Prompt: Explosión.
Condición: Debe morir un personaje.
El periodista
Un ruido lo despierta.
Robert se incorpora en un codo y se queda quieto, intentando escuchar de nuevo ese sonido y tratando de ignorar los latidos de su corazón, que resuenan furiosos en sus oídos. Nota a su esposa moverse al otro lado de la cama.
—¿Rob? —Su voz es un susurro asustado.
—No pasa nada —dice él. Tal vez un gato ha vuelto a colarse en el jardín, o quizás ha sido el motor de un coche. Es lo que tiene vivir en un vecindario muggle: hay cosas que siempre sorprenden a un mago.
Vuelve a reclinarse en la cama, con la mano en el pecho, tratando de calmar su respiración.
«Te estás volviendo un paranoico». Aunque no es algo de lo que pueda culparse, teniendo en cuenta las noticias que debe cubrir. El Profeta lo manda a él a las escenas de los crímenes de esos hombres que se hacen llamar mortífagos; siempre son casas calcinadas y cuerpos de muggles exhibidos en lugares públicos. Robert recuerda a su padre muggle en cada uno de esos asesinatos y se siente tan asqueado que de vez en cuando siembra sus crónicas de duras palabras en contra esos cobardes encapuchados.
Las pintadas aparecieron poco después del primer artículo: grandes dibujos en las paredes de su casa de calaveras y serpientes. También empezó a recibir cartas anónimas; la de la semana pasada estaba maldita y le arrancó una pata a su lechuza.
Robert se da la vuelta y rodea la cintura de su mujer con el brazo. «Tienes que dejar de escribir», le pide a menudo ella. Robert se compromete a hacerlo, pero siempre llega otro atentado.
«Esta es la única varita que me atrevo a empuñar», le dijo en una ocasión, levantando su pluma. Él no es tan valiente como su hermana Minerva, que en sus cartas siempre menciona la posibilidad de luchar contra esos hombres, pero tampoco quiere permanecer de brazos cruzados.
Robert se encuentra sumido en una duermevela intranquila cuando llega la explosión. Su mente nunca llega a aclararse lo suficiente como para entender que le están cayendo trozos de pared encima, ni por qué una fuerza que parece haber roto cada uno de sus huesos lo ha arrojado al suelo. De hecho, ni siquiera tiene tiempo de asustarse o de relacionar el ataque con todo lo que ha llegado a escribir.
Los mortífagos matan a Robert McGonagall con la misma sencillez que él empleaba para tachar los errores en sus escritos.
NA.
Robert McGonagall no es un personaje OC; es canon que era el hermano de Minerva y que murió durante la Primera Guerra Mágica. Su profesión sí que es un añadido mío.
