Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 18
Paso la mitad del sábado limpiando mi departamento. Estar enferma me hizo muy sedentaria, así que se siente bien moverse. Sé que Edward ya ha estado aquí y que ha visto el desastre que era, pero quiero que esta noche las cosas sean diferentes. O sea… con todo en lugar, para empezar. Y sería mejor con menos vómito también.
Le mensajeo alrededor de las dos para asegurarme que el plan siga en marcha.
Bella: Holaaaa. Es Bella.
Edward: Hola.
Bella: Aun vendrás esta noche, ¿cierto?
Edward: Sí.
Bella: ¿A qué hora te viene bien?
Edward: A cualquiera.
Bella: Okey. ¿Qué tal a las 7?
Edward: Seguro.
Pongo los ojos en blanco hacia mi teléfono. Incluso en mensajes de texto, es un hombre de pocas palabras. Pero entonces, supongo que no le he preguntado nada que requiera más que respuestas monosílabas. Quizás es su tono lo que se siente raro y no su falta de palabras.
Bella: Okey. No te sientas forzado a venir o lo que sea. Te juro que no me ofenderé si no quieres hacerlo… lol
Quince minutos después, responde.
Edward: Lo siento, estoy trabajando. Quiero ir. Quiero verte. Y he estado pensando en esto todo el día.
Edward: ¿Eso aclara las cosas?
Sonrío, mi estómago dando vueltas con energía ansiosa y coqueta.
Bella: Sí. Gracias. ¿Te gustan los ravioles?
Edward: Me encantan.
Bella: Bien. Nos vemos.
Edward: No puedo esperar.
Corro a la tienda alrededor de las cuatro y tomo algunas cosas para que cocinemos raviolis de queso caseros. No estoy segura de sí querrá vino o cerveza, pero tomo una botella de vino tinto y un six-pack de Stella, por si acaso.
Después de bajar todos los comestibles, me ducho y me preparo para la noche. No exagero, pero la última vez que me vio, lucía bastante arruinada. Me coloco poco maquillaje, me recojo el cabello, y me decido por un par de jeans de cintura alta y un top.
Edward llega poco después de las siete. Cuando abro la puerta, me toma por sorpresa. Está vistiendo sus jeans negros de siempre con botas negras, pero esta noche tiene una camiseta blanca. Blanca. Jamás lo he visto en un color tan claro, y le hace cosas a mi corazón. Lo cual es completamente estúpido. Es una maldita camiseta. No debería afectarme de esta forma.
Pero lo hace.
—Hola. —Sonríe, casi nerviosamente, sus ojos vagan por mi piel expuesta—. Tu cabello está recogido.
—Hola. Sí. —Lo miro—. Tú, eh…
Me tiende una botella de vino.
—No sabía si debía traer algo.
—¿Camiseta negra no? —Finalmente logro decir.
—¿Qué?
Abro más la puerta y lo dejo entrar.
—Sueles usar negro. O, mejor dicho… camisetas más oscuras.
—Claro. Es día de lavado.
Gracias a la mierda por eso.
Camino hacia la cocina y él me sigue por detrás.
—¿Qué es todo esto? —pregunta, echando un vistazo a los ingredientes sobre la encimera.
—La cena. Vamos a cocinar ravioles de queso caseros.
—Pensé que tú ibas a cocinar para mí —dice, divertido.
—Claro. Te salió el tiro por la culata. Te voy a poner a trabajar.
—Realmente no sé cómo cocinar —admite—. Simplemente podemos ordenar algo, si quieres.
Me río.
—¿Te rindes tan rápido?
Toma un cortador de ravioles y lo examina.
—Parece algo intimidante.
—No es difícil. Te mostraré cómo hacerlo.
—Está bien. —Suspira, pero su expresión es casi juguetona—. Adelante.
—Primero, vino. —Descorcho la botella que trajo—. Oh, también traje Stella. No estaba segura de lo que tomarías.
—Stella, ¿eh?
Lo dice como si fuera un chiste privado.
—¿Sí?
—El vino es bueno —dice, apartando su mirada.
Tomo dos copas y nos vierto una cantidad generosa.
—Está bien. ¿Quieres ocuparte de la masa?
—Claro —dice, estirando la palabra—. Pero jamás he hecho una masa antes.
—De nuevo, esto es bastante fácil.
—Si tú lo dices. —Parece completamente fuera de lugar, pero sigue bien las instrucciones. Rayo queso en un bol, observando cómo añade harina, huevo, y sal en la procesadora—. ¿Ahora qué?
—Solo pulsa un poco.
—¿Pulsarlo? —repite.
La forma en que lo dice lo hace sonar jodidamente indecente.
—Así. —Me acerco a él, y mi hombro roza contra su piel tatuada mientras presiono el botón por solo unos segundos. Comienza a girar, y él se hace cargo—. Cuando esté todo desmenuzado, añade un poco de agua —le instruyo y rompo un huevo para colocarlo sobre la mezcla de queso.
Observo su rostro, cómo se concentra en la tarea simple de verter agua en la procesadora. Es adorable. Y sexy. Y me atrapa mirándolo.
—¿Qué? —Se detiene—. ¿Lo estoy haciendo mal?
—Para nada. Lo estás haciendo muy, pero muy bien. —Mi tono suena ronco y aclaro mi garganta—. Estará pegajoso, pero así es como lo queremos.
—Me gusta pegajoso.
Veo la esquina de su boca torcerse. Está jugando conmigo. Simplemente sacudo la cabeza e intento ignorar las chispas que hay entre nosotros. Porque eso es lo que hacen los amigos. Ignoran las chispas y la atracción sexual y… honestamente no creo que quiera ser su amiga. Para nada.
Llevo la mezcla de queso al refrigerador mientras él amasa.
—Estás siendo muy gentil con ella —le digo, apartándolo a un lado. Excepto que no se mueve en realidad, y tengo que trabajar a su lado. Nuestros brazos se están tocando, y él está mirándome en vez de a lo que hago. No lo miro, pero puedo sentir sus ojos. No creo que quiera ser amigos también.
—Hazlo así —le digo—. Estírala con la parte inferior de tus palmas y tráela de vuelta hacia ti.
Me deja hacerlo por él, sin apartar sus ojos de mí.
—Me gusta tu cabello así —dice suavemente.
Sí, no hay chance de que podamos ser amigos.
—Gracias —murmuro, pero no puedo mirarlo porque puede que me le abalance.
Finalmente aparta su mirada y puedo volver a respirar. Cubro la masa con un papel film y lo dejo en el refrigerador.
—¿Ahora qué? —pregunta, bebiendo su vino.
—Tenemos que dejar que la masa repose por, como, media hora. Luego podemos rellenar el raviol.
—Entonces, ¿podemos descansar?
—Sí. —Me río, poniendo los ojos en blanco—. Un merecido descanso por todo el trabajo duro que has hecho.
Lo atrapo sonriendo antes que se dirija a la sala. Me pongo cómoda en el sofá mientras él inspecciona el toca discos que tengo en un rincón del cuarto. Estoy bastante segura que está cubierto de polvo y honestamente, puede que no funcione.
Ojeándolo, pregunta.
—¿Alguna vez has usado esta cosa?
—Sí. Todo el tiempo. —Me mira para nada convencido—. De acuerdo. Lo usé, como, por un mes después de comprarlo.
—Tan hípster —bromea.
—Cállate.
—¿Puedo poner algo? —pregunta. Parece algo nervioso, estudiando mis discos.
—Claro.
Elije un disco de David Bowie y se sienta a mi lado en el sofá. Más lejos de lo que me gustaría.
—Buena elección —le digo, asintiendo mientras escuchamos a Bowie cantar sobre si hay vida en Marte.
—Buena colección de álbumes… para alguien que no los escucha en realidad.
Me río, amando lo feliz que está siendo esta noche.
—No puedo llevarme el crédito. Esos discos eran de Charlie.
—¿Charlie?
—Mi papá. De hecho, también estuvo en una banda.
La sonrisa de Edward es dulce.
—¿Sí?
—Ellos eran The Midnight Ramblers o algo así. Tocaron mucho en los 70, pero para cuando nací mayormente se juntaban para tocar en nuestro garaje. Mayormente era una excusa para beber cerveza, de acuerdo a mi mamá.
—¿Qué tocaba?
—Todo —digo con una risa suave—. Él siempre tuvo muchos instrumentos. Banjo, violines. Guitarras. O realmente tenía talento o tenía un serio caso de TDA.
Edward se ríe un poco.
—Apuesto a que definitivamente era esto último.
—También lo creo. Todavía tengo una de sus guitarras.
—La vi en tu cuarto la otra noche.
—¿Puedes tocar la guitarra? Quiero decir, sé que tocas el bajo, pero…
—También puedo tocar la guitarra.
—¿Y cantas?
—A veces.
—Toca algo para mí.
Edward gruñe.
—Odio ser ese tipo.
—¿Qué tipo?
—El tipo en la fiesta que saca su guitarra y obliga a todos a escuchar una interpretación horrible de Wonderwall.
Me río fuertemente. Sé lo que dice. Pero Edward no es ese tipo. No podría serlo ni que lo intentara.
—Bueno, esta no es una fiesta. No me estás obligando a escuchar; te estoy pidiendo que toques. Y apreciaría que tu interpretación de Wonderwall no fuera horrible.
Me dedica una mirada.
—Bella.
—¡Vamos! Amo esa canción demasiado y ahora que la nombraste, no voy a ser capaz de dejarlo pasar.
Suspira.
—Está bien.
Salgo saltando del sofá para detener el toca discos, y tomar la guitarra antes de dejarla en sus manos.
Creo que me voy a morir esta noche. Entre esa camiseta blanca, sus tatuajes y la mirada en sus ojos, la guitarra en sus manos… él me va a matar.
—No puedo creer que me estés haciendo hacer esto —murmura, afinándola un poco.
—Yo no puedo creer que estés sorprendido de ello. —Río—. ¿Acaso no es lo primero que las personas te piden cuando se enteran de que eres un músico?
Se encoje de hombros, y nos quedamos en silencio cuando comienza a rasguear. Es más lento que la versión original a la que estoy acostumbrada a escuchar. Es más oscura también. Casi inquietante.
Y entonces comienza a cantar.
Puedo sentir las palabras en mis huesos. Y cuando canta «I don't believe that anybody feels the way I do about you now», no puedo apartar mi mirada de su rostro. Pero él no me está viendo, sino que mantiene su cabeza agachada, rasgueando con una facilidad que me hace saber que es increíblemente talentoso con sus dedos.
Estoy pensando en qué más pueden hacer sus dedos cuando me mira. Sigue tocando, sigue cantando. Pero esta vez las palabras son: «There are many things I would like to say to you, but I don't know how».
Estoy perdida.
Vuelve a bajar su cabeza mientras canta el coro, y tarareo con él.
No termina la canción después del coro, detiene las notas lentamente.
—Vaya. —Es todo lo que puedo decir.
No me mira mientras apoya la guitarra contra el sofá.
—¿Quién te enseñó a tocar?
—YouTube —admite, soltando una risa—. Pero mi mamá me enseñó a tocar el piano.
—Agh, ¿también tocas el piano?
—¿Es muy malo?
—No. —Sacudo mi cabeza, terminando mi vino—. Es jodidamente atractivo.
Empuña un poco de su cabello lejos de su frente, sus mejillas se sonrojan un poco.
—¿Tocas algún instrumento?
—No. No heredé ese gen. —Reí—. Desafortunadamente.
—Podría enseñarte.
—Creo que estoy más interesado en mirarte tocar, para ser honesta.
Me estudia.
—Eres más atrevida de lo que pensé que eras cuando te conocí. Y simplemente… diferente. En el buen sentido.
—¿Crees que soy atrevida? —pregunto, observando su boca.
—Un poco. Pero me gusta.
—No creo que sea atrevida —digo—. Atrevida sería… —Pienso en esto—. Atrevida sería subirme a tu regazo y besarte.
Termina lo que queda en su copa.
—Sí. Eso sería muy atrevido de tu parte.
—Y completamente inapropiado —añado.
—Completamente.
Me muevo contra el sofá un poco.
—O sea, inapropiado para amigos.
Asiente, su mirada se oscurece. Lo veo lamerse los labios, y en respuesta lamo los míos.
—Pero sí dijiste que no sentías no algo por mí —murmuro—. Así que eso quiere decir que te gusto… ¿más que como una amiga?
Se mantiene callado, calculando.
—¿Eso es lo que quieres que signifique?
Lo miro incrédulamente.
—Por favor, no seas vago. Simplemente… sé honesto. Habla conmigo.
Aferra su cabello de nuevo, su bícep tatuado se flexiona cuando levanta su brazo.
—¿Quieres que sea honesto?
—Sí.
—Me aterras —dice simplemente.
—Oh.
No estaba esperando eso.
—Cuando te conocí por primera vez, pensé que serías una estirada… malcriada. —Entrecierro los ojos. Tampoco esperaba eso—. Y eso fue horrible de mi parte. Lo sé. Pero resulta ser que no lo eras. No lo eres. Y si te sentaras sobre mi regazo ahora mismo y me besaras, me encantaría, Bella.
—¿Sí? —Mi voz es demasiado tranquila. Quiero decir, el tipo acaba de insultarme, retractarse, y admitir que estaba equivocado, y se me aventó en cuestión de segundos. Y todo en lo que puedo pensar es en aceptar su sugerencia.
Nos observamos el uno al otro, nuestros pechos elevándose y descendiendo rápidamente. Mis ojos se mueven hacia su boca y luego hacia sus ojos. Él no está sonriendo, así que creo que lo dice en serio. Si no—bueno, esto está por ponerse incómodo. Me muevo deliberadamente y coloco mi copa sobre la mesa ratona, tomando la copa de sus manos y haciendo lo mismo. Entonces, me ubico sobre su regazo. Él mantiene sus manos a sus costados, descansándolas sobre el sofá mientras yo me acomodo sobre mi nuevo lugar favorito. Mi corazón está latiendo jodidamente rápido, y no puedo mirar a su rostro. No aún.
Trago y observo a su pecho duro. Levantando mis dedos, trazo desde su cuello y hacia su corazón. Puedo sentir sus ojos sobre mí.
—¿Cuántos tatuajes tienes? —pregunto con voz ronca, mirándolo al fin. Sus ojos están nublados un poco, pero aun alertas, como si no estuviera seguro de lo que estoy por hacer.
—Muchos.
Sus manos se mueven cautelosamente, llevándolas hacia la parte baja de mi espalda para mantenerme en el lugar. Mi estomago cae ante el contacto, y mi respiración se estanca en mi garganta. Él lo nota. Es una reacción muy traicionera de mi parte, y estoy casi enojada con mi cuerpo por no ser capaz de contenerse mejor.
—¿Hay algún tatuaje aquí? —susurro, tocando el algodón que cubre la parte izquierda de su pecho.
—Sí.
—¿Qué es?
—Eh… —Exhala fuertemente, su pecho inflándose bajo mi toque—. Un león.
—¿En serio?
—Solo el rostro y la melena.
—Quiero verlo. —Tiro del borde de su camiseta y él ríe roncamente, tomando gentilmente de mis manos.
—Bella.
—¿Qué?
—Ahora no.
Lo miro, visiblemente enfadada que no me deje hacer lo que quiero. Pero estaba absorta en el momento. Y sentada sobre él, sintiéndolo debajo de mí y la calidez de sus manos en mi espalda, apartaban toda la coherencia.
—Solo… —Trago—. Me gustas. Mucho.
—También me gustas. —Sus ojos son los más honestos que los he visto—. Más de lo que…
—¿Más que tú qué?
Se inclina un poco y presiona un suave beso sombre mi hombro. A penas puedo concentrarme en sus palabras con sus labios sobre mi piel.
—Más de lo que sé —murmura. Otro beso, pero esta vez en mi clavícula—, cómo, —Sus labios están en mi cuello, pero el beso es casto—, comprender. —Esta vez, sus labios presionan un suave beso en la comisura de mis labios, quedándose allí.
Mi corazón late acelerado. Sus suaves besos crean un fuego en mi vientre, y giro la cabeza un poco hasta que mi boca se encuentra con la suya. Nos quedamos quietos por un momento, solo tocando nuestros labios. Él da el primer paso después de eso, abriendo la boca para besarme. Le devuelvo el beso, cerrando los ojos. Quiero estar más cerca, así que llevo mi pecho contra el suyo.
Cuando nuestras lenguas se encuentran, una chispa se enciende en mi estómago y la suerte está echada. Él gruñe en mi boca, y nuestro abrazo se vuelve frenético, apresurado. Sus manos en mi espalda se deslizan hacia mi trasero. Me muevo contra él, casi embistiendo, mientras lo siento endurecerse debajo de mí. Nos apartamos, y él besa a lo largo de mi cuello, mordisqueando mi cuello.
—Diablos, Bella —dice entre dientes, y me muero un poco.
Mi respiración es acelerada y entrecortada. Vuelvo a encontrar su boca, con ojos aun cerrados, simplemente sintiendo, besando y amando la forma en que me está haciendo sentir.
Y entonces el cronómetro de la masa suena.
—Alexa —llamo, jadeando—. Apaga el maldito cronómetro.
Enterrando mi rostro en su cuello, lo siento reírse debajo de mí. No quiero moverme.
—Maldita Alexa —murmura.
Me aparto para mirarlo. Sus labios están rojos, sus ojos algo nublados. Puedo garantizar que luzco igual que él.
—Sí.
—¿Quizás deberíamos ir a terminar la cena? —ofrece, aclarándose la garganta.
No. Jamás volveré a comer si eso significa que puedo seguir haciendo esto con él.
—Claro —digo, en cambio, manteniendo la calma—. ¿Acabamos de romper el sello del beso? —pregunto con esperanza.
—¿El qué?
—O sea, te puedo besar cuando quiera.
Me doy cuenta que sueno como una idiota, pero no puedo echarme atrás ahora.
Sus ojos se iluminan con diversión.
—Eso suena como un juego peligroso.
—Es el más peligroso —le digo. Pero eso no es verdad. El juego más peligroso es el que los dos nos enamoramos del otro, al punto de que uno de los dos salga lastimado. Pero me guardo esa parte para mí, porque ahora no es la hora de hablar sobre posibles dolores—. ¿Entonces? ¿Estás adentro?
Estudia mi rostro con tanta intensidad que casi estallo. Entonces, cierra la distancia y me vuelve a besar.
—Estoy dentro.
I don't believe that anybody feels the way I do about you now = No creo que alguien sienta lo mismo que yo por ti ahora.
There are many things that I would like to say to you, but I don't know how = Hay demasiadas cosas que me gustaría decirte, pero no sé cómo.
