Notas: Universo Alterno: Demonios
El silencio se extendió en la sala, Shaka solo atinó a parpadear. "Repíteme lo que acabas de decir por favor Afrodita."
Afrodita giró la cabeza, tratando de no ver a Shaka en los ojos. Era casi imposible no hacerlo, esos ojos azules lo llamaban constantemente. "Que soy un demonio incubo." Afrodita suspiró, no era fácil admitir su naturaleza, mucho menos al hombre del que se había enamorado. Se llevó las manos a la cara, cubriéndola por un momento, para después pasar los dedos sobre su cabello suelto. "Shaka, yo sé que esto no era lo te imaginabas, así que nos voy a hacer un favor a los dos y voy marcharme a mi departamento. Entiendo que tienes mucho que pensar, tienes mi número y sabes donde vivo. Hablame cuando estés listo."
Antes de que Shaka saliera de su shock, Afrodita salió del departamento y sólo el sonido de la puerta cerrándose fue lo que lo trajo de vuelta al mundo. Shaka se apresuró, trató de alcanzar a Afrodita, pero este simplemente había sido más rápido que el. Para cuando Shaka pudiese tomar el elevador al piso, Afrodita ya se habría marchado del condominio.
Shaka suspiró, dejó caer los hombros en símbolo de derrota y regresó a su hogar. Una vez dentro, se dejó caer en sofá y recargó la cabeza en el respaldo. Lo que Afrodita le había confesado no tenía sentido, los demonios no existían, ¿o sí?
Shaka se enderezó, se pondría a meditar, tal vez así su cabeza estaría más calmada y podría pensar bien las cosas. Se colocó en posición de flor de loto en el suelo de la sala, sin importarle que aún llevase la ropa del trabajo y trató de relajarse.
Le tomó media hora antes de rendirse, Shaka abrió los ojos, no había podido concentrarse. Cada vez que lo intentaba, su cabeza y pensamientos le daban vuelta en torno a Afrodita. Admitiendo derrota, Shaka se levantó y caminó a su cuarto, tal vez un baño le ayudase. El baño lo relajó, pero no del todo.
En la noche, cuando se recostó para dormir, el cerebro no dejaba de trabajar y cada vez que cerraba los ojos, lo único que Shaka veía era el rostro de Afrodita. Ya era tarde y se conocía lo suficiente para saber que no iba a dormirse pronto, tenía que agradecerle a Afrodita su cortesía, al menos le dio la noticia el viernes, de esa forma, no estaría estresado para el trabajo.
Ese fin de semana fue el más largo de la vida de Shaka. Lo había pasado dando vueltas al asunto, pero todo volvía a lo mismo: Fuera cual fuera la naturaleza de Afrodita, Shaka lo amaba y no quería perderlo. Así que le envió un mensaje, pidiéndole que se vieran el martes después del trabajo.
El mensaje de Afrodita lo hizo sentir mejor: '¿Tu departamento o el mío?'
'El tuyo' le contestó. Al menos, así esperaba que Afrodita se sintiera más relajado.
Toda la mañana del martes, Shaka sintió el estómago hecho nudos. El día se le hizo eterno, por primera vez en su vida, deseó haber faltado al trabajo y pedirle a Afrodita que hiciera lo mismo para verse más temprano.
Afrodita lo recibió en la puerta, se veía cansado y con ojeras. "Que bueno que viniste," le dijo cuando lo dejó pasar y lo encaminó al sofá.
El departamento de Afrodita lo hacía sentirse sorpresivamente calmado. Estaba pintado en suaves tonos azules, con decoraciones en oro y plantas por todas partes. Especialmente, tenía rosas pequeñas en la mesa de centro. Los sofás eran cómodos, y todo estaba limpio y organizado. Bueno, organizado como a Afrodita le gustaba.
"Estuve pensando todo el fin de semana," Shaka admitió, tratando de hacer que Afrodita lo mirara a los ojos, sin éxito. "Y aparte de unas preguntas, honestamente, no pude hallarte falta alguna."
Afrodita le dio una pequeña sonrisa, "Pregúntame lo que quieras, no tengo muchos secretos. Y ya sabes la mayoría."
"¿Cómo es posible que seas un incubus?"
Afrodita suspiró. "Mi padre es un demonio incubus y mi madre hizo un trato con él. Yo soy el resultado."
"Pensé que los incubus obtenía poder por medio del sexo. Al menos, es lo que pude encontrar, por que después de todo, la mayoría es pura especulación. Y sin embargo tu…"
"¿Soy monógamo?" El tono de Afrodita tenía un poco de humor. "A diferencia de mi padre, mis deseos son pocos, al menos no llegan al punto que voy a correr y acostarme con la primera persona que me pase por enfrente. Una pareja es suficiente para mi." Sacudió los hombros. "Asumo que es por que solo soy la mitad demonio."
"Ya veo."
"No me voy a enfadar si decides irte," La voz de Afrodita había perdido el humor, era pequeña y frágil. "Entiendo que esto es, bueno, no lo que esperabas."
Shaka sacudió la cabeza, "No, no lo es." No le iba a mentir. "Pero aún así, sigues siendo la misma persona de quien me enamoré. No quiero dejarte, no al menos que tu no me ames."
Los ojos de Afrodita brillaron y la sonrisa que le dio a Shaka fue radiante. "Te amo." Dijo con seguridad, sin miedo y extendió una mano. "Y no quiero perderte."
Shaka extendió su mano, tomando la de Afrodita en la suya. Después, arqueó una ceja. "Al menos esa naturaleza tuya explica muchas cosas. Pero que dices si vamos a cenar, hay un bistro Francés no muy lejos de aquí."
Afrodita soltó una carcajada. "Lo sé, hay cosas que no puedo evitar. Es mi naturaleza, pero te prometo esto: Eres con quien me voy a casa, no hay nadie más. Ahora, bistro Francés, ¿eh? Me suena bien."
Ambos dejaron el departamento y se dirigieron a cenar, nunca se soltaron de las manos.
