Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 22

Me lo tomo con calma el resto del día, dejando que mi borrachera sea solo ligera hacia la noche. Bebo agua en vez de cerveza cuando todos los demás están ahogándose en ella, y nos detenemos para comer unas hamburguesas y papas fritas, lo que ayuda a absorber algo del alcohol. Es divertido, y los amigos de Paul son buena onda. Aún tengo que ver a Paul portándose como un imbécil así que… supongo que está bien.

Son después de las nueve cuando llegamos a nuestra última parada—King's. No puedo evitar escanear el bar, preguntándome si Edward vendrá. Encontramos una mesa en el fondo, cerca de la mesa de Shuffleboard. Las únicas personas restantes del cumpleaños son Jess, Paul, uno de sus amigos, y yo. Todos los demás ya se han ido.

Estoy tentada de acosar a "Masen" un poco más, pero estar ebria me hace preocupar que meta la pata y arruine todo. Releo nuestra conversación de antes para asegurarme que no dije algo para revelar que lo sé. No creo que algo resalte mucho. Quiero decir, fui jodidamente sarcástica, pero…eso necesariamente no es algo nuevo. Y él sabía que estaba bebiendo. Quizás asumió que mi actitud amargada era debido a eso.

Estoy esperando impacientemente para cerrar mi cuenta cuando escucho su voz a mi lado. El barman le pregunta qué quiere beber, y él dice que necesita un minuto.

Entonces murmura mi nombre.

—Bella —dice de nuevo cuando no respondo la primera vez.

Me tomo unos segundos para mirarlo, esperando que lo haga sudar un poco. Cuando giro, encuentro a Edward observándome, parece nervioso. Luce como alguien que se enteró hoy de que la persona por la que quizá se siente atraído ha acabado con él. Pero ese es el problema número uno—puede o no que se sienta atraído hacia mí. Cambia todo el tiempo con sus sentimientos. Y el problema número dos es que él es Masen.

Lo miro a los ojos. Tiene puesta una camiseta blanca de nuevo. Es malditamente injusto lo bien que se ve. Tiene el ceño fruncido y el cabello rebelde. Sus ojos verdes están llenos de preocupación.

Honestamente, si es un problema que sea Masen, entonces qué problema. En el fondo, estoy aliviada que sea él. En serio que sí.

Noto un tatuaje nuevo asomándose por el cuello de su camiseta. No puedo decir qué es, pero estoy jodidamente intrigada. Quiero tirar de su cuello un poco y rozar mis dedos sobre su piel tatuada y sensible.

Mierda.

—¿Qué haces aquí, Edward? —pregunto finalmente, estirando su nombre intencionadamente.

—Estoy aquí con unos amigos —dice, asintiendo hacia una mesa cercana donde el baterista y el vocalista están sentados.

—Jamás te había visto aquí antes.

—Tampoco yo a ti —dice, y lo observo pasarse una mano por su cabello—. No me has dado un rodillazo en las pelotas aún, así que ¿asumo que es una buena señal?

Mierda. Mi corazón late fuerte en mi pecho. ¿Acaso él sabe que lo sé?

—¿Por qué esperabas que lo hiciera? —pregunto inocentemente.

—Porque fui un idiota contigo el miércoles… y no te respondí anoche.

Él no sabe que lo sé.

—Mmm. —Trato de contener mi sonrisa—. Me siento un poco más apática que enojada contigo por eso. Creo que, en términos de sentimientos, eso es peor.

Su expresión se cae.

—Mira…

—Te di la oportunidad de hablarme anoche. Aun así, me ignoraste.

—Porque soy… un maldito… —Suspira—. No lo sé. Soy un idiota.

Su admisión casi me hace sonreír. Él se acerca un poco más y baja su cabeza, así nuestra conversación es más privada. Y me pierdo en sus ojos.

—Me quedo atrapado en mi cabeza a veces. ¿Eso es lo que quieres escuchar?

No puedo apartar mi vista de él, y no se aleja, así que nuestros rostros están a solo milímetros de distancia.

—Quería escuchar lo que sea que estás dispuesto a contarme, Edward. Pero tú… —Es mi turno de suspirar, y doy un paso hacia atrás—. Al menos soy abierta. Honesta —añado—. Sabías que me gustabas. Te lo dije con mis palabras, y te lo mostré con mis acciones, y…

—También me gustabas —dice, entonces se corrige inmediatamente—. Me gustas, Bella. No puedo dejar de pensar en ti.

Mi enfado con él se reduce mínimamente, y mi corazón late rápido.

—Tienes una forma rara de mostrarlo.

—A veces lo encuentro difícil hablar contigo.

Suelto un bufido.

—¿Por qué? Soy, como, la persona más accesible del mundo.

Me da una mirada.

—No realmente.

—¡Soy buena! —discuto.

—No digo que no seas buena, sino… —Sus ojos se mueven por mi cuerpo—. Mírate. Con esos ojos y cabello oscuro y esa… maldita sonrisa.

La última parte sale como si estuviera exasperado, y puedo sentir que cedo. Pero, diablos. Nadie jamás ha hecho que mi estómago se revuelva así. Nadie jamás me ha mirado de la forma que lo está haciendo él ahora mismo. Como si sus palabras realmente fueran verdad, y le gusto más de lo que sabe comprender y simplemente no sabe qué hacer al respecto.

El barman me entrega mi tarjeta y un recibo para firmar.

—¿Te vas? —pregunta Edward.

—Sí.

Luce decepcionado.

—Entonces… ¿te veré por ahí?

—No lo sé —digo simplemente.

Sus ojos encuentran los míos, y observo todo su semblante cambiar. Está desanimado. Desanimado. Y sé que no puedo hacerle esto, no importa lo divertido que podría ser hacerlo sudar.

—Quiero decir, te vendría bien si me fuera de aquí, ¿pero por qué castigarme a mí misma por tus acciones?

—¿Qué quieres decir?

—Digo que sigo queriendo pasar el rato contigo, a pesar de… todo.

—¿Sí?

—Sí. Ven a casa conmigo.

Un momento pasa antes de que pregunte:

—¿Ahora mismo?

—No, Edward, la semana que viene —espeto—. Sí. Ahora mismo.

Una expresión de sorpresa pasa por su rostro antes de sonreír un poco.

—Está bien. ¿Qué quieres hacer?

Quiero darte la oportunidad de que te sinceres.

—Quiero hablar. —Mantengo su mirada, preguntándome quién la apartará primero—. O lo que sea.

Sus cejas se elevan.

—¿O lo que sea?

—Pasar el rato —ofrezco—. Los amigos hacen eso, ¿recuerdas?

La expresión en sus ojos me hace emocionar.

—Recuerdo exactamente lo que hacen los amigos —casi tararea, y soy yo quién aparta la mirada primero, perdiendo. Diablos.

—¿Y bien? —Me aclaro la garganta, guardando mi tarjeta de débito en mi bolsillo trasero—. Vamos… amigo.

xx

Antes de irnos, encuentro a Jess para despedirme. Cuando ve a Edward siguiéndome, ella sonríe. Ella no sabe que es él todavía, así que la abrazo y le susurro que es Edward. Cuando nos apartamos, su sonrisa sigue allí, pero puedo ver que está observándolo de forma diferente ahora. Espero que él no lo note.

—Hola. Soy Jess. Él es Paul. —Ninguno estrecha sus manos o algo, pero Edward asiente en su dirección.

—Hola. Soy Edward. Feliz cumpleaños —dice tranquilamente, mirando a Jess.

Entrecierro los ojos en su dirección.

—¿Cómo supiste que era su cumpleaños? —pregunto, un poco demasiado dulce. Porque antes le dije a Masen que era su cumpleaños, no a Edward. Dios, me pregunto cuántas veces cosas así se me pasaron por alto cuando no prestaba atención.

Él vacila, mirando a su alrededor, y entonces señala a la torta de cumpleaños media comida que estaba sobre la mesa.

—Simplemente asumí que era para ella.

Dice "Feliz Cumpleaños, Jess". De hecho, dice "ess!" porque comimos la J, pero igual. Él es bueno. Realmente bueno. Eso casi me hace enfadar. Mayormente porque me pregunto por cuánto tiempo hubiera seguido con esto.

—No, tienes razón. Es su cumpleaños. Eres muy astuto. —Finjo que no acabo de hablar como Yoda y miro de vuelta a Jess.

—¿Se van? —pregunta ella con una sonrisa sugestiva.

—Síp. Feliz cumpleaños, te amo, cuídate. Y te mensajearé mañana sobre los nuevos… sucesos. —Le doy una mirada intencionada.

—Cierto. Por favor, hazlo —se ríe—. Te amo, perra.

—Cuídala —le digo a Paul, dándole una palmada en la espalda.

Marco el camino de salida del bar, asumiendo que Edward me sigue por detrás. Cuando estamos afuera, me detengo en la acera, volviéndome hacia él.

—¿Condujiste hasta aquí? —pregunto.

—Sí.

—¿Me llevas a casa?

Lleva un pulgar sobre su hombro.

—Estoy por aquí.

Caminamos en silencio por unas cuadras. Camina cerca de mí, su brazo rozando el mío cada tanto. Siento una corriente cuando toco su piel, y hubiese sido muy fácil tomar su mano. Enlazar nuestros dedos y perdonarle todo—decirle que todo está bien y que no me importa si es Masen o Edward mientras que sea mío.

Pero no lo hago. No aún.

—Entonces, ¿dónde vives? —pregunto, curiosa.

—En Capitol Hill.

—Eh. Algo caro.

—La mayoría de los lugares en Seattle lo son.

—¿Un cuarto?

—Estudio.

—Apuesto a que tienes tu arte por todos lados —reflexiono.

—Algo así. Está un poco desordenado ahora mismo.

—Quiero verlo —digo suavemente. Él me echa un vistazo, sus ojos divertidos y achinados.

—Okey.

—¿Ahora? ¿Podemos ir ahora? —Espero que me diga que no y que ponga alguna excusa. Retrasar la posibilidad de conocerlo mejor.

Pero me sorprende.

—Claro. Vayamos a mi casa —concuerda.

—¿En serio?

Su sonrisa es dulce, tímida.

—Pensé que eso querías.

—Así es, simplemente… no esperaba que aceptaras.

—¿Por qué no?

Me encojo de hombros, y él señala a una camioneta roja y vieja adelante.

—Eres un tipo privado. Mostrarme tu casa es como darme todos los detalles de quién eres realmente.

—No pensaba en ello así de serio. —Abre la puerta para mí y trepo a la cabina. La puerta sigue abierta y él se mantiene parado entre la acera y yo. Está jodidamente cerca, y mi cuerpo tiembla y arde con lujuria—. Quizás quiero que sepas quién soy —murmura, observando mi rostro.

—Quizás ya sé quién eres —suelto, bromeando. Me giro un poco para enfrentarlo, por lo que mis rodillas rozan su estómago.

Él me mira curiosamente.

—Si ese es el caso, ¿por qué sigues aquí?

Su pregunta me toma por sorpresa por un momento. Pero sé que no asume que sé que es Masen. Lo que pregunta es que, si conociera al verdadero él, el verdadero Edward, ¿por qué seguiría aquí?

Y la respuesta es muy simple.

Así que se la digo.

—Porque me gusta lo que veo y lo que sé y… —Lo miro—. Quizás incluso me guste lo que no sé. —O lo que él cree que no sé.

Sus ojos oscilan entre mis ojos y mis labios.

—¿El sello del beso sigue roto? —pregunta con voz ronca.

—Oh, sí. Esa cosa jamás se volverá a arreglar.

—Bien. —Se mueve lentamente, deliberadamente, y coloca sus manos sobre el asiento rodeando mis muslos. No nos estamos tocando; él simplemente me está encerrando. Pero entonces se inclina hacia adelante, y yo hago lo mismo hasta que nuestras bocas se tocan. Nuestro beso es suave al principio, un ritmo lento, estable. Dejo que permanezca despreocupado y dulce, apreciando el ardor que él está creando en mi centro con cada roce de su lengua.

Entonces tironeo de su camiseta y lo acerco para que se ubique entre mis piernas abiertas. Sus manos se mueven del asiento y toman mi cintura. Aun tironeando de él, me echo atrás un poco, así estoy casi recostada sobre el asiento, tratando de llevarlo conmigo.

Este es un juego peligroso, y ambos lo sabemos.

—Mierda —suelta con un suspiro—. Lo siento.

Recobro el aliento.

—No te atrevas a decir que lo lamentas —murmuro. Él se endereza, frotando su boca con una mano—. No por besarme, al menos.

—Está bien. —Su sonrisa es demasiado cariñosa—. Entonces… ¿mi casa? —pregunta.

Me acerco y lo beso de nuevo.

—Sí —digo, determinada—. Veamos al verdadero Edward Cullen.


¿Quién se puede resistir a un Edward con carita de perro mojado y mostrando sus tatuajes? Yo no jajajaja Ya veremos cómo le hace saber que sabe quién es :)