Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 17

El cuarto está considerablemente más iluminado cuando despierto. Cuando noto que Edward sigue en la cama conmigo, dormido, sonrío para mí misma.

Lo observo por un segundo. Está sobre su costado, de cara a mí. Sus labios están fruncidos ligeramente en un puchero y está respirando profundamente. Las ganas de tocarlo me envuelven. Es muy tentador levantar su brazo y acurrucarme. Enterrar mi rostro en su cuello, respirarlo.

Lo dejo ser y decido bañarme, dejando que el agua caliente me despierte. Cuando estoy vestida de nuevo y secando mi cabello con la toalla, salgo del baño para encontrar la cama vacía. Parte de mí asume que Edward debió haberse ido sin despedirse. Pero entonces, lo encuentro sentado en el sofá.

Me contempla por un instante y se pone de pie cuando entro en la sala. Es raro, algo formal. Algo dulce.

—Hola —dice suavemente.

Hay incertidumbre en sus ojos, pero no sé por qué. Nuestra conversación anoche terminó bien. Algo agridulce. Pero, aun así, fuimos capaces de hablar libremente. Espero que no se arrepienta de eso ahora. Yo definitivamente no lo hago.

Cuando me siento, él se sienta. Es como si estuviera nervioso, copiando todos mis movimientos. Llevo mis rodillas hacia mi pecho, y tiro de las mangas de mi sudadera hacia mis manos.

—Tu cabello es un desastre —le digo, sonriendo suavemente.

Él toma un puñado, soltando una risa sin humor.

—Sí. Es… sí.

—¿Dormiste bien? —pregunto, tratando de romper la tensión.

—Sí. ¿Tú?

—Sí.

Él vacila.

—Debería haber dormido en el sofá, lo siento. Me quedé dormido y luego…

—¿Qué? —Fruncí el ceño—. No. Está bien.

Sus cejas se alzan ligeramente.

—Okey.

—Okey —repito. Las cosas se sienten un poco incómodas, pero definitivamente de su parte. No del mío—. ¿Puedo hacerte el desayuno o algo? ¿Cómo agradecimiento por cuidarme?

Tironea de la parte trasera de su cuello.

—Está bien.

No quiero que se vaya aún.

—No me molesta. —Intento de nuevo.

—En serio, está bien.

Dejo caer mi cabeza sobre mis rodillas y gruño.

—Por favor, no seas así. La pasé bien anoche.

Se mantiene callado hasta que lo miro de vuelta. Su frialdad se derrite, y sus ojos brillan con diversión.

—La mayoría de las personas no lo encuentran divertido estar enferma.

—Bueno, la mayoría de las personas no te tienen a ti cuidándolas —digo con facilidad, sin importar lo ridículo que suene.

Su sonrisa es pequeña y tímida.

—Entonces… ¿ahora qué? —pregunta casualmente.

—Podemos pasar el rato —ofrezco después de un momento.

—Pasar el rato —repite.

—Los amigos pasan el rato.

—¿Somos amigos?

—No somos no amigos —digo, frunciendo el ceño. Pero entonces, típicamente los amigos no se odian.

—Tienes razón —dice, observando mi rostro atentamente.

Oh. Dije eso en voz alta.

Abro mi boca para decirle que yo no lo odio, pero él habla primero.

—No te odio, Bella. —La sinceridad en su voz estruje mi corazón—. En absoluto.

—Solía sentir como que sí lo hacías —admito, mirándolo a los ojos.

—¿Y ahora cómo se siente?

—Se siente… como…

Se siente como si me desearas. Como si te importara. Casi se siente como… como lo que sea que se llame ese sentimiento antes de enamorarte de alguien. El casi-amor. El entusiasmo y el anhelo. Y por ciertos momentos de anoche, casi esperaba que esto pudiera ser más.

Mierda.

No puedo decir eso en voz alta.

—Se siente como… quiero decir, ¿sientes algo por mí? —pregunto antes de acobardarme—. ¿Hay algo entre nosotros?

Abre su boca y la cierra, tomándose un momento para ordenar sus pensamientos. La espera me mata.

—No tengo no algo contigo —dice cuidadosamente, analizando mi reacción.

Suelto una sonrisa frustrada.

—Así que no somos no amigos y tú no tienes no algo conmigo —resumo—. Suena muy complicado.

—Suena a nosotros —ofrece, la esquina de su boca levantándose en una pequeña sonrisa engreída.

Es estúpido y simple, pero se refirió a nosotros como un nosotros. Y mi estómago hace esa cosa rara que recientemente comenzó a hacer cuando desaparece por un momento.

—Sí —concuerdo, mi corazón acelerado—. Suena mucho a nosotros.

Puedo decirlo esta vez, y me encanta cómo suena en mi lengua. Por la expresión en el rostro de Edward, a él también le gusta.

Justo cuando estamos llegando a algo, tocan a mi puerta.

—Eh. Un segundo —le digo, y me pongo de pie. Raramente tengo visitas, pero definitivamente no a las diez de la mañana. Y definitivamente no sin avisar.

Cuando echo un vistazo por la mirilla, estoy sorprendida y contenta de ver a Esme.

—Hola —la saludo.

—¡Estaba muy preocupada! Te mensajeé anoche para ver si estabas sintiéndote mejor y jamás respondiste.

—Oh, mierda. Lo siento. —Intento articular que Edward está aquí.

—¿Qué? —pregunta en voz alta, frunciendo el ceño—. ¿Qué intentas decir?

Entra —le digo con una mirada mientras abro más la puerta.

Y entonces ve a Edward.

—¡Oh! Tienes compañía. —Ella entra, cargando un táper con sopa.

—Ella es Esme, mi jefa —le digo a Edward.

—Odio cuando me presentas así —dice ella, riéndose un poco—. Soy tu amiga primero. Siempre.

—Cierto. —Sacudo la cabeza—. Él es Edward. Me estuvo ayudando anoche. Cuando me enfermé.

—Edward. —Esme estrecha su mano, sonriendo aún más ahora que sabe quién es. Prácticamente se derrite—. Qué encantador de tu parte cuidarla.

—No fue nada —dice él.

Está equivocado. Fue todo.

Esme nos mira, con corazones en los ojos, y desafortunadamente, Edward lo toma como su señal para irse.

—Estaba por irme —nos dice, buscando sus botas y sentándose en el sillón para colocárselas.

—¿En serio? —pregunto, odiando su ida repentina.

—Sí. Tengo algunas cosas que hacer antes de trabajar.

Se concentra en atar sus botas y se pone de pie.

—Un gusto conocerte —le dice a Esme y entonces me mira, su expresión suavizándose solo un poco—. Qué te sientas mejor, Bella.

—Espera. —Lo sigo—. Te acompañaré afuera.

Lentamente nos dirigimos hacia la puerta principal. Estoy tan cerca de él, pero no nos tocamos. Echo un vistazo a Esme, que parece ocuparse de llevar la sopa al refrigerador. Ella está fingiendo terriblemente no estar espiando.

—Así que, te veré el miércoles, ¿cierto? —pregunta Edward.

—No te no veré —bromeo, y él ríe, haciendo expandir mi pecho ante el sonido—. Entonces… ¿somos amigos ahora?

—Claro. —Sus ojos se iluminan—. Amigos.

—¿Los amigos pueden pasar el rato antes del miércoles? —pregunto con anhelo.

—Los amigos definitivamente pueden hacer eso —acepta, observándome. Pero, estoy segura que no está mirándome como un amigo, y hace que mi corazón lata salvajemente—. ¿Quizás mañana por la noche? Si te sientes mejor.

—Mañana funciona bien. Yo haré la cena.

Él sonríe engreídamente.

—De acuerdo. Eso me gustaría.

Se queda allí por un momento y estoy por agradecerle por cuidarme cuando las ganas de tocarlo me inundan por una segunda vez. Así que lo abrazo. Cierro la pequeña distancia entre nosotros y envuelvo mis brazos alrededor de su cuerpo, descansando mi cabeza sobre su pecho. Le toma un segundo, pero envuelve sus brazos a mi alrededor, relajándose y devolviéndome el abrazo.

—Gracias de nuevo —susurro con mi mejilla presionada contra su camiseta.

Él lleva una mano hacia mi nuca, y simplemente… nos abrazamos por un momento. Es tierno. Dulce. Y entonces Esme golpea algo en la cocina y lentamente nos soltamos.

—¡Lo siento! —dice ella, sonriendo incómodamente.

Edward suelta una risa.

—Te veré mañana —dice, mirándome.

—Está bien. Adiós.

Se va y cierro la puerta detrás de él. Esme se encuentra de pie en la cocina de brazos cruzados y con una sonrisa engreída en su rostro.

—¿Qué?

Vaya —dice Esme, sonriendo ampliamente—. ¿Te molestaría decirme qué fue todo eso?

Me siento con ella en el sofá y le cuento todo. Sobre cómo él vino y me cuidó, que incluso me sostuvo el cabello mientras vomitaba. Cómo se acostó en mi cama y no se asustó cuando básicamente lo usé de almohada. Cómo nos abrimos el uno al otro y compartimos cosas en la oscuridad de mi cuarto.

—¿Pensé que era irritante? —pregunta.

Me muerdo la parte interior de mi mejilla.

—Lo es.

—¿Y complicado?

—Eso también —digo con menos convicción.

—Oh, Bella.

Suelto un gruñido, cubriendo mis mejillas sonrojadas.

—Jódeme.

—No, gracias —bromea—. Pero él puede que lo haga.

Me río con ella, sacudiendo mi cabeza.

—Creo que estoy en problemas.

Su sonrisa es compasiva.

—¿Por qué?

—Porque creo que me gusta el chico que solía odiar.

Ella tiene una expresión en el rostro que dice «te lo dije», pero es lo suficientemente buena como para no decirlo.

—Han pasado peores cosas, niña.

Espero que tenga razón.

xx

Me lo tomo tranquilo el resto del día, incluso duermo unas horas en el sofá. Le devuelvo la llamada a Renée y finjo enojarme por darle mi dirección a Edward. Pero no lo estoy realmente. Honestamente, es algo gracioso. Y muy de Renée. Al final, su razonamiento fue que ella sabe que le hacen una revisión de antecedentes a todos los instructores, así que ella pensó que él era inofensivo.

Técnicamente, tenía razón. Pero, en tono de broma, le recordé que no vale la pena arriesgar mi vida. Por el otro lado, la de Liam lo vale.

Después de colgar, caliento la sopa que Esme me trajo y comienzo a ver El Amor es Ciego, ya que mi madre no paraba de hablar de ello. Estoy en el tercer episodio cuando mi teléfono se ilumina con un mensaje de Masen.

Masenry: Hola, extraña. Hace mucho que no hablamos.

Swannie: Ha pasado un día, raro.

Masenry: De hecho, han pasado dos.

Tiene razón. Creo que perdí un día por estar enferma.

Swannie: Siiiiií. Perdón, estaba ocupada estando enferma.

Y siendo cuidada por el hombre más dulce y frustrante… con el que tengo una especie de cita mañana en la noche.

Masenry: Eso apesta. ¿Te sientes mejor ahora?

Swannie: Un poco cansada, pero dentro de todo bien. Me quedé en casa hoy y afortunadamente tengo el día libre mañana.

Masenry: Te puedo dejar sola si estás cansada.

Swannie: De ninguna manera. Quiero hablar.

Masenry: Bien. Yo también.

Swannie: ¿Qué has estado haciendo? Y no digas "no mucho" o algo vagamente similar.

Masenry: Estuve ayudando a un amigo con unas cosas.

Swannie: ¿Oh? ¿Cómo qué?

Masenry: Solo unas cosas personales.

Swannie: Interesante. ¿Era una amiga?

Masenry: De hecho, sí.

Mi mente va directamente hacia Rosethorn.

Y entonces pienso en mi situación con Edward.

Swannie: Mmm. Si un amigo me estuviera ayudando, pensaría que le gusto.

Masenry: Probablemente tengas razón.

Swannie: ¿Entonces crees que esta amiga tuya es atractiva?

Masenry: No me hagas responder eso. Por favor.

Swannie: Entonces eso es un sí, jajajaja.

Agh. Esas son muchas ja para ser casual.

Swannie: ¿Te gusta?

Masenry: Eres absolutamente la peor.

Swannie: Vamos. Quiero saber. Puedes decírmelo.

Parte de mí casi quiere que admita que le gusta alguien más así no me siento confundida por mis sentimientos hacía Edward.

Masenry: De acuerdo. Me gusta.

Swannie: ¿Sí?

Masenry: Me gusta más de lo que sé comprender.

Sí. Definitivamente Rosethorn.

Swannie: Ufff. Bueno, mierda.

Masenry: Sí.

Swannie: ¿Qué te detiene?

Masenry: ¿Qué te hace pensar que estoy siendo "detenido"?

Swannie: Bueno, para empezar, me estás hablando. Y no siento esas vibras de que seas un tipo ruin. Así que eso me hace asumir que nada ha pasado con esta amiga que te gusta.

Masenry: Me parece justo. Tienes razón. Y lo que me detiene es que es complicado.

Swannie: Eso apesta. Si te hace sentir mejor, hay alguien con el que he empezado a sentir cosas también. Eso, también, es complicado.

Masenry: ¿Sí?

Swannie: Sí. Pero a veces esto contigo se siente… menos complicado.

Masenry: Sé lo que quieres decir.

Swannie: Supongo que no quiero que te sientas mal (¿si es que siquiera te sientes mal?) que te guste alguien cuando yo también siento cosas por otra persona.

Masenry: ¿Quién es el afortunado?

Swannie: ¿Qué te hace pensar que es un tipo?

Masenry: …

Swannie: LOL. Y sí, me estoy riendo en voz alta. Puedo imaginar tu rostro ahora mismo.

Masenry: Maldita.

Swannie: Sí, sí. Como sea. No sé si debería llamarlo afortunado. Pero nos conocimos como ¿hace poco más de dos meses? Es el instructor de programación de mi hermano. Otra vez, es muuuuuuy complicado.

Masenry: Es afortunado. Confía en mí. ¿Por qué es complicado?

Swannie: ¿Acaso no es raro que esté hablando de esto contigo?

Masenry: Nah. Yo pregunté.

Swannie: Está bien. Cuando lo conocí realmente pensé que no le gustaba. Y se metió debajo de mi piel como… demasiado. Tiene vibras de ser un imbécil.

Masenry: ¿Quizás solo le gusta sacarte una reacción? O puede que sea tímido y no estaba seguro de cómo acercarte a ti. Solo es una idea. Pero no lo sé. Obviamente.

Swannie: Quizás. Supongo que… no sé lo que pasa entre nosotros.

Masenry: ¿Entre tú y yo? ¿O tú y él?

Mierda.

Swannie: Ambos.

Masenry: Tampoco sé realmente lo que está pasando aquí,

Swannie: ¿Cuándo vas a ser un hombre y me dirás quién eres?

Masenry: Ay. Quiero decir, lo entiendo. Pero, ay.

Swannie: No. "Ay" es una suave patada a las pelotas. "Ay" no es desafiarte, lol.

Masenry: ¿Suave dices?

Swannie: Soy muy ágil.

Masenry: ¿Cuánto mides? ¿Metro y medio?

Swannie: Un metro sesenta, muchas gracias. Pero ser petiza ayuda a mi agilidad. ¿Eres alto?

Masenry: Sí.

Swannie: Me gustan los chicos altos.

Masenry: Me gustas…

Masenry: Tú.

Swannie: Bueno, no por mucho tiempo. Estoy por cortar todo contacto si no te encuentras conmigo.

Masenry: No te atreverías.

Swannie: Quizás sí. Quizás no.

Masenry: ¿Me ignorarías?

Swannie: Sí. Será como si nunca hubiera existido.

Masenry: No me gusta cómo suena eso. Para nada.

Swannie: Entonces encuéntrate conmigo, maldito.

Masenry: Dame un tiempo. ¿De acuerdo?

Swannie: Agh. No. Nada de más tiempo.

Masenry: Lo digo en serio. Solo… confía en mí.

Swannie: Está bien. Pero sigues siendo un maldito.

Masenry: Y tú eres brava. Me gusta.

Swannie: Bueno, me gustas…

Swannie: Tú. xx


Uff, la cita será... ya vieron mi reacción en el grupo jajaja

¡Hasta el próximo! :)