Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 28

Edward se aferra a mi mano de camino a su camioneta.

Se mantiene en silencio.

Por lo que yo también.

Después de destrabar y abrir mi puerta, me subo y me siento silenciosamente en la cabina. Mis ojos lo siguen mientras camina alrededor del frente de la camioneta. Observo como duda afuera de su puerta por un momento y se frota la boca con una mano antes de entrar.

—Edward…

—Por favor, no —ruega suavemente, tomando un puñado de su cabello—. Simplemente… no.

Mi corazón se encoje.

Él enciende el motor, pero permanece estacionado y mira por el parabrisas.

—¿Podemos no hablar sobre ello ahora?

Asiento, y cuando él no me mira, digo:

—Bien.

—¿Debería llevarte a casa?

Suspiro, y finalmente me mira.

—Por favor, no me apartes, Edward.

Siento reticencia en su voz cuando dice:

—No lo hago, simplemente… quiero asegurarme que eso no haya sido demasiado, y si quieres salirte, te estoy dando la posibilidad.

—No quiero salirme. Me quedaré contigo esta noche.

Comienza a conducir.

—Okey.

El viaje a su casa es silencioso. A mitad de camino, su mano encuentra la mía, y nuestros dedos se enlazan mientras rememoro todo lo que su padre dijo. Todo lo que yo dije. Mierda, deseo haber dicho más.

Sé que él dijo que su padre era complicado, pero jamás podría haber imaginado eso. Jamás. Cuando pienso en que Edward tuvo que lidiar con él por tanto tiempo sin su propia madre como mediadora, la urgencia de llorar se acumula en mi garganta. Pero me contengo. Se siente injusto llorar cuando Edward está tan estoico. En serio, él es quien tiene que estar sufriendo más que yo. Cualquier cosa que yo sienta parece insulso comparado con su dolor.

Después de estacionar la camioneta, caminamos hacia las escaleras de su edificio. Estoy en el cuarto escalón cuando noto que no me está siguiendo.

Me detengo en el lugar y lo miro.

—¿Qué pasa?

—Voy a… —Saca un paquete de cigarrillos y estira un brazo para tenderme sus llaves—. Te veré allí arriba.

Le ofrecería esperar con él, pero presiento que quiere estar solo ahora mismo.

Se sienta en el segundo escalón, y observo mientras se lleva el filtro a los labios, prendiendo el encendedor hasta que el extremo del cigarrillo se enciende.

No digo otra palabra mientras me dejo entrar en su edificio.

El departamento está oscuro cuando ingreso, pero solo enciendo la luz de la cocina. Comienzo a echar un vistazo en su alacena para encontrar lo que necesito: una caja de macarrones y queso. Comienzo a hervir la olla de agua, y para cuando ya estoy metiendo los fideos, Edward entra.

Está callado. Pensativo. Cuando ve lo que estoy haciendo, presiona un beso rápido en mi frente antes de estirarse para tomar la botella de whiskey que está sobre su refrigerador.

—Quizás deberías comer —murmuro.

—Sí, quizás.

Se sirve un vaso de todas formas y toma un trago, luego me lo tiende. Tomo un pequeño sorbo, haciendo una mueca por el ardor.

—Los macarrones ya casi están.

Otro beso, esta vez en la comisura de mi boca.

—Gracias.

Silenciosamente se dirige hacia la cama, dándome la espalda mientras se quita las botas. Trato de no mirarlo y termino de cocinar. Él no tiene un colador, por lo que intento escurrir los fideos sin que se me caigan en el fregadero. Después de verter el paquete de queso fundido en la olla y mezclar todo, me giro para encontrar a Edward acostado sobre su vientre y con el rostro contra el colchón.

Me rompe el corazón.

Lentamente cruzo la habitación y me acuesto a su lado.

—Edward —digo su nombre suavemente y con cuidado—. Oye… está bien.

—No está bien —murmura, girando su cabeza un poco para mirarme a los ojos—. Estoy furioso por pensar que podría dejar de ser un egocéntrico imbécil por una puta noche. No deberías haber visto eso. O haber estado cerca de él. Lamento haberte llevado.

—Si alguien necesita disculparse, es él. No tú. No creo nada de esa mierda que dijo sobre ti. Sabes eso, ¿cierto?

—Pero él no estaba mintiendo —murmura, su voz cortante—. Me echaron del colegio. Me arrestaron. —Pausa por un momento—. Y las drogas no fueron una mentira tampoco.

Aparto un poco de su cabello así puedo ver sus ojos.

—No tienes que explicarte o explicar tu pasado. Está bien.

—Lo sé, pero quiero hacerlo. Solo contigo. —Suela el aire y se gira para enfrentarme—. Las drogas mayormente fueron marihuana y pastillas. No toco esa mierda ya. Quiero decir, a veces fumo, pero… nada de pastillas. —Suelta una risa sin humor—. Solía robárselas a mi papá. Dios, si él supiera eso, simplemente… —Sus ojos se vuelven distantes—. Supongo que simplemente quería no sentir nada.

Frunzo el ceño. Su humor se siente algo oscuro, y odio pensar en él tratando de escapar y no sentir. Odio imaginarlo dando vueltas, distante y aturdido, y que su papá no lo note lo suficiente como para ayudarlo.

—Pero finalmente comencé a dibujar de nuevo. Después de un tiempo. Mi amigo, Jasper, y su novia fueron capaces de sacarme de mi depresión. Comenzamos a tocar música, y eventualmente, dejé de drogarme tan seguido. También dejé de cargarla tan seguido. No en los ojos de mi papá, pero… al menos sabía que mi mamá aprobaría lo que estaba haciendo.

—Todavía lo aprobaría —le aseguro.

—Me mudé cuando tenía dieciocho —recuerda, su tono ligeramente resentido—. No fue la mejor idea, pero no puedo decir que mi papá hacía algo por mí. Me dejó volver después de seis meses. No estuvo feliz, y peleábamos mucho, pero… —Edward sacude su cabeza—. Pensé que podía intentar las cosas a su manera. Incluso cuando traté de cambiar, hacerlo sentir orgulloso, terminé abandonando la universidad.

—Eso está bien.

—¿Sí?

—Sí.

—Soy nadie para él.

Mis ojos arden con lágrimas.

—Pero eres alguien para —susurro, y acerco mi rostro al suyo. Espero a que sus ojos se encuentren con los míos porque necesito que escuche realmente mis palabras y que vea la verdad en ellas—. Eres… todo. —Encuentro una sensación de calma en su mirada antes de que entierre su rostro contra mi cuello. Mis dedos se entierran en su cabello y lo acaricio, espero que sienta lo amado que es en este momento—. Te veo, y me importas, ¿de acuerdo? Muchísimo.

Con su rostro aún escondido, respira profundo. Como si hubiera estado conteniéndolo por miedo y furia todo este tiempo. Quizás toda su vida.

—Gracias —murmura.

—No tienes que agradecerme.

—Sí. Me defendiste. Estuviste allí para mí. Solo… mierda, me cocinaste macarrones. —Se ríe un poco, su humor mejorando—. También eres todo para mí, Bella.

—Lo volvería a hacer una y otra vez —murmuro, observándolo, rozando mi pulgar por su mejilla—. Solo quiero que me dejes entrar. Quiero estar contigo.

—Estás adentro. —Su mirada es tierna cuando toma mi rostro y me besa—. Estás jodidamente adentro.

Eso es todo lo que quiero.

Me arrastro más cerca y envuelvo mis brazos alrededor de su cuello, abrazándolo lo mejor que puedo mientras estamos acostados. Su rostro se entierra en mi cuello de nuevo, y simplemente nos abrazamos por un momento más hasta que siento su boca caliente sobre mi piel. Es suave al principio, un abrazo suave. Entonces siento su lengua moviéndose por la piel delicada de mi cuello, y un fuego se enciende en mi vientre.

Sus manos se mueven de mi cintura para aferrar mi trasero. Ahora hay un fuego en su toque. Intención.

Mis manos se enredan en su cabello, y con nuestros labios moviéndose frenéticamente juntos, sus dedos se deslizan por debajo de mi vestido, rozando el borde de mi ropa interior. Es gentil mientras sus dedos exploran, deslizándose dentro del material. Cuando siente lo mucho que lo deseo, gruñe en respuesta.

Llevo una mano entre nosotros y froto mi mano sobre el bulto en sus jeans. Sonrío cuando provoca que suelte otro gruñido de sus labios.

—¿Podemos…? Quiero decir, ¿quieres…?

Leo su rostro en busca de alguna duda. Cualquier indecisión o preocupación que no deberíamos hacer esto.

Pero todo lo que encuentro es amor.

Todo lo que veo es seguridad.

Un instante pasa, y lo beso de nuevo, capturando su boca con la mía.

—Quiero desvestirte —susurra, sus dedos moviéndose por mi hombro desnudo—. ¿Me dejarás hacer eso?

Le dejaré hacer lo que sea que quiera.

—Okey.

Nos paramos, y él se ubica detrás de mí, abriendo el cierre de mi vestido. Antes de quitarlo, se arrodilla, y sus manos se elevan por mis muslos, por debajo de mi vestido mientras lentamente desliza mis bragas por mis piernas.

Se vuelve a parar y baja cada tira por mis hombros hasta que mi vestido cae a mis pies. Cuando me giro para verlo, me desabrocho el sostén y tiro de los clips en mi cabello, dejando que las ondas caigan sobre mis hombros.

—Mierda, Bella. —Sus ojos se nublan, y me observa—. Mírate.

Mis adentros se derriten. Estoy completamente idea. La forma en que me mira, como si fuera la cosa más hermosa que ha visto, hace que mi cuerpo se sienta en llamas.

—Tu turno. —Desabrocho la estúpida camisa un botón a la vez, y puedo sentirlo mirarme—. Nunca vuelvas a usar esto —murmuro—. A menos que sea por ti. Por nadie más.

Se desabrocha los jeans, pero yo bajo el cierre y los jalo hacia el suelo.

Mírate —musito, observando la obvia excitación en sus bóxers negros.

Luego también quito esos.

—Gracias —medio ríe.

—Literalmente no hubo problema. Feliz de ayudar.

Su risa se esfuma antes de tomar mi mano y llevarme hacia su cuerpo para envolverme en sus brazos. Me sostiene por un segundo antes de besarme apasionadamente. Me siento deseada, anhelada. Me siento cuidada. Amada. Espero que él sienta todas esas cosas también.

Rompo nuestro beso y lo miro a los ojos antes de arrastrarme hacia el medio de la cama, acostándome sobre su colchón. Él se toma su buen tiempo para acercarse, dándome un momento extra para estudiarlo. Él simplemente me observa. Como si no puede creer que estoy aquí, desnuda, en su cama.

Como si no pueda creer que soy suya.

Se mueve suavemente, con cuidado, cerniéndose sobre mí. Jalo de sus hombros hasta que todo el peso de su cuerpo está sobre mí.

—¿En qué piensas? —pregunto, y él frota su nariz contra la mía.

—Lo mucho que no te merezco —dice, casi en un susurro.

Sacudo mi cabeza. Sus palabras provocan una emoción en mi pecho porque eso no es verdad. Edward se merece mucho.

—Tú te mereces todo —le digo, levantando mi barbilla para besarlo—. Te mereces amor.

—Bella. —Traga y levanta una mano, secando la esquina de mi ojo con su pulgar—. ¿Estás llorando?

Lo estoy. Un poco. Es jodidamente inoportuno.

—No —miento.

Su sonrisa es cariñosa.

—Está bien.

El momento pasa, y captura mi boca en un beso. Es tentativo, tímido. Lo profundizo, por supuesto, porque quiero más. Estamos desnudos, y él está justo allí, y lo necesito. Quiero sentirme cerca de él, y quiero que sienta lo mucho que me merece.

Su boca abandona la mía, succionando mi cuello, suavemente mordiendo la piel. Entonces aferra mis manos, las levanta por sobre mi cabeza y empuja contra mí. Es fuerte, pero de alguna forma, tierno.

—Mierrrda… —suelto incoherentemente—. Cariño.

Simplemente se escapa de mi boca.

Debe gustarle que lo llame así porque suelta un gruñido contra mi piel, explorando mi cuello con su boca, hasta llegar a mi pecho.

—Dilo de nuevo —me dice, labios alrededor de mi pezón.

—Te deseo, cariño. Demasiado.

Su mano se escabulle entre nosotros, y sus dedos entran en mí.

—¿Me deseas?

Cierro mis ojos con fuerza.

—Más que a nada.

El ritmo de sus dedos es lento, tortuoso. Abro los ojos para ver los suyos fijos en mi rostro, disfrutando de lo que me está haciendo. Esa sonrisa engreída y sexy solo me hace desearlo mucho más.

—Quiero… —susurra después de un segundo.

—¿Qué? —jadeo.

—Quiero poner mi boca sobre ti —dice suavemente, y mi excitación aumenta de solo pensarlo.

—Hazlo entonces. —Presiona un beso suave y abierto en mi hombro—. Eso no es lo que quisiste decir —le reprendo.

Él sonríe.

—No, eso no es lo que quise decir.

Y entonces me muestra lo que quiso decir al hacer un camino de besos por mi cuerpo mientras usa su boca sobre mí. Casi pierdo el control justo en ese momento.

—Edward —jadeo—. Oye —vuelvo a decir, y él levanta su cabeza. La imagen de él entre mis piernas es demasiado—. Te deseo ahora. Como, jodidamente ya.

Lo veo observarme, como si estuviera luchando contra él mismo. Un segundo pasa, y cual sea la parte de él que le esté diciendo que no vaya tan lejos conmigo debe perder porque abandona la cama y toma un condón. Lo miro colocárselo, y un momento después se cierne sobre mí de nuevo antes de acostarse entre mis piernas.

—¿Quieres esto?

—Sí —susurra, estudiando mi rostro de nuevo—. He estado pensando mucho en esto.

—¿En serio?

—Esta mañana. Anoche. Y todos los días desde nuestro primer beso.

—Eso es un montón —me río—. Pero me gusta. Yo también lo quiero.

Luce inseguro de nuevo.

—¿Está bien?

—Está bien. Lo sé —le digo. No sé si sabe que le estoy diciendo que lo sé. Pero no quiero hablar sobre eso ahora mismo. Simplemente lo quiero dentro de mí. Lo anhelo. Quiero que me llene, y solo quiero pensar en el ahora. Nada más. No en su padre, o su pasado. No en mañana o la inevitable revelación. Solo… en este preciso momento.

Finalmente, entra lentamente en mí, sus ojos en mi rostro en todo momento. Mi boca se abre, y jadeo, exhalando en su boca.

—Mierda —siseo, y entonces estamos unidos, apenas moviéndonos—. Mierda.

—Diablos —murmura, frunciendo el ceño con fuerza—. Te sientes… te… mierda, Bella.

Se mueve suavemente. Cada movimiento es lento y tierno. Deliberado. Como si jamás quisiera que esto termine. Yo tampoco lo quiero.

Aparto su cabello del rostro y lo miro.

—¿Estás bien? —pregunta tiernamente.

—Más que bien.

Deja caer su cabeza sobre mi hombro y comienza a embestir más rápido. Entonces toma mis brazos de nuevo y los sostiene sobre mi cabeza, presionando contra mí mientras me aferra.

—Eres tan sexy —jadeo—. Y te sientes tan bien.

Me suelta para rodear mi rodilla con su brazo izquierdo, levantándola contra mi pecho. Es capaz de ir más profundo entonces, y gimo fuertemente.

—Mieeeerda.

—No solo te voy a follar —suelta, excitado y divertido.

—Lo sé. —Estoy sin aliento. Es más que eso con nosotros. Lo sé. Siento esto.

—Quiero follarte… y amarte… —lo dice como si estuviera rogándome para que se lo permitiera.

—Quiero todo eso también —jadeo, y sus caderas se mueven en pequeños círculos de nuevo.

—¿Sí?

—Sí.

Nos gira, ahora está debajo de mí, y beso su mentón, su cuello, su pecho antes de sentarnos. Cuando me caigo sobre él, gruñimos al unísono. Entonces me aferro a sus hombros y subo y bajo, observando su rostro mientras él me mira follarlo y amarlo y lo que sea que esté dispuesta a darle. Que es todo de mí. Espero que él pueda hacer lo mismo a cambio.

—Te sientes jodidamente bien, cariño —logra susurrar, boquiabierto, con ojos nublados.

Entonces baja la cabeza y muerde ligeramente mi pecho.

La sensación comienza a crecer.

—Estoy cerca —le digo—. Pero no quiero todavía.

Sus cejas se juntan, como si también estuviera conteniéndose.

—Pero yo quiero. —Cuando dice esto, su mano se desliza entre nosotros, frotándome.

—Se siente tan bien —casi chillo—. Solo no quiero que termine.

Su risa es oscura, ronca.

—Okey. Bueno…

Muerdo su hombro. Imaginar hacer esto con Edward por siempre hace que mi corazón se infle en mi pecho.

No puedo contenerlo más, y me dejo ir. Con mis brazos fuertemente alrededor de su cuello, siento la inevitable ola de placer envolverme, adueñándose de mis sentidos. No puedo ver, no puedo escuchar.

Todo lo que puedo hacer es sentir.

Todo lo que puedo sentir es amor.

Mi orgasmo desacelera, y momentos después, él aferra mis caderas y lo siento palpitar dentro de mí. Mi nombre es lo único que sale de su boca.

Nuestros cuerpos se detienen, y recuperamos el aliento. Dejo caer mi cabeza sobre su hombro, y su mano acaricia la piel de mi espalda.

—Dios. —Beso la comisura de su boca una, dos veces. Él gira su rostro un poco para encontrar mis labios—. Yo… me has roto.

Otra risa ronca, pero esta vez es saciada y perezosa.

—Podría decir lo mismo de ti —murmura—. Eres… simplemente increíble.

Cubro su boca con mi mano, sacudiendo mi cabeza, y aparta mi brazo para besarme.

Eventualmente nos levantamos. Compartimos los macarrones del mismo bol, y volvemos a la cama, nuestros cuerpos enlazados. Él se encuentra detrás de mí, un brazo alrededor de mi estómago, descansando su barbilla en el hueco de mi hombro.

—¿Estás emocionado por el show de mañana? —murmuro en la oscuridad.

—Supongo.

—¿Supones? —repito, girándome un poco para verlo.

—¿Estarás allí?

—Sí.

—Entonces, sí, no puedo esperar.

Me doy vuelta así estoy frente a él.

—¿Solo estás emocionado porque voy a ir? Me vas a dar un ego.

Se ríe, achinando los ojos.

—Quiero decir, sabes que me pongo nervioso. Pero me gusta tocar música más de lo que me importa ser tímido. Así que sí, saber que estarás allí es reconfortante.

—Te dije que nadie siquiera nota que estás ansioso en el escenario —le recuerdo mientras sus dedos juegan sobre mi cadera—. Pero, si te pones nervioso mañana en la noche, solo búscame en el público. ¿De acuerdo?

—Está bien. —Traga y entonces se inclina para besarme—. Lo haré.

EPOV

Se acabó.

Estoy jodidamente enamorado de esta chica.

Simplemente espero que no me odie mañana.


Ay, ya se acerca la revelación... el próximo cap es EPOV ;)

Por cierto, subí una nueva traducción que se llama Fighting Chance. Si leyeron Little Dreamer, es algo parecida en la cantidad de drama/angst. Las invito a pasar por allí.

¡Hasta el próximo!