Código Guardianes
Capítulo 123
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
Este fic pasará oficialmente a la categoría M por su contenido, al igual que Código: Galaxy, para así adecuarse a las normas de FanFiction.
¡Este fanfic terminará con el Especial de Navidad del 31/12, pero habrá una segunda parte!
Los chicos recorrían las instalaciones de aquel complejo en silencio, lo analizaban todo con su energía, buscando la posición exacta tanto de los Jinetes como de sus pecados acompañantes. Pero toda la zona estaba inundada por sus poderes, que hacían bastante difícil encontrar nada, por eso iban a pie, reconociendo el terreno a la antigua usanza. Sin embargo, sabían perfectamente que no se habían ido, lo habrían notado en seguida y les perseguirían de hacer eso, alcanzándoles por ser ellos más veloces. Aquello iba a ser una cacería, más que una batalla campal, lo que beneficiaba a los menos poderosos Jinetes, que tenían por única debilidad la desaparición de aquello que representan. Al estar allí Hambre y Enfermedad, la única manera que tendrían de acabar con ellos – o esa teoría tenían dado lo pasado con Guerra – sería curando y dando de comer y beber a aquellos afectados por sus poderes. En cuanto a los Pecados que con ellos iban, y que desconocían quienes eran… Era una cuestión diferente.
Únicamente un guardián en concreto sería capaz de acabar con uno de ellos, y desconocían de quién se trataba. Lo único que sabían es que debía de tratarse de uno que portara un talismán, y de los mismos, el único que no estaba era Percy. Sería mucha casualidad que tuviera que ser él precisamente el que tuviera que destruir a uno en esa ocasión, pues todos los demás estaban allí. Pero eso no les preocupaba, no por ahora. Podrían capturarles, atrapándoles con cadenas de energía, o tenerles encerrados en su base, en la casa de Jamily. En todo caso sería cuestión de tiempo que acabaran con ellos.
En aquellos momentos estaban recorriendo la explanada externa, tenían intención de ir edificio por edificio hasta dar con el enemigo. El humo negro llenaba el aire y le daba un olor algo desagradable a azufre, les recordaba al Infierno, que en esos momentos estaba siendo sellado por sus compañeros. Estos… preferían no pensar en el tema, ya bastante se habían preocupado, ahora tenían una misión, y, en cuanto la terminaran, hablarían seriamente con ellos. No podían permitirse estar divididos, pero poco podían hacer en esos momentos dado el ego que en esos momentos tenían, que estaba totalmente subido y sin vistas a bajar pronto, sólo una buena ostia mental podría bajarles los humos.
-Vamos a detener las máquinas que están contaminando el ecosistema, seguro que esta no es la única que hay en el planeta. Así podremos curar y alimentar a los seres vivos de aquí, pero no todos, solo iremos algunos- dijo Aelita.
Los demás asintieron- Iremos Jeremy, Yumi, Odd y yo. Los demás, buscad a los Jinetes y a los Pecados, que no puedan huir- ordenó, y todos asintieron.
Pero no estarían muy lejos unos de otros. Ya sabían que no se debían separar, y gracias a la velocidad de la luz podrían ir con los demás en apenas un instante, por lo que no sería un problema reunirse de necesitarlo. Con eso, se dividieron en los dos grupos determinados por Aelita: la misma, Yumi, Jeremy y Odd se movieron en dirección a las fábricas, mientras Marin, Ulrich, William, Herb, Nicolas y Sissi iban hacia los otros edificios. Suponiendo que ya sabrían que estaban allí, ni se molestaron en esconderse, por lo que los del primer grupo entraron tirando las puertas de una patada, que golpeó el suelo y rebotó en el mismo con un fuerte escándalo.
Se encontraron con grandes máquinas humeantes, negras como la obsidiana, con grandes bandejas por debajo de las mismas en las que reposaban toda clase de elementos inflamables para mantener las llamas vivas, tales como madera, carbón, yesca, e incluso carne y lo que debía ser hidrocarburos sin siquiera destilar. En este caso se encontraban guardados en grandes bidones totalmente corroídos y que se encontraban en un lateral. En la parte más baja de dichas bandejas, grandes láminas de azufre, plomo y mercurio le daba al humo ese toque tóxico y venenoso que habían sentido.
Las paredes y suelos estaban llenas de porquería y materiales, totalmente sucias y descuidadas, y con muchísimos demonios campando por allí, trabajando y teniendo las maquinas en constante funcionamiento, con su piel y ropa ennegrecida, pero no parecían tener problemas con estar en un ambiente tan nocivo. Se debían sentir como en casa. En cuanto derribaron la puerta, todos los presentes dieron un respingo y se giraron, con sus ojos negros brillando, molestos por la interrupción. Pero sus facciones de cabreo y ganas de sangre pasaron a una de terror al ver allí a los Guardianes, que se rodearon de su energía y se abalanzaron contra ellos, con sus manos preparadas para acabar con todos ellos.
Los del segundo grupo tampoco hicieron demasiado por ocultar su presencia, solo que ellos no derribaron la puerta, simplemente la abrieron y entraron sin más, encontrándose con una gran sala que servía de recibidor. Esta era de un color verdoso en paredes y techo, pero no era un color bonito. Al contrario, era de un tono enfermizo que les daba malas sensaciones. Se concentraron intentando saber dónde estarían, aunque no pudieran determinarlo con exactitud al menos para hacerse una idea aproximada, pero no eran capaces. Tardarían menos recorriendo toda la infraestructura, rodeados de su energía, esperando encontrar algo que pudieran guiarles hacia los Pecados y por ende a los Jinetes, así que se rodearon de su energía y comenzaron a correr, dejando estelas de sus colores en el proceso tras ellos. Se movían como bellas estrellas fugaces a lo largo de todo el complejo. Conscientes de eso, Hambruna y Enfermedad se miraron, aún ocultas en la sala de observación, desde la que podían ver como los Guardianes se desplazaban por todas partes.
-Tenemos que llamar a Lilith, o a Abadon, o a quien sea, ¡y que les mate, o ellos lo harán con nosotros!- chilló Enfermedad, pero Hambre negó.
-No tienen tiempo para nosotras, hermana. Estamos solas. Pero no te preocupes, lo tengo todo pensado- le afirmó.
La otra la miró con sorpresa- Sabes que nuestros poderes no les afectan, ¿verdad? No enferman, ni necesitan comer, y seguramente ni siquiera mueran de viejos, esos malditos niñatos…- comentó.
Sin embargo, esos no eran los planes de Hambre- Ellos serán más fuertes, pero nosotras somos más inteligentes que ellos, que se lanzan sin siquiera pensar muchas veces- se levantó de su terminal, se dirigió a otra.
La sala entera estaba llena de ordenadores, algunos con pantallas que permitían vigilarlo todo, pero otros tantos no contaban con esa herramienta. Pero sí tenían los medios para poder activar y desactivar trampas, consistentes en inundar salas o pasillos, retirar el oxígeno, incendiar zonas enteras… claro que todas esas cuestiones eran inútiles contra los Guardianes. Así que tendría que pensar en otras cosas, pues todas esas artimañas estaban pensadas para seres vivos normales, no para seres así de poderosos. Incluso los demonios más débiles del Infierno aguantarían sin problemas, pero para eso estaban los perros infernales. Tenían jaurías enteras, que puede que tampoco sirvieran de nada, pero lo importante de ellos era el número. Y contaban con todos los que quisieran, pues había una puerta al Infierno justo allí, en el recinto en el que se encontraban, a un lateral de donde ellas se encontraban, a una puerta y un pasillo de distancia, y que servía como medio de escape de ser necesario. De ahí su localización en aquel planeta perdido en mitad del Universo 911, no había otro motivo realmente. Al principio Enfermedad tampoco lo entendía, pero lo comprendió en cuanto su hermana se lo explicó, y de hecho era lo mejor que podían hacer, pues así tenían una salida rápida a un lugar seguro.
Y seguramente no serían perseguidas, pues los Guardianes no tenían buenas experiencias con sus incursiones al Infierno, por lo que era la mejor opción que tenían. La idea era guiarles, usando a los perros infernales, por todo el complejo hasta llegar a la puerta, donde les empujarían todo lo posible hasta obligarles a cruzar el portal. Allí estarían a merced de los Caballeros, y ellas estarían a salvo, así como los Pecados que las acompañaban: Lujuria, Gula y Pereza. Estos rondaban por todos lados, haciendo que los seres vivos tuvieran comportamientos ruines relacionados con su esfera de influencia, llevándoles a cometer acciones terribles, desde acosos a los diferentes, violaciones de toda suerte, comer y beber sin control o no comer, no desear hacer actividad alguna durante semanas, obligar a otros a trabajar en su lugar… todo con violencia cuando el otro no quería participar de aquello.
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Por su parte, Electra y Aurora sobrevolaban la superficie de un planeta que presentaba un aspecto lamentable. A lo lejos podían ver densas nubes de humo, pero todo lo demás no parecía en una mejor situación. Los ríos que surcaban la tierra estaban ennegrecidos en buena parte de su recorrido, con grupos de animales muertos en esos puntos; los campos, si bien parecían sanos por fuera, ellas notaban sin dificultad que aquello era sólo la fachada, pues estaban empezando a enfermar. Y las criaturas que por allí vivían no estaban mucho mejor, pues las que no estaban ya famélicas les faltaba poco para ese estado, y comenzaban a verse los primeros pasos de una hambruna generalizada. Y sus energías le indicaban que el resto del planeta no estaba en una situación mucho mejor, lo que les daba una gran pena. La vida allí estaba muriendo, y aunque les encantaría hacer algo, sus esferas de influencia no podían hacer nada, como mucho Aurora podría limpiar la atmósfera, pero eso no sería suficiente, necesitarían a los demás, y… no podían contar con ellos.
No mientras siguieran en ese plan moralista, en el que les veían como unos pobres con miedo a actuar y a moverse, ellos ya habían decidido hacerlo, así como tomar su posición como nuevos dioses, mejores, más poderosos y responsables que los anteriores. Y por pensar eso, tan lógico dentro de sus mentes, el resto les llamaban extremistas y ególatras. Tal vez fueran ellos los subiditos, los que no querían ver las cosas como eran… Eran unos idealistas que iban a fracasar, Electra era la que más claro lo tenía, aunque los demás no estaban muy lejos de esa postura.
Ellas estaban volando a diez kilómetros de la zona, y por encima de las nubes más bajas, Aurora estaba limpiando la atmósfera con sus alas extendidas, haciendo emanar su energía de las mismas, que creaban una estela por donde pasaba, como una criatura mágica o incluso divina si era vista desde abajo, brillando en un hermoso tono verdoso. Electra la ayudaba, creando pequeñas tormentas que movían los vientos y dispersaban la contaminación, para que al menos la concentración de gases nocivos fuera más baja, repartiéndolo en áreas más extensas. Sin embargo la tarea de Aurora era la más relevante, y tenía intención de dar varias vueltas al mundo antes de ponerse a cerrar la puerta. Se lo debían a sus fieles, ya que los otros dioses, los antiguos, no estaban dispuestos a ensuciarse las manos. Pero ellas, y los demás, sí.
-¡Aquí pasa algo, ni la Tierra está tan sucia!- gritó Electra, tras cruzar unas nubes. La otra, tras ella, asintió- Sí… y noto a los demás… - musitó Aurora.
Su amiga asintió- Están en superficie, luchando…- bajó el rostro- Deberíamos dejarles tranquilos, y centrarnos en nuestra misión-
Sin decir nada más, se dirigieron hacia la localización de la puerta, que, precisamente, se encontraba cerca de donde los otros Guardianes estaban luchando. En concreto, en unas grandes instalaciones industriales, de las que venían aquellas emanaciones dañinas para el ambiente, así que, seguro, todo tenía que estar relacionado de alguna manera. Pero no se querían comer la cabeza, tenían una misión y la llevarían a cabo, y se marcharían sin entorpecer a los otros, que seguro harían lo mismo por ellos. Era lo mínimo, dadas las circunstancias.
-Está justo debajo de nosotras, Aur- Electra comenzó a dar vueltas en torno a un punto, moviendo sus alas de energía suavemente.
La otra asintió- ¿Nos transformamos?- y como única respuesta, la Guardiana del rayo se rodeó de su energía, y su cuerpo se transformó a su forma animal. Aurora la imitó en seguida, sufriendo una transformación parecida.
Ambas adquirieron facciones avícolas, para la primera de águila y para la segunda de halcón, con alas dobles para Aurora y un único par para la otra, y con plumas a lo largo del cuerpo, sus energías habían aumentado considerablemente, sus cuerpos se habían fortalecido y hecho más estilizado, con un vestido protector, minifalda hasta medio muslo, y tatuajes y marcas tribales por el cuerpo. En ese estado se sentían casi invencibles, así que bajaron en picado, rodeadas de su energía. Una gran tormenta se formó tras ellas, y se dividieron: una fue por la derecha, y la otra por la izquierda. Desde lo alto podían ver a un gran número de perros del infierno, que parecían moverse todos en una misma dirección, como si desearan cazar alguna cosa.
Eso les sorprendía, no parecía haber nada concreto, pero se fijaron en que todos parecían venir de la misma dirección. Salían de una sola nave, cuando estaban rodeados de unas cuantas y muy grandes, por tanto ahí en concreto debía estar el portal. Se lanzaron hacia ellos, que en cuanto las vieron quisieron ir a por ellas, saltando y con las mandíbulas preparadas para morder, gruñendo y ladrando agresivamente, pero ellas no sintieron miedo alguno. Alzaron sus manos, se rodearon de sus poderes, y en sus palmas aparecieron sus armas: un martillo chisporroteante para Electra, y unas tonfas para Aurora. Enarbolándolas, golpearon a los primeros con ellas, llevándoles contra el suelo.
Rápidamente se vieron rodeadas, y las siniestras criaturas comenzaron a lanzarse contra ellas. Las chicas se movían ágilmente, esquivaban sus acometidas y, cuando los tenían en el lateral, golpeaban sus costillas para derribarles, y tras eso pisaban sus cráneos para acabar con ellos de un fuerte golpe, o les incrustaban sus manos en el costado o pecho como si de una afilada espada se tratara, destruyéndoles en el acto. Era una carnicería, decenas de perros caían por turno, y cuando eran demasiados para ellas, usaban rayos o fuertes vendavales para apartarles. Sin embargo, pese a su extraordinaria superioridad, muchas veces esos animales las llegaban a morder, sus mandíbulas eran tan poderosas que de ser humanas les desgarrarían los tendones y articulaciones, destruyendo todo tejido a su paso.
En esos casos, ellas les tomaban de cuello y les fulminaban con su energía, igual que cuando iban al cuello o a los brazos, que les interceptaban y destruían con sus poderes, absorbiendo su esencia para ser usada más adelante en su misión de cerrar la puerta. A más absolvieran, antes se realizaría el proceso, y más puertas podrían cerrar de una sentada, pero en cada parada procuraban absorber más esencia infernal. La batalla se desarrollaba rápidamente, era salvaje y feroz, con cada vez más sangre cubriendo los brazos y rostros de ellas, que estaban en el apogeo de su poder, disfrutando incluso por acabar con aquellas criaturas tan terribles, a las que odiaban con toda su alma. En apenas veinte minutos habían acabado con cerca de la mitad de los que habían aparecido, pero no dejaban de llegar más, como si de una plaga de ratas se tratara.
-¡No vamos a acabar nunca a este ritmo!- gritó Aurora, extendiendo sus alas, rodeándose de su energía.
-¿Y qué propones?- le respondió Electra, y la otra sonrió.
Preparó sus manos, y lanzó su ataque, Los cien dragones, que golpearon con salvaje fuerza a aquellas alimañas y destruyéndolas en el proceso, creando un largo y amplio pasillo allí donde el ataque de energía pasó. Moviéndose a toda velocidad, y cargando contra ellos, las dos se movieron a lo largo del mismo, queriendo llegar cuanto antes al portal del que seguro estaban emanando como la sangre de una herida abierta. Aunque la presencia de sus amigos las tenían algo preocupadas, pues no deseaban encontrarse con ellos, no por ahora que había tensión y podían estallar en cualquier momento, y echarse la mierda a la cara no era lo que más querían en esos instantes.
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En ello pensaban también el grupo de Aelita, que evidentemente había notado la presencia de las otras dos, pero prefirieron no entrar en contacto con ellas. De hecho, una vez destruidas las cámaras de incineración, los Guardianes encargados de esa actividad tuvieron tentaciones de acercarse a ellas, pero prefirieron no hacerlo, aunque algo les decía que se las volverían a encontrar en algún momento, más tarde o más temprano. No fue por debilidad ni por que las echaran de menos, sino porque, nada más llegar, sus energías sufrieron un aumento enorme, pues se vieron enfrascadas en una batalla campal que se oía desde donde estaban. Y eso les preocupó, aunque supieran perfectamente que se podían defender sin problemas.
-Se deben estar enfrentando a medio Infierno…- comentó Marin, mientras andaban por el pasillo.
-A los perros del Infierno, en concreto- añadió Jeremy entonces- Y creo que no vienen sólo a por ellas…-
Efectivamente, oyeron cercanos ladridos, zarpas corriendo por el suelo, gruñidos, y el fuerte olor a muerto y azufre típico de ellos les llegó a la nariz. Y no tardaron en ser encontrados por unas cuantas de aquellas criaturas terribles, que se lanzaron contra ellos nada más encontrarles. Esquivaron a los animales, que les rodearon como si fueran lobos, y volvieron a atacar con violencia. Sissi detuvo a cinco de ellos con su Muro de cristal, así como Ulrich, que destruyó a otros tantos con su Plasma Relámpago, mientras Jeremy les congelaba con la Ejecución aurora, y Aelita les desintegraba con el Trueno atómico. Herb y Nícolas les golpeaban con su Revolución del polvo estelar, y Marin buscaba una forma de salir de la sala en la que estaban, mientras los demás daban cuenta del enemigo.
No era capaz de dar con una salida, y no lograba localizar al enemigo, así que decidió hacerse ella misma un camino a las bravas, dado que no daba con otra forma y se estaba poniendo nerviosa, por estar en plena misión y llevar prisas.
-¡Estamos encerrados, y paso de seguir dando vueltas por aquí, abriré camino!- gritó entonces, y juntó sus manos, rodeándose de su energía.
Todo retumbó, y de su cuerpo emanó una gran cantidad de energía, formando así su ataque, la Explosión de galaxias, abriendo un gran boquete en la pared, así como en las aledañas, creando un largo pasillo y que permitía casi ir de lado a lado del edificio, gracias al haber estado orientada en la dirección apropiada para ello. Salieron corriendo a través del mismo, impulsados por su energía, y con más perros del Infierno aún yendo tras ellos, persiguiéndoles como una jauría a su presa.
Azuzándoles también había demonios, que no tenían forma humana sino que se trataba de volutas de energía oscura, es decir, que estaban en una forma muy pura, sólo otros seres de su misma naturaleza, y ángeles, podían ver su verdadera apariencia, cosa que los Guardianes agradecían pues, en palabras de Jhonny, no era algo agradable. Pero tuvieron que parar a la mitad del camino, pues debajo de donde estaban había un gran hueco que descendía unas cuantas decenas de metros, debía ser el espacio usado por un gran ascensor de carga, y que no ascendía mucho más, por lo que era su última parada.
-Por aquí, seguro- comentó Aelita, se rodeó de su energía, y se lanzó por el hueco, seguida de los demás, que no dudaron en que algo importante debía haber.
Los canes infernales no llegaron a descender, pero se apelotonaron en el hoyo, ladrando con fiereza, arañando el suelo, y con sus colas en forma de látigo moviéndose de lado a lado, como si estuvieran enfadados por perder a una presa. Los que sí les siguieron fueron los demonios, que intentaban impedirles que pudieran descender, pero fueron destruidos al instante por los Guardianes, que, sólo con unas pocas esferas de pura energía, lograron el objetivo de destruirles.
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Hambre y Enfermedad habían salido de la sala de control en el momento en que sintieron el potente ataque de Marin acabar con la parte superior del montacargas por el que se descendía a donde ellas estaban, así que decidieron retirarse antes de ser encontradas, ante la evidencia de que el plan de Hambre no estaba saliendo para nada bien, y que de hecho estaba fracasando. Por suerte para ellas, la entrada del Infierno estaba muy cerca, tan sólo tenían que seguir el mismo camino que ellas mismas habían diseñado al construir aquello, aunque era un camino sólo de ida. Para salir de la sala en la que se encontraba el portal e ir al exterior, tenía que seguirse otra ruta, que fue la usada por los perros infernales cuando fueron liberados por ellas para lanzárselos a los Guardianes. Al menos sirvieron para retrasarles algo, mientras preparaban todo.
-¡Tus planes nunca funcionan, Hambre!- gritaba molesta Enfermedad, cargando con sus cosas, que no dejaban de ser un par de bolsas con prendas y alguna que otra calavera de los locales.
-Yo al menos tengo planes, no como otras…- le gruñó, se empezaba a molestar. La otra no llegó a responder.
Anduvieron penosamente por el pasillo, de unos doscientos metros, esperando que el enemigo no pudiera dar con ellas a través de la energía, pues todo el planeta estaba inundado de la misma. Sin embargo eso no sucedió, pues, al fondo de dónde estaban, apareció el equipo de Aelita, que, en cuanto las vieron, atacaron con toda su fuerza con sus ataques de energía. Ellas se defendieron cruzando sus brazos y rodeándose de sus poderes, dando de lleno el ataque en sus cuerpos. Por suerte para ambas no se veían afectadas por eso, pero sí la roca cercana, que se hundió sobre ellas, atrapándolas entre enormes pedruscos y toneladas de tierra que las aplastaron. Los Guardianes corrieron hacia allí, aunque no se sorprendieron de ver estallar las rocas y a las dos intactas, cubiertas de tierra, pero ilesas.
Hambre entonces les lanzó su energía, intentando consumirles y que se volvieran polvo y huesos sueltos, mientras Enfermedad se disolvía en el aire y les lanzaba su aliento, cubriéndose de su energía, y pasando a ser invisible a sus ojos, ni podían sentir siquiera su energía, que estaba demasiado disuelta en el aire en esos momentos. Sin embargo ellos también eran inmunes a sus poderes, gracias a sus energías, que les defendían de esos peligros, por lo que estaban en un punto muerto en esos instantes, ni uno ni los otros podían con el contrario, así que tendría que hacerse de otra manera. Iban a ponerse a luchar cuando oyeron una voz muy conocida reverberar por todo el complejo de cuevas.
-¡Por esto somos dioses! ¿Sigues sin verlo, Lita?- oyeron la tormentosa voz de Electra retumbar, llegaban desde delante de ellos.
-Lo que veo es que seguís en vuestros trece… ¿Cómo estáis?- preguntó la aludida, cruzándose de brazos.
Sissi, Herb y Nicolas alzaron sendos Muros de cristal en ambos lados para que nadie pudiera escapar.
-Bien, cumpliendo la misión… ¿vosotros?- preguntó, también se había cruzado de brazos.
Aelita se mordió algo el labio- Bien- dijo simplemente- ¿Por qué estáis aquí? ¿Hay un portal al Infierno, verdad?- y Electra asintió.
-Está algo más adelante… no molestaremos- ella y Aurora se dieron la vuelta y se dirigieron hacia allí.
Aelita suspiró, y miró a las dos Jinetes, que asistieron a esa conversación con una sonrisa divertida. Ahora sí se confirmaba todo, era importante que los Guardianes estuvieran divididos, le venía bien a ambos bandos en aquella gran guerra. Sin embargo no tuvieron tiempo de decir nada, pues Yumi elevó su energía, así como Odd y Aelita, que comenzaron a emanar sus poderes, dando energía a la vida local. Jeremy también lo hizo, haciendo que el agua del planeta se comenzara a limpiar, mientras Sissi, Herb, Nico y Marin se movían para evitar que las otras dos escaparan, pues intentaron huir en varias ocasiones, en los pocos huecos libres que había entre los muros de energía levantados, así como a través de la roca.
-No vais a ningún lado, guapita…- le dijo Sissi a Hambre, que gruñó cuando esta se interpuso delante.
Sentía que se iba debilitando, pero entonces tuvo una idea. Elevó su energía también, y se centró en la entrada al Infierno. Sus ojos brillaron en negro, así como su energía, y entonces aparecieron a través del portal cientos de demonios. Y, desde la parte superior del pasillo, aparecieron también los tres Pecados acompañantes de las Jinetes, esta vez sí, con cuerpos de criaturas locales, tras atravesar el techo y caer delante de ellos, con sus energías elevadas y listos para luchar. Sus cuerpos eran altos y delgados, fibrosos más que fuertes, con largas extremidades y ojos hermosos, iban cubiertos de prendas algo simples pero bien curtidas.
-Vais a tener que esforzaros algo más, Guardianes…- le dijo uno- ¡Vosotros dos, id a proteger a Hambre, yo me encargo de ellos!- ordenó.
Sin duda parecía el líder, dada esa orden. Comenzaron entonces a luchar, con patadas directas al cráneo, puñetazos y esferas de energía para agotar al contrario, no deseando destruirles de primeras, sino para hacer que se fueran desgastando poco a poco, rompiendo así sus defensas todo lo que pudieran. Luchaban rápidamente, casi a la velocidad de la luz, aunque lo estrecho del área en la que estaban no permitían demasiado, muchas veces para ir de un lado a otro lo que hacían era saltar, poner los pies en la pared contraria a la que querían ir, y se impulsaban hacia adelante para poder, de paso, golpear al rival, que caía de bruces al suelo, pero este esquivaba el ataque. Fue así hasta que Gula y Pereza cayeron al suelo algo noqueados por la violencia del golpe, momento en el que Jeremy y Marin aprovecharon para intentar fulminarles.
Tal y como les había pasado antes, pese a tener ellos una energía muy superior al de los Pecados, no eran capaces de destruirles mediante la energía, pues nada más empezar les habían lanzado grandes ataques de energía, pero estos habían sido inútiles, ya que salieron indemnes de los ataques, al menos los de ellos dos, cuyas Ejecución de aurora y Explosión de galaxias no sirvieron de nada. Por eso, y sabiendo que ellos no eran los indicados, decidieron que serían ellos los que detendrían a los Pecados, para que los demás pudieran probar suerte para destruirles. Pero los Pecados no se dejarían hacer tan fácilmente de nuevo, y de hecho, comenzaron a atacar de forma más violenta, usando fuertes ataques de energía que atravesaban paredes y techo, provocando temblores y generando grandes boquetes. A ese rito poco tardarían en provocar algún derrumbe, y aunque no les preocupaba especialmente, sí que podría poner en riesgo la otra misión, haciendo que el portal quedara de difícil acceso.
-¡Vamos a sacarles de aquí!- Yumi había reforzado las rocas con sus plantas, creando fuertes y anchas lianas para poder mantener en pie y estable el interior de la cueva, pero no podría mantener mucho más la estructura si los demonios seguían atravesando la roca.
-¡Eh, capullo!- Sissi lanzó varios ataques de energía contra Lujuria, que en esos momentos acababa de esquivar uno de los puños de Aelita.
El aludido se giró y recibió de lleno los golpes, momento en el que la pelirosa le tomó desde atrás, pasando sus brazos por debajo de sus hombros, impidiendo que se pudiera mover y haciendo tanta fuerza que peligró la integridad física del demonio. Yumi no tardó en ir a por Lujuria, poniendo su mano en su cráneo, inundando su cuerpo su energía, y fulminándolo con la misma, pues su cuerpo brilló y se disolvió en un gran estallido por el poder de ella.
-¡Malditos Guardianes!- Gula entonces quiso huir de allí, empezó a golpear los Muros de cristal de ellos, los quería atravesar cómo fuera.
Sin embargo, notó como su cuerpo se congelaba de golpe, empezando por las piernas y llegando hasta su pecho y estómago. Jeremy, al otro lado de la pared, tenía el brazo extendido y su energía en alto. Con un gruñido gutural, abrió su boca todo lo que pudo y lanzó un enorme rayo de energía sin siquiera ver en qué dirección iba, tampoco importaba. Fue muy potente y chocó contra los muros que ellos habían creado, pero sorprendentemente, comenzó a rebotar por la naturaleza de la energía lanzada y de los propios muros, y que llegó a atravesar uno de los mismos, el que protegía el camino que llevaba hasta el portal. Habían recibido tantos golpes que estaban bastante dañados, y esos acabaron cediendo. Intentaron colocar uno de nuevo en sustitución, pero era tarde, pues ya lo había atravesado y destruido en el proceso.
Jeremy, aprovechando que se había cansado bastante, se acercó y le posó la mano, intentando fulminarle, y aunque le llenó de su energía, no logró el objetivo. Su cuerpo había temblado, y había brillado un poco incluso, congelándose algo más, pero acabó intacto. Fue en ese momento que Aelita pensó que no perdía nada por intentarlo, le agarró del cuello, y, esa vez sí, logró fulminarle. Rompió su cuerpo usando su energía para ello, destruyendo al demonio, logrando eliminar a dos de tres, así que únicamente quedaba Pereza, que se vio rodeado por Marin y Nico, que comenzaron a elevar su energía también.
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Dejando a sus compañeros atrás, Electra y Aurora volaron hacia el portal. Este estaba sobre una base de piedra ennegrecida, en el centro de una gran cueva, enormes pilares formaban un círculo que, en lo alto, contaban con grandes arcos de piedra bien decorados con letras enoquianas. Estaba situado en un altar, con cadáveres podridos por todo el suelo, y un montón de perros del Infierno pululando de aquí para allá, yendo y viniendo de su dimensión. En cuanto olisquearon a las chicas gruñeron y se lanzaron contra ellas, que, cansadas de esa situación, atacaron inmediatamente. Electra lanzó su Excalibur, cercenando patas y hasta cabezas de aquellos animales, que cayeron al suelo, gimoteando. Aurora, sintiéndose mal por ellos, les remató con una ráfaga de energía, que les terminaba de rematar.
Cuando se acercaron al enclave, se rodearon de su energía, y se prepararon- ¿Lista, Aur?- preguntó la rubia, y la aludida asintió.
Con una sonrisa chocaron los antebrazos, se prepararon, y de sus manos emanaron un halo de energía, que impactó de lleno contra el portal. La idea era que el mismo colapsara, y así podrían hacerlo gracias a los poderes infernales que absorbieron con tanto enemigo derrotado, así que esperaban poder cerrarlo rápidamente. Sin embargo, poco después de empezar, cuando ya comenzaba a cerrarse, un chorro de energía impactó contra el mismo, haciéndolo aún más grande y haciendo que ellas tuvieran que parar, girarse, y ver qué era lo que pasaba. Fue tan potente aquel ataque fortuito que las rocas del lado contrario comenzaron a caer, derrumbando parte de la pared y ocultando el portal. Ellas se molestaron mucho, juntaron sus manos y lanzaron un ataque conjunto, sin siquiera mirar hacia dónde lo disparaban.
-¡¿A qué jugáis, ahí atrás?! ¡Acabad con ellos ya!- gritó, se oyeron varios rayos caer por todos lados, incluso varios llegaron al suelo que ellas pisaban.
Vieron entre el polvo levantado un breve chispazo de luz, para, segundos después, ver como dos cuerpos caían como dos sacos de patatas, eran dos muchachas bastante parecidas, estaban encadenadas con líneas de luz que impedían que fueran a ningún lugar, pues lo intentaron con ahínco. Aparecieron instantes después sus compañeros, que tenían algo de polvo encima, y cara de pocos amigos.
-Eso mismo me pregunto yo… ¿A qué vino ese ataque?- comentó Ulrich, con los brazos cruzados.
El resplandor de antes fue provocado por él, al acabar con Gula, al fulminarle él tras intentarlo varios antes que él. Era una suerte que estuvieran los necesarios allí para acabar con los Pecados. Los Jinetes… eso sería otra cuestión, pero por lo menos de allí no se irían. Ahora tenían un asunto importante entre manos. Para el grupo de Aelita, Electra y Aurora eran unas reaccionarias que no entendían que en plena batalla era normal – y de hecho no era la primera vez que pasaba – que recibían fuego amigo por un accidente, pero en esa ocasión se habían pasado, al hacerlo adrede y en un momento peligroso, ya que la estructura sobre ellos se derrumbó en cuando salieron del pasillo, al retirar Yumi las lianas. Para ellas dos, el otro grupo eran unos tibios incapaces de derrotar rápidamente al enemigo, lentos por tener que ir siempre con pies de plomo, e incapaces de tomar una decisión rápida y por su cuenta, al necesitar siempre el respaldo de los demás. La tensión en el ambiente era evidente.
-¡Sois imbéciles, es como si no hubiera hecho esfuerzo alguno por cerrar el portal! ¡¿Tanto os cuesta cargaros a esos engendros de un golpe?!- les recriminó Electra.
-¡¿Y qué se supone que pretendías que hiciéramos, eh?! ¡¿Echar esto abajo con todos dentro, y cargarnos a la vez a todos, o hacerlo con cuidado y respetar el ambiente?!- incluso Yumi estaba encendida en esos momentos.
-El ambiente, el ambiente… ¡Siempre con excusas! ¡Y al final actuáis tarde y mal!- exclamó Aurora.
Jeremy intervino entonces- Tengamos la fiesta en paz, hemos detenido a dos Jinetes más, y ahora vosotras podéis cerrar el portal- explicó.
Pero Electra negó- No con vosotros cerca… todo lo que tocáis lo jodéis- gruñó.
El chico alzó una ceja- ¿Cómo?- no entendía, o mejor dicho, no quería entender qué decía.
-No te hagas el imbécil, Einstein- lo pronunció con sorna- Nos habéis jodido pero bien a todos-
Marin salió en defensa de los demás- Las decisiones las tomábamos entre todos, te recuerdo- pero la otra no parecía satisfecha.
-¡Eso decídselo a mi madre! ¡Uy no, que está muerta! ¡Como los padres de Aelita! ¡Y como muchas familias, que han desaparecido, muertas por culpa de los demonios! ¡Y la de toda esa gente a la que hemos jodido por nuestras aventuras!- la rubia estaba fuera de sí.
Desde que había empezado el Apocalipsis, habían estado metidos en muchos asuntos, más de los que podían abarcar, y habían desatendido sus responsabilidades con la naturaleza, y, a raíz de sus viajes y de la presión, no habían tenido cuidado con sus poderes y habían aumentado los incendios, inundaciones, tormentas, plagas… y aunque intentaran arreglar esas cuestiones, era una tarea ardua, casi imposible de llevar a cabo, y se habían rendido llegado ese punto. Claramente Electra no se había olvidado, ella fue bastante clara en decir que lo iba a arreglar todo, costara lo que costara. Y no fue el único efecto colateral, el dañar el ambiente.
-Todo lo que tocamos se va a la mierda… O mejor dicho, todo lo que VOSOTROS tocáis- Electra no habló en alto, lo que era peor.
Los rayos y el viento comenzaron a aullar, y en los ojos de ellas vieron un destello peligroso, como el que ellos tenían por las claras diferencias en la forma de pensar de cada grupo, que, a un mismo problema, le daban soluciones y punto de vista muy diferentes entre sí.
En la mano de la Guardiana apareció su escudo, que brilló intensamente- Estoy de acuerdo, por una vez- Aelita también pasó a su forma animal entonces, así como los demás Guardianes, pasando a tener el aspecto de criaturas antropomórficas en base a su animal insignia. Marin, la única que no se transformó, vio eso con tristeza, pero no podía evitar lo que era evidente. Iban a luchar ahí mismo, sin importar las circunstancias.
-¡Los cien dragones!- La primera fue Aurora, que lanzó su ataque directo contra los demás. Jeremy lo interceptó, tomando el mismo con sus manos, aunque acabó yendo hacia atrás por su potencia.
-¡Rosas piraña!- una lluvia de rosas negras de energía salió de Yumi, que volaron a la velocidad de la luz contra ellas, que esquivaron las mismas, sabedoras de que tenían un veneno letal.
Electra respondió con su cortante Excalibur, que les hubiera cortado de no haber levantado Sissi delante de ellos un Muro de cristal. Lo giró de tal manera que formó una plataforma, que usó Marin para dar un salto, y junto a ella Jeremy, y lanzaron sus ataques de energía. Él su Ejecución aurora al cero absoluto que congeló el aire a su paso, y ella la Explosión de galaxias, y que provocó un enorme socavón en la tierra. Aelita no se quedó atrás, se impulsó con sus alas, y creó unas cuantas esferas de energía, que las lanzó a toda velocidad contra ellas dos. Estas lo esquivaron, se impulsaron, y se lanzaron contra los demás. Empezó así una batalla a velocidad luz, con puñetazos y patadas, entre Electra y Nico, y entre Aurora y Herb, que intercambiaron golpes. Uno atacaba, el otro esquivaba, y le intentaba dar en la boca del estómago, el otro detenía el golpe, se revolvía, le levantaba con la espalda, y lo tiraba al suelo, momento en el que intentaba pisarle en la cabeza, pero sin éxito. El del suelo daba un salto atrás, se impulsaba, y placaba al contrario, que acababa tirado en el suelo con el otro por encima, recibiendo varios puñetazos hasta que el otro le expulsaba, usando un ataque de energía, y llevándole contra la pared. En ese momento aprovechaba para levantarse, volverse a aproximar al otro, y darle una patada directa a la cabeza, que el otro impedía colocando su antebrazo.
-Estamos empatados en fuerza…- gruñía Electra, mientras Nico protegía su cabeza. Este tenía la otra mano en la tripa de ella, amenazando con un ataque de energía.
En una situación similar, pero a la inversa, estaban Herb y Aurora, con la mano de ella sobre el estómago de él.
-¡Pues voy a romper la balanza, Trueno Atómico!- Aelita lanzó un gran chorro de energía contra los cuatro.
Esquivaron como pudieron el mismo, cayendo al suelo, y fue entonces que atacaron Yumi y Marin a Aurora y Electra, respectivamente. Serían las segundas las que empezaran, atrapando a las otras entre sus piernas y llevándolas contra la pared, golpeando con todo su cuerpo las rocas. En ese momento, empezaban a golpear su nuca contra las piedras, tomándolas desde el rostro y empujándolo una y otra vez. Yumi y Marin, entonces, desde sus ojos lanzaron líneas de energía para dañar la mano de su oponente, lo suficiente para poder liberarse, objetivo que lograron. Tomaron a las otras de las piernas, golpearon sus rodillas, y las agarraron de las pantorrillas, tirándolas hacia adelante. Aurora y Electra cayeron sobre sus espaldas, y Jeremy y Ulrich quisieron capturarlas pero sin éxito, ya que se revolvieron sobre si mismas cuando cayeron sobre ellas. Una vez que les esquivaron, ellas se impulsaron hacia arriba, y comenzaron a volar lentamente, dando círculos.
-¡Esto no ha acabado aquí! ¡Cerrad vosotros el portal, gilipollas de mierda!- gritó Electra, y sin más, salieron a la velocidad de la luz de allí, dejando a los demás solos. O eso les pareció, pues se quedaron, fuera de la vista, por encima de ellos, no podían irse sin terminar la misión de cerrar el portal, y no se fiaban de sus antiguos compañeros para ello-.
El grupo se miró entre ellos, sin saber muy bien qué hacer. Y miraron entonces a las dos Jinetes, que seguían donde estaban, hechas un ovillo. Parecían aterradas, habían desatado mucha energía. Varios ataques debieron dar contra el portal por que este estaba menguando a ojos vista, así que decidieron que volverían a lanzar sus ataques, con la esperanza de tener la suficiente energía infernal como para que sirviera. Fueron todos a una, pero no parecía ser suficiente pues permanecía en el mismo estado, así que no fueron los suyos los que provocaron el cambio, sino los de las otras dos.
Iban a pedir ayuda a los demás vía energía, cuando una gran corriente vino desde arriba. Identificaron a sus dos antiguas compañeras como las causantes, y en esa ocasión sí, lograron cerrar el portal definitivamente, que colapsó sobre sí mismo y desapareció en un fuerte temblor, seguido de un estallido de energía. Y sin decir nada, esa vez sí, se fueron para no volver, con la cabeza hecha un lío en todos los casos y sin tener muy claro qué hacer o decir.
-Vámonos de aquí… llevaremos a estas dos con nosotros y curaremos este planeta, con suerte con eso bastará para que se debiliten lo bastante como para que podamos acabar con ellas-
Aelita no parecía tener muchas ganas de hablar más, así que simplemente cargaron con las Jinetes a sus espaldas, y volaron hacia la superficie, donde, usando su energía, intentaron que la flora y fauna local se recuperaran de los estragos provocados. Sintieron tentación de llamar a Patrick para que les ayudara con sus poderes sobre la tierra, pero dudaban que fuera buena idea, estando las cosas como estaban en esos momentos. Así que se las arreglarían entre ellos para poder solucionar ese desastre tan monumental ellos solos, no podían confiar en ellos, no ahora.
-¿Qué haremos con ellas, Lita?- preguntó Sissi, tenía sobre sus hombros a una inconsciente Hambre, a su lado Marin tenía a Enfermedad, estaban esperando a que Yumi, Odd y Jeremy depuraran el planeta y lo revitalizaran lo suficiente.
-Les destruiremos ahora mismo, si no podemos nos las llevamos, pero no las dejamos ir. Podrían hacerle buena compañía a Guerra…- murmuró.
-Mucho tiempo no estarán aun así, todo acabará en una semana como tarde…- murmuró Herb, y ella asintió.
-Soy consciente, sí… Soy consciente…- murmuró, sus ojos se pusieron llorosos por un instante.
Y comenzó a llorar de pronto en silencio, temblando algo. Nico la abrazó en silencio, y ella se dejó hacer, agradecida.
-No quiero… no quiero que… las almas de mis padres…- murmuró, era incapaz de hablar.
La amenaza la tenían muy presente, en una semana Lucifer y Miguel se presentarían ante ella y su hermana Asmeya para preguntar, una vez más, si aceptaban que entraran en su cuerpo para ser sus avatares en la realidad física. Y si se negaban, llevarían las almas de sus padres al Infierno, donde serían torturadas eternamente, así que si una opción era mala, la otra era peor. Y ella tenía claro qué responder ese día.
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.
