Código Guardianes

Capítulo 126

Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.

¡Capítulo escrito en colaboración con DarkClaw1997, y último del fanfic, el Especial de Navidad del 31/12, pero habrá una segunda parte!

Efectivamente este fanfic continuará el 31/12/2021 con el estreno de Código Guardianes 2, El ascenso de Tinieblas; y que próximamente se estrenará el nuevo fanfic de DarkClaw1997, Código Lyoko: Las Crónicas de Xanadú - Parte I (Conjura).

Habían pasado horas desde que los arcángeles habían dejado claro que no existía forma alguna de evitar que Aelita y Asmeya se volvieran los cuerpos físicos de Lucifer y Miguel, respectivamente. También habían informado al grupo que se había escindido de la situación de Sam, Jhonny y William en el Infierno, pidiéndoles básicamente que redujeran el ritmo…. con el único impedimento que no les había llegado la información. Por algún motivo desconocido no se podían poner en contacto, y eso implicaba que a esas alturas era posible que sus compañeros estuvieran encerrados en aquella dimensión maldita. A eso había que añadir que Jamily estaba desaparecida, según las hermanas la última vez que la habían visto aseguraba haber subido a su cuarto a por su báculo.

-Esto es raro, ha subido hace tres horas ya, y aún no vuelve- comentó Aelita, cruzada de brazos.

Los nervios la devoraban por dentro de mala manera.

-¿No recordáis ninguno notar energía espacial? Porque la única explicación es que haya abierto un portal y haya ido a saber dónde- dijo Ulrich entonces.

Todos negaron, y este se llevó los dedos al puente de la nariz, sin saber muy bien qué decir- Nos oculta algo. Lo llevo pensando desde nuestra pelea con los Guerreros- ese era un tema tabú que no se había tocado desde aquel fatídico día.

-Es imposible que, precisamente ella, nos traicione. ¡Fue la que más nos ha ayudado desde que la conocemos, mucho más que esos malditos arcángeles! Incluso Seriel ha ayudado más que esos capullos- exclamó Yumi.

-Con perdón Jhonny, pero es la verdad- añadió, al recordar que estaba allí, pero él le restó importancia con un suave gesto.

-Os recuerdo que aquellos a los que llamábamos hermanos hace un mes ahora no nos dirigen la palabra, les llegamos a confiar la vida… ¿de verdad pensáis que ellos nos podrían mentir de esa manera? Y ya no hablo sólo de los Guerreros- el guardián del fuego se levantó.

Meditó bien sus palabras- La mitad de los Guardianes está aquí y la otra mitad incomunicada, creo que porque Electra les ha convencido de no hablar con nosotros, no me extrañaría… les hemos hecho daño- suspiró.

-¿A dónde quieres llegar, tío? Sin rodeos- pidió Odd, y el otro le encaró.

-Le he pedido ayuda a los Guerreros. Si nuestras sospechas son reales, estamos jodidos- pidió calma antes de que nadie alzara la voz.

-Ellos piensan, y Jhonny y yo también, que Jamily trama algo muy turbio. Su universo ha sido reiniciado, otra vez, por una energía que diría es la de Lilith. Si queremos solucionar algo, les necesitamos. Más que nunca, dado que estamos la mitad y dudo poder convencer a los demás- afirmó, cruzándose de brazos.

Las protestas no se dejaron esperar. Sus amigos se sentían de alguna manera traicionados por él, aunque, en el fondo, deseaban poder reconciliarse con sus alter egos. De alguna manera se necesitaban, habían formado un vínculo muy importante y les daba bastante rabia haberlo perdido. Y aún así les costaba poder creer que hubieran sido traicionados por su maga de confianza, y aunque para Ulrich era claro, el sentido de sus compañeros estaba nublado. Como si algo impidiera que pudieran ver las cosas con claridad, o puede que fuera todo más sencillo. Puede que simplemente se negaran a asumir que alguien había actuado contra ellos ganándose antes su confianza.

-Si tan claro lo tienes, ¿por qué no dijiste nada?- inquirió Jeremy, serio.

-¿Me hubierais creído, después de apenas haberos podido salvar de ellos? Casi me matan a mi también, la primera vez que fuí a su nuevo universo casi pasó lo mismo- comentó, recordando la escena.

-Esos cabrones casi nos matan, pese a todos nuestros poderes… ¿de dónde sacaron aquellos aparatos?- comentó Odd, algo molesto.

-Puede que tenga que ver con lo que ha dicho Ulrich, de la energía de Lilith- este se rascó luego la nuca.

-Puede que haya algo más, pero ni idea. Apenas he podido investigar, no hemos tenido tiempo- murmuró.

-Son sólo conjeturas, entonces. Sin pruebas- intervino Sissi, y Jhonny respondió.

-Hemos actuado, y luchado, por mucho menos. Nos hemos dejado guiar ciegamente por unos designios que no sabíamos de dónde venían, ¡pero si al principio todas vuestras acciones venían porque aparecían en un libro mágico de hace 2000 años que era interpretado por Atenea! ¿Y ahora pedís más para creer en alguien?- preguntó.

Eso era verdad. Desde el inicio eran dados a confiar en todo el mundo y a fiarse de la palabra dada sin más pruebas que lo que les decía la energía de esa persona. Y, analizando la de ellos, no parecían estar mintiendo, no al menos de forma intencionada. Pero era complicado cambiar de mentalidad tan rápido. Era todo muy complicado, estaban en una situación muy comprometida. Se encontraban reunidos en el salón de la casa de la hechicera, y todo les recordaba los muchos favores que le debían. En ello pensaban cuando apareció Beatrice, se acababa de duchar. Junto a ella estaba Asmeya, que llevaba la ropa de la otra en una mano para lavarla luego, y Noelia, que tenía unas ojeras pronunciadas. Apenas dormía desde la separación del grupo, se sentía bastante mal y no había hablado demasiado con Asmae, habían discutido pero prefería no hablar del tema.

-¿Sucede algo? No soléis estar tan serios- murmuró la morena, acercándose. Asmeya, que se hacía a una idea, simplemente suspiró y salió de allí, mientras la tercera iba tras ella en silencio.

El grupo bajó algo la cabeza, y Beatrice suspiró.

-Sé que no es asunto mío, pero no he podido evitar escuchar… ¿Está la cosa tan mal como me parece?- y ellos solo pudieron asentir.

-Ya veo… Y yo a punto de dar a luz, es cojonudo…- se miró la tripa durante unos segundos. Estaba muy inflada, casi parecía que llevara los nueve meses ya.

-Sí es una palabra fea… si, y no debes decirla… Bueno, pero yo soy adulta- murmuraba.

Los demás se miraron entre ellos, ¿estaba hablando con su hija no nata? Aunque ya poco se podían sorprender, con todo lo que habían visto.

-¿Cómo se va a llamar?- preguntó entonces Marin, para tranquilizar los ánimos.

La aludida alzó el rostro- Ariadna- respondió, sin dudarlo.

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Por su parte, la batalla en el Infierno seguía. William y Jhonny por delante, enfrentándose a todo demonio que se colocara por delante, mientras Sam estaba en la retaguardia, usando su lanza para abrir grietas en el enemigo. Decir eso, de todas formas, era muy generoso. De hecho estaban rodeados por todos los flancos, los demonios a esas alturas más que querer matarles querían retenerles para que no pudieran escapar. si se iban a cerrar las puertas del Infierno, que al menos no se quedaran solos. Sería un buen castigo eterno, tener allí a tres almas puras, más si una de ellas es la del hijo de uno de los 7 arcángeles. De hecho, si Astaroth, Abadon, Eve y Alheim no se habían lanzado a por ellos era precisamente por eso, por desear saborear su sufrimiento cuando la última de las puertas, delante de ellos, se cerrara finalmente. Podrían escapar, sí, y evitar quedar allí a perpetuidad, pero aquella dimensión maldita era su hogar. Además, eso les expondría a los Cielos, que les perseguirían hasta darles caza. O peor, les alejaría de sus tropas y no podrían hacer nada más que aburrirse y agonizar en el hastío.

-Maldita Lilith…- murmuraba Eve, estaban al otro lado del círculo, contemplando la escena.

Los chicos usaban sendas espadas para luchar, sin defensa de ningún tipo más allá de sus energías, lanzando de vez en cuando ataques de energía. Por su parte, Sam prefería usar sus poderes y acabar con más demonios al mismo tiempo, utilizando su Cien dragones y fulminando a centenares en el proceso. En cuanto se dieron cuenta de que así era más efectivo, sus compañeros optaron por el mismo modelo de combate, y en su caso, lograban acabar con aún más demonios por ser cuatro manos en vez de dos. Por suerte las huestes del Infierno eran casi infinitas, y, sin embargo, podrían acabar teniendo dificultades. Pero como bien había dicho Eve, maldita fuera Lilith.

-¡Esa hija de puta le ha dado al niñato la Marca justo cuando más débiles les necesitábamos!- gritaba Abadon, furioso.

Nunca se había llevado del todo bien con la primera de los suyos, y eso era más palpable que nunca. Sin embargo, Astaroth le restó importancia.

-Aunque lleve La Marca, sigue siendo un mortal, y nosotros somos Caballeros del Infierno. Y no uno o dos, estamos CUATRO. ¡Así que a luchar!- se rodeó de su energía, y se lanzó contra los Guardianes.

Los otros tres, no dispuestos a dejarle toda la gloria a él, y por no tener que asumir las iras de Lucifer llegado el caso, le siguieron. Cayendo como meteoros aterrizaron en el claro que habían formado con los cuerpos de sus demonios, y, con espadas de energía, atacaron a los tres Guardianes, que se vieron superados ya no sólo en número, también en poder. O eso pensarían en condiciones normales. En cuanto les vio llegar, William se lanzó contra ellos, arma en mano, y les atacó con violencia inusitada. Casi como si lo estuviera deseando. Comenzaron los tajos cruzados entre ellos, con William a la ofensiva y luchando con una ira impropia de él. Los demonios, sin demostrar que estaban impresionados, se defendían y pretendían rodearle, pero el chico les veía venir de lejos y daba un patadón al suelo, creando una onda de energía que les echaba atrás e incluso les derribaba. En ese instante él intentaba atravesarles el pecho, pero lograban dar unas vueltas sobre sí mismos en el suelo, tras lo cual se levantaban y le hacían un placaje desde la cintura. Cuando le derribaban a su vez hacían el amago de empalarle con sus energías, siendo defendido por barreras creadas por Sam y Jhonny, que atacaban usando sus ataques especiales.

Estando Sam justo encima de Alheim este la tomó del cuello e intentó fulminarla, pero antes lo hizo el nephilim, que posó su mano en la cabeza del demonio, inundando su cuerpo con su energía. En cuanto lo hizo, notó como el Caballero temblaba bajo él, pero antes de poder terminar el proceso el otro le alejó con un fuerte golpe de energía, y aprovechando que el adolescente tenía que dar unos pasos atrás, el demonio se replegaba tras sus compañeros, que hacían muralla. Estaban en una extraña igualdad de condiciones, y eso no le gustaba a ningún bando. No desde luego a los demonios, que hasta entonces habían disfrutado de una clara superioridad en cuanto a poderes. Ahora, con un nefilim y el portador de La Marca… la cosa cambiaba. Tendrían que ponerse serios a la hora de luchar… y estar los siete Caballeros. Como antaño.

Para estar todos quedaban Lilith, Azazel y Luzbel, que no tenían ni idea de dónde estaban. Aunque se hacían a la idea de con quien. Lo más seguro es que estuvieran acompañando a Lucifer, en la Tierra. Esos tres eran su amante, la mano derecha, y la izquierda respectivamente, eran los preferidos del arcángel. Y eso que entre los dos primeros había una rivalidad insana por ser el número uno, sin darse cuenta de que su idolatrado amo no sólo pasaba de ellos, sino que les despreciaba y consideraba seres infectos. A esas alturas de la historia, los otros Caballeros pensaban que no tenía ningún sentido seguir con la farsa y preferían luchar por sí mismos y no por una entidad que ni siquiera se preocupaba de los que podrían considerarse sus creaciones.

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Efectivamente, los cuatro estaban reunidos, pero no estaban en la realidad física. De hecho estaban en la sala del trono del Infierno, en lo más profundo de la gran fortaleza que coronaba la colina anexa al valle en la que se desarrollaba la batalla por una de las últimas puertas. El arcángel observaba todo desde una ventana, en silencio, con las manos a la espalda. Los otros tres se miraban nerviosos, no sabiendo muy bien qué decir.

-Esos Guardianes… desde luego, tienen valor. Son la excepción que confirma la regla, sobre lo terrible que puede llegar a ser la vida consciente- comentaba.

-Me recuerdan que, a veces, puede salir algo bueno de esa inteligencia. Lamentablemente unas pocas manzanas buenas no solucionan la enfermedad del manzano, que hay que derribar, ¿no creéis?- preguntó, girando un poco el rostro.

-¡Sin duda, mi señor!- comentó en seguida Lilith, a lo que Azazel rodó los ojos, aunque no llegó a comentar nada.

Sin embargo, el aludido sonrió de medio lado, ligeramente complacido.

-Vosotros sois mis más leales… y sin embargo, igualmente sois criaturas detestables, seres infernales que merecen ser aniquilados- sin que ninguno pudiera evitarlo, el arcángel se rodeó de su energía.

En instantes, los tres demonios fueron fulminados, estallando en una explosión de energía tan brutal que hizo temblar toda la estancia, y que fue equivalente a varias supernovas. La destrucción de seres así requería un despliegue de energía que se podía sentir incluso en las regiones más lejanas de la realidad, y podía llegar a provocar verdaderos desequilibrios energéticos.

Lilith tuvo que gruñir cuando sus ojos dejaron de brillar en color bermellón. Se encontraba a las puertas de la sala en la que se produciría aquel evento, lo acababa de predecir. ¿Cómo podía ser? Y sin embargo, era. Sus visiones jamás fallaban, y dudaba que aquella fuera la primera. Notó en su espalda un suave escalofrío, e identificó su procedencia como… su antigua jefa, Tinieblas. No se lo dijo directamente, pero entendió el mensaje: por el servicio hecho.

-Valiente hijo de perra… Traidor, te lo hemos dado todo, capullo…- comenzó a maldecir, y desapareció en el aire justo cuando por el pasillo llegaban Lucifer, Luzbel y Azazel.

Los dos demonios ni notaron la presencia de su compañera, pero el arcángel sí.

-¿Y Lilith?- preguntó, haciendo como que no se había enterado. Los otros dos se miraron y se hundieron de hombros.

-Debería estar aquí, con nosotros, ¿no la habéis convocado?- preguntó, girándose sobre sí mismo un poco.

Al ver su mirada de molestia, los dos Caballeros sintieron algo de pavor, y entendiendo la orden implícita, salieron corriendo para buscar a su compañera. Lucifer era consciente de que seguramente fuera infructuosa la búsqueda, pero le era indiferente. En poco tiempo volverían, pedirían disculpas y serían desintegrados igualmente, sólo que en esa ocasión tendría más motivos para hacerlos. Su intención era acabar con ellos tres por ser ya innecesarios, las dos jóvenes habían aceptado su destino e iban a aceptar en unas pocas horas así que ya no eran necesarias esas criaturas terribles. Además, ya habían más que demostrado que él llevaba razón y que nada bueno podía surgir de la vida consciente, por eso era mejor erradicarla. En cuanto ganara se encargaría personalmente de erradicar a todo el Infierno, pero mientras fueran útiles los conservaría.

-A dónde habrás ido… no te siento en casa…- murmuraba, mientras andaba tranquilamente por el cuarto, con las manos por detrás de la espalda.

-Vaya, vaya… así que te has ido como la perrita de tía Tinieblas… entiendo. Bien, será más divertido así- y decidió esperar a que vinieran los otros dos.

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Mientras, y por su parte, los Guerreros del antiguo Universo 910 discutían entre ellos sobre cómo podían ayudar con todo el tema de los Guardianes. En poco más de un día Ulrich, guardián del fuego, iría a buscarles para, literalmente, luchar contra dioses. Tendrían que ir bien preparados, y sobre todas las cosas, ser inteligentes. Su única esperanza era usar los inhibidores de poderes, que resultaban eficaces contra ellos.

Al menos cuando estaban como si fueran humanos normales, y cuando usaban sus cuerpos adolescentes. Ahora existía la posibilidad de que fueran adultos completamente desarrollados, con más poder que antes, y puede que fuera del alcance de aquellos aparatos. Claro, nunca habían necesitado nada así de potente porque, básicamente, no había nada tan potente a lo que enfrentarse. Desde luego sería un experimento científico muy interesante.

-Sigo pensando que ir con los inhibidores contados es un error, Lita- comentaba Yumi.

Estaban organizando juntos el plan de actuación mientras los demás descansaban. Ella la miró pensativa, estaba apoyada en la mesa con las manos. Suspiró.

-No tenemos muchos más, son jodidos de conseguir y nada nos dice que no los vayamos a necesitar a posteriori. Sería cojonudo ir con cincuenta o cien, pero…

A eso, la japonesa tuvo que asentir.

-Una vez que sean humanos debería ser viable poder detenerles de forma normal. Yo apuesto por inmovilizarles y provocarles heridas. Que sangren.

Yumi sacó una daga y apoyó la parte plana en su barbilla.

-Estoy de acuerdo. Si tienen que usar poderes que sea para curarse, no para atacar -dijo Aelita.

-Habría también que sacarles de ahí rápidamente para que no puedan ser ayudados y tenerles aislados de alguna manera, hasta que todo se calme -añadió Yumi.

La otra asintió.

-Y sin duda, atarles para que ni corriendo puedan ir a ningún lado. Eso debería ser fácil, dependen demasiado de sus poderes… ¿podremos quitarles las gemas y armas? Es una buena pregunta… -murmuró.

Yumi asintió. Ambas oyeron entonces cómo tocaban a la puerta, y la mayor suspiró.

-¡Adelante! -gritó Yumi.

Aelita giró la cabeza, encontrándose a Ulrich. Este era seguido por Jérémie, que se dirigió al escritorio de la sala, pasando junto a ellas, sin mirarlas, y empezó a revisar dossiers dispuestos en varias pilas sobre la mesa, mientras abría algunos archivos en el ordenador.

-Los vehículos se encuentran operativos. Además les he echado gasolina y recargado sus armas. Apunto para una guerra total - el orgullo se notaba en la voz del alemán.

-¿Los jeeps ya arrancan? Menos mal, pensé que habría que desguazarlos -murmuró Aelita, seria.

Ulrich asintió, satisfecho.

-Costó, sí. Deberían poder contra cualquier cosa, como siempre. Solo eran las turbinas de ventilación y los manguitos -dijo Jérémie.

Su plan sería muy diferente de no contar con el equipo de blindados.

No se trataban de jeeps normales de los que uno ve en las pelis, sino que eran grandes todo terrenos pero ligeros, capaces de sumergirse varios cientos de metros en el agua gracias a lo avanzada que estaba la tecnología, lo bastante amplios para que un pelotón estuviera dentro, bien armado y con un blindaje capaz de resistir bombardeo aéreo.

Y lo mejor: no gastaban cantidades brutales de combustible, y tenían bastante autonomía. Casi se quedan sin ellos en una de las últimas misiones, en el desierto, cuando tuvieron que atacar una ciudad amurallada, y para la que no servían las consideraciones u otros medios que no fueran una delicada entrada a lo bestia.

En esa ocasión, y dada la naturaleza de la fortificación, la única forma de entrar era usando el jeep, usando una apertura en su suelo, y a través de la misma, abrir un boquete que llevara hasta las galerías subterráneas del complejo. Fue en esa ocasión en la que casi logran acabar con el mismo, de hecho no pudieron arrancarlo tras terminar, pero Jérémie insistió en devolverlo a la base. Y había hecho bien, ya que lo iban a necesitar.

Pero a modo de distracción, pues los Guardianes, en cuanto lo vieran, irían a por el aparato y no les prestarían atención a ellos, que irían por la espalda y misión completada. Pero era más sencillo pensarlo que ejecutarlo.

-¿Funciona bien su lanzacohetes? Sigo con la fantasía de lanzarle uno a Electra -comentó Aelita, y Yumi se rió.

-Estoy completamente segura de que podrás lanzarle todos los que quieras.

-En fin. ¿Las armas ya están limpias? -preguntó Aelita, y el alemán chasqueó la lengua- ¿Aún no?

-Sissi y Morgan -dijo Ulrich-. Discutían sobre el maquillaje que usa la segunda para sus fases emo y los complementos a juego de la segunda, y no han limpiado demasiado. Will está en ello. Va por las pistolas -afirmó, cansado y poniendo los ojos en blanco.

-Le tengo dicho que no hagan esas gilipolleces y ni caso -dijo Yumi, suspirando.

Aelita sonrió por dentro un poco.

-Pues diles a esas dos vagas que limpien ellas las mierdas que dejan, y la de los demás durante las próximas dos semanas si no se ponen a la de ya con las armas -ordenó Aelita.

Ulrich asintió.

-Y dales unas "galletitas" de mi parte.

-Está bien, princesa -dijo Ulrich, risueño-. Les haré llegar el mensaje.

Salió de allí y dejó a los otros tres a solas.

-Estás muy guapa cuando te pones autoritaria -comentó Yumi, y Aelita giró el rostro, divertida.

-¿Ah sí? ¿Te pone eso acaso? -le preguntó, pícara, y Yumi asintió.

-Sí, cariño -dijo Yumi, con tono burlón, mientras le guiñaba un ojo-. Ahora tenemos cosas más urgentes -mientras pasaba cerca de ella le dio una suave nalgada que Aelita no intentó evitar.

-Chica mala -dijo Aelita, sonriendo.

Ambas se dirigieron hacia Jérémie, quien prácticamente estaba absorto en su trabajo.

-¿Alguna novedad? -preguntó Yumi.

-Define novedad -dijo Jérémie, mirando a Yumi.

-Detalles nuevos de ellos, más estrategias de combate, algún invento reciente… Cualquier cosa -dijo Yumi.

-Un viejo proyecto.

-¿Viejo? -preguntó la japonesa, extrañada-. ¿Cómo de viejo exactamente?

-Bastante -dijo Jérémie.

Aelita miraba mientras el contenido de ese trabajo.

-Y… ¿Vas a decirnos exactamente de qué se trata? -preguntó Yumi.

Jérémie se mantuvo callado. A juzgar por sus gestos faciales, no demasiado fuera de la neutralidad -lo cual era prácticamente una constante- bien parecía estar meditando lo que iba a decir.

Aelita lo conocía demasiado bien, al punto de suponer que tal vez su compañero estuviese pensando cada una de las palabras que usaría.

A su mente vinieron todas la veces en que sus amigos solían quejarse de cómo a Jérémie parecía encantarle hablar en un idioma distinto al común de los mortales.

Tal vez se mire cada mañana una palabra nueva en el diccionario, Aelita recordó cómo a Odd le gustaba remarcarle a ella eso mismo cuando ellos y su compañero eran más jóvenes.

-Espacio-tiempo -respondió Jérémie, mientras volvía a posar su mirada en la pantalla principal.

La japonesa frunció el entrecejo, extrañada.

-¿Y eso? -preguntó Yumi.

Jérémie se mantuvo callado unos cuantos segundos.

-Es un campo de estudio interesante.

Volvió a callar.

-Dime que no vas a hacer una máquina para viajar entre dimensiones -preguntó Aelita, con un tono exigente.

En ella también se había pronunciado el entrecejo, pero su mirada se había vuelto firme, y veía ahora al hombre frente a ella fijamente.

-Es importante.

-¿Ah, sí? ¿Te parece importante gastar recursos y tiempo…?

Jérémie la interrumpió, pasándole directamente una tablet, la cual tomó sin pensarlo, casi por instinto. Aelita lo miró durante unos instantes, pero él siguió trabajando. Por un segundo, se sintió tentada a lanzar ese artilugio contra la pared más cercana y de mandar a su compañero a la mierda. En su lugar, inspeccionó el contenido del archivo abierto.

Esquemas y planos.

Imágenes de archivo.

Estadísticas.

Le bastó con una ligera revisión para comprender de qué se trataba.

Yumi echó una ligera ojeada.

-¿Esto es la Operación…?

-Sí -respondió Aelita.

-En su día lo dejé en el tintero, pero con todo este asunto lo retomé, de hecho llevo semanas trabajando en perfeccionar ese proyecto inicial. -dijo Jérémie.

-Gracias a nuestras reuniones, y recordando anteriores encuentros con ayuda de Ulrich, he desarrollado una estrategia de actuación y que tenéis en la tablet. Me gustaría saber vuestra opinión- añadió.

Ellas dos se miraron. Habían hecho una estrategia entre las dos pero ese plan estaba más preparado, al menos en apariencia, y teniendo en cuenta los poderes de cada uno de los participantes. La Operación Kratos acababa de comenzar.

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Por su parte, Jamily se encontraba sentada en un sofá. Había cruzado dimensiones enteras para poder ponerse a salvo a sí misma y a los dos bebés que llevaba en el vientre, lejos incluso del padre de ambos, que era ajeno a todo aquello. Él pensaba que ella se encontraba en plena batalla del Apocalipsis, de hecho si no intervenía era por no estar en plena línea de fuego, aunque no podría estarlo de todas formas, no era seguro para él. Por ello permanecía sin saber nada de nada en Heavenland, y mejor que así fuera, pues no hubiera dado crédito a lo que estaba pasando. Más si se enteraba de que cerca de ella rondaba Lilith, que estaba cruzada de brazos, parecía muy irritada.

-¿Me recuerdas porqué estás aquí? No me llegaste a decir nada, sólo apareciste de la nada y te sentaste ahí mismo- comentó la hechicera, con las piernas cruzadas.

La aludida gruñó- No es de tu incumbencia, maga- murmuró. La aludida sólo rodó los ojos, mientras se recolocaba en el asiento.

Se encontraban en una sala de espera con sólo unos sillones, eran grabadas en todo momento por una cámara y observadas desde una sala de control. Ellas eran conscientes de eso pero les era indiferente, los locales de aquel Universo sabían perfectamente quienes eran y lo que representaban. En realidad la presencia de Lilith les era sorprendente pero poco podrían hacer contra ella, aunque si estaba junto a Jamily debería ser de confianza… más o menos.

-¿Me recuerdas porqué estás aquí y no en el Infierno? Espero que al menos le hayas dado tu Marca a William- insistió la aelida, y la otra se lo pensó unos segundos.

-Sí, ya la tiene. Pero Lucifer pretendía acabar conmigo y con otros dos Caballeros, y sinceramente aunque ellos me la suden le tengo bastante aprecio a mi vida- a eso no pudo más que darle la razón.

-Si me importaras te diría que lo siento- y le mostró una falsa sonrisa.

Lilith apretó los dientes un poco, rabiosa- Debería importarte ya que ahora mismo me necesitas más que nunca- le recordó.

Y tenía toda la razón. Pese a que una era la primera lugarteniente de Tinieblas hasta hacía poco y la otra la portadora de la Marca, ambas estaban en una muy mala situación. Y ahora tenían en contra a los Guardianes, y estando Jamily embarazada, dudaba poder defenderse plenamente si todos iban a la vez. Y si no lo sabían aún sería cuestión de tiempo que se enteraran. Por eso estaban allí, para pedir, por así decirlo, asilo. Era el Universo 924, y no tenía demasiado que ver con los 911 o 910, que eran como gemelos. Allí usaban unas armas de energía llamadas "llaves espadas", luchaban contra seres oscuros que nacían de emociones negativas, y había tecnología y "dioses" de por medio. Era algo confuso, pero la aelida, tiempo atrás, había ayudado - bajo órdenes de Tinieblas, todo había que decirlo - en aquel mundo sobre todo para ganarse su confianza para cuando todo explotara. Y ese momento había llegado.

-Señorita Mörker, la esperan Atem y Altaria- oyeron entonces.

En la entrada había una joven, físicamente idéntica a la guardiana del viento. Incluso compartían nombre, al parecer.

-Vaya con doña importante- comentó Lilith, divertida, mientras se levantaba. La aludida frunció algo la boca pero no llegó a decir nada.

-No sé sí…- pero Lilith ya había salido por la puerta, junto a la hechicera. Se sabía el camino de memoria, gracias a haber estado allí varias veces.

La chica les siguió en cuanto recuperó la compostura, musitando para sus adentros que una vez más se le colaba la gente, teniendo que correr para poder alcanzarlas. Gracias a ser hija de un dios de la luz y la luz - como lo era Quetzalcoatl - podía ser bastante veloz cuando se lo proponía, y les adelantó en poco tiempo, siendo ella la que les guiaba por las instalaciones. Eran grandes pasillos blancos con baldosas doradas, cuartos laterales cada varios metros, y en algunas secciones se podían ver grandes áreas donde había zonas arboladas, lugares de entrenamientos, salas de investigación… era como una ciudad en miniatura.

Les llevó por varios corredores hasta llegar a una zona algo más apartada y a la que accedieron gracias a la identificación de la joven, que les permitió entrar a un ascensor. Colocó la misma en un lector, e indicó la planta a la que quería ir con el teclado que había a la derecha, y notaron como esta se movía.

-¿Sabes de qué quieren hablar?- preguntó la hechicera, mientras esperaban.

La aludida se hundió de hombros- Lo desconozco, no suelen hablar de esos temas. Pero supongo que buscarán explicaciones- comentó, mirando de reojo a la diablesa.

-¿Sois conscientes de que podría matar a todos los de este mundo con un chasquido de dedos, verdad, guapa?- le increpó, con diversión. Sonrió de medio lado al ver como la otra miraba en seguida al frente, buscando no verla directamente.

-No son imbéciles, Lilith. Claro que lo saben, de la misma forma que, si te atreves a hacerles algo, tú entiendes que te cortaré el cuello, ¿verdad, guapa?- le respondió.

Lilith rodó los ojos, pero no llegó a decir nada. Antes se abrieron las puertas del ascensor, y llegaron hasta una salita de reuniones. Era el despacho que usaban para las conferencias, tenía una larga mesa con varias sillas, estando dos de ellas ya ocupadas.

-No sabíamos que vendrías acompañada…- murmuró Altaria. Era de aspecto adolescente, pelo y ojos dorados, piel clara, y llevaba puesta una hermosa armadura.

Esta parecía de diamante - aunque claramente no lo era - con una banda en la cintura con estrellas dibujadas, con unos colgantes en el cuello con esa misma simbología. Sus prendas estaban muy detalladas, a ambas le recordaban a las que usaban los Guardianes, aunque sus armas - dos dagas curvas - no eran tan impresionantes.

-Yo tampoco. Fue una incorporación de última hora- aseguró Jamily.

Lilith parecía disfrutar con la incomodidad de los otros dos- Yo a más lejos de Lucifer mejor, y en este Universo parece que es algo más fácil de lo normal entrar. Eso debería impedir que se fijara, además, tiene cosas más relevantes que hacer- añadió la diablesa.

-¿Somos tus escudos vivos, debo entender?- el que habló era Athem.

Era un hombre, de unos veintipocos años, su pelo era también rubio aunque sus ojos eran verdosos. Al igual que ella llevaba una armadura completa, pero la suya era más parecida a la de un caballero medieval, color gris y algo desgastada. En su cinturón tenía una larga espada bien detallada, con la derecha constantemente en la empuñadura.

-Sí. ¿Algo a decir?- le retó, pero él no iba a entrar a su juego, por ahora.

-Nosotros poco escudo podríamos ser, dado que estamos muertos. Sólo somos una representación virtual de nosotros mismos usando una IA para ello. Pero eso no es lo importante- les invitó a sentarse entonces.

Estas así hicieron, aunque Lilith apoyó los pies en la mesa, mientras se acomodaba en su asiento, dejándose caer un poco sobre la silla. La hechicera ni se planteó darle un golpe para que los bajara, total, no serviría de nada.

-Hemos estado al corriente de la situación, gracias a observadores que teníamos en vuestro mundo. Sospechábamos que algo pasaba contigo así que decidimos tenerte vigilada- la aludida ni se inmutó.

Estaba demasiado habituada a las traiciones como para que una más le pudiera sorprender.

-¿Y qué sabéis?- preguntó, curiosa.

-Lo suficiente como para saber que algo grande se avecina. Algo que nos sobrepasa en todos los niveles, y que dudo que lleguemos a entender jamás- aseguró.

Tamborileó unos segundos en la mesa antes de seguir- No sé si podremos garantizar vuestra seguridad- pidió silencio cuando ellas iban a hablar.

-Asumo que no. En todo caso, este Universo por ahora no se ha visto demasiado afectado, pero seguramente dentro de poco sí que veamos cómo todo se desmadra. A partir de ese día estaréis solas, porque tendremos que defendernos- las dos mujeres asentían.

-Es justo. Pero no vamos a estar aquí a perpetuidad. Sólo 48 horas- aseguró Jamily. Eso sorprendió incluso a Lilith.

-No tengo intención de poneros en peligro, menos a los que han sido mis alumnos. En cuanto Miguel y Lucifer tomen sus cuerpos verdaderos, me iré. Tengo… una última misión que llevar a cabo antes de poder desaparecer- comentó entonces.

-¿Y es?- preguntó Lilith, pero la otra no llegó a responder.

-Sea lo que sea, eres bienvenida- comentó Altaria, levantándose y dando por acabada la reunión.

Lilith, sabiendo que poco pintaba allí, desapareció en el aire. Tendría que mantener un perfil bajo por ahora, y en ello pensaba cuando notó un fuerte pico de energía venir de todas partes, como una gran ola. En ese instante, Azazel y Alheim acababan de ser destruidos por Lucifer. Y de no ser por Tinieblas, ella hubiera sufrido el mismo destino. En ello pensaba cuando notó un suave escalofrío en su esencia, e identificó enseguida su naturaleza y procedencia. Se rematerializó en un parque de aquel mundo, y dejó su vista perdida en el horizonte.

-Ama…- murmuró, con sorpresa. Pudo ver durante unos instantes una figura humanoide oscura como nada que ella hubiera visto antes. Pero apenas fue un parpadeo, y pudo oír su voz hablarle directamente a su energía.

-Impide que mi nuevo emisario pueda escapar del Infierno. Le necesito allí, para que pueda entrenar sus poderes- y ella frunció los labios.

-Te protegeré de Lucifer. No podrá hacerte nada, y sabes que, al contrario que mi hermano, siempre cumplo mi palabra- y Lilith suspiró pesadamente.

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Por su parte, los demás Guardianes, encabezados por Electra, estaban reunidos en una de las mesas de un pequeño bar en la mitad de la nada del desierto de Nevada. Habían dejado la última puerta en la Tierra para poder cerrarla todos juntos, además de haberles dado algo de tiempo a los demás para poder actuar. Hacía horas, Electra se había reunido con Aelita y habían intercambiado información pues, aunque estaban enemistados, seguían teniendo una misión que cumplir. Y cuando los demás se enteraron, decidieron tener una reunión.

-¿Dices que tres de nosotros podrían estar ahora en el Infierno?- preguntó incrédula Susan, y Electra asentía.

-Sí. Will, Sam y Jhonny. No es seguro pero es lo más probable, eso es lo que pienso. No les siento en ningún lugar, es la única opción- respondió.

Aurora intervino entonces- Sigo pensando que deberíamos cerrar la puerta. ¿No decían siempre los Guerreros que ante todo, la misión? Pues eso, aunque suene insensible- Percy suspiró.

-Hablamos de mi hermana y de su ex, Aurora- le recordó, y ella bajó el rostro.

-Ya sabéis de lo que hablo. Esta es nuestra última oportunidad de cerrar a cal y canto ese sitio antes de que todo se desmadre más aún, ¡sería una gran victoria! Y estoy segura que a Jhonny le sobra poder para sacarles de allí a ambos-

Esas palabras pesaron mucho en los demás, que no supieron muy bien como contra argumentar. Sin embargo, Tamiya se atrevió a hacerlo.

-Es muy arriesgado… tal vez deberíamos entrar- pero los demás se negaron.

-Ese sitio es horrible, me niego a volver- dijo tajante Asmae. A su derecha, Patrick también negaba con vehemencia.

-Aurora, aunque nos duela, lleva razón. Es mejor cerrarlo ahora y evitarnos más peligros, que no esperar más. A saber si podremos cerrar de nuevo las puertas- explicó él.

Eso también era verdad. Nada les decía que no se pudieran abrir más puertas al Infierno desde la Tierra o desde cualquier otro punto, pero también había que tener en cuenta que dos de ellos estaban ahí dentro, con el enemigo por todos lados y jugando fuera de casa. No era el mejor lugar para quedar aislados, a decir verdad.

-Además, Azrael no creo que deje por ahí a su hijo, y si va a por uno rescatará también a los otros dos. Yo no me preocuparía de eso- terció Hiroky, mientras tamborileaba con los dedos.

Electra bajó el rostro, se debatía en pensar si ellos eran unos insensibles, o si su forma de pensar pragmática era la correcta. Le costaba decidirse, pero en todo caso, no podía permitirse estar pensando a perpetuidad. Se tenían que poner en movimiento cuanto antes, y en eso estaba de acuerdo con sus compañeros. Hicieran lo que hicieran, tendría que ser en breve. Iba a hablar cuando el camarero llegó con sus pedidos. No pudieron dejar pasar el hecho de que llevaba una camiseta con un dibujo de ellos como si fueran súper héroes debajo del delantal, que estaba algo pringado.

-A esta invita la casa, espero que les guste- comentó, según dejaba las bebidas.

Habían pedido además algo de comer mientras hacían tiempo y hablaban, era una reunión importante y habían asumido que tardarían su buen rato entre que se decidían y demás. A eso había que sumar que desde donde estaban podían ver a través de las ventanas a algunos grupos de personas que se les quedaban mirando de forma muy poco disimulada. No debía ser habitual tener gente más o menos famosa por el pueblo, y se notaba.

-Luego deberíamos firmarles unos autógrafos, ¿no?- bromeó Percy, mientras bebía.

Aurora sonrió un poco- Si nos lo pide, ¿por qué no? A mi me hace ilusión- comentó.

-Desde luego. Pero… no sé, sigo intranquila- murmuró Electra, que apenas había probado bocado alguno.

Tenía un nudo en el estómago de los nervios. Por primera vez no se sentía tan segura como de costumbre, le preocupaban los otros dos. Patrick tomó su mano suavemente, y la acarició despacio, gesto que no pasó desapercibido para Susan, que le dio un suave golpe en la pierna para que disimulara un poco.

-Me da… un asco que ahora salga con una… una humana de mierda- comenzó a murmurar.

-Es una humillación, y encima está preñada, ¿sabéis? ¿Que tendrá esa que no tenga yo, eh?- más que cabreada, estaba incrédula. Como si no entendiera la infidelidad de William.

Unas lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos- Ese hijo de puta… aún le amo, ¿vale? Pero me ha olvidado y sustituido por una… por una… Joder- comenzó a balbucear, mientras una tormenta se empezaba a formar en el cielo, pero no llegaron a caer rayos.

Era decepción lo que sentía, no rabia- A veces me entran ganas de fulminarla con un rayo, pero luego… pienso en lo que lleva dentro, en su importancia, y sobretodo en lo injusto que sería, y… Dios, soy lamentable- se secó las lágrimas y se obligó a recuperar la compostura.

-No creo que lo seas- comentó Tamiya entonces.

La aludida la miró, casi la fulmina con los ojos pero ella siguió adelante- Yo… simplemente creo que… bueno, él fue un cabrón, pero no merece… la pena llorar por uno- explicó.

Pese a ser de las más jóvenes eso demostraba cierta madurez por su parte, lo que sorprendió a los demás. Milly, notando que había cierta tensión, iba a hablar pero fue detenida por Electra, que alzó la mano para pedirle silencio. Parecía que le iba a echar la bronca, pero en su lugar sonrió un poco.

-Gracias…- musitó simplemente, y entonces bebió, ahora más calmada.

Siguieron entonces hablando tranquilamente tras esa pequeña rotura de la Guardiana del Rayo, que estaba más relajada y de hecho incluso sonreía un poco. Si alguien que no les conociera les viera pensaría que serían unos chavales normales de alguna excursión, salvo por las armaduras que llevaban y que tenían las armas en un lateral de la mesa en la que estaban. En ese rato vieron que iban y venían algunos camioneros y un par de familias que paraban en su viaje, como si el Apocalipsis no fuera con ellos y estuvieran en un día normal. Algunos niños y adolescentes pidieron hacerse una foto con ellos, a lo que accedieron encantados, para luego seguir hablando entre ellos. Para Electra era importante hacer piña, y esas reuniones eran ideales para aquello. Esperaba poder conservar unido a su grupo, y que no estuvieran peleados constantemente, como había pasado con la totalidad de los Guardianes, que se habían escindido sin posibilidad de volver a unirse en el corto plazo.

Una vez terminada la comida y bebida, y tras declinar la oferta de que les invitaran a una nueva tanda - pues ya sería demasiado - decidieron ponerse en marcha. Habían localizado la última puerta en el desierto cercano a donde estaban, a varias decenas de kilómetros de la población, casi cerca del centenar. Eso provocaba que no hubiera demasiados problemas en aquella localidad, que era súper tranquila y, según los locales, nunca pasaba nada. El día más movido era cuando el sheriff local tenía que poner orden en uno de los locales de ambiente si los jóvenes se pasaban de beber y empezaban a hacer tonterías con los caballos. Pero salvo eso no había nada reseñable, lo cual podía aparentar ser bueno, pero eso indicaba que esos demonios… ¿a dónde iban? A saber, pero eso dejaría de importarles en el momento en que se cerrara la puerta.

-¿Listos?- preguntó Electra, y los demás asintieron.

Se rodearon de sus energías, y, pidiendo un poco de espacio, se movieron velozmente por el aire, dejando estelas detrás de ellos, como si fueran estrellas fugaces. En poco tiempo la red se llenó de imágenes y vídeos de los Guardianes volando por los cielos de un pueblecito de Nevada, como pasaba desde que se habían expuesto a la opinión pública. Pero no tenían tiempo de responder a los fans, ahora tenían algo más importante que hacer, y sin embargo, estaban siendo seguidos por varios coches de policía, que en cuanto la carretera se acabó pararon y fueron sustituidos por veloces aviones. Ahí sí se dieron cuenta de que estaban yendo tras ellos, así que simplemente volaron más deprisa aún, dejando rápidamente atrás a los aparatos, que siguieron adelante igualmente.

-¡Querrán saber a dónde vamos, hay que impedirlo!- esa orden de Electra fue clara. Aceleraron por unos instantes hasta la velocidad de la luz, y cuando llegaron a su destino, en menos de un pestañeo, bajaron a tierra.

Estaban en lo alto de una formación rocosa, con una suerte de arco de piedra y oro, pero sin defensa alguna. Rodeado por una fuerte energía negativa, sin embargo, del portal emanaba un poder enorme, era como si una gran batalla se estuviera desarrollando justo al otro lado. Pero antes de que pudieran acercarse, ante ellos apareció una figura resplandeciente. Cuatro alas doradas, aura de poder y una energía que hacía parecer ridículas las suyas. Lucifer acababa de hacer acto de presencia. Cuando iba a hablar, se notó un gran pulsar de energía venir justo del interior de la puerta, que sorprendió a todos por su violencia.

-Vaya… bueno, imagino que sabréis qué ha pasado- comentó, llevaba puesta unas ropas normales, como si no fuera uno de los seres más poderosos de la realidad.

Al ver que no recibía respuesta, siguió hablando- Da igual, de todas formas. Debo reconocer que es una proeza, cerrar las puertas del Infierno. Yo no me voy a interponer-

Ante eso la pregunta era qué quería él de ellos, y, como adivinándolo, continuó- Sin embargo, sí me interesa el hecho de que vuestros amiguitos, los demás Guardianes, puedan interferir. Creo que se están reuniendo con… ¿cómo se llamaban? Eran como vosotros pero de otro Universo, para ir a por vuestra hechicera- les guiñó un ojo entonces.

Antes de que pudieran preguntar desapareció en el aire, y entonces se vieron de nuevo a solas. Estaba asimilando lo que había dicho el arcángel, y aunque dudaban que debieran creerle… ¿y si se trataba de una nueva traición? Ya sus alter egos habían traicionado su confianza al acusar falsamente a la hechicera, igual los demás también estaban haciendo eso. En ese caso, se merecerían una buena bronca, por hipocresía, o por traicioneros. En todo caso algo tendrían que hacer con ellos.

-¡Cerremos la puerta cuanto antes, e iremos a por esos cabrones!- exclamó Electra. Los demás alzaron los brazos para votar, y salió por amplia mayoría la aprobación del plan. Se rodearon de sus energías, y empezaron a centrar energía en un punto entre ellos y la entrada.

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Por su parte, los Guardianes habían abierto un portal para ir hasta la dimensión de los Guerreros. Tras hablarlo, con Beatrice presente, habían llegado a la conclusión de que igual algo de razón llevaban. Les costaba asumir que habían sido engañados de esa manera por quien era como una hermana mayor, pero mientras más lo pensaban, más sentido tenía. No lo sabían, pero el efecto de la magia de Mahasiel empezaba a desaparecer, sobre todo por el aumento - o mejor dicho, acceso a la totalidad - de poder que habían experimentado al tener un cuerpo adulto. Algo bueno tenía que tener envejecer unos diez años de golpe, y en ello pensaban cuando entraron al portal que les llevaría al mundo de sus homólogos.

-¿Seguros que no nos van a recibir a disparos después de lo sucedido?- preguntó Aelita, tocándose algo la tripa, nerviosa.

Obara le restó importancia con un gesto.

-En absoluto… bueno, no deberían… aunque es probable. Pero no- los demás rodaron los ojos un poco.

Esta se rio un poco mientras pasaba por el portal, seguida de los demás, y despedidos por Beatrice, que se quedó de nuevo a solas en la casa con Asmeya y Noelia como acompañantes. Suspiró un poco, y notó un golpe en la barriga que le provocó una mueca. Su tripa estaba bastante hinchada y notaba como la hora del parto se acercaba con el discurrir del tiempo, como si fuera a ser en breve. Se sentó en el sofá, algo nerviosa.

-Mamá, no estés nerviosa. Todo irá bien- aseguraba Ariadna. Le hablaba directamente a su energía.

La aludida suspiró- Ojalá lleves razón, pero… el mundo es peligroso, cariño. Mucho, y ahora más, con todas las cosas que están pasando…- murmuró, algo nerviosa.

-Papá nos protegerá, seguro- comentó en seguida, y la otra sonrió. William para ella era como su padre, de hecho fue ella la que le llamó así. No por nada fue el que más se preocupó por las dos cuando entró a aquella casa.

Los demás, si bien fueron amables con ella, lo fueron más por pena y por cumplir una especie de deber moral o algo así. A William le nacía sólo cuidar de ella, lo notaba en su energía. Y aunque los demás no habían dicho nada delante de ella, se veía venir que algo malo debía estarle pasando, más si no se había puesto en contacto con ellas. Entendiendo la preocupación de su madre, Ariadna encendió su energía - que pese a no haber nacido era inmensa - y la ayudó a relajarse. Nadie diría que se trata de la hija bastarda de un ser terrible, desde luego…

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Un gran portal se abrió en la sede de los Guerreros del antiguo Universo 910. Del mismo salieron varios destellos de luz que cruzaron los cielos a la velocidad de la luz: los Guardianes habían hecho acto de presencia. La misma se dejó sentir por la totalidad de no sólo el planeta, también a lo largo y ancho de aquel lado de la realidad, haciendo que múltiples entidades miraran en la misma dirección, algunos sorprendidos y otros asustados por la fuerza que ellos poseían. Ya habían sentido algo parecido antes, no sabían muy bien en qué circunstancias pero algo en ellos se lo decía, y ahora ese pensamiento se había intensificado, y no dudaban de la naturaleza de ese poder. Más de lo que jamás habían llegado a percibir, pero no parecían estar yendo a por ellos. En su lugar dieron varias vueltas al planeta antes de llegar hasta la base de los héroes locales, donde aterrizaron en un helipuerto a petición de Ulrich, que fue el primero en pisar tierra.

-¿Es aquí, entonces?- preguntó Jeremy, acercándose a su compañero, que asintió. Les seguía siendo raro ser adultos, pero se acabarían acostumbrando.

-Sí… ya nos deberían estar observando- murmuró Obara, había volado en las espaldas de Yumi, que la protegía con sus poderes.

Efectivamente, un holograma apareció delante de ellos. Se trataba de Aelita, una considerablemente diferente a la Guardiana. Parecía algo molesta a juzgar por sus facciones, más duras que las de la otra, pero si eso era así, no llegó a decirlo.

-Bienvenidos. Tenemos trabajo que hacer. Bajad por las escaleras hasta el tercer piso, allí podremos hablar más tranquilos- y sin más, el holograma desapareció y fue sustituido por una compuerta en el suelo.

Esta conducía a, efectivamente, un corredor que descendía hasta a saber donde, y como no tenían nada mejor que hacer - y al no haber tiempo a observar el paisaje montañoso de la zona - decidieron hacer caso y comenzaron a bajar en silencio, siendo encabezados por Obara, que avanzaba pesadamente pero con decisión. Era como si esperase a que en cualquier momento saltara alguna especie de baliza o trampa que hubiera que esquivar, pero las escaleras continuaban sin que eso llegara a pasar en ningún momento. Eventualmente y tras bajar los pisos correspondientes llegaron finalmente a la salita en la que estaba Aelita (910) y Yumi (910), hablando entre ellas a base de cuchicheos, la primera bastante cabreada y la otra con las manos de su compañera entre las suyas, reconfortandola.

-¡Bueno, vale! Pero no tengo intención de ir con él más de lo necesario- decía Aelita, y la otra negó con la cabeza.

-Si vas a ir a disgusto prefiero que vayas sola, eres capaz de cortarle el pescuezo si me descuido- y la otra no pudo más que reír.

-¿Qué me he perdido?- Obara fue la primera de los invitados en hablar.

Las aludidas se giraron, y adoptaron una posición marcial- Nada. ¿Estáis listos? Esta vez espero que no la cagueis- comentó Yumi (910).

-No esta vez, te lo aseguro- su homóloga se adelantó a los demás Guardianes. Su porte era simplemente espectacular, pensaron las guerreras, pero por supuesto nunca lo dirían.

-Me alegra oír eso. Vamos -ordenó simplemente su contraparte.

Para los Guardianes no pasó desapercibido que Jérémie (910) no estaba, o no parecía estar, al mando. Las razones las desconocían pero no se iban a poner a indagar sobre el tema, así que simplemente irían con ellos sin hacer más preguntas de las necesarias. Tampoco era cuestión de molestar.

-El plan es sencillo, atacaremos usando vuestros poderes y con vosotros en los laterales a modo de caballería pesada, con tres de vosotros en la retaguardia. Sé que algunos tenéis por habilidad crear barreras de energía para la defensa, quiero que estos estén creando esas defensas de modo constante justo delante y avanzando a la par de nosotros, que iremos en el medio- comenzó a explicar.

Sissi, Herb y Nicolas serían entonces los que permanecerían en la retaguardia, mientras los demás irían en los lados.

-¿Y cómo os movereis vosotros? Delante no tendremos a unas hermanitas de la caridad precisamente- comentó Odd (911).

La Yumi Guerrera sonrió ligeramente, pero rápidamente volvió a un rostro sereno- Pronto lo veréis. Nuestra tecnología no es solo los inhibidores que os pusimos en su día- aseguró.

Los Guardianes se miraron entre ellos con cierta sorpresa.

-Sin embargo, tenemos que dejar unos puntos claros antes de salir. Es muy importante- aseguró, y no daba lugar a dudas. Lo iban a hacer sí o sí.

De hecho no tardaron demasiado. Cruzaron unos pocos pasillos y fueron directos a un gran ascensor montacargas que permitía que todos se subieran al mismo sin problemas, sobrando incluso bastante espacio para que otros tantos subieran. Debía estar pensado para levantar pesos muy elevados, Jeremy (911) concluyó que debían tener vehículos o algo así, o eso o tenían esos aparatos para subir y bajar a cosas muy grandes. Yumi (910) sin embargo no llegó a decir nada y se limitó a accionar unas llaves tras toquetear en un teclado táctil y así bajar hasta el final, pudieron ver de reojo cerca de 30 plantas y al parecer ellos iban a la última.

-Señoritas, les presento el hangar- se abrieron entonces las compuertas del montacargas.

Ante ellos apareció una nave grande como varios campos de fútbol, con armamento pesado y vehículos de todo tipo. Entre otras cosas vieron veloces cazas, aviones de carga, misiles de largo y corto alcance, enormes barriles de combustible y generadores; cerca también había vehículos blindados como camiones de 32 y 16 ruedas, enormes jeeps pesados y fuertes tanques, pero también contaban con motos ligeras, deportivos, furgonetas y turismos más normales para temas de incógnito. El resto de Guerreros ya esperaban cerca de los jeeps más grandes, iban cargando fajos y mochilas entre todos.

-Nosotros iremos en los jeeps, vosotros podéis ir o volando o por tierra, como más os guste. Id armados, y poneos esto.

El tono de Yumi no daba lugar a dudas; eran órdenes.

Les tendió unos audífonos bastante pequeños que sacó de uno de sus bolsillos, uno por cabeza.

-Sé que podéis comunicaros entre vosotros pero prefiero ser yo la que os organice en la misión. Sobre vosotros recaerá el peso de la defensa, recordadlo. Los demás, ya tenéis claro vuestras posiciones, ¿no?- era más por preguntar que por pensar realmente que tenían alguna duda.

Aelita (910) y Jérémie irían en uno de los jeeps, con Odd y Ulrich en la parte trasera y usando armas de fuego para atacar, acompañados de Obara. En otro de los vehículos irían William con Sissi como copiloto, mientras Yumi y Morgan se encargaban de la artillería. Hubiera sido preferible poder contar con más gente en la misión, pero sería imposible en esos momentos. Varios Guardianes se dieron cuenta de ello pero no supieron muy bien si decir algo, así que optaron por simplemente callar.

-Sigo sin entender porque tengo que ir en ese puesto, Yumi- le decía Aelita (910) a su compañera, susurrándole.

Los demás ya iban a sus posiciones. La aludida suspiró pesadamente, algo cansada.

-Tus quejas a él, que fue el que decidió- señaló entonces a Jérémie (910).

Ella gruñó un poco.

-Prefiero tener que hacerle un striptease al Guardián antes que tener que trabajar con él- gruñó, mientras se cruzaba de brazos.

Yumi (910) la miró a los ojos.

-Céntrate, Lita. Primero la misión. Luego… luego ya veremos- le pidió, a lo que la otra suspiró.

-Me debes una muy grande- le gruñó Aelita, y la otra sonrió agradecida.

-Te compensaré con creces- aseguró, y Aelita asintió.

-No me decepciones, más te vale.

Dicho eso, fue hacia su jeep, con cara de circunstancias.

Aquello no pasó desapercibido para los Jeremy y Aelita Guardianes, esta última se acarició algo la barriga. La Yumi de su Universo iría con ellos por la izquierda, mientras Odd, Marin y Ulrich irían por la derecha. Detrás estarían Nicolas, Sissi y Herb cerrando la formación.

-¿Sigues pensando en hacerlo?- le preguntó Jeremy (911).

Su pareja asintió.

-Nuestro Universo ya no es seguro. En este, al menos… tendría buenos profesores. Y creo que a ella podría gustarle la idea- aseguró, mientras encendía poco a poco su energía.

Jeremy (911) resopló.

-No lo sé, Lita.

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En el Infierno, las cosas seguían bastante complicadas para el grupo. William estaba delante de sus dos compañeros, que estaban de espaldas a él, viéndose rodeados por cada vez más demonios que iban cerrando poco a poco el círculo en el que ellos estaban. Los Caballeros, líderes del ejército contra el que estaban luchando, se encontraban lejos del frente. De hecho, discutían entre ellos por los eventos que acababan de sentir ocurrir en el castillo de Lucifer. Para ellos era difícil de creer que su señor se hubiera decidido a destruir a no sólo uno, sino a dos de ellos, en concreto, a Azazel y a Luzbel. Algo grave tendría que haber pasado, sin duda alguna. Pero lo que más les preocupaba era precisamente que se hubiera decidido, y que Lilith no estuviera allí…

-¿Creeis que hayan intentado traicionarle de alguna manera?- preguntaba Eve, nervioso. Se encontraban en lo alto de un monte, formando un círculo.

-Lo dudo, sobretodo por parte de Lilith… igual simplemente no han sabido cumplir sus deseos- Astaroth estaba observando de reojo en todo momento.

-Lo que más me cabrea es que nuestro señor ha abandonado el Infierno, justo en su momento de mayor crisis- añadió Abadón.

-A mi también, y que Lilith no esté aquí con nosotros también es raro… ¿Habrá huido?- terció Alheim.

Esa era una posibilidad que no podían dejar pasar, y en ese caso, ella sería una traidora más. Lo que sería sorprendente al ser ella la primera de todos ellos, la que les enseñó a usar sus poderes, y prácticamente su creadora junto a Lucifer, que la ayudaba en la tarea de corrupción que implicaba hacer de un ser consciente un demonio. Y pese a la relevancia de aquel asunto, había uno incluso más apremiante.

-Deberíamos ir alguno al otro lado de la puerta… ¡Joder, siento las energías de esos puñeteros Guardianes!- Abadón giró su rostro, con su energía alzándose vertiginosamente.

Sus ojos bermellón brillaron con fiereza, y junto a Eve, volaron a toda velocidad hacia la entrada, que atravesaron, mientras sus compañeros hacían lo propio pero hacia la batalla que se desarrollaba en el valle. Estos últimos cayeron sobre los tres Guardianes, dispuestos a hacerlo a la antigua usanza. Hasta entonces habían luchado con sus poderes, usando sus energías; ahora, usarían sus propias manos. Astaroth aterrizó sobre William, cayendo pesadamente al suelo, con sus manos en el cuello del chico, mientras Alheim derribaba a Sam y Jhonny y les comenzaba a dar puñetazos en el estómago, provocandoles grandes moretones.

La chica le lanzó un ataque de energía con su mano derecha, tirándole contra un lado y siendo detenido por los cuerpos de sus subalternos, que sirvieron como red de carne para que no se estrellara contra las rocas. Jhonny procedió en ese momento, ya libre, para levantarse y extendió sus alas.

-¡DEJAD A MIS AMIGOS!- con su energía por todo lo alto, posó sus manos en la cabeza de Abadón, y procedió a intentar fulminarle.

Y de hecho lo logró. El demonio comenzó a chillar y su cuerpo convulsionaba, mientras los poderes del adolescente hacían que su esencia estallara en su interior, destruyendo incluso su cuerpo. En apenas unos instantes su energía se desvaneció y se desató una supernova que hizo temblar la totalidad del valle, tirando a todos al suelo y provocando la consecuente destrucción de muchos de los demonios menores que conformaban el ejército que les acosaba. La conmoción duró el lapso que tardó Jhonny en caer al suelo totalmente agotado, siendo rescatado por Sam.

-¡Hay que sacarle de aquí, Will!- le gritó, éste estaba sentado sobre el pecho de Abadón, que recibía sus puñetazos con violencia.

Justo cuando iba a responder, un nuevo temblor. Y lo que más temían notaron que empezaba a suceder: la última puerta comenzaba a cerrarse. Sam intentó sacar de allí al más joven pero tuvo que hacer frente antes a varios demonios, sin darse cuenta de que la energía del adolescente comenzaba a crecer de pronto. A la misma le estaba hablando Tinieblas.

-Será mejor que salgas de aquí, hijo. Mira lo que os depara el destino- y ante los ojos del muchacho aparecieron imágenes de muerte y sufrimiento por parte de sus compañeros.

-Si quieres ayudar e impedir que tus amigos mueran, será mejor que salgas ya del Infierno. Sabes que no miento…- y Jhonny abrió sus ojos de pronto.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Nada más salir por el portal, Eve y Alheim se encontraron con parte de los Guardianes, listos para llevar a cabo el cierre definitivo. Estos ya habían creado una gran esfera de energía, y se disponían a lanzarla cuando los dos Caballeros lanzaron, a su vez, sendos chorros de energía para impedir que el de los chicos alcanzara la puerta y la cerraran.

De hecho los poderes combinados de ambos fue suficiente para superar con crece al grupo, que tuvieron que saltar a los lados para así esquivar el golpe.

-Maldita sea…- murmuró Electra, que se preparó para el combate.

Ellos eran más pero sus poderes eran inferiores al de los dos demonios, que les siguieron lanzando ataques de energía, al mismo tiempo iban a por ellos para luchar físicamente, encontrándose con Aurora y Susan, que eran las que más adelantadas estaban. Dando un salto atrás la primera se elevó en el aire y creó una fuerte corriente de aire que usó la segunda para lanzar su ataque contra los dos Caballeros. Del suelo salieron grandes brazos de roca y acero creados por Patrick y Percy, y una cúpula de energía les cubrió en ese instante, cortesía de Milly y Tamiya.

Sin embargo la trampa aguantó poco; en apenas unos instantes Alheim derribó la cúpula con uno de sus ataques, y Eve dio un salto sobre sus hombros, y haciéndole un fuerte placaje a Hiroky, que acabó en el suelo, atontado. En seguida le fueron a ayudar Electra y Patrick, pero el otro Caballero les lanzó por los aires con su energía y procedió a usar su energía para empalar a los adolescentes, haciendo que púas de energía se alzaran desde el suelo. La batalla iba a ser muy dura, pero Electra no estaba dispuesta a dejar que los demonioss lo tuvieran fácil. Usó su energía y pasó a transformarse en un águila humanoide, así como los demás, que también adquirieron sus formas animales controladas: Aurora un halcón, Patrick un buey, Percy un canguro, Asmae un dragón, Susan un tigre dientes de sable, Milly un hipogrifo, Hiroky un pegaso, y Tamiya una serpiente emplumada. Eve y Alheim también se rodearon de su energía, y se colocaron hombro con hombro.

-No tenemos tiempo para esto…- murmuró, y se disponían a crear una esfera de energía cuando oyeron el sonido de motores.

Luego vieron como donde estaban comenzaron a llover explosiones y balazos, de los que tuvieron que esconderse o esquivar, elevándose. Y sin embargo no iban a por los Guardianes, sino a por los dos demonios.

Sabiendo que eso no sería suficiente ni de lejos, varios de ellos - en concreto, Electra, Percy, Patrick y Milly - se juntaron para crear un ataque combinado que sí pudiera hacerles daño. Pero antes de que pudieran prepararse, de entre la humareda generada por el ataque aparecieron ambos demonios, que, con los ojos brillando en un peligroso tono bermellón, se lanzaron contra sus cuellos.

-¡Excalibur!- Electra lanzó un tajo de energía dirigido a los cuellos de las entidades, que no pudieron esquivar el mismo y se limitaron a defenderse poniendo sus brazos en cruz.

Y pese a la potencia del ataque, y que este podría cortar cualquier cosa, lo único que logró fueron unos cortes y cabrear a ambos Caballeros. Y de mientras, los demás estaban cerca de la puerta, que apenas veían pero que podían sentir sin problemas la presencia de la misma, pues de esta emanaba mucha energía. Aurora, Tamiya, Hiroky, Asmae y Susan elevaron entonces sus energías, y crearon una esfera de luz frente a ellos y que tenía un brillo entre dorado y plateado. Con un grito conjunto, lo lanzaron contra la puerta, sobre la que impactó con fuerza y que comenzó a caer sobre sí misma, colapsando. Estaba hecho, si no habían perdido toda la energía demoniaca que tenían aquello debería haber sido suficiente para poder lograr finalizar su objetivo.

Un fuerte estallido se sintió en ese momento, e instantes después, un fuerte resplandor salió desde la puerta, uno de un fuerte color plata y del que se podía sentir una energía enorme que ellos conocían bastante bien. Pero desapareció en el aire antes de que pudieran decir o hacer nada, y aunque hubieran podido, no llegaron a moverse de donde estaban por ellos mismos. En su lugar sintieron un fuerte tirón que les empujaba contra la puerta, pero ese no era el objetivo principal de Alheim, que fue el que hizo aquel movimiento. En su lugar quería abrir hueco, pues su idea era ir directo contra la puerta, y, colocándose en el medio, hizo estallar su energía y extendió sus brazos, haciendo que sus poderes emanaran en todas direcciones.

-Joder…. qué poder…- murmuró Milly, mientras se levantaba algo adolorida por los golpes.

Aurora, cerca de ella, le tendió la mano para poder ayudarla y tiró de la más joven, que le agradeció el gesto con una sonrisa.

-Ya te digo… esto acaba de empezar…- murmuró ella, seria. Ojalá los demás estuvieran allí, para ayudarles.

Pero a saber dónde estaban. Y le preocupaba que el que había salido del Infierno era Jhonny, porque esa energía que notaron era de él. ¿Pero y los otros dos? En ese momento sintió deseos de ir ella misma a por ellos, pero nada le decía que no pudieran hacerlo pronto, o si ella, o cualquier otro, acabara encerrado igualmente.

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Jhonny salió a la velocidad de la luz del Infierno con las alas de luz extendidas directo hacia ninguna parte. Quería salir de ahí a como diera lugar. Se había dado miedo a sí mismo tras destruir de esa forma a uno de los Caballeros. Pero no sólo por eso exclusivamente. También había notado la presencia de Tinieblas, y le había hablado directamente a su energía.

-Lo siento, Will, Sam... - murmuraba, se decidió a ir directo hacia la dimensión en la que los demás Guardianes estaban.

Entre las cosas que él había visto, tenía claro que la híbrida de demonio tenía que vivir como fuera. Si eso no pasaba, había comprobado que varios de los suyos morirían, e igualmente Aelita y Asmeya serían los cuerpos físicos de los arcángeles mayores. Pero sin la presencia de la neonata para apoyar a los Guardianes estos irían cayendo como moscas uno por uno tras pasar el Apocalipsis, asesinados por los diversos Caballeros o tomados como rehén de uno de los pocos demonios que eventualmente abandonaría el Infierno, tras lo cual sólo quedaría William, que igualmente liberaría a Tinieblas. Como todo eso iba a pasar igualmente, al menos que quedaran los Guardianes para poder defender la Tierra como pudieran. Ese era el menos malo de los supuestos, por ello defendería con todo al Anticristo. Era bastante curioso el hecho de que él, siendo un nephilim y el hijo de un arcángel, se veía obligado a proteger a la hija de uno de los Caballeros. Y sin embargo tendría que hacerlo, así que simplemente extendió sus alas y apareció en la casa común, algo asustado aún.

-¡¿Hola?! ¡¿Beatrice?!- gritó, su ropa aún olía mucho a azufre. La aludida le gritó algo que él no entendió, y fue en esa dirección.

La vio tumbada en la cama. Estaba sudando un poco, respiraba con algo de dificultad pero parecía estar bien. Su energía estaba calmada, y de hecho la de su hija estaba ayudando a su cuerpo para prepararlo. A su lado estaba Asmeya, que se había quedado allí con ella para cuidarla, con Noelia revisando en Internet qué se podía hacer para ayudar a una parturienta. Al parecer la mayor había vuelto gracias a Aelita, pero no había tiempo para poder hacer preguntas, tenía bastante prisa.

-¿Sucede algo?- le preguntó Beatrice, tenía sus sentidos totalmente despiertos y podía notar los nervios de él. Podía incluso ver sus alas centellear, él ni intentaba ocultarlas.

-Sí, bueno… ¡eso debería preguntarte a tí, que estás a punto de dar a luz!- exclamó.

Beatrice puso una mueca de dolor unos segundos- Falta un día, como mucho. Será mejor que vaya a un hospital, pero no sé cómo ir- murmuró, era casi como un reproche.

Él no podía no darle la razón, la habían dejado prácticamente sola y a su suerte, pero claro… no estaban las cosas para que ella les pudiera acompañar o que uno de ellos se quedara allí con ella. Y si bien lo entendía, también le había molestado en cierta medida. Era todo muy complicado.

-N-no sé si ellos podrían ayudar, pero desde luego no perdemos nada- murmuró él. Le tendió la mano y ella se la tomó, y entre los tres la levantaron.

-¿Listas? Os llevaré a uno- ella asintió, y él extendió sus alas.

En unos instantes aparecieron justo en frente de un hospital, en la Tierra. Jhonny no estaba seguro si hacer eso era más peligroso que el hecho de que ella estuviera en la dimensión de la hechicera, pero lo que tenía claro es que él podría defenderla de lo que quisiera venir. Y si tenía que dar su vida, como había visto en las advertencias de Tinieblas… Dejó de pensar en ello, cuando pasara se haría cargo.

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En el Infierno quedaban, efectivamente, Sam y William. Estos habían visto con horror como la puerta casi se cierra delante de ellos cuando iban a atravesarla, y fue peor cuando una fuerte corriente de energía les tiró hacia atrás. Abadón tenía una de sus manos extendidas, y, a su izquierda… Lilith.

Ella tenía mala cara, como si no quisiera estar allí, y lanzó, especialmente a William, hacia atrás con toda la fuerza de la que disponía.

-Eres una hija de puta, ¿sabes?- comentó Abadon, y la otra sonrió de medio lado.

-Di lo que quieras, ¿quieres salir de aquí cuando cierren el chiringuito o no? Porque Lucifer nos quiere muertos- le dijo.

El otro gruñó ligeramente- ¿Y qué coño ha pasado, si se puede saber?- la encaró entonces.

Notaron entonces el estallido de poder de Alheim, y comprobaron con cierto alivio que la puerta volvía a ponerse en funcionamiento, aunque estaba medio caída. Al menos no se había cerrado plenamente, lo que era una pequeña victoria tras dejarse cerrar todas las demás.

-Ese capullo ha matado sin venir a cuento a Luzbel y Azazel, y de no ser por… un aviso, yo también habría dejado de existir. Y creo que a Astaroth le ha pasado lo mismo, ¿verdad?- y el otro asintió.

-Joder… y sin el Anti en nuestro bando, estamos jodidos pero bien- murmuraba Abadón.

-Que se nos escapara esa zorra fue un verdadero error, ¿en qué estabas pensando cuando dejaste que se la llevaran?- le preguntó molesto Abadon.

Lilith le miró furiosa, sus ojos empezaron a brillar en un fuerte tono bermellón- Tu eres el padre, ¿por qué no te hiciste cargo de tu prole?- le inquirió.

Un rayo de energía les recordó entonces que estaban en una batalla. Entre sus cabezas el ataque de William cruzó el aire a velocidad de la luz, el chico estaba con Sam agarrada del hombro de él, parecía cansada. En los ojos de él brillaba la ira, su ropa estaba algo desgastada por el tirón y brillaba su brazo derecho en un suave tono negro como la noche.

-Aguanta Sammy…- murmuraba él, mientras la chica estaba tosiendo un poco.

Llegó incluso a escupir sangre. Durante su impulso hacia atrás la diablesa constriñó las entrañas de la muchacha, no así a William, que por estar con su señora ahora era más o menos intocable para ella. De hecho tenía que evitar que saliera de allí, pero no dijo nada de la otra. E iba a disfrutar de acabar con ella.

-William… dejame…- gruñó ella, mientras se intentaba incorporar con dificultades.

El muchacho vio con miedo como eran rodeados, con los dos Caballeros andando despacio en dirección hacia ellos y con cientos de demonios menores por allí. El escape, con Sam en ese estado, sería muy complicado.

-No te pienso dejar aquí sola, Sammy- aseguró.

Ella intentó elevar su energía para al menos aparentar ser amenazante e intentar curarse, pero Lilith fue más rápida. Extendió su mano, y apretó de nuevo su corazón y pulmones, provocándole un intenso dolor. William intentó defenderla pero sin demasiados éxitos, pues su energía, pese a ser alta, no podía combatir con la de dos Caballeros. Al ver como ella sufría, y ante la imposibilidad de hacer nada, decidió que por lo menos venderían cara la piel. Se rodeó de sus poderes, y se dispuso a lanzarse contra sus enemigos, cuando notó como algo acariciaba su piel. Todo se ralentizó de pronto ante sus ojos, pero no era por efecto de moverse a toda velocidad.

-¡¿Quién eres?!- gritó, no la veía pero podía sentir una presencia.

Una como nunca había sentido. Aunque… sí, cuando estuvo en presencia de Jesús notó algo parecido venir de él. Inconmensurable, empequeñecía hasta a los todopoderosos arcángeles. Una sombra negra le rodeó, pero no era amenazante o peligrosa. De hecho le recordaba profundamente a su energía, pero elevada a la enésima potencia.

-Encantada de conocerte finalmente, William…- era una voz suave, casi hasta dulce. El corazón de él latía a toda prisa, nervioso. Podía reconocer finalmente a su interlocutor.

-Tinieblas…- musitó, y la entidad primordial por fin mostró su rostro.

Era uno andrógino, extraordinariamente bello, con un cuerpo delgado pero del que se notaba una gran fuerza. Tenía un andar tranquilo y cómodo hasta él, y le tomó el rostro con delicadeza.

-Sí. La primera, junto a mis hermanos y hermanas… Yo fui el Inicio. Y seré el Final- le sonrió como una madre le sonreiría a su hijo al responderle una pregunta.

-Luz… Pronto podré verle a la cara por primera vez desde… Bueno, desde el inicio. Y gracias a ti, mi leal heraldo. Pero antes, debes poder usar el poder que te presto- ella le rodeó entonces.

Y todo volvió a moverse al curso normal. Pero él estaba rodeado por los poderes de la entidad, y que le guiaba.

-¡Izquierda!- y al saltar en esa dirección esquivó unos torrentes de energía que vinieron de uno de los flancos para atacarles.

-¡Atrás, por la espalda!- y cuando se giró vio cómo Lilith le atacaba con una esfera de energía.

-Parece que ya estás aprendiendo, muchacho- la diablesa apretaba con una fuerza descomunal hacia él, mientras el otro hacía lo propio pero en dirección contrario, estando en empate técnico.

Pero eso a William le era indiferente. Había perdido de vista a Sam, y eso le preocupaba. Esperaba que hubiera tenido la buena idea de huir al mundo humano e intentar buscar ayuda, pero, lejos de aquello, ella se refugió tras unas rocas, usando los últimos coletazos de energía que tenía para ponerse a salvo. Gracias a apenas tener ya podría estar más o menos a salvo por no destacar en la marabunta energética de la batalla.

-Joder… se me ha liado pero bien…- gruñó entonces, mientras se recostaba entre las rocas.

Su energía estaba desapareciendo, y aunque no tenía una herida abierta que sangrara, era evidente que más de una hemorragia interna tenía. Intentaba curarse a sí misma sin demasiado éxito, incluso mientras huía trataba de sanar, pero apenas pudo lograr nada. Intentó por ello esconderse todo lo que pudo y retraer sus piernas y cuerpo para hacerse un ovillo y que no la localizaran, pero en su fuero interno era consciente que así no podría estar eternamente. Tendría que irse en algún momento, y antes o después se cerrarían las puertas del Infierno.

-Percy... - murmuró, mientras unas lágrimas salían de sus ojos, se sentía impotente al nivel de cuando fueron derrotados y humillados por parte de los siete hermanos de Zeros.

Por primera vez era plenamente consciente de su humanidad. Por primera vez bajaba de verdad de la nube de poder y gloria en la que vivían de forma permanente desde hacía tiempo, de la que no habían descendido ni con las derrotas más evidentes. Ni siquiera cuando perdieron sus poderes por la intervención de Utgarda Loki, o cuando los Caballeros limpiaban el suelo con sus magullados cuerpos cada vez que coincidían.

-Odd... - ahogó un llanto- Odd… joder, no…. Papis….- y no pudo aguantar. Se giró al oír unos pasos, y sus ojos se encontraron con los bermellón de Lilith.

-Eres patética- murmuró, mientras se rodeaba de su energía- Ha bastado estrujar tus entrañas para matarte- añadió, mientras se sentaba a su lado.

Le hizo girar el cuello para que contemplara la batalla. Vio a William rodeado por cientos de demonios, de los que se defendía como podía para salir de allí e intentar huir, pero había demasiados demonios. Y encima estaba Abadón constantemente poniendo trabas para ello, lanzándole contra sus huestes, y atándole con cadenas de energías.Y sin embargo se liberaba y salía indemne de sus captores. Y sin embargo, ella… ahí estaban, sin poder hacer nada.

-Él será el que libere a Tinieblas, como os dije antes. Será de los seres más poderosos que existen, mientras sea el máximo heraldo, tan poderoso que hasta los arcángeles podrán temerle… Podría acabar con todo el Infierno, si se lo propusiera- le giró el rostro de nuevo.

-Pero tú no verás eso…- puso un mohín en su rostro, y luego forzó el cuello de ella hasta que sonó un chasquido.

Se levantó, y el cuerpo inerte de ella se desplomó al suelo, donde lo abandonó mientras volvía a la batalla. William, a lo lejos, pudo sentirlo perfectamente. Y la rabia le pudo.

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Atendieron a Jhonny, Noelia, Asmeya y a Beatrice inmediatamente en cuanto vieron la prominente tripa de ella, y la subieron a planta en apenas media hora tras dar sus datos. El equipo médico se sorprendió de primeras al no ver registro alguno de ella en ginecología pero Jhonny les hizo ver datos que para ellos fueran lógicos, así que se limitaron a llevarla a un cuarto que prepararon in extremis. Tras ayudarla a tumbarse en la cama le sacaron sangre para un análisis y les dejaron en un cuarto, él se hizo pasar por el hermano menor de ella cuando le preguntaron quién era, mientras Asmeya y Noelia permanecía abajo terminando con el papeleo.

-Oye, gra…- ambos giraron el rostro a la vez. En la misma dirección, a ella se le quedaron las palabras en la garganta.

-Sam… maldita sea….- Jhonny apretó los puños, molesto, con algunas lágrimas amenazando con salir. Ella se dio cuenta y bajó el rostro.

-Gracias. Pero aquí me atenderán bien, si quieres… puedes irte- aseguró ella, pero el muchacho negó con vehemencia.

-No puedo, tengo que hacer que tu hija nazca. Es fundamental, no podrá defenderse hasta que no esté plenamente desarrollada- ella entonces le miró con cierta diversión.

Entendiendo por donde iba la chica - y es que él al fin y al cabo era un adolescente - se rodeó de su energía y brilló durante unos segundos. Ella se sorprendió por lo que vio: había pegado el estirón, literalmente. Pasó de ser un puberto a un hombre adulto, de en torno a 25 años. Pasó al metro ochenta aproximadamente, con una ligera barba, cuerpo esbelto, y, porqué no decirlo, a ella le parecía hasta guapo.

-Así da gusto crecer…- murmuró Beatrice, y oyeron como algo caía al suelo estruendosamente.

Ambos se giraron, y vieron como una enfermera que estaba por allí traía unos papeles y varias cosas en las manos, algunas de plástico, que al acabar en el suelo hicieron bastante ruido. Claramente había visto el proceso de crecimiento acelerado de él.

-¿Está bien?- le preguntó Beatrice, y esta asintió, despacio, mientras recogía las cosas.

-S-sí, bueno. eso tendría que preguntarte a ti- y rió nerviosamente la otra, y pidió con la mirada al otro que saliera de allí.

Este tuvo que hacerlo un poco a regañadientes, así que se despidió de la otra con un gesto y fue al pasillo. Allí se apoyó en la pared, cruzado de brazos, y se concentró en la batalla que se estaba desarrollando a kilómetros de allí. Pero no duró demasiado aquello, pues se giró de inmediato ante la presencia que acababa de llegar a aquel hospital.

-Hijo de puta…-murmuró. Elevó su energía, y comenzó a extender las alas, amenazante.

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En la Tierra, las cosas se seguían complicando. Mientras Alheim mantenía la puerta abierta, Eve estaba también en la puerta, pero en su caso estaban demasiado ocupados impidiendo que los otros Guardianes fueran a cerrarla, colocándose justo delante para detener los ataques. Aquello duró lo que el primero tardó en volver a estabilizar el portal, momento en el que se colocó junto a su hermano, con armas de energía listas para actuar en cualquier momento. Se estaban poniendo nerviosos, tenían a la mitad de los Guardianes delante y tan solo quedaba esa puerta. Y para empeorar las cosas estaban a solas, pues los demás Caballeros o estaban muertos o luchando en el Infierno.

-Alheim- Eve no llegó a girar su rostro. Estaba medio ahogado, con la respiración agitada y sudando muy intensamente.

Se rodeó de sus poderes y poco a poco parecía recuperarse- Estas débil. Me serías más útil muerto que en estas circunstancias. No te entrometas- murmuró, mientras sus ojos se volvían bermellón.

El otro se sentó en el suelo, sin decir nada, y dejó que el otro se encargara en solitario. Efectivamente, rodeados de sus energías, los Guardianes cargaron. Eve se rodeó de su energía, y demostró el poder de un Caballero del Infierno: de su cuerpo brotaron rayos de energía que impactaron en los pechos de varios de ellos, pero no impidió que Percy, Aurora y Milly llegaran hasta él y le lanzaran sendos ataques de energía que el demonio esquivó. Tras dar un salto hacia atrás, preparó dos esferas de energía que explotaron en los pechos de las dos chicas mientras el chico le intentaba atravesar con una lanza de energía pero sin demasiado éxito, pues la misma se rompió según tocaba la piel de Eve.

No tardó demasiado en incorporarse Alheim, que fue cuando entre Electra y Patrick tomaron a su compañero por detrás y entre Hiroky y Tamiya intentaban, sin éxito, fulminarle. En ese momento el otro Caballero les placó con todo su cuerpo, derribando a los tres pero liberando a Eve en el proceso, y permitiéndoles volver a agruparse. Observando la escena, pero sin intervenir, se encontraba Gamma, con los brazos cruzados y algo nervioso. Más aún cuando a su lado apareció Lucifer, con una suave sonrisa en los labios.

-La verdad es que no luchan nada mal, ¿no crees?- le preguntó. El otro se removió sin saber muy bien qué hacer. .

Estaban sentados en lo alto de un promontorio cercano, en el borde. El demonio tenía un vaso de whisky.

-Su-supongo- respondió, simplemente. Le miró de reojo, el otro parecía relajado.

-Sé que fuiste tú el que les dio a los niños el libro para cerrar las puertas- dijo, simplemente. Gamma iba a responder pero el otro le hizo callar con un suave movimiento.

-También sé que fuiste tú el que mandó a uno de ellos al Infierno a por la Marca, y eso ya me importa algo más- le agarró por la espalda, con una actitud que aunque por fuera no parecía amenazante, claramente lo era para el demonio dado que Lucifer había elevado peligrosamente su energía.

-¿Sabes qué significa eso, demonio asqueroso?- le preguntó, mientras le iba levantando.

Sus ojos brillaban un poco, mientras sus alas se movían lentamente. Gamma ni intentó moverse, sólo se dejaba hacer por el arcángel.

-Significa que tita Oscuridad igual nos da una sorpresa pronto, y eso es intolerable- se disponía a fulminarle cuando giró el rostro, algo sorprendido.

-Vaya… parece que por ahora te libras- y Lucifer desapareció entonces. Gamma estaba tan aterrado que ni siquiera percibió qué era lo que había pasado. Pero de haberlo hecho, se hubiera sorprendido igualmente. Y es que un demonio cualquiera, en un lugar cualquiera, acababa de hacerse con un alma. Pero esa sí que no era un alma cualquiera.

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Gamma no era el único demonio que iba por su cuenta en aquella situación tan crítica para el Infierno, pues Máximo tampoco estaba participando en el enfrentamiento. Claro que considerarlo demonio igual no era todo lo exacto que debiera, pues era un ser humano en el fondo, aunque capaz de manejar y asimilar la energía de seres infernales. Su última aparición pública fue junto a Lucifer, cuando tomó a la misma Muerte para incorporarla a su bando. Y desde entonces no se le había vuelto a ver por el Infierno, hasta aquel día.

Con el cierre del Infierno tendría que sacar todas sus pertenencias de allí, y sobre todo, sus notas sobre todas las experiencias que había tenido. Tampoco es que tuviera mucho más que poder recuperar, pero tenía claro que aquella sería la última vez que vería aquel lugar deleznable, más con lo que acababa de sentir pasar: las muertes de Luzbel y Azazel. Lilith también estaba ilocalizable, y el resto estaban en plena batalla en el valle, así que era el momento ideal, ¿quien se iba a fijar en un pequeño demonio?

En ello pensaba cuando cayó en la cuenta de qué pasaría cuando Lucifer y Miguel lucharan. Tenía sus contactos, y estos le habían confirmado que probablemente pasara dentro de muy poco, y eso le preocupaba, pues veía capaz al primero de acabar con todos los demonios de ganar. Y eso igual le incluía a él, a saber. También le quitaba el sueño su diosa, Minerva. Ella estaba más incomunicada que nunca, más desde que, al parecer, las dos mujeres que servirían como cuerpos físicos de los dos arcángeles mayores huyeran de su dimensión. Si quería llevar una vida más o menos normal tendría que darse prisa, pero también estaba rondando su mente lo que había presenciado hacer a Lucifer. Fue realmente impresionante, y aunque algo le decía que no había funcionado, desde luego sabía que funcionaba el hechizo, pues de alguna manera él era la demostración de que se podía domar la voluntad de otro en mayor o menor grado.

Precisamente había confirmado sus sospechas cuando un demonio de menor rango llegó pidiendo explicaciones sobre porqué no estaba acompañando a Hambre cuando los Guardianes intervinieron. Y cuando este se disponía a darle la información a uno de los Caballeros, Máximo absorbió su esencia y esquivó la crisis. En condiciones normales igualmente tendría que hacer frente a las consecuencias, pero en aquel caso tan excepcional… eso no pasó. De lo que se alegraba.

-Hasta nunca, Infierno- murmuró, y se rodeó de su energía. Notaba la batalla desde donde estaba sin problema alguno, pero tendría que dar una pequeña vuelta.

No podía ir de frente porque sería demasiado evidente, por lo que daría una vuelta antes de ir hacia allí, formando un semicírculo antes de ir a la puerta. En ello pensaba cuando notó la explosión de energía que provocó Jhonny al destruir a Astaroth. Y justo cuando se recuperó de aquella bomba de poder, sintió cómo la de William también ardía con violencia, y el abandono del Infierno de dos de los Caballeros. Era su momento, así que se rodeó de un aura oscura como la noche, e impulsandose con la misma, salió volando en perpendicular a la batalla, para kilómetros más adelante dar un giro y encararse hacia la salida.

En todo momento avanzaba con pies de plomo, volando bajo y procurando no llamar la atención, e incluso descendiendo a tierra en varias ocasiones para no ser visto por hordas de demonios que partían directos hacia la batalla por encima de dónde iba él.

-Hay demasiados…- murmuró, estaba en las cercanías del valle, a unos centenares de metros de donde se producía la batalla, en la retaguardia izquierda de los demonios.

Claro que entre él y el centro había varios kilómetros por el inmenso número de compañeros que si bien superaban en número a los Guardianes de forma aplastante, no se atrevían a acercarse por ser estos demasiado poderosos. Ya muchos habían sido destruidos por sus manos, y ahora sólo luchaban contra los Caballeros, aunque algunos grupos se acababan animando a entrar a la contienda. Pero su presencia era sobre todo para evitarles la retirada. En ello pensaba cuando vio una estrella fugaz de color dorado que no tardó en caer a Tierra, y que resultaba ser una de las Guardianas, una de las de raza negra. Estaba tocándose el cuerpo, su energía temblaba, y su cuerpo acabó cayendo entre las rocas medio moribunda. Apenas tardó un minuto en llegar Lilith, que se colocó junto a ella, que aún conservaba su armadura. Intercambiaron unas palabras, y un crujido seguido del ruido de un objeto pesado caer al suelo le confirmó lo que energéticamente había sentido: la muerte de la Guardiana de la Esperanza.

Pudo ver como una esfera de luz dorada salió del cuerpo de ella, concentrándose en el aire, y salió volando a velocidad de la luz hacia el cielo. No estando dispuesto a perder esa oportunidad, también aceleró a esa velocidad, y se transportó delante de la misma para interceptarla.

-Cuanto poder…- musitó, más del que él tenía. La energía de Sam brilló entre sus manos, intentando liberarse, pero antes de que pudiera hacer nada, él comenzó a murmurar.

Palabra por palabra estaba recitando el texto que había aprendido de Lucifer, y mientras lo hacía, iba apretando contra su pecho la esencia de la Guardiana, que comenzaba a resplandecer como un pequeño Sol. Pero el proceso no duró demasiado, y comenzó a absorber y asimilar el alma de la Guardiana, que emitió un último chillido de energía que recorrió el Infierno como una ola. Esta fue percibida por incluso William, que peleaba contra todo lo que tuviera delante, provocando su ira. Y aunque quiso ir a por el hijo de puta que había hecho eso con la que era su hermana, toda una legión de demonios se lanzó a por él, y de hecho el propio Máximo aprovechó el caos - que ya de por si era alto y que se acababa de agravar - para huir de allí.

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Y al mismo tiempo que en el Infierno pasaban estos eventos, aquello también tuvo sus efectos en la Tierra. Las tres explosiones de energía se dejaron notar al poco de suceder - pues había una diferencia temporal que se reducía bastante por la cercanía del portal pero que igualmente existía - tirando a los humanos que por allí estaban al suelo. Los Guardianes y Caballeros no corrieron ese mismo destino, pero fue un verdadero mazazo para los primeros. Y eso que apenas habían pasado unas horas… Ni siquiera se dieron cuenta de la huida por el portal de una esfera de luz negra y dorada que salió a velocidad de la luz, desapareciendo en el aire en cuanto estuvo fuera del Infierno. Ese era Máximo, que se había transportado hasta una dimensión en particular. En concreto, aquella en la que los dioses paganos estaban reunidos, a la que podía acceder gracias a la ayuda de su ama, Minerva.

Entre sus notas ella le había dado la llave para acceder a aquel mundo, pero iría directo hasta un lugar seguro: un jarrón griego a nombre de la diosa. Efectivamente, en cuanto usó el hechizo de la hoja al hacerlo arder con sus recién adquiridos poderes hubo un estallido y se encontró a sí mismo en un hueco oscuro, pero no se sentía encerrado. De hecho podría salir en cualquier momento, pero hacerlo sería la destrucción inmediata, o eso le había advertido la deidad.

-¿Estás ahí?- pudo oír la voz de Minerva en su energía.

-Sí- afirmó, con cierta alegría. Ella soltó un suave suspiro de alivio.

-Bien. Por aquí las cosas están algo intranquilas…- y su voz volvió a sonar preocupada.

-Pronto todo se solucionará, mi diosa- aseguró él, y sólo entonces se permitió notar cómo sus poderes se empezaban a asentar en su cuerpo.

Y era glorioso. Los poderes de los Guardianes eran inmensos, y ahora podía dar fe de eso más que nunca, ahora que había tomado los poderes de uno de ellos. Y no uno cualquiera. Nada menos que el de la Esperanza. Se preguntaba si sería capaz de usar su arma, que tenía entendido que contaba con una, y de poder, sería bastante impresionante. Se concentró, y notó un fuerte temblor, seguido de una fuerte explosión de energía, y entonces, una luz dorada apareció justo delante de él, y la lanza Gugnir se materializó justo delante de él, al menos todo lo que podía hacerlo estando encerrado en un jarrón. Máximo estaba fascinado por aquello, pero por ahora tendría que estar allí, al menos hasta que el Apocalipsis pasara.

-Eso espero, pero… dudo que pase eso pronto… tendremos que mantener un perfil bajo- añadió ella al rato.

-Voy a… bajar a los baños termales. Me quiero relajar un poco- afirmó. Máximo se concentró en ella entonces.

La siguió con su energía por los pasillos. Aunque no pudiera estar físicamente con ella sí que gustaba de acompañarla aunque sea así, estando tan cerca de ella que sus energías se confundirían de alguien pasar cerca. Incluso un arcángel no podría diferenciarlas, y eso que ellos eran auténticos expertos en su uso, pero él no se arriesgaría de no ser así. Y si llegaba a lograrlo, que podía pasar, le era indiferente. Su misión era estar con su diosa y protegerla a como diera lugar, y si eso implicaba algún peligro lo asumiría. Ahora que estaba fuera del Infierno y sin más obligaciones, se centraría en ella y sólo en ella. Su plan de gobierno llevaba siglos gestándose, por unos días más de espera no pasaría nada.

Ella además disfrutaba de su compañía, le era tan familiar y cercana que incluso había veces que ni se daba cuenta que él estaba ahí. Pero tendría que actuar con normalidad incluso con él delante, y en esos momentos le apetecía darse un baño…. y sinceramente, le agradaba que él estuviera por allí rondando. Era una diosa virginal, sí, pero… él era un gran sirviente, un guerrero leal y valiente. Pese a que fuera una especie de engendro que desafiaba a las reglas, era su engendro. Y en el fondo, aunque su ego se lo impidiera reconocer, le amaba. En ello pensaba mientras bajaba hasta las termas, construidas en especial para que se pudieran relajar. A esas horas no había nadie, momento en el que ella iba para estar a solas con sus pensamientos y relajarse un poco.

-Lo bueno y bello a veces está en las cosas más simples- murmuró ella, más para Máximo que para ella.

Era una sala con una gran piscina de humeante agua y hermosas columnas blancas, con bancos y sillas tanto fuera como dentro de la terma, y que se podían regular para hundir más o menos cuerpo en la misma. Igualmente y por lo poco honda que era se podía estar sentado y tener medio cuerpo fuera, pero Minerva en esos momentos prefería estar recostada, con solo la cabeza al aire. Por ello se desvistió, dejando la ropa en un banco y quedando totalmente desnuda.

-Sí… lo más sencillo suele ser lo más hermoso…- murmuró él, mientras intentaba evitar, sin demasiado éxito, contemplar el cuerpo de ella.

Era una mujer delgada, de hermosas curvas y larga melena, ojos grises como una tormenta y nariz aguileña, pero era fuerte y su tonificado cuerpo no se parecía al de otras diosas menos curtidas que ella. Pero era una diosa guerrera, debía tener un cuerpo que hiciera honor a ese título. Y ella sin duda lo tenía.

-Puedes… mirar, si quieres. Soy virgen, pero no implica que no puedas observar cómo me doy un baño- murmuró ella, algo coqueta, metiéndose al agua y de alguna forma adivinando sus pensamientos.

Máximo no llegó a responder, pero su energía denotó la alegría que en ese momento sintió. Sentía devoción por ella y que le diera permiso para eso… le honraba, para él era como una medalla. Su mentalidad le impedía verlo de otra forma. Se colocó junto a ella y su energía se recostó sobre ella, que le acarició despacio, casi como si estuviera allí físicamente, disfrutando de la compañía del otro sin más deseos que estar así.

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-¡SAAAAAM!- William lo había sentido todo durante su combate. No sólo cómo la energía de ella se iba desvaneciendo, también cuando fue absorbida por un demonio aleatorio que ni siquiera conocía pero que había desaparecido nada más ocurrir aquel fatídico evento.

Y la ira le consumió según pasaba. Le había jurado instantes antes que la sacaría de allí, que estaría bien… y había fallado estrepitosamente. De nuevo. Ya le había pasado con Xana, y ahora, justo cuando se sentía de nuevo un héroe que podía hacer las cosas bien, e incluso llevar una vida más o menos normal… va y pasa el Apocalipsis. Pierden constantemente, y ahora muere una de sus mejores amigas en plena batalla. Y encima tenía a una ama que no había pedido.

Esta le inundaba con su poder pero no le hablaba, no al menos directamente. Pero de alguna forma sentía que estaba ahí, a su lado, codo con codo con él, aunque no de una forma intrusiva como lo fue la IA. En realidad era más parecido a una suave voz en su mente que le guiaba y que él seguía a rajatabla, sin opción a negarse pero tampoco era fría o insensible. Era más… como cuando un maestro le enseñaba a un alumno. No admitía réplica pero sí preguntas o comentarios, aunque pocos necesitaba.

-¡OS MATARÉ A TODOS, NO QUEDARÉIS NI UNO!- chillaba, de su cuerpo emanaba una energía densa y oscura como la noche, y los demonios salían destruidos o fulminados, creando un gran cerco a su alrededor.

Lilith sintió miedo en Abadón. Y se rió por dentro, le encontraba realmente patético. Ella en cambio se sentía segura, sabía que Tinieblas jamás le haría nada. En esos momentos era en la única en la que confiaba, del resto… incluso Lucifer la traicionó, y sabía que en cuanto saliera él iría a por ella directamente. Las razones las desconocía, o mejor dicho, quería desconocerlas. No era la primera vez que oía sobre el desprecio de su creador hacia ellos, pero jamás le dio crédito a esas afirmaciones. Pero estaba claro que eran reales.

-¡Hay que pararle, nos matará a este ritmo!- Abadón le intentaba retener con su energía, mientras demonios menores saltaban sobre él, pero no parecían estar logrando nada en absoluto.

Lilith entonces le miró seria. Sería un ser despreciable, incluso algo patético a veces… pero era su hermano. Habían combatido, asesinado, destruido y fulminado juntos cientos de veces. De hecho fue ella la que creó al resto de Caballeros al corromper a varias almas junto a Lucifer. Y le venía bien estar de su lado.

-Júrale lealtad a Tinieblas- entonces el otro la miró sin entender- ¡Hazlo!-

Giró su rostro en dirección a la salida y sus ojos bermellón brillaron- Vosotros, si queréis salir de esta, hacedlo- sabía que los otros dos no estaban en una mejor situación.

Y es que la caída de la esperanza había dado fuerte en los Guardianes. Sus energías lloraban con su muerte, pero sus ojos irradiaban una rabia descontrolada que les había fortalecido más de lo que era previsible. Por eso, en cuanto Lilith les propuso aceptar a Tinieblas como su nueva señora ellos aceptaron casi sin dudarlo, más teniendo a Lucifer como aparente enemigo. Todo era válido si conllevaba asegurar su existencia un poco más. Alheim fue el primero en hablar tras recibir el mensaje de Lilith.

-¡¿Queréis cerrar la puerta?! Bien, hacedlo, por que os aseguro que así lo pagará el asesino de vuestra amiguita- y él, junto a Eve, desaparecieron en el aire.

-¡¿A QUÉ COÑO SE HA REFERIDO?!- chilló Electra, que seguía llorando por dentro.

Pudo sentir su muerte apenas un minuto antes, momento en que se rompieron todos ellos, pero no se podían permitir esas cosas, no teniendo delante a dos Caballeros. Ahora que estaban a solas podían dar rienda suelta a sus emociones. Percy se sentó en el suelo y rompió a llorar amargamente, Aurora detrás suya le abrazó por la espalda y le recubrió con sus alas, también con rostro apesadumbrado, aliviando a su pareja como podía. Electra por contra sentía rabia, Patrick no sabía ni qué decir, y Susan simplemente miraba al horizonte, triste, intentando apaciguar los ánimos del chico, que acabó llorando también. Los más jóvenes no estaban mucho mejor, por primera vez conscientes de los peligros reales de aquello en lo que habían entrado. Y la duda afloró en ellos.

-¿Y si… y si los demás tenían razón?- murmuraba Hiroky, con los ojos algo llorosos. Milly a su lado suspiró, temblando un poco.

Electra, cruzada de brazos por delante de ellos, se giró. Anduvo calmadamente hasta ellos, y se colocó a su altura. Estaba molesta, lo podían notar, y sus labios temblaban.

-No… no digáis tonterías, tenemos a Jhonny, él… él algo podrá hacer. Los arcángeles nos lo deben- murmuró.

Era más para ella que para ellos, pero siguió- Y los demás… de ellos estar aquí, esto no habría pasado. Pero su ego les impedía ver que yo llevaba razón… joder….- alzó su rostro y miró al cielo.

Aguantó las ganas de llorar por la que era una hermana para ella- Os juro… os juro por Dios mismo, que….- se rompió durante unos segundos.

Sus ojos ya no mostraban ira sino una tristeza profunda como el mar- Destruiremos a quien lo hizo- les miró a los ojos y entonces les abrazó.

Tenía otra cosa clara, aunque no lo dijo. Era un pensamiento común a todos los que allí estaban. Parte de la culpa residía en los demás. Si no fueran tan egocéntricos y no pensaran llevar la razón absoluta, Sam no habría muerto. Eso lo tenían claro, y se lo harían saber en cuanto les vieran. De no ser por su anticuada forma de pensar seguirían unidos, y Sam hubiera podido ser salvada, de alguna manera. Era la hora de poner las cosas sobre la mesa.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Por su parte, los cuatro Caballeros que quedaban vivos se reunieron de nuevo en el Infierno, y, en cuanto se vieron, supieron perfectamente qué hacer. Le lanzaron un chorro de energía a William que en condiciones normales le hubiera matado sin lugar a dudas, pero en su lugar le lanzó kilómetros más allá, no parando hasta llegar a las paredes del castillo que les servía de base. Allí, las propias paredes del edificio generaron unas poderosas cadenas que ataron al Guardián, impidiendo que se moviera. Cuando iba a usar sus recién heredados poderes que le había entregado Tinieblas, comprobó con estupor que ya no podía usarlos.

-¡OS MATARÉ A TODOS, LO JURO!- chilló, aquellas cadenas bloqueaban sus poderes de alguna manera que él desconocía, aunque no tardó demasiado en descubrir la causa.

Ante él, apareció nuevamente Tinieblas con una sonrisa. Le acarició el rostro suavemente, y giró su rostro en dirección a donde se había estado desarrollando el combate hasta hacía unos segundos.

-Te han atrapado en el Infierno, me temo- murmuró ella, mientras andaba un poco, tras lo cual le volvió a encarar.

-¡Ayúdame a liberarme, por favor!- William comenzaba a impacientarse, mientras forcejeaba con todo lo que tenía, pero apenas podía moverse.

Ella, sin embargo, negó- No puedo, no aún. Sólo puedo darte mi poder, no puedo intervenir mucho más por ahora. Y protegerte, es todo- le explicó ella.

-Además… Los Caballeros ahora están también bajo mi protección. Y te necesito aquí abajo, mi heraldo- Tinieblas le sonrió cálidamente.

Casi no parecía ser un ser ancestral y todopoderoso- Pero te juro que saldrás. No pienso dejarte aquí abajo, sólo. Estaré a tu lado, ayudándote. Lamento… tener que hacer que estés aquí, de verdad. Pero es necesario- William bajó el rostro, agobiado.

Pero sentía que podía hablar con Tinieblas en confianza- ¿Puedes jurarme algo?- pidió.

Y ella asintió-Jurame… que todo acabará cuando seas libre. Sin mierdas de destrucción. Yo… estoy cansado de luchar- Tinieblas entonces le miró con interés.

-Yo no quiero destrucción. No al menos a priori. Pero… si así lo quieres- ella posó una de sus manos en su hombro.

Él frunció el ceño al notar los poderes de ella- Juro que no levantaré mi mano contra lo creado. Y que saldrás libre del Infierno dentro de poco, y que cuando todo acabe, te entregaré todo un mundo para ti y tu familia- él alzó el rostro entonces.

Tinieblas rio ligeramente- He visto cómo observabas a esa mujer, y cómo has tomado a su vástago como propio, pese a ser la bastarda de uno de los Caballeros del Infierno- acarició con un gesto su rostro.

-Por eso te elegí. Te he visto luchar, incluso cuando estabas en aquel mundo virtual. Incluso cuando fuiste tomado por aquella entidad como esclavo, incluso entonces combatiste. Y ahora como Guardián te has enfrentado a miles de peligros- él respondió de inmediato.

-A esos mismos peligros se enfrentaron Lita, Yumi, Ulrich, Jeremy u Odd. ¿Por qué soy especial?- preguntó de nuevo.

-Tu espíritu de lucha… aunque ahora te veas derrotado sé que seguirás adelante por defender a quienes amas. Ellos también, pero… tú sólo quieres que esto termine. Ellos encuentran cierta… diversión en todo esto, tú no- le explicó.

William bajó su rostro. A lo lejos podía sentir la última puerta del Infierno volverse a cerrar lentamente, y comenzó a llorar desconsolado. Tinieblas simplemente le abrazó delicadamente con su energía, para protegerle. Los demonios le estaban buscando para acabar con él o al menos intentarlo, ella no podía permitir que estando en esa situación le encontraran. Antes, tendría que liberarse, y tendría que hacerlo en solitario.

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Los Guerreros junto con los demás Guardianes avanzaban por un tramo de tierra en el Universo de los primeros. Antes de ir al combate querían prepararse y "entrenar" un poco por los caminos cercanos a la base, aprovechando que estaban bien pavimentados y que la zona estaba en calma gracias a ser un área restringida y por tanto de acceso imposible a civiles o visitas no deseadas. Mientras los jeeps avanzaban por la carretera - lo bastante ancha para que puedan ir a través de la misma un par de camiones en paralelo - los Guardianes volaban por encima de los mismos a un ritmo lento pero constante.

-Yumi, creo… que deberíamos dejarles claro a nuestros… no sé si decirles aliados- le decía Aelita (911) a su compañera. Esta asintió, estaban una volando cerca de la otra, con Jeremy detrás de ellas.

-¿Nos oyes, compañera?- preguntó la Guardiana a su homóloga.

-Os oigo, ¿pasa algo?- preguntó.

Yumi (911) suspiró- Antes de luchar, me gustaría dejar en claro que…

-Tranquila- dijo Aelita (910)-. No habrá fuerza letal. No es el plan y no lo será en ningún momento. ¿¡Verdad!?

Los Guerreros confirmaron cada uno con una respuesta afirmativa. Todos, excepto por una sola persona.

-¿Verdad?- preguntó a su compañero.

Pero este no le devolvió la mirada en ningún momento. Jérémie (910) tan solo asintió, pero se mantuvo callado. Su máscara no dejaba ver muy bien el gesto que estaba adoptando. Pero aún así, pensó que tal vez ese pequeño detalle tampoco importaba nada. Él seguía conduciendo.

Oyeron entonces una risa.

-¿De verdad nos veis capaces de matar A UNO sólo de vosotros, Guardiana? ¡Venga ya!- comentó Odd (910)

-Esto es serio, tenéis los medios. Nos dejasteis sin poderes una vez, podéis hacerlo otra vez- le recordó Aelita (911).

Sería el Guerrero samurai el que respondió- Precisamente por eso es imposible. Ya sabéis el truco, y encima ahora vamos a luchar frente a frente, irán a por nosotros los primeros para que no podamos usar esa tecnología- explicó.

-No seáis falsos humildes. Sois jodidos dioses, puede que hasta inmortales, mientras que nosotros por muchos poderes que tengamos jamás os haremos sombra. Sois y seréis mejores que nosotros en eso siempre. Ya nos habéis dado grandes palizas antes, esta vez no será muy diferente- añadió William (910).

-¿Por qué nos ayudáis entonces?- preguntó de inmediato Aelita (911).

Los Guerreros fruncieron los labios.

-Os lo debemos. Supongo- respondió en un murmullo Yumi (910).

-Al final os han pillado cariño. Yo sigo pensando que sois unos gilipollas. Pero oye, ellas son las que mandan…- comentó Odd (910).

-Eres un poeta, tío- le espetó Obara.

-Si todos sabemos que esto se la pone tiesa- le respondió William (910).

Jeremie (910) se llevó los dedos al "rostro"... O más bien lo que debería ser su rostro.

-Por Dios, parad- masculló, con voz grave, distorsionada gracias a su modulador de voz.

Los Guardianes no sabían muy bien qué decir, hasta que Aelita (911) decidió hacer pública sus intenciones.

-Sabéis que estoy encinta, ¿no?- preguntó ella, intentando poner algo de orden.

-¡No me digas! Pues ya puedes estar comiendo bien, no sea que te salga retrasado o algo- comentó Odd (910).

-En realidad eso tiraría más si su chico y ella se marcaran el estilo Ptolemaico, en plan incesto total- añadió Morgan.

Desde luego ese trío no tenía filtro alguno.

-Eh… sí, me alimento bien. Pero no quería decir eso. Es qué… bueno… Quería pedirte esto a tí, Aelita.

La dejaron hablar sabiendo por dónde iba a salir. Más de uno suspiraba, ciertamente nervioso. En ese momento, Odd (911) pudo notar un cambio en el ambiente, así como una mirada distinta en el rostro de su homólogo, a quien tenía más cerca.

Decidió ignorarlo.

-Cuando nazca, y si te parece bien, Aelita… creo que tú serías mejor madre- terminó la Guardiana.

Hubo un largo silencio de varios minutos hasta que la aludida respondió.

-Luego lo hablaremos. Ahora vamos a lo importante- dijo seria.

Y no hablarían más sobre el tema. No por ahora, no tenían tiempo.

Además, la Guerrera tenía muchas cosas en su cabeza, le empezaba a doler. Jérémie (910) a su lado giró algo el rostro para comprobar que estaba bien, incluso llegó a alzar una mano del volante para posarla en la espalda de ella, quien miraba por la ventana. Sin embargo devolvió la mano a su sitio sin llegar a tocar a la mujer, mientras suspiraba suavemente.

-Bueno señores, vamos a dar un par de vueltas al circuito, y luego iremos al combate. En una hora como tarde estaremos peleando, no podemos perder más tiempo- ordenó la Yumi Guerrera, y todos centraron su atención en ello.

Fue en ese instante que los Guardianes lo sintieron, todos a la vez. Oyeron por las comunicaciones de pronto varios llantos, mientras comenzaba a llover torrencialmente de pronto.

-¡¿Pero qué pasa?!- chilló Yumi (910) sin entender.

-Sam…- murmuraba Odd (911), y de pronto se rodeó de su energía. En sus ojos se vio la luz de una ira fulminante.

-¡SAAAAAAAAM!- y aceleró, desapareciendo en un fuerte destello morado.

-¡¿Me vais a explicar qué pasa?!- gritó Yumi (910) de nuevo.

-Sam ha muerto. Tenemos que impedir que haga una locura- Marin parecía ser de las pocas que mantenía un poco la mente fría, pero igualmente tenía los ojos algo acuosos.

-Bueno… Éramos pocos y parió la abuela- comentó William (910).

-Muerta…- murmuró Odd (910).

Sudaba, y su vista parecía empezar a desenfocarse, y de hecho se nubló un poco. Respiraba con dificultad, sentía la boca seca y un nudo en la garganta. Tuvo que llevarse las manos al rostro por la migraña que sentía y descubrió cómo no sólo le temblaban las manos, sino que estaban sudorosas y tan frías como un carámbano de hielo.

-Odd- Ulrich (910) posó una mano en su hombro, y le acarició levemente, como quien acaricia a un animal abandonado.

Le devolvió la mirada. Sudoroso y perdido. Su amigo solía ser muy estoico, pero cuando sentía que a sus seres queridos les pasaba algo, tendía a olvidar esa máscara de sarcasmo y seriedad, al menos levemente.

Cuánto había cambiado todo.

-No te preocupes- sonrió de oreja a oreja, efectivamente-. Todo está bien. Solo necesito un poco de agua.

Ulrich (910) asintió, no muy convencido. Aunque cualquier estúpido sabría que en verdad nada estaba bien.

Él le pasó una cantimplora, y de ella bebió, sintiéndose entonces satisfecho. Y una vez hubo pasado aquel momento de debilidad, mostró una mirada firme. Morgan, por su parte, no estaba mucho mejor. Agitó fuertemente su cabeza, en gesto de negación, y respiró profundamente, aunque con cierta dificultad.

-¿Cómo estás? - le preguntó Yumi (910).

La española sonrió de forma no muy convincente.

-Viva- respondió Morgan, quitándole importancia.

La japonesa negó.

-Pues sigue así durante esta batalla- dijo, mientras ponía un brazo sobre los hombros de la chica, arropándola.

Morgan asintió. Unos segundos después, ante ellos, se abrió un gran portal, los Guardianes claramente habían decidido que no podían perder tiempo en entrenar.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Electra había tomado una determinación. Iban a cerrar el Infierno, si había que dejar ahí encerrado a William… pues que se diera prisa. Además tenían a los arcángeles, y a Jhonny. Una parte de ella quería sacarle de allí, pero sus celos y la ira acumulada contra él, además de que consideraba que lo tenía más que merecido por infiel y, encima, irse con una maldita humana. Lo que le pasara lo tenía merecido, a decir verdad, por ello ordenó que los demás se reunieron junto a ella.

-Vamos a cerrarlo, ahora mismo. Y en cuanto los demás vuelvan, les exigiremos explicaciones, ¿vale?- su tono no daba lugar a dudas.

-Electra, ¿puedo hablar contigo antes?- le pidió Aurora, y la aludida tuvo que aceptar.

Cuando su mejor amiga le ponía ojitos de esa forma no podía negarse, así que acabó cediendo. Se separaron de los demás, y comenzaron a susurrar entre ellas.

-¿Estás segura? Que la ira no te ciegue- pidió la Guardiana del viento, y la otra apretó los puños.

-La ira no me ciega, Aur, es… mira, no quiero volver a verle en un tiempo y él es mayorcito para saber dónde meterse y dónde no. Si ha ido él sólo a ese sitio, aún sabiendo que lo estábamos cerrando…-suspiró entonces, cansada.

-Sam ha muerto, ¿y si… y si fue él, eh? ¿Y si la mató?- ante la cara de incredulidad de la otra, rápidamente se explicó.

-Me refiero, no sabemos qué pasó. Puede que haya sido un accidente, pero… los que eran nuestros hermanos nos han traicionado, puede… puede que haya sido adrede- comentó.

-No sé Electra, creo que se te está yendo de las manos y…- antes de que pudiera seguir, la otra la empujó cabreada.

-¡¿Cómo dices?!- la rubia alzó la voz- L-lo siento- murmuró inmediatamente, soltandola.

Esta se colocó la armadura, algo enfadada, pero le restó importancia- Estamos todos muy nerviosos, lo mejor sería... - Aurora iba a seguir pero una energía inmensa se lo impidió.

Notaron la presencia de un arcángel nada más pisar el suelo en el que ellos estaban. Ni trató de no ser sentido, la verdad es que no lo necesitaba. No había nada que pudiera amenazar a una entidad con semejante poder, por lo que demasiado sentido no tenía intentar no llamar la atención. Además, le identificaron en seguida.

-Es el maldito Raguel…- murmuró Tamiya, asustada. Todos se colocaron en posición defensiva, y vieron como ante ellos aparecía la entidad.

Se trataba de un hombre calvo, con una barba bien arreglada y un elegante traje. Más parecía un directivo o un político que no un ser primordial casi todo poderoso. En sus manos portaba un arma de pura energía, una suerte de espada. Sus ojos brillaban como dos pequeños soles, y en su espalda se podía intuir dos pares de majestuosas alas doradas.

-Hacía tiempo que no nos veíamos…-murmuró, mientras poco a poco volvía a un aspecto más humano.

Claramente lo había hecho por fardar- Me envía Miguel. Vuestros amigos vienen- explicó, y eso les sorprendió.

-¿Por qué nos avisas? No tiene sentido- murmuró Percy, no se fiaba.

Sabedor de eso, el otro sonrió de medio lado- Puede que no lo tenga. Por mi, ni os diría nada, pero… Luci no piensa así. Quiere… echaros una mano, y a cambio, que no intervengais cuando él lo ordene- eso les extrañó aún más.

Lucifer podía hacer lo que quisiera sin que ellos pudieran tener oportunidad alguna de impedirlo, ¿por qué negociar nada? Sabiendo que se preguntaban eso, el arcángel siguió.

-Lucifer sólo quiere que su cuerpo físico esté intacto para cuando tenga que tomarlo. Si seguís sus instrucciones podréis atraparla sin hacerle daño, y así él no os destruirá con un chasquido de dedos- su tono se volvió más amenazante.

-Si los Guardianes luchais entre vosotros os podríais llegar a matar, y eso no sería aconsejable. Con los demás podéis hacer lo que queráis, pero ella debe quedar intacta- miró a Percy entonces.

Iba a seguir cuando sus ojos se quedaron en blanco unos instantes, y luego se acarició la barba pensativo.

-Diría… que no será necesario. Haced lo que queráis- desapareció entonces en el aire, y el grupo se miró sin entender nada. Algo les decía que pronto lo harían…

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Mientras todo esto sucedía, Jamily entraba a uno de los cuartos de la base de los custodios del Universo 924. Le habían adjudicado un pequeño cuarto para ella, esperaba no tener que estar allí demasiado tiempo. Quería huir de allí y desaparecer, pero aún era demasiado pronto y no tenía forma alguna de poder hacerlo, no sin poner su vida y la de sus hijos en peligro. Además, estaba la posibilidad de que Tinieblas la volviera a llamar a filas, pues seguía bajo sus órdenes y podía suceder en cualquier momento. Había estado pendiente, aún así, de todo lo que iba sucediendo, aunque desde la distancia sólo podía hacerlo a través de la energía.

-Los Guardianes están a punto de luchar entre ellos- oyó una voz, y a ella no le hizo falta girarse para saber que se trataba de Mahashiel.

En su lugar suspiró- ¿Crees… que merece la pena? Tanta destrucción- murmuró, triste. Le encaró entonces.

-Tantas traiciones, mentiras… ¿de verdad era necesario?- más que la verdad, ella quería que el serafín le dijera lo que quería escuchar.

Quería oírle decir que todo era por un bien superior. Pero en el fondo de su pecho sabía que se pudo haber hecho todo mucho mejor, que había otras opciones. Aunque no tenían más opción que obedecer a Tinieblas, su ama y señora.

-Ya eso da igual. ¿Te quedarás aquí, entonces? Supongo que tus niños aquí no pueden entrar- pero ella negó.

-Si quisieran sí podrían. Pero no saben que estoy aquí, y mientras esté en este edificio, las protecciones mágicas impiden que mi energía vaya más allá de los muros, estoy fuera de señal para ellos. Es lo único que me protege- murmuró, mientras Mahashiel se sentaba en la cama.

-El Guardián de la Oscuridad ya tiene La Marca, que es lo importante. Y mientras Miguel y Lucifer obtengan sus cuerpos físicos, que lo harán… todo irá bien- la aélida se sentó junto a él.

-Estoy cansada… me gustaría ir con mi marido. En cuanto pueda lo haré, pero… me parece que aún no he acabado de luchar, y estando encinta…- el serafín la miró.

-Eso tiene fácil solución- y posó una mano en la tripa de ella.

De primeras la mujer se asustó, pero comprobó que el serafín se limitó a proteger con una burbuja a sus bebés, para después colocar las dos manos en los laterales de su cuerpo. Sabía que no había deseo en el ser celestial, más cuando sus manos se iluminaron en un tono plateado.

-Con esto, incluso un Caballero del Infierno no podrá hacerte daño- murmuró, y se levantó en silencio.

Ella le mandó una mirada de agradecimiento- Pero… lo ideal es que dejaras esos… hijos tuyos a cargo de alguien que los pueda criar. Él se podría encargar de ello, mis protecciones son poderosas pero quien sabe a qué nos vamos a enfrentar. No sé si me doy a explicar- comentó.

La puerta se abrió en ese instante, Mahashiel desapareció en un parpadeo, y la aélida aguantó las lágrimas y mantuvo una mirada altiva, había aparecido el alter ego de Aurora por la puerta.

-¿Falta algo? Espero que todo sea de tu agrado- comentó, pero la otra negó, agradecida.

-Está todo perfecto… pero tengo que salir a una cosa. Volveré en seguida- aseguró, y la muchacha asintió.

Jamily tomó su báculo, y abrió un portal, que cruzó. Sabía perfectamente a dónde debía ir, a Heavenland. En concreto tenía que ir a uno de los edificios del Gobierno, al Ministerio de Defensa, donde seguramente estaría su marido trabajando. Nada más salir del portal se encontró en el exterior del edificio, rodeado por grandes jardines en pleno centro de la ciudad.

Le buscó por sus intrincados pasillos. Era grande, de ladrillo y roca, con pinturas de batallas pasadas en las paredes, luces eléctricas que recorrían de lado a lado techo y ventanas enormes a lo largo de los pasillos para iluminarlo todo, con un gran patio interno donde se podía pasear o entrenar el combate cuerpo a cuerpo, era lo bastante grande para incluso poder correr varios kilómetros dando vueltas por su perímetro con tan solo unas pocas veces.

Le localizó en la cafetería, así que se trasladó hábilmente por las sombras hasta el interior, donde anduvo por los pasillos disfrazada de una angelida de traje y corbata, como si fuera una trabajadora más del Ministerio, y fue directa hasta donde le localizó. Le vio hablando con otro hombre, parecían de charla informar, pero en cuanto la vio llegar le sonrió un poco.

-Subo en diez minutos- aseguró, mientras el otro se iba, Michaelis. Miró contento a su esposa y la abrazó, mientras acariciaba su espalda ligeramente.

La mujer, sin embargo, pasó sus manos suavemente por su cara- Tengo que pedirte un favor, príncipe- y él la miró con interés.

Ella posó una de las manos de él en su propia tripa- Como sabes, estoy embarazada, y…. estoy en peligro, no sé cómo podré luchar sin ponerles en peligro- explicó.

Él oía atentamente sus palabras- Por eso…. Vosotros vivís mucho mejor. ¿Te…. encargarías tú durante este tiempo? Temo que, si entro en combate, por muchas protecciones que pueda tener…- antes de ella seguir él la besó suavemente en la boca.

-Será raro, pero sí. ¿Cómo lo harás?- preguntó, y ella pasó una de sus manos a su tripa, y la otra a la de él.

Un suave brillo les envolvió a ambos, mientras murmuraba algo que no llegó el otro a entender, y el angélido notó como en sus entrañas se abría un hueco, y algo se alojaba en ese pequeño espacio. Suspiró, le dolía un poco y sentía ganas de vomitar, pero la energía de ella adormeció sus sentidos en esa zona para que no lo pasara tan mal, aunque igualmente su cuerpo no estaba hecho para eso. Y sin duda era lo más seguro, pese a ser desagradable.

-Me tengo que ir…- le susurró ella al oído, y entonces se separó un poco.

-¿Estarás bien, amor?- preguntó, y él asintió, algo mareado, y ella sonrió.

-Gracias. No te merezco- le besó suavemente en los labios, y salió de allí con un portal que la devolvería a su lugar.

Efectivamente reapareció en el cuarto del Universo 924, e intentó que bajaran sus pulsaciones un poco. Había movido, junto a sus hijos, las defensas mágicas del serafín, para que tuvieran toda la protección que se pudiera. Todo por ellos para que estuvieran protegidos. Incluso daría la vida por ellos. Pues ya no era sólo ella, ahora de ella y su marido dependían otras dos vidas, y lo daría todo por ellos.

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Asmeya se encontraba en la entrada del hospital, ultimando los papeles del ingreso de Beatrice junto a Noelia, que estaba atenta a todo lo que pasaba. Como no había tiempo decidió acelerar los trámites con dinero por parte de la corona, ya que no había nada en los registros locales ni nacionales de ninguna Beatrice, de 20 y pocos años que fuera a dar a luz pronto. Lo que sí había era una presunta violación, pero no se llegó a denunciar nada y la presunta víctima había huido… Era todo muy irregular pero ella se aseguraría de que no habría problemas. Claro que entre ese deseo y la realidad había un largo trecho, a juzgar por el escalofrío que recorrió su espalda de lado a lado, y giró su rostro mientras la chica de recepción le preguntaba algo que no llegó a escuchar.

-¿Señorita, sucede algo?- preguntó la muchacha, mientras veía que Asmeya se giraba despacio, comenzando a sudar en frío. Noelia comenzó a gruñir, con su piel erizándose.

En la puerta había aparecido un hombre, con un fuerte olor a azufre y la ropa algo desgastada. Y traía cara de malas pulgas.

-¡¿Dónde está?!- gritó, y sus ojos brillaron en un peligroso tono bermellón. Era Abadon.

Ella intentó salir de allí, pero el demonio la detuvo con un gesto de la mano. Por detrás suya unos guardias se le acercaron sin entender qué pasaba, pero, cansado, el Caballero les giró el cuello con un chasquido de dedos, cayendo muertos al suelo al instante. Noelia también corrió hacia el demonio pero este la derribó contra una columna sin problema alguno. A partir de ahí el miedo se apoderó de todos, y un suave aleteo indicó que Jhonny había llegado.

-Vete- ordenó, con voz ronca. Abadon le miró con cierta sorpresa, pero en absoluto se amilanó. Se rodeó de su energía, y el joven sintió pánico al notar como unos poderes más allá de los suyos le rodeaban.

-Eso no está en mis planes- y entonces le atacó. Jhonny se asustó en ese momento, y se rodeó de sus poderes para intervenir entonces.

Asmeya comprobó que varios de esos rayos iban directos hacia ella, en concreto a su pecho, estómago y cabeza. A esa velocidad ella no podría esquivarlos, no tenía el poder de sus hermanas… pero curiosamente los veía avanzar a cámara lenta. Una voz la sacó de su perplejidad.

-Te veo en apuros… puedo echarte una mano, ya sabes- ella bajó el rostro, triste.

-Miguel… yo-yo no… no es justo- murmuró, unas lágrimas amenazaron con salir.

-No siempre lo es, pero tampoco es justo para toda esta gente morir. Mi sobrino podrá derrotar a Abadon, pero no podrá evitar que medio hospital muera antes de hacerlo… Con mi intervención, pueden salvarse todos. Incluidas las almas de tus padres- era chantaje emocional.

Pero ella y su hermana Aelita habían tomado ya la decisión.

-Acepto- y hubo un intenso resplandor.

Un gran rayo de luz atravesó la puerta e impactó directo en el pecho de Asmeya sin que nadie pudiera hacer nada para impedirlo, y Jhonny, Noelia y Abadon notaron una poderosa explosión de energía, seguido de un fuerte grito. Cuando el exceso de luz se fue, vieron como la mujer estaba de pie, con la mirada en alto, aunque claramente algo había pasado. Sus ojos brillaban al igual que dos soles, su pelo era como el fuego, y dos grandes y resplandecientes alas doradas salían de su espalda. Su voz también había cambiado, se notó nada más abrir la boca.

-Sobrino, te veo más adulto. Y poderoso, me alegra- era la voz de ella, pero a la vez no. Giró su rostro, y miró a Abadon, que estaba estático en su sitio.

-Con respecto a ti, Abadon…- comenzó a andar lentamente hasta él, que no podía huir por los poderes del arcángel.

Los ojos de Asmeya pasaron entonces a su tono normal, y sonrió de medio lado- ¿Te vas tú mismo, o tengo que hacerlo yo?- preguntó, y este desapareció al instante.

Jhonny habló entonces, en un murmullo.

-¿Eres…?- preguntó, asustado, y Asmeya se giró.

-Sí, y no. Es… curioso, he tomado antes otros cuerpos, muchos de hecho, y hasta ahora jamás había reparado en que… había otro ser vivo en su interior- miró a su alrededor entonces, y comprobó que todos les miraban con miedo.

Sus ojos brillaron un poco, y la actividad de la sala volvió a la normalidad. Pero esa respuesta claramente no le era suficiente al muchacho.

-Si tu pregunta es si soy Miguel, así es. En cierta medida también soy Asmeya, ella estará ahí hasta que su esencia se funda por mi presencia. Si no me voy antes, claro. En fin, ahora que tengo un cuerpo definitivo… creo que es hora que Lucifer tenga el suyo también- entonces posó una de sus manos en el hombro del chico.

Le sacaba media cabeza de altura, pero él parecía un chiquillo asustado- Esa aberración que está a punto de nacer cuatro plantas por encima… espero que no te hayas encariñado. En cuanto derrote a mi hermano, toda señal de su existencia quedará erradicada, incluyendo a la bastarda- y entonces sí, desapareció en el aire.

-¿Señorita? ¿Hola? ¿Dónde está?- la recepcionista iba dando vueltas por la entrada, sin entender dónde estaba la mujer pelirroja a la que estaba atendiendo hasta hacía un segundo.

-Sí, aquí- Noelia se colocó delante de la mujer, que la miró con sorpresa, pero le explicó que la otra tuvo que atender a una llamada y por eso ella seguiría.

Jhonny suspiró, apesadumbrado, y volvió con Beatrice, no dando crédito a lo que acababa de pasar. Esta le recibió asustada, lo había notado todo, y su hija nonata había provocado un pequeño desastre al ponerse nerviosa y hacer que varias cosas cayeran al suelo.

-Las cosas van de mal en peor…- murmuró el chico, mientras entraba a la sala y Beatrice aguantaba las lágrimas.

-¿N-no lo sentiste? El Infierno…- él giró su rostro en dirección a la última entrada, y… su peor miedo se confirmó. Acababa de ser sellada la entrada. Y William no daba señales de vida, ellos por lo menos no la notaban.

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Odd había aparecido en unos campos verdes, ni se había fijado dónde ni en qué época. Sólo quería estar a solas con sus pensamientos, pero sus compañeros no tenían la misma idea, aparecieron en un portal justo detrás de él. Los jeeps frenaron mientras los Guardianes descendían del cielo, expectantes por lo que él fuera a hacer. Molesto, se giró y les comenzó a gritar.

-¡Dejadme en paz! ¡Quiero estar solo!- gritó, moviendo sus brazos con vehemencia.

-No hagas ninguna tontería, Odd- pidió Aelita (911) mientras se le acercaba.

Pero él no atendía a razones- ¡Sam ha muerto! ¡¿Qué quieres?! ¡Voy a matarlos a todos! ¡¿Me oyes?! ¡Y Marin, te he pillado el truco, que lo sepas!- la aludida suspiró.

Había alterado la dirección en la que él apareció, porque sus intenciones eran ir directos a por los demás Guardianes.

-¡Y encima van y cierran el Infierno, con dos cojones! ¡Con William dentro, a su suerte, y sin posibilidad de que podamos ir a por él salvo que nos ayuden unos hijos de puta que nos ven como niñatos! ¡Pues no, me niego!- y pateó una piedra, irritado.

La rabia se le fue por la boca entonces y comenzó a llorar, dejándose caer al suelo y dando golpecitos de impotencia a la tierra, mientras sus compañeros se arremolinaban en torno a ellos. Eso con los Guardianes, pues los Guerreros se habían quedado al margen.

-Si tuviéramos que hacer este espectáculo cada vez que muere alguien… no acabaríamos- murmuró Jérémie (910), mirando la hora algo molesto.

-Yo también lloraría así, su Sam estaba buena, buena- comentó William (910), ganándose un golpe en el costado por parte de Morgan, que le miró cabreada.

-Un respeto. Jérémie tiene razón, tenemos una misión- Yumi (910) entonces se separó de los demás para ir con sus homólogos.

Les vio, y una parte de ella deseó no tener que hacerlo. Se habían congregado en un semicírculo, con Odd en el centro, había delante de ellos una gran roca, cortesía de la Guardiana de la luz y que era una estatua a escala de tres metros de la antigua Guardiana de la Esperanza. Yumi (911) había creado un círculo de rosas a su alrededor, formando un hermoso dibujo con las mismas, mientras cubrían un área de varios kilómetros con sus poderes, para proteger el recuerdo de su compañera. En la estatua ella tenía un porte alegre, con su lanza en la mano y una ámplia sonrisa, como siempre había sido ella, y con su armadura bien pulida en el material. Era lo mínimo que podían hacer.

-Cuando todo esto acabe, la llevaremos a casa. Todos- Jeremy (911) posó una mano en el hombro de su amigo, así como Ulrich, que le ayudó a levantarse.

Oyeron a alguien toser, y vieron allí a la Guerrera. Sin decir nada, fueron en dirección a los jeeps, junto a los demás.

-Lamento el espectáculo- musitó el Guardián de las bestias, mientras miraba con molestia a sus alter ego. Les había escuchado, sin duda.

Pero eso daba igual. Coincidía con la líder de aquella tropa, tenían un asunto que arreglar. Abrieron un total de dos portales, uno por la derecha y otro por la izquierda, por los que iría cada jeep, mientras los Guardianes entrarían por el centro. La idea era que los Guerreros estuvieran en los lados, agazapados, mientras intentaban parlamentar entre ellos. Y, si todo se desmadraba… intervendrían como habían decidido.

Había llegado el momento definitivo. Todo se decidiría a apenas dos días de la fecha final. A apenas dos días del Apocalipsis.

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Efectivamente, los Guerreros se apostaron en los laterales de donde estaban los Guardianes liderados por Electra, a varios kilómetros de donde estaban pero con una perfecta visión de los mismos, con un gran pórtico de piedra por detrás de ellos. Aquella debía ser la famosa entrada cerrada al Infierno, en parte mejor que así fuera, lo facilitaría todo. Habían aparcado cada grupo en un lado y se habían apostado entre las rocas, listos para saltar a la acción en cuanto los Guardianes lo indicaran. Además, estarían pendientes de la conversación a través de los intercomunicadores. Poco después de ellos posicionarse, llegaron los verdaderos protagonistas de todo: los Guardianes se habían vuelto a reunir. Aparecieron como varios puntos centelleantes en el cielo con sus respectivos colores, y cayeron de la misma forma que cometas en el suelo, provocando una fuerte polvareda que no impresionó a los otros, que se cruzaron de brazos.

-Habéis tardado- comentó Electra, seria. Su energía crepitaba en torno a ella.

El grupo de Aelita notó como los otros, al igual que ellos, se comenzaban a rodear de su energía, y una fuerte luz salió de ellos, haciendo que todo aquel mortal que estuviera viendo la escena se viera obligado a apartar la mirada. Cuando el exceso de luz desapareció, comprobaron que los otros también tenían un cuerpo adulto: Electra parecía una guerrera nórdica, con los ojos de un fuerte y destellante azul, su pelo rubio suelto cayendo sobre sus hombros con un cuerpo delgado pero fuerte. Parecida a Aurora, cuyo pecho, muñecas y tobillos se emplumaron, y sus alas crecieron de tamaño, aunque se mantuvo tan delgada como siempre.

Milly y Tamiya crecieron hasta alcanzar a las otras, sus cuerpos se acabaron de desarrollar y el de la segunda era especialmente fuerte, mientras que la primera seguía siendo estilizada. Claro que su fuerza no venía de los músculos. Percy y Patrick crecieron hasta cerca del metro noventa, y sus cuerpos se fortalecieron tanto como el de Ulrich, mientras que Susan seguía siendo un calco de su hermana. Hiroky se volvió tan alto como su hermana, y su cuerpo era igualmente recio pero ligero, sin estar tan marcado como sus compañeros pero igualmente poderoso. En cuanto a Asmae… era la viva imagen de Anthea cuando tenía su edad, al igual que Aelita.

-Hemos tenido problemas técnicos- murmuró Odd, estaban en línea todos ellos. El otro grupo se colocó de la misma forma, justo ante ellos.

Entre ambos, físicamente había unos dos metros de distancia. Mentalmente estaban a años luz. Susan y Marin se miraron con un deje de tristeza, sabían que de alguna manera todo se iría a la mierda en breve, sabían que iban a luchar y en sus mentes no dejaban de brotar las imágenes de sus hermanos y hermanas combatiendo juntos, y les daba una profunda tristeza que aquella a la que consideraban su familia fueran a luchar entre ellos, seguramente que a muerte.

Jeremy no entendía qué había salido mal, y sentía remordimientos por ver a su primo justo en frente de él, que también se le observaba alicaido. Un juramento interno nació en ellos y prometieron no atacar al otro, no así Aelita y Asmae, cuyas miradas chocaron en el aire con un cierto odio entre ellas, si se pudieran matar entre ellas lo harían casi sin dudar, la traición que una había hecho le dolía en lo más profundo a la otra, y hasta que no vieron a su gemela aquel sentimiento no se encendió en sus corazones.

No eran las únicas familias rotas. Yumi miraba con cierta decepción a su hermanito y a Milly y Tamiya - casi sus hermanas menores - esperando que en el último momento se dieran cuenta y volvieran al lado de la luz, pero ellos la miraban sin comprender su necedad y no ver que los culpables eran los otros, pues su tibieza había provocado todo. Aurora ni era capaz de mirar al frente, pero la mirada de odio directa de Electra a Odd, que no dudó en devolverle, era suficiente para que el segundo deseara clavarle todas sus agujas escarlata en el pecho.

Sissi, Herb y Nicolas recordaban, con sus cabezas gachas, como el ego les había llevado por exáctamente el mismo camino que ahora llevaba a sus excompañeros, mientras Percy les miraba con altivez, como creyéndose superior a ellos, recordando cómo se habían humillado anteriormente para unirse al grupo, y deseando encontrándose con William y Jhonny para machacarles la cabeza. Ulrich le sostenía la mirada, preguntándose cómo alguien como él, tan buen amigo como había sido, se atrevía a ser tan imbécil.

Todas esas emociones nacieron por dos sucesos. Dos cosas que habían pasado en un lapso de tiempo muy corto, y que cada grupo tenía muy claro que había pasado por culpa del otro.

-Supongo que era más importante que salvar a Sam, ¿no?- comentó Percy, cruzándose de brazos.

-Eso podríamos decir de vosotros, que estábais más cerca- Aelita sonrió falsamente.

-Claro, porque habéis tenido un éxito de puta madre evitando que los Jinetes hagan nada, sí, sin duda- terció Tamiya.

-Y vosotros lo habéis hecho tan genial, que habéis encerrado a Will en el puñetero Infierno- les espetó Yumi, cruzada de brazos.

-Seguro que se lo merecía, después de matar a Sam- gruñó Electra, y Odd la miró rabioso.

-¿Qué pruebas tienes?- preguntó, incapaz de entender cómo se atrevía a semejante afirmación.

Las manos de la rubia comenzaron a crepitar con energía eléctrica- ¿Las quieres? Ven a por ellas, gato de mierda- y el cielo se cubrió.

Aquella fue señal suficiente, los Guerreros se pusieron en movimiento, mientras el grupo de Aelita se movía hacia atrás para parapetarse, mientras el de Electra permanecía en su sitio, no sin antes que esta les gritara que eran unos cobardes, pero así podían decidirse a actuar sin peligro a que los demás pudieran oírles. En cuanto les vieron moverse los Guerreros se movieron hacia el punto determinado, mientras se preparaban para combatir, cargando las armas de fuego.

-Sois unos parlamentarios de puta madre, con vosotros los problemas se acabarían rápido- bromeaba Odd (910) mientras cargaba las metralletas.

-No es nuestra culpa que sean gilipollas. Daos prisa, no quiero que sean los primeros en atacar- la Guardiana de la luz no estaba para bromas, claramente.

Los Guerreros se miraron y los conductores pisaron el acelerador para llegar cuanto antes, apenas había cinco kilómetros pero el terreno era algo escarpado. De todas formas, si no podían cargar todos juntos tenían un plan B, por si acaso. Tenían letras hasta casi la Z, así que ese no era un problema. Los Guardianes, por su parte, se habían congregado a varios kilómetros de la puerta, que quedaba a la derecha de ellos, con los otros en frente de ellos, también a varios kilómetros.

-¿Listos?- preguntó simplemente Aelita, cruzada de brazos, con los demás a su vera. Jeremy suspiró.

-No, pero no hay otra forma…- añadió Ulrich, mientras tomó la mano de Yumi, que lloró en silencio.

Una escena similar pasaba con los demás. Asmae estaba cabizbaja, Electra susurraba junto a Aurora para coordinarse durante el vuelo, y Milly abrazaba por detrás a Hiroky, que no quería tener que enfrentarse a su hermana mayor.

-Yo tampoco quiero esto- comenzó de pronto Electra, que con un gesto les había pedido ponerse en fila.

Les miró con cierto orgullo- Sois mi familia, y os amo. Ellos… espero que entiendan con esto. Lo que hoy pase… Lo cambiará todo- uno a uno les tomó la mano, y les abrazó.

Cuando hubo terminado, se rodeó de su energía, les miró con determinación, y se elevó en el aire junto a Aurora, indicando a los demás que se comenzaran a mover.

La batalla había dado inicio.

El equipo de Electra se movió, rodeados de su energía, a toda velocidad contra sus antiguos aliados, con sus armas preparadas para la batalla. Estos no se hicieron de rogar y cargaron igualmente, indicando a los Guerreros que fueran por el frente y con ellos a los lados.

-¡QUE EMPIECE EL ROCK!- gritó Odd (910), lanzando el primer misil desde su jeep.

Este voló por el aire en dirección a Percy, que lanzó una esfera de energía desde una mano que hizo explotar el cohete, cuya bola de fuego atravesó rodeado de sus poderes, y siguió adelante. Sin embargo, ante ellos apareció de la nada un muro de energía, creado por Sissi, Herb y Nicolas, que se encontraban en la retaguardia del Equipo Aelita.

-¡Plasma relámpago!- Ulrich apareció justo delante de ellos, usando uno de los portales de Marin.

Esta se encontraba con los otros tres, concentrada en el combate. Con sus poderes impedía que nadie que no fuera ella pudiera transportarse a lo largo de la explanada, por lo que si querían moverse tendrían que hacerlo usando métodos convencionales. El ataque del Guardián del Fuego impactó de lleno en su objetivo, pero Patrick se interpuso delante, elevando una pared de roca para protegerles.

-¡Gran cuerno!- y de sus manos nacieron ingentes cantidades de energía, Ulrich las pudo esquivar por los pelos pero cayó en campo enemigo.

Allí, se vio rodeado por Percy y Tamiya, que fueron con todo usando sus armas: él su hacha, y ella una lanza de energía. El otro usó sus chakrams y comenzó un baile de llamas para defenderse, y rápidamente se encontró apoyado por Jeremy, que usó su tridente para intentar empalar a Percy, que se defendió con su extinción de la luz estelar. Para protegerse el rubio se vio obligado a levantar un muro de energía, pero Tamiya le intentó atacar desde un costado, de lo que se tuvo que defender.

En el aire, Electra comenzó a lanzar rayos, mientras Aurora provocaba fuertes vientos que potenciaban a sus aliados, pero no estaban solas en los cielos. Aelita también estaba presente, con su escudo listo para la acción, acompañada de Odd, que se había transformado en un pegaso blanco. De hecho ella cabalgaba sobre su grupa como si fuera una valquiria.

-¡Trueno atómico!- de las manos de la Guardiana de la Luz emanaron millones de haces de luz que volaron a toda velocidad hacia las otras dos. Electra, usando su martillo, lograba desviar aquellos que iban hacia ella, mientras Aurora volaba con elegancia por encima, evitando el ataque.

Hecho eso, Aelita se levantó sobre la grupa de Odd, y pegó un gran salto, comenzando a volar. Este recuperó su forma humana y se impulsó con su energía directo a por Aurora. Esta logró esquivarle, pero él se enganchó a sus tobillos, y trepó sin pudor apoyándose donde podía, haciéndola chillar.

-¡Siempre has sido un puto guarro, desgraciado!- la Guardiana del Viento intentó agarrarle para tirarle, pero él se había enganchado tan bien que incluso la rodeó con sus piernas.

-¡Lo que quieres es que te follen como toca! ¡Que os he oído, no has tenido un orgasmo en meses!- él sabía que eso la cabreaba, y lo logró.

Tanto se molestó que desestabilizó su vuelo y logró que ambos cayeran al suelo, y él aprovechó para agarrarla de las alas y que le costara más aún volar.

-Puto pervertido…- gruñó Electra, tenía delante a Aelita, que se puso en posición defensiva.

La primera se impulsó con sus ojos centelleando, y rayos retumbaron tras ella. La segunda interpuso su escudo cuando la otra le quiso golpear con el mismo, con tanta fuerza fue el impacto que Aelita salió disparada hacia abajo, pero logró detenerse en el aire y fue a por la otra, impactando contra el cuerpo de ella con todas sus fuerzas, rodeada de sus poderes. Se enzarzaron entonces en una danza de patadas y puñetazos, a una velocidad tal que más de uno dio en blanco, dándole fuertes golpes a la otra. Varios de ellos iban rodeados de energía, lo que hacía que fueran más potentes y dolorosos.

En tierra, Yumi se enfrentaba contra Milly y Patrick, usando sus plantas para intentar inmovilizarse, y, cerca de ellos, Hiroky luchaba junto a Asmae contra los Guerreros, que les habían lanzado aquellos aparatos que les quitaban los poderes. La segunda lo había esquivado, no así el primero, que cayó presa de aquel aparato, pero de alguna forma tenía aún acceso a los mismos, pero limitadamente.

-Qué interesante, ahora sois más fuertes, parece…- murmuraba Obara, estaba la primera de todos. En una mano tenía una bola de fuego, y de la otra emanaba un frío helador.

-Sí, y os vamos a dar una gran paliza- Asmae se lanzó a por ella.

Cuando iba a darle un puñetazo, este dio con una protección, creada por Sissi, que estaba allí cerca. Esta le lanzó una exclamación de luz estelar, que tuvo que esquivar por la potencia de la misma, a la vez que los otros dos defendían a Marin, que seguía haciendo de las suyas al hacer y quitar portales para apoyar a sus aliados. Hasta que se dio cuenta de la falta de alguien.

-Susan… ¡Susan! ¡Cuidado, chicos!- y de la nada apareció una poderosa explosión de energía que dio de lleno en los jeeps, haciéndoles explotar.

La aludida apareció entre el fuego, con su guadaña en la mano, y su energía brillando en un fuerte tono índigo.

-¡Explosión de galaxias!- de sus manos emanó más energía, que lanzó contra Sissi, Herb y Nicolas, que tuvieron que levantarse para esquivar aquel ataque, momento que Asmae aprovechó para quitarle a Hiroky aquel inhibidor de un tirón.

Unas dagas se clavaron en su armadura, cortesía de Jérémie (910), que, junto a Aelita (910), estaban tras Marin. Tendría que intervenir la Guardiana, mientras se rodeaba de su energía. Los otros Guerreros no se quedaron quietos, y se lanzaron contra Asmae e Hiroky, que se defendieron usando muros de energía, aunque estos usaban rápidos y ágiles movimientos, y que dieron varias veces en el rostro y estómago de los Guardianes, pero eran demasiado flojos para hacerles daño de verdad. El muchacho, cabreado con ellos, les lanzó un fuerte ataque de energía, y que dio a los Ulrich y Yumi Guerreros en el pecho, derribándoles, y haciendo que sus cuerpos humearan. Morgan se lanzó al cuello del japonés, que la esquivó a duras penas y tuvo que evitar que los cuchillos de ella le dieran en la garganta y le rajaran, hasta que dos cuerpos cayeron a unos metros de ellos. Eran Aurora y Odd, el Guardián.

-¡Aguja escarlata!- del dedo de él salieron varios haces de energía que dieron en el estómago y hombros de ella, que gruñó adolorida, pero no se amilanó.

-¡Te quitaré los sentidos, Odd! ¡Tesoro del cielo!- y dos haces de luz fueron directos a los ojos de él.

Odd dio un gran salto, esquivando el ataque, pero le acabó dando en los pies, derribándole, siendo protegido por Sissi y Herb, que se lanzaron a por la angélida, tirándola, siendo Nico el que le atacó con su exclamación estelar, y destruyendo las rocas a su paso.

Asmae gruñó, y entonces miró a lo alto. En el cielo, Aelita y Electra seguían luchando con todos sus poderes, y decidió que tendría que ayudar a su amiga. Si la Luz caía, los demás con esta, y ella era la más poderosa. Se rodeó de su energía, y salió volando, con Marin detrás para pararla, pero ella le lanzó varias esferas de energía, impactando varias en la cara de ella, y haciendo que se ralentizara. De hecho la derribó, justo a tiempo para que pudiera detener a Susan, que pretendía atravesar con su guadaña el lateral del cuerpo de William (910), que cayó al suelo tras ser derribado por Aurora, con Odd a sus espaldas, que pretendía atacar con su aguja escarlata.

Una vez que la Guardiana de la Fe se elevó lo suficiente, vio a Electra sudando, con Aelita con su escudo, preparando un nuevo trueno atómico. Se lanzó a por su hermana, que la esquivó cuando la sintió a su lado, y le impactó el escudo en su cabeza, pero la otra siguió avanzando hasta estar al lado de Electra, que lanzó su Excalibur contra la otra. Ella lo detuvo con su escudo a duras penas, y, creando una espada de luz, fue a por las otras dos. Era un combate muy complicado para todos, no sólo por la cercanía en poderes, también porque delante tenían a sus mejores amigos, hermanos… Era como pelear con uno mismo prácticamente.

-¡Electra, para con esto!- gritó Aelita, elevando su energía.

-¡Eras mi hermana, Aelita! ¡Te amé como a tal! ¡Pero tu ego te consumió!- Electra elevó su brazo, que comenzó a brillar.

Del mismo emanaron haces de luz cortantes, que Aelita esquivó a duras penas.

-No vamos a parar, Aelita- dijo Asmae, mientras apretaba los puños.

-¡No mientras vosotros no asumáis la culpa!- y entonces le hizo un placaje que la pilló desprevenida. La tomó desde la cintura, y tiró de ella contra el suelo, mientras la otra le propinaba fuertes puñetazos en la espalda, incapaz de liberarse.

Cayeron como un meteoro contra el suelo, mientras rayos caían por todas partes, cortesía de Electra, que impedía de esta manera que otra persona pudiera actuar. Aelita recibía los puños de su hermana con rabia, los intentaba encajar protegiéndose con su energía para que no le hiciera más daño, pero era complicado. A eso había que sumar su hija. Le aterró pensar que le fuera a pasar algo, más cuando le había prometido a la Guerrera que se lo entregaría minutos antes.

Jeremy vio con horror como aquello pasaba, pero Percy le detuvo agarrándole por el brazo y dándole un puñetazo. Unas fuertes enredaderas hechas por Yumi le tomaron del pecho pero unos fuertes vientos eliminaron las plantas, aunque una llamarada de Ulrich desconcentró a Aurora, que acabó cayendo al suelo siendo rescatada por Patrick, que esquivó a Odd cuando este intentó derribar a ambos.

Era una batalla campal, y mientras eso pasaba, entre Hitoky, Milly y Tamiya lanzaron un gran haz de luz contra Marin, que colocó un gran vórtice para expeler el ataque, a la vez que Herb, Nico y Sissi creaban una gran cúpula sobre ellos para impedir que los rayos de Electra cayeran sobre ellos, aunque esta atravesó el mismo con un portal aprovechando que la Guardiana del espacio estaba desconcentrada.

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Jhonny miraba por la ventana, serio. Le hubiera encantado participar del lado de Aelita, pues entendía, ahora mejor que nunca, que la razón la llevaban ellos. Pero tenía una misión que cumplir, con Beatrice a horas de dar a luz. Estaba empezando a notar la epidural que le habían puesto, ni sentía sus piernas y hablaba a través de la energía con su hija, Ariadna, pero no le había quitado la vista de encima al nephilim.

-Jhonny- este se giró cuando ella le habló. Se giró, y la miró con interés.

Ella le miró a los ojos- ¿Estás… bien? Te noto preocupado. Y no es solo por la batalla-

Él suspiró- Hace días que no veo a mi madre, Tinieblas me ha pintado un futuro horrible, Miguel ya tiene su cuerpo… tu hija es lo único bueno que pasará hoy- comentó.

Ella suspiró, y llevó una de sus manos a su tripa, indicándole que hablaran.

-¡Hola hermanito! No te preocupes, todo irá bien. Cuando papá venga, te aseguro que irá a mejor- y este sollozó.

-No va a salir… Yo… no sé si puedo. Siento a Tinieblas usando sus poderes para evitarlo- murmuró, triste.

Ella bajó el rostro, y oyeron la voz de la neonata resonando en sus energías.

-Él volverá. Os lo prometo- oyeron, y se hizo el silencio entonces.

No se rompió hasta que él tuvo el valor de intervenir- Tienes suerte con ella. Y por eso debe vivir- comentó, y simplemente se levantó, algo nervioso.

En ese momento volvió Noelia, que justo acababa de poner todo en orden. Sin más, se sentó cansada en uno de los sofás que había y suspiró, derrotada.

Beatrice se recolocó en su sitio, mientras suspiraba- Casi me parece que te preocupas más por lo que pueda pasar de malo que por ella- le recriminó en cierta medida.

Él bajó algo la cabeza- Lo siento… somos algo hipócritas, sí. Intento mejorar en eso- explicó, y ella le sonrió.

-Lo entiendo, tranquilo- miró por la ventana entonces. Sus ojos brillaron un poco, estaba hablando con su hija.

-Sí, tu hermanito a veces… bueno, dentro de poco le conocerás- afirmó ella, y, para dejarle algo de intimidad, salió de allí, insistiendo a la chica perro que lo hiciera también.

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Aelita notaba como su hermana, Asmae, apretaba cada vez más para seguir avanzando por las rocas, haciendo un largo surco en el suelo. Eventualmente desaceleraron, pero lo que no se detuvo fueron los golpes de la segunda sobre la primera. Pese a ello Aelita logró detenerla con las manos y entonces la enganchó con sus piernas por la cadera, tiró de ella con todas sus fuerzas, y pegando un fuerte chillido logró derribarla contra el suelo, quedando ahora la Guardiana de la Luz por encima.

Ella comenzó entonces a golpearla en el rostro con toda la violencia que podía, pero la rabia que sentía la hizo comenzar a llorar, gritando. De pronto alguien la tomó por detrás, se trataba de Electra, que la derribó contra las rocas, pero los demás no tardaron demasiado en llegar. Se volvieron a enzarzar en una ola de violencia entre ellos, lanzándose ataques de energía entre todos sin casi cuartel, pero las dos hermanas se volvieron a cruzar en apenas unos momentos.

Esa vez Asmae tomó su espada y atacó a su hermana, que se defendía con su escudo y la atacaba con un arma de luz, en una danza de golpes, movimientos veloces y rápidos cortes directos al cuello que eran bloqueados, detenidos o esquivados con la misma o incluso más habilidad. Eran iguales en poder y maestría, pero una no tenía los escrúpulos de la otra.

En un momento dado, Asmae, usando su espada, fue directa a los ojos de la otra para cegarla con un rápido movimiento. Esta no logró esquivarlo, y le hizo un corte en la cara que inmediatamente comenzó a sangrar, sacándole un aullido de dolor. Entonces, y como el tajo afectaba a la nariz más que al ojo, la otra le lanzó tierra a la cara, en una jugada sucia que sí logró hacer que la otra cerrara los ojos. Guiándose por su energía pudo esquivar los dos primeros ataques de su hermana, pero, con todo el jaleo energético de la batalla, era como intentar guiarse con el oído por una sala llena de personas hablando en alto y con música de fondo. La agarraron por detrás lo suficiente para que la Guardiana de la fe atravesara su pierna derecha con la espada.

-¡Trueno atómico!- Aelitalanzó el ataque de frente con toda su potencia, y se elevó en el aire en cuanto se sintió libre, rodeandose de su energía para curarse a ella misma.

De pronto vio una gran onda de energía directa a ella, que logró evadir por poco, y a los pocos segundos, reapareció Asmae.

-¡¿Cómo pudiste, hermana?!- le chilló la primera, pero la otra frunció el ceño.

Se rodeó de su energía y lanzó su ataque principal: el trueno atómico. Aelita lo conocía a la perfección, pero era todo un espejismo: en cuanto lo detuvo con las manos, la otra se colocó a su lateral y lanzó un segundo ataque imposible de esquivar. Dio de lleno, como era de esperar, y lanzó a la Guardiana de la Luz contra el suelo. No dispuesta a que pudiera salir indemne de nuevo, se rodeó de su energía y fue tras ella, logró tomarla por el tobillo, y volvió a clavar su espada en el cuerpo de su hermana, esa vez en el pecho. Esta perdió el color de su rostro y cayó casi sin aliento al suelo. La mujer se estaba despidiendo mentalmente de todo, intentando hablar con la energía de los pocos a los que llamaba familia con sus últimas fuerzas… cuando todo a su alrededor se ralentizó.

-¿S-Susan? ¿Jeremy, mi amor, eres tú? Yumi, Odd, Ulrich…- sollozó, y una suave voz erizó todos los vellos de su cuerpo, una que reconoció al instante. Su alter ego celeste.

-No cariño. Pero puedo ayudarte más que todos ellos juntos- la voz de Lucifer la relajó por completo.

-Incluso ahora… mientras muero, intentas convencerme- gruñó ella, y la risita de él la enfureció y animó a partes iguales.

-Bueno, así no morirías.Y lo más importante: tu semilla y la del Guardián del Agua sobreviviría y crecería en un mundo mejor. ¿No crees que sería injusto para ella no tener esa oportunidad?- y un solo nombre salió de los labios de ella.

-Maya… se llamará Maya- afirmó la mujer, y Lucifer la rodeó con su fuerza.

Era injusto, y totalmente sucio y rastrero por su parte. Pero, por una vez en su vida, iba a ser egoísta.

-Acepto- y según pronunció la última sílaba, un potente resplandor iluminó el cielo.

Se tuvieron que tapar los ojos todos los presentes para evitar ser cegados, y cuando el exceso de luz desapareció, comprobaron que Aelita estaba en el suelo. Su pelo brillaba como el Sol, así como sus ojos, de los que emanaban grandes cantidades de energía y en su espalda, dos grandes alas doradas batían suavemente. Toda herida de su cuerpo había desaparecido, y un aura de poder no dejaba de sentirse venir de ella. Ni siquiera se despidió de ellos, no hacía falta tampoco. Asmae entendía qué había pasado: Lucifer ya había tomado control de ella. No había otra explicación, pero aquello no iba a evitar que la pelea siguiera adelante. De hecho no había hecho más que empezar, tenían energía de sobra para seguir.

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Desde la distancia, Jhonny lo había sentido todo. Miraba por la ventana nervioso, la Naturaleza estaba viéndose afectada por el cataclismo. Una guerra civil entre los Guardianes era lo que tenía, literalmente todo se revolucionaba: el cielo de todo el planeta se había llenado de nubes, los vientos aullaban, los animales estaban con la mirada perdida, las aguas estaban arremolinadas, la tierra temblaba, y había bajadas y subidas de temperatura repentinas.

-¿Cómo deben estar las cosas, para que en las noticias estén así?- la voz de Beatrice le sacó de su ensoñación.

Él se giró entonces, ella estaba viendo la tele, y señaló al aparato. La presentadora relataba cómo los elementos parecían haberse vuelto locos.

-Imágenes de satélite muestran cómo parece haber una batalla campal entre los famosos héroes adolescentes llamados Guardianes, y múltiples manifestaciones de grupos fanáticos que les idolatran como dioses están provocando tumultos pidiendo hacerles sacrificios para calmar su ira. Seguiremos informando sobre esto. En otro orden de cosas…-

Jhonny suspiró.

-Joder…- murmuró, simplemente.

-Ya. Pero… poco podrías hacer, incluso con todos tus poderes- él alzó la vista, sorprendido, y la mujer se lo pensó antes de seguir.

Noelia la miró con interés, estaba leyendo una revista ante la perspectiva de poco poder hacer más que esperar.

-Aunque pararas la batalla ahora mismo los ánimos seguirían caldeados, y la próxima vez que se vieran volverían a luchar. Puede que incluso se intenten apuñalar por la espalda antes de forma traicionera… aunque nos duela, es mejor que ahora lo den todo- se acarició la barriga en silencio.

El sedante comenzaba a hacer efecto, apenas notaba las piernas y aunque notaba que su cuerpo se preparaba para el parto, no le era tan doloroso como seguro sería de no tener ese tratamiento.

-Creo… que ahora se tienen que desquitar, para luego reconciliarse. Si es que eso pasa- aseguró.

Ariadnna intervino entonces- Mami… ¿tú quieres que se reconcilien?- preguntó, y ella asintió.

-No es tan fácil- intervino Jhonny, cruzándose de brazos.

Pero a la Anti no le pareció importar eso -Ellos son buenos, lo sé. Y aunque ahora estén enfadados… yo les convenceré de no hacerlo- Beatrice sonrió un poco.

-Y le demostraré a mi padre que no tengo nada que ver con él. Yo no soy un demonio. Yo soy yo- afirmó.

Jhonny suspiró, se sentía identificado con esa forma de pensar. Él tampoco se parecía muchísimo a su padre, y esperaba y deseaba que ella se pareciera en ese sentido.

-Hermanito- a Jhonny se le hacía muy raro que le llamara así.

-¿Sí?- preguntó, con interés.

-Gracias. Pronto podré veros finalmente- y entonces su energía estalló, rodeando a Beatrice.

La energía de la Anti, y la de su anterior encarnación, Arión, comenzaron a arder al unísono, y la joven supo al instante qué estaba pasando. Un cálido líquido empapó sus piernas, sábanas e incluso cama, y fue palmario lo que estaba ocurriendo. Acaba de romper aguas… el nacimiento estaba a punto de llevarse a cabo.

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La batalla entre Guardianes continuaba adelante, con una escalada de violencia aún mayor tras la toma del cuerpo de Aelita, en una guerra brutal entre las mismas fuerzas de la naturaleza, Los cielos eran el reino de Electra, desde el que no dejaban de caer rayos y flashes de luz cortante. Sin embargo si las alturas eran controlados por la Guardiana del Rayo, Aurora recorría la superficie de la Tierra a la velocidad de la luz con el beneplácito de Patrick, que levantaba grandes rocas con las que pretendía que chocaran sus enemigos, entre los que estaban Ulrich, Odd y Yumi. Jeremy disputaba feroz combate con Asmae, a la que le había pillado especial ganas tras dañar a su pareja, a lo que se sumaba que ella había aceptado al arcángel en su seno. Al igual que había pasado momentos antes con Asmeya, habían notado la onda expansiva de aquel suceso.

Por su parte, Percy, junto a Susan, luchaban con Marin y Herb, a la vez que Sissi y Nicolas se defendían de Milly, Tamiya e Hiroky, en un combate de energía y fuerza en la que los Guerreros no habían participado… hasta entonces. Se estaban preparando para entrar en acción. Protegidos por su debilidad, habían podido pasar desapercibidos salvo momentos puntuales en que algún Guardián les prestaba atención, momento en que eran protegidos por alguien del Equipo de Aelita, pudiendo así trabajar sin demasiados problemas. La idea era sencilla pero difícil de ejecutar a la vez: tomarían sus armas más en apariencia inútiles contra los Guardianes - cuchillos y katanas - bañadas en la energía de sus compañeros de equipo, y las usarían junto a los inhibidores. La idea era que pensaran que la amenaza estaba en los segundos y no repararan en los primeros, de tal forma que cuando atravesaran su carne les provocaran un gran daño. Ese era el plan C ya que el A y el B requería de los jeeps y estos estaban destruidos.

Como se ha dicho, es más fácil decir que hacer. Lo primero era poder embadurnar las hojas con la esencia de un guardián, y tenían claro quién sería el donante, lo había pedido expresamente: sería Marin. Estaba se encontraba cara a cara con su hermana, y aunque lanzaban esferas de energía entre ellas, hablaban a través de la mente de la otra.

-¡Esto tiene que acabar YA! Se nos ha ido de la mano, ¡se supone que ibas a poner orden, Susan!- le echaba en cara Marin.

Esta sollozó- No pude… ¡nunca atendieron a razones, y…. me convencieron, Marin! Lo siento… te he fallado- murmuró, y vio cómo Marin le lanzaba sus dagas, que aparecieron por detrás de ella.

La otra las detuvo con su guadaña, y pateó el suelo, con rabia, encendiendo su energía.

-Pero tienes razón… esto acabará aquí y ahora- preparó entonces su ataque, y Marin supo que era su oportunidad.

-¡Explosión de galaxias!- las dos gritaron a la vez, pero aunque toda la energía de Susan fue al ataque, Marin desvió buena parte de la misma hacia las armas, haciendo que el ataque de la otra le diera de lleno.

-¡MARIN!- la voz de Susan se rompió al ver a su hermana caer al suelo, con su cuerpo ensangrentado, y corrió hacia ella a toda velocidad.

Ni siquiera se lo planteó y la tomó entre sus brazos, desapareciendo en el acto. Para cuando Percy, Sissi, Herb, Hiroky, Milly y Tamiya quisieron intervenir ambas hermanas ya no estaban allí, pero ni se detuvieron para saber dónde se encontraban, pues volvieron a pelear entre ellos al sentirse más traicionados aún por lo sucedido, así que siguieron adelante. Nada más lejos de la realidad, pues Susan tenía entre sus manos a una brillante Marin, por inercia estaban en un hospital. En concreto, el mismo en que estaban Beatrice, Jhonny y Noelia. La presencia del nephilim las había guiado a través de las dimensiones para al menos sentirse en un lugar seguro.

Nada más aterrizar, la joven se vio envuelta en una fuerte energía dorada que obligó a la otra a separarse y que su cuerpo eyectó de forma natural, mientras todas las personas presentes miraban con asombro el proceso. Su pelo se volvió dorado, sus ojos se mantuvieron marrones, y su nariz puntiaguda permaneció intacta, aunque su cuerpo pasó a ser algo más esbelto, siendo ahora un par de centímetros más alta.

-Rictania…- el verdadero nombre de la Guardiana brotó del pecho de Susan, que la miró asustada.

Se había incorporado de golpe, y giró su rostro al oír el nombre- Arkytior…. ¿funcionó?- preguntó. Esta la miró sin entender, y la primera cayó entonces en la cuenta.

Sin embargo a Susan eso no le importó. Lo primero era tener ahí a su hermana sana y salva. La abrazó de pronto, para sorpresa de esta, que se dejó hacer al oír a la otra sollozar. Por supuesto no faltaron los que grabaron la escena y sacaron fotos. Tener a dos de las Guardianas de la naturaleza delante, tan cerca y en esa actitud no era algo que se viera comúnmente, y menos con las noticias que aseguraban que poco menos se estaban matando entre ellos.

-¿Podrás perdonarme…?- preguntó Susan en su lengua materna, mientras se entrelazaban y sollozaba un poco. La otra asintió lentamente, y la ayudó a levantarse.

Se miraron a los ojos y alzaron la cabeza, sabían a donde ir, así que desaparecieron de nuevo en el aire. Destino: el cuarto en que estaba Jhonny, Noelia y, al parecer Beatrice… sí que estaban algo desactualizadas.

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Las intuiciones de Marin eran correctas. Una de las katanas que habían salvado del jeep que conducía Jérémie (910) brilló en un fuerte tono perla, señal de que estaba cargada de los poderes de la Dama del Tiempo, y que Aelita (910) tomó con determinación tras ver cómo los poderes de ella penetraban en la hoja. Avisó a los demás por los comunicadores, y entonces, se pusieron en posición. Morgan saltó sobre Jeremy (911), que la impulsó y lanzó contra Electra, a la que abrazó y se pegó como una lapa, tomándola por la espalda y ciñéndose a su cuerpo. Grandes enredaderas, cortesía de Yumi, se elevaron desde el suelo, pero no fue lo único que pasó.

Ulich placó a Percy contra el suelo, mientras Odd y Nico reducían a Patrick, e Hiroky, Milly y Tamiya eran perseguidos por Sissi y Herb, aunque delante de ellos apareció unas barreras hechas por los dos mayores, que no podían permitir que pudieran salir de allí. Pero quedaban otros Guardianes del Equipo de Electra: Aurora y Asmae. Ambas atacaron, y sin ningún Guardián para detenerlas, no tuvieron oposición por parte de los Guerreros, que, aunque se colocaron por delante, salieron volando: Ulrich (910) y Jérémie (910) fueron los primeros, que recibieron un viento cortante directos a sus estómagos; Aelita y Odd (910) fueron los siguientes, aunque en su caso mordieron el polvo tras la explosión energética de Asmae; mientras William, Obara y Yumi se quedaron casi sin aire cuando la Guardiana del Viento les golpeó con una de sus tonfas en sus pechos.

Pero la que sí les paró fue su antigua compañera, la Guardiana de la Naturaleza: Yumi les rodeó con sus rosas y un fuerte aroma venenoso impregnó el aire, mientras en la mano de la japonesa apareció una rosa blanca. Sin dudar las lanzó, y aunque Asmae se pudo mover antes de que impactara en ella, no así Aurora, que la recibió directa en su pecho pero no impidió que fuera hacia adelante. Sabiendo que no podía con ellas dos dio un gran salto y cayó a varios metros, e hizo aparecer su báculo.

-Yumi… ¡Ahora verás el poder del viento! ¡Tesoro del Cielo!- de las manos de Aurora emanaron grandes cantidades de energía, y que Yumi esquivó con agilidad.

Asmae también atacó, y se elevó en el aire de un salto para imprimirle más fuerza a su puño, del que la otra se defendió colocando sus brazos en x. Los otros estaban demasiado ensimismados y dejaron que los otros se liberaran.

Grave error, ya que les dieron con todo lo que tenían, para volver a colocarse en posición. Sabiendo que así poco iban a poder hacer, Aelita (910) le lanzó la espada a Odd, que la tomó con facilidad y se la colocó al cinto. En cuanto tuviera oportunidad la usaría. Pero aún quedaba batalla por delante, llevaban varias horas luchando y todos tenían energías de sobra para ello, estaba por desencadenarse una de las batallas más duras de la historia.

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Marin y Susan aparecieron justo en frente de Beatrice, que estaba sudando en frío mientras Jhonny salía justamente por la puerta para llamar a una enfermera para que se pusieran a atender a la mujer. En cuanto volvió se sorprendió de verlas allí, de hecho se encontró con que Noelia casi ataca a Marin por no reconocerla en primera instancia, pero fue sentir su energía, y comprender que era ella. El caso es que no estaba transformada, lo cual implicaba que se había regenerado de forma natural, pues su especie tenía esa capacidad: ante heridas letales se desencadena un proceso por el que se modifica toda la línea genética de la totalidad de las células, dando así paso a un nuevo individuo diferente del anterior.

-¿Qué sucede, porqué estáis aquí?- preguntó él, alarmado. Sería Susan la que respondiera mientras la otra se sentaba pesadamente en un sofá. Estaba algo mareada por lo que tuvo que ser ayudada por Noelia.

-Casi mato a Marin en la batalla, y… me he venido abajo, intenté controlar a los demás y fracasé… y cuando casi acabo con ella…- ella por poco no se rompió entonces.

Jhonny simplemente suspiró- Bueno, al menos no pasó. Pero deberíais…- cuando iba a hablar, Beatrice dio un grito, devolviendo a la realidad a los Guardianes.

Segundos después aparecieron un par de enfermeras y la ginecóloga, y se llevaron de allí la cama de la parturienta, con esta nerviosa y directa a la sala de partos y pidiendo que las dejaran hacer a ellas. Debieron reconocerles ya que mientras avanzaban por el pasillo comenzaron a pensar en pedirles alguna foto o un autógrafo.

-Lo que decía: deberíais volver. Hay que pararles, si yo no voy es porque… bueno, Ariadna me enseñó un futuro terrible, y real, si ella no nace. Sólo espero… que suceda pronto- murmuró.

Ellas se miraron- Yo no… que voz más rara- murmuró Marin, aclarándose un poco la garganta.

Jhonny y Noelia la miraron con sorpresa- Yo no puedo ir. Me acabo de regenerar y estoy inestable, literalmente. Podría estallar como una supernova- murmuró, mientras se cruzaba de brazos.

El otro asintió- Y tú no estás en condiciones mentales, Su- la aludida asintió. Jhonny chasqueó la lengua.

-¿Seguras?- y estas asintieron, con cierta tristeza.

-¿No eras la Guardiana del Tiempo? Algo podrás hacer- pero la aludida negó con vehemencia.

-Imposible, bastante hemos liado ya como para empezar a joder con el tiempo- exclamó, seria.

Comenzó entonces una retahíla de explicaciones técnicas sobre por qué no era buena idea aquella idea. No sólo por las implicaciones en la vida de los demás, sino porque romper la linealidad temporal crearía distorsiones, afectaría a sus vidas de forma que uno no podía entender…

-¡Vale, vale, lo entiendo! ¡Nada de viajes temporales! Pero en ese caso… sólo tenemos como opción que nazca ella, y solo entonces podremos pararles- murmuró.

Y al ser el primer parto de ella, podía tardar horas…

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La batalla entre Guardianes seguía adelante. Los Guerreros estaban detrás de uno de los muros de cristal de Sissi, que estaba combatiendo con Tamiya, Patrick e Hiroky, mientras Odd, Jeremy y Ulrich enfrentaban a Asmae y Percy. Aurora estaba tirada en el suelo con Herb sobre ella, mientras Yumi usaba sus enredaderas para aprisionar a Electra todo lo que podía, aunque esta cortaba todo a su paso con Excalibur y sus rayos. Por su parte, Hiroky estaba junto a Milly contra Nico, y por encima de ellos y poniendo en peligro sus vidas, varios helicópteros sobrevolaban el combate. Los militares que, horas antes, habían sido adelantados por Electra y compañía, habían avisado a sus superiores del evento. Aquello se acabó filtrando, y ahora la prensa mundial estaba haciéndose eco del evento, y asistía impactada con cómo unos adolescentes luchaban con una violencia inusitada.

-¡Me aburoooooo! -gritó Odd (910).

-Reconozco que yo también me estoy aburriendo- comentó Sissi (910), estaba sentada en el suelo y con su cabeza apoyada en una mano.

-Poco podemos intervenir por ahora -murmullo Jérémie (910)-. Podríamos morir de un golpe. Hasta que no estén debilitados, será mejor no meternos entre medias-

-Lo sé, lo sé- Odd (910) estaba dando vueltas como un león encerrado.

Morgan suspiro, rascándose la cabeza. Ulrich (910) asintió.

También quería luchar, pero los demás habían sido claros: no podrían asegurarles su seguridad hasta que los demás no estuvieran definitivamente derrotados. Y de aquello había pasado horas,

De hecho, era ya de noche y el cielo estaba iluminado por las luces de la Vía Láctea.

Obara estaba en posición de loto, meditando, pero también estaba nerviosa, pensando en su cachorrillo. Sabía que estaría bien, pero claro… igualmente estaba tensa por ello. Y la batalla delante de ellos tampoco es que le alentara a ello.

Jeremy lanzaba su ejecución aurora contra Asmae, que detenía el ataque con una de las manos, mientras Odd, transformado en un gran tiranosaurio, intentaba romper el cuerpo de Milly, mientras Ulrich y Yumi se enfrentaban a Patrick. Este último elevaba grandes rocas desde el suelo, mientras la mujer usaba sus lianas para romperlas, y su pareja usaba su plasma relámpago para atacar. Tenía Percy entonces que defender a su compañero con su muro de cristal, teniendo que usar luego la exclamación de luz estelar y atacar así a los otros dos. Hiroky estaba con Sissi, y Herb perseguía por el cielo a una Electra que lanzaba rayos constantemente desde su cuerpo, pero tuvo que esquivar a Nico, que fue directo a por ella desde el suelo sin nadie para detenerle. Logró distraerla lo suficiente para que el otro la atrapara y la llevó a toda velocidad contra el suelo, desencadenando una ligera explosión de energía.

-¡Suficiente masacre!- Asmae hizo desaparecer su espada en el aire, y miró a los demás Guardianes, tanto los de su bando como el otro.

-Estamos empatados en poder… Esto solo se solucionará con un enfrentamiento directo, liberando todos nuestros poderes. Sabéis tan bien como yo que sólo así uno de los dos grupos será derrotado- y todos se congregaron.

Estaban con sus energías al tope de su poder, pero no había atisbo de cansancio.

-Cierto… podríamos combatir por semanas, y no lograríamos nada… Esto tiene que acabar- esas palabras de la Guardiana de la Naturaleza cayeron como un metal en los ánimos.

Era la hora. Sin decirse nada, se separaron y reorganizaron a diez metros entre ellos. Por respeto, el equipo de Electra les permitió que se reunieran una última vez con los Guerreros.

-¿Qué coño pasa? ¿Qué hacéis?- preguntó sin entender William (910).

-Muchas gracias por la ayuda, pero esto se va a descontrolar, y no podemos asegurar vuestra seguridad- Jeremy (911) abrió un portal detrás de ellos.

-¿Nos estáis vacilando? O sea, nos…- pero Morgan fue detenida por Yumi (910), que pidió a su homóloga que se explicara.

-Vamos a atacarnos con todo, en una macro explosión de energía… puede que hasta alguno muera- murmuró, y, sin más, les empujó contra el portal.

Estos no se pudieron resistir. Una onda de energía les expulsó hacia su Universo.

-¡Iros a la mierda!- gritó Morgan, justo antes de ser devuelta a su realidad.

Sólo Obara no fue expulsada, pero a ella Ulrich la llevó hacia la ciudad más cercana en un parpadeo, volviendo al lugar del combate en tan sólo un instante. La mujer parpadeó y de pronto se vio en la estación de autobuses de una ciudad, rodeada de gente que veía con atención una pantalla de televisión.

-Hijos de puta….- y unas lágrimas aparecieron en sus ojos. Se iban a matar entre ellos.

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Llevaron a Beatrice directa al paritorio, donde esperaban ya los del equipo médico. Ella estaba nerviosa, aunque su hija ayudaba con su energía para que no le doliera tanto como en condiciones normales pasaría.

-Respira conmigo cielo- una voz la sacó de su ensoñación. Delante de ella apareció una enfermera, que le sonrió cálidamente. Tenía el pelo cano y algunas arrugas comenzaban a aparecer en su rostro.

-Poco a poco, venga….- y Beatrice intentó emular su ritmo respiratorio. La otra tomó su mano y la apretó ligeramente.

-Tu vagina se está dilatando poco a poco. Si llega a 10 centímetros, no sería necesario recurrir a la cesárea. De todas maneras, estamos listos, como un último recurso cariño. ¿Bien?- y la joven asintió.

Todas esas palabras reconfortantes, sin embargo, no ayudaron demasiado a su tensión interna. Su cabeza no paraba de imaginarse malos escenarios; horas y horas de parto, o acabar tan cansada que incluso muera, llegando incluso a pensar que Ariadna muriera también, cosa que le aterraba casi más, sobretodo después de que Jhonny asegurara que ella iba a ser tan fundamental.

-Todo irá bien mami- aseguró la menor, y su madre sólo pudo sonreír en su mente. En realidad estaba gimiendo algo por las contracciones.

También le alteraba el gran giro que su vida había vivido. En apenas unas semanas había pasado de ser una universitaria cualquiera a ser la madre del Anticristo, ver a los famosos Guardianes como iguales, e incluso enamorarse de uno de ellos, hasta su hija llamaba a uno de ellos padre. Claro que a los demás los llamaba tíos o hermanos… Ojalá William estuviera allí para ayudarla y calmarla, pero estaba literalmente en el Infierno, encerrado y por ahora sin posibilidad de salir por sus medios, y aunque Ariadna lo sabía no parecía haberlo asumido o entendido.

-Iremos poco a poco, empujando despacio pero con firmeza, apretando todo lo que puedas, ¿entendido?- para ese entonces Beatrice estaba bañada en sudor.

Jhonny esperaba fuera, pensativo. Las gemelas se habían ido para crear un nuevo hogar para el grupo y a Noelia no la habían dejado pasar, ya que la dimensión de la hechicera ya no era adecuada como morada. Habían comentado de ir hacia la batalla para intentar contener la energía que se fuera a liberar con la gran explosión que iban a provocar, cambiando el espacio y el tiempo para poder esparcir aquella cantidad ingente de poder en un acto más estupido que valeroso. Eso cuando se enteraron de las intenciones de sus ex compañeros, pero… eso haría que se jugaran la vida absurdamente. Sólo el nephilim y la bastarda serían capaces de poder detener semejante explosión, y no estaba del todo claro. Lo que sí se podía hacer era decelerar el tiempo en esa zona y así ganar horas, en las que tendría que nacer Ariadna, pero a saber cuánto tardaba.

-Date prisa, maldita sea….- sentía a la perfección cómo las energías de los Guardianes se comenzaban a expandir, iba a suceder de un momento a otro.

De pronto una luz dorada emanó de la sala, y se oyeron gritos de sorpresa salir de la zona de partos. Del estómago de Beatrice salió una esfera de luz que adquirió forma humana, y, según descendía, brilló más aún y tomó un tamaño adulto. Ante las anonadadas parteras y ginecólogas, se presentó una hermosa joven. Su pelo era negro como el azabache, ojos de un intenso carmesí y piel ligeramente bronceada. Su cuerpo era delgado y fibroso, y un aura de poder se sentía en ella, era tan intensa que incluso se podía sentir por el equipo médico, que no daba crédito a lo que veía. Permaneció desnuda lo suficiente para que incluso se le atisbara el crecimiento de su vello corporal, pero una suave tela marrón la cubrió, creada por ella misma.

-Mamá…- murmuró, girándose. Se vieron finalmente a los ojos, y Beatrice asintió.

-Volveré pronto…- y besó a su madre en la frente, la recubrió con su energía dorada, y la durmió para que descansara.

-Gracias, por ayudarla. Os debo eterna gratitud- su voz era suave y melosa, y, tras dedicarles una cálida sonrisa, salió por la puerta mientras las presentes seguían sin saber muy bien qué acababa de pasar.

Jhonny se levantó de pronto al ver allí a Ariadna. Le hubiera gustado hablar, pero no había tiempo para nada.

-Vamos- la tomó de la mano, y fueron a toda velocidad. Ella tendría que aprender a usar sus poderes a marchas forzadas..

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Los dos grupos se colocaron uno frente al otro, y, sin más ceremonia, incendiaron sus energías. En apenas unos segundos la misma Naturaleza se estremeció, y dos grandes esferas de energía aparecieron frente a ellos, una por cada bando. No había nada más que decir, por lo que, elevando sus poderes a su límite, lanzaron ambos golpes a la velocidad de la luz, junto con sus propios ataques característicos. En el aire se cruzaron los golpes: Ejecución aurora, Plasma relámpago, Rosas piraña, Aguja escarlata, y tres Extinción de luz estelar por un lado; y Excalibur, Tesoro del cielo, Extinción de luz estelar, Gran cuerno, y Trueno atómico por otro, con tres chorros de energía por parte de Milly, Tamiya e Hiroky. Todo aquel poder chocó en medio, formando una esfera de energía más grande que la suma de las dos iniciales, y un vórtice nació entre ambos grupos.

-¡AAAAAAAH!- los dos lados empujaban para que el macro-ataque cayera sobre el otro, pero estaban empatados.

Claro que no duraría eternamente. Tanto poder no se podía contener indefinidamente, y tras apenas un minuto de aparente equilibrio, toda aquella energía comenzó a colapsar sobre sí misma. Odd tuvo una idea suicida, pero vivir en un mundo sin Sam a él le parecía un sinsentido…. por lo que se lanzó al grupo contrario, katana en mano, envuelta en los poderes de Marin. Fue directo a por Electra, tirando incluso al suelo su armadura y arco, no los necesitaba. Estaba dispuesto a inmolarse con tal de acabar con su presa, así que saltó cual león saltó y, a velocidad de la luz, se plantó ante ella.

Esta tuvo que dejar de empujar y esquivar el ataque del otro, pero no contó con que Aurora le tomó por detrás y le tiró contra el suelo, dándole varios puñetazos en el estómago. Y sin embargo él clavó su espada en el lateral de ella, que dio un fuerte grito, mientras su energía desaparecía por instantes, momento en que el vórtice de energía que habían creado entre todos comenzaba a desestabilizarse e implosionar, obligando a que los demás tuvieran que protegerse con sus poderes. Nadie del equipo de Jeremy ni del de Electra se lo vio venir, todo ocurrió en un parpadeo pero fue suficiente para que las esencias de Aurora y Odd desaparecieran de golpe en toda la vorágine de destrucción, siendo los demás derribados o llevados contra las cercanas rocas por la violencia de los vientos provocados.

-¡OOOOOOOOODD! ¡AURORAAAAAAAA!- aquello lo gritaron unos y otros, no entiendo qué era lo que había pasado, o no queriéndolo entender realmente.

Jhonny y Ariadna aparecieron cerca de allí y vieron con impresión como todo estallaba, incluso la tierra temblaba por el poder liberado por los Guardianes, y, colocando a la muchacha detrás de él, el nephilim se rodeó de su energía. Notaba como Marin y Susan intentaba contener aquello pero era absolutamente imposible, necesitarían de un agujero negro para mover aquello y eso era inviable. Por ello, él usó todo lo que tenía a su disposición, y usando sus poderes, llevó toda la energía que pudo directa al espacio, como si fuera un rayo de una gran estrella de neutrones. De hecho si aquello le daba, aunque fuera de refilón, a algún mundo habitado, ionizaría su atmósfera y mataría toda la vida en apenas un mes. Ese era el poder de los Guardianes, cuando se disparaba en toda su extensión.

-Odd…- murmuró Ariadna.

Habían pasado dos minutos. La energía ya se comenzaba a dispersar por el aire y los Guardianes podían comenzar a moverse, tenían heridas y sus armaduras estaban humeando y tenían grietas. El ataque fue tan brutal que incluso con sus energías protegiéndoles les habían hecho bastante daño, algunos incluso vomitaron sangre. Se miraban entre ellos con cierto medio por aquello, con los ojos llorosos, y buscando a los demás. Sus pieles estaban ensangrentadas y llenas de polvo, con sus entrañas revueltas y algunos moratones.

-Sí… y Aurora- murmuró Jhonny, mientras lloraba un poco.

-Qué… qué hemos hecho…- Electra gateaba. Las armaduras de Odd y Aurora estaban rotas pero formando una suerte de quimera la primera, y un halcón la segunda. Sus partes estaban colocadas de tal manera que hacían esa forma, y estaban en un estado tan lamentable como la de los demás.

Entendiendo, golpeó la tierra con impotencia y empezó a gimotear. Percy estaba apático, tirado sobre unas piedras, totalmente fuera de realidad y con la mirada perdida, con Patrick a su lado, que se abrazaba a las piernas. Los demás no estaban mucho mejor, y pudo haber sido peor de no haber intervenido Jhonny. Y este era consciente de que Ariadna le ayudó, de no ser por la presencia de ella seguramente no hubiera podido haberlo hecho tan rápido y hubieran tenido que lamentar más pérdidas. El primero en levantarse fue Jeremy, ayudado de su tridente, y, junto a Yumi, avanzaron hacia la armadura de Odd. Ulrich observaba la escena con una mezcla de odio, rabia y una tristeza tan profunda como los reinos del rubio, y entonces dio un grito.

-¡Yo, quiero ser yo!- chilló, mientras se incorporaba sin apenas fuerzas.

Nico y Herb le sostuvieron, y nadie se interpuso. Y sería Percy, junto a Milly y Tamiya, el que fuera hacia la armadura de Aurora. Los seis se miraron entre ellos, y, sin más, tomaron las armaduras. Estas eran pesadas y frías, totalmente inertes, al igual que las respectivas gemas, que habían perdido su alegre brillo habitual. En su lugar eran como dos piedras normales y corrientes.

-Esto… esto no debe volver a pasar... - Electra ayudó a Hiroky a levantarse y anduvieron hacia donde estaban los demás.

Poco a poco se congregaron de nuevo, pero en esa ocasión no había ira en ellos. Más bien, decepción.

-La hemos cagado- murmuró Asmae.

-No deberíamos… volver a juntarnos. Jamás. Si eso pasa, esto… podría pasar de nuevo. Debe ser el fin de los Guardianes- declaró.

-Estoy de acuerdo- declaró tajante Ulrich.

-Se nos ha ido de las manos. Y no nos reconozco… por el bien de todos, deberíamos dividirnos- y uno por uno, todos dieron su visto bueno a lo dicho por Yumi.

Jhonny fue testigo de todo eso en la distancia, con una Ariadna que apenas tenía diez minutos de vida llorando y corriendo hacia ellos sin entender nada.

-¡No no no no no! ¡No lo hagáis!- chillaba. La vieron llegar sin entender hasta que no sintieron su energía.

-Eres tú…-murmuró Electra, mientras ella la abrazaba, llorando.

-Tita Electra, no te vayas…-llorando, y la aludida suspiró pesadamente.

-Lo siento- murmuró, mientras acariciaba su cabello. No sabía muy bien cómo decirlo.

-Tita Electra se ha equivocado y ya se va, pero podrás verla cuando quieras- le dijo Yumi, mientras le sonreía dulcemente.

-Todos nos hemos equivocado, sí…- murmuró esta, y miró a los demás de su grupo.

-Adios. No creo que haya una próxima vez- y se retiraron. Sus débiles energías brillaron por unos instantes y se elevaron en el aire, desapareciendo como estrellas fugaces hacia el horizonte.

Un silencio tenso se presentó en el aire, solo roto por el llanto de Ariadna, pero Yumi la sostuvo entre sus brazos, protectora. Sin embargo ella no era la única que lloraba, y es que sólo entonces se permitieron mostrar sus emociones ante la muerte de ya no solo Sam: ahora acababan de caer Odd y Aurora. Aunque estuvieron peleados hasta hace unos segundos no tenían intención real de que aquello pasara, no al menos desde su parte. Y seguramente lo mismo le pasara a los demás, pero era tarde.

-Será… será mejor irnos- murmuró Jhonny, mientras tomaba a Ariadna de la mano.

-¿Qué haréis ahora?- preguntó, mirándoles.

-¿Qué propones? Estamos jodidos- intervino Sissi, hundiéndose de hombros, molesta.

-Miguel y Lucifer ya tienen sus cuerpos físicos, pelearán en cualquier momento y han muerto varios de los Caballeros, el Infierno ha sido cerrado con William dentro, y somos la mitad… genial- murmuró Ulrich, haciendo recopilación.

-Lo que siempre hemos hecho- intervino Jeremy, mientras se cruzaba de brazos.

-Os recuerdo que buena parte de los presentes hemos estado en una situación igual de dura cuando Xana se liberó del súper ordenador, ¿nos rendimos entonces? ¿O luchamos con más fuerza que nunca?- sus ojos estaban acuosos.

-Aelita y Asmeya están tomadas, sí. Y habrán muerto tres de nuestros hermanos, y sí, ahora estamos la mitad, pero cuando salvamos al mundo apenas éramos un cuarto, éramos mucho más jóvenes y sin poderes- miró a sus compañeros uno por uno.

-¿Te acuerdas, Sissi, cuando luchábamos contra ti y contra Nico y Herb?- preguntó, y ellos bajaron el rostro.

-¿Y tú, Yumi, recuerdas cuando te quedaste atrapada en el mar digital? ¿O cuando nos dieron aquella paliza los hermanos de Zeros? ¿Y de la vez que William fue esclavizado por Xana?- suspiró entonces.

-Yo sí, y todas esas veces pudimos habernos rendidos. Yo pude no haber rescatado a Aelita, Susan no tenía porqué haber salvado a Marin, ni tampoco teníamos porqué hacer nada contra Milly, Tamiya o Hiroky, y de hecho Yumi les protegió durante toda la batalla- la aludida bajó algo el rostro.

-No está en mi forma de ser rendirse. Tampoco en la vuestra, y me consta… ahora toca lamerse las heridas, y volver más fuertes. Hemos salido escaldados, es hora de recuperarnos- suspiró pesadamente entonces.

Susan hizo acto de presencia entonces, estaba con el rostro serio- ¿Estáis bien?- preguntó, mientras andaba despacio, no muy segura de cómo actuar.

-Sí, ¿y tú? ¿Y Marin?- preguntó de inmediato Nico, a lo que ella asintió.

-Por suerte sí. Chicos… lo siento. No debió pasar, todo esto. Marin se ha regenerado, tengo que cuidar de ella mientras se recupera, pero tardará poco. Vamos a crear una dimensión para que estéis en ella, con los demás no sé si hacer lo mismo- murmuró, pero los demás negaron.

-¿Por qué deberíamos?- y ella les miró con sorpresa.

-¿No notasteis lo pasado con la energía de Sam tras morir? Fue absorbida- y los demás se sorprendieron por ello. Casi ni se acordaban ya.

-En ese caso ni siquiera podría reencarnar, como hizo mi predecesor…- murmuró Ulrich, serio, y Susan asintió.

-Y no los puedo resucitar, romperiamos demasiado el equilibrio…- murmuró Jhonny, pensando en los casos de los otros dos.

-Supongo que entonces esa dimensión es para protegernos, ¿no?- intervino Yumi, y Susan asintió.

-Creemos Marin y yo que es lo mejor. Hasta entonces, escondeos en vuestros elementos- y Susan desapareció, atravesando un portal.

Ariadna acabó entonces de sollozar, y les miró. Sus ojos estaban algo enrojecidos por el llanto, y su labio tembló un poco.

-¿Volveréis con mami y conmigo?- preguntó, y la abrazaron en conjunto.

-Volveremos…- fue Jeremy el que besó su frente, y se despidieron. Seguirían el plan de las gemelas, y desaparecerían hasta poder estar en lugar seguro.

Se rodearon de sus energías, y cada uno fue por su lado: Jeremy se hundió en lo profundo del Pacífico; Yumi se internó en las densas selvas de centroamérica; Ulrich descendió en la lava del Vesubio; Sissi y Herb fueron a las heladas planicies de la Antártida; y Nico se recluyó en un desierto. Volverían, cuando los vientos fueran más favorables. Hasta entonces, los Guardianes estarían ahí, vigilantes, dispuestos a intervenir cuando pudieran hacerlo…

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Miguel observaba tranquilo el atardecer. Estaba en una playa, sentado en una silla y con los pies descalzos, llenando sus pulmones con el aire del mar y con una suave sonrisa de satisfacción en el rostro. Esta se ensanchó al notar a alguien aparecer a su derecha. Vio como Lucifer abría una segunda silla y se sentaba a su vera, también iba descalzo y, como él, se recostó cuan largo era su cuerpo. Se les hacía raro ver al otro en un cuero femenino, más cuando eran tan parecidos como lo eran los de Asmeya y Aelita, pero… en el fondo les era incluso entrañable.

-Te sienta bien ese cuerpo, Lucifer- comentó el otro, y este asintió.

-Gracias, igualmente. ¿Cuándo sucederá el evento?- preguntó, y Miguel suspiró.

-Cuando se tenía previsto, en dos días. Todo se precipitó, pero es indiferente- sus ojos resplandecieron entonces.

El otro arcángel le imitó, desafiante- Pienso derrotarte, hermano mayor- y el aludido soltó una carcajada.

-Pronto lo sabremos- y si bien ni elevaron sus energías, la batalla ya había empezado entre ellos. Era cuestión de horas de que se desencadenara el verdadero combate entre dos de los seres más poderosos de la realidad…

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Y hasta aquí el capítulo. Espero que hayáis disfrutado leyendo tanto como yo escribiendo, infinitas gracias por estar ahí durante 7 años, y ojalá poder leernos durante muchos más. Un gran abrazo, nos veremos el 2021 con más y mejores historias.

Me gustaría hacer una especial dedicación a DarkClaw1997, TsukihimePrincess, Alejito480, a draoptimusstar3, y a todos aquellos que me siguen desde hace tantos años y que se han convertido en parte de mi vida, y, porqué no decirlo, de mi familia. Me habéis acompañado todos vosotros en los buenos y en los malos momentos, y por ello, este capitulo os lo dedico enteramente a vosotros.

Por supuesto no me olvido de todos los que han llegado más tarde, en especial SnakeJeffar, y que pese a apenas conocernos un par de meses, sin duda sé que estarás ahí por mucho tiempo, seguramente cuando llegues a esta parte ya llevemos bastante más tiempo de conocernos, lo que sería un verdadero placer para mí.

Este no es, ni mucho menos, el final. Aún quedan muchas aventuras y muchas cosas por descubrir, tanto de este como de otros fanfics que ya se están cocinando. Esto es, por tanto, un breve alto en el camino de los Guardianes, pero seguirá adelante en una nueva aventura. Y como he dicho, no serán las únicas que conoceréis a lo largo de este año que entra, y que esperemos mejore al anterior. Han sido 12 meses muy duros en los que han pasado toda clase de cosas, y no puedo estar más contento por haber contado con vosotros y con todos los demás lectores.

Que la inspiración os acompañe.

(1) El Universo 924 pertenece a Draoptimusstar3, autor del fanfic Code Almas y corazones, que aquí aparece.

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan Foreman, que pertenece a Doctor Who.