Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 27

Son las 7pm cuando Edward y yo nos sentamos frente a una mesa vacía.

—Este lugar es agradable —comento, echando un vistazo alrededor del lujoso restaurante.

Paso mis manos por mis muslos, sobre mi vestido. Cuando veo a Edward, lo encuentro observándome.

—Estás hermosa —murmura—. ¿Ya te he dicho eso?

Sonrío suavemente. Él estuvo ansiosamente silencioso de camino aquí, y aunque no necesariamente luce relajado por completo, al menos está hablando de nuevo.

—Sí, me lo has dicho. Es la segunda vez esta noche.

—Bien. —Mantiene su mirada—. ¿Y tu cabello? —Ojos verdes se mueven por mi intento de rodete bajo. Levantaría una mano para tocarlo, pero temo que se vaya a deshacer.

—Sí. Mi cabello. Es algo, ¿no? —Me río—. El horrible tutorial de YouTube que vi no ayudó para nada.

Él sonríe engreídamente.

—Luce bien. Me gusta. Mucho.

—Recordatorio: mirar horribles tutoriales en YouTube más seguido. —Él se ríe suavemente, achinando los ojos un poco cuando lo hace—. Bueno, tú luces apuesto también —le digo.

Porque así es. Realmente luce apuesto. Pero no se siente como… él. Su cabello está más peinado de lo normal, y apenas puedo ver algún tatuaje ya que la camisa blanca que está usando tapa efectivamente todo. El único que puedo ver es parte del cuervo, el cual se asoma por su cuello.

Es como si estuviera tratando de impresionar a su padre. Lo cual entiendo. Solo deseo que no viniera de la mano de interpretar un papel.

El mesero se acerca a nosotros, pero le decimos que seguimos esperando a una tercera persona. Diez minutos después cuando vuelve de nuevo, decidimos pedir algo de beber por lo menos.

Echo un vistazo al menú para hacer algo, y hago una lista de las cosas que suenan deliciosas, emocionándome por la cena un poco de más. Edward tararea en respuesta, y luego engancha su dedo índice entre su camisa y su cuello, y tironea. Su pierna rebota debajo de la mesa, y deseo poder tranquilizarlo.

—¿Estás bien? —pregunto suavemente.

—Hace calor aquí.

—Enrolla tus mangas. —Me da una mirada—. ¿Qué?

—No voy a hacer eso.

—¿Por qué no?

—Porque… —Ve a su alrededor—. Mira donde estamos. No creo que ellos aprecien lo que hay bajo mis mangas.

—¿Qué? A la gente no le importa los tatuajes. Hoy en día ya no hay tanto estigma.

—A mi papá le importa.

Frunzo el ceño.

—Odio que no puedas ser tú mismo con él.

—Puedo, simplemente… es mejor si hago esto. ¿Sabes? No quiero que encuentre algo para echarme en cara.

Mi estómago da un vuelco. Estaba equivocada sobre que Edward intentaba impresionarlo. No puedo imaginar tener que estar a la defensiva con tu propio padre.

Edward nota mi expresión sombría y estira una mano para pasar sus dedos sobre mi brazo.

—Está bien, ¿de acuerdo? —Toma un trago de su whiskey, y entonces repiquetea nerviosamente su dedo sobre el mantel—. Tengo un tiempo límite para él, de todas formas.

—¿Qué quieres decir?

—Si no aparece dentro de media hora, siempre me voy.

Quiero abrazarlo.

—¿Cuántas veces te ha dejado plantado?

—Doce.

Estiro una mano por debajo de la mesa, queriendo quitar este tema de su cabeza.

—¿Cuál era el postre favorito de tu mamá?

—No le gustaba mucho lo dulce. Era una persona más de lo salado.

—Okey. ¿Su comida casera favorita?

—Macarrones con queso —recuerda, sonriendo un poco—. Pero, la cosa fea de caja. Nada de esta mierda lujosa que hay en el menú.

Creo que ella realmente me hubiera agradado.

—Bien, si tu papá no viene, vayamos a comprar una caja de macarrones con queso y terminemos con la noche.

Edward se centra en mi rostro, y sus dedos le dan un apretón a los míos.

—Gracias por estar aquí. Yo… —Se aclara la garganta—. Realmente lo aprecio.

Dejo que mis dedos le devuelvan el apretón, tratando de que mi expresión no muestre lo mucho que hace que mi corazón duela cuando lo imagino a él aquí sentado en soledad.

Vamos por la mitad de nuestros tragos cuando llega su papá.

Edward se pone de pie, por lo que yo también lo hago. Me gusta un poco que, a pesar que su padre sea malo con él, Edward sigua respetándolo lo suficiente como para recibirlo de esta forma.

—Lo siento. Estaba ocupado —dice su papá bruscamente. Viste de traje, tiene cabello canoso, arrugas permanentes en los ojos, y una mandíbula fuerte. Definitivamente puedo ver el parecido—. ¿Esperaron mucho?

—Llegamos aquí a las siete. Así que, hemos estado esperando por veintiocho minutos —dice Edward secamente—. Ella es Bella —le dice a su papá.

—Hola. Un placer conocerlo —digo, e intento decirlo en serio mientras acerco una mano para estrechar la suya.

—Un placer también. Soy el Dr. Cullen.

Bien, es un doctor y del tipo que te dice que lo llames por su título en vez de su primer nombre. Si no estuviera mirándome a los ojos, pondría los míos en blanco ante lo egocéntrico que suena ya.

Entonces me recuerdo que debo darle una oportunidad.

Él es el papá de Edward. Quiero agradarle. Y a pesar de que mi estómago siga revuelto por lo ansioso que Edward estaba antes de que llegara, necesito ser imparcial.

Los tres tomamos asiento, y Edward gira su vaso nerviosamente entre sus dedos.

—No sabía que no íbamos a ser solo los dos esta noche —dice su papá fríamente, mirando a Edward.

—No pude contactarte.

—¿Probaste con el hospital?

Le doy un sorbo a mi vino cuando Edward responde.

—No.

—Bueno, esa hubiera sido una buena forma de contactarme.

El Dr. Cullen sacude la cabeza, y el tema se deja allí.

El mesero se acerca y el Dr. Cullen inmediatamente lo reprende por no haber venido antes. Me sobresalto ante su tono, y lo escucho recitar cómo tomará su whiskey escocés.

El mesero permanece calmado y asiente, murmurando un «sí, señor». Le ofrezco una pequeña sonrisa en disculpas. Este no me parece el lugar donde el personal escupa en los tragos, pero me pregunto si comenzarán esta noche.

—¿Siempre tienes que hacer eso? —murmura Edward cuando el mesero se va.

El Dr. Cullen lo mira.

—¿Disculpa?

Edward se queda en silencio, como si estuviera decidiendo si vale la pena o no decir lo que está pensando.

—¿Por qué tratas así a las personas?

—Tengo expectativas. Y una agenda apretada. Se tomó mucho tiempo —dice su papá, simple y sin emoción.

—Tú llegaste tarde —señala Edward—. ¿Sabes cuántas veces vino a tomar nuestra orden, y tú no estabas aquí? Dios no permita que alguien te haga esperar, pero no tienes problemas en desperdiciar nuestro tiempo.

Amo a Edward por decir esto. Tengo la sensación que raramente le conteste a su padre, así que probablemente le tomó mucho valor hacerlo.

Cualquier celebración que tengo en mi cabeza es interrumpida cuando noto la expresión del Dr. Cullen.

Mierda.

Él claramente no está feliz de ser desafiado.

Los veo mirarse el uno al otro, con ojos entrecerrados, como si estuvieran teniendo una conversación privada. La tensión entre ellos rechina en el aire, por lo que intervengo.

—Entonces eres un doctor —digo, tratando de ser la mediadora que Edward necesita que sea—. ¿En qué te especializas?

—Soy cirujano torácico.

—Oh… ¿es como un cardiólogo?

—No. —Frunce el ceño—. No como un cardiólogo. Realizo cirugías.

—Oh. Lo siento. —Parece ofendido por la comparación—. Suena intenso.

—Lo es —dice secamente.

Los tres nos sumimos en un silencio incómodo.

Lo intento de nuevo. Seguramente tiene que haber algo que pueda romper el hielo y hacer que fluya la conversación.

—¿Vives cerca de aquí? —pregunto.

—No.

Cuando el mesero trae la bebida del Dr. Cullen, estoy agradecida por su interrupción. Ordenamos la comida, y casi le pregunto al mesero que repita los especiales por segunda vez solo para mantenerlo como mi mediador.

—¿Dónde se conocieron los dos? —pregunta el Dr. Cullen. La pregunta parece normal, educada. Pero su expresión luce desinteresada. Casi como si fuera una tarea para él el estar aquí y hablar conmigo y con su hijo.

Miro a Edward y le ofrezco una sonrisa alentadora.

Él responde por nosotros.

—Enseño la clase de programación de su hermano —responde simplemente.

Y quizás es así de simple.

—Mi hermano ama a Edward —digo, sonriendo un poco—. Él realmente piensa…

—¿Sigues haciendo eso? —me interrumpe el Dr. Cullen.

Edward aprieta la mandíbula.

—Ella estaba hablando.

Sacudo mi cabeza.

—Está bien.

Su papá saca su teléfono, escribe algo por un segundo y entonces dice:

—Enseñar esa clase no paga bien, ¿o sí?

—Paga lo suficiente —dice Edward.

El Dr. Cullen toma un sorbo de su whiskey.

—Bah.

Edward lo imita y bebe el resto de su bebida.

—El hijo de Crowley recientemente se metió en contabilidad. Dijo que deberías contactarlo. Tendrías que volver a tomar clases, pero…

—¿Por qué me hablas de Tyler Crowley? —pregunta Edward, visiblemente molesto.

Su papá lo fulmina con la mirada, aparentemente furioso de ser interrumpido.

—Se te mencionó porque trataba de ayudar —dice el Dr. Cullen secamente.

—No, no es así. ¿En serio vamos a hacer esto ahora?

No me gusta la forma que mira a Edward. Como si ha venido aquí para pelear. Como si intencionadamente quiere meterse debajo de su piel y hacerlo retorcerse y avergonzarlo frente a mí ya que está.

La mesa se queda en silencio, y las conversaciones cercanas llenan el ambiente. Tenedores chocan, y la risa nos envuelve, pero aun así estamos en silencio.

—No quiero discutir. —Edward lo intenta con un tono más suave—. Es el cumpleaños de mamá.

—No estamos discutiendo. Esta es una simple conversación. —Vuelve su atención a mí—. Dime. ¿A qué te dedicas, Bella?

Me aclaro la garganta.

—Soy florista —digo, manteniendo la mirada. La esquina de su boca se curva en una suave sonrisa engreída. No está impresionado. Pero no estoy aquí para impresionar, ni mucho menos por él. Estoy aquí por su hijo. Estoy aquí para ser la mediadora y la amiga y lo que sea para lo que Edward me necesite esta noche.

—No me gustan las flores.

Estoy tentada de decirle que no me gusta él, pero me muerdo la lengua y, en cambio, inclino mi cabeza un poco.

—¿Por qué no?

—Mueren.

También lo hacen las personas.

También lo hizo su esposa.

E intento recordar eso. Intento encontrar cualquier forma de compasión que puedo por él, pero lo está haciendo muy jodidamente difícil.

Él ordena otro whiskey escocés. Lo observo e intento leerlo. Me pregunto cómo era antes de que Elizabeth muriera. Sé que Edward dijo que su mamá lo hacía más suave, pero imaginar un costado más suave de este hombre parece inimaginable.

—Y bien… —suspira el Dr. Cullen. Me pregunto si va a ofrecer una disculpa e intentar comenzar esta cena de cero—. El trabajo en contabilidad. Piénsalo. Al menos es algo que vale la pena.

—No quiero nada de eso —dice Edward tensamente—. Yo… —Pausa y brevemente me mira—. Me gusta lo que hago.

—Toda esa matricula desperdiciada —gruñe el Dr. Cullen, agitando su mano despectivamente en el aire—. Una lástima.

—No lo veo de esa forma —murmura Edward.

—Bueno, obvio que no, ¿o sí? —Su mandíbula está tensa, como si estuviera apretando sus muelas. Espero que se rompa un maldito diente—. Tu no firmabas los cheques. Y qué payasada fue eso, abandonar después de un año. —Edward abre la boca para hablar, luego la cierra cuando su papá murmura por debajo de su aliento—. Ni siquiera pudiste aguantarlo.

Estoy por estallar. Pero intento con todas mis fuerzas no meterme. No quiero ser esa persona que le gusta involucrarse en los asuntos de otras personas. Pero… es Edward. Y me está matando escuchar a su padre hablarle de esta forma.

—Jamás te pedí algo —Edward le recuerda, y su tono vencido me mata—. Ni el dinero, ni… nada.

—Lo único que te pedí fue que no me avergonzaras y que encuentres una carrera de verdad —espeta el Dr. Cullen.

—Eres un hombre inteligente —dice Edward en tono neutro—. Uno pensaría que ya habrías entendido que jamás te haré sentir orgulloso.

Mis ojos se nublan, y bajo la vista hacia mi regazo.

—En serio —bufa el Dr. Cullen—. ¿Qué pensaría tu madre?

Levanto la mirada, furiosa.

Mi corazón acelerado.

Mi sangre hirviendo.

Puedo sentir la tensión irradiar de Edward, y ya no puedo escuchar más esto.

—Creo que ella estaría realmente orgullosa de su hijo —interrumpo—. Por lo que parece, él encontró algo que ama hacer y que le apasiona. Me pregunto qué pensaría ella de ti, tratando a tu propio hijo de esta forma. Él no se merece esto.

Mi corazón intenta salirse de mi pecho. Edward toma mi mano debajo de la mesa, pero no aparto la mirada de su padre.

El Dr. Cullen me estudia, al parecer nada molesto por lo que he dicho. Sigo su juego de miradas. Me recuerda a los primeros días con Edward. La frialdad y lo que pensaba que era arrogancia. Pero ese era un escudo para Edward, no para su verdadero ser. Desafortunadamente, así es como realmente es su padre.

—¿Sabes todo el estrés y los problemas que me dio después que Elizabeth falleciera?

—No —digo con brusquedad. Estoy por decirle que no me importa, pero él habla primero.

—Ha sido arrestado. Vandalizó su escuela. Fue echado por drogas. Abandonó la universidad, me hizo quedar como un tonto después de todos los contactos que usé para que lo admitieran. ¿Y para qué fue eso? ¿Para llamar mi atención?

Sé que sus preguntas son retóricas. No quiere una respuesta en realidad. Pero le doy una de todas formas.

—Claro, quizás fue para llamar tu atención —ofrezco sinceramente—. Quizás él quería saber que lo amabas. ¿Quizás estaba sufriendo? Quiero decir, ¿alguna vez se lo preguntaste? ¿Alguna vez le preguntaste cómo se sentía? —El Dr. Cullen abre su boca para hablar, pero sigo—. Sé que estabas de luto también. No sigo que él fuera el único. Pero era un simple niño. Él no… tenía las herramientas que tú tendrías para sobrellevarlo.

—No te sientes allí e insultes mis habilidades paternales, o intentes asumir que me conoces o que conoces a mi hijo. Te garantizo que no es así. De la misma forma que puedo garantizar que sus travesuras fueron solo para decepcionarme más —responde él con un tono brusco.

Edward roza su pulgar sobre el mío, y puedo sentir sus ojos sobre mí, pero no puedo mirarlo todavía.

—Lo que sea que creas que hizo o no hizo para decepcionarte no debería importar —discuto—. Sigues siendo familia. Sigue siendo tu hijo.

—Claro. Es mi hijo. —El Dr. Cullen frunce el ceño—. ¿Y quién diablos eres ?

—Suficiente —gruñe Edward—. Puedes hablarme así, pero a ella no.

El Dr. Cullen mira a su hijo y chasquea la lengua.

—Qué bueno ver que finalmente luchas por algo.

Sacudo mi cabeza con incredulidad.

—¿Realmente eres tan arrogante que…?

—Bella, no. —Edward se pone de pie, manteniendo mi mano en la suya—. Nos vamos.

El Dr. Cullen sacude su cabeza, tirando su servilleta sobre la mesa.

—Magnifico. Increíble. Da la espalda a tus problemas. Tu madre estaría muy orgullosa.

Mi pecho se llena de furia, y estoy por abrir la boca de nuevo, pero Edward tira de mi mano y me aparta.

—Él no lo vale, Bella —murmura en mi oído—. Confía en mí.

Sé que no.

Pero Edward .

No quiero causar una escena, más de la que ya hemos hecho. Las mesas cercanas nos están viendo, sin vergüenza, ni siquiera fingir que están comiendo su comida.

Necesito mostrar el control que tiene Edward esta noche.

Así que me contengo.

Con mi mano en la suya, tomo aire profundo y dejo que nos saque del restaurante.

Solo espero que se dé cuenta de lo fuerte que es en estos momentos.


¿Qué tal el Dr. Cullen? Ya varias sospecharon con el adelanto que no sería bueno. Vimos un vistazo al pasado de Edward, y así como a Bella nos da ganas de abrazarlo :3

El próximo capítulo es muy bello *-*

Nos leemos :)