Nota: Ninguno de los personajes me pertenece, la historia sí.
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Capítulo 04: Insolente II.
Sinopsis: Ella es una mujer casada ahora, con responsabilidades que comprender. Él es un hombre casado ahora, con un hogar que mantener. ¿Habrá espacio entonces para toda esa insolencia y amabilidad que uno adora del otro?
A petición de Nina y LadyAira aquí traigo una continuidad del capítulo anterior, espero les guste.
Recuerden que acepto ideas, peticiones, sugerencias, promps. ¡De todo!
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Astrid recuerda.
Recuerda la sonrisa burlona que el ama de llaves le había dirigido la primera vez que un pretendiente había huido.
Recuerda la reprimenda de su madre después.
Recuerda los cuchicheos como consecuencia.
Y recuerda haber sentido el orgullo correr incesante en cada fibra de su ser.
No obstante, ahora -siete meses más tarde- aquellos sucesos son tan sólo eso... una reminiscencia aclamada por su mente en tardes de aburrimiento y divagación.
–Hija, ¿estás lista?– escucha la voz de su madre cuando los pasos se acercan al interior de la alcoba.
Elin luce un vestido tan elegante y respetado como, seguramente, incómodo, zapatos coquetos y un bonito sombrero de dama que desprende feminidad y etiqueta.
Por primera vez en mucho tiempo Astrid se siente complacida de darle una respuesta positiva a su madre -Así es, mamá.
La mujer se toma la molestia de verle.
La tela blanca y rosas rosas le envuelven desde los hombros hasta los tobillos y una capa tan clara como la propia nieve cae con elegancia hasta el suelo, arrastrándose incluso más que cualquier ropa que haya utilizado antes.
Esa, exactamente, es la razón por la que Astrid sonríe y sus ojos brillan de emoción contenida.
Aquel día es su boda.
Una ceremonia demasiado ostentosa para ser organizada por ella, pero que -a boca propia de sus padres- es digna de una "Hofferson".
Su madre sonríe levemente mientras coloca el largo velo encima de su cabeza, cubriéndole el rostro.
–Utilizaste las rosas rosas.
No es una pregunta, la afirmación suena llena de alegría mal disimulada.
–Tú lo sugeriste, madre– se limita a contestar.
Ella habría utilizado las flores azules, pero no hay una sola razón válida para no sonreír o para dar una negativa a una petición tan tierna.
Y se descubrió a si misma realmente escuchando a su madre.
Oh, su prometido tenía una influencia tan poderosamente inconsciente sobre ella.
–Y te ves hermosa.
–Gracias... mamá.
Caminar por el largo pasillo de la bella iglesia junto a su padre sosteniéndole del brazo es algo con lo que nunca soñó.
Astrid recuerda.
Recuerda ser la niña que no jugaba a ser madre ni a preparar té.
Recuerda ser la niña que tomaba espadas de madera y se enfrentaba a un ejército imaginario.
Recuerda ser la niña que sus padres reprendían por eso.
Y ella ama esas reminiscencias, pero ama aún más ese cosquilleo que atraviesa su vientre y se aloja en los pies cuando su mirada y la de Haddock cruzan, con él esperando paciente en el altar.
Hiccup entonces la ve.
Bueno, propiamente no la ve. El velo cubre su rostro y el vestido verdaderamente deja cada porción de piel a la nítida imaginación. Pero su prometida está allí, tomando su mano cuando su padre la acerca a medio paso de él y murmura un:
"Cuídela, Joven Haddock"
Y él responde con un quedo:
"Así será, Sr. Hofferson"
Eso es suficiente para el castaño, que está agradecido, realmente agradecido con Dios porque la mujer no haya huido ya y parezca realmente dispuesta a contraer nupcias con él.
Cuando le propuso matrimonio, a cinco meses de estar pretendiéndola, él realmente no esperaba un discreto sí. Tampoco esperaba que ella mantuviera ese sí.
Gracioso sería si se lo preguntaran desde cualquier opinión distinta. Ella no dejó de tratar de ahuyentarlo sino hasta el día de la oficialización de su compromiso, cuando pidió su mano a los padres sonrientes de la chica.
Hiccup sabe que ahora en adelante todo estará bien.
Y gustoso dice "SI" casi demasiado ansioso cuando le preguntan si acepta a la dama como esposa.
Una conversación con su padre hay pendiente de un hilo. Lo sabe. El gran y robusto hombre se encargó de insinuarlo muy directamente, pero él espera hasta el final de la ceremonia y poco antes de retirarse con su esposa -él realmente saborea ahora la palabra esposa para acercarse a Stoick y preguntar.
–¡Ah! pensé que ya te había perdido, hijo– le dice el exageradamente feliz hombre.
Su progenitor puede llegar a ser tan dramático como los protagonistas de las obras teatrales que gusta observar.
Y puede beber un poco más de la cuenta también.
–Estaba ocupado, padre.
–Puedo verlo, sí– el tono insinuante que utiliza lo hace sonrojar –Pero es importante hablar, Hiccup.
El castaño se deja arrastrar fuera del salón, reposando junto a su padre en algún lugar decente no ocupado entre tantos invitados glotones y ebrios.
Hay un hombre que comienza a cantar alguna canción de teatro muy antigua e Hiccup sabe que no debe incluir alcohol en cualquier próxima fiesta de celebración que tenga la oportunidad de organizar.
–¿Qué es lo que quieres hablar, padre?– pregunta curiosamente.
Una palma demasiado pesada para su delgado cuerpo cae atropelladamente sobre su hombro. Él ya está acostumbrado, desde luego, por lo que apenas se inmuta en su lugar –Hijo, ahora estás casado y sabes las consecuencias que eso trae consigo, ¿verdad?
–Desde luego, no soy ningún infante, padre– su voz tan calma como la sonrisa que el hombre le ofrece.
–Lo sé, lo sé. Sólo quiero estar seguro de que no serás demasiado blando con tu mujer.
Ahora, una ceja masculina castaña está alzada en su pecoso rostro y la duda plasmada en verdes ojos –¿A qué te refieres con ello?
–Escucha, hijo– el hombre parece listo para explicar alguna cosa demasiado elaborada –A veces tendrás que controlar situaciones.
–¿Controlar situaciones?
–Eso. Controlar situaciones, ella debe atenderte como todo el hombre que eres, cocinar, lavar y dejar esas tonterías de leer y aprender que sé tu esposa tiene.
Stoick carraspea la garganta sin notar si quiera el rostro contrariado de su hijo –También tú debes ceder, Hiccup.
–¿Ceder en qué?
El castaño está comenzando a querer huir de la irracional conversación. Su opinión es muy distinta, desde luego.
–Deberás dejar esos viajes absurdos por el mundo y poner los pies sobre la tierra, ahora tendrás un hogar, hijo y como el hombre de ese hogar tu deber es proveer.
–Como geógrafo puedo hacerlo– replicó.
–¿Y qué harás entonces con tu esposa? No puedes simplemente dejarla en casa sola, la sociedad no lo vería bien.
–Pero...
–Además, tendrás que tener un heredero Haddock, varón por supuesto, que siga el linaje familiar y tú deberás educarlo.
–Pero...
–Así que de ser necesario tendrás que dejar de ser tan blando, tú eres el hombre, es tu deber.
–Pero yo...
–Y como creo que ha quedado entendido, me retiro hijo– volvió a palmar fuertemente su hombro –Tengo que buscar a tu madre.
Sin más, el poco ebrio y pelirrojo hombre, se marchó.
"Como siempre, conversaciones de una sola dirección" murmuró Hiccup para sí mismo, sintiéndose tan frustrado como ignorado.
No obstante, algo de tanta palabrería hizo eco en la mente del joven, constante y distractor.
Él es un hombre casado ahora, con un hogar que mantener, que proveer y... realmente no se había detenido a pensar en eso.
¿Cómo es que no se había detenido a pensar en... eso?
Además, ella es una mujer casada ahora, con responsabilidades que comprender.
Seguramente su madre habrá conversado el asunto con Astrid también. Sin duda alguna.
Ninguno de los dos había llevado el tema a palabras, de hecho. Hiccup ni siquiera lo había llevado hasta su mente.
Si llegasen a dejar envolver en la monotonía, ¿habrá espacio entonces para toda esa insolencia y amabilidad que uno adora del otro? ¿Para ser ellos mismos?
Unos pasos detrás de si le hacen sobresaltarse.
Gira su rostro sobre su hombro sólo para encontrarse con los firmes pasos de su ahora esposa.
Él no ha dejado de saborear la palabra esposa, claro.
Astrid sonríe levemente en cuanto lo ve, haciendo un esfuerzo de no demostrarse demasiado obvia.
–¡Hey! Aquí está el Joven Haddock.
Hiccup sonrió de vuelta.
–Mira quien está aquí también, la Joven Haddock.
–Desearía poder conservar mi apellido– bromeó.
El castaño hacía un tiempo había descubierto el sentido de humor que la chica tiene cuando se siente en libertad de hacerlo.
Eso le había hecho inflar el pecho de orgullo.
–Oye, Haddock es un apellido de honor.
Entonces ella lo notó.
El semblante semi-serio que su rostro compugnaba y la sombra que reflejan sus ojos.
Sin miedo alguno a ensuciar su pulcro vestido, pero si cuidando el armador, reposó al lado del castaño.
–¿Me dirás que sucede?
–¡Eh, eh! ¿De qué hablas?
–Algo te preocupa.
Astrid se siente orgullosa de su don en conocer a las personas en no demasiado tiempo y sabe que ha acertado en sus suposiciones cuando un largo suspiro brota desde el pecho del joven.
–¿Qué haremos después de la boda, Astrid? ¿Lo has pensado?
Hiccup finalmente se da cuenta que tal vez ha hecho la pregunta incorrectamente cuando el rostro de la chica se desfigura ligeramente en vergüenza, sonrosando las mejillas en el proceso.
Él también se sonrojó.
–¡Me refiero a nuestra vida! ¡A-a n-nuestra vida matrimonial!– balbuceó, claramente apenado.
No era momento aún de hablar sobre la luna de miel
Astrid se sintió aliviada de la aclaración –¡Oh! pensé que lo teníamos claro.
–¿Ah, sí?
–Viajaremos, ¿no?
Hiccup se rascó nerviosamente la mejilla, parecía sobre pensar el problema –Si, eh, creo que hay que conseguir una casa respetada.
–Dijiste muchas veces que tu hogar está en todas partes, yo también quiero saber lo que se siente eso Hiccup.
La rubia no podía, de hecho, esperar a ver trabajar a su esposo y viajar a su lado para cumplir su sueño majadero, como muy bien lo diría Heather. Escuchó un carraspeo de parte del joven y esta vez se sintió nerviosa.
–¿Qué?– preguntó ella.
–Es sólo que no creo que sea una buena idea simplemente ir por ahí contigo sin un rumbo fijo.
–¿De qué hablas? ¿Haz podido viajar solo todo este tiempo, pero no puedes seguir haciéndolo ahora... porque tienes una mujer a tu lado?
Hiccup tragó pesado –Eh, ¿sí?– una pregunta más que una afirmación.
Cuando Astrid frunció el ceño, él supo que NO debió contestar eso.
–¿Insinúas que debemos buscar una casa, mientras tú trabajas y yo me quedo a atenderte?
–Bueno, si lo colocas así.
–¡No puede ser!
En un ataque de frustración Astrid se colocó en pie, con los puños apretados y el ceño fuertemente fruncido.
Ella no se casó para ser un ama de casa.
Ella no se casó para estar encerrada.
Ella no se casó para... ¡para ser una mujer de sociedad!
Mordiendo su labio inferior y sintiéndose explotar en cólera en cualquier momento, volvió su cuerpo dispuesta a marcharse.
El castaño tomó su hombro en un lejano intento de que no se fuera. Él no quería ser el primer hombre que recibe una apta de divorcio el día de su boda.
–Joven Haddock, cuando dije que sí quería casarme con usted no estaba pensando exactamente en esto.
Por suerte, los invitados estaban lo suficientemente ebrios como para no notar nada. O al menos, como para olvidarlo al siguiente día.
–Lo sé y no es lo que quise decir.
–¿Ah, no? ¿Qué quiso decir? ¿Qué va a golpearme ahora por opinar diferente?
–¡No!
Astrid enfrenta su rostro con decisión y aquel brillo de atrevimiento cruza sus ojos.
Ese que a él tanto le deja fascinado.
–¿Qué va a hacer?– vuelve a preguntar entre dientes.
–Sólo quiero darle un hogar estable a mi esposa.
–No nací para ello, Joven Haddock. ¡Creí que lo entendía!
–¿Entonces quieres ir por la vida como una forastera, conmigo?
–¡Sí! ¡Sí, si eso puede darme un poco de libertad, sí!
El anhelo pintado en los azules ojos de ella hacen que Hiccup baje la guardia y toda frustración desaparece de su sentir.
Astrid es un alma atrapada en el cuerpo de una mujer presa por los propios prejuicios de una sociedad egoísta.
Por supuesto que él podría entender eso.
Soltó un suspiro derrotado, algo le decía que jamás podría resistirse a ese rostro de porcelana suyo.
–¿Y si algún día tenemos hijos, serán pequeños forasteros, también?
Una idea de comprensión llegó a la mente de la joven.
Su esposo tenía la mente en un futuro demasiado lejano para ella.
¿Hijos? ¿Matrimonio? ¿Esposo? parece algo insólito que esas palabras crucen su cabeza ahora, cuando siempre todo lo que ha querido es ser libre. Aun así, con Hiccup y su indescifrable forma de pensar, la idea no parecía tan mala.
Quizá y sólo quizá uno... o dos hijos.
Se acercó hasta su anticipadamente preocupado esposo y lo abrazó, sintiendo de inmediato el peso de la barbilla masculina sobre su cabeza.
–Entonces lo resolveremos.
Y había tanta tranquilidad en sus palabras que Hiccup comenzó a pensarlo también.
Un buen día ella le había dicho que conocer Irlanda sería espléndido y él había pensado en secreto que llevar los ideales de su hermosa esposa a un país como Irlanda sería escandalosamente divertido.
Eso no tendría por qué cambiar ahora, ¿no?
Tal vez, quizá después tendría una conversación algo seria con su padre.
Probablemente luego se preocuparía por no dejarse vencer por la rutina y es posible que su esposa transmitiera su insolencia a sus hijos.
Pero eso no era algo exactamente malo -determinó cuando el viaje de Luna de Miel comenzó- después de todo, ellos son... ellos.
Y eso está bien.
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Así pues, los murmullos dentro de la mansión terminaron cuando los Haddock y los Hofferson se convirtieron en una gran y próspera familia, pero otros tantos comenzaron cuando un hombre menor a los treinta años, una mujer aproximadamente igual y un par de niños demasiado pequeños recorrían los horizontes como nómadas, cambiando la percepción negativa de las mujeres del siglo XIX o, en algunas personas, haciéndolas peor.
Ellos jamás quisieron escuchar esas voces, ni esos rumores.
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Nota: Dije que aceptaría peticiones y soy una mujer de palabra. Aquí está. No creí que el capítulo anterior tuviese tan buena aceptación, así que fue una sorpresa para mí leer que Nina y Lady Aira querían una continuación de esto.
Me costó bastante hacerlo, lo había pensado sólo como One-Shot así que espero aun así que haya quedado al menos aceptable. Quise destacar que Hiccup también piensa diferente pese a la época y no sé si "Insolente" sea adecuado para este, pero lo conservé porque quise que quedara como el original... al menos en título, me disculpo si no quedó tan genial, me esforcé.
Sólo les pido que no pidan una parte tres xD entonces si me pondrán a sudar XD.
En respuesta a los comentarios:
Nina: Si se guardaron los dos comentarios xD pero es un placer leerlos siempre, no importa si se repiten. ¡Ta dá! espero que te haya gustado la continuación, nena. Muchas gracias por leer y espero esa opinión, ¿eh? ;- ). PD: ¡VIVAN LAS MUJERES, SI!
Jan Valkyrie: Awwww ¡gracias! espero que esta parte también haya gustado. Si, si planeo escribir algo con los hijos de ellos, ¿tienes una petición en especial? las estaré escuchando (o leyendo xD).
Katniss Sakura: Espero no haberte matado de diabetes xD ¡Saludos!
Lady Aira: ¿En serio te estás enamorando? espero que eso siga así después de leer esta parte dos xD que me diga que el anterior fue uno de tus favoritos me halaga demasiado. Por cierto, a mí no me agradan tus comentarios, yo LOS AMO, en serio chics eres tan inspiradora. Espero no haberte decepcionado con esta segunda parte; -). Saludos desde esta otra marca registrada xD ok, no.
¡Fuerza a todos en esta situación y recuerden quedarse en casa, chicos!
¿Comentarios? es lo que me alienta a seguir con esto.
Los quiere FanNeurtex.
