Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 3
Amamos los miércoles. O, mejor dicho, yo amo los miércoles. Liam, por el otro lado, tiene un problema con ellos.
—Liam. Entra al coche ahora.
—No.
—Liam —digo con dientes apretados—. Vas a ir a Programación.
—Lo odio.
—Entonces, díselo a mamá, y ella te sacará. Hasta entonces, te tengo que llevar.
—Me va mal —se queja, pateando el borde de la vereda con su zapatilla.
—Bueno, no vas a mejorar si sigues faltando —trato de negociar. No se la cree—. Mete tu trasero en el coche, amigo.
Sus ojos se ensanchan y entonces una sonrisa calculada y engreída aparece en su rostro.
—Acabas de decir "trasero".
—Tú también —respondo, y luce preocupado.
—Como sea. Mamá va a estar muy enojada contigo.
—Como si me importara una m… —De acuerdo, está bien. Me detengo—. Te daré cinco dólares si te metes dentro del coche.
—Diez.
Frunzo el ceño.
—Seis.
—Doce.
—Cuatro. —Abre su boca para protestar y lo fulmino con la mirada—. Liam, juro por Dios…
Él sube al asiento trasero de mala gana y de inmediato se entretiene con su teléfono. Es raro y molesto que tenga un iPhone más nuevo que yo. Pero su silencio es apreciado, por lo que las cosas son muy tranquilas de camino a su clase de Programación.
Liam toma su mochila y camina lentamente hacia el edificio. Lo sigo por detrás.
—No tienes que acompañarme hasta adentro. —Hace un puchero, su tono lleno de angustia preadolescente.
—Tengo que firmar tu ingreso.
—Hola, amigo. Llegaste —dice uno de sus instructores, Edward, mientras le ofrece su puño.
Edward.
Es por esto que amo los miércoles. Es también la razón por la que llevo a Liam hacia su clase y voluntariamente lo recojo una hora después, incluso cuando Phil podría retirarlo en su camino a casa.
Edward lleva sus ojos de Liam hacia mí. Es entonces que la ligera sonrisa que estaba allí para Liam desaparece, y lo que me queda es una mirada ausente.
Como sea. Dije que me gustaba los miércoles porque él es increíblemente hermoso, no porque nos llevemos bien o porque sea encantador.
Vacilo por un segundo, observando a Liam caminar enfurruñado hacia su enorme iMac.
—En serio necesitas traerlo a tiempo —me dice Edward.
Le dedico una mirada incrédula.
—¿Crees que me gusta traerlo tarde? Me encantaría que me escuchara. Así que, por favor, si tienes sugerencias… —Agito mi mano frente a mí y él simplemente me mira. Como sospeché, Edward no tiene nada que ofrecer. Solo hacerme sentir como una mierda por haber llegado tarde.
Se aclara la garganta.
—Entonces, ¿ha tenido un mal día? ¿Qué nos espera? —pregunta Edward, recordando que a veces nos gusta fingir ser aliados cuando se trata de Liam. El niño es un hijo de puta malhumorado, y me gusta advertirles a los instructores de vez en cuando.
Enuncio todos los insultos y las quejas de Liam de los últimos diez minutos.
—Soy la peor, nuestros padres apestan, le va mal programando, preferiría hacer dedo que viajar conmigo. Dejé que lo intentara, no le funcionó bien. —Los ojos de Edward brillan con emoción—. Tuvo la suficiente valentía de negociar mi soborno de cinco dólares para tráelo aquí. Así que, sí. Buena suerte hoy.
Edward bufa.
—¿Cinco dólares? ¿Eso es todo?
—Soy barata. ¿Qué puedo decir? —Edward levanta sus cejas. Intento salvar el momento—. Eso fue raro.
—Eso pensé también —coincide como el maldito que es. Casi creo que va a sonreír para hacerme sentir menos rara, pero no lo hace. En cambio, se mantiene profesional, aunque algo tenso—. Firma su ingreso —ordena, su tono duro otra vez.
¿Le mataría ser algo educado? Casi lo induzco para que diga "por favor", pero me detengo cuando me tiende una tableta, y una pizca de tinta aparece por debajo de su camiseta negra. Me sorprende por un segundo, y estoy fascinada al verlo. Supongo que jamás lo vi en otra cosa que no sea mangas largas o una chaqueta negra, así que definitivamente jamás noté algún tatuaje antes. Me recupero rápidamente, usando mi dedo para escribir una fea firma en la pantalla. Cuando levanto la mirada, sus ojos ya se encuentran en mi rostro, viéndome algo expectante. Quizás algo curioso también.
Entonces, su mirada cae entre nosotros, analizando mi firma.
—Es Bella, ¿cierto?
Solo lo he visto todos los miércoles y viernes en las últimas cinco semanas. De hecho, nos vemos el doble de veces durante ese tiempo: al traer y recoger a Liam. Como este es el comienzo de la semana seis, eso significa que nos hemos visto veintiún veces. Veintiún charlas pequeñas. Veintiún ceños fruncidos. Veintiún oportunidades para que recuerde mi puto nombre. Sé que nuestras interacciones son cortas y claramente son una dificultad para él, pero ¿realmente es muy difícil?
Yo puedo recordar su nombre. También recuerdo el día que casi me sonrió, cuando Liam estaba siendo un completo asno, y solté un bufido furioso. Recuerdo que luce muy bien en todos los tonos de negro que viste. Carbón, ónix. Recuerdo que un día usó una camiseta tan clara que podría haber sido considerada gris. Y hoy probablemente recuerde que vi su piel cubierta de tinta.
—¿Cierto? —pregunta de nuevo, visiblemente algo molesto.
—¿Qué?
—Tu nombre.
—Claro. Bella Swan —ofrezco.
Su boca permanece en una línea fina.
—¿No Dwyer?
Oh, oh. ¿Acaso Edward quiere saber algo personal sobre mí?
—No Dwyer —concedo—. Mi mamá se volvió a casar. Liam es mi medio hermano.
—Entendido. —Edward asiente sin importancia—. Te veré a la salida.
—Nuestra mamá, Renée, lo recogerá hoy.
—Oh. —Si estuvo mínimamente decepcionado, se recupera muy rápido.
—¿Necesitas que te deje su nombre o…?
—No. Deberíamos tenerlo archivado —dice tensamente.
Ajá.
—Entonces, ¿mi nombre está en el archivo? He sido la única que lo trae y lo pasa a buscar.
Básicamente lo he atrapado por ser un imbécil y fingir que no sabe mi nombre, pero no me da una reacción. De hecho, ignora mi pregunta por completo, empeorando mi idea de que es un maldito.
—Te veré el viernes.
Sus ojos verdes siguen sobre mí mientras digo con fingida cordialidad.
—Ten una buena noche, Edward.
Juro que casi sonríe engreídamente.
—La tendré.
