instalaciones, que ni vigiladas estaban – al menos en apariencia – y se movieron hacia el que parecía el edificio principal. Sin embargo, si bien no había guardias, sí que había cámaras de seguridad, que seguían sus movimientos con interés.

Precisamente estas tenían una terminal en una pequeña sala de seguridad, que estaba siendo monitorizada por una muchacha joven. Era rubia de ojos castaños, observaba todo con cierto recelo, pensativa. Cerca de ella, y con un regaliz en su boca, había una chica casi idéntica a ella, sólo que sus ojos eran verdosos, parecía aburrida.

-Me temo que tenemos visitas…- comentó la primera, y la otra salió de su adormecimiento en seguida- Sí, ya lo noto… están revirtiendo el veneno que estamos soltando al aire de este mundo- comentó.

Dio un fuerte silbido, y en pocos instantes aparecieron tres esferas de humo negro- Tenéis trabajo, chicos. Tomad el cuerpo de algún nativo y luchad contra los Guardianes- ordenó entonces, y señaló hacia la salida.

Las volutas no tardaron en salir a toda prisa de allí a través de la puerta, dejando a las otras dos solas- Será mejor que nosotras nos pongamos en movimiento también, Enfermedad- comentó la de ojos pardos, y la otra suspiró.

-Vamos Hambre, no seas…- pero la otra la paró- Si soy precavida es por que ellos son más poderosos que nosotros. Prefiero no jugárnosla, como hizo Guerra- Enfermedad rodó los ojos un poco.

-Guerra fue estúpido por meterse directo a la boca del lobo, pero ellos no tienen por qué encontrarnos aquí. Si escondemos nuestra energía y nos quedamos en el ambiente nunca podrán encontrarnos, eso sería lo ideal- comentó.

Pero Hambre no parecía muy convencida- Puede, pero para poder ejercer nuestra influencia tenemos que adquirir forma física, y en ese caso somos vulnerables. Así que esta decidido, les detendremos aquí, aunque ya sabes cuales son las órdenes: la Guardiana de la luz debe quedar intacta- su hermana gruñó.

-Sí, ya lo sé. Pues que se encarguen los pecados, que para eso están- se sentó tras eso, simplemente, a seguir comiendo regaliz.

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Gabrielle Magné, madre de Jhonny, preparaba varias tazas de café para sus visitas. Se trataba de nada más y nada menos que Gabriel y Azrael, que se encontraban casi de reunión en reunión. Habían intentado mediar entre Miguel y Lucifer pero sin éxito, estaban empeñados en llevar a cabo el Apocalipsis, con todas sus consecuencias. Y su hermano menor, Jesús, tampoco estaba dispuesto a intervenir de ninguna manera.

-La cosa está complicada, la verdad…- comentó ella, mientras se sentaba junto a ellos- Creo que es mejor dejar que las cosas pasen como tengan que pasar, la verdad- comentó Azrael entonces.

Miró a su pareja, con cierta tristeza- Si es realmente voluntad de Luz que todo esto ocurra, nosotros no podemos hacer nada- Gabriel bufó, pero no dijo nada.

-Su voluntad, su voluntad… maldita sea, su voluntad- musitó, pero su hermano llevaba razón- No es justo, ¿por qué tiene que pasar?- añadió la mujer.

-Al parecer es el momento idóneo, y no me extraña… sólo espero que no tengamos que arrepentirnos de todo esto-

Y es que estaban enterados de todo lo relacionado con los Guardianes y la amenaza de los arcángeles. No podían ayudar mucho más de lo que ya lo habían hecho sin involucrarse de forma directa, y eso ya lo había descartado Gabriel, pues lo tenían prohibido. O se unían al Cielo o al Infierno, pero no podían ayudar a los Guardianes por órdenes directas de Luz, que seguía sin dar explicaciones sobre qué pretendía con todo aquello. Y eso les crispaba, no entendían cómo pretendía que confiaran en él dadas las circunstancias en las que se encontraban.

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.