Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 15
Cuando vuelvo a despertarme, sigue estando oscura la habitación. Edward sigue en la cama conmigo. Y estoy recostada más cerca de él que antes. O sea, mi cabeza se encuentra sobre su pecho y su brazo me rodea.
Como si hiciéramos esto todo el tiempo.
Levanto la cabeza y lo encuentro despierto.
—Lo siento. —Mi voz es ronca por el sueño. Pero no me muevo.
—Está bien —susurra, mirándome.
Pienso en tocar su mandíbula de nuevo, pero me encuentro atrapada. No me siento tan delirante como antes, así que ya no puedo usar eso como excusa.
—¿Qué hora es? —pregunto, finalmente volviendo al mi lado de la cama.
—Casi las tres. —Cuando lo dice, puedo escuchar el cansancio en su voz.
—¿No has dormido?
—Dormité un poco —dice, despreocupado—. Oh, tomé tu teléfono.
—Gracias.
Me siento un poco y lo tomo de la mesa de luz. Había varias notificaciones—algunas llamadas perdidas, mensajes, y una alerta de Instagram. Pero el MD es de Jess, no de Masen.
No puedo mentir, me siento algo decepcionada. Pero quizás sea algo bueno que él no me haya hablado. Edward está en mi cama, después de todo. No necesito más confusión al intentar responder a otro tipo.
Abro mi registro de llamadas. Las llamadas perdidas consisten en dos provenientes de un número desconocido, el cual asumo fue Edward llamando de la clase de Programación, y una de Renée.
Me es gracioso que mi mamá haya llamado solo una vez. Podría estar muriendo por lo que ella sabe.
—¿Este es tu número? —pregunto, inclinando el teléfono hacia Edward, acercándome a él deliberadamente.
Él suavemente toma mi muñeca, manteniendo mi teléfono cerca de su rostro. Es obvio que su mano no necesita estar sobre mí, pero lo hace de todas formas. Y me encanta.
—Sí. Ese es mi número.
Me observa añadirlo a mis contactos, y luego cierro mi teléfono, dejándolo boca abajo sobre la mesa de luz.
—¿Te sientes bien? —pregunta, su voz suave mientras me recuesto.
—Algo.
Toca mi frente, y cierro los ojos bajo su toque. Su mano permanece allí por un segundo y odio cuando la aparta.
—Creo que tu fiebre bajó.
Siento mi propia frente, y luego la de él. Para comparar.
Pero más que nada porque también quiero tocarlo.
—Ya vuelvo —le digo, saliendo de la cama así no me avergüenzo más.
Cepillo mis dientes por tercera vez en la noche y lavo mi rostro, sobre todo porque quiero quitarme los restos de maquillaje de ayer, no porque quiera impresionar a Edward. Sé que no puedo volver atrás; él ya me ha visto en mi peor forma.
Cuando me arrastro de vuelta a la cama, me siento un poco más humana, pero totalmente exhausta.
Nos mantenemos en silencio. En la oscuridad del cuarto, sería muy fácil volver a dormir. Pero todavía no quiero eso.
—¿Puedo preguntarte algo? —pregunto, y él asiente—. ¿Por qué te fuiste la semana pasada? ¿Te metí en problemas por nuestra rara pelea o algo?
—¿Consideras eso una pelea?
—Se sintió algo más personal que nuestras otras interacciones.
Edward considera esto.
—Sí. Supongo que lo fue. Y… —Vacila—. Está bien. Sí. La compañía no estuvo feliz. Supongo que Marcus mencionó algo, y me castigaron.
—Qué bobalicón.
Se ríe.
—Marcus es… sí.
—Pero, ¿por qué te meterías en problemas? No hemos… —Me detengo—. Quiero decir, nada ha pasado entre nosotros de esa forma.
—Cierto. No creo que ellos sepan eso. Por lo que dijo Marcus, supongo que sonó así.
No puedo decir nada porque ahora pienso en eso con Edward y me hace super consciente de lo cerca que se encuentra y lo amable que me mira.
—No están muy preocupados con nosotros, pero… Creo que están siendo precavidos —añade—. Se cubren y se aseguran de que nada raro pase.
—¿Raro en sentido que me cuides mientras estoy enferma?
Sus ojos brillan con diversión.
—Sí.
—¿Te gusta enseñar la clase?
—Así es. Esta es la tercera sesión que he enseñado. El baterista en mi banda solía enseñar también. Él me consiguió el empleo.
—¡Oh! Conocí a su novia Alice.
—¿En serio?
—Sí. La encontré en el show. Nos conocimos en… —Me detengo. ¿Qué voy a decir? ¿Que acosé a un tipo de Instagram hacia su lugar de trabajo y la reconocía de allí? Eso suena demente—. Solo la he visto por ahí.
Él no presiona para más información después de eso, y no ofrezco nada más.
—Me alegra que te sientas mejor. —Su voz es tranquila, casi dulce.
—Yo también. Gracias por estar aquí. En serio.
Se lame los labios.
—¿Tienes que trabajar mañana? O hoy, supongo.
—Normalmente, sí. —Me froto los ojos—. Pero mi jefa me dijo que me quedara en casa. No tengo que volver hasta el lunes.
Se mueve en la cama, pero no se va, afortunadamente.
—¿Qué haces?
—Soy una florista —le digo—. Pero también soy asistente, conductora de repartos, terapeuta para algunas novias, y una amiga para aquellos que han perdido a alguien y necesitan tomar decisiones con respecto a las flores.
—Esos son muchos puestos para ocupar.
—Lo sé.
—Pero te gusta tu trabajo —destaca.
—Así es. Más que eso, me gustan las personas con las que trabajo. Trabajé allí mientras terminaba la escuela y… sí. Se siente como una familia. Esme es una gran mentora y una amiga cercana.
Nos quedamos en silencio por un momento.
—¿Tienes una flor favorita? —susurra.
Usualmente es una pregunta aburrida y cliché. Pero viniendo de él, no lo es. Parece que genuinamente quiere saberlo, y eso me emociona para responderle.
—Amo las peonias. —Sus ojos no se apartaban de mi rostro, pero me mantuve calmada debajo de su mirada—. Al principio están completamente cerradas. Como si fueran una bola de color. Y entonces, días después, cuando florecen, son del doble de tamaño, a veces incluso más. Son abiertas y delicadas. Ni siquiera sabrías que es la misma flor. —Trago el sentimiento que ellas me recordaban a él.
—Mmm. —Toma esta información como si la estuviera archivando.
—Cuéntame sobre tus tatuajes —murmuro.
—¿Cuál?
Busco su brazo cubierto y, cuando lo toco, mi estómago se retuerce. Él se tensa por un segundo y luego se relaja bajo mi tacto. Levanto su brazo hacia mí, fingiendo examinarlo en la oscuridad. Amo la sensación de su piel bajo mis dedos. Él es cálido, y su respiración se acelera un poco, dispersándose en mi rostro.
Gentilmente bajo su brazo y me muevo hacia el otro, el que está entre nosotros. Cuando lo vuelvo a tocar, no lo levanto, sino que acaricio su piel. Algo hace chispas entre nosotros y se queda en la habitación. Mi corazón está latiendo salvajemente en mi pecho, y si él no me hubiera visto vomitar anoche, puede que lo haya besado. Y creo que él me lo permitiría.
Mis dedos trazan suavemente sobre el único tatuaje en su brazo derecho, por lo que puedo ver al menos. Dos letras en negro, casi de siete centímetros cada una, cubrían la piel de su antebrazo—una E y una M.
—Ese fue mi primer tatuaje —me dice.
Mis dedos rastrean la M, una y otra vez.
—¿Qué significan?
—Las iniciales de mi madre.
—Oh. —Parpadeo. No estoy segura de qué decir. Me pregunto por qué sus iniciales podrían estar en su piel cuando vuelve a hablar.
—Ella murió cuando yo tenía trece años.
Mi corazón duele por él.
—Lo siento.
—Yo también. —Aparta su mirada de mis ojos intensos—. Las cosas pasan por muchas razones, pero todavía no estoy seguro de cómo comprender eso.
Muchas preguntas invaden mi mente. Siento la urgencia de consolarlo—de moverme, tocar su rostro. En cambio, no hago nada. No me está diciendo esto para ser consolado. Creo que me lo dice porque quiere que lo sepa. Me encanta lo abierto que está siendo ahora mismo, pero estoy preocupada de que, si no digo o hago lo correcto, se detendrá.
Así que le cuento sobre Charlie.
—Perdimos a mi papá también —murmuro—. Lo entiendo.
Él luce sorprendido.
—¿En serio?
—Sí. Cuando tenía seis años.
—Lo siento, Bella.
—Está bien. Quiero decir, no lo está, pero… ya sabes. —Me aclaro la garganta. Estoy sorprendida por lo fácil que es ser sensible con él. No le cuento a muchas personas sobre él. Pero quizás ayuda saber que él pasó por algo similar—. Tuvo un accidente automovilístico. Giró para no chocar contra un ciervo.
—Mierda —suelta Edward, sus ojos llenos de compasión.
—Pero no recuerdo mucho de ese tiempo. O a él realmente. A veces se siente como la historia de alguien más —admito—. Mi mamá solía hablar de él todo el tiempo, así que eso ayudaba. Pero ya no lo hace.
—Lo mismo con mi papá. Solía pensar que él no hablaba de mi mamá porque estaba de luto. Ahora, no estoy seguro de cuál sea su motivo.
—¿Eres cercano a tu papá? —pregunto.
—No realmente. —Lo veo pensar esto, su expresión se vuelve estoica—. Él siempre estuvo trabajando, y mi mamá fue la que me crio. Creo que cuando murió, él… no lo sé. No se encontraba apto para criar a un niño, mucho menos por su cuenta.
—Eso es una mierda.
—Es lo que es —dice en un mismo tono—. Él es un hombre complicado.
—¿Como tú? —digo sin pensarlo, y Edward casi sonríe—. No lo digo en el mal sentido, simplemente…
—¿Crees que soy complicado?
—A veces.
—Supongo que no es la primera vez que lo he escuchado. —No sé qué decir, así que me mantengo callada—. Pero, de todas formas —Se aclara la garganta—. No es como mi papá en ningún sentido, y no aprueba de nada de lo que hago. Eso hace que sea difícil llevarnos bien.
—¿No le gusta tu arte? —pregunto, y algo pasa por los ojos de Edward. Reconozco el momento cuando se vuelve a cerrar.
—Cierto. Mi arte. No cree que sea una ocupación apropiada.
—Me gustaría ver tu arte en algún momento. —Bostezo y se lo contagio—. Estoy cansada, pero… —gruño.
—¿Qué?
—No quiero dormir. Me gusta escuchar sobre ti —susurro. No estoy segura de cómo será en la mañana y parte de mí no quiere que esto termine aún.
—Deberías dormir.
Mis ojos comienzan a pesar, y los mantengo cerrados cuando susurro:
—Oye, ¿Edward?
—¿Sí?
—Gracias por hablar conmigo.
Se queda callado.
—¿Bella?
—¿Sí?
—Gracias por escuchar.
Y con mis ojos todavía cerrados, sonrío.
El próximo capítulo es EPOV :)
