Código Guardianes
Capítulo 124
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
¡Este fanfic terminará con el Especial de Navidad del 31/12, pero habrá una segunda parte!
Habían pasado tres días desde que los Guardianes volvieron de la misión para encontrar a Hambre y Enfermedad, que quedaron encerradas junto a Guerra, atados con las cadenas que forjó en su día Percy como medio para detener a aquellos del grupo que se hubieran descontrolado de alguna manera, pero a esas alturas eran inútiles. De los Jinetes, por tanto, únicamente quedaba Muerte, que no daba señales de estar en ningún lado, era como si hubiera desaparecido de la realidad, o como si jamás hubiera salido del Infierno. Intentaron sin demasiado éxito sonsacarles la información a sus hermanos, pero poco lograron, ya que no podían usar métodos violentos sin fortalecer en el proceso a Guerra, que en esos momentos se encontraba en un estado ciertamente lamentable. No así sus hermanas, que seguían intentando liberarse, pero la falta de energías negativas de su misma naturaleza comenzaban a pasarles factura a ellas también.
Aquella mañana estaban, como siempre, reunidos todos ellos en el salón de la casa, cada uno con el móvil, con un ordenador, o revisando libros sobre posibles mensajes predictores que pudiera haber. No estaban encontrando nada, ni siquiera usando la energía eran capaces, y eso era muy preocupante. No sólo porque una actividad casi nula, estando la situación como estaba, era extremadamente rara; también porque tenían que acabar con todo aquello cuanto antes, más si, como todo parecía indicar, el Apocalipsis llegaría a su punto álgido en cuatro días.
Los arcángeles no habían vuelto actuar, ni siquiera Azrael y Gabriel se habían intentado comunicar con ellos, por lo que estaban solos. Hasta los Guerreros les habían traicionado, estando solo Obara por allí como recordatorio de lo que un día habían sido, unos buenos aliados que, al final, resultaron ser no mucho mejor que cualquier enemigo al que se habían enfrentado. Únicamente Ulrich y Jhonny, y en secreto, seguían en contacto con ellos, pero no habían vuelto a hablar con ellos desde inicios de semana. Sólo Seriel seguía allí con ellos, resultando ser un buen aliado, e incluso amigo, dado su tratamiento con todos ellos, demostrando que sí se podía confiar en él.
Y sin embargo, aquel día hubo un cambio drástico en todo aquello. En primer lugar, en la dimensión aparecieron por primera vez en varias semanas Azrael y Gabriel, tenían aspecto preocupado. Fueron recibidos por todos, que salieron atropelladamente por la puerta, sin dar crédito a lo que habían sentido segundos antes, pero cuando lo confirmaron sintieron cierto alivio, al menos durante los primeros segundos. Luego pasó a enfado, por haberles abandonado de mala manera desde mucho antes de la liberación de Lucifer.
-Tenemos que hablar, sobre todo contigo y con tu hermana- Gabriel fue directamente hacia Aelita, pero esta negó.
-Está en Asmara, tiene obligaciones que atender ahora- afirmó, pero el arcángel frunció el ceño.
-Si no viene por su voluntad, tendré que traerla yo mismo- murmuró, cruzándose de brazos.
-Como siempre, hacéis lo que os da la gana- comentó entonces una voz.
Se giraron, sorprendidos, y vieron a Sam. A su lado estaba Jhonny, que estaba de brazos cruzados. Llevaban sus armaduras puestas, con sus energías en alto, como si acabaran de luchar de alguna manera. En las manos de ella había una hoja con bastantes marcas de bolígrafo, así como en sus propios dedos, que estaban algo manchados de tinta azul. Se acercaron rápidamente, parecían algo nerviosos, sobre todo el menor, que ni siquiera miró a su padre, aunque este no hizo el ademán de saludarle tampoco, no por falta de ganas sino por vergüenza.
-Tenemos que hablar con William- añadió ella, seria, sin siquiera saludar.
-¿Estáis bien?- preguntó Azrael, mirando a su hijo. Este asintió, bajando algo el rostro.
-¿Y mamá?- a eso el arcángel suspiró, e igualmente le hizo una señal afirmativa.
-Volviendo al tema, ¿va a venir ella, o hay que ir a buscarla?- Gabriel se estaba impacientando, al igual que William, que quería saber de qué querían hablar los otros dos.
-Llevamos tiempo sin veros, ¿no tenéis nada que contarnos?- Yumi no hizo esa pregunta por cortesía.
No entendían la reacción de ellos dos, abandonarles en un momento crucial les había sentado mal. El único que no estaba en esa situación, y por ser uno de ellos su propio padre, era Jhonny. En cierta medida podía comprenderlo, pero era difícil ponerse en la situación de seres tan poderosos y antiguos, siendo sólo un adolescente. En todo caso, los arcángeles respondieron.
-No, no tenemos nada que decir- dijo Gabriel, serio.
Desapareció de allí entonces, quedando sólo a su hermano, había un ambiente tenso en el aire, nadie se atrevía a hablar o a decir nada. Pero, aunque no lo desearan, tenían que comentar cosas relevantes, así que el arcángel fue el primero en hablar.
-¿Cómo va el embarazo del Anticristo?- William sería el que respondiera.
-Está a punto de dar a luz. En muy poco tiempo, de hecho- explicó.
-¿Para qué vinisteis, por cierto? No creo que sea sólo para hablar conmigo y mi hermana- comentó Aelita.
-Estamos preocupados, sí… En días Miguel y Lucifer van a luchar, y hay que prepararse para ese día- explicó.
-Pues ya podríais haberos preocupado antes, no sé, se me ocurre cuando nos hemos dividido- fue Obara la que habló.
Estaba apoyada en el hombro en el picaporte de la puerta- Hola, cachorrillo- saludó al aludido y se le acercó.
-¿Vuelves ya a casa?- le preguntó, tomando su mano, y él se sonrojó un poco.
Antes de que pudiera decir nada, William habló- ¿Qué era lo que me teníais que contar? Parecía importante- Sam asintió.
-Gamma quiere que hagas honor a tu palabra, tienes que… hacerte un tatuaje, al parecer- explicó. Este la miró con sorpresa.
-¿En serio? ¿Y quién me lo tiene que poner?- preguntó, a lo que ella se hundió de hombres.
-El demonio que se lo dijo a Gamma, lo más seguro. Pero me preocupa la segunda parte, que es que tienes que bajar al Infierno- las reacciones fueron muy variadas en ese sentido.
Aunque todas iban en la misma dirección, que era negarse a que el muchacho tuviera que ir allí. Lo único que variaba era la vehemencia con la que se decía, pues Ulrich se negaba en voz alta, mientras Yumi se acariciaba nerviosa el puente de la nariz, o Aelita, que se colocaba delante de su compañero, como si estuviera dispuesta a luchar a muerte con aquel que se atreviera a ir a por su amigo, al que ya veía como un hermano mayor. Sin embargo, este, aunque agradeció con un gesto sus reacciones, les apartó suavemente, y encaró a Sam.
-¡No pienso bajar a ese sitio, menos cuando lo estáis cerrando!- comentó molesto.
Ella rodó los ojos- Yo sólo soy la mensajera, si te quieres quejar con alguien, hazlo con Gamma-
-¿Dónde está?- preguntó, y aunque ella no lo supiera, Jhonny sí.
-Dice estar trabajando llevándose almas de gente a la que engañó para que se la vendiera… Yo… podría ayudar en eso- murmuró.
Los demás le miraron con sorpresa- Como Guardián de la Muerte, puedo sentir quien puede morir pronto, y si esa alma tiene algún tipo de señal o de marca, creo que podría identificar algo así- pero su padre negó.
-Hay demasiadas almas en esa situación, tardaríais demasiado y no hay tiempo que perder- se rodeó de su energía, y se preparó.
En pocos segundos ellos desaparecieron de allí, en un haz de luz. En ese momento, volvió Gabriel, agarrando la mano de Asmeya, que parecía bastante molesta con aquello. El primero miró a Azrael, que parecía algo triste, mientras que la segunda vio como los Guardianes parecían algo nerviosos, e incluso molestos, seguramente por la presencia, o la forma de actuar, de los dos arcángeles. En todo caso, Gabriel empezó a hablar.
-En cuatro días Miguel y Lucifer os van a presionar para que aceptéis. No podéis hacerlo, os lo prohíbo-
-¡¿Cómo?!- gritó Aelita- ¡¿Cómo te atreves tú a darnos órdenes, cuando nos habéis dejado a nuestra suerte, y pretender ahora que te obedezcamos?! Las almas de nuestros padres están en juego, ¿sabes?- le recordó.
-Pues vas a obedecer, quieras o no- el arcángel se rodeó de su energía, e hizo desaparecer a ambas mujeres, haciendo que los demás vieran aquello sin dar crédito a lo que acababa de pasar.
-¡A ver si os dais cuenta de una vez, niñatos!- comenzó a gritar.
-¡Cuando un arcángel quiere algo, lo toma! ¡Nunca hemos pedido permiso, nunca nos hemos doblegado ante la voluntad de nadie, y no seréis vosotros la excepción!-
-¡¿A dónde la has llevado?!- le gritó Yumi, pero ya era tarde. Ambos hermanos habían desaparecido, dejando a los demás con un sudor frío.
Tras un tenso silencio de unos segundos, Obara se atrevió a romperlo- Cabrón…-
Jeremy parecía el más afectado, pero cuando iba a hablar, notaron un fuerte estallido de energía. Uno de una naturaleza muy similar a la de Jhonny y su padre, y, como si fuera una gran bengala en la noche, se dieron cuenta de que aquella energía, sin duda, debía de ser del Jinete que estaban buscando. Seguro lo había hecho adrede, dado que se había mantenido oculto hasta entonces. Lo más seguro es que fuera una trampa, pero no iban a dejar pasar aquella oportunidad.
-Avisad a Beatrice, que se lo diga a Jamily, si es que la ve. Últimamente anda desaparecida- Marin ya había abierto el portal para ir en la dirección de la señal de energía.
Odd fue a por la chica, que se encontraba al otro lado de la casa, algo nerviosa. Sin duda había notado todo lo ocurrido, se la veía preocupada y hasta tensa, con las manos sobre su tripa instintivamente. Él podía entenderla mejor que nadie, dado que había atendido a muchos partos de animales desde que era Guardián, y, en el fondo, los humanos eran uno más. Mucho más complejo, sí, pero animal al fin y al cabo. Se colocó a su lado, y la rodeó suavemente de su energía, calmando su ritmo cardiaco lentamente.
-Salvaremos a tu novio, no te preocupes- bromeó, mientras la acariciaba en la espalda. Ella asintió, mirando al vacío.
-Id con cuidado… tengo… el presentimiento de que algo terrible va a pasar, pero no sé el qué, exactamente- Odd asintió.
-Puede… pero es nuestro deber- hasta él se sorprendió de la madurez que estaba teniendo en esos momentos.
Suspiró, y, sin más se levantó- Dile a Jamily que nos vamos a por Muerte, e… intenta explicarle qué cojones ha pasado, porque ni yo lo tengo claro- ella asintió, él le dedicó una sonrisa, y salió de allí corriendo.
Tras reunirse con los demás, cruzaron todos juntos el portal, no sabiendo muy bien qué se iban a encontrar… pues al parecer, la energía de aquel Jinete era muy superior a la de sus hermanos. A saber cómo iban a pararle los pies, si es que podían hacerlo realmente.
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Aelita y Asmeya aterrizaron en una sala, con cadenas de luz puestas. A su lado aparecieron los arcángeles, que las levantaron fácilmente como a sacos de patatas, y las colocaron contra una pared. Se dieron cuenta entonces de dónde estaban. El suelo y paredes eran de mármol, con las estrellas como techo, había varios tronos en un semicírculo – 12 en total – y a muchos individuos allí concentrados, se sentía el nerviosismo en el ambiente.
-Os quedaréis aquí, a salvo, junto a los dioses paganos. No molestéis- amenazó Gabriel, mirándolas directamente a los ojos.
-¿Nos vas a tener aquí, encerradas para evitar que aceptemos a tus hermanos, pedazo de capullo?- le soltó de pronto Asmeya, el aludido tuvo que contenerse.
-Sería mucho más fácil acabar con vuestra existencia aquí mismo, sí… pero encontrarían a sustitutas, así que habría que repetir el proceso a perpetuidad… así que prefiero encerraros y que no puedan acceder a vosotras de primeras- salió de allí entonces, seguido de su hermano.
Eso que acababa de decir no tenía demasiado sentido, pues si ellas no estaban disponibles por el motivo que sea, Miguel y Lucifer buscarían a unas sustitutas, tal y como el otro acababa de decir. Alguna razón lógica tenía que haber para su encierro, pero lo desconocían. Nada más verles salir, Aelita intentó concentrarse para romper las cadenas, pero estas eran extraordinariamente resistentes, y ni usando todos sus poderes pudo romperlas, ni siquiera pudo hacerle unas grietas pese a ser del mismo material que ella controlaba, la luz. Los dioses allí reunidos eran de todo tipo, y aunque pretendían actuar como si ellas no estuvieran allí, no podían quitarle la vista de encima en ningún momento.
Al ver que no era capaz de romper ni sus cadenas ni las de su hermana, Aelita se levantó, y con ella Asmeya, lo que provocó tensión en las deidades, que se giraron en seguida.
-No podéis ir a ningún lado- le dijo uno de ellos, era un hombre de pelo canoso y ojos azules.
Por su energía, debía ser un dios del rayo- ¿Me lo vas a impedir tú?- le encaró Aelita,
Se rodeó de su energía, haciendo que los dioses dieran un par de pasos atrás, algo asustados. La muchacha intentó lanzar un ataque de energía para alejarles, pero no pudo hacerlo, pues las cadenas se lo impidieron. Ella gruñó, molesta, mientras los otros se relajaban, e incluso reían.
-¡Vaya, el león se ha convertido en ratón!- rio una de las diosas, tenía un búho en el hombro.
-Ella podría destruirnos a todos, imbéciles- oyeron entonces. Era una voz poderosa, y su dueño, un hombre alto, de pelo canoso, y un solo ojo gris – estando el otro cerrado y con una gran cicatriz – se colocó en primera línea.
-Sólo esas cadenas impiden que ella pueda usar todos sus poderes… ya no estaríamos aquí de no tenerlas colocadas- añadió.
-¿Y qué quieres decirnos con eso, Odín? ¿Qué sintamos pena por ella?- le encaró uno, tenía la cabeza de elefante.
-Ni mucho menos, Ganesha, pero ni ella, ni nosotros, estamos aquí por gusto, sino obligados- suspiró entonces.
-Al menos que la convivencia sea aceptable, y que no nos entren ganas de matarnos entre nosotros- añadió.
En eso tenía cierta razón, y aunque no lo dirían en voz alta por puro orgullo, decidieron hacerle caso, y pasar de ellas dos, que se miraron sin saber muy bien qué decir. Sabiendo que cualquier esfuerzo de liberación era inútil, por lo menos… hablarían. Llevaban semanas sin poder estar a solas y ser lo que, al final, eran. Dos hermanas.
-Bueno… ¿qué tal Cesar?- le preguntó Aelita, y Asmeya suspiró.
-Hace tiempo que no sé de él… todo se ha enfriado, y si él no quiere saber de mí, yo tampoco iré detrás suya- comentó.
-Lo siento…- murmuró Aelita, algo apenada, pero la otra negó.
-No hemos hablado apropiadamente desde todo el desmadre de Jhonny, es normal…- comentó, pero en el fondo también sentía pena por esa situación.
-Me gustaría poder decir que es diferente con Asmae pero… ahora es casi que una desconocida- musitó la menor, y la otra la miró.
-Para mí también… espero que esto pase pronto, y que sea todo lo indoloro posible… aunque lo veo jodido- murmuró.
Unas lágrimas amenazaron con salir, pero se las quitó rápidamente, y, de soslayo, comenzó a hablar.
-Estás… encinta, ¿verdad?- preguntó la mayor, y Aelita asintió, algo avergonzada.
-Me lo dijeron tus amigos… me hubiera gustado que fueras tú la que me lo dijera- la otra iba a hablar, pero Asmeya le pidió que esperara con un gesto de la mano.
-Sé… que he estado distante este tiempo, pero reinar no es fácil, aunque lo pueda parecer. Y luego está el lio del Apocalipsis, los políticos que quieren echarme y están siempre criticándome, lo de César, tener que cuidar que todo salga bien y….- apretó los brazos contra las cadenas, en un intento que sabía que era inútil.
Pero de alguna manera tenía que sacar la frustración de su cuerpo. Su hermana la entendía perfectamente, y reconocía el error que había cometido… pero ese no era el momento de echarse en cara las cosas. ´
.Lo siento… Todo esto, me superó. Y estar ahora embarazada es… casi el menor de nuestros problemas, ¿no crees?- a eso Asmeya asintió.
-Pero… para el próximo, serás la primera en saberlo. Lo juro- Asmeya se rio un poco, así como Aelita, aliviando la tensión.
Se mantuvieron en silencio un par de minutos, tomadas simplemente de la mano, pensativas, hasta que la Guardiana habló.
-No puedo romper estas cadenas, me es imposible… las han debido crear ellos, seguro- comentó la más joven, al rato.
-En ese caso, tendremos que salir a pie… creo saber dónde estamos- comentó la otra.
Durante todo ese rato se había fijado que, en las paredes y suelo, había dibujos. Representaban a seres luchando entre sí, con figuras humanas luchando contra seres enormes. Una sostenía unos rayos, otra un tridente, y una tercera portaba un casco y estaba rodeado de lo que debían ser sombras, habiendo otras tres efigies femeninas a su lado, luchando con los puños brillando. También se veían a pequeñas figuras portando armas y luchando entre sí, con dos figuras mucho más grandes sobre ellos, también enfrentadas. Aelita pudo ver, en el escudo de una de esas imágenes más grandes, la imagen de un búho con las alas extendidas, teniendo la otra una gran lanza.
-Este debe ser el Olimpo, en Grecia… y no noto que sea una dimensión especial, no al menos estando así- comentó Asmeya.
Su hermana la miró con sorpresa- Yo… tampoco siento eso… En ese caso, deberíamos poder escapar cuando nos dejen a solas- murmuró.
La otra asintió. Si es que eso llegaba a pasar en algún momento, aunque lo dudaba. Y sin embargo no podían perder la esperanza, pero, de necesitarlo, estaban dispuestas a cargar contra los dioses para poder salir de allí, pese a que lo más seguro es que los arcángeles las persiguieran en cuanto supieran que se habían escapado. Estaban dispuestas a asumir el riesgo de la cólera de dos de los seres más poderosos de la realidad, sólo para poder ser libres. Ya habían estado presas antes, no de forma literal pero sí metafóricamente, sometidas a la voluntad de otra persona o entidad. Y su orgullo impedía que quisieran seguir así, por lo que huirían, jugándose la vida de ser necesario. Además, Aelita no deseaban que un descendiente suyo viviera una vida miserable como esclavo de nadie, así que, si moría… que al menos fuera luchando por la libertad.
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Por su parte, Sam, Jhonny y William acabaron en el Infierno. Azrael les había transportado allí directamente, lo sabían por el fuerte olor a azufre que todo el lugar tenía, por los gritos de terror y odio que había en el ambiente, y por la propia energía que desprendía el terreno. Sin embargo, no estaban a la intemperie, pues se encontraban en un despacho. El suelo, paredes y techo eran de madera de roble, con muchísimas estanterías a rebosar de papeles y de pergaminos sellados, había frene a ellos una mesa con un tapete rojo, unas sillas, y, tras la misma, una gran ventana permitía ver el terrible espectáculo que se daba en los valles de aquel reino maldito, con las almas siendo torturadas.
-El despacho de ese capullo de Gamma, seguro…- murmuró William, aunque ninguno de sus compañeros tuvo tiempo de responder.
-Efectivamente, y gracias por el cumplido- se giraron al oír al aludido entrando por la puerta.
-Tenéis valor, entrando aquí, teniendo a todos los seres del Infierno cabreados con vosotros por estar cerrando las aduanas para salir. O sois gilipollas, pienso más lo segundo- les dedicó una sonrisa en apariencia amistosa.
Se dejó caer en la silla e invitó a los demás a que lo hicieran también. En sus manos hizo aparecer una botella de alcohol, y se sirvió en unos vasos con hielo, y les preparó lo mismo a los chicos, que, con impaciencia, esperaban a ver qué decía.
-No estamos aquí por iniciativa propia, Azrael nos ha traído directamente- eso sorprendió al otro.
-Eso explica por qué no se han lanzado todos en tropel hasta aquí, aún oléis a plumífero…- dio un largo trago a su vaso, le dio unas vueltas con los dedos, y encaró a los chicos.
-Will… supongo que estás aquí por el contrato- este asintió.
-Vamos, entonces- acabó con su bebida de un trago, dejó la copa en la mesa, y salió por la puerta.
Aparecieron en un larguísimo pasillo, lleno de puertas por todos lados, era verdaderamente laberíntico. Suelo, paredes y techo eran pedregosos, siendo las puertas de roble negro, con fuegos fatuos a modo de iluminación, como música de fondo se seguían escuchando los gritos de las almas en pena, las risas de los demonios divirtiéndose a su costa, y el fuerte olor a azufre general. De vez en cuando llegaban a pequeñas plazas desde las que se podían acceder a más pasillos, habiendo en el centro estatuas de Lucifer, Astaroth, Lilith, y los demás altos mandos del Infierno.
-Esta es el área administrativa, aquí gestionamos las almas de los condenados, las obtenidas contractualmente, y toda aquella pobre ánima que acaba aquí. Es realmente divertido, el papeleo- no había ironía en su voz.
-Sí, es fascinante… ¿falta mucho?- le preguntó Sam, y el otro se rio.
-Simplemente quiero que conozcáis el sitio, dado que puede que tengáis que pasar aquí toda la eternidad- eso hizo saltar las alarmas en ellos.
Le llevaron entre los tres a una de las paredes, pero sin llegar a usar sus poderes, no deseando llamar la atención de nadie demasiado poderoso.
-Al ritmo al que vuestros súper amigos están cerrando las puertas, es posible que todas estén clausuradas de aquí a cuatro o cinco días, y dudo que encontréis una salida antes de ese tiempo- les dijo, no pudo evitar sentir nervios al notar el filo de Gugnir, la lanza de Sam, en el cuello.
-Les puedo sacar yo, ¿sabes?- le dijo Jhonny, pero el otro rodó los ojos.
-Ya, claro… Oye, por poderoso que seas, sigues sin estar al nivel de los arcángeles. Y ellos son lo más débil que puede salir del Infierno sin necesidad de puertas, ¿comprendes?- al ver sus caras de confusión, siguió explicando, con cara de hastío.
-Necesitareis como mínimo el poder de un arcángel para poder salir del Infierno, o para entrar, una vez que se cierren todas sus entradas, por tanto, estáis jodidos- afirmó.
Les separó molesto, entonces, y se colocó la ropa, parecía contrariado- Y ahora dejad ese matonismo a un lado, os recuerdo que estamos en el mismo bando, panda de capullos- y sin más, siguió moviéndose.
Ellos se miraron sin saber muy bien qué decir, así que simplemente le siguieron, esperando no tener que lamentar estar allí en esas circunstancias. Cinco minutos de seguir por aquellos pasillos más tarde, Gamma hizo un giro drástico en una de las plazas, pues en vez de seguir adelante o por uno de los lados, se acercó a la estatua central, y rebuscó en el pedestal. Mientras, ellos contemplaron la efigie, que representaba a Lilith siendo seducida por Lucifer, con el arcángel rodeándola con sus alas, estando ella abrazada a él en una actitud de sumisión, no muy propio de una de las lugartenientes del Infierno, pero que al parecer representaba bastante bien la relación de ellos dos. En palabras del demonio, ella se volvía suave como un gato ante la presencia de su amo, pero seguía siendo cruel y destructiva, sino incluso más, todo para impresionarle.
-Tened cuidado, el techo es bajo por aquí- se giraron al oírle. Estaba al lado del pedestal, pero este tenía abierto uno de los laterales.
Desde ahí pudieron ver un túnel descendente, con las escaleras cinceladas en la piedra. Efectivamente tenían que agacharse para no darse constantes golpes en la cabeza, además de ir despacio para no lacerarse brazos y piernas con las rocas laterales, y que no sólo eran rugosas, es que incluso tenían grandes pinchos que, si no se iba con cuidado, podían acabar punzando alguna parte del cuerpo. Sin embargo Gamma parecía moverse fácilmente, sin siquiera rozar las telas de su traje, no así los chicos, que acabaron, tras avanzar un centenar de metros, con la ropa agujereada. Además aquel antro era claustrofóbico y no se veía casi por donde avanzaban, pues Sam tuvo que usar su energía para iluminar y ver dónde ponía el pie, jugándosela a hacer que el enemigo pudiera localizarles. Pero asumiría el riesgo.
-¿Nos queda mucho yendo por aquí?- le preguntó William, iba el tercero, estando detrás Jhonny, con Gamma liderado la expedición.
-Sois unos impacientes, ¿no os gusta mi excursión?- bromeó Gamma- Es esto o llevaros a través de las líneas principales de este antro, donde puede que nos encontráramos con alguna sorpresa poco agradable, tanto para vosotros como para mí- añadió.
-¿Por ejemplo?- preguntó Jhonny, y el otro se hundió de hombros.
-¿Os gustaría encontraros de frente con Lucifer, acaso? De vez en cuando se pasea por aquí abajo, para tenerlos controlados…-
La verdad es que preferían no toparse con él jamás, aunque era evidente que eventualmente eso pasaría. Pero si podían alejar ese evento lo máximo posible en el tiempo, lo harían.
-¿No se fía de vosotros?- bromeó Sam, y Gamma negó.
-Ni yo de él, la verdad… Se nota demasiado que no le gustamos, claro que eso jamás se lo oirás decir a muchos demonios, mucho menos a uno de los Caballeros. De hecho, si uno de nosotros se atreviera a siquiera insinuarlo, sería inmediatamente destruido-
-¿Ellos son los únicos leales?- preguntó William, y el otro asintió.
-Efectivamente, y obligan a los demás a serlo. La inmensa mayoría traga y van a lo suyo, pero yo no- entonces se detuvo de pronto, y con él los demás.
-Bien chicos, hemos llegado. Hacedme hueco- ordenó, y Sam y los demás retrocedieron como pudieron para permitirle moverse un poco.
Este se giró y encaró a la pared derecha, momento en el que se rodeó de su energía, tocó la rugosidad de la pared haciendo un dibujo que ellos no fueron capaces de recrear en su mente por la complejidad del mismo, y vieron como un hueco se abría justo delante del demonio. Sin decir nada pasó a través del mismo, y ellos detrás de él. Tras cruzar el último de ellos, se cerró la entrada lateral, y comprobaron que habían aparecido en otra cueva, pero esta era natural. A pocos metros estaba la salida, que daba al valle del Infierno, el mismo que ellos habían cruzado la primera vez que bajaron a aquel lugar, y que coincidía con el que se veía desde el despacho de Gamma en el edificio principal, y que servía además como castillo central de Lucifer y sus Caballeros.
-Bien señores, es aquí donde nos veremos con mi "amigo"- hizo las comillas con los dedos Gamma, y se sentó con cuidado en una roca.
Ellos se disponían a hacer lo mismo, cuando vieron aparecer una figura desde la entrada de la cueva. Iba cubierta por una capa, incluida su cara, por lo que no sabían quién era. Sin embargo no les hacía falta saberlo para identificar a aquel individuo, en cuanto notaron su presencia ellos se levantaron, colocándose Jhonny el primero para proteger a sus amigos.
-Directos en la trampa, debí imaginarlo…- murmuró Sam, viendo asustada como la figura se acercaba.
-No es ninguna trampa, él no sabía que vendría- la mujer, se le notaba por la voz, se retiró la capucha, mostrando sus ojos bermellón.
Lilith mostró entonces su cuerpo, y extendió los brazos. Tenía un pequeño tatuaje en el hombro, era la primera vez que se lo veían. Se trataba de una línea color sangre, era una especie de cayado con tres líneas encima de la parte que hacía curva, y que se asemejaban a cómo se dibujarían los rayos del Sol. Brillaba ligeramente.
-Este es el símbolo de la primera traición de toda la realidad, cuando el benevolente Luz encerró a su propia hermana por mero ego- con su energía atrajo a William hasta ella, que no pudo evitarlo.
-Llevo este símbolo desde que Lucifer me lo dio, en el amanecer de los tiempos… desde ese día, Tinieblas me ha susurrado al oído, me ha hablado, guiándome en su plan para ser liberada… y ahora quiere que tú seas su nuevo gran lugarteniente…- ella le atrajo con un suave tirón, poniéndole nervioso por su mirada.
Los demás no podían escuchar lo que ella decía pues le hablaba al oído, pero suponían que debía ser importante, pues él se iba quedando blanco por momentos.
-Serás su general, dirigirás a todos sus heraldos, y… serás el responsable de su liberación también, guapo…- le agarró de pronto del brazo, ella se rodeó de su energía.
Él comenzó a chillar por el súbito dolor, y una línea rojiza brillante salió del hombro de ella, recorrió su brazo, y pasó a través de las falanges de ella hasta el antebrazo de él, subió por el mismo hasta el hombro, y ahí se concentró, dibujando el mismo tatuaje que ella llevaba, al mismo tiempo que desaparecía de la piel de ella. El proceso duró unos pocos segundos, pero a él se le hicieron eternos, y se quedó estático pese a que ella le liberó de su agarre en cuanto terminó el traspaso. Le dolía la cabeza, sentía temblores, y su energía dio tumbos, subiendo y bajando como una montaña rusa, apareciendo en su cabeza miles de imágenes de todos y cada uno de los heraldos de Tinieblas, sintiendo la voz de aquella entidad hablarle suavemente a su propia energía, y asustándole profundamente. Era algo tan brutal que se acabó desmayando, teniendo que ser rescatado por los otros dos, ante la mirada de indiferencia de Gamma, y la desidia de Lilith, que rodó los ojos
-¡¿Qué cojones es este tatuaje?!- le preguntó Sam, poniéndose a William a la espalda.
-Eso, guapa, es La Marca de Tinieblas, aquello que hace que ella permanezca encerrada. Dentro de poco, él se la quitará por orden de nuestra ama, y en ese instante, ella por fin será libre, volviendo a la realidad para poder llevar a cabo su gran venganza. A su lado, el Apocalipsis será un juego-
Ellos no supieron qué decir. Bastantes problemas tenían ya como para que se sumara uno más, y eso les asustaba, pues ella no parecía tener pinta de estar bromeando al respecto.
-Os alegrará saber que vuestra hechicera de confianza, esa zorra con alas de mariposa, es otra heraldo de Tinieblas, que lleva cientos de años trabajando para ella, y que os tiene totalmente engañados con vuestros amiguitos- añadió la diablesa.
-¡¿Cómo dices?!- gritó Jhonny, pero esta le restó importancia- Habladlo con ella, William os lo podrá confirmar, aunque me da igual, la verdad- sin más, desapareció de allí.
Era la última orden recibida por parte de su ama, así que la había seguido, sabedora que, de no hacerlo, podría acabar en una muy mala situación. Habiendo cumplido su misión no tenía nada más que hacer, así que podía centrarse finalmente en el Apocalipsis, dejándole aquel trabajo al Guardián de la Oscuridad, que, en cuanto se despertara, sería consciente de su nuevo papel en todo aquello.
-Da igual, Jhonny, nos vamos. No quiero estar aquí más que lo imprescindible- dijo Sam, cargando con William.
-Gamma, serás un demonio y un capullo, pero… eres de fiar, cuando te interesa, al menos- este se hundió de hombros, y simplemente se levantó.
-Habéis tenido suerte de que Lilith no haya querido vengarse por andar cerrando las puertas del Infierno, podría perfectamente haberos matado- comentó.
Sam asintió, pensativa, y, sin más, se rodeó de su energía, quería irse cuanto antes de allí, dejando a solas a Gamma. Este dio por hecho que ella estaba allí como mensajera, no como alto mando infernal, y que sus intereses allí eran diferentes. Eso, y que por encima de ella había alguien muy importante y poderoso para hacer que ella tuviera un comportamiento tan… diplomático. Sin darle más relevancia, decidió irse de allí y volver a su trabajo, antes de que nadie pudiera advertir su ausencia e hiciera preguntas incómodas.
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Por su parte, los demás Guardianes atravesaron el portal, apareciendo en una gran ciudad de la Tierra. Miles de personas iban y venían por las calles, con altos rascacielos por todos lados, grandes tiendas y restaurantes, y con muchas personas actuando en la vía pública, buscando llamar la atención de los transeúntes con sus juegos, música o bailes, atrayendo a los turistas a su alrededor. Antes de que nadie pudiera reconocerles tuvieron la buena idea de cubrir sus rostros, usando la energía para que, si alguien les mirara a la cara, vieran sus facciones borrosas o les doliera un poco la cabeza, y que así no tuvieran ganas de seguir mirándoles. Sin embargo no faltó la gente que les reconoció antes de que surtiera efecto su magia, gritando y comenzando a grabar, logrando captar el momento en el que ellos se elevaron en el aire, saliendo a volar en dirección a donde ellos notaron la energía de Muerte. Se sorprendieron de no ver nada muy… apocalíptico. No parecía haber problemas, ni muertos andando por las calles, o gente tirada en el suelo, peleas, disturbios… era todo perfectamente normal en una calle de una ciudad de la Tierra.
-Es aquí, ¿lo sentís?- Odd señaló a una cafetería, sentía perfectamente la energía de un ser extraordinariamente poderoso emanar de ella.
Curiosamente la gente la evitaba, como si de forma natural supieran que no era buena idea entrar ahí. Pero ellos debían hacerlo, así que decidieron colocarse de tal forma que pudieran tener controlada la situación. Sólo uno entraría, mientras los demás esperarían fuera, para impedir que Muerte pudiera huir a ningún lado, ya sea a pie o transportándose a algún sitio, pues Marin usaría sus poderes sobre el espacio para impedir que nada ni nadie pudiera entrar o salir. Eso, suponiendo que fuera más débil que ellos, lo cual estaba en duda por la intensidad de la energía que notaban.
-Iré yo, deseadme suerte chicos- Odd descendió a Tierra, y, armándose de valor, entró a la cafetería, con su arco en la mano.
Despacio, anduvo por el interior, con el único acompañante de la música de fondo. En apariencia, la cafetería, de estilo moderno, estaba vacía… pero un segundo vistazo reveló que había un grupo de gente en un rincón, parecían asustados. Odd les vio, y les hizo gestos para que salieran de allí, pero estos se negaron. Él se quiso acercar, pero de pronto notó como su pie golpeaba algo blando. Cuando bajó la vista, se dio cuenta que, a lo largo del suelo, había unos diez cadáveres, pero no parecían haber fallecido con violencia, o con dolor. De hecho parecían bastante tranquilos. Fue entonces consciente de que había una única mesa ocupada por un hombre, que tomaba tranquilamente un café.
Despacio, Odd se le fue acercando mientras tensaba su arco y se rodeaba de su energía, pero este comenzó a arder de pronto, y desapareció de sus manos, volviendo a aparecer en la mesa de aquel extraño individuo, que habló por primera vez desde que él entró.
-No es de buena educación apuntar a alguien cuando está de espaldas, Guardián- comentó, sin siquiera girarse.
-Acércate… hermoso arco, por cierto- añadió, mientras tomaba delicadamente el arma y la contemplaba.
Este obedeció, mientras andaba lentamente, hasta situarse en frente de la entidad. Se trataba de un hombre de aspecto maduro, piel clara, ojos pardos y pelo negruzco. Sus facciones eran suaves pero en sus ojos se podía ver un enorme poder, muy superior al del resto de Jinetes. Y no sentía la presencia de ningún demonio cerca de ellos, cosa que le extrañó. Lentamente, mientras analizaba la energía de la entidad, se fue sentando, en frente. Estaba tomando un café, que humeaba un poco.
-Es mágico, ¿verdad? No necesita flechas, sólo hay que tensar la cuerda para disparar- comentó el otro, dándole vueltas a su bebida. Había depositado el arma entre él y el chico.
Odd asintió- Sí, eh…- el otro dejó en un lateral la cuchara.
-Soy Muerte, Odd. Pensé que ya lo sabrías- este asintió rápidamente.
-Y lo sé, pero de lo que no tengo ni idea es de qué decir- el otro simplemente bebió un poco, y se recostó en su asiento.
-Pensarás que tú y yo deberíamos luchar, ya que yo soy uno de los Jinetes del Apocalipsis, y te estás preguntando dónde están Envidia y Avaricia, los dos Pecados que faltan, y que son los acompañantes de la muerte… bueno, están los tres, valga la redundancia, muertos- explicó.
Odd se sorprendió al oír eso- ¿Cómo?- preguntó.
-Lo que oyes. Yo mismo me he encargado de esos tres arrogantes y estúpidas criaturas menores, estaban interfiriendo y eran una aberración, pretendían hacer de esta ciudad un lugar inhabitable, y se lo impedí- Muerte creó en su mano una taza, y se giró un poco.
-Señorita, ¿Me traería usted otro café con leche, por favor?- preguntó, y la aludida, una muchacha que apenas sería mayor de edad, se levantó inmediatamente, temblorosa, y comenzó a prepararlo.
Suspiró entonces, y siguió hablando- Como decía, soy La Muerte, la entidad suprema encargada de terminar con la vida de cualquier ser de la realidad, al mismo nivel de Luz, Tinieblas, o cualquiera de los otros tres supremos. Eso, por supuesto, me coloca por encima incluso de Lucifer, y, sin embargo…- alzó entonces las manos.
En sus muñecas se vieron unas cadenas de energía, que brillaron cuando él elevó su energía- Mi sobrino ha logrado capturarme, bueno, eso piensa él. Me he dejado atrapar, por supuesto- Odd no sabía muy bien qué decir.
-No entiendo… que tiene que ver todo esto con nosotros- Muerte simplemente sonrió de medio lado.
-Quería hablar con vosotros, y esta era la mejor manera. Eso, y tener controlado a mi sobrino, para que no eche a perder el orden natural con su egolatría-
-¿Y matar a esos inocentes es mantener el orden natural?- según lo decía se arrepintió, y comenzó a quedarse blanco como la pared.
Muerte, sin embargo, respondió tranquilamente- Como siempre, os dais más importancia de la que tenéis realmente- comentó.
Dio el último trago a su café, cuando entonces llegó la camarera, temblando, y le sirvió la segunda taza, tras lo cual se retiró de nuevo.
-De esos cuerpos, tres eran los del Jinete y los dos Pecados, los demás ya estaban aquí cuando llegué- miró entonces a Odd a los ojos.
-Verás, Guardian… Este es un pequeño planeta azul, en una galaxia que apenas ha empezado a brillar, que está en un Universo que acaba de comenzar a existir… Soy antiguo, Odd, antiquísimo, de hecho. Existo desde siempre, y existiré para siempre, por lo que imagínate lo relevante que para mí es la vida en este mundo- al otro le costó tragar saliva.
-Ellos no eran más que un eslabón de la cadena, nadie es más importante que nadie aunque a vosotros os lo pueda parecer de forma subjetiva- le tomó entonces del brazo, amarrándole con fuerza.
-¿Queréis acabar con la lucha entre Lucifer y Miguel, verdad?- Odd asintió, nervioso.
-En ese caso, que Aelita y Asmeya Schaeffer les acepten, porque te aseguro que, una vez que ellos estén cara a cara, no se atreverán a luchar entre ellos, quedarán en tablas- Odd no dio crédito a eso.
-Ya, claro, llevamos meses con la amenaza de que esos dos se van a pelear a lo grande, y ahora vienes tú a decirnos que no lo harán, que es un farol- Muerte alzó una ceja entonces.
-Tienes valor, eso desde luego…- murmuró entonces, tomando la taza recién servida.
Odd le observó beber, intranquilo. No sabía de donde estaba sacando el valor para encararle de esa manera, se sorprendía a sí mismo.
-Verás, Odd, te puedo asegurar que así será. Si no me queréis creer me da igual, pero si os importa tanto esta roca, hacedme caso y que acepten rápido. Y si no lo hacen por las buenas lo harán por las malas, ya sea por actuación de mis sobrinos o mía, porque es necesario que esos dos peleen, o al menos que arreglen sus diferencias, sobre todo con lo que vendrá después- su mirada se tornó peligrosa.
-No sólo ellas tienen que decir sí, también William debe asumir el destino que Tinieblas espera de él, La Marca tiene que ser removida de su piel en el momento oportuno, ni antes ni después. Deberá soportar las consecuencias de portarla, y entrenar en su uso. Sobre todo, aunque os pueda doler NO intentaréis liberarle, ¿entendido?- pero Odd no lo hacía.
Aun así, Muerte se separó lentamente- Si respetáis todas estas condiciones, todo irá bien. ¿Juras tú y los demás Guardianes que seguiréis mis directrices?- el chico dudó.
-No soy estúpido, sé que una parte de ellos han escuchado todo esto, y que irán a decírselo a los demás, por lo relevante de la información. ¿Juráis?- más que una propuesta, era una orden.
Odd recibió una señal inequívoca por parte de las energías de los demás, dándole permiso para jurr en su nombre. Poco o nada podían hacer contra semejantes fuerzas más que capitular y aceptar lo que viniera, pues sus poderes estaban muy por debajo de, no ya Muerte – a quien asumieron invencible – sino de los propios arcángeles.
-Sí… juramos- dijo Odd, y Muerte apretó su mano. Sus ojos brillaron un poco en color plata.
-Más os vale cumplir… Nadie puede engañar a La Muerte- Odd asintió, temblando.
-Bien… no te preocupes, invito yo. Puedes marcharte ya, tenéis que acabar aún con Guerra, Enfermedad y Hambre- comentó mientras bebía.
Con un gesto, el muchacho se despidió, tomando lentamente su arco, y salió de allí a toda prisa, con el corazón en un puño, sin saber muy bien que decir. Estaba tan nervioso que su boca seguía seca pese a ya estar fuerza y en presencia de sus amigos, que rápidamente le rodearon para saber cómo estaban. Tal y como Muerte había dicho, ellos habían estado atentos a la totalidad de la conversación, y aunque no entendieron la parte de Tinieblas – de cuya existencia ya sabían, pero no comprendían qué tenía que ver William con ella – sí que sabían de las consecuencias de la parte concerniente a Aelita y Asmeya. Ya no sólo los arcángeles amenazaban con obligarlas, incluso seres supremos lo estaban haciendo, y no parecían estar de broma. Estaban más que dispuestos a hacerlo, y eso suponía que ellos, aunque les pesara, tenían que obedecer. No tendrían oportunidad alguna contra seres tan poderosos, ni ahora ni nunca, así que únicamente quedaba la aceptación de la realidad. Aquella cruzada empezaba a llegar a su fin…
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.
