Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 24
El rostro de Edward se mantiene excepcionalmente neutro después de preguntarle si ha visto Tienes un E-Mail. Aparentemente no, pero sabe de qué trata. Su vista permanece en la pantalla de la laptop mientras da vueltas por Netflix, y sonrío.
En cambio, nos decidimos en capítulos viejos de Parks and Recreation.
Se siente cómodo estar con él. Acostada en su cama y riéndonos del show y ser personas normales. Sin pelear o evadir. Sin presionar o tirar.
Simplemente siendo nosotros.
Sigue siendo obvio que no ha dicho la verdad. Y también que yo no lo estoy obligando a que diga la verdad. Pero ese no es mi estilo, y no quiero hacerle eso. Seguiré dejando pistas por aquí y por allá. Por lo menos, por un tiempo más. Y ya que he descubierto que él es Masen hace solo unas horas, todavía necesito tiempo para debatir las cosas con Esme o Jess sobre cómo abordar esto, en la posibilidad de que él no me lo diga primero.
Y puede que no lo haga. Pero estoy bien con ello. Somos humanos. Las personas cometen errores. Las personas han hecho cosas peores en la historia del mundo. Nada que él ha hecho hasta ahora me parece malicioso. Y tampoco quiero avergonzarlo. Quiero que confíe en mí. Que sepa que cualquier cosa que me comparta es seguro. Enfrentarlo y demandar respuestas arruinaría todo.
Simplemente no quiero perder lo que solo acabamos de empezar.
—¿Puedo pedir prestado algo en que dormir? —pregunto, cuando el segundo episodio termina.
—Claro.
Camina hacia su vestidor, pero se detiene en el lugar cuando hablo.
—Quiero la camiseta que tienes puesta.
Me mira a los ojos.
—Okey. ¿Te importa si…? —Sus dedos rozan el botón de sus jeans.
—Para nada —concuerdo de inmediato—. Quítatelos. Quítate todo.
Su risa es ronca, divertida.
—No todo, Bella.
Miro cómo pasa su camiseta por su cabeza y se quita los jeans, parándose frente a mí en solo un par de bóxers.
Este hijo de puta.
Está tonificado y tatuado y es absolutamente perfecto.
—Tienes un buen balance entre apuesto y sexy —le digo—. Deberías estar orgulloso.
Pero no luce orgulloso. Luce un poco modesto, aunque algo divertido por mi reacción.
Mis ojos exploran su cuerpo tatuado mientras vuelve a sentarse a mi lado. Hambrientamente observo el cuervo negro que se encuentra sobre su pectoral, las plumas llegando casi a su cuello. Miro el tatuaje de león que cubre su corazón, el cual instantáneamente me dice que intenta cuidar de él.
Dejo que mi vista se mueva por su manga. Mis dedos rozan suavemente de arriba abajo su brazo, hasta tocar el león. Su sonrisa es tímida, casi nerviosa mientras analizo su cuerpo.
—¿Tatuajes a color no?
—No.
—¿Por qué no?
—Preferencia personal —dice—. Simplemente creo que los trabajos en negro se ven mejor.
Pienso en su Instagram, y en cómo los tatuajes de sus clientes son en tinta negra también. Casi lo menciono, pero me detengo.
—¿Qué tienes en la espalda? —pregunto con entusiasmo.
Él se mueve un poco, y no sé qué pensar sobre el enorme tatuaje que cubre su escapula izquierda. Es un cráneo fumando un cigarrillo, pero la mitad es esqueleto, y la otra mitad es la sombra del rostro de un hombre. El humo del cigarrillo flota sobre la parte superior de su espalda. Es hermoso, casi melancólico.
—¿Eres tú? —pregunto suavemente.
—Supongo.
Me inclino y dejo un beso en el tatuaje, posando mi boca allí.
—Me pone un poco triste. No sé por qué —murmuro contra su piel—. ¿Qué te hizo hacerte este?
—Solo… supongo… que a veces me cuesta mucho ser yo mismo. ¿Abrirme a las personas? No lo sé.
—¿Por qué?
Se mantiene callado, pero no me muevo. No quiero verlo a los ojos porque puede que se cierre.
—No lo sé —susurra—. ¿Alguna vez te sentiste como si no fueras lo suficientemente buena?
—Quiero decir, sí. Pero no… así. —Resopla y se da vuelta hacia mí—. Eres lo suficientemente bueno —susurro.
Sus ojos se llenan de sinceridad, y se inclina para besarme. Suave. Dulce.
—Gracias por mostrarme tus tatuajes. Por compartir este lado tuyo —murmuro contra sus labios.
—No tuve opción —bromea ligeramente—. Querías mi camiseta.
—Y me la entregaste con facilidad.
—Quizás no tengo fuerza de voluntad cuando se trata de ti.
Sacudo mi cabeza, soltando una risa y tomando su camiseta. Me quito las prendas, todo menos mi ropa interior, y es algo adorable cómo aparta la mirada, ocupándose de comenzar otro episodio del show. Paso su camiseta por mi cabeza, y la mirada que me da una vez que la tengo puesta hace que mi corazón de un pequeño salto.
—¿Qué?
—¿Qué? —repite, y sonrío—. Simplemente… me gusta verte en mi camiseta. Eso es todo.
Me meto bajo la manta y me acuesto a su lado de nuevo. A mitad del tercer episodio, me quedo dormida con mi cabeza sobre su pecho, escuchando el suave zumbido de su risa y preguntándome cómo alguien como él puede sentirse tan inferior.
xx
Sigue oscuro cuando despierto. Me desoriento por un momento, hasta que recuerdo dónde estoy.
Una de las ventanas está cubierta por una cortina negra, pero por la otra entra la luz de la luna. Me giro así quedo frente a Edward. Después de un segundo, él se mueve en sueños y lleva un brazo sobre mi cadera.
Me acerco más a él, observando las formas que bailan por su cuerpo. Noto un pequeño esqueleto en su piel, a lo largo de su bícep, junto con otros tatuajes. Me pregunto si hizo eso a propósito—esconder diferentes esqueletos en su cuerpo. Quiero saber desesperadamente por qué es tan cauteloso, y me pregunto si alguna vez me dejará entrar.
Se remueve un poco, y entonces sus ojos se abren y me miran.
—¿Me veías dormir? —bromea, bostezando.
—Cállate —me río suavemente.
Él refuerza su agarre en mi cadera y me acerca a su cuerpo, enterrando su rostro en el hueco de mi cuello.
—Vuelve a dormir —murmura contra mi piel, presionando pequeños besos en mi clavícula.
Mi cuerpo arde con su toque. El deseo quema dentro de mí, y no creo que vaya a desaparecer porque estoy loca por este hombre.
—No puedo dormir contigo… así…
—¿Así cómo? —pregunta, su rostro aún enterrado.
Pero lo sabe, diablos. Su cuerpo cálido está presionado contra el mío, su aliento caliente en mi cuello. Su mano se desliza por debajo de mi camiseta, su mano áspera cubre mi espalda.
—Así… abrazándome todo caliente y dulce y…
Cuando se ríe, puedo sentir su aliento sobre mi piel. Se aparta y puedo ver su rostro.
—Lo siento.
—No lo sientas —susurro.
Nos miramos. Mi pecho está latiendo tan jodidamente rápido porque estar así de cerca de él con poca ropa es difícil. No estoy segura de cómo logramos quedarnos dormidos sin tocarnos de la forma que ansío.
El aire está lleno de tensión vibrante entre nosotros, y él se acerca para besarme. Su mano toma el costado de mi rostro. Nuestras bocas entregan y reciben—él me está dando los besos más dulces y sensuales, y yo con gusto los acepto.
—Edward —jadeo, y su boca se mueve por mi cuello, mordisqueando mi hombro. Sentir sus dientes rasgar suavemente mi piel enciende algo dentro de mí.
Tiro de sus hombros, así se encuentra sobre mí, entre mis piernas.
Él no me detiene tampoco.
—Agh —gruñe, girando lentamente sus caderas contras las mías.
Se siente mucho mejor que antes, ahora que apenas hay ropa entre nosotros. Puedo sentirlo, sentir todo de él.
—Quiero esto —susurro, girando mi cabeza así puede succionar mi cuello.
Sus movimientos se detienen lentamente.
—Trato que esto no sea… complicado.
Me río.
—Oh. ¿Eso es lo que estás haciendo?
—Sabes lo que quiero decir.
—No será complicado.
—El sexo complica las cosas —comenta.
—No necesito sexo, Edward. Solo… quiero sentirme cerca de ti.
Pasa un segundo y entonces sus caderas están moviéndose de nuevo.
—¿Sabes…? —pausa.
—¿Qué?
—¿Lo fácil… —susurra— que sería para mí… quitarte mi camiseta?
—Sí.
—Besar tu muslo y subir hasta…
—Ajá…
—Enganchar mi dedo alrededor de tus bragas y deslizarlos dentro…
Empujo mis caderas contra las suyas.
—Adelante.
Sus ojos están oscuros, nublados.
—No creo que pueda.
—Puedes —insisto, mi voz ronca y llena de deseo.
—Podría, y amaría cada minuto de ello. Pero, mierda. Bella…
—Te deseo. No me importa… No…
No puedo hacerme decir que no me importa que sea Masen porque, incluso aunque son la misma persona, esto no es sobre Masen. Esto es sobre Edward. Esto es sobre mí deseando a Edward desde el primer día. Ese instructor sexy, jodidamente taciturno y tatuado que me hacía hervir la sangre, y acelerar el corazón.
Masen solo era un bonus—una forma de conocer a Edward. Y ahora que lo hago… no quiero detenerme.
—Podría hacerte sentir tan bien —susurro, y él vuelve a gruñir, mirándome.
—Ya me estás haciendo sentir bien.
—Pero podría ser mucho mejor —murmuro en su oído y luego tiro de su lóbulo con mis dientes—. Por favor, dime que quieres esto.
Él cede un poco y presiona su erección contra mí nuevamente, besándome más fuerte.
—Por supuesto que quiero esto —dijo entre dientes—. He querido esto desde el primer día en que te vi.
Empujo su hombro así queda sobre su espalda y yo sentada en su regazo.
Me quito la camiseta. O, mejor dicho, su camiseta.
Él observa mis pechos como si estuviera adolorido.
Casi espero que me diga que me la vuelva colocar, pero me sorprende, incorporándose un poco.
—Eres tan… —Besa mi pecho izquierdo—. Jodidamente —El derecho—. Hermosa.
Mi pecho se eleva y desciende con cada paso de su lengua contra mi pezón.
—Tócame. Como dijiste.
—Lo hago —murmura alrededor de mi pecho.
—Edward.
Cuando se aparta, su mirada es oscura, llena de lujuria y deseo y quizás un poco de frustración de que esté provocándolo así.
Pero él también me está provocando.
Me baja de él, y me siento decepcionada por un momento de que esto haya acabado. Pasa un segundo, y él se mueve hacia el final del colchón, arrodillado, observándome.
—¿Y bien? —pregunto, impaciente.
Observo a su cabeza apenas sacudirse de un lado al otro antes de moverse con cuidado y enganchar sus dedos alrededor de mis bragas, bajándolas por mis muslos. Es meticulosamente lento, como si pudiera cambiar de parecer en cualquier segundo. Pero una vez que están afuera, la anticipación y lujuria arde en mi vientre.
Cuando hace un camino de besos por mi cuerpo, tiemblo debajo de su toque y me río un poco cuando sus labios pasan por mis costillas.
Entonces está acostado a mi lado, pero sin tocarme.
Como si estuviera probando su resistencia.
—Edward.
Pasa un segundo, y su mano se desliza por mi vientre y comienza a explorar donde más lo deseo. Suelta un jadeo y me muerdo el labio cuando inserta un dedo, luego dos, dentro de mí. Es gentil. Curioso. Cuando muevo mis caderas contra su mano, sus dedos se mueven más rápido.
—Dios, Bella.
—Mierda —jadeo en su boca, aferrándome a sus hombros—. Mierda, te deseo.
—También te deseo. Ni siquiera sabes cuánto.
—Sí lo sé —suelto, llevando mi mano hacia sus bóxers, agarrándolo—. Lo sé.
Su pulgar frota mi clítoris una y otra vez, y cierro los ojos fuertemente mientras me corro sin aliento contra su mano.
Con mi mano aún en sus bóxers, lo beso. Es lento, saciado.
Me muevo de su lado y comienzo a descender por su cuerpo.
—Bella…
—¿Qué?
—No tienes que hacerlo.
—Quiero hacerlo. —Entonces, saco su polla de sus bóxers y lo tomo en mi boca.
Él gruñe y gime y enreda su mano en mi cabello. Subo y bajo, succionando y lamiendo y añadiendo mi mano hasta que está temblando y diciéndome «Tan bueno, Bella. Es jodidamente bueno.»
Me encanta escucharlo perder el control.
Cuando me acuesto a su lado de nuevo, no me visto. Él nos tapa con la manta y cubro con un brazo su vientre.
Estamos callados. Sus dedos suavemente se mueven por mi brazo, es una sensación demasiado reconfortante que casi me quedo dormida.
—¿Estás bien? —murmura.
—Sí. ¿Tú?
—Sí.
—Diría que lamento seducirte, pero… no lo lamento. Ni un poco.
Él ríe soñolientamente, dejando un beso casto en mi frente.
—Quiero decir… fui un participante dispuesto.
Inclino mi cabeza y beso su mandíbula.
—Sí, realmente lo fuiste.
xx
Me despierto sola.
La luz de la mañana brilla por la gran ventana, y me siento, parpadeando. Mi teléfono dice que son las 7 a.m. Gruño ante lo temprano que me despierto en un día libre y por lo mucho que bebí ayer.
Me levanto y encuentro una nota en la encimera.
Fui a buscarnos café. Por favor, no te vayas.
Voy al baño y busco entre los cajones una toalla. La meto bajo el grifo y limpio debajo de mis ojos, odiando no haber podido quitarme el maquillaje anoche. Me estoy enjuagando con un poco de enjuague bucal cuando escucho la puerta de entrada. Salgo para encontrar a Edward con dos tazas de café para llevar.
Solo tengo puesto su camiseta. Es lo suficientemente larga como para cubrir mi trasero, y lo veo observar mis piernas desnudas con una expresión indecente en el rostro.
Se quita las zapatillas, sentándose al borde de la cama.
—¿Café?
—Usualmente bebo Starbucks —digo, evaluando su reacción. Su rostro permanece neutral—. Pero claro.
—Te gustará esto.
Tomo un sorbo con cuidado. Es suave, pero no intenso. Y está bien. Starbucks no es bueno. Pero es fácil, práctico.
—Tienes razón —le digo—. Me gusta.
Deja su café en el suelo y me contempla por un segundo.
—Estoy feliz de que te hayas quedado conmigo anoche —dice, llevándome suavemente para estar de pie entre sus piernas antes de envolver sus brazos alrededor de mis muslos.
Estaba preocupada de que fuera frío hoy. Distante. Quizás sintiéndose algo culpable después de lo que hicimos anoche. Y si lo está, no lo demuestra. Pero estoy contenta porque no me arrepiento de nada. Y también quiero que él no lo haga.
—También estoy feliz de haberme quedado. —Mi corazón se hincha. Puede que sea peligroso, pero—. ¿Podemos quedarnos en la cama todo el día?
—Tengo algunas cosas que hacer luego —dice, decepcionado. Yo también lo estoy—. Si no, diría que sí. También te haría el desayuno, pero…
¿Tu refrigerador está lleno de cerveza y salsa picante? Pienso para mí misma, y entonces me río cuando imagino cómo reaccionaría si realmente dijera eso.
—¿Qué es tan gracioso?
—Nada. Conozco tu falta de talento en la cocina —le digo—. No tengo expectativas de que me vayas a alimentar.
—Puedo alimentarte —dice secamente—. ¿Puedo comprarte el desayuno?
—Está bien.
Caminamos hacia una cafetería a unas cuadras de su casa y terminamos nuestros cafés en el camino. Sigo vistiendo su camiseta, pero la he anudado a un costado así me queda mejor. La expresión en su rostro cuando me la coloqué anoche fue demasiado buena como para quitármela.
—Bien, ¿en serio ya no vas a dejar a Liam? —pregunta Edward una vez que estamos sentados en una mesa y tenemos más café frente a nosotros.
—Sí. Renée contrató a una niñera —le digo—. También te dije eso porque quería una reacción de tu parte. Pero no me diste nada. —Sueno un poco más herida de lo que quiero, pero su falta de respuesta realmente dolió.
—Lo siento, Bella. —Me encojo de hombros—. Estaba decepcionado cuando leí tu mensaje, simplemente… —Gira el salero entre sus dedos—. No estaba seguro de qué decir.
—¿Decepcionado, eh? ¿Vas a extrañar verme o algo?
—O algo. —Sonríe un poco—. Sí. Voy a extrañar verte.
—Bueno. Eso solo significa que tendremos que reunirnos más … ¿cierto?
Sus ojos casi brillan.
—Eso me gustaría.
—A mí también.
—¿El viernes? —pregunta, con esperanza—. ¿Vendrás a mi show?
—Uy, amigo. Te mueves un poco rápido, ¿no crees? —bromeo.
—Pensé que te gustaba rápido —murmura, lamiéndose los labios.
—Así es —digo, sintiendo mis mejillas arder—. Maldito.
El sonido de su risa hace que mi corazón se siente muy ligero en mi pecho.
—Ven a mi show, Bella. En serio quiero pasar el rato contigo esta vez… sin Jake.
—Está bien. Iré. Pero no quiero esperar toda una semana para verte.
—Yo tampoco.
—Juntémonos el miércoles. Sigamos con la tradición de vernos dos veces a la semana.
Asiente, su expresión suavizándose.
—Me parece bien.
—Bien. —Tomo un sorbo de mi café—. Esperaba que dijeras eso.
xx
Cuando Edward me deja en casa, nos quedamos en la camioneta y prolongamos nuestra despedida. No estoy segura de sí quiere besarme, o si debería besarlo. Al final, lo hago, inclinándome sobre el asiento y presionando un dulce beso en su boca. Si puedo hacer esto, obviamente sacaré provecho de ello.
Paso el resto del día usando su camiseta y evitando intencionadamente a Masen, pero cuando veo que ha subido una foto en su Instagram, no puedo evitarlo. Es un boceto de dos peonias—los pétalos suaves y delicados, todo lo opuesto a la tinta negra para lo que fue creado. Las dibujó de la forma en que se las describí esa noche en mi cama, cuando estuve enferma. Básicamente me está rogando a que lo descubra ya, volviéndose más audaz con los días que pasan.
Swannie: Alguien ha estado ocupado.
Masenry: ¿Qué quieres decir?
Swannie: Las peonias. Me gustan.
Masenry: Gracias.
Swannie: ¿Las dibujaste con alguien en mente?
Masenry: Sí.
Swannie: Mmm. ¿Quieres contarme sobre ella?
Masenry: Eso sería raro.
Le sonrío a la pantalla.
Swannie: ¿Raro cómo?
Masenry: Porque solo… creo que lo sería.
Es gracioso cómo Edward se ha abierto a mí, y ahora Masen decide cerrarse. Pero quizás eso sea algo bueno.
Swannie: Dijiste que realmente te gustaba. ¿Cierto? Creo que deberías ir por ello.
Masenry: Creo que lo haré.
Swannie: Bien. ¿Recuerdas al tipo que te mencioné ayer? Las cosas se sienten muy bien con él de nuevo. Así que… sí.
Masenry: Eso cambió rápido.
Swannie: Soy rápida para perdonar.
Masenry: ¿Lo eres? Es bueno saberlo.
Swannie: ¿Por qué? ¿Tienes algo de que arrepentirte?
Masenry: No estoy seguro todavía.
Swannie: Bueno, soy toda oídos si alguna vez te quieres confesar.
Masenry: Puede que te acepte esa propuesta pronto.
Swannie: Eso espero.
Díganme que se derritieron por completo jajajaja Esos tatuajes...baba
¡Hasta el próximo!
