Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 23
Nos mantenemos callados de camino a su casa.
Recuerdo nuestro beso mientras miro por la ventana, observando la noche pasar.
—Me gusta tu camioneta —le digo, echándole un vistazo. Es un viaje algo turbulento, pero de alguna forma encaja con él. Un poco tosco… modesto.
—Gracias. Era de mi mamá.
—Oh. —Eso hace que me guste aún más.
Pasa los cambios, mirando en mi dirección mientras gira.
—Era una gran bola de basura hasta que un amigo y yo la arreglamos. Mi papá quería venderla, pero… no dejé que eso pasara.
Quiero escucharlo hablar de su amigo. Y de por qué su papá quiso venderla. Y quién le enseñó a arreglar camionetas.
—Creo que sigue siendo una gran bola de basura —bromeo.
—No se habla mal de la camioneta —regaña, pero noto que el borde de su boca moverse hacia una sonrisa.
Él logra estacionar en la calle con poca dificultad. Lo sigo hacia su edificio. Es un lugar viejo, pero, de nuevo, va con él. Tomamos las escaleras —algo que no me hizo muy feliz— y entonces abre su puerta, dejándome entrar primero.
Está oscuro adentro, y él comienza a dar vueltas para encender varias lámparas y luces. Es más pequeño de lo que pensé que sería, pero la pared con grandes ventanales lo hace parecer más espacioso.
—¿No te preocupa que los vecinos te vean? —pregunto, notando la falta de cortinas.
—Tengo cortinas oscuras; simplemente están enrolladas.
Camino por el alrededor, observando todo. Hay una pequeña cocina que parece poco usada. Una cama que está contra la pared de ladrillos, sin respaldo. Hay libros apilados alrededor del cuarto. Un gran escritorio—una mitad llena de suplementos de arte y bocetos casuales, la otra mitad con una laptop y un iMac. No tiene un sofá, y no hay un televisor. Varias pinturas están apoyadas en diferentes superficies. Una gran alfombra vintage adorna el medio de la sala.
Sigo caminando, absorbiendo cada parte de él.
—Por favor, tómate tu tiempo —bromea él.
Bromea. Mi estómago se revuelve con emoción ante lo juguetón que suena.
—De acuerdo —digo, pasando mis dedos por una pila de libros en su estantería—. Lo haré.
Sigo observando, tratando de encontrar una parte de él que grite Masen. Pero no sé lo que esperaba encontrar. No es como si tendría una silla de tatuajes ubicada en medio de su casa. Es difícilmente higiénico. Incluso si encuentro algo, ¿qué haría? ¿Mandarlo al frente? Probablemente no. No aún, de todas formas.
—Me gusta mucho tu casa.
—Gracias. ¿Puedo ofrecerte algo? —pregunta.
—¿Cómo qué?
—Una bebida.
Me quedo merodeando cerca de su cama.
—¿Qué tienes?
—Buena pregunta. —Abre su refrigerador, y camino hacia él, tratando de mirar por encima de su brazo. Él cierra la puerta antes de poder ver adentro, y supongo que no quiere que reconozca la foto que subió hace unas semanas. Me echa un vistazo, y sonrío a sabiendas.
Es tan maldito.
—Tengo algo de whiskey —dice, estirando un brazo hacia la parte superior del refrigerador.
—Whiskey está bien. —Vuelvo hacia la cama y me quito los zapatos. Me arrastro hacia el medio del colchón y me siento con las piernas cruzadas—. No te molesta que esté en tu cama, ¿no?
Se acerca con dos vasos de whiskey en sus manos, sus ojos ligeramente oscurecidos.
—Eh, no. No me molesta.
—Bien. No hay otro lugar dónde sentarse. No traes gente aquí a menudo, ¿o sí?
—No, nunca.
Se sienta a mi lado, pero mantiene sus pies en el suelo y me tiende un vaso.
—Gracias. —Tomo un pequeño sorbo—. ¿Tu falta de asientos es tu forma de forzar a las mujeres a subirse a tu cama?
—Bella. —Su risa es suave, sin humor—. ¿Te sientes forzada?
—No. —Observo su rostro, la forma en que sus cejas se juntan solo un poco mientras bebe de su vaso—. ¿Puedo preguntarte algo?
Hay indecisión en sus ojos. Pienso en preguntarle sobre por qué me habla como Masen, pero parte de mí no quiere arruinar esto todavía. No quiero que se ponga a la defensiva.
Espero a su aceptación, y entonces pregunto:
—¿Por qué pensabas que era una perra malcriada cuando nos conocimos por primera vez?
—No te llamé perra.
Tomo un sorbo de mi whiskey.
—Pensé que fue implicado.
—No creo que seas una perra, y ciertamente no pensé eso cuando nos conocimos.
—Okey. Entonces… ¿por qué pensaste todas las otras cosas?
Baja la mirada a su bebida.
—He enseñado esa clase por casi un año ya, y he lidiado con ciertos… tipos de personas durante ese tiempo. Creo que te juzgué por eso.
No lo sigo.
—¿Qué tipos de personas?
Parece nervioso, pero continúa.
—¿Ricachonas? Las mamás que meten a sus hijos en todas las clases posibles, así no tienen que lidiar con ellos. Los papás que no aparecen porque están ocupados con cosas más importantes. —Pausa por un segundo, y siento que quizás esto es personal para él—. La mitad de los niños en esa clase ni siquiera quieren estar allí, pero sus padres los llevan de todas formas.
Oh. Él habla de personas como Renée y Phil. Niños como Liam.
—Entonces, ¿me odiabas por eso?
—Jamás te odié. —Mira a su trago—. Tampoco estaba seguro de si Liam era tu hijo o no. Pero parecías muy joven para tener un hijo de su edad, por lo que pensé que quizás él era el hijo de alguien con quien salías.
—Te aseguro que, si Liam fuera mi hijo, definitivamente lo hubiera puesto en adopción.
Edward se ríe de mi broma, y yo sonrío al verlo.
—Sí, discutían demasiado, por lo que esa teoría murió rápidamente. —La comisura de sus labios tiemblan como si recordara todas las discusiones que Liam y yo tuvimos frente a él—. Luego asumí que eras su niñera. Me encuentro con muchas niñeras.
—Apuesto a que sí —digo ligeramente, sin darme cuenta lo celoso que suena hasta que sale de mi boca.
—Incluso si seguía cambiando tu historia, siempre me preguntaba si eras soltera. —Me mira entonces—. Siempre. Jamás usabas un anillo, así que sabía que no estabas casada, pero eso no significaba que no tuvieras un novio. Luego decidí que probablemente eras soltera porque rondabas, como si quisieras hablarme.
—¡No rondaba! —Totalmente sí lo hacía con él.
Se ríe de mi reacción.
—Bueno, eso parecía. Y… me gustaba.
—Entonces, ¿por qué no me hablaste hasta hace unas semanas?
—Supongo que decidí que quería conocerte. —Parece incómodo. Nervioso casi. Estoy por cambiar de tema cuando Edward lo hace por nosotros—. Estoy contento que a Liam le guste la clase ahora. Solo espero que se anote para algo que realmente quiera hacer la próxima vez.
Asiento, apartando la vista.
—¿Eso es lo que tu papá hizo contigo? ¿Te mantuvo ocupado así no tenía que lidiar contigo?
Edward luce sorprendido.
—Notaste eso, ¿eh?
—Un poco.
Se encoje de hombros, y siento que el tema se dio por terminado. Pero no lo dejo pasar tan fácilmente.
—No tienes que haces eso, ¿sabes? —digo suavemente y lo observo tomar un trago.
—¿Qué?
—Dejar de hablar de ti mismo. Me gusta saber de ti, escuchar sobre tu vida.
Se mantiene callado, una expresión más abierta que antes.
—Me gustaría escuchar sobre ti —me dice.
—¿Qué sobre mí?
—¿Cuándo fue tu último novio?
—Pregunta equivocada —gruño—. Elije otra.
—¿Por qué?
—Porque estos temas son complicados.
Él sonríe, y me hace sonreír en respuesta.
—Ahora definitivamente quiero saber —dice, casi juguetonamente.
—No hay mucho que decir. He tenido, como, dos novios serios, he salido por aquí y por allá, y eso fue muy meh.
—Mmm.
Giro el líquido en mi vaso.
—Y jamás fueron algo importante o algo por el estilo.
—¿Eso es lo que buscas? ¿Algo real?
—¿Acaso no todos lo hacen? —pregunto, retóricamente—. No estoy buscando algo. Pero eso no significa que no esté abierta a que pasen cosas.
—Entonces, no es algo real lo de ese tipo Jake.
—Ni de cerca —me río—. Además, terminé esa relación.
—Tengo que admitir… —comienza a decir, pero entonces se detiene y pasa nerviosamente una mano por su cabello.
—¿Qué?
—Como que me molestó un poco verte con Jake.
—Oh. —Mi corazón se contrae—. Eso pensé.
—¿Quieres decir que no fui bueno escondiendo lo celoso que estaba?
—No. Y como que me gustó. —Llevo un poco de cabello detrás de mi oreja—. Entonces, ¿qué buscas? ¿Exnovias? Dime todo.
Se toma su tiempo para responder, lo que me pone nerviosa.
—No hay demasiadas exnovias. Sino más… relaciones casuales.
—¿Cuándo fue tu última relación casual o lo que sea?
—Hablando de malas preguntas —murmura, sacudiendo su cabeza.
—¿Qué? Sabes sobre Jake. Es lo justo. Cuenta.
Él suspira.
—Estaba saliendo con alguien hace como dos meses.
—¿Era atractiva?
Mantiene su rostro neutral.
—Seguro.
—¿Seguro? Vamos. ¡Viste a Jake!
—Creo que es de mal gusto estar aquí contigo, alguien que realmente me gusta y encuentro tan… endemoniadamente sexy —dice, su voz apenas un susurro—. Y hablar sobre lo atractiva que era la última persona con la que salía.
Sus palabras hacen que mi corazón se saltee un latido. Es raro de él hablar con tanta franqueza, como lo hace esta noche, pero ahora que lo ha hecho, no creo que alguna vez vaya a querer menos de él.
—¿Crees que soy sexy?
Mece su trago.
—Demasiado.
Sonrío contra mi vaso.
—Si intentas cautivarme para que lo deje pasar, no va a funcionar. Te conté sobre Jake. ¿Quién fue la última persona con la que saliste?
Suspira.
—Su nombre es Rose.
Rosethorn. La chica que etiquetaba el perfil de Masen en las fotos de sus tatuajes.
Sabía que la odiaba por una razón.
—¿Y tú lo terminaste o fue ella?
—Ella lo terminó. No estaba invirtiendo el esfuerzo suficiente.
—¿Eso es algo normal de ti con las personas que ves? ¿Falta de esfuerzo?
Quizás sea malo de mi parte decirlo porque se está esforzando mucho conmigo. Como, el doble de esfuerzo, de hecho.
—Solo estoy ocupado, supongo. No gasto mucho tiempo tratando de… enamorar a alguien.
Pienso en mi conversación con Masen a comienzos de esta semana, cómo dijo que se sentía enamorado por mí.
—Enamorar es importante —digo, observando su rostro—. Y ser suficientemente enamorado… casi ni se ve en estos tiempos.
Jugamos a observarnos, su boca se abre solo un poco como si está por decir algo. La confusión en sus ojos rápidamente es reemplazada por un brillo, y me pregunto si sabe que lo sé. Sé que es raro, pero… es divertido. Es casi emocionante. ¿Así es cómo se sintió cuando me dejaba varias pistas y esperaba a ver si las notaba?
Aparta su mirada primero, perdiendo el juego.
—Me gusta lo que está pasando aquí entre nosotros, Edward —digo audazmente.
—¿Sí?
—Sí. No me hace sentir para nada meh.
—Parece que hay pocas expectativas.
—No —digo seriamente—. No es así. Al contrario, nadie que he conocido ha cumplido mis expectativas.
Parece sorprendido por esta respuesta.
—¿Y yo sí?
—¿Quizás?
Terminamos nuestro whiskey.
—¿Te hiciste un tatuaje nuevo? —pregunto, señalando a la tinta en su cuello.
—Sí. Hace unos días.
—¿Puedo verlo?
Él traga.
—Si quieres.
—Sí quiero.
Tira del cuello de su camiseta, apartándola así puedo ver su piel recién marcada.
—¿Dolió? —pregunto, observando las partes del cuervo negro que puedo ver. Se siente algo oscuro, y me pregunto qué significa para él.
—No importa cuantos tatuajes tenga… sigue doliendo. Pero es manejable. ¿Tú tienes algún tatuaje? —pregunta, pero sé que ya sabe la respuesta. Pienso en mentir. Y entonces pienso de nuevo.
—No. No aún, por lo menos. —Nos quedamos en silencio—. ¿Ahora qué? —pregunto con falsa modestia.
—Podemos ver algo.
Código para: podríamos acostarnos.
Espero.
—Okey.
Dejo mi vaso en el suelo de madera y me muevo, para estar sentada con una almohada entre mi espalda y la pared de ladrillos. Lo miro buscar algunas cosas en su escritorio y entonces toma su laptop, trayéndola con él. Se acomoda a mi lado y abre la laptop, abriendo Netflix.
—¿Qué quieres ver? —pregunta, sus ojos en la pantalla mientras busca. Me mantengo callada el tiempo suficiente para que se gire a verme.
—Realmente no quiero ver algo —susurro, mi pecho moviéndose de arriba abajo con mis respiraciones cortas.
—¿No?
Niego con la cabeza, acercándome para presionar un beso suave en su brazo. Cuando me deja hacerlo de nuevo, aparto la laptop, así puedo sentarme en su regazo. Mi estómago se remueve y arde cuando estoy sobre él, amando la forma en que toma mi cintura y me besa, una sensación bien recibida. Su polla se endurece debajo de mí, alentándome—también otra sensación bien recibida.
—Mierda, Bella.
—Sí —digo, jadeando.
—No te traje aquí para esto —dice entre besos.
—¿Y qué? Yo vine aquí para esto.
Succiono su cuello, besando hacia la parte superior del cuervo, y él sisea.
—Mierrrrda.
—Por favor, no te detengas esta vez…
—Yo… Simplemente no…
—¿Realmente me dices que no quieres esto?
—No lo… sé. No sé qué mierda estoy diciendo. No puedo pensar contigo sobre mí.
Me deja quedarme donde estoy, y nuestros besos se vuelven relajados, lánguidos. Su boca se mueve de la mía y hacia mi cuello, y gimo ante la sensación.
Pero entonces pausa, y me aparto, buscando su rostro.
—No quiero que parezca como… si… estoy aprovechándome de ti —finalmente logra decir.
—No lo haces. —Estoy confundida, pero entonces recuerdo que él es Masen. Pero también es Edward… y un chico decente. Estoy tanto emocionada como decepcionada por este hecho. Pero no me importa nada de ello porque lo quiero sin importar quién mierda es.
—Quizás no quiero que sea algo rápido para quitárnoslo de encima —susurra, rozando mi mejilla con su pulgar.
—No tiene que ser rápido —le digo, moviéndome en círculos sobre su regazo—. Puede ser muy lento… y entonces rápido.
Lleva un poco hacia atrás su cabeza, una risa gutural escapa de sus labios.
—Me estás matando.
—Lo sé. —No ayudo para nada. Pero no creo que vaya a ceder. Y por mucho que me sienta decepcionada por ello… hace que me guste mucho más—. De acuerdo.
Me bajo de él, a pesar de que no quiera. Él se acomoda, y me siento un poco mal, pero me tentó tanto como yo a él.
Vuelve a traer su laptop a su regazo.
—También podría irme —digo suavemente. No quiero asumir que me voy a quedar. Y tampoco quiero que asuma eso. Quiero que me lo pida.
—¿Te quieres ir? —pregunta.
—No. ¿Quieres que lo haga?
—No. Quiero que te quedes.
—¿A pasar la noche?
—Sí.
Le doy una mirada incrédula.
—Entonces, no vamos a acostarnos, ¿pero quieres que pase la noche?
—Sí —dice después de un segundo—. Sí, supongo que sí.
—Eres extraño, Cullen.
—Me han dicho peores cosas.
Estudio su rostro.
—Está bien. Me quedaré.
—Elije algo para ver —dice, levantando su brazo, una invitación para que me acomode a su costado.
Suspiro y me acuesto a su lado.
—¿Alguna vez has visto Tienes un E-Mail?
¿Quién quiere lamer ese tatuaje también? Ufff, maldito caballero. Lo amamos igual jajaja.
Gracias por ser tan buenas :)
