Voy a comenzar diciendo que los personajes no me pertenecen, le pertenecen al Morenatsu Team Proyect.

Mi intención era haber publicado esto antes de Navidad, pero por circunstancias personales no pudo ser, aun así, espero que lo disfruten. Se recomienda leer mis historias de Morenatsu anteriores, pero no es obligatorio.

Es el último fanfic de 2020, tengo un montón de ideas y proyectos para 2021.


Habían pasado ya varios meses desde aquel verano que había cambiado la vida del joven Hiroyuki Nishimura.

Sí, aquel verano en Minasato, su pueblo natal, lo había cambiado todo, había descubierto el amor, encontrándolo en su amigo de la infancia, Juuichi; además, el joven Hiroyuki había descubierto su vocación: el arte.

Lamentablemente, y, debido a que habían decidido seguir distintos rumbos en la autopista de la vida, la recién creada pareja no había podido continuar unida, pero habían decidido continuar a distancia.

Juuichi se había quedado en Minasato, preparándose para convertirse en bombero en Kazenari, la ciudad más próxima al pueblo, mientras, Hiroyuki había vuelto a Tokio y, a regañadientes, sus padres le habían apuntado a una escuela privada de arte y aspiraba a entrar a entrar a una Universidad de Prestigio en la carrera de Bellas Artes. Había sido su abuelo quien, durante las vacaciones le había animado a dedicarse a aquello a lo que realmente quería.

Debido a que los padres de Hiroyuki estaban temporalmente fuera del país por motivos socioeconómicos, el muchacho vivía ahora en un cuarto alquilado a un viejo zorro con el dinero que sus padres le enviaban mensualmente. El joven llevaba lo de volar del nido mejor de lo esperado, gracias en buena parte a que el anciano era muy buena persona y no le importaba que Hiroyuki manchase un poco la habitación cuando trabajaba en un proyecto de arte.

El muchacho pasaba la mayor parte del tiempo estudiando para su último año de instituto y la otra mitad, trabajando en los proyectos de arte que le mandaban en la escuela privada, pero, pese a todo, siempre sacaba tiempo para llamar a su novio a distancia, Juuichi; o, mejor dicho, escribir dado que el oso seguía en Minasato y allí no llegaba la línea telefónica de Tokio ya que pertenecía al Japón rural y la brecha digital se notaba enormemente. Ambos sabían que en aquel momento era imposible estar juntos, pero aun así, se echaban mucho de menos, añoraban el tacto, el olor y los besos del otro. Para ayudar a superar el estar lejos de su amado, Hiroyuki se había comprado un oso de peluche gigante y, le había puesto el jersey que Juuichi le había prestado antes de marcharse del pueblo al final de las vacaciones de verano; abrazar a aquel peluche le daba consuelo.

Diciembre estaba a punto de llegar a su fin y se acercaba el día de Navidad. A pesar de que Japón no era un país cristiano, no era misterio alguno que el país había "adoptado" aquella fiesta occidental.

El anciano zorro había decido irse a pasar unos días con su familia lejos de allí, dejando solo a Hiroyuki. Al joven le habría gustado viajar a Minasato por las fiestas, pero desgraciadamente, en la Universidad de arte les habían mandado un proyecto que no podía posponer de ninguna manera y si se iba le sería imposible terminarlo a tiempo. No le quedaba otra que resignarse, ya escribiría a sus amigos deseándoles Feliz Navidad.

A decir verdad, el muchacho ya tenía elegido el regalo de navidad de su novio y lo tenía empaquetado y listo para enviárselo por correo. Aun así… ¡Cuánto le habría gustado entregárselo en persona! Sería mejor no pensar mucho en ello o acabaría entristeciéndose.

Hiroyuki se abrazó a su oso de peluche gigante y miró a la foto que teniatenía puesta en la mesa de su habitación, aquella que Konosuke le había sacado ese verano que cambió su vida, aquella en la que aparecían Juuichi y el muchacho en su cita cerca del lago. Trató de volver a aquel momento en su mente, quería imaginarse de nuevo con su amado, sentir su calor, su pelaje, oler su aroma corporal…

"Juuichi…"

El sonido de su móvil lo sacó de sus pensamientos, la canción Ai Kotoba de la famosa cantante Miku Hatsune llenó la habitación y, el muchacho se apresuró a descolgar el teléfono… pero aquel número no le era en absoluto familiar… ¡Qué extraño! ¿Sería seguro descolgar el teléfono? ¿Y si era un loco quien estaba al otro lado? Pero él ya era prácticamente un adulto, podría lidiar con ello… Al descolgar, una grave pero cálida voz se escuchó al otro lado.

"¿Hiroyuki?"

El corazón del muchacho comenzó a latir a mil revoluciones por minuto, conocía aquella voz.

"¡Juuichi!"

Una sonrisa se extendió por su rostro, el simple hecho de oír la voz de su novio lo llenaba de dicha.

"¿Cómo estás?"

"Estoy bien, las clases están un poco complicadas con la pintura al óleo" se dio cuenta de que estaba hablando mucho de sí mismo, así que se apresuró a añadir "¿Y comocómo te va a ti?"

"Preparando el examen. La convocatoria a bombero será pronto"

El muchacho no podía dejar de sonreír, pero dejó de hacerlo de golpe cuando el oso le preguntó:

"¿Cuándo vienes de visita?"

"Verás, en la escuela de arte nos han mandado un trabajo muy importante y…"

De golpe, un ruido proveniente del exterior se dejó oír y el muchacho corrió las cortinas. ¡Una bola de nieve! Y, volvieron a lanzar otra… ¡Seguro que eran niños traviesos! El muchacho se asomó para decirles que parasen, todavía con el móvil en mano, pero su corazón dio un vuelco al ver quien estaba fuera.

"Ya no puedo esperar más. Te extraño mucho" decía la voz de Juuichi "Así que vine a verte"

¡Era él! Lo había llamado desde un teléfono público que justo daba en frente a la casa.

Hiroyuki tomó la llave y salió corriendo a su encuentro, tenía el rostro lleno de lágrimas, pero eran lágrimas de felicidad. Fuera hacía un frio glaciar, pero no le importaba, el amor de su vida estaba ahí fuera. Pronto, los fuertes brazos de Juuichi lo envolvían en un cálido abrazo.

"No llores" le dijo afectuosamente el oso mientras secaba con su pata las mejillas del muchacho.

"No estoy llorando" mintió Hiroyuki, pero sonreía.

Tras unos besos, ambos decidieron entrar. Al parecer el oso había llevado consigo comida, un montón de pollo frito que había comprado en una cadena de restaurantes durante el camino. Pronto ambos estaban sentados en la mesa poniéndose al día; claro que ellos se mandaban a menudo cartas, pero la cantidad de información que se podía enviar y recibir por aquel medio era muy limitado.

Charlando, Hiroyuki supo sobre las cosas que se había perdido en Minasato. Al parecer, Torahiko se estaba preparando para un torneo mundial de natación; Kouya se había marchado del pueblo para perseguir su sueño de convertirse en músico y a Sotarou le había fichado un equipo de futbol juvenil, de modo que ahora él y Kouyi también estaban en una relación a distancia.

Hiroyuki suspiró… ¡Como echaba de menos al resto de sus amigos! Pese a haber pasado solo unos pocos meses, las cosas habían cambiado muchísimo.

Cuando terminaron de comer, el muchacho se sentía a reventar, pero el oso aún teniatenía otra sorpresa, el postre, un enorme rollo de dulce… ¡Era increíble lo comilón que el oso podía llegar a ser! Pero esa era otra de las cosas que al muchacho le gustaban de su novio.

Una vez tomaron el postre, ambos limpiaron los platos y luego se retiraron al cuarto de Hiroyuki. Era una suerte que el dueño de la casa estuviera fuera, pues de ese modo ambos compartían aquel momento de intimidad sin temor a ser sorprendidos o interrumpidos. El oso, que lo había llevado en brazos desde el comedor, lo dejó caer delicadamente sobre el colchón y, durante unos segundos ambos quedaron mirándose a los ojos, perdidos en la mirada del otro.

"Te amo, Juuichi" le dijo el muchacho casi en un susurro.

El oso no respondió, pero lo besó apasionadamente.

Fuera continuaba nevando y haciendo frío pero a ellos les daba igual, estaban en el interior en su propia burbuja de felicidad y el fuego de su pasión haciahacía que todo lo demás quedara reducido a cenizas.

Cuando Hiroyuki despertó a la mañana siguiente, estaba él solo en el colchón con lo cual se temió que lo sucedido hubiese sido solo un sueño… ¿estaba tan desesperado por volver a estar con Juuichi que su mente le había jugado una mala pasada?

Su vista apuntó al calendario, ¡Era el Día de Navidad!

¡Tenía solo una semana para terminar el proyecto de arte y aun no tenía ni idea qué iba a presentar!

Fue entonces cuando Juuichi salió del cuarto de baño, únicamente llevaba una toalla anudada a su cintura.

"¿Ya te has despertado, Hiroyuki?"

Se inclinó para besarlo y al muchacho le cayeron dos lágrimas de felicidad al comprobar que aquello no había sido un sueño.

"Deberíamos pensar en desayunar algo para aprovechar el día de Navidad, ¿qué quieres hacer?"

El muchacho no respondió pues en esos momentos contempló como los rayos del sol entraban por la ventana e iluminaban el pelaje de Juuichi haciendo una escena perfecta de un cuadro.

"Juuichi, ¿te importa que te haga un retrato?"

El oso se sonrojó.

"Debería ponerme la ropa primero"

"¡No!" exclamó el muchacho y rápidamente se dio en cuenta de lo que había dicho "Es que…"

"¿No querrás pintarme desnudo?" le interrumpió el oso "¿Cómo se te ocurre algo así?"

El oso parecía molesto a juzgar por el tono de voz tan fuerte que acababa de usar. Hiroyuki ocultó avergonzado la cara entre sus manos… pero cuando miró, Juuichi estaba desnudo frente a él en una pose.

"Si tanta ilusión te hace, lo haré por ti, Hiroyuki. ¡Pero no se te ocurra contárselo a los chicos! ¡Especialmente a Tora!"

Al tigre le encantaba chinchar al oso, de modo que era mejor no darle material para hacerlo.

Allí pasaron horas, Hiroyuki pintando su cuadro concentrándose al máximo, con sus pinceles tratando de detallar lo máximo posible el pelaje de su amado.

Cuando la noche cayó, Juuichi se acercó a ver el resultado y lo dejó alucinado.

"¡Vaya! Tú tienes un verdadero talento, Hiroyuki"

"Es que me he esforzado al máximo, porque tú sales en el cuadro"

Se dieron un beso.

"Por cierto, casi ha terminado el día de Navidad y quiero darte esto" comentó el muchacho y le entregó a Juuichi su regalo.

"¿Te importa si lo abro?" le preguntó educadamente el oso, pues en Japón no se abren los regalos delante de la persona que los entrega.

"Sí, por favor" respondió el muchacho.

El regalo era una nueva sudadera para Juuichi que, le quedaba como un guante.

"Yo también tengo algo para ti"

Le entregó a Hiroyuki un paquetito y, después de obtener el permiso de Juuichi, el joven lo abrió, se trataba de un paquetito que llevaba dentro un colgante, debía ser muy caro.

"Juuichi… ¿Cómo?"

"Tenía unos ahorros y quería regalarte algo especial"

Y ambos se dejaron caer sobre el colchón.

Al día siguiente, Hiroyuki acompañó a Juuichi a la estación de autobuses donde el oso tomaría el autobús de vuelta a Minasato. Ambos sentían un gran dolor por tener que separarse de nuevo, pero agradecían de todo corazón la compañía y la alegría que el otro le había brindado durante aquel breve período de tiempo.

"Falta poco para el verano, te prometo que iré" le dijo el muchacho.

"Lo sé. Escríbeme cuando presentes tu proyecto, ¿vale? Estoy seguro de que vas a sacar un sobresaliente"

Hiroyuki se sonrojó mientras en su cuello lucia el colgante que su amor le había regalado.

Tal vez su relación seguía pendiendo de un hilo debido a las circunstancias que, por el momento les impedían estar juntos, pero aquel hilo ya no era tan fino y aguantaría todo lo que pudiera.


Como ya mencioné anteriormente, Vocaloid y Morenatsu se ubican en el mismo universo, el Universo Tres; de hecho tengo un crossover planeado...

Espero que les haya gustado, quiero mandarles un abrazo muy fuerte a todos aquellos que han leído mis historias a lo largo de 2020 y años anteriores.

Si les gustó la historia dejen un review y denle follow a mi página de perfil para no perderse ninguno de mis futuras historias.

Espero volver a verlos en mi próximo fanfic.