Prompt: Hechizo


La víctima


Es un día cualquiera.

Sale de su casa a las nueve y se aparece en el Callejón Diagon. Recorre la calle principal camino a la pastelería de Rosa Lee, donde ha encargado los dulces para el cumpleaños de su hijo. Sobre Londres ya ha caído la primera nevada del otoño y sus pies amenazan con resbalar en cualquier instante. Piensa que debería haber esperado hasta las doce, cuando el sol ya habrá derretido parte del hielo que se acumula en la acera, pero la hora trae la ventaja de encontrar la tienda prácticamente vacía.

Se sitúa a la cola. Sus ojos vagan hacia los carteles que el Ministerio ha colocado en el interior de la tienda: contienen instrucciones para protegerse y mantener a salvo a la familia. Siente una inquietud que dura lo que tarda la mujer a la que la dependienta está atendiendo en acabar su pedido; olvida el peligro cuando le toca recoger el pastel de su pequeño.

La mujer sale de la tienda. La campanita suena al abrirse la puerta, un repique alegre que acaba ahogado cuando los cristales del escaparate estallan.

Se agacha rápidamente, con el corazón a punto de salirse de su pecho. Un hechizo se estrella contra el mostrador, que empieza a arder. Escucha a la dependienta gritar al otro lado, pero no se detiene a ayudarla; no le pasa otra cosa por la cabeza que huir de la tienda antes de que el incendio se propague.

Al salir, un nuevo estallido provoca que retroceda de un salto; sin querer, apoya la mano en los fragmentos de cristal todavía sujetos al marco del escaparate y se corta la mano con el borde.

Lo que arde ahora es la tienda de animales. Decenas de lechuzas están huyendo del edificio; algunas chocan con figuras negras que, subidas en escobas, atacan la calle desde arriba.

En el suelo también hay personas vestidas de negro. Empieza a temblar cuando una de ellas alza la varita y lanza un rayo contra un auror; la luz verde se refleja en la superficie plateada de su máscara.

No puede moverse. Siente la sangre resbalando por la palma de su mano, y esa sensación caliente y espesa en su piel es lo único que le parece real. Nada más puede ser cierto: ni el calor de las llamas consumiendo la pastelería a sus espaldas ni el ruido que hacen los cuerpos al golpear el suelo.

Es una persona normal. No es muggle ni nació en una familia así. Debería estar a salvo.

Una figura se está acercando. Intenta hacer que sus piernas reaccionen, pero solo puede temblar. El humo se le ha metido en la nariz, la sangre está empapando la nieve a sus pies.

El mortífago apunta.

Verde.

Se convierte en una víctima más, otra de tantas. Un número en una estadística que, años más tarde, recopilarán los historiadores en sus apuntes sobre la primera gran ofensiva de la Guerra Mágica.

Ni siquiera recordarán su nombre.