Notas: Universo Alterno: Hombres Lobo & Hechizeros

Afrodita suspiró cansado, había tenido un día muy largo y francamente, lo único que quería era tomarse una taza de chocolate caliente, descansar sus pies con menta y dormir. Ser uno de los hechicero más ocupados en la ciudad era cansado, no solo debía atender su tienda, sino que también tenía trabajos extras que lo mantenían ocupado, su reputación de ser uno de los mejores hacía que tuviera una demanda larga (y no se diga la lista de espera para trabajos especiales) y su tienda siempre tenía clientela.

Así que, no tenía problemas para dormir. Esa noche, no fue la excepción, Afrodita estaba cansado, muy cansado, así que dejó abierta la ventana y las cortinas, para que la luz de la luna iluminara su habitación, se recostó, cerró los ojos y no supo más de si, ya que calló dormido en cuanto su cabeza tocó su almohada.

Afrodita despertó lentamente y muy temprano, el sol apenas comenzaba a levantarse, a lo lejos del horizonte ya se veía más claro. Trató de estirase, solo que hubo un problema: estaba atrapado en abrazo que no lo dejaba moverse. Por un momento, el pánico lo inundó, se había ido a dormir solo. Y ahora había alguien en su cama, bueno, más bien dicho, había un hombre en su cama. El brazo que lo tenía abrazado era uno masculino. Trató de girarse y ver quien era su compañero, no podía darse el lujo de dejar que el pánico le ganara, cuando alcanzó a ver largas hebras rubias. Shaka.

"Shaka," dijo con voz llena de sorpresa. "¿Qué demonios haces aquí?"

Shaka Agarwal. El hombre lobo (alfa) con quien había empezado a salir hace dos meses era quien estaba en su cama, y quien lo tenía en un abrazo lo suficientemente fuerte para no poder moverse más que girar adentro del abrazo.

"Te extrañaba," vino la respuesta medio dormida, los ojos de Shaka se entre abrieron, el color azul de sus ojos mezclándose con destellos dorados, indicando que la luna llena se aproximaba. "Así que vine." Tan pronto dijo esto, entrelazó una pierna con las de Afrodita.

Afrodita estaba por ambas partes alagado y divertido (y si tenía que admitirlo, encariñado). "¿Cómo es esta mi vida?" Se quejó, pero su voz no tenía nada de molestia. "Y ¿cómo entraste?"

"Tú me diste las llaves," contestó Shaka.

'¿Le dí llaves?' Pensó Afrodita, tratando de acordarse cuando lo había hecho, y la memoria le llegó de repente. "Sí, ya me acuerdo, hace un mes."

Tenían un mes de salir juntos, cuando Afrodita había tenido un caso muy difícil que lo había dejado exhausto. Al punto que apenas podía salir de la cama, Shaka había sido un ángel, asegurándose que comiera y ocupandose de su tienda cuando sus obligaciones lo permitían. Había sido entonces, que se dio cuenta que Shaka debía tener llaves, tanto a su tienda como al departamento que estaba encima de ella.

Y por primera vez, a Afrodita no le molestó la idea de que alguien pudiese entrar a su casa cuando quisieran. Shaka no era una mala persona, no era del tipo que vendría y se pondría a esculcar entre sus cosas sin respeto alguno. Shaka no lo había decepcionado.

"Y ¿qué haces en mi cama, que no vives en la otra parte de la ciudad?" Afrodita preguntó.

"Quería verte," fue la respuesta sincera. "Te dije que te extrañaba, así que vine."

A su propia manera, era algo tierno. Los lobos como Shaka, no solían buscar pareja con frequencia, el hecho que admitiera extrañarlo y venir a la mitad de la noche, se le antojó romántico. Oh como había cambiado, en cualquier otro caso, Afrodita hubiese sacado a patadas a quien se hubiera atrevido a hacer eso. Pero con Shaka se sentía cómodo, seguro y feliz.

"Bueno, supongo que me puedo quedar en cama un poco más." Dijo al fin.

Shaka se acurrucó con el y murmuró en contra su cuello, "Te quiero Afrodita."

Afrodita sonrió, "Yo también."