Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 25
Termino durmiéndome temprano el domingo por la noche, para despertarme alrededor de las nueve cuando suena mi teléfono.
Es Edward.
Solo quiere decir hola. Que está pensando en mí. Y que ansía verme el miércoles por la noche, después del ensayo con su banda.
No hablamos por mucho tiempo, y creo que el sonido de su risa ronca por el teléfono es uno de mis nuevos sonidos favoritos. Le digo esto. Creo que sigo algo desorientada por ser despertada, pero eso no hace que mis sentimientos no sean verdaderos.
Después de despedirnos por la noche y estando un poco más alerta, le envío un mensaje.
Bella: Me encanta que me hayas llamado al azar.
Edward: ¿Sí? No estaba seguro de si sería raro o no, casi no llamaba…
Bella: Estoy contenta que lo hayas hecho.
Edward: Me gusta escuchar tu voz.
Bella: ¿Recuérdame por qué no nos vemos hoy? Lol
Edward: No lo sé. Porque… ¿temprano dijiste que querías que nos viéramos el miércoles?
Bella: Eso fue estúpido de mi parte. Soy una idiota.
Edward: Lol. No lo eres. ¿Quieres que nos veamos?
Bella: Sí.
Edward: ¿Esta noche?
Bella: Seguro. Ven aquí.
Edward: Está bien. ¿Ahora es un buen momento?
Bella: Ahora es un momento genial. Quiero decir, puede que sea mala compañía porque estoy exhausta, y ya me metí en la cama, pero… quiero verte. Aunque ya te haya visto esta mañana.
Edward: También quiero verte.
Bella: Y simplemente…
Edward: ¿Qué?
Bella: Me gusta dormir contigo en la misma cama.
Edward: También lo disfruto. Muchísimo, de hecho. ¿Puedo estar allí en quince?
Bella: Me parece bien. Dejaré la puerta de entrada sin llave para ti.
Edward: Okey. Te veo pronto.
Bella: Conduce con cuidado xx
xx
Las cuatro de la mañana llegan demasiado rápido para mi gusto. Y tener a Edward en mi cama hace que sea incluso más difícil irme.
Lo dejo dormir, dejando una nota diciendo que puede quedarse cuánto quiera, y que simplemente trabe la puerta cuando se vaya.
—¿Por qué estás tan alegre hoy? —pregunta Esme, mirándome extrañamente cuando nos encontramos afuera del mercado.
Le tiendo un latte.
—Porque sí. Tengo noticias.
Ella sonríe.
—Yo también. Tú primero.
—Sé quién es Masen.
Su respuesta no es tan emocionante como pensé.
—¿Qué?
—Es Edward. Masen es Edward.
Ella toma un sorbo de su café mientras caminamos juntas. Logro explicarle todo antes de llegar a las peonias.
Cuando termino de contarle lo que sé hasta ahora sobre Edward haciéndose pasar por Masen, Esme luce asombrada, divertida, y un poco confundida.
—¿Estás cien por ciento segura que Edward es Masen?
—Sí.
—Pero él no sabe que lo sabes.
—Todavía no. Al menos, no creo que lo haga.
Me mira con una expresión cautelosa, deteniéndose cerca de las bocas de dragón.
—¿Y bien? ¿Qué vas a hacer?
—No lo sé todavía. Quiero decir, tengo una idea, pero… —Pauso—. ¿Por qué me miras así?
—Te miro así porque estoy preocupada, Bella. No quiero que salgas lastimada.
—No voy a salir lastimada.
—Simplemente no entiendo por qué él no comenzó a hablarte cómo él, como Edward. ¿Por qué tuvo que traer a este personaje Masen a la historia?
Decido guardarme todas las partes de Edward que siento que son demasiado privadas.
No voy a contarle sobre el esqueleto de dos rostros en su espalda, o lo derrotada que su voz sonó cuando me preguntó si alguna vez me he sentido que no era lo suficientemente buena. No le voy a decirle que creo que él estaba usando a Masen como un escudo, una forma de proteger a su corazón y a él mientras me conocía.
No le voy a decir nada de eso, porque tenía que ganarme ese conocimiento sobre Edward. Se sentiría mal ofrecerlo así de fácil a alguien que no lo conoce.
—No sé por qué lo hizo —digo simplemente—. Pero él es algo tímido. Y como él es el profesor de Liam, ¿creo que eso lo complicó? Siendo honesta, me gustó un poco el misterio. Es algo romántico si piensas en ello.
—También lo es el síndrome de Estocolmo.
Suelto una carcajada.
—Cállate. No metas ideas malas en mi cabeza. No me siento rara con esto. En absoluto. Y no quiero comenzar ahora.
—Está bien. ¡Lo siento! —estresa Esme—. He sido lastimada antes, Bella. Por eso lo digo. Solo te estoy cuidando.
—Lo aprecio. Y lamento que Royce haya sido un bastardo mentiroso e infiel. Pero me gusta Edward —admito, suavizando mi voz—. Me gusta demasiado, Esme. No creo que tenga malas intenciones. Es un buen hombre.
Esme sonríe, y esta vez llega a sus ojos.
—Si que ha dejado una huella, ¿eh?
—Sí. Él es… —Generoso. Tímido. Tierno. Sexy. Y quiero seguir conociendo todos los diferentes aspectos de él—. Te juro que te agradaría.
—Quiero decir, no me disgusta el niño. Te cuidó cuando estabas enferma. Eso le ganó muchos puntos conmigo. —Sonrío—. Solo soy un poco sobreprotectora a veces, mocosa. Eres como una hermanita para mí.
—Lo sé, pero está bien —prometo—. Ahora, vayamos a conseguirte una cita con Carl. No puedo ser la única que tenga acción.
—No estás teniendo acción, por lo que escuché —bufa—. Y… puede que Carl ya me haya invitado a salir.
—¿Qué?
—Pidió mi número la semana pasada con el pretexto de necesitarlo por el negocio de las flores.
—¿Y no pensaste en contármelo antes? —Casi chillo de emoción.
—No te lo dije antes porque no quería parecer una tonta en caso de que no llamara —admite, encogiéndose de hombros.
—¿Y bien? ¿Qué pasó?
—Llamó. —Sonríe, y juro que sus mejillas se sonrojaron un poco—. Oh, Bella. Él sonaba nervioso. Fue dulce. —Se ríe al recordarlo y sacude su cabeza—. De plano le pregunté si quería tomar una cerveza este fin de semana. Dijo que sí.
No puedo contener mi sonrisa.
—¡Esme!
—Shh. —Echa un vistazo alrededor—. No quiero que te escuche.
—Esto es, como, lo mejor que he escuchado jamás.
—Bien, estás exagerando un poco.
—No, no estoy exagerando lo suficiente. Este día se tardó mucho en llegar. El amigo ha estado coqueteándote por un tiempo. Y viceversa.
—¿Amigo? —Se ríe.
—Gah. Tú y Carl —comento—. Al fin. Estoy muerta. Ida. Adiós.
—Aprecio tu emoción, niña. También estoy muy contenta por ello.
—Bien. ¿Así que no te sientes meh con este? —pregunto, sabiendo ya la respuesta.
Esme mira hacia el final del camino, donde Carl está parado. Él está mirando en nuestra dirección, y los veo sonreírse al otro.
—Ni una pizca de meh sobre este —dice soñadoramente—. Para nada.
xx
Es miércoles por la noche, y Edward está en mi cama de nuevo.
Amo esta pequeña rutina que hemos creado. Amo que, cuando estamos juntos en la cama, es muy abierto. Como si se sintiera lo suficientemente seguro para darme un poco más de él mismo.
Esta noche, él habla de la banda, y cómo a veces se siente realmente nervioso en el escenario.
—No lo noté. Simplemente parecía que estabas concentrado en la música —digo, esperando que lo haga sentir mejor sobre estar allí arriba—. ¿Alguna vez cantas?
—No. Ese es el lugar de Sam.
—Pero tienes una gran voz.
—Solo hice eso por ti —dice simplemente, sus mejillas sonrojadas.
Me acerco para besarlo, y cuando nos apartamos, lleva un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. Sonrío.
—¿Qué?
—Eres… dulce —le digo—. Me gusta.
—No creo que muchas personas me llamarían así.
Me pierdo en sus ojos.
—Bueno, ellos no te conocen como yo.
Cuando me besa, nos dejamos llevar un poco. Esta vez, él se ubica entre mis piernas sin que yo tenga que jalarlo y su mano se desliza por debajo de mi camiseta en algún momento, tomando mi pecho. Pero eso es lo más lejos que vamos esta vez.
Eventualmente, nuestros besos se detienen y roza mi nariz con la suya antes de observarme.
—¿Qué? —susurro.
—Eres tan hermosa —susurra en respuesta.
Sus palabras y la forma en que me está mirando son tan tiernas.
—Tú también.
—Ja. —Esconde su rostro entre mi cuello y mi hombro.
—Como si no supieras lo apuesto que eres. Estoy segura que tienes mujeres baboseándose por ti todo el tiempo.
Levanta su cabeza.
—Para nada.
Pongo los ojos en blanco, sin creerle.
—Entonces, ¿la nueva niñera de Liam? ¿Cómo es ella?
—Ella no es tú.
—Así que, ¿eso significa que sí te gusta? —bromeo.
Él sonríe un poco, y odio que pasó mucho tiempo escondiéndome esas arrugas en sus ojos.
—Me gustas, Bella. Pienso en ti todo el tiempo. Es… No lo sé. Quizás decir eso es vergonzoso. Pero es verdad.
—¿En qué piensas?
—La sonrisa que me das. Y… ¿la forma en que me miras cuando hablo? Me gusta eso. Me hace sentir… bien. Notado.
Su franqueza es jodidamente atractiva.
—Entonces, ¿no solo piensas en mis tetas?
Se ríe, besándome desde mi mandíbula y hacia mi boca,
—Y eres graciosa. Eso también me gusta.
—Pero no te reíste por mucho tiempo. Realmente siento como… como que me obsesioné con la necesidad de verte sonreír. O reír. O algo que me haga saber que tú… me veías.
—Te veo —dice suavemente—. Eres todo lo que veo.
Llevo mis manos hacia la parte trasera de su cuello y bajo su cabeza así puedo besarlo de nuevo. Nos besamos por un poco más. Él no presiona por más, por lo que yo tampoco. Por supuesto, quiero, pero… las cosas se sienten un poco diferentes a las del sábado por la noche. No tengo el frenesí desesperante creciendo dentro de mí. Me gusta que podamos estar acostados en mi cama y besarnos sin necesidad de quitarnos la ropa.
Pero cuando sí nos quitamos la ropa, es para prepararnos para dormir. Me visto con su camiseta de nuevo, y él tiene la misma expresión de la otra noche: como si quizás, solo quizás, soy toda suya.
Cuando la habitación está a oscuras y en silencio, estoy cerca de quedarme dormida. Pero entonces sus dedos rozan mi mejilla.
—Oye.
Lo miro.
—¿Sí?
—Mañana hubiera sido el cumpleaños de mi mamá.
Aparto un poco de cabello de su frente. Pienso en lo hubiera sido el cumpleaños de Charlie en unos meses y espero que Edward venga este año también. Sé que encajaría perfectamente con todos.
—¿Estás bien? —le pregunto.
Él no responde de inmediato, pero aprecio que no me diga simplemente que está bien.
—¿Puedo contarte algo que puede sonar jodidamente raro?
Mi pulso se acelera, y casi creo que está por confesar ser Masen.
—Edward, puedes decirme lo que sea —digo honestamente.
—Mi madre te hubiera amado —susurra.
Mi pecho se inunda de emoción, y trago para que vuelva a bajar.
—¿Me contarás de ella?
El cuarto se queda en silencio, como si se prepara para hablar de ella. Hace que mi corazón se contraiga.
—Su nombre era Elizabeth —dice suavemente. Me acerco más, acurrucándome contra él—. Me llamaba Teddy.
—¿Teddy? —repito, riéndome un poco. Con mi oído presionado contra su pecho, lo escucho y lo siento reír también—. Eso es adorable.
—Es… sí. Definitivamente ella era la única que tenía permitido llamarme así. —Sonrío, incluso aunque no pueda verlo—. Ella siempre cantaba, tarareaba. No eran canciones reales, simplemente lo que sea que se le venía a la mente. Ella era… tierna. Amable. Dibujaba mucho conmigo. Heredé eso de ella, creo… el lado creativo. Supongo que heredé el lado difícil de mi padre.
—Ella suena maravillosa.
—Lo era. No aceptaba la mierda de mi padre tampoco. Lo hacía un poco más suave. Creo que extraño eso de él.
—¿Qué le pasó a ella? —susurro, moviendo mis dedos por las iniciales en su brazo.
—Cáncer de mamas.
Beso suavemente su piel.
—Lo siento.
—Yo también. —Con su brazo alrededor de mí, me acerca más—. Bien, eh. Me preguntaba si… ¿estás ocupada mañana por la noche?
—No lo creo.
—¿Te gustaría… quizás…?
—¿Qué?
—Puedes decir que no.
—¿A qué? —Me río suavemente—. No me has preguntado nada en realidad.
—¿Vendrías a cenar conmigo y mi papá?
—¿En serio?
—Él es complicado, y creo que tenerte allí hará las cosas más fáciles.
—¿Seré como una mediadora?
—Pensaba más en una… —Pausa, y me muevo así lo puedo ver—. ¿Amiga?
Luce preocupado y casi desesperado. Quiero estar allí para él. En serio que sí. Incluso si la forma en que me está mirando y lo que siento por él es definitivamente más que amistad.
—Claro, iré.
—¿Sí? —Es como si puedo sentir el alivio inundándolo.
—Sí.
Toma mi rostro en sus manos, contándome muchas cosas con su boca que no puede verbalizar. Es como si me está diciendo que él es Masen. Que lo lamenta y que no quiere que ni una cosa cambie entre nosotros cuando me entere.
Con mi beso, le digo que ya lo sé, que nada tiene que cambiar, y que espero que pronto sea capaz de decirlo en voz alta.
Aww ¿no son tan tiernos? Ya conoceremos al padre...
