Nota: Ninguno de los personajes me pertenece, la historia sí.
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Capitulo 03: Isolente.
Sinopsis: Ella tiene la efímera costumbre de deshacerse de los prometidos que sus padres le destinan. Él se siente fuertemente atraído hacia aquella insolente acción.
21 años de edad / AU Siglo XIX.
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El gran salón esta atascado de personas agitadas que caminan con presura de un lado a otro.
Entre la servidumbre se corría el rumor en susurros discretos, esparcidos como el viento. La hija menor de los Hofferson, la familia más respetada de la región, estaba en la cúspide de sus veintiún años y continuaba en aquel estatus de soltería. La doncella, quien tiene aún más accesibilidad a lo que sucede tras puertas cerradas debido a su puesto en el hogar, cuchicheaba cizañosamente con los criados sobre la penosa situación del clan.
Aunque la palabra "penosa" se escapa con un tinte de burla desprendida.
Por supuesto, entre el frenesí afanoso de indagar sobre los extraños comportamientos de la más jóven de los Hofferson, también había algo de "discreción", o al menos lo que podían ellos definir como tal.
Nadie querría enfrentarse a un desenfrenado Daven Hofferson y sus consecuencias si su apellido llegase a estar como cotilla del pueblo.
No obstante eso no impedía, ni siquiera un poco, el revuelto que causaba dicho escándalo entre los muros de la mansión.
Como ocurre justo ahora cuando Ruffnut, el cual es el escueto y simple nombre de la doncella, tiene esa mueca de burla que asemeja una sonrisa al tiempo que le murmura con voz rasposa los planes de la familia al mayordomo del lugar.
Este, con las cejas enarcadas y un brillo divertido en los ojos, responde con altanería.
–Como si fuese a suceder.
–Suceder... ¿qué?– pregunta una voz a sus espaldas, con tono molesto y el desafío circulando en cada sílaba.
Cualquier sirviente del lugar podría identificar esa tonalidad aunque los colocaran en la guillotina y les cortasen las orejas.
El mayordomo, ha de aclarar, es parte de esa servidumbre.
Vuelve su cuerpo con ímpetu temor, bajando su prepotencia súbitamente desde que escuchó esa voz. Saliva pasa violentamente por su garganta y debe carraspear un poco exagerado para darse valor.
Acción inútil, está demás decir.
Astrid Hofferson esta frente a él, con un bonito vestido color piel tan pomposo que si no estuviese el pesado armador de por medio seguramente saldría volando con el viento mismo. Y ella de verdad lucía enfadada. Lo sabía, su ceño fruncido y nariz respingada la delataban como si de respirar se tratara.
Intimidaba a pesar de su posición de mujer.
Eso es algo que la chica muy bien sabe y de lo cual se encuentra totalmente orgullosa. No importa cuántas veces su padre le recrimine o cuántas sean las ocasiones en las que su madre le dedique miradas letales y palabras envenenadas sobre el "como debe comportarse una señorita".
El sirviente de aspecto prepotente se ve, en este preciso instante, como un pequeño cachorro asustadizo y a segundos de llorar y ello, hasta cierto punto escondido en su pecho, le dio lástima. Con un movimiento de manos de derecha a izquierda indiferentemente les indicó, tanto a la mujer como al hombre, que se retiraran sin esperar más una respuesta.
De cualquier modo, ella no necesita una confirmación para saber lo que en toda la mansión se habla: su estado civil. Y pensar en ello conlleva inevitablemente hacia el otro asunto.
Astrid no puede sentirse avergonzada y, por más fingir frente a sus padres que intente, tampoco es posible sentir culpa.
¿Cómo pueden culparla? piensa con apremio cuando se dirige a su habitación, si ella es joven y no quiere casarse con un hombre que su padre postule como si de carne a comprar se tratara sólo porque la estructurada sociedad así lo dice, viendo esto, ¿cómo podrían entonces culparla?
Recriminar el hecho de que siempre actúe de forma tosca y brusca, de esa manera que no se le permite a una mujer, y también culparla por la larga lista de varones que ha ahuyentado con esa peculiar actitud es completamente inútil. Ella siempre ignora los rumores, sermones y reproches que aparentemente todo el lugar se confina en crear a su alrededor.
¿Qué acaso no entienden su posición? ser obligada a contraer nupcias aún cuando lo único que conoce del hombre es su mísero nombre no es algo con lo que de niña soñaba. Por supuesto, tampoco lavar y cocinar mientras espera a que su marido vuelva a casa.
No, no, no, no.
Sus sueños, más revolucionados e incluso demasiado avanzados comparados con los marchitados de la época, la incitan mas a viajar... hacer un viaje más allá de las fronteras terrestres aún cuando la silla del caballo le canse la columna vertebral, es algo que suena adorable.
Ella quiere conocer, emprender, estudiar sin importar las absurdas reglas de la sociedad machista que le rodean.
Ese era un sueño majadero y escandaloso.
O eso le había espectado con desdén su mejor amiga cuando sintió confianza de hablar demás. Heather, después de todo, sí estaba casada a los diecinueve años de edad, con un pequeño de unos cuantos meses siempre en brazos y esperando a su esposo con ansias cada tarde después del trabajo de este. La muchacha presumía su felicidad como si fuese un premio muy jugoso y Astrid no se atrevía a discutir al respecto, en cambio, se encogía muy a menudo de hombros pensando en lo mucho que no es de su incumbencia el asunto.
Aunque, muy en el fondo, le frustraba. Le frustraba... ¡tanto! el hecho de que mujeres como Heather se dejasen llevar por esas simplicidades sin siquiera pensar un poco más allá que su rostro se encendía y los vellos de su cuerpo se erizaban de cólera.
Ella jamás será así.
Jamás va a casarse por obligación.
Jamás tendrá un hijo sólo por ser una esposa complaciente a un marido marchitador.
Jamás se dejará abusar.
Es por ello que ahora, entre un afán y fastidio entremezclado, busca en su guardarropa, cuando la soledad de la habitación aún se lo ofrece, algo respetado que colocar sobre su cuerpo, algo que la haga ver inocente y linda. Porque siempre es así y en cuanto el incauto que su padre osa en presentar caía ante la imagen que ella deseaba mostrar, cuando este creía tenerla, ella se dejaba ver, se dejaba ser.
Esa es un arma que siempre le ha funcionado.
Porque ningún hombre, siguiendo las normas sociales del pleno año 1877, se casaría con una mujer indomable y rígida. Ninguno.
Y el incauto por el que hoy se prepara dicho escándalo acompañado de un banquete en la cena no será la excepción.
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–Astrid...– llama su madre desde la puerta de madera importada, tomando la decencia de al menos tocar dos veces antes de abrirla e infundirse en la alcoba.
–Buenas noches, madre– responde ella de ese modo inexpresivo tan característico propio.
Viste un vestido color rosa pálido con encajes dorados, guantes cubriendo desde sus dedos a sus codos y un pequeño accesorio muy femenino en su cabeza. Un maquillaje común entre las mujeres que muy educadamente acuden a tomar el té los viernes por la tarde en el club de lectura.
Hermosa ante los ojos de su madre, quien no lucía muy diferente a ella misma.
–Te ves como toda una dama– el ligero tono ronco en la voz de Elin Hofferson sólo indicaba lo cansado de la situación para ella -Espero que puedas comportarte como una.
–Siempre lo hago, madre– dice y la burla esta demasiado colada entre los fragmentos de esa oración.
La mayor de ambas entrecierra los ojos en un gesto incrédulo, con apatía rondando sus acciones. Sabe como puede llegar a ser su hija y sólo anhela que esta no pase una solitaria y larga vida, sin un marido con quien compartir y sin hijos que educar.
–Hablo con sinceridad, Astrid– luego hace un meneo de cabeza muy sutil y grácil -Vamos ya abajo, las damas se hacen esperar, sin embargo no es bueno aburrir al muchacho.
–Seguro, madre– contesta la más joven con una hipócrita sonrisa.
Astrid se pregunta, cuando sus pasos se dirigen al principio de las largas escaleras a medio metro detrás de su madre, cómo será el joven esta vez... ¿bajo? ¿mayor? ¿poco agraciado...? de cualquier modo, sabe lo que tiene que hacer sin importar como luzca aquel sujeto que de seguro aguarda en la fina mesa de la familia.
Cuando el final de las escaleras se acercan, Astrid puede incluso palpar el nerviosismo de su madre, quien carraspea en cuanto tienen el comedor al frente. Ella no puede ver nada, la espalda de la alta y mayor mujer le obstaculizan la mirada, aún así se mantiene completamente firme en su lugar, haciendo una imagen de un regordete y repugnante hombre mayor, probablemente rico, sin cabello y nada agraciado, en su mente. Así se prepararía para que no le pillara por sorpresa.
Ella de verdad no esperaba llevarse una sorpresa.
Hasta que le vio.
Sobre la larga y rectangular mesa en el centro de la cocina había un hombre con barba demasiado pronunciada para ser siquiera de su gusto, él estaba de la mano con una mujer mucho más delgada y pequeña, ambos junto a su padre. Eso no le tomó desprevenida, asumió rápidamente que se trataba de la familia del pretendiente en curso.
Dicho pretendiente, en cambio, es la razón por la que ahora esta paralizada, con mirada analítica, sin decir nada.
Aunque, claro, ella no podría decir nada hasta que escuche a su madre presentarle.
Aún así, aún cuando la voz de Elin suena, muy dulce y femenina, ella continúa mirándolo, sin disimulo, sin vergüenza alguna.
–...Saluda Astrid– murmura su madre, haciéndola reaccionar.
Vistea hacia todas las direcciones de la mesa -Buenas noches señores, es todo un placer tenerles en casa.
Su asombro hacia el joven crece un poco cuando lo observa ponerse en pie, junto a su familia, y reverenciar ligeramente, algo no demasiado exagerado que, muy a su propio pesar, le agradó.
–Hija...– llamó esta vez su padre, repitiendo la acción de levanrse de los desconocidos –Te presento a la familia Haddock. Él es Stoick Haddock– señala al fuerte e intimidante hombre, quien sonríe a medias –Ella es su esposa, Valka Haddock– la mujer es más amable en sus gestos –Y, quien ha venido a conocerte, su hijo Hiccup Haddock.
Ahí está. Un joven de su edad aproximadamente, con un cabello castaño tan rebelde como enredadera -algo muy poco visto en los hombres- sin algún sombrero adornando su cabeza, utilizando un traje negro como la noche misma, de contextura delgada, pero varonil, y algo que seguramente causaría revuelto entre las mujeres: unos hermosos y expresivos ojos verdes como el jade.
Eso y su sonrisa amable y poco despectiva, por supuesto.
Astrid aún siente sus propios músculos entumecidos ante la sorpresa que le causa el increíble y exótico atractivo de ese hombre.
Se vio en la necesidad de sentarse en la mesa después de las presentaciones y contraerse un poco sobre la silla que ocupaba para evitar pensamientos revueltos.
Siente la mirada de él sobre su persona mientras sus padres charlan, pero decide ignorarlo.
Muy en el fondo el joven, tal como ella, se pregunta qué ocuparán los pensamientos de la linda señorita.
Cuando Hiccup la vio surgir desde la espalda de la Hofferson mayor pudo afirmar que, sin duda alguna, los seres celestiales existen y probablemente ha entrado a la casa de uno. Sí, eso puede sonar tan cursi como las poesías que le recomiendan leer en la biblioteca de su hogar, pero no se siente avergonzado de admitirlo, al menos para si mismo.
El castaño no esperaba, ni en sus más sosegados sueños, que la cena que su padre había planificado para él estuviese tan deliciosa y bien acompañada. Se atrevió entonces a mirar de soslayo a la chica. Rubia, ojos azules misteriosos y labios llenos, el resto es, por supuesto, lo encomendado por la sociedad: postura firme, modales pulcros, vestido grande y escandaloso.
Su padre, Stoick, mantiene una interesante conversación con el progenitor de la dama sobre asuntos de política. Hiccup no interviene, pero se obliga a escuchar atento para cuando sí tenga que hacerlo. Sabe que la cena no es simplemente un apto de experiencia social, como le había intentado hacer creer su madre.
Como si él fuese un vil hombre carente de inteligencia.
La reunión con los Hofferson, verdaderamente, se trata de la lucha de sus padres porque su hijo siente cabeza, quien a los veinte y tres años sólo ha dedicado los últimos tres a exploraciones campales y experimentos físicos a las afuera, e Hiccup es completamente consciente de esas intenciones. Él no piensa casarse, sin embargo, hasta hallar a una fémina capaz de compartir sus ideales.
–¿No es así, hijo?– la estruendosa voz de su padre le saca de sus cavilaciones.
Todos los pares de ojos presentes en la mesa se colocan sobre él y se siente apenado de ser descubierto mirando a la rubia. El sonrojo que se instala posteriormente en su rostro lo delata.
Astrid, sin demostrar inmutación, comienza a preguntarse ¿cuántas veces se verá sorprendida por las acciones del muchacho? después de sentirse enternecida por el color en sus mejillas y su mirada delatora.
–Por supuesto, padre– contesta el joven.
Su voz concuerda perfectamente con su apariencia -no puede evitar pensar la rubia- es dulce y varonil en una extraña fusión.
Aún así, eso no la detendría en su marcha por ahuyentar al hombre.
Una esquina de su boca se curvó en una sonrisa de autosuficiencia. Carraspeó, sabiendo la severa mirada que su madre le dirigió sin siquiera tener necesidad de comprobarlo. El fornido y orgulloso Haddock mayor le miró, la sorpresa ante el llamado de atención de la joven no pasó desapercibida en sus acciones. Posteriormente frunció con mucha ligereza el entrecejo.
Ella ya lo esperaba, generalmente las mujeres no deben hablar, tan sólo escuchar, esperar y obedecer. Tan simple como eso.
–Disculpe, Sr. Haddock...– habla con propiedad, sabe que su padre tiene los labios fruncidos y su madre le reprende con un gesto, ella ignora todo eso, como siempre suele hacerlo –No puedo estar del todo de acuerdo con usted.
Había sonado propia si, también en su voz se oyó toda la educación invertida de años, eso es claro. Tan claro como la altanería y egocentrismo nada bien visto en una dama que también se pudo escuchar entre aquellas palabras.
El silencio es roto por la suave voz del castaño en la mesa –¿Cuál es el argumento que sostiene para contradecir las ideas de mi padre, señorita?
Esta vez, la mesa completa es tomada por sorpresa ante la pregunta recién formulada. No se trata de la interrogante en sí, es en realidad por la intriga colada en ella. Astrid nota entonces que no hay soberbia o superioridad, tan sólo suena como curiosidad pura e inocente.
Hiccup la mira largamente por debajo de sus tupidas pestañas y ella le devuelve el duelo –La razón puede ser explicada de muchas formas, con muchos ejemplos Joven Haddock, si el alcalde, Messier Mccartney, hiciese talleres proveedores de empleos no tendría necesidad de subir los impuestos y el pueblo no se desgastaría para cubrir dichos gastos, es uno de tantos ejemplos que podrían aplicarse en lugar de agredir a su gente.
Stoick e incluso su esposa a su lado, parecían inmóviles ante la serena respuesta ofrecida por parte de la joven, el primero más incómodo que la segunda.
Hiccup, en cambio, con toda su atención puesta en la muchacha, sólo asintió lentamente tratando de controlar sus pensamientos bochornosos acerca de ella. Palabras como fascinante y espléndida invadían su mente como un mantra. Él jamás había escuchado a ninguna mujer hablar de ese modo y, lejos de sentirse insultado como ella interpretó por su silencio, se sintió... fuertemente atraído, como si de un imán se tratase.
Quiso saber más de ella.
–¿Respecto al otro ejemplo?– indagó por fin, su voz ligeramente más ronca que cuando habló la primera vez. Astrid le miró sin comprender exactamente a lo que se refería, a lo que sonrió burlón sólo por un segundo para recuperar la postura al siguiente –Usted mencionó, muchos ejemplos, supongo que tendrá al menos otro más. Otra estrategia en mente para resolver la creciente falla económica.
Astrid se vio repentinamente incómoda por la interrogante, no por no saber como responder, se trataba, más bien, del hecho de que ningún hombre antes había solicitado su opinión. Él ya debería estar marchándose indignado y su madre ya debe estar dándole un discurso sobre la importancia que tiene ser y comportarse como una dama.
Respiró profundamente una vez. Hiccup no sería la excepción de su lista, así que se preparó para contestar lo más lento y cínico que pudo reunir: -La integración de las mujeres, claro está.
Esperó atenta el ceño fruncido, el rostro contrariado, la ofensa y el escándalo después.
Jamás llegó dicha reacción.
Lo que si pasó fue que la contestación del joven tomó a todos y cada uno de los presentes con la guardia baja, incluso a su propia madre -Es una idea interesante sin duda.
Astrid frunció el ceño, no sabiendo si sentirse confundida o enojada -¿A usted le parece? porque creo que sería algo maravilloso la idea de que las mujeres puedan laborar en empresas, como iguales a los hombres.
La madre de la chica se sintió decepcionada, viendo en su mente a ese apuesto pretendiente irse y a su esposo discutir por la deshonra de hija que ambos tienen. Demasiado testaruda y equivocada para ver la verdad. Miró fijamente a los padres del joven y no halló nada más que consternación en ellos, Hiccup, el joven en sí, en cambio parecía fascinado.
Eso confundió a Elin quien, conservando la educación establecida por su madre antes que ella, se mantuvo callada.
–Creo que es muy razonable– Hiccup interrumpe abruptamente las cavilaciones mentales de ambas mujeres Hofferson.
La rubia no pudo sentirse más ofuscada por dicha oración ni aunque se lo propusiese a si misma.
La cena, después de eso, transcurrió sin mayor percance.
–Me gustaría que aceptase un paseo por los jardines en mi compañía– le propuso el castaño en cuanto la mesa se hubo despojado y ambos quedaron al pie de la escalera, a una distancia prudente y con sus padres demás cerca.
Se sintió ella, entonces, extrañamente intrigada hacia los pensamientos de ese hombre y sus ideales. Lanzó una mirada hacia su padre, quien se dirigió hacia ellos sin rodeo alguno.
–El joven Haddock desea compartir un paseo conmigo, ¿me permitiría, padre?
Haddock hijo y Hofferson padre cruzaron una mirada, luego el mayor habló –Se lo concederé, joven... pero tendrán que ir con la Sr. Fisher– determinó.
La nombrada apareció unos segundos después de ser llamada. Ella era chaperona, encargada de cuidar que los jóvenes no hicieran algo impropio o inoportuno, sin embargo, incluso ella se vio asombrada por ser solicitada. Después de todo, los pretendientes habituales se marchaban sin siquiera terminar la cena, no sintiéndose interesados en Astrid y, ciertamente, a ella parecía no importarle.
Antes de que la anciana seguida de la pareja pudiesen salir a la puerta principal, el castaño detuvo sus elegantes pasos.
–¿Sucede algo, Joven Haddock?– preguntó entonces la linda rubia que tanto le tenía fascinado.
Algo increíble de lograr con tan sólo unas palabras. En su defensa y, para mantener su moral intacta, la chica es... única, así se justifica Hiccup.
–¿No desea cambiar su atuendo?
–¿Qué tendría de malo dicho atuendo?
–No quise ser impertinente, disculpe señorita– aclaró sintiendo incomodidad por su posible error –Con riego a ser atrevido, simplemente razoné que ese vestido tan elegante que lleva, aunque muy bonito, tal vez no sea demasiado cómodo para un paseo en el jardín.
La rubia entonces sonrió con elegancia, aceptando su propuesta y dirigiéndose a su alcoba con la última idea de ahuyentar a Hiccup en su mente. Trenzó su cabello antes libre y reemplazó su vestido pomposo y pesado a uno sencillo con un cinturón por debajo del pecho y caída suelta desde allí, eliminando finalmente el maquillaje de su rostro.
Cuando notó, al bajar por las largas escalinatas hasta donde la esperaban, la mirada plena y la sonrisa poco contenida que el joven Haddock le dirigió supo que su plan de "hacer correr despavorido al chico" había fallado. Y, con extrañeza, cayó en la cuenta que sintió alivio al verlo allí, abriendo la puerta para ella, dispuesto a dar ese paseo. Ella fue invadida ante tal descubrimiento por un sentir confuso.
Un golpeteo de su corazón, constante y suspicaz.
Sin ser consciente de que él, al ver la belleza tan pura y natural que se escondía detrás de esa acostumbrada fachada que vio durante la cena, quedó en las misma condiciones.
–¿Y... a qué se dedica Joven Haddock?– se atrevió a indagar después de unos minutos en sepulcral silencio.
–Soy un geógrafo– contestó sin una pizca de ego.
Ambos caminando distanciados por al menos un paso largo y con el ruido de las pisadas de la chaperona detrás de sí.
Los jardines eran grandes y hermosos ante los ojos verdes de Hiccup, quien se sintió deslumbrado por las fuentes que le rodeaban.
–¡Oh...!– escuchó decir a la chica, poco impresionada pudo percibir por su tono de voz. Sonrió divertido por la situación.
–¿Oh? ¿eso dirá?
–Dígame, ¿cómo evita aburrirse de la vida estando todo el tiempo en una alcoba?
Ella entonces notó la sonrisa de Hiccup ampliar y sintió un agradable cosquilleo ante lo fuerte y cuadrada que se veía su mandíbula. De pronto, esa cualidad se le hizo muy... seductora.
–Señorita, yo jamás he estado más de un día en una sóla alcoba.
–Los geógrafos envían exploradores a estudiar lugares y sólo entonces ellos ilustran sus respectivos mapas, desde una alcoba– responde ella sin una pizca de duda –He leído sobre el tema- afirma después.
–Y me complace saberlo, señorita– dice el castaño con sinceridad desprendida –Pero, ¿quién puede prohibirle al geógrafo ser el explorador, también?
Astrid contuvo la respiración y detuvo sus pasos.
Hiccup no pudo ver más que la luz de luna reflejada en su rostro estando a medio metro de ventaja a ella.
–¿Usted ha viajado, Joven Haddock?– ésta vez sí se escucha impresionada.
–Apenas a un par de rincones en el mundo.
–¿Cómo es...?– retoma la marcha, sus ojos brillan con anhelo y su cuerpo parece más relajado.
–¿El mundo?– ella asiente –Maravilloso... tanto por conocer y ver que no podría tan siquiera intentar describirlo en palabras, Srta. Hofferson.
Astrid sintió el placer colado como viendo en esa exclamativa y por un segundo lo imaginó. Y por otro segundo más, pudo sentir aquel placer también.
–Se escucha estupendo– murmura.
–Lo es, algún día usted debe experimentarlo– propone como quien no quiere hacerlo.
–Y algún día lo haré– afirma con una convicción que cautivó y enterneció al castaño por igual.
Luego otra duda asaltó la mente de la joven.
–Usted, ¿de verdad esta de acuerdo con la integración de las mujeres en la sociedad?
Hiccup parece meditar una respuesta apropiada -Es algo que jamás he pensado a profundidad, para ser honesto, ninguna dama jamás le había escuchado decir ciertas ideas tan...
–¿Majaderas?– se atreve a adivinar con un tinte de reproche.
–Evolucionadas, iba a decir– corrige él con una risita que a ella le sonó hermosa.
Aún más acompañada por esas palabras.
–¿Evolucionadas?
–Así es, me parece que si una idea así se difunde podría cambiar el rumbo de nuestras vidas como la conocemos.
–Todo debe transformarse con el tiempo, ¿no cree, Joven Haddock?
–Efectivamente– asiente sintiéndose cómodo y cálido con aquella conversación –Sería un cambio agradable.
–Exactamente, ¿de qué forma?
–Seria propicio y me daría mucha plenitud escuchar a más mujeres pensar por si mismas en lugar de mostrarse tan devotas ante los hombres.
Hiccup siempre había visto, durante sus viajes y hazañas, a tantas mujeres (que bien podrían ser su madre, alguna hermana o una hija variando por la edad) siendo maltratadas y humilladas que el pensamiento egoísta de "aquí manda el hombre" le había parecido repugnante. Aunque, desde pequeño su padre le recriminó el no tener un verdadero carácter, acusándolo desde entonces de ser demasiado "blando". Porque él jamás fue como los demás.
Y eso era algo con lo que extrañamente se sentía cómodo.
Astrid quedó sin palabras, sin saber exactamente qué articular mientras su mente se desarrollaba en completo caos.
–Disculpe si la he incomodado con mi palabrería– se apresuró a decir Hiccup.
–No me ha incomodado– Astrid afirma con un ligero sonrojo recorriendo sus mejillas, sintiéndose peligrosamente confiada con él –Es sólo que...
Se interrumpió, notando finalmente que su pequeño paseo por los alrededores había terminado más rápido de lo que pensó, pues cerca, bastante cerca de ellos se encontraba la entrada a la mansión.
–¿Es sólo que...?– él había notado lo mismo y quería poder alargar más el tiempo con tan cautivante jóven.
–Me pregunto si usted es una ilusión simplemente, porque no he conocido hombre que tenga un pensamiento tan libre como el suyo.
Ambas cejas se arquearon en el rostro del joven –No suelo compartir mis ideales con cualquiera, los cuchicheos que estos arraigan no son de mi agrado.
Llegando al lumbral de la puerta ambos se detuvieron. Finalmente, ella le sonrió con dulzura.
–Entonces quizá debo considerarme afortunada de contar con su confianza, Joven Haddock– la chaperona continuaba allí, ambos lo sabían, más eso no detuvo al castaño de tomar con delicadeza la mano enguantada de la chica entres las suyas propias al escuchar dichas palabras.
–No, Srta. Hofferson– afirma inclinándose en una reverencia muy respetuosa –El afortunado soy yo.
Un pequeño beso es depositado en el dorso de la delicada mano femenina e Hiccup deseó que esos estorbosos guantes ya no estuvieran de pormedio para sentir la suavidad de piel por si mismo.
Vio el leve color en las mejillas de Astrid y sonrió complacido. Se enderezó en su lugar y soltó lentamente sus manos aún enlazadas.
–¿Por qué tendría que ser afortunado de conocer a una joven insolente como yo?– ella tuvo que preguntar. Ella de verdad esperaba esa respuesta desde que salieron de casa.
Después de todo, en cada pretendiente ese comportamiento había funcionado. En cada pretendiente, excepto en él.
La respuesta llegó de inmediato –Usted no es insolente, es osada y yo soy un ferviente seguidor de la osadía– entonces guiñó un ojo hacia ella y se alejó un paso, dispuesto a dejarla entrar a su casa siendo ya una hora muy tarde.
Ella suspiró con disimulo ante la respuesta tan... cautivadora.
–Buenas noches, Astrid.
Él se atrevió a utilizar su nombre.
–Buenas noches, Hiccup.
Ella también se atrevió. Y ésta vez fue el castaño quien se sonrojó.
Astrid pensó, cuando finalmente estuvo en la soledad de su alcoba que quería volver a ver al misterioso y atractivo hombre.
Hiccup le exclamó a su padre con desición que quería quedarse un tiempo en aquella ciudad tan bonita y tal vez frecuentar un poco a la hermosa e interesante muchacha.
Ambos sabían, desde esa noche, que tenían demasiado por decir, charlar y conocer. Y decidieron, sin que el otro fuese conciente, tomar el riesgo.
Después de todo, la rubia había encontrado alguien que no le huyera a su insolencia y el castaño había logrado conocer a la mujer que compartía sus ideales y sueños.
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Los murmullos entre la mansión finalmente terminaron cuando Haddock y Hofferson se convirtieron en una sola y próspera familia.
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Aclaración: En la época del Siglo XIX las mujeres eran extremadamente discriminadas, que una mujer diera una opinión cuando era un hombre que hablaba era considerado grosero, insolente y fuera de lugar; algo que sin duda representaba incluso una deshonra a la familia (en especial cuando dicha mujer contradecía la opinión de un hombre).
Eran pocos los casos que se daban de mujeres que se tomaran diversas atribuciones, pues la mujer (según la ley machista de esos tiempos) específicamente solo limitarse a cocinar, atender a su marido (que se el destino para convenio familiar, en lugar de amor ) comprender y cuidar a sus hijos, sin derecho alguno al trabajo y así ellas eran educadas desde niñas.
Más tarde, las mujeres fueron integradas al trabajo en fábricas, pero era tal la discriminación y el machismo que debían trabajar el doble de lo que hicieron un hombre y sus sueltos apenas alcanzaban la mitad. Esto últimamente hasta que una noche de revolución (posteriormente nombrada como el "Primer día de la mujer en la historia") más de doscientas mujeres alzaron la voz en protesta para luchar por la igualdad de derechos, lamentablemente estas valientes guerreras cayeron bajo el incendio de esa misma fábrica en donde trabajaban -misma en donde fue llevada acabo la protesta- pero esta noble acción lo ayudó a todo. Lo demás ya todos lo sabemos.
Pensé que alguien desafiaría toda regla a la época machista del XIX esa sería Astrid y luego noté que si alguien le gustaría una actitud así, ese sería Hiccup xD. Así nació esto. Respecto a la formalidad y el chaperón (a) -acompañante para novios, prometidos o pretendientes-, solo quería apegarme bien a la época y los nombres de los padres de Astrid van a un sonar por allí más adelante también.
La aclaración solo fue por si alguien no sabía esa parte de la época nombrada. Aunque creo que todo el mundo lo sabía xD pero bueno ... me gusta cubrir posibles dudas.
¡Me alegro tanto que las dos historias que él escribió (sin contar esta tercera) han gustado tanto! ¡En serio! ustedes me suben el autoestima xD.
Una cosa más antes de las respuestas: quiero que cada capítulo ustedes se lo tomen por sorpresa, ya que él está pensando y tengo varias ideas que (creo yo) son innovadoras para este fandom y esta pareja. Pero, pero, pero, pero, peero yo me debo a ustedes y por sus opiniones él siguió adelante con este proyecto, así que estoy dispuesta a aceptar sugerencias, ideas o solicitudes.
¿Qué dicen? ¿Tienen alguna idea reprimida que quisieran leer? ¿No encuentra un tema en específico que mueren por tener al alcance, pero que nadie ha escrito? ¿Una idea reprimida que quizás quieran ver realizada YA? ¡Pues solo díganme si están incluidos a que yo los escribo y la eviten!
¡Ay! soné un ifomercial xD ahora sí.
Respuesta a los comentarios:
Yves03: ¡Me alegra muchísimo que hayas gozado mis escritos! espero verte por aquí más seguido, todo lector es muy bien preciado y bienvenido. Gracias por leer y opinar.
I'm Lady Aira: ¡Dios! en serio chica, amo tus comentarios xD me hacen sonreír mucho. Me alivia saber que si logré captar lo que quería; el factor sorpresa y el canon Hiccstrid, ya que es muy difícil eso, pero tus palabras me inspiran y alientan. Espero que este capítulo también ha sido tu agrado. Gracias por tus bellas palabras.
gaflos7: Jajaja lo sé, también adoro la relación de madre e hija que esas dos pueden tener, sé yo hace tierno y pienso que sí alguien puede sacar ese lado de Astrid son sus hijos. Espero seguir leyendote por aquí. Saludos
Rene BasultoSantander: Quiero pedirte una disculpa, cariño. Capture apenas hoy que hubo un error y en el capítulo anterior no guardó su nombre en la respuesta y no tuvo tiempo de edición. Por si te lo preguntas, si te respondí. Tu respuesta está justo debajo de KatnisSakura, por si quieres hechar un vistazo. Y sigo pensando en una continuación de ese One Shot, no me olvido de eso; -)
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¿Notaron lo larga que fue la nota hoy? disculpen si los aburrí (* _ *)
¡Muchas gracias por su inspirador apoyo! ^^
Fuerza en esta situación que estamos pasando, podremos superarla pronto.
Y ya saben que los comentarios me alientan y alimentan mi alma.
Los quiere FanNeurtex.
