Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 4
Estoy en medio de mi sesión de yoga cuando mi teléfono suena del otro lado del cuarto. Lo dejé lejos a propósito, así podía concentrarme. No dejarlo en silencio fue estúpido de mi parte.
Otro sonido.
Otra distracción.
A la tercera alerta de mensaje, deshago mi postura de perro y me pongo de pie para tomarlo.
Es Jess.
No he escuchado de Paul en más de una semana, y una perra comentó con ojos de corazón en una foto que él publicó y me estoy volviendo locaaaaaaa.
Necesito una margarita.
Bella!
Estoy a punto de responder cuando me llama.
—Dios, mujer, dame un minuto —digo, lanzándome sobre el sofá y pausando el video de yoga—. También usaste demasiados signos de exclamación —le digo—. El mensaje se hubiera entendido con solo usar uno.
—Quería asegurarme que pudieras sentir mi desesperación.
—Objetivo logrado —bufo.
—Amiga. Necesito una distracción.
—Necesitas una intervención. Paul es un perdedor, ni siquiera te preocupes por él.
Se queda en silencio.
—Me acosté con él, ¡¿de acuerdo?!
Gruño.
—¡Jess! Te dije…
—Lo sé.
—Acaba de terminar una relación…
—Lo sé —estresa otra vez.
—Él siempre ha estado insinuándose contigo incluso cuando estaba en dicha relación. Lo cual probablemente signifique que es un imbécil. Lo que quiere decir que no es necesariamente el tipo con el que necesitas acostarte.
—¿Puedes ser algo compasiva aquí? Entiendo que solo quieras a chicos buenos y aburridos que ni siquiera te interesan así no tienen posibilidad de herirte. Y…
—Oh, genial, hay más…
—Tampoco permites obsesionarte con ellos como yo, pero esto duele. ¿Está bien?
Ay. Bueno, eso también me dolió a mí. Pienso en el bueno y aburrido de Jake. Mierda. No está equivocada.
Suspiro. Supongo que puedo retirar un poco de mi amor duro con ella, solo un poco. Pero ella siempre hace esto. Siempre elige chicos que no están emocionalmente disponibles y/o arruinados. Luego termina lastimada. Y entonces mi hígado duele porque ella quiere ahogar sus penas. Más que desear que aprenda su lección o dejar que mi hígado descanse, realmente odio verla angustiada.
—Margaritas —ruega—. Unas copas enormes que se sientan como si pesaran dos kilos cuando las levantas.
—Te dan sorbetes para las copas grandes, así no tienes que levantarlas —le recuerdo.
—Yo no uso sorbetes. Cuido de las tortugas marinas.
—Son de papel, no de plástico.
—Peor. Se vuelve pastoso.
—Me parece justo.
—¿Entonces? —pregunta, alegrándose—. ¿Te recojo a las diez?
—Es jueves.
—¿Cuándo eso nos ha detenido?
—Tengo una orden importante mañana. Y la novia es aterradora. No puedo arruinarlo.
—Una margarita no te matará.
—No, pero la novia sí.
—Sé mi amiga. ¡Levántame el ánimo! Puedes contarme sobre el tipo de Instagram.
Gruño tan fuerte al teléfono, que me pregunto si mis vecinos creen que estoy teniendo sexo. Ese pensamiento me divierte un poco porque ha pasado un tiempo desde que eso ha ocurrido. Ellos probablemente estarían felices por mí, de hecho.
—Está bien —concedo.
Cuando ella llega, no aprueba mi atuendo: pantalones de yoga, Nikes negras, y una camiseta gigante.
—Entiendo que no quieras salir, pero, diablos.
—Soy demasiado perezosa como para cambiarme. Además, para el hambre, no hay pan duro. No luzco tan mal. Y no quiero impresionar a nadie.
Me mantengo en mi plan de una margarita. Desafortunadamente, no puedo decir lo mismo con la cantidad de queso y salsa que como. Cuando llega el momento de ordenar, tengo que declinar porque estoy muy llena. Lo mismo le pasa a Jess.
—¿Entonces? ¿El tipo de Instagram? —pregunta, levantando sus cejas de forma sugestiva.
—Sigo sin saber quién es. —Muerdo distraídamente una papa y de inmediato me arrepiento de comer más—. Pero también, ¿quiero saberlo?
—Yo sí —dice Jess con una sonrisa.
—Creo que estaba coqueteando conmigo hace unas noches. O… no sé. ¿Siendo atrevido? Se sintió diferente.
—La trama se complica.
Pongo los ojos en blanco, le entrego mi teléfono y dejo que lea la conversación. Ella silba.
—Parece que los dos estaban coqueteando.
Niego su acusación y descarto el cosquilleo en mi estómago. Dividimos la cuenta, y ella se dirige al baño mientras yo espero afuera del restaurante.
El ruido de una bocina me hace saltar, e incómodamente observo a dos extraños cruzar la calle para comenzar a discutir sobre la forma de conducir de ellos. Por detrás, veo un cartel que me llama la atención.
Artful Dodger.
Es la tienda de tatuajes nombrada en la cuenta de Instagram de Masenry. Me lleno de curiosidad y cruzo la calle, pasando por un costado de los molestos extraños, acercándome a la tienda como si fuera el enemigo. No estoy segura de lo que estoy haciendo o de lo que voy a decir, pero quiero entrar. Quizás quiero ver si encuentro a alguien que reconozca o si alguien parece reconocerme.
Abro la puerta y echo un vistazo alrededor antes de dejar que la puerta se cierre detrás de mí. El lugar es grande y algo industrial. Hay ladrillos expuestos adentro y un altillo que te dejaba ver todo. Mis ojos buscaron algún rostro familiar. Alguien en el altillo echa un vistazo pero desaparece, quizás después de notar que no soy su cliente. Hay otra persona siendo tatuada por un tipo en el espacio más lejano a la puerta. El sonido vibratorio de la pistola tatuadora y el zumbido de su conversación baja se siente invitante. Los hombres gritando afuera, sin embargo, son todo lo contrario.
—Malditos idiotas —dice con disgusto la chica detrás del mostrador, asintiendo hacia los extraños afuera—. En un minuto estoy contigo.
Nadie que he visto hasta ahora me parece familiar. Y ninguno de ellos parecen mirarme. Doy vueltas por un minuto, observando las hojas encuadradas en la pared.
Un minuto después, la chica camina hacia mí.
—¿Puedo ayudarte? —pregunta.
Miro al tatuaje psicodélico en su brazo y ella sonríe. Es una serpiente, cada curva en un tono diferente de neón. Observándolo de cerca, me doy cuenta que tiene el rostro de un gato.
—Esa cosa es increíble —le dijo, admirándolo.
—Es una serpeluda, o un ronríbora —explica, y me río—. No puedo decidir cuál usar.
—Creo que mi voto es ronríbora, honestamente.
—Lo mismo opino. —Su sonrisa es amigable y me señala hacia el mostrador—. Puedo mostrarte más trabajo del artista si quieres.
—De hecho, solo… —Echo un vistazo por detrás de ella, repentinamente sintiéndome algo estúpida por venir aquí—. ¿Esta persona trabaja aquí? —Le muestro el perfil del tipo de Instagram.
Ella mira mi pantalla, sus ojos brillan en reconocimiento.
—Masen, sí. Hoy tiene el día libre. ¿Tienes algo agendado con él?
—No. Simplemente… vi algunos trabajos de él online.
—Genial. Es más fácil si le envías un correo para agendar un turno. Si necesitas más información o lo que sea, solo llama. Mi nombre es Alice.
—Gracias.
Espero otro minuto antes de salir, soltando otro "gracias" hacia atrás.
—¿A dónde diablos fuiste? —pregunta Jess mientras camino hacia ella.
—Lo siento. Creí haber visto a alguien que conocía —digo rápidamente. Me siento algo loca y quiero olvidarme de mi pequeña investigación. Quiero decir, ¿qué esperaba al ir allí? Incluso si descubro quién es, ¿qué diría? ¿Me acosaste por Instagram así que te acosé en tu vida real? ¿Ojo por ojo?
Dios, necesitaba calmarme.
—¿Y bien? —pregunta Jess, un poco irritada ante mi repentina partida—. ¿Quién era?
—Nadie —digo, restándole importancia.
xx
Desafortunadamente, no me olvido de ello.
Estoy acostada en la cama de nuevo y me encuentro abriendo la conversación privada con el tipo de Instagram.
Swannie: Se acabó el show. Sé quién eres.
Él responde a los minutos.
Masenry: No, no lo sabes.
Swannie: Sí que lo sé.
Espera.
Swannie: Está bien. No sé quién eres.
Masenry: No pensé que fueras mentirosa.
Swannie: ¿Cómo soy yo la mentirosa? Tú eres el que oculta cosas y es raro y no me dice quién es o lo que quieres.
Masenry: Jamás me preguntaste quién soy. Y respecto a lo que quiero… Eso no lo sé todavía.
Maldito emoji de sonrisa engreída.
Swannie: No te pregunté porque pensé que no me lo dirías. Pero está bien. ¿Quién diablos eres?
Masenry: Quien sea que quieras.
Lo leí una y otra vez. Y es casi como si pudiera escucharle decirlo. Quizás en un tono burlón… en un tono bajo y ronco. Y entonces pasa la cosa más extraña. Me siento emocionada… seducida. No sé por qué. Hay algo intrigante en todo esto, pero literalmente jamás he visto a esta persona. No la conozco; probablemente no me conozca. Aun así, estas interacciones pequeñas y extrañas me dejan queriendo más.
Swannie: Eso es algo gracioso para decir. Fui a tu tienda de tatuajes hoy, pero no estabas allí.
Masenry: Eso es algo gracioso para hacer.
Swannie: También lo es lo que estás haciendo.
Masenry: Creo que es muy divertido, no tan gracioso.
Swannie: ¿Te diviertes acosando a chicas al azar?
Masenry: No hay ningún acoso. Otra vez, solo algo de diversión. Pero si te estoy molestando, lo dejaré de hacer. En serio.
No creo que querer que se detenga.
Swannie: ¿Sabes quién soy? Digo, en la vida real.
Masenry: No.
Observo su respuesta, frunciendo el ceño hasta que sigue tipeando.
Masenry: Pero quizás quiera conocerte.
Swannie: Bueno, ocultar tu identidad lo hace algo difícil, ¿no crees?
Masenry: No creo que estés lista. Quizás yo no lo esté, tampoco…
Swannie: ¿Por qué crees eso?
Masenry: Porque… no.
Swannie: ¿Eso no implica que me conoces en la vida real? ¿Si puedes estimar mi disposición?
Masenry: De acuerdo. Hemos interactuado. Pero, ¿te conozco? No.
Mi corazón late un poco más rápido.
Swannie: Interesante. ¿Fue en King's?
Masenry: Has llegado al límite de tus preguntas del día.
Swannie: ¿Cuál límite de preguntas?
Masenry: La que yo limito cuantas preguntas puedes hacerme sobre mi identidad.
Swannie: Grosero.
Masenry: Hablando de eso, todavía no te he preguntado nada.
Swannie: Eso es porque ya sé sabes quién soy. Maldito.
Masenry: No importa.
Swannie: ¿Y bien? Adelante.
Masenry: ¿Qué llevas puesto?
Swannie: *emoji de dedo del medio*
Masenry: Me parece justo. Era una broma, de todas formas… ¿puedo intentarlo una vez más?
Swannie: Nop. Y si intentas algo vil, esta cosa terminó.
Masenry: ¿Tenemos una cosa ahora?
Swannie: Eso es una pregunta.
Masenry: Y aquí pensaba que podía ser más astuto que tú.
Swannie: Imposible.
Gracias por leer :)
