Prompt: Guerra
El juez
Nadie quiere pronunciar la palabra «guerra», pero esta lleva resonando en la cabeza de Barty Crouch desde el primer incidente.
«No exageres, Crouch», solía decirle John Clark, el hombre que le sopla todos los asuntos de los que se ocupa la Brigada de Aurores, incluso aquellos que nunca llegan a las salas del Wizengamot. «Cuatro vándalos atacando muggles, eso es lo que tenemos. Dejando imágenes de serpientes y calaveras en los escenarios de sus crímenes como si de niños pequeños se tratasen. Los encontraremos pronto».
A Barty le hubiese gustado ser tan confiado como Clark; pero él se crió con Grindelwald y sus locos dando patadas a la puerta de Gran Bretaña. Sabe perfectamente lo que puede hacer un mago para ganar notoriedad.
«Esto es una guerra en sus inicios y quién no sea capaz de verlo es imbécil».
El mundo abre los ojos cuando Robert McGonagall y su familia vuelan por los aires. Hay muchos llantos ese día en el Ministerio, unos en solidaridad por esas personas inocentes asesinadas; los otros porque deben rendirse a la evidencia.
—¿Qué solías decir? —le pregunta Barty a Clark esa mañana, durante su reunión el Atrio del Ministerio—. ¿Qué eran solo cuatro vándalos?
—Cállate. —A Clark se le está enfriando la taza de té entre sus manos. Quizás teme vomitar si le da un sorbo—. Vamos a encontrar a esos cabrones. Estarán ante el tribunal en dos días, Barty.
—Si os lo hubieses tomado en serio, estas personas ya llevarían una temporada pudriéndose en Azkaban. Y tú que te reías de Dumbledore por blindar la escuela…
Barty se hace el indignado mientras habla, pero lleva todo el día sintiéndose complacido y ahora, mientras Clark se pelea por tomarse un simple té sin devolverlo entero, se nota todavía más satisfecho. Él fue el único que pronunció la palabra guerra desde el principio y él es el único que sabe como acabará la historia. Llegará el día en el que alguien tendrá que autorizar a los aurores a matar y el actual Director de Seguridad Mágica es demasiado blando para ese tipo de acciones, así que el Ministerio acabará buscando a un hombre férreo para llevar el mando.
—Tardes dos días o cien en atraparlos, asegúrate de que manden a todos los mortífagos a mi tribunal —dice Barty, al tiempo que rebusca en su túnica los galeones que suele pagarle a Clark por este tipo de favores—. Prometo no ser blando con ellos. Hay jueces a los que les da miedo usar a los dementores para algo más que guardar Azkaban; no es mi caso.
«Gran Bretaña cuenta con la suerte de tenerme», piensa Barty, mientras Clark se guarda las monedas y asiente. «Conmigo al frente no perderá esta guerra».
