Código Guardianes
Capítulo 125
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
Capitulo escrito en colaboración con DarckClaw1997, y penúltimo del fanfic, que terminará con el Especial de Navidad del 31/12, pero habrá una segunda parte!
Quedaban tres días para el gran día, y en total habían pasado unas tres semanas desde el gran cisma en el que Guardianes y Guerreros se separaron, y una semana y media desde que los primeros se habían escindido en dos grupos. Y desde el primer evento, Ulrich y Jhonny se habían dedicado a entrar en contacto con sus homólogos del Universo 910, que aunque ya no era tal, por comodidad lo seguían llamando así. De primeras no sabían si podrían hacerlo, o si debían, pero sin duda lo ocurrido durante su ausencia en su último viaje al pasado de Asmara lo ameritaba, por el repentino cambio en todos sus compañeros sobre las pruebas de una aparente traición de Jamily. Ellos habían apoyado falsariamente el hecho de que no lo había hecho para no levantar sospechas, pero cada vez tenían más claro que, efectivamente, los Guerreros tenían razón.
Durante ese tiempo, el grupo de Aelita había llevado a cabo aquello que habían decidido en equipo antes de la separación: pasar a tener un cuerpo adulto. Había ocurrido la misma noche en la que se habían enterado de la obligación de William de portar la Marca de Tinieblas, no habían tenido ni tiempo ni fuerzas psicológicas para hacerlo, pero desde luego era más necesario que nunca. Se pusieron de acuerdo para hacerlo todos a la vez en el jardín anexo a la casa de la hechicera, mientras se encontraban formando un semicírculo sentados en posición de meditación.
-Chicos…- Marin suspiró pesadamente, nerviosa.
-Pase lo que pase en las próximas setenta y dos horas… sois mi familia. Sé que pensáis lo mismo, pero creo que es necesario decirlo- se tocó la barriga despacio.
No hico falta decir nada más. Se rodearon de sus energías, y comenzaron con el cambio. Sus cuerpos crecieron en tamaño y peso, sus músculos se fortalecieron y sus energías aumentaron igualmente de forma casi natural, como si sus cuerpos pudieran canalizarla mejor. El pelo de ellas se alargó, mientras que en ellos aparecieron barbas más o menos frondosas, así como en sus cuerpos, mientras que en ellas aquello que las volvía mueres también aumentaron en cierta medida de tamaño. Apenas tardó un minuto, y pasaron de cuerpos físicos de en torno a los 17 años, a los 25.
-No está mal, esto…- comentó Jeremy, mientras se levantaba. Antes Yumi era la más alta. Ahora casi todos los chicos estaban o cerca de su altura, o le sacaban en torno a media cabeza.
Se miraron con interés. Se sentía muy extraño parecer adultos jóvenes, pero lo necesitaban para dar tranquilidad. Cómo se lo explicarían a sus padres, y a la prensa, ya lo decidirían. El cambio no fue sólo en su cuerpo, su mente también estaba ahora más clara, y su energía parecía fluir mejor en ellos. Las razones las desconocían, pero no iban a quejarse sobre aquello. Además, no tenían tiempo. Marin había decidido ir ella misma a rescatar a las dos hermanas – Aelita y Asmeya, secuestradas por los arcángeles – mientras los demás o bien acompañaban a la chica, o se dedicaban a recorrer el mundo para comprobar que los demonios no se sobrepasaban. Poco más podían hacer más que esperar al día D, como lo llamaban de forma simbólica. Ulrich aprovechó entonces para ir a ver a los Guerreros, esperando en esa ocasión que les fuera algo mejor, acompañado por Obara, que fue testigo de toda la escena de transformación.
-Te queda mejor la barba, pareces un montañero ahora- comentó la mujer, contemplándole.
Ulrich se miró de reojo a un espejo. Tenía la musculatura bien desarrollada, como si fuera un culturista, y una densa barba poblaba sus mejillas y cuello, mientras que su pelo era corto pero sin signos de alopecia. En realidad era el único de los chicos en esas circunstancias junto a Nico, pues Jeremy, Odd y Herb permanecían con un cuerpo delgado pero más alto, y aunque se notaba un cuerpo fibroso, no era tan prominente como los otros dos. Las chicas no habían cambiado de forma tan evidente, sus cuerpos seguían siendo delgados pero fuertes, su pelo se había alargado considerablemente para Yumi y Marin, siendo Sissi la que menos había cambiado.
-Me debería afeitar, sí… pero no hay mucho tiempo- comentó, mientras la otra asintió.
-¿Vamos, entonces?- preguntó, y él asintió.
Abrió él un portal, y lo atravesaron, rumbo a la Tierra, para luego usar otro que les llevara a la Tierra en la que vivían ahora los Guerreros.
Aparecieron en un gran bosque finlandés totalmente nevado, con grandes árboles que se elevaban hacia el cielo. Desde donde llegaron pudieron ver a un grupo de alces rebuscar entre la capa de nieve algo que comer.
-Hace frío…- comentó Obara, mientras se acariciaba los brazos, y en seguida él la rodeó de su energía, protegiéndola.
-¿Sabes lo que es sarcasmo?- Ulrich la miró, extrañado.
-Te estoy abrigando.
Obara negó, divertida.
-A ver. Tengo putos poderes de fuego, manejo el hielo y me transformo en una loba del tamaño de un oso. Eso significa que me podría ir al pueblo más frío de toda Rusia, en el invierno más duro que tenga ese país, y me pasearía en bikini- él suspiró y retiró la protección.
Sin decir nada, Ulrich la tomó del brazo, y se concentró. Para poder viajar a la Tierra de los Guerreros tenía que atravesar dimensiones enteras. El gran evento provocado por Jamily y Lilith había movido aquel universo y ahora había que moverse más para poder llegar hasta el, pero nada que un Guardián no pudiera hacer. Pocos segundos después, y rodeados de los poderes de él, ambos desaparecieron en el aire dejando atrás nada más que un suave rastro energético, apareciendo en instantes en una sala. Esta no era muy amplia, ya que era de contadores a juzgar por los cajetines que había en las paredes, y que pudieron ver gracias a una pequeña llama que había creado el Guardián. Salieron de la misma y aparecieron en un pasillo. Ya sabiendo dónde estaban, Ulrich miró a una de las paredes, lisas. Eran blancas y en apariencia no había nada en ellas.
-¡Soy yo, Ulrich Stern! Sé que estoy algo cambiado, pero mirad quien viene conmigo- Obara saludó a la pared con una sonrisilla.
-Hacedle caso, es el Guardián- aseguró, y oyeron una puerta abrirse.
Vieron a la versión de Yumi de aquel universo. Llevaba una camiseta blanca y pantalones deportivos, debía estar entrenando hasta hacía nada porque estaba sudando.
-Parecéis gilipollas hablándole a esa pared vacía, ¿sabéis?- comentó, secamente.
-Un placer verte, como siempre- terció él, mientras se acercaba.
Ella le evaluó con la mirada- La última vez eras más bajito, ¿Te has tomado muchos batidos de proteínas últimamente o qué?-
Ulrich rodó los ojos, pero Obara se lo explicó- Han usado sus maravillosos poderes para pegar el estirón, ¿a que esta guapo? No tanto como mi Jhonny pero no está mal-
Yumi (910) gruñó, pero no dijo nada. Les invitó a seguirla, habló por su comunicador para avisar a los demás, y les llevó por un par de pasillos hasta llegar a una sala de duchas, donde les invitó a entrar.
-En un momento nos reuniremos todos, pero no me puedo presentar así a la sala de juntas. Jeremie me mataría- comentó Yumi (910), mientras se desnudaba.
Ulrich tuvo que taparse la vista mientras Obara asistía a aquello divertida, y le dio un codazo al Guardián cuando ella se metió en una ducha, tapada por una cortina traslucida.
-¿Por qué es necesario ducharse si a lo mejor os vais pitando a una misión? -preguntó Obara-. ¿No sería un gasto de tiempo y agua?
-Porque en este caso es solo una reunión, no una misión; porque hay que tener cierta presencia y tampoco puede estar esa sala oliendo a humanidad; porque Jérémie me mataría; y porque sería muy hipócrita de mi parte- respondió ella.
-¿Y no te mataría mi otro yo por quedarte en pelotas delante de mí?- le comentó él, mientras ella se bañaba.
Escuchó una risa y luego la oyó comentar algo de que no sería la primera vez de no sé qué o algo así, pero no le dio importancia, seguramente fuera en relación a que ya lo había hecho delante de sus alter ego en más de una y dos ocasiones. Recordó entonces que la primera vez que llegaron, haría tres semanas. Les recibieron muy poco amistosamente, nada sorprendente dado el enfrentamiento que tuvieron cuando se separaron. Aparecieron en un parque ellos dos junto a Jhonny, y los dos chicos habían encendido sus energías para llamar la atención, querían que supieran de su presencia en seguida. Fueron recibidos a los pocos minutos por demonios locales que al notar el poder celeste del Guardián de la Muerte huyeron, para después ser rodeados por un montón de tipos armados hasta los dientes que no parecieron muy dispuestos a dejarles ir. No contentos con apuntarles con toda clase de armas – entre las que pudieron sentir mucha magia – también quisieron usar contra ellos aquellos aparatos infernales y que podían impedirles usar sus energías, al menos temporalmente. No dispuestos a descubrirlo impidieron que pudieran usarlos contra ellos, creando una protección entre ellos de energía, y que no retiraron hasta que llegaron los Guerreros.
-¿Qué, listos?- él miró entonces hacia adelante, y vio a la mujer ya vestida delante de él, y asintió.
Ella les condujo hasta la sala de reuniones del complejo, en su parte inferior, a varias decenas de metros bajo el suelo. Por cuestiones defensivas aquel complejo era así, uno de los muchos que tenían al menos, y que cambiaban entre ellos. De hecho la primera vez les llevaron a una base aérea, y en la siguiente a una en plena selva. Aquella a saber dónde se encontraba, pero tampoco es que le interesara especialmente. Ulrich no pudo no fijarse en la mujer que tenía delante, la verdad es que era idéntica a la Yumi del 911, sólo que tenía unos años más, más cercana de los 30 años que de los 20, y con el pelo considerablemente más corto.
-¿Puedo saber el porqué del estirón? Sin coñas- pidió, y Ulrich procedió a explicar.
-No nos tomarían en serio siendo unos adolescentes. Al menos pareciendo adultos nos respetarán algo más- comentó, y la otra asintió, pensativa.
Llegaron a una puerta, que ella abrió con un comando, y le invitó a pasar, siendo ella la última en cruzar el umbral. Llegaron a una sala de unos treinta metros cuadrados, con una mesa ovalada con una decena de asientos. Suficientes para que todos se pudieran reunir y que pudiera haber algún invitado más, como eran ellos. Ya esperaban casi todos los locales, solo quedaba Yumi y los del 911.
-¿Dónde has dejado a tu cachorro, Obara?- preguntó graciosa Morgan, mientras la miraba suspicaz.
Ambos ya habían tomado asientos.
La aludida se cruzó de brazos, mientras la miraba con cierta molestia. Ulrich (911) carraspeó, mientras se colocaba en su sitio.
-Te noto más alto- comentó William (910) sarcasticamente, y el otro asintió.
-Sí, pero no hemos venido a hablar de mi cambio de look. ¿Nos vais a ayudar o no?- preguntó, directo, y la tensión se notó en el aire. Su alter ego negó vehementemente
-Y una polla como una olla, ya hemos sido claros. No queremos nada que ver con esos ególatras que tienes de amigos- dijo Odd (910), y Ulrich (910) parecía secundarle.
Obara suspiró- Tío, estáis tan en la mierda como nosotros- pero Sissi (910) negó.
-Te prometo que nosotros más, guapa. Que hemos sufrido la traición de vuestra maga- le recordó.
-¿¡Vamos a dejarnos de tirar mierda ya, o continuamos un ratito más!?- dijo entonces Ulrich (911), molesto.
-Oye, la hemos cagado hasta el fondo, lo admito. Que los demás no puedan verlo es fallo nuestro, pero es que si no me ayudáis jamás podré demostrarle a los demás la verdad, ni tampoco luchar contra los otros Guardianes en caso de combate-
Los demás guardaron silencio, pensativos, pero Aelita (910) negó- Lo siento mucho chicos, pero es vuestro universo, vuestros problemas-
La guerrera se expresó lo más cordialmente que pudo, aunque estaba visiblemente más molesta de lo quizás quisiera mostrar. Ulrich (911) lo pudo notar perfectamente, y suspiró.
Pero ella siguió -Os hemos ayudado muchas veces, y sinceramente…- pero él la detuvo.
-Y nosotros os hemos salvado la vida, varias veces, de hecho. De no ser por nosotros estaríais muertos- les recordó el Guardián.
-Tuve que devolveros a la cordura a tres de vosotros, y no miro a nadie pero casi no la contáis esa vez, nuestra Electra quería mataros ahí mismo y os pasasteis un cojón y medio por mucha energía de Lilith o influencia de Tinieblas que tuviérais- Ulrich (911) tuvo que respirar hondo para no perder la compostura.
-Aelita casi pierde a su bebé esa tarde, de haber pasado no podría garantizar que Jeremy no hubiera convertido este planeta entero en un gran iceberg- los Guerreros apartaron la mirada.
Aelita (910) había mantenido los brazos cruzados todo ese tiempo, en ese momento los apretó levemente más contra su cuerpo, y también parecía estar forzando la mandíbula, al mismo tiempo que bajaba la mirada. Jeremie (910) la miró de reojo, luego hablaría con ella. Más bien una bola de nieve, no un iceberg pensó Morgan.
-Os hemos hecho muchos favores. Y vosotros a nosotros. Nos hemos hecho daño mutuamente también, creo que ya fue suficiente-
Ulrich (910) miró directamente a los ojos a su homólogo- ¿Realmente nos necesitáis a nosotros, meros mortales, para detener a los otros Guardianes?- le inquirió.
Este suspiró- Sobre todo por ese puñetero aparato que puede quitarnos los poderes. Es un curioso Deus Ex Machina, ¿cómo lo lograsteis?- preguntó.
Odd (910) sonrió de medio lado- Un mago nunca revela sus secretos- respondió. Inventa algo útil antes, se dijo a sí mismo Ulrich (910).
-¿Dónde está Jhonny, por cierto? No llegaste a responder- preguntó Yumi (910).
-En el Infierno. Literalmente. Junto a William y Sam- respondió Obara.
Los Guerreros les miraron con sorpresa.
- Will… al parecer es el nuevo lugarteniente de Tinieblas, no por voluntad propia sino obligado, ha tenido que ir por orden de un demonio con quien pactó hace unos meses. Puede que no le volvamos a ver, ni a él ni a los otros dos, pero es el deber. Espero… que podáis corresponder- finalizó, levantándose.
Jeremie (910) se levantó entonces también, y ambos se aguantaron la mirada unos segundos, y entonces el Guerrero extendió su mano, que el Guardián tomó rápidamente.
-El destino de nuestros Universos está ligado… no podremos salvar el nuestro, ni siquiera nuestras vidas, pero… al menos, los vengaremos, y, de paso, defenderemos el vuestro- comentó Jeremie.
Ulrich (911) sonrió de medio lado- Hablas como un héroe… me gustaría ser así algún día- el Guerrero tenía el mismo gesto facial, pero Ulrich notó una ligera perturbación en su energía. Miró entonces a Aelita (910).
-Es posible que nuestra Aelita os visite, cuando todo esto acabe. Tiene… un asunto pendiente con vosotros, en concreto contigo- la aludida frunció el ceño.
-No es nada malo, no en teoría- añadió, al verla poner cara de pocos amigos.
Miró entonces a Obara- Es hora de irse. Tenemos trabajo, nuestro mundo es asediado por demonios. En 48 horas vendré a buscaros, estad listos- se rodeó de su energía.
Transportó a la chica y a él mismo hasta el exterior, un pequeño montículo en medio de un bosque en ninguna parte. Debían estar en un paralelo medio pues era un bosque húmedo, frondoso y hacia algo de fresco pese a ser de día, pero eso no impidió que él se transformara en un león majestuoso. Invitó a la joven de sentarse en su grupa, y comenzó a correr por el suelo, para, zancadas más tarde, elevarse en el aire y dejando una estela de energía a su paso. Desde la base, los Guerreros vieron todo el proceso en silencio.
-Mierda, vamos a morir todos -dijo Morgan, con gesto derrotado.
-Y yo pensando que Odd ya se pasaba de fantasma. Vaya con este pavo -dijo William (910), cruzado de brazos.
El aludido lo miró con algo de desdén, para luego flexionar sus brazos.
-Ningún león superará el glamour de este tigre -dijo Odd (910), tan fanfarrón como solía ser.
-Además, mira quién fue a hablar. Tú no eres distinto, ni la catastrofista esta- Morgan se encogió de hombros, mientras Jeremie (910) los miraba de reojo.
-No es algo que ninguno de nosotros no haría en su situación, la verdad -comentó Patrick (910).
-¿Fardar? -preguntó Ulrich (910).
-Son como dioses. Es normal -dijo Patrick (910).
-Vietnam is coming... -suspiró Morgan, amargamente.
-Dioses o no, deberían andarse con mucho ojo. No vaya a ser que cometan un error fatal -dijo William (910).
Mira quien habla pensó Odd (910), apretando fuertemente una mano que tenía metida dentro de uno de los bolsillos. Jeremie (910) entonces miró su reloj.
-Hay que hacer revisión de equipo. Sissi y Aelita -ordenó, estas asintieron.
-¡Vivan las revisiones! -dijo Sissi (910), totalmente desganada.
Aelita le tocó el hombro, sonriéndole -Aquí estaré -respondió, riendo.
Ambas salieron de allí seguidas por Jeremie (910), mientras los demás se quedaban charlando en la sala.
Esto de los viajes entre dimensiones... ¿Cuánto más será posible? pensó Jeremie (910), con una leve sonrisa.
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Aelita (911) y Asmeya se encontraban sentadas en un rincón de la sala de reuniones del Monte Olimpo. Llevaban allí horas, desde que Gabriel les llevó allí por la fuerza para tenerlas bien controladas y que no fueran capaces de poder aceptar a Lucifer y Miguel respectivamente, como si ellas estuvieran dispuestas a hacerlo. No estaban solas de todas formas, en la puerta esperaba al que identificaron como el dios Mercurio, que era el único que permanecía allí tras terminar la reunión de paganos. Era de aspecto joven, de pelo moreno y tez blanca, con ojos pardos y cuerpo atlético. Debía estar aburriéndose pues no paraba de bostezar y de moverse en torno a la puerta. Esta era enorme y estaba hecha de madera y oro bien trabajada, con hermosas decoraciones a lo largo de la misma. Ellas estaban en las escaleras que llevaban a los doce tronos de los Olímpicos, detrás de los cuales había grandes columnas de mármol a las que ellas estaban atadas por largas cadenas, en concreto a la que estaba más a la derecha, estando por tanto en un rincón y sin posibilidad de poder moverse en un área demasiado grande. Al menos tenían una visión directa de la puerta y de buena parte de la sala, que estaba prácticamente sin nada más que los propios tronos, una gran mesa central, y las columnas.
Durante su estancia allí se habían dedicado a ponerse al día. Habían estado demasiado separadas desde que la mayor se había dedicado a estar reinando, y peor se puso cuando la menor tuvo que empezar a luchar en el Apocalipsis en el que ahora estaban inmersas, y eso no podía permitirse. Lloraron y se contaron sus tragedias: Aelita le explicó sus miedos con el embarazo y sus intenciones con llevarlo a cabo, sobre su tensión con la enorme carga que portaba sobre sus hombros, y sobre todo, su enorme preocupación por la separación del grupo.
Por su parte, Asmeya le contó sus problemas con la gobernanza, su separación con César – pasó al poco de empezar el Apocalipsis, según la chica fue ella la que le dejó a él pero la otra no sabía si creerle – y lo complicado que era poder estar pendiente de tantos y tantos Tratados, leyes, reglamentos… Sincerarse había facilitado la comunicación entre ellas, y ahora estaban centradas en salir de allí como un equipo, decididas a que jamás les pasara lo mismo de nuevo. De hecho la más joven había tenido una idea en relación con las bandejas de comida. Los dioses habían tenido el buen gesto de darles algo de comer, nada extraordinario – algo de sopa, una ensalada, agua y pan – pero lo suficiente para no caer por inanición, no al menos la mayor pues la menor no necesitaba comer por sus poderes.
-Asme…- murmuraba Aelita. Esta se giró a mirarla.
Estaban una al lado de la otra, abrazando sus propias piernas. Estaba cansada, llevaba allí horas y apenas tuvo ganas de comer cuando les trajeron las bandejas con la comida. A un lado tenían unos cojines y una manta para poder taparse.
-Usa el aceite que nos han traído en la ensalada, por favor- ésta la miró sin entender, y le acercó el bol, ya vacío.
Sin embargo al fondo sí que había un poso de agüilla, aceite y sal, suficiente para poder hacer algo. Entendiendo en seguida cuales eran los planes de su hermana menor, pasó por las muñecas de la chica el líquido – que sólo en los dedos ya se notaba que era muy graso – para que funcionara como lubricante, y así poder liberarse de las cadenas. Estas eran mágicas pero no tenían intención de romperlas, solo retirarlas lo suficiente para que la más joven pudiera usar sus poderes libremente y que así pudieran escapar las dos. Trabajaban lentamente pero nerviosas, siempre atentas a Mercurio, que estaba como un león encerrado, dando constantes paseos en círculos. Era como si fuera un niño pequeño castigado.
-Ya va saliendo…- murmuró Asmeya, habían usado la totalidad del aceite de ambas ensaladas para poder liberar los brazos de la más joven. En el proceso incluso estaban haciéndole pequeños arañazos en la piel de la joven.
Pero ella no se quejaban, ya se curaría cuando pudiera usar sus poderes. Bajo sus brazos unos instantes para que pudieran descansar, y los grilletes se deslizaron por sus brazos por efecto de la gravedad hasta caer al suelo pesadamente y con un fuerte estruendo. Mercurio se giró en ese instante y sólo vio a Asmeya, que estaba apoyada contra la pared, y de pronto sintió un fuerte golpe en la boca del estómago. Aelita había aparecido justo delante de él y le había dado un potente puñetazo, derribándole. Salió volando hasta una de las columnas, pero aquello no fue suficiente, pues se reincorporó enseguida y la intentó placar, cargando contra ella con su hombro. Ella dio un salto sobre él, le golpeó con las piernas, e hizo que atravesara las puertas de madera como si fuera un peso muerto, cayendo al suelo atolondrado, momento que ella aprovecharía.
-Para ser un dios, ha sido fácil derrotarle, pese a no tener aún todos mis poderes- comentó ella, y entonces se acercó a su hermana.
Se podía oír como, al fondo, empezaba el movimiento así que tendrían que dar prisa e irse cuanto antes, no quería un enfrentamiento directo, no con Asmeya cerca. Tomó las cadenas con sus manos desnudas y comenzó a elevar su energía a todo lo que daba. En su espalda aparecieron grandes alas emplumadas blancas, su cuerpo se delineó y en su rostro aparecieron líneas tribales. En tobillos y muñecas le nacieron plumas blancas, y en su hombro derecho apareció un bello tatuaje de un búho, el símbolo de la Guardiana. Su hermana se fijó en el detalle de que parecía más adulta en esa transformación, en comparativa de las fotos que le había mandado la primera vez su hermana menor.
-¡Libre!- exclamó, tras lograr romper los grilletes de su hermana, que acabó cayendo al suelo por el ímpetu de la otra, que no pudo sostenerla.
-¿Estás bien?- le preguntó Aelita, ayudándola a levantarse, tendiéndole la mano.
Esta la tomó y la ayudó a levantarse- Sí, salgamos de aquí cuanto antes, no quiero estar delante cuando se entere Gabriel o Azrael- la otra asintió.
Abrazó a su hermana y la llevó contra su cuerpo, extendió sus alas, y protegió a ambas con sus poderes tras lo cual dio un gran salto hacia el cielo, acelerando en instantes hasta la velocidad de la luz. Notó casi de inmediato que, efectivamente, estaban en una dimensión especial pero no sería un problema para ella el salir de allí. Bastaría con abrir un portal hacia la Tierra, era segura la existencia de alguna conexión directa para poder cruzar así que la buscó con su energía, y de no haberla, ella misma abriría camino a través de las dimensiones con tal de irse de aquel maldito lugar. En cuanto la localizó abrió un portal para poder usar el camino dimensional y colocó sus alas en torno a su cuerpo para defenderse, pero no lo harían solas, pues detrás de ellas iban varios carruajes tirados por caballos de todo tipo y, dirigiendo las cuadrigas, varios dioses con cara de pocos amigos, que comenzaron a lanzarles ataques de energía.
-¡Prepárate para el traqueteo, hermana!- le gritó Aelita, y extendió sus alas de golpe para dar un frenazo, haciendo que los dioses las adelantaran. Teniéndoles así ella extendió un brazo y atacó.
-¡Trueno atómico!- de su puño derecho emanó grandes cantidades de energía y destrozó los carros de un par de dioses, que cayeron a lo largo del portal.
Entonces dio un acelerón y adelantó a todos los dioses, saliendo como un bólido por el portal hasta el otro lado. Y efectivamente aparecieron en un parque en la Tierra en una zona urbana, con un montón de personas en el mismo: madres con niños pequeños, grupos de persona jugando deportes de equipo, gente corriendo de un lado a otro… Había ambiente. Y tendría que defenderlos ante el más que evidente ataque de los dioses.
-Mierda…- Aelita descendió en cuanto pudo hacia el suelo, donde dejó a su hermana, y se colocó delante de ella para protegerla.
Segundos después llegaron los dioses, entre los que debía haber alguna divinidad del rayo pues oyeron sonido de tormenta formándose, y algunos truenos cayeron justo encima de ellos, derribando árboles. En seguida la gente pareció asustarse, y hubiera ido a más de haber seguido adelante el proceso, pero paró de golpe. La Guardiana había elevado su energía e impedido cualquier fenómeno natural más allá de cielos claros y despejados. Las deidades se miraron espantadas entre ellos, pero en sus facciones apareció también la ira, y entonces comenzaron a elevar sus energías.
-¡Luchad limpio, ellos no tienen nada que ver!- les gritó, al ver como comenzaban a preparar sus ataques, pero claramente no irían hacia ella, que saldría indemne.
En su lugar parecían dispuestos a atacar a los humanos, que asistían aterrados a aquella situación, no sin estar grabando muchos de ellos la escena. Por ello la Guardiana comenzó a actuar, y a la velocidad de la luz voló hacia ellos, derribando uno por uno a cada deidad, placándoles al mismo tiempo rodeada de sus poderes y tirándoles contra el piso al mismo tiempo. Un total de cinco acabaron estrellándose contra el césped, y detrás iba ella, dispuestas a detenerles usando una cúpula de energía que levantó en torno a ellos para que no pudieran provocar más daños. Estos se levantaron inmediatamente e intentaron salir usando todos sus poderes, lanzando fuertes esferas de energía y golpeando la pared de luz con sus armas – tridentes, martillos, espadas… – pero sin éxito alguno. Aliviada, pero sin perder las formas la Guardiana se les acercó hasta quedar frente a ellos, podía oír al fondo los gritos y aplausos de los humanos, que grababan todo desde cientos de ángulos.
-Ya no sois tan valientes, ¿eh?- preguntó Aelita, poniendo sus puños en las caderas, victoriosa.
Detrás apareció Asmeya, que miró por detrás de ella, ya que era más baja que su hermana menor en esa transformación. Los aludidos sólo gruñían y tenían los puños apretados, alguno incluso le gritaba toda clase de improperios de los que ambas hacían oídos sordos. Se disponían a irse cuando Aelita notó una energía que le era muy conocida, y por instinto sacó su escudo, colocándose en posición de defensa, dispuesta a lanzarse con el contra lo que viniera. Un enorme rayo cayó justo enfrente de ellas, y del mismo apareció Electra, ataviada con su martillo y ya transformada en una especie de mujer águila. Tenía una belleza intimidante, de eso no cabía duda.
-Schaeffer- murmuró la rubia, y la otra suspiró.
-Bäyern, ¿qué se te ofrece?- le preguntó, seria.
Esta bajó el rostro unos instantes- Estamos a punto de acabar con la misión, la de cerrar las puertas del Infierno. Y me consta que ya habéis terminado también con los Jinetes y los Pecados. Pero tenemos un problema- se cruzó de brazos entonces.
-Sam y Jhonny. Siguen sin dar señales de vida, y al parecer iban con William al momento de la última vez que se les vio, por lo que me enteré de parte de Jeremy. No me ha querido decir dónde andan, pero me da que están en el Infierno- Aelita bajó el rostro entonces.
Iba a responder cuando sintió una fuerte presión en el pecho, así como Asmeya, que cayó al suelo por el dolor, casi sin poder respirar. Aelita sin embargo pudo mantenerse en pie pero apenas podía tomar aire. Electra alzó la vista en dirección al cielo y observó una brillante luz, emanaba de ella un poder inimaginable. Gabriel había hecho acto de presencia.
-¿De verdad pensabais que os podíais escapar sin que me diera cuenta?- su voz retumbó en toda la zona, como si el mismísimo cielo hablara.
La pared de luz que cubría a los paganos desapareció, e inmediatamente tomaron a las dos hermanas por las piernas, colocándolas sobre sus hombros e inclinándose inmediatamente ante la presencia del arcángel. Este descendió a tierra, y con facilidad, también tiró al suelo a Electra, que apenas podía mover su cuerpo por los poderes de Gabriel. Este tenía una armadura muy brillante cubriendo su cuerpo, y sus alas doradas, invisibles al ojo humano, se expandían y movían con el viento al igual que el aura del arcángel, brillante como cientos de soles.
-Devolvedlas al Olimpo. Quiero a todos los dioses disponibles que impidan que puedan huir, quiero…- se tuvo que callar entonces. Se giró, y detrás suya apareció un mendigo. Pero claramente no lo era.
Si él mostraba un porte divino, con su armadura impoluta, su piel limpia y grandes alas doradas, aquel diminuto tipo encorvado era totalmente lo opuesto. Llevaba la ropa con agujeros, sucia y maloliente, tenía barba de días y su piel ennegrecida por el sol no se había lavado en semanas a juzgar por el olor. Pero igualmente intimidó al arcángel, que se giró inmediatamente para poder verle.
-Hace millones de años que no nos veíamos, Gaby- comentó, y el aludido se tensó.
Su energía era incluso superior a la de Gabriel, y eso sólo podía implicar una cosa. Delante estaba su hermano mayor, Miguel. Giró su rostro y vio a Aelita, se rodeó de su energía, y la liberó de la presión de su hermano con facilidad, e hizo lo mismo con Asmeya.
-¿Desde cuándo un arcángel se junta con paganos? Te hacía de grupos más selectos- los aludidos tragaron saliva, tensos.
Gabriel sonrió de medio lado- Bueno, me gusta diversificar mis amistades, ya sabes- comentó, divertido.
Este asintió- Entiendo… oye, no me gustaría tener que luchar contra ti. Me conoces de sobra, puedes hacer lo que quieras, menos… hacer daño a esas dos- señaló entonces a Asmeya y Aelita, que observaban toda la escena con la misma sorpresa que todos.
Los humanos igualmente seguían grabando toda la escena sin dar crédito. Muchos ya habían subido a la red sus grabaciones y seguían haciendo más.
-No es mi intención hacerle daño alguno, sólo quiero evitar que MI FAMILIA luche entre ellos, ¿puedes entenderlo?- le inquirió, y el otro asintió, despacio.
-El Apocalipsis no es plato de buen gusto para nadie, eso es cierto…- murmuró, acercándose.
Se cubrió con su energía, y el cuerpo que usaba comenzó a brillar. Tuvo que detenerse y mirarse las manos, en silencio. La piel se estaba agrietando y los átomos del mismo comenzaban a ser inestables. Suspiró. Acarició a Gabriel suavemente con el dorso de su mano, despacio… y de pronto le abrazó.
-Siento el sufrimiento que te estoy haciendo pasar, Gaby… pero es imprescindible, y lo sabes tan bien como yo. Lucifer y yo debemos luchar, y arreglar nuestras diferencias- le susurró al oído.
Tras separarse, chasqueó los dedos, y Gabriel y los paganos habían desaparecido sin dejar rastro alguno, dejando caer a las dos hermanas como pesos muertos al suelo. Electra corrió hacia ellas y se interpuso entre ellas y el arcángel, que la miró en silencio.
-Sabes que no puedes hacer nada contra mí, y pese a ello, te interpones entre ellas y yo… Valiente, pero inútil- la apartó suavemente con su energía, aunque ella acabó volando contra un árbol como si fuera un pelele, siendo rodeada por varios humanos, que inmortalizaron su cara de dolor tras caer al suelo.
-Ni todos los Guardianes juntos podríais hacer nada contra un arcángel, mucho menos uno en solitario- se giró y la encaró.
-Te recomiendo controlar tu ego, nunca se sabe qué ratón puede acabar controlando a un león- le dijo él, y luego giró de nuevo hacia las dos chicas.
Se puso en cuclillas y las miró. Tenían la respiración acelerada y el corazón en un puño, sudando en frío por la presencia del arcángel, cuya energía las rodeaba. No parecía amenazante pero igualmente les ponía nerviosas. Sus alas de fuego, si bien no estaban a la vista humana, aleteaban despacio, y el fulgor de su energía iluminaba bastante. Era poder en estado puro.
-¿Os habéis pensado nuestra oferta?- preguntó, serio, y ellas bajaron el rostro, a lo que el otro simplemente se levantó, despacio.
-Creo que tenéis una conversación pendiente con los demás Guardianes. Me retiro, señorita Asmeya. Nos volveremos a ver en unos días, espero que para entonces esté dispuesta a aceptarme- desapareció de allí entonces en un destello.
Ellas se miraron, no sabiendo muy bien qué decir. Pero claramente tendrían que hablar con los demás, las palabras de Miguel se lo confirmaron. Electra, que se había recuperado del golpe con el árbol tras ser lanzada por el arcángel por los aires, se les acercó rápidamente, seria. El círculo de personas, que al inicio era de cientos de metros, se iba acortando poco a poco y ahora apenas les separaban unos veinte metros.
-¿Estáis bien?- preguntó, mientras de reojo veía como la gente cuchicheaba.
En minutos saldrían en todos los titulares, era casi seguro, pero eso les daba igual ahora.
-Sí. Nosotras volvemos a casa, tú… ¿qué harás?- le preguntó, y la aludida suspiró.
-Tenemos que seguir con la misión. Hice un alto en el camino para… bueno, comprobar si estabais bien, y ya de paso si sabíais algo de Sam y Jhonny. Veo que no…- gruñó, y entonces pateó una piedrita.
Encaró a los otros dos- Nuestros caminos se separan. Adiós, os… deseo suerte- tras eso, se transformó en un águila y salió volando, usando su energía para abrir un portal en dirección a saber dónde.
Las otras dos se miraron, y Aelita tomó la mano de su hermana con la intención de llevarla a la dimensión de Jamily para poder estar en un lugar seguro. Además tenían que tener las cosas claras, algo debía haber pasado muy importante durante las horas que habían estado fuera y tenían que saberlo, más si podían estar tres de sus amigos en un lugar tan terrible como el Infierno. Recordaba perfectamente cómo William había llegado a un acuerdo con Gamma, posiblemente le habían pedido pagar su deuda de algún modo, y eso le aterrorizaba. Se llevó una mano al estómago y notó la energía de aquello que crecía en su seno, y trató de calmarse, para después transportar a su hermana y a sí misma.
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William, Sam y Jhonny andaban penosamente por el Infierno. Hacía poco que habían salido de la cueva en la que se habían reunido con Gamma y Lilith, y ahora tenían que buscar una salida que aún no estuviera cerrada para escapar, cosa que se presentaba difícil dado que se estaban cerrando rápidamente gracias a la eficiencia por parte de los Guardianes encargados de ello. Tendrían que darse prisa, pero tampoco podían usar sus poderes mucho o llamarían la atención de los demonios y no estaban dispuestos a tener detrás de ellos a un montón de aquellos seres, y menos aún a los Caballeros que podrían derrotarles con cierta facilidad. Sólo Jhonny podría contra ellos y tampoco él tenía especiales ganas de tener que hacerles frente, tendrían que ir de incognito. Además la situación de William no ayudaba, que acababa de recibir la Marca de Tinieblas.
Escalaban una enorme montaña de piedra y roca anexa a la que se encontraba la cueva donde se reunieron con los dos demonios, subían con la intención de llegar a su cima y poder ver toda la zona, cuando William se tuvo que detener. La Marca le escocía en el brazo y hacía que su energía se desequilibrara por instantes, pero apretó la mandíbula y continuó, no sin dolores por todo el cuerpo. Tras volver en si una vez que había recibido aquella maldición les contó lo que había visto a sus dos compañeros. Vio a todos y cada uno de los lugartenientes de la entidad primordial, entre los que estaban su hechicera de confianza, Jamily Mörker. En ese momento se dio cuenta de que los Guerreros tenían razón, y también comprendió que fue un serafín, de nombre Mahasiel, el que hizo que todos ellos no pudieran ver la verdad. Sintió una ira terrible por ello, comprendió que habían sido engañados y estafados en su cara, pero no podían hacer nada, al menos por ahora.
También supo cuál era su misión: liberar a Tinieblas, cuando sucediera la lucha entre Miguel y Lucifer, para que aquella y Luz pudieran luchar finalmente y poner fin a sus disputas. Sea cual sea el resultado, todo acabaría en relativamente poco tiempo, pero antes tendría que aprender a usar sus nuevos poderes – y que al parecer conservaría hasta el final, aún después de ser retirada ya que él sería el último y máximo lugarteniente de Tinieblas – y, por supuesto, salir de allí. Cuando Sam y Jhonny se enteraron o dieron crédito, pero sabían que no podía estar mintiendo, no con la cara con la que se lo había contado. Intentaron comunicarse con los demás para decirles las nuevas pero les fue imposible, algo se lo impedía y eso implicaba que estaban a solas.
En ello pensaba cuando acabaron llegando hasta la parte superior, donde pudieron comprobar dónde se encontraban. Ejércitos enteros de demonios se movían de aquí para allá y con punto de origen en la gran fortaleza infernal, y en concreto se dirigían hacia un punto en concreto y que brillaba en un potente tono púrpura.
-¡Mirad, allí hay una puerta!- Sam gritó entonces, señalando al horizonte.
Ellos miraron en esa dirección, y comprobaron que, en las faldas de un monte había un pórtico de piedra y mármol, claramente debía ser una de las pocas entradas que quedaban abiertas. No sabían cuánto podría durar abierta, así que tendrían que darse prisa y aprovechar la que bien podía ser la última entrada al Infierno, y lo mismo debían estar pensando sus locales a juzgar por las muchas fuerzas que estaban enviando hacia allí. William lo tenía claro, no deseaba permanecer allí más tiempo del imprescindible, así que se rodeó de su energía. Esta seguía siendo de un púrpura oscuro, pero igualmente tenían unos tintes que le recordaban a Jamily, se notaba que eran las dos de la misma naturaleza. Los otros dos se miraron y decidieron hacer lo mismo que él, y, en cuanto estuvieron listos, se lanzaron en esa dirección a toda velocidad. Pero apenas habían recorrido unos trescientos metros se vieron rodeados por un gran número de demonios y que les derribaron al suelo, cayendo sobre ellos como una lluvia de monstruos.
-¡Acabad con ellos!- se fijaron entonces en que Astaroth estaba allí, rodeado de sus poderes.
Estaba dirigiendo a sus demonios, parecía especialmente nervioso en ese momento. Junto a él, estaban Abadon, Eve y Alheim, todos con sus energías a tope para luchar con quien haga falta, y usando cuerpos humanos de diversas razas y sexo. Estaban listos para luchar contra lo que quiera que se encontraran, pero no se esperaban encontrarles por allí, a juzgar por la cara que pusieron. Les rodearon rápidamente todo un ejército, con los Caballeros en la avanzadilla de todos los demás.
-Nos estáis tocando mucho los cojones, ¿sabéis? Así que voy a…- cuando se disponía a atacar, Eve se quedó quieto, asustado.
Abadon también se fijó entonces en William, y frunció el ceño. Jhonny se colocó delante de los otros dos y extendió sus alas, dispuesto a luchar. Una poderosa energía emanó de él e hizo que los demonios tuvieran que echarse atrás, creando un área circular en torno a ellos para poder estar protegidos. Era evidente que una batalla iba a empezar.
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Jamily se encontraba recogiendo a toda prisa sus cosas, se tenía que dar prisa ahora que en la dimensión no había nadie. Se había enterado por su ama que acababan de pasarle La Marca a William, y a partir de ahí era cuestión de tiempo que los demás se enteraran también de aquello. Y no tendría el valor de mirarles a la cara tras haberles mentido de forma tan descarada, por lo que tenía intuición de ir hasta Heavenland junto con Michaelis, donde vivía él. Estaba a punto de terminar de guardarlo todo cuando sintió las energías de Aelita y Asmeya. Gruñó, seguro que la primera había advertido su presencia, su voz lo confirmó.
-¡Jamily! ¿Dónde estás?- por su voz no parecía molesta, cosa extraña.
Temblando un poco, escondió las maletas en su armario, ya vacío, y bajó hasta el salón, donde los demás estaban. Se les acercó aparentando preocupación por la mayor de las hermanas, ayudándola a sentarse en el sofá, algo mareada. Beatrice, que estaba allí trabajando fue a por un vaso de agua para la chica.
-¿Sabes dónde están los demás?- preguntó, sentía urgencia en ella. La aludida se hundió de hombros, e iba a responder cuando notaron un pico de energía venir de todas partes.
Ella no tuvo dudas en que la procedencia de esta era de William, pero Aelita sí que tenía cavilaciones al respecto, de hecho incluso dio unos pasos en aquella dirección.
-Será mejor que vayamos, voy a por mi báculo y te acompaño- quería ir a su cuarto y salir de allí cuanto antes, pero no le dio tiempo.
Los demás Guardianes habían llegado. La hechicera chasqueó la lengua, empezaba a complicarse la situación. Se disponía a subir de nuevo cuando el resto entró por la puerta, dando inicio a una reunión que si bien ella sabía que no sería por ella – no notaba cabreo en ellos por lo que no podían saberlo – igualmente no quería estar presente. Pero tendría que actuar mientras estuvieran allí, como hasta entonces. Solo que ahora se sentía por primera vez contra las cuerdas, y eso podría hacerla cometer algún error
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.
